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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Ene 17, 2020 6:29 pm

No sé por qué me tiemblan tanto las manos en lo que acomodo mi moño, si yo no soy quien está a punto de casarse. El aire se percibe pesado, no por malas vibras sino por culpa de los nervios que me obligan a preguntarme una y otra vez cómo es que estamos aquí, cuando hace unos dos años las cosas eran completamente diferentes. Agosto nos regala uno de sus días perfectos, con apenas alguna que otra nube en un cielo más que celeste y la brisa fue lo suficientemente amable como para permitirnos el no morir de calor a mitad de la ceremonia, así que no puedo echarle la culpa al clima por el vago sudor que me rasco de la nuca. Cuando éramos niños, he encontrado a Phoebe vestida de novia con prendas demasiado grandes para ella; ninguno de todos esos juegos podría haberme preparado para la idea de que, alguna vez, esa ilusión infantil se haría real.

Oigo los murmullos de aquellos que van llegando a la playa en lo que camino con paso decidido a la carpa blanca, esa donde el futuro marido no tiene permitido estar y que se convierte el sitio en el cual tengo que aguardar junto a mi hermana hasta que sea el momento de entregársela a alguien más. Tomo aire, ya ni sé por qué, para abrir la entrada y asomarme en busca de una figura que ya debería estar lista. Meerah estuvo hasta en los últimos detalles, pero ahora mismo debe encontrarse en busca de su hermanita, porque me encuentro con una figura solitaria que no se ve en lo absoluto como la pequeña Phoebs. Silbo, poniendo un pie dentro para dejar que la carpa se cierre a mis espaldas — Charles debe haber hecho algo muy bueno para merecerte — comento con una vaga sonrisa, escondiendo las manos en los bolsillos del pantalón — Te ves hermosa, Phoebs — entre todo lo que está ocurriendo en el mundo, no comprendo como aún pueden suceder cosas como esta. Una boda, un nacimiento, noticias tan simples que no tienen nada que ver con el desastre detrás de nuestros hombros. Creo que puedo olvidarme de eso teniendo a mi hermana delante, aún no sé si viéndose feliz o asustada o un poco de ambas cosas.

Hay algo que quería darte — prefiero no irme con demasiadas vueltas. No es secreto que encontrar el modo de sacar estas cosas de mi interior no es de mi mayor experiencia, creo que me demoro demasiado en decidirme a avanzar unos pocos pasos. Rebusco en mis bolsillos hasta que siento el frío contra mis dedos y, con algo de cuidado, saco un delicado brazalete de plata. Su textura es fina, lo suficientemente delgada como para pasar desapercibido, pero los pequeños zafiros destacan a pesar de su tamaño — La tradición dice que algo azul… ¿No? — mis ojos buscan su aprobación, más por mi desconfianza a viejas costumbres que otra cosa — Y algo viejo y algo prestado. Digamos que es un poco de todo. Era de mamá… No sé si lo recuerdas — tomo su mano con calma, en busca de su delgada muñeca. Colocarle el brazalete es la mejor excusa para evitar sus ojos en lo que me tomo el tiempo para explicarme — Hay varias cosas guardadas en mi departamento, pero creí que esta en particular debería ser tuya. Y si alguna vez tienes una hija, puedes heredársela. Sabes que mamá lloraría mares si estuviera aquí, ¿no? — mis ojos se levantan en su dirección, la sonrisa que me atrevo a regalarle es sincera — ¿Cómo te encuentras? ¿Estás nerviosa? ¿Todavía no tengo esperanzas de que canceles la boda? Todavía estamos a tiempo, podemos escapar por la parte de atrás. Nadie desde la costa nos vería— bromeo. Que si este es su pedazo de paz, que así sea.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Ene 17, 2020 8:40 pm

Por esta última semana, he estado tratando de convencerme a mí misma de que nada de esto es para tanto, que vaya a casarme no significa que las cosas van a cambiar, porque sigo y seguiré queriendo a Charles de la misma forma, independientemente de los anillos en los dedos o de las firmas en un trozo de papel. Pero a quien pretendo engañar. La figura que muestra el espejo es tan distinta a la que me acostumbré a ver hace un tiempo que me cuesta reconocer mi propio rostro en el reflejo. Es obvio que Meerah ha hecho un buen trabajo con los arreglos, pero ya no solo me refiero al hecho de que es una de las pocas ocasiones en las que uso maquillaje, sino al resto de aspectos físicos que en el pasado apenas se podrían comparar con la imagen del presente. Mis mejillas no están ahuecadas como lo estuvieron la mayor parte de mi vida, las sombras oscuras bajo mis ojos tampoco están tan marcadas como solían estarlo y hasta casi puedo decir que el brillo azul de los mismos es diferente, les recorre una intensidad diferente. Acaricio con mi mano los dedos de la otra, esos que una vez fueron más huesudos que ahora, pasando el dedo en un recorrido por el que pronto dejará de estar vacío. Han cambiado tanto las cosas en una corta fracción de tiempo, que el pensar que una boda no modificaría nada se me hace de lo más ridículo después de meditarlo un momento.

No tengo miedo a casarme, porque sé quién me espera al otro lado de la playa, pero sí lo tengo de no ser capaz de cumplir mis propias expectativas con respecto a mí misma, ya ni hablemos de las de los demás, las de él. Sé que he soñado muchas más veces de las que podría contar con este momento, la Phoebe de tiempo atrás, esa que cargaba con Pelusa allá donde fuera se ha visto en esta misma postura por al menos los años en que su madre estaba viva. Con el tiempo ese deseo se fue disipando, aventurado por el cúmulo de desgracias y una posición que poco tenía que ver con bodas o la felicidad que va ligada a un día como este. Simplemente las circunstancias lo habían hecho algo que no era para mí. Y sin embargo aquí estoy, vestida de blanco con el pelo recogido hacia atrás con un broche de forma que los tirabuzones caen sobre mi espalda, sin que me estorben en la cara. Estoy a escasos minutos de entregarme a alguien por el resto de mi vida, y no lo hago asustada, ni siquiera con la necesidad de saber si será suficiente para marcar un antes y un después. He dejado de plantearme esos “y si” que no merecen un lugar en mi cabeza cuando se trata de mi futuro esposo.

Ese que no tarda en aparecer en los labios de mi hermano cuando anuncia su llegada con un silbido que me produce rodar los ojos, aunque mentiría si dijera que no se me escapa una sonrisa después. — Dime que al menos te has asegurado de que está presente. ¿Le has visto? — bromeo en lo que me cuesta unos segundos levantarme del asiento y romper la distancia con un agradecimiento que brota de mi boca por el halago. Lo último no es tanto una broma, pero nunca está de mal una buena aseguración. — Es todo obra de tu hija, yo no tuve nada que ver. — expreso con la sonrisa más grande que la satisfacción con el resultado podría pedir. No es una imagen por la que hubiera apostado ver en el pasado, mi hermano vestido para llevarme al altar el día de mi boda, como si nada de lo que ha ocurrido por el medio tenga un verdadero sentido, más que para darle a esto un gesto de gratitud por el habernos hecho estar aquí en este momento, juntos, como siempre debió haber sido.

Me espero en lo que él no tarda en sacar algo de su bolsillo, mi cuello estirándose para ver por encima de su mano y descubrir lo que tanto le cuesta explicar con palabras. Mis ojos se paran en la diminuta cadena de plata que creo reconocer de algún lado, hasta que es Hans quien confirma lo que sospechaba y no me tardo mucho en querer echarme a llorar. Si no lo hago es porque estoy demasiado conmovida por el gesto, con las emociones que llevan acumulándose por horas a flor de piel. — Muchas gracias, Hans, es… significa mucho para mí, de veras… gracias. — me atrevo a murmurar muy por lo bajo, agachando la mirada para poder observar las piedras con más detalle, pasando los dedos por encima. Porque siempre quise tener algo de mi madre y nunca llegué a ser lo suficientemente mayor como para que ella dijera que tenía la edad para heredar estas cosas. Eran delicadas, demasiado frágiles como para que una niña anduviera jugando con ellas, incluso cuando todo eran fantasías. Atraigo el cuerpo de mi hermano para aprisionarlo en un abrazo que dura lo que él tarda en romper el momento. Me separo con una risa que pretende no matarlo por siquiera haber sugerido una cosa como tal. — Pues claro que no estoy… — no llego a terminar la frase que tengo que mirarle con toda la sinceridad de expresiones mezcladas. — Puede que se me estén empezando a olvidar los votos, pero… Bueno, quizás esté un poco nerviosa, pero no tanto como para querer escapar de mi propia boda. — oh, sí, estoy más que segura de que ese era su plan ideal desde el primer momento. — Tú solo… no dejes que me caiga, ¿de acuerdo? — y no sé si me estoy refiriendo a caminando hacia al altar o a la vida en general, pero sí le miro como si fuera para lo último.
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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Ene 17, 2020 9:17 pm

Claro. Parece que no ha dormido en semanas y creo que está tan nervioso que no puede hablar, pero ya se le pasará — tampoco debe ser tan grave, Charles no es una de las personas más comunicativas que he conocido, pero su aura calma debe ser una de las cosas que mantienen a mi hermana pegada a él como si no hubiera mañana. Supongo que, después de todo lo que ha pasado, tener a alguien de perfil bajo a su lado es la mejor manera que tiene de mantener la cordura y, a decir verdad, se lo agradezco. Mis ojos se pasean por su figura, deteniéndome en los detalles de su vestido que deja en evidencia el talento de mi hija mayor y, sin poder evitarlo, me sonrío con un orgullo nuevo que he descubierto, poco a poco, desde que pude encariñarme con la niña que acabó siendo parte de mi vida — Ha hecho un buen trabajo. Meerah podría montarse su propio negocio en una semana y no necesitarme en lo absoluto — tiene pasión y talento natural, nada de lo que deba preocuparme. Si hay alguien que sé que hará cosas increíbles en el futuro y que tiene un camino exitoso asegurado, es ella.

Expresar lo que no hemos podido en años es uno de esos problemas pequeños con los cuales nos enfrentamos todos los días. Poder darle esto a mi hermana en el día de su boda es más de lo que hubiera podido esperar, creo que no es necesario que diga nada y me conformo por poder ser la persona que sostendrá su brazo, en un papel que no me corresponde y que he tenido que adoptar a causa de las torceduras de la vida. He evitado demasiado los títulos, saber que aquí está toda la familia que hemos formado a costa de nuestros malos recuerdos es más de lo que ninguno puede llegar a decir. Solo le sonrío porque no necesito su agradecimiento, me lleno de una agradable calidez frente a ese abrazo, el que la estrecha en un intento de que dure un poco más. Chasqueo la lengua, fingiendo algo de pena porque esté descartando mi idea — Tendré que decirle a los de seguridad que desechen el traslador porque abortaremos misión — suspiro con fuerza, tanto que se me caen los hombros hacia abajo.

Mis cejas se mueven, primero una y después la otra. Está de más el decirle que siempre he estado para ella, incluso en esos tiempos en los cuales no sabíamos nada el uno del otro. Aún así, le pico el mentón con mis nudillos en un gesto que busca ser de consuelo, por poco que lo necesite — Todavía tengo brazos firmes, así que puedes sostenerte. Se complicará un poco cuando necesite un bastón, pero por suerte aún falta mucho para eso — aseguro. Como si quisiera darle un ejemplo, me palmeo uno de los brazos en una invitación a que lo tome. Todavía faltan unos minutos y deberíamos esperar a que nos avisen que se encuentra todo listo, las niñas con los anillos incluídas, pero aún así siento la urgente necesidad de encontrarme ya en posición — Solo una cosa más — murmuro, tal vez con cierta urgencia antes de que se nos acabe el tiempo — No puedo entregarte a nadie sin decirte antes que lamento mucho haber sido un ogro con todo este tema del casamiento. Es que… no te he tenido por años, ¿sabes? Y cuando regresaste, lo hiciste sin necesitarme en lo absoluto. Cuesta un poco despegarse de algo que buscaste tanto y descubriste que, al final, no te pertenece. Eso es todo — acomodo mi pelo con una mano en un gesto despreocupado, ese que busca echarlo hacia atrás como si tuviese que perfeccionar mi imagen antes de la entrada a pesar de que ni siquiera me estoy mirando en el espejo ni estoy seguro de necesitarlo. Me estiro para mover un poco los pliegues de la carpa, buscando con la mirada a Meerah, quien ya debería estar por aparecer.
Hans M. Powell
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Ene 17, 2020 10:12 pm

Suelto algo de aire por la nariz en lo que se me llena la garganta de una risa que al final termino por camuflar con una simple sonrisa, esa que anuncia el consuelo que me trae no ser la única que está al borde de perder la cabeza. Porque nada de esto tiene sentido si tenemos en cuenta todo lo que ha pasado hasta llegar hasta aquí. — Bien. — es lo único que digo, casi me falta asentir de a una con la cabeza para demostrar mi satisfacción con lo que me cuenta, como si ese mismo gesto pudiera relajar mis propios nervios. — ¿Y tú? ¿Cómo estás tú? — no es la primera pregunta que se me hubiera ocurrido soltar, pero viendo que dentro de poco, de verdad, solo unos minutos, Charles va a formar parte de mí, pero también de él por el título que le corresponde, quiero asegurarme de que mi hermano mayor por fin ha decidido aceptar que ya no soy una niña. Incluso cuando fue así como me vio la última vez antes de irrumpir en su vida sin ninguna clase de invitación. — ¿Y te dije que hizo dos vestidos? ¡No uno solo! ¡Dos! — creo que la sorpresa que intento mostrarle no se percibe solo en mi voz, sino también en el resto de mi cara cuando mis cejas acompañan a los ojos en la expresión. — Es una de las mejores cosas que has hecho. — se lo digo a él como si hubiera sido su tarea como constructor la de esculpir a su hija, pero la sonrisa que le muestro es la de alguien que de verdad siente mucho aprecio por ella.

Hans Powell, ¿en serio ordenaste que pusieran un traslador por si me daba por salir corriendo? — la mirada que le dedico es de alguien que está alucinando con sus capacidades para hacer de un momento que se supone que es feliz, una misión de escape de emergencia. — ¿Sabes…? He salido corriendo de muchas cosas en mi vida, pero esta no será una de esas veces. Quiero hacer esto, quiero y puedo, sin la necesidad ningún traslador de rescate. — a pesar de que suena como si le estuviera echando la bronca por siquiera haberlo mencionado, en realidad creo que hasta agradezco que se haya tomado las molestias, significa que no le soy indiferente. — Hans… — a pesar de que inicio la frase con una primera intención, me doy cuenta a la mitad de que lo que quiero expresar no hay forma de hacerlo con palabras, solo se me ocurre una y creo que ya la he repetido suficientes veces en el día de hoy como para que no empiece a considerarme una pesada. De modo que opto por otra elección, una que no solemos hacer con demasiada frecuencia y que ahora, se siente necesario. — Te quiero, lo sabes, ¿verdad? No creo que hubiera podido hacer esto sin ti. — es algo de lo que no me he percatado que sentía hasta que no lo suelto en voz alta, dedicándole una mirada que no dura mucho pese a llevar toda la sinceridad grabada.

Solo elevo la mirada cuando su mano me obliga a hacerlo y lo que dice me provoca una sonrisa que por alguna razón inexplicable, se torna algo lastimera. Quizás es mejor así, que los sentimientos profundos solo queden resguardados para mí. Eso es lo que pienso cuando tomo su brazo y me aferro a él, es terror lo que empieza a acumularse bajo mi piel, o puede que sea felicidad, a veces tengo problemas para distinguirlos. Mi corazón se empieza a acelerar por cuenta propia y casi estoy por agradecer que vuelva a hablar para poder salir del bucle de nerviosismo en el que me encuentro. Giro el cuello en su dirección cuando de pronto la conversación se vuelve profunda y le miro con las cejas un tanto arqueadas. — Hans, no tienes que… — quiero decirle que no tiene que disculparse, que puedo entenderlo incluso sin sus explicaciones, pero él parece seguir hablando así que me limito a escucharle por el tiempo que tengamos. Me quedo un poco perpleja después, me toma unos segundos el responder, en los cuales me dedico a observar como moldea su cabello. — Que regresara por mi cuenta no significa que nunca te haya necesitado, ¿entiendes? Eres mi hermano mayor, siempre voy a necesitar de ti, incluso cuando yo me empeñe en poder hacer las cosas solas. ¿No se ha tratado siempre de eso? — cuando éramos niños, acostumbraba a querer hacer cosas por mi cuenta a sabiendas de que no tenía ni idea de como hacerlas. Hans era quién me guiaba por el fondo, cuando muchas veces ni siquiera me enteraba de que lo estaba haciendo. — Me he cuidado sola porque no me han dado otra opción, pero no ha habido ni un solo día en el que no te haya necesitado. — no sé si estoy haciendo las cosas peor o mejor, espero que sea lo segundo porque no me apetece tener que salir de aquí con las lágrimas en los ojos. — Y te necesito ahora, ¿de acuerdo? Te necesito para que me lleves al altar porque es así como elijo pasar el resto de mi vida, y quiero que tú seas parte de eso. — que en otras palabras se resume en que necesito su apoyo, porque la vida no viene con un manual de instrucciones y yo estoy segura de haberme saltado algunos pasos en el proceso.
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Ene 18, 2020 1:21 am

Tengo que considerarlo un momento, relamo mis labios al fruncirlos en expresión pensativa — ¿Yo? Confundido de cómo es que llegamos aquí, pero estoy bien. Estoy feliz por ti — será diferente cuando el que atraviese por esta situación sea yo. Arqueo mis cejas en señal de sorpresa, más no por que sea capaz de hacer dos vestidos; vivo con Meerah hace ya casi un año y la he visto dejar sudor y lágrimas sobre sus proyectos. Intento no regodearme mucho en eso, aunque se me infla el pecho en lo que suspiro al deslizar una sonrisa traviesa hacia un lado — Hasta el momento, solo he hecho dos cosas que merezcan ese título. Ya hablaremos después de mi boda — y aunque le guiño un ojo, levanto un dedo para pedirle que no diga nada, reprimiendo una sonrisa que me traiciona a tironear divertidamente mis comisuras hacia arriba — No lo digas aún, ni siquiera se lo dijimos a Meerah. Este es tu día — además, planifico que la emoción por su casamiento se extienda el mayor tiempo posible, en lo que nosotros nos mantenemos lejos del foco de la atención.

— ¿De veras me crees capaz? A veces puedo bromear... Espera… ¿Quieres que prepare uno de verdad? — por un momento mi mirada se torna sospechosa, aunque pronto lo descarto. Phoebe parece segura, no puedo quitarle eso por mis propios miedos. No me esperaba esa declaración, lo cual es ridículo si consideramos que el amor de hermanos es lo más básico que podría darse y es uno que yo siempre espero que mis hijas puedan compartir entre ellas, como la familia que ruego que sean cuando las cosas se pongan feas. Tal vez no debería mostrarme tan confundido por sus palabras, me demoro un momento en recomponerme y meneo la cabeza — También te quiero, pero creo que podrías hacer miles de cosas sin mí. Eres mucho más de lo que crees — porque si yo he sabido tener el ego por las nubes, ella parece haberlo dejado en el subterráneo.

No esperaba ni necesitaba un consuelo, que venga de su parte me hace sentir un poco menos miserable por haber causado ciertos tratos entre nosotros, en especial la noche de anuncio de su compromiso. Decido que no es momento de discutir, solo suspiro y asiento con la cabeza, afianzando el agarre de su brazo con el mío — Si me necesitas… aquí estoy — es lo mejor que puedo prometerle, además del regalo de bodas que quizá rechace… o no. No puedo decir nada más porque la cabeza rubia de Meerah aparece en escena, con la bola rosa de Tilly luciendo como una muñeca a causa de su vestimenta — Parecen listas para una postal — comento con gracia, dándome el permiso de pellizcar suavemente la mejilla redondeada de mi hija menor — ¿Tienes todo, Meen? Dejaste a tu tía de mil maravillas. ¿Y tú crees que no vas a caerte? — presiono con cuidado el agarre de mi hermana, a sabiendas de que la música que se oye significa que es momento de salir. Y aquí, rodeado de las mujeres de mi familia, sé que no podríamos estar haciendo esto de no tenernos los unos a los otros — Solo iremos detrás de ellas y tienes que seguir mi paso hasta que veas al hombre pálido del altar. Pan comido.
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Mensaje por M. Meerah Powell el Dom Ene 19, 2020 4:31 am

Estoy segura de que tengo la mejor hermana del mundo cuando, luego de las complicaciones que implicó colocársela, lleva más de quince minutos sin tratar de sacarse la delicada corona que adorna sus cabellos. Yo estoy hecha una bola de nervios y creo que he estado al borde de llorar por el estrés en tres ocasiones diferentes mientras que Tilly, siendo la bebé adorable que es, ni siquiera ha hecho un berrinche. Incluso se queda en mis brazos mirando todo con ojos curiosos mientras me cercioro de que nada está fuera de lugar, así que cuando entro nuevamente en la carpa en la que he dejado a la flamante novia, es sólo cuestión de Phoebe el dar el inicio a la ceremonia. - Y seríamos la postal más bonita de todas. ¡Hey! - Utilizo la palma de la mano que tengo libre para golpear con suavidad el dorso de su mano y miro con reproche en dirección a mi padre. - Si la haces llorar te haré caminar con ella delante, y yo acompañaré a Phoebs hacia el altar. - Es una amenaza vacía, no lo haré porque arruinaría toda la estética de la boda. Pero no quiero arriesgar lo que bien podría ser una entrada completamente perfecta.

- Bien… bien. - Esto estaba pasando. Mi tía estaba a punto de casarse y yo no podía estar más feliz por ella. ¡Oh por Morgana! Mi tía estaba por casarse… Y soy yo la que tiene que contener las lágrimas en esta ocasión. Porque ahora que estamos a segundos de que todo se concrete, no puedo evitar pensar que jamás me imaginé estando en esta situación. Hace poco más de un año ni siquiera sabía que tenía una tía, mucho menos podía imaginarme con mi padre, con mi hermana o con Lara. Y… No. Me niego a ser la única llorona en todo este asunto.

- Phoebs ya era una maravilla, yo solo le he dado un bonito vestido para acompañarla. - Y me encantaría decir que estaba siendo modesta, pero era verdad. Phoebs era una de esas personas que era bonita por fuera y por dentro, y que daban envidia porque sencillamente no parecía justo. - Está todo, así que solo depende de la novia para que comience la ceremonia. - Miro a mi tía y si no corro a abrazarla es porque uno, tengo a mi hermana conmigo, y dos, no quería arrugar su vestido. Luego de que salieran lindos en las fotos ya podríamos todos llorar y abrazarnos sin preocupaciones.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Dom Ene 19, 2020 7:02 pm

Creo que no es necesario que le acote lo confuso que todo esto es para mí, me vale con regalarle una mirada que expresa la reciprocidad de esa frase. Porque de todas las personas que estamos aquí reunidas hoy, asumo que soy de las que jamás hubieran imaginado que esto alguna vez pasaría. Quizás podría haber adivinado que las cosas con Charlie tomarían un camino diferente al que hicieron en su día, pero ni en mis más lúcidos sueños se me hubiera presentado la posibilidad de compartir esto con la gente que quiero.— ¡Ha! Lo sabía, sabía que no tardarías ni dos años en aparecer con un anillo, Charles me debe un… — bueno, creo que no hace faltar aclarar esos detalles con mi hermano delante, me conformo con darle un apretón en el brazo para demostrarle mi aprobación, añadiendo además una sonrisa. Que no es como si necesitara de mi bendición para hacer nada, pero creo que es mi manera de devolverle el bochorno de su reacción a mi compromiso. A veces pienso que debería dejar de ser tan permisiva, en especial por como me llevo un dedo a los labios para señalar mi silencio, que no pretendo dar una noticia que no está en mi poder el compartir.

Esa contestación le vale la mirada que le lanzo, ladeando la cabeza de forma que puedo no tomarme en serio lo que dice. — Sí, Hans, pues claro que te veo capaz. — aunque el tono de mi voz denota ironía y humor en el gesto de mover mis cejas hacia arriba, de verdad que no me hacen falta motivos por los cuales le creo capacitado para ordenar un traslador. No digo nada más, me quedo con lo último que dice y, a pesar de que no es al primero que he escuchado decirme algo parecido, porque sé de donde vienen esas palabras, me decanto por responder a lo primero. — Ya sé que puedo, pero no quiero hacerlo. — que pueda hacer muchas cosas sin él no necesariamente significa que tenga que hacerlo. Hay ciertas cosas, como esta, como muchos otros momentos que espero lleguen a mi vida en algún momento, que no deseo hacerlas sola. Para eso se supone que está la familia, ¿no? ¿No es lo que siempre ha tratado de grabarme en la cabeza?

Me confío con eso, con que sus palabras acompañen sus acciones al sostenerme del brazo, porque no hay nada más horrible que una promesa soltada al vacío. Mi atención se la lleva la figura que aparece por debajo de la cortina, mis dos sobrinas se hacen un hueco en la carpa en lo que su llegada me anuncia lo que está por pasar, además de la música de fondo que no ayuda a que centre la atención que se merecen las niñas. Por no mencionar que Hans tampoco está poniendo de su parte y eso le hace llevarse una mirada asesina que me dura dos segundos porque el comentario de Meerah es suficiente como para que pueda responderla a ella directamente. — No digas bobadas, no podría haber pedido un vestido mejor. — mucho menos una diseñadora como ella, que ya con trece años se las vio capaz para hacer no uno, sino dos vestidos de novia, ¿eso ya lo mencioné? Asiento con la cabeza a lo que dice Hans, no creo poder decir mucho más porque el temblor de mis manos es el indicador que me lleva a no abrir la boca más que para repetir sus palabras. — Pan comido. — alcanzo a murmurar, pasando saliva a pesar de la garganta seca y el nerviosismo que empieza a recorrer mi cuerpo, extendiéndose hacia mis piernas.

Supongo que aquí es donde debo empezar a caminar, así es como lo hago cuando mi hermano alza un poco de la carpa para que podamos salir y ya no hay momento para mirar hacia atrás. Después de todo, creo que siempre se ha tratado de eso, cada paso que doy me lo confirma, me asegura que estoy caminando en la dirección correcta, hacia donde siempre he pertenecido, que no es tanto un lugar como lo es una persona. Creo que ni siquiera me fijo en las personas con las que nos vamos cruzando, apuesto a que tenemos demasiados ojos puestos sobre nosotros como para devolverles la mirada, pero tampoco pienso que importe. Lo que importa es que no hay rastro de temor en mi rostro cuando muevo el cuello hacia mi hermano, no sé si llego a asentir con la cabeza, al menos es lo que intento cuando trato de decirle sin la necesidad de palabras que está bien, estaremos bien. Lo sé cuando me suelto de su brazo y no tengo miedo de hacerlo, porque he vivido con ese sentimiento tanto como para considerarlo una parte esencial de mi personalidad, no la necesito cuando rozo los dedos de mi prometido para dar el último paso que me coloca a su lado. De todas las cosas que he podido adivinar en la vida, de la mía propia, tampoco necesito de ningún vaticinio para saber que esta es mi ventura. Aquí y ahora, con los que quiero, los que quieren estar, también con los que se fueron, pero lo más importante, con quiénes deciden quedarse pese a saber que la vida no es un ciclo, solo momentos que recogemos y atesoramos para nunca perderlos. Sé que nunca quiero perder nada de esto.
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Mensaje por Charles B. Sawyer el Dom Ene 19, 2020 7:37 pm

 Ya, déjalo, yo puedo solo — mentira, no puedo, pero como mi hermano continúa arreglando mi traje incluso cuando ya estamos listos en el altar, empiezo a tomarlo como una señal de que los nervios van a poder conmigo. No son tantos invitados y, siendo sincero, estoy evitando el chequear si mi madre ha venido. La biológica, esa que está en la lista por mera educación y que me hace dudar de si se merece ocupar un asiento o no. ¿Pero cómo podía negarlo, si es la jefa de mi futura mujer y colega de mi cuñado? Evito los pensamientos pesimistas al admitir que, incluso aunque no soy de las ceremonias, el espacio en la playa se ve perfecto. Las carpas y la tienda donde se desarrollará la fiesta se encuentran a una distancia suficiente como para que pueda verlas aguardando por lo que serán las horas en las cuales tengo que festejar mis decisiones y aquí, cerca de la orilla y con un juez en espera de ligarme a la mujer que he elegido, me convenzo de que esto es lo correcto. El miedo a lo nuevo es normal, no significa que esté equivocado. ¿O no he decidido que quiero una vida junto a Phoebe Powell, a pesar de todo lo que ha pasado para que acabemos aquí?

La música empieza y le doy un golpecito suave a mi hermano para que deje de tocarme y la sonrisa que le dedico quiere decirle que está todo bien, que no voy a desmayarme a pesar del vago sudor de mis dedos. Los instantes en los cuales nada sucede se me hacen eternos, tanto que no puedo evitar preguntarme si Phoebe se ha arrepentido y no piensa aparecer. Obvio que lo hace, pero por un momento no la reconozco. En mi pecho, allí donde se remueve el calor, mi corazón se salta un latido en lo que suspiro, buscando el controlar mi respiración. No sé qué hacer con mis manos, las pongo delante, detrás y acabo dejándolas caer a los costados, olvidando a los invitados y hasta la música que suena de fondo. Creo que consigo toparme con los ojos de mi prometida y le arqueo mis cejas con una risa contenida. Todo en mi expresión le grita lo mismo: ¿De verdad te puedes creer que estamos haciendo esto?

Ni siquiera veo a las niñas que pasan por delante, estoy más enfocado en dar un paso hacia esa mujer maravillosa y le tiendo mi mano, dispuesto a tomar la suya de ahora en más. La que me queda libre estrecha rápidamente la de su hermano, estoy seguro de que el apretón ha sido más fuerte de lo debido, aunque la vaga palmada en la espalda se siente como aceptación, o resignación si nos ponemos quisquillosos. ¿Me importa? No — Te ves increíble — susurro en dirección a Phoebe, dispuesto a que sea la única persona que me puede escuchar. Tengo que recordarme que las bodas tienen un protocolo a seguir y que no puedo ponerme a besarla antes de tiempo, así que hago todo lo posible para escuchar las palabras del juez. Vamos, soy honesto, no sé ni lo que dice. Hasta me centro en el movimiento de las olas y creo que hace un chiste, porque los presentes se ríen y mi risa tardía debe delatar que tengo la mente en otro lado. En como sostengo su mano, en que no puedo entrar en pánico, en que quiero que todo esto se termine para poder decir que empezamos nuestra vida casados como es debido. Creo que jamás había estado tan impaciente por otro título en mi vida.

Los votos, sí — tanteo mi pecho en busca de los papelitos que me tomaron toda la noche y sí, la botella de vino no fue de ayuda. Para cuando encuentro la hoja, arrugada y obviamente arrancada de un cuaderno, puedo sentir el picor en mi nuca. ¿Tengo que decir esto en público? — Lo malo de todo esto es que tengo una pésima letra, así que creo que tengo que quedarme con una idea general e improvisar — a pesar de sonar a una broma, estoy seguro de que Phoebe me conoce lo suficiente como para saber que tiene gran parte de verdad. La sonrisa que me dedico es en parte de disculpa — Jamás he sido bueno con las palabras, Phee, es una de las cualidades que espero que no busques en un compañero. Y creo que no hay nada que pueda decirte hoy que no haya dicho antes. Pero creo que lo que deseo decirte hoy es que… estoy aquí para ti. Este día, toda la vida. Que no veo la hora de estar contigo cuando seas feliz y también cuando estés triste. Que podamos compartir una historia como venimos haciendo hasta ahora, incluso cuando no tuvo los mejores capítulos… creo que la hicimos bastante buena. Quiero descubrir lo que nos queda, porque puedo romperme la nariz cientos de veces si estás tú para arreglarla. ¿Crees que me veré bien si se me tuerce un poco más? — me pellizco el puente para tratar de ponerle un ejemplo físico, tengo el papel arrugado en la mano y con la contraria, busco la suya — Aún no puedo creer que me hayas elegido, pero procuraré que lo sigas haciendo como yo te he escogido a ti. Y… eso es todo — me lo saco de encima como si pudiese volver a respirar, que todavía faltan los suyos, los anillos… y poder firmar lo que será el resto de nuestra vida.
Charles B. Sawyer
Charles B. Sawyer
Inefable

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Ene 20, 2020 12:09 am

Tú también. — murmuro en su dirección apenas mi hermano ha desaparecido de mi ángulo de visión y puedo dedicarle un vistazo más cercano. La verdad es que viniendo hasta aquí se me han empezado a nublar los ojos, los oídos también que la música ya paró y ni siquiera me di cuenta, pero es cierto que luce bien y, aunque no parezcamos nosotros en lo absoluto, creo que hoy es una de esas excepciones en las que no hay lugar para la equivocación. Le dedico una sonrisa más que cálida cuando entrelazo mis dedos con los suyos, sigo mirándole cuando el juez comienza a hablar y por un momento creo que no voy a poder apartar la mirada de su perfil en lo que queda de día. Probablemente también de vida. No soy consciente del tiempo que transcurre entre que la persona delante pasa a darle la palabra a Charlie, pero permito que nuestras manos se separen para que saque lo que parece que son sus votos. Se me escapa una risa nerviosa por la tontería, porque lo que me hubiera sorprendido es que hubiera sido de manera distinta y, en una situación tan surrealista como lo es nuestra boda, creo que agradezco que pueda guardar su esencia en una parte tan importante de esto. No importa lo demás.

Me río por lo bajo al recordar los momentos que menciona, se ensancha la sonrisa de mis labios por la cantidad de veces que he tratado de arreglar su nariz, meneando la cabeza hacia un lado, aunque creo que se trata de algo que solo vamos a entender nosotros. Y no sé si esa es la finalidad, pero agradezco sus palabras con un murmullo que creo que solo escucha él, también está diseñado para eso. Me repaso los labios con la lengua discretamente antes de aclararme un poco la garganta, el silencio se siente algo incómodo ahora que ha terminado de hablar. — Charles, yo... — elevo un segundo la mirada hacia sus ojos como si necesitara de esa comprobación para asegurar que me está escuchando. Solo necesito que lo haga él, pero procuro ser lo suficientemente clara. — No tienes idea de lo agradecida que estoy, y estaré siempre, de que hayas aparecido en mi vida. Creo que uno nunca sabe que ha conocido al amor de su vida hasta que llega el momento en que te das cuenta lo mucho que te importa la persona que tienes delante. Y créeme, Charlie, que cuando te conocí no tenía ni la más mínima idea de que terminarías convirtiéndote en mi mejor amigo, en mi compañero por el resto de vida, y se supone que soy adivina, esas cosas tendría que haberlas dado por hecho... — añado lo último con una sonrisa que busca rebajar la tensión de mis hombros, hasta puedo mover un poco la cabeza en dirección a los asientos de la primera fila. Regreso la vista a mi prometido, frotando suavemente la palma de su mano con mi pulgar. — Pero como iba diciendo... No podría pedir a alguien mejor con quién compartir lo que sea que nos traiga la vida a partir de ahora. Me he escondido de quién soy por más de media de mi existencia, por más que sobra decir que no soy la persona más estable ni alguien que te ha dado más alegrías que penas. Pero si tú estás dispuesto, yo sí quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Te lo dije una vez, mucho antes de que ocurriera nada entre nosotros, te dije que te necesitaba a mi lado porque me gustaba la persona que era cuando estaba contigo. Hoy, más de ocho años después, puedo decirte que no me equivoqué al escogerte como amigo, como compañero y mi futuro esposo. Espero poder ser lo mismo para ti, alguien donde puedas ser honesto, sin miedo a que vaya a juzgarte, porque eres lo mejor que tengo, y deseo poder tenerte para lo que se venga, sea bueno, malo, no importa. De esto solo quiero quedarme con que te deseo, te deseo en mi vida para compartirla, pero sobretodo porque sin ti ni siquiera merecería la pena vivirla. — llega el momento en el que la intimidad se siente sobrepasar el lugar, razón por la que no tengo ni la menor idea de lo que hacer a continuación cuando me paro a mirarle, después un poco hacia el público.

Lo recuerdo al momento de bajar la mirada hacia sus dedos, caigo en la cuenta de que mis sobrinas están esperando con los anillos y me giro en su dirección, animando a Meerah acercarse. — Así que sí, claro que quiero casarme contigo. — resumo lo que son mis votos al momento de deslizar la alianza por el dedo correspondiente. Espero a tener el anillo que me corresponde antes de girarme hacia donde está el juez y tomar la pluma con la que se supone que he de escribir mi nombre. Phoebe Mae Powell se siente bastante correcto cuando le tiendo el instrumento a Charles para que pueda ser él quién rellene su parte. Creo que ni siquiera le da tiempo a terminar a comprobar que está bien escrito que me giro hacia él, no necesito ninguna indicación para saber lo que se viene a continuación. Besarle es lo que más normal se siente después de este día de locos, cuando puedo aferrarme a lo que conozco y en verdad es lo único que importa. — Te quiero, Charlie. — no es nada que no haya dicho ya, pero lo siento necesario para que haya al menos algo que quede entre nosotros. Tomo su brazo al separarme, no sé por qué me sorprendo al encontrarme con las caras familiares, si llevan ahí todo este tiempo. — Tú tampoco te crees esto, ¿verdad? — murmuro para él, alentándole a bajar de aquí antes de que a la gente le dé por aplaudir.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. Powell
Profesor del Royal

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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Ene 20, 2020 3:10 am

Entregar a mi hermana se siente como haber cumplido con un deber que ni sabía que tenía, pero para cuando me acomodo junto a Scott en los asientos delanteros, estoy acomodándome el saco con un suspiro de alivio. Me encuentro buscando su mano para tomarla con la necesidad de un apoyo, apenas echándole una sonrisa antes de fijarme en las niñas; suerte para todo el mundo, Tilly parece muy entretenida en tratar de alcanzar los anillos con sus manitas como para llorar o hacer algo que pueda arruinar el momento — A que las niñas se ven bien — murmuro con una vaga sonrisa, quizá tratando de distraerme de las palabras del juez, a quien me obligo a escuchar por mero respeto. Suerte para mí, parece que no habrá mucho discurso. La parte mala se encuentra en que, cuando llega el momento de los votos, Charles se toma la molestia de sacar los suyos en un papel en pésimo estado y cierro vagamente los ojos para contener el comentario. Si mi hermana es feliz, yo también.

Y obvio que lo es. El montón de palabras sensibles que salen de sus labios me recuerdan por qué estamos aquí, por qué he apoyado esta unión cuando pude descubrir lo bien que le hacía a Phoebe, por qué gasté tanto dinero sin siquiera reprocharlo para ayudar a montar esta ceremonia. Por alguna razón, mis ojos buscan a Scott en medio de las palabras, no seguro de si es porque puedo comprender lo que los novios pueden decir o porque llegará el día en el cual estoy seguro que no podré decir ni la mitad que ellos delante de tanta gente. Descanso mi cabeza sobre la suya en busca de un apoyo que no sabía que necesitaba, centrando los ojos en como mi hermana menor pasa a ser la esposa de alguien y, resignado a que no puedo hacer nada para evitarlo, soy de los primeros en ponerse de pie para un aplauso. Sé que la gente se acercará a dar sus felicidades, me adelanto para poder tomar a Tilly y liberar a Meerah de la carga, en lo que busco con los ojos a Phoebe. Al encontrarla, solo asiento con una sonrisa. Ya la alcanzaré luego, que si la abrazo ahora, no podré soltarla

Ve a felicitar a tu tía — le aconsejo a Meerah en un susurro, acomodando a la bebé en mis brazos para sostenerla con mayor comodidad — Estuvieron muy bien, pero yo solo… — no sé si se entienden mis señas, tengo que voltearme en dirección a Lara para poder comprobar que no estoy haciendo el ridículo — ¿Es muy malo si creo que no podré hablar en al menos unas horas? — y sí, es un susurro un poco desesperado.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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