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Lost north · Maeve

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Abr 16, 2020 6:19 am

¿Por qué pensé que estoy sería una buena idea? Entierro mi cara en la almohada cuando la alarma suena, suena, suena. Tengo mi ropa doblada al pie de la cama, con toda la prolijidad con la que me inculcaron, el abrigo de pana gris está colgado del respaldo de la silla para que pueda colocármelo al vuelo al salir para bajar a la cocina a tomar un café rápido, lo he planeado y cronometrado todo como lo vengo haciendo desde haces una semana, mi vida ha vuelto a esa rutina que tenía en el Capitolio, un poco más intensa de a ratos, porque el cambio brusco de colaborar con Arianne a dar mi ayuda a Alice implica casi un cambio de cerebro, dejar ese que sabe protocolos en la entrada y colocarme ese otro que está aprendiéndose de memoria cada músculo del cuerpo. No, no hablemos de las veces en que me pise una cosa con la otra, en que una palabra médica acabó en protocolos y esa vez que un paciente me miró tan desconcertado que tuve que decirle «¡era broma!» para que no se notara que sí, me equivoqué. Hay en los que solo quiero cambiar de posición en la cama y solo volver a dormir… pero no puedo, tengo que levantarme y comenzar el día…

¡Y ah, mierda! ¡¿Cuánto tiempo pasó?! ¡¡Solo cerré los ojos por un segundo!! ¡Mierda, mierda, mierda! Me enredo con las mantas al tratar de salir de la cama, mi teléfono cae con un golpe que me asusta contra el suelo y ¡ah, no jodas! ¡No pudo haber pasado una hora! ¡¡SOLO CERRÉ LOS OJOS!! No hay tiempo de cambiarme las medias, tendré que dejarme las que me puse para dormir, tiro mi pijama para colocarme los vaqueros y el pulóver de lana gruesa, estoy corriendo fuera de la habitación con mi bufanda ahorcándome cuando me acuerdo del abrigo. ¡No hay tiempo! ¡No hay tiempo! Ya comeré algo por ahí, lo que sea… ¡aire! ¡el aire es sano! Me meto a la chimenea, ni siquiera yo estoy segura de si debo ir a lo de Alice o a lo de Arianne, ¿a quién le dije que iba a ir a ayudar esta mañana? Quiero acuclillarme dentro de la chimenea para llorar, pero tengo un puñado de polvos flu y digo la primera dirección que se me ocurre al arrojarlos para desaparecerme.

Oh, vaya… ¿Arianne redecoró la casa después de que Ben se fue? Vaya, se ve muy… muy distinta. Saco mi teléfono para revisar una vez más la hora, que una cosa es llegar una hora tarde, pero cinco minutos tarde además de la hora tarde, es como que mucho… Mis ojos se quedan puestos en la pantalla cuando debajo de los cuatro dígitos leo las tres letras que me indican el día. ¿Hoy es sábado? ¡Aaaaaaaaaaaaah, mierdaaaaaaaaaaaaa! Salgo de la chimenea para sacudirme los polvos de la tela de la manga y sí, todavía me dura la somnolencia como para preguntar con toda la estupidez del mundo: —¿Arianne?—. Sí, eso, echémosle la culpa al sueño, no lo idiota que puedo llegar a ser como para darme cuenta que esta casa de arriba abajo no tiene nada que ver con mi jefa. No, me freno en seco en el pasillo porque necesito de algo más para darme cuenta que acabo de hacer una estupidez. —¡Tú!— grito al ver a la chica, ¡esa chica! ¡la chica del boliche! ¡la amiga de Oliver Helmuth! ¿Y por qué me acuerdo de Oliver Helmuth y todas sus fotografías de Wizzardface, pero no me acuerdo del nombre de la chica! ¡La chica a la que beso Ken! Ese también es detalle importante que mi memoria me susurra. ¿Qué hace esta chica en el distrito nueve?
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Mensaje por Maeve P. Davies el Jue Abr 16, 2020 9:24 pm

¿Qué hago yo despierta a estas horas un sábado? Me lo replanteo varias veces en mi recorrido a la planta de abajo, voy tan enfrascada en el sueño que tuve por la noche que tengo suerte de que no me como un escalón de puro milagro y son mis movimientos inconscientes y no a las neuronas a las que tengo que agradecer no dejarme los dientes. Maldita Rebecca y sus entrenamientos matutinos, ¿es que no tiene otra cosa mejor que hacer? Me hubiera hecho la dormida, pero es que ya van dos veces que utilizo esa excusa y me niego a que me llame vaga redomada en más ocasiones en menos de una semana. Por su culpa, la de Oliver también, se le debe incluir en el mismo saco, sigo teniendo que ir a la escuela, así que entre semana me es más difícil congeniar horarios de manera que no interrumpa nuestras sesiones con mi deber escolar y con mi trabajo, ese que estoy empezando a considerar más como entretenimiento que como laburo en sí. Porque después de tener que atender seis horas sentada en una silla, dejar que me golpeen todo el cuerpo por horas, lo que menos pesado se me hace es tener que cuidar de la niña Powell.

Me gustaría decir que mis desayunos son contundentes, como deberían ser siendo que voy a gastar muchas calorías en las próximas horas, pero lo único que se me antoja meterme en la boca es un bollo relleno de chocolate que menos energía me va a dar de todo. No importa lo que coma, que sigo estando como un palo. Mi padre ha salido de casa mucho antes de lo que yo siquiera he abierto un ojo, vaya a saber qué es lo que estará haciendo a estas horas un sábado, pero es por eso por lo que me paseo de la cocina al salón con la calma de no tener que responder a sus preguntas mañaneras como si no supiera que no soy la mejor madrugadora. Estoy en eso, en mi camino por el pasillo hacia la entrada del salón para encender la televisión, con el bollo metido entre mis dientes, que no me doy cuenta de que hay alguien presente hasta que ese alguien eleva la voz. — ¡YO! — es lo primero que me sale decir, siendo que esta persona me está acusando y todavía no sé de qué.

Espera… ¿yo? — hago las conexiones suficientes como para entender que no soy precisamente yo el problema, aunque lo plantee como una duda que me cuesta asimilar porque es la primera vez que me incriminan en mi propia casa. Sacudo mi cabeza, en un intento de entender qué es lo que está ocurriendo y… no, es demasiado pronto, y hay una extraña en mi casa. — Hey, ¿qué haces en mi casa? ¿Quién eres? — me paro sobre mis pies, a una distancia prudente para poder analizarla con la mirada. ¿Y por qué siento que yo ya conozco a esta chica? — ¡Syvonne! — era así, ¿no? Eso creo recordar de Wizzardface, también de los panfletos que hay por las calles. La revelación me cuesta tres segundos valiosos. — ¡Atrás! — a falta de varita, con lo que la apunto es el bizcocho a medio comer de chocolate. Wow, Maeve, súper amenazador.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Abr 17, 2020 3:52 am

¡Tú!— repito al contestarle, se aprecia como la nota de histeria va alzándose en mi voz, no se supone que… bien, como enemiga pública que ahora aparece en listas oficiales del ministerio, no debería estar frente a alguien que conocí en el Capitolio. Creer que estamos en el distrito nueve es una confusión de mi parte que me permite unos segundos de tregua antes de caer en la realidad de que me he equivocado de destino al arrojar los polvos flu,y no, no quiero saber dónde estoy, lo que quiero es meterme cuanto antes en el hueco de la chimenea, ¡pero la tengo apuntándome con su bollo! ¿Va a arrojármelo? Por brusco que sea, tengo el impulso de buscar mi varita para lanzarle un hechizo que la desmaye, es el intento de supervivencia que me dice que ¡actúe! ¡Haz algo, Synnove! ¡Haz algo!

Synnove— corrijo a la chica, con toda la calma que solo yo puedo tener, fiel a mi vieja idea de que todos los malos entendidos se solucionan hablando y si no estoy en terreno de pelea, no voy a pelear. Es solo… una chica comiéndose un bollo, no, apenas si le dio un mordisco. No es como... si fuera un auror o algo así, se ve muy menor para serlo. —Soy Synnove Lackberg, nos conocimos una vez… en el boliche, ¿te acuerdas? Estabas con Oliver y yo con Ken… neth— ¿Por qué siquiera lo intento? Pongo los ojos en blanco como recriminación a mí misma por mi idiotez. —Kendrick, ese día estaba con Kendrick. Tú eres…—. ¿No está mal que lo aclare, verdad? Si puede dar por sentado que somos amigos al estar en la misma lista de enemigos del estado. Ah, no, mierda. Cierto que luego llegaron Dave y Holly, mierda…

Por favor, no le digas a nadie. No te haré nada, lo juro. Yo… solo me iré, por donde vine…— ah, no, más mierda. Mis ojos se fijan en la chimenea, las del distrito nueve han pasado a estar fuera del sistema del ministerio, pero si no estoy en el distrito nueve, meterme allí causaría que más de una alarma se active… digo, no olvidemos mi nuevo título de mérito. —Puedo preguntarte… ¿en qué distrito estamos? Creo que me alejé un poco de casa…— balbuceo de la manera estúpida en la que puedo actuar por tener mi cerebro embotado de tantas torpezas tan temprano en la mañana ¡y todavía no he siquiera desayunado!


Última edición por Synnove A. Lackberg el Sáb Abr 18, 2020 3:34 am, editado 1 vez
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Mensaje por Maeve P. Davies el Vie Abr 17, 2020 7:53 pm

Synnove, pues claro que sí, Synnove. — aseguro como si no me hubiera equivocado al recitar su nombre, como si tampoco fuera una de las criminales más buscadas e internamente me pregunto qué hizo alguien como ella para meterse en semejante lío cuando a simple vista parece una chica cualquiera y hasta se podría decir que luce dulce por su aspecto delicado. Supongo que ese es el principal problema con los criminales, que no aparentan serlo. Sujeta tu bollo con fuerza Maeve, es tu única arma. — ¡No! ¡No me acuerdo! Estaba borracha, es a lo que se va a las discotecas… — digo como obviedad, aunque no es ahí donde me freno cuando mi cerebro hace un click ruidoso y mis ojos se abren tras hacer la conexión suficiente como para que me despierte mucho más de lo que haría un café bien cargado. — Aaaaaaah, sí, eres la chica por la que Ken de Kenneth me dejó tirada cuando… ¿os enfadasteis? No hard feelings, tranquila. — me apresuro a añadir antes de que piense que aquel acto me ofendió, a pesar de que lo hizo en su día pero por sentimientos de orgullo, nada más. — Ah, lo siento, es Maeve, Maeve Davies. — ¿por qué se lo digo como si estuviera encantada de conocerla? ¡Qué es una criminal, Maeve!

Es una criminal, sí, pero mi estómago ruge en señal de una cosa más importante y lo único que se me ocurre hacer es darle un mordisco al bollo rápidamente para pasar a apuntarla de nuevo con él. Para mi desgracia he llegado a la parte interna del bollito que está cargado de chocolate y el mismo termina deslizándose por una de las esquinas hasta caer al suelo. Vaya por dios. — Espera ahí, ¡no te muevas! — que si mi padre ve que he dejado esto así puedo tener más miedo de su reaccionar que de lo que sea que pueda hacerme esta chica. Voy corriendo al fondo del pasillo, perdiéndola solo de vista cuando tengo que abrir la puerta que da al armario donde guardamos la escoba y esas cosas, donde rebusco hasta encontrarme con la fregona. El resto de bollo lo sostengo entre mis dientes mientras me hago volver para fregar el suelo manchado. — Estás en el distrito cuatro, ¿por qué quieres saberlo? ¿Vienes del nueve, no es así? — la verdad es que si este es su nuevo plan de ataque… es un poco penoso. Digo, si parece hasta perdida. Me fijo en que su ropa está salpicada en parte por cenizas y no me cuesta mucho unir datos hasta dar con la explicación que necesito. — ¿Te has aparecido desde mi chimenea?
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Abr 18, 2020 4:00 am

Recuerdo que esa noche en el boliche le había dicho a Ken que no bebería para que pudiera hacerlo él, y si hacía falta que lo arrastrara hasta la casa, lo haría, porque eso es lo que hacen las amigas, ha pasado un tiempo desde entonces… tengo que hacer memoria de por qué nos habíamos ido del boliche esa vez, ¡y toda la indignación vuelve a embargar mi cuerpo entero! —¡Dijo enfrente de todos que estaba enamorada de Dave! ¡LO DIJO ENFRENTE DE DAVE! ¡¿Puedes entender la vergüenza que sentí en ese momento?! ¡Tenía tantas ganas de golpearlo!— resoplo con fuerza, mis brazos se cierran en una cruz rígida delante de mi pecho. —¡Y luego me beso!— sí, aquí, poniéndome al día con la chica de la discoteca. —Un momento, espera, yo a ti te vi en el Wizzardface de Oliver…— que claro que lo seguimos husmeando de vez en cuando con Mimi, no tienes a una amiga experta en burlar sistemas y que incluso una vez hackeó cuentas para ridiculizar al idiota que se metió conmigo en otro boliche, historia aparte, y no la usas para seguir stalkeando perfiles. ¡Que Mimi quería saber qué tan mono se había puesto Oliver! —¡¡¡Eres la del vivo!!!— estas cosas siempre se saben, llegan hasta fronteras insospechadas. —Maeve, listo, ya no voy a olvidarlo— fijo su nombre en mi mente, porque sí, luego cuando le diga a Ken que me crucé por casualidad con la chica que se enrolló aquella noche, mínimo tengo que saber cómo se llama…

Casualidades, sí, por mi integridad y consciencia, necesitaría que estas casualidad no ocurran en mi vida. ¡No es nada contra Maeve! Si hasta parece una chica agradable, aquí, pidiéndome que no me mueva de su pasillo, cosa que no hago, coloco mis manos en alto donde pueda verlas, mientras ella va a buscar con qué limpiar la mancha que hizo en el suelo. Solo tendría que tener un poco más de cuidado hacia qué distritos me muevo, es decir, si salgo del distrito nueve podría estar en problemas con el primer agente de seguridad nacional con  el que me encuentre. Dudo que los amigos que tuve alguna vez entre estos quiera hacer el favor de dejarme pasar y fingir que no me han visto. —Sí, vengo de ahí, donde debería seguir estando, por cierto… supongo que sabes que, bueno… no es que sea muy bienvenida en estos distritos. Un momento, ¡estamos en el cuatro!— grito, busco la primera ventana que tengo cerca para acercarme al cristal y tratar de ver el paisaje fuera. —Nunca estuve en el cuatro, nunca— lo digo con toda la desazón que siento, —mis padres no eran del tipo que organizaran vacaciones en familia, mis veranos solían ser… pasar tiempo en mi habitación o ir a la cafetería. ¡Ir a la cafetería en verano!— ¿se puede ser más patética? —Aparte del Capitolio, conozco el distrito ocho, pero ni tanto. Solo el instituto de arte… — vuelvo a suspirar, Neopanem es grande y solo conozco una mínima parte, esa vida de ermitaña por veinte años se puede sentir. —Y sí, usé tu chimenea— volvamos al presente, —pero no me arriesgaré a volver a usarla, temo que salte en algún sistema del ministerio y nos caigan licántropos del escuadrón para allanar la casa— que todos sabemos, a estas alturas, son más de temer que los aurores.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Sáb Abr 18, 2020 11:02 pm

Por la forma que tiene de expresarse entiendo que se encuentra tremendamente ofendida por lo que ocurrió esa noche, también los integrantes de lo que terminó siendo una de mis peores borracheras y creo que fue porque en algún momento a alguno se le ocurrió ir a por chupitos de tequila cuando yo ya había consumido mi peso en alcohol y me encontraba flotando en una nube. Con razón no me acuerdo de nada y es que solo cuando menciona a Dave es que me paro un momento a pensar en que yo por aquel entonces todavía no sabía de su existencia. — Espera, ¿Dave? ¿Conoces a Dave? ¡Yo también! ¡Cambiamos pañales juntos! — digo con entusiasmo, solo para darme cuenta después que no es un hobbie por el que alardear de forma tan orgullosa. — ¿Y estabas enamorada de Dave? Es mono, pero se me hace más como un peluchito esponjoso. — no lo arreglé, ¿verdad? — hoMBRES. — suelto con exasperación cuando asegura haber tenido ganas de golpear a Kenneth... ¿Kendrick ahora? La pregunta que a mí se me viene a la mente es la de qué carajo hacía el enemigo más buscado del país en una discoteca del capitolio, pero antes de que pueda formularla en voz alta me salta con otras que me hace pegar un salto en el sitio de irritación. — ¿¡Es que la especulación sobre ese vivo no va a moriiiiiiiir nunca!? ¡En serio! Ocurrió el verano pasado… — que no es tanta especulación cuando pasó de verdad y todos los vieron, pero aun así… — Por si surgen dudas: solo nos estábamos besando. ¡Y ninguno sabía que se estaba grabando un directo! — ya, aclaraciones hechas, creo que podemos dejarlo a un lado.

Me apoyo sobre el palo de la fregona cuando las pruebas de mi crimen han desaparecido, que hasta mi padre creerá que he hecho algo por las labores de la casa cuando vuelva, ¡un sábado por la mañana! Cuando ella decide asomarse por la ventana. — ¡Pero cuidado con el suelo, mujer, que está fregado! — acabo de sonar como la vecina de en frente que a veces me deja cuidando a su gato por unos galeones, pero que me acaba de pisar lo fregado. — ¿Nunca, nunca? — así que los criminales también tienen una vida, y padres, qué interesante… Dejo la fregona de manera que queda apoyada sobre la pared más cercana y me acerco. — Tal vez no sea tan buena idea que te asomes, ya sabes, por eso de que… — los carteles que no necesito aclararle porque es la protagonista de varios. — Ir a la cafetería no está tan mal, siempre puedes dedicarte a probar todos los productos de la carta. Tienen este café helado con nata y caramelo en una cafetería no muy lejos de aquí que mmmmm, está delicioso. — aquí, charlando tranquilamente con una enemiga del estado, como un buen día cualquiera. Termino por asomarme también, apoyando uno de mis codos sobre el borde. Desde nuestra casa se puede ver el mar, a pesar de no estar situada tan cerca como las de primera línea de playa, siempre he pensado que tiene una belleza llamativa ver como las olas chocan contra la orilla desde aquí. — Así que te gusta dibujar, ¿eh? A mí también, vamos, que solía hacerlo antes… ahora estoy un poco ocupada con otras cosas, pero hago unos dibujos tremendamente divertidos sobre mis profesores en el pupitre de la escuela. — obvio la parte en la que eso me costó dos días de fregar suelos como castigo, con razón tengo tan buena técnica de fregado.

La miro cautelosamente cuando todavía parece estar centrada en las vistas, mordiéndome el labio inferior en lo que planteo en voz alta lo que estoy pensando. — Se supone que debo entregarte a las autoridades… creo, todo ciudadano está obligado a hacerlo. — y yo con más razón que pronto cumpliré los diecisiete. — Aunque… siempre puedo decir que no te he visto. ¿Qué hiciste para terminar en los carteles igual? — pregunto, pegándole un mordisquillo discreto al bollo en lo que regreso la mirada hacia ella antes de caer en otra cosa. — Uy, qué maleducada, ¿quieres uno? — digo, haciendo referencia al bollo que alzo un poco.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Dom Abr 19, 2020 4:11 am

Hay cosas que se pueden interpretar de una única manera. —¿Tienes un bebé con Dave?— estoy en shock. SHOCK. Se me está cayendo un ideal… SHOCK. Esto no me lo había visto venir, ni en cientos de años, que Dave sea padre… ¡y una chica que se ve más chica que yo! ¡Y una chica que…! Tal vez solo tuvieron el bebé, luego cada uno por su lado, ¿quién soy para juzgar? ¿Santísima Synnove de los Socorros? —Se me hacía muy tierno, solía mirar lo que subía a Wizzardface… pero, ya, que es historia pasada. Ni siquiera iba en serio. Solo me gustaba mirar sus historias, ya sabes, cosas que hacen bien al corazón y te alegran al comenzar el día…— abro mis brazos con las palmas a la vista, ¿lo entiende, no? —Ahora tengo novio, no me pondría a mirar fotos… no, no, no…— bueno, quizás sí. ¡Pero se lo estaba mostrando a Mimi! ¡No era como si yo estuviera stalkeando a Oliver Helmuth! —¡PERDOOOON! ¡Lo sientoo! ¡Lo encontramos sin querer!— esto… ¿sin querer? Tengo recuerdos de nosotras siguiendo pasando de un hashtag a otro y persiguiendo los clips que siguen circulando de ese vivo, ¡que es la primera ley en Wizzardface! Tienes que tener cuidado con lo que sube ahí, nunca, nunca, logras borrar todas las huellas. — No tienes por qué justificarte— le aclaro, —ni que hubieran estado robando un Banco… o no sé, atacando una alcaldía…— hay crímenes peores de cuyas consecuencias debemos hacernos responsables, ¿un manoseo público? ¡Vamos!

Si no hago más que meter la pata, en todo lo literal que tiene esa expresión, primero por meterme en su sala, luego con lo de mencionar el vivo, ahora ensuciando por donde fregó el trapo. —Perdón, perdón— pido al hacerme un lado, dando un saltito. —Nunca. No miento al decirte que nunca vi el mar tan cerca— contesto, mi cara casi sobre el vidrio, entonces me aparto tal como me previene, uso la cortina para tapar mi cara y que con un ojo pueda seguir admirando el paisaje de afuera, ese movimiento de las olas que sube sobre la arena. —Hay una cafetería a dos cuadras del Royal, está un poco escondido y pocos lo conocen, donde venden café en cono… ¿alguna vez fuiste? Podría hacerte un mapa de cómo llegar…— es de esos lugares que puedo decir, con una mano en el corazón, que echo de menos. —¡¿También te gusta dibujar?!— es una coincidencia que me emociona, por consciente que sea de que estar en una conversación casual con una civil de Neopanem es más ilógico que ese sueño en el que paseaba con jirafas bebés. —¿A qué año del Royal vas? ¿Ya elegiste especialidad?— las jirafas bebés están siendo superadas por mi propia idiotez. ¡Despierta, Synnove!

Eso, esto debe ser un sueño. Si el mar se ve tan real es porque lo he visto cientos de veces en películas, esta chica es solo el eco que me queda de cosas que pasaron en el Capitolio, ¡el vivo! ¡eso! Cosas que impresionaron, rostros, como para evocarlos luego con tanta nitidez en sueños. Todo con tal de no admitir de una buena vez que estar aquí es una estupidez descomunal. —Lo sé, estarás en problemas si alguien se entera que estuve aquí y no hiciste nada, pero… ¡por favor! ¡no lo hagas!— no quiero traerle problemas, pero tampoco los quiero para mí, y esto fue un error, en serio, una tontería de nada, que no debería pasar a mayores. —No tengo ninguna intención de hacerte nada malo, ¿me crees? No somos… no somos lo que Magnar Aminoff dice que somos— trato de convencerla, le enseño mis manos para que vea que no traigo malas intenciones. —Y lo bueno de que sea sábado por la mañana es que… siempre puedes decir que lo soñaste, cuando yo vuelva me meteré en la cama otra vez y diré que eso fue— ¿es un trato? Tomo con cuidado el bollo que me ofrece, lo aceptaré como una señal de paz. —Ufff… ¿por dónde empezar? Supongo que es porque estuve entre los que fuimos a la alcaldía ese día, ya desde antes conocía a Ken y varios de los otros chicos eran amigos míos… verás, a mi mejor amiga no pude verla por años, el distrito nueve es el único lugar en el mundo en el que podemos estar sin tener que escondernos o tener miedo— trato de explicárselo así. — Esto se siente como un sueño, en serio. No, peor, ¿qué si me comí uno de los bombones con drogas de Bev? Tal vez estoy drogada— hablo para mí mientras me llevo el bollo a la boca, mi estómago lo agradece con ruiditos de ansiedad.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Dom Abr 19, 2020 8:27 pm

No se me cae el bollo de los labios porque tristemente ya se lo he ofrecido, pero sí se me cae la mandíbula cuando hace la loca propuesta de que tengo un bebé con Dave. — ¿¡Quéeeeeeeeee!? — no puedo evitarlo, me sale alargar la palabra por la propia estupefacción. — ¡No, no, no! ¡Soy niñera! ósea, cuidamos de la hija del ministro Powell juntos, normalmente en turnos distintos, pero a veces nos quedamos a hacer muffins con crema solo para divertirnos después. — es que es muy graciosa la cría cuando se unta hasta las pestañas de dulce. Dios me libre de ser madre tan joven, ¡que aun tengo dieciséis años, por favor! No entra en mis planes de adolescente forma parte de ese programa llamado ‘Bruja adolescente, y embarazada’ que echan los sábados por la mañana. ¡Anda! Seguro que lo están echando ahora, qué oportuno. — Déjame adivinar, tu novio es Kennethdrick. — me corrijo antes de que vuelva a llamarlo por su nombre falso. — Hacéis linda pareja igual, quitando la parte de que sea un enemigo público y eso… — ¡pero que ella también! — Oh… es como una de esas historias de amor criminal, qué romántico. — digo, my en serio, a pesar de saberme una persona que suele vomitar sobre todo lo romántico. — Muchos adultos creen que es peor besarte con un chico que robar un banco, créeme. — bromeo. Estoy segura de que mi padre entra dentro de esa categoría, vamos, que se me ofreció a comprar condones o pastillas cuando se enteró de lo del vivo. ¡Y solo nos estábamos besando!

¿Asumo que tampoco te metiste nunca en el agua? — pregunto, a pesar de verlo como una obviedad cuando dice que jamás estuvo tan cerca del mar como ahora. — Es muy lindo, hasta puedes flotar sin necesidad de usar tus músculos para nada por toda la sal, ¿nunca, nunca, en serio? — bueno, digamos que yo tampoco vi el mar en mi vida hasta llegar al cuatro, pero desde que vivo aquí, se siente como si nunca hubiera estado lejos de sus playas. — Es una pena, si pudiera te llevaría, ¿quizá con un sombrero? — aunque parece que estoy bromeando por la forma en que se me atraviesa una sonrisa traviesa por los labios, pero la mueca por la que se transforma después declara que me lo estoy pensando en serio. — Si me haces un mapa mejor, no soy muy buena con eso de acordarme de las indicaciones. — pobre Rebecca, de todas las veces que me habrá gritado que mantenga la concentración, si es que soy un desastre. No me tardo mucho en asentir con la cabeza alegremente. — Hace unos años tenía este sueño bobo de convertirme en artista, pero… — me encojo de hombros, como si pudiera resumir todo lo que ha pasado desde entonces en ese gesto y como una explicación de por qué es un sueño que he dejado de buscar. — El año que viene empezaré mi último curso, pero digamos que no tengo mucha opción a escoger especialidad. — comento sin más. Antes me hacía más gracia lo de pertenecer al escuadrón porque era algo que estaba escogiendo yo, pero estar cada vez más cerca de mis diecisiete me ha hecho darme cuenta de lo mucho que me desagrada que me impongan cosas. Ósea, es como si te dijeran que debes permanecer en tu casa por obligación, no señor, me gusta ser vaga por elección propia, no porque alguien me dijo que era lo que tenía que hacer.

Asiento con la cabeza silenciosamente, con la mirada perdida en el exterior de la ventana, porque sí estaré en serios problemas si alguien se entera. Afortunadamente para mí, ella sale con una resolución que me agrada más que cualquier otra cosa. — Lo cierto es que nunca suelo despertarme tan pronto un sábado por la mañana, hasta puede que tengas razón y sí lo haya soñado, o esté soñando ahora mismo, ¡o que sea sonámbula! ¿qué dices? — por alguna razón me río, de verdad le estoy pidiendo a una enemiga del estado que apruebe mi coartada. — No sé quién es Bev, pero te puedo asegurar que ese bollo no tiene ninguna droga dentro, y no te lo digo porque venga de mí, sino porque los compró mi padre en el supermercado, y es el hombre más básico que conocerás en toda tu vida. — aseguro en tono bromista. ¿Mi padre comprando bollos rellenos de droga? Nah, es más probable que se produzca una invasión de zombies. — De hecho, ven, vamos a la cocina, estaba por desayunar cuando llegaste. — dicho como lo digo, hasta parece que la estaba esperando a ella para desayunar. — Ósea que estás en la lista negra porque ayudaste a volar la alcaldía, interesante… — comento en mi paso hacia la cocina, una vez allí saco más bollos de la despensa y los pongo sobre la mesa, junto con leche y zumo, también cereales. — Te contaré algo, solo porque sé que no puedes decírselo a nadie al que vaya a importarle. ¿Mi padre el básico? Es mi padre biológico, pero no lo supe hasta hace unos años, antes vivía con mis padres adoptivos, los acusaron de traición al estado, cuando Jamie aun estaba en el poder. — explico, no sé con qué intención, la verdad, ¿quizá para terminar lo que empecé una vez cuando me mordieron? — Lo único que supe es que los encarcelaron, pero… qué sé yo, quizá consiguieron escapar, no lo sé. ¿Por casualidad no habrás conocido a ningún Harrington en el nueve, verdad? — perder no pierdo nada por intentarlo.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Lun Abr 20, 2020 5:25 am

Pensar que me pasé años mirando a Dave de lejos y esta chica cuida un bebé con él, además de hacer muffins para pasar el rato. ¡Muffins! Hay gente que no cree en algo como el destino, yo estoy cada vez más segura de que es real y nos coloca a cada uno donde debe ser, hubo razones que tal vez todavía no termino de entender que explican por qué ciertas cosas no se dieron con ciertas personas y terminé en el distrito nueve con mi mejor amiga, el chico que fue mi mascota y ahora es mi novio, un par más, con una vuelta inesperada que me trajo aquí esta mañana, como si hubiera cruzado un espejo mágico –más excusas improbables para no aceptar la realidad-. —Solo Kendrick— aclaro, y con un asentimiento le dejo saber que sí, supongo que somos novios. No me pondré a explicarle en este momento que tuvimos nuestros momentos, varios, de no saber qué éramos. Me parece más importante comenzar desde el principio. —De hecho… somos más del tipo de historia de… chico fugitivo de la ley conoce a chica que vive en una burbuja de plata, se hacen amigos, de amigos pasan a algo más… chica se va de casa para ir con los rebeldes, chico convoca a todos con ideas revolucionarias sobre justicia e igualdad, tomamos un distrito… nos quedamos a vivir ahí… ¡ah, me olvide! Chico fugitivo de la ley es en realidad un Black. Sí, lo sé, cuando lo cuento así en serio… parece un poco una película romántica típica Flixnet— hago una mueca, nos colocarían al lado de «El stand de amortentia». —Y tú con Oliver Helmuth…— lo dejo ahí, sí quiere hablar, adelante, si no quiere hacerlo, no puedo obligarla. Es su casa. Y es ella quien tiene una fregona como arma, aparte del bollo.

¿Agua de mar? No, nunca no lo hice… y siendo honesta, nunca he sido buena nadando tampoco. Quisieron mandarme a clases una vez, sé lo básico, pero… te imaginarás, fue en una piscina cerrada flotadores en los brazos para empezar, tenía seis años…— le cuento a esta chica detalles de mi infancia que yo misma había olvidado, recuerdo la desesperación de chocar con el lago helado esa noche de año viejo en la que con Ken tuvimos que enfrentarnos a un dementor. Mierda, en serio, somos una película que vendería bien en taquilla. —Te aceptaría la invitación, si no fuera porque esa noche en la discoteca, ¿te acuerdas que Ken llevaba una gorra? Nos dieron la lata por meses por lo imprudentes que fuimos de que Ken, siendo buscado por todo Neopanem, haya ido a bailar y su único disfraz fuera una gorra…— le cuento, bien escondida como estoy detrás de la cortina. Claro que podríamos ir, no tendría que contarle a nadie, pero ¿el mar vale el riesgo? Me fijo en mi sonrisa triste que se refleja en el vidrio, todavía me quedan los campos del distrito nueve y son en verdad en hermosos después de las noches en que nieva. —¡Claro! Dame un papel o lo que sea, te lo dibujo…— le pido, que no he traído más que mi teléfono en el bolsillo. —¿Y por qué lo dejaste?—  se lo pregunto sin más cuando me habla de su renuncia a ser artista, seguido de decirme que no tiene muchas opciones para elegir especialidad, sin entender bien a qué se refiere con eso. —No, no te estoy juzgando. Lo comprendo… mejor de lo que te imaginas. Cuando estudiaba leyes, yo ni siquiera me tomaba en serio dibujar… lo hacía, lo amaba, y seguía viéndolo como un pasatiempo. Yo misma era quien  le quitaba la importancia real que tenía. Todavía sigo haciéndolo, a veces, pongo otras cosas como prioridad, porque no creo que el arte sea lo más importante. Pero sí lo es, lo es para mí, así que trato de seguir con ello… y no abandonarlo— le comparto mi punto de vista sobre esta cuestión, es decir, ¿cómo abandonar algo que es parte nuestra? El arte no es una camiseta, no te la sacas y te pones como si nada, te atraviesa, sale de ti.

Creo que podemos decir que esto es un sueño— acuerdo con ella, —y comernos nuestros bollos en paz así no nos sientan mal— sigo, partiendo la punta para llevarla a mi boca, haciendo que un par de migas caigan en la nada. Si lo pienso de esa manera, puedo calmar el hambre de mi estómago en la mañana, sin sentir culpa, ni ansiedad. Ni ponerme a paniquear con el pensamiento de que si soy atrapada en este distrito, todo se irá a la mierda. Podría morir. Podría MORIR. Pero, lo más importante, es no perder la tranquilidad, si actúo en pánico y no sé, me pongo a duelear con Maeve, ¿en qué acabaremos? Es un desastre mayor a su invitación para desayunar. —¿Segura? ¿No te molesta? ¿Tu padre no… anda por aquí?— pregunto con cautela, sí, me resta una pizca de cautela en el cebrero. Si hasta lo pienso mal: cerebro. Corregido. Camino siguiendo sus pasos hacia la cocina donde con toda educación busco donde sentarme sin tocar nada más que la mesa donde apoyo mi mano, la otra sigue sosteniendo el bollo que se va acabando entre mordisco y mordisco. —Sí, en resumen, supongo que por eso soy una enemiga pública. Mostré mi cara ese día… y bien, terminé en un cartel. Sabía que sería así, tenía en cuenta las consecuencias. Y no es mi intención tampoco darte una charla de por qué lo hicimos, aunque tal vez debería, también quizás te gustaría saberlo…— no quiero ser como esa gente, ya saben, que va casa por casa golpeando puertas y diciendo que su verdad es la verdad, que den unos minutos de su tiempo para escuchar. Es mucho más invasivo que el simple hecho de estar aquí por confundirme de chimenea. —No, lo siento— lo digo de verdad, —no conozco a ningún Harrington. ¡Pero! Trabajo en una sala de atención a la salud, podría averiguar en registros, ¿qué te parece?— espera, ¿qué? —Entonces, a ver si lo entendí, vives con tu padre que es el biológico… tus padres adoptivos se los llevaron presos, lo siento en serio… ¿y tú madre? ¿qué fue de ella?—. Sé que es la pregunta delicada en este tipo de conversaciones, pero entre todo lo que le he dicho a esta chica, supongo que puedo formularla y ella también puede simplemente decirme que no quiere hablar de ello si no quiere.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Abr 20, 2020 10:34 pm

Me limito a escucharla narrar su historia de amor con un fugitivo de la ley como si fuera el programa adolescente más interesante que puedan echar en la televisión, y ciertamente lo es, porque no debo de ser la única que piensa en este momento que todo lo que sale por su boca no es digno de una película de comedia romántica. Bueno… comedia, comedia, no, ¿drama romántico? Creo que es más apropiado. — Ajá… ya, entiendo. — en realidad no, ¿cómo terminas saliendo con prófugo de la justicia de una día para otro? — Dicen que el amor es complicado, ¿no? — le aseguro que su historia con el tipo no es de lo más extraño que he oído, aunque sí lo más bizarro que se me ha presentado un sábado por la mañana, incluida su aparición. — ¿Helmuth? Solo somos amigos, no me gustan las etiquetas, estamos bien así, no soy… buen material de novia, que digamos. — lo dejo así, a pesar de que procedo a encogerme de hombros. No busco esa clase de estabilidad, si voy a ser honesta, no porque no quiera a Oliver, sino precisamente por eso, siento que de ser las cosas de otra manera, dejaría de ser yo misma y no podría llegar a cumplir nunca las expectativas de Oliver hacia mí. Nah… es mejor así.

No hace falta saber nadar bien para meterse en el mar, ¿sabes? Siempre puedes quedarte cerca de donde rompen las olas, allí apenas cubre. — propongo, a pesar de que no tarda mucho en rechazar la oferta, comprensible también. No voy a ser quién le diga que sí, fue una imprudencia llevárselo de parranda porque vamos, no soy la mejor candidata para ello cuando podría haber salido yo perfectamente con esa misma ocurrencia, pero tiene que ser algo con no ser el que la lía lo que me lleva a hablar. — Ya, la verdad es que no os currasteis mucho el disfraz… Quizá unas gafas le hubieran venido bien, un bigotito… — por la forma que tengo de reírme, es evidente que he dejado la seriedad a un lado para permitirme bromear con respecto a su pésima planificación. — No lo dejé a propósito, si es lo que preguntas, no fue comportamiento de un día para otro, simplemente… lo fui dejando a un lado. Algunos días seguía dibujando, otros menos, de ahí hasta parar por completo. — lo cual, ahora que lo pienso, suena bastante a algo que yo haría, aunque no me suele pasar con las cosas que me gusta hacer, y eso que mis hobbies ya suelen ser reducidos de por sí. — Si estudiabas leyes… ¿cuántos años tienes? — se lo pregunto porque su forma de ver las cosas me hace pensar que es mucho más mayor que yo, que ha sufrido eso que llaman maduración y que a mí tanto me está costando adquirir.

Tomo asiento tras colocar un par de platos y vasos sobre la mesa, volcando la caja de cereales sobre el bol más cercano a mí y procedo a llenarlo de leche para llevarme una cucharada a la boca. — Salió a trabajar esta mañana, o algo parecido, es abogado así que sus horarios no son necesariamente estrictos. Así que no tienes que preocuparte, además, se supone que yo debo marchar antes de que a él le dé tiempo a regresar. — una cosa que él y ella tienen en común, es que ambos están interesados en leyes, lo cual se me hace una coincidencia curiosa en lo que trago con algo de fuerza el montón de cereales que me he metido en la boca. — Lo hicisteis porque queréis que magos y brujas convivan con muggles sin que estén esclavizados, ¿no? — confirmo, que me he visto algunos de los discursos de Kendrick y, para mi propia sorpresa, también de Hero. — Lo entiendo, en serio, mis anteriores padres me enseñaron a no considerarme mejor que nadie solo por poseer una sangre u otra, capaz por eso se los llevaron. — explico, a la par que sacudo la cabeza porque no tiene que disculparse por no conocerlos. Sabía a lo que me enfrentaba y hace tiempo que he asumido que simplemente habrán muerto o seguirán encerrados. — ¿Mi madre biológica? No hablamos mucho de ella, sé quién es, y hasta mi padre se ha ofrecido a buscarla en más de una ocasión, de eso hace ya mucho, pero no, no tengo idea de lo que fue de ella. Tampoco sé si quiero conocerla. — o si está viva para el caso.
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