The Mighty Fall
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PRIMAVERA de 247521 de Marzo — 20 de Junio


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados.

Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos.

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Zenda M. Franco
Fugitivo
Sí, mamá. Sí y...jamás olvido cepillarme los dientes, no mientas.— Gruñó ofendida, sin embargo empezó a reír y la abrazó con fuerza, antes de dejar un sonoro y húmedo beso en su mejilla. Hizo lo mismo con su padre y luego, sacudiendo la mano a modo de despedida, se colgó una bolsa más grande que ella en la espalda y desapareció por la puerta.

Hacía mucho que no pasaba tiempo con su hermana, asi que aprovechando que al día siguiente no tenía clases, organizó una pijamada de niñas. Dos chicas y nadie más.
Sujetó las cintas de su mochila y caminó a través del distrito con una sonrisa de oreja a oreja. Dentro llevaba su ropa limpia y de dormir, pero también libros, juguetes y dos barras de chocolate que Arleth le había envuelto para compartir.

Una vez frente a la casa de Ava, golpeó dos veces para llamar la atención y sin esperar una respuesta, ingresó estampando la puerta contra la pared. —¡Ava!— Saludó con demasiado entusiasmo y después de dejar el bolso en el suelo, hizo cuerpo a tierra, o más bien se tiró encima de la rubia que dormía perezosamente en el sofá. —Traje todo para la pijamada, mamá me dio dulces e incluso Echo me ayudó a practicar un par de hechizos divertidos.— De repente cerró la boca al sentir algo de culpa, asi que sólo se acostó y la abrazó. —Mejor...¿Podemos pintarnos las uñas?— Sugirió, no era algo que ella hacía, pero qué importaba, haría lo que fuera con tal de estar con su hermana... y no peleando.
Zenda M. Franco
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¿Porqué no me vendes y te compras un conejo en mi lugar? ||Ava IqWaPzg
Ava E. Ballard
Fugitivo
Despertar de la siesta con un grito de guerra y un peso aplastante que te corta la respiración es una situación tan terrorífica como exasperante cuando sabes quién fue el causante de dicho acto. En mi caso se trata de mi hermana y pese a que no es exactamente pesada, tardo en acostumbrarme a su peso sobre mi espalda, removiéndome inquieta debajo suyo mientras solo atino a dejar escapar un suspiro que suena muy similar a un quejido. Me lo merecía, no alcanzaban los dedos de mi mano para contar la cantidad de veces en las que me había tirado encima suyo solo para fastidiarla cuando no tenía nada mejor que hacer.

- Hola enana. - Saludo en cuanto puedo volver a sentir que mis pulmones funcionan como es debido. Claro que no lo hacen por mucho tiempo, porque menciona a Echo y algo dentro mío genera una presión aún peor que los cuarenta kilos de Zenda. - Echo y la palabra diversión en la misma oración suena casi surreal. - Bromeo tratando de sonar lo más normal posible. Lo bueno es que cualquier cosa que se note en mi voz puedo atribuirlo a que me encuentro presionada entre la pequeña y el colchón, y no a una emotividad idiota que no me sacaba desde hace un mes y medio.

- Si trajiste esmaltes… - Comento dudosa. La última vez que me había pintado las uñas había sido hace varios meses por capricho de Eowyn. Realmente no tenía demasiadas cosas que pudieran servir para una noche de chicas, así que confiaba en que mi hermanita hubiese previsto estas cosas. - Aunque si quieres puedo peinarte. Soy una inútil con la pintura o el maquillaje, pero todavía debo recordar como hacer algún que otro peinado. - Ahora que lo pensaba, no recordaba haber peinado nunca a Zenda. Se me había ido la manía de ir peinando a todo el mundo cuando ella era muy chica y aún no le había crecido demasiado el pelo, así que se había salvado de tener a la Ava de diez que andaba fanatizada con hacerle colitas o trencitas a cualquiera que tuviese el pelo más largo de lo normal. Mamá y Ben eran mis víctimas habituales por aquellas épocas, y de verdad lamentaba que no hubiese demasiadas fotos de eso. - ¿Qué dices? Tu me pintas y yo te peino, y puedes decir que tuviste una noche de chicas con tu hermana que no implicase armas o métodos de defensa.
Ava E. Ballard
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¿Porqué no me vendes y te compras un conejo en mi lugar? ||Ava EvLkka1
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Zenda M. Franco
Fugitivo
El quejido de Ava le saca varias carcajadas a la pequeña, que en lugar de levantarse, se aplasta más contra ella y empieza a dejar miles de besos húmedos por toda su cara. —Ya.— Beso en la frente. —Levanta.— Beso en la mejilla —Teeeee.
La relación con su hermana había cambiado un poco luego de los rumores acerca de que Ava y Ben estaban juntos y aún más luego del desafortunado evento donde mataron a varios aurores. A Zenda está relación distanciada no le gustaba para nada, así que utilizando sus ojitos y puchero, rogó hasta que la rubia mayor aceptó invitarla una noche a su casa.

Hola enana dos.— Bromeó y se levantó para quedar sentada sobre el culo de la rubia, con los pies colgando en el aire y con la espalda apoyada en el respaldo del sillón. —Eso no es cierto, tiene sus días. Una vez me llevó por la noche al bosque y recolectamos un montón de castañas, él quería ayudarme con mi pequeño problema de orientación, pero al final nos quedamos dormidos.— Aquella noche Echo la había encontrado escapando y por suerte no la delató con Arleth, sólo se le unió y le hizo compañía. —No le cuentes esto a mamá o nos matará, es un secreto y en realidad yo me quedé dormida, él me llevó a casa— Agregó apurada al darse cuenta que ella sola se había delatado. Mierda Zenda, tienes que aprender a morderte la lengua.

La idea de Ava le parece excelente, así que brinca fuera del sofá y sentada en el suelo, empieza a sacar todo lo que había empacado. —Yo no sé pintar Ava, pero puedo intentarlo. Traje un esmalte de mamá y es color...— Observa el frasquito de cerca. —¿Naranja suavecito? Como de durazno...Creo.
A los pocos segundos Zenda está rodeada de dulces, revistas, hojas y crayones, un estuche con algunos productos de maquillaje, peine y colines, un mazo de cartas y dos o tres cajas de juegos de mesa, de esas que Ben le traía como regalo de alguna expedición. —Creo que si olvidé mi cepillo de dientes.— Murmuró frunciendo el ceño, al ver que tenía todo, menos eso.

Me parece excelente, pero tenemos que guardar el secreto o Beverly se va a querer colar en nuestra pijamada y yo no la quiero.— Gruñó poniéndose de pie con el cepillo en la mano y se lo entregó —Será mejor que me peines primero, así luego no se arruinan tus uñas.— Dijo mientras se sentaba como indio debajo del sofá, así ambas estaban cómodas. —Ava, ¿Qué es un orgasmo?— La duda surgió cuando en la tapa de una de las revistas que había tomado sin mirar, titulaba: "¿Cómo lograr el orgasmo femenino ideal?".
Zenda M. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Arrugo la frente y la nariz con fuerza cuando comienza a besuquearme toda la cara y me quejo por lo bajo, empujándola a modo de broma para sacármela de encima. - No puedo, tengo una garrapata encima que no me deja moverme. - Me remuevo inquieta, buscando encontrar sus puntos débiles, aquellos dónde se que el más mínimo roce le produce cosquillas. Sí, sí, podía ser jugar sucio, pero éramos hermanas y todo se valía. Más cuando básicamente Zenda era mi pensamiento más recurrente de las últimas semanas.

- Uno. - Replico con un berrinche jocoso, aprovechando que se ha apartado de mí para poder incorporarme en el sillón. La espalda me mata, así que trato de estirarme en el espacio reducido, dejando escapar un suspiro de satisfacción cuando siento tronar los huesos de mi columna. El sofá era putamente envolvente, pero no era exactamente ergonómico y toda mi postura terminaba pagando el precio de dormir acurrucada en un mueble que era chicho incluso para una persona de mi tamaño. - Yo llegué primero, eso te hace a tí la enana número dos. . Mi voz suena rasposa y la S del final dura más gracias a que estoy estirando mis brazos por detrás de mi espalda.

La sensación de relajación que había adquirido con mi pequeño ejercicio de elongación muere de manera abrupta cuando cuenta una anécdota que implica a Echo. ¿Será siempre así? ¿Acaso siempre voy a tensarme cuando escucho que nombren a los dos en la misma oración? - ¿Por qué mamá no se habría de enterar? Dudo mucho que diga algo si Echo planeó la excursión. - Me sonaba muy raro que incluso después de nuestra pelea, mamá no confiase en la capacidad de su amigo. Echo podría tener todos los defectos que quisiera, que podrían ir desde su completa falta de humor hasta la extraña relación con su gato, pero nunca podría decir que no tenía en mente el bienestar de todos. Los callos de mis manos todavía tenían callos de la época en la que nos entrenaba a toda hora. - ¿Por qué siento que estás mintiendo, pequeña Pinocho? Ya que, no me digas o sino estaré obligada en decirle a mamá… o a usarlo como material para extorsionarte. - Le guiño un ojo con diversión y me dejo caer contra el respaldo del sofá. Todavía demasiado adormilada como para poder reaccionar del todo a las cosas que me dice.

- Parece salmón… -Comento dudosa, observando el frasco a la distancia con los ojos achinados para poder enfocar. - Pero tranquila, puedes hacer lo que quieras en mis uñas, sepas o no pintar. Probablemente se me termine saltando a los pocos días. - Me encojo de hombros y con resignación despego la espalda del respaldo, acercándome a ver qué son todos sus cachivaches. - Tengo un cepillo sin abrir en la mochila. Lo traje del almacén hace días para cambiarlo, pero siempre lo olvido. Supongo que te servirá más a ti. - Y si no lo quería, que se cepillase con el dedo y se hiciera buches con sal. No iba a dormir en la misma cama que ella a riesgo de despertar con su mal aliento en mi cara, nono.

No comento nada cuando dice que no quiere a Beverly, porque siento que sería lo mismo que hablar con una pared. Uno pensaría que teniendo casi la misma edad y siendo tan pocas niñas en el distrito, las dos pequeñas se llevarían de maravillas. Pero no, todo era una competencia continua que podría llegar a rivalizar con la de Ben y Cale si no fuese porque las niñas al menos estaban justificadas con su edad. - ¿Qué es un qué? - Me toma por sorpresa con su pregunta, y tardo en entender que por algún motivo ha decidido que una Cosmopolitan era material adecuado para una pijamada. ¿Cómo demonios ha obtenido eso? Dudo que mamá las tenga dando vueltas por ahí… a menos que se la haya confiscado a Bev, lo cual tendría mucho sentido. Gruño y presiono mis lagrimales con el índice y el pulgar, analizando que debía hacer en esa situación. Porque podría hacerme la idiota, sí; pero Zenda podría terminar por preguntarle estas cosas a Eowyn, y yo podía dar fe de que sus charlas acerca de cómo funcionan qué cosas en el ámbito sexual, definitivamente no eran adecuadas para una niña de la edad de Zenda. En serio, lo sabía por experiencia. - Ya qué, tú preguntaste. Supongo que a estas alturas ya debes saber que las personas tienen sexo por gusto y no solo para hacer bebes, ¿no?. Pues bueno, el orgasmo es el punto más alto de placer que se puede sentir cuando se tiene sexo... y cuando no también. - Okay, tal vez lo último estuvo de más. porfavordimequenotienesmáspreguntassobreesto. -Balbuceo, rogando al cielo el no tener que explicarle qué era la masturbación.
Ava E. Ballard
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¿Porqué no me vendes y te compras un conejo en mi lugar? ||Ava EvLkka1
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Zenda M. Franco
Fugitivo
El ataque de besos es interrumpido por la defensa de Ava, las malditas cosquillas inteligentes. —¡Noooo!
Zenda empieza a chillar riendo y rápidamente se remueve encima de la mayor, para escapar de sus hábiles dedos que sabían dónde y cómo arremeter.
Desde pequeñas ambas peleaban bastante por tonterías, sin embargo eran muchos más los momentos de risa, como por ejemplo una vez que se juntaron para hacerle una broma a Cale. Mientras la menor hacía de campana, Ava cambió la pasta de dientes de su hermano, por mayonesa casera. El recuerdo de la cara de asco de Cale a las 6 de la mañana, todavía le causaba mucha gracia.

Soltó un lento suspiro al escuchar la pregunta y se encogió de hombros. —Porque me estaba escapando, no fue una excursión programada. Echo me encontró porque quedé atrapada en una trampa...para conejos.— Murmuró apenada y antes de que Ava empezara con el regaño, levantó las manos en el aire. —Fue hace mucho tiempo y ya no lo hago, no quiero salir del distrito porque tal vez quede algún auror por ahí investigando, ¿no?
La broma de su hermana le hace reír y niega con la cabeza, ocultando su rostro entre las palmas de sus manos. —No puedes hacer eso, tramposa.— E imita el gesto de desesperación que hace Ben. Ese de ocultar la cara, respirar, mientras intenta no matar a alguien.

¿Salmón?— Pregunta y asiente al estar de acuerdo, parecía un color bonito para un esmalte y a Ava le quedaría bien —Prometo intentar dejarlas perfectas, así por fin te buscamos un novio y Eowyn deja de decir esos rumores feos de Ben y tú. Cuando lo encontremos, tienes que decirle que yo te hice las uñas.— Sip, pese a todo lo que se murmuraba entre las personas del 14, Zenda se negaba a creerlo, para ella sólo eran puro chisme.
El ofrecimiento del cepillo de dientes le parece perfecto, ya necesitaba uno nuevo, así podía usar el viejo como pincel. Mia estaba en una especie de etapa artístico artesano. —¡Sólo me lo das por mi aliento de la mañana!— Le dice entre carcajadas.

Al ponerse de pie y tomar asiento frente a la rubia, le entrega el peine para el cabello. No estaba muy enredado, pero tampoco perfecto y todo era culpa de...¿Ella?
Los pensamientos acerca de los posibles nudos quedan atrás gracias a la nueva e inesperada duda. Zenda espera paciente a que Ava le responda y cuando lo hace, intenta entender todo sin hacer tantas preguntas. —Lo entiendo...— Susurra pensativa, observando la tapa de la revista que ni siquiera había leído, era la primera vez que la notaba entre el montón de libros y ejemplares.
Es como cuando bebes un litro de agua y luego de un rato queres ir al baño muuuuy urgente, entonces tenes que aguantar y cuando vas al baño, te sentís muy bien. Ese es el placer más alto...— Le explica, pero una nueva idea llega y brinca en el lugar sonriendo. —O cuando tenes mucha hambre y llegas a casa y mamá cocinó tú plato de comida favorito...¡Ese sí que es el paraíso!— La bruja se estira para tomar el estuche de maquillaje y comienza a inspeccionarlo, al tiempo que espera ser peinada como una princesa. —¿Y tú has tenido muchos orgasmos con sexo o con comida? Prometo no contarle a mamá.
Zenda M. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
- ¿En una trampa para conejos? - Mis cejas se disparan hacia mi frente y la risa se nota pronta a estallar, delatada por el leve temblor de las comisuras de mi labio. Jamás entendería como mi hermana lograba verse en esas situaciones siendo que tenía tres hermanos exploradores… bueno, dos si consideraba que Cale había cambiado de puesto. - Cuando haya escasez de comida, voy a cocinarte a ti si no aprendes a zafar de esas trampas. - Y mi voz suena a promesa tanto como a broma, pese a que es obvio que no lo voy a hacer. Sí podría regañarla durante un par de horas, pero ¿eso de qué serviría?, tiene años de manejarse con los artilugios que usamos para poder cazar alguna presa y aún así jamás se ha dado mano con ellos. - No voy a mentirte Zen… es probable que haya algún auror dando vueltas. Pero siendo completamente sincera, siempre que salgo pienso que hay alguno cerca. Te mantiene alerta, con los sentidos a la espera de cualquier cosa. - No es que la quiera alentar, lejos de eso. Pero era verdad, si uno no salía creyendo que había peligro a la vuelta de la esquina, el exceso de confianza podía resultar peligroso.

- Sí puedo, es el privilegio de hermana mayor. - Qué Cale no lo hubiese usado casi nunca no significaba que yo desperdiciara la chance. Aunque claro que Zenda también hacía uso de su carta de hermana menor y terminaba diciendo cosas dentro de su inocencia que la verdad… - ¿Y dónde crees que podrías conseguirme novio? - Decido centrarme en lo menos peligroso del asunto. No es que quisiera tener novio, pero sentía curiosidad acerca de los pensamientos de mi pequeña hermana con ese tema. - ¡Así que por eso querías esto! No crees que sea lo suficientemente bonita, ¿verdad? - Dramatizo.

Ignorando el comentario acerca de su mal aliento, tomo el cepillo que me entrega y comienzo a cepillar su cabello mientras la escucho. Primero las puntas, desenredando rápido los nudos que allí se encuentran, y subiendo de a poco por su cabellera una vez que el camino quedaba despejado para que el peine avance. Me sorprendo al notar que todavía recuerdo como tratar el cabello ajeno, y disfruto de la sensación sedosa del pelo de mi hermana… hasta que sale con un comentario que me hace tirarle más fuerte de lo debido. - No, no es…- Entiendo los ejemplos que describe, para ser una niña son bastante concisos. Pero no es exactamente lo que ha descrito. La comparación con el baño podía ser el alivio, y la de la comida: la saciedad; pero las dos juntas no alcanzaban a abarcar todo lo que un buen orgasmo podía llegar a producir. - Lo entenderás cuando seas más grande y empieces a tener otro tipo de necesidades. - ¡Genial! Ya estaba usando palabras de adulto insoportable, mamá se sentiría orgullosa.

- Zen, de verdad, esas cosas no se preguntan. Ni yo quiero responder eso, ni a ti te gustaría la respuesta. - Paternidad dudosa o no, Ben seguía siendo su hermano, y dudaba mucho que quisiera saber a cuántos orgasmos me había llevado; además, tampoco es cómo si llevase una cuenta de ellos. - ¿Eowyn te ha dicho que me preguntes eso? - Es poco probable, pero el repentino interés de Zenda por estos temas me resultaba sospechoso, y no podía descartar que la otra rubia le anduviese metiendo ideas en la cabeza. ¿O acaso...? - Zen... ¿estás sintiendo algún tipo de, no sé... sensaciones diferentes? Porque no se si yo sea la persona más adecuada para ayudarte en tu despertar sexual. - No porque no me sinitiese capaz de responder sus preguntas, pero si íbamos al caso la mayoría de mis consultas las había contestado Eowyn, y luego mamá había corregido algunos conceptos erróneos. - Aunque claro, sabes que puedes decirme lo que quieras.- Trato de sonar comprensiva.
Ava E. Ballard
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Zenda M. Franco
Fugitivo
Con las piernas extendidas y una revista encima de las rodillas, Zenda pasó las página sin mucho interés, sólo mirando las bonitas fotos y dibujos, ni siquiera se tomó el tiempo o la dedicación de leer los títulos. Las bromas de su hermana mayor le causaban risa, pero las carcajadas quedaron en el pasado cuando le dio aquel consejo, uno demasiado extraño.
Cuando eras niña, seguro que no pensabas que estarías así en el futuro, es muy triste Ava.— Murmuró observando un bote de una crema, que supuestamente hacía maravillas en el rostro de una mujer adulta. —Me refiero, para mi es muy feo que tengamos que tener miedo para estar en estado de alerta como dices, pero así crecimos y no conocemos otra cosa, en cambio tú...Tú tenías otra vida, con muchos más helados, niños y...cosas.

Frunció el ceño pensativa y durante unos minutos se imaginó todos los posibles planes, seguros y disparatados, para encontrarle un novio a su hermana. —Mmm esa es una buena pregunta, ¿Tal vez dentro de unos años alguien nuevo llegue al distrito? Como Kyle y Aldair. O si no, cuando sea una exploradora super fuerte, puedo traerte algunos chicos, si no te gustan, les hacemos ese hechizo que se olvidan las cosas y los devolvemos...Y así sucesivamente, hasta que encontremos al futuro padre de mis sobrinos legítimos.— Y resaltó la última palabra, Beverly no era digna de ese apodo y ya lo había dejado muy en claro.

¡No es cierto Ava!— Dijo preocupada y se paró para abrazarla por el cuello con bastante fuerza. —Tú eres hermosa, no necesitas maquillaje como las chicas de las revistas, esas son feas y seguro que huelen mal, además seguro que ni saben primeros auxilios, como cazar y poner trampas...¡Menos cabalgar!— Todo eso lo decía mientras le hacía caricias, algo brutas, en las mejillas y acariciaba sus cabellos para peinarlos enmarcando su rostro. —Eres más especial que cualquier otra...chirusa.

Zenda se quedó callada, disfrutando de como su hermana la peinaba y deseredaba su largo pelo, hasta que la pregunta le hizo arquear las cejas y arrugar la nariz. —¿Eowyn? Sabes que ella me da miedo, por eso no me pongo cerca.— Chilló indignada. —Sólo preguntaba por esta cosa que pone la revista, no tengo ningún...¿Despertar sexual?— Estaba muerta de vergüenza, tanto, que su cabello poco a poco comenzó a teñirse de un rojo algo apagado y su voz empezó a temblar. —¡Args! Por favor no me vengas con eso de cambio de sexo y Link y mi otro yo...y...— Bufó y soltó un largo suspiro. —¡No quiero ser hombre como dice la tonta de Beverly! No tengo un despertar sexual y por eso quiero que me pintes las uñas, para que no me diga más eso.
Zenda M. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Por alguna razón me sorprende que la palabra que Zenda elige para describir la situación sea “triste”, no porque me parezca mal su elección, sino porque yo misma jamás he visto nuestra forma de vida como algo “triste”. Desafortunada probablemente fuera la primera que viniese a mi mente, pero nunca triste. Supongo que es porque, dentro de todo el caos que implicaba la supervivencia, la convivencia, y el riesgo de salir al exterior, era feliz. - Depende… mi vida en el Tres no era un cuento rosa, puede que no entendiese las situaciones de gobierno, pero no era tan chica como para no entender que la gente hacía comentarios maliciosos con respecto a mamá; o que ella viviera preocupada todo el tiempo. La muerte de mi padre tampoco había sido algo bonito, y ni siquiera tenía muchos amigos porque estudiaba en casa. - Ser feliz en la ignorancia no significaba que todo estuviese perfecto. Y aunque de pequeña vivía más en mi cabeza que en la realidad, la llegada al Catorce la había vivido como una gran aventura, y no como una condena. Bueno, puede que cruzar el desierto no hubiese sido mi parte favorita, pero pfff... - Ahora si me dices de cómo me veía a futuro cuando tenía tu edad… Pues no voy a mentirte, lo imaginaba exactamente así.

Ser una exploradora era todo lo que había esperado ser desde el momento en el que salieron los primeros grupos. Y sí, podía ser peligroso, podía poner en riesgo mi vida, y podía perder a otros también; pero no lo cambiaba. Sentirme útil y dentro de todo el desastre que era yo, me daba una satisfacción personal lo suficientemente grande para soportar noches heladas y mañanas tortuosas… incluso arañas gigantes al parecer.

- Obliviate. - Corrijo por inercia. No tendría magia, pero en la época en la que asistíamos a clases, solía quedarme incluso cuando explicaban los hechizos. Primero porque estaba aburrida, y segundo porque había infinidad de encantamientos y no todos eran detectables a simple vista. Si la otra persona pronunciaba el hechizo en voz alta, no me parecía que estuviese mal saber con qué estaba tratando de atacarme. Bendito sea Echo y su entrenamiento exhaustivo… - Si quieres sobrinos “legítimos”, puedes ir a pedirle a Cale o a Ben. De mí no van a salir hasta dentro de un par de años al menos. - Lo más cerca de cuidar de otro ser vivo que tenía, estaba en las granjas y esperaba que así fuese por un tiempo. No es que estuviese negada a la idea de ser madre, solo que creía que carecía de algunos requisitos para el puesto. Madurez, por ejemplo.

Me gustaría poder apreciar mejor los cumplidos que mi hermana me hace de manera eufórica, pero estoy demasiado ocupada en sobrevivir a su cariñoso ataque tratando de lograr que el aire pase hacia mis pulmones. - Ya, ya. Entendí, soy hermosa. Lo sé, era chiste. Ya salte enana endemoniada. - Trato de apartarla como puedo con las manos, tratando de que mis mejillas queden en su lugar mientras lo intento. No es que Zenda fuese particularmente fuerte, pero su entusiasmo compensaba lo flaco de sus bracitos.

¿Acaso dijiste que te da miedo Eowyn? - Los ojos se me abren como platos y una sonrisa comienza a formarse en mi boca como si estuviese en cámara lenta. Amplia, con los labios apretados, la miro con sorpresa hasta que no puedo aguantar más y termino estallando en una gigantesca carcajada. ¿Eowyn? ¿Miedo? Era como sentir temor de una ardilla… puede que fuese una ardilla rabiosa e insistente, pero era una ardilla en fin. Incluso dentro de toda su locura y excentricidad, Eowyn era una persona increíblemente querible y sin malicia alguna. Diría inocente, pero la palabra tenía más de un sentido, y ese en particular no se aplicaba a la rubia. - Ya, lo siento. Pero te prometo que no hago caso de todas las locuras de Bev. No hace falta ser hombre para tener un despertar sexual. Créeme, te hablo desde la experiencia. No es nada malo que sientas cierto tipo de… deseos. - Sé sutil Ava, tengo que recordarme. ¿Segura que es por eso? ¿No hay nadie que haya captado tu… interés?
Ava E. Ballard
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Zenda M. Franco
Fugitivo
Sin soltar la revista y sin dejar de pasar las hojas de manera distraída, escuchó a Ava y no pudo ocultar su gesto de desaprobación. Menos mal que estaba de espaldas a ella y que no lo pudo ver.
Ahora la menor entendía todo, en el distrito 14 había cuatro tipos de personas y podía clasificarlos según la siguiente forma: Los que conocían Panem y no volverían, los que lo conocían y volverían, los que no lo conocían y no querían hacerlo y los que no lo conocían y si querían explorar sus tierra, costumbres, comidas y personas. Ava entraba en el primer grupo y Mia en el último junto con Ken, tal vez por eso le gustaba hablar y pasar el rato con él.
¿En serio de niña te imaginabas viviendo en un distrito pequeñito con todos nosotros? No te lo creo.— Comentó arqueando las cejas y dando vuelta la cabeza para mirarla de reojo. —Es imposible tener tanta imaginación, Ava.


Una pequeña risita escapa de sus labios, la cual se convierte en un quejido, cuando el cepillo se queda atorado en uno de los nudos y le jala el cabello. —¡Auch! Si, ese hechizo. Sabía que te agradaría mi idea, sólo tenemos que esperar a que pueda salir a cazar y explorar...Dame unos 2 ...o 3 meses.—Pidió inflando el pecho con orgullo, valentía y un poquito de arrogancia.

Respecto a los sobrinos no hizo comentario alguno, todo ese tema quedó en el olvido cuando se paró de manera abrupta y terminó abrazando, acariciando y torturando el rostro de su hermana. —Sip, eres hermosa...como yo.— Bromeó y luego de un par de caricias más, volvió a sentarse en el suelo esperando a que le hicieran un bonito peinado con trenzas.

Las carcajadas de Ava le indicaron que había revelado información importante y muy delicada, había metido la pata al contarle uno de sus mayores miedos luego de los aurores.
La revista terminó hecha un tubo y al darse media vuelta de nuevo sobre el lugar, golpeó la cabeza de la mayor. —No te burles, yo no digo nada cuando empiezas a gritar como niñito, cuando ves una diminutitaaa araña. Eowyn es un tema completamente distinto, está loca y es de las locas peligrosas, por eso prefiero mantener la distancia, es lo más prudente que puedo hacer.— Explicó y trató de disimular el escalofrío que recorrió su cuerpo. —Como sea, no hablemos más de ella, eso la puede atraer y no queremos que eso suceda.— Pidió bajando la voz.

Cuando su hermana cambió el tema, Zenda dejó caer su cabeza hacia adelante al tiempo que soltaba un largo y ruidoso suspiro. —No tengo ningún tipo de deseo, Ava. Me gusta mi cuerpo y no quiero cambiarlo para ser niño. Bev me molesta con eso porque yo son linda por naturaleza y ella sigue siendo fea incluso cuando se pone maquillaje o se hace todas esas cosas raras de mascaras y que se yo, que se cuanto.— Se estiró para tomar el esmalte color salmón, durazno o lo que sea y lo abrió para olfatearlo. —¿Mi interés? Claro que si, ahora mismo estoy detrás de Seth.— Dice como quien no quiere la cosa, algo entretenida con el pincel de la pintura y se encoje de hombros. —Es él único que me ayuda entrenando mi metamorfomagia.
Zenda M. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
No puedo no imitar el gesto de mi hermana cuando me pregunta por mi imaginación y tardo en entender qué es lo que le causa tanta incredulidad. - Dije que cuando tenía tu edad… A los trece me moría por ir de excursión y hacer las cosas que hacían los demás, pero era la menor de ese grupito y bueno, ya conoces la faceta cuida de mamá. - Fueron muchas discusiones y gritos (más que nada de mi parte) pero a los dieciocho había logrado convertirme oficialmente en una exploradora, y sí, eso es lo que siempre había querido ser desde que armaron la distribución de trabajos en el Catorce. - Ya si hablas antes de venir aquí… pues no recuerdo, era una pulga. Tengo el recuerdo de haber dicho siempre que quería ser una domadora de dragones, pero eso era más que nada por los cuentos que leía. Tenía ocho, no era muy realista por aquellas épocas. - No recordaba si en algún momento había tenido una profesión soñada, pero mejor. No es como si con el gobierno actual pudiese cumplirla.

No iba a negar que había cosas que extrañaba del Tres, en especial las comodidades sanitarias que tenía allí; pero creo que lo que más añoraba de todo, eran las posibilidades que había perdido. Recuerdo que mamá quería llevarnos al Cuatro de paseo para que conozcamos el mar, y siempre había sentido curiosidad por el espectáculo que representaban las calles del Capitolio en la televisión… Podía ser exploradora, pero teníamos nuestras limitaciones. Nadie podía decir que los distritos que visitábamos fuesen particularmente bonitos, u ofrecieran muchas más ventajas de las que teníamos aquí. Ya qué, no iba a quejarme por lo que no había podido ser.

- Lo siento. - No es mi intención arrancar algunos de sus cabellos, pero había nudos que eran imposibles de desenredar. - ¿Meses? - La incredulidad de mi voz suena casi sarcástica y tengo que hacer mucho esfuerzo para no reírme en su cara. - Ni siquiera va a ser en dos o tres años. Sabes bien que la edad para empezar a salir del distrito es los diecisiete, y eso si es que vas acompañada todo el tiempo. Recién a los dieciocho podrás pedir el empleo si es que muestras aptitud para ello. - Y no le digo que no sé como planea hacerlo si es que todavía se queda atrapada en trampas para conejos, solo porque tengo fe en que va a mejorar con el tiempo. ¿Pero meses? - Aprecio tu buena predisposición, peque. Pero tendrás que pasar lo que todos pasamos, la espera insoportable y mucho entrenamiento. - Suelto un bufido resignado. Meses…

Continuó jugando con las hebras de su cabello, y comienzo a trenzarlas en un patrón distinto al que acostumbraba a hacerme cuando salía en las mañanas, tratando de hacer algo un poco más elaborado. –Más bien tú eres hermosa como yo, vine primero enana. - y soy un pequeño tirón de la punta de su cabello antes de enroscarlo para que se sostuviese con el propio peinado. - Ya, ahí quedó. No tal cual como pensaba que iba a quedar, pero llevo años sin peinar a nadie así que… Me alegra saber que no he perdido la habilidad. - Tal vez debería practicar más seguido, no que me fuese a servir de algo en el distrito, pero era ciertamente relajante.

Cuesta que calme mi risa, incluso luego de que me pega, con la revista, pero la idea de que Eowyn le diese miedo… - No dices nada porque ya se acostumbraron. Las primeras veces te reías como una condenada. Aunque cuando eras bebé te ponías a llorar por el escándalo que hacía, ahora que lo pienso. - Es que debía admitir que, visto desde afuera, la situación debía parecer graciosa. Más que nada porque había llegado a trepar árboles para evitarlas (lo cual era una mala idea, porque en los árboles también solía haber unas cuántas). - Eowyn estará loca, pero es bastante inofensiva. Puede ser avasallante, pero nada con lo que uno no aprenda a lidiar. - Además de que, bocaza aparte, realmente la consideraba una amiga.

- Oh vamos, eso es una excusa ridícula y lo sabes. Si pudieran dejar de pelear por tonterías, seguro se llevan bien y todo. Yo a tu edad no tenía nadie con quien compartir ciertas cosas y me entretenía usando a Ken como muñeco. No puedo entender cómo hacen para llevarse tan mal. - Luego responde a mi pregunta y por unos segundos se me viene un pensamiento a la mente “Oh por dios, no puede ser tan parecida a mí”. Claro que luego se corrige y me alivia, pero no podía decir que no me había dado un mini paro cardíaco. - ¿Y qué haces que no andas molestando a Cale con eso?... ¿Segura que solo te interesa Seth por la metamorfomagia? - Yo no era el mejor ejemplo de nada, pero la diferencia de edad era mucho más grande, y Seth sí estaba casado. Con anillo y juramento inquebrantable incluido.
Ava E. Ballard
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Zenda M. Franco
Fugitivo
Zenda se queda mucho más tranquila cuando su hermana se corrige a si misma. Casi le había dado un ataque del solo pensar que una pequeña Ava, lo que quería cuando era niña, era vivir en un distrito pequeñito apartado de todo el mundo. Imposible.
Escuchó con atención y no pudo evitar reír, cuando la imagen mental de un dragón llevándose entre las garras a la rubia golpeó su mente. —Ava, si los del gobierno no nos odiaran y viviéramos todos...como lo hacen normalmente, ¿Qué te gustaría ser ahora? Yo creo que me gustaría tener mi propia empresa de transporte con alfombras...Sería la dueña de miles de ellas y podría recorrer todo NeoPanem.

La menor rodó los ojos y frotó su cuero cabelludo adolorido por los tirones, ya se estaba arrepintiendo de pedirle un peinado bonito. —Sólo fue una forma de decir, aunque de todos modos, Echo nos dijo a Ken y a mi, que estamos mucho más avanzados que la generación anterior, así que tal vez nos dejen ser exploradores antes de cumplir los 18.— Mentirosa. —Ustedes llegaron sin saber como eran las cosas, pero nosotros desde mucho más pequeños empezamos a entrenar. Así que eso...No te sientas mal si te supero.— Y esto último lo dijo con una pequeña sonrisa picara.

Por fin la tortura terminó, se miró al espejo y aunque no le prestó mucha atención, le gustó lo que alcanzó a ver. —Gracias, gracias...Ahora es mi turno.— Dijo y se acomodó sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y el esmalte abierto. —Pon tus manos sobre mis rodillas y comenzaré.— Dio las indicaciones y posteriormente, con mucha lentitud y delicadeza ("según Zenda"), deslizó el pincel sobre las uñas de la mayor.

Acerca de Eowyn no hizo comentarios, sin embargo cuando el nombre de Bev llega a sus oídos, bufó y meneó la cabeza hacia los lados, completamente agotada. —Simplemente no podemos ser amigas, Ava ¡Ella me besó! Robó mi primer beso, por su culpa siempre nos castigan y...y...no, ya basta, no hablemos de ella porque es nuestro día especial de chicas y no lo vamos a arruinar.— Inhaló y exhaló un par de veces y luego si, continuó pintando con..."prolijidad".

Porque es mi hermano dah. Prefiero que el guapo de Seth me enseñe, es mejor.— Sonrió divertida y pasó a la otra mano. —Por cierto, tengo un regalo para ti, pero te lo daré cuando esto se seque, no quiero que se corra el maquillaje.
Zenda M. Franco
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Dejo escapar un silbido largo y me reclino sobre mi espalda en lo que considero su pregunta. ¿Qué es lo que sería…? No es que nunca lo hubiese considerado, lo había hecho, pero solo en chiste. Y ni siquiera a manera de broma quería decirle a mi hermana, una niña impresionable de trece, que había barajado la idea de tener un bar propio ¿no? - Haces preguntas difíciles enana… tal vez tendría algún refugio o algo así… caballos, perros, algún que otro gato… No el de Echo, claro. - Que no sé cómo quería lucrar con eso, pero no se me daban mal los animales pese a que mi única mascota “oficial” fuese Arion.

- Pequeña Pinocho, te va a crecer la nariz y se te va a deformar como sigas diciendo mentiras. Echo no diría eso jamás. - Y no era por presumir, pero nuestra generación venía muy fresca de todo el conflicto y las cosas eran más… intensas. Eso y los mayores tenían otro tipo de energía, no es que estuviesen viejos ahora… pero no es lo mismo lidiar con una banda de niños y adolescentes en sus treinta… que en sus cincuenta… - Y buena suerte con eso de convencer a mamá, la jefa del consejo si debo recordarte, de que los deje romper las reglas que ella misma supervisó. - Básicamente, era más fácil convencer al sol para que saliera por el Oeste.

No podía decir que me sentía ofendida de que Zenda hubiese desestimado con tanta rapidez mi trabajo en su cabello, pero… me sentía ofendida. De acuerdo, no. Pero esperaba mínimo una pequeña expresión de júbilo o, aunque sea un “está lindo”. Ya vería cuando me volviese a pedir un peinado, incluso Ben era un mejor cliente que ella, o bueno… lo había sido cuando era una mocosa a la que no le solían decir cosas malas, pero ya qué. Pese a eso, hago caso y la dejo jugar con mis manos a su antojo.

No puedo evitar no reírme nuevamente cuando empieza con su cuento de no poder ser amiga de Bev, y termino rodando los ojos con sorna. - Oh por favor, dime que no crees en las tonterías esas del primer beso y no se cuántas cosas más. - No podía entender las cursilerías que se creía la gente, como si hubiese algo especial en hacer una cosa por primera vez. Un beso era un beso, punto. Y en mi experiencia, (que Zenda nunca conocería), incluso mejoraban con el tiempo. - No digas que fue tu primer beso y ya. Si no significó nada para ti, ¿qué importa? - Aunque tendría que hablar con alguien eso de que la rubia menor fuese robando besos a las personas. Zenda era la segunda en decirme esto, y ya veía que dentro de poco vendría Kyle, o Aldair, o Murph acusando a Bev por esa tontería.

- No te voy a negar eso, pero deberías aprovechar todas las fuentes que puedas. - En serio, debería. Con un talento como el suyo, desperdiciarlo solo por estar con alguien bonito… Entendía su preferencia, pero me parecía simplemente una estupidez. - Al menos en gustos no puedo decir que no eres mi hermana… ¿qué regalo?- Me pica la curiosidad y vuelvo la vista a su bolso para ver si puedo divisar algo.
Ava E. Ballard
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