The Mighty Fall
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Vie Jul 31, 2020 4:41 pm

Convencer a Rebecca de que invitarla a ella y a Maeve a una cena en casa de mi hermano era mejor idea que despedir a Ingrid de su puesto como auror no ha sido fácil, primero porque arrastrarme no suele ser mi estilo, ese es más bien de Nick. Se puede escuchar el sonido de una batería por ese burn, soy consciente, ¿pero para qué están los hermanos si no es para reírnos unos de otros? No debería tomármelo tan a guasa, de todas formas, cuando soy la encargada de convencer a la jefa de Ingrid de esto presentándome en su casa, como un vaticinio de lo que ha estado ocurriendo en las últimas semanas al no dejar a la pobre mujer en paz. Que no sé cuántas veces ha ido un Helmuth a golpear su puerta en este tiempo que ha sido ministra, pero estoy segura de que han sido muchas más veces de las que fueron cuando éramos niños y vivíamos en el mismo vecindario. En fin, como sea, mis hermanos tienen que agradecer que puedo llegar a ser una persona tremendamente persuasiva, sin necesidad de ponerme de rodillas en su alfombra, como para conseguir que Rebecca acepte a hacer esto.

Así que el panorama actual es uno por el que jamás hubiera apostado que tendría lugar. Para ser precavidos, los platos están dispuestos de tal manera que Rebecca y Nicholas están enfrentados en los extremos de la mesa rectangular del salón de la mansión e Ingrid está sentada a uno de los lados de nuestro hermano de manera que Karina ocupa el otro lugar y está resguardada frente a ella. Yo he optado por colocarme en el medio, a modo del árbitro que va a ser necesario que esté presente en esta sala para que nadie termine lanzándose los platos unos a otros. Puedo echarle una mirada rápida a mi hija al levantar los ojos hacia ella por tenerla a unos centímetros de distancia al otro lado de la mesa, acompañada por su primo Luka, quien obviamente no se iba a perder este espectáculo que es para rememorar como una de las fotografías familiares que cuelgan de la pared. Eso me deja con Maeve a quien tengo sentada a mi lado, así Oliver está junto a sus primos, pero al lado de Rebecca, lo que me resulta extraño porque puedo jurar que le ha lanzado más que una mirada tiesa en lo que llevamos de cena y Nicholas está tan tenso en su silla que puedo verlo sostener los cubiertos con fuerza desde aquí.

Ha sido una buena decisión el dejar a los niños fuera de esto, porque apenas y puedo escuchar las respiraciones de los demás, segura de que no hay ni uno que esté disfrutando realmente de la comida que prepararon los elfos domésticos. Bueno, excepto Luka, que sí que parece bastante divertido con la situación en sí. Yo también lo estaría, de no ser porque me toca seguir ejerciendo como la voz de la razón, pero no estoy segura de conseguirlo cuando me lanzo al silencio de la sala para decir: — Y bueeeeeeeno… — le echo una mirada a mi hermana mayor, dejando los cubiertos apoyados sobre el plato para marcar el mantel con mis codos — ¿No tienes algo para decir, Ingrid? — ruego que diga algo, a poder ser no que quiere empezar a pasear con correa a su jefa, por favor.
Sigrid M. Helmuth
Sigrid M. Helmuth
Ciudadano

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Vie Jul 31, 2020 7:32 pm

Tengo muchas cosas para decir, Sigrid— contesto a mi hermana, lo suficientemente alto para que me escuchen también en el extremo opuesto de la mesa, donde las disposiciones han dejado a nuestra invitada respaldada por su discípula a la izquierda y el mismísimo hijo de Nicholas a su derecha. De mi parte ha dejado a este hermano al que miro de reojo porque lo desconozco absolutamente, de pies a cabeza, es como si estuviera sentada al lado de un extraño que tuvo el descaro de ocultarme durante quien sabe cuántos años que tuvo un hijo con la vecina. ¿¿Y eso es lo que Sigrid espera que eche encima de los platos de la cena?? ¡Pues no! No haré público el pecado de mi hermano, cuando él nunca traicionó mi confianza exponiendo mis faltas, lo que duele es saber que yo le confesé hasta lo inconfesable y él no tuvo ese respeto conmigo. Lo miro juzgándole, ¿en verdad, Nicholas? ¿Con la vecina? No sé si Eloise llegará más tarde a la mesa, su sola presencia bastaría para que volviera a sentir que no todo lo que tiene que ver con los Helmuth ha perdido su altura, ahora nos veo como la más ridícula parodia de lo que una vez fuimos.

Esta mañana me encontré con noticias desagradables sobre el escritorio de Nicholas que me llevaron a actuar de esa manera tan impropia en mí— aclaro delante de mi hijo y sobrinos que tengo sentados al otro lado de la mesa, es a ellos a quienes tengo que decirles que no es algo que vaya a repetirse, ¡a menos que la zorra de Ruehl se le ocurra abrir la boca y ahí sí que le lanzo el vino a la cara! —Es algo que podemos platicar luego, entre adultos— trato de mostrarme entera, manipulando los cubiertos con movimientos lentos, paso el cuchillo de una mano a otra y me contengo de apuntar hacia la otra punta. —Oliver— le hablo a mi sobrino que está en la esquina más distante a mis intenciones, —deberías sentarte al lado de tu padre, en esta familia siempre respetamos los lugares, aunque se sumen visitas— que solo ocupan lugares temporales, si fuera por mí, ni el agua beberían. —No, ¡no! Karina no te levantes, basta con que se corran un lugar cada uno. Jenna en la punta, luego Luka, ven Oliver, al lado de Kari— reordeno la disposición de la mesa. —Si Lex llega más tarde la haremos sentar a mi lado— entre el traidor de mi hermano y yo.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. Helmuth
Auror

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Vie Jul 31, 2020 9:43 pm

¿Podría haber esperado esto de Sigrid? Por supuesto, ni siquiera me hubiera sorprendido en lo más mínimo. ¿Pero de Ingrid? Digamos que sorprendido se queda corto en comparación con mi reacción al conocer que una de mis hermanas menores se ha liado a puños con la ministra de defensa, con quien ya tenemos suficientes problemas como para que tenga que recibir estas noticias. Es por eso que se me hace difícil pasar el vino por mi garganta cuando me llevo la copa a los labios, sin apenas dirigirle la mirada a la persona por quien estamos haciendo todo esto y que da la casualidad de que tengo sentada a mi lado. No puedo siquiera empezar a explicar lo cabreado que me encuentro con Ingrid, en primer lugar por haber tenido la indecencia de cotillear mi escritorio personal, y siguiendo por este acto propio de un vándalo y no de mi hermana, de quien esperaba una reacción bastante menos delictiva. La mirada que le lanzo cuando se digna a alzar la voz es de extrema advertencia, curvando mis cejas de esa manera que me deja señalando que no es la indicada para hablar, por lo que no debería hacerlo, mucho menos para remarcar esa postura orgullosa que reconozco por tenerla también, que debe ir adherida al gen Helmuth.

Para no mandar a mi hermana a callar de la manera más directa, me aseguro de haber bebido antes un buen trago del vino para poder tomar la palabra, bastante rígido además. — Lo que leíste esta mañana en mi escritorio, Ingrid, no es nada en lo que te corresponda a ti meterte, más allá de tratarse de asuntos que Rebecca y yo teníamos pendientes desde que apareció tu hija, no debiste entrometerte, y no lo volverás a hacer, ¿queda claro? — le remarco firmemente, casi que apretando la mandíbula por tener que explicarme en cuestiones que no la competen, principalmente porque no estaríamos en este lugar si no fuera porque tuve que ir a pedirle favores en su nombre a Rebecca en primer lugar. Pero tampoco se libra la morena de que le lance una mirada de aviso. — Hablaremos de esto más tarde — repito sus palabras, porque no es nada que Jenna, Oliver, Karina, Maeve o el mismo Luka tengan que escuchar. Poso los cubiertos en el plato de manera un poco escandalosa cuando Ingrid vuelve con sus exigencias y el suspiro que se escapa de mis labios declara que no estoy para escuchar las tonterías de mi hermana. — Nadie va a moverse de su asiento, — ordeno antes de que de mi hijo pueda moverse un centímetro, por mucho que no me guste el que esté sentado junto a Ruehl. — se supone que esto es una cena donde puedan aclararse para dejar este inconveniente a un lado y podamos olvidarlo, sin que haya hueco para ningún rencor en el futuro, así que eso es lo que se hará. Jenna, pásame la botella de vino, por favor — pido a mi sobrina con la amabilidad que no tuvieron mis primeras palabras, que voy a necesitar de alcohol para poder soportar esto y mi copa vacía no es un buen presagio para lo que queda de noche.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. Helmuth
Ministro de Salud

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Mensaje por Jenna P. Helmuth el Sáb Ago 01, 2020 12:40 am

Todavía no puedo creer que la tía Ingrid haya surtido a la Ministra de Defensa. No solo porque no es una actitud propia de ella, sino también porque para ser una mujer que tiene a dos de sus hijos y a sí misma dependiendo de lo que Rebecca Hasselbach decida con respecto a sus carreras, uno pensaría que lo hubiese meditado un poco mejor. Sea como sea, es una de las comidas más incómodas que he tenido que soportar y, para colmo, me han sentado al lado de Karina. ¡Karina! La chica que representa todo lo que me fastidia dentro del prototipo adolescente del colegio Royal. No diré que es una bicha ni nada parecido porque a mí personalmente jamás me ha hecho nada, pero siempre se las arregla para decir cosas que me hacen mirarla como si se hubiera incrustado un crayón en el cerebro. Al menos tengo a Luka del otro lado, que tendrá sus cosas pero siempre se me ha hecho menos pesado de lo que puede llegar a ser Oliver.

Como sea, volviendo a todo el tema de la comida, de verdad le tengo piedad a mi madre y sus intentos de llevar adelante una situación que se ve bastante mal. Estoy escondiendo mi cara detrás del vaso de agua cuando mi tía se pone a dar órdenes de cómo debemos reacomodarnos y no puedo hacer otra cosa que lanzarle una mirada de reproche. ¿No es suficiente con tenernos a todos pasando por esta situación tan incómoda? En especial para mí… No puedo estar en la Isla Ministerial frente a la jefa de guerra comiendo tan campante con todo lo que sé. Ay, que me va a comer la consciencia. No llego a hacer ni un movimiento, que mi tío me mantiene en mi asiento y abro grandes mis ojos, los cuales paso por el resto de los pobres que han quedado en medio de esta batalla — Creo que no es mi tema el meterme… — no sé cómo me atrevo a hablar en lo que me estiro para alcanzar la botella y pasársela a mi tío — ¿Pero no sería bueno que hablen de sus desacuerdos después de la cena? Ya saben, con un café en el estudio, más tranquilos… — que nada de esto parece que sea algo para conversar con terceros presentes — Algunos hasta no tenemos nada que ver...
Jenna P. Helmuth
Jenna P. Helmuth
Estudiante del Royal

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Mensaje por Karina E. Hegel el Sáb Ago 01, 2020 7:03 pm

Llevo la mirada de Davies en el otro lado de la mesa, a quien llevo observando desde que comenzó este martirio, hacia mi tía cuando con su pomposidad, hace la aclaración que yo misma llevo guardándome durante toda la cena. Espero que la hermana de Ingrid no estuviera esperando una disculpa, porque si hay alguien aquí que debe pedirlas, son las dos que están sentadas en el extremo opuesto. Para colmo ni siquiera puedo ver a Oliver desde aquí, así que agradezco mentalmente e incluso llego a sonreír en dirección a mi madrina cuando reorganiza la mesa para que el hijo del ministro pueda sentarse donde tiene que estar, y no al lado de una bárbara insulsa como ha demostrado ser la otra política de esta mesa. La sonrisa se va esfumando de mi rostro, no obstante, cuando la tensa figura del hombre que tengo al lado se sobrepone por encima de las otras voces y toda la esperanza de terminar esta cena como se debe desaparece de un golpe seco con sus cubiertos sobre el plato.

Me desinflo en mi asiento, aunque sin perder la postura se puede apreciar menos brillo en mis ojos, esos que tengo que aguantarme de poner en blanco al escuchar lo que Jenna tiene para decir. — ¿Nada que ver? ¡Tienen todo que ver! La forma de actuar de algunas de las presentes insultan todo el apellido de tu familia, Jenna, se merecen un poco más de respeto, desde luego mucho más del que ciertas personas están dispuestas a ofrecer — y sí, mi mirada se dirige hacia la ministra de defensa, en quien poso la vista apenas una milésima de segundo antes de dejarla posada sobre la morena que tiene sentada al lado. — Por supuesto que yo estoy dispuesta a dejar todo este asunto a un lado, pero no sé si mis padres podrán hacer lo mismo… En este instante pueden estar armando un caso contra Davies, pero yo todo lo que pido es una disculpa, nada más que eso, y este funesto evento podrá quedar zanjado — digo, haciéndome la benevolente delante de Oliver para no perder mi papel de bondadosa. ¡Una disculpa es todo lo que pido! De todo lo que podría hacer… ¡en la calle podría dejarla si me lo propongo!
Karina E. Hegel
Karina E. Hegel
Ciudadano

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Mensaje por Oliver T. Helmuth el Sáb Ago 01, 2020 10:01 pm

¿Un fin de semana con Sigrid, Brian, Kitty y Luka? Si por favor, excelente idea, me sumo. ¿Uno en el que además llegaban Ingrid con Karina? no tenía nada contra ninguna cuando las veía por separado y solo por unas horas, ¿las dos juntas? no gracias, paso. Que me perdone Jenna, pero no siento ni un mínimo de remordimiento cuando le pido auxilio a Meerah por un mensajito de texto y abandono mi casa antes de que llegue alguien. No es que vaya a perderme de la cena, pero reducir el tiempo de exposición a mi madrina me parecía prudente si iban a quedarse de manera indefinida. Lo que en definitiva no esperaba era el relato con el que me encuentro al volver a casa, y cuando luego llamo a Maeve y me lo confirma… ¿Cómo es que pude perderme eso? Lo sentía por ellas, de verdad, pero era muy difícil imaginar a mi tía yendo como una fiera a darle vuelta la cara a su jefa y era una pena no haberlo captado en video. ¿Las cámaras de seguridad de la isla la habrían captado?  

Al final no solo me he perdido todo el alboroto, sino que me toca quedarme en lo que parece ser la cena más incómoda del planeta. No solo por todos los sucesos de la fecha, sino que también me toca sentarme al lado de la ministra y… bueno, la última vez que nos habíamos cruzado yo estaba violando su propiedad. Que me disculpen si no podía tratar de sacar la tensión del ambiente cuando a duras penas y podía tragar con algo de normalidad — Tía no… — en serio, no era el momento de andar haciendo esos cambios que, si íbamos a la realidad, la que estaba ocupando el lugar que siempre tenía en esta mesa era ella. No digo nada más cuando es papá el primero en callarla y al final hasta acabo concordando con Jenna en pensamiento y todo — ¡Karina! — le llamo la atención porque ¿una denuncia? ¿en serio? En el colegio hay peleas mucho peores y no por eso andan armando denuncias por cada altercado. Si así estaba la cosa, no me sorprendería que antes de que termine la velada acaben por llamar al mismísimo Hans Powell a abogar por alguno. Que siendo que Maeve era la niñera de su hija, además de ser miembro del departamento de seguridad… no creía que la rubia pudiese ganar si tenía que ser sincero. No cuando tenía entendido que la tía era quien había iniciado el altercado — Nadie insulta el apellido de nadie y no hay motivos para armar ningún caso. Vamos, que no estuve y no me corresponde meterme, pero ya andar llevándolo a denuncias… — que en todo caso, era la ministra la que estaba en todo su derecho de presentar una si así lo quisiera. Y como no me atrevo a lanzarle a ella una mirada de comprensión, trato de que al menos la reciba Maeve en lo que modulo un "lo siento" silencioso en su dirección.
Oliver T. Helmuth
Oliver T. Helmuth
Estudiante del Royal

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Mensaje por Maeve P. Davies el Dom Ago 02, 2020 4:15 pm

Es una buena cosa que me encuentre sentada entre Rebecca y Sigrid, porque entre que el padre de Oliver siempre me da la sensación de que impone incluso cuando no está hablando, Ingrid que puede convertir a cualquier en piedra con esa mirada de Medusa y Karina en la otra esquina que no ha dejado de mirarme en toda la cena, presiento que no puede salir nada bueno de esto. Y presiento bien, porque apenas he probado bocado de mi plato cuando las acusaciones empiezan a saltar de un lado a otro de la mesa y, si no fuera porque estoy aquí como invitada, le hubiera rodado los ojos a la misma Ingrid por sugerir siquiera una reorganización de la mesa a estas alturas de la noche. Obvio que la adorada tía de Karina no iba a permitir que el hijo de Nicholas se siente tan cerca de la mujer que detesta, y no sé si referirme a mí misma con eso o a la misma Rebecca que está más silenciosa de lo que hubiera esperado. Algo me dice que esto no es más que el principio de una noche que promete, promete de verdad.

Vamos, que esto no puede ser más incómodo, y lo único que se me ocurre hacer, es volverlo todavía más incómodo con mi talento para decir cosas salidas de contexto. — Ay, Kari — utilizo el mismo apodo que su preciada tía cuando sus acusaciones van dirigidas hacia mí, exigiendo una disculpa que no estoy tan por la labor de dar, que si vamos al caso, mi padre también es juez, aunque no creo que a este le haga mucha gracia saber que le golpeé la cara con ganas — Vas a tener que disculparme, lo de esta mañana han sido... las hormonas — suspiro, dramáticamente pero de forma convincente al bajar la mirada hacia mi plato. Estoy segura de haber captado la atención de todo el mundo ya con ese comentario y, como siento el deber de hacerla sentir un poco incómoda, llevo los ojos hacia Oliver y después hacia el resto de la mesa al decir: — Es que verán, resulta que estoy embarazada, y Oliver y yo hemos decidido que vamos a tener el bebé — digo toda seria para aclarar quién es el padre. Que me disculpe el moreno por esto, pero me parece una ocasión digna de venir con el cuento de un embarazo falso para poner a todo el mundo de cabeza. ¡La diversión está a punto de comenzar! Ya puedo ver a Karina echando humo por las orejas sin haber mirado siquiera en su dirección, solo espero que el padre de esta criatura imaginaria no me chafe la historieta.
Maeve P. Davies
Maeve P. Davies
Escuadrón Licántropo

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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Dom Ago 02, 2020 5:12 pm

Cruzo la mirada con Nicholas en la punta opuesta de la mesa y alzo mi copa recién servida de vino como un saludo victorioso. Tengo a mi protegida sentada a mi izquierda y a su hijo a mi derecha, a sus sobrinos bajo mis ojos y a su hermana Ingrid atragantándose con la disculpa que su orgullo no le permite escupir de los labios, su hermana Sigrid –siempre Sigrid-  en el medio del fuego cruzado pidiendo a todos que bajemos las armas y nos tomemos las manos por la buena paz que debe haber entre vecinos. No hace falta que hable para que la misma Ingrid reciba el reproche de su hermano mayor por sus actos y también la desaprobación de su sobrino, así que me dedico a dar unos lentos sorbos a mi bebida dejando que se desarrolle el intercambio entre los hermanos y una sonrisa está estampada en mi rostro cuando bajo la copa a un lado de mi plato.

Jenna me recuerda a su madre, no lo tomo por casualidad en el orden de los lugares, que también esté en el medio. Luka es la cara de su madre, he visto a su padre como para poder decir que no se le parece en nada, pero aparte de las facciones, no podría decir si hay otra semejanza. No diré que la mocosa rubia a la izquierda de Nicholas es igual a Ingrid, diría que es peor, porque ni siquiera Ingrid en sus histéricos dieciséis años se ponía a chillar allí entre adultos. Antes de amenazar a Maeve en mi cara para conseguir una disculpa, pienso mandarla a callar para que quien me debe una disculpa a mí, lo haga y anulemos su despido, que es la razón por la que Sigrid me convenció que venga. Y sí, molestarlos con mi presencia en mi cena me da la suficiente satisfacción como para concederle a Ingrid un par de años más en el escuadrón, su falta puede quedar saldada con lo mucho que deben estar odiando ella y sus padres en sus tumbas, que esté sentada en una de las cabeceras de la mesa.

La voz de la chica que tengo a mi lado me toma desprevenida, no, no aceptaré que salga con una justificación adolescente sobre hormonas de la regla que la tienen con esos humores inestables, no, los golpes que damos es porque la otra persona se lo merece, nos hacemos cargo de nuestros actos, solo así sabrán respetarnos y esta familia es numerosa como para que ceda lugar, tiene que avanzar sobre ellos. Y lo hace, arrasa con toda la mesa, conmigo también, ante esa declaración que me hace mirar al muchacho que tengo a mi derecha. Como sé que Nicholas no se pierde nada de vista desde la otra punta, tomo la muñeca de Oliver con un agarre firme de mis dedos. —¿Es cierto?— busco que sea él quien responda para que todo no quede dicho solamente por Maeve. —Cuando los encontré revolcándose en mi casa te lo dije— gruño, — y también se lo dije a tu padre, no quiero a un Helmuth aprovechándose para después hacerse el desentendido detrás de su estatus— fueron palabras dichas en otro sentido, el único que me importa ahora es el que pueda actuar como dinamita en esta mesa. Sin soltar a su hijo, busco los ojos de quien lidera esta familia. —Lo bueno de que sean mayores de edad, es que así como decidieron tener un hijo, también podrán aceptar casarse. Porque no queremos más líos de paternidad de hijos nacidos por ahí, ¿verdad, Nicholas?
Rebecca Hasselbach
Rebecca Hasselbach
Ministro de Defensa

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Mensaje por Luka T. Romanov el Lun Ago 03, 2020 9:20 pm

Las comidas familiares siempre tenían algo divertido, una historieta digna que contar, de la que reírse o que dejaba en clara evidencia la perfección de las familias Helmuth y Romanov. Con una rápida mirada se podía percibir el ambiente que rodeaba la mesa aquel día; nada festivo ya que faltaban miembros de la familia y se encontraban presentes otros que no tenían nada que ver con la misma. Al menos hasta donde sabía. Porque todos tenían una pequeña idea de las movidas de Oliver con Maeve y la obsesión de Karina por su primo menor, pero, ¿la Ministra de Defensa? Era su jefa, pero la mera presencia de la mujer lo molestaba. Alguien como ella, con una sangre contaminada y putrefacta como la suya, estaba al mando de los nobles aurores que peleaban por defender la pureza de los magos. Le ironía en estado puro. Kitty lo había llamado, gritando como una verdadera histérica, para contarle lo que había pasado. Lo mejor de todo era que la enana no se había ahorrado ningún detalle; y todos sabían cuán detallista podía ser.

La conversación dio inicio y el rubio solo se inclinó al frente para tomar un panecillo y un par de piezas de queso que dejó sobre el plato. Dedicándose a comerse una en tanto escuchaba a los demás. — Si la agredió está en todo su derecho a denunciarla. ¿Has visto la cara de la pobre Kari? — usó el diminutivo que su madre acababa de usar, mientras se hacía un poco hacia su primo y con un ligero movimiento de cabeza le indicaba que se hiciera hacia delante o hacia atrás para ver la cara de la rubia. La cual era una dramática pero lo divertía de sobremanera. Alcanzó una copa, bebiendo con tranquilidad, al parecer era el único tranquilo de allí; hasta que se vió obligado a dejar ir la copa por culpa de Davis. — ¿La gente como tú puede tener hijos? — la mueca de asco fue más que obvia en su rostro, incluso estando cerca de la Ministra no disimuló en absoluto. Primero no quería ni imaginárselo, segundo su primo había cruzado demasiado la línea. Una cosa era jugar con alguien como ella, pero, ¿eso? La mandíbula del rubio se tensó algo, prefiriendo no enfocar demasiado su mirar en la zona derecha de la mesa.
Luka T. Romanov
Luka T. Romanov
Auror

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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Lun Ago 03, 2020 9:53 pm

Como no es de extrañar para nadie, Ingrid tiene muchas cosas para decir, y como no es de extrañar tampoco, ninguna de ellas hace alusión a una disculpa que en mi caso sí estaba incitando. No pasa un segundo después que mi hermana se las toma de líder autoritaria y pasa a reorganizar la mesa de manera que todo mi sistema se puede ir a la mierda en un pestañeo de ojos. Suerte que mi hermano es lo suficientemente listo como para cerrarle la boca con unas cuantas palabras, que de todas las personas aquí creo que la única que no ve que es Ingrid la que está en falta, es la propia Ingrid. Y Karina, por supuesto. — Vamos a... calmarnos. Si coincidimos en que para ambas partes esto fue nada más que un malentendido —y algunos puños también — , nadie tiene por qué demandar a nadie — aclaro, por si no fue suficiente presión la que hace mi sobrino menor. Suerte que tengo a mi hija en el medio de la mesa también, para poder ejercer de alto al fuego si se da el momento.

Si no escupo el vino en el momento en el que Maeve tira la loca idea de que está embarazada es por respeto a los demás presentes en la mesa, uno que no sabía que había adquirido en el último tiempo, porque el mensaje es digno de hacer una reacción que le llegue a la altura. Casi me atraganto tomando el resto de la bebida para poder hacer una interacción rápida antes de que todo se desmadre. — Y esto es lo que ocurre cuando no tenemos charlas sexuales con nuestros hijos, Ingrid, ¡ya te lo advertí! Jenna, hija, dime que tú sí estás usando protección — ¿qué? ¡Ahora me van a decir que no puedo hablar de estas cosas, cuando tenemos el claro ejemplo de lo que pasa si no se habla de ello! Me importa un carajo que se encuentre la jefa de mi hermana a un palmo de distancia, ¡lo próximo es que mi hija aparezca con un bombo! Si no la conociera yo... diría que es posible, pero nah, es mi Jenna. Primero tiene que interesarse en los chicos, que no en profesores, por favor. — ¡Luka! — le llamo la atención a mi sobrino por ese comentario tan poco agradecido, en vista de que conozco a mi hermana lo suficiente como para saber que ella no lo hará.
Sigrid M. Helmuth
Sigrid M. Helmuth
Ciudadano

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