The Mighty Fall
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Scared to be lonely · Nicholas

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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Vie Jul 17, 2020 9:59 pm

He decidido esperar en la mansión de la isla ministerial a que Nicholas responda al llamado en mi mensaje, avisé en la base de seguridad que llegaría unas horas más tarde y creo haber escuchado un suspiro de alivio antes de colgar. Por eso mismo no llevo puesto el uniforme reglamentario, sino como una camisa sin mangas que viene bien para esta temperatura de un verano que se acerca y una falda larga que me roza los tobillos, las sandalias bajas están tiradas a un lado, al borde de la piscina. Termino de beber la taza de café de este desayuno atípico que el elfo doméstico se encargó de preparar, colocando sobre la mesa más platillos de los que podría servirme. Es la primera vez desde que vivo en este lugar que me siento a mirar todo lo que me rodea, con un sentimiento diferente al de una visitante, trato aunque sean unos minutos de mentirme a mí misma, de decirme que este es el lugar en el que me encuentro en el presente y puedo quedarme aquí, me miento.

Lancaster me avisó que encontraron a tu sobrina ayer— digo cuando diviso a Nicholas Helmuth saliendo de las puertas vidrieras de la inmaculada cocina, —pero necesitaba hablar contigo con calma y tiempo—, esa es la razón por la que no lo llamé para regodearme al minuto siguiente que colgué con Alecto y no porque la chica me llamara, sino porque me notificaron desde la base que reportó la aparición de Katerina Romanov, así que marqué su número para que lo hiciera como se debe. —Siéntate— se lo ordeno, aún no he llegado al punto de mostrar modales a mis vecinos con peticiones amables de que tomen asiento, se sirvan algo para comer, llamar al elfo para que les sirva un poco de café. Doblo el ejemplar del día de The Guardian que tenía entre las manos y lo dejo en el espacio que queda entre los platillos. —Te ayudé a recuperar tu familia, Nicholas— se lo expreso de esta manera para empezar con las condiciones del acuerdo y que le quede claro cuál es la parte que le corresponde, —así que me ayudarás a recuperar la mía.
Rebecca Hasselbach
Rebecca Hasselbach
Ministro de Defensa

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Sáb Jul 18, 2020 3:33 pm

Estaba esperando recibir ese mensaje de Rebecca al minuto de que se me informara que una auror había encontrado a Katerina y la estaba llevando a casa, pero el llamado se hizo de rogar hasta el día siguiente, lo que me dio tiempo a hacer una visita a mi distrito de residencia para comprobar yo mismo el estado de mi sobrina. Un par de horas después de que regresara a casa, antes de siquiera poner pie en la vivienda de mi hermana, le había dicho a Ingrid que no fuera tan dura con ella por teléfono, y se lo dije yo que fui quién se tuvo que arrastrar hasta la casa de Hasselbach a altas horas de la noche para pedir por ella. Fue obvio al llegar al dos que mi sugerencia había pasado completamente desapercibida, porque a pesar de la esperada presencia de su hija menor, se notaba que aun había tensión en el ambiente. Como su tío no tuve más que una conversación rápida, sobre lo peligroso que había sido su actuar, pero también le había dicho que me alegraba de tenerla de regreso en casa, como no podía ser de otra manera diferente.

Así que con el retraso de un día, quién hubiera creído que Rebecca Hasselbach conoce de consideración como para dejarnos a la familia unas horas para nosotros, me encuentro saliendo de mi propia residencia para encaminarme hacia su puerta. Como en otros tiempos más lejanos, tan solo me es necesario cruzar la acerca para llamar al timbre, donde soy recibido por un elfo con demasiadas ocupaciones encima, y suerte que la estructura de las viviendas ministeriales suelen ser de la misma línea, porque sino hubiera tenido problema para encontrar la cocina. La atravieso para dar pie al enorme jardín con piscina donde se encuentra la ministra de defensa, de modo que me obligo a suspirar para derrochar todo el aire que no podré expulsar en los próximos minutos. — Sí, la llevó directamente a casa de mi hermana, ahora está bien y donde debe estar — murmuro, creo que puede sobreentender el agradecimiento en mis palabras, que si tengo que decirlo con todas sus letras puedo atragantarme en el proceso. Lo peor es que el orgullo de mi familia está tan pisoteado ya, que tampoco es como si tuviera otra opción.

Lejos de decirle que prefiero mantenerme de pie, sabiéndome en esta posición a la que se me ha degradado al haber tenido que recurrir a su ayuda, tomo asiento a su lado, aunque no adquiero la postura relajada que ella expresa, sino que mantengo la espalda estirada, tensa como cada vez entro a esta casa. — Qué quieres — sé que esa es la razón por la que me ha llamado, no para pedir agradecimientos, que esos ya me ha dejado claro que no desea recibir junto con las disculpas. Lo que pide ella después es mucho más problemático de lo que hubiera pensado, y me deja pensando unos segundos que disimulo al llevar mi mirada hacia el sol y devolverla hacia ella con los ojos un poco entrecerrados a causa de la exposición. — ¿Eso es lo que deseas? ¿Recuperar a tu familia? Vas a tener que ser un poco más específica con eso, porque hasta donde yo tengo entendido, tienes más de una de esas… — dejo caer más de una porque ni siquiera quiero empezar a pensar en su árbol genealógico.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. Helmuth
Ministro de Salud

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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Dom Jul 19, 2020 12:52 am

Llamo a mi propia paciencia para mantener la calma que pido en esta conversación cuando luego de ese suspiro que lo vi soltar al aparecer, cuando es escueto en preguntarme qué quiero, sin todavía esa palabrería de la que bien supo hacer uso al presentarse a esta misma casa hace unos días. La ingratitud necesita de tan poco tiempo para aparecer, qué fácil que una persona puede olvidarse de conservar los modos, cuando el favor está hecho. No debería esperarme algo diferente, salir de la necesidad, lo hizo también volver a su distancia, así que dudo en responder a su duda cuando la plantea de esa manera. —Nicholas— lo detengo antes de que llene esta charla que pretendo que sea en otro tono con su maldito sarcasmo. —Te daré a elegir entre dos maneras de pagarme el favor que te hice, para uno necesito que no te comportes como un imbécil y en caso de que lo hagas, te quedará para cumplir uno que solo tendrá intención de humillarte— lo amenazo, tan mordaz como puedo ser.

Respiro hondo para no caer en una postura combativa, no hasta que demuestre por sí solo que merece que lo trate de esa manera, pensé que por haberle dado algo que excede todo lo material y formal de nuestras vidas como ministros, más bien algo de lo más íntimo de su familia, podía esperar otra actitud de él. —Algo que puedo decir de los Helmuth es que han sabido ser una familia, mantenerse como una, asumo que has sido el patriarca desde tus padres están ausentes y tu hermana Ingrid, con todo su perfeccionismo, nunca habría podido conseguir que siguiera unida. Es mérito tuyo, lo sé— se lo reconozco. —No me interesan las familias que pude haber tenido en el pasado, sino una única persona que puedo decir que realmente está vinculada a mí por sangre. Tuve una hija y no sé cómo recuperarla— confieso, y si llega a hacer de esto una oportunidad para volver a rebajarme, lo golpearé. No me importará arrojarlo a la piscina.

Lo único que me convenció que es la persona a la que puedo hablarle de esto es la desesperación con la que pidió por su sobrina, ni siquiera por su hijo, sino por alguien más de su familia y al punto de decirme que haría cualquier cosa, ¡por Morgana! Esas palabras podrían llevarnos incluso a un juramento inquebrantable, a tenerme a mí como una sombra por el resto de su vida, a él sirviéndome por el resto de su vida, hay tantas maneras en que podría convertir lo que fue su desesperación en un juego caprichoso para mí. —Ayúdame a recuperarla— digo, y me reacomodo en la silla para mirarlo con altura, —o sino me quedará pedirte como una segunda manera de pagarme que falsees un examen de ADN. Nada difícil, ¿verdad? Porque no quiero que jamás se vincule a mi hija con su padre biológico y necesito de una prueba que nadie ponga en duda, sellada por el mismísimo ministro de Salud— lo explico con tranquilidad, —un examen que diga que mi hija es una Helmuth, que pertenece a tan ilustre familia de magos— me estoy mofando de él, —y dejemos que corra el escándalo de que un Helmuth tuvo una hija con una paria. Descuida, he considerado a tu esposa, no creo que ella te juzgue por algo que podría haber pasado hace más de veinte años.
Rebecca Hasselbach
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Ministro de Defensa

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Lun Jul 20, 2020 9:55 pm

No es que esta mujer haya tenido algún hueco para comportarse como una persona, a secas, pero deduzco por el tono de su voz que esta es una de esas veces en las que está más insoportable que de costumbre, y por eso, siendo que ya la tengo como alguien que irrita apenas abre la boca, deduzco que esto se hará una conversación insufrible. Procuro que no se me note en la cara que me estoy ahorrando las ganas de contestarle, porque no es como que esté en posición de hacer ningún reclamo y, supongo, tengo que agradecer que lo de la noche anterior no terminara en mi brazo atado al suyo por un juramento inquebrantable. — Está bien, Rebecca — digo sin más, como para calmar las aguas, que de por sí entre nosotros ya se sienten como si estuviésemos en alta mar bajo una tormenta frenética. Paso de tenerla de enemiga después de que me haya hecho un favor, así que por mucho que me cueste, me muerdo la lengua mientras hace de su petición todo un discurso.

Fuerzo una sonrisa, no es más que una mueca, pero puedo decir que suficiente que he hecho el amago del gesto para cuando le tira el primer cumplido que he escuchado provenir de ella a mi familia, que Helmuth y palabras amables de su boca no son cosas que vayan juntas. — No es solo cosa mía — me apresuro a añadir, un tanto modesto, lo sé, pero es un comentario que pasa desapercibido porque ni siquiera tiene la intención de que se le preste demasiada importancia. Confío en que el balance que mantiene a mi familia unida se debe al choque de nuestras personalidades, ese mérito se lo tengo que dar a la menor de mis hermanas, por mucho que me pese y por mucho que desapruebe de muchas de sus decisiones, también resulta el ancla que nos sujeta cuando a Ingrid le da por tomar el timón, como casi siempre ocurre. Sé que luego soy yo quien moldea el rumbo de la familia, pero no lo hago de manera tan directa como mi hermana, es un trabajo un poco más sutil. — ¿Una hija? — me sale tal que así, dejando mis pensamientos a un lado cuando recibo ese dato y la incredulidad se apropia de mi voz. La miro de la misma manera, lo cual debería guardarme un tanto porque no tiene pinta de que mi reacción vaya a ser muy agradecida por su parte. No pueden culparme, uno ve a Rebecca y lo primero que se piensa de ella es que el instinto maternal es algo que ni siquiera nación en ella pese a ser mujer. Uno no asocia la palabra madre a una persona como Rebecca, simplemente no.

Lo que no espero es que me sorprenda más lo que pide después que el hecho de que tenga una hija. Ni siquiera quiero preguntar con quién, o quién es la pobre desafortunada, porque mi cara de pasmado ante lo siguiente debe expresar por sí misma que no estoy para ninguna de estas bromas. — Estás loca — no me lo pienso cuando lo digo, tampoco es algo que habrá escuchado por primera vez, así que no me preocupo por como suena. — Falsificar partidas de nacimiento es un acto ilegal, mucho más el hacerlo con la identidad de algún padre de la criatura, es algo que deberías saber mejor que nadie. — digo, está entre los oficiales del gobierno, es ahora que me pregunto si sus neuronas funcionan con normalidad en su cuerpo. Meneo la cabeza, en un evidente gesto de nerviosismo, al tirar de mi corbata para aflojarla y respirar con algo más de amplitud. — Nuestro trato no incluía nada de esto, hacer algo parecido está penado por la ley, nuestra ley — se lo recalco por si las dudas, ¿en qué momento se le ocurre algo como esto? ¿No es consciente de las liadas que hay hoy en día con la sangre? A lo de mi esposa, solo puedo que asomar una mueca en lo que arrugo la nariz. — Qué considerada, pero es un definitivo no — sentencio, sin mucha más dilación.
Nicholas E. Helmuth
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Mar Jul 21, 2020 8:28 am

Estoy aguardando a su respuesta con una expectativa que es peligrosa para mí, porque no me gusta ser quien se coloca de este lado esperando algo que muy probablemente sea una decepción, no debería serlo cuando hace nada juró que haría lo que le pidiera, dando tan fácil esas palabras, que su conocido, molesto y siempre presente pudor a sobrepasar lo que se considera correcto, me lleva a querer golpear la mesa con mi palma para que todos los platos salten y se estrellen contra el suelo, no me importaría el ruido, ni el derroche. Es mi palma impactando sobre la mesa para no ir a su cara, la que se arruga como si lo que le hubiera pedido fuera inadmisible, en toda su postura me adelanta su rechazo a mi petición, que ni siquiera es a la primera y la que realmente me importa, sino a la que segunda que con la intención de humillarlo, también debería aceptar sin más. ¡Porque dijo que lo haría! ¡Cualquier cosa! —Lo sé, sé que es legal y que no. Y sabes también qué lado conozco mejor, de qué lado me muevo mejor… y dijiste que harías cualquier cosa, lo que sea— le recuerdo con las palabras entre mis dientes.

Nuestro trato incluía todo esto, también mucho más— ahora sí se puede decir que estoy alzando mi voz, mi cuerpo también se tensa para que me agarre al borde de la mesa de una manera en que mis nudillos se vuelven blancos cuando me tira su no definitivo en toda la cara, esta misma cara a la que vino a rogar que pusiera aurores a disposición para rastrear a su sobrina y es de la que se burla luego de haber conseguido lo que quería. Esto es lo que siempre he despreciado, el uso y el descarte que una persona puede hacer a su conveniencia, en otro tiempo eso dolió porque me vi impotente, también incapaz de responder. Ni siquiera parpadeo al sostener su mirada, mi voz se escucha en un tono neutro y lejano cuando mi cuerpo pierde su rigidez para darle el puñetazo que se merece por ser un ingrato. —Si no vas a pagar tus deudas, Nicholas, tocará retirarte el favor— digo. —Puedo encargarme de devolver a tu sobrina al norte, todavía tengo contactos que podrán esconderla de todo el rastrillaje que puedan hacer tu hermana y tus sobrinos, y tampoco habrá prueba de que fui yo. Simplemente Katerina Romanov desaparecerá del mapa— está dicho, no me retracto de ello, quizás los Helmuth si se merezcan este castigo a su arrogancia, luego de haber pasado por la prueba y ser Nicholas quien falle.

Ni siquiera preguntaste cómo podrías ayudarme con mi hija— musito, —pasaste a mostrarte como el perro altanero que eres que no se rebaja a las condiciones de otras personas, porque como vuelves a tener toda tu jodida vida en orden, te crees con la arrogancia de pasar sobre los demás— es lamentable que sea yo quien tiene que decirle estas cosas, como un reproche a su comportamiento conmigo, cuando aborrezco hablar desde lo que pueda afectarme la actitud de alguien más y también el reconocer que tenía una mínima expectativa puesta en que al menos sabría mantener su palabra, cuando no me permito hacer algo así. —¿Dónde quedó lo de no mostrarse desagradable con los colegas? Cualquiera diría que tendrías más en claro que nadie, te comportas como un imbécil y lo único que consigues es que te haga más penoso lo de pagar tu deuda. Puedes decirle a la ministra LeBlanc que tendrás que reconocer a una hija, pero tienes prohíbo decírselo a tus hermanas — cargo mi sonrisa de sorna, —dejemos que sea una sorpresa.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Mar Jul 21, 2020 11:29 pm

Soy consciente de lo que le dije hace apenas unos días, no ha pasado el tiempo suficiente como para olvidarme de ello y, además, tampoco es como si pudiera hacerlo, un acuerdo como el que mantengo con Rebecca no es fácil de dejar a un lado, ni siquiera por las noches. Aun así, esperaba que, estando en la posición en la que está ahora, de poder supremo, miraría un poco más por sus formas de bien. Pero no, lo que dice es un recordatorio más de que algunas personas no cambian, ni quieren cambiar, no se trata solo de las circunstancias, algunos se aferran con uñas y dientes a sus propias maneras de sobrevivir, incluso cuando ya no les hace falta. Es en estas situaciones que me pregunto, si se trata de un comportamiento innato en gente como ella, o adquirido con el tiempo. No obstante, pese a todo ello, puede que peque de iluso cuando intento alzar la voz de nuevo. — Te dije una vez que si pretendías moverte en este círculo tendrías que dejar a un lado tu naturaleza de ir siempre por el mal camino, Rebecca, pensé que con tu puesto lo habrías entendido, pero con esto me demuestras que ni siquiera tenías intención dejar tus mañas, sino que además pretendes arrastrarme a mí con ellas — eso es lo que desea, no me engaña con esta apariencia de madre preocupada por el futuro de una hija, lo que quiere es verme en el mismo lugar en el que estuvo ella y, si no puede conseguirlo, al menos arrastrar mi imagen junto a la suya.

No me resisto de soltar un suspiro, necesito derrochar el aire de mis pulmones porque estar cerca de ella se siente como si estuviera inhalando puro tóxico, con cada bocanada me lo demuestra, con cada oración que solo tiene intención de hacer daño es un ejemplo de su verdadera esencia. Nos conocemos desde hace tiempo como para saber que sus amenazas, siempre fueron reales. La diferencia es que en su momento, cuando no era más que una chiquilla de calle, no tenía de ningún medio para hacerlas reales, puedo visualizar a mi hermana Ingrid riéndose al cruzar el paso mientras Ruehl se mordía la lengua a nuestras espaldas. No soy tan ingenuo como para creer que lo que dice en esta ocasión es una advertencia vacía, porque la veo muy capaz de hacerlo. Se siente como una bofetada del karma el que sea quien tenga que morderse la lengua esta vez, el golpe que da en la mesa me deja claro que no se encuentra precisamente de humor, cosa que tampoco era muy difícil de descifrar porque jamás la he visto de otra manera. Sería hipócrita por mi parte el decirle que deje a mi sobrina en paz, cuando hace nada y menos estaba pidiendo por ella, así que extiendo el silencio como respuesta en lugar de intentar protestar.

No me creo nada, Rebecca, eres tú la que no es consciente de que lo que pides es inviable. ¿Te crees que no sé por qué lo haces? ¿Vas a decirme que no estás disfrutando con esto? — al igual que ella, no le aparto la mirada cuando la enfrento — ¿Quién es la hija? ¿La tuviste en el norte? ¿Es eso? Ni siquiera se registran tantos nacimientos que provienen de allí, porque la mayoría de esos niños terminan huérfanos, muertos antes de cumplir siquiera un año de edad — ¿me gusta cómo suena lo que digo? Pues claro que no, pero no está en mi lugar el corregir los desórdenes del país, para eso está Magnar, yo me limito a seguir las normas que son impuestas. ¿Mi postura evade el problema? Pues probablemente, pero no es como si el norte no estuviera repleto de parias, de esas que se buscaron su propio lugar en los distritos pobres. No digo que todos se merecen ese destino, porque conozco de algunos casos donde la injusticia se hizo presente, pero muchos sí se lo merecen. — Si estuviera mintiendo, hubiera sabido que tuviste una hija, eso te lo puedo asegurar, ni tu nombre ni el del padre constan en ningún registro civil del gobierno, ¿para qué quieres entonces remover lo que se tiene que dejar en el pasado? Y no me vengas con explicaciones altruistas, tanto tú como yo sabemos que solo estás haciendo esto porque quieres joderme — con el comentario sobre mis hermanas lo deja claro, ¿todavía tendré que agradecer que haya considerado a mi esposa?
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Jue Jul 23, 2020 5:48 am

Y yo te dije en su momento— interrumpo su sermón de buen pastor, será cuando esté en agonía que lo llamaré para que me otorgue la unción a los enfermos, mientras tanto puede guardarse las advertencias sobre mi comportamiento en este círculo de vecinos, —que no llegué a este lugar por mis maneras correctas, así que no creo que tenga sentido perder mis modos, eso mismo podría costarme que me saquen de este lugar. Si hubieran querido alguien con escrúpulos hubieran llamado a otra persona— puntualizo, sentada al borde de mi silla por estar inclinada sobre la mesa, refrenando el instinto de saltar sobre esta como lo haría en lo oscuro de la esquina de una de las tabernas del norte como respuesta a la distancia que impone entre nosotros, como si hasta ayer no hubiera estado mendigando sobre mis pies. —Quizás te haría más bien que mal imitar mis maneras— insinúo, que al final de cuentas estar en los lugares de decisión no tienen relación con nuestros méritos, sino con lo que estamos dispuestos a hacer y a pocas cosas yo le digo que no, eso está claro.

Márcame donde está línea, yo te mostraré cómo la cruzo. El día que ya no pueda cruzarlas, me haré a un lado para no estorbar, si es para lo único que sirvo desde hace años. Recuerdo mis reparos cuando siendo joven se me pidieron demostraciones de qué tanto temple tenía para decidir sobre la vida de una persona, que tan fría podía ser para despedir a alguien, entonces me encerré en una coraza de aparente insensibilidad cuando recibía los reproches, pero había límites que sabía que una vez atravesados, ya no podría volver hacia atrás. Y entonces lo hice, los crucé, me prohíbo pensar si acaso seré capaz de cumplir con mi amenaza de hacer desaparecer a la hija menor de Ingrid Helmuth, sé lo que haría por demostrar un punto. Todo por la arrogancia de Nicholas que me lleva abandonar mi intención de una plática en buenos términos, para atacarlo sin más miramientos. —Si quieres tomarlo como algo contra ti, hagámoslo algo contra ti— entierro lo que era un pedido distinto, me lo guardo como me he guardado tantas otras veces un grito de ayuda porque soy incapaz de encontrar una respuesta por mí misma, y ataco.

El padre biológico de mi hija no es alguien que pueda pasar desapercibido. Si bien no hay registros de su nacimiento, sabe que soy su madre y está expuesta a que un buen día se la asocie a este hombre— explico, un desafortunado accidente, muestras de sangre, la base de datos del ministerio que podrían vincularla con otro Powell, tantas cosas que terminan por saberse cuando nos cruzamos todos los días por los mismos pasillos. —He hecho muchas cosas mal con ella. No puedo revertir de quién heredó su sangre, pero si a quien se adjudica finalmente la paternidad. Bastante tiene con la carga de que soy su madre, deseo obsequiarle un apellido que la libre de la mitad de la condena de ser hija de una paria—. He puesto demasiado sobre sus hombros, creía que tenía el carácter para hacer algo con eso, pero lo único que he visto es que la hundí en un estado por el cual soy la primera en claudicar al darme cuenta que soy la única responsable. Por esta razón la alejé en primer lugar, me gustaría hacer las cosas distintas esta segunda vez, pero la única persona a la que le hubiera pedido ayuda por creer que estaba obligado a dármela, me obliga a que insista con mis mismas maneras y estoy segura que ahondaré en el odio que pueda tener Alecto, seré yo otra vez convenciéndome que estoy haciendo lo mejor para ella. —No estoy pidiendo que veas o no la lógica en esto, lo único es que te encargaré de que haya un papel que la reconozca como tu hija. Podemos abstenernos de la cena con tu hermana, solo quiero ese papel.


Última edición por Rebecca Hasselbach el Sáb Jul 25, 2020 4:12 am, editado 1 vez
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Vie Jul 24, 2020 7:00 pm

Creo que han quedado más que claras nuestras diferencias — respondo sin mucho miramiento a su postura sobre que quién debería cambiar de formas soy yo, cuando, al contrario que ella, no llegué a mi puesto comportándome como una bestia. A diferencia de ella, los que vivimos en esta isla tuvimos que escalar para llegar a dónde estamos, años de esfuerzo que mi compañera aquí utilizó para hacer vaya a saber qué cosa en el norte. Que esté donde esté no es más que la consecuencia del error del anterior propietario de la casa que ocupa, no porque verdaderamente se haya ganado el estar ahí. — No te lo tomes como ofensa, pero prefiero seguir actuando como he hecho hasta ahora, cuestión de intereses, supongo. — poco a poco voy recuperando la calma que hasta hace un rato había desaparecido por completo, también la confianza al decir que de los dos quien se encuentra en soledad es ella, todas sus relaciones las ha ido destrozando con el paso de los años, tanto como para decir que tiene una hija, pero por el hecho de tenerla y no porque de verdad posea alguna clase de conexión con ella. Todavía puede tener el descaro de decirme que debería imitar sus maneras, cuando es más que evidente la posición a la que le han llevado estas. Hace bien en admirar que pueda mantener vivo el espíritu en mi familia.

Asumo que no vas a decirme de quién se trata — conozco a Rebecca lo suficiente como para saber que todas sus porquerías se las guarda bien para dentro, porque es lo mismo que aprendió de la familia que tenía en su día, y todos sabemos que lo que uno aprende cuando se es un niño, es muy difícil de corregir luego en el futuro. ¿Por qué, entonces, esperaría que me dijera quién es el hombre que resguarda bien en secreto? — No te imaginaba como una persona que pudiera sentir consideración hacia alguien, Rebecca, tengo que reconocer que me encuentro extremadamente sorprendido — sí, lo que se puede percibir en el tono de mi voz no es más que sarcasmo e incredulidad, declarando que no me trago una sola palabra. Si planea sacar a su favor lo que ocurrió con Katerina, no creo que sea tan hipócrita como para decir que se encontraba preocupada por ella, sé bien que lo que le llamaba la atención es que estuviera dispuesto a dar lo que fuera de mí con tal de encontrarla, el trato que pudiera quedar entre nosotros. — Creía que te tenías un poco más de aprecio propio, para ser alguien que no duda en saltar contra las críticas que te colocan como una paria, no tienes problema en reconocerte como una cuando se trata de tu hija — desconozco si lo que estoy viendo es una faceta nueva de la persona que pensé solo se preocupaba por sí misma, o sigue siendo puro teatro por su parte.

Pero me niego a aceptar tan deprisa, menos cuando se trata del nombre de mi familia, que ya puedo sentir cómo ambos de mis padres se remueven en la tumba solo de escuchar semejante propuesta salir de boca de una Ruehl. — ¿Cuál es el truco aquí, Rebecca? Tanto tú como yo sabemos que hay uno — insisto — Detestas a mi familia, su apellido y todo lo que significa, pero aun así quieres que reconozca a una hija tuya como Helmuth, cuando tú misma tienes los medios como para hacer el trabajo sucio por tu cuenta sin necesidad de vincularla a mi familia — no debo de ser el único que piensa que aquí hay gato encerrado.
Nicholas E. Helmuth
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Sáb Jul 25, 2020 4:43 am

Por los términos en los que nos encontramos en esta relación obligada, con tu soberbia no queriendo ceder a mi petición, me guardaré el detalle de la identidad del padre de mi hija— digo, necesitaría de una confianza excesiva en alguien para que el nombre de Hermann Powell, ahora Richter, saliera de mis labios y Nicholas no parece alguien en quien pueda llegar a confiar, porque él mismo se cierra a que lo haga participe de mis asuntos personales. Está claro que el favor que me pidió, de tinte familiar, esperaba resolverlo con la diligencia fría de un ministro, siempre mirando hacia él y sus intereses, todos los dioses nos libren de que Nicholas Helmuth se mueva un centímetro por fuera de las líneas de su casilla y eso provoque un colapso en el orden del universo.

Es tentador cambiar el objetivo, dejar a su sobrina en paz, fuera de nuestros arreglos, y que sea él quien se gane un paseo por los distritos repudiados del norte, siempre me queda decir que será un viaje entre colegas y que velaré por su seguridad, para no alarmar a ninguno. Podrá ayudarnos a saber si esas maneras que insiste en mantener le servirían de algo, porque las mías que critica no fueron más que adaptación. —¿No te lo habías imaginado? Yo creía que sí, la noche en que viniste mendigando consideración hacia tu sobrina, tuve que ser yo quien te recordara que no soy capaz de sentirla— digo, —y ahora que te la demuestro te las das de escéptico. Porque es alguien que me importa a mí, no a ti. Eres un bastardo, Nicholas. Diciendo ser capaz de hacer cualquier cosa por alguien que no es más que tu sobrina, pero siendo incapaz de mostrar tú un poco de consideración hacia quien te digo que es mi hija— se lo digo, si necesita que le repita insultos viejos no tengo tapujos para recordarle que es un hipócrita al presumir de sus buenas acciones para con los demás.

Peleo mis batallas, pero nunca quise que ella las peleara conmigo, eso no ha cambiado— le explico, aunque para que entienda a otra persona y salga de la posición que asumió desde su nacimiento, se necesitaría que el mundo se pusiera de cabeza. Será entonces que podrá ver las cosas desde una perspectiva distinta y, sin embargo, lo intento luego de una risa seca por querer saber qué gano de robarle su apellido, de una familia que detesto por su respeta pureza. —Lo haría porque me debes un favor, porque te comportas como un imbécil luego de humillarte por ese favor, despreciando el pedido que te hago yo. Los favores se pagan y a los imbéciles se les cobra jodiéndoles. Me has demostrado que lo único que te interesa es tu familia, entonces me meto con tu familia, dándote a alguien más para que la incluyas. Dejas en claro que celas por el estatus de los Helmuth, entonces me meto con tu estatus— remarco con mi dedo dándole golpecitos a la mesa. —Si no quieres hacerlo… deja de ser un imbécil y vuélvete a mostrar tan servil como la otra noche, porque quiero recuperar a mi hija y eso es imposible, pero si era cierto que harías cualquier cosa, puedo darte un imposible.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Sáb Jul 25, 2020 7:10 pm

Por supuesto que lo harás, te lo guardas, pero aun así exiges que participe de uno de tus caprichos. No, no me malinterpretes, admiro que de verdad sientas preocupación por una hija, pero hay una diferencia entre pedir un favor que entra dentro de la legislación del país, y demandar que arrastre el nombre de toda mi familia para cometer una infracción de nuestras propias leyes — alzo una ceja, dedicándole una mirada que la analiza por fuera y dentro de toda su persona. — Me acusas de hipócrita, pero eres quien está sentada en una silla de poder, das órdenes en cumplimiento de la ley, y aun así eres la primera en incumplirla, ¿qué dice eso de ti, Rebecca? ¿Realmente estás aquí para hacer lo que se pide de ti o porque te beneficia el lugar que se te ha dado? — no se trata de una situación de vida o muerte, es un capricho que tiene porque recién se ha dado cuenta con su hija que sí le influye el que su madre y padre sean parias, incluso cuando ha hecho todo lo que está en su mano para que no la cataloguen como una, sigue vistiendo el uniforme que los etiqueta a todos como marginados de la sociedad.

No piensa en las consecuencias que tienen sus actos, nunca lo ha hecho, ahora solo pretende arrastrarme con ella, así como hubiera disfrutado de hacer en el pasado, esta vez se cree que tiene la oportunidad de hacerlo. Todavía me culpará por mostrarme escéptico, cuando sé muy bien de dónde vienen sus peticiones, no me queda otra que suspirar abruptamente, empezando a sentir cómo voy perdiendo la paciencia de a poco, y eso que me considero un hombre con bastante aguante. No voy a decirle que movilizar a un grupo del departamento de aurores no es lo mismo que falsificar papeles de nacimiento, en una sociedad donde la primera crítica que se recibe en la vida es acerca de la procedencia de uno mismo, bajo un apellido que podría ser tu fortuna o tu desgracia. Ahora al parecer tengo yo la culpa de que haya tenido la familia que se le otorgó y la que decidió adoptar después al cambiarse de nombre.

No espero que pienses que vaya a mostrarme gentil ante la sola idea de que quieras desprestigiar el nombre de mi familia como pago por un favor — respondo ante sus acusaciones sobre comportarme como un imbécil. Ella lo ve como un acto estúpido, yo como uno defensivo hacia las personas que me importan. ¿Qué puede entender ella de eso? Nunca ha tenido problema con ensuciarse sus manos, su nombre, para conseguir lo que quiere, ¿por qué siquiera me sorprende que quiera hacer lo mismo con su hija? Me inclino hacia atrás en mi asiento, mucho más calmado de lo que me siento por dentro, mucho más pacífico de lo que ella se muestra al golpear la mesa con sus dedos. — Muy bien, hablas de que quieres recuperar a tu hija, pero antes mencionaste una segunda propuesta que nada tiene que ver con adoptar apellidos — hago un gesto con mi mano en señal de que tiene mis oídos a su disposición.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. Helmuth
Ministro de Salud

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