The Mighty Fall
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Things you've never said out loud · Alecto

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Mensaje por David Meyer el Sáb Jul 04, 2020 5:22 pm

Sigue de Complicated
Mayo, flashback.

Rompo la cubierta de chocolate con la cuchara cuando trato de cargar con un poco de este y también del granizado que está debajo. —Ya que vinimos teníamos que aprovechar, ¿no? Solo no le contemos a Mor— digo al llevarme la cucharada de helado a la boca, creo que el perro podría sentirse traicionado si se entera que se está perdiendo de estar corriendo de un lado al otro de la orilla, ensuciándose de arena y metiéndose en el agua hasta quedar convertido en un enchastre que lo obliga a primero darse un baño que lo deje decente, si pretende que Alecto le permita volver a echarse en el sillón. De todas maneras, no creo que traerlo sea algo que ella puede ver sin acordarse de lo que le pasó al perro que tuvo de niño, por eso mismo al salir de la casa de Phoebe tomé el camino hacia el paseo de tiendas que se aleja de la orilla, pero con una extensa terraza desde la que se puede seguir viendo el paisaje y algunos restaurantes lo aprovechan, también el hombre que vende los helados. —¿Te da miedo verlo desde aquí?— pregunto al apuntar con mi cuchara hacia el mar, hay quienes considera que no hace falta a esperar a las vacaciones de junio y en mayo ya están montando un campamento con sombrillas, padres gritando a sus hijos que no se alejen demasiado y obvio que lo hacen, así que más gritos. No los escuchamos desde aquí, pero puedo imaginar la escena por tener una hermana que podría descubrir Atlantis si se lo propone.

Sigo raspando mi helado dando de esos espacios en los que no pregunto para que sea ella quien hable cuando así lo quiera, como desconozco hace cuánto sabe lo de su padre y quizá esta técnica no sea tan buena como creo, no le doy más vueltas. —¿Qué pasó en la casa de Phoebe?— pregunto, si me pongo a pensar por mi lado, esto puede ser un drama mayor en mi cabeza de lo que podría ser en verdad, si de alguna manera consigo incluir al padre de Alecto en toda esta cuestión como la gran incógnita que es. Sus padres la tuvieron en el norte, eso lo sabemos, sé que Phoebe también estuvo por ahí… por lo determinada que se mostró en su momento al decir que no quería saber nada de su padre, ni continuar removiendo lo de su madre, dudo que le interese ir al norte para seguir huellas ajenas y lo que me extraña, es como todo eso la termina encontrando donde está. No tiene ninguna lógica. Yo le había dicho que no era sano esconderse dentro de muros, pero puedo considerarme entre los primeros problemas que la hallaron de todos modos. Su madre es otra cuestión, no solo es un problema, es su superior. Y yo que me quejo a veces de mi jefe… —La única cosa coherente que se me ocurre es que moviendo cosas, viste un boggart, relacionaste algo con tu padre y te asustaste. El resto de las cosas que se me ocurren son incoherentes— le aclaro, por eso ni las menciono. —Pero siempre di por hecho que no eres de las que se van cuando se asustan, así que tampoco suena muy coherente…
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Dom Jul 05, 2020 1:39 am

Desde que salimos de la casa de Phoebe noto que puedo respirar con normalidad, sin sentir que cada movimiento que hago es un paso en falso que me delata, delata que sé algo que ni ella ni su sobrina tienen idea. Es un olor conocido, el aire sabe a mar y de tantas veces que me quejé en mi adolescencia de la humedad en el ambiente, ahora no se puede sentir más cómodo tras salir de esas paredes. Ni siquiera sé a dónde vamos, ni me importa, con tal de no regresar, sigo los pasos de Dave y me sorprende que se mueva tan bien por las calles del distrito cuatro, mejor que yo que voy con la mirada en algún punto del suelo, mientras mi mente vaga en cualquier otra parte. Cualquiera diría que es originario de este distrito, lo asocio a las numerosas visitas que ha debido hacerle a Powell en los últimos meses desde que tuvo el bebé. No puedo decir lo mismo de mí, que no piso estos caminos hace ya más de medio año, en lo que parecía una decisión sin remordimientos, el estar aquí me golpea con que no es así.

Venir al cuatro es una burla de lo que fue mi vida y lo que es ahora. Puedo jurar que me he sentado en esta misma terraza muchas veces, en mi infancia, menos en mi adolescencia. El helado que se derrite en la tarrina de cartón apoyada sobre la mesa donde estamos sentados me recuerda a que alguna vez la propia Georgia me llevó a tomar granizado aquí, demasiado elegante como para sentarse entre los que calificaría como vulgares hijos de pescadores, terminábamos por dar un paseo entre lo que yo saciaba mi estómago antes que sentarnos a ver el mar como estamos haciendo Dave y yo en ese instante. — No — respondo, sin haber empezado el helado apenas y con la vista fija en la marea que va y viene sin pararse en ningún momento. También lo hubiera admirado de ser más pequeña, desde la arena lo más alejada posible y con terror, probablemente terminé siendo tan blanca porque llegó una época en la que no regresé a la playa para encerrarme en mi habitación. Pero no, de eso se encargó la genética heredada de mis padres, más bien de mi madre, en la cual no quiero ni siquiera pensar.

Qué paso en la casa de Phoebe, cómo explicarlo sin sonar una paranoica, sin montar un drama de todo esto como diría David que es lo que he hecho al rechazar la compañía de las Powell. Con la cuchara de plástico remuevo lo que se va derritiendo del helado, no con intención de tomarlo, sino más bien como estrategia para ganar tiempo. — No vi ningún boggart, ni estaba asustada de nada — es cierto, por mucho que lo haya interpretado en base a mis expresiones faciales, no era susto lo que estaba sintiendo. — Aunque sí que me hubiera gustado que me hubieras dicho a quién íbamos a visitar desde un principio, nos hubiéramos ahorrado un buen espectáculo y estoy segura de que ahora ambas piensan que soy un bicho raro o algo así — ¿me importa? No sabría decir, probablemente no, son completamente ajenas a mi vida por mucho que compartamos parte de genética. Nuestras vidas siguen caminos tan distintos que no creo que en ningún momento se vuelvan a juntar.

El aire vuelve a sentirse pesado ahora que nos hemos sentado, como lo hizo en su momento, de modo que tomo aire para soltarlo seguidamente en un suspiro. — Ahora es el momento en el que me reprochas por qué no te dije que Rebecca me había dicho quién es mi padre — le dedico una mirada, me sorprende que no lo haya hecho ya — No te lo dije porque la trascendencia que pueda tener en mi vida es completamente irrelevante, ¿de acuerdo? Es importante que tengas eso en cuenta para lo que estoy a punto de decirte— mis ojos se fijan un poco más sobre los suyos, no tanto como para que pueda notar que lo que digo es basura, vamos, que ni yo me lo creo — Sabes que mi madre se movió por el norte durante mucho tiempo, lo que yo supuse de que se quedó embarazada de algún vagabundo repudiado, pues bueno... no estaba muy equivocada. Lo que no esperaba era que me dijera que ese hombre es el mismo terrorista que supone una amenaza para el país entero, que coincide que es el padre de Phoebe y su hermano — lo suelto de a una, como arrancar una tirita, nunca se hace despacio porque es más doloroso, mejor sacársela del tirón. — ¿Ahora entiendes por qué actué como actué en su casa? Esto no puede salir de aquí, Dave, de entre nosotros, no resulta en beneficio de nadie, tienes que prometerme que no vas a decir nada, que te lo guardarás — que el silencio me libre de tener que soportar lo que aguantan los Powell solo por ser hijos de quienes son, no necesito la misma cruz para mí misma, suficiente tengo con mi madre.
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Mensaje por David Meyer el Dom Jul 05, 2020 5:43 am

Su helado derritiéndose no es una buena señal, quizá prefería volver al departamento y eso era lo que yo no quería. Hay una cierta paz conquistada en el espacio que compartimos, que tendemos a dejar ciertas cosas en la puerta para que no entren a perturbarla. Podemos hablar en un lugar que esté limpio de nuestras reglas, donde podamos dejar lo dicho si luego no queremos volver sobre ello o donde pueda mirarla a los ojos sin que todo lo cotidiano me haga creer que todo sigue igual que siempre. No cuando lo que se guarda bajo la superficie tiene maneras repentinas de resurgir, en casas de amigos ante los cuales debemos explicarnos y por lo bien que conozco a Phoebe, las explicaciones que me pediré serán mínimos, así que Alecto es y sigue siendo quien se lleva toda mi preocupación en esto que llama un espectáculo. —Phoebe es la última persona que pensaría algo así, ha pasado por tantas cosas en su vida, que no tiene por hábito juzgar el comportamiento de nadie— suena a que la estoy defendiendo, si bien no hace falta. —Meerah tampoco lo haría…— digo en un tono más bajo, conozco el carácter de su tía así que puedo dar palabra de ello, pero no creo haber entendido aun todos los matices en el carácter de Meerah. —Y si algo así ocurre, de todas formas, nunca me pondré a pensar en lo que opinan el resto de las personas, sino qué ha hecho que te pongas así— continuo. Lo que ella llama un espectáculo tampoco ha sido tal cosa, se pueden montar situaciones mucho más incómodas, desopilantes o vergonzosas, pero entiendo que haya sido mucho para ella que tiende a medir sus acciones.

Escarbo en mi helado para cargar mi cuchara al decir: —No, no iba a reprochártelo, si no me lo dijiste por alguna razón será o porque no era importante para ti...—. No puedo sentirme ofendido con ella por «ocultarme» cosas, cuando hay algunas que yo sigo sin poder compartirle y mi intención de ser honesto pasa por no mentirle a la cara, eso es lo que no quiero, porque necesito poder mirar a alguien a los ojos sin tantas barreras de por medio y es lo que hago cuando me habla de su padre, ese hombre que dimos por hecho que no tenía la importancia para ser mencionado, porque no creímos que pudiera igualarse a su madre en el peso que le supone a Alecto, lo diga o no, de compartir su sangre. Se me cae la cuchara al oír que ese hombre es Hermann Richter. —Ah… maldita sea— mi voz se escucha varios tonos por debajo de lo normal, esto es una mierda.

Tengo que parpadear para no perder el rostro de Alecto como mi punto de referencia con la realidad, porque estoy tratando de imaginar en qué mundo es posible que la jefa de los licántropos haya tenido una hija con el hombre que está liderando a un par de terroristas que le hacen temblar el suelo a Magnar. Y que esa hija sea Alec, quien creció en sus muros seguros, convencida de lo que hace. —Esto es una mierda— tengo que ponerlo en voz alta. Recupero mi cuchara solo para dejarla a un costado, así como a lo poco que queda del helado. —No diré nada, lo prometo. Nunca le contaría a nadie, si algo como esto puede ponerte en aprietos— digo, ambos debemos tener muy presente lo que fue esa entrevista que publicaron sobre la infancia de Phoebe y su hermano. Si llega a correr el rumor de que ese hombre tuvo otra hija, vaya a saberse para qué podrían rastrearla la prensa y los del ministerio, la verían como otro instrumento más que usar porque así se manejan y ninguno de los dos lo quiere, de alguna manera seguimos siendo caras poco conocidas en esta gran guerra que se desenvuelve fuera, lo que nos da libertades mínimas como estar sentados aquí en este momento. —Alec— la llamo para que sepa que le hablaré en serio, que espero una respuesta seria, —dime la verdad, ¿no me lo contaste porque es irrelevante o porque es tan relevante que te daba miedo sacarlo fuera?— pregunto.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Jul 06, 2020 10:46 pm

Puedo hacerme a la idea, solo hay que ver como salió mi madre— murmuro, aunque no me ha dado precisamente la impresión de que Rebecca y Phoebe sean parecidas, todo el que termina en el norte tiene sus propias historias qué contar. No me hace falta hacer mucha memoria para recordar la entrevista de los Powell y deducir de ahí que no le siguió un camino placentero, pero estoy lejos de ponerme a comparar experiencias. —Aun así, me sabe mal que nos hayamos tenido que ir así, no pretendía sonar descortés— si se lo reconozco es para que se lo remarque la próxima vez las vea, no dudo que se demore de todas formas en hacer esa visita después de esto como aclaración de que no era mi intención tratarlas de ese modo. Puedo ser muchas cosas, pero no tiendo a ser una basura con las personas que acabo de conocer, me toma un par de encuentros más para llegar a esas condiciones en las que sí medito si es alguien de mi agrado o no.

Suelto un bufido por lo bajo a la par que alzo las cejas, como si todo lo que pienso pudiera resumirse en ese gesto y no hace falta, ya lo hace el propio Dave con su respuesta. — Exacto, maldita sea — ¿hay otra forma en que se pueda expresar mejor? Lo dudo, no esperaba una reacción diferente a la que tiene y si acaso le tengo que agradecer que no me devuelva una expresión de sorpresa en el rostro, sino que lo resumamos a esto, a unas cuántas palabrotas y un silencio al que nos acompaña el sonido del mar al moverse la marea y el de los niños a no muchos metros de aquí jugando en la arena, también de los que se ponen en cola para hacer sus pedidos de helado. Yo bajo la vista hacia el mío, se me ha hecho trizas el estómago como para desear llevármelo a la boca, a estas alturas en las que ya el propio calor lo ha derretido lo considero una pérdida de dinero, ni sé por qué dije que sí, creo que no lo hice.

Ponerlo como que es una mierda es una forma de decirlo. No puedo hacer otra cosa que pasear la mirada del contenedor del helado al paisaje que tenemos frente a nosotros, con mis antebrazos puestos sobre la mesa puedo apoyarme sobre una de mis manos al sostenerme la barbilla, y el ligero viento me hace un favor removiéndome parte del cabello de mi rostro. —No quiero que nadie lo sepa, tampoco quiero que se sepa que Rebecca es mi madre, creo que puedes entender las razones.— trabaja en el ministerio, mucho más de cerca que yo, se la pasa viendo archivos de civiles, como para saber que cualquier cosa hoy en día sirve para inculpar a alguien. No digo que eso vaya a ocurrir, pero tenemos el mismo ejemplo cercano de los Powell para saber lo que hace el gobierno con esta clase de informaciones. —¿No te parece irónico? Toda mi vida he crecido teniendo clara una cosa, que quiero que la gente me cuente la verdad y nada más que eso, me agrada la honestidad en las personas, y ahora que la tengo, todo lo que deseo es que forme parte de una mentira— murmuro, como pensamiento o como reflexión, se puede tomar como las dos cosas si tenemos en cuenta el tiempo que llevo queriendo que todo esto se disipe, desaparezca.

Murmuro algo parecido a un insulto por lo bajo que no llega a percibir, pasando mis manos por mi rostro hasta apartarme el pelo de la cara, me quedo a medio camino cuando murmura mi nombre y tengo que elevar la cabeza en su dirección para captar sus palabras. Mentiría si dijera que no me quedo un momento pensando qué responder, hoy en día no tengo nada claro como para reaccionar con una respuesta directa como solía hacer. —Es una jodida mierda, Dave, no hay otra forma de ponerlo, claro que es relevante, porque siento que todos están jugando conmigo, mi madre, mi abuela... jugando todo el tiempo, y yo recién me estoy enterando de las normas— no engaño a nadie diciendo que nada tiene importancia, que lo que importa es quién sea yo y nada más, pero hasta un estúpido sabe admitir que eso no es cierto, que hay un factor que todos tenemos y que no es algo de lo que podamos librarnos tan fácilmente. —He descubierto que soy más parecida a mi madre de lo que creo, toda mi actitud... asumía que era porque tenía carácter, ahora la veo y solo puedo pensar que solo es una cosa de las otras tantas que he podido heredar de ella.— no hace falta darle mucho contexto a mis palabras para distinguir la rabia que esto me da, para lo siguiente solo puedo que suspirar con mucha pesadez —¿Pero Richter? Obvio que me asusta descubrir lo que tenga de él— es algo que no puede negarme, la genética es fuerte, lo queramos o no. También nos define.
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Mensaje por David Meyer el Vie Jul 10, 2020 2:20 am

No se me ocurren dos mujeres en puntos más opuestos para comparar que Phoebe que está cuidando sola a su hijo y la mujer que Magnar Aminoff trajo del norte para su guerra con los rebeldes, en lo que coincido es que todo aquello que les haya pasado en esos distritos solo ellas sabrán, ninguna estuvo ahí de paso, ni unos pocos años, sino que hicieron y se vieron obligadas a tener una vida allí. —Pero al final es lo que cada uno elige hacer con todo lo que tuvo que pasar…— susurro, decirlo un poco más alto sería arrogante, dudo que a la misma Phoebe le guste escuchar un comentario así aunque sea en halago a ella y crítica a la otra mujer. Siempre que lo diga alguien que ha tenido ciertas comodidades en la vida suena hipócrita, y con todos los claros y oscuros que pueda tener mi familia, más de una vez me echaron en cara que soy de los que crecieron en una casa con patio y cercas blancas. Pruebo con una sonrisa cuando el haber sido descortés parece preocuparle en serio. —Puedes comprarle un regalo a Denny y le diré a Phoebe que en serio no querías irte así…—. No, no tiendo a creer que todo se arregla desde lo material, pero es un buen gesto para tener con quien es sin dudas lo más importante para ella y si acaso está enfadada, lo que dudo, se conmoverá.

Incluso esa sugerencia cae como un guijarro arrojado a un mar inmenso que no vi venir, porque en las muchas relaciones que se empiezan a formar en mi cabeza, decirle que le compre un regalo a Denny, es decirle que le compre un obsequio a un niño que en cierto sentido es su sobrino. Es la relación aislada que puedo hacer, porque algo que me cuesta mucho y me va a llevar mucho esfuerzo lograr ver en mi mente, es a Alec como hermana de Phoebe y el ministro Powell. Hay una grieta ahí en medio de algo que se rompió antes de que pudiera ser una misma cosa. Porque no veo, ni creo que ella pueda verse a sí misma, como hija de alguien como Hermann Ritcher. Estamos hablando de… Alec. Ese hombre va en sentido izquierdo, ella en el sentido derecho, en todo lo que implica decir que una persona opta por esas direcciones. Remuevo lo poco que queda de mi helado con culpa por ser de los que contribuyeron con un par de mentiras a su vida cuando no era lo que admitía en un principio. Pese a su deseo de que todo sea una mentira, quienes ponen tan por delante la verdad, siempre la terminan encontrando, quieran o no, les guste o no. Para vivir en mentiras y que estas se sostengan, uno tiene que ser parte de eso, dejarse engañar.

Me quedo en silencio al no saber qué decir y acabo mi helado con un vistazo al suyo que se echó a perder, recojo ambos para tirarlos al contenedor que está convenientemente cerca de la mesa, así la terraza puede permanecer limpia ante la cantidad de gente que debe pasar por aquí todos los días. La miro por encima de la mesa que me concede una distancia peligrosa, puedo verla todo lo que afectada que debe sentirse por las mentiras y las verdades que tiran de ella de un lado y del otro, y también sentirme muy alejado, con un peso en el estómago por la impotencia de no saber qué hacer o decir. No sé a dónde se han ido todas las frases hechas, las palabras de aliento, tengo la mente en blanco al querer decir algo que sea lo correcto, lo indicado en este momento, porque se trata de Alecto y me encuentro sin saber qué decirle cuando el panorama coloca a un terrorista como la pieza que faltaba en el puzzle de su vida. Todos los consejos de mierda sobre que siempre hay algo bueno al final, cuando ves el cuadro completo, no se estaría aplicando a la vida de Alec. —No, escúchame, hay cosas que puedes decirme que crees ver en tu madre… pero ustedes son personas distintas. Tú, ella, ese hombre. Son personas que han atravesado por cosas distintas, eligieron una cosa sobre otra, tomaron decisiones distintas…— trato de convencerla, —quienes son nuestros padres solo dice una pequeña parte de nosotros, el resto es la vida que vivimos y las elecciones que tomamos—. Tenemos la misma edad, no puede creer que todo lo que tiene que ver con ella está dicho por quiénes son sus padres, yo al menos no tengo idea de quien seré mañana, pero sé hacia donde me gustaría ir y creo que eso va marcando un camino. Rodeo la mesa para ocupar un espacio a su lado y la rodeo con mis brazos antes de que pueda quejarse. —El mundo es una mierda, la vida es una mierda, tocará dar un par de puñetazos para que mejore, pero estaremos bien y por encima de todas las cosas, te pararás siendo tú. No la hija de alguien, solo tú.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Sáb Jul 11, 2020 10:45 pm

Ni siquiera deseo preguntar qué es lo que ocurrió con esta mujer, aparentemente casada, ni de lo que fue su vida en el norte, porque tampoco es algo que haya querido hacer con mi madre, así que al final solamente asiento con la cabeza, coincidiendo con lo que dice a pesar de no plantearme mucho más allá de lo que uno mismo se puede imaginar. Sí tomo su propuesta con un poco más de interés, echándole un vistazo de lado. — ¿Qué se le compra a un bebé? — espero que no suene tan estúpido como yo lo escucho salir de mis labios. Para una persona que se sabe inteligente, como yo, lo cierto es que no puedo ser más ajena a las cosas que pasan de forma natural en la vida. Es un reflejo mismo de lo poco familiar que siento mi relación con cada uno de los que son mis padres, biológicos o no, cada uno de ellos tuvo su manera de ejercer una presión lejana, y aun así resistente, sobre mi propia vida. Es la resolución que saco al no haber sabido cómo dejar ciertos vínculos, y saberlos también tan rotos que resulta increíble que todavía pueda decir que existen.

No hubiera puntualizado esto hace unos meses, muchos, en realidad, que lo que me gusta de Dave es que siempre tiene algo bueno para decir, porque yo soy lo opuesto en cuestiones que me dejan decir todo lo que puede estar mal en algo. No soy de las personas que se rigen por ese “si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada”, lo considero una tontería absurda de aquella gente que prefiere no verle la negativa a las cosas. Todo tiene su parte mala, solo los optimistas extremistas podrían discutírmelo, suerte que David no es uno de estos, él simplemente se dedica a reservarse los detalles que podrían resultar dolorosos, centrarse en lo bueno, y hay una diferencia muy grande. — Como sea… — suelto resignada, tomando sus palabras como un consejo más que una lectura, que sé de sobra que como abogado tiene una tendencia a hacer de todo un discurso. — Ven, vamos a dar una vuelta… — me separo de su abrazo para tomar su mano y alejarnos de la terraza de la heladería para no hacer de todo esto un momento que exceda en sentimientos, eso sí me define, puedo contar con los dedos de una mano las personas que me importan en el día presente e irónicamente, entierro esos dedos en los suyos mientras tiro de su cuerpo.

Siempre vi el cuatro como un distrito demasiado familiar, me hubiera gustado apreciarlo siendo más niña, pero mis padres no solían bajar al puerto, ni ir a la playa, o cosas como esas, estaban más ocupados en sus reuniones de empresa y organizando cócteles. — porque creo que nunca le hablé de mi familia mucho más allá de lo obvio, aprovecho la visita al distrito que supuse de nacimiento para contárselo. — No espero que te sorprenda que por esos motivos solía ser una cría un poco solitaria, además de porque me creía más inteligente que el resto, eso también — intento bromear, dedicándole una sonrisa, quizá demasiado forzada para mi gusto. Por eso no me gustan las bromas, ni siquiera sé como se hacen. Camino hasta el final de la calle, al otro lado del paso sigue el paseo marítimo y se extiende hasta donde se comienzan a ver los barcos zarpar, pero tomo un giro inesperado al seguir un camino de piedras que pronto se mezcla con la hierba, nada más que una cuesta pequeña para dejar a la vista un parque para niños, no demasiado grande, pero se puede ver que eso no es un inconveniente para los padres que traen a sus hijos aquí. Intento tragarme la cara de espantada al ver a un niño meterle el dedo en el agujero de la nariz a otro. — No me gustaba el mar, pero tenía una niñera que solía traerme aquí, y pasábamos muchas horas, estar en mi casa se me hacía un poco agobiante, a pesar de lo grande que era, lo cual es irónico porque años después lo que me parecía agobiante era estar fuera — llevo la mirada hacia las casas del fondo, muy al fondo, allí donde se pavonean los ricos de tener las mejores casas del cuatro, entre esas está la de mis padres. Bajo la mirada para descubrir a uno de los padres separando a los niños que estaban en proceso de matarse mutuamente. — Supongo que es lo que ocurre cuando empiezas a entender como funciona el mundo — que es una mierda ya lo ha dicho él, yo solo lo reafirmo con ese comentario. Y por sobre todas las ironías que se pueden escribir, todas las casas tienen muros.
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Mensaje por David Meyer el Dom Jul 12, 2020 11:46 am

Pues…— murmuro, es más fuerte que yo el deseo de bromear sobre su ignorancia en cuanto a regalos para bebes, —con una tablet o un robot de bolsillo basta para que cuente como regalo de disculpa para su madre, si es posible, que sea de esos robot de bolsillo que le limpian la baba…— lo digo lo más serio que puedo y como no quiero que me abandone en esta playa de la nada al darse cuenta de lo ridículo de mi comentario, me retracto de inmediato. —Con un sonajero o un peluche bastará—. Está implícito que puedo acompañarla a elegir si quiere, cuando lo más probable es que resolvamos esta cuestión mirando un catálogo en línea mientras cenamos, no hace falta pasar por el momento violento de ir a una tienda abarrotada de juguetes y niños, puede ser mucho para ella en un solo día.

Luego de todo lo que me cuenta, lo que creo que puede ser mucho para ella es nada. Me reservo todas las dudas de cómo pudo haber guardado por tanto tiempo la identidad de su padre biológico, y no porque crea que estuviera obligada de alguna forma a contarlo, sino a la necesidad de gritar que puede surgir de callar verdades como estas. Pararnos en la terraza del edificio para gritarle al universo que es una mierda a mí me suena como una buena idea. Sea o no su intención darle trascendencia al nombre de su padre, por dentro es un proceso que no puede detener, lo atravesará aun en silencio y pese al intento de hacerle saber con un abrazo que puedo estar para ella, no estoy seguro de que el gesto sea suficiente para llegar a ella y al lugar donde protege todo lo que no dice, que no hace falta que me lo diga tampoco si no quiere o son de esas cosas que hacen más daño al decirlas en voz alta. Puedo quedarme yo solo maldiciendo al mundo, que ella lo deja en un «como sea» y, por eso mismo, entre los «que mierda es el mundo» y los «como sea», me agarro a su mano.

Procuro ver la playa a la distancia con sus ojos, como si fuera un paisaje visto tantas veces por haber nacido en el distrito, en el que la arena no es tan brillante, ni el mar de un tono tan vivo, como si fuera una fotografía analógica que la hace ver como una imagen más desgastada, con su propio tinte que oscurece algunas zonas. Trato de verla a ella como la niña solitaria que describe, si busco en mi memoria lo que recuerdo de cuando fuimos a la escuela, puedo hacerme una idea bastante cercana. —Eras más inteligente que el resto— lo digo como una certeza con un marcado énfasis, es muy probable que no esté colaborando con la humanidad al incentivar a su yo niña del pasado, pero tenía que decirlo. Tengo la impresión equivocada de que nos estamos alejando de todo, cuando bajamos a un parque escondido en el que varios niños están pasando el rato, lo que se me hace extraño porque venimos de escapar de una casa con bebés y por unos segundos también había pensado que era una locura llevarla a una juguetería. Bordeamos el problema, para meternos de lleno en él y tengo que alzar la mano para detener un balón que venía hacia nuestras caras. No sé qué tan normal sea que pueda verla a ella sola en este parque, con siete u ocho años, y que el resto de los niños simplemente desaparezcan. —Sí, eso suele pasar cuando vas entendiendo el mundo, también te vas dando cuenta que no se trata de lo que haces… sino con quien o quienes lo haces. El mundo se hace más llevadero cuando no lo cargamos solos sobre nuestros hombros— algún día haré un catálogo de frases hechas. —Entonces… ¿soy tu primer amigo en este parque?— sonrío al mirarla. Suavizo la curva en mis labios al preguntar con cuidado: —¿Se siente agobiante ahora?
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Mar Jul 14, 2020 9:51 pm

Apenas se nota que no capto la ironía en sus palabras, el que frunza el ceño se debe a que no hubiera esperado que esas cosas se regalen a bebés, no cuando todavía son tan pequeños al menos. ¿Cómo va sostener una tablet, si apenas y parece que puede tomar un biberón? El ruedo de mis ojos cuando descubro que solo me está vacilando se hace bastante evidente, y si no resoplo es porque todavía estoy pensando en dónde encontrar algo de ese tipo, que no es como si frecuente tiendas para bebés. — Se lo llevarás tú, ¿de acuerdo? — que ya prometió que volvería y no estoy como para aparecerme en esa casa de nuevo en un tiempo cercano, o siquiera alguna vez del futuro. Aparentemente Powell y Dave son buenos amigos así que me aprovecho de esa amistad para que sea él quién vaya a pedir disculpas, por mi comportamiento, sí, ¿no que para eso también están los amigos? Siento que se lo tomará mejor viniendo de alguien que conoce, y no de una completa extraña.

Mi respuesta a esa afirmación que no esperaba recibir de su parte es una sonrisa sardónica, antes de regresar la mirada hacia el parque, ahí donde unas niñas se balancean en los columpios.  También se lleva un codazo que corre por mi cuenta por ese comentario atrevido. — Sí, pero no serías el primero al que golpeo con un puñetazo — le aseguro, volviendo sobre esa sonrisa que dejé a medias. No miento al decirlo tampoco, que eso de ser solitaria también me lo gané a pulso, cuando alguien se me acercaba para tratar de jugar conmigo, lo que hacía era volcar su cubo de arena o meterle el dedo en la nariz, mismamente como ese niño al que acabo de ver siendo separado por su padre. Casi como ahora, en las dos versiones de mí misma me merezco estar sola y, aun así, estoy sosteniendo la mano de a quien estoy segura insulté alguna vez en el colegio por lo bajo.

No, se siente irreal — respondo, sin una pizca de temblor en mi voz, sin que apenas me cambie la expresión en el rostro. — Lo cual tiene sentido, ¿no? No dejó de ser una farsa sobre lo que era de verdad — no pretendo que suene a que estoy sintiendo lástima por mí misma, sino decirlo al frente por lo que es, se siente adecuado hacerlo cuando la última vez que pisé este distrito fue para discutir con estos padres. — Pero hay una cosa que no entiendo, que no llego a comprender del todo… Si todo esto no era más que un engaño, y la primera que lo empezó fue la propia Georgia, ¿qué ganaba con contarlo, tantos años después? Hasta mis padres se vieron sorprendidos con que lo supiera, ¿qué esperaba mi abuela que ocurriera? Uno no dice la verdad si no espera recibir algo a cambio, o sacar algo de provecho, conozco a Georgia, no lo escupiría si no supiera que gana algo con ello — o al menos esa es la visión que tengo de ella, una no muy errada a juzgar por su vida misma. Sacudo la cabeza en negativa, aunque de manera muy lenta — No me hizo ningún favor ese día, hubiera preferido seguir viviendo en una mentira — después de todo, de esa manera nadie hubiera salido herido, y no es como si Rebecca tuviera intención de retomar su papel como madre. Me hubiera ahorrado muchas comeduras de cabeza si simplemente hubiera mantenido la boca cerrada.
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Mensaje por David Meyer el Jue Jul 16, 2020 9:18 pm

Tengo muchos recuerdos, demasiados, que tienen que ver con plazas de juego, con parques de diversiones, si fuera por mis padres hubieran montado su propia feria de juegos con una montaña rusa en el sótano… la tienen pero sin la montaña rusa. Disfruté de esas cosas en el tiempo que tenía que ser, pero a diferencia de ellos decidí crecer cuando sentí que era el momento de hacerlo y si se me dan los niños debe ser porque sigo tratando con tres en casa. Pero consigo poner mi distancia entre lo que soy y los niños que veo trepándose, comiéndose los mocos, empujando a otros en las hamacas, creo que aquella niña le está rompiendo el dedo a aquel niño -¿es qué nadie los está mirando?- por haberse adueñado del arco para escalar. Procuro no ser de las personas que vuelven sobre los niños que fueron y sienten que algo les faltó, personas que tratan de recuperarlo con una demora de años, pero la nostalgia está permitida, el repaso de esos recuerdos, poder hacerlo con la distancia que se debe quiere decir que avanzamos desde entonces.

Fuiste real, cada cosa que viviste fue real, todo lo que tuvo que ver contigo, lo que hiciste y quien fuiste… no fue una farsa— digo lentamente, porque si todo fuera una mentira, sería nada, no me gusta que mire hacia atrás y no vea nada. —Hay muchas cosas de nuestras vidas, cuando vamos creciendo, que no dependen de nosotros. El mundo en el que habitamos lo van construyendo las personas que nos rodean con las cosas que dicen y que hacen, heredamos y se nos imponen verdades que creemos irrevocables. Siempre es así al principio, nunca es un mundo que nos pertenece— esta plaza, los niños, el mar a lo lejos, son paisajes que están ahí y pueden quedar estáticos en imágenes; cómo los vemos, los experimentamos, son interpretaciones que corren a cuenta de cómo nos enseñaron a mirar el mundo. —¿Conoces el mito de la caverna? ¿Qué somos criaturas mirando a una pared en la que se proyectan sombras hasta que un día logramos salir de la cueva y el sol nos ciega?— pregunto, sí, bien, quizás ese es un comentario innecesariamente complejo para lo que quiero decir.

Y luego están las certezas que encontramos y construimos por nuestra parte. Si nuestro entorno son mentiras…—, muevo mi dedo para dibujar un arco en el aire que nos envuelve, —aunque estemos seguros de nuestra verdad, no lo será. Y algo que necesitaremos al crecer será formar y creer en nuestras propias verdades— digo, paso mi brazo sobre sus hombros para acercarla en un abrazo breve. —¿En serio lo hubieras preferido?— susurro contra los mechones oscuros de su cabello. —No sé por qué lo hizo tu abuela, suelo pensar que es porque las mentiras tienden a saberse tarde o temprano, una vez que son dichas, se sabe que algún día tendrán que ser reveladas. Los mentirosos lo sabemos, es cuestión de tiempo— digo al apartarme para que recupere su espacio. —Las mentiras se hacen con palabras y las palabras son efímeras, pero la verdad suele estar en las cosas que no se dicen y por eso es imperecedera, puede durar en el tiempo, cuando te das cuenta siempre estuvo ahí.
David Meyer
David Meyer
Abogado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Jul 20, 2020 9:53 pm

No es real cuando te dirigen hacia un barranco, deja de serlo en el momento en el que te golpean de seco con la realidad de los hechos — no espero que lo entienda, ahí donde yo puedo tener la familia más desestructurada del planeta, no he visto familia que funcione más como una que los Meyer. Sí, todas las familias tienes sus cosas, sus subidas y bajadas, problemas internos, nadie se libra de eso, pero puedo decir que le envidio hasta lo más bizarro que pueda haber detrás de su aparentemente cómodo bienestar con sus padres. — Esto no es lo mismo que decir que Papá Noel no existe o que el hada de los dientes son realmente los padres, juegas con la identidad de una persona, que de acuerdo, reconozco que no soy la amiga de mejor humor con la que te cruzaste en tu vida, pero creo que todo el mundo tiene derecho a formar su propia imagen — con sus defectos y virtudes, con sus puntos débiles y los fuertes, sus propios gustos y aficiones, lo que sea. Esto es como un juego en el que empiezas a apilar piezas una encima de otra, cada una con su propia forma y características, que de alguna manera nos van construyendo como personas. No dejas que alguien se levante en base a unos principios, inseguridades, con todos los golpes que ya de por sí nos va arrojando la vida en un intento de desequilibrarnos, para luego golpear todos esos cimientos abajo, lo dejas para que se reconstruya de nuevo, ¿en base a qué? Si todo lo que conoce le resulta una farsa, y lo nuevo no vale, porque eso es lo que es, nuevo. A todo el mundo le asusta lo desconocido, no me engaña nadie que diga que es lo que le mueve a poner un pie por delante.

Asiento con la cabeza cuando me pregunta si conozco sobre ese mito filosófico del que todos tuvimos que aprender una vez, es uno de esos ejemplos que se pueden aplicar a toda la raza humana, si hasta yo tengo que reconocerlo. — Lo que nadie te dice en esa historia es que algunos la tienen más fácil para salir de la cueva, parece que todos estamos en misma igualdad de condiciones cuando se trata de ver sombras y no, no es así. Ni siquiera la exposición al sol es la misma — replico, aunque sé de dónde viene su intención de hacerlo apropiado para esta situación. En estos momentos debe odiarme en mi manía de cuestionar todo lo que dice, que siempre quiero tener la última palabra incluso cuando puedo no llevar la razón. Me molesta tanto como debería el descubrir que es otra de las cualidades que comparto con mi madre. No me quejo del abrazo a pesar de que en otro momento le hubiera pedido al segundo de rozarme que retomara su espacio personal para dejar el mío en paz, me limito a retener la mirada al frente, sobre algún crío que pase cerca. — Puede — contesto a la pregunta que hace para reafirmar mis palabras, esas que yo mismo discuto con la respuesta que doy ahora. Y es que estas cosas hay que pensárselas más de una vez, mañana probablemente tendré una opinión diferente, me levantaré pensando que es mejor esto que vivir engañada el resto de mi existencia, solo para decir al día siguiente que nada mereció la pena. Es un contraste desagradable cuando lo colocas al lado de la persona que solía ser, que si mi respuesta era un sí sería un sí hasta el día en que pasara a mejor vida. Lo estático es lo que me da seguridad, de eso no hay ninguna duda. — Las cosas irían mucho mejor si la gente se limitara a decir como funcionan de verdad desde el principio, pero, supongo, no estaríamos teniendo los problemas que tenemos si todos fuéramos honestos. Lo sé, Dave, sé que las mentiras son inevitables tanto como que la tierra es redonda, pero hasta los que creían que era plana tuvieron luego problemas para ver la realidad como era. — sigo, tratando de explicar mi punto. Ajustarse a lo nuevo es un proceso, no puede culparme por tener momentos de duda.
Alecto L. Lancaster
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