The Mighty Fall
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Of all the ironies in the world ▸ Rebecca

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Mar Jun 16, 2020 12:52 am

Es una ironía que, de las pocas posibilidades que uno tiene de alojarse en una residencia como la de la Isla Ministerial, la que termine ocupando la casa que queda frente a la mía, a unos cuantos metros de los jardines que rodean la mansión en que vivo, sea nadie más y nadie menos que Rebecca Hasselbach, como una bofetada que me traslada a otros tiempos en los que compartir vecindario lo consideraba una desgracia menor. Menor por el poco interés que causaban los Ruehl en mi familia en aquella época, no porque no fueran una presencia fastidiosa. Casi como ahora, podría decirse, si no fuera porque los años me pesan y sé cuando tengo que dejar a un lado el orgullo para tomarme esta vuelta de acontecimientos como una cosa más con la que lidiar, al igual que dentro del trabajo, y no como una venganza rencorosa del karma que sufrimos. Eso no quiere decir que no me cause cierto desagrado el conocer que la persona que todos en mi familia juramos que no llegaría a mucho más de lo que era, porque las personas como ella no dan mucho de sí, ha terminado codeándose entre la población más privilegiada, es decir, ministros y sus hijos.

No puede sorprenderme la reacción de ninguna de mis hermanas, una por tanto y otra por tan poco, Ingrid fue de quién recibí la primera llamada, con su tono de indignación al que estoy acostumbrado y que, esta vez, comparto. De mi hermana menor no podría haber esperado otra cosa distinta, que sea quién se mofe de como las tornas han cambiado para algunos es un chiste al que recurre cada vez que tiene oportunidad, incluida la comida del domingo anterior al día oficial de la inminente autoridad de la nueva ministra. Tuve suficiente con que esta presencia fuera un estorbo para las ideas disparatadas de Sigrid, como para soportar que sean ahora mis sobrinos los que la observen curiosos desde la amplia terraza de la mansión. No se podría pedir que fueran menos evidentes con sus intenciones de husmear a la nueva vecina, a mi hermana solo le hace falta comprarles un par de binóculos para hacerlo todavía más obvio.

Yo mismo observo desde la altura que aporta la terraza de mi dormitorio el panorama de la tranquila calle de nuestra residencia días más tarde, siguiendo con la mirada la figura de mi hijo, enfrascado en lo que sea que esté escuchando desde su teléfono. Me volteo para regresar dentro cuando por el rabillo del ojo aprecio a ver la cabellera morena de Maeve, tentado a quedarme unos segundos más, me retiro solo por la simple idea de empezar a parecerme a Ingrid, quién más de una vez ya me ha reclamado sobre las libertades que le pongo a mi hijo. Tras varios minutos decido que yo también necesitaría de un poco de aire fresco para ventilarme, compruebo que los dos chicos han desaparecido de mi rango de visión antes de que pueda recibir una advertencia de estar vigilando, cuando lo que debería estar vigilando es el otro lado de la calle cuando me volteo y veo a Rebecca aparecer, casi salida de la nada.  — Ministra — la saludo, consigo mantener un tono neutro cuando lo digo — ¿Día duro en el trabajo? — pregunto por cortesía, a pesar de que se puede apreciar la sonrisa de plástico.
Nicholas E. Helmuth
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Jue Jun 18, 2020 6:51 am

No es mi intención ocupar otros espacios de la mansión, que no sea una habitación en la cual poder dormir unas horas para descansar, pero el brillo que se refleja por unos prismáticos contra el cristal que recubre una pared entera del comedor, hace que disfrute de salir un domingo a sentarme en una de las cómodas tumbonas al borde de la piscina, para satisfacer la curiosidad de quienes parecen ser los más jóvenes portadores del apellido Helmuth. Bebo del trago que sostengo entre mis dedos hasta que las cabezas que veo a la distancia desaparecen de pronto, casi me arriesgaría a decir que por el grito histérico de la mayor de las hermanas Helmuth para que aparten sus ojos de la vecina, tal como solía escuchar que llamaba la atención a Sigrid cuando no era más que una niña con coletas que me hablaba cuando me veía pasar por la acera.

Diría que es de las mejores vueltas de la vida que podría darme la suerte, la cual ha hecho más que devolverme a lo que una vez me arrebató como la perra traicionera que es, me colocó en un sitio en el que literalmente puedo mirar de frente al próspero primogénito de los Helmuth. Lo diría si no fuera porque la única muchacha a la que le confío una copia de las llaves de mi casa, se pierde fácilmente en el trayecto para acabar en la puerta de enfrente, no para ver al ministro, sino al hijo de este. ¿Ya dije que la suerte es una perra? Sigue encontrando sus maneras de hincar en el costado de manera molesta, así es como me siento cuando le dirijo una mirada antipática a Nicholas Helmuth. —Todos los días son duros— contesto con sequedad, mi boca se tuerce en una sonrisa vacía. —¿Vas a invitarme a tomar el té y a comer pastel de manzana como un buen vecino, Nicholas?

No sería una mala idea, aún no he tenido oportunidad de una conversación con el padre de Maeve que siga este protocolo, pero no dejaré pasar la de tener una con el padre del chico que anda correteando detrás de ella. —He visto que tu hijo está encaprichado con mi protegida— lo digo sin vueltas, coloco mis manos en las caderas al continuar. —No me opondré a que un par de adolescentes pasen el rato, pero no me andaré con sutilezas con un muchacho que quiera pasarse de listo con Maeve, espero que tu hijo no sea de ese tipo— me ahorro el «por su bien»y el que tiene toda la pinta de ser del tipo que le gusta recibir atención femenina.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Dom Jun 21, 2020 3:18 pm

Se me asoma una sonrisa mordaz por esa contestación que, viniendo de una persona como ella, con lo testaruda que puede llegar a ser, ni siquiera me sorprende. — Es lo que tiene tomar un puesto como este, cada día siempre es un poco más duro que el anterior, no se toman decisiones fáciles, especialmente en situaciones como la tuya, ¿no? — alzo una ceja, a la espera de una respuesta que no le doy tiempo a realizar. — Debe de ser difícil tomar la posición de un antiguo compañero, que no se fue en los mejores términos — murmuro, haciendo referencia a Weynart, sí, pero sin ninguna intención de que mis palabras suenen venenosas porque en realidad, nunca tuve nada contra el tipo. Contra ella no podría decir lo mismo, más que siento cierta lástima porque tenga que recurrir a un puesto de trabajo que no ha recibido buenas críticas en los últimos años, por las mismas decisiones que tomó el ministro anterior. — Espero por el bien del país que puedas estar a la altura — vuelve a ser otro consejo, por el bien de Neopanem, pero también por el suyo, no quiere tener a Magnar Aminoff de enemigo, incluso cuando pienso que esta se lleva mejor con él de lo que siquiera puedo empezar a imaginar.

Me guardo el suspiro para otro momento y en su lugar hago un gesto con mis cejas, como desentendiéndome. — Dejemos las cordialidades entre vecinos para los que sí te reciban como una cara nueva en estas residencias — alzo un poco la barbilla cuando lo digo, observando las vistas detrás de ella en lo que el viento me golpea cálidamente el rostro — A no ser que tengas verdadero interés en tomar un té con pastas en mi casa, no veo por qué deberíamos extender una visita incómoda para ambos por mera cortesía, estamos algo mayores para eso ya, ¿no crees? — puedo saludarla cuando nuestros caminos se crucen, tener en cuenta su presencia en futuras reuniones que no tardarán mucho en llegar y similares, es la educación que me dieron mis padres para con ello y somos personas adultas, pero no le encuentro sentido a simular una relación afable entre vecinos más allá de lo que el protocolo y la educación requieren.

La expresión de su protegida me hace menear la cabeza con una sonrisa incrédula en los labios, casi simulando una risa silenciosa, como si estuviera dándole a entender que lo ha visto todo mal. — Me parece que tienes la visión equivocada. Maeve no es una mala chica, pero si te fijaras bien te darías cuenta de que es tu protegida la que anda mareando a mi hijo de un lado para otro todo el tiempo — respondo, pasándome una mano por la barbilla ante de volver a cruzar los brazos sobre mi pecho. — No es como si a ti tuviera que asegurarte algo, pero mi hijo no es la clase de persona que se aprovecharía de alguien, así que no tienes que preocuparte por eso. — que no es por tirarme flores con respecto a la educación de Oliver, pero es un buen chico, inteligente, estudioso y con el que puedo bajar la guardia porque sé que no se meterá en problemas. No creo que ella pueda decir lo mismo de Maeve. — En tu lugar pondría más esfuerzo en vigilar a tu propio cachorro antes que saltar a conclusiones precipitadas sobre Oliver — declaro, que no tengo problema con que pase tiempo con Maeve siempre que su conocida influencia tenga efectos mínimos sobre él.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Jue Jun 25, 2020 4:15 am

No se fue en las mejores condiciones, pero si se mantuvo tanto tiempo en el lugar que estaba, por algo será— digo, sintiendo un cosquilleo molesto en los brazos de esos que se pasan rascando con fuerza, a veces lo siento con este uniforme que llevo puesto. —No tomé este lugar para echar mierda hacia quien estuvo antes, porque no considero que la culpa sea de una sola persona, son varias en esta isla— y que no me diga que él es de salud, que Jensen se limita a lo de ciencia y tecnología, que Powell no sale de sus papeles de leyes, ¡ja! Se lo inestable que es el suelo en casilleros como el que me encuentro, que no me olvido que esto es un maldito tablero donde también soy una pieza ocupando una posición, todos tenemos más o menos influencia, todos estamos siendo más o menos influenciados, es un juego del que podríamos hablar si tuviéramos otro tipo de confianza, hablar de reglas que nos exceden a nosotros.

Pero no habrá té, ni masas, no practicaré cordialidad con quien tiene una manera de tratarme que hace que todo el tiempo tenga que revisar si no acabo de pisar barro y tengo las botas sucias, ni que hablar de su hermana Ingrid. Mi consuelo cuando se trata del esnobismo de Nicholas es saber que en el mundo hay alguien peor y es su hermana, con quien tengo el gusto de encontrarme seguido en la base de seguridad, obligándola a soportar mis ojos en ella que le dicen «mírame». —Estamos muy mayores para fingir cortesías, como para tomar hábitos nuevos. Creo que el mundo puede continuar sin saber lo que ocurre cuando una Ruehl y un Helmuth se sientan a tomar el té…— musito, lo torcido no puede enmendarse tras toda una vida de haber ido por ese lado.

Es casi natural oponernos a las palabras del otro, encontrando en un capricho de adolescentes la excusa para volver sobre una rivalidad que no debería pertenecerme, que no logro recordar si era tan arraigada en nuestras familias como el sentimiento que heredé. —¿Ella lo marea de un lado al otro?— suelto una carcajada hueca. —Es solo otra manera de decir que él le anda detrás— replico, que el chico tendrá una cara que pretende ser simpática con todos, pero no le veo tonto. Ni un pelo de tonto. Con un único paso me encuentro a una distancia que me permite alzar mi rostro para hacerle frente. —Puedes decirme que tu hijo no se aprovecharía de alguien, pero ve el mundo desde la misma altura que tú, y dime, a los que están juzgando el mundo desde ahí arriba, ¿les sienta a bien que el hijo de un ministro salga con una chica del escuadrón licántropo? Porque si luego van a abrazarse a sus principios clasistas que los coloca arriba, déjame decirte que descartar a una persona en base a eso, se llama aprovecharse. ¿Tu hijo no lo hará? ¿Tú no lo harás?— pregunto, que vigilar a «mi cachorro» es algo que hago, pero no admito que nadie con toda la pomposidad de Helmuth venga a decirme que es quien descarrila a otros, me da ganas de decirle que se salte más clases y tire alguna bomba fétida en la misma casa de Oliver. —Estamos muy mayores como para que quieras hacerte el correcto, cuando son valores que le hacen creer a tu familia que su mierda huele a rosas.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Jue Jun 25, 2020 10:54 pm

Está claro que no — coincido sorprendentemente en su postura, aunque mi actitud deja claro que no es porque tenga poco orgullo, sino porque no me considero lo estúpido como para negar que la culpa recae sobre los hombros de Weynart. — Aquí todos tenemos un papel que jugar, y todos tenemos nuestras fallas, que repercuten en la vida de los demás, de nuestros ciudadanos, me alegra que veas eso con claridad, así puede que no se repitan esos errores de nuevo. — que toda charla que podamos tener ella y yo sea en beneficio de este país, no necesitan más de nosotros como para simular una conversación más allá de lo que nos concierne y nos mantiene en esta isla. Es una burla a toda la rivalidad que pudieron tener nuestras familias en su tiempo, el que en este momento estemos parados en el mismo lugar, del mismo bando, cuando no han sido pocas las veces en que el pensamiento de que ser enemigos era la única forma en la que podrían encasillarnos a los Helmuth y a los Ruehl.

Sonrío, de esa manera que desde lejos esto podría parecer una conversación formal, e incluso amable, cuando la tirantez de nuestras palabras lo muestra como todo lo contrario. — Estamos de acuerdo en eso — que uno no debería fiarse de lo que un Ruehl pueda echar en la bebida del otro, y siendo especialista en venenos, conozco alguna que otra cosa de eso, sintiéndome modesto al pensarlo. Tengo que bajar la mirada para mirarla cuando se acerca por la diferencia de alturas, incluso así puedo sentir su mirada penetrante, lástima para ella su tono amenazante no me mueve ni un pelo del cabello, ni me mantiene callado. — Decir que mi hijo está saliendo con Maeve son palabras mayores, a mi parecer solo están tonteando, son unos chicos que se divierten juntos y nada más. — porque o yo ando muy perdido en las relaciones de Oliver, o tengo que tomarme por mentira la respuestas que ha dado sobre que no anda saliendo con nadie. En otras palabras, los intereses amorosos de Oliver no son algo en lo que me meta de manera obsesiva, no como podría hacerlo mi hermana Ingrid. — Mi hijo sabe lo que le conviene, y también es una persona decente que no se aprovecharía de alguien que carga con lo que carga por un accidente desafortunado. — la miro para mirar su reacción, con una ceja alzada, aunque no puedo evitar que se me ensanche la sonrisa por esa visión equivocada de los valores de mi familia.

Decido dejarlo ser, que si me meto en una confrontación con la ministra de defensa terminará pareciendo que no podemos aguantar la presencia del otro, lo cual no deja de ser un hecho, pero que no es necesario que nuestros vecinos lo perciban. En su lugar, cruzo mis manos detrás de mi espalda y tomo aire con tranquilidad. — Aquí me estás acusando de descartar personas, cuando yo fui quien atendió a Maeve cuando la mordieron. ¿Eso te lo ha contado? ¿Te ha dicho como ocurrió todo? — no dejo mucho espacio al silencio para que responda antes de proseguir — Porque yo estuve ahí para recibirla esa noche, sí, un evento que podría haberse evitado, pero como muchas cosas a veces simplemente suceden. — buscar culpables nunca ha servido de nada, especialmente cuando ya de por sí la cría se llenó de culpabilidad propia por lo ocurrido. — La ayudé después y preparé la matalobos para ella, hice muchas cosas antes de que tú siquiera aparecieras como para que me acuses de juzgar tan a la ligera — termino, dejo en evidencia su falta al ser la primera que critica, ahí donde está, soltando mierda sobre mi familia como si ella fuera la reina de la pulcritud.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Miér Jul 01, 2020 1:09 am

Tal parece que es posible estar de acuerdo en algo— mis palabras pisan un poco las suyas por la prisa de responder a su comentario, con la única intención de remarcar lo raro que es coincidir en un punto de vista, sea a favor o en contra de lo que sea, solo coincidir. Es demasiado temprano en el día como para que eso ocurra y más que una taza de té, lo que podría necesitar es un trago rápido de alcohol. —No dije que están saliendo, está claro que es una tontería de adolescentes— que no ponga frases en mi boca solo para contradecirme, aunque las tomaría solo para no tener que volver a encontrarme en la situación de compartir opiniones con un Helmuth. —Que espero no pase de ser una tontería, en la que alguien pueda salir lastimado porque se tornó un juego peligroso o mezquino de ciertas personas— cualquiera sea el lugar que ocupen en la familia Helmuth, desconfío del respeto que puedan llegar a darle a una chica que sabiéndola licántropo, ande tonteando con el príncipe de oro de la isla ministerial.

Que comentario más…— cargo mi voz de una dulzura falsa para luego escupir con sequedad, —condescendiente, Nicholas—. Una carga, un accidente desafortunado. ¿Qué sería de nosotros, los marginados, si no fuera por la caridad en palabras de los esnobs? A su sonrisa presumida contesto con una mordaz, lo que sea que diga pienso morder con rabia. Mis dientes terminan chocando entre sí cuando tengo que apretar con fuerza mi mandíbula al escuchar la oda que se canta a sí mismo sobre su nobleza por haber ayudado a Maeve tras su transformación, la bilis se me queda en la garganta por no poder despotricar contra él. Antes me muerdo la lengua y me muero con mi veneno, que darle las gracias a Nicholas Helmuth por su buena acción en la vida. —¿Y qué opinó tu hermana Ingrid de eso?— ataco por el único frente que veo posible. —¿Podemos contar a los Helmuth entre los amigos de las bestias? Pensé que seguías considerándonos parias, aunque estemos bañados y con uniformes del ministerio. ¿O es solo por Maeve? ¿Solo por ser amiga de tu hijo? ¿Cómo la tratarás si deja de serlo?— pregunto, queriendo exponerlo en su falta aunque no pueda verlo ni por sí mismo, quiero demostrarle que la moral de su familia es tan retorcida y egoísta, con unos pocos favores, como los de cualquiera.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Miér Jul 01, 2020 11:07 pm

Se me alzan las cejas por la ironía de eso mismo, pero no le dedico mucho más que el gesto y el siguiente al afirmar con mi cabeza un hecho en el que también los dos estamos de acuerdo: que mi hijo y su protegida solo pasan el rato. Espero que esto de coincidir no se vuelva tan común entre nosotros, lejos de los asuntos políticos que nos incumben a ambos. Aun así, es suave la risa que empieza a brotar de mis labios, meneando la cabeza por el comentario. — Asumo que con “ciertas personas” te estás refiriendo a algún miembro de mi familia — asumir es considerarme amable, si no lo afirmo directamente es por darle el beneficio de la duda. — Como sea, tú mantén a tu cachorro en las líneas que se marcaron para ella que yo haré lo mismo con mi hijo, como dices, aquí ninguno tiene por qué salir lastimado si cada uno sabe lo que le conviene. — que Oliver tiene un futuro brillante por delante es algo que todo el mundo sabe, no porque yo me haya esmerado en remarcarlo, sino porque su mismo potencial tiene la extensión como para hacerlo por su cuenta. — No tengo problema con que tengan encuentros de aquí a allá, de cuándo en cuándo, pero tal y como tú no tendrás piedad por quién se sobrepase con Maeve, comprenderás que como padre yo haré lo mismo con Oliver — lo que remarcó al principio lo dejo yo claro al final, así para dejar las cosas claras que mientras ella y yo vivamos en la misma calle, cada uno se atendrá a sus normas.

No soy tan inocente como para tomarme su comentario como un halago, Rebecca y yo estamos lejos de ser quiénes se molestan en darlos incluso por mera cortesía, hay algunas cosas de las que no requieren esto último y los cumplidos entran dentro de esa categoría. Que saque a mi hermana a colación es solo una muestra de que se ha quedado sin argumentos para dar y eso, siendo Ruehl de quién estamos hablando, es decir mucho como para no tomar esta sacada como una victoria en sí misma. — Tengo entendido que mi hermana tiene una opinión fuerte sobre tu nuevo puesto en el ministerio, pero nada que no hayan dicho otros cuántos, dada la oportunidad, ¿en cuánto a Maeve dices? — considero un encogimiento de hombros como una respuesta vaga, no una a la que yo me aplique con normalidad, pero en esta ocasión es a lo que recurro para tratar de explicar la actitud de una de mis hermanas menores. — Ingrid solo quiere lo que es mejor para su familia, a veces eso nos lleva a pensar… de manera algo más cerrada, ella en particular tiende a adoptar una actitud protectora con los miembros más pequeños de la familia. Se puede entender, uno siempre quiere que no se cometan errores en la vida, sobretodo aquellos que… puedan afectar a un futuro que no se demora tanto en llegar. — digo tranquilamente, justificando el actuar de mi hermana como la única forma en que yo veo su preocupación extrema y actitud para con sus hijos, los míos y los de Sigrid. — ¿Te preocupas tan en exceso por otros miembros del escuadrón, así como haces por Maeve o es solo porque resulta llevarse con un Helmuth? — inquiero, alzando una ceja en el proceso al ponerla a ella misma a prueba con esa pregunta, de que no es capaz de asumir que su protegida congenia con quién lleva mi apellido, mi sangre.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Miér Jul 08, 2020 5:08 am

Saco fuera de mi garganta una carcajada seca, no puede ser que esté colocando a Maeve en la misma línea que su hijo, cuando nunca he visto que algo estalle dañando a las personas de una misma manera. Ciertas personas gozan de privilegios que las protegen, sucede que a veces lo toman como algo natural que no reparan en que nunca estarán en las mismas condiciones de otros, y se precian de sí misma como si la altura de la que miran no es otra cosa que un peldaño que alguien más ya construyó para ellos, que no hay ningún mérito que eso. Es Maeve quien está expuesta al daño, su hijo está protegido por algodones. No lo sé, solo me aterra la idea de que una adolescente que tomé bajo mi cuidado, tenga que lidiar luego con consecuencias como las que yo tuve que lidiar, por encapricharse por alguien que nunca llegó a bajarse del pedestal que le confirió su nacimiento y desde ahí me vino caer sin hacer nada, porque hubiera sido rebajarse.

Me encargaré de que recuerde hasta donde llegan los límites para arrimarse a los snobs— concluyo con una sonrisa tensa, pisaría su pie con tal de sentir que llevo algo de terreno ganado en esta discusión, pero yo mismo reconozco que mencionar a su hermana es una falta de recursos de mi parte, que presuma de ser un buen samaritano me deja poco que echarle en cara y que no sea nada de hace treinta años. De Ingrid puedo decir mucho hasta quedarme sin saliva, que ella también debe encontrar el criticarme como un deporte que le devuelve salud. —Si de tu hermana recibiera halagos no me sentiría tan conforme, como saber que tiene de esas opiniones fuertes como les llamas, dile que gracias. Cada vez que insulta mi nombre, me otorga un año de vida y prosperidad…— quizá exagero en mi tono, tengo que disimularlo con un nervioso cruce de brazos y más allá de lo que pueda decir de la devoción de Ingrid por su familia, es las más elegante manera de decirte que es una entrometida en la vida de los demás.

Mis pensamientos groseros hacia ella se interrumpen por el comentario que hace y recibe una mirada calcinante de mi parte, estoy esperando a que se levanten cuchillas del suelo por esa mención indirecta a mi partida del barrio que compartíamos. —¿También me usa de ejemplo cada vez que le habla a sus hijas de las niñas que no se portan bien?— pregunto. No lo dejo correr, le hago frente. Pero si tenemos que remontarnos a quienes éramos en ese entonces, Ingrid era quien se quedaba con la última palabra al irse dándome la espalda y yo me quedaba con el veneno en los labios de todo lo que me hubiera gustado decir y no decía, tragándomelo, para sacarlo con tanta demora. Veneno, nada más que veneno. Nunca aprendí a discutir, solo a tragarme el nudo de llanto y a golpear como respuesta de cada golpe que recibía, por parte de aquellos que sí hacen de esto una destreza. —Lo hago porque es Maeve— le contesto de modo cortante, —no porque sea alguien de mi escuadrón, ni por algún Helmuth. Pero tu hijo, con su bonita cara, a mí me recuerda los errores que terminan afectando a un futuro que no tarda en llegar…— repito sus palabras. —Porque también sin intención de daño, eso es lo que puede terminar sucediendo, así que estaré atenta y espero que tú también— sí, por poco no me muero aquí mismo por hacer algo que parece ser tratar de llegar a un acuerdo con esta persona. —Eres detestable, Helmuth. Ni siquiera se puede discutir contigo. Me ayudarías un poco más si metieras un comentario desagradable cada tanto y no te pavonearas de las cosas buenas que haces— lo saco fuera porque se me quedará como una espina dentro. —Si la ayudaste con un matalobos— digo de pronto, pareciera que no viene al caso, pero si hablará de buenos actos, que no sean para fachada…—¿por qué no en buscar una cura? No la quiero para mí, Nicholas. Soy lo que soy. Pero, ¿alguien como Maeve? Eso es ayudarla en verdad, no una poción para una noche.
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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Miér Jul 08, 2020 4:53 pm

Chasqueo la lengua con una gracia fingida, que si tiene que recurrir a llamarnos snobs para insultarme a mí y a mi familia, lo cierto es que me resulta un poco patético, en especial cuando ella misma se está codeando entre ministros estos días gracias a su nuevo puesto laboral. O todavía creerá que por ser una nueva adquisición del gobierno la gente no va a mirarla como al resto de nosotros. — Veo que sigues manteniendo a mi hermana en buena estima — ironizo, puedo decir que el sentimiento de no soportarse es mutuo, desde luego que Ingrid aprovecha cada oportunidad que tiene para despotricar contra mi nueva vecina, no importa que las comidas se realicen en esta casa o en una de las de mis hermanas, Anne Ruehl siempre tiene la manera de hacerse entre una parte de la conversación. A lo siguiente solo puedo que fruncir los labios en una mueca, casi que sonriendo. — Lo más probable, sí, no creo que puedas decir que tu comportamiento es idílico como para querer que unas niñas te tomen como modelo… ¿verdad? — de la mierda que ha hecho a lo largo de su vida podemos hablar otro tanto, que mi familia es conocida por ser una de bien y mi hermana se jacta de ser la envidia de medio vecindario. Por mi parte no malgasto tiempo en fardar de lo que se nos ha inculcado desde pequeños, Rebecca tampoco debería hacerlo con su mal obrada vida.

Sus intentos de insultarme me saben a poco en comparación con lo que se le podría ocurrir de estar en un sitio menos expuesto, aun así la risa que se me escapa es sonora, casi como si no pudiera controlarla. — ¿Eso es lo mejor que se te ocurre? ¿Que soy despreciable por no recurrir a tus mismas formas? — meneo la cabeza, diría que en desagrado, pero estoy lejos de exaltarme por una persona como ella, la paciencia es una de mis virtudes. — Te convendría vigilar esa boca, Rebecca, insultar a los que son tus compañeros no da una muy buena imagen de ti, y si lo que quieres es mantener tu puesto, lo primero que deberías saber hacer es respetar a quienes han estado aquí antes — por educación, aunque sea, no que los Ruehl supieran de eso, pero uno pensaría que después de tantos años, habría aprendido mejor. — Tengo cosas más importantes que hacer en el momento, que ponerme a investigar sobre una cura que probablemente no exista. No te lo tomes demasiado personal, en el día de hoy el gobierno tiene puestas sus prioridades — que de querer encontrar algo para revertir el efecto de la mordedura de un licántropo, ¿no sería Magnar el primero en dar la orden? Suelto el suspiro que he estado conteniendo, dando unas palmas en mi codo con una de mis manos. — Además… tengo entendido que Sigrid te está ayudando con eso, ¿no es así? No es la primera vez que te veo interesada en mi hermana menor… — añado, como pequeña advertencia, si no fuera por las discusiones que han tenido ella e Ingrid en las comidas mientras yo me mantengo al margen, cuando llega el momento de la verdad y tengo a quién parece implicado delante, no dudo en hacer una intervención.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Sáb Jul 11, 2020 1:22 am

Se hace insoportable tener una charla contigo— digo, no es el más ofensivo insulto de la historia, como mucho un reflejo honesto de lo que pienso y por simple que le parezca, si algo me desagrada tiendo a sacarlo fuera porque no estoy como para seguir guardándome cosas, voy quedándome sin espacio, —se siente como si ángeles del paraíso— sigo con un tono mucho más dulce al torcer mi boca hacia un lado en una sonrisa, —se mearan sobre los del infierno— abro mis brazos para acompañar al ejemplo que ilustra su actitud. En esas clases en el norte donde te enseñan a discutir con ingenio, yo me sentaba en la parte de atrás y tal vez no aprendía lo mejor, porque pronto las palabras se volvieron prescindibles para mí y me limité a dar golpes. Se vería muy mal hacerlo con mi vecino, ¿no? Y la excusa de que estaba comportándose como un reverendo sin sotana, no creo que sea válida.

Él mismo me lo recuerda, vienen de la misma escuela de los altos morales y protocolo de conducta con su hermana Ingrid, ¿en serio esperaba que esta charla terminara sin que sacara el puntero para ir marcando cómo debo comportarme? Me alegra de que Sigrid haya logrado escapar de esa secta saltando por el muro. No pongo los ojos en blanco por estar mirándole fijo. —El caso es…— ensancho mi sonrisa al caminar hacia él para pasar mi mano sobre su hombro y espantar una imaginaria pelusa de la tela, —haber conseguido este puesto me permite dar la imagen que me venga en ganas, y aunque a ti te cuesta entenderlo porque tu mundo se limita a tu casa, el traje que te pondrás en el día y a jugar golf con otros ministros, a mí no me importa perder algún día este puesto. No estoy en él para quedarme, sino para hacer el trabajo que se espera de mí— le explico. Me han llamado mercenaria, todos ellos no son otra cosa que culos a los que les gusta vivir entre algodones, por eso están aquí aguantándose las patadas de Magnar y bajando la cabeza.

Me río con desgano porque su respuesta me demuestra lo que sabía. —Las prioridades del ministerio, ¿esas son tus cosas importantes? Porque sabemos cuáles son las prioridades del ministerio y no es inaugurar museos de paz — digo con sequedad, yo lo miro con desaprobación. —Las personas buenas, las que realmente quieren ayudar, lo hacen. Si eres de lo que creen que lo bueno que hiciste era todo lo que estaba en tus posibilidades así que con eso cumples y el resto del tiempo te dedicas a ser la persona que a ti te asegure tu estilo de vida, eso no es ayudar a otros…—. ¿Quiere lecciones de moral? —Se nos juzga por nuestras acciones y también por nuestras omisiones. Nos terminaremos encontrando en un mismo lugar al final de esto— se lo aseguro, nos veremos a través de una cerca de fuego y brindaré con whisky por encontrarlo allí. —¿A qué viene eso, Nicholas?— la risa que me sale es un poco más espontanea, —¿crees que estoy seduciendo a tu hermana menor?— me burlo con un susurro insinuante, se nota a leguas que la pobre Sigrid debe sufrir de los prejuicios y especulaciones de sus hermanos sobre su indebido comportamiento.
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