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Mensaje por Maeve P. Davies el Sáb Mayo 23, 2020 11:19 pm

A ver si lo miras por el lado positivo, ¡así nadie te reconocerá! Y tienes que admitirlo, tampoco te ves tan mal con el sombrero puesto. — le aseguro a Syv en lo que le permito abrir los ojos frente al espejo de mi cuarto, con el gigante gorro sobre su cabeza que ahora como estamos en primavera nadie sospechará de que es demasiado exagerado, el calor azota al distrito cuatro con mayor intensidad en estas temporadas. Tengo que admitirlo, el maquillaje no me ha quedado como esperaba, pero es que para estas cosas siempre me ayudaba Hero, bastante decente me ha quedado si tengo en cuenta que he utilizado lo que sé de pintura para tratar de hacer algo con sus ojos. Así, algo que disimule su piel pálida en contraste con las pieles morenas que se ven en este lugar cuando se acercan los meses de calor. A su favor tengo que decir que yo tampoco soy un buen ejemplo de bronceado, si preguntan podemos decir que somos primas y que estamos pasando unas vacaciones lejos de nuestro país natal, ¿existe un lugar llamado Suecia por ahí? Me suena, tengo que repasarme la geografía por si nos cazan in fraganti en nuestra historia.

De momento, me conformo con pasar desapercibidas en lo que nos arrastro hacia la playa. Por suerte no está más que a unas manzanas de aquí y la gente solo nos mira extraño porque cargo con un flotador de patito amarillo gigante, que quizá si lo que queríamos era hacernos invisibles no estoy haciéndonos el favor. Mis gafas de sol son idénticas a las que lleva puestas Synnove gracias a un encantamiento duplicador que aprendí hace ya un tiempo en la escuela, bajo el sombrero nadie debería sospechar de ella y, como solo estaremos fuera unas horas, las suficientes para poder disfrutar aunque sea un poco, ella luego podrá regresar sana y salva al nueve con una nueva anécdota que contar bajo el brazo. — No habrá mucha gente en la playa porque todavía no estamos en vacaciones, pero si se nos acerca alguien deja que hable yo, se me da genial eso de confundir a la gente. — creo que no va a necesitar de una demostración, lo poco que nos conocemos ya debe de haberle sugerido que cuando se trata de seguirme el ritmo, hay mucha gente que se pierde en el proceso.

Extiendo nuestras toallas en un punto en el que estamos cerca del mar, pero no lo suficiente como para que se mojen en caso de que suba la marea, mientras me quito la ropa para quedarme en un bikini floreado del año pasado que mi padre catalogaría de escandaloso. Al chico que pasa por detrás de nosotras corriendo en lo que parece una rutina de ejercicio, no parece escandalizarle tanto, de todas formas. — Si lo piensas, nadie esperaría que una fugitiva estuviera tomando sol en la playa, así que tenemos ese punto a nuestro favor. ¿Por dónde quieres empezar? — le pregunto a pesar de tener la vista fija sobre las gaviotas que nos sobrevuelan, ayudándome de mi mano a modo de visera a pesar de tener las gafas para poder ver mejor. — Podemos tomar el sol, ir directamente al agua, hasta podría preguntarle al del chiringuito si tiene mojitos... — ok, lo último es una broma, pero sí que se me va la mirada un poco hacia la tienda que hay a unos cuantos metros de distancia, donde hay alguna que otra persona sentada en la terraza tomando algo.


Última edición por Maeve P. Davies el Lun Mayo 25, 2020 2:16 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Dom Mayo 24, 2020 3:26 am

Uso todo lo ancho que es el ala del sombrero para bajarlo hasta tocar mi nariz, soy un sombrero hablando cuando le contesto a Maeve. —Estaba a punto de decir que esta era la cosa más suicida que hice en la vida… y luego me acordé que hice muchas cosas suicidas desde que conozco a Ken…neth— digo, ¿podemos volver a usar su nombre falso al mencionarlo por las calles? Si yo puedo ser Lucy Woodwiss por una mañana, también puedo tener un novio llamado Kenneth. Tendré que contárselo luego a Mimi como el más loco sueño que he tenido, porque no me creo capaz de contarle a ninguno de mis amigos esta tontería de querer ir a la costa del mar. El esmero de Maeve en mi maquillaje lo aprecio, pero espero que el sombrero y las gafas hagan la misma magia que una poción multijugos. Demasiado pedir a los dioses, ¿no? ¡Sif, no te olvides de mí! —Hecho, quedas a cargo. Si alguien pregunta soy muda o sorda o no entiendo el idioma o solo hablo sirenio, ¡lo que prefieras!— si ella es la que confunde hablando, yo no hago más que decir tonterías, se potencia cuando me siento nerviosa, ¡y claro que me siento nerviosa! Tengo el corazón latiendo en la garganta, no en el pecho, gritando a lo loco que no debería estar bajando a la playa, ¡no debería estar caminando entre la gente de este distrito! Por más que la persona más cercana, a unos tres metros, está más entretenida revisando la pantalla de su teléfono y tropezando con sus pies.

Por poco no me pasa lo mismo por estar tratando de identificar miradas sospechosas detrás de las gruesas gafas de sol, que me reacomodo cuando pasa ese chico que pasa de mí por fijarse en Maeve y nada tiene que ver el inflable con forma de pato que cargó todo el camino. —No creo que lo hagas adrede, pero gracias por ser un excelente punto de distracción— se lo reconozco con la primera sonrisa que esbozo desde que salimos de la casa, me tranquiliza que las miradas se posen sobre alguien más y yo pueda seguir segura bajo mi sombrero. —¿Y si pruebo con ese hechizo de cambio de color de cabello?— pregunto, como mucho me quedarán los mechones en tonos arcoíris. Ocupo una de las toallas para sentarme y desarmo los mechones sujetos en un rodete por debajo del sombrero, el cual sin quitármelo, uso para que esconda parcialmente lo que hago con mi varita al apuntar mi cabello. —Puedo dar fe de que esa estrategia de esconderte a la vista de todo el mundo, suele funcionar…— digo, es lo que exactamente hizo Ken, quien también creo que sería la primera persona en decirme que algo que ha hecho él no es algo que deba imitar.

Trato de que mi cabello cobre un tono más intenso y apenas si alcanza un rubio más castaño. —Creo que necesito un mojito primero, dos mojitos, mientras termino de teñir mi cabello y entonces podemos ir al agua… ¡oh, por favor! ¡es asombroso!— grito, no me atrevo a sacarme las gafas para ver con todos los tonos en azul, gris y marrón como el agua va rompiendo contra la arena con un suave ir y venir. Hasta que no termine con mi cabello no me animo a sacarme el sombrero, menos la ropa, sin embargo me fijo en Maeve que está lista con el bañador. —De a ratos olvidas que la tienes, ¿verdad?— pregunto apuntando a la cicatriz con mi barbilla. —Sé que las cicatrices no se pueden olvidar, por algo están en la piel, pero que sean parte de nosotros y no actuar demasiado conscientes de ellas para tratar de taparlas, también dicen algo sobre que hemos sanado— murmuro, y entre mis dedos veo como mi pelo adopta definitivamente un tono castaño más oscuro con unos reflejos más claros. —¡Creo que ya está!— exclamo feliz, me quito el sombrero mirando al mar así mi rostro queda vuelto a la nada, y lo más rápido que puedo me quito la ropa para quedar en el bañador que me prestó Maeve. Me doy la vuelta y me coloco el sombrero para hundirlo hasta mi nariz cuando veo a una pareja acercarse, están a varios metros y aun así me preocupo, hasta que me fijo que la chica saca algo de su bolsillo y va armándolo entre sus dedos. Sábado a la mañana, temprano, ellos no están caminando con mucha estabilidad tampoco… muerdo la sonrisa en mis labios para disimular, promete ser una mañana tranquila en la que nadie mirara a su costado para meterse en lo que hacen los demás.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Mayo 25, 2020 2:16 pm

La cosa más suicida que hice fue comerme más de cincuenta bolas ácidas de azúcar con nueve años, no veas como estuve por los siguientes días, casi me da un paro cardíaco por hiperglucemia. Es broma, pero estoy segura de que me quedaron secuelas. — bromeo en su dirección, me río hasta que me doy cuenta de un pequeño detalle y asiento con la cabeza seriamente. — Pero sí, definitivamente lo tuyo es mucho más suicida. Podemos llamarle Kenneth como nombre clave, si quieres, en mi cabeza le llamo Kenneth igual. — le confieso con una risotada, es uno de esos casos en los que me quedo con la primera impresión. La ironía de que un año después me esté yendo a la playa con la misma chica con la que me topé en una discoteca ilegal, qué cosas, ¿eh?

Levanto una de mis cejas al colocar al patito, más bien patón, de goma sobre una de las esquinas de las toallas hasta que sea el momento de llevarlo al agua donde pertenece. — A veces es que no puedo con tanta fama, Syv, me pasa que los tengo a todos a mis pies. — le indico en un tono de voz que declara que solo estoy bromeando y que, en realidad, la única razón por la que ese chico nos ha mirado es porque los hombres tienden a posar la mirada sobre todo aquello que tenga tetas y un culo. Así, hablando alto y claro. — ¡Pero tienes un cabello hermoso! Es tan rubio… me recuerda al de un unicornio. — ¡por no decir que antes de colocarle el sombrero en la cabeza el sol hacía que brillara con una intensidad increíble! — Es porque la gente está empeñada en ver lo que hay detrás antes que fijarse en lo que tiene frente a sus narices, pasa con todo, la verdad… no solo con criminales que se esconden en la playa. — me río para relajar la tensión de la frase, ya hablamos en el desayuno aquel día sobre esas personas que no aprecian lo que tienen y es una de las razones por las que los arrepentimientos de después no solucionan el haberlo perdido en primer lugar.

Mojitos será, entonces… — empiezo a murmurar justo en lo que ella parece fijarse con más detenimiento en el mar, ese que llevábamos viendo mientras bajábamos por las calles en esta dirección, pero que es evidente que no le ha hecho mucha justicia al tenerlo tan cerca como ahora. Inevitablemente sonrío. — Increíble, ¿verdad? — no seré la que diga que, de todo lo asombroso que es, también hay una parte del océano que asusta y que me lleva a mi siguiente historia. — Uf, ¡qué va! Pero le dije al socorrista que una vez me había mordido un tiburón y tengo que mantener mi historia intacta. — se lo intento decir con toda la seriedad plasmada en el rostro, incluso señalo al pobre hombre subido a ese poste desde el que vigila toda la playa, pero es evidente que solo la estoy jodiendo. Me río hasta que la misma risa se disipa en segundos. — No puedo esconderla toda la vida y, aunque me gustaría creer que no está ahí, son cosas como estas que ni siquiera merece la pena ocultar. Me costó tiempo entenderlo, pero ahora soy más feliz así. — asiento, pues sus palabras dieron en el clavo. — ¡Ven, vamos! Nos acercaremos a donde rompen las olas y me dirás si fue como te lo imaginaste todo este tiempo. — la tomo rápidamente del brazo cuando está lista y el viento nos azota el rostro con una fuerza que ambos de nuestros cabellos se rebelan en todas las direcciones.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Mayo 28, 2020 12:06 am

Eso… explicaría muchas cosas— me atraganto con una carcajada al escuchar la anécdotas de las bolas de azúcar, se sabe que a los niños da  mucha energía que tienen que agotar de alguna manera o esa es la excusa que daba mi madre cuando me racionaba las golosinas, decía que luego no podría dormir. Está claro que Maeve es de esas personas que derrochan energía, aunque no dudo que también tenga de sus bajones o tal vez sea de las que duermen doce horas de tirón, venir a la playa con ella me deja suponer que quedarnos tiradas cubriendo nuestra cara del sol es la última de las opciones como plan de la mañana. —Hay veces que tengo miedo de que al mencionarlo aparezcan alarmas rojas de la nada y todo colapse— explico, —Kenneth estará bien— que todavía no me quito los escalofríos de estar tan a la vista, como para provocar un caos mayor y trato de ignorar la hora que marca el teléfono para no sentir que estoy viviendo a cuenta regresiva esta mañana, es una sensación angustiante si tengo que estar pendiente todo el tiempo del momento de irme.

Qué difícil es mentalizarme que estoy en la playa para divertirme siendo buscada por el gobierno, ¿¿cómo pudo animarse Ken a ir a la discoteca aquella vez?? Ayudan las bromas a ver esto con una normalidad que no lo tiene, como dos chicas en una playa en la que nos podríamos a cantar de un momento a otro si esto fuera una película y entonces aparecerían de la nada esos chicos invisibles que dice Maeve que los tiene a sus pies. —¡Ni que lo digas, qué difícil debe ser caminar así!— colaboro con su halago, uso mi mano como visera para cubrirme del sol cuando le echo una mirada apreciativa que le da la razón. —¿Un unicornio?— no sé de donde sale mi asombro, hago un repaso de las ilustraciones que he visto en cuentos y suelen tener unos mechones plateados que resplandecen, así como lo hacía la piel de esos vampiros de una mala trilogía juvenil con la que también me han comparado ¡y odiaba esa comparación! —Parezco un inferi en la playa, con esta piel blanca me veo como una muerta en vida— soy mucho más consciente de este rasgo al estar en un sitio donde queda tanta piel expuesta, así que cuando acabe con mi cabello pasaré a buscar el protector, no sea que en vez de bronceada termine incendiada y eso que el sol en estos días aún no es tan intenso.

Pasa con todo— la secundo, —desde gente con problemas de la ley en la playa, hasta chicas a las que les gusta su mejor amigo— muevo mis cejas que siguen siendo rubias en un gesto insinuante. —¿Hace cuánto que se conocen con Oliver? Estoy tratando de imaginarte viéndolo pasar por el acné y los frenos y madurando en lo que es— a mi favor diré que esto último lo digo con un tono libre de pensamientos incorrectos, es una simple observación de los hechos, me sujeto a los hechos. Mi admiración está puesta en estos momentos en las olas tranquilas del mar, que me desconcierta darme cuenta que hay un punto que nos vigila desde un puesto de control, busco el sombrero para cubrirme. —Un tiburón… ¿¿hay tiburones en el distrito cuatro??— sé que no fue eso lo que la mordió, pero el pánico me hace alzar el tono agudo de mi voz en un grito. —¿Mal momento para decir que no sé nadar?— quizás, solo quizás, debería haber comenzado por ese punto cuando dije que me gustaría conocer el mar. ¡Y bien! ¡Nunca he estado aquí! ¿Cómo se espera que aprenda a nadar? ¿En un charco del Capitolio? ¿La bañera de mi casa? He escuchado que morir ahogado es de las peores muertes, desde que lo oí me quedé perturbada por esa frase y lo extraño es que aunque no sé nadar, eso nunca se convirtió en un miedo. No hasta ahora que la idea de mar se ha vuelto real y lo bueno es que, esto es aún más extraño, confío en Maeve como para saber que nada me pasará. —No tiene caso que la escondas, todo lo que tenga que ver con esconder cosas le quita una parte de lo bueno que pueda tener y para ejemplos hay muchos. Ojalá algún día no haya que esconder nada, ni a nadie…— como a mí, que me agarro con fuerza de su muñeca al ir contra las olas que se rompen contra mis piernas y salpican en mi rostro por el impulso de la carrera, creo que marco su piel con mi agarre porque lo último que quiero es que la fuerza del agua me haga caer y muy patéticamente me vea tragando agua. —¡EL PATO!— alcanzo a gritar, creo que lo puedo necesitar. Y por el grito pruebo un par de gotas saladas que llegan a mi garganta al ir avanzando con mi otro brazo extendido a lo largo para golpear la marea, me río porque esto es único, increíble para mí, cuando la pareja de la playa no ve más allá de lo que tienen en la mano y el socorrista se fija en cualquier otro punto menos en las dos chicas que gritan en la orilla.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Jue Mayo 28, 2020 7:38 pm

¿Verdad que explicaría muchas cosas? Synnove no es la única, ni será la última, que me mira con esa cara de estar preguntándose de donde obtengo tanta energía, y, honestamente, no sé si la razón de esto tiene que ver con la transformación, que ya no solo ha aumentado el potencial de mis sentidos, sino que cargo conmigo con una dosis de energía que al final del día tengo que haber reducido a menos de un tercio o si no me pasaré la noche comiendo palomitas y viendo películas de terror. Pero, lo cierto es que desde niña me han dicho que parece que tengo un cohete en el culo. — Mejor no tanteemos a la suerte, le llamaremos Kenneth en caso de que hayan puesto su nombre como nuevo tabú o algo así. — de esa manera es más sencillo y llamaremos menos la atención, que creo que con el patito de goma gigante ya gasté mucha de esa como para ponernos más ojos encima por estar hablando de política. Y absolutamente nada que ver, pero el pensamiento me lleva a hacerle otra pregunta. — Me dijiste que lo habías llevado a la discoteca porque jamás había estado en una, ¿no? Pero nunca me dijiste como hiciste para esconder a un enemigo del estado antes de… bueno, convertirte en una y esas cosas. Se me hace extraño que jamás te vi en el Royal… — añado como último comentario, además de en un tono bajo por la naturaleza de la conversación.

Lamentablemente para las que somos pálidas por genética el sol no nos hace ningún favor, ni siquiera para las que vivimos aquí de seguido. — me uno a su queja, puesto que, si no fuera porque mi pelo es moreno, probablemente me vería como ella y mi piel no le hace ninguna competición a los cuerpos morenos que se pasean por la playa a diario. Siempre se puede probar con un spray bronceador falso… — Ah, ¿Oliver y yo? Vamos a algunas clases juntos, aunque si tengo que pensar en una fecha en específico… no, la verdad es que no me acuerdo cuando fue que lo conocí. Verás, él es más del tipo que sale con chicas bonitas y que agitan pompones, o eso era lo que pensaba, luego empezamos a compartir pupitre y yo le copiaba los deberes de aritmancia hasta que caí en la cuenta de que se le daban tan mal como a mí. — le explico, poniéndola al tanto de una historia que, para ser sincera, no tiene nada si lo comparamos con las cosas que han podido pasarle a ella. — El problema de Oliver es que le cae bien a todo el mundo, es demasiado carismático, así que le pedí un favor sabiendo que no iba a decirme que no y pim, pam, pum, adivina lo que pasó. — hago gestos con mis manos al hacer esos sonidos para llenar el momento de algo más de emoción, cuando por la obviedad de terminar señalándome la cicatriz debería saber a lo que me refiero. — Después de eso solo empezamos a soportarnos más de seguido. — bromeo.

Tranquila, no los hay, pero si por alguna casualidad se nos acerca el socorrista, tú solo sígueme el rollo. — a que no sabe nadar simplemente me río, aunque no creo que sea la reacción que esperaba. — Piensa que tú estás formando parte del cambio, el que quiere hacer que no haya nada que esconder y todos sean aceptados de la misma forma, ¿no? — la animo, incluso cuando eso me deja en la mala posición de ser quien se encuentra en medio de todo sin saber exactamente qué hacer de ello. Porque si miro por mi obligación, esa pertenece al escuadrón, y en serio, es por obligación, hay una ley que lo dice y me obliga a estar ahí, pero si es por pensamiento… no estoy segura de compartir los ideales que nos imponen a diario. — ¡Iré, iré a por el pato! — le aseguro, antes de que le dé un síncope y es que con la charla se me había pasado agarrarme del pobre pato de goma. Voy salpicándome las piernas al correr por el agua de vuelta a donde están las toallas, por suerte no las colocamos demasiado lejos y puedo volver al mar antes de que le dé tiempo al sol a secarme del agua. — ¿Ves? ¡No tiene nada de complicado! — digamos que todavía no está nadando, ¡pero es un buen primer paso! — Bien, agárrate al patito si ves que las olas vienen muy fuerte, ¿de acuerdo? — el agua ya nos llega más arriba de la cintura en lo que nos adentramos más adentro. — Iremos hasta donde te sientas cómoda, ¿vale? Y ten cuidado no pises en ningún agujero. — le advierto, que es lo malo que tiene la arena, se acumula de las formas más extrañas aquí en el fondo del mar.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Dom Mayo 31, 2020 5:20 am

También creo que el nombre de Ken podría ser tabú, lo inquieta de pronto es otra cosa. —¿Crees que los nombres de todos los que estamos en la lista también lo sea?— me falta el aire al preguntarlo, como estúpida me presente con mi nombre y apellido, hasta bromee al colocar mi apellido en su nombre. ¿Y si todo eso fuera un riesgo? Posiblemente estoy con una de las personas más directas y valientes que he conocido, eso suele ayudar bastante a que relaje mis temores, pero si algo es suicida, es suicida. No hay cómo cambiar esa verdad. —Te lo contaría si no fuera porque el cómo lo consiguió es un secreto que le pertenece a él, algo que pocas personas saben y trato de ser una persona que cuida lo que cada persona le diga, así que también puedes quedarte tranquila. Todo lo que me digas, jamás será revelado— le guiño un ojo, para comenzar, el que estemos aquí. —Y supongo que no nos vimos por… ¿la diferencia de edad? ¿por estar en la especialidad? ¿por qué tendía a tener la cara detrás de un libro? No soy una persona que tienda a llamar la atención tampoco…— me encojo de hombros, porque salvo mi cabello, no recuerdo que la gente se percatara de mí. ¡Ah! ¡Ya me acordé! Cuando era más niña y decía cosas raras, luego dejé de decirlas…

Necesito de una fuente con palomitas cuando me cuenta cómo fue dándose su relación con Oliver, esto es mejor que las películas que suelo mirar porque es real y nunca me paso esto de que me guste alguien de la manera ¿normal? En la escuela, que se siente cerca, que tengamos clases juntos, hacer esas cosas que va acercando a la gente. —¡Oh! ¡Me encantan las historias que comienzan así!— exclamo, e incluso tiene su giro dramático del argumento cuando menciona muy por arriba el episodio de la mordida. Tengo el impulso de darle un codazo. —No es que se soporten desde entonces, esas son las cosas que pasan para que dos personas se den cuenta que deben estar juntas— ¡y ya sé! ¡ya me explicó que su relación no tiene rótulo! Solo quiero mis segundos personales de reacción romántica, en los que me llevo la mano al pecho y me conmuevo por los hechos. —Y no sé si Oliver será de los que van las porristas, pero dudo que pueda andar con una chica así luego de tratar contigo. Se aburriría terriblemente con ellas— no lo digo yo, lo dicen las películas clichés que he visto durante toda mi pubertad, cuando los ovarios hacían sus estragos en mi humor.

No tengo sosiego con estas historias, que repentinamente todo esto pasa a ser esa película de terror en la que un tiburón aparece para comerse a dos chicas, una de ellas nada más que una turista. Típico de quien tiene la ilusión de acercarse el mar, el que no sepa nadar y la posibilidad de un tiburón la ponga de los nervios, no me siento segura hasta que tengo al pato para abrazarme. —Gracias— se lo digo de todo corazón, —olvida eso de que soy parte del cambio, mi gran defecto ha sido siempre que tengo demasiado miedo para salir de los lugares en los que me siento segura— le confieso, y estoy a punto de decir algo como que soy del tipo de persona que siempre se queda en la orilla, lo que sería incongruente con el hecho de estar aferrada a un pato inflable dejando que la marea me lleve. —¿¿Hay agujeros??— pregunto con el mismo pánico que me provocaron los tiburones, esto se está poniendo más peligroso que ir a asaltar una alcaldía, procuro tranquilizarme con un par de respiraciones. —¿Le tienes miedo a algo, Maeve? No pareces de las personas que se asusten fácil, y de hecho te han mordido, no sé… te ves como una persona muy valiente.
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Mensaje por Maeve P. Davies el Lun Jun 01, 2020 7:32 pm

No creo que ninguno lo sea… todavía. Sería un poco loco creer que por pronunciar un nombre ya se está conspirando contra el presidente, ¿no? — no tiene ni que responderme, sería loco, el problema es que uno no sabe por dónde va a salir Magnar Aminoff estos días, a ojos de todo el mundo parece el salvador del pueblo, cuando si escuchamos por la parte rebelde, de salvador no tiene mucho. Es irónico que nunca me haya interesado la política hasta que verme envuelta en un uniforme me ha hecho formar parte de ella de forma directa. No es que antes no fuera consciente de las injusticias que se viven a diario, pero tengo que admitir que siempre había estado encerrada en mi propia burbuja. — Mmm… Ya sé a quién llamar entonces para enterrar el cadáver si es que se me da por asesinar a alguien — no creo que capte la tonalidad de mi broma lo suficiente como para que no se lo tome en serio, así que me apresuro a reírme y a murmurar que es broma por lo bajo. — Supongo que sí, sería por eso entonces. — acepto, me abstengo de decir que jamás me hubiera visto en un lugar como la biblioteca o detrás de las páginas de un libro, sino más bien en las salas donde castigan a los estudiantes o debajo de alguna escalera mientras me piro alguna clase.

Me río por su entusiasmo y es ahí que me doy cuenta de que es una de las cosas más llamativas de Synnove, es imposible no encontrarse cómodo a su alrededor cuando se muestra entusiasmada por cualquier cosa que pueda contarle. La forma que tiene de verlo, de todas formas, es lo que alarga mi risa. — Bueno… si hizo falta que me mordiera un hombre lobo para que Oliver saliera de su burbuja de pompones y admiración estudiantil, entonces puedo decir que al menos mereció la pena. — ruedo los ojos con gracia, no es que crea que la mordida fue una bendición, pero reconozco que no hubiera sido lo mismo si simplemente no hubiera pasado. Probablemente nuestro encontronazo con el licántropo le hubiera hecho darse cuenta la clase de persona que soy, esa que no busca problemas (bueno a veces sí, ok) y que los encuentra de todas formas, y estoy segura de que Helmuth ni siquiera me hubiera hablado al día siguiente. Quizá eso no, es demasiado educado como para hacerlo. — ¿Tú crees? No lo sé, tiene que ser terriblemente divertido agitar pompones… — ¡dame una I! ¡I! ¡dame una R! ¡R!… Ironía.

Defecto o no, creo que la posición en la que estás ahora demuestra que eres capaz de superarlos, sino, ni siquiera estarías con la gente del distrito nueve en primer lugar, ¿no? — no me parece poca cosa, y no entiendo la manía que tiene la gente de menospreciar sus cualidades, que entiendo, yo soy la primera persona en no querer reconocer que en ocasiones puedo llegar a ser muy perezosa y no soy un cerebro en el colegio, pero sé que tengo otras capacidades en las que destaco y me enorgullezco de ellas. — Quizá lo que necesitas es un pequeño empujón para salir de tu zona de confort, pero todo lo demás lo has hecho tú sola, nadie te ha obligado a ello. — quiero alzar una ceja, a modo de pregunta, no tiene pinta de ser de las chicas que harían algo solo porque tiene que ser así, pero a lo mejor estoy hablando de más. — En la arena, tienes que tener cuidado de donde pisas. — advierto antes de elevar el dedo índice en su dirección para que me dé un segundo, el cual utilizo para hundirme en el agua y mojar mi cabello. Para cuando puedo volver a respirar, estoy apartando el mismo hacia atrás y quitándome parte del agua de los ojos. — No me consideraría a mí misma como una persona valiente, algo más como temeraria. Me lo han dicho muchas veces, eso que dices de si no le tengo miedo a algo, pues claro que lo tengo, todo el mundo le tiene miedo a algo. Solo… necesito encontrar a qué. — a alguien se lo tengo que reconocer, lejos de mis dramas emocionales, tiene razón al decir que no suelo ser una persona que se asuste fácil. — Las personas valientes toman sus miedos y hacen algo con ellos, no sé… se unen a una rebelión o se sacrifican por otros — sigo, sin darme cuenta me estoy refiriendo a ella y a la gente que puede o no seguir — Yo soy más del tipo imprudente, ese es mi defecto, soy demasiado curiosa, a veces tomo riesgos por pura diversión y en más de una ocasión me han llamado osada, no en el buen sentido, más bien todo lo contrario. — es una palabra que usan como aprehensión, como si fuera a tener algún efecto en mí. — Soy la clase de persona que se asoma a un pozo creyendo que no va a caer y cae por no haber tenido la precaución suficiente; la persona valiente se asoma, pero se asegura primero de que se está aferrando a algo. — resumo, por todas las ironías posibles, es Synnove la que está agarrada al patito y yo la que deja pase libre a los tiburones.
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