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Mensaje por Seth K. Niniadis el Sáb Abr 18, 2020 2:05 pm

Tenía un horario bastante estricto en lo que a Jared se refería. Sus horas de levantarse, de dormir, de bañarse, o incluso de arreglar su cuarto; para todo lo demás, no. Sentía que era indispensable mantener el ritmo del niño, pero era incapaz de organizar el mío. No importaba las veces que hubiera tomado la decisión de que era momento de hacer algo más que solo atenderlo, y esperar a su regreso como si fuera un NPC que solo está activo en un videojuego cuando hay alguien alrededor, pero no sabía ni por donde empezar, gastaba más tiempo haciendo haciendo programas para mi que para él, y utilizaba a menudo la excusa de empiezo el lunes, aunque fuera lunes y hubiera hecho la misma promesa la semana de antes.

Despertaba varias veces en la noche sin razón aparente; un ruido fuera, un golpe en una ventana, incluso algo tan simple como el ruido del viento moviendo el árbol junto a la parte trasera de la casa donde vivíamos, era capaz de hacerme abrir los ojos. En el bosque, constantemente esperando que algo me saltara por la espalda para acabar con mi vida, dormir con medio cerebro activo instintivamente era cuestión de supervivencia y ahora no parecía ser capaz de apagarlo de nuevo. No descantaba bien, el trote acumulado de varios días pasaba factura a veces, por lo que todos los horarios y planes de Jared que tenía memorizados, se iban a la mierda cuando en vez de sacarlo de la cama a las 8 de la mañana, nos despertábamos a medio día.

Mierda. Mierda. Mierda. — No teníamos a ningún sitio al cual ir, ni un horario que cumplir, pero me lo tomaba muy en serio. La habitación estaba sumida en la penumbra, no recordaba haber bajado las persianas, y la primera persona en la que pensó fue en Hero. Era ella quien más preocupada estaba por su estado de salud, física y mental, y ya le había reclamado sutilmente (menos de lo que ella creía) en varias ocasiones, que tenía pinta de no estar durmiendo bien. No sería extraño que hubiera aprovechado algún momento de sueño profundo para colarse en mi cuarto a darme un par de horas más de oscuridad. — ¿Jared? — No lo vi en su cuarto, ni tampoco en la casa tras recorrerla prácticamente entera. ¿Lo habría levantado hero también? ¿Se habría levantado solo?

El día había seguido su curso y para mi sorpresa, sin mi. Eso básicamente echó por tierra todas mis excusas hasta ahora, para pasar la mayor parte del tiempo en casa, aparentemente ocupado. Jared no me necesitaba tanto como yo me excusaba que lo hacía y eso resultaba triste y patético al mismo tiempo.

Estaba haciendo la comida cuando escuché la puerta. Me salté el desayuno que habitualmente hacía por mi hijo, y fui directamente a la comida principal. Tenía que ser sincero con algo; no nos íbamos a morir de hambre, pero tampoco era que pudiera dedicarme a abrir un restaurante 5 estrellas. La comida siempre era sencilla, intentaba varias, especialmente con la vecina que a veces venía a asegurarse de como estábamos y a dejar caer lo mucho que me facilitaría la vida una nueva esposa; pero de vez en cuando si dejaba cosas interesantes, como recetas fáciles que por suerte para Jared, me habían salido bien. — ¿De donde vienes tan mugroso? — Fue mi saludo, porque al asomarme por la puerta de la cocina lo primero que vi fueron sus zapatos. — Por merlín, sácate eso antes de entrar. — Limpiar no era una de mis actividades favoritas. Ni con varita, ni sin varita. — La comida estará lista en unos minutos.
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Mensaje por Jared S. Niniadis el Dom Abr 19, 2020 10:20 am

Sé que dije que ya estaba grande para poner las estrellas en mi techo y no es que haya cambiado de opinión, pero era aburrido despertarse a primera hora de la mañana con la persiana baja y observando lo blanco y aburrido de mi techo. Estaba aburrido, muy aburrido, iba a morirme de aburrimiento, pero no quería levantarme de la cama por mi cuenta y demostrarle a papá que llevaba días despertándome antes de que él viniera hacerlo. No podía arrancar la mañana sin discutir con él, ya era parte de mi rutina el quejarme de que no quería levantarme y salir de la cama; me negaba a demostrarle que podía ser responsable o que podía despertarme antes de que él abriese la puerta. Pero la puerta no se abría, papá no aparecía, y yo me moría de aburrimiento en lo que los minutos pasaban.

Sé que me comporto de manera infantil cuando me sacudo en el colchón y pateo las sábanas para cualquier lado, pero era mi berrinche en contra de la mañana y de la irresponsabilidad de Seth al no venir a molestarme como siempre. Pero ya estaba despierto y al final acabo por levantarme del colchón, lo más arrastrado que puedo para demostrar mi punto, e ir hasta la habitación de papá para ver qué es lo que le sucede. Lo que sucede es que se ha vuelto a quedar dormido, pero cuando noto las bolsas que tiene bajo los ojos mi pequeña frustración desaparece y da paso a la compasión. Pobre, ha de estar cansado… Cerrar las persianas en silencio es complicado y me toma mucha paciencia que generalmente no tengo, pero por esta vez puedo hacer una excepción en lo que cierro la puerta de su cuarto y vuelvo hasta el mío para vestirme para el resto del día. ¿Lo bueno? no me tengo que ir a bañar porque no hay nadie que me obligue, así que asegurándome solo de limpiarme el rostro y los dientes, me cambio con el abrigo necesario para ir a fastidiar a los chicos al café.

Tengo que usar uso de mi paciencia y sigilo para que la vecina no salga a ver qué es lo que está pasando, que parece que su único entretenimiento es meter sus narices donde nadie la llama, pero lo logro y mi pequeña escapada de casa la logro sin que nadie se entere. Si tengo suerte tal vez y hasta pueda volver antes de que papá despierte…

¿Les digo algo? No tengo suerte.

En defensa del karma, fue mi culpa el entretenerme de más en el café. La señora Roddam me regala masitas siempre que la deje pellizcarme las mejillas, y esta vez hasta me dió unos stickles por ir a hacerle un mandado. Que normalmente sería más rápido, pero todo el mundo me ama y aunque tenga que sacrificar mis cachetes en el proceso también había recibido un par de monedas del almacenero que me dió los bidones de aceite que me había encargado Margareth. Tal vez y hasta podía hacer un negocio de esto, uno en el que de verdad ganara dinero y no solo cuando Mimi me mandaba para entretenerme.

- De hacer mandados- No me había dado cuenta de lo mugroso que estaba cuando llego a casa, pero la advertencia de papá me hace volver la vista a mis zapatos y me doy cuenta que he salido con calzado deportivo en vez de con borcegos. Considerando que hubo un par de días lluviosos, la combinación había sido terrible. Maldición… al final sí tendría que bañarme. - ¿Qué vamos a comer? - Me agarro del marco de la puerta en lo que hago equilibrio para quitarme los zapatos y al mismo tiempo busco quitarme la chaqueta que me puse para protegerme del clima. Era obvio que el hacer ambas cosas a la vez era complicado, pero lo logro casi sin inconvenientes y para cuando entro en la cocina el olor a algo calentito llena mi nariz. A decir verdad no debería tener hambre si consideraba lo mucho que había comido en el café, pero mamá solía decir que era un niño en crecimiento y siempre tenía hambre. - ¿Pudiste dormir? Tus ojeras tenían el tamaño de dos bolsas de compras así que preferí no despertarte. ¿Anoche te quedaste hasta tarde?
Jared S. Niniadis
Jared S. Niniadis
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