The Mighty Fall
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It's like you're my mirror · Hans

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Mensaje por Lara Scott el Jue Abr 16, 2020 4:21 am

¡No está diciendo eso!— replico, interpongo mi cuerpo al sentarme entre ellos para tapar con mi espalda a Hans -como si pudiera- así la niña me mira a mí al soltar esas “a” de su boca que forman un claro, muy claro para mis oídos, no sé por qué Hans escucha otra cosa, si es tan claro que dice: —¡ma-ma! ¡ma-ma!— me giro para mostrarle mi sonrisa llena sobre mi hombro a su padre. —¡Está diciendo ma-ma!—. ¡Si me lo niega es por su manía de contradecirme! No sé de dónde saca que la niña dice “papá”, esos son sus oídos que quieren escuchar halagos, no, no, está diciendo “mamá” y está clarísimo. No voy a llamar a ningún juez que lo certifique, porque como ministro me lo anularía, ¡pero he ganado en esta! ¡Yeah! Alzo mis brazos en alto para mi gesto triunfal. —¡Muy bien, Tilly!— felicito a la bebé haciéndola parte de mi victoria, jo, jo. Bajo mis manos a su pancita redonda sobre la tela de la camiseta de mangas largas que sigue teniendo puesta dentro de la casa, que el frío se siente pese a la calefacción, para hacerle cosquillas y escuchar sus carcajadas como gorjeos, seguido de ese chillido agudo que se le escapa para pedir que pare, entonces se da la vuelta para caer sobre sus rodillas y alejarse gateando en la alfombra que cubre todo el suelo de su habitación, ese que ocupa desde antes de Navidad y se llenó de sus cosas. Tiro de su piecito enfundado en un calcetín amarillo para arrastrarla de vuelta hacia nosotros. —¡No! ¡No! ¡Vuelveeeee, que tu papá no escuchó bien! ¿Cómo dices “mamá”? ma-ma, ma-ma…— le pido, no voy a cansarme de esto.

Entre semana no es como si tuviéramos mucho tiempo para hacer esto, me refiero a sentarnos entre juguetes de tela dispersos sobre una alfombra felpuda y que Tilly nos haga parte de este espacio del que se fue apropiando, en el que pide perderse bien temprano en la mañana, cuando desde el comunicador se escucha su llantito ¡a las siete de la mañana! Es el horario de despertarse al que se acostumbró con nosotros y no hay misericordia para los días domingos, a la que única que disculpa es a Meerah dándole unas horas más de sueño. Ella está vestida desde sus dedos gordos desde los pies hasta su cuello de manera impecable, yo sigo teniendo el pijama puesto y los pelos los aplasté con las manos. —Ven, Tilly, quiere mostrarte algo— insisto con la bebé para que se acomode en el hueco formado que queda entre mis piernas, — vamos a mirar una película, ¡el protagonista te va a gustar, lo juro!— busco mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón y lo hago girar en mi palma hasta que puedo dar con el botón que enciende la pantalla, la desbloqueo y me desplazo a la galería de videos con el pulgar, paso de esos en los que se nos ve a Hans y a mí mordiendo los cachetes de Tilly de lado a lado, también otros que me mandó Meerah de ella con su hermanita, hasta dar con ¡aja! —¡Mira, Tilly! ¡Una película de tu papá!— sí, espío sobre mi hombro para ver si también está pendiente de la imagen que empieza a reproducirse. Una captura que lo muestra sentado cerca de la sillita que la bebé usa para participar de las comidas en la mesa y se ve como se acerca, como él que luego tiene la cara para decirme que hay que estimular el lenguaje de la niña con una conversación normal, sin necesidad de estar distorsionando palabras, que el idioma de bebés es una subestimación a la inteligencia de estos… ¡ÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEL LE ESTÁ HABLANDO EN IDIOMA BEBÉ! —¡ASÍ TE QUERÍA ATRAPAR!— grito dándome la vuelta para que la pantalla le quede a centímetros de la cara, que tampoco le quiero romper la nariz, solo que se vea a sí mismo ATRAPADO IN FRAGANTI.
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Abr 16, 2020 5:41 am

Lara Scott y yo hemos sido competitivos en varios aspectos de nuestra relación desde que nos conocimos, hace lo que parece ya una vida. La disputa de hoy gira en tono a las vocales que salen de la boquita de Mathilda y que, en mis oídos, reproducen una palabra obvia y que debería de ser muy sencilla de pronunciar para una niña que recién está empezando a transitar el camino del lenguaje, a pesar de que para ella solo es uno que nosotros no somos capaces de comprender — No sé en qué mundo eso es una eme. Es obvio que sus labios se están poniendo en posición de pe — le muestro a la morena cómo se supone que se tiene que modular moviendo mis labios, pero es obvio que no me va a hacer caso, que está mucho más ocupada en arrastrar a la bebé para que no se escape de ella, que bien rápida es cuando toca el suelo. Desde que Tilly aprendió a gatear, toda la casa ha comenzado a girar en torno a su seguridad, que para ser tan pequeña y gordita tiene una velocidad atemorizante. No sé en qué momento creció tanto, para cuando me quiera dar cuenta va a estar formando oraciones completas para mandarme lejos, que llegará el día en el cual me vea como alguien completamente aburrido y no como el papá genial que se supone que soy.

Me estiro haciendo abuso de lo largo de mi cuerpo, apoyándome en mi costado para poder asomarme por encima de Scott y ver cómo ha acomodado a la pequeña escapista, cuyas facciones me recuerdan cada día más a su hermana mayor. Ni siquiera le presto atención a lo que está tratando de mostrarle Lara, por mi parte trato de captar sus ojos negros modulando el pa-pa-pa que busco que se ponga a repetir, a pesar de que su curiosidad la tiene debatiéndose entre el movimiento exagerado de mi boca y la luz del celular. No es hasta que oigo que se trata de mí que me inclino hacia delante para poder ver mejor de lo que me está hablando; ni hace falta, pronto tengo el teléfono en la nariz — ¡No se puede creer este ultraje a la privacidad! — me escandalizo de manera exagerada, llevándome una mano al pecho en lo que Tilly se pone a balbucear con fuerza un montón de incoherencias, como siempre hace cuando alguien más alza la voz — Mathilda y yo estábamos en una junta de negocios. Ella tendría mucha crema para el postre si era una niña buena y aprendía algunas palabras… — o “una” en particular — ¿Dónde se ha visto? ¡Espiando a tu casi marido y a tu hija! — como si fuera la excusa que necesito, pongo las manos bajo los brazos rollizos de la bebé y se la quito. Tengo que arrodillarme en el suelo para no irme de boca, en lo que presiono a la gorda contra mí y le hago un puchero de balcón a su madre — Además, tú no la viste. ¡Dice pa-pa-pa cada vez que llego del trabajo! ¡Y alza sus manitos! ¿A que sí, Tilly? — busco que me haga la segunda, levantándola para ponerla a la altura de mis ojos, a ver si haciendo contacto visual esto funciona — ¿A que eres super lista y ya dices pa-pa? Paaaa…. paaaaa — estiro las vocales y estoy seguro de que ella me imita entre gorgoritos, sacudiendo sus patitas con obvias intenciones de regresar al suelo. La apoyo en lo que sus manos tratan de zafar su panza de las mías, a pesar de que intento que no se vaya, sin mucha fuerza que digamos — ¡Además no puedes decir que no haces trampa! ¡El otro día le estabas hablando en idioma bebé cuando salí de la ducha! — si ella va a acusarme, ya debería de saber que se me da bien el dar pelea.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Abr 17, 2020 2:24 am

¿Y qué vas a hacer? ¿Demandarme?— lo provoco, el video reproduciéndose delante de su nariz en todo el sentido literal de estas palabras, saco mi barbilla hacia delante animándolo a que use sus tácticas de abogado para que este video vuelva la oscuridad y pueda fingir ante todos que nunca ocurrió. —Hazlo, vamos, hazlo, ¡que me lleven a la cárcel y nos casamos ahí!— también me estoy riendo en toda su cara, si contengo las carcajadas es porque quiero seguir escuchando sus intentos en el video de entenderse con la bebé usando palabras sin consonantes y tan metido en ello, que proyectarlo en los tribunales del Wizengamot sería el momento más humillante de su vida. Claro que no lo haré, en vez de acuerdo prenupcial, terminaríamos redactando uno de predivorcio ante siquiera de casarnos. Este es un video para uso personal, así que saco el teléfono de su alcance antes de que haga el intento de querer quitármelo y lo borre. ¡No, señor! —Eso que llamas negocios, yo llamo soborno. ¿Sigues en esas tretas, Hans Powell? Mathilda, ven, voy a contarte cómo conocí a tu padre…— digo, con la niña cambiando de brazos. Sabemos que eso nunca va a pasar, todos pueden quedarse tranquilos, que de mi boca no saldrá esa anécdota, ni tampoco creo que de la boca de Hans, ciertas cosas que pasaron es mejor que queden entre nosotros así como otras cosas que van a pasar. —Dice maaa-maaaa, no sé de dónde escuchas que dice papá…— me hago la sorda a esos balbuceos, está claro, está modulando una «m» no una «p».

Es mi turno de mostrarme todo lo ofendida que puedo por estar espiándonos, mi mano impacta contra mi pecho para acompañar a la forma de «o» que se forma en mis labios. —¿A eso te dedicas ahora? ¿A ser un mirón de nuestras charlas privadas entre chicas? ¿Qué sigue? ¿Qué te pongas a leer el diario de Meerah? ¡Hans, no puedes hacer eso! ¡Las chicas tenemos cosas íntimas que no podemos compartir con nadie!— como el pacto secreto de que la primera palabra que diga la bebé tiene que ser, sí o sí, la palabra «mamá». ¡Es código entre mujeres! Mathilda no puede traicionarnos. No lo sé, suele cambiarme tan fácil por su padre. Me apoyo en mis palmas que quedan detrás de mi espalda al echarme un poco hacia atrás, mis piernas aun dobladas en una cruz. Estiro una para darles un empujón con mi pie presionando suavemente la pancita de la niña que inquieta busca cómo escaparse de su padre para volver a gatear. —Suéltala, ¿a dónde se va a ir? Tal vez quiera jugar con sus peluches…— el elefante está tendido boca arriba y con las orejas abiertas, rodeado de otros sonajeros y hasta unos bloques más grandes que la cabeza de Tilly. Me prendo del libro de retazos de telas para ir pasándolo página por página, me doy cuenta que están húmedos de baba. Meerah tendrá que tener sus telas fuera del alcance de la lengua de su hermana… —Oye, ¿quieres que te muestre cómo será el vestido de novia que está confeccionando Meerah? Creo que tengo una fotografía en el teléfono…—  pregunto, no me dirá que cree en la mala suerte, ¿verdad? —No le dije todavía que tal vez nos casemos en secreto, tengo miedo de que me ataque con las tijeras…
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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Abr 17, 2020 4:55 am

La miro con la obviedad pincelada en la cara, aunque por la manera en la cual se me curva la boca dejo en claro que me estoy tomando sus amenazas sin mucha seriedad — No tengo intenciones de leer el diario de Meerah, siento que necesitaría de un psicólogo después de dicha experiencia — si ya tuve que llamar a un especialista para mi hija, no quiero imaginar lo que sería llegar a ese punto para conmigo mismo — Lo tuyo es peor. ¡Es traición! Podría condenarte por eso — soy capaz de ponerme a enumerar la cantidad de cosas a las cuales podría condenarla por incumplir las normas, pero creo que cualquiera que sea de nuestro interés no es apto para las orejas de la bebé y, a pesar de que sé que no tiene comprensión alguna de lo que estamos hablando, sigue haciéndose algo incómodo de conversar en su presencia — Porque creo que dice algo más parecido a una “be”, que suena más como una “pe”. Tienes que estar sorda para no notarlo — ya sé que es una lucha de egos, pero para mí está más que claro.

Ya, es obvio que Lara tiene razón y Tilly está buscando el arrastrarse por ahí con sus extremidades rollizas, así que chasqueo la lengua al rendirme y muerdo cariñosamente su mejilla redonda y suave antes de dejarla ir. En cuanto toca el suelo una vez más, la niña se arrastra rápidamente en dirección a sus juguetes, olvidándose por completo de nuestra disputa — Incluso ahora ya corre de nosotros — me lamento, a pesar de que desvío la sonrisa hacia su madre para darle a entender que no estoy hablando en serio. Apoyo las manos en el suelo para recargar en ellas el peso de mi torso, mis cejas se levantan ante una propuesta que no había contemplado — ¿No que dicen que ver el vestido antes trae mala suerte para el matrimonio o algo así? — intento sonar muy poco serio, cambio el peso de mis manos para poder estirarme en su dirección y, en esta ocasión, la mejilla que beso es la suya — Puedes mostrarme, pero quiero que sepas que ni siquiera le daré mucha importancia al vestuario. Me interesa más la parte de quitarlo — a pesar de la broma, me muevo para poder estar más cerca de ella y alcanzar a ver mejor la pantalla.

Lo que me quita el aire risueño es darme cuenta de que aún no hemos tocado un tema fundamental y prenso los labios, quitándome un mechón de cabello de la frente al echarlo hacia atrás — No creo que se lo tome a mal, siempre y cuando se lo digamos… — es Meerah, siempre que se ha enojado con nosotros ha sido porque le ocultamos cosas y no por el contenido de éstas — ¿Quieres que lo hable con ella o prefieres que sea algo de a tres? — sé que con pedirle que la adopte también le estoy cediendo muchos de mis derechos sobre ella, pero me parece lo más lógico, en especial si consideramos que con la guerra en curso lo más probable es que no siempre tenga la suerte de llegar al hospital — No lo sé, Scott. Cuanto más lo pienso, más me convenzo de que solo quiero estar contigo. La prensa se volvería loca con una boda pública y no quiero a nadie husmeando en mi vida privada, mucho menos después de que Magnar y Abbey hayan demostrado tan poco respeto por ella — aún queda ver cómo quedará esa bendita entrevista y cuándo decidirán soltarla al aire, pero de solo recordarlo se me sube el calor — Hasta he buscado algunos lugares para hacerlo, ya sabes, algo alejados. Solo nosotros, sin que nadie se sienta ofendido y pudiendo tomarnos ese momento como algo privado… Suena ideal. ¿Tú qué dices? — que siempre pudo haber cambiado de parecer y no me he dado cuenta
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Mensaje por Lara Scott el Sáb Abr 18, 2020 12:54 am

Es porque somos insoportables, ni siquiera nuestra hija quiere juntarse con nosotros— digo, tendiéndome todo lo cómoda que se puede estar al apoyarme en mis manos como si esta alfombra fuera la arena de la playa donde tomar sol, sí, claro. Bonita postal de domingo estar entre juguetes que si aprietas su panza sin querer dan un chillido. —Si por separado ya somos insoportables, juntos es peor. Seguro que le pedirá a Meerah que sea quien le lleva a la escuela y presumirá de ella, si nosotros tenemos que acompañarla, pedirá que le pongamos la capucha de la campera y cerremos la cremallera así nadie la ve…— puedo imaginarla, tan claro, escapando de nosotros con sus piernas rollizas como lo hace también en este momento, trepando sobre su elefante para ir hacia otro sonajero que le interesa más, ese que puede mordisquear con los dientes invisibles que ya le molestan. —Eso dicen, trae mala suerte— contesto, giro mi rostro antes de que sus labios se aparten para robarle un beso rápido. —Pero, ¡oye! Somos nosotros. El huracán y la invasión de zombies ya lo tenemos asegurado, otra catástrofe más no hace la diferencia. ¿Un virus de lethifolds escapando de los laboratorios de Jensen infectando a todos? Psss, podemos con eso…— bromeo, tengo mis labios curvados en una sonrisa que no brilla tanto en mis ojos.

¿Crees que es normal que si nunca pensaste que fueras a casarte, pienses en las mil cosas que podrían salir mal?— le pregunto, sin la intención de ser pesimista, sino de compartirle los pensamientos que en un plano inconsciente están colaborando con mi ansiedad, una que crece con cada semana que pasa hacia la fecha… que todavía no fijamos, pero está ahí, existe. —Como que… bueno, tu padre podría elegir ese día para un nuevo atentado y secuestrarte. Magnar podría aparecer de la nada con el escuadrón de licántropos donde sea que estemos, ofendido de que no lo hayamos invitado. ¡Tilly podría tener diarrea! Los dientes le están molestando mucho, últimamente…— detengo mi perorata para tomar aire y soltarlo todo de una vez. —Tengo que buscar la foto, pero no sé, mejor no te lo muestro… diría que no es lo importante puesto que lo que importará será quitármelo, pero tengo miedo de que decirlo haga entrar a Meerah en este momento como una banshee furiosa, trabaja mucho en estas cosas… así que, lo siento, tendré que dejarme puesto el vestido un buen rato por respeto a ella…— le advierto, que entre nosotros tenemos esto de temer las reacciones enfadadas de los otros, lo que da una pauta de cuánto nos conocemos, que hasta hace unos meses nunca había visto a Hans responder más que con indiferencia cuando se enojaba y ahora puedo decir cuántas arrugas se le marcan en la cara cuando arruga el ceño, y también que tan alto puede ser el tono de voz de Meerah al gritar, cuando nadie por fuera de esta casa me dirá más que es una chica con modales exquisitos.

Tendrá que ser una nueva reunión entre los cuatro. Con Mohini sí tendré que hablar a solas, tú con Phoebe y Charles… Hans, ¿crees que es egoísta querer que sea algo solo entre nosotros?— conozco la respuesta, lo es. Lara, tus viejos defectos no se quitan. —Sé que hasta cierto punto tu hermana lo entendería, creo que Mo se sentiría un poco herida porque soy su única hija, no sé las niñas… ¿crees que sea realmente importante para ellas estar ahí con los canastos de flores? Tilly ni siquiera lo recordará, pero…— otra vez, tomo aire, lo suelto en una larga exhalación. —Yo también estoy cada vez más convencida de que solo me importa que estés tú, en verdad, solo quiero que estés tú. No hace falta que digas nada que tenga que escuchar el mundo, solo lo que tengo que escuchar yo— explico, quito una pelusa del pantalón de mi pelusa para soltarlo a la nada. —Y además, si viene un huracán, entonces solo tendría que asegurarme de que a ti no te lleve el viento— sonrío hacia él y le tiendo mi celular con la pantalla fuera de la galería de imágenes, la barra del buscador está a la vista. —Veamos, ¿cuáles fueron esos lugares que estuviste mirando?— le pido, —¡y espera! ¡un momento! ¿seguirá haciendo frío para esa fecha? Es para saber si con Meerah tendremos que agregar mangas al vestido.
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Abr 19, 2020 1:36 am

No quiero ni puedo decirle que siempre he visto al matrimonio como un paso suicida en la mayoría de las relaciones, creencia probablemente empeorada por las malas experiencias que pude ver como testigo y no como un miembro de ella. Sé que dar este paso con Scott dice más de nuestra relación que muchas otras cosas, estoy tratando de salir del molde para arriesgarme a algo que puede ser de las mejores decisiones que he tomado en la vida. Pero… Sí, las desgracias se asoman con mucha frecuencia y las que ella pone en palabras son solo algunas, de las más tranquilas a decir verdad — Intento enfocarme en las cosas buenas para no entrar en pánico antes de tiempo — confieso, que pasar a ser un hombre casado es lo único que me falta para terminar de completar el bingo de las cosas que “no iba a hacer nunca” y, tarán, las estoy haciendo. Mi interés en su pantalla se evapora cuando decide que es mejor mantenernos a salvo de la posible histeria de mi hija mayor, lo cual me causa más gracia que frustración — Mírate nomas, Scott. Aprendiendo a tomar decisiones coherentes para evitar catástrofes — me burlo, aprovecho nuestra cercanía para rozar mi nariz por el contorno de su mandíbula, antes de dejar un beso sobre ella — Puedo vivir con la intriga. Prometo aprenderme todos los detalles de tu vestido ese día, para hacer valer la espera — total, si todo sale bien, tendremos unas dos semanas para olvidarnos del resto del mundo y centrarnos en lo más importante.

Puedo vivir con eso, estoy seguro de que mi hermana podrá comprenderlo y dudo mucho que a Charles le importe el perderse un montón de palabras que nadie más tiene que escuchar. Tengo la intención de contestar, de verdad, pero Lara habla tanto y tiene tantas preguntas que cada vez que abro la boca para contestar, ella mete un nuevo bocado. Para cuando tengo su celular en la mano, estoy un poco aturdido y tengo que acomodar las ideas — Vamos por partes — pongo un alto, sentándome un poco más erguido a pesar de encontrarnos en el suelo — No creo que seamos egoístas por querer tener un momento especial para nosotros. No creo… Hay demasiados asientos vacíos como para hacer un festejo formal para todo el mundo — es incómodo tocar un tema sensible en estos días en los cuales, simplemente, intentamos ser nosotros. Hay cosas que no le cuento, historias dentro de mi trabajo que no puedo decir en voz alta y, cuando llego a casa, es como meterse dentro de una burbuja dorada de felicidad. Murmurar cuestiones como las muertes que dejamos atrás es colar un poco de gris mohoso en algo que brilla tanto como las medias amarillas de Tilly. Me atrevo a sonreírle un poco, dejando que mis ojos se posen en los suyos — Soy solo tuyo, Scott. Si eso me vuelve egoísta… Pues no tiene nada de malo serlo de tanto en tanto — es como un mimo para nosotros mismos.

Lo dejo para fijarme, de una buena vez, en los lugares de su teléfono. Paso el dedo por la pantalla, viendo en cuales coincidimos y en cuales otros, simplemente, no tenemos el mismo gusto — Podríamos hacerla en mayo. Sería como un aniversario de los dos años que llevas sin poder quitarme las manos de encima — obvio que le echo la bola con una sonrisa burlona y le enseño la pantalla — Depende lo que quieras… ¿Bosques, alguna playa perdida del archipiélago? Podríamos hacerlo en alguno de estos jardines privados y rentar una de las casas perdidas de la zona… una que no tenga mapaches que rompan la luz — obvio que no me tomé en serio sus palabras de Navidad, pero creo que jamás tuve la oportunidad de jugar la carta como una burla — También tendremos que chequear las sortijas de matrimonio antes. ¿Crees que puedas juntarte conmigo esta semana en el Capitolio para poder verlas? — no puedo evitar hacerlo sonar como una cita de negocios, pero ambos deberíamos estar agradecidos de no tener que organizar una fiesta, siento que haría que nos divorciemos antes de poder casarnos. Apoyo mi mentón en su hombro, dándole un empujón que me hace parecer tan insistente como Ophelia cuando quiere atención — Si te sientes culpable por dejarlos fuera… — murmuro — Siempre podemos organizar un almuerzo para nuestra familia cuando regresemos. Algo informal como festejo, en nuestro jardín. Y podemos darle el gusto a Mo de preparar un pastel de bodas que su hija cortará dentro de un jardinero.
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Mensaje por Lara Scott el Dom Abr 19, 2020 5:59 am

Bien pensado— le otorgo ese cumplido, —porque ya te vi vomitando sobre la borda como esa vez que estuvimos cenando en el distrito cuatro— nadie quiere a Hans en pánico, en serio, nadie quiere, salvo lo de las tintorería, porque ellos se hacen millonarios con sus ataques de pánico y trajes manchados. Para los pensamientos alarmistas que titilaban como furiosas luces rojas tenemos los míos, a mi mente todavía se le da esto de pensar tres o cuatro veces la misma cosa, como un cubo de rubik al que hay que seguir acomodando sus caras por colores, entonces pierdo la paciencia y arrojo el cubo de rubik por la cabeza de alguien. No va en serio, quiero pensar en mí misma como alguien que está aprendiendo a controlar esos impulsos, todavía no sé cómo callar a las luces rojas cuando suenan, pero de a poco voy encontrando las maneras para actuar con un poco más de calma y no ir con descuido hacia los carteles de peligro para dármelos en la frente. —Por inesperado que sea en mí, yo creo que lentamente— abro mi mano en el aire para trazar un arco, —voy madurando— lo digo como si fuera algo que merece la apreciación y el reconocimiento de toda la humanidad. ¡Ja! ¡En sus caras a todos los que dijeron que no lo haría nunca! ¡Mírenme sentarme en la mesa de los adultos, idiotas! Ya basta, Lara. —¡Hans! ¡Se me acaba de ocurrir una idea genial! ¿Y si nos casamos en una de esas convenciones de frikis? ¡Vamos! ¡Admítelo! ¡Te encantaríaaaaaaaaa!— estoy riéndome, aprovecho que lo tengo sobre mí para pasar su brazo alrededor de mi cintura y tironear de él sin hacer mucha fuerza. —¡Que nos case el capitán Kenobi!— ¡¿Quién necesita un juez?! ¡Él es el ministro de Justicia! Nos puede casar cualquiera, también un friki de por ahí. —Es broma, no me hagas caso…— o sí, no es que esté pensando en las ventajas de esto, o tal vez sí, ni su padre ni Aminoff sospecharían que estamos casándonos en un sitio de estos… ¡y sería perfecto! ¡Nadie nos buscaría ahí! ¡Ni los paparazzi! Simplemente perfecto.

Siento que vuelvo a tener cinco años y le pido a Mohini que haga un pastel de cumpleaños que solo me comeré yo, lo bueno de esto es que contrario a lo que me habría esperado alguna vez de alguien como Hans Powell, es que no insiste con una boda que tengas cintas y columnas de rosas. Es el hombre que hubiera colocado, siendo fiel a la verdad, en cualquier revista de paparazis llenando la portada con su sonrisa deslumbrante dentro de un marco de boda perfecta a la que hubiera asistido todo aquel que ocupara un sillón importante en el ministerio. Mencionar la ausencia de nuestros amigos, hace que me resista aún más a la idea de una fiesta para otros imbéciles solo por tener que cumplir con la formalidad. CofAminoffcof. Tomo su otro brazo para que con ambos rodee mi cintura y pueda sentir su pecho contra mi espalda en un abrazo que se ha vuelto el calor que busco, con la confianza de saber que estará ahí de tantas veces que lo he buscado cuando me muevo entre las sábanas de nuestra cama y encontrarlos. —Soy terriblemente egoísta contigo… no, no contigo, de ti. El Capitolio me odiará por privarlos de la boda de su ministro más joven y popular en chismes…— bromeo con falsa malicia, acaricio su brazo al alzar mi rostro hacia él. —No eres solo mío, ni me niego a tener que compartirte como ministro con medio país y como padre con las niñas, pero soy terriblemente egoísta de la parte que me toca de ti— beso el corte de su mandíbula al sonreírme. —Y pienso serlo en las dos semanas que estemos fuera.

Saco provecho de la posición en la que me encuentro para echar mi brazo hacia atrás y darle un codazo suave en el abdomen, por contradictorio que sea a mis movimientos recientes, siento la necesidad de defenderme de sus acusaciones. —Si mal no recuerdo, me besaste primero contra tu escritorio— lo contradigo, ¡como lo hare hastaaaaaaaaa el último día! Pensar que eso pasó poco después de mi cumpleaños número treinta, cuando había jurado que tenía toda una década de por delante de seguir festejando en bares con unos pocos amigos y celebrando mi supuesta libertad a los convencionalismos. Cómo cambian las cosas… —Casas sin mapaches, por favor. No sea que los mapaches vuelvan a causarte un dolor de cabeza que nos prive de la luna de miel— solo veo la oportunidad de echárselo en cara, ni que fuera de dejarlo pasar. —¿Iremos a mirar sortijas juntos? ¿Debo llevar campera con capucha y una gorra con visera? Es broma, es broma…— a estas alturas no vamos a fingir como que la gente no sabe que estamos juntos, haría el chiste de si luego iremos a mirar pasteles, ¡entonces lo menciona! —Estaba pensando en una cena antes de irnos como despedida… pero, ¿y si Mo nos hace dos figuras de mazapán sobre la torta? ¿Una alta con el cabello peinado en un jopo y con traje y la otra más pequeña con jardinero y un ramo de flores? ¡Oh, sería tan bonito!— exclamo con emoción, conmovida por lo tierno y ridículo que sería un detalle así. Coloco una mano sobre mi pecho porque, en serio, es tan conmovedor. Hago chocar mis palmas entre sí por otra idea que se me ha venido a la mente. —¡Ya sé! ¡Tiene que ser en una isla del archipiélago! Ah, no, maldición… cierto que te mareas si vamos navegando… pero, piensa, no hace falta que nos casemos en el día uno de irnos. Podemos despedirnos de la familia, irnos, encerrarnos una semana donde sea que nos quedemos, salir para casarnos, volver a encerrarnos otra semana. ¿Qué hay de ese lugar donde hay cabañas sobre el mar? Tienen un muelle larguísimo. Solo estoy tirando ideas, también podría ser una cabaña en el distrito siete, que en primavera los bosques son más luminosos… sin mapaches, claro.
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Abr 19, 2020 6:58 am

Lara Scott — así, firme, con sus dos nombres por si se le ocurre mirar para otro lado — Antes de casarme entre un montón de frikis vestidos de caballeros espaciales, prefiero mantenerme célibe y casarme con Patricia Lollis — me río de ella, de nosotros, de lo idiotas que fuimos cuando creímos que no terminaríamos de esta manera a pesar de que el universo nos lanzó la idea cuando nos puso un bebé en el camino. Gracias a ella que me coloca en su espalda, puedo reírme en su oído, allí donde su cabello me hace cosquillas en la nariz y tanto me he acostumbrado. Comparto ese egoísmo, se ha vuelto parte de mi forma de conservar lo que tenemos, lejos de las manos intrusas que son tan invasivas dentro de mi vida. Mis labios se prensan en un mohín que pucherea, quejándome sin mucha seriedad de su falso rechazo — Y yo que quería sucumbir ante ti con cada parte de mi ser por más de dos semanas — suspiro con fuerza, fingiendo el resentirme — Me conformaré por ese tiempo con lo que pueda obtener de ti, hasta que la realidad nos llame a la puerta y tengamos que volver a cambiar pañales. Mientras, abusaré de ti y que todavía me soportas — pellizco su costado de manera fastidiosa, ahogando mi risa al morder juguetonamente su cuello.

Mi queja es lamentable frente a un codazo que ni siento y hasta lanzo un “aaauch” más fingido que los orgasmos de las series teen que he cachado viendo a mi hija, cuando ella insiste en que no son tan desubicadas como para verlas solamente en su computadora — Te besé primero porque no dejabas de hablar para no hacerlo tú, así que tuve que callarte para dejar de dar tantas vueltas — que seguimos haciéndolo por mucho tiempo más, pero al menos nos sacamos esa espina de encima. Arqueo una ceja frente al comentario de la luz, pero no agrego nada — Al menos que quieras que las elija sólo yo… sí, espero que puedas con eso. Ya sabes, la presión de entrar a una joyería y soportar que nos quieran dar el oro más fino, mientras que tú te espantas por el precio… — mi susurro conecta la intención con una película de terror, que ahora que ha pasado el tiempo puedo reírme de su pánico en la cita que culminó con el resultado de toda esta idea de matrimonio. Morgana’s no me ha recibido de la misma forma desde esa noche, eso lo aseguro — ¿Crees que Mo sería capaz? — pregunto, sonriendo ante la idea — De seguro es delicioso comerte en forma de mazapán. ¿Tendremos que hacer eso de darle el trozo de torta al otro después de cortarla? — no puedo imaginarme una imagen más extraña, mi risa se ve ahogada por la sacudida que le da Tilly a un sonajero detrás de nosotros, o eso es lo que me parece escuchar; ni siquiera le presto atención — Antes o después de nuestra escapada, me parece la mejor forma de celebrar con nuestra familia sin hacer un escándalo de ello.

Intento imaginarme lo que me está diciendo y mi mente, práctica como de costumbre, no deja de pensar en las alternativas — Si nos casamos en una playa, tendremos que tener cuidado de no terminar llenos de arena. Podemos irnos a uno de esos archipiélagos que tienen muelles y sitios verdes como para realizar… “la ceremonia” — uso mis dedos para remarcar las comillas delante de su rostro y mi tono imita un tono lúgubre, mucho más profundo que mi voz habitual. Quiebro mi postura al dejar caer las manos contra su vientre — Sé que puedo llamar a un juez, alguien que nos case como es debido, pero también he pensado que podemos hacerlo a nuestra manera… yo mismo tengo los papeles, como bien tú sabes — parece que estamos mencionando otra vida, que muchas cosas cambiaron desde ese entonces. Me asomo por su costado, a ver si ella se digna a ver mis ojos — Quiero hacer las cosas bien, que planeo casarme una sola vez en mi vida, así que necesito que estemos los dos cómodos y felices. Sé que no debería ser la gran cosa si ya vivimos juntos y tenemos un bebé, pero siento que… algo va a cambiar — siempre hemos tenido una relación de muy bajo perfil y, repentinamente, seremos marido y mujer. Yo, marido, el caos terminará por estallar — Podemos empezar por elegir los anillos y luego, más seguros, reservar el lugar y ya anunciar la fecha… luego de una charla seria con los demás — sí, ya estoy planificando una agenda, pero no puedo con mi genio.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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It's like you're my mirror · Hans Empty Re: It's like you're my mirror · Hans

Mensaje por Lara Scott el Lun Abr 20, 2020 7:32 am

Espera— le pido, un momento de silencio, por favor, esto es serio, —¿me estás diciendo que prefieres eso solo para no tener que casarte entre frikis? Dejando de lado el hecho de que siento que estás traicionando a nuestra religión de la infancia con ese comentario, voy a poner en comparación lo importante y es que tienes a Patricia y el celibato de un lado, en el otro tienes a una mujer muy atractiva, con un gran sentido del humor, no olvidemos nunca su sentido del humor, que se ha leído todo un libro completo de posturas de sexo contigo y de las cuales podríamos hacer un repaso en las dos semanas, lo único que tienes que hacer es… permitir que le capitán Kenobi nos case. Si esto fuera un dilema de vida, ¿en serio elegirías la primera opción? ¿Patty y el celibato?— le pregunto sin poder creérmelo, estoy buscando la manera de que su mirada se encuentre con la mía al darme la vuelta entre sus brazos. —Hans, debemos tener una charla seria sobre tus prioridades y tu ética en esta vida— no se me ocurre otra cosa que decir o cómo se llamara este campo en el que entran en disputa con quien se casaría si hay un Kenobi falso en medio. Lo bueno es que para otras cosas, lo que viene inmediatamente después de casarse, sí tenga bien en claro sus prioridades. —¿Sabes que estás creando expectativas que luego tendrás que cumplir, verdad? Estás colocando el listón muy alto, tendrás que esmerarte, y entonces lo de soportarte lo haré con gusto, aunque me pido que cada año tengamos una nueva reunión para definir términos— lo digo con la jerga de los negocios solo porque estamos en la habitación de la bebé como para decir o hacer cualquier otra cosa, me limito a una caricia casta que va subiendo por su brazo, no, olvídalo, nada puede ser casto con estos brazos.

Lo hiciste porque te morías de ganas de hacerlo, fin de la cuestión— decido, sabiendo que es casi quitarle de las manos el que tenga razón y su intención de ganar en una nueva estúpida pelea de egos. Saliendo de la broma sobre nuestros orgullos, le soy honesta: —Sabía que querías hacerlo, que querías acostarte conmigo, pero de verdad que por mucho tiempo solo te vi jugando un juego que conozco muy bien, en el que eras quien iba por mí, eso no te lo niego, para que fuera yo quien cayera por ti. Podrías haberme propuesto que criáramos a la bebé cada quien en su lugar, nos habríamos acostado un par de veces más, eso seguro, me di cuenta que ya no era un juego cuando me dijiste que lo hiciéramos juntos— y lejos de matarnos al primer mes de vivir juntos, como lo habíamos predicho, logramos vivir en dos casas a la vez, con Meerah en medio teniéndonos paciencia para que definiéramos qué éramos y qué queríamos. Solo para que esa palabra de la que por años nos burlamos, se impusiera entre nosotros. —Puedo mirar a otro lado cuando te muestren los precios, limitaré mis caras de horror al ver los tamaños de los diamantes en exposición— no es algo que pueda controlar, mis expresiones faciales van por delante de cualquier pensamiento racional. Me doy cuenta que esa es otra de las cosas que me abruman de las bodas, todos los detalles ostentosos que traen consigo, cuando a mí lo único que parece importarme es tener enfrente al hombre en cuestión, colocarle un anillo y pasar a la consumación del matrimonio, priorizo lo esencial de la cuestión. —Acabas de darme la idea de pedirle a Mo que la novia de jardinero, en vez de tener un ramo de flores, esté manchando de torta la cara del muñequito de traje— pienso en voz alta, me giro para frotar su mejilla con el pulgar. —Al muñequito real me lo comeré sin que haga falta que esté recubierto de azúcar— decirlo así, me recuerda a cuando lo conocí, entonces no hubiera mostrado interés en él ni aunque el mismísimo capitán Kenobi viniera a pedirme que hiciera el favor.

Pongo los ojos en blanco al oír su queja de por qué no casarnos en la playa. —Hans, solo por ese comentario, me voy a encargar de arrastrarte alguna vez detrás de nuestra casa en el cuatro, para revolcarme contigo entre las dunas y que lo último que pienses sea si te estás llenando de arena— no es una amenaza, es una promesa. Su época en la vida de camisas limpias y sin arrugas se acabó cuando me conoció, tiene que darlo como un hecho ya casi irreversible. — Entonces, playa no, tendré que declinar lo del muelle también, un muelle solo por un muelle, no. Lo del archipiélago me da una idea… ¿qué hay de esas casas tienen grandes ventanales y están sobre riscos? Las que parecen casas de cristal, son hermosas… te lo tendré que buscar para mostrarte—  recupero mi celular así busco de lo que estoy hablando, lo que encuentro es un video y tengo que girar la pantalla para que pueda verlo. —No creo que necesitemos de un juez— si hasta de esto me río, nos estamos saliendo de todos los lineamientos de cómo las parejas generalmente se casan. Entonces sí me volteo para quedar de cara a él, así puedo colocar mi mano en su nuca y atraer su rostro para que su frente se recueste sobre la mía. —Será la única y mejor boda de tu vida— susurro, mis ojos abiertos para encontrarme con los suyos. —Ese «algo va cambiar» da mucho miedo, hace que todo esto me provoque más ansiedad, que no te sorprenda que me escape contigo una semana antes de cualquiera sea la fecha que elijamos...— porque si ya en estos días comienzo a sentir como el estómago se me tensa, no quiero imaginar cuando tenga los nervios consumiéndome, conociendo mi carácter no podría con el estrés agregado que supone asegurarse que los invitados se sienten donde ser, que la bebé no se coma los pétalos de rosa y que los anillos no estén en otro lugar que no sea el bolsillo de Hans. —¿No sientes como que estás a punto de tocar una oportunidad única, y quieres correr a toda prisa para agarrarlo, antes de que cualquier cosa salga mal y esa oportunidad se pierda? Porque incluso esperar a mañana parece mucho tiempo.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Abr 21, 2020 7:03 pm

Tengo que morderme la lengua y prensar mis labios para no reírme frente a su enorme lista de virtudes, de las cuales solamente puedo reprochar su sentido del humor; aún así, he aprendido a no señalarlo para no acabar en discusiones eternas sin puerto aparente — El general Kenobi y toda su plebe es una etapa cerrada en mi vida — es lo único que tengo para decir, dejemos de lado el factor de que me he batido a duelo físico con ella estando embarazada para recuperarlo, hace poco más de un año — ¿Alguna vez te decepcioné? — a pesar de que intento mostrarme ofendido, me silencio cuando me doy cuenta de que prefiero que no conteste y me llevo un dedo a la boca para indicarle que no es necesario que lo haga. Si tenemos algo que discutir al respecto, podemos hacerlo en la cama, cuando sea el momento — Dejó de ser un juego por otras cosas y lo sabes — podríamos haber continuado cada uno por su lado si no hubiesen surgido otras emociones, pero en una primera instancia tengo bien en claro en qué lugar estaba parado y me gusta creer que ella también. Hemos cambiado, pero la actualidad no va a nublarme la memoria — Pero si quieres seguir mintiéndote a ti misma y decir que me moría por ti, adelante. Tilly sabrá la verdad cuando crezca — ah, sí, siempre metiendo a la gorda para molestar.

Puedo verlo, de verdad. No sé cómo haremos para escoger nuestras sortijas, cuando encontrar un punto medio que se adapte a los dos siempre ha parecido más complejo de lo que puede serlo para otras parejas — Es solo un anillo de oro… — lo dejo caer como un consuelo pasajero, cuando los dos bien sabemos que hay cientos de modelos y quedarnos con uno liso y simplón no se sentiría tanto como nosotros. Va a matarme si empiezo a buscarle diamantes, ya pude ver un nuevo escándalo público. Al menos, su caricia me mantiene con un pie en la realidad y acabo sonriendo de lado — Mucho mejor, porque te prefiero mil veces antes que al pastel — no hay un punto de comparación, jamás me he calificado como dulcero y ella puede compararse a una droga poco saludable; en especial cuando hace ese tipo de amenazas — ¿Acaso cómo puedes concentrarte con arena en el culo? — no es que me haya pasado, para nada. Boqueo como un pez, una vez más sin ser capaz de meter bocado, hasta que puedo centrarme en la imagen de la pantalla de su teléfono — ¿Crees que podamos conseguir una reserva para esa fecha? Deberían hacernos alguna clase de excepción — ya, que sé que no debería abusar de mi carta ministerial, pero siempre caigo en la tentación del capricho.

Sin juez, puedo hacer eso. Será una boda peculiar, para una pareja que no ha seguido el camino que todo el mundo necesita transitar para llegar a este puerto. Puedo recostarme contra su frente de la manera más pacífica que mi cuerpo me permite, sonriéndome por unas palabras que puedo comprender en cierto punto — Solo avísame con algunas horas de anticipación y dejaré todo listo en la oficina para que nadie nos moleste con llamadas innecesarias — murmuro, mis dedos acarician con cuidado una de sus mejillas, apartando algunos cabellos. Apenas se oye mi breve risa — Puedo esperar a mañana… — comienzo — porque siento que tengo que disfrutar de todo esto. De los nervios, de la ansiedad, de cada preparativo. Sino, cuando llegue el momento todo habrá pasado tan rápido que ni nos daremos cuenta y me gusta ser consciente de las cosas buenas, Scott. No tenemos por qué correr, si el camino largo en buena compañía nunca está mal — en la oficina puedo ser ansioso y perfeccionista, aquí puedo darme el lujo de dejar de pisar el acelerador. Acaricio su boca con la mía, apenas presionándola por un momento — ¿También empezaremos la guerra de los apellidos en cuanto firmemos los papeles? — murmuro en sus labios, sonriendo con gracia — Porque puedo soportarlo con las niñas, pero yo no… ¿Dónde está Tilly? — que estaba seguro de haber visto su culito redondeado por el pañal por detrás de su madre, pero el pensar en ella por un segundo me ha llevado a darme cuenta de que… no está. Me separo abruptamente de Lara, dejando caer la mano al suelo al girarme, buscando alguna señal de su cabecita o al menos un movimiento… pero no hay nada — Scott… Creo que perdimos a Mathilda — dentro de la casa, como buenos padres que se supone que somos.
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