The Mighty Fall
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Mensaje por David Meyer el Sáb Abr 11, 2020 7:12 am

» Después de Coliseo II: The ruler and the killer

Los auriculares se deslizan de mis orejas y los dejo caer al suelo sin intenciones de devolverlos a su lugar ¿Para qué? ¿Para escuchar los abucheos de la gente que tratan a mi abuelo como si fuese un animal de circo? Tampoco es que pueda ponerle una imagen a lo que oigo pues las lágrimas han invadido mis ojos y lo único que logro ver desde que la última criatura cayó es un montón de figuras borrosas y la pantalla de la tablet con gotas que parecen demasiado grandes para pertenecer a una niña de trece años. No quiero creerlo pero sé que es real... Las cosas encajan demasiado bien como para ser una simple coincidencia. Mi abuelo, el que nunca logré conocer pero siempre se esforzaron por mantener vivo en mi memoria, resulta que es un muggle lo cual explicaría la preocupación de mamá cuando empezaron a evaluar a las personas en el ministerio. Ella tiene más sangre muggle que nosotros y su papá acaba de suicidarse en el coliseo ¿Lo estarán viendo? Pobre  mamá...

Mis dedos dubitativos alcanzan la pantalla de apagado y la imagen se funde en un espejo negro que refleja lo mal que luce mi rostro luego del llanto en silencio ¿Pero qué más puedo hacer siendo que se supone que no debería haber visto lo que vi? Mamá y papá fueron bien claros, debía quedarme en mi habitación estudiando por todo el tiempo que durara el coliseo y luego seguir adelante como siempre lo hemos hecho, como ellos antes lo hacían con los juegos... Porque eso hacemos, cubrirnos los ojos cuando cosas horribles pasan para no perder la esperanza en el mundo ¿Qué sería de un Meyer con un punto de vista negativo del mundo? Una tía Samantha probablemente.

Siento una sensación fea en la panza, así que me arrastro de debajo de la cama y luego me doy vuelta para observar el techo conteniendo el llanto. No puedo hacerlo pues si bien contengo las lágrimas mis labios se curvan en un puchero que necesita ser contenido. No soy como Dax, yo no puedo estar sola... Ahora necesito un abrazo así que lo conseguiré aunque eso signifique un castigo luego.

Así que salgo de mi habitación con la pera pegada al pecho y voy arrastrando los pies hasta mamá que se encuentra acurrucada en el sofá. No la miro pues sé que no le gusta llorar frente a otras personas, simplemente la abrazo y espero que el cariño que nos tenemos sea suficiente para compensar el dolor que nos genera saber que alguien de la familia ha sido víctima de todo esto.

* * *

Envuelvo a Charlie con toda la fuerza que tengo, quien por suerte ya no es una muñeca de porcelana como lo era de pequeña, así que no temo lastimarla. Es menuda, como yo, pero su abrazo se siente como un pequeño oso dispuesto a entregar calor y no necesito más para recuperar la compostura luego de apagar la televisión. No me extraña que la traviesa haya encontrado la forma de ver la transmisión del coliseo, más sabiendo que un Crowley estaría entre los tributos, pero sí me duele que haya sido testigo de un evento tan traumático que ¡Yo estoy destrozada! Aunque claro, estoy segura de que ella en sus trece años ha madurado mucho más que yo en mis falsos treinta.

Miro a Pat con una mueca y asiento dejándolo tranquilo de que estaremos bien aquí. Claro que le doy un apretón de manos como señal de que luego necesitaré llorar como un bebé con él pero ahora... Ahora debo ser mamá. Así que acaricio el cabello rubio de la niña y respiro profundo para decir — No pasé mucho tiempo con él, trabajaba la mayoría del tiempo — cuento algo que hasta ahora había sido un secreto — No llegó a conocerte pero sí a Dave y... Creo que hasta se sorprendió de que yo haya llegado a ser madre, no se lo esperaba pero ¡Ja! Lo logré — continúo con una sonrisa que queda empañada por las lágrimas que corren por mis mejillas.

No fue un gran padre pero estoy segura de que habría sido un excelente abuelo — ¿Esto sirve? Mierda, quizás no debería haberle dicho a Pat que estaba bien manejando la situación sola... ¿Qué tal si ahora me pregunta algo cuya respuesta no sé? — Está bien llorar... Vamos a hacerlo juntas ¿Sí? Descargaremos todo lo que tenemos adentro y luego seguiremos viviendo... Te contaré anécdotas divertidas de él, como por ejemplo que siendo abogado le puso a su hija Justice... Para que veas que la parte divertida no solo viene de parte de los Meyer — ésta vez la sonrisa sale más natural y va acompañada de algunas cosquillas que hago en su barriga — Lo recordaremos con cariño y seguiremos adelante, porque eso es lo que hacemos... — murmuro al final haciendo fuerza con mis mejillas para que la nueva tanda de lágrimas quede acorralada en los ojos.

Miro la pantalla del televisor apagado y noto el reflejo de nuestras cabezas rubias abrazadas en la pantalla negra. Debemos seguir adelante sin reaccionar por esto, porque debo proteger lo que tenemos aquí. No somos guerreros, somos simples ciudadanos que les tocó vivir en un país de mierda pero ¿Qué podemos hacer? ¿Montar nuestras escobas a toda velocidad mientras lanzamos bombas fétidas desde las alturas a los enemigos? No... Ya llegará nuestro turno de hacer algo, lo único que se me ocurre ahora es proteger con el alma lo más preciado que tengo... y eso es mi familia.

* * *

Muevo mi cabeza de un lado al otro negándome a que esto esté pasando, escondo mi semblante y el gesto al cubrir mi cabeza con los brazos duros por la tensión, dijimos que no dejaríamos que esto pase. No dejaríamos que todo esto tocara a la familia que tenemos. Mi espalda es todo lo que puedo mostrarle a la televisión hasta que la imagen de Matthew Crowley desaparece de la pantalla, me quiebro entero, mis brazos cayendo inertes a los lados de mi cuerpo cuando descubro a Charlie en la escalera. El mundo se desmorona para mí, todas estas paredes, todo lo que construimos para proteger a los hijos que tuvimos de lo que conocimos y de lo que perdimos. Porque eso de lo que teníamos tanto miedo logró atravesar las paredes y provocó el llanto de Charlie, tiene a Dave hundido en el sillón incapaz de decir palabra, sus ojos todavía puestos en el vacío negro de la pantalla.

Deseo hacer lo mismo que mi hija, deseo ir hacia JJ del mismo modo en que lo hice hace años, cuando todo dolió tanto que me escondí en sus brazos y como el niño que era, inmaduro, temperamental, lloré pidiendo que todos los que se habían ido volvieran y la única que me abrazó fue ella. Sus ojos al mirarme, mientras cede mi lugar en sus brazos a nuestra hija, me dice todo lo que necesito que me diga. Es momento de ser un papá. Me detesto por todas las veces que entre dientes mordí insultos contra su padre, no quería que terminara así, siendo el peor espectáculo que sus nietos pudieran ver, porque prometimos que sobre todo lo malo, esta sería una gran aventura de la que podíamos hacer parte a dos niños más, de que habría anécdotas graciosas sobre los que ya no están y nunca se nos agotarían los juegos para distraerlos de una realidad a la que nosotros tampoco supimos hacer frente, nos sobrepasó, nos venció, nos creímos valientes y solo lo fuimos en estas cuatro paredes, donde nos escondimos.

Su abuelo los quería mucho — logro sacar mi voz del fondo de mi garganta y como lo he hecho toda la vida, una sonrisa consigue curvarse de lado a lado en mi cara para animar a los demás. Si callo el intento de broma que viene a mis labios es porque los años no pasan en vano. Me acerco al sillón para inclinarme desde detrás del respaldo y poder frotar el brazo de Charlie que es un único llanto con JJ. — Esto pasará, todo esto pasará. Nos quedaremos con lo bueno, lo recordaremos como el abuelo que nunca dejaba pasar una Navidad, él trató de estar para ustedes — la sonrisa llega a mis ojos que se arrugan, — tu familia, no importa donde estés, siempre está contigo — decirlo me obliga a cerrar los ojos por la punzada que atraviesa mi pecho, se abren por la brusquedad con la que Dave se levanta del sillón para saltar los peldaños de la escalera y perderse en el otro piso. Lo escucho aventar con fuerza la puerta de la que fue su habitación y acaricio el cabello rubio de JJ con mi palma antes de seguirlo.  


* * *

El vidrio al resquebrajarse por su impacto contra el suelo convierte a la fotografía detrás en una imagen igual de rota, le siguen otras, saltan las astillas de los marcos y el piso se va cubriendo de diminutos cristales afilados. Todo es arrojado fuera de los estantes en las paredes, en vez de tomar cada uno de los objetos, los empujo al borde con mi brazo al limpiar toda la superficie en un rápido barrido y la satisfacción que encuentro al oír cómo se quiebran al caer es insuficiente, pateo uno de los pocos muebles que todavía se mantiene en la habitación que ha dejado de ser mía hace tiempo y en este momento me abruma por todos los recuerdos.

Sobre la alfombra está la fotografía que nos tomaron con Locki en nuestra graduación del Royal, prometió que sería mi mejor amigo toda la vida, nos conocimos quizá un poco tarde, pero prometió que lo sería. Me duele vernos en esta habitación a los ocho años, mi silencio entendiéndose con su timidez, para luego comenzar a hablar y nunca callarnos, no había cosa que no pudiera contarle. Seríamos como fueron nuestros padres, lo prometimos. Todos los rostros rotos en el piso se vuelven borrosos cuando las lágrimas se agolpan en mis ojos y hago el esfuerzo de reconocer cada una de esas caras, tíos a los que quise parecerme para no ser igual a mi padre, porque me dije que nunca, nunca haría lo que hace él de mentirse a sí mismo y querer que toda su familia participe de su mentira porque es bonita, porque la realidad un día le doy un golpe del que no pudo recuperarse nunca. No me parezco a él, ni al tío Dorian, me parezco a la tía Samantha que se fue porque no soportó tener que fingirse feliz cuando todo era una mierda. Los dos callamos secretos, los vuelco entre los pedazos de vidrio al vaciar la caja de cartón escondida en el armario entre juguetes que usé solo.

Fotografías de Kenny y Jeff, en quienes creí, ¿para qué? Ninguno murió siendo quien era, no como Ferdia que al menos sí gritó en el fuego, habían muerto mucho antes, los rompieron antes, antes de que a Jeff lo lanzaran a un coliseo o Kenny fuera contada entre las víctimas de la alcaldía del distrito 9. Lea nunca encontró su sentido, del que tratamos de hablar con comida barata del norte, porque la mató su madre. Me duelen las fotografías de Raven, me duele demasiado que el recuerdo de ella siendo quemada se desvanece demasiado pronto porque siempre hay otro recuerdo que se impone con más fuerza, del día que la conocí en ese callejón por estar espiando ambos algo que no deberíamos escuchar y todo comenzaba, me duele que sea un recuerdo tan lejano que parece ser de otra vida. Ni una sola fotografía del abuelo Matthew, nada. Solo su voz en la televisión diciendo lo mismo que podría decir con mi propia voz y entonces suicidándose como parte del show.

Dave, habla conmigo — escucho por encima de mi llanto la voz que me habla del otro lado de la puerta. — No te encierres.

Papá nunca fuerza la manija, ni siquiera tiene la llave echada que con un hechizo se podría destrabar. No hace el intento, solo espera.

Dave, no puedes seguir haciendo esto. Haciéndote esto.

Tiro con fuerza del picaporte para enfrentarme a él.

¡¿Qué?! ¿Actuar como un adolescente que se encierra en su rabia? ¿En serio quieres empezar una charla conmigo sobre madurar, Patrick?

Coloca sus manos en mis hombros, sé que lo está tratando de hacer, está procurando mantenerme con los pies sujetos al lugar en el que me encuentro, pero no es algo que pueda detener, esto lo hemos pasado muchas veces así que sabemos bien cómo termina.

A todos nos duele, Dave, háblalo con nosotros.

No. No como a mí — me cierro en mi egoísmo.

Siento la presión de sus dedos en mi carne al reprimir su propia frustración y me duele que sus ojos, cuando no miran ni a mamá, ni a Charlie, sino a mí que me parezco demasiado a todas las causas perdidas de su familia, estén tan llenos de angustia.

Tu familia está para ti, no la dejes — sé que no me lo está diciendo a mí, sino a alguien que se fue hace tanto tiempo, y eso también duele. — Estoy tratando de llegar a ti, no te alejes…

Pero es lo que hago, lo que sabe que haré, nunca ha sido de otra manera. Me aparto de su agarre para poder pasar a su lado y bajar la escalera con una prisa que no me deja despedirme de nadie, no quiero hacerlo, no quiero escuchar a Chip llamándome. No quiero escucharla. No quiero oírla llorar. El sol me enceguece cuando levanto mi cara al cielo para desaparecerme, sin ningún destino en mi mente.


*Este es un One Shot escrito en conjunto con la user de Charlie Meyer.
David Meyer
David Meyer
Abogado

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