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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Mar 15, 2020 3:16 am

Hace tiempo que no estamos en la casa del cuatro, tanto que se siente ajena. Vacía, silenciosa, gris. Solo se oye el eco de las olas, uno que es muy fácil de ignorar cuando nada de lo que está ocurriendo tiene sentido alguno. No encuentro forma a los pensamientos que se han apilado durante toda la semana, no cuando dos buenos amigos se han ido y puedo sentir la desesperanza crecer con cada paso que doy. Rory no entendía absolutamente nada, no hay manera de que sepa que es uno de los tantos niños que acabarán esto sin sus padres. ¿Y yo? ¿Cómo voy a hacerlo? Porque la cordura se me patinará entre los dedos tanto como mi salud si sigo abusando del alcohol. No pude llorar en esa despedida, apenas y le mostré un poco de respeto a la familia de Jack y decidí que no podía soportarlo. Hay una lista de nombres que se va haciendo cada vez más larga y empiezo a creer que sigo vivo como una burla al destino, que estoy robando minutos de aquellos que ya no están. Es un pensamiento tan amargo que tampoco digo nada cuando llegamos a casa. Solo lleno la copa de whisky y me siento en el jardín, desde el cual puedo ver el mar. Ellos amaban este lugar.

Me he quitado el saco y la corbata, mi camisa es un desastre y estoy seguro de que el cabello ya no se encuentra en su lugar, ni siquiera cuando decidí cortarlo tras meses de verme mucho menos pulcro que de costumbre. Es una estupidez, pero de alguna manera sé que los próximos meses exigirán de mi mejor imagen. ¿O serán años? ¿Décadas? Me rasco la mejilla aunque no me pica y busco acomodarme en la banca. Quizá debería dormir una siesta. Sí, si duermo no tengo que pensar. Son los pasos que reconozco como Scott los que me eliminan ese pensamiento, aún así ladeo la cabeza para chequear que sea ella y no Meerah. De verdad, no podría fingir delante de mi hija — ¿Vienes a asegurarte que no he ido a ahogarme al mar? — es una pregunta cansada más que irónica, en lo que me llevo el vaso a los labios. Estoy harto de ser quien tiene que dar las malas noticias, ese que se sienta a ver cómo se le rompe el corazón sobre cosas que yo no tengo el control. Aún no he tenido los huevos para ir a ver a la prisionera siquiera, soy un triste ejemplo de ministro fracasado.

Me relamo, sintiendo el frío de los hielos en mis labios — Pensé que aún estábamos en edad de presenciar bodas, no funerales — no quiero preguntar cuál cree que va a ser el próximo. Mis ojos van de soslayo a sus dedos, buscando el anillo de compromiso que me atrevo, por un segundo, a acariciar — Solo quiero… — tengo que tragar saliva, consciente de lo mucho que me cuesta una acción tan simple como esa. La mano que sostiene el vaso se cierra aún más fuerte sobre éste — Una parte de mí desea hacerles pagar por lo que han hecho y la otra solo quiere rendirse. ¿Cómo…? — tengo que tomar algo de aire, una vez más. El trago que le doy a mi bebida es mucho más efusivo y me acomodo en mi lugar, como si toda la incomodidad pudiera evaporarse. La angustia, el dolor, el enojo. ¿Está bien que esté furioso? Porque lo estoy, demasiado — ¿Cómo sabes cuál es el mejor camino a seguir cuando estas cosas pasan? — porque uno se queda aquí, de pie, recibiendo golpe tras golpe hasta que todo pierde el sentido.  Y si ellos pueden demostrarnos que no tenemos nada seguro, el miedo puede pasar la puerta.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Mensaje por Lara Scott el Lun Mar 16, 2020 1:48 am

He tenido esta sensación antes, la arrastra el oleaje cada vez que el mar frío choca con la arena, de que he estado aquí sin nunca haber estado. Busco con mis ojos algo que se desvanece antes de que se torne real, el contorno de personas que nunca he conocido. Porque mis ojos tienen memoria de algo que escapa a mi consciencia, tengo que cerrarlos para sujetar los pocos sonidos que distingo en el silencio y vienen de mi mente. Froto mi nariz con el dorso de la mano al picarme las lágrimas que se acumulan tras mis párpados, puedo simular que es el viento del invierno cercano que lastima mi rostro, en la playa puedo mentir de esa manera, no dentro de la casa que perdió todo su calor estos días para que las paredes se sientan heladas al tacto. Es solo una sensación de deja vú. Esto ya lo has perdido, lo volverás a perder luego. «Esto ya lo viví», son las palabras que tomo para mí porque me las seguiré repitiendo a lo largo de los años.

Hunter sigue de cerca mis pasos lentos que me llevan de regreso a la casa sobre las dunas, sube un poco más a prisa pese a su edad los peldaños armados con piedras. En el último escalón desde el cual puedo echar una mirada a la playa entera, seguir el contorno mojado de la orilla hasta donde está la casa que fue de Jack y Rose, notar que la arena no se ve tan intensamente amarilla como en verano en reflejo del sol, sino que la cubre una sombra grisácea que la hace ver de un tono gastado, se me hace imposible imaginar que Rory pueda armar castillos con esta, es el tipo de arena que simplemente ves cayendo entre tus dedos a la nada. Porque grité, lloré, sufrí al pensar que podría perder a Hans en ese llamado a defender el distrito nueve, tortuoso camino que anduve por horas, solo para que al final del día, con el alivio de saberlo a salvo aunque no ileso, me diera la vuelta para descubrir la pérdida de nuestros amigos y el arrebato por la espalda, la ausencia sorpresiva, impuesta e irremediable de lo que diste por hecho que estaría ahí, te deja con el vacío por lo perdido y también de todas los sentimientos que por derecho te correspondían, porque no queda nada.

Entre la última vez que me despedí de Rose y este día hay un vacío. No hay final, no hay muerte, no hay nada que me diga que se terminó. Solo vacío. Que la última imagen que tengo de Rose sea de ella viva, alegre y burbujeante como era su espíritu, no ayuda a que al encontrar la silueta de su casa, deje de esperar a que de pronto aparezca y grite mi nombre. Que todas las personas repentinamente se desvanezcan así no ayuda, recuerdo lo mucho que seguí esperando ver a Annie aparecer en el pasillo entre laboratorios después de saber que murió. En el funeral de mi padre me dijeron que era bueno que el último recuerdo que conservara de él fuera uno en el que estaba lleno de vida, no lo sé, suele ser el peor recuerdo también. Porque toda la vida volteas el rostro y buscas con la mirada ese momento, esa figura, esa sonrisa. No quiero pasarme toda la vida volteando esperar a ver a alguien que por su recuerdo tan vívido, me engaño a mí misma diciendo que sigue ahí por seguir en mí, a veces se vuelve una carga y desearía dejarlos ir, aunque me desgarre. Pero no se puede, se quedan. Se debe enseñar a la vista a centrarse, a posarse en los vivos y aunque hago el amago de sonreírle a Hans al verlo sentado, vivo, en la banca del jardín de pasto seco, ese gesto cae al oír lo que me pregunta. No creo, en este momento, tener la fuerza de ánimo suficiente para contestar a la dureza de esas palabras que me dejan inmóvil el segundo que usa Hunter para echarse debajo del asiento.

Tampoco puedo responder a su apreciación sobre bodas y funerales, no encuentro mi voz para decir mi célebre frase de que cada cosa tiene un tiempo, tal vez la rueda está girando para colocarnos en un tiempo distinto al que disfrutamos, así que en vez de decir algo, tomo sus dedos que rocen el anillo para entrelazarlos conmigo y dejar al anillo en paz, que lo que me importa ahora es tener su mano para seguir sosteniéndola. Me siento a su lado y bajo mi mirada al agarre de nuestras manos porque parece el mejor punto en cual enfocarme, lo escucho hasta que el silencio que le sigue y se extiende me indica que es mi momento de responder. — Sigues adelante, ese es el camino. Seguir adelante— contesto finalmente. —No te rindes, porque si te rindes pasarán sobre ti y seguirás perdiendo todo lo que quieres y tienes— tal vez haya algo de enfado detrás de la firmeza dura de mi tono, siempre fui buena usando al enojo como escudo para pararme sobre mis pies y no dejar que me abatieran, y si me sentía caer, arrojarme para dañar a lo que pretendía dañarme. —Pero, quizá…— retiro mi mirada de nuestras manos para detenerla en el mar, lo miro de soslayo sin querer enfrentar su rostro. —No se trata ni de hacerles pagar, ni de rendirte. Sino de una tercera opción… porque no eres ni serás nunca el hombre que se verá obligado a elegir entre negro o blanco, ganar o perder, entre vivir o morir por esto. Tienes que elegir siempre resistir y para eso…— cubro su mano con las mías, —siempre busca una alternativa, por favor.


Última edición por Lara Scott el Mar Mar 17, 2020 1:41 am, editado 1 vez
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I'm scared that you won't be waiting on the other side ✘ Lara Empty Re: I'm scared that you won't be waiting on the other side ✘ Lara

Mensaje por Hans M. Powell el Lun Mar 16, 2020 3:09 am

Es curioso. Desde que nació Mathilda, son contadas las oportunidades que tenemos para estar solos. No me he dado cuenta de lo silencioso que puede ser, cuando lo único que tenemos frente a nosotros es un mar que se mece y un montón de palabras que no podemos expresar. Hay cosas que crees que nunca van a cambiar y no puedes comprender cómo es posible que, en una mañana, tan solo un puñado de horas sean más que suficiente para que todo se dé vuelta. Ellos no tendrán la oportunidad de tener más hijos ni de ver crecer a Rory. No habrá más cenas que terminarán con Jack diciéndome que soy demasiado blando para seguirlo en la cantidad de copas ingeridas. Es como que el miedo que me ha azotado durante meses ha sido desviado hacia mis amigos y no ha golpeado a mi familia de pura suerte. Nosotros nos quedamos atrás, limpiando los platos y preguntándonos cómo llenar los espacios vacíos. Esas sombras vinieron y nos arrebataron memorias pasadas y futuras, así como si nada. Jamás había sentido la guerra tan real como ahora.

Quiero preguntarle cómo se sigue adelante, pero estoy seguro de que ella tampoco tiene la respuesta y no quiero ser la persona fastidiosa que se apoya en otra que está tan dañada como uno mismo. Se me escapa una sonrisa irónica e involuntaria en lo que aprieto sus dedos, es mi mano contraria la que se aferra a lo que queda de un vaso que no es lo suficientemente fuerte como para apagar el fuego — ¿Y qué si no veo una tercera alternativa? — pregunto — No creo que ahora mismo nos encontremos en un juego de blancos o negros. Y no dejo de preguntarme cómo hubieran sido las cosas de haber llegado unos minutos antes… — ¿Habría podido ayudarles? ¿Sería yo el que acabó con una flecha en el corazón o ninguno de los tres habría caído? ¿Tendría Rory a alguno de sus padres, al menos? Levanto el vaso y bebo, pero queda tan poco que pronto es el hielo lo que choca contra mi boca y hago una mueca de decepción — ¿Sabes? Era uno de los mejores duelistas de mi clase, siempre me dijeron que era diestro con la magia y, aún así, soy incapaz de hacer algo bien con ella cuando es realmente necesario — no puedo salvar a mis amigos ni proteger a mi hermana embarazada. ¿Para qué tengo una varita, otra vez?

Resoplo porque me recuerdo que este no es el momento ni el lugar. Que sostengo la mano de una persona que está igual o más herida que yo y no puedo transformarme en un peso para ella, sino una compañía — Lo lamento — tengo que apoyar el vaso sobre el borde de la banca para encontrarme completamente libre y paso los brazos por su cuerpo, tratando de acercarla a mí, como si la cercanía fuese suficiente para cuidarla durante el resto de nuestras vidas — Estoy siendo ridículo y no he dejado de auto compadecerme por días, es solo que… — al menos soy capaz de verlo. Aprieto mis labios contra su frente que sigue oliendo a casa, es curioso como alguien como ella ha prestado su perfume para que pueda percibirla como mi hogar. Cierro los ojos, a ver si esa sensación se translada a otras partes de mi cuerpo, ese que se siente tan vacío. Intento que los pensamientos no se vayan a ese charco escarlata — No dejo de agradecer y maldecir al mismo tiempo el tener la suerte de haber vuelto con ustedes. Y no dejo de preguntarme quién será el próximo que enterremos — la lista se va volviendo cada vez más larga y yo me encuentro cada vez más cansado y vulnerable. Es una muy mala combinación.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Mar Mar 17, 2020 2:22 am

No creo que puedas verla en este momento— murmuro, mi voz arrastrándose por mi garganta, —yo tampoco puedo—. El corte que el horizonte traza sobre el mar se ve sucio de nubes grises, este distrito no será un bonito lugar para estar en invierno, que irónico, en diciembre pasado me pareció el sitio para disfrutar de una primera navidad en familia. El mar golpea mi nariz con el olor a sal, tan intenso que no lo soporto, mis ojos se enrojecen en respuesta y tengo que reprimir el llanto. —En otro momento, en otro lugar, en otra situación, cuando tengas que elegir… solo piensa en qué te haría resistir— y no lo digo, no lo haría después de oír cada palabra de su promesa en el hospital y comprenderlas en su significado real, entender que es una promesa cerrada entre los límites de las circunstancias en que nos encontramos. Resistir es pedirle que siempre busque la manera de volver a casa, no me importa cómo, claro que eso tampoco se lo puedo decir. Nuestros amigos fueron asesinados cumpliendo con su labor, no puedo poner en voz alta que prefiero viva a la gente que amo y no muerta por sus convicciones, ¿quién me hace pensar así?  

Si tú te sientes impotente en el lugar en el que te encuentras, ¿qué nos queda al resto?— comento con un tono vago, si suena así es porque no quiero se note lo hondo que me duele lo que voy a decir. —Decidí dedicar mi vida a construir cosas, a crear cosas necesarias para otros, nuevas, extraordinarias. Pensaba en cómo cada cosa podría cambiar en algo el mundo, y la verdad final es que el mundo no me importaba…— murmuro, tuerzo mi boca en una sonrisa hueca. —Nada de lo que sé hacer sirve para algo— lo acepto, —paso mis días en salas tratando de comprender lo abstracto y el universo— me burlo de mí misma con una carcajada amarga, —con las puertas cerradas a todo lo que está sucediendo. Me importa tan poco el mundo, me importa tan poco que todo lo que la gente sepa hacer es matarse entre sí, que me quedo en mi sitio y entonces te veo irte, regresar sin poder respirar por tu propia cuenta que necesitas de un aparato, veo a tu hermana embarazada lastimada en otra camilla, recibo la noticia de mi mejor amiga está muerta y que mi ahijado se ha quedado huérfano— pasó el nudo en mi garganta con dificultad, arrugo un poco mi rostro al hacerlo, porque en serio cuesta. —Soy una inútil en esta guerra de la que todos están formando parte y que los está matando— susurro.

Paso mi brazo por su espalda cuando se acerca para abrazarme a él tan desesperadamente como lo necesito, para recuperar esa sensación que una vez me hizo sentir que podía traspasar todas sus barreras, también la de su piel, para esconderme allí donde se percibían sus latidos y éramos una excepción al tiempo y a la leyes de la naturaleza, una que demostraba que dos cuerpos pueden coincidir en algún momento remoto y la piel fundirse para no saber dónde terminaba la mía y comenzaba la suya. Llegar a memorizar no solo sus rasgos, cada una de las líneas y pendientes, sino también su olor y ser capaz de reconocerlos en otros mil, así que todos mis otros sentidos pueden anularse y lo seguiría encontrando. —También lamento mostrarme miserable contigo, no es lo que quiero, no quiero que me veas como el apoyo que siempre vacila y no sabes si soportará todo esto. Porque, te tengo que ser honesta…—  coloco mi mentón sobre su hombro para mirar detrás de él, mi voz rozando su oído. —No creo poder soportarlo, creo que cuando todo esto finalmente acabe, ese día yo...— froto su espalda con una caricia lenta, me guardo lo que iba a decir, lo cambio por algo distinto que exige salir de mi garganta. —Pero de ese día me preocuparé cuando llegue ese día, estará ahí, marcado. El resto de los días hasta entonces, quiero poder estar para ti y lo soportaré todo, sostendré todo por nosotros, me aseguraré de amarte sin guardarme nada, ¿sí?— digo, sujeto su barbilla con una mano para acercar su mejilla a mis labios.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Mar 17, 2020 3:02 am

Me es difícil ponerme en sus zapatos cuando no recuerdo lo que es ser un civil en momentos de crisis. La impotencia viene de la mano del saberme insuficiente para llenar un asiento que ahora me queda grande y no estoy seguro de poder hacer más de lo que vengo haciendo hasta ahora, como si hubiera alcanzado mi tope. Hoy el destino está en las manos de gente como Riorden, cuya carrera está sumida en la desgracia y Magnar, quien vive encerrado en su mansión masticando mierda sin dar señales de cómo continuar. Después estamos el resto, la contención, la ayuda que no sirve de nada. Lo único que puedo hacer en un momento como éste es el tomar su mano, apretarla para recordarle que he vuelto, que por ahora no me iré a ninguna parte — Tienes tu propio papel. Tu departamento trabajará en armas, pero a mí me importa más ese que cumples al defender nuestra familia. ¿Quién cuidaría de las niñas si yo no regreso? — lo cual estuvo muy cerca de volverse real — Eres mi espina dorsal, Scott. No podría hacer esto si no te tuviera conmigo — somos un equipo, una pareja que se complementa y ambos tenemos la tarea de cuidar lo que tenemos. Que Tilly y Meerah no se sumen a las filas de Rory.

Me contagia su desespero, me produce el apretar su cuerpo contra el mío como si pudiéramos hacernos minúsculos, incapaces de ser encontrados en un mundo demasiado inmenso para nosotros. Quiero decirle que no se preocupe, suelto un “shhh” que creo que no escucha porque sigue hablando, haciéndome temblar con su aliento cerca de mi oreja. No sé si quiero saber lo que iba a decir y se guarda para sí misma porque no quiero escenarios fatales, no cuando estoy seguro de que prefiero ser el siguiente enterrado antes de tener que presenciar otra muerte. Es tonto, pero respondo al tacto de sus labios girando mi rostro, lo suficiente como para besarla como si fuese la primera o última vez, no me decanto por una — Es irónico lo que tiene que suceder para poder darnos cuenta de lo fina que es nuestra existencia — murmuro en su boca, que nadie nos escuche, a ver si quieren jodernos la vida. Mis manos suben, le apartan el cabello del rostro así puedo verla mejor, como si no lo viese todos los días al despertar y tuviera que recordarme cómo se ve — Eres todo lo que necesito, Scott. No más ni menos. Y espero poder corresponderte de igual manera, por el tiempo que me quede contigo. Quiero ser lo que te mereces — no el cobarde que fui, no el inútil.

Aún sostengo su rostro en lo que dejo caer la frente hacia delante, chocando la suya en redención. Se me cierran los ojos cansados, respiro lento y profundo, me concentro en que mis sentidos siguen funcionando. Sigo sintiendo su tacto y su perfume, el sonido de las olas, el sabor de su boca aún se percibe en la mía — Le dije a los Tyler que cuenten conmigo con cualquier necesidad de Rory, creí que no te opondrías — no pude hacer mucho más por los pobres padres de Jack, supongo que la crianza del niño pasará a ellos o a Ernest. Ya me enteraré en los juzgados — Pensé que podríamos llevarlo un fin de semana a casa, cuando todo se acomode. ¿Crees que siquiera los recuerde? — es muy pequeño, sus casi cuatro años de seguro lo mantendrán más que ignorante. Se me escapa una sonrisa melancólica, sintiéndome un estúpido — Cuando creí que iba a morir, una de mis preocupaciones era que Mathilda no iba a acordarse de mí al crecer. ¿No es ridículo? — tal vez es un poco egoísta, pero planeo poder ver a mi hija crecer y que, al menos, tenga una memoria de mí.
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Mensaje por Lara Scott el Miér Mar 18, 2020 12:51 am

Si hay un par que se merece el mayor premio a los idiotas, esos somos nosotros. Si estamos en este momento en el tiempo, Hans diciéndome que queda en mí cuidar a nuestra familia y lo acepto como la única cosa que haría en esta guerra, en vez de pararme en cualquier frente a despotricar ideales ajenos, es porque somos unos redomados tontos que fueron tomando todo a su paso para encontrarnos en este punto inimaginable en nuestras vidas. Esto somos, no trato de buscarnos como las personas que pudimos ser alguna vez, me abrazo a él con la misma intensa fuerza que una vez nos atrajo sabiendo que es otro hombre, otra persona, que cometeremos actos diferentes a los del pasado por lo que rendíamos cuentas al otro y que serán nuevos, igual de injustificables, irrevocables una vez se vuelvan hechos, para los que necesitaremos saber que el otro está. Siempre me dije que no traería a un hijo a este mundo a causa de mi pesimismo bien fundamentado entre tantas peleas de nunca acabar, y lo hice de todas maneras, por alguien que con cada cosa que dice se está despidiendo y lo hice porque creo que de todos los sentimientos que llegó a inspirarme, esperanza es uno del que nunca le dije explícitamente que se lo debo a él, como una de esas cosas que quedarán después de nosotros para las niñas.

Pido una pausa al tiempo para que al besarlo solo sea la marea lo que se escuche, apenas se perciba el agite del pasto alrededor de la banca. Memorizar sus labios, el sabor que le pertenece en exclusividad, será el recuerdo al que podremos acudir todas las veces que lo necesitemos para recuperar todo lo que el mundo insiste en arrebatarnos, lo esconderé de sus caprichos y de su azar, me lo guardaré para mí, nunca me lo podrá quitar. —Pero al menos nosotros podremos decir alguna vez que fuimos implacables— susurro muy bajo con una sonrisa sobre su boca, así las palabras no escapan más allá de nosotros y también quedan a resguardo. —Por un breve tiempo— que como todos los tiempos, se acaba. Tenía un mal hábito al comenzar lo que sea que sucedió con nosotros y era despedirme de él en cada ocasión, de verdad creía que cada encuentro dado por la casualidad sería el último, nadie se queda demasiado tiempo, nada es eterno, al fin y al cabo somos mortales, finitos, perecederos. No me creo al mirar sus ojos mientras siento las caricias de sus dedos en su rostro, que sigamos siendo parte de una despedida que no se acaba, en la cual estamos fijando tanto el rostro del otro en nuestras retinas para que sea todo lo que podamos ver si algún día cerramos los ojos. Recorro su pómulo con mi pulgar hasta bajar por sus labios y luego dejarse caer a su mentón. —Eso es todo lo que tienes que decir, todo lo que quiero oír— murmuro, —que me corresponderás de igual manera— es lo que hace que todo, todo, valga la pena que vendrá después.

He tenido más pruebas de las que pedí para saber que la vida es frágil, tiembla en un minuto, se extingue al siguiente. Podría sostenerme viva por pura terquedad a las circunstancias, resguardado como para ser mi tarea, con una niña que no alcanza a comprender el mundo y otra que recién lo está descubriendo, con una madre que también supo resistir a este. Pensé que las mujeres fuertes estábamos para otras cosas, para arrasar el mundo. No entendí que tal vez también estamos para cuidar lo poco bueno que podamos encontrar en este cuando la tormenta se desata sobre todo. Cuando pasa, si es que pasa, podré preguntármelo de vuelta, no sé porque a veces nos veo como al final de una línea si bien podría ser este el principio de muchas cosas más que vendrán. Para Tilly, así como Rory, la vida en sí misma recién está comenzando y eso nos debería dar indicio de que falta que ocurran tantas cosas en el mundo, que a los ocasos le siguen noches oscuras, solo para que nuevos amaneceres despuntes, así funciona el tiempo, nunca como una recta finita. Esos somos nosotros. —Me duele pensar que Rory no pueda recordar a Rose metiéndolo al mar o abrazándolo desnudo al correr así por toda la casa, no puedo imaginar que pueda olvidar cómo ella se reía, cómo lo abrazaba…— tengo esas imágenes tan nítidas en mis ojos, como si la estuviera viendo, cada detalle de su rostro que todavía yo misma puedo recordar y que, supongo, olvidaré. —Tengo demasiados videos ridículos tuyos como material para mostrárselos a Mathilda hasta que cumpla dieciocho años— bromeo, me gustaría decirle que él estará para pasar la vergüenza de que su hija se ría de él, pero no lo digo. No quiero ir a contracorriente de su promesa en el hospital. — Tendríamos que hacer videos de todos, tomarnos muchas fotografías, no faltar a ningún almuerzo con Mo en los domingos y tener muchas cenas con Phoebe y Charles, ¿no crees? Traer a Rory a casa todas las veces que se pueda, hablar con Meerah de sexo y drogas,— se lo recuerdo, lagrimeo pese a tener una sonrisa muy amplia en la cara, —no guardarnos nada — me quedo callada, me pesa el silencio por dentro porque siempre supe como disimularlo con tonterías que salían de mi boca y esta vez no puedo, no sé cómo seguir hablando sin que la angustia por Rose y Jack ahogue mi voz. —No sé qué otra hacer.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Mar 18, 2020 1:30 am

Es muy fácil imaginar la escena que Lara está contando, tal vez porque hace tan solo unas semanas era algo completamente real, cuando el calor todavía se encontraba presente y todo no se veía tan frágil como ahora. Estoy seguro de que deben existir recuerdos en la casa de nuestros amigos, algunas fotografías y videos que salvar, pero no creo poder poner un pie en ese lugar en un tiempo. Me desconcentra al poder hacerme sonreír, aunque sea un poco, en lo que mis dedos acarician el contorno de su mandíbula y su cuello como un recorrido cariñoso que ambos conocemos de memoria — Por favor, tengo intenciones de que me recuerda como alguien un poco decente. Así que ahórrate un par de Halloweens — es un ruego que suena poco serio, es tan patético que me quiebra la voz en una de las pocas risas vagas que han aparecido en estos días.

Puede enumerar todas las memorias que no podemos perdernos, es tan fácil decirlo así que sé muy bien que, cuando la tragedia empiece a sanar, no tendremos tiempo de cumplir esos deseos. Los humanos casi siempre olvidamos, por eso el mundo nunca cambia. Es ver sus lágrimas lo que me hace reaccionar, detengo mis caricias para que sean mis manos las que limpien su rostro, uno que sé que no puedo hacer feliz en un momento como éste — No tienes que hacer nada — es una respuesta tan penosa que hasta le sonrío, arrugando un poco el entrecejo al darme cuenta de mis palabras — Tú misma lo dijiste, nos queda disfrutar lo que tenemos, siempre y cuando podamos tenerlo. Nuestra familia es lo primero y hay espacio para Rory, siempre que nos necesite. Tal vez no estuve a tiempo para ayudar a sus padres, pero haré lo que pueda para no cometer el mismo error con él — espero que en situaciones muy diferentes, nada de peleas con armas para el niño, que planeo que pueda crecer para parecerse a su padre y tener que mantenerlo lejos de Mathilda, que si se parece a su madre será un problema. Con mi mala suerte y nuestra genética, dudo mucho que a mi hija le falten pretendientes, no hay una sola mujer en esta familia que carezca de su propio encanto.

Y lo digo con conocimiento, porque me es imposible el mantenerme lejos de Scott cuando la tengo cerca. Beso allí donde sus lágrimas marcaron su paso, es una caricia que sé que no va a sanarla, pero que puede hacer el intento — Todos necesitamos unos días para sanar — es irónico, hace cinco minutos estaba rogando por consuelo y ahora busco el modo de expresarlo — Y luego será el momento de regresar a la batalla. No tengo idea de lo que sucederá ahora, pero… — me separo, relamiéndome con la duda. Mis ojos la miden — Si nos basamos en las armas, la mujer que mató a Rose es la misma que acabó con Annie. Y está en prisión — ni siquiera sé si habrá un juicio, algo me dice que no recibiré la orden de condenarla. Personas así, es mejor que no respiren.
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Mensaje por Lara Scott el Miér Mar 18, 2020 7:22 am

Sabes que si queda por mi cuenta, le contaré muchas de tus anécdotas más vergonzosas— ni siquiera llega a ser una amenaza, es una broma que se me queda atragantada por un sollozo que no llega a salir de mi garganta, choca con lo que trata de ser una carcajada y en mis labios solo se forma una mueca. ¿Quiero en serio ponerme a pensar cómo sería una vida con las niñas que no lo tenga a él presente, cuando lo tengo aquí tan cerca que su piel se sigue sintiendo tibia pese al fresco en el jardín? Coloco mi mano a un lado de su garganta, descarto pensar en el futuro si no lo incluye y pongo por delante esto que tenemos, inestable así como es, tan grande que se abre para dar espacio a alguien más y eso me saca una sonrisa, porque somos tan frágiles y me propone hacer del hijo de nuestros amigos alguien más de quien cuidar. Menudos idiotas que ni siquiera sabían cuidar de sí mismos, somos quienes cargan con un bolso con pañales y juguetes a todos lados. —Si podemos con una adolescente que se nos va de fiestas, una bebé que nos invade la cama, claro que podremos también con un niño desnudista por la casa— digo, y me faltan las mascotas. Coloco mucha confianza sobre nosotros, dimos pruebas de que la merecemos.

¿Cómo podemos hacer esto de seguir construyendo algo sobre todos los posibles finales que sabremos que vendrán? Lo beso para reafirmar esa confianza que pongo en él, la de creernos capaces de levantar la torre más alta del mundo aunque no dure más de un día, en lo alto siempre seremos invencibles. —Hans, no necesito casarme contigo para sentir que no hay manera de que me aleje de ti, toda mi vida ha quedado enlazada a la tuya— porque tal vez entramos en los tiempos de funerales, los ánimos de festejar tardarán en volver, se sentirá injusto y triste hacerlo con tantas ausencias. Así que la parcela por delante de una casa que una vez compramos para que nos sirviera de refugio para nuestro proyecto de familia que no salió tan mal -creo que lo único reprochable es que una bebé de meses nos tiene en su diminuta palma-, suena tan buen lugar como cualquier otro mundo y este momento como cualquier otro para decirlo, en una privacidad distinta a la del hospital cuando estuvimos con la familia, más como una promesa entre nosotros, como fue al principio de todo. —Todo lo que sea para los nuestros lo haremos juntos y Rory es uno de los nuestros. Todos los planes, de lo que sea, los haría contigo— froto su piel con mi palma en una caricia que nos acerque cuando se encarga de las lágrimas inoportunas que no dejan de caer.

Y ese calor que emana de él es el que impide que el frío vuelva a extenderse por mi pecho, en una angustia filosa para mis entrañas, al saber que es una única identidad la que corresponde a la asesina de Annie y Rose. Trato, procuro, exijo encontrar la furia en mi vientre que ponga insultos en mi boca, que me devuelva algo intenso a lo que aferrarme para salirme de esta absurda melancolía del vacío. Es la total falta de capacidad de sentir y aceptar la muerte de nuestros amigos lo que salva el nombre de esa mujer. Paso saliva por mi garganta que duele por no encontrar una respuesta inmediata, ¡y quisiera tener una! Quisiera poder encontrar mi voz desde hace media hora, romper esta quietud de carácter que me hunde a mí y también a él, ¿para sanar haremos esto quedarnos sentados? Quizá deberíamos, las heridas todavía duelen demasiado y no se cierran, es comprensible el cansancio, la falta de fuerzas. Y lo hago de todas formas, me pongo de pie con un abrazo alrededor de su cintura para que se incorpore conmigo de la banca. Hunter solo nos mira antes de continuar con su siesta cuando me ve tirar de la mano de Hans para hacerle rodear la casa, si seguimos caminando llegaremos a lo alto de la duna para poder ver la playa desde una mayor altura, el pasto se espesa al ir avanzando. Camino a su lado, no por delante, así puedo seguir mirando su perfil de soslayo. —No tendrá juicio— eso lo sabemos, se ha vuelto práctica con la costumbre. —La matarán— eso tampoco se lo planteo como una duda, levanto mi cara al sol al ir dando un paso tras otro. Muevo con mi mano unos pastizales altos y amarillos que bordean el sendero. —Antes de eso la torturarán— aclaro, por si hace falta. —¿Crees que tenga hijos, Hans? ¿Una pareja? ¿Alguien que la quiere?— a mi mente vuelve el rostro de Rory, una, otra vez, una, otra vez, es la razón misma por la que pregunto esto. ¿Cuántos Rory hay? —Y si no los tuviera…—. Annie no lo tenía, su muerte no es menos que la de Rose por eso. Ambas son muertes que sentimos, que sufrimos. Hans sufrió la muerte de Annie de una manera desgarradora. —Puedes…— dudo mucho en preguntárselo, lo dudo en serio. —Hans— me paro delante de él, interrumpo nuestro caminar. —¿Podrías intentar comprender por qué hizo lo que hizo? ¿Podrías… meterte en su mente?— inquiero, no es una petición, es una pregunta real. —Necesito entender por qué murieron nuestros amigos, saber qué hay en ella.
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Mar 19, 2020 7:28 am

Es muy sencillo para mí seguir los movimientos de Scott cuando ella exige que yo la siga, se ha vuelto una costumbre en una rutina que antes solamente se limitaba al espacio de la cama. Mis pies siguen el ritmo de los suyos en lo que nos movemos por el jardín, alejándonos de la casa a la cual tendremos que regresar para poder sostener la vida que hemos elegido para nosotros a pesar de todos los destrozos que han ido quedando en el camino. Nada de lo que dice me sorprende, solo está afirmando aquello que ha quedado pactado desde el día en el cual esa mujer llegó a la base de seguridad. No hay defensa posible para sus crímenes, ni siquiera se merece que pensemos un castigo porque mientras siga con vida no hace más que amenazar la de los demás. Lo que no me espero son sus dudas, tengo que detenerme cuando ella lo hace para tratar de adivinar qué es lo que pasa por su mente — ¿Eso realmente importa? — algo que es muy fácil de olvidar cuando te encuentras en batalla es que la otra persona con la cual estás peleando es algo más que un objetivo de tiro. ¿A la rubia acaso le importó saber si tengo hijas con quienes deseo volver cuando salgo por la puerta? ¿Acaso se pregunta si hay alguien que comparte el calor de mi cama? Yo tampoco me lo he preguntado, a decir verdad. Aquí todos estamos peleando nuestras propias batallas y no hay tiempo para sentimentalismos cuando sabes que tienes que elegir entre ellos o tu propia vida.

Lara… — suavizo cualquier cosa que pudiera decir con su nombre, me acerco a ella al tomar una de sus mejillas para acariciarla con cuidado — ¿Me estás pidiendo que camine entre sus recuerdos para saber lo que ya sabemos? — sé que es un poco crudo, pero entre todas las dudas, hay una respuesta que está clara — No hay una verdadera razón para que las cosas malas sucedan. Jack y Rose sabían que su empleo tenía riesgos y… estamos en guerra — no hay sentido para eso. Los soldados mueren y los más afortunados son los que regresan a casa, lamento muchísimo que la suerte no haya estado de su parte. Tengo que dejar caer la mano, escondo ambas en los bolsillos de mi pantalón cuando barro el suelo con un pie y desvío la mirada hacia el paisaje — No sé si quiero saber lo que hay en ella — admito — Porque no quiero humanizar a una persona que no se lo merece. Lo único que deseo es que sufra y que su muerte se atrase, así tiene tiempo de pudrirse con consciencia de sus actos — creo que lo que más me da miedo de todo esto es que esas acciones son inevitables.

Lo dudo, pero acabo por soltarlo — Su nombre es Ava Ballard. Magnar lo consiguió — no quiero ni imaginar lo que habrán sido sus sesiones de tortura, estoy más que seguro de que mi superior no ha sido blando con ella si consiguió obtener esa pequeña información que ella siempre ha guardado con tanto recelo — Y creo que eso lo hace peor. Esta gente… todos tienen una historia, tal y como nosotros. Lo importante es tener en claro cuáles queremos que sigan evolucionando — mi mirada vuelve a buscar la suya, como si en esos ojos negros pudiera encontrar el refugio que necesito — Soy muy afortunado en decir que la he vencido dos veces y sigo aquí contigo. Si hubiera una tercera… — no es necesario decirlo, no de nuevo, en especial cuando sé muy bien que no hay manera de que esa mujer abandone esa celda con vida. Por alguna razón, le sonrío vagamente — Amo esta vista. Es lo que me hizo saber que me gustaba esta casa para nuestra hija — confieso — Y eso es lo único que me importa ahora.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Mar 20, 2020 5:57 am

Puede que se vuelva importante— susurro, es lo que me quedó de andar dando vueltas por el norte debido a un encargo suyo hace tanto tiempo que parece ser que ha sido en otra vida, que le ha sucedido a otra persona, que poco tiene en común con la mujer que está parada frente a sus ojos. De lo poco lo que logras saber de las historias ajenas recoges información con la que a la larga, armas un mapa que cobrará sentido cuando esté completo, detalles particulares que luego cobran un significado para entender todo el panorama, como al pararnos en esta altura y poder ver la playa de una punta a la otra. Es lo que le pido porque es algo que todavía conservo calladamente, cuando mi voluntad se impuso al acompañar mi decisión de quedarme a su lado y que eso implicara darle la espalda a cientos de razones personales que justifican el actuar de cada quien. Pasó a importarme lo que hacía él, lo que hacía yo, para que pudiéramos cuidar de lo frágil que había entre nosotros y elegimos conservar.

Coloco mi mano sobre su mejilla en reflejo de su gesto, así puedo suspirar cerca de su boca y explicarle lo que en el fondo creo que es lo que le estoy pidiendo. —Y yo lo que quiero es que tú nunca pierdas tu humanidad— deslizo mis dedos en una caricia lenta por su rostro, mi nariz acercándose a la suya. —Lo he visto antes, Hans. Lo descubrí en la sala de tu casa cuando me hablaste de tu padre, te descubrí humano y pude quitarme siete años de prejuicios sobre ti, en los que critiqué tus actos y aparente frivolidad que tomé como crueldad de tu parte— le soy honesta, siempre lo soy, pese a que pueda decir todas las palabras equivocadas, las digo desde mi sinceridad. —Y no lo eras, no lo eres. Nunca lo serás si puedo quedarme a tu lado. Así que no me importa si al meterte en su mente descubres que es una sádica o simplemente estaba haciendo lo que consideraba su trabajo, no quiero que seas quien pierda su humanidad— rozo su piel con mis labios y me detengo en su comisura al apoyarme en él para rodear su nuca con una mano, así puedo abrazarlo y que lo que dije quede como un murmullo entre los dos que puede dejar que se lleve el viento si quiere.

Yo que siempre le he dado una importancia a los nombres, acepto el que me ofrece y me debato entre cómo llamar en mi mente a la asesina de mis amigos. A Hans lo despojé de su apellido y su título como ministro por irreverente, a  Magnar de su nombre para tratarlo por su apellido por la misma razón. Se trata de quitar o dar poder a partir de un nombre, no sé cómo referirme a ella, así que lo tomo entero, lo musito en mis pensamientos para que cobre forme, para que tenga un rostro, el que memoricé de los carteles. «Ava Ballard». —Tiendo a creer que las historias encuentran su fin por sí mismas, aun estando en tiempos en los que la guerra nos obliga a tomar la decisión arbitraria de quien vive o quien muere, quiero creer que…— no puedo decirlo, no sé qué tanto puedo sostener este pensamiento que hasta ayer me parecía asumido por haber sanado a la muerte repentina de mi padre, y no puedo sostenerlo ahora porque me punza la muerte de nuestros amigos, decirlo hunde el filo en la herida. —Quiero creer que todo ocurre porque la historia avanza y nos está llevando a un punto que entenderemos algún día, claro que haré de mi parte para que…— me pesa el alma en el cuerpo y consigo amagar una sonrisa, —sean nuestras hijas quienes la cuenten—. No seremos nosotros, si sobrevivimos a esto tendremos anécdotas, pero la historia a contar sería herencia para quienes sobrevivan y eso mismo, eso mismo me provoca el mal presentimiento de si no perderemos esta guerra. Entonces lo hago, me acerco un paso más hacia él cuando habla del lugar que elegimos para instalar lo que podía ser una casa para una familia, algún día deberán reconocernos este mérito. —Hans, ya lo hice una vez— digo, con mi mano en su cuello hago que se gire hacia mí para que me mire a los ojos. —Hoy esta mujer está como rehén entre nosotros, mientras ellos avanzan, conquistan distritos… ya lo hice una vez, si hace falta que vuelva a mezclarme entre los del norte, lo haré. Le dije a Aminoff que haría lo que sea por proteger esta familia, no me importa repetir esa promesa ante quien sea y dividir una falsa lealtad. Soy leal a ti, a nosotros, a nuestra familia— él sabe que esa es la verdad.
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