The Mighty Fall
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Mar 08, 2020 7:18 pm

Dejo de masticar la tostada cuando el patronus se cuela dentro de mi casa y pronuncia un comunicado sobre mi mesa, con una voz que reconozco como la de Kendrick Black. ¿Que ellos han hecho qué? ¿Qué pretenden qué cosa? Mis ojos buscan a Scott como preguntándole si ella ha escuchado lo mismo que yo, a ver si estoy delirando a causa de que no me he despertado del todo; sería coherente, puesto que no he bebido más que dos sorbos de café. En esos segundos en los cuales la confusión se mezcla con el miedo, paso la mirada de mi prometida a la bebé, para acabar en mi hija mayor. Y entonces suena el comunicador.

Tengo que dejar la mesa, ni siquiera he alcanzado a ponerme el saco y tironeo mi corbata con nerviosismo en lo que tengo la oreja pegada al aparato que me da instrucciones. La televisión de la sala está encendida, enseñándonos cómo la sede de gobierno del distrito 9 ¾ se encuentra rodeada de seguridad en lo que parece haber estallado una batalla en su interior. Sabía que esto iba a pasar, Magnar envió a personas de menor rango para testear el campo con la seguridad de rechazar cualquier negocio que pudiera hacer con Black. Lo que sí no me espero es la orden directa de presentarme en batalla y, antes de que pueda siquiera discutir, Abbey interrumpe mi conexión — ¡Mierda! — lanzar el comunicador contra el suelo es lo único que me nace, antes de pasarme las manos por el cabello, echándolo hacia atrás con frustración. Me relamo, respirando agitadamente en lo que me tomo los minutos para voltearme. Sabíamos que este día llegaría, pero siempre me había hecho la estúpida ilusión de que podría seguir postergándose — Tengo que ir — anuncio, ni siquiera es una explicación. Avanzo, quitándome la corbata por completo y la lanzo sobre una de las sillas en lo que chequeo el tener mi varita segura en el cinto — Me necesitan en el frente, si quieren verlo de esa manera. Ellos… creen que está siendo una masacre — no tengo idea de si hablamos de muertos o heridos, pero sea como sea, el panorama no parece alentador para nosotros.

Los pasos que hago para acercarme a la puerta son los que detengo cuando me percato de que no puedo marcharme así. Me volteo con la rapidez que me permite besar a Scott, prolongando la presión de mis labios contra los suyos antes de separarme, obligándome a mirar hacia otro lado para besar la frente de Tilly — Estaré de regreso antes de que puedan siquiera preocuparse — intento sonar más seguro de lo que me siento y les enseño una vaga sonrisa, en lo que me acerco a Meerah para estrecharla contra mí. ¿Qué se dice en momentos como éste? Porque no tengo palabras para explicarme, soy incapaz de expresar siquiera un mínimo de lo que me gustaría en caso de que las cosas salgan mal. Y cómo sé que si sigo aferrándome a ellas no me iré, me obligo a soltarlas para salir rápidamente por la puerta.

En cuanto me aparezco frente a la zona de batalla, los aurores se encuentran acomodándose y Magnar Aminoff se mordisquea los labios, sujeto a su varita y sin sacarle la vista de encima a la mansión. Hay una voz entre los curiosos que se acercan y son limitados por la seguridad nacional que llama mi atención, así que me volteo para descubrir a Charles discutiendo con un auror que le prohíbe el paso. No es hasta que se percata de que estoy aquí que grita las palabras que me hielan el cerebro: Phoebe está ahí dentro. Y es mi deber el llevarla de regreso a casa.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Mensaje por M. Meerah Powell el Dom Mar 08, 2020 9:16 pm

¿Qué tanto dice de mí el que pueda reconocer la voz del patronus pese a que no suena con el dejo alcoholizado de la última vez que la oí? Porque lo hago. Y no sé qué pensar o a quién mirar, sin saber qué hacer cuando puedo sentir como los ojos de mi padre se clavan en mí. ¿Acaso sabe algo? No podría saberlo… ¿no?

La tostada que llevo en la boca sabe a tierra con cada movimiento al masticar y casi que no puedo tragarla en lo que la televisión comienza a mostrar imágenes de aquel lugar. ¿Habría ido Hero? No me había dicho demasiado pese a que sabía que algo estaban planeando, y yo misma no me había molestado en averiguar. No quería correr riesgos innecesarios o fastidiar sus planes. Pero ahora, cuando mi padre maldice y declara que tiene que ir a aquel lugar, creo que el corazón se me va a la garganta de la angustia que llevo dentro.

- Ya estoy preocupada. - Se me escapa en una oración que se pega contra su torso en aquel abrazo del que no me quiero soltar. Porque tengo miedo, por él por ellos y por todo lo que pueda salir mal a partir de ahora. Porque no tengo que tener la habilidad de Phoebe como para saber que el diálogo no iba a ser la solución. - Por favor. Ten cuidado.- Despego mi cara de su cuerpo y me obligo a mirarlo a los ojos. - Te quiero. - Porque incluso con mi enojo, mis arrebatos adolescentes, o todo lo que pueda estar pasando; nada quitaría jamás el hecho de que Hans sigue siendo una de las personas más importantes de mi vida.

Hans se va, y creo que estoy temblando así que sin saber qué otra cosa hacer, me permito ser niña un poco más para refugiarme en los brazos de Lara.
M. Meerah Powell
M. Meerah Powell
Estudiante del Royal

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Mensaje por Lara Scott el Dom Mar 08, 2020 9:48 pm

No. Simplemente no. Esto es un mal sueño, no está pasando, Kendrick Black no está metiéndose en nuestra casa con un maldito patronus para que Hans tenga que salir corriendo al fuego iniciado por los rebeldes. Es solo una pesadilla que se repite, la tuve otras veces y al despertar lo encontré recostado a mi lado, a la bebé en la cuna y a Meerah al otro lado del pasillo. No, esta jodida guerra no traspasa nuestra puerta. Y lo hizo, malditamente si lo hizo. Cargo a Tilly en mis brazos con prisa para sacarla del comedor conmigo, al seguir a Hans hacia la sala donde los noticieros nos lo confirman, está sucediendo. —No— contesto sin pensarlo. —No, no te irás— me niego, el peso de la bebé entre mis brazos, la siento acomodar su cabeza sobre la hilera de botones de mi camisa. —Tienen aurores, licántropos, dementores, ¿para qué carajos te quieren ahí? Hans, espera…— lo llamo, cada vez elevando más mi tono de voz. —No— repito. —No. No. No— la única manera en la que logro callarme es al agarrarme de sus labios para un beso que no tiene por qué ser tan desesperado si no será el último.

No puedo ver a Meerah despidiéndose de su padre sin que se me quiebre algo por dentro, algo que dijimos que íbamos a proteger y tengo que caminar hacia ella para que al abrazarla por encima de sus hombros, encontremos las tres una manera de sostenernos. Me arde la garganta por las palabras que no me animo a decir, porque las que él elige son siempre la línea de algo peor, y me niego a ser parte de la despedida perfecta, porque no lo es. —¡Solo te diré que te amo si vuelves, Hans Powell! ¡¿Me escuchas?!— ya le estoy hablando a su espalda, esa que se aleja, dejándome sola con una bebé y una adolescente que lo necesitan aquí, más de lo que el bastardo de Magnar Aminoff lo necesita limpiando sus mierdas y no puedo hacer nada al respecto, porque lo que elegí incluía esto. El día en que lo vería marcharse por atender una llamada y no tener idea de qué puede pasar, porque en momentos así, la verdad es que no me siento optimista. No siento que seamos intocables, ni invencibles dentro de nuestra coraza para defendernos del mundo.

Porque algún día, lo sé, simplemente no volverá y ni siquiera es un estúpido soldado del ministerio. Es solo un, aún más estúpido ministro. Y es que soy una estúpida. —¡Oye! ¡Si te amo!— pero ya es tarde para que pueda oírlo, estamos solas con las niñas y no sé qué hacer. No sé qué hacer. No sé cómo se cuida de dos hijas si no está Hans, esto es nuevo para mí, sigue siendo tan aterrador, tan aterrador que voy hacia el televisor para apagar las noticias y no lo hago, porque el miedo de lo que puede pasar es también el que me hace no querer perder detalle. Por inercia, es mi inconsciente actuando y moviendo mi mano hasta dar con el teléfono en el bolsillo, aprieto las teclas de los contactos de urgencia para dar con Mo para repetir esas palabras que conoce de memoria, son las mismas siempre. Espero a que atienda mientras me giro hacia Meerah, estudio su rostro, trato de sonreírle y no puedo. —Mo, ¿podrías venir a la isla ministerial? Te necesito— murmuro, mis ojos siguen fijos en Meerah porque quiero abrazarla fuerte y temo ser quien se rompa peor, y no me gusta, nos han enseñado a ser chicas fuertes. —Te necesitamos aquí.


Última edición por Lara Scott el Lun Mar 09, 2020 4:48 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Mohini R. Khan el Dom Mar 08, 2020 10:20 pm

El sonido de la televisión acompaña, como todas las mañanas, a la cocina en lo que estoy preparando un desayuno para uno, bastante completo a decir verdad. El canal que tengo puesto no es más que el mismo de siempre, uno de cocineros profesionales porque no podría ser de otra manera tratándose de mí, salvo que esta vez no se ve interrumpido por mis voces pidiendo que vayan más despacio mientras trato de seguir la receta, sino que es la propia imagen la que cambia para dar paso a una retransmisión en directo de lo que parece estar teniendo lugar en el distrito nueve. Se me cae el tenedor que estoy por llevarme a la boca al instante, ni siquiera me preocupo por salpicar la pequeña mesa cuando me levanto para acercarme al televisor y ser testigo de que mis ojos no están viendo mentiras.

Antes de que pueda continuar escuchando la noticia, se siente como si hubieran pasado horas cuando en realidad han pasado tan solo unos minutos desde que la pantalla se apareció con titulares bien grandes, atravesando de un lado a otro con letras rojos para que todo el mundo sepa que el distrito de la ganadería está siendo atacado por rebeldes, suena el teléfono de la casa. No tengo que mirar la pantalla para saber que se trata de mi hija, es la primera a quien yo iba a llamar pese a tener la certeza de que nadie que conozca se encuentra en ese lugar, lo bueno de tenerla bajo la protección de la isla ministerial. Apago todo cuando su voz temblorosa es un indicador claro de que hay algo que no va bien, y no es que necesite de ello para saberlo, ya los periodistas se encargan de gritarlo a través de la cámara para que nadie quede sin avisar.

Tesoro. Tesoros estoy aquí. — voy murmurando por el pasillo de la residencia ministerial de mi yerno, tirando el abrigo con el que me cubrí antes de salir de casa en una silla cercana sin esperar siquiera a que un elfo doméstico trate de ayudarme a quitarlo. Soy pequeña, pero eso no significa que no sea capaz a envolver con mis brazos a las tres mujeres que viven en esta casa, de forma que también me es posible besar la frente de mi hija y mis dos nietas para tratar de calmar sus nervios. — ¿Dónde está Hans? — pregunto, que es quién me falta en la imagen, aunque no me es difícil imaginarme la respuesta cuando paso a analizar la sala y me encuentro con que no está. Me obligo a ser la que no pierda la tranquilidad, no porque sea la más vieja sino porque es mi deber como madre. — De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer, vamos a sentarnos, tomar algo caliente y esperar. No podemos hacer más que eso, esperar porque todo se resuelva de la mejor forma posible, ¿de acuerdo? — espero recibir un asentimiento de parte de cada una, en lo que estiro mis brazos por detrás de sus espaldas para llevarlas a que se sienten. De paso le pido a Poppy bebidas calientes para todas. — ¿Qué es lo que sabemos hasta ahora? — pido saber, que las noticias no es que sean muy claras, mientras tomo asiento en el sofá.
Mohini R. Khan
Mohini R. Khan
Mecánico

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Mensaje por M. Meerah Powell el Lun Mar 09, 2020 12:19 am

Trato de borrar de mi mente las imágenes que me recuerdan a Hans en una cama de hospital. Y a su vez… a su vez ruego a quien sea por volverlo a ver, dentro o fuera de esa habitación blanca. No me importa, no si sigue vivo y puedo seguir abrazándolo todos los días de mi vida. No cuando es peor el miedo y la incertidumbre que me genera el verlo irse por la puerta, a sabiendas que no estaré cerca por cualquier cosa. Y no es que pueda hacer mucho, probablemente sería más un estorbo que otra cosa. Pero por momentos toda mi indecisión con respecto a cuestiones políticas queda de lado, reemplazada solamente por el deseo de que Hans vuelva por esa puerta para poder rodearlo con mis brazos una vez más, cien veces más.

Lara logra llamar a Mo pese a que todavía estoy aferrada a ella, y tengo que agradecerle con la mirada porque sé que hasta a Tilly le costará el mantenernos de pie. Mo era una fuerza en sí misma, y uno de los mejores sostenes que pudiese pedir, así que no me da pena el necesitar de su presencia. - ¿Va a venir? - Es una pregunta estúpida, pero me permite despegar mi vista de la televisión para volver a centrar mi concentración en Lara, que trata como puede de mantenerse entera. Y se lo agradezco, porque de momento el verla así es lo único que me permite no largarme a llorar.

Para cuando Mo hace acto de presencia puedo decir que me encuentro un poco más estable, pero no he pronunciado casi que palabra al no confiar del todo en mi voz. Y me hundo en ese abrazo que necesito con fuerza, feliz de saberme rodeada por gente que me acompaña en todos y cada uno de los sentidos. Señalo a la televisión en respuesta a su pregunta,  y trato de seguir sus indicaciones como puedo. - ¿Es una orden? - Trato de ponerle algo de humor a la situación, porque siento que sus palabras llevan una fuerza consigo que por unos segundos dudo poder pensar que algo va a ir mal. Dura poco, pero al menos Poppy no tarda en aparecer con un gran tazón lleno de chocolate caliente para mí. Gracias al cielo no es café, no creía que pudiese soportarme paranóica y con cafeina encima. - Supongo que no mucho más que tú… - ¿Habían dicho lo del patronus en las noticias? La verdad solo veía las imágenes, la voz del presentador era tan insoportablemente alarmante que trataba de obviarla.
M. Meerah Powell
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Estudiante del Royal

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Mensaje por Lara Scott el Lun Mar 09, 2020 5:32 pm

Asiento con la barbilla porque la voz me tiembla dentro de la garganta, cuando la saco afuera es con una pequeña sonrisa. —Mo siempre está cuando la necesitas— es una afirmación contra todas las fuerzas de la naturaleza que puedan tratar de detenerla alguna vez, una certeza de que así será hoy y siempre, y una ayuda a la que ella también podrá acudir cuando lo necesite, cuando no seamos Hans ni yo las personas que podamos abrazarla. Porque por un momento tengo mucho miedo de esto, de que Hans no vuelva y entonces solo quedaría yo, y haría todo lo posible y lo imposible por cuidarlas, pero no tengo fe en mí. Seré avasallante en ocasiones, pero no soy indestructible. Siempre he tenido poca fe en mi mortalidad. Y Mohini es toda la seguridad que necesito, el apoyo seguro para que pueda confiar que Meerah y Mathilda siempre estarán bien protegidas, si es que nosotros no podemos hacerlo.

Y lo hace, después de unos minutos de nervioso silencio en la sala, las voces de los reporteros llevando la alarma a todo el país con sus suposiciones y exageraciones, Mohini llega para envolvernos a las tres, creo que no nos hemos movido desde que Hans se fue. Delego en ella todo el control de esta situación, que sea quien nos diga que hacer, a ver si así mis pies recuperan la voluntad para caminar y hasta mis brazos que sostenían a Tilly con fuerza se van relajando. La obedezco, ella sabe qué hacer. Comer, eso es lo que haremos. Tengo un nudo grande de ansiedad en el estómago que no creo que me deje pasar bocado y suerte que caigo en el sillón con todo mi peso, Tilly recordándome que es donde debo estar, porque si no estaría corriendo fuera. ¿Cuándo fue que me detuve de correr tan prisa sin ninguna dirección, siguiendo un impulso? Paso mi mirada de la bebé a Meerah que habla con Mo y quiero llorar de verás porque sería un desastre si Hans me deja sola en este lío que comenzamos los dos.

Llamaron a Hans— balbuceo, —le pidieron que vaya a defender el distrito nueve…— mi voz se apaga después de esa oración. Pierdo la noción del tiempo cuando el titular del noticiero se repite una y otra vez, sin dar más novedad de lo que sabemos, que el país entero está pendiente del asalto de los rebeldes al distrito más grande. Se me va el aire cuando una voz se superpone a las otras en la pantalla por un cambio en la situación de la alcaldía, un alboroto general porque la violencia dentro llega a su punto más intenso y todos los que están fuera del perímetro cerrado por los de seguridad, se contagian de ese aire de convulsión, las cámaras hacen un paneo sobre tantas caras para no mostrar lo que ocurre en el edificio sitiado. Y en algún momento tienen que hacerlo, cuando la carátula en pantalla es clara. El ministerio perdió el distrito nueve y tres cuarto. Me pongo de pie tan rápido que casi pierdo el equilibrio, están retirando a todo quienes lucharon por el ministerio y tan a prisa que no hay manera de que ofrezcan nombres. Hans ni siquiera sabe golpear a alguien en la nariz, esa rubia de la vez pasada lo dejó hecho un colador, ¡y esta vez ganaron los rebeldes! No lo dejaran salir, es un maldito ministro, lo van a tomar de rehén, lo van… lo van… cierro mis ojos con fuerza para no pensarlo, para no traspasar mis miedos a Meerah. —Nos vamos al hospital del Capitolio— decido, mis pies ya están yendo hacia la puerta para desaparecernos luego, —Es ministro, lo llevarán allá— y ruego por dentro que así sea, aunque me tenga que quedar horas esperando ahí, días, espero que vuelva.

No recojo ningún abrigo en la prisa, la bebé no se queja porque sigo abrazándola y tal parece que será así hasta el fin de los tiempos, porque cuando avanzo por el vestíbulo de la clínica central la sigo sujetando contra mí y ella continua tranquila como si todo esto fuera un paseo precipitado. No sé si Mohini y Meerah me siguen, doy por hecho que sí cuando giro una de las esquinas para plantarme delante de la recepcionista para preguntar si ya trajeron al ministro Powell. La mujer está tan estresada con el lío de enfermeros que se están movilizando para atender la emergencia que me lanza una mirada que lo dice todo, estoy molestando. Me pide unos minutos y planto la palma de mi mano sobre el escritorio para hacerle saber que no me muevo hasta que no me lo diga. Minutos, una mierda. Nos tienen más tiempo de lo que es sano para mis nervios esperando, estoy que trepo las paredes y le pregunto mil veces a Mohini por qué será que tardan tanto. Cuando veo pasar algunas camillas, vuelvo a preguntar y la respuesta que recibo es bastante cortante, no me importa el modo, tengo lo que necesito para ir lo más rápido que puedo a la sala de post operaciones. Una de las enfermeras me pisa los talones para recordarme que solo los familiares pueden ver a los pacientes,  y me detengo todo lo alta que soy, que no será mucho, pero cuando estoy que prendo fuego a un hospital, sé que me veo un poco intimidante al menos. —¡Pues estoy aquí para ver a mi esposo!— grito todo lo alto que me da la voz. Estúpido Hans. Estúpido él con su vimisaispiriruniñipiriquisirnis. Y si no me dejan entrar con eso, alcanzo a divisar a un esposo que si es legal y también alto con músculos, ¡y pienso usarlo! —¡CHUCK! ¡Hans y Phoebe están aquí!— lo llamo, Mohini puede taclear a la enfermera.
Lara Scott
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Mensaje por Charles B. Sawyer el Lun Mar 09, 2020 6:13 pm

Fue una pesadilla. Los minutos en los cuales supe que todo estaba yendo mal me encontraron casi yendo a los golpes con un auror, justo cuando las chispas comenzaron y el escuadrón de rescate fue tras los heridos. Dejé de escuchar las indicaciones para empezar a moverme alrededor de las vallas, estirando el cuello para poder dar con al menos un rostro familiar. Reconocer a Hans me retuerce por dentro, porque recuerdo que su camisa era blanca y no escarlata, en lo que los sanadores parecen colocarle un respirador para poder transportarlo. Si él quedó así, mi imaginación no tardó en ir hacia su hermana… quien aparece inmediatamente detrás, siendo controlada por dos sanadoras — ¡ES MI ESPOSA! — les grito, creo que de esa manera consigo su atención — ¡DÉJENME PASAR, ES MI ESPOSA!

Y así es como llegué aquí. Cada pobre sanador que pasa por el pasillo tiene que soportar mis preguntas, me recuerdan más de una vez que tomar asiento es mi mejor opción y hasta que uno de los médicos aparece para decirme que Phoebe y el bebé se encuentran fuera de peligro, no me relajo. También me dan un parte sobre el estado del ministro Powell, un poco más delicado que su hermana por culpa de un disparo certero en el torso, pero igualmente fuera de peligro. Bien, creo que puedo con eso. Tras el anuncio de que serían transportados a una sala aparte para el control, me dejan solo. Estoy respirando con fuerza, recargado en una pared en lo que trato de estabilizar mi mundo, cuando los chillidos familiares de Lara me sacan de mi línea de pensamiento. Me separo de la pared y doy unos pasos con obvia confusión, hasta que mi cuñada se da cuenta de mi presencia y viene hacia mí, con Tilly tan sujeta a ella que tengo la sensación de que la está frenando de cometer un asesinato — ¡Hey, calma! — levanto las dos manos a ver si eso hace que deje de avanzar como un huracán — Lo sé, ambos entraron a cirugía, pero están fuera de peligro. Lara… — odio ser quien le diga esto, lo dudo con una mueca — Los vi y no se veían nada bien. Hans estuvo… delicado — no seré quien agregue que llegó siendo más rojo que rosa, para variar.

Me giro al escuchar el apellido de los Powell, es una de las sanadoras a la cual volví loca en mi tiempo de espera. Nos hace señas, lo que tomo porque puedo pasar — Ven… — murmuro, fijándome por primera vez en la presencia de Mo y Meerah, a quien le sonrío de forma forzada para darle la señal de que no se va a quedar sin padre, al menos por ahora — Entremos juntos. Si te niegan el paso, posiblemente se coman una demanda — a veces, abusar del poder acaba siendo necesario.
Charles B. Sawyer
Charles B. Sawyer
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Mar 09, 2020 7:01 pm

Para cuando abro los ojos, me duele tanto el pecho al respirar que las lágrimas no tardan en aparecer, aunque se camuflan solas porque deben de ser lo menos importante del aspecto que tiene mi cuerpo. La mascarilla de oxígeno me impide hablar con quién sea que está cargando conmigo en una camilla, muevo mis manos para tratar de apartarla en lo que lo único que deseo decir es que estoy embarazada, que mi hijo se encuentra en peligro, de que puede morir y eso da paso a que me dé igual todo lo demás. Es una mujer la que se encarga de intentar tranquilizarme, lo cual se convierte en un intento bastante estúpido cuando no tengo ni la menor idea de lo que está pasando. ¿Cuánto tiempo pasó desde que desperté? ¿Dónde está Hans? Son preguntas que se quedan en el aire, más bien dentro de mi cabeza puesto que nunca llego a formularlas, mientras el cielo que contemplo, gris por la humareda, se transforma en un techo blanco al cabo de unos minutos.

Me niego a volver a cerrar los ojos, no quiero hacerlo por miedo a no volverlos a abrir, incluso cuando el dolor que recorre cada una de mis vértebras es una indicación de que estaría mejor dormida. Sigo negándome, no me importan las palabras de consuelo de la sanadora cuando creo que paso a estar dentro de un quirófano, porque no estoy segura de poder resistir la negrura cuando puede llegar a sentirse tan bien. Mis intentos de súplica porque lo resuelvan de otra manera se sienten un fracaso, apenas llego a contar tres segundos que ya he perdido cada uno de mis sentidos y, si lo que me queda es esperar, espero hasta que sea la hora de que algo me incite a despertar.

Creo que es por la medicación que veo que cae de un equipo y va directa a mi brazo lo que produce que parte del dolor se haya evaporado en el acto cuando consigo despertarme. Se siente como si hubieran pasado días desde la última vez que abrí los ojos, a pesar de que no tengo ninguna conciencia del tiempo que ha transcurrido desde entonces. Aun estoy un poco desorientada, razón por la que me cuesta siquiera concentrar mi visión en un punto específico, pasando a recorrer con la mirada el lugar donde me encuentro antes de que una sola pregunta acuda a mi cabeza como si todo este tiempo solo hubiera estado pensando en eso. Probablemente sea así. — ¿Mi bebé? — no sé si es que no hay nadie en la sala que me responda, o que directamente no quieren hacerlo, la verdad es que ni siquiera veo bien para confirmarlo, pero la ansiedad que me produce el repentino silencio por no encontrar una respuesta produce que se me empiece a acelerar el ritmo del corazón. Solo quiero que alguien me diga que mi hijo está bien, y si para eso tengo que levantarme yo sola para buscar la respuesta, lo hago empezando por elevar mi torso de la camilla. Ni me importa el dolor que evoca el movimiento pese a las drogas que corren por mis venas, necesito saber que mi hijo está bien, que no lo he perdido, antes de que empiece a perder la cabeza, o los nervios, lo que primero ocurra.
Phoebe M. Powell
Phoebe M. Powell
Profesor del Royal

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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Mar 09, 2020 7:21 pm

Pocas veces parpadeo, pero no le encuentro lógica a las voces que oigo ni  las luces que pasan por delante de mis ojos. Creo que me quejo en lo que parece ser el pase de una camilla a la otra, pero mis movimientos involuntarios son reducidos tan fácil que solo puedo verme perdido en lo negro, sin comprender exactamente lo que está sucediendo. Cuando empiezo a recuperar parte de mi conciencia estoy siendo llevado blanco, con un respirador sobre mi nariz y una sanadora que me murmura que todo ha salido bien, que estoy fuera de peligro, que pudieron detener la hemorragia y quitarme los trozos de bala que habían quedado dentro de mí. Y en lo que ellos me consuelan, las ideas empiezan a asomarse por mi cabeza dormida — Mi hermana… — balbuceo por debajo del respirador, me parece escuchar que se encuentra bien y eso es lo único que puedo registrar en lo que me dejan en un sitio que no reconozco, a salvo, en donde no se escuchan hechizos ni disparos. Hay silencio, por eso creo que oigo que alguien pasa por el pasillo quejándose de que le duele vaya a saber qué cosa. Poco a poco, la anestesia se va evaporando y el ruido de mi respiración debajo de esa cosa que me deja respirar aire puro empieza a aturdirme.

Cuando giro la cabeza hacia un lado veo una ventana cerrada y me parece reconocer el Capitolio; del otro lado, un biombo me cubre la visión. Frente a mí se encuentra una cama vacía, tal vez aguarda a otro pobre infeliz. Las ideas empiezan a apilarse, recuerdo los disparos y el cruciatus. Me estremezco de forma involuntaria justo antes de escuchar una voz familiar, seguida de los sanadores que parecen querer mantenerla sobre la cama. Es uno de ellos el que corre el biombo para chequear mi estado y puedo ver perfectamente a Phoebe, quiero decirle algo pero mi voz se siente muerta y mi boca increíblemente pastosa. Ni siquiera alcanzo a empujar el respirador, que la puerta se abre de par en par y por ella se cuelan los rostros que más esperaba ver, porque nunca nadie te dice lo mucho que te importa alguien hasta que temes que no volverás a verlos. No es hasta que la tengo cerca que estiro la mano para tomar los dedos de Meerah, a quien le fuerzo una sonrisa — Para no perder la costumbre — bromeo. Es lo único que me queda hacer cuando todo se ha ido a la mierda.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Mensaje por Mohini R. Khan el Lun Mar 09, 2020 11:16 pm

Agradezco enseguida que Poppy sea tan rápida en traer las bebidas, porque con un poco de café en vena, ese que no me dio tiempo a tomarme antes de salir por patas de la casa, siento que el cerebro me funciona mejor. Así, puedo utilizar todas mis energías en tratar de mantener la calma, además del espíritu, que pese a mi llegada sigue manteniéndose bajo. No es hasta que Lara dice que Hans fue llamado al frente que me remuevo un poco en el sitio, porque a mi yerno se le puede dar de lujo eso de dar sermones, pero en lo que viene siendo combate... Bueno, digamos que no estoy muy segura de que sea el mejor en su línea. Claro que no puedo ir y decirle eso a mi hija como consuelo, obtendría precisamente el efecto contrario, así que me tengo que sacar un tranquilizador de la manga. — Tenemos que confiar en que la seguridad del país ejerza su trabajo. — aseguro, es una promesa hecha al aire cuando ni unos segundos después, la televisión vuelve a titilar en titulares rojos.

Las horas se me hacen eternas, pegada junto a la pantalla del televisor con mi familia a la espera de noticias que sean un poco más alentadoras que las letras que atraviesan de un lado a otro, ni hace falta que los periodistas de última hora griten para hacerse saber que la batalla no pinta bien para el ministerio. Yo que siempre le dije a mi hija de no morderse las uñas, precisamente soy la primera en hacerlo cuando el nerviosismo puede conmigo, hasta que me doy cuenta de lo que estoy haciendo y paso a tragar otra taza de café entera para matar el tiempo y así entretener mis labios. Pasa un buen cacho de tiempo cuando Lara decide que, después de ver como el distrito nueve cae a manos de los rebeldes, debemos ir al hospital enseguida y, sin rechistar, asiento con la cabeza con firmeza.

Aparecerse en el hospital, con todo el jaleo que hay montado, no resulta una agradable noticia para la enfermera que se encuentra detrás del mostrador, tecleando vaya a saber qué cosa. Es obvio que nuestra presencia le molesta, en otras circunstancias, es decir, si fuera yo la que estuviera parada a ese lado, la entendería por completo, pero ahora mismo soy yo la que acompaña la mirada severa de mi hija cuando lo único que aporta la sanitaria es que debemos esperar. Es una sorpresa para mí el que nos topemos con Charles en medio del pasillo de que lleva a la sala de espera, pero mi cara de sorprendida se va más hacia sus palabras antes que a su presencia. — Momento... ¿Phoebe no está contigo? — supuse que se habrían enterado de lo de Hans y que estarían aquí por eso, no llegué a pensar que...

No tengo tiempo a preguntar más que alguien nos indica que se puede pasar a la sala donde todavía están acomodándose del postoperatorio, siendo que las habitaciones están a reventar de heridos y todavía no parecen haber organizado un sistema de camas adecuado para la situación. — Ven, dame a la niña... — le murmuro a Lara, cogiéndola de sus brazos para que tenga total libertad a la hora de entrar a ver a su prometido. En ningún momento me despego de ellos, los sigo hasta encontrar con que una cortina separa a los hermanos Powell, ninguno tiene un aspecto especialmente agradable, a pesar de que el esposo de Phoebe dijo que se encuentran fuera de peligro. — ¿Qué narices pasó? — ¿debería guardarme estas preguntas para luego? Por supuesto, pero también cuento con el factor de que me puede la ansiedad por las circunstancias.
Mohini R. Khan
Mohini R. Khan
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