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Born to die · Hans

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Mensaje por Lara Scott el Dom Feb 02, 2020 8:36 am

Arrojo todo lo que está dentro del bolso de Tilly sobre la cama, tal vez de un modo inconsciente guardé el sobre allí. Revuelvo entre los pañales y algunas mudas de ropa sin dar con este, voy cayendo lentamente en un nerviosismo inquietante. ¿Lo habré olvidado en la casa de Mohini? Esa es la mejor de las posibilidades, si ella lo tiene no tengo de qué preocuparme, de hecho, ese sobre bien podría quedarse allí, que lo guarde en algún cajón oscuro. El siguiente alboroto lo causo al tratar de dar con mi teléfono, elijo una llamada en vez de un mensaje, así tengo la respuesta inmediata a través de la voz de mi madre de que nada ha quedado allí. —¡POPPY!— salgo al pasillo para llamar a la elfina, que la bebé se ha quedado dormida en su cuna por lo que creo que serán veinte minutos de gracia, entonces llegará su padre y como si percibiera el primer paso que da al entrar a la mansión, despertará para exigir su cuota de atención que a veces sobrepasa a la del resto. Cierro suavemente la puerta a mi espalda para que siga descansando y cuando tengo la confirmación por parte de la elfina de que todos los sobres y documentos van a parar al escritorio del despacho de Hans, no espero que vaya por si misma a traerme lo que es mío, me arrojo escaleras abajo así puedo entrar y salir antes de que llegue.

De acuerdo, no me gusta este lugar, se siente como si lo estuviera invadiendo y seguro que hay cosas que no voy a querer leer por accidente. Mi regla es no hacer preguntas que llevan a respuestas que no quiero oír, ni enfocar mis ojos en algo que no quiero ver. Pongo un pie tras el otro dando pasos tentativos hasta llegar al escritorio, con un rápido vistazo a los papeles que están encima trato de identificar el logo del centro médico del distrito cuatro, hacerme los estudios ahí parecía más discreto que en el hospital del Capitolio. Muevo apenas las carpetas con mi varita así puedo correrlas, y cuando logro dar con el sobre, se me cae la varita por el sobresalto de la puerta al abrirse. El ruido que hace al caer al suelo luego de rodar por la mesa suena como cristal roto, con estruendo en mis oídos. —¡HANS! ¡ME ASUSTASTE!— grito, descargo un golpe sobre la mesa. —¿Es que no te enseñaron a tocar? ¡Por favor! ¿Qué maneras son esas de entrar?— me indigno, así puedo recuperar mi sobre de un tirón y pararme como desafiándole a que me diga lo que sea, mi entrecejo fruncido trata de detenerlo, que la que está en falta soy yo y pruebo un escape veloz. —¡Por favor!— repito con tonito de enfado al pasar a su lado. Cierro la puerta a mi espalda y estoy a medio camino de las escaleras, cuando vuelvo sobre mis pasos al percatarme de mi error. Abro la puerta de un tirón con el sobre a la vista, me quema en la mano. —No, espera, este es de tu tarjeta— y yo no me hago responsable de esto, que si a él se le ocurre comprarle ponys arcoíris a Meerah y a Mathilda no es cosa mía.


Última edición por Lara Scott el Lun Feb 03, 2020 2:24 am, editado 1 vez
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Feb 02, 2020 8:58 am

Hoy es uno de esos días en los cuales cierro la puerta de mi casa con una idea fija: lanzar mis cosas, usar la piscina y luego ahogarme en el jacuzzi. No pretendo tener menos trabajo con el correr de los meses, pero hay veces que llego a mi cuota de paciencia y la única manera que tengo para combatir estos instantes suele ser alcohol o fingir que soy un hombre común que disfruta de su casa en este verano tan catastrófico. Se acerca esa fecha crucial marcada en el calendario, así que me merezco al menos cinco minutos de normalidad al día para no perder la cordura. Es algo así como mi permitido que cualquier terapeuta encontraría aceptable.

Por eso mismo camino con decidida pereza a mi despacho, balanceando un maletín repleto de papeles y carpetas que tendré que revisar durante el fin de semana. Estoy tan perdido en mi propio palacio mental que el grito de Scott me sobresalta, haciendo que me abrace al estuche como si se me fuera la vida en ello y hasta tengo, por un momento, el impulso de darme la vuelta y salir de aquí, hasta que recuerdo que esta habitación me pertenece y, aún más importante, ella no suele visitarla — ¿Yo te asusté? — le reprocho con un movimiento de mis cejas — Jamás pensé que te encontraría aquí dentro, eso es todo. ¿Está…? — bah, ni sé por qué me molesto, que ya está decidida a salir por la puerta en cuando tiene la oportunidad y me quedo parado con cara de nada, más confundido que cansado. Allá ella, no tengo tiempo para sus locuras cuando hay toda una sesión de relajación aguardando por mí.

Lanzo el maletín sobre la silla del escritorio, mis ojos van directamente a la pila de documentos que decoran el lugar y la curiosidad, maldita caprichosa, puede conmigo. Estoy rebuscando entre mis cosas a ver si algo me da una respuesta, cuando ella regresa con un papel que apenas alcancé a ver como para hacerme la idea de que se estaba llevando algo de mi pila — ¿Ahora eres la clase de prometida que controla los gastos? Pensé que no te importaba — aunque es una broma, el modo que tengo de hablar exige una respuesta. Tiro de mi corbata con una mano y rebusco con la que tengo libre, pasando sobres hasta dar con un sello médico que no me pertenece y, a juzgar por el nombre en el sobre, es suyo. Mis dedos rozan el papel, dudo un momento antes de alzar la mirada y enseñárselo — ¿Hay algo que quieras decirme? ¿La prueba de embarazo estaba fallada? — porque sino, no comprendo toda su aura misteriosa y en este momento no me siento como para jugar a las adivinanzas.
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Mensaje por Lara Scott el Lun Feb 03, 2020 3:12 am

No me importa— contesto, sacudo mis hombros y agito el sobre en el aire, que he visto de refilón el monto final a pagar y puede que tenga pesadillas con todos esos ceros furiosos esta noche, —a menos que te se ocurra pedirme dinero prestado porque te persiguen los acreedores. Entonces pondré a la venta todo tu whisky para que aprendas a no ser derrochador— la broma me ayuda a dar los pasos de regreso al interior de su despacho con una aparente despreocupación y tratar de alcanzar el sobre del centro médico antes de que lo hagan sus dedos. No llego a tiempo para impedir eso y detenerlo en su interpretación errónea sobre el motivo de que el sobre lleve mi nombre, para suerte de ambos hay algo que puedo decir que es aplicable a la razón aparente y a la razón real de esos estudios. —Sea lo que sea, te adelanto que lo que encontrarás ahí dentro es un agradecido negativo— lo calmo de antemano, que sabemos lo fácil que unas pocas palabras pueden llevarlo a imaginar todo un panorama trágico a futuro, creo que pasa demasiado tiempo conmigo y le estoy traspasando mi talento para pensar dos desgracias antes del desayuno.

Dejo que conserve el sobre, lo que encontrará ahí se lo he dicho, y aunque simplemente podríamos pasar de esto como si nunca hubiera ocurrido, recargo mi cadera contra su escritorio así puedo explayarme con cierta comodidad. Tomo una inhalación que demora el inicio de mi explicación, decido darle la versión más acotada de todo así no juego con su ansiedad. Paso los brazos por debajo de mi busco así puedo rodear mi cintura, algo sé sobre que es una postura que habla de alguien que se cierra, que voy a compartírselo y arrojárselo sobre la mesa y queda ahí, demasiado personal como para poder ponerlo en mis labios y que lo escuche alguien más, como reconozco que tuve por hábito toda mi vida. —Mi padre tenía una enfermedad que creímos que también podría tenerla yo— se lo dijo así de simple, busco que mi voz se escuche en un tono sostenido y no que flaquee por lograr que esas palabras salgan de mí como una aceptación tardía dicha verbalmente. —Cada portador de esa enfermedad hereda a sus hijos un cincuenta por ciento de posibilidades de contraerla— esto se me hizo más complicado de entender, tuve que armar un mapa mental para comprender que si obtenía un positivo, esas posibilidades se replicaban en Mathilda. —Y se ve que tengo suerte con la lotería, que me salió un negativo— concluyo, quizá sea inadecuado al momento la palmada que le doy en el hombro y la sonrisa llena que le muestro. —¡Oye! ¿Te gustaría que compre un cartón de la lotería? Si ganamos, lo usamos para pagar tu cuenta de la tarjeta— mi madre me golpearía con su trapo sucio de harina por hacer una broma de esto.

Apoyo mi mano en su hombro que palmee a chiste para darle un apretón suave, irrelevante. —Puedo decir que ¿lo siento? Pensaba contártelo si hacía falta hacerle los estudios a Mathilda— susurro, decir eso sí provoca que vuelva a sentir que mi estómago se revuelve y suba un regusto amargo a mi garganta que se extiende a mi voz. —Hubiera sido cruel si existía esa posibilidad, así que estoy muy feliz de heredarle un cero por ciento. Jamás haría algo que pudiera dañarla— pareciera ser innecesario decirlo como padres, y sin embargo, lo hago. No hemos tenido los mejores ejemplos al alcance como para que esto sea sobreentendido, está la necesidad de reafirmarlo cada tanto, para convencimiento propio. —Me hubiera sentido fatal de hacérselo incluso de una manera que no depende de mí— pongo ese pensamiento en voz alta, eso sí es algo que podría repetir hasta el cansancio, mi alivio porque así sea. Hay tantos miedos rondando en torno a nuestra hija que no creo que pueda volver a tener un día de paz si pienso en lo frágil que es a todo lo que puede salir mal y no responde a nuestra voluntad y promesa de protegerla.
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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Feb 03, 2020 4:06 am

Aunque le sonrío a causa de su comentario, no es del todo un gesto cargado de relajación — Aunque te cueste creerlo, aún no necesito pedir préstamos. No creo poder decir lo mismo en unos años si Mathilda desea completar cursos tan caros como Meerah — no me quejo de que se forme en lo que le apasiona, solo estoy siendo un poco realista. Tampoco es algo en lo que me detengo, mi atención vuelve al sobre misterioso, ese que parece contener una duda que ella ya ha solucionado y para mí solo se vuelve más grande. Acomodo la corbata sobre el respaldo de la silla y así tengo las manos libres para abrirlo, buscando los estudios en su interior que están cargados de palabras de las cuales jamás he oído. Suerte para mí, Scott tiene la amabilidad de iluminarme el camino, aunque no estoy seguro de cómo debo tomar su declaración. Ni siquiera puedo leer, mis ojos se asoman por encima del papel que tengo delante y se clavan en su perfil. Creo que no respiro hasta que golpea mi hombro y ladeo la cabeza con un mohín, volviendo mi atención a sus análisis — Creo que un nivel tan grande de suerte no puede repetirse en un período tan breve de tiempo — sueno demasiado seco, mis dedos doblan con fuerza el papel para devolverlo al sobre y le doy la espalda con un movimiento rápido y decidido. Pronto estoy del otro lado del escritorio, corriendo el maletín para poder sentarme en la silla y juntar mis dedos sobre mis labios, observándola como solía hacerlo en tiempos antiguos, cuando ella solo era una visita de negocios.

No creo poder explicarle el sabor amargo que tengo en la boca. La dejo hablar, puedo comprender su modo de accionar frente a esta situación y, aún así, no me siento con la capacidad de saltar en una pata. Para cuando siento el permiso a hablar, abro la boca tras humedecer mis labios — Creí que los dos estábamos al tanto de que podemos contarnos las cosas. No tienes que pasar por este tipo de situaciones tú sola. No solo porque me importas, sino también porque Mathilda es mi hija — intento sonar tranquilo, aunque percibo cierta amargura. Dejo caer las manos, apoyándolas unidas sobre el escritorio en lo que la barro con la mirada — Sé que tuviste buenas intenciones y tal vez me estoy metiendo demasiado en tu vida familiar en pedirte esto… pero me gustaría que con estas cosas me mantengas al tanto. No podría soportar… — ¿Perderlas? ¿Que ella sufra en silencio? Creo que es una lista muy amplia.

Tengo que aclararme la garganta para no sentirme asfixiado y desvío la mirada hacia la ventana, desde la cual puedo ver uno de los árboles que decoran el jardín lateral que rodea la mansión — ¿De qué enfermedad se trata y cómo funciona? — dudo mucho que los análisis me pongan al tanto de todos los detalles, así que prefiero que ella sea quien me ilustre — ¿Desde hace cuánto… hace cuánto lo sabes? ¿Estás segura de que los exámenes son definitivos? — sé que son un montón de preguntas, pero no puede pretender que no me encuentre un poco aturdido con esta información. Es la clase de noticias que te descolocan, moviéndote de tu sitio que creías calmo por al menos un momento.
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Mensaje por Lara Scott el Lun Feb 03, 2020 6:00 am

Tampoco creo que pueda repetirse tan pronto, hemos tenido dos negativos buenos en unas pocas semanas, no me arriesgaría a esperar que la suerte nos siga teniendo como sus favoritos, a veces lo que hace es crear esta falsa sensación de que estamos bien y podemos sobre todo, solo para hacernos caer en un pozo hondo al paso siguiente. No quiero ser amiga de la confianza ciega de creernos invencibles. Mis ojos siguen su andar alrededor del escritor para acomodarse en la silla y puesto que ese es su sitio, yo continuo en el que considero mío, al borde su escritorio, desordenando un poco lo que allí se encuentra, ubicarme en la silla de enfrente nos colocaría en posiciones extrañas para el trato que tenemos. —Tienes tus cosas y razones para vivir al borde de un colapso todos los días, no quiero traerte las mías también— es la respuesta más fácil, lo que no quiere decir que sea mentira, es la verdad. Un poco de verdad, no toda. —Y estuve por mi cuenta tanto tiempo, resolviendo mis problemas y meteduras de pata por lo bajo para que Mohini no se preocupe, que compartírselas a alguien más no es algo que me salga así como así. No es… una cuestión de confianza— se lo aclaro, no quiero que lo malinterprete, no es eso lo que está en discusión. —Confío en ti— reafirmo, por sí es necesario repetirlo para darle cierta estabilidad a lo que está debajo de sus pies así no siente que está parado en algo que sigue siendo impreciso, como a veces parece que lo cree.

Y te lo hubiera dicho si salía positivo— esto también creo que viene bien decirlo, —no pensaba desaparecerme o cancelar boda sin razón aparente, ¿sí? Te lo iba a decir— era el plan al menos, lo que puedo ordenar en mi mente como decisiones conscientes sobre mis acciones cuando estoy a solas, es al hablar con él y plantear otras cuestiones que surge decir cosas como que tal vez necesito un tiempo y que eso crezca como una gran bola que rueda hacia nosotros para aplastarnos. —Yo… lo siento— esta vez lo digo sin que suene a pregunta, sobreentiendo que sigue a su frase inconclusa. Suspiro porque no es algo que hubiera podido decir como un parte en la mañana para el resto del día, algo sobre lo que tan solo hubiera podido “tenerlo al tanto”. —Me cuesta demasiado hablar… no hablar, sabemos que no me cuesta nada hablar y te puedo compartir un montón de tonterías durante todo el día sin que se me agote la saliva. Son las cosas personales, lo que tiene que ver conmigo y considero mío, que me cuesta demasiado… compartir— procuro explicarlo aunque no haga falta, porque no me está pidiendo explicaciones, todo lo que hace es pedirme que podamos hablar de estas cosas.

Soy el cliché de hija única, ¿no? Tengo algo con eso del “mío”. Mi trabajo, mi espacio. Me costó mucho compartir a Mo también, cuando te llevé a que la conozcas fue abrirte una gran parte de mí que nada tenía que ver con estar acostándonos. Y aunque nunca creí en la monogamia, ni nadie me importó lo suficiente como para pensarlo en términos de estar “compartiéndolo” porque me era indiferente, a ti no podría compartirte— sonrío para hacer de este comentario algo cómico, así el humor nos sirve de amortiguador para que lo diré después. —Pero todo lo que tenga que ver con mi padre todavía sigue siendo algo que no puedo hablarlo contigo, en especial contigo— porque lo menciono, hablo de él en general, lo hago parte de mis charlas refiriéndome al hombre que me crió de niña, nada sobre lo que sucedió después. —Porque si estuvimos donde estuvimos, tú ofreciéndome un trato que me absuelva de mi castigo por traición, fue por él. Todas las partes de mí que chocan con las tuyas, se deben a él—. Y la enfermedad es un claro ejemplo de que todo lo que pueda provenir de mi padre, siempre traerá a colación cuestiones sobre las que preferiríamos hacer la vista gorda. —Huntington, es una enfermedad degenerativa. Una enfermedad muggle…— suelto una exhalación muy corta al continuar. —Mis abuelos paternos, ambos, eran muggles. Mi padre nació mago. Pero ya tenía un tío que había nacido mago, que a su vez cuando se casó con una bruja, tuvo un hijo squib. Hubo… muchas inconstancias en la familia sobre tener o no magia, no sé, tal vez influyó también en quienes heredaban la enfermedad…— froto mi frente con la palma de mi mano, bajo la mirada a las carpetas en desorden sobre el escritorio al responder. —Y no sé, espero que sean los definitivos— que lo pregunte me hace dudar. —¿Quieres que los repita en el Capitolio? Traté de que sea en un sitio discreto, pocos me conocen, pero… a ti te conoce mucha gente.
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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Feb 03, 2020 6:50 am

Sé que confía en mí, pero ese no es el punto. Creo que no logra comprender lo importante que es para mí el poder acompañarla tanto en los malos como en los buenos momentos, porque se supone que eso es lo que deberíamos hacer, si lo que tenemos en mente es compartir algo como un hogar y, en algún momento, un matrimonio — Eso espero — intento bromear, que lo mínimo que podría haber hecho es contarme. Pero no hay alegría, no hay diversión donde debería predominar el alivio, por mucho que intente hacerse paso dentro de mí. Debe ser porque estoy tratando de procesar todo demasiado rápido como para poder aceptarlo — Lara… — usar su nombre de pila es siempre una señal de que intento dejar cualquier barrera de lado, pero no la interrumpo porque puedo comprender que necesita sacarse eso de adentro, como un manifiesto de sus miedos y egoísmos de una niña que no tuvo con quien compartir ciertos detalles de su vida. Me fuerzo a sonreír por ese chiste, moviendo un poco la cabeza al tomarlo — No tengo intenciones de que me compartas — prometo. Y vuelvo a callar, porque en su manía de decirme que no sabe hablar, tengo que oír un discurso de por qué no lo hace.

Su padre es una figura polémica entre nosotros, en parte es el culpable de que estemos aquí. Puedo comprender lo que está diciendo, pero… — No quiero que me compartas absolutamente todo. Tienes tus cajones y yo no tendré las llaves de todos, lo mismo será a la inversa. Pero si puedo ser de ayuda, si puedo darte la mano o cuidarte o cuidar de Tilly… no tienes que hacer todo sola — ¿No es eso lo que nos estamos prometiendo al decidir casarnos? Tal vez suene ridículo, pero Phoebe y Charles son un buen ejemplo de dos personas que han decidido caminar juntos a la par, sin cuestionamientos. Y fuera de nosotros dos, está Mathilda. Tengo que decirlo, en mi vida quise ser padre y teniéndola a ella, solo puedo arrepentirme de no haber pasado por lo mismo con Meerah. Si hay algo que pueda afectar a la bebé y eso significa que tengo que mover cielo y tierra para que reciba el mejor cuidado, debo tener la oportunidad de hacerlo. Ella lo sabe.

No he oído de esa enfermedad, no me sorprende porque no soy ningún experto en salud y ni hablar de la muggle. Largo un suspiro, sintiéndome algo derrotado frente a una idea que ni siquiera me hace gracia a mí mismo — Bueno, mi sangre tampoco ayudaría a bloquear virus que afecten a los muggles — porque me guste o no, mi genética está extremadamente contaminada, soy un mestizo sin diluir. Me lo pienso un momento, acabo por echarme hacia atrás en el asiento y le hago una seña para que se acerque, palmeando mi regazo en una invitación — Si no te molesta… Puedo conseguir una cita en una clínica privada, para una segunda opinión. Los ceros de la tarjeta no deberían ser un problema — aunque le sonrío con gracia, esa emoción no se desparrama al resto de mis facciones — ¿Eso es todo? ¿No me he perdido de nada más por lo que deba preocuparme y decirte que eres una idiota por no confiar en mí? Porque pensaba usar la piscina, pero puedo gastar mis minutos de paz en darte un sermón si hace falta.
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Mensaje por Lara Scott el Lun Feb 03, 2020 9:23 am

Aparto mi mirada de él para fijarla en una de las paredes, no hay nada que pueda decirle, aparte de lo dicho en monólogo, que conteste a su comentario sobre que no tengo que hacerlo todo sola, suena a un consejo que vengo recibiendo desde hace demasiado tiempo. Si hay algo que podría decir a eso sería otro «¿lo siento?» dudoso, por no lograr desprenderme aún de todo mi viejo yo, tal vez porque hacer las cosas por mi cuenta fue algo de lo que podía sentirme orgullosa y si decido empezar a hacerlo parte no será tampoco porque necesite de alguien, sino porque quiero tenerlo conmigo. —Lo sé— mi voz sale de la nada, no lo he pensado, respiro por la nariz antes de seguir: —Pero tienes demasiadas cosas, demasiadas. Más grandes de las que puede tener un empleado regular del ministerio, cuya mayor preocupación tal vez sí sea el resumen de la tarjeta— mis ojos continúan puestos en una pared que no estoy viendo.

»Y quizá haga esto de tratar de lidiar con las cosas por mi cuenta si creo que puedo hacerlo, mientras soy testigo de cómo tratas de sostener un ministerio que por momentos se desborda, te vendré a contar luego cuando ya esté resuelto— trato de que no suene como una manifestación de arrogancia, no es eso. Lo que quiero que sepa es que también pienso en él. —Prometo hacerte parte de mis cosas, porque elijo hacerte parte de mi vida. Pero no quiero colaborar con más preocupaciones a las que ya tienes, además evocando personas que echan sombra sobre nosotros— le echo un vistazo que repasa su camisa y luego su cara desganada, no busco hacer una discusión de esto, tampoco creo que tenga energías para ello, así que estoy señalando lo obvio, y en verdad me alegro de tener para compartirle un negativo confirmado antes que una sospecha de enfermedad para cerrar su día. —No eres un hombre normal, ¿lo sabes? Sé que nos cuidas, pero también necesitas que seas a quien cuiden, para eso me mantengo a tu lado, para cuidarte— señalo, por si no lo ha pensado así. —No para darte preocupaciones— repito, es lo que estoy tratando de evitar desde que decidí quedarme aquí.

Y por eso no creo tener nada más que confesar cuando me invita a hacerlo, recuesto mi cabeza en su hombro al abandonar mi sitio en el escritorio para sumar mi peso a la silla en la que está sentado. —No es que no confíe en ti, ya lo dije— bufo por su broma. Coloco una mano sobre su pecho y jugueteo con el botón que queda más cerca haciéndolo girar entre las puntas de mis dedos. —Llevo una vida sospechosamente tranquila, en la cual lo único que podría contar como otro problema fue la visita de Magnar Aminoff para decirme que, con este increíble poder de persuasión que tengo sobre ti, ajá…— levanto mi rostro para que pueda ver como entorno los ojos, —no se me ocurra alentarte a la anarquía. Así que, ya sabes, nada de andar agitando banderas rojas. Al parecer mi trabajo consiste en asegurarme que sigas haciendo lo mismo de siempre. ¿Es porque sabe que lo del Coliseo será un desastre, verdad? Por lo que hablé con él no me queda claro si está tratando de disuadir los ánimos de revuelta o agitarlos peor… así que necesitará que los ministros no tiemblen cuando todo se le venga encima.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Feb 04, 2020 2:10 am

Aunque no digo nada, meneo la cabeza a modo de rechazar lo que está diciendo. No diré que sus intenciones no son buenas, pero no puedo aceptar que se castigue sola con sus problemas creyendo que yo no tengo tiempo para ellas — Por encima de un ministro, soy un padre. Y si hay algo que puede afectar a Mathilda o a ti… No necesito que me cuides — no puedo obligarla, pero sí me siento capaz de mostrar mi inconformismo. Paso una mano por mi rostro, estiro mi piel hacia abajo en un gesto cansino, tratando de no perder la paciencia por culpa de aquello en lo que siempre chocamos. Ella dice blanco, yo digo negro y encontrar el gris se ha vuelto una tarea complicada cuando se trata de nosotros — Sé dónde están tus intenciones, pero no puedo aceptarlas, no en todo. No cuando hay preocupación y sufrimiento en juego — si soy su compañero, debería serlo en cada aspecto posible — Según tú no soy un hombre normal… pero puedo seguir teniendo los mismos intereses que uno.

Al menos tengo la posibilidad de sostenerla, su tamaño es el adecuado para rodearla con mis brazos en lo que mi mejilla descansa sobre su cabeza. Aferrarme a ella sirve como un calmante, puedo asegurarme que por cinco minutos está a mi alcance hasta que decida que ya no es una opción factible. Me sonrío, pero es un gesto efímero que empieza a desaparecer con el correr de su relato, el cual poco a poco me va llenando de un desagradable frío en el interior — ¿Qué? — ni sé por qué me sorprende, tengo que moverme para que al ladear la cabeza pueda verle la cara — ¿Cuándo…? ¿Vino aquí? — que asco. Mis labios se tuercen ante el desagrado, en el tiempo que utilizo para observar mi escritorio como si las paredes estuvieran contaminadas. Es molesto cuando se meten en tu hogar, como si se tratase de una violación a tu propio espacio seguro — No me voy a gastar en preguntarte por qué no me dijiste nada, pero… No son cosas que deban tirarse de esta manera — mucho menos cuando el panorama cambia un poco.

No voy a decir que tengo una verdadera respuesta, pero sí me doy cuenta de que el presidente ha decidido que el tablero debe tener una mayor cantidad de jugadores. Golpeteo mi mentón con algunos de mis dedos, tratando de que la maquinaria de mi cerebro funcione más rápido que antes para poder comprender los pasos a seguir — No sé si cree que el Coliseo va a ser un problema, supongo que debe estar queriendo evitar los cabos sueltos. Pero… ¿Por qué tú? Sé que no somos su familia predilecta hoy en día y si cree que puede llegar a mí por ti… — recargo mi peso en el apoyabrazos, echándole un vistazo apreciativo — ¿Eso es todo lo que te ha dicho? ¿Nada más de lo que debamos preocuparnos? Magnar es fácil de seguir si sabes lo que quiere… y ese usualmente llega a ser el problema.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Feb 04, 2020 11:49 pm

Me preocupo por ti— musito. No lo digo como excusa por lo que pude ocultarle o porque piense seguir haciéndolo en adelante, comprendo su postura en esto, si medito sobre mis acciones es para poder volver sobre estas y no encontrarnos en esta misma situación dentro de un tiempo porque en el silencio de no hablarlo, de no sacar todo lo que creo que sigue pulsando por lo bajo, me haga creer también en otro momento que cuidarlo es mantenerlo alejado de lo que pueda lastimarlo. Y tengo una debilidad muy marcada por sus heridas, como para querer causarle otras. No creo que ninguna de las discusiones que tenemos, por hiriente que sea en algunos puntos, sea algo que no se pueda remediar si encontramos el modo en que sus brazos me sostengan como el calor al que siempre vuelvo. —Por ustedes. Son el único lugar en el mundo donde todo está bien. Puedo acostarme a tu lado y es todo lo que necesito, aunque a veces no encuentre mi voz para poner en palabras lo que me pasa. Solo que estés ahí me basta…

Suelto el botón entre mis dedos al percibir el cambio en su postura, mi mano cubre su hombro en una caricia que baja hasta su brazo y pretende aliviar esa tensión que lo recorre por saber de la visita de Aminoff. —Diría que no tienes de qué preocuparte, lo que sería una mala elección de palabras en este momento— me doy cuenta de esto, así que busco otra manera de hacerle saber que nada tembló en la casa porque ese hombre se hubiera sentado diez minutos en la sala. —Por increíble que te parezca en consideración a mis antecedentes, tuvimos una conversación en un tono moderado y ninguna de las amenazas sutiles de su parte tuvo una respuesta violenta de la mía. Su garganta salió de esta mansión sin un rasguño— espío su expresión para ver si puede apreciar mi mérito, no lo espero, es lo que todos sabemos que se debe hacer cuando se trata de lidiar con nuestro actual presidente, si bien puedo ver la resignación colectiva a mi temperamento de haber cedido a mis impulsos.

»Quizá fue por eso de que es una familia que lo inquieta. Te necesita, te quiere de su lado, pero esta es una familia con muchos puntos flacos con nuevos miembros… no lo espera de ti, tal vez si de alguno de nosotros que cometamos un paso en falso…— me aclaro para que no pueda llegar por sí solo a otros pensamientos, —Tu y Phoebe tienen por padre a un enemigo público, la madre de Meerah siendo una Niniadis se fue con los rebeldes que bombardearon el ministerio, supongo que también sabe que Phoebe y Charles pasaron su tiempo en el norte, luego nos tienes a Mohini y a mí, también esposa e hija de un rebelde…— hago el recuento de detalles en esta postal familiar. —En nuestra defensa diré que él era un criminal en el norte, claro que no puedo recordárselo. Tenía muchos amigos allá, pero estaba interesado en saber cuáles eran los míos y me pidió una lista. Supongo que era su manera de pedir una prueba más tangible de que estamos de su lado…— lo miro de un modo en que no haga falta que lo aclare, no lo estamos. —De que tu familia no es una amenaza a sus intereses. Y si es lo que necesita para calmar su recelo, lo haré—. Tiempo, eso es todo lo que necesitan las dos niñas de esta casa para crecer, un tiempo seguro, en el que se las cubra de la vista y las amenazas.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Feb 05, 2020 7:50 pm

Es imposible no preocuparse cuando se trata de Magnar Aminoff — tal vez ella no sabe de sus tretas más oscuras en el norte, pero yo sí. Sé muy bien cómo el ministerio hizo la vista gorda a su mafia cuando su ayuda fue solicitada, a sabiendas de que no hubiéramos tenido a tantos muggles fugitivos y traidores en prisión si no fuera por el trabajo del hombre que hoy en día es nuestro presidente. Puede que a simple vista parezca un psicópata soberbio, pero he aprendido a no subestimar a las personas que no tienen nada que perder pero todo que ganar. Es pensar a NeoPanem siendo conducido por un mono con navaja y el permiso de presionar un botón rojo frente al mero capricho. Le sonrío, tratando de tomarme con un humor falso al menos cinco segundos de conversación — Si dices que te amenazó y salió ileso… no sé cual de los dos factores me aterra más — es obvia la respuesta, tengo que recordarme de quién estamos hablando para no ir en su busca, por poco que me agrade la idea de que alguien creyó que tiene el derecho de entrar a mi casa y amenazar a mi familia.

A pesar de que mi expresión delata que oigo sus palabras, mis ojos se pierden un momento al tratar de procesarlas. No está diciendo nada que no haya cruzado mi mente con anterioridad, dentro de su lógica Magnar tiene todo el derecho a sospechar de nosotros y tenernos bajo la lupa, yo mismo lo haría. Pero en mi mundo de normas tiendo a ser el juez y no el juzgado, ser exitoso no es sinónimo de estar seguro y arrastrar a mi familia conmigo no formaba parte del plan — En algunos casos, no llamar la atención es lo mejor que podemos hacer. Sé que es mucho pedir de nuestra familia… — Phoebe literalmente gritó que el terrorista desquiciado era nuestro padre en pleno funeral, para variar — … pero confío en que podemos hacerlo. Sé que puedo contar contigo — es un voto de confianza extremo, considerando que hace un año atrás sospechaba de cada una de sus intenciones por culpa de cómo nos conocimos. No soy tan iluso como para creer que “Scott ha aprendido su lección”, pero confío en que es sensata como para saber qué cosas es mejor mantener antes de perderlas por un ataque de locura. Creo que algo que me enloquece de ella es esa chispa que parece no apagarse nunca.

Lo que Aminoff está haciendo tiene lógica. Aún así, siento cierto miedo cuando me hundo en el asiento, apoyando mis labios en su hombro a modo de caricia — Hoy es el día de las malas noticias, ¿no es así? — murmuro, tratando de tomarlo con un humor que suena agrio — Podemos decir que somos más listos que él y darle lo que quiere, pero al final del día es Magnar quién está ganando y nosotros solo sobrevivimos. Es jugar una carrera pisándole la cola y acabar pisoteando la nuestra — sé que dije que esperaría paciente a que él cometiera un error, pero a veces sospecho que jamás va a llegar ese día. Acabo por recargar mi frente contra ella, presa de un suspiro de cansancio que me recuerda que yo vine aquí con intenciones de bajar mi estrés, no de aumentarlo — ¿Quieres llevarte a las niñas unos días al cuatro? Puedo conseguir un permiso de seguridad, que sean escoltadas al menos por Poppy, ahora que los levantamientos se han calmado un poco. Aunque me quedaría más tranquilo si prometes regresar de inmediato en caso de alguna actividad sospechosa o escándalo en el exterior, ya sabes… — no es como que la gente sepa exactamente dónde vivimos en el cuatro, pero prefiero no arriesgarme. Ladeo la cabeza para poder mirarla, al menos desde mi sitio — Yo puedo quedarme aquí, estaré bien. Prefiero ser yo el que se tope con las visitas indeseadas — tampoco es como si tuviera otra opción.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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