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We're fucked up · Hans

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Mensaje por Lara Scott el Sáb Ene 18, 2020 5:44 am

Reviso la configuración de mi teléfono para asegurarme que esté bien la fecha, porque según el aviso en mi calendario hoy tendría que despedir a mi visita de todos los meses y no tengo nada que despedir. Llevo tres días esperando, ni siquiera llegó ¿y ya tengo que despedirlo? Decidí confiarle este control a la tecnología porque al parecer si lo hago por mi cuenta se cuelan errores de cálculo y no es que diga que Tilly sea un error, fue algo inesperado. Si sucede una vez es un despiste, si sucede dos veces es de idiotas. No puede estar pasando una segunda vez. NO PUEDE ESTAR PASANDO. Coloco mi cabeza entre mis rodillas para calmar la falta de aire que me presiona en el pecho dolorosamente, me sudan las manos que siguen sosteniendo el teléfono y la notita que reaparece en la pantalla festejando el fin de la regla se está burlando de mí. Las paredes del baño dan vueltas a mi alrededor, presiono mi mano sobre al frente para aliviar el mareo. Voy a vomitar, mi estómago de por sí vacío se revuelve para que suba por mi garganta la sensación de náusea. Voy a llorar mientras vómito, no puede estar pasando otra vez. Náuseas matutinas ¡otra vez no, por favor! Ya comenzaron, YA COMENZARON. Las malditas ya comenzaron.

¿Qué había dicho mi madrina sobre la precaución de los cuarenta días siguientes al parto? Algo así como «Lara, no seas imbécil y hazme caso, no tengas sexo en la cuarentena o quedarás embarazada otra vez». Es Mohini, no creo que haya usado esas palabras, pero son las que mi mente recrea con su voz en una repetición sin fin. Embarazada. Otra. Vez. Salto de la tapa del retrete en el que estoy sentada para levantarla, así puedo descargar lo poco y nada que tiene mi estómago, ¡ni siquiera son las siete de la mañana y sigo en pijama! Salgo del baño luego de que la náusea se me pasara, porque de hecho no había nada que echar fuera de mi estómago, y si no estoy pálida debido al bronceado obligado del verano, por mi semblante de culpa y abatimiento puedo decir que yo misma me siento enferma. No sé si es bueno o lo hace todavía peor, que esta vez Hans sí esté al otro lado de la puerta del baño, no tengo piedad con su ignorancia al poner en voz alta la sospecha que creo confirmada. Ni siquiera pestañeo, mis labios se mueven a voluntad, modulando la frase fatal para un día entresemana en el que está a minutos de irse al ministerio. —Estoy embarazada— murmuro, no lo suficientemente bajo como para fingir que nadie lo escucho, que podemos continuar con nuestra rutina. —Otra vez— supongamos que es una aclaración necesaria.

No llegué a elegir un maternal o a decidir cuál de todas las postulantes a niñera de Tilly es la adecuada para que pueda volver al trabajo, ¡que ya tendremos que contratar dos! Con todo esto, el misterio al que me abocaré los próximos años a interpretar es si Hans y yo tenemos genes de conejo en nuestros ADNs o qué carajos. Sigo en un shock que me tiene aturdida al cruzar la habitación, no soy consciente de cómo llegué hasta la cama hasta que me rodillas chocan con el borde y me dejo caer como si fuera la misma bola pesada del final del primer embarazo, y quiero llorar porque ya lo pienso como el «primero» porque se viene un «segundo». No, Lara, no entres en pánico. NO.ENTRES.EN… —Vamos a tener otro bebé, Hans. ¡POR TODOS LOS CIELOS! ¡VAMOS A TENER OTRO!— grito y la única emoción que se trasluce es mi pánico real, absurdo y tan inmenso que en nada llena todo mi menudo cuerpo.


Última edición por Lara Scott el Vie Ene 24, 2020 6:41 am, editado 1 vez
Lara Scott
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Ene 18, 2020 6:19 am

Aún no me despierto del todo, estoy seguro de que me vendría bien una ducha, pero Lara está demorando demasiado en el baño y lo único que puedo hacer en mi espera es el quedarme mirando un zapato. Creo que tengo la cara hinchada del sueño y mi cuerpo parece no reaccionar, dejo los hombros caídos en lo que mis ojos buscan la cuna de Mathilda, que duerme plácidamente y eso significa que no tengo que salir corriendo a atenderla antes de que mis neuronas sacudan las horas de sueño. Bostezo, rasco mi cabeza que es un montón de pelo revuelto sin sentido alguno y estoy poniéndome de pie, decidido a apurar a mi prometida a ver si tengo que cambiar de ducha o no, cuando ésta sale del baño en suite. Suspiro con fuerza, rascándome el pecho con pereza y una de mis cejas demuestra tener algo más de sobriedad al alzarse por su expresión — ¿Quién murió? — que hasta me recuerda a la cara que tenía Meerah cuando su puff fue asesinado accidentalmente; es cruel, pero a veces me sigo riendo por lo bajo cuando me acuerdo. Cualquier intento de broma al respecto se evapora en cuanto ella abre la boca.

Creo que lo único que sale de mi boca es un “oh” y la imagen en calzoncillos que debo estar regalando debe ser un poco penosa. Momento, no sigo durmiendo. ¿De verdad ha dicho que está embarazada de nuevo? Sé que tenemos sexo constante, es una manía que no podemos sacarnos desde que aceptamos el no ponerle trabas a la obvia piel que compartimos. Pero… No somos estúpidos, nos cuidamos, me gusta creer que no podemos equivocarnos dos veces. Aún no termino de procesar la idea que ha colocado en mi cabeza, que ella ya se pone a gritar y levanto ambas manos con los ojos fuertemente cerrados — Shhhhhh — que no sé qué es peor, que me duela la cabeza por estar aún dormido o que despierte a Meerah con algo como esto… o a Tilly y sus llantos — ¿Cómo…? ¿Estás segura? — ladeo la cabeza para tratar de mirarla, pero no me atrevo a tocarla. A decir verdad, la adrenalina empieza a despertarme y lo único que hace es el chillarme que salga corriendo al baño o al pasillo o a cualquiera lado mientras no tenga que estar aquí. Ya tengo dos, tres es multitud…

Y aún así solo puedo quedarme congelado, abriendo y cerrando mis dedos con nerviosismo en conjunto con los brazos estirados y los hombros encogidos en obvio pánico. No, no puedo hacer esto ahora — ¿Desde cuándo lo sabes? — no sé ni para qué pregunto, es obvio por su cara que acaba de enterarse o lo que sea. Me atrevo a dar unos pocos pasos hasta regresar a la cama, me arrodillo en ella y me arrastro hasta tomarla por los hombros en un intento de obligarla a mirarme. Suerte que ha bajado de peso, eso me permite el moverla con mayor facilidad, el problema es que si está en lo cierto, volverá a ser una bola hormonal en unos meses. Espero que no me suden las manos o se me patinará en un abrir o cerrar de ojos — Scott… ¿De verdad lo dices? ¿Estás completamente segura? Puedes asentir o no, no hace falta que hables. Quizá solo te cayó mal algo — porque sino eso significa que fui demasiado estúpido y… ¿Debería estar feliz por esto?
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ene 19, 2020 4:58 am

¡No puede pedirme que me calle si mis nervios están a punto de colapsar! Ah, cierto, hay una bebé durmiendo en la habitación. Mis movimientos desesperados con los brazos se quedan estáticos y de mi garganta sale un grito mudo, ni siquiera puedo despotricar contra el universo porque se despertará Tilly y todos sabemos que ella me gana en cuanto a chillar a todo pulmón. ¿Y lo peor de todo? ¡Qué habrá un tercero! ¿Por qué? ¿Por qué le hacemos esto al mundo de seguir trayendo gente con nuestra genética, gritones siendo bebés y seguramente obsesivos cuando sean adultos así como Hans? ¿Por qué somos tan crueles? Me cubro la cara con las manos para contener las ganas de llorar, ¡ya comienzan a atacar las hormonas! ¡Por Morgana! ¡Todo está comenzando otra vez!

Desde hace cinco minutos. No, desde hace tres, quizás hace dos minutos— contesto, no lo hago de mala manera, estoy alterada forzando a mi mente a hacer un cálculo tan básico como medir el tiempo entre que he prendido la pantalla de mi teléfono para leerme las novedades de Wizzardface y apareció esa repentina notificación maliciosa, y lo que me tardé en salir del baño. ¿Dos minutos y medio? ¡Mierda, han pasado dos minutos y ya siento que los cincuenta kilos del embarazo han vuelto a mí! Si no fuera porque me agarra me tumbaría en la cama para quedarme tirada hasta que pasen los nueve meses obligatorios, es demasiado pronto, no, me niego, esta vez no andaré por ahí, ordenaré a que todo me lo traigan a la cama y me hagan panqueques todos los días. ¡Me rindo! Esta vez solo me dedicaré a engordar cien kilos. —No sé, no sé. ¡NO SÉ, HANS! Tengo un atraso de… desde hoy. No me ha bajado este mes, ¿bien? ¡Y ya tengo náuseas! ¡Tengo náuseas matutinas! ¡Y soñé con tarta de arándanos! ¡Ni siquiera me gustan los arándanos!— lo miro sujetándolo de los hombros para que entienda lo intranquila que estoy, este no es uno de mis dramas, la naturaleza es sabia y decide sobre mi cuerpo, ha decidido joderlo otra vez.

Tengo una aplicación en el teléfono y hace tres días tendría que haberme venido, ¡y no ha pasado nada! ¡NADA!— explico y lo recuerdo de pronto, el primer día que no recibí noticias de la regla fui a hacer la compra obligatoria. Si no le di uso fue por la inútil esperanza. Salto fuera de la cama para regresar al baño, al lado del pote sin abrir de crema para el pelo que creí que era un buen regalo para Hans encuentro el estuche también cerrado de la prueba de embarazo, se lo muestro al pararme bajo el marco de la puerta como si sostuviera algo peor que esa varita tenebrosa que dicen que puede vencer a cualquier rival, de hecho lo es. Puede ser nuestra salvación o nuestra condena. —Que no se diga nunca de mí que no me adelanto a todo lo malo que puede pasar— digo, nunca es mal momento para un halago a mí misma, lo necesito ahora que estoy perdiendo pie cerca del abismo de la miseria.
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Ene 19, 2020 5:33 am

¡Espera! — a pesar de imponer mi voz, creo que entre la histeria se asoma un tono de vago alivio — ¿Quieres decirme que es solo un atraso y no tienes nada confirmado? — se me escapa un “¡ja!” que debería ser ofensivo en caso de que en verdad esté embarazada, pero es que no puedo evitar la sensación de esperanza creciente en el centro de mi pecho. El tiempo después del embarazo es un poco delicado, he leído bastante sobre el tema por su culpa y tengo bien en claro que sus hormonas aún no deben haberse acomodado del todo. Con un poco de suerte, su período sólo está jugando con ella, acoplándose al nuevo ritmo luego de todo este tiempo de ausencia — ¿Una tarta de arándanos es señal de embarazo? — mis cejas se alzan, no quiero ponerme en sarcástico porque creo que puede golpearme. No, va a golpearme. La conozco estando histérica.

¿Una aplicación? ¿Todo esto es culpa de la tecnología? Ruedo los ojos en respuesta. Ya me parecía que nos acabaría por condenar. Oigo el pitido de mi celular en lo que ella va hacia el baño, mi salto se extiende hacia el sofá del rincón, donde mi comunicador me recuerda que debo estar en reunión en quince minutos. Tengo los dedos algo temblorosos cuando tipeo la orden a mis asistentes de que muevan la junta, levantando los ojos justo cuando Scott regresa a mi rango de visión con un palito que me produce tantas nauseas como las de cualquier embarazada — ¿Siquiera hiciste cálculos? ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos sexo? — intento hacer memoria, pero mi capacidad de concentración se va al caño cuando un quejidito me recuerda que no debería estar hablando de estas cosas frente a la bebé que no tiene conciencia como para comprendernos. Lanzo el comunicador sobre la cama y me asomo por uno de los bordes de la cuna; solo fue una falsa alarma, Tilly sigue dormida, aunque su modo de removerse me indica que no tenemos mucho tiempo — ¡Vamos, rápido!

Tal y como si nuestra hija fuese una bomba a punto de explotar, me adelanto hacia ella y le doy los empujones necesarios como para meternos a ambos dentro del baño, agradecido de su amplitud. Mis ojos se detienen en la ducha que tanto estaba ansiando, pero la descarto a sabiendas de que no es momento para preocuparme por mi higiene; además, no puedo decir que ella no me ha despertado — ¿Cuánto tarda en decirnos si es positivo o negativo? — con nuestra tecnología, debería ser de inmediato — ¿Y son confiables? He oído de pruebas caseras que fallan — me apoyo en la puerta cerrada, cruzándome de brazos en lo que la miro como si mi mirada no fuese a intimidarla para orinar, hasta que reparo en ello y desvío los ojos hacia cualquier otro punto — Nos cuidamos, Scott. Debe ser el estrés, es eso. O tu cuerpo recordando que debe menstruar de nuevo. O… no lo sé. No podemos tener otro hijo, no ahora — ¿Por qué no me siento listo, cuando tengo dos? No somos el desastre que creí que seríamos, pero… No, no puedo hacerle lugar en mis pensamientos. Tilly ya fue un movimiento arriesgado, pasarlo fue milagroso — ¿Tú tendrías otro? Ya sabes, en caso de que… — bueno, tuviésemos que decidir qué hacer con ello.
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Mensaje por Lara Scott el Lun Ene 20, 2020 2:11 am

Repito ese «¡ja!» que sale de sus labios con el mismo tonito. —Por si hace falta, te recuerdo que mi último atraso duerme en una cuna al lado de nuestra cama— se lo señalo con mi dedo índice apuntando por encima de su hombro a la bebé que se remueve por los murmullos que la inquietan en sueños. Si quiere, que me culpe de tomarme lo más mínimo a la tremenda, a mí me gusta pensarlo como que soy precavida, percibo las anormalidades y después del parto mi ciclo debería volver a ser un reloj preciso, no sufrir sobresaltos como este. —¡Es señal de que han vuelto los antojos!— se lo tengo que explicar todo, todo, este hombre me frustra tanto. ¿Tengo que ir señalándole uno a uno los síntomas? ¿Qué no recuerda el primer embarazo? ¡No pasó ni un año! Resoplo por la boca haciendo temblar mis labios con una única exhalación, esta vez nada de esto va a tomarme con la guardia baja y no caeré en la negación de semanas. ¿Algo que me cayó mal? Sí, claro, el curry fue el culpable entonces, pero no por causarme una intoxicación. Tenemos a la hija del curry durmiendo entre nosotros más veces de la que duerme en su cuna.

Por poco no le tiro la prueba de embarazo a la cabeza cuando me pregunta si hice los cálculos. Necesito que los hombres también menstrúen para que sepan lo que es tener un atraso y comprueben si es que pueden pensar en algo más, pero para que eso ocurra faltan un par de cientos de años, maldita tecnología que no avanza lo suficientemente rápido. Tiro de su muñeca para meterlo dentro del baño al huir de Tilly, ella con su lloriqueo al despertar es la nueva alarma que nos marca el final de los minutos que tenemos para un polvo rápido y ni siquiera Lollis era tan inoportuna al pegar el chillido de saludo para sacarnos del archivero, no me sorprendería que fuera en la prisa que se nos pasara tener cuidado. Somos adultos, por todos los cielos, ni un par de vírgenes de quince años cometerían estos despistes. Pero me tiemblan las manos con el mismo nerviosismo de hace casi un año, como si tuviera catorce años y Mohini fuera a entrar en cualquier momento para descubrirlo todo. Con Hans contra la puerta la pesadilla de que mi madre pueda irrumpir en este momento queda fuera.

Se me cae la prueba al piso y en vez de recogerla le lanzo una mirada de advertencia por decir que las pruebas caseras fallan, es lo que tenemos ahora mismo, fin. Tiro hacia abajo los pantalones cortos del pijama mientras le muestro con la barbilla que se de la vuelta. —¿Podrías, por favor? Un poco de privacidad, hombre— me quejo, lo que es ridículo porque lo último que hay entre nosotros es un rastro de privacidad de lo que sea respecto a nuestros cuerpos, que hay lunares que ni yo sabía que tenía en ciertas partes. Recojo la prueba de un manotazo al sentarme y la apoyo sobre mis rodillas para mandarlo a callar. —¡No! ¡No! ¡Si lo dices lo haces real!— le pido con un gemido, que estoy asustada del resultado que pueda dar esta prueba como para adelantarme a todo lo que podría venir después de leer un positivo. —Quiero que sepas que son mis nervios hablando al decir que si tenemos un segundo, tú podrías criar a uno y yo a otro— suena terrible lo que digo, ¡mira las cosas que me hace decir! Yo creo haber visto algo así en alguna película, así que me aclaro a prisa: —¡No separados! Solo nos repartimos quién carga a quién, quién hace el biberón de quién, quién viste a quién…— estoy parloteando sin poder parar por culpa de la desesperación que me hace mirar la prueba como si no recordara cómo se usa, genial, me olvido de cómo se usan condones y también pruebas de embarazo. Si es que a mí no me va a llegar nunca la madurez, voy en retroceso a todo. —¿Y si le mandamos un mensaje a Rose para consultarle?— no, no pregunten por qué de pronto pienso en ella de pronto al manchar la prueba con un poco de orina, mi cabeza no tiene un orden coherente en este momento, que de por sí nunca lo tuvo. —¡Ya está!— salto con la varilla blanca en alto y se la entrego a Hans para poder reacomodarme el pijama. Queda aguardar el minuto que promete el prospecto, pero no creo que pueda. Presiono la mano contra mi frente por el malestar que me obliga a tomar varias bocanadas si es que no quiero vomitar, solo hay un retrete y sabemos que Hans tiene el estómago más sensible por si toca ver un positivo.
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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Ene 20, 2020 3:26 am

Intento no quedarme bizco en cuanto me volteo, que ya ni sé de qué privacidad me está hablando; si algo hemos compartido, es ángulos incómodos de nuestras personas. Levanto las manos como una persona que clama inocencia en lo que ella grita que se hará real si lo ponemos en palabras, aunque a decir verdad no hay nada que podamos hacer si lo que tiene adentro no es un problema hormonal, sino un feto. Ladeo la cabeza para mirarla sobre el hombro en lo que mi expresión se torna confusa, porque lo que me está describiendo suena a un descontrol del cual no creo que podríamos sobrevivir — Lo que quieres decir, es que te gustaría tenerlo — nada de abortos, sino un bebé nuevo. ¡Tilly aún es demasiado pequeña! Hay hijos que se llevan muy poca diferencia de edad, pero yo no me siento calificado con ese nivel de paciencia. Que no se mal entienda, adoro a mi hija, pero aún estoy tratando de descifrarla.

¡No! — exclamo, por fin dándome la vuelta y asumiendo que ha terminado de orinar — Nada de llamados, ni a Rose ni a nadie. No debe ser tan complicado — ¿Que estas cosas no dicen cosas como “positivo” o “negativo” y ya? Como sea, que me he volteado demasiado pronto y me quedo mirándola en el inodoro, hasta que el palito se alza en lo alto y se lo quito de un manotazo sin percartarme en… — Lo measte — claro que lo meó, ni sé por qué arrugo la nariz con tanto asco y paso a sostenerlo entre la punta de dos dedos en lo alto en lo que ella se incorpora — Si esto da positivo, faltaré al trabajo e iremos directamente a la clínica. Ya sabes, para tener una segunda opi… — el chillido de la bebé que acaba de despertar y se ha encontrado sola es lo suficientemente potente como para sobresaltarme. Lo terrible es que puedo ver, en lo que mi corazón trata de volver a la normalidad y no darme un paro cardíaco, como la prueba de embarazo gira en el aire y cae arrastrada por la ley de la gravedad.

Creo que exclamo algo, pero no lo oigo entre los llantos de Tilly y el “plop” del inodoro. Solo me quedo estático, paralizado como si estuviera a punto de enfrentarme a los retos de mi padre, perdidos hace mucho tiempo — ¡Lo lamento! Mi varita… — pues claro que no la tengo, ni sé por qué me palmeo el pecho desnudo o los calzoncillos, si no va a estar ahí — … Tilly… ¡Haz algo! — ¿La bebé o la prueba? ¿Perder la cabeza o conservarla? No estoy pensando cuando me agacho y meto el brazo en el retrete, aunque mi expresión cambia en el momento en el cual no recuerdo si ella ha tirado de la cadena o no — Esto es asqueroso — gimoteo, en lo que trato de que el test no se me patine entre los dedos una vez más.
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Mensaje por Lara Scott el Lun Ene 20, 2020 7:53 pm

¿Qué tipo de conversación es esta? ¿Por qué siento que me han colocado en un estrado y hay que un abogado enredando mis palabras? —Lo que digo es que no sé qué decir— barboteo, nerviosa por la presión que me echa y así no puedo orinar, con esta presión seguro que me salen más rayas de las que se debe y ¡hasta sale que tendremos mellizos! Me sostendría la cabeza si no fuera porque necesito mis manos para sostener el palito. —No puedo tomar una decisión sobre algo que todavía no sé si es… algo— no lo miro al contestar, no creo estar en condiciones aun con el nacimiento de Tilly ocurrido hace poco, de poder decir si me gustaría tener otro bebé, la respuesta obvia es que no. Pero, ¿y si se vuelve real? ¿Si hay otro bebé en algún lugar recóndito del cosmos espiándonos y decidiendo que también quiere unirse a este descontrol que se han vuelto nuestros días? ¡¿Por qué?! ¡¡Por qué nosotros?!

Bufo por la reacción de Hans al sostener la varilla blanca, la ignorancia que hay sobre atrasos y pruebas de embarazo hace que me sienta muy enojada con el sexo masculino en general. —Claro, ¿con qué creías que íbamos a saberlo? ¿Con un arcoíris?— me mofo, mis brazos cruzados delante de mi pecho que ya nunca volverá a ser el mismo si es que paso de amamantar un bebé tras otro, y agradezco el aumento de talla, pero no acepto el abuso. Seguro que hay otras parejas que recibirían felices esta noticia, hay celebridades millonarias adoptando niños para ampliar su colección de colores en piel y otros que en serio planifican una familia de tres hijos considerando la política y la economía actual, ¿por qué nosotros? Por lógica, vamos, que por lógica los híbridos son estériles y nosotros somos una pareja tan extraña que la naturaleza tendría que implementar alguna ley que diga que más de una hija no podemos tener, ya bastante riesgo hay en el ADN de esa niña.

¡¿VEN?! Ya está chillando como si viniera del mismo infierno, enfurecida porque estamos encerrados en el baño con la posibilidad todavía no comprobada de que vaya a tener un hermanito o una hermanita. Sin embargo, al decir lo de la clínica me lo pienso dos segundos sin moverme de mi lugar, claramente estoy pensando desde las emociones del momento y se me contrae un poco el estómago por lo que pueda estar a punto de sugerir, y no con la frialdad que deberíamos de haber considerado esta posibilidad en una charla sobre planificación, que si la tuvimos y aunque el método de urgencia difiera del propuesto, ya habíamos llegado a una conclusión entonces. — ¿Te gustaría que aborte?— con intención uso la misma palabra que él, libre de juicios, como una consulta de la que es parte con derecho de opinar. El palito cayendo en el agua sucia creo que le quita toda la seriedad al momento, por un segundo hasta me siento en verdad culpable de hacer caer tan bajo a este hombre. —Nada que un poco de agua y jabón no puedan sacar— le quito importancia y suerte que tengo más de treinta años, que en vez de quedarme a burlarme a su costa, salgo disparada del baño para ir a recoger a Tilly de la cuna.

Coloco mis manos debajo de su espalda y pañal cargado para que con sus lloriqueos se una a la desesperación de sus padres, será cruel de mi parte pero no me apuro en volver. Dejo a Hans solo en el baño con la prueba mientras voy contando los segundos, para cuando llego a cuarenta y luego de sacudir a Tilly con mi propia ansiedad para que se calme, vuelvo a donde está. —Con ella me hice la prueba tres veces, no tenemos que confiar en el primer resultado— hablo antes de que pueda decirme lo que sea que leyó en el palito, me reservo el decir que las tres pruebas dieron positivo. —¿Qué somos? ¿Nos eligieron para repoblar el mundo o qué? Te conozco desde hace años, si por cada descuido acabaremos con un bebé, que bueno que te haya ignorado todo ese tiempo o ya estaríamos en camino de armar nuestro propio distrito— murmuro, que no me juzgue, son los nervios de saber que podría haber un segundo bebé ocupando mi otro brazo pronto. —¿O es el karma por tanto sexo? Una fuerza mayor diciéndonos que paremos— eso suena un castigo fatal, si me preguntan.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Ene 21, 2020 12:14 am

No — suena a una respuesta demasiado rápida, ni siquiera me di tiempo a meditarla — Tampoco tengo ganas de tener otro hijo, pero… creo que siempre debe pensarse con cuidado y no ser precipitados al respecto — con Tilly sucedió todo tan rápido, que decidir tenerla se sintió correcto a pesar del pánico. Pude darme cuenta de que deseaba esto, que haberme enamorado de su madre era algo de lo que tenía que hacerme cargo, como si el destino me estuviera dando una bofetada para que deje de ser un imbécil orgulloso. Creo que no necesito de otro bebé para reafirmar lo que quiero, pero me sentiría muy injusto el quitarle la posibilidad a un segundo solo porque no llegó primero. ¿Tiene sentido? — Me fascina tu sentido del humor — mascullo, olvidándome del amor que le tengo en cuanto la veo salir por la puerta. Sí, alguien tenía que hacerse cargo de la bebé, pero a mí me tocó la parte desagradable.

Mis manos son temblorosas cuando dejo la prueba sobre el tocador como si fuese una bomba a punto de estallar y comienzo a lavarme las manos con ansiedad. No, no solo las manos. La cara, el cuello, una fugaz cepillada de dientes. Estoy escupiendo cuando Scott regresa en lo que han sido segundos de terror, por lo que la observo gracias al reflejo del espejo — Lo sabía — suelto — Sabía que querías acostarte conmigo hace años. ¿Te gustaba cuando lucía como un muñeco? ¿Te calentaba el pelo más rubio y las mejillas sonrosadas? — puede que bromear no solucione las cosas, pero al menos puedo sentirme más como yo mismo en esa sonrisa guasona que le regalo por medio del espejo antes de voltearme hacia ambas. La manera que tiene Tilly de retorcerse me hace pensar que algo no está bien, pero lo huelo antes de siquiera preguntar qué es — ¿Crees que el karma es tan cruel para castigarnos con ese olor? — pregunto, cubriéndome la nariz con el dorso de la mano — Disfrutamos de acostarnos, ¿qué tiene eso de malo? Que me castiguen si soy capaz de resistirme a ti — por estas cosas estamos con un bebé y un test de embarazo, soy incapaz de no arrastrar las palabras en un tono juguetón en lo que me acerco lo suficiente para robar un fugaz beso de su boca — Tal vez deberíamos reforzar los anticonceptivos, para evitar preocupaciones. Aún sigue en pie mi sugerencia de la vasectomía — le estoy dando tiempo, pero sigue siendo una buena idea.

Me volteo, resignado a que no podré soportar más la tensión y, como si fuese a quitar una bandita, tomo el test. Por como me congelo, de seguro le estoy dando una mala impresión, pero acabo alzando los ojos hacia ella en lo que golpeteo el palito contra mi mano — ¿Cómo lees esto? Parece borroso por el agua. ¿Por qué no compraste uno inteligente? Son más modernos, tienen todos los datos… ¡No es como si necesitáramos ahorrar! — y ahí se va la histeria. Me acerco, tendiéndole los brazos — Dame a Tilly, yo la cambiaré en lo que tú me dices qué es esta cosa. No puedo creer que no podamos… Se supone que somos adultos responsables, por Merlín — se supone que yo debo manejar la justicia de todo el país, no puedo ser incapaz de controlar siquiera a mi prole y, peor, a mi propio esperma.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Ene 21, 2020 5:34 am

No creo que mi mente pueda tomar en este momento una decisión sobre algo que tiene las mismas probabilidades de ser como de no ser, si no nos calmamos terminaremos por ponerle un nombre antes de que la prueba arroje cualquier resultado. Y ya sabemos lo que pasa cuando pones un nombre a las cosas, te encariñas. Diría que no caeríamos en ese grado de patetismo, pero ¡hola! estamos aguardando los segundos para saber si vamos a ser padres de nuevo cuando la niña que nació hace unas pocas semanas está rompiendo las paredes de la casa pidiendo atención. El mundo podría estar ardiendo para consumirse, que de todas maneras respondería a su sarcasmo sobre mi sentido de humor. Me detengo en la puerta para girarme hacía él con mi mentón en alto. —Lo sé, te encanta— modulo lentamente, no hace falta que use esa mano para sacudir mi cabello, creo que mi salida del baño se da con la suficiencia arrogancia, que la pierdo cuando me tengo que inclinar sobre la cuna de Tilly para rescatarla de su tormento personal en el que se encuentra sola, sucia y seguramente con hambre.

Al diablo con lo que dicen sobre no hablar de sexo delante de un bebé, no le voy a ocultar a mi hija que me acostaba con su padre o mentirle sobre que la trajeran los mooncalfs con alas. Se tendrá que acostumbrar a que las cosas son así, por lo que lo último que nos faltaría a ambos es que Mathilda decida tenerlo como tabú, sería el colmo de la ironía. —¿Perdón? Notaba cómo me mirabas en ese entonces, no puedes negarme que te ponía esa morena respondona— me burlo de él, respondiendo a su sonrisa a través del espejo con una propia que se va ladeando en dirección contraria al lunar. —Y que lo sigue haciendo porque no he cambiado mucho— apunto, con el pañal oliendo terrible entre nosotros, me prendo de sus labios por un segundo. — Esto solo refuerza mi punto, te morías por besarme— murmuro, por ridículo que sea tratar de recordar lo que podíamos sentir en ese entonces, si lo deseaba no era nada que no pudiera olvidar cuando lo perdía de mi vista, somos de eso que puedes prescindir si no lo conoces, es más bien una adicción progresiva, cuanto más lo pruebas, más lo deseas. Y sabiendo que es así, coloco una mano sobre su pecho. —Estaba pensando en medidas extremas como practicar la castidad. Para hacerlo bien, podríamos ponernos como fecha cuando nos casemos. Un año es un buen tiempo para dejar crecer a Tilly, y teniendo en cuenta lo que podría ser esa luna de miel después de la abstinencia…— lo dejo inconcluso, que bien podríamos acabar con trillizos.

Se me está yendo la cabeza en esto, que me fijo en el palito como si fuera algo totalmente ajeno, tampoco puedo interpretar correctamente lo que muestra. El reto que cae sobre mí me lo sacudo. —De acuerdo, para la próxima compraré ese que te habla y mientras nos da el resultado nos dice lo idiotas que somos—. No voy a gastar un exceso de galeones en un test que baraja las semanas de embarazo, el sexo del bebé y si se parece más a la mamá o al papá. Solo necesito un maldito positivo o negativo, todo lo demás se resolverá luego. Si es que alguien por resolver… Hacemos el intercambio de bombas a punto de explotar, le indico que tenga cuidado por cómo sujeta a Tilly mientras yo me apodero de la prueba, hay un mensaje secreto escrito por puffkeins que me lleva a entrecerrar los ojos para descifrarlo. —Se habrá roto cuando cayó al retrete— resoplo, ¡tendré que hacerlo de vuelta! Lo sacudo, la vieja y confiable sacudida que hace que las cosas se arreglen, reacciona antes de que haga un segundo intento golpeándole contra el borde del lavado. —¡Listo! ¡Ahí se ve!— chillo tan alto, tan agudo, que por poco no se me cae y busco en el aire el hombro de Hans para  llamarlo. No, Lara, no. Hay un momento en la vida en que se debe madurar, en que no puedes tomar la primera oportunidad que surja para hacer que Hans se tire de los pelos, o vomite, o sufra un colapso nervioso. Bajo la prueba antes de que pueda verla, la envuelvo con el ruedo de la camiseta con tirantes del pijama. —¿Si teníamos un niño habíamos dicho que se llamaría Gabe? Porque me gusta más Christian— lo digo con cara de póker.
Lara Scott
Lara Scott
Inefable

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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Ene 21, 2020 6:19 am

Mis ojos ruedan en un giro casi completo, pero mis labios se tiran hacia un costado sin poder evitar una sonrisa — Podía admitir tu atractivo, pero no creí en un millón de años que acabarías por volverme un adicto a tenerte revoloteando cerca — no puedo llamarlo de otra manera, tenerla cerca se transformó en una necesidad tan básica como el respirar. A veces sigo sufriendo un vago temor por culpa del poder que tiene sobre mí, a sabiendas de que trataría de tapar el sol si eso es lo que la mantiene feliz y segura, dentro de las paredes de un hogar que estamos tratando de sostener con nuestras manos — Siempre muero por besarte, a excepción de cuando me irritas. Por lo menos sabemos que eso se ha vuelto solo temporal — ni siquiera tengo por qué ser orgulloso, al admitirlo siento que he ganado la partida y le he quitado el material con qué tratar de ofenderme. Mala suerte para mí, parece que todo esto le ha metido la locura en el cerebro y cualquier rastro de veloz diversión se me pierde al arquear las cejas tan alto que mi frente se vuelve un acordeón estirado — Sabes muy bien que no duraríamos ni dos días con un voto de castidad — que me lo discuta, eso puede terminar en tragedia. Cuando intentamos contenernos, la necesidad fue incluso peor, tanto que acabamos con un bebé.

Esperemos que no exista una “próxima— es un deseo tan sincero que creo que suena hasta casi erótico. Me hago con Tilly, quien suelta un quejidito y arruga toda su cara gorda en lo que la apoyo contra mí, paso a sentir como su baba se desparrama por mi hombro en lo que parece asegurarse de que mi piel es un sustituto aceptable de su chupete, vaya a saber dónde se encuentra — Tal vez un “reparo…” — no sé si mi sugerencia servirá de algo o si borrará el resultado, no llego a averiguarlo porque Lara se pone a darle golpecitos que parecen solucionarlo en lo que me resigno y apoyo a la bebé sobre el cambiador que coloqué en este baño; creo que me he asegurado de tener uno en cada sitio práctico de la casa, para evitar emergencias. Pero en esta ocasión no actúo rápido, los nervios hacen que me olvide de dónde están los pañales y suerte que Tilly se ha vuelto bolita para chuparse un pie, porque Scott tira de mí y tengo que estirar los brazos por mero reflejo para evitar que la niña caiga, cuando sé que está segura; la magia de estos artefactos evitará que golpee el suelo.

Y ahí va, lo que temía. No sé si es su cara o lo que dice, o ambas cosas, lo que estalla en mi cabeza. Ni siquiera recuerdo qué nombre habíamos escogido en caso de tener un varón, tengo que sostenerme del mueble para no caerme al suelo de culo — ¿Lo estás preguntando solo porque se te vino a la mente o porque tendremos que volver a buscar nombres? — ni siquiera la miro, no puedo hacerlo. Me paso una mano por la cara, estirando todas mis facciones en lo que cierro los ojos y cuento las respiraciones. Uno, dos, tres… — Tú no puedes quedar embarazada. ¡Siempre chequeo los condones! — ¿O me habré olvidado de alguno en algún apuro? ¿Lo habré hecho mal? Apoyo una mano sobre la pancita de Tilly para sostenerla en lo que uso la otra para tenderla en su dirección, pidiéndole el test — Te dije que me quedaría contigo, no importa si es un bebé o cinco. Solo… por favor, no me digas que estás embarazada — Y que no se note, pero juro que mi voz quebrada no es de emoción, sino de terror absoluto.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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