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Mensaje por Lara Scott el Sáb Dic 07, 2019 7:09 am

Cruzo el pasillo en puntitas de pie y entro a la habitación de Meerah de la manera más sigilosa posible, con mi espalda pegándose a la pared. Cierro la puerta lentamente y con cuidado de que no haga más que un golpe sordo contra el marco. Si mis cálculos no son errados, tengo diez minutos de misericordia para mis oídos, lo que tarda la bebé en dar un nuevo berrinche que haga saltar al mundo y yo tenga que salir disparada de donde sea que me encuentre para tratar de entendernos en un idioma que todavía no es común, con lloriqueos de su parte, gesticulaciones y gemidos de desesperación de mi parte. Me tiro de espalda sobre la cama de Meerah como un peso muerto y mis brazos extendidos, reboto un poco en el colchón hasta que me hundo en las mantas, y se siente bien, tan bien, sábanas frescas sin un bebé berreando al lado. —No es que me esté escondiendo de Mathilda— murmuro, mi cara contra la sábana así que mi voz se escucha amortiguada por la tela. —O tal vez sí— reconozco.

El ronroneo de la máquina de Meerah me distrae, uso una de las almohadas para colocarla debajo de mi mentón, así puedo verla trabajar en esa habitación de la mansión que acondicionó para su taller. Sé que no disfruta del mismo espacio en la casa del distrito cuatro y allí su taller improvisado tuvo que ajustarse a las medidas, ¡pero la luz! La luz blanca resplandeciente que entra por la ventana llena todo el espacio, se puede ver y escuchar el mar al estar tan cerca. Y echo de menos despertar o dormir con ese arrullo. Con las temperaturas cada vez más altas, no puedo creer que estemos en la isla y la casa con vista al mar esté casi deshabitada porque todavía no es seguro, no cuando la bebé tiene días y ¡ja! Si las cosas siguen así de convulsionadas, esta niña no conocerá la calle hasta los cinco años, puede verlo todo desde su ventana. No me veo moviéndonos con ella de una casa a la otra cuando todo es tan reciente aún, aunque hicimos planes para eso y hay dos cunas, estar quietos en un lugar se siente bien.

Y no solo por la bebé, con Meerah de vacaciones y yo con la baja por maternidad, tenemos más tiempo para estar en casa y casi retomar el hábito de mirar series. No es que me sienta muy orgullosa de obligar a una adolescente a la inestabilidad de los meses pasados, que ni siquiera es culpa de tener padres separados con custodia compartida. No toco mucho el tema con ella porque no sé si quiero saber qué tanto le molesta, sé que a su edad yo me hubiera fastidiado bastante, y eso incumple un poco la promesa de familia que le hice, que la idea de un hogar siguiera siendo lo inestable. Porque Hans no puede dejar la isla, yo no puedo quedarme más de lo justo en la isla. —No sé qué hubiera hecho sin ti todos estos meses, Meerah. Aparte de que Morgana’s tendría una fortuna aparte a mi costa…— procuro bromear sobre todas esas prendas de ropa que tuvo que arreglar para mí y sigo con mi mirada sus movimientos para saber si es un buen momento para hablar. —¿Estás contenta?— pregunto lo más delicadamente que puedo.

»De tener una hermana, de que… tengamos una casa en la playa que ojalá podamos usar antes de pasar al invierno,… que seamos este tipo de familia...— consulto, tal vez haya algunas cosas que podamos cambiar ahora que la bebé ya nació. —Siento que has pasado por muchos cambios de aquí a un año y ¿en serio pasó un año? Siento que ha pasado una vida, muchas cosas han quedado tan lejos… y no tanto…—, porque mientras la miro trabajar recuerdo que no hace mucho Meerah una niña con la que me sentaba a jugar en la casa que compartía con Audrey, si hago el esfuerzo de evocar esos momentos creo que los tengo incluso más claros que el tiempo que compartía con la misma Audrey, había algo increíblemente brillante en Meerah que me hacía buscarla para que me cuente de sus planes y diseños. —¿Te acuerdas cuando trataste de enseñarme a coser y mi oso terminó pareciendo una patata? Tal vez debería buscarla y dársela a Mathilda, el único peluche hecho por su madre…— sonrío al poner mis ojos en blanco, —mejor no, pobre niña…
Lara Scott
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Mensaje por M. Meerah Powell el Mar Dic 10, 2019 12:57 am

No siento la puerta ni escucho a Lara llegar a mi cuarto hasta que los resortes saltan lo justo y necesario como para alertarme de su presencia. Y sé que es Lara porque Hans no tiene ese nivel de sigilo, pero no me doy vuelta de inmediato ya que si pierdo la línea tendré que deshacer todo y volver a empezar. No quiero volver a empezar, la seda se marca fácil y si no soy precisa en estos momentos, tendré que ser el triple de precisa luego para no desperdiciar toda la tela, y los cortes estaban hechos justos y prolijos sin dar demasiado margen al error.

Mantengo apretado el pedal y hago que la costura avance con pulso firme. Un poco más… un poco más… ¡listo! - Si le pones el peluche del cactus que baila y tiene luces en las mejillas, puedes ganar casi una hora de paz. Tal vez dos si está cansada y se duerme de solo mirarlo. - Sé que todavía era demasiado pequeña y que los bebés no se ríen realmente a tan pocos días de haber nacido, pero podía jurar que la pequeña amaba esa cosa y, si bien no tenía ni siquiera dientes, su expresión se asemejaba muchísimo a la de una bebé riéndose. ¡Y sus puñitos! tan minúsculos y adorables. Podía decir que el juguete era una distracción, pero era demasiado lindo el verla encandilada con el peluche y la que terminaba perdiendo el tiempo era yo por quedarme viéndola con el mismo embeleso que ella le dedicaba al bendito cactus.

Saco la tela de la máquina, la examino en alto y le doy el visto bueno antes de doblarla y depositarla en un costado. Por costumbre, y sabiendo que ya no voy a seguir cosiendo, tomo un retazo de tela descartada y doy unas puntadas sobre ella marcando el patrón utilizado. Me toma pocos segundos así que termino y la dejo dentro de mi carpeta, en el folio especialmente designado para estas muestras. - ¿Quieres que crea que irías a Morgana’s de buena voluntad para comprar tu ropa de maternidad? - Y trato de que no se escuche tan insultante como suena pero bueno, en Morgana’s jamás venderían el tipo de zapatillas o jardineros que utiliza por comodidad. Y yo tampoco le hubiese modificado esas pequeñas aberraciones sino fuese porque Lara sabía lucirlas con estilo… y porque bueno, en todo tipo de relaciones había que hacer sacrificios, ¿no?

Me quedo en blanco por unos segundos cuando me pregunta si estoy contenta, y menos mal que aclara porque dentro del panorama general no sabría si podía darle una respuesta satisfactoria. Pero en lo que respecta a mi familia, a nuestra familia, la respuesta es tan clara, concisa y rápida que no me molesto por tratar de aparentar nada cuando respondo de manera afirmativa. - Eso de los cambios es un eufemismo, pero creo que pese a todo, no cambiaría nada. Ni la más mínima cosa que pudiese alterar lo que tenemos dentro de esta pequeña burbuja a la que llamamos mansión. - Me río porque si bien lo último es un chiste, lo primero no lo es. Habían sido demasiados cambios, sí. Pero había aceptado la gran mayoría, y otros… bueno, estaba llegando ahí. - ¿Todavía guardas ese peluche? No había sido un mal intento, pero mi error fue el querer enseñarte a coser un peluche primero. Hay miles de cosas que se pueden hacer antes y más fácil incluso. Si todavía lo tienes podemos tratar de mejorarlo para que de verdad Tilly tenga algo adorable que pueda atesorar e ir pasando por generaciones.

Me permito usar la varita para terminar de guardar todo mi material de costura, y me acerco a dónde se encuentra, primero sentándome a un lado, y luego recargándome por completo sobre su espalda en una especie de abrazo molesto. - Soy feliz con la familia que tenemos, puede que no con todo lo demás, pero sí con nuestra familia. No te das una idea de lo bien que me hace el pensar que somos familia. - Y me aprieto un poco contra ella tratando de expresar mi cariño de una manera con la que no estoy del todo acostumbrada.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Dic 10, 2019 5:55 pm

Una burbuja, eso es lo que es. Una lujosa cuando estamos en la mansión de la isla ministerial y los privilegios de este lugar son caros en más de un sentido, no solo en lo económico. Son esas cosas que me hacen sentir incómoda de estar aquí, salvo que lo piense como eso, una burbuja que hace posible que alguien como Hans, a Meerah que la conozco de hace años, una bebé que recién nació y alguien como yo podamos intentar esto de ser una familia. —Fue mi culpa por ser tan impaciente y fijarme en la mente que quería algo como un peluche, que así me sería más fácil aprender si lo básico lo iba viendo reflejado en algo que fuera tomando una forma— murmuro, pensando en cómo no respeto esas reglas de ir en progreso, me abalanzo hacia lo que está fuera de mis posibilidades porque creo que de eso se trata, de cruzar esas fronteras y hacerlo posible. Muchas veces consigo cosas tan desastrosas como un oso-patata, y no está mal, es parte de aprender, se puede intentar una segunda o tercera vez si sigo teniendo interés. Pero hay cosas que no puedes simplemente echarlas a perder, y no sé por qué una patata de peluche y una familia de pronto son lo mismo en mi mente, que me hace sonreír que Meerah diga que podemos arreglar a la patata para que finalmente sea un oso. —Ya tiene a Pelusa para seguir tradiciones— le sonrío, que lo de la patata es lo de menos, quiero saber qué podemos hacer para que todo esto que está cambiando y nos está cambiando pueda salir bien.

Hace poco más de un año no hubiera imaginado que tendría a una bebé que me reconoce como su madre, en ocasiones la miro y tengo que convencerme a mí misma que lo soy, ella lo tiene claro porque soy a quien exige que la alimente y atienda. Y sé que fallaré muchas veces con ella, ojalá aprender cómo hacerlo mejor antes de que cumpla los cinco, así lo malo queda en su olvido infantil de los primeros años. Con Meerah es distinto porque a pesar de su corta edad tiene su propia historia, una que debe encajar con la que carga Hans y con la mía. Fallar en algo con ella se siente como tres veces peor. Por eso me conmueve que me diga que es feliz con esta familia, tomo sus brazos que cruzan por delante de mi pecho con las manos y la retengo en ese abrazo que me regala, que alivia un poco el cansancio de estos días de poco dormir y las dudas más viejas que obligo a callar día a día. —Entonces, si entre tantas cosas que no te hacen feliz, esto si lo hace… no puedo arrepentirme de nada de lo que ha quedado atrás— murmuro, y callo para no hablar de esas cosas que han quedado de lado, guardadas. Se trata de eso, de los arrepentimientos que yo misma me vaticiné que algún día vendrían. —¿Qué tan egoístas nos hace poner la felicidad de los que llegamos a amar por delante de todo?— pregunto en voz alta, es el interrogante que nos espera fuera de nuestra burbuja, porque hace poco días estuvieron prendiendo fuego a un par de distritos por una rabia contra el gobierno que se venía caldeando y cuando esas chispas explotan, solo queda esperar lo que se viene.

Giro mi cuerpo para que mi brazo rodee su cintura y poder apoyar mi mejilla contra su coronilla en un medio abrazo. —No solía creer posible que pudiera tener una familia, ¿sabes? Parece algo tan normal, algo que les pasa a todos, pero que no parecía que fuera a funcionar conmigo— lo pensaba así, en el sentido funcional de las cosas, como si yo fuera una pieza que no estaba hecha para algo así, diseñada como pieza solitaria. —Mohini y Riley fueron mi familia por mucho tiempo, pero… está la familia de la que partes, que te contiene cuando eres vulnerable y te guía, y luego está lo que puedes construir por tu lado, a veces tomamos decisiones que no hacen posible construir nada bueno o simplemente nada. Solía ser bastante desapegada de mi madre, pero con el embarazo y todo esto, ella es quien me guía en esto de formar una familia… parezco una tonta, ¿no? Soy capaz de entender algunas leyes físicas para alterarlas, pero no algo tan simple como ser parte de una familia— le muestro una sonrisa avergonzada, da pena ser algo así como una adulta y reconocer que estas cosas no las tenemos claras, en especial cuando tienes amigos de casi tu misma edad que ya tienen hijos y proyectos domésticos y otros que los siguen considerando el peor de los males, me paro en medio de esa línea con mi poco equilibrio. —Pero, ¿sabes que haría cualquier cosa por ti y tu padre, verdad?— pregunto.  —Eso significa que sean mi familia, haría cualquier cosa por ustedes, aunque a veces eso sea aceptar que algunas cosas son de una manera y no podrán ser de otra…— pienso en su padre y sostengo mi sonrisa pese a que se ve forzada.
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Mensaje por M. Meerah Powell el Lun Ene 20, 2020 1:10 am

Lara era terca y a mí me gustaban los desafíos, así que no me sorprendía que eso es lo que hubiese ocasionado que ninguna de las dos viera lo ilógico de querer armar un peluche como primer intento de costura. Pese a todo, si mal no recordaba al menos tenía forma de peluche, y no era broma el que era posible arreglarlo si aún lo conservaba. Sería un regalo tierno y sumamente sentimental. - Oh vamos, sería adorable y lo sabes. Además de que Pelusa es una reliquia, esto sería un detalle tierno cosido por su madre y su hermana. - ¿Cuántas personas podían decir que su madre les había cosido un peluche en su primer intento? Y es una pregunta válida, yo sabía que la mía no lo había hecho, pero considerando que Audrey no era precisamente una madre estándar, no podía estar segura.

Escuchar a Lara me llena de dos sentimientos igualmente potentes que me oprimen el pecho y me dan ganas de llorar. Porque la entiendo, entiendo cada palabra que dice porque yo misma me sentía de la misma manera. Era una egoista que iba a ponerlos por encima de cualquier cosa, porque ellos eran mi familia sin importar qué… y a su vez, cuando habla de Mo, de Riley y de las personas que se suponía eran la familia de la que partes… Es diferente, nuestras edades son diferentes, y aún así… - Pues seremos un par de tontas ambas. Porque yo tampoco termino de entender como funciona esto, pero sé que son lo primero en mi lista. - No es un pensamiento al azar, un sentimiento al azar. Por cada duda que me surge, la única convicción que puedo reafirmar es que mi familia es lo más importante, sin importar qué. - Y no sé si pueda hacer las mismas clasificaciones que acabas de nombrar, porque siento que son mi guía y a la vez son las personas con las que elijo construir. - Porque sí, Audrey se fue. Pero en cierta forma yo ya los había elegido con antelación. Mi vida podría haber dado mil giros, estuvo en algún momento la oportunidad de volver con Eunice, de no haber querido conocer a mi padre, incluso estuvo la chance de quedarme en el ocho cuando a mi madre le habían ofrecido el nuevo trabajo… Nada de eso sucedió, y no lo cambiaría por ninguna razón.

- Yo… - Me muerdo el labio con algo de nerviosismo en lo que trato de juntar fuerzas para mirarla a la cara. - Lo sé, pero… ¿Siempre es así? Me refiero a lo de aceptar que las cosas son de una manera. - Y no, no necesariamente era lo que quería plantear. Pero si James había dicho la verdad con respecto a su amistad con Lara… - Olvídalo. No dije nada.
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Mensaje por Lara Scott el Jue Ene 23, 2020 6:16 am

Froto su brazo al rodear sus hombros para estrecharla. —Tú tienes tiempo para entender, estás en tu derecho si muchas cosas ahora te resultan incomprensibles y empiezas a darle un sentido que será propio, tuyo, personal, a cada cosa que vayas experimentando…— la consuelo, recuerdo claramente cómo me sentía a su edad, esa ansiedad que tenía de conocerlo todo y cómo eso se volvió un andar a ciegas después de que mi padre murió, porque cuando hay un dolor que te punza fuerte, buscas otros que lo anulen y no haces más que lastimarte, herida sobre herida. Sanan rápido, eso es lo bueno, ningún error es imperdonable y si alguno te coloca en una sala de interrogatorios, la suerte te coloca a un juez que te salva el pellejo. Hay mucho que irá descubriendo sola, en lo posible trataremos de cuidarla, pero le ha tocado vivir en un tiempo en que todo es un caos y hará su propia interpretación de la realidad.

Dudo en contestarle porque mi respuesta honesta es una contradicción a lo que acabo de decirle hace nada y es algo que he descubierto, que yo tampoco estoy exenta con mi carácter a ceder parte de mí por las personas que llegué a amar. Pude haber dicho incontables veces que me daba pavor renunciar a mí por otros, así profundamente egoísta como he llegado a ser y que era una reafirmación de mi amor propio, pero lo hacemos y aunque me cueste admitirlo, es hasta necesario. Porque la otra realidad sería renunciar a ellos y no, en este momento sé que no podría. —No, Meerah. Claro que no. En muchas ocasiones tendrás que enfrentarte a cosas con las que no estás de acuerdo y está bien. Puedes dejar que el mundo te cambie o cambiar el mundo para que puedas ser. Las dos sabemos que no tienes un espíritu que te permita estar entre los primeros, estás entre los segundos— le sonrío, —pero en ocasiones hay momentos, hay personas, por las que tendremos que aceptar que hay cosas que escapan de nuestra voluntad y dejarlas ser— sueno tan ambigua que suspiro para aclararme. —Tu padre no es la persona con la que hubiera esperado estar, esta mansión no es el lugar donde esperaba vivir y hay muchas cosas a las que dije «yo nunca». Pero los amo y por quedarme con ustedes, las aceptaría. ¿Conoces la historia del músico que bajó al averno para buscar a la mujer que amaba? Él esperaba poder regresar con ella a la superficie. En ocasiones, sin embargo, es un viaje que haces… lo haces aun sabiendo que no habrá retorno, esa esperanza de salvación es vana, puede que persista callada, pero… haces el viaje, lo aceptas, no es un viaje que tenga por destino volver al punto de partida, el destino es la persona, encontrarla allí abajo y poder amarla— creo que estoy dando un pésimo ejemplo a una adolescente, su padre va a matarme.

Trato de dejar de mostrarme como un caso perdido y hablarle de una manera que le pueda ser de utilidad, sin rayar en el optimismo excesivo, porque la experiencia me obliga a no mentirle sobre que podrá con todo sobre lo que decida avanzar. —Solo somos humanos, mortales, podremos cambiar muchas cosas y otras simplemente no. Somos fuerzas capaces de arrasar el mundo, pero habrá otras fuerzas, también, implacables. Creer en algo con fe, la pasión al hacer algo, amar a otros, el dolor que podemos llegar a sentir. A veces triunfaremos, otras nos abatirán. Pero no, nunca, las cosas no se aceptan simplemente como son. Estamos aquí, por nuestra propia existencia alteramos lo que nos rodea. Pero a veces elegimos la acción, otras la aceptación. A veces no se trata de cambiar lo que nos parece que debe ser… sino tratar de entenderlo — soy la peor dando consejos a una chica de trece años, espero que Meerah lo haga mejor cuando le toque tener charlas con Mathilda, porque yo me retiro de esto.
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Mensaje por M. Meerah Powell el Sáb Ene 25, 2020 7:31 am

Pero… - Me muerdo el labio con nerviosismo, y trato de hacer todo el esfuerzo posible para no tragarme las palabras que quieren abandonar mis labios. Es Lara, ella me entenderá, no tengo que tratar de explicarle una visión del mundo que en ojos de la mayoría está mal, cuándo estoy casi convencida de que ella no lo ve de esa manera. - ¿Cómo diferencio esos momentos? Porque no es cuestión de experimentar o comenzar a pensar diferente, es cuestión de saber a dónde quiero ir pero teniendo que nadar a contracorriente para llegar allá. Sé que ustedes me tienen en una línea segura atada a mi cintura, y que tironearán para traerme a flote cuando me sienta ahogada; pero sigo queriendo nadar hacia ese lugar. - Podían querer rescatarme, pero yo me quería meter al río por voluntad propia.

- No entiendo Lara… Porque siento que tengo que asentir ante todas tus palabras, pero sigo sin entender que es lo que debo hacer. ¿Cómo sé cuando es momento de aceptar, y cuándo es momento de actuar? - Conocía el relato de Orfeo y Eurídice, pero no es un relato que hubiese terminado precisamente bien. ¿De verdad valía la pena el viaje cuando el resultado era uno tan cruel? Y aún así, Orfeo no tenía nada que perder, se arriesgó por lo que amaba y triunfó y perdió en igual medida.

Giro mi cabeza y analizo mi cuarto como si tuviera la sospecha que alguien fuera a espiarnos, pero como ese no es el caso tomo aire y lo largo a medida que voy hablando. - Voy a ser sincera, no creo que tengamos un sistema justo para nadie. No creo que todos los que están buscando sean tan culpables como los quieren hacer parecer. - Desvío mi mirada de su rostro y me tiro hacia atrás en la cama, tapándome los ojos con el dorso de mi mano sin creerme que puedo decir estas cosas en voz alta. - No creo que el muchacho al que le invité un almuerzo cuando me perdí en el norte haya hecho algo tan malo como merecerse ser el segundo enemigo público más buscado de Neopanem. - No espero a ver su reacción y sigo enumerando sin abrir los ojos. - No creo que mi tía se merezca ser juzgada, incluso aunque haya tenido la culpa de la muerte de su madre. La conozco, y ella merece mucho más que estar fugitiva de la ley. - Llevo demasiado tiempo sin hablar con Hero y temo que no la esté pasando bien, y solo porque no me animo a pensar otra alternativa que la ponga en una peor situación. - Tampoco creo que la persona que me consoló cuando murió mi mascota y me prestó su oído cuando creí que no podía hablar con nadie de lo que me estaba sucediendo merezca estar regando las plantas de la vecina sin poder aspirar a nada más en la vida. - Dejo escapar un suspiro y esta vez sí me descubro los ojos, pero fijo mi mirada en el techo en lugar de volverla hacia ella. - Y aún así, no sé si sería capaz de creerle a mi madre si en algún momento ella se aparece a darme explicaciones. ¿Cómo puedo creer que algo es correcto, y lo mismo en labios de otra persona no lo sería? -

Me incorporo sobre mis antebrazos y esta vez sí me giro en dirección a la morena, con lágrimas en los ojos que no sé en qué momento empezaron a caer. - Tengo miedo Lara, miedo de no tener idea qué hacer. Miedo de equivocarme y de creer que lo que está mal está bien.
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Mensaje por Lara Scott el Jue Ene 30, 2020 7:41 am

Ni siquiera yo sé diferenciar esos momentos, tampoco creo que al ocurrir sepas si está bien o mal la elección que se ha tomado. Lo que me hace arrugar el ceño para descifrar lo que no me dice claramente, es esa referencia a nadar contra la corriente, que me hace suponer que hay algo en esta vida que hubiera dado por hecho que era una en la que se sentía a gusto y a resguardo, que no le gusta. —Eso es lo que haremos, claro. Iremos a tu ayuda si lo necesitas, eso no quiere decir que te impidamos ir por tu cuenta hasta donde creas que es seguro llegar…— opino, prestando cuidado a lo que digo, porque no sé bien a dónde quiere ir con esto y si Hans estaría de acuerdo con esto que digo, apostaría a que no. Estamos en esta casa porque no soporta que algo fuera pueda hacernos daño, puedo leer la desesperación en su mirada cuando así lo presiente y si no fuera porque estamos en una isla, de por sí con seguridad exclusiva, levantaría muros para rodear la mansión y que ninguna salga del perímetro. —No, no, Meerah. No tienes por qué asentir a todo lo que digo— la interrumpo, me da miedo darle un consejo equivocado y que se lo tome a pies juntillas. —Yo… no sé— reconozco, acerco una mano a su pecho. —Si es momento de actuar tu corazón saltara por delante de tu razón y actuará, te pedirá a gritos que saltes, si te quedas quieta dolerá. Y lo mismo al revés, resignarse duele, pero insistir en algo que solo traeré más dolor agota todas las fuerzas, resignarse es un alivio también. Siempre preguntante cómo te sientes respecto a lo que vas a hacer— más que escuchar a sus pensamientos, esos sé bien que diagraman complejas explicaciones que no responden nada al final de cuentas.

Presiono mis labios en una línea sellada para no darle la respuesta inmediata que siempre sale de mi boca sobre que el mundo es una mierda, cuando alguien me dice que también lo piensa así. Con ella me cuido porque es mucho menor a mí y soy responsable del impacto que pueda tener un comentario cuando está buscando respuestas a interrogantes que se hace a sí misma para encontrar su camino, uno que no voy a alentar para que la aparte de su padre, este es el sitio seguro para ella. Pero puedo ser los oídos que necesita para sacar fuera lo que considera una injusticia y nada de lo que diga saldrá de esta habitación, ni tampoco haré que calle su voz, no es una persona que haya nacido para que se la quiten. —¿Conoces a Kendrick Black?— pregunto, mi sorpresa es la única emoción palpable en mi voz. Luego se tiñe con un poco de melancolía. —¿Hablaste con Jim?— mencionarlo me rompe, si cierro los ojos sería de cobarde, ni siquiera está en esta habitación y bastante he hecho al solo ignorar su existencia al otro lado de una medianera. Acaricio su frente y echo mi mano hacía atrás para peinar su cabello sobre la sábana. —Lo que dicen las personas no puede ser dividido entre correcto o incorrecto, cada una de ellas tiene su verdad y su propia historia, sus errores y también injusticias sufridas. Pero sí hay cosas que son correctas o y otras que no, verdades que están por encima de todos nosotros. Son esas las que debemos tratar de encontrar para que guíen nuestras acciones…— contengo el aire, adentrándome al mismo miedo que experimenta ella de ver el mundo con sus claros y oscuros, es confuso y cometemos equivocaciones todo el tiempo. —Meerah, cometerás mucho tipos de errores en esta vida, pero mientras seas auténtica, generosa e implacable, nada de lo que hagas será imperdonable, ni causarás un daño grave al mundo— acaricio su mejilla con mi pulgar. —Es lo que me decía mi padre— musito, —y el amor que tu familia siente por ti no es débil, ¿sí? Tienes que confiar en que te sostendrá si te equivocas.
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Mensaje por M. Meerah Powell el Sáb Feb 01, 2020 7:59 am

No entendía lo que me estaba diciendo, y a la vez estaba segura de que tenía toda la razón. - ¿Y qué debo hacer cuando mi corazón me pide a gritos que haga algo, pero al mismo tiempo sé que tomar esa ruta traerá dolor a mí y a los que me rodean? - ¿Cuál era la medida? ¿Cómo sabría en qué momento saltar y en cual resignarme? - Porque me pregunto acerca de cómo me siento, pero a la vez siento que me respondo a mí misma en cantonés. Y no, no sé ni siquiera una palabra en cantonés.- Así que en resumidas cuentas: estaba jodida. Total y completamente jodida.

- Conozco a Kendrick, pero no supe en aquel momento que era Black, o que luego se convertiría en un criminal prófugo de la justicia. - Trato de explicarme casi que justificándome. - Que no importa lo que Hero diga, solo lo invité a almorzar porque me ayudó cuando estaba perdida. - Lo último que me faltaba es que Lara también pensara que fue una especie de cita, o quién sabe qué más. Me negaba a llamar eso una cita, cuando ni siquiera cumplía la definición de la palabra en primer lugar. Fue un encuentro esporádico y punto. - Y sí, hablé con James. Algunas veces, aunque también le dí con la pala en el rostro sin querer. - o tal vez queriendo, pero en aquel momento estaba enfadada y fue completamente justificado. Tal y como ahora me servía de excusa para no demostrar que mi comportamiento fuese incorrecto, o aún peor: ilegal, en alguna forma. - Y puede ser que sea por ser ignorante, o por crédula, o no sé… pero de verdad opino que no se merecen lo que les pasa. No creo que sean malas personas, hayan o no actuado de forma correcta o incorrecta. - Me incorporo, ya más relajada gracias a sus respuestas tanto como a sus caricias, pero aún sin querer enfrentarla del todo termino por tomar mis piernas y llevarlas contra mi pecho hasta hacerme una bolita a su lado.

- Mi problema no es causarle un daño grave al mundo, mi problema sería causarle un daño grave a mí mundo. A ustedes. - La observo aún abrazada a mis rodillas y trato de no caer en la tentación de largarme a llorar sobre su regazo. - Sé que su amor no es débil, pero yo no sé qué tan fuerte pueda ser cuando termine por tomar una mala decisión que los condene de alguna manera… No quiero que eso pase. - Me encantaría ser todas esas cosas bonitas que dice, pero “implacable” sonaba a mucho. Y en el estado en el que estaba, dudaba llegar a ese mucho. - ¿Que harías por ejemplo si te dijera que me gustaría que no existiese la esclavitud? Incluso el Coliseo me parece una medida demasiado extrema. Hay formas y formas de hacer las cosas, pero la muerte no debería ser un espectáculo. ¿Qué pasaría si alguien que no debe se entera que eso es lo que pienso? Hans es el ministro de justicia, ¡por Merlín!
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Mensaje por Lara Scott el Lun Feb 03, 2020 1:24 am

Puedo entender que para mí fue mucho más sencillo abrazarme a las palabras de mi padre, aunque fueran contrarias a las que sostenía el ministerio, porque era la persona que más amaba en el mundo. Me cuestionaré siempre sí creo en lo que creo, por mí misma o por todo lo que me legó. No fue hasta esta edad en que me encontré con un dilema más similar al de Meerah, en el que no pude desprenderme de todo lo que traía conmigo y hasta el día de hoy sigo replanteándome certezas viejas para encontrar una manera de vivir como lo hago, así que le hablo desde la honestidad. —Puedo decirte que elegí yo cuando me tocó decidir entre perder lo que llegué a amar o ir detrás de lo que creía, pero suelo creer que cada persona construye su propio camino…— digo, tomo su mano para entrelazar nuestros dedos, la miro como lo he hecho varias veces, como si buscara en ella la niña que conocí y que no creí que vería crecer bajo mi mirada todos los días. —Nunca me hubiera perdonado de haberlos lastimado a ti, a tu padre y a Mathilda. Me reconozco egoísta todos los días por esta elección que hice— lo asumo, Mohini podrá ser quien me dio el apoyo para saber qué hacía lo correcto, pero en los ojos de Jim sufrí toda la condena que merezco por esto. —Por mucho que les hubiera dolido, sé que hubieran seguido adelante sin mí si les fallaba, ese pensamiento tendría que haberme servido de consuelo para alejarme, pero no. Sé que hay muchas injusticias en el mundo, Meerah…— cubro su mano con las mías en un agarre firme. —Pero no podía soportar causarles una nueva herida sobre las que ya tienen.

La elegí esa noche en que un montón de personas atacaron a un ministerio que yo también creo que abusa de su poder, pero en medio del fuego la atacaron a ella. Y así como creí que Kendrick, sea su apellido el que sea, no era más que un chico pobre vagando por el mercado cuando lo conocí, también creo en Meerah como para quedarme a su lado, cuidando que pueda diseñar su futuro sin que alguien determine si merece vivir o morir por una supuesta revancha de justicia. Ella es más de lo que cualquiera puede ver, no merece que asuman que por estar aquí no es capaz de ver el mundo. Todo lo que me dice, me hace sentir muy orgullosa –menos la parte de que le dio con la pala a Jim-. Y si no lo dijera, también lo estaría, debido a su padre puedo entender que mucho de los que vivimos condiciona nuestra manera de pensar y actuar, pero al hablar de la bondad y la maldad en una persona, se requiere a veces verla fuera de los focos, apreciarla en sus momentos más privados. Alguna vez quise arriesgar mi pellejo para salvar al mundo de sus desgracias, sin tener consideración a ese reducido mundo que era mi madre en casa y mi mejor amigo que hacía de hermano al crecer juntos. Esa diferencia entre mundos que ella puede ver siendo tan joven, no creo que un chica de trece años tenga que sufrir tantas dudas, es hasta decepcionante que le reste importancia a su almuerzo con Kendrick o que golpee a Jim, y que no pueda sobre su manera de interactuar con los chicos, porque alguien más decidió que ni siquiera se pueda hacer bromas al respecto, porque uno es un criminal y el otro un esclavo.    

Acaricio sus sienes y la siento escapar del roce de mis dedos para incorporarse, abrazándose a sí misma. Se me hace un nudo en el estómago porque en sus palabras presiento su indecisión a actuar y, sí, actuar podría condenarla, si nuestro cariño trata de protegerla, sería condenarnos a nosotros. Y aunque más de una vez se lo plantee a Hans, no sé si quiero que llegue el día en que él realmente deba decidir qué pesa más y actuar en consecuencia, sus elecciones repercutirán mucho más que las mías silenciosas o las que podría tomar Meerah. Coloco mis manos a ambos lados de su rostro para poder acercarla y besar su frente llena de preocupaciones. —Tu mente te pertenece a ti, solo a ti. Te podrán ordenar cómo actuar o qué es lo que tienes que decir, pero tu mente es de tu propiedad y tu espíritu es algo que nunca podrán tomar. Eres un espíritu fuerte y como todos los espíritus fuertes, tendrás tus propias opiniones y maneras de ver el mundo. Y me siento tan orgullosa de ti de que puedas acercarte a las personas y a pesar de los prejuicios, construir tu propia opinión. La esclavitud está mal, Meerah. De la manera en que la sufren personas como Jim y también como la sufrimos todos cuando quieren doblegarnos. Libertad es lo que todos merecemos, por lo vale vivir y luchar, libertad para pensar, tener tus propias opiniones, actuar, ser quien quieras ser. Pero…— siempre hay un pero, ese que nace desde la preocupación, de mi miedo a donde puede llevarla actuar a ciegas a este edad siguiendo impulsos. —No estás obligada a actuar. Nadie te pide que seas un héroe o un mártir por las injusticias. Porque solo tienes trece años, y antes que nada, eres una hija y una hermana. Me alegra ver que haya personas que tú que van creciendo con una idea distinta a los que estuvieron antes y si tu camino se cruzó con el de Hero, Ken y Jim, el futuro se me hace más esperanzador. Pero en este presente no estás obligada a actuar— mi agarre en su rostro se hace más firme, paso con dificultad un poco de saliva en mi garganta, no soportaría que se hiciera daño con este mundo que en parte lo que está viviendo, es el castigo que se merece, que pague su pena y se absuelva para dar una oportunidad a todos los que vendrán después como Meerah y su hermana.
Lara Scott
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Inefable

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Mensaje por M. Meerah Powell el Mar Feb 04, 2020 6:06 am

Observo nuestros dedos entrelazados mientras sus palabras me reconfortan y me duelen en igual medida. - No digas eso. No. - Es casi un ruego que se me escapa, desesperado y tembloroso cuando plantea un escenario que no quiero ni siquiera imaginar. No cuando se ha vuelto una persona prácticamente imprescindible en mi vida, no cuando es uno de los pilares que me sostiene para no derrumbarme a causa de cosas más fuertes que yo. - No hubiese sido una herida, habría sido un puñal en la espalda. Y no me creo que puedas empuñar ese puñal, mucho menos clavarlo. Te quiero Lara, dije que no te llamaría “mamá” por muchas razones que ahora no vienen al caso, pero puedo asegurarte que en este último año me has demostrado que eres mucho más que eso en mi vida. - Podía estar bien sin una madre propiamente dicha. No sabría si podría estar bien sin Lara.

Me dejo envolver en su tacto y disfruto de la caricia que me brinda, recargando mi frente contra sus labios cuando deposita un beso allí, obligando a que mis lágrimas no se escapen por las esquinas de mis ojos. - Gracias. Por decirme que estás orgullosa de mí, por permitirme tomar mis propias decisiones… Pero antes que ser una hija o una hermana, soy Meerah. Y eso es lo que más me cuesta entender de todo. Porque los amo, con toda mi alma. Pero no sé si pueda no actuar, no hacer nada justificándome en mi edad. Porque si empiezo a encontrar razones para no hacer algo, creo que no haré nada nunca. - Tengo trece años, casi catorce, y justamente por eso es que el futuro se me hace una promesa tan lejana que no la siento propia.

- ¿Siempre pensaste de esa manera? Me refiero a… lo de las formas de ver el mundo. Lo de la libertad.- Porque puedo entender que habiendo vivido el tipo de infancia que vivieron, una en donde nuestros dones estaban mal vistos, o dónde tu vida dependía del azar y la suerte, no siempre hayan sido conceptos que se pudiesen haber aplicado a nivel general. - ¿Cuándo te diste cuenta de lo que era correcto o incorrecto a tus ojos? Porque James dijo que hablabas con él… antes de, bueno, nosotros. - Y no agrego que me dijo que la odia, porque no creo que eso sea verdad.
M. Meerah Powell
M. Meerah Powell
Estudiante del Royal

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