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Stupid things I do and still you want me ✘ Lara

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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Oct 02, 2019 8:52 pm

¿Y me dices que es la mejor opción? ¿Completamente seguro? — tengo un brazo cruzado por encima del pecho y el contrario apoyado en el mismo, así puedo sostenerme el mentón con una mano que delata mi concentración, buscando camuflar un poco la ansiedad que me recorre entero — No quiero volver a equivocarme. No es como si tomar decisiones al respecto los últimos días haya sido sencillo, ya saben. Deberían dar un curso de cómo escoger este tipo de cosas sin tener un colapso nervioso — no tendría estar tomandomelo tan a la tremenda, pero Patricia Lollis y Tom Ronaldi tuvieron la delicadeza de preguntarme por el asunto en el ascensor. Y sí, me metieron la idea de que estoy dejando todo para último momento, que el tiempo se me está escapando entre los dedos y que no llegaré a tener todo listo para cuando mi casa estalle. Es poco decir que salí de ahí hiperventilando y con algo parecido a un ataque de pánico, así que aquí estoy.

Tengo al menos tres vendedores mirándome en ascuas y una cuarta yendo y viniendo por todo el local mientras me mantengo de pie entre los diferentes modelos de carritos para bebé, sin saber qué es lo que va a gustarle a Lara a estas alturas. ¿El escocés, el blanco con detalles en azul, el rosado? ¿Que tal ese amarillo pastel, o el celeste bordado? Descruzo los brazos y engancho las manos en mi cadera en pose indecisa, mientras un quinto vendedor se acerca a enseñarme una sillita para trasportar al bebé que yo ni sabía que iba a necesitar. ¿Y eso es qué cosa? ¿Un cambiador? ¿Una silla para comidas? ¿Desde cuándo un bebé necesita más muebles de los que había considerado en primer momento? ¿Y por qué siento que estoy volviendo a sudar? No es posible que todo esto me genere más pánico que subirme a un estrado, pero también sucede que Lara se está volviendo una pelota de casi siete meses y lo único que puedo visualizar ahora es que tiene un reloj bomba en su estómago. No podré con esto. Seré un padre desastroso y lo único que podré hacer en el parto será gritar mientras ella grita y posiblemente me dejen en una sala aparte a causa de alguna descompensación. ¿Por qué accedí a hacer esto? ¿Por qué no usé un condón? ¿Cómo se supone que voy a educar a una niña nueva, cuando siempre estoy agradecido de que Meerah ya fuese independiente cuando nos conocimos? No estoy hecho para esto, todos lo saben. Es como si tuviese miles de ojos encima esperando a que Hans Powell demuestre que no tiene el control sobre todo.

Cuando aparezco en el porche de la casa del distrito cuatro, tengo la mezcla de emociones de estar relajado porque es viernes, pero repentinamente preocupado por haber gastado una enorme suma de dinero en productos que ni siquiera he consultado. No es que me preocupe gastar lo que yo mismo he trabajado, sino que no estoy seguro de que Scott quiera estas cosas. Para cuando entro, el ruido me deja estático en la entrada porque puedo escuchar los ladridos efusivos que vienen desde la cocina y hay un griterío incesante de un niñito, aunque no sé de dónde sale. No es hasta que asomo la cabeza hacia la sala que me doy cuenta de que se trata de Rory — ¿No tiene un botón de apagado? — busco con la mirada a sus padres, pero al no encontrarlos a ellos pero sí al reloj de pared, levanto las manos en una de las cuales sigo sosteniendo las llaves — Antes de que digas algo, tengo una perfecta explicación. Verás, yo... — ni sé para qué me gasto. Poppy se aparece con un estruendo y las muchas cajas de compras se desploman junto a ella justo detrás de mi espalda, por lo que reprimo el aire al presionar mis labios y cerrar mis párpados — Sorpresa.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Jue Oct 03, 2019 2:14 am

No llores, Lara. Muerdo mi labio con fuerza cuando todo lo que quiero hacer es dejar que los sollozos rompan mi garganta, porque si no lo hago creo que seré incapaz de encontrar mi voz alguna vez, el nudo que se está formando es tan grande que no volveré a hablar en la vida y todo lo que podré hacer es llorar, llorar hasta quedarme sin agua en los ojos como me amenazaba mi madre que pasaría cuando hacía mis berrinches de niña. ¡Ojalá le hubiera hecho caso entonces! Porque en este preciso momento todo lo que quiero es que Rory me haga caso a mí, que frene su llanto y podamos volver a dibujar con sus crayolas. Pero no sé qué le pasa, no me lo dice, no después de unos primeros intentos en los que trató de explicarse y no lo entendí, porque sus palabras todavía no son palabras, sino balbuceos a los que no les encuentro un sentido, pese a que su madre puede hacer una conversación con ellos.

Froto su espalda con desesperación al abrazarme a él, que traté de cargarlo, pero con la panza tan grande no pude hacerlo. Estamos los dos sentados en el suelo, llorando. Porque estoy llorando a pesar de decirme a mí misma que no lo haga. Rory me pide que lo cargue y no puedo. ¡No puedo! Sus gritos son tan fuertes que le tiembla todo el cuerpo, su rostro se siente caliente y temo que esté enfermo, si no es culpa de estar llorando tanto.¡¿Y si está enfermo?! El labrador está parado a nuestro lado con la cola sacudiéndose como si tratara de hacer algo, no sabe qué, salvo mirar al niño con la misma impotencia que siento. Y mientras tanto, la perra ha huido a la cocina para ladrar y rascar la puerta para salir de este infierno. Porque si el lloriqueo no es suficiente para que esta casa parezca una pesadilla, se unen los ladridos histéricos de la perra. Toda la sala es un desastre de juguetes tirados y cojines fuera del sillón, porque Rory en su primer arrebato arrasó con todo el lugar con la furia de ser incomprendido. No parecía el mismo niño que se despidió de sus padres con un movimiento de mano para luego mostrarme sus muñecos, uno tras otro, en ese idioma inentendible que todavía no suponía un problema. En palabras mismas de Rose antes de irse con Jack, en este supuesto aniversario que me huele inventado para tener una excusa de salir a solas, cuidar de un niño como Rory que es un sol me servirá de práctica para cuando nazca la bebé, que será más pronto de lo que estoy lista.

Pero si un niño que es como un sol se larga a llorar así y me pongo a llorar a su lado, ¿qué me espera? Si no llamo a Rose es porque no quiero admitir lo que sé, que seré una pésima madre, la peor de todas. Y por eso es que llamo a Hans, diez llamadas en dos minutos, como para que entienda la urgencia y no me detengo a pensar que eso mismo podría hacerle evitar a toda costa tomar cualquiera de los llamados. Cuando escucho la puerta abrirse tengo toda la intención de ponerme de pie de inmediato, pero no puedo. Porque no es tan fácil levantarse del suelo cuando se carga con una pelota como es mi vientre. Si es así cuando estamos a punto de llegar al séptimo mes, ¿qué me espera cuando esté a punto de dar a luz? Maldigo mi corta estatura que acentúa lo gorda que estoy. Y maldigo sobre todos los ancestros de Hans cuando se le ocurre, al pisar la sala, hacer esa pregunta totalmente fuera de lugar en consideración a la situación de crisis que estoy pasando. —¡¿DÓNDE DEMONIOS ESTABAS?!— grito, tan alto que creo que me han escuchado hasta el último de los distritos y Rory no hace más que llorar aún más fuerte, acompañado por los ladridos aún más agudos de la perra. No sé si quiero saber dónde estaba un viernes por la noche, como para llegar varias horas después de lo que sabemos que es el horario de salida del ministerio, porque podría cometer un asesinato aquí mismo, delante del bebé. La sorpresa como lo llama, al aparecerse la elfina con tantos regalos, me duro cinco contados segundos en que mi cara roja por tanto llorar se vacía de toda expresión. Entonces me largo a llorar otra vez y en dos pasos estoy frente a él para empujarlo. —¡Fuiste de compras! ¡Fuiste de compras sin mí!—. Y Rory llora, la perra ladra, el otro perro gimotea, todo es un caos.
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Oct 03, 2019 4:36 am

¡¿Dónde demonios están sus padres?! — es todo lo que puedo responder, porque estoy seguro de que Rory no estaría gritando de esa manera si alguno de sus progenitores estuviese cerca como para hacerse cargo. ¿Esto es lo que me espera por los próximos años? Gritos, ladridos, llantos infantiles, más gritos, un empujón que no sé de dónde sale y que me hace balancearme hacia atrás con los ojos tan abiertos que delatan lo desconcertado que me encuentro. ¿De que me he perdido? — ¡Se suponía que iban a ser regalos! ¡Y cómo no tenía idea de qué comprar, compré todo lo que me mostraron! — obvio, me convertí en el sueño de cualquier vendedor: alguien dispuesto a gastar con una cuenta demasiado suculenta. No voy a decirle que en realidad no lo pensé como una sorpresa, sino que me agarró una especie de locura que necesitaba ordenar antes de colapsar — Ya, no llores, que tampoco es para tanto… — ¿Por qué siento que lo que acabo de decir no va a ayudarme bajo ningún aspecto?

No sé por dónde empezar. Decido que lo más fácil será entretener al niño, así que meto la mano en el bolsillo y hago algunas chispas con la varita. Mala suerte para mí, Rory me mira con su cara hinchada, los ojos llorosos y el puño en la boca, hasta que empieza a llorar aún más fuerte que antes — ¿No es que a los niños les gustan las luces? — es obvio que estoy entrando en desesperación. Lo dije, seré un mal padre. Tanto que casi tropiezo con un perro en mis intentos de acercarme, lo que podría haber terminado con el niño aplastado si no fuese porque hago algo de equilibrio y eso me permite el alzarlo — ¿Tiene hambre? Ya no usa pañales, ¿no? — que ya está grandecito y estoy seguro de haberlo visto usar una pelela alguna vez. No tengo mucha gracia cuando empiezo a menearlo de un lado al otro, haciendo que dé pequeños saltitos en mi brazo a ver si eso funciona para algo más que su voz suene distorsionada por el ritmo de su cuerpo — Lara… ¡Haz algo! — porque es obvio que yo no sé qué se hace en estos casos.

Sacudo la mano libre para espantar a Ophelia, que ha venido corriendo a saltarme encima para darme una bienvenida que ahora mismo no me pone de muy buen humor — ¿No pensaste en sacar a los perros afuera? Al menos, para restar problemas. ¡Poppy! — llamo a la elfina, que se ha quedado espantada en un rincón y se pone a trabajar automáticamente, buscando acercarse a los animales que la ven como un compañero de juego. Y, para variar, Rory me está llenando el saco de mocos. Que hermosa manera de terminar la semana.
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Mensaje por Lara Scott el Jue Oct 03, 2019 5:58 am

¡¿Sin mí?— a su intento de disculpa, le remarco lo que está en cuestión aquí. Se fue a asaltar una tienda de bebés, se trajo de todo, ¡y no me llevó con él! ¿Qué soy yo? ¿Mi único rol aquí es ser quien carga con la pelota de un lado al otro? Vuelvo a apoyar mis palmas en su pecho para otro empujón cuando se le ocurre abrir la boca para tratar de consolarme de la manera equivocada. —¿Estás diciendo que exagero? ¿Otra vez?—. No que esté diciendo otra vez que exagero, sino que tengo esta manía de hacer de tomar algo pequeño para hacerlo crecer en una gigantesca bola de nieve que nos aplasta. Y si le sigo dando de empujones creo que seré yo quien pierda el equilibrio, para andar rodando por ahí. ¡Y lo conozco! ¡No haría nada para detenerme! Se largaría a reír mientras ruedo. —¡Toda la casa es un caos! ¿No puedes verlo? ¡¿No puedes escucharlo?! ¿Y no quieres que llore? ¡No puedo hacer nada con esta panza!— sí, puede ser que exagero, pero la impotencia que siento por no poder consolar a Rory me supera, me hace más insegura de lo que me gusta mostrarme y por primera vez en mucho tiempo me topo con un problema para lo que no puedo inventar nada que lo resuelva. ¿Así será? ¿Cuidar de un bebé será chocarme una y otra vez con algo que no puedo arreglar?    

No sé por qué creo que Hans sí sabrá que hacer. —¡Lo asustaste!— lo acuso por su fracaso con las luces, que lo único que consiguen es que Rory siga forzando sus pulmones para acrecentar el llanto. Paso el dorso de mi mano por la nariz para quitarme del todo estas ganas de lloriquear, que si estaba sola con el niño podía hacerlo a mis anchas, pero me da vergüenza si también está Hans. El sí puede cargarlo, aunque no tenga idea de cómo y eso se nota porque la espalda del niño queda al vacío, y cuando se echa hacia atrás al retorcerse, tengo que poner una mano detrás de su cabecita para que no se le caiga de los brazos. —No sé, no sé qué le está pasando. ¿Y si está sucio? ¿Y sí se hizo encima? ¿Por qué no te fijas?—, es quien lo tiene sacudiéndolo como un sonajero y si está sucio eso no hará más que seguir manchándole la ropa. —¿Qué se supone que estás haciendo?— lo interrogo con mi ceño fruncido. —No me queda claro si lo estás meciendo o eres una montaña rusa, ¿podrías dejarlo quieto, por favor? ¿Qué harás si te vomita?— señalo con mi mano su traje que sigue siendo el mismo que le vi en la oficina, yo al menos tuve tiempo de cambiarme para ponerme la ropa de yoga antes de que Rose me colocara la criatura en brazos, y no, no es porque tenga yoga hoy, sino porque de todo mi armario me quedan menos prendas para usar. —¡¿Qué quieres que haga?!— me contagio de su desesperación, con mis palmas vueltas hacia arriba y es que salvo mirar, ¿qué más puedo hacer?

Y encima tiene la cara como para darme indicaciones de lo que tendría que haber hecho, así todo en pánico como lo veo y sé cómo se siente, porque estoy así ¡desde hace una hora! ¡Cuando él andaba paseando entre muebles y juguetes para bebes! Todo despreocupado y comprador compulsivo por la vida, mientras yo me llenaba de los mocos de Rory. —¿Qué más querías que hiciera mientras tenía a un bebé llorando en la sala?— le contesto de muy mala manera, —¿la cena?—. Sí, tengo la cara como para ser sarcástica y soltar una carcajada seca mientras lo dejo que siga lidiando con los gritos del niño contra su oído. ¡La cena! —Tal vez tenga hambre — digo en un arrebato de inspiración. Cruzo en dos zancadas la distancia con la mesa ratona de la sala donde Rose dejó el bolso y habíamos sacado los juguetes. Lo tomó con mis manos un poco bruscamente, no encuentro el biberón lo rápido que me gustaría, así que acabo por volcar gran parte de su contenido sobre la alfombra y cuando doy con el biberón lo levanto como si fuera un trofeo. —¡Aquí está!— mi felicidad es mayúscula, así como la profunda decepción que viene después. —Pero está vacío. No sé se supone que debería estar vacío. ¿Qué las mamaderas no siempre tienen leche?—. Esto me ha golpeado de modo fatal a mi ignorancia de madre primeriza. Los biberones no siempre tienen leche. ¡NO LA TIENEN! ¡OH, POR DIOS! ¡Tendré que preparar una! —Dame a Rory, tienes que prepararle el biberón—, porque sí, prefiero al bebé llorón a tener que enfrentarme a lo otro.
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Oct 03, 2019 11:14 pm

No sé si otra vez, pero... sí, otra vez. Obvio que no se lo digo, sus empujones son todo lo que necesito para no proclamarme como un suicida, pero la mirada satírica deja bien en claro lo que opino al respecto. No estoy sordo ni ciego, pero ella tampoco está haciendo mucho por evitar que el caos se desparrame por todos lados. ¿Dónde está Meerah cuando se la necesita? — ¡Creí que funcionaría! — me defiendo de su acusación con tono de víctima incomprendida, porque no sería la primera vez que veo que Rory es entretenido con colores brillantes. Si mira los dibujitos en la televisión, unas luces mágicas deberían tener el mismo efecto. — No voy a meterle la mano en el culo... — aunque, con mucho asco, lo levanto un poco con las manos debajo de sus axilas para poder moverlo y chequear si hay algún bulto u olor que delate que tiene la ropa sucia.

No hay señales de nada, así que lo vuelvo a acomodar en mi brazo que, aparentemente, no es el modo correcto de hacerlo — Disculpa, no sabía que eras una experta en alzar bebés. ¡Jack siempre lo hace! — aunque creo que el tiene más gracia por culpa de su enorme tamaño y Rory no se le sacude tanto en los brazos, que en su intento de zafarse y seguir llorando intenta treparse por mi hombro y me muerde con tal de que lo suelte. Mi quejido se mezcla con los gritos de Lara sobre que no sabe que hacer y Poppy, de alguna manera, agarra a los perros y desaparece; por los ladridos lejanos, asumo que se los ha llevado al jardín. Bien, al menos entre todo el desastre, a Scott se le prende la lamparita y solo tengo que sostener al bodoque poseído hasta que consiga su biberón — ¿De dónde sacaste que siempre tienen leche? — mi voz se torna histérica, sin poder comprender la lógica que está utilizando. Para colmo, me tira la bola a mí y mi reacción es abrazar a Rory con fuerza, a pesar de que ponga sus manitos en mi cara para mantenerse lejos — ¿Tanto te cuesta? Eres una bruja, solo pon la leche dentro y usa la varita — es la única lógica que encuentro, aunque no quiero decirle que no tengo idea de cual será la temperatura ideal.

Rose es una de las madres más cuidadosas que he visto; a veces creo que sabe hasta cuándo Rory tiene que ir al baño a pesar de que el niño no lo pide. Intento seguir su lógica y estiro el cuello a ver si, en efecto, encuentro alguna leche infantil en el suelo, allí donde Scott ha lanzado todo lo del bolso — ¿No es ese potecito que hay allí? — señalo con un movimiento del mentón — No tiene que ser tan difícil, gente mucho menos lista que nosotros lo ha conseguido millones de veces — si no podemos preparar un biberón, calmar los llantos de un bebé o siquiera fijarnos si se hizo encima... ¿Cómo seremos padres? Mis ojos se van a la pila de compras, esas que me gritan que son una evidencia premonitoria de que no puedo hacerlo, que gastaré fortunas en niñeras experimentadas porque yo no seré capaz de hacer el trabajo. Como si supiera que debo volver a la realidad, Rory ha decidido que morder mi hombro no es suficiente y trata de escapar por otro lado, mueve su culito por mi antebrazo al estirarse y se cuelga de mi cabeza, tirando de mi cabello sin medir la fuerza de sus brazos rechonchos — ¡Quitámelo! — reacciono tal y como si fuese un insecto, lo agarro por el torso para despegarlo de mí a pesar de los tirones hasta que lo paso bruscamente a los brazos de Scott. Si se quedó con algunos pelos en los dedos, no quiero saberlo — ¿Son todos así? ¿Por qué no llamamos a sus padres para que se lo lleven y ya? Se quedará sin voz tarde o temprano — o puede dormirse por culpa de tanto llorar, sería un final idóneo. Como pago, agarro el biberón, levanto la leche y me quedo observando ambas cosas. ¿Ahora qué?
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Mensaje por Lara Scott el Vie Oct 04, 2019 1:10 pm

Ese repentino reparo que muestra con el niño logra que mis cejas se disparen hacia arriba en una mirada sardónica hacía él. —No vendrás ahora a actuar como si tu mano no hubiera toqueteado sitios peores— sólo es mierda de bebé, si es que está manchado, no parece que fuera así porque se arriesga a acercar la nariz a la ropa y no se desmaya como creo por segundo que podría pasar. No siento culpa de mis acusaciones si me las devuelve, para hacerme notar que soy tan inútil como él para cuidar a una criatura que apenas nos pasa de las rodillas. No sé cómo lo hacen Jack y Rose, tal vez a Hans le hace falta crecer un metro más y a mí más clases de yoga, para que tengamos en Rory el mismo efecto calmante que hemos visto que ellos ejercen en él. No se veía tan complicado cuando lo veíamos de lejos, palmaditas, abrazos, agitarlo un poco, poner un biberón en su boca.

Hans acaba de ganarse un pasaje sin escalas al infierno por la manera en que mis ojos arden, hace sonar como si llenar de leche el biberón fuera algo tan sencillo como bordar y cantar. Y no sé bordar, ni se cantar. Ni sé hacer nada que tenga como propósito final ser comestible, ¿es qué no me prestó atención todos estos meses? No haré algo tan arriesgado e irresponsable como encargarme de lo que un niño debe llevarse a la boca para su subsistencia. Me hace sentir como una redomada inútil, porque parece tan fácil y no lo es para mí. Las estadísticas están en mi contra también, porque si gente más estúpida ha podido, eso quiere decir que Mo crió a una hija capaz de resolver ecuaciones complejas, pero que en el ranking se consagra como la más idiota por no saber preparar una mamadera. No quiero enfrentarme con algo en lo que sé que fallaré, mejor que sea Hans quien se acostumbre a la que será una de sus tareas a futuro. Está decidido, él queda a cargo. —¡No, Rory! ¡NO!— grito, ¡que lo necesito vivo para cuando nazca la bebé! —¡DEJA A HANS!— sueno en verdad enojada con el niño y por un segundo que es la gloria misma, se calla y suelta a su víctima. —Siempre defendiéndote de bravucones— murmuro entre mis dientes al abrir mis brazos para recibir al niño, con el miedo de si podré mantenerme en equilibrio con una bola a cuestas y otra que vuelve a retorcerse. —No, Rory, quédate quieto, no patees a la bebé— le pido, no sé por qué me gasto en defenderla. Desde adentro le devuelven las patadas. —¡Genial! ¡Lo que faltaba! ¿Van a hacer berrinche los dos?— y no hay manera que la calme a ella, porque tengo mis dos manos ocupadas impidiendo que Rory se me vaya de espalda al suelo con sus movimientos extremos.

Sigue siendo mejor que ser la responsable del biberón, así que me volteo hacia Hans y la sonrisa inocente que le muestro es pura malicia al verlo en ese momento de vacilación que tiene. —Sólo pon la leche adentro y usa la varita— lo remedo, con mi mejor tonito infantil, acercándome a él para ver en primera fila como lo hace. Si le sale bien, tendré que recordar cómo lo hizo. —Si llamo a Rose para decirle que su bebé está llorando, ¿sabes qué hará? Me cortará— digo. Claro que es una madre muy atenta, sé que en caso de una emergencia real, dejaría todo para venir a buscarlo, pero si la llamo al primer lloriqueo no haré más que avergonzarme a mí misma. —Los bebés lloran, Hans— señalo lo que es obvio para ambos. —¿No era la razón por la que usábamos condón?— pregunto, y dentro de unos meses que empieza a darme pánico de contarlos, tendremos a nuestro propio torbellino de llanto desarmándonos la sala, la casa y la vida. —Rory,— trato de negociar con el niño una vez más. —¿Lo que quieres es tu leche?— muevo su carita con mi mano para que vea lo que Hans tiene en sus manos y parece comprender, pestañea entre sus lágrimas para asentir, y llora aún más fuerte al pedir con sus manitos que se lo entreguemos. —No, espera. Todavía no está… ¿podrías apurarte?— le echo prisas a Hans. —Rose no tenía idea cuando nos eligió de padrinos— suspiro. Somos los peores padrinos del universo, uno que no sabe revisar mierda de bebé y otra que no sabe preparar leche, ¿a quién se le ocurrió que era una buena idea ensartarnos nuestro propio lío?
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Oct 05, 2019 4:29 pm

No contengo las ganas de poner los ojos en blanco y tengo que reprimir cualquier comentario sobre sus supuestos salvamentos hacia mi persona; a decir verdad, me duele mucho el cuero cabelludo como para contestar algo amable. De todos modos, me pregunto si darle el niño ha sido la mejor idea, cuando verla forcejear con su panza de por medio parece ser de lo más incómodo — ¿Con Rory reacciona y conmigo no? — ahí se va mi amargura, que hasta el momento siempre que he intentado acercarme a ella, parece que la bebé decide que es momento de dormir. De acuerdo, me preocuparé por ello más tarde, ahora hay cuestiones mas urgentes que solucionar que los caprichos de mi hija nonata.

La mirada que le lanzo a esa sonrisa cargada de malicia no muestra ningún sentimiento amable, pero soy lo suficientemente orgulloso como para dejar mis labios apretados sin dar ni una sola respuesta. En lo que ella sigue hablando, me acerco a la mesa ratona de la sala y me pongo de cuclillas, lo que me da el espacio para trabajar — Creí que usar condón era para zafarnos de todo el combo, no solo de los llantos — gruño en lo que destapo el biberón. Ni las quejas de Rory ni las peticiones de Lara ayudan a que vaya más rápido, me tomo mi tiempo en llenar el recipiente y dudo con la varita en los dedos, hasta que apuntó a su interior para poder empezar a calentarla. Uso las yemas libres para medir la temperatura, apoyándolas en el costado del plástico en lo que levanto la vista en su dirección — Rose no es la única que se equivocó con esto de dar tareas imposibles a quienes no pueden hacerlas — sí, se me escapa el veneno que va con el cansancio y el miedo, a sabiendas de que no estoy actuando con cordura.

Con un suspiro, cubro el biberón cuando ya siento que la leche está medianamente caliente y me pellizco el puente de la nariz, con los ojos firmemente cerrados. Tengo que obligarme a recuperar una paz que no siento, cuento hasta diez y dejo caer la mano, que choca contra el borde de la mesa — Lo siento, tú sabes lo que quise decir. No es como si tuviese arrepentimientos — ¿O sí los tengo? Sé que estoy bien, que a pesar de la negación inicial, he tomado con fuerza la idea de que formemos una familia. ¿Entonces es normal sentir pánico, que me he equivocado, que seré incapaz de hacerlo? Es una balanza compleja, no consigo entenderla y a veces me encuentro con el deseo de salir corriendo. Guardo la varita en el bolsillo, me levanto y le tiendo los brazos a Lara, en petición del niño, que ya empieza a impacientarse al ver que tengo su comida y se remueve para alcanzarla — Yo me haré cargo. Con tu panza, es mejor que solo te sientes.

Aún así, cuando Rory se me cuelga como mono muerto de hambre, yo también busco la comodidad del sillón. Es complicado el acomodar un niño inquieto en mi regazo, porque él busca su mamadera y yo mi propia comodidad, hasta que recargo la espalda en los almohadones y él solito se hace con su bebida para llevársela elegantemente a la boca. El silencio repentino hace que sienta el pitido en mis orejas, lo que me deja atontado con la vista en el techo antes de regresar a Scott — No tenía intenciones de llegar tan tarde. Todo se descontroló más de lo que hubiese pensado. ¿Quieres que te lo recompense pidiendo comida? Lo que quieras... — me interrumpo porque Rory se voltea hacia mi con un puchero de desconcierto que llama mi atención, en especial porque pone cara de asco y mueve el biberón — ¿Estará fría? ¿La toma con azúcar? ¿Cómo...? — tomo su leche y, como no pienso hacer lo que Jack y Rose hacen al probarla del pico, la olfateo como si eso hiciera alguna diferencia cuando todos aquí sabemos que no me sirve de nada — En tus clases de yoga para embarazadas y todo eso... ¿No te dijeron nada sobre cómo hacer esto? ¿Ni en tus libros? — ni sé por qué me llenó de libros para paternidad si ninguno dice lo útil, solo cómo acompañarla en el proceso y acostumbrarme a ello. Bien, es obvio que no está sirviendo de mucho.
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Mensaje por Lara Scott el Dom Oct 06, 2019 2:56 am

¿Te parece…— hago acopio de una paciencia que no sé de dónde nace en este momento en que mis instintos violentos están a flor de piel, —que es momento para que le hagas una escena de celos a tu hija?— pregunto, con ambos niños pateándose entre sí a través de la piel de mi vientre, que a cada sacudida de Rory por liberarse, ella le responde con una patada precisa. No estoy en modo de derrochar paciencia como para continuar con las explicaciones de por qué nos cuidábamos, que creo que lo hacíamos más que nada porque era lo normal, no pensábamos demasiado en qué estábamos evitando, porque no creíamos en realidad que algo así como un bebé pudiera ser siquiera una posibilidad entre nosotros. Salvo cuando me lo planteó Phoebe y tuve la estupidez de creerlo un chiste. Porque no éramos de esas personas a las que les pasa, no lo éramos. Maldición, que no lo éramos. Un bebé en común era tan improbable entre nosotros que ni siquiera asistimos al bautismo de nuestro ahijado y nos desencontramos en cada cumpleaños. ¿Será que todo esto es un acto de venganza de su parte? ¿Por ser tan horribles padrinos? La culpa que puedo sentir hacia Rory por ser una madrina irresponsable, se equilibra con el miedo atroz de lo que me esperaba como madre.

Y me aterra, más que nada, más que el niño que llora, que la niña que patalea y que la leche que alguien tiene que preparar, que Hans esté en sincronía de mis pensamientos. Le echo una mirada de puro espanto. Estoy pasando demasiado tiempo con este hombre, ¿desde cuándo es que puede saber para dónde van mis pensamientos por un simple comentario? No obstante, me percato de su tono que creo que es un intento de responder al mío burlón, así que le saco hierro a esa opinión que nos condena con una pregunta que nos devuelva al terreno de pelea sobre la urgencia de las necesidades de Rory. —¿Te estás dando por vencido con el biberón? ¿Es eso?—. Mis brazos rodean al niño de un modo que sus piernitas se acaban por ajustan al contorno de mi cintura y lo tengo un poco más recostado por mi hombro, en este espectáculo que nos da Hans preparando leche y todo el tiempo espero a que se queme con el agua hirviendo que sale de su varita, y para mi sorpresa, sale ileso. ¡Vaya! Tengo que reconocer que no le tenía fe, ¡y lo consiguió!

Se lo diría, si no fuera porque pone esa cara de que necesita dos minutos para hacer que todos sus planetas vuelvan a alinearse en su eje y sé que si lo empujo un poco, podría reírme de ver como se le escapa todo de su control otra vez, pero esta vez lo necesito poniendo orden, así que me quedo con los labios apretados, bien sellados. Si hasta viene una disculpa de su parte, lo que me provoca algo de culpa. —Descuida, no podría discutir tanto contigo sin aprender a seleccionar a qué estupideces hacer caso y a cuáles hacer oídos sordos— es mi manera de decirle que podemos dejar atrás eso que dijo, no lo pensaré en términos de arrepentimientos. No ahora. —Y si vas a arrepentirte de verdad, que sea cuando tu hija haga un berrinche. Por el de Rory nos tenemos que preocupar solo hoy— nos recuerdo esto como un consuelo para tontos, nuestros tímpanos lo necesitan. Tiendo mis brazos para pasarle el niño así puede encargarse de darle la mamadera y liberar a mi espalda del castigo de cargarlo, aprovecho la cercanía para dejar caer una amenaza temprana por todo lo que podría pasar. —Pero si te arrepientes y me dejas sola con una niña en edad de berrinches, recuerda que sé dónde encontrarte. La llevaré al ministerio para que patalee en tu oficina, te demandaré por alimentos y me quedaré con tu yate— le advierto, y que la justicia del país se vaya al carajo.

Me tiro a su lado en el sillón con una actitud más relajada, como si no acabara de ponerle una sentencia pendiendo sobre su cabeza si da un paso equivocado. Trato de ayudarlo como puedo a que Rory acomode sus bracitos para quedar cómodo en medio del agarre de Hans, con sus manitos aferradas a la mamadera como si se le fuera la vida en ello. —Ya estaba maldiciendo sobre el fantasma de Kirke por culpa de que no llegabas— digo, porque siendo la única víctima del caos, no estaba segura de que me encontrara cuerda al llegar. Un momento, no estaba cuerda cuando llegó. —Y no sé como sentirme de que tus viernes de descontrol sean ahora en tiendas de bebés, ¿a todo esto que compraste?—  pregunto, porque no puedo pensar aún en la cena cuando la única comida que importa en este momento es la que escupe Rory. —¿No vas a probarla?— inquiero, cuando lo veo oler y me pregunto si eso de alguna manera deja saber sí está a gusto. —Si le ponemos azúcar, no dormirá esta noche. ¡Olvídalo! ¡Lo tendremos destruyendo muebles!—. Y pensar que Rose dice que es un sol, sí, claro. ¡Un volcán es! —No recuerdo nada sobre esto…— ¿en serio? ¿Qué clase de mierda estoy pagando y leyendo si no me dice nada de lo que en verdad importa? —Pero, pensemos… tiene que haber cierta lógica en esto…— procuro, en serio procuro encontrarle la lógica y fracaso. Tomo el biberón en un movimiento bruco y lo pruebo, para luego escupirlo en la alfombra con lo que casi llega a ser una arcada. —¡Es agua! No le pusiste suficiente leche o… ¡no lo agitaste!—. Trato de hacerlo, pero al sacudirlo con fuerza se me cae a la alfombra y en mi gesto inmediato de inclinarme hacia delante, mi panza choca con mis rodillas. —No lo alcanzo— me quejo, y me giro hacia él que tiene al niño consigo. —Hans— por el tono que uso ya sabe lo que procede y por si no lo sabe todavía después de varias veces, le señalo el biberón con mi barbilla.
Lara Scott
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Stupid things I do and still you want me ✘ Lara Empty Re: Stupid things I do and still you want me ✘ Lara

Mensaje por Hans M. Powell el Dom Oct 06, 2019 3:34 am

Sé que no debo tomarlo en serio, pero tengo intenciones de responder con toda la ímpetu del hombre que sabe que no puede abandonar a una niña después de ya haber cometido ese error. Me limito a sentir la tensión en los músculos de mi cara, aunque solo le contesto con una mueca que me tuerce las facciones por un momento — No voy a abandonarte, Scott, por mucho que extrañe ciertas cosas — no voy a decir que esta nueva etapa no tiene cosas que me hacen feliz, pero siempre quedará la nostalgia por las cosas que fueron y ya no regresarán. Ahora hay una balanza, una que pone en juego las cosas que valen la pena y sé muy bien para qué lado se inclina, ese que jamás pensé que llegaría a cobrar peso. Un mal humor por culpa de un berrinche no va a cambiar eso.

Claro. De seguro pensabas que estaba de copas con algunas damas de compañía por ahí, incluso cuando ese no es mi estilo. Lamento decirte que mis amantes y amigos de parranda no están libres los viernes — porque ella pone en palabras la verdad y me siento tan ridículo que ya ni me dan ganas de bromear sobre ello. Mi mirada se va hacia la pila de paquetes, las cajas de diferentes tamaños deberían delatarme y sé que difieren mucho de mis compras de hace un año, cuando solo llegaba los viernes con algunas copas nuevas y alguna anécdota semanal para pasar el tiempo — Tendrás que verlo, pero un poco de todo. Los vendedores me convencieron de todas las necesidades básicas del bebé tienen que estar cubiertas hasta por las dudas — lo que me hace sentir un poco ridículo viéndolo desde el punto lógico, en el cual solo fui un cliente con una crisis de compras y dinero en el bolsillo.

Creo que es un poco obvio que no pienso probar leche de bebé y pongo mi mejor cara de desentendido al respecto, aunque se me va toda la actuación al aire cuando actúa como si la leche pudiese estar tan asquerosa — ¡Al menos lo he intentado! ¿Qué hiciste tú, además de ponerte a llorar? — obvio que sueno como una persona con el orgullo herido y lo único que me consuela es que Rory se ríe de Lara como si pudiese burlarse de lo divertido que le resulta el verla escupir, por lo que le doy unas palmaditas en la espalda. Eso sí, se me va la atención al modo que tiene de sacudir la mamadera y me pregunto si no está haciéndolo un poco exagerado — Creo que no es así. Parece que vas a lanzarlo a… — no llego a decir que va a salir por la ventana, porque pronto cae al suelo con un estruendo y la leche no tarda en despatarrarse por todos lados. Hago una mueca que me estira los labios hacia un costado y presiona mis dientes con un “uyyy” por el enchastre que ha hecho y estoy seguro de que Rory pronuncia un entretenido “uhhhh”, golpeando sus palmitas entre sí. Bueno, al menos ya no está llorando.

Despego los ojos de la porquería en el suelo para fijarme por qué me está llamando y puedo ver en toda su expresión lo que pretende de mí. Aún así, mi alma vengativa cae sobre mí y solo me acomodo en el asiento para hundir mi culo un poco más entre los almohadones, abrazándome al niño que está agotado de llorar y queda con la barriga para arriba — Rory se ha acomodado, lo siento — murmuro con suma lentitud, modulando a la perfección con una dulzura propia de mi oficina — ¿De verdad no puedes alcanzarlo? No está muy lejos. Si estiras un poco el pie, de seguro la alcanzas y podrás darle de comer a este gordito. Y después podemos ver los regalos — solo para remarcar mi comodidad y mis intenciones, le doy unas palmaditas al niño en su ombligo y sonrío ampliamente con los labios apretados.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Stupid things I do and still you want me ✘ Lara Empty Re: Stupid things I do and still you want me ✘ Lara

Mensaje por Lara Scott el Dom Oct 06, 2019 5:03 am

¿Sabes? Dices las cosas importantes de una manera en la que no sé si contestar gracias o auuuuuch— me quejo, con las manos en las caderas para hacer que mi postura acompañe a mi tono. No es que crea que mi amenaza mereciera como respuesta un discurso en el que se mostrara vehemente y convencido de continuar con todo esto hasta la última instancia, lo que implicaría criar a una niña hasta que tenga la edad para mudarse sola, pero que a su promesa tan firme de que no va a abandonarme, con esa palabra que tiene tanta gravedad, la acompañe con una nostalgia por tantas otras cosas hace que me ahorre el agradecimiento. Son cuestiones suyas, de todas maneras, si está aquí es porque también lo decidió así.

No le daré a nada de esto más importancia de la que tienen un par de tonterías dichas en medio del lío que provoca un bodoque con tanto llanto y griterío, como se lo dije, sé separar a qué estupideces prestarle mis oídos, que responda a todas las que salen de su boca es otro cantar. —Claro que lo pensaba, ¿cómo te sentirías si cuando no apareces lo primero que pienso sea “seguro que está comprando baberos”?— lo digo a chiste, y se tuerce una sonrisa involuntaria en mis labios cuando hace sonar a amantes y amigos como una multitud. —¿Ah, sí? ¿Se han pasado a los lunes? Los lunes a la noche siempre me han parecido sospechosos…— termino de decirlo cuando me doy cuenta de una vieja coincidencia y no la menciono porque las cajas con sus compras tienen toda mi atención, mientras trato de adivinar que de todo compró. —Sigo sin poder perdonarte que hagas estas compras sin mí,— volvamos y nunca nos apartemos de lo que es importante aquí. —Vas y asaltas una tienda de bebés y no me llevas. Es… la traición, Hans. Estamos en esto juntos y tú haces estas cosas— lo digo con mi pose dolida, sosteniendo mi pecho con la mano.

No puedo alargar mi acto porque tenemos a Rory escupiendo lo que probó de su biberón, que para saber qué está mal termino escupiendo yo también. Me reconforta un poco que Hans no lo haga todo bien a la primera, pero no me gusta en qué posición eso nos deja parados. Si ninguno de los dos tiene idea de cómo hacer esto, ¿cómo se supone que alimentaremos un bebé? Siempre nos queda llamar a Mohini, si es que no se le ocurre ser quien crie a la niña hasta los seis años, por si las dudas. —¡Pues yo acabo de sacrificarme por el equipo al probar esto!— respondo a su acusación, y por reflejo me paso el dorso de mi mano por la cara así me quito del todo esa sensación de haber estado llorado, con la otra pego tal sacudón a la mamadera que acaba rodando fuera de alcance, cada vez más lejos en la alfombra de lo que llega mi brazo.

Al menos reírse ayuda a que Rory se olvide del hambre que tiene y puesto que no estoy hecha para otras tareas, al parecer me toca ser el payaso de los dos que se quedan tirados, mirándome. —Sabes que no alcanzo mis pies desde hace semanas. ¡No seas así!—. No sé ni para qué refunfuño, si aplastó su culo en el sillón, no va a moverse. Todo porque la leche que hizo no la tomaría ni Ophelia. Después de darme el gusto de fulminarlo con la mirada, le hago caso y estiro mi pie todo lo que puedo, estoy cerca de tocar el biberón, pero si me acerco un centímetro más voy a caerme como la bola que soy de este sillón. Saco todo el aire de mi pecho en un bufido y me giro hacia ellos para abalanzar mis manos sobre Hans. —¡Dame tu varita!— exijo, palpo su pantalón para que se mueva y pueda sacar la varita de su bolsillo. Teniendo en mi posición la uso para hincarle en su costilla por querer burlarse de mí, que agradezca que no se me pasa ningún hechizo por la mente.

Recojo el biberón que vuelve a mi mano y limpio la mancha que se formó sobre la alfombra. —Ha quedado menos de la mitad— me lamento, usando la misma varita para revolver el contenido así la leche no está tan aguada y se la devuelvo a Rory que tendrá para entretenerse unos minutos. —¿Ya? ¿Podemos abrir las cajas?— pregunto, aunque no espero a que me conteste y las primeras se van abriendo a los lados con golpecitos de la varita a la distancia. Mi cara de desconcierto es mayúscula cuando una caja tras otra va revelando cochecitos. —¿Hans…?— me volteo hacia él, separo mis labios, los vuelvo a cerrar y hago un nuevo intento, mis ojos puestos en él como si me acabara de presentar un acertijo que no puedo resolver. —¿Cuántos bebés vamos a tener?
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