The Mighty Fall
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Mensaje por Astrid H. Overstrand el Dom Sep 01, 2019 12:14 am

Siempre he creído que hay algo peculiar en el distrito 4. Nunca he sabido si es el olor a agua salada, a mar puro, que rodea las calles, mezclado con la típica brisa marina que hay hasta en las noches más calurosas del año. O quizá simplemente es un recuerdo de una vida que dejé atrás hace mucho tiempo. Hace ya ocho años que no tengo una vida normal, donde vivía en el 3 y, por lo tanto, podía visitar a mi hermana y pasar unos días aquí. Todavía recuerdo que fue en estas mismas playas donde Chloe y Kyle nadaron sin flotador por primera vez, por muy lejanos que queden ahora esos momentos. Ahora ni siquiera sé dónde está mi marido, y mi hijo pequeño pasa los días en casa de unas personas que apenas conozco. Por si fuera poco, su rostro está estampado en decenas de carteles que decoran las calles de todo el país y en los que se le acusa de traidor.

La capucha cae sobre mi rostro mientras camino por las calles menos aglomeradas del distrito. Ahora que el invierno ha llegado, también ha disminuido la cantidad de gente que viene aquí a pasar unos días para aliviar el calor del verano en el mar. Apenas hace una hora que ha amanecido, así que la mayoría de comercios todavía permanecen cerrados, lo que ayuda todavía más a moverme con relativa tranquilidad. Quizá mi rostro no está en esos carteles, pero no tengo ganas de que nadie me reconozca como antigua Vencedora. Si no fuera porque Kyle lleva mi apellido, uno bien reconocible por mi antiguo estatus, no habría problema, pero por eso mismo pueden relacionarme con él.

He dejado a Chloe con Agatha. Quizá mi mayor preocupación ahora mismo es Kyle por esos estúpidos carteles, pero ellas también lo son porque no olvido que la mayor sigue siendo humana y, por lo tanto, corre otro gran riesgo. Al menos Kyle tiene a un grupo de adultos que le protegen, y por lo que me contó la última vez que le vi, está aprendiendo a pelear con espada. Chloe y Agatha solo se tienen la una a la otra.

Las imponentes casas de la zona se alzan ante mí cuando por fin llego a mi lugar de destino, y todavía con la capucha tapándome bien, acelero el paso hasta una casa en la que no pongo un pie desde hace años. Pico un par de veces al timbre, y después, una en la puerta. Antes, al poco de haber huido y cuando todavía me atrevía a venir por la zona, picaba siempre así para dejarle claro que era yo, como una especie de código. Aun así, supongo que han pasado demasiados años como para que lo recuerde.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Jue Sep 12, 2019 12:54 pm

Todas las personas vivían, antes o después, un momento que cambiaba por completo su forma de vivir. Podía ser la muerte de un ser querido, con la consecuente pérdida de innumerables hábitos que se asociaban a la misma; una dolorosa ruptura, debido a la cual no podías seguir yendo a ciertos lugares; o, como era el caso de la rubia, dejar un puesto de trabajo que había ocupado durante los previos ocho años y en torno al cual había ido creando, poco a poco y sin percatarse de ello, la base de su vida. Sí, tan triste era la realidad. Con el paso del tiempo todo había acabado amoldándose a su horario, aunque tampoco eran demasiadas cosas las que ocuparan su tiempo libre. Ahora tenía demasiado tiempo para ella, demasiado que pasar sola inmersa en sus pensamientos; tanto los buenos como los malos. Teniendo el suficiente espacio como para recriminarse mil veces sus actos, pero también para perdonarse a los pocos minutos. Quizás estaba, finalmente, perdiendo por completo la cabeza.

Vertió una taza de café caliente. Refugiando, acto seguido, sus manos en la calidez que rodeaba el pequeño objeto de porcelana. El sol apenas había despuntado en el cielo y la rubia hacía ya horas que recorrían los pasillos de la vivienda de un lado para otro. Había terminado un par de puzles, incluso adquirido varios nuevos, y los rompecabezas la acompañaban en sus aburridas tardes mirando por la ventana o, incluso, cuando acababa sentada en el baño más tiempo del estrictamente necesario. Sus huesos chocaron contra los cojines del mullido sofá, hundiéndose en éste con las manos aún cerniéndose en torno a la taza. Tomó un suave sorbo, el cual quemó ligeramente la punta de su lengua, antes de volver el rostro en dirección a la puerta principal. Aquella que había resonado segundos antes de que llevara la taza a sus labios y provoco que el líquido llegara a su boca con premura.

Los azules ojos de la rubia se dirigieron al reloj de pared, aquel que colgaba sobre la chimenea y el cual había sido un regalo de su madre cuando adquirió la casa. Un detalle que no entendió al instante pero si al cabo de los años. Su madre quería que fuera consciente del paso del tiempo, el cual no la esperaría ni a ella ni a nadie. Suspiró. Quizás era la mujer la que tocaba la puerta a aquellas horas, puede que incluso portara un bizcocho que tratara de endulzar el día. Quería vivir su vida, alejarse de todo como, no hacía demasiado tiempo, le prometió a alguien… pero no quería dejarla atrás. Saboreó el amargor que el café había dejado en sus labios antes de encaminarse hacia la puerta, abriéndola sin revisión previa de quién podría aparecer al otro lado. ¿Lo peor que podía ser? Bueno, quizás su expediente ya había sido revisado y estaba allí para llevarla, amablemente, hasta el Ministerio.

No lo pensó antes de abrir la puerta y, aunque por suerte no era lo esperado, tampoco podría haber previsto ni en un millón de años la presencia que se mostró ante ella. —¿Qué…?— fue lo único que alcanzó a pronunciar. No invitándola a casa, solo quedándose allí parada durante unos instantes que se alargaron bastante. Abrió la boca para pronunciar algo más, palabras que no surgieron, por lo que se vió obligada a menear la cabeza. Involuntariamente sus ojos barrieron la todavía desierta calle. —No deberías venir aquí— acabó diciendo. Primero por el peligro para sí misma, segundo por el peligro para ella, tercero porque no quería volver a verla después de lo ocurrido con los mellizos y el distrito catorce.
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Mensaje por Astrid H. Overstrand el Jue Sep 12, 2019 5:42 pm

Puedo notar las yemas de mis dedos helarse por culpa del frío que me cala los huesos, y aunque aprieto más el abrigo contra mí, no sirve de nada porque apenas calienta. Pero es lo mejor que tengo; al menos para mí porque las cosas que de verdad abrigan, siempre se las acabo dando a Agatha. Y ahora también a Chloe, que poco a poco, y más rápido de lo que me gustaría, se está convirtiendo en una mujer y alcanzándome en altura.

Para cuando mi hermana abre la puerta, estoy empezando a tiritar ya de estar parada en un mismo sitio y notando así más el frío del invierno. — Si me disculpas, necesito pasar — digo, e ignoro totalmente su comentario sobre lo que debería o no hacer. Ya estoy aquí; quedarnos fuera no va a servir más que para pasar frío y arriesgarnos a que alguien nos vea hablar. Así que me tomo la libertad de entrar en casa, una que hacía años que no visitaba por el bien de todos. — Sabes que no vendría si no fuera importante — explico. En realidad he estado semanas debatiéndome sobre si venir o no porque no quiero problemas, pero también es la única persona que quizá pueda ayudarme.

Bajo la capucha que todavía cubre mi rostro, y friego ambas manos, la una contra la otra, para calentarme un poco más ahora que estoy bajo un techo y no ahí fuera. — Supongo que has visto los carteles de las calles en los que aparece Kyle — empiezo a decir. Creo que a estas alturas no debe de quedar nadie en el país que no haya visto a todas las personas que buscan mínimo una vez, teniendo en cuenta que hasta lo emitieron en la televisión después de aquel horrible juicio. — ¿Puedes ayudarle? — Quiero preguntarle mil cosas más, como por qué fue al distrito 14 y desde entonces mi hijo no ha vuelto a verla. También que por qué dejó que Kyle fuera solo a buscar a Chloe hace ya un año... Pero esas preguntas no servirían para nada más que para remover el pasado y alterarnos.

Dejo caer los brazos sobre los muslos cuando empiezo a entrar en calor, y con semblante preocupado, centro la mirada en mi hermana pequeña. Siempre me he preguntado cómo habría sido todo si hubiéramos vivido juntas en vez de que nos separaran nuestros padres al darnos en adopción, y a día de hoy, cuando la miro, no puedo evitar seguir preguntándomelo. No nos ha ido tan mal porque al menos es la madrina de Kyle, pero no es lo mismo igualmente. — No quiero que te metas en problemas, Ari, pero cualquier cosa que sepas y pueda ayudarnos... Con saber si has escuchado algo importante en el trabajo, alguna pista que tengan que pueda meterle en problemas, ya me sirve.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Jue Sep 12, 2019 6:31 pm

Hacía muchos años que dejó de ser una joven de rosadas mejillas, ahora su tez casi siempre se encontraba teñida de un pálido que se tornó más claro cuando abrió la puerta de la vivienda y se encontró de pleno con Astrid. Las palabras trataron de emerger de alguna parte de su cuerpo y su cerebro de recuperarse tras la descarga eléctrica que acababa de sufrir. —No te he— invitado. Quiso decir antes de verse obligada a retirarse hacia un lado. Tomó una amplia bocanada de aire y mordió su labio inferior, dejándolo ir cuando cerró la puerta y giró su cuerpo en dirección a al recién llegada. —No creo que tú y yo tengamos el mismo concepto de importante— cortó, caminando con largas zancadas hacia su taza, tomándola y encaminándose en dirección a la cocina. Importante. A saber qué cosas catalogaba ella como importantes.

Solo necesitaba un segundo, puede que quizás dos, sola. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? No, en realidad no quería saberlo. Quería que desapareciera de su casa cuanto antes. ¿Era un buen momento para comenzar a despedirse de su madre por culpa de ella? Apoyó las manos sobre la isla de la cocina, apretándolas contra la superficie cuando la escuchó hablar nuevamente. Rió por lo bajo, volviendo a morderse el labio inferior, con ironía. —Vaya— murmuró en voz baja más para sí misma que para ser escuchada. Meneó la cabeza y regresó al comedor, escudriñándola con la mirada apenas unos instantes. —¿Ahora quieres que lo ayude, Astrid?— cuestionó, arqueando ambas cejas. —¿Por qué no me pediste  que lo ayudara antes de irte y dejarlo atrás? Ese habría sido un buen momento, no éste.— recriminó molesta. ¿Y todo por qué? Por una niña que, si quiera, era su hija biológica. Quizás la locura era cosa hereditaria, un regalo que les había dejado su madre.

Negó con la cabeza, incrédula. La espalda de la rubia se apoyó contra la pared, no queriendo ocupar un asiento en la sala porque, entonces, estaría dando pie a una presencia de la que no quería disfrutar durante más tiempo. —Hijo de una ex vencedora que, aunque fuera en legítima defensa, mató a otros magos. Su madre, además, lo abandonó y él acabó viviendo entre repudiados. Luego acabó, sorprendentemente, en el distrito 14. Pero, espera, antes estuvo en un atentado… y luego participó en otro donde fue visto llevándose, ni más ni menos, que a un par de Ministros— anunció en voz alta, con la mirada fija en la apagada chimenea, y tratando de hacer memoria de todo lo que podía meter en problemas a su ahijado. —Si solo te hubieras estado quietecita él no estaría en problemas y tampoco lo sería que estuvieras aquí— agregó regresando la mirada hacia ella.
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Mensaje por Astrid H. Overstrand el Jue Sep 12, 2019 8:15 pm

Sus reproches no me sorprenden. El problema es que ahora mismo me molesta que me eche en cara algo que hice por el bien de todos; algo en lo que, además, no solo decidía yo, sino que era algo en conjunto con André. — ¿Qué querías que hiciera? ¿Que te dejara a los mellizos aquí? — acabo por soltar. Paso la mano por mi frente, y me aparto algunos mechones de pelo. — No podía dejártelos. Podían descubrir que estaban viviendo contigo y los tres habríais terminado metidos en un lío — añado, y digo lío por no decir que quizá los habrían matado, viendo qué clase de juicios hacen. Ni siquiera constaban en el colegio desde hacía siete años por aquel entonces. La vida de los mellizos hace mucho tiempo que dejé de ser la de cualquier niño, ahora adolescente, normal. — Tampoco podían venirse con nosotros en busca de un distrito que ni siquiera sabíamos dónde estaba. El invierno ahí fuera es horrible, no sé si hubieran podido aguantarlo. — Si soy sincera, había días que no sabía ni si yo podría seguir soportándolo. Suelto un suspiro, agobiada, porque esto era lo último que me esperaba. Tan solo quería un poco de ayuda; después, volvería a casa y la dejaría tranquila... al margen, como parece que quiere estar porque ni siquiera me nombra su excursión al 14.

No tengo la intención de cuestionar ciertas acciones que ha hecho en los últimos meses, como el hecho de que Kyle asuma que está liada con Benedict Franco. O al menos no era mi intención hasta que me acusa de haber metido a mi hijo en este lío. — ¿En serio me estás acusando? ¡No es culpa mía! No deberías juzgarme cuando yo nunca te he atacado porque trabajes para un Gobierno que ha querido acabar con mi familia durante casi diecisiete años. — Tengo que bajar el tono de voz para no acabar gritando, en especial cuando me doy cuenta de lo que acabo de soltar. Siempre me ha molestado que trabajase en el Winzengamot, pero nunca he querido decírselo porque sabía que solo serviría para hacernos daño mutuamente. — Si tengo que basarme en lo primero que me soltó Kyle cuando me vio, fue que ni siquiera sabía si habías tenido algo que ver en la destrucción del 14.  — Obviamente esas dudas se disiparon porque eran solo fruto del momento, y sobre todo porque la vio en el festival de Nimue y le ayudó. Pero los tiros no van por ahí, sino a que si el 14 no hubiera terminado destruido, nada de esto estaría sucediendo. — Luego se le pasó, aunque nunca dudé de ti — añado. Doy un par de pasos hacia ella, dudosa porque temo una reacción más negativa. — Solo quiero un poco de ayuda, sino por mí, por tu ahijado. Pero si no puedes dármela, me iré y no volveré. — Nunca hemos tenido una relación de hermanas típica, una normal, pero ahora estamos más lejos de eso que nunca. — André y yo cometimos el error de nuestra vida dejándoles solos, pero no puedes echarme en cara todo lo demás porque hay muchas cosas que no dependen de mí. — En especial mi antiguo estatus de Vencedora, o los atentados en los que ha terminado metido por factores externos aunque se le eche la culpa al 14. De lo que sí que culpo a Kyle es de lo que hizo con los Ministros, pero me guste o no, está creciendo y ha estado mucho tiempo viviendo sin mí, sin que le enseñe cómo pienso.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Vie Sep 13, 2019 5:37 pm

Estaba claro que la rubia no se libraba de sus propios pecados, pero la afectaban a ella únicamente. No había escusa lo suficientemente importante para lo que hizo, y era algo en lo que no tenía pensado ceder en lo absoluto. —¿Estás escuchándote, Astrid? No podías dejármelos cuando no habían hecho absolutamente nada pero ahora vienes por ayuda, cuando las cosas se han salido de control.— respiró profundamente, negando con la cabeza, aún con la espalda pegada a la pared y con cierto rostro de incredulidad, quizás hasta de ironía que la acompañaba desde el mismo momento en el que la mujer cruzó el marco de la puerta. —Habría podido hacer algo entonces, al menos me habría ocupado de ellos ya que sus padres se fueron en busca de una jodida utopía. ¿Para qué? ¿Qué hubiera pasado si hubierais encontrado el distrito pero, al ir a buscarlos a ellos, hubieran estado muertos? ¿Entonces qué, Astrid? — le recriminó. Conteniendo, en cierto modo, su lengua cuando quiso recriminarle también que obviamente no le importaba porque tenía una sustituo que parecía pesar mucho más que los dos mellizos.

Dejó ir, en un suspiro, todo el aire que ocupaba sus pulmones y cruzó los brazos bajo su pecho. Y entonces rió. Una carcajada que no pudo reprimir pero que trató de atenuar mordiéndose le lengua con fuerza. Había conversaciones inútiles, y luego se situaba la que estaban teniendo ellas dos. Ni siquiera entendía la razón por la que siempre acababa recriminándose cosas con los demás. Su madre, Marco, al parecer Kyle, Jasper, Benedict, Astrid. —Puedes culparme por haber desempeñado un trabajo en el cual no solo apliqué normas en relación a humanos, sino también ayudando a otras personas. Sigue así.— fue todo lo que contestó con gesto serio. Era obvio que su trabajo, en más de un sentido, acababa desembocando en temas relacionados con humanos; pero la justicia no se cerraba solamente a ello, y era una de las cosas que los demás debían de aprender antes de opinar. Meneó la cabeza hacia ambos lados, negando cualquier tipo de acercamiento entre ambas. Primero era un peligro que estuviera allí, segundo no quería que siguiera siendo así. Su mandíbula se tensó, tenue al inicio, y trató de controlarla. —¿Sabes a quién me recuerdas?— preguntó entonces —A ella continuó antes de que pudiera contestarle, refiriéndose como ella a la madre de ambas. —Astrid— volvió a hablar, sintiendo que su voz se rompió apenas unos instantes, cosa que quiso corregir carraspeando —Ellos dependían de ti, y ciertas cosas se han salido de control por la decisión que tomásteis, no pretendas volcar en mí algo que no me corresponde— agregó con un tono de voz más calmado. No era el mejor ejemplo del mundo, mucho menos en los últimos meses, pero conocía sus errores y aprendía de ellos, se hacía cargo de los mismos, al contrario que ella.
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Mensaje por Astrid H. Overstrand el Lun Sep 16, 2019 7:49 pm

Tengo que pellizcarme el puente de la nariz en un vago intento por mantener la calma y no perder la compostura, pues esto se nos acabaría yendo de las manos. Supongo que esto es lo que hacen las hermanas mayores: intentar controlar la situación cuando los pequeños no pueden, aunque en nuestro caso la discusión típica de hermanas llega más de veinte años tarde. — Lo hubiera hecho si hubieran estado escolarizados, no perdidos del mundo desde hacía más de siete años — repito, intentando explicarle por qué hice lo que hice, aunque no vaya a servir de mucho. Puedo verlo en su cara: está molesta. No le faltan razones, pero solo quiero que comprenda por qué he tenido que hacer todo lo que he hecho. Para mí era lo correcto, no perfecto, ni mucho menos bueno, pero sí lo que debía hacer. — Sé que corrían peligro, pero si los dejaba aquí... — Ni siquiera soy capaz de terminar la frase. Llevarlos con nosotros era algo que directamente estaba descartado, y por suerte, ni siquiera lo menciona. — Había que intentar encontrar el 14, no solo por Agatha, sino por ellos también. — Porque sé que no considera a Agatha su sobrina como a Chloe y a Kyle; es algo que siempre he notado en sus ojos cuando la miraba.

Termino por quitarme el abrigo, y tras doblarlo, lo dejo en el respaldo de la primera silla que encuentro. Después, me giro hacia Arianne para continuar escuchando sus recriminaciones. De vez en cuando niego ligeramente con la cabeza, cansada, no de una charla que no nos está llevando a ninguna parte, sino de todo en general. — Sé que has ayudado a gente, no lo discuto... — Pero también ha condenado a otros, aunque creo que eso es algo que no hace falta que le recuerde. Por Merlín, que hace escasos meses firmó aquel papel que condenó a dos personas a morir quemados.

Tengo que soltar una risa irónica cuando dice que me parezco a nuestra madre, y doy un par de palmadas para dejar más en claro esa ironía. — Supongo que alguien tenía que sacar todo lo malo y ser la oveja negra, ¿no? — Suelto un bufido. Doy una vuelta sobre mí misma para recoger el abrigo que acabo de dejar en el respaldo de la silla, y me lo vuelvo a poner, dispuesta a marcharme de una vez. — No te pedía ayuda por mí, sino por tu ahijado, pero ya veo que no puedes ayudarme, Arianne — suelto bruscamente. — Si de verdad así lo deseas... — continúo, y vuelvo a girarme para señalar la puerta por la que hace escasos minutos acabo de entrar. — Me iré y no volveré. Te dejaré tranquila y no arriesgaré tu vida ni tu trabajo — finalizo, todavía apuntando hacia la entrada con el dedo índice.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Dom Sep 22, 2019 6:21 pm

Los hijos, de un modo u otro, siempre acababan pagando por los pecados de sus padres. Ella lo hizo casi veinte años atrás, sus sobrinos lo estaban haciendo en la actualidad. Si no quería ser madre, si no quería una responsabilidad como aquella que no los hubiera traído a aquel desigual e injusto mundo. Se mordió la mejilla por dentro, odiándose en gran medida ante el mero pensamiento de la inexistencia de sus sobrinos. En su cabeza no cabía la opción de comprender sus palabras, siquiera iba a hacer un esfuerzo para ello. Siempre había parecido alguien fría e inaccesible, pero sabía escuchar a los demás mejor de lo que parecía. Buen parte de su adultez la había basado en aquello, en analizar a las personas mientras escuchaba sus explicaciones. Y, como en otras muchas veces antes, no podía creer ni una palabra que saliera de los labios de Astrid. —¿Por qué había que tratar de encontrarlo?— preguntó, recriminándole con aquella pregunta lo que hubieron hecho. —¿Cuántas familias crees que aún están unidas aunque uno de ellos sea humano? Decenas, cientas.— agregó antes de que pudiera contestar. Jasper era un claro ejemplo de ello. Era una egoísta que parecía no querer verlo.

Golpeó la comisura de sus labios con la lengua, impaciente y ansiosa. No iba a llegar a ninguna parte, y ambas estaban en peligro si permanecía un segundo más allí. Miró en dirección a la puerta y, seguidamente, al gran ventanal, percatándose de que se encontraba tapado por la fina cortina. Lo cual la alivió durante unos vagos instantes. —Es más fácil ver los errores y defectos ajenos que los propios— habló, volviendo su atención hasta ella. Ella misma había cometido varios errores durante los meses anteriores, unos que reconocería como defectos, errores e, incluso, como debilidades. Chasqueó la lengua, no queriendo seguir echando más leña al fuego. Cuando una conversación no tenía una dirección lo mejor era dejarla correr.

La siguió con la mirada, viendo como recogía y se volvía a colocar su abrigo, permaneciendo inamovible en el mismo lugar, con los pies clavados fuertemente al suelo. No, no puedo. Nunca había sido útil, mucho menos teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba. —Ya la estás arriesgando por estar aquí— comentó. —Encontraron a Benedict Franco en mi casa, y tengo la cabeza aún en su sitio porque prometí informar de cualquier nuevo contacto con algún traidor. Cosa que no hice. Con el nuevo Gobierno los afortunados están siendo despedidos, los no tanto besados por un dementor. Dejé el trabajo hace un par semanas, así que estoy aquí esperando a que lean mi expediente y sea de los no afortunados. Aunque quizás ni siquiera haga falta ello ya que tú estás aquí y tengo un auror vigilándome desde hace meses.— habló, finalmente, cruzando los brazos bajo el pecho. ¿Pensaba que era la única con problemas? —Así que, por favor, vete antes de… no sé, de que regrese de desayunar o dormir— agregó dejando ir todo el aire de sus pulmones.
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Mensaje por Astrid H. Overstrand el Dom Sep 22, 2019 8:50 pm

Estamos en un punto en el que no sé si llevarme las manos a la cabeza, reír de impotencia, o si utilizar directamente la aparición para irme de aquí. Está claro que no somos capaces de ponernos de acuerdo, pero sobre todo, de que ella no entiende por qué hice todo esto por Agatha en su momento. — No dudo que haya familias que consigan sobrellevarlo a su manera — explico en un tono que deja bien claro mi cansancio. No es enfado ya, sino simplemente eso, puro cansancio por hablar todo el rato de lo mismo cuando está visto que no nos va a llevar a ninguna parte. — Pero también te digo que pocas familias tenían a niños de la edad de Agatha. El Mercado de Esclavos estaba llenos de críos que nadie quería escoger, pero a sus padres sí los compraban. Era como un orfanato, pero mucho peor porque nadie podía darles un hogar como hijos propios — continúo. Fue en pleno cambio de Gobierno; con los años las cosas fueron cambiando y por obvias razones dejaron de haber tantos pequeños humanos. — Un adulto siempre lo sobrelleva mejor que un infante. Si un mago había tenido un hijo con un humano, aunque las condiciones de ambos cambiaran si estaban juntos sentimentalmente, al menos el hijo tenía sangre mágica. — Claro que para los mayores también sería complicado, pero tenían conciencia para saber qué estaba pasando, por horrible que fuese.

— Siento no tener un corazón de hielo y no haber sido capaz de tratar a una pobre niña como un ser inferior cuando André la trajo a casa. — A veces incluso me pregunto cómo pude ser capaz de soportar vivir ocho años sin poder tratarla como a mi hija públicamente. — Me da igual lo que diga esa estúpida Constitución. Para mí Agatha es tan hija propia como lo son Chloe o Kyle, y por eso mismo merecía un hogar donde ser libre — finalizo, y dejo caer los brazos sobre mis muslos con pesadez. Allá cada familia lo que haga con los suyos, pero yo siempre he tenido mis ideas claras.

Mientras escucho sus palabras, mis expresiones van del asombro hasta la indignación porque no soy capaz de creerme lo que estoy oyendo, no después de cómo me ha juzgado. — ¿Encontraron a Benedict Franco en tu casa? — repito sus palabras, incrédula. Sabía que tenía trato con él por lo que me dijo Kyle, pero refugialo en su hogar es algo que no me esperaba para nada. Arianne siempre ha sido la que más ha respetado las leyes de las dos; yo soy la que ha hecho las cosas ilegales. Y aun así, lo que más me preocupa es el tema de su trabajo, no porque ya no pueda ayudarme a encontrar información, sino porque como ella dice, ahora investigarán a fondo su historial hasta encontrar el más pequeño error. — No tenía ni idea — respondo con un pequeño gesto de preocupación. — Me iré, pero si algún día te cansas de esto... — añado, y estiro los brazos todo lo que puedo mientras miro hacia el techo. — ... sabes dónde encontrarnos para vivir de otra manera. — Porque no me refiero a su casa enorme, sino al modo de vida. Ha estado en el 14, aunque fuera por poco rato, así que no entiendo por qué sigue prefiriendo esta vida antes, por más segura que pueda ser. — Espero que todo te vaya bien, Arianne — me despido. Me acerco a ella para darle un pequeño y cariñoso apretón en el hombro, pues aunque sé que no le gustan los acercamientos, no sé si la volveré a ver por cómo ha ido todo. Después, abro la puerta de la casa con la intención de marcharme.
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Mensaje por Arianne L. Brawn el Lun Sep 23, 2019 9:25 am

Aquel tipo de conversaciones estaban siendo demasiado frecuentes, las ocasiones en las que tenía que tratar de acercar opiniones con los demás, y esto se mostraba completamente imposible desde ambas perspectivas. Las personas se equivocaban en muchas ocasiones, en especial armándose una idea previa de las cosas. Pero la rubia no estaba equivocaba en aquella ocasión, todo era tal y como estaba presentándose. Había mil salidas para los magos, sus errores y pecados no tendrían por qué haber salpicado las vidas de sus hijos; podían haber buscado una solución, juntas. Mas era demasiado tarde para tratar de conseguirlo. Detestaba a las personas que respaldaban su egoísmo en el supuesto beneficio de los demás. ¿Cuántas personas habían salido beneficiadas de su decisión? Le sobraban demasiados dedos de una sola mano. Aun así la escuchó, lo hizo con una ceja alzada. Hasta que no pudo más y un sonido sordo surgió de su boca. Irónico y seco. Su mandíbula se tensó y sus dientes se apretaron con fuerza. —La antepusiste a ellos— rechinó en tono bajo, girando la cabeza hacia un lado y tomando una amplia bocanada de aire. —Bien, has conseguido su libertad porque nadie sabe quién es. Ahora deberías tratar de buscar la de Kyle, aunque quizás sea más complicado porque su cara está estampada por todo el maldito país— acabó hablando, dejando fuera de la ecuación a Chloe ya que, aunque también estaba ahí fuera, al menos su rostro no estaba entre los más buscados.

Pasó la lengua por sus dientes delanteros, cruzando con más fuerza los brazos frente a su pecho. —No voy a entrar en detalles de porqué estaba aquí o cómo lo encontraron, pero sí— puntualizó con lentitud, rebajando su tono de voz un par de octavas, tratando de serenar tanto su voz como palabras y actitud. No se iba a acercar, pero tampoco iba a lanzarla a los lobos. Aunque había acabado aburriéndose de no tener nada que hacer, lo cierto era que tampoco extrañaba tener que discutir con los demás, tomar decisiones o ser atacada por una marabunta de pensamientos que la agobiaban y asfixiaban a partes iguales. Bajó la mirada unos instantes, mordiéndose la punta de la lengua, con nerviosismo, y solo volvió a alzarla, parpadeando confusa. No pudiendo evitar que una irónica sonrisa apareciera en sus labios. ‘Si algún día te cansas de esto… para vivir de otra manera’. ¿Dónde había escuchado aquellas palabras antes? Una proposición similar que no acabó demasiado bien, y de la que dudaba pudiera salir algo bueno. Aun así asintió con la cabeza.

Arrugó los labios, observándola en silencio, no apartándose o correspondiéndole cuando acortó las distancias y ejerció una ligera presión sobre su hombro. —Trataré de…— comenzó a decir, no sabiendo como terminar sus palabras y acabando por negar con la cabeza. Permaneciendo inmersa en un ensimismamiento que no le permitió percatarse de que se dirigía hacia la puerta hasta que la hubo abierto. —Espera, por ahí n— quiso pronunciar, caminando tras ella con la intención de cerrarla antes de que alguien pudiera verla salir de allí.
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