The Mighty Fall
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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Diciembre

Kendrick ya está dando vueltas por la casa y solo me queda esperar escuchar el grito de Amalie cuando lo vea. Necesito ayuda, no soy psicólogo pero mi profesión me permite saber lo suficiente como para ser consciente de que algo anda mal en mí. Probablemente sean los traumas y culpas del pasado los que me impidan mantenerme alejado del peligro pero no puedo seguir así, ésta es la última acción irresponsable que cometo. Solo necesito encontrar un profesional de confianza a quien pueda contarle la verdad sin que me mande al calabozo y así empezar a superar éstas cosas que no solo me traerán problemas a mí, sino que también a toda mi familia cuando explote. Hasta ahora he sido un tipo con suerte, no puedo esperar que eso funcione para siempre ¿O si? En realidad con ésto estoy cruzando todos los límites, una cosa es ayudar niños y tener contacto con los rebeldes, otra completamente diferente reírse en la cara del gobierno al alojar al heredero Black en forma de perro en mi propia casa.

Estoy rendido, sé que está mal y no sé qué contarle a mi esposa. Prometí ser honesto pero me odiará por traer un perro y mucho más si le cuento la verdad sobre éste. Ya me ha dicho que puedo confiar en ella, que la familia está primero, y yo elegí creerle. Pero esto es algo grande, en realidad estaría protegiendo a Synnove y Simon si cuenta la verdad pues ahora mismo mis decisiones son el peligro. Mis estúpidas decisiones.

Estoy con la frente apoyada en el escritorio y el bastón a un lado, como un niño al que se le han agotado los juegos y ya no sabe qué hacer con su tarde. Escucho los zapatos de Amalie entrar y luego de eso la puerta cerrarse, eso no puede significar nada bueno, llegó la hora y será mejor usar todos mis encantos para que no me mate - Hay una muy buena explicación para todo esto - debo decidir ahora ¿Le cuento o no le cuento? Por mantener mi promesa quizás mande todo al demonio, pero no quiero dar pasos atrás - Pero primero... ¿Cómo te sientes respecto al perro? ¿Del uno al diez cuánto lo odias? - tanteo el terreno con una mueca mientras me levanto de la silla para acercarme a ella con algo de dificultad, quizás si me ve débil sea un poco más benevolente.
Ivar Lackberg
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Invitado
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Puedo trabajar con la idea de una familia como un juego en el que tengo que encajar las piezas que Ivar va colocando en mi mano, con la del perro no sé qué hacer. ¿Hacía falta? ¿Hacía falta un perro? Haría lo primero que mi mente pide a gritos que haga y es llamar a la psicóloga, en la primera sesión tuvimos de esas charlas de que la llamara a la hora que fuera si lo necesito, y a la tercera vez que lo hice descubrí que nunca contesté, una razón más para que me esté hartando de tener que pagarle por terapia.

Nada de lo que hemos hablado en estas tres semanas me ayudan para me calme, cuente mis respiraciones y contenga el grito al ver ese perro sucio, enfermo y vaya a saberse de dónde lo saco Ivar, parado sobre la alfombra limpia de la sala. ¿Y si tiene algún virus? ¿Y si los chicos se enferman? No sé qué tan simpático le ha parecido adoptar un perro callejero, pero no quiero que los chicos lo toquen y se lo dejo bien en claro a Synnove. No lo toques, sé que mi hija cumplirá con lo que le digo, y eso me da una ligera tranquilidad en tanto avanzo por el corredor con unos ánimos de llevarme todo por delante, como efectivamente lo hago con la puerta del despacho de Ivar.  

¿Una buena explicación? Necesito al menos tres buenas explicaciones para que admita a ese animal en la casa— lo digo así como suena, sin vueltas y a punto de echarle el sermón del siglo. Sí, puede ser que las cosas hayan mejorado entre nosotros, que la comunicación es buena en más de un sentido, pero hablarnos otra vez y pasar tiempo juntos también da espacio a un par de necesarias discusiones para aclarar puntos. —No odio al perro— le aclaro, no quiero ser siempre la mala en esta casa. —Me agrada lo suficiente como para querer que esté con una familia distinta, en una casa tal vez en el campo, ¿por qué no en el distrito siete o nueve?— sugiero, con un tono cortante, en el que le dejo claro que esta no es una negociación en toda regla. —No podemos tener un perro como ese en el departamento—. Está decidido. — ¿Por qué lo trajiste?— es lo que no entiendo, mi confusión es clara y se demuestra en toda mi cara. —Sabes que odio los gatos.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Tengo más de una buena explicación que en mi mente tienen todo el sentido del mundo, el problema es que Amalie lo vea de la misma forma que yo. Por empezar, el niño estaba por morir enfermo en un casa abandonada del distrito 3, eso ya era razón suficiente para ayudarlo... En segundo lugar se encuentra solo pues todo lo que conocía se vino abajo cuando bombardearon su hogar. Y en tercer lugar corre peligro con solo estar caminando por las calles de Neopanem, no importa si es el norte, sur, este u oeste. Esas son tres muy buenas razones que elijo no comentar por el momento, primero debo tantear el terreno en otro aspecto... Un paso a la vez que la honestidad no debe ser inmediata.

- Porque en el distrito 7 o 9 no lo cuidarán como lo cuidaremos aquí - respondo poniendo unos ojos similares a los de Kendrick ahora mismo, en su forma de perro. También la rodeo por la cintura y busco acercarla a mi cuerpo, dije que tendría que usar todos mis encantos y espero que sean suficientes. Además me gusta hacerlo, hace mucho tiempo que no puedo jugar a ésto de manera honesta, con la única mujer que me importa.

Sonrío cuando lo llama gato y miro al suelo pues es imposible, ésto será difícil pero de momento se mantiene como una discusión tan mundana que la disfruto - Es un perro, Amalie - la corrijo aun con las comisuras de mis labios elevadas - Lo traje porque lo vi entrar a una casa abandonada, sin nadie más... Estaba dispuesto a morir, lo vi en sus ojos - también lo escuché de su boca pero detalle omitido - Y es un perro pequeño, le queda mucho por ver y por vivir - sigo hablando de corazón, ahora mismo no estoy mintiendo en nada - Tuvo la mala suerte de nacer en el lugar equivocado, pero aquí podemos cuidarlo, tratarlo bien y quizás ayudarlo a encontrar el lugar que le pertenece... Seremos sus dueños de acogida, hasta que encuentre su verdadero hogar.
Ivar Lackberg
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Invitado
Invitado
En el distrito siete o en el distrito nueve tienen patio— contesto tajante como si esa fuera toda la razón de peso que necesitamos para determinar el destino de este perro callejero, que a simple vista se ve salido de una zanja, con su pelo sucio y evidencia de una que otra enfermedad, de las que no sé nada, porque mi campo de estudio se limita a las plantas. Endurezco mi semblante a la mirada implorante de Ivar, que juega la vieja táctica de querer compadecerme, que le ha servido desde que salió el hospital y anda con ese bastón que le da una apariencia de desvalido, un buen disfraz para su carácter que no ha flaqueado a pesar de todo. Si es que sigue ayudando como puede a los desafortunados que pasan por las oficinas de Asuntos Internos, a lo que no me quejo, porque acepté que es su manera de colaborar con lo que cree justo, ¿pero un perro? ¿Hace falta extender la solidaridad a la mala suerte de un perro trotamundo?

Me cruzo de brazos dentro de lo que es su intento de persuasión, si hasta enarco las cejas invitándolo a que hacer su mejor intento, pero no he llegado a mi edad sin forjar un poco de carácter para mantenerme en mis trece cuando siento que tengo un motivo válido para discutir. —No podemos traer a toda alma joven que pueda morir a esta casa, porque no sólo tomará la dimensión de refugio de acogida de más perros, gatos y otras bestias de los que podamos contar. Sino que los mendigos de Navidad también vendrán pidiendo hospicio, todas las almas en desgracia de esta bendita ciudad…— trato de explicárselo, terca en mi rechazo a ese perro, más suave de lo que podría ser si estuviera realmente enfadada. — Ivar… simplemente…— suspiro, mi mirada es de compasión hacia él. —No puedes salvar a todo el mundo.

Si dice que somos un hogar temporal para el cachorro, podría tolerarlo dos o tres días con nosotros, quizás confinarlo en el balcón. Usaremos un par de hechizos para que no sufra las inclemencias del tiempo. —De acuerdo, preguntemos entre nuestros conocidos quiénes quieren un perro— decido, así no lo dejaré librado a la voluntad de Ivar que podría darme vueltas hasta Navidad. —Yo se lo ofreceré a Kavalier, vive solo, está superando una racha mala para lo que un perro le vendría bien—  pienso en voz alta, y con toda malicia agrego: —¿Por qué no se lo ofreces a Lara? Las últimas veces que vino noté que está un poco más gorda, así que supongo que el rumor del embarazo es cierto. Puede que quiera la compañía de un perro para ir practicando un poco de responsabilidad— apunto.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Claro que esos distritos tienen patio pero Kendrick necesita todo lo opuesto ahora mismo, ha vivido en el distrito 14 hasta hace poco que era un enorme patio de juegos y luego de eso estuvo paseando de distrito en distrito sin tener un sitio al que llamar hogar. No digo que lo adoptemos y hagamos parte de la familia porque creo que su estilo de vida es demasiado independiente como para siquiera considerar ofrecerle eso, pero sí necesita un lugar en donde reorganizarse, tener dos minutos de paz para poner en órden sus ideas sin miedo a que el gobierno lo atrape y condene por un apellido que no lo representa.

La negativa continúa y ya se me están acabando los argumentos vagos, así que dejo caer mi frente sobre su hombro para ocultar mi rostro y así pensar algo mejor. La posición no sirve ya que lo único que logro es dejar de pensar en absoluto y solo acercarme más a ella hasta envolverla en un abrazo, no me canso de ésto... Su aroma, su tacto, su todo, lo extrañé demasiado y eso me impide ser honesto ahora porque sé que se enfadará y que éstos permitidos volverán a ser solo sueños de lo enfadada que estará.

Luego propone cosas que no serán posibles ya que enviar a Kendrick a otra casa significará poner más vidas en riesgo, incluso la suya ya que no sabemos quién es de confianza y quién no. Descarto ambas propuestas por diferentes razones y entonces me armo de valor para ser lo más honesto posible sin despertar la ira de la pelirroja - Y si no está embarazada servirá para que se coma los pasteles por ella - sigo con la broma y una sonrisa pero sacudo la cabeza ya que no podemos desviarnos del tema, estamos tratando con algo sumamente importante.

La tomo de ambos brazos y me aseguro de que me está mirando a los ojos antes de explicar - Necesito que confíes en mí con ésto... Es un perro inocente, estoy completamente seguro y está en peligro allá afuera - ahora sueno serio, nadie en su sano juicio hablaría así de una mascota - Podría explicarte más pero creo que no nos servirá a ninguno - sería explotar una bomba que podemos tener en pausa hasta encontrar una mejor solución - Es un alma que está en peligro... No quiero salvar al mundo, solo tender mi mano cuando se me pide y ahora es cuándo.
Ivar Lackberg
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Poder bromear a costa de la muchacha que ha hecho de sus visitas a esta casa casi un hábito, pese a la cara de pocos amigos que le dejan claro que no es bienvenida de mi parte, hace que me relaje un poco entre los brazos de Ivar. —Podría estar loca de la inquietud ahora mismo por ese embarazo si no confiara en ti. ¿Qué la trae tan seguido a pisar la alfombra de mi sala?— le pregunto, porque tengo la oportunidad de hacerlo, también para bordear la cuestión que nos tiene en discusión, aunque no me alejaré demasiado porque al final de todo llegaremos a lo mismo. —¿Puedes contármelo? En serio trato de entender por qué haces ciertas cosas, pero tengo información parcial. No pasa tanto tiempo hasta que vuelves a desconcertarme… ¿un perro? ¿en serio?— vuelvo a preguntar, como si no pudiera asimilar algo que es tan banal y a la vez incomprensible para mí que traiga una mascota en un departamento que no es pequeño, pero tampoco está hecho para un perro que se ve con las energías de necesitar un patio grande. Sé de eso, el distrito que le sugiero no es azaroso, tuve perros siendo niña en la granja de mi abuela y sé lo que necesitan.

Confío en ti, Ivar. Te juro que estoy tratando de confiar en ti en todo momento— suspiro, rindiéndome en esta pelea sobre el destino de una criatura que me dejará pelos en el sillón, por quien pelearemos para que nadie se olvide de cargarle agua en el plato o a quién le toca sacarlo a pasear. —Un alma inocente…— repito sus palabras con un meneo de cabeza, tomo de sus brazos para separarlo de mí y rodeo una de las sillas que están delante de su escritorio para dejarme caer ahí con todo mi peso de rendición. Froto mi frente con mis dedos, retirando algunos mechones pelirrojos. —¿Qué haré yo con la tuya que no puede evitar compadecerse del mundo?— suspiro. Alzo mi mirada hacia él con una sonrisa que le perdona por esa solidaridad con las almas, que debe ser lo que hizo que se casara conmigo en primer lugar y siguiera en esta casa cuando le di sobrados motivos para que tomara la decisión de irse. —De todas las causas perdidas que te gustan, eres la peor— digo, tendiendo mi brazo hacia él para que pueda tomar la mano que le ofrezco en reconciliación. — ¿Qué demonios pasa con este perro en particular para que tengas que tenerlo en esta casa, Ivar Lackberg?— le pregunto en un susurro sin más rodeos y una nota más firme.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Se me escapa una carcajada pues sigo sin poder creer que mis charlas con Lara hayan despertado esa clase de dudas en Amalie. Podría ser mi hija, en realidad es algo así como mi sobrina, así que jamás hubo chance de que algo así pasara pese a lo que fingía estando en público. Vaya que hice las cosas mal, intento dejar el pasado atrás pero de una forma u otra siempre vuelve a golpearme, quizás no con cosas graves pero sí molestas, como ésta - Soy un hombre sabio con muchos conocimientos, ella viene por ellos - respondo medio en broma aunque técnicamente es cierto - Que no te cueste creer que soy un inspiración para generaciones futuras - ahora sí me estoy yendo de tema, pero cualquier excusa es buena para ganar un poco de tiempo y pensar qué decir a continuación.

Podría contárselo sí, quizás lo haga algún día cuando Kendrick esté fuera de nuestras vidas y todo pueda ser una anécdota divertida como "Hey, le dí comida de perro por dos semanas" o "Como venganza mordió uno de mis trajes", pero solo cuando ya no signifique una amenaza y no pueda enloquecer por eso. Así vería que en realidad no fue la gran cosa y que ponerse en contra el gobierno no significa necesariamente morir en el intento.

Mientras se sienta respiro profundo y relajo mi rostro para que no se note el nerviosismo. Hace una pregunta para la que no tengo respuesta pero al final sonríe y lo hago yo también mucho más tranquilo. Puede quedarse, Kendrick puede quedarse en forma de perro y más le vale a ese niño que no se meta en problemas porque yo seré el primero que lo agarre de las orejas y lo ponga a colgar del ventilador. Tomo su mano y me acerco, pero debí saber que la cosa no terminaría allí sin más.

- Es un perro ordinario, sin habilidades especiales, sucio, enfermo y poco inteligente - empiezo con una mueca - y está en peligro - finalizo mirando el suelo - Por eso hay que tenerlo aquí, porque afuera no aguantará solo y no merece que le pase nada malo, es solo un perrito... Y si merece algo en la vida, estoy seguro de que Synnove y Simon sabrán dárselo.
Ivar Lackberg
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De acuerdo…— digo al poner mis ojos en blanco y disimulando una sonrisa que se me escapa de los labios por el modo arrogante que tiene de evadir mi pregunta. —Pero esa chica no es una generación tan futura, está un poco grande para ser de los chicos que te gusta cuidar e inspirar. ¿No va siendo hora de que le sueltes la mano y dejes que se amañe sola? Tienes que saber también cuándo es momento de dar a los chicos la oportunidad de que se prueben por sí mismos, crecen y hay que dejarlos crecer…— es la opinión que puedo darle, disimular un poco así los celos que a mí me inspira la presencia de esa muchacha como lo haría cualquier otra mujer que visitara demasiado seguido a mi marido, ofrecerle de paso un consejo que le vendrá bien para calmar ese espíritu suyo de ir salvando a todos.

El suspiro que no sale por mis labios embarga todo mi pecho, su sonrisa es un reflejo de la mía así que la sostengo para que no cambie la suya y acaricio su mano con mi pulgar en círculos lentos, desde mi lugar en la silla en la que no me queda de otra que darme por vencida esta vez en la que no obtendré más de su parte que una excusa conmovedora de por qué conservar al perro. Después de toda esa retahíla de características que lo hacen la encarnación de las calamidades, ¿cómo negarle un poco de comida en este techo? No quiero ser la mala en esta familia otra vez. —¿Poco inteligente? Tendré que hacer algo respecto— decido, porque si vamos a tener un perro en esta casa, no puede estar falto de este atributo. Sin tocarlo más que lo necesario, probaré con un par de trucos que le enseñen algo de utilidad. Me pongo de pie con lentitud, con el ánimo distinto al que tenía cuando entre, no haré de esto una pelea y a la larga sabré por qué acogió a este perro, es sólo cuestión de tiempo. —Se puede quedar un mes, Ivar. Será un mes de prueba, si demuestras ser un digno perro de los Lackberg y ser inteligente, podrá quedarse…— le concedo, me acerco a él para darle un beso rápido y mirarlo a los ojos para que sepa que no le creo, pero que confío en él. —Iré a mirar si Synnove consiguió sacarle la mugre de las patas o me han dejado un desastre la sala.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Me gustaría tener un argumento que me permita seguir, de cierta forma, cuidando a Lara pero no lo tengo. Amalie tiene razón, ya es una mujer hecha y derecha y creo que con mi oclumancia le he enseñado lo último que necesita para valerse en la vida sin miedo a que el pasado venga a arrebatarle todo lo que ha construido. Así que asiento pensativo y finalmente digo que de acuerdo - Tienes razón, es hora de que ella siga por su propio camino, hay otros niños que me necesitan - ella ya no lo es pero sí Kendrick, Hanna y montones otros que andan dando vueltas por Neopanem - Le enviaré una carta diciéndole que eso ha sido todo - no más clases, tendrá que aprovechar las que ha tenido y luego de eso practicar sola como lo he hecho yo durante tanto tiempo.

- Siéntete libre de enseñarle todos los trucos que quieras - respondo conteniendo la risa que finalmente se escapa al imaginar a Amalie pidiéndole a Kendrick que de vueltas, que se haga el muerto y demás estupideces por las cuales el muchacho probablemente me terminará odiando - Cuanto más difíciles, mejor - agrego divertido. Sin embargo me pongo algo nervioso cuando dice que será un mes de prueba, es relativamente poco tiempo así que el chico tendrá que hacerlo bien si pretende quedarse más tiempo.

Recibo el beso con gusto pero justo cuando se está yendo le sujeto la mano para traerla de nuevo hacia mí y darle uno más profundo, uno dulce, que dice "te amo" pese a que no hay más que silencio durante los segundos que dura - Gracias por darle una oportunidad - agradezco con una sonrisa y dejo que vaya a revisar la mugre que espero que Ken no haya dejado. Hay que darle un baño, eso es seguro, y no voy a ser yo quien lo haga.
Ivar Lackberg
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Don't make me call PETA - Amalie Lackberg IqWaPzg
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