The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Invitado
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Mis días en el hospital suceden tan a prisa que duran un sueño, uno inducido por las pócimas calmantes que me dan las enfermeras y otras que son recetadas por la sanadora que confirma algunos datos en mi historial. No es dolor físico lo que me retiene en este sitio de tránsito constante de pacientes en la semana posterior al atentado, sino una agonía más honda que lleva años echando raíces en mi interior. En las pesadillas que se suceden cuando vuelvo a casa al recibir el alta, el sonido de las explosiones que hacen estallar el ministerio se mezclan en mis recuerdos de la explosión que se llevó la vida de mis padres, esa misma sensación de pánico e impotencia que me arrastró a un llanto incansable en ambas ocasiones.

He perdido a Ivar en todas y cada una de esas pesadillas, que desperté con las mejillas mojadas de lágrimas en horas de la madrugada y por el cansancio he dormido durante las horas de sol, mis ojos tan enrojecidos que me dolían al enfrentarse a la luz que se filtraba entre las cortinas. La mesa de luz se abarrotó de frascos y filtros que fueron vacíandose, que para cuando voy al hospital al recibir la noticia de que Ivar fue rescatado, antes de ir a verlo, paso por el consultorio de un viejo conocido para golpear tímidamente la puerta de su consultorio. -¿Estás ocupado, James?- pregunto, entreabriendo un poco la puerta para que pueda ver mi rostro, por demacrado que se vea en estos días, creo que podrá reconocer y es que me volví más habitual de lo que me gustaría reconocer entre mis colegas del ministerio, a las visitas médicas por enfermedades que han surgido de mi imaginación como expresión de otras cosas que tampoco podría admitir.

Una vez traté de ir a sesiones con un psicomago, abandoné a la primera porque no estaba lista a asumir ciertas verdades, y creo que tampoco lo estoy en este momento, pero necesito de una conversación que relaje mis nervios lo suficiente para no ir a la habitación donde tienen a Ivar y romperme ante esa visión. La visión de esa morena quemada por mi varita es un fantasma al que todavía cierro los ojos, puedo engañarme con la fantasía de que eso no ocurrió, así como negar muchas otras cosas que pasaron esa noche. Pero, ¿en qué me deja eso? Si cuando vea a mi marido no haré más que golpearme con esos recuerdos, con la realidad de haberlo perdido.
Anonymous
Invitado
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Agotador. Esa es la palabra para definir mi trabajo en los últimos días, o incluso en las últimas semanas. Ha sido realmente agotador. Primero parecía que la gente se había puesto de acuerdo para ponerse enferma —aunque sea obvio que no es así—, luego ocurrió la explosión y hubo un montón de personas hospitalizadas, varias de ellas en estado bastante grave; y, para terminar, llegaron dos rehenes con varias heridas y en estado de desnutrición. Recuerdo que en ese momento había mucha gente en urgencias y había tenido que ir a ayudar, pero luego las cosas se han ido calmando.

Sin embargo, aún estoy cansado. No he podido dormir bien estos días, como me sucedía durante las prácticas universitarias, cuando estudiaba Medicina muggle. Entonces era porque además tenía otras preocupaciones… ahora también las tengo, aunque sean diferentes.

Ahora mismo, como no tengo pacientes programados, pero mi turno no acaba hasta dentro de quince minutos, estoy sentado en mi despacho, dormitando sobre mi puño, cuando oigo una voz muy conocida que me espabila un poco y me hace enderezarme y mirar hacia la puerta. En cuanto la veo, sonrío y me pongo de pie. Su rostro no invita a sonreír, pues luce los estragos de la depresión y la preocupación, pero lo menos que una persona así necesita es una cara larga.

¡Querida! —exclamo, esquivando el escritorio, acercándome a ella y tomando sus brazos suavemente— ¿Ya has ido a ver a tu marido? Seguro que tiene muchas ganas de verte. —Me siento mal por ella. Como si no hubiese tenido suficientes traumas en su vida, ahora también ha tenido que pasar por el secuestro de su esposo.
Anonymous
Invitado
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Muevo mi cabeza de un lado al otro en respuesta negativa a su pregunta, me cuesta encontrar mi voz para admitir lo cobarde que puedo ser, que ni siquiera voy a ver a mi marido sabiendo que está a salvo, después de pasar días de martirio por su ausencia y el miedo real de perderlo. Está a unas pocas puertas en este hospital para que pueda ir a comprobar con mis propios ojos que está aquí, que ha regresado. No sé cuáles serán sus intenciones luego de lo ocurrido en el festival, si es que pretende decirme que sigue en oposición al gobierno tras haber pasado por el ataque violento de una rebelde que casi le cobró la vida. Estos no son los dramas que pueda contarle a James, él se ocupa de otros, más personales y más distantes en el tiempo para mí.

No me siento capaz de ir a verlo… sin echar a perder el momento con reclamos o con paranoias mías— admito, deshaciéndome en la silla que está frente a su escritorio, porque necesito de un soporte en el que apoyarme al rendirme y perder mis fuerzas. —Tengo tantos fantasmas dando vueltas en mi mente, que me asalta el miedo y si bien me muero de ganas de abrazar a Ivar con todas mis fuerzas, temo reaccionar apartándolo. Culparlo de lo que ha sucedido, cuando sé que no fue así— hablo de manera acelerada, tanto que tengo que hacer una pausa para encontrar un poco de aire y dejo caer mis manos sobre las rodillas en una actitud de derrota. —He visto mi casa destruirse una primera vez, a mi familia romperse. Con él he vivido una situación tan similar, con sus mentiras, con sus errores, con sus malas decisiones…— sueno tan acusadora, hasta que reconozco mi propia culpa. —Y también las mías. No sé cómo podríamos recomenzar después de esto. ¿Cómo se hace para construir algo nuevo cuando se carga con un pasado de tanto miedo y no se ha hecho otra cosa que tomar decisiones que fueron estropeando todo lo bueno?— pregunto.
Anonymous
Invitado
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Ella enseguida responde a mi pregunta y su contestación hace que incline mi cabeza levemente hacia un lado, fruto de la confusión. No comprendo por qué no ha ido a verlo. De haber sido mi esposo, habría corrido a verlo antes siquiera de que me lo permitiesen los sanitarios. Luego habría esperado a que me diesen permiso, pero yo habría estado allí desde el principio. Además, Amalie ha estado muy preocupada por Ivar durante el tiempo que estuvo secuestrado, así que no entiendo por qué no ha ido a verlo.

Y no quiero ser cotilla, pero estoy suponiendo que, como otras veces, ha venido a pedirme consejo, ayuda o desahogarse, así que tendré que saber qué es lo que ocurre para poder echarle una mano. De todos modos, al final no tengo que preguntarle nada, porque ella misma me explica el motivo de su negativa a ir antes a visitar a su pareja. No obstante, me deja muy sorprendido la respuesta. ¿Reclamos? ¿Cómo se le ocurriría reclamarle cosas a un hombre que no ha muerto de milagro?

Entonces lo que debes hacer es un proceso interno de concienciación, Amalie, porque si crees que vas a reclamarle cosas a sabiendas de que no es culpable de ellas es porque tienes algún serio problema de rabia contenida. O eso creo. Estás guardando frustración y rabia y piensas que las vas a pagar con alguien inocente. No soy psicólogo, ya sabes que intento ayudar lo mejor que puedo. Tal vez para mí es demasiado fácil porque puedo intentar ponerme en tu lugar, pero no soy tú, pero sólo tienes que ir, decirle que te alegras de que esté de vuelta, que le quieres, y darle un abrazo. Si no te sale darle un abrazo… no lo hagas. Aunque tampoco pasaría nada, porque estaba muy malherido cuando llegó y una sacudida o gestos muy aprisionadores podrían causarle dolor aún —respiro hondo y le agarro suavemente las manos, para infundirle calidez, confianza, sonriéndole de forma cándida para transmitirle calma—. Las cosas rotas se pueden reparar con un hechizo, las relaciones rotas no siempre se pueden arreglar, pero es cuestión de esas personas hacerlo posible o no. Tú tienes que decidir qué es más importante: recomenzar para reunir a tu familia y tener una vida más tranquila o bien… seguir guardando rencor de por vida y hacerte daño a ti misma en primer lugar, y a los demás en segundo lugar. No quiero sonar como si te presionara, ya sabes que decidas lo que decidas estaré contigo para ayudarte en el proceso lo mejor que pueda.
Anonymous
Invitado
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Temo reprocharle cosas del presente, que mucho tienen que ver con el pasado. Culparle de lo que sucedió con los rebeldes, de haber asesinado a una mujer por defenderlo, a él…— hago una recapitulación de mis sentimientos para trabajar esa rabia que me señala James, la que se enreda como una serpiente maliciosa en mi interior, años de estar anidando en mí. —Él hombre que amaba, que me fue infiel, que no me amó como lo amaba yo. Con quien quería formar una familia, y lo que hizo fue formar otra, otro hogar…— cuando lo pongo en palabras, me pregunto cómo este hombre pudo decirme que al final de todo, era a mí a quien amaba. Siento que me faltan fragmentos de la historia para comprenderla, razones que me expliquen por qué yo misma persistí en este sentimiento de amarlo tan fuerte, cuando me sobraban motivos para que no fuera así. —Él me dijo que podríamos intentar arreglarlo si volvíamos a casa…— recuerdo o creo recordar, tal vez es otro engaño de mi mente, otra mentira que me conté para decirme que no estaba del todo errada al aferrarme a lo que teníamos. Y que puedo tomar como esa intención de la que hablaba James para procurar reparar en nuestra relación.

No obstante, es al decirlo que noto lo destructivo que se ha tornado esto, primero para mí, también para las personas que me rodean. Me asusta a veces la manera en la que creo amar a Ivar, con un constante «a pesar de», que es mi promesa para permanecer a su lado, como si se tratara de cargar en mí más de lo que es sano para mi mente que ha llegado a quebrantarse, para mi espíritu que flaquea. Si el amor que digo sentir por sentir por él está corrompido de resentimiento y dudo de que se pueda amar así, de que podamos arreglar lo que sea. Cierro mis párpados con pesadez al sentir la presión cálida de las manos de James sujetando las mías, presiento el llanto que no llega a mojar mis pestañas y lo que hago es suspirar.

Buscaré un psicomago— decido, decirlo en palabras ayuda a suene como una resolución. —No quiero guardar este rencor de por vida— siento que me está matando por dentro. Siento que no he fallado sólo en la manera de amar a la persona con quien prometí estar a través de un voto de matrimonio, sino mucho más importante que hizo y que debería haber puesto en primer lugar, si hubiera amado a mi hija de una manera mejor y no como si fuera otra pieza más que podría resquebrajarse por nada. —Tratar de arreglar las cosas con mi esposo y si no se puede…— me duele, me duele muchísimo decirlo, —separarnos—. Inspiro profundamente para detener las lágrimas con una bocanada de aire. —Tal vez, de tanto que lo amé y de tanto que me resentí con él, lo mejor que podría haber hecho por ambos hubiera sido romper lo poco que quedaba— pienso en voz alta, reconozco para mí misma, más que para el sanador, que lo amé de la peor manera y es que olvidé que había otras. —Lo siento, James. Lamento esta charla tan depresiva…
Anonymous
Invitado
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La escucho con atención, es lo más importante cuando alguien se está desahogando contigo. No importa si no sabes qué aconsejarle, lo primordial es que se desahogue, a veces el mero hecho de que alguien te escuche ya es de ayuda. A veces sólo hace falta eso: soltarlo. En ocasiones, incluso se encuentra la solución con tan sólo verbalizar tus propios problemas y preocupaciones.

Eso sí, probablemente mi rostro haya sido una marea de emociones porque de lo que me cuenta no tenía ni idea, de nada absolutamente, y estoy alucinando con todo lo que oigo. Si tienen problemas es evidente que algo grave les pasa, pero jamás habría podido imaginarme algo como lo que me estaba contando. ¿Formar otra familia? ¿Asesinar…? ¿Qué dementores? Eso es horrible… de verdad que no tenía ni idea. Sin embargo, yo no soy quién para decirle que abandone la vida de sufrimiento que lleva y deje a su esposo. Además, eso de distanciarse es difícil teniendo en cuenta que podrían morir los dos en el proceso…

Querida… no tenía ni idea de por lo que estabas pasando —susurro, acariciando suavemente el dorso de una de sus manos—. Creo que ir a un psicomago es una buena idea, él sabrá mejor que yo cómo abordar todo este asunto. Estar siempre resentida sólo servirá para hacerte daño, tendrás que perdonar a Ivar o alejarte de él para siempre y hacer tu vida aparte. Sé que no es fácil tomar esas decisiones, si no te separaste de él antes es porque no es algo tan sencillo —intento reconfortarla, lo menos que debe es sentirse culpable por más cosas todavía—. No te preocupes por mí, querida, yo estoy aquí para poner un poquito de luz en la vida de los demás —digo con una sonrisa—. Sabes que puedes acudir a mí siempre que lo necesites. Quizá te venga bien tomar un té, y luego podemos ir a hablar con un psicomago que conozco y es muy bueno.
Anonymous
Invitado
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Poder hacer una vida aparte, si consigo tan sólo apartarme será un gran logro para lo que necesitaré toda mi fuerza de voluntad y el convencimiento pleno, firme, de que estaré haciendo lo mejor, pero ¿hacer una vida sin él? Tendré que descubrir la manera en que se pasan los días sin él, de hacer proyectos que no lo incluyan, aunque dejamos de hacer planes hace mucho. Se tratará de buscar la manera de aceptar la ausencia real de su cuerpo, que hasta ahora me acompañó con una presencia que no era tangible. Será despedir a alguien que se quedó en mi vida por años como si fuera un fantasma, o más bien, eso fui yo. Él era real, estaba viviendo. Era yo la que rondaba por su vida, imponiéndome sin estar realmente. Escondiendo el temblor que me sacude el alma, me pongo de pie y aparto la silla.

Gracias, James— murmuro con una sonrisa que se resquebraja, —Iré a ver primero a mi marido y cuando salga de allí, pasaré a buscar el nombre del psicomago que puedas recomendarme—. Necesito hablar con él una última vez con mi corazón en la mano, siendo franca en cómo me siento, antes de que alguien más me muestre cuáles son las respuestas acertadas y me diga lo que sé, que es momento de poner fin a lo que me está destruyendo. Y quiero usar la misma fuerza con la que me apoyo en el respaldo de la silla al sostenerme sobre mis piernas, para tomar la decisión correcta. Me mentalizo que eso es lo que haré. Seré capaz de mirar a Ivar y encontrar todas las respuestas que necesito en él, antes de buscar a alguien más —Gracias una vez más…— me despido del sanador, dejando un té pendiente para ambos, cuando podamos tener una charla diferente, cuando sea una mujer distinta a hoy si todo sale bien.
Anonymous
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