The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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2 participantes
Charlie P. Meyer
Septiembre

Ya habían interrumpido la transmisión en otras ocasiones, casi siempre para anuncios aburridos así que casi casi apago la tele aquella noche cuando salió el cartel. Por suerte no lo hice y al menos pude ver los primeros minutos de lo que estaba ocurriendo en el Capitolio antes de que mamá y papá vinieran a apagarme el televisor. Al menos sabía que Dave no estaba allí y era un consuelo, pero seguro muchos de mis compañeros sí. En realidad hasta yo podría haber estado allí pero algún ángel me obligó a intentar arreglar uno de los autos del taller el día anterior y destruirlo en el intento así que por mi castigo no me dejaron salir... Y mamá y papá se quedaron conmigo por miedo a que prenda fuego la casa así que mi travesura también los salvó a ellos.

Pasaron unos días ya y por las imágenes que pude captar supe que Meerah estuvo allí, así que le envié una carta lo antes que pude invitándola a mi casa a contar lo que fue su aventura. Hubo animales sueltos, rebeldes, explosiones... De seguro la pasó de maravilla, de una forma terrible, pero de maravilla ¡Quizás mis consejos para esquivar pelotas le sirvieron para esquivar hechizos! Sea lo que sea, espero que me lo cuente con lujo de detalle.

Para la ocasión preparé la habitación de Dave para que ella esté cómoda. Reemplacé su cama por unos cuántos puffs que traje de todas partes de la casa, llevé una mesa ratona para poner en el centro y preparé el mejor té de todos ¡Incluso cociné un pastel! Pero ese no podremos comerlo, se quemó todo, así que fui por unas medialunas a la panadería más cercana.

Escucho el timbre de la casa y pego un grito a mis padres para avisar que yo voy a atender, me encuentro con la rubia a quien rodeo en un abrazo sorprendiéndome a mi misma. Una cosa es saber que está bien, otra completamente distinta verla con mis propios ojos luego de todo lo que han dicho en la televisión - Eso quedará entre nosotras - advierto al separarme - Pasa, preparé té y cociné medialunas.
Charlie P. Meyer
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M. Meerah Powell
Fugitivo
Para empezar, me había extrañado muchísimo el recibir una carta y, si no fuese por la letra que adornaba el exterior del papel probablemente no lo hubiese abierto. Todavía pegaba saltitos cuando me llegaba alguna notificación al teléfono, o un nuevo correo a la computadora. Temía que el remitente de esos mensajes fuese mi madre y, a su vez, sentía una terrible decepción cuando no era ella la que trataba de contactarse conmigo. ¿Era normal esperar verla y aún así no querer saber nada más con ella?

No le doy más vueltas al asunto y me dispongo a leer el contenido de la carta. Creo que jamás había leído un mensaje que me hiciera rodar los ojos tantas veces, pero que a la vez tuviese tanto sentido. No se si puedo contar a Charlie como una amiga, pero siendo que ya no la llamaba por el apellido, y que me había ayudado más de lo que se hubiese imaginado… Le debía como mínimo el visitarla. No sabía si podría hablarle o contarle algo en particular, más aún si consideraba que ni el Dr. Watson había podido sacarme palabra alguna, pero al menos las ridiculeces de la otra rubia servirían para distraerme un poco. Así que utilizando el corrector de ojeras que había venido en el set de maquillaje que me había regalado Hero por mi cumpleaños, me arreglo lo suficiente como para que no se noten mis noches cargadas de pesadillas, y me traslado hasta la casa de Charlie.

Tengo que admitir que de todas las cosas que podía esperar al encontrarme cara a cara con la muchacha, un abrazo no era una de ellas; así que cuando me dice que eso quedará entre nosotros suelto un suspiro de alivio y me limito a asentir con la cabeza. - ¿Estás segura que son comestible? - Mis habilidades culinarias se limitaban a comidas que podían servir de almuerzo o de cena. Nunca había incursionado en la pastelería porque prefería ocupar mi tiempo en otras cosas, y si yo no tenía tiempo, ella con su energía infinita… - Lo siento, eso fue rudo de mi parte. ¿Cómo… cómo has estado? - Y por indicación de ella, la sigo puertas adentro.
M. Meerah Powell
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Invitado
Invitado
¿Alguien me puede explicar por qué mi dormitorio se transformó en un salón de té para niñas? Me paro todo lo alto que soy bajo el umbral de la puerta. Mi cara es un poema y no de los bonitos. Irrumpo en la habitación que hasta poco fue de mi absoluta propiedad, noto el vacío de la cama y de los trofeos de quidditch de la repisa, los guantes usados y la quaffle que siempre tenía a mano para jugar dentro de estas paredes. La repisa tiene ahora esferas de nieve, en las que se ven diminutos unicornios de distintos colores. —¿Qué han hecho con mis juguetes?— pregunto desesperado, sonando más como un niño de diez años que como un proyecto de adulto. No se trata solo de mis artículos de colección de quidditch, sino de los coches en miniatura y los muñecos de articulación. ¡Tengo que ir a rescatar a Woody! Ese muñeco a cuerda estuvo conmigo desde los seis años, fue protagonista de todas mis aventuras imaginarias. Siento que de tanto ausentarme, al final mis padres tomaron la decisión de meter todas mis cosas dentro de cajas de cartón y arrojarlas al ático.

Y yo que vine a casa lo más rápido que pude para ver cómo estaban y mostrarme vivo, después de que mi padre me enviara un patronus diciéndome que hiciera acto de presencia o él recorrería medio NeoPanem hasta encontrarme, para darme el sacudón que merezco. Mi paso por el loft fue rápido, me reporté con Jefferson y seguí de largo. Hay bastante gente en esos lares por estos días como para entretenerme por ahí, me bastó con una charla con el hombre para ordenar un par de cosas y que también me diera un necesario sacudón que me mandó sin escalas a casa. Según él, lo mejor que podría hacer estos días es quedarme con mi familia, sospecho que fue el mismo pensamiento que tuvo Kennedy, que al acercarse la noche de la festividad de Nimué me lanzó tras fantasmas que nunca encontré. ¿Me frustra un poco? Bastante. Lo que se es por lo que escuché, no tuve el tiempo como para sentarme a mirar los videos que me copió Jeff y ni siquiera tengo mi habitación como para hacerlo a puertas cerradas.

Ya hablaré con mamá y papá sobre esto, mientras tanto, recuperaré la mitad de mi cuarto. Dejo mi mochila sobre la alfombra para sacar la computadora y conectarla a la primera toma de corriente para recargar la batería, la necesito para poder empezar a echar un vistazo a las noticias y abrir después de tantas semanas mi cuenta en Wizardface donde circula mucha información basura, pero de vez en cuando hay algún video que sirve. Me robo una medialuna del plato y bajo saltando la escalera para encontrar a mi hermana en el recibidor sin tener que buscarla demasiado. —¡CHIP! ¿Qué demonios? ¿Por qué mi cuarto es ahora el palacio de la Princesa Unicornio?— pregunto, usando como se debe mi tono de hermano mayor. —Oh, disculpa... soy Dave— saludo a la niña que acompaña a Charlotte y debe ser alguien a quien quiere impresionar como para fingir que tiene modales de señorita. Le tiendo la mano con la que traía la medialuna, puede que me haya quedado algo de dulce impregnado a la piel. —¿Y tú eres…?— espero a que se presente a sí misma.
Anonymous
Charlie P. Meyer
Por suerte no se topó con ningún dementor, el pobre se habría muerto de hambre con ésta chica ¡¿Cómo que si están comestibles?! Ruedo los ojos y no respondo nada pues jamás ofrecería algo incomible, por eso me tomé la molestia de ir hasta la panadería a comprar las medialunas... Estos niños de ahora ya no saben apreciar el trabajo que hace una ¿Qué me dirá después? ¿Que el té tiene demasiada azúcar? ¡Lo lamento! Pero no hay ningún StarWands de donde pueda comprar algo mejor a muy alto precio.

- La próxima entrenaremos tus modales - le reprocho aunque sin sonar enfadada ni nada por el estilo - Aburrida, me castigaron hace días y ahora tampoco me dejan salir... por otras razones - pero ella no tuvo problemas en venir hasta el distrito 6 desde su casa y es un blanco mucho más atractivo para los rebeldes que yo.

Justo cuando cierro la puerta detrás de ella llega mi hermano mayor a quien no veo desde antes del atentado. Mi primer impulso es abrazarlo como he hecho con Meerah pero su tono hace que de un paso atrás y me cruce de brazos. Él no está nunca ¿Por qué le molesta lo que haga o no haga con su habitación? - Porque invité a la princesa unicornio a venir y quería que esté cómoda ¡Duh! - respondo haciendo un movimiento con la cabeza. La alternativa era remodelar mi cuarto y eso no va a pasar, Dave tenía las cosas más ordenadas que yo así que era más sencillo.

- Ella es Meerah - me ahorro el detalle de su apellido - Una compañera de la escuela que la ha pasado mal estos días - me apresuro a agregar antes de que haya cualquier pregunta fuera de lugar. Esas ya las haré yo y no podemos atacarla desde dos flancos diferentes - Meerah, él es mi hermano mayor Dave. No te puedes enamorar de él así que ni siquiera lo pienses - advierto con un dedo en alto y la mirada más severa que tengo en mi repertorio - ¿Podemos ir al nuevo salón de té de la casa? Espero que no hayas comido las medialunas - agrego luego mirando a mi hermano aunque juzgando por las migas de la comisura de su labio, creo que ya es tarde.
Charlie P. Meyer
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M. Meerah Powell
Fugitivo
¿Entrenar mis modales? ¿Charlie Meyer quería entrenar mis modales? ¿En qué clase de mundo paralelo había caído? Claro, no había tenido el mejor comentario del mundo recién, pero mis modales seguían siendo impecables… O casi. Me limito a rodar los ojos cuando no me ve, solo para no refutar y demostrar lo contrario a lo que quería, y trato de no hacer ningún comentario sardónico cuando me dice que ha estado castigada. - ¿Castigada los últimos días antes del inicio de clase? - Incluso hasta para mí eso era otro nivel de crueldad. La niña debería haber hecho algo muy malo, o haber colmado demasiado la paciencia de sus padres.

¿Princesa unicornio? No me esperaba la aparición repentina del muchacho que aparece y si evito sonrojarme es sólo porque todavía no termino de procesar el término que utiliza. - ¿Perdón? ¿Qué yo qué? - No soy ninguna princesa unicornio. - Y luego del encuentro que había tenido con uno hace un par de días, tampoco es que me gustaran tanto. - Ni siquiera son tan lindos como parecen. - Siento la necesidad de aclarar, porque de verdad, de verdad no quería que me asocien a uno.

Extiendo la mano cuando Charlie me presenta, y evito hacer una mueca cuando noto que está un poco pegajosa. Sino fuese porque es lindo y tiene pinta de simpático… - Un gusto. - Contesto por cortesía, soltando el agarre y llevando mi mano al bolsillo para limpiarla con el pañuelo que allí tenía, de la manera más imperceptible posible. - ¿Pero qué?- ¿Quién había dicho nada de enamorarse? No, no y no. Que pensara que es lindo no significaba que fuese a enamorarme. Aún así, lo medito unos segundos y viendo que es un tema que al parecer le molesta en cierta medida, trato de armarme de valor y mostrarme confiada. - Es apusto. ¿Por qué no puedo pensarlo? - Y no digo nada más, porque no confío en mi propia capacidad de no volverme un charco de vergüenza en el mismo suelo. Deberían darme un premio por ser tan buena actriz. - ¿De verdad convertiste su cuarto en un salón de té? ¿Es por eso que te castigaron? - Esta vez si logro desvíar la mirada a ¿Dave, era? - Podemos ir a otro lado, no tienes que dejarnos tu habitación. - No quería que la muchacha se aprovechase de su hermano, aunque no tenía idea de si eso era una actitud normal en ellos o no.
M. Meerah Powell
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Invitado
Invitado
Con mi mirada recorro desde las suelas de sus zapatos hasta el último cabello rubio bien peinado de la niña extraña que está en el recibidor. —No, no parece una princesa unicornio…— decido con una media sonrisa, dándole la razón a ésta. —No tiene un cuerno con flores en la frente ni su piel brilla con purpurina— acoto, como si fuera todo un experto en la materia, cuando lo poco que sé es por algunas caricaturas que tuve que mirar de adolescente y Chip era una niña en pañales que no podía elegir su propia programación. —A menos que se lo cubra con maquillaje…— finjo examinar la piel de la niña acercándome un poco cuando tomo de su mano, y la intervención de mi hermana me hace rodar los ojos.

Chip, es de mala educación que presentes a una persona que puede hacerlo con su propia voz— lo digo para picarla, en especial por su comentario siguiente al que respondería limitándome a poner los ojos en blanco porque sé que hay un par de chicas del Royal que le han preguntado por mí, como bien me lo dicen por Wizardface, y ella no abre la boca para contarme nada al respecto. Pero la contestación de Meerah me saca mi primera sonrisa auténtica hacia ella y me da material para alargar la broma. —Tu amiga me cae bien—. Miro de costado hacia Charlie y devuelvo mi entera atención a la otra niña, sabiendo que sacará de quicio a la primera. —Tú también eres bonita. ¿Cuántos años tienes?—. Parece un poco más grande que mi hermana, pero todavía muy por debajo de la línea de lo legal.

No soy tan malo como juego a serlo con Charlie, y el que haya remodelado mi cuarto para recibir a una amiga no me molesta tanto como aparento, entre hermanos aprendimos a dejar correr rápido los enojos. —Ni siquiera te preocupes por eso— le quito importancia barriendo el aire con mi mano y me encojo de hombros en absoluta resignación. —Estaré ocupando una esquina mientras ustedes conversan y seguiré robando algunas medialunas— digo, retomando el camino hacia arriba por las escaleras. Al cabo de tres escalones miro por encima de mi hombro. —¿Vienen?— pregunto. —Si no se dan prisa, no quiero quejas de que las medialunas se hayan acabado— les advierto. Subo el resto de los peldaños con los saltos que mis piernas me permiten y entro a la habitación para asaltar el plato y cargarme las manos con tres medialunas más, antes de echarme en el rincón donde dejé mi laptop cargando, como el perro vagabundo que ahora soy en mi casa. Recargo mi cabeza contra la pared al morder una de las medialunas y queda flotando en el aire las palabras de Charlie de que Meerah no lo había pasado bien en estos días, al parecer es un sentimiento generalizado.
Anonymous
Charlie P. Meyer
Me encojo de hombros ante su pregunta retórica pues en realidad no puedo quejarme de ese castigo, ha quedado en claro que ha sido para mejor. Aunque quizás sí fue un poco exagerado, ya soy casi una profesional en el arte de armar autos ¿No? Tuve mi bautismo y todo... Pero con cumplir los 12 no alcanza para conseguir todo el talento de una, creo que me limitaré a conducir y no a construir ¡Deshonra! No podré seguir con el negocio familiar, aunque mamá corría antes.

Me pongo una mano en la cadera y muevo mis ojos por toda la habitación antes de depositarlos en ella cuando dice que no es una princesa unicornio ¿Qué es entonces? Definitivamente no es la princesa de los deportes, ni la princesa de la agilidad, pero no lo digo en voz alta pues no quiero hacerla quedar mal en frente de Dave, pese a que el idiota no me ayuda - Quizás tienes razón hermano, no se parece para nada a los de tu habitación... Gracias por ahorrarme esa parte de la decoración, por cierto - bromeo con una sonrisa exagerada.

Respiro profundo y abro grande los ojos pues esto se me está yendo completamente de las manos y no me gusta para nada, ni siquiera de chiste ¡No, señor! - No puede gustarte porque aún no estás lista para ésta familia, tienes que seguir practicando - comienzo con el mismo dedo en alto y luego me vuelvo hacia el mayor - Y tu no durarías ni dos días en la cárcel... Básicamente por eso - explico y doy el tema por terminado con ambas manos en el aire ¡Iug! ¿Cómo me saco la imagen mental ahora?

- ¿Castigarme por cambiar su habitación? - pregunto luego con una sonrisa - Creo que por eso me felicitarían... No, me castigaron por casi hacer explotar el taller - exagero un poco y sin decir más sigo los pasos de Dave saltando por los escalones tal y como él lo ha hecho, me cuesta un poco ya que mis piernas son mucho más cortas que las suyas pero lo logro al final.

Al entrar en la habitación veo como el plato de medialunas tiene la mitad de las que tenía en un principio así que le tiro un peluche por la cabeza antes de que entre Meerah y luego de eso le ofrezco el lugar que da frente a Dave. Yo me quedaré más cerca suyo para así proteger lo que nos queda de alimento - Bueno... Quiero escucharlo todo, con lujo de detalle. Estuve encerrada así que necesito vivir a través de ti esa aventura - pido y mi voz suena más entusiasmada de lo que debería - ¿Té con azúcar?
Charlie P. Meyer
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M. Meerah Powell
Fugitivo
No puedo seguir del todo la conversación cuando siguen insistiendo, o tratan de dejar de insistir con lo de la princesa unicornio. No sabía si debía tomármelo a chiste o no, pero decidiendo que no son comentarios maliciosos, anoto mentalmente el diseñar una diadema con un cuerno o algo similar que usaría la próxima vez que viniese aquí. Sería un desafío combinar ese accesorio con el resto de mi ropa, pero lo tomaba como un desafío a sabiendas de que prácticamente todo me quedaba bien si elegía los colores y los cortes correctos de ropa.

Me sonrojo involuntariamente ante el comentario de que soy bonita porque aunque lo sé, es la primera vez que me lo dice alguien que no pertenece a mi círculo cercano. - Tengo trece y, si no fuera por el comentario de Princesa Unicornio probablemente me caerías mejor que tu hermana. - Y es en ese instante en que reparo en mi error de insinuar que Charlie me cae bien pero… a estas alturas ya era más que obvio si había elegido venir a su casa a sabiendas de la intensidad de la rubia. - Tengo cuatro años para practicar. ¿No crees que es tiempo suficiente? Así tu hermano no irá a la cárcel. - Contesto aparentando toda la inocencia que soy capaz de canalizar. No es mucha, pero creo que a fin de cuentas, eso es lo que hace más creíble la broma.

Cierro la marcha en lo que sigo a los otros dos escaleras arriba, aunque me detengo en seco cuando confiesa su travesura. - ¿Cómo hace uno para “casi” hacer explotar algo? - Y como me estoy quedando atrás, pego una mini corrida que casi termina con mi cara teniendo un encuentro cercano del primer tipo con el piso. Me salvo gracias a que alguien ha inventando las barandas en las escaleras y a que últimamente mis reflejos son mucho mejor de lo que eran antes.

Tomo asiento cuando me lo indica y hago una mueca que es casi una risa contenida cuando noto que su hermano realmente ha ocupado un rincón en la habitación. - Mi padre me ha dado permiso de redecorar mi habitación, pero aún así no he actuado con tanta rapidez como tú. Casi que estoy tentada en peddirte ayuda… casi. - No lo haré, aunque la idea resulta tentadora. No es que Hans no me aprecie, pero me gustaría ver que cara pone luego de conocerla, cuando le diga que podría haberle tocado una hija como Charlie. - Azucar por favor. - Asiento con la cabeza y tomo una servilleta antes de extenderla y colocarla sobre mi regazo. - Y no sé que quieras que te cuente. ¿No se vió todo por televisión? - Tenía entendido que sí, aunque me había negado a ver las grabaciones todavía.
M. Meerah Powell
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Invitado
Invitado
Cuatro años para mí también es un plazo razonable, podremos trabajar en eso de caerte mejor que Charlie — tengo que decirlo, porque no hice el comentario con afán de ofenderla. No sé si es por lo de Princesa porque tengo entendido que hay chicas que sienten esto como despectivo, conozco a una chica que me rompería la nariz si la llamo así, pero es la misma que me daría un golpe en el estómago si la llamo Unicornio. Solo trataba de ser simpático con la amiga de Charlie, no es tan niña, pero tampoco tan grande como para alejarse de la magia de ser tratada como parte de una realeza. —Y mientras tanto estarás cerca de la legalidad, tengo mucho cuidado con eso. ¿Te ha contado Charlie que soy abogado? No es que esté tratando de impresionar… o tal vez sí— bromeo, y si no me río con esto, lo hago al saber que la última travesura de mi hermana fue casi hacer un caos en el taller. ¿Qué eso no sucedió también el verano pasado? ¿O fue el anterior?

Pero hablar de explosiones en sí, me incomoda un poco, con todo lo que ha sucedió y si puedo interpretar el comentario desde mi esquina en la habitación, al parecer su amiga estuvo en ese lugar. Mi mirada se centra en ellas, no logro disimular este gesto, estoy pendiente de lo que la otra niña pueda contar y posterga el relato con una pregunta. Hablo antes de que lo haga Charlie, a quien espero que mis padres hayan mandado a dormir al alargarse la transmisión en vivo, yo tengo las que están en crudo y tengo asumido que veré más violencia de la que ha pasado en años en la televisión. —¿Estuviste ahí?—. Me muevo para quedar más cerca de su mesa de té, hago a un lado la laptop. —¿Estabas con tu familia? ¿Pudiste protegerte?— me preocupo. Se me disparan mil alarmas de que como ella, hayan estado otros de los chicos de una edad similar a la de mi hermana.
Anonymous
Charlie P. Meyer
- No ejerce - le quito todo el mérito a mi hermano por su título y luego le regalo la sonrisa más inocente que tengo. En realidad lo admiro muuuuy en secreto por haber conseguido eso, la mayoría del tiempo es estúpido pero si logró eso es porque solo simula serlo... Ojalá yo fuese tan inteligente como él, mis notas no están ni cerca de conseguir un lugar en los estudios superiores - Su amigo Locki trabaja en el Wizengamot ¡Eso sí es ser abogado! - bromeo pues si él se va a poner en ese plan con mi amiga yo lo haré con el suyo. ¿Amiga? Ouch.

Se me escapa una risa cuando pregunta como alguien puede "casi" explotar algo pues eso abunda mucho en esta casa. Los Meyers tenemos muchos talentos, uno es casi cocinar, otro es casi terminar una charla sin meter la pata... Podría decirse que somos los reyes de los casi y estoy muy orgullosa de eso pues nos hace caminar sobre una línea que algunos ni siquiera logran ver - Eso es prueba de que no estás lista para esta familia - sigo con la broma. De verdad, no puedo imaginarla siquiera un día aquí, no sobreviviría.

Sirvo el té y se lo entrego sin decir una sola palabra cuando dice que está casi tentada a invitarme a redecorar su habitación. No quiero hacerlo, no hace falta ser una genia para darse cuenta de que tenemos gustos muy distintos y es su habitación así que ella tendría la última palabra en todo, demasiado frustrante para mí - Casi, vas mejorando - respondo en cambio desviando el asunto hacia la conversación pasada.

-Mis papás no me dejaron ver, solo vi el principio - respondo con una mueca - Presta atención, Dave ¡Claro que estuvo ahí! - respondo a mi hermano girando todo mi cuerpo para poder verlo - Discúlpalo, continúa.
Charlie P. Meyer
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M. Meerah Powell
Fugitivo
Tengo que apretar los labios con fuerza cuando tratan de usar la abogacía como una carta que debería impresionarme cuando, a decir verdad, dudaba mucho que eso tuviese algún tipo de efecto en mí desde hace meses. - No es por desmerecer a nadie, pero creo que este es el momento adecuado para decir que mi padre es Hans Powell. - Quién, sin importar que ahora no ejerciera como tal, en mis libros es el mejor abogado que podría haber. - Cambié mi apellido y todo.- Lo aclaro, porque si bien no compartiríamos casi ninguna clase por la diferencia de cursos, sería raro escuchar “Powell, Meerah” en lugar del Niniadis. Incluso yo tenía momentos en los que no me acostumbraba. - Aunque claro, que seas abogado servirá para que, cuando en cuatro años tenga que presentarte a mi padre, él no ponga demasiados reparos con la diferencia de edad. - Y no, creo que mientras que siga manteniendo algún tipo de relación con Charlie, siempre buscaría alguna manera de sacar a relucir esa broma.

Me centro en tomar el té mientras hablan, sin saber hasta qué punto debía, o siquiera podía contar los hechos de esa noche. - Mmmm… No sé qué decir. Sí estuve ahí, junto con toda mi familia, y… No sé si protegerme sea la mejor palabra pero, supongo que sí. ¿Estoy aquí no? - Había sido terriblemente afortunada, ya que desde el vamos, había estado en primera fila cuando el edificio se había venido abajo. - A ver… resumen: El edificio explotó cuando estaba junto con mi tía, me atacó un unicornio al que logré desmayar, me enfrenté a dos acromántulas diferentes (y creo que eso curó cualquier tipo de aracnofobia que pudiese tener), y peleamos contra uno de los rebeldes capturados. - Largo todo casi sin respirar, generalizando lo más que puedo y sin entrar en ningún tipo de detalles. - Aunque pelear es un término muy amplio, pude protegerme. - Y lavarle la cara al roñoso, pero eso no era algo que deberían saber. - ¿Ya quedas contenta con eso? - No sabía que más decirle ya que, mi madre era un tema del que no quería hablar, y mi padre ya se encontraba fuera del hospital. Fin. No había mucho más que charlar sobre esa noche. ¿verdad?
M. Meerah Powell
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Invitado
Invitado
Empujo hacia atrás a mi hermana con mi dedo índice en su frente por usar a Locki en una comparación horrorosa a mi pobre mérito como abogado, y sí, que ponga el nombre de Hans Powell en esta balanza de títulos me coloca como mucho menos que el cadete que hace los recados, soy un vago de poca monta si tenemos al ministro de Justicia como vara para medir logros. —Puedo ser un abogado con traje y salario decente dentro de cuatro años, quien sabe, el tío Dorian podría hacerme socio de su bufete— miro a Chip con aire de suficiencia. —Y entonces seré un partido considerable para la mismísima reina de Broceliande— hincho mi pecho de falso orgullo. ¿Quién necesita destacar en el tribunal del ministerio? Podría hacerme mi propia reputación. Claro, sí en realidad tuviera intención de ello, pero… no. Como broma sirve, como una realidad posible me da escalofrío.

Me pica, sin embargo, que mi hermanita me humille delante de sus amigas. —Isi si is sir in abiguidi— murmuro entre dientes al subir por la escalera, lo suficientemente alto como para que ambas me escuchen a la distancia en la que están por entretenerse conversando, mientras yo me apresuro en llegar a la planta alta para robarme una medialuna más y luego echarme en mi rincón a esperar que ellas se acomoden en su reunión del té, en el cual me entrometo como invitado indeseado. Chip me manda a callar con su tonito de autoridad por culpa de mis preguntas de respuestas evidentes. Lo que cuenta la otra chica me deja de cara, me cuesta asimilar que todo eso pudo pasarle una noche y que esté aquí, bebiendo de una taza de porcelana con mi hermana. ¡Merlín! Sabía que todo explotó, ¿pero en qué tipo de lío una chica de su edad debe enfrentarse a dos acromántulas?

Me shockea un poco saber que un rebelde la atacó. Un rebelde… No puedo darle una cara, por esa esa negación a pensar que podría ser cualquiera de los repudiados que conozco, lo pienso como un anónimo del cual nunca sabré su identidad, y lo que va a pasar es que dentro de unas horas me pondré a mirar todos los videos, entonces el relato de Meerah tomará otro cariz. La miro en este momento, impactado. —Chip, no es educado que hagas este tipo de preguntas a tus invitados. ¿Por qué no hablan de otra cosa? Lo importante es que Meerah está bien— le lanzo una mirada de advertencia a mi hermana, creo que ambos podemos hacernos una idea de que los recuerdos de esa noche no son bonitos como para hacer una anécdota de ellos. —Y que se ha ganado el título de la más valiente de todo el condado, más valiente que una tal Charlotte Meyer inclusive— bromeo y manoteo otra medialuna.
Anonymous
Charlie P. Meyer
Abro los ojos como platos cuando me entero que Meerah es una Powell ahora. En realidad no veo por qué se cambiaría el apellido de la mismísima ministra de la magia pero supongo que ella debe tener sus dramas familiares y ni de chiste pregunto por eso, es entrar en un nivel personal de conversación para el cuál no estoy preparada, ni Dave, ni mamá, ni papá - ¿En serio obligarías al tío Dodo a tener que perdonarte todas tus metidas de pata? - pregunto cruzándome de brazos. El hombre no puede decirnos que no a nada y creo que hasta a mí me aceptaría de pedírselo... Aunque claro que no estudiaré leyes como ellos.

Escucho el relato de Meerah con atención, aunque luego de dos palabras tengo que llevarme una media luna a la boca para calmar la ansiedad que la secuencia de imágenes que se va formando en mi cabeza genera. Puedo verla peleando con un unicornio, luego con arañas gigantes ¿Esas hablan, no? Me pregunto qué le habrán dicho... Y que haya peleado con un rebelde es otro nivel, de seguro son peligrosos aunque no comprendo por qué podrían atacar a una niña como ella. Quizás porque sabían su apellido... Tal vez no fue tan mala idea cambiárselo.

- ¡¿Cómo vamos a hablar de otra cosa si la invité para hablar de eso?! -
exclamo mirando a Dave sin poder creérmelo. Aunque debo conceder que tiene razón, no debe ser bonito para ella revivir todo lo ocurrido así que mi pregunta sobre qué le dijeron las acromántulas tendrá que esperar unas semanas, para cuando todo el factor emocional esté bajo control - Nadie es más valiente que yo, pero sí, te aplaudo - agrego luego juntando mis palmas sin hacer ruido, tampoco quiero exagerar.

- Bien, pero hablaremos de cosas de chicas así que te me retiras
- pido a mi hermano y hago fuerza para levantarlo de su lugar, sin éxito** ¡Es enorme! - Te pido amablemente que te retires voluntariamente, hermano - pido luego con una sonrisa y señalo la puerta.

fallo
Charlie P. Meyer
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