The Mighty Fall
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OTOÑO de 247221 de Septiembre — 20 de Diciembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Julio

Hace mucho que no tenía un día tan improductivo en el trabajo, pero no por entregarme al ocio o no tener nada que hacer, sino porque mi mente estaba en un sitio completamente distinto, analizando datos vagos y sin verdadera información a la que  aferrarme. Más bien son múltiples preocupaciones, me siento completamente desconcertado, como un pez en medio del desierto intentando hacer algo para ayudar a los demás... Quizás sea hora de aceptar que en realidad no puedo hacer nada de momento, pero antes debo hacer una llamada, solo para estar seguro de que mi hora no ha llegado.

Recorro la casa de pies a cabeza para asegurarme de que nadie esté aquí, ni siquiera Sami así que asumo que habrá salido con Synnove. Solo cuando estoy seguro saco el teléfono y marco a un contacto que tengo en el distrito 12, me ha ayudado en el pasado a conseguir un par de cosas y espero que tenga alguna noticia que requiera de mi aporte. ¿Acaso soy un idiota por querer lanzarme al problema en lugar de huir de él como todos? Es solo que le debo demasiado al mundo como para dejarlo arder y mirar hacia otro lado.

- Hola Lorenzo - saludo con voz seria mientras camino de un lado a otro - Es para... sí, sobre eso - agrego y no hace falta que diga mucho más. El hombre comienza su relato de lo que cree que está ocurriendo y me insiste en varias ocasiones que me quede en casa pues hacer algo ahora sería estúpido - No quiero salvar a gente muerta, Lorenzo, no seas pesimista - interrumpo pero de nada sirve pues a éste hombre una vez que le han dicho "hola" es difícil que deje de hablar.

Paso varios minutos escuchando y mirando al techo hasta que pone punto final al asunto y puedo responder - Escucha, no me gusta para nada quedarme aquí sentado y fingir que soy un lamebotas del minist... - pero una vez más soy interrumpido- ¡Me cago en el ministerio! Llevo años allí, ya es hora de poner un freno, Lorenzo - y dicho ésto corto el teléfono. Nada productivo ha salido, pero al menos he sacado la frustración del pecho.
Ivar Lackberg
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Good lie - Amalie Lackberg IqWaPzg
Invitado
Invitado
Mis manos tiemblan tanto que me sostengo del borde del lavado para conseguir que se queden quietas, mi cuerpo también necesita un poco de estabilidad. Una gota de agua cae de mi mentón y levanto el rostro para chocar con la mirada quebrada del espejo. Se repite en mi mente, una y otra vez, el episodio en el laboratorio. Un descuido que pasó a ser un error redujo mi investigación a su inicio, la sugerencia de que le cediera la tarea a alguién más, quizá alguien más joven, con ideas nuevas y no atrapado en sus patrones como yo. Estuve todas las horas que me restaron en la tarde revisando informes hasta dar con el causante del error. Nada de esto supuso un daño mayor, fue un error más de los muchos que quedan registrados en los experimentos que hacemos, el problema es que no estoy en una edad que pueda ser tolerante con mis propias prácticas cuando hace décadas dejé de ser una pasante.

Bebo del agua de la canilla y espero, con los ojos cerrados, a que las pastillas empiecen a hacer su efecto. Me siento en la orilla de la bañera un tiempo que pudo haber durado quince minutos o dos horas, la casa esta silenciosa con la ausencia de Sami y Synnove. Y la presencia muda de Ivar, que también es bueno en simular que no está en la casa. Con nuestro acuerdo tácito de evitarnos en el espacio delimitado de nuestro piso podemos vivir en esa ilusión de caminamos por dimensiones diferentes. Renuncié a la compañía de Sami para que pudiera seguir a Synnove, a quien no le negaría una salida con compañeros si me ha demostrado en estos años que es una hija responsable. Eso no quiere decir que confíe en otros y por su seguridad, Sami la estará escoltando a la distancia. Es nuestro esclavo, está obligado a seguir las órdenes caprichosas de una madre obsesiva. Synnove... me lastimaría el alma si algo llegara a pasarle...

Y no puedo permitir que nadie ponga en jaque la seguridad que este hogar brinda a Synnove, ni siquiera su padre. De camino a la cocina para alimentar mi estómago vacio y calmar el malestar, percibo el tono alterado de Ivar al hablar por teléfono, y puesto que él nunca me contará a que se debe esta reacción, me quedo inmóvil al lado de la puerta entreabierta. Por el espacio que queda, escucho y memorizo retazos de la conversación. Cuando corta la llamada, estoy de pie en el umbral con los brazos cruzados y una mirada dura. -No me importa qué, no harás nada estúpido que nos ponga en una mala situación con el ministerio- impongo con severidad. -Somos lo que somos gracias al ministerio, y todas tus adulaciones nunca serán suficiente para pagar lo que le debes a quienes te pusieron ahí.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Cuando termino la conversación y giro sobre mis talones para salir de la habitación, siento como se me para el corazón al ver a Amalie ahí parada, de brazos cruzados con una mirada que ya he visto antes pero ahora siento que sí la merezco. De repente siento frío y estoy seguro de que mi rostro está tan pálido como el de un fantasma. ¿Cuánto ha escuchado? ¿Cómo reaccionará a ésto? ¿Soy muy ingenuo por desear que comprenderá, se pondrá de mi lado y las peleas terminarán para pelear juntos por un misma causa? Todas las dudas se disipan segundos después cuando abre la boca.

Por supuesto que está del lado del ministerio, no todas las personas tiene doble cara como yo... Ella se ha mostrado así desde el principio y me enamoré a pesar de eso. Pero eso no es lo único que me duele, sino lo último que dice ¿Que estoy allí gracias a ellos? - Por favor, Amalie, tú me conociste cuando no era nadie y viviste en primera persona mi esfuerzo para llegar dónde estoy ¿De verdad crees que se los debo? - pregunto genuinamente ofendido. Bien podría haberme quedado en el distrito 4 oliendo a pez por el resto de mis días, pero no, mi ambición y ganas de progresar me llevaron más allá.

No sé que hacer o decir a continuación. Le debo una explicación, claramente, pero inventar una excusa estúpida sería subestimar su inteligencia... Creo que hemos llegado a un punto en el que inventar una mentira convincente es una tarea titánica pero aún así no me atrevo a hablar con la verdad, más sabiendo de que lado está en todo ésto ¿Terroristas en el distrito 14? Las historias que he escuchado del lugar son bastante diferentes.

- ¿Qué haz escuchado en las noticias? - pregunto rindiéndome ante el asunto. Será mejor tantear el terreno para ver cuánto sabe y lo que piensa al respecto para poder armar la mejor historia con la menor cantidad de información posible.
Ivar Lackberg
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Invitado
Invitado
Su impertinencia hacia el ministerio me ofende, necesitamos de una charla que le recuerde cómo son las cosas y cierro la puerta a mi espalda a pesar de que no hay nadie más en la casa, porque nada de lo que se diga en las paredes de este despacho puede salir de aquí. Comenzando por esa conversación telefónica que lo tiene con esta actitud reprobable. —¿De verdad crees que estás donde estás por exclusivo mérito?— lo interrogo, dando un paso hacia adelante y escrutándolo con la mirada. Se entrecierran mis ojos, de un azul más frío. —Ellos deciden a quién colocan dónde, sus puestos son muestras de confianza. Una confianza que debes saber mantener. Una lealtad que debes saber mantener— asevero, mi tono mucho más exigente. —Y si pierdes esa confianza, lo pierdes todo. Tu mérito serán papeles quemados.

Hemos pasado hace un par de décadas, la época de idealismo juvenil en la que se cree que la ambición puede llevarnos a donde sea. ¿En este océano lleno de ambiciones individuales? Hay hombres más jóvenes que Ivar, con sus mismas u otras habilidades, que están escalando rápidamente en la jerarquía del ministerio. Estamos en nuestros puestos cómodos, lo que habíamos querido alguna vez, el desafío en el presente es saber mantenernos en estas sillas. Nadie quiere entrar en un duelo con otras ambiciones, cuando hay un gran margen de derrota. Y nadie tampoco quiere perder la simpatía de los jefes superiores, porque todos tenemos al menos uno, con la única excepción de Jamie Niniadis en todo Neopanem. Somos parte de algo más grande, que siempre fue más grande que nosotros.

Escuche que el gobierno sigue siendo lo más fuerte en Neopanem, que están acabando con los focos rebeldes. ¿En serio este es el momento en que crees que puedes hacer un berrinche y oponerte al ministerio? Ellos siguen siendo los que ganan, Ivar. Siempre ganarán — aseguro con una fe ciega, con una vehemencia impropia en mí. No se habla de política en esta casa, en parte porque nunca hablamos. En parte porque toda mi vida dediqué a la ciencia, es la única cosa en la que creo y la hice mi religión. Pero si hablamos del ministerio, a ellos les debo mi trabajo y mis investigaciones, jamás haría algo que pueda quitarme esto. —No eches a perder lo poco que nos queda con una estupidez — le pido y me cuesta hacerlo.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Me muerdo el labio inferior y al final largo una carcajada exagerada al escuchar su intento de defensa. Vaya estúpidos por depositar su confianza en alguien que ha estado en su contra desde el principio - Los hice creer que podían confiar en mí ¿También crees que eso no es mérito propio? - pregunto sin apartar mis ojos de los suyos, estoy hablando de más pero no puedo evitarlo. Porque he hecho tan bien mi trabajo al punto de conseguir todas las cartas necesarias para jugar mi juego desde adentro, sin levantar sospechas - Lo único que me preocupa de perder su confianza está ocurriendo ahora mismo - aunque creo que Amalie no está en verdadero peligro, al parecer no tiene intenciones de compartir mi linea de pensamiento y cualquier legeremante podrá ver eso.

Creo que una parte de mí estaba conciente de lo que guarda el corazón de Amalie, pero escucharlo en voz alta me rompe el alma en mil pedazos. Estoy seguro de que un dementor no podría hacerme tanto daño - ¿De verdad tu motivación es quedarte del lado ganador? ¿Sin importar cuánta gente está sufriendo para que podamos darnos el lujo de vivir en pisos separados solo porque no podemos estar juntos? - pregunto acercándome a ella con un dedo en alto.

Esperaba una excusa un poco más humana, algo así como "El gobierno no nos miente, ellos tiene razón" "Los del 14 eran rebeldes que podrán en riesgo a las personas que queremos"... No, al parecer le importan un comino esas cosas - ¿Crees que tenemos poco? Hay esclavos muriendo en el mercado porque los guardias creen que es divertido apostar a ver quién sobrevive más sin comer. Hay niños hijos de muggles viviendo en condiciones terribles, sin cama, solos, solo porque nacieron con la sangre incorrecta en sus venas... ¿Te parece que un armario lleno de ropa y una familia a salvo es poco?
Ivar Lackberg
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Invitado
Invitado
En algún punto de nuestro matrimonio, dejamos de entendernos. Podíamos hablar horas del día, de la noche y también de la madrugada, confiándonos todos nuestros pensamientos, seguros de que el otro nos comprendía. Confesé muchos de mis miedos, de mis traumas, de mis esperanzas en esas charlas. Y ahora lo que sea que decimos se pierde en el aire, no logro saber a qué se refiere cuando dice que aquello que le preocupaba se está cumpliendo. Una vez creí saber cuáles eran las cosas que inquietaban su sueño, que hacían fruncir su ceño. Su semblante es indescifrable para mí, desconozco lo que pueda estar rondando sus pensamientos, y no sé si ha convertido o siempre fue un desconocido. Hubo partes de Ivar que siempre estuvieron en sombras para mí, pensé que las espantaría después de un tiempo, no que se escondería en estas con el transcurrir del tiempo.

Desafío a su acusación, al dedo que me señala como si fuera la villana en esta historia. —Sí, voy a quedarme del lado del ganador— afirmo, mi voz en un tono más elevado que el suyo, en una feroz determinación. —Porque se lo que es tener nada, y no voy a renunciar a todo por lo que trabajé en estos años por simpatía a personas que tomaron sus propias decisiones para estar en la ruina y en la clandestinidad— replico, apartando su índice juzgador con mi mano. No admitiré que se vista de falso honor para tratarme como una egoísta. Siempre pensé en él, en Synnove, en protegerlos y en proteger lo que teníamos. El egoísta fue él, que se puso por delante de todo lo que teníamos, que en su ascenso no pudo negarse a ciertas facilidades que le daba su posición y lo tomo todo a manos llenas, como si lo nuestro no fuera suficiente. Como si fuera poco. Y es quien me echa en cara que sea yo quien diga ahora que es poco.

»¿Sabes que creo de las personas que se lamentan por los males del mundo y son incapaces de cuidar lo bueno que tienen?— pregunto, mi voz se ha cargado de todo el resentimiento que envenena mis venas hace tiempo. —Son unos hipócritas— digo. —Eres un hipócrita que se preocupa por sus huérfanos, por el hambre y la pobreza de un mundo violento, que fue y siempre será violento— tiemblo al decirlo, me cuesta más de lo que creía mostrarle todo mi enojo. —Tu casa, tu familia, tu hija… reciben tu indiferencia. ¿Synnove te importa tan poco porque está a salvo? ¿Qué tiene que hacer para recibir tu atención: estar perdida o muriendo de hambre?— le reprocho. —No me critiques tan duro porque tenga prioridades diferentes a las tuyas, soy egoísta y lo reconozco. Pero en tu altruismo… también solo piensas en ti mismo— niego con un movimiento de mi mentón, en un acto impulsivo camino hacia él y sujeto su brazo por encima de su codo. La rabia en mi mirada se resquebraja. —Por favor, Ivar, déjalo.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
No puedo creerlo. No puedo creer que así sin más haya olvidado de dónde vengo yo también, lo que tuve que pasar para estar dónde estoy pues definitivamente yo también sé lo que es no tener absolutamente nada. Llegué a Neopanem solo, sin poder refugiarme en el rostro de ningún conocido, con miedo a quedar a merced del gobierno por solo tener mala suerte y sin saber qué quería hacer con mi vida. Justamente porque sé lo que es no tener nada quiero que los demás no pasen lo mismo ¿Es tan difícil de entender? - ¿Sus propias decisiones? ¿De verdad, Amalie? ¿Ahora uno elige ser mordido por un lobo? ¿Nacer con sangre de veela? ¿Hijo de muggles? ¿Sin magia? - la vida es una enorme lotería. Nuestra hija bien podría haber nacido como squib y nosotros no podríamos haber hecho nada para despertar su magia y que viva como una más que nosotros.

Me muerdo el labio inferior mientras continúa hablando y me odio a mi mismo por disfrutar del contacto de su mano sobre mi brazo. Eso es lo peor, lo más triste y que más me destruye... Pese a todas las cosas terribles que salen de su boca ahora mismo la sigo amando, es el gran amor de mi vida aunque se comporte como una perra sin corazón que lanzaría a un puñado de niños a los juegos solo para conservar su posición social. Debería apartarme pero no puedo, en cambio me acerco aún más buscando desesperadamente en sus ojos a esa Amalie que alguna vez sonreía, con la que tenía cosas en común y soñábamos juntos.

- ¿Cuál es tu excusa entonces? No veo que tu le des el cariño que se merece tampoco - respondo en un susurro. ¿Somos terribles padres? Lo somos. Pero al menos yo estuve haciendo un esfuerzo por acercarme a ella, compartimos tiempo en el orfanato y con la excusa de su futura carrera podré acercarme cada vez más fingiendo que solo es por lo profesional - Si me atrapan, lo primero que harán es interrogarlas a ustedes ¿Qué crees que harán con ella si descubren que estaba enterada de todo? No puedo permitir que le pase algo. Por eso me alejo, por eso tengo que fingir que no quiero pasar cada minuto de mi vida con ella... o contigo.
Ivar Lackberg
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El mundo dio un giro, cambiaron las posiciones y no voy a ceder la mía por una solidaridad que no comparto con Ivar. Los dos tenemos una edad para recordar cómo era la época en que la magia era un estigma, y yo lo sufrí con mi familia, todos ellos muggles que no comprendían lo diferente, lo extraña que era. Hay ganadores y perdedores en cada época, personas que estarán arriba, otras que estarán por debajo, es la manera en que el mundo sigue girando. Muevo mi cabeza de un lado al otro, en negación, no me importa si aquellos que dice que están excluidos son víctimas de las circunstancias de nacimiento o del azar, la vida nos da revanchas a todos y yo estoy tomando la mía, que ellos esperen la suya. —Yo no tengo tu vocación de querer salvar personas, Ivar. Nunca la tuve— mascullo. —Ellos no me interesan— sueno cruel, lo sé. Mi mirada es intensa al reafirmar: —Solo me interesa mi familia.

Me echa en cara así como lo hice yo también, la indiferencia a la que sometimos a nuestra hija, cuando mirarnos entre nosotros se volvió demasiado doloroso, también apartamos los ojos de la única cosa buena que hicimos. —Trato de no hacerle daño al menos, de no hacer cosas que la pongan en peligro— musito. Una compensación pobre. Mi fantasía de una familia, a la que me aferré como un sueño necesario, al cumplirse me demostró lo que tendría que haber anticipado: no puedo hacerlo. No sé cómo hacer esto bien. Ni siquiera cuento con él, porque todo lo que podría poner para que esta familia funcione, lo está usando para colaborar con aquello que nos rompe. Suelto su codo y me abrazo a mí misma, protegiéndome del riesgo que implican sus palabras. Tomo una bocanada de aire, no sé por donde comenzar a criticar sus acciones si al final de todo me dice que su pose es una farsa. —Si tienes que hacerlo, si tienes que poner esa distancia, es porque pusiste por delante de nosotras algo que creíste más importante— lo miro con reproche, en el fondo de mi mirada también hay angustia. Tiendo mi mano hacia su rostro, queda pendiendo en el aire unos segundos y mis dedos se deslizan por su pelo, un roce tentativo que no llega a ser una caricia, ha pasado un tiempo. —Déjalo y quédate con nosotras— susurro.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Miro al suelo pues no hay nada que quiera más que mantener a mi familia a salvo, pero no puedo sentarme a fingir que nada ocurre en el mundo porque sería incluso más infeliz de lo que soy ahora. Además... Tengo otra familia a quien proteger, una que no cuenta con la garantía de la sangre para quedarse a salvo y que si descubren su origen un pobre niño que juré proteger terminaría destrozado. Amalie lo sabe, yo sé que en algún momento de la última década lo ha averiguado pero no decimos nada pues de eso no sé si habría vuelta atrás ¿Cómo podría convencerla de que no la he engañado?

-Aprenderé oclumancia si eso es lo que se necesita, créeme que todo lo que hago lo hago por su bienestar - respondo honestamente. No hay un espejo para ver mi rostro, pero desde adentro se siente cansado... Y lo estoy. Cansado de luchar sin ayuda, pero yo solo me he metido en ésto y debo mantenerme fuerte - ¿No te gustaría un mundo en el que ella pueda ser quien sea con quien sea? ¿Poder enamorarse libremente? De una persona libre... así no tenga magia - pregunto pues lo que tuvimos que hacer con el último esclavo aún me persigue por las noches. Pero era la vida de mi hija y ella misma era conciente de lo peligrosa que era la situación.

Cierro los ojos por un segundo y disfruto del contacto, por mínimo que sea es mucho más de lo que he tenido en mucho tiempo y baja todas mis defensas de inmediato - Que podamos ser una familia es todo lo que quiero - respondo alzando mis manos hacia su cintura. Es un tacto familiar pero extraño al mismo tiempo, sigue siendo la misma figura pero mucho más tensa que antaño - Amalie... - digo su nombre sin estar seguro de lo que quiero pedir. Al final termino acercando mi rostro para besarla y quizás así encontrar la respuesta o convencerla, lo que suceda primero.
Ivar Lackberg
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Invitado
Invitado
Tengo que hallar en el fondo de su mirada algo que me diga que no se cree sus propias mentiras, todas esas ilusiones de las que tendría que haberse desprendido cuando era joven, porque son nocivas a esta edad. —Eso no es algo que vaya a suceder, nunca…— le contesto con el escepticismo del que me aferre como otras personas a un ruego que nunca se cumple, al menos a mí el no esperar nada de nadie me salva de decepciones. Está parado frente a mí la única excepción que hice y sabemos cómo acabó eso. Se podrá poner en duda si alguna vez lo quise, o lo que quise era todo lo que podíamos tener, todo lo que podíamos ser. Yo sé con certeza de que lo amé, por eso mismo si pudiera ahorrarle a Synnove esa angustia, también lo haría. Como hice con tantas otras cosas…

La evocación de aquel esclavo es algo que sigue perturbándome, me enfada más que otra cosa. No siento culpa por haberlo devuelto al mercado, no podía ser de otra forma. Synnove nunca lo dijo con sus labios, pero con sus miradas y las maneras que tenía de buscar su compañía, no podía engañarnos a nosotros que la conocemos mejor de lo que ella cree. Como también sé que se encariñó con Sami, mi confianza recae en él, no se aprovecharía como lo hubiera hecho el otro muchacho. Sería la primera en quemar con un hechizo las manos de un esclavo que tocara a mi hija, sabiendo que eso le supone el peor castigo. Deseo para ella algo totalmente distinto a su padre.—Sinceramente, espero que nuestra hija esté con una persona que la mantenga segura, que no la exponga a un peligro y por sobre todas las cosas que no la lastime. Espero que nunca se enamore, si quieres saber lo que deseo, que sea lo suficientemente inteligente como para evitarlo…—. Y pueda tener una vida apacible en el Capitolio, donde ser una bruja le dará derechos y su inteligencia le dará una carrera, que la persona que esté a su lado nunca desestabilice esa estructura, ese plan. Deseo para ella alguien muy diferente a su padre.

Porque todo se tambalea cuando lo vuelvo a tener cerca, en sus palabras encuentro el anhelo que no puedo expresar por mi cuenta. Quiero creer en lo que dice y que es una posibilidad que resigne a todo para quedarse con nosotras, si eso también abarcara a su otra familia y a las mentiras. Si respondo a su beso es porque ha pasado un largo tiempo en el que día tras día lo eché de menos y a pesar del resentimiento, todavía lo busco y mis labios recuerdan los suyos como para actuar en reflejo. Acaricio su mejilla y el borde rasposo su mandíbula, cuando mi mano cae sobre la curva de su cuello, me aparto. Hago mi rostro hacia un lado y aguardo un momento con los ojos cerrados. —Toma una decisión, Ivar— digo. —Y deja de hacernos parte de tus indecisiones de vida, es tiempo que decidas quién eres y donde quieres estar.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Las respuestas inesperadas de Amalie eran algo que solía gustarme de ella, pero en éste contexto me está lastimando como nunca antes lo había hecho. ¿De verdad espera que nuestra hija viva la vida sola? ¿Sin amor? Porque puede que yo no tenga el historial más limpio del mundo, pero cuando me enamoré de la pelirroja frente a mis ojos, mi vida cambió por completo, fui un hombre distinto - Así que te arrepientes - murmuro dejando caer mis ojos. Pues yo no lo hago, son lo mejor que me ha pasado aunque ya parezca una situación sin remedio.

Al momento en que nuestros labios se separan sé que no es un beso de reconciliación, no es un beso de "las cosas van a estar bien", es uno de despedida. Quizás no de una literal ya que estamos unidos por un juramento inquebrantable pero ¿Cómo seguir con alguien que desea que su hija viva sola solo porque ella fue miserable a mi lado? Me siento culpable, no puedo decir que no, pero de ahí a trasferir el sentimiento a Synnove hay un largo trecho - Creo que es hora de separar mi relación con Syv de la que tengo contigo, Amy - murmuro dando unos pasos atrás - Y la decisión está tomada, quizás muera mañana por rebelarme así que seré el mejor padre que pueda hasta ese momento. Según tú estarán mejor sin mí y serás libre de hacer rehacer tu vida sin el peso de mi compañía - dejo salir con la vista clavada en un cuadro de la pared, el mentón bien en alto para no dejar que se me quiebre a voz y los puños bien apretados para trasladar el dolor generalizado a ese punto - ¿Dónde quiero estar? En primera fila para destruir a los que están a cargo de toda ésta porquería. Lamento que estemos en equipos contrarios.
Ivar Lackberg
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Good lie - Amalie Lackberg IqWaPzg
Invitado
Invitado
Sí, me arrepiento de ello…— murmuro con un tono tan lejano que mi voz proviene de otro lugar, de algún sitio que está más allá de todos los recuerdos que me embargan cada día de las veces en que caminé a su lado y creía que podría seguirlo a donde fuera, que redescubrí mi risa en nuestras charlas interminables, que me sujeté a él porque –ingenuamente- me convencí de que éramos todo lo que necesitaba el otro para que cada pieza encajara en su lugar, para que todos los caminos equivocados que lo llevaron de un lado al otro, de una mujer a otra, cobraran un sentido y era encontrarnos. No habrá día en el que no me arrepienta de haberme mentido a mí misma al mirarme en sus ojos al conocernos, sobre todo lo que podríamos ser, y cada madrugada en el último minuto antes de caer en el sueño, lastimarme con la certeza de que sigo amándolo.

Me provoca una sensación de pánico que reprimo, el que diga que separará nuestra relación de la que tiene con Syv, dejándome excluida. Los estoy perdiendo, me están haciendo a un lado, a mí que hago todo para que los pedazos rotos de lo que somos sigan conviviendo en esta misma casa, ¿es qué no ve todo mi esfuerzo para sostener esto? ¿No ve que todavía no puedo rendirme a la idea de que esto se acabé? Y acepta mi petición como el ultimátum que es, tomando una decisión que aun siendo predecible me daña profundamente, porque no me eligió a mí. Para no mostrarme dolida, desato mi rabia sobre sus palabras finales. —Si morir es lo que quieres, busca tu libertad de esa manera— mascullo y en unos pocos pasos pongo toda la distancia que necesito para estar fuera de la influencia que su actitud tiene en mis emociones, quedo de espaldas a él así no puede reconocer en mi mirada lo débil que soy.

»También lamento que todos nos llevó a este punto en que te conviertes en un enemigo real, Ivar. Para mí, para mi hija y para todo lo que conozco— digo y tiro con fuerza de la manija de la puerta, toda mi espalda en tensión mientras muerdo entre mis dientes las palabras que sé que no tendrán retorno. —Me habías dado tantas razones para enamorarme de ti, si hubiera sabido que después me darías tantas otras razones para arrepentirme…— murmuro hacia el pasillo, segura de que mi voz llega hasta él. —No habrá nada que rehacer después de ti, te encargaste de romper de modo irreparable lo único que importaba—. No digo qué, antes de él sabía lo que quería para mí y era capaz de lograrlo por mi cuenta, sola. Conocerlo me hizo creer en algo distinto. Salgo de su despacho golpeando la puerta contra el marco con un estruendo que resuena en mis oídos y se impone sobre el latido rápido y angustiante que hace doler mi pecho.
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