The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Easy to be hard ∞ Ava
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Arya E. Jackson
Es tarde en la noche, así que el golpe en la puerta me toma por sorpresa y salto de la cama de tal forma que el bol de papas fritas se me cae con un estruendo, rodando del colchón y cayendo de inmediato al suelo. Bueno, no puedo pedir mucho si consideramos que no es un lecho en sí a falta del mueble, pero aún así el sonido hace retumbar mi cabeza dormida de tal forma que la tengo que sostener con ambas manos. No esperaba visitas ni tengo un turno pendiente, así que sospecho. ¿Serán clientes furtivos o alguien que ha decidido que es hora de molestar a la mujer que vive sola? El cinco es peligroso, pero todos saben que no deben meterse conmigo y tampoco me dan mucha importancia. El mío es un edificio en ruinas, apenas habitado, así que mi visitante ha venido con intención y no está simplemente probando suerte.

Observo la luz que ha quedado encendida, así que no puedo alegar el no estar en casa. Me arrastro por el suelo y tiro hacia abajo mi musculosa, tratando de cubrir mi ropa interior al menos un poco. Paso gateando entre paquetes de snacks, algunas latas vacías y una botella, hasta que agarro ésta por el pico y me pongo de pie, haciendo uso de mis puntas para no hacer ruido. Con cuidadoso andar, me acerco a la puerta y observo por la mirilla, casi soltando mi improvisada arma al reconocer el pelambre rubio del otro lado. Abro de un efusivo tirón y me lanzo a los brazos de Ava, estrechándola contra mí con un emotivo alivio — ¡¿Pero qué rayos haces aquí?! — exclamo, separándome para tomarla por uno de sus hombros para verla mejor. ¿Está herida, hay problemas o por qué demonios ha llegado aquí a estas horas? — ¿Estás sola? ¡Entra ya! — no me fío de mis ruidosos vecinos, así que la empujo dentro y cierro la puerta tras echar un vistazo al húmedo y destrozado pasillo. Ella es una forastera, no me sorprendería que alguien la vendiese para conseguir comida.

Dejo la botella sobre la única mesa pequeña de madera que hay en mi pequeño monoambiente y la observo de pies a cabeza — Te ves horrible. ¿Dónde están los demás? ¿Dónde está Ben? — por lógica pregunto por su hermanastro, quien es el que siempre se adentra a los distritos. Otra opción es Seth, pero menos probable — No es que no me guste verte, Ava, pero no es normal que aparezcas aquí en medio de la noche. Los controles están de muerte — ojalá fuese solo una expresión.
Arya E. Jackson
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Amaba a Arion más que a cualquier otro caballo, animal o vehículo que hubiese usado jamás, pero, en las circunstancias en las que me hallaba, tenía que admitir que haberle robado la moto a Ben era una de las proezas más liberadoras que había hecho en mucho tiempo. Podía ser un cacharro viejo que estaba más cerca de caerse a pedazos que de ser capaz de movilizarme de un lugar a otro, pero era usarla o perder cualquier dejo de cordura que pudiese quedar en mí. Si seguía dentro del distrito por un día más terminaría por enloquecer así que, en lugar de perder la cabeza, había elegido jugarme la vida al estar andando por horas encima de un vehículo estruendoso que largaba pequeñas explosiones por el caño de escape cada un intervalo de veinte minutos.

Ya que, lo importante es que había logrado llegar a destino y, pese a que nunca había visitado sola el distrito cinco, no tardo en recordar el camino hacia el departamento de Arya. No era seguro estar allí bajo ningún tipo de motivo, pero el momento en que la puerta se abre y la castaña me estrecha con vehemencia minimiza cualquier tipo de riesgo que hubiese tomado para estar frente a su puerta. Ver una cara amiga, ajena a todo tipo de conflicto es casi un bálsamo para mi mente y no tardo en devolverle el gesto antes de que me urja a entrar a su casa. - Sola, solita. - Respondo en lo que trata de ser un tono infantil o burlón y le regalo una sonrisa a medias que no termina de ser del todo sincera. Claro, me encuentro completamente feliz de poder estar con alguien cuerdo y ajeno las habladurías que pudiese haber.

Me adentro en su departamento con ojo avizor y titubeo un poco antes de saber precisamente qué responder a su pregunta. - Gracias, no he tenido tiempo de mirarme al espejo luego de bajar de la moto. - y es ironía en sí misma, pero aún así comienzo a peinar las hebras de mi cabello con las yemas de los dedos, levemente preocupada del estado que pueda ostentar al haber pasado horas encima de un vehículo volador sin ningún tipo de cabina. - Mmm…. ¿Segura que quieres empezar por allí? Siento que llevo siglos sin verte, y creo que debes ser la última persona cuerda que queda sobre este mundo.

Ava E. Ballard
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Arya E. Jackson
¿Sola? ¿Ha venido completamente sola? No quiero sonar como su madre, pero sé que me comunico como tal al echarle una mirada reprochadora. Creo que no es secreto lo difícil que es cruzar la frontera y mucho más en estos días, pero también sé que estoy hablando con Ava y que, si se decidió a visitarme, nadie podría haberla frenado por mucho tiempo. Como no soy quien como para darle lecciones de moralidad, lo dejo pasar, al menos por ahora.

¿La moto? ¿Viniste con el viejo cacharro de Ben? — aún recuerdo el verlo aprendiendo a manejar esa cosa, en ese momento demasiado grande para sus flacuchas extremidades. Me sorprende que siga entera y funcional. Me acerco para tratar de ayudarle a acomodar algunos de los mechones desarreglados, chistando por lo que suelta sin anestesia — ¿Quedan personas cuerdas? Porque creo que yo no entro en esa categoría, pero agradezco el voto de confianza — cuando creo que la línea de su cabello ha vuelto a la normalidad, le dedico una rápida sonrisa y me alejo para empezar a juntar los paquetes vacíos del suelo. El sonido retumba entre las paredes al convertirlos en pequeñas bolas en mis manos, hasta que acabo lanzando todo a una bolsa de basura que decora la pequeña cocina, esa que se separa de la “sala de estar” por una pequeña mesa y algo parecido a un penoso desayunador — ¿Tienes hambre? Aún tengo algo de comida.

Eso me recuerda. Me pongo a buscar la mochila con avidez, aunque mis oídos siguen puestos en ella — ¿Qué ha pasado que tienes tan poca confianza en la cordura de nuestros amigos? ¿Jonathan ha vuelto a hacer escándalos por una gallina otra vez? — pregunto, avanzando hasta mover el único sillón y encontrar allí el bolso. Lo tomo con manos ansiosas y voy hacia ella, abriéndolo para enseñarle el contenido — Me he tomado la molestia de prepararles esto. Ya sabes… estaba esperando que alguno de ustedes se dignase a aparecer — no quiero que suene como un reproche, pero inevitablemente lo hace — ¿Tan ocupados estuvieron que no he recibido una noticia en meses?
Arya E. Jackson
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Ava E. Ballard
Fugitivo
La mirada de Arya lo dice todo en su cara, pero lejos de sentirme, intimidada me limito a encogerme de hombros y a parecer inocente. Parecer siendo la palabra clave en este asunto, porque en algún otro momento en el que no estuviese al borde del colapso, probablemente estaría mirando mucho más acusadora que eso. Sabía que lo que había hecho no era precisamente seguro, correcto o razonable; pero dentro de mi cabeza tenía todo el sentido del mundo.

- ¿Quién lo diría no? Pues parece que todavía funciona y puede recorrer largas distancias. - Y dejando de lado el ruido y algún que otro detalle, ninguno pensaría que era una moto que podría tener más años que yo. ¿Tal vez? Si tenía suerte podría lograr que Elioh la terminase de ajustar, pero la suerte no estaba de mi lado en este tipo de cosas, y mi madre tarde o temprano se terminaría enterando. - Yo tampoco creía entrar en esa categoría, pero parece que estaba equivocada. - Y tengo que hacer un esfuerzo muy grande para no ponerme a ronronear con las caricias que la muchacha le propina a mi cabello, pero lo agradezco, es bastante relajante. - ¿Alguna vez te dije lo mucho que te quiero? - Y puede que sea mi estómago hablando, pero no importa. Arya era el tipo de personas que siempre sabían como reconfortarte.

¿Qué ha pasado? ¿Qué no ha pasado? - ¿Me creerías si te dijera que Jonathan es uno de los pocos que no parece tan demente? Bah, sigue preguntando sobre tríos y orgías, pero fuera de eso…- Me encojo de hombros y trato de seguirla dentro de lo que las proporciones del departamento me lo permitía. - ¿Qué es…? - No termino de formular la pregunta cuando me muestra el contenido del bolso, y me nace el impulso de ir a abrazarla. En el distrito todos estaban tensos, el ambiente era una mierda, y ella se había molestado en juntarnos provisiones. No las merecíamos, pero sí las necesitábamos y, mal que mal, también me daba una perfecta excusa para justificar mi pequeño escape de fin de semana.

- Define “ocupados” - Tomo el bolso y me pongo a revolver su contenido para ver si hay algo más que necesite rescatar en esta mini excursión, pero por lo visto la castaña había pensado en todo, y había provisiones de todo tipo. Mamá estaría contenta con algunos suministros medicinales, y algunas de las latas de conservas nos salvarían en más de una mala cacería. - De verdad no recuerdo la última vez que nos vimos Ry, y no tengo ni idea que es lo último que has escuchado de nosotros… ¿Llegaste a escuchar de las acromántulas? - no me sorprende que sea lo primero que se me viene a la cabeza, pero siendo yo, tenía sentido.
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Arya E. Jackson
Supongo que sí, pero nunca viene mal el refresco de memoria — es una broma, claro está, pero he aprendido a aceptar las muestras de cariño, en su cualquier forma, desde que la soledad se volvió mi mejor amiga. Nunca he tenido muchos amigos, eso es obvio, y aprendí a valerme por mi cuenta desde una edad muy temprana. Siempre voy a estar agradecida por ello, pero también acepto que tener amigos es una de las mejores cosas que me he traído del distrito catorce.

¿Por qué no me sorprende? — es lo único que llego a decir ante la mención de Jonathan, pero el abrazo que sigue es lo que me silencia, por más veloz que sea. Me basta con darle unas palmaditas en la cabeza, divertida ante el agradecimiento, pero a sabiendas de lo que es vivir en el catorce y pasar meses recolectando comida — No fue nada — sé que no me ha agradecido con palabras, pero la conozco lo suficiente como para dar esta respuesta — He tenido algo de dinero extra y pude hacer una buena cantidad de compras. Sabes que no pretendo que se me mueran de hambre y yo no consumo demasiado por mi propia cuenta — jamás fui de comer mucho, lo cual es un beneficio, y la necesidad de los demás se volvió un poco más importante con el correr del tiempo. Si se puede ayudar, que va.

Como permito que ella se entretenga revisando la mochila, me alejo unos pasos y tomo asiento en el viejo sillón, el cual se queja bajo mi peso — Hay todo tipo de rumores por aquí, ya ni sé qué es verdad y qué no. Pero como siempre le echan la culpa al catorce de todo… — me encojo de hombros — Ocupados con lo que sea. Sé que es cada vez más difícil el entrar al país, así que no se los reprocho, pero me gustaría saber que no han muerto, para variar — lo de las acromántulas me obliga a hacer memoria, observando las sillas donde he tenido mi última conversación con Benedict, como si de esa forma pudiese montar la escena en mi cabeza — Algo recuerdo. ¿Sobre una cueva? — aventuro, no muy segura — Fue lo último que supe de ustedes. Bueno, eso y el incendio. ¿Han podido regresar todo a la normalidad? — al menos, no hubo tantas bajas. Bien podría haber sido una tragedia. Subo las piernas al sofá y abrazo mis rodillas, moviendo mis cejas con picardía — ¿Cómo estuvo eso de compartir cabaña con dos tipos de buena espalda? Ben no parecía muy contento, pero sospecho que tú tendrás una opinión diferente.
Arya E. Jackson
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Le regalo mi mejor sonrisa a Arya sintiéndome extrañamente feliz de poder esbozar una verdaderamente sincera por primera vez en días, y no una meramente complaciente. - No sabía que se podía tener dinero extra la verdad. - Me río. El dinero no era algo que se manejara en el catorce a menos de que fueran situaciones verdaderamente especiales, así que, siendo que generalmente robamos las cosas verdaderamente necesarias, que use su dinero en nosotros es un gesto más que bondadoso. - Aunque deberías comer más, estás más delgada que la última vez que te vi. - También podía ser mala memoria, era verdad que llevaba mucho tiempo sin cruzarme con la castaña.

- Lo lamento - Mascullo por lo bajo, dejando el bolso a un lado tras dar una última chequeada al contenido. Ciertamente Arya había pensado en todo, y salvo por algunas botellas de alcohol que luego trataría de saquear de algún lado, no faltaba nada de lo esencial. - Oh por favor, llevamos más tiempo sin vernos del que creía. - ¿Cómo le explicaba todo lo que había pasado desde aquel momento? No parecía tanto si lo pensaba en mi cabeza, pero siendo que literalmente no estaba enterada de nada… - Sí, sí. Todo quedó como antes… bueno, no como antes. Ahora vivo con el viejo Dawson y dos niños más pero bueno, independencia y esas cosas.

Me dejo caer en la esquina del colchón, y me cruzo de piernas, enfrentándola al momento de hablar. No sabía muy bien por dónde empezar a contarle cosas. Por un lado, tenía todos los rumores que había vivido, los malentendidos con mi madre y bueno… otras cosas; por el otro había temas más serios, como el enfrentamiento contra el grupo de aurores y la reciente salida de Ben del distrito. Por suerte decide ella por mí con su comentario insinuante y dejo que se me escape una risa por lo bajo antes de contestar. - No sé que tan diferente opinemos si considero el suelo frío y el exceso de gente. Y perdón, pero por mucha espalda que tenga Derian... Un escalofrío me recorre, y se que no hace falta el agregar que el “podría ser mi padre” que acompaña ese comentario. Con unos cuantos años menos de su parte, la cosa probablemente fuese distinta. Aunque tengo que admitir que tuvo una pequeña ventaja. O la hubiese tenido si no fuera por Eowyn y sus apariciones fortuitas. Básicamente fui el chisme del distrito por semanas, tuve la cena familiar más desastrosa de toda mi vida y mi mejor compañía fue mi caballo por algún tiempo. - Me dejo caer de espalda sobre mis codos, sosteniendo mi peso sobre mis antebrazos en lo que estiro mi cabeza con desgano hacia atrás. - Y eso entra dentro de las anécdotas bonitas de estos últimos meses.
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Arya E. Jackson
Tener dinero extra no es moneda corriente (sí, valga la ironía de la expresión) en los distritos del norte, así que solamente me encojo de hombros con una sonrisa ciertamente divertida — A veces sucede. Cuando vienen clientes con billeteras abundantes y una gran predisposición — lo digo tanto en el sentido literal como figurativo, porque no me tardo en hacer un gesto con ambas manos que da a entender otro tipo de cosas grandes — Lo lamento. Intentaré comer cerdo con papas al horno la semana próxima — ironizo, sin intenciones de sonar ruda. Ava me conoce lo suficiente como para saber que ninguno de mis comentarios serán malintencionados.

Intento hacer memoria, pero no tengo idea de cuántos meses han sido y tampoco es que llevo una cuenta de ello — ¿Al final decidiste no seguir viviendo con tu madre? ¡Ya era hora! No digo que un hombre mayor y dos niños sean la mejor opción, pero demonios… Podemos decir que ya eres toda una mujer madura — no tengo ni recuerdos de lo que era vivir bajo la tutela de un padre, pero la libertad de no tener a nadie siguiéndote los pasos es una de las mejores cosas que le pueden pasar a una persona. En el catorce quizá se manejaban diferente, pero algunas cosas jamás cambian. Como la reacción de Ava al mencionar a Derian como un hombre, como para variar, lo que me hace reír hasta que siento que me estoy perdiendo de algo — ¡Espera, espera! ¿De qué chismes estás hablando? Creo que te estás comiendo una parte de la historia — como no recibo muchas visitas y, en obviedad, tampoco tengo muchos chismes en mi vida, me acomodo en mi asiento como si fuese una adolescente en medio de una noche de chicas — ¿Eowyn y sus apariciones fortuitas? ¿Acaso ella ha…? — intento hacer una conexión con toda la información que manejo, basándome en mi propia pregunta inicial, y acabo abriendo mi boca de par en par en forma de asombrada “O” — ¡No te pases! ¿No fuiste una lenta y no desaprovechaste la oportunidad de tirarte a tu hermanastro? — me cubro la boca con ambas manos y suelto una carcajada — No te culpo. Ben pudo haber sido un fideo adorable hace años, pero ha crecido por una rama más que interesante. ¿Tiene tan buen culo al tacto como parece, o es solo la impresión? — dejo caer mis manos, pero la sonrisa burlona y divertida no se evapora y queda expuesta — Me imagino que tu madre debió estar en las nubes — ironizo.

Lejos de tomarme el asunto como un escándalo, me siento más que intrigada de cómo es que me he perdido de todos estos detalles. Los jóvenes del catorce siempre han sido un desastre, pero ahora que son adultos creí que los chismes se habrían acabado. Al menos, los que deberían ser considerados un problema — ¿Tan mal estuvieron las cosas? Mira el lado positivo, lo máximo que puedo contarte es que mi vecina ha vuelto a engañar a su marido y parece que el bebé a nacer no es de él. No sabes lo delgadas que son las paredes aquí — me hundo un poco en el sofá, abrazándome a un viejo cojín — Siempre que las cosas se pongan feas, sabes que puedes quedarte aquí un tiempo, si soportas el tener que irte de paseo cuando venga la clientela— solo con fecha de caducidad. Tener gente no registrada dentro de NeoPanem es un riesgo para todos los involucrados y eso las dos lo sabemos bien.
Arya E. Jackson
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Ava E. Ballard
Fugitivo
- ¿Qué tan grande es esa predisposición? - Me río con su gesto y trato de seguirle el chiste porque, vamos, hay que admitir que por más de que no fuese una experta en el ámbito sexual, no era ajena a los comentarios que implicaban determinados tamaños u otro tipo de experiencias. - No sabía que había gente tan afortunada como para tener las dos cosas. - O que ella tuviese la fortuna de tener ese tipo de clientes si íbamos al caso. - No te olvides de la salsa barbacoa. - Es un chiste, pero esa salsa era la gloria. No se cuando fue que en alguna ocasión nos habíamos hecho con los sobrecitos de condimentos de un local de comida rápida y, por más de que tuviéramos una cosecha bastante variada, no había forma de replicar algunos sabores.

Me río con el entusiasmo de Arya, más que nada porque es una de las pocas personas que me apoya incondicionalmente sin juzgar absolutamente nada. Y además era lindo tener su aprobación porque, aunque no estuviésemos tanto tiempo juntas ahora, fue una de las personas que más influyó en mi cuando estaba entrando en mis años adolescentes. No sé si mamá estuvo muy contenta de que pasara gran parte de mi tiempo con una prostituta, pero bueno, no es como que pudiese hacer algo. - Define madura. - Le pido. Dudaba mucho que lo primero que pensara la gente al verme es en esa palabra precisamente. - No hace mucho estaba peleando con Ken como si fuese una niña…

Aprieto los labios escondiendo una sonrisa cuando parece caer en la cuenta de lo que he dicho, pero mis ojos me delatan en cuestión de segundos. - Oportunidades. - Fueron dos, y extremadamente espaciadas como para andar presumiendo de ellas en plural, pero era Arya. No podía no hablar con ella y sentirme culpable de nada. - Ni te imaginas cuanto, y se pone mejor con el tiempo. - O de nuevo, mi memoria podía no ser lo más confiable, pero jamás iba a decir nada contra el culo de mi hermanastro. Podía estar furiosa con él por los eventos más recientes, pero mi lado pajero siempre iba a ser más fuerte y bueno… ¡Arya preguntó! Aún así, mi comentario hace que me sonroje un poco, y termino escondiendo mi rostro entre mis manos por unos segundos.

- Eowyn interrumpió antes de que pasara algo… esa vez. Pero todo el distrito se terminó enterando y la historia se tergiversó tanto que para cuando llegó a mi madre solo se hablaba de orgías e incesto. Así que no, mi madre no estaba contenta y es por eso por lo que al final decidí mudarme. - Por eso y porque, además de tener veinticinco años y ya estar grande como para seguir viviendo con mamá, Zenda en sus años adolescentes no era algo con lo que podía seguir conviviendo si quería seguir teniendo una hermana. - La vez que sí sucedió algo… pues se enteró cuando me encontró en su cuarto con la pastilla de emergencia en la mano, tu dime. - Descruzo las piernas y me dejo caer de espaldas contra el colchón, cubriendo mis ojos con el dorso de mi mano sin querer recordar la totalidad de esa conversación.

¿Tan mal? Ojalá lo único que tuviese que contar acerca del distrito fueran las habladurías y los “escándalos” de índole sexual. Todo sería más sencillo. Me incorporo nuevamente para poder verla y junto las rodillas contra mi pecho. - No sé si difundió la noticia o no… pero si en algún momento nombraron algo acerca de un grupo de aurores… fuimos nosotros. Nos habían descubierto en una excursión junto con los niños y… fue horrible Ary. Estaban los más chicos y apenas y podíamos mantener todo a raya. Aunque si hubieses visto como reaccionó Ken. - No lo digo en el mal sentido. Pese a que no me gustaba que hubiese tenido que pasar por eso, el muy maldito me enorgullecía más de la cuenta. - Y eso no es todo… Ben se fue del distrito. - Más que decirlo, se escapa de mis labios casi que sin querer. - Fue una situación confusa y horrenda, pero no me sorprendería que no vuelva nunca. Todos se portaron tan raro, y ahora todo el mundo se porta raro. Me estaba asfixiando ahí dentro, así que no te sorprenda el que termine tomando tu oferta de quedarme un par de días aquí. ¿Qué tan bueno es el trabajo? - bromeo porque no sé que otra cosa hacer con nada.
Ava E. Ballard
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Arya E. Jackson
Era obvio que iba a captar mis palabras al vuelo y eso provoca que se me escape una carcajada alegre, segura de que me habrán oído desde la calle — Oh, una muy buena predisposición. Algo así — intento abarcar un largo y un ancho que ejemplifique lo que quiero decir, aunque con un gesto muy vago porque no sé si puedo ser exacta; hay cosas que veo demasiado seguido y una termina por no prestarles atención — Hay gente muy afortunada — acabo zanjando la cuestión — Ñomi, barbacoa. Ya nos estamos poniendo un poco soñadoras.

¡Ken! — no le presto mucha atención a cuando se trata de inmadura, porque me he quedado con la mención del niño que recuerdo como alguien delgaducho, de dientes y orejas grandes — ¿Cómo está el mocoso? La última vez que lo vi era una pulga, debe estar enorme — ¿Cuánto tendría ya? ¿Quince, dieciséis años? Todo un adolescente, casi que un hombre. A veces no entiendo como me estoy perdiendo la vida de aquellos que fueron mi familia cuando más lo necesité, pero también sé que necesitaba irme de allí como para sentirme útil. Lo bueno es que el momento de nostalgia me dura un suspiro, porque los detalles jugosos que Ava suelta me tienen al borde del asiento boquiabierta, tratando de no reírme en su cara — ¡Y te pones roja! — la acuso con un estallo, aplaudiendo como una foca con retraso madurativo — No sé de que te avergüenzas, cuando deberías estar orgullosa. Más de uno en el catorce le quiso hincar las uñas y algo más a ese monumento a la manzana — no me sorprende que Eowyn hubiese interrumpido, pero todo lo demás me mantiene en vilo, con risitas mudas de por medio — Intenta no hacerla abuela. Arleth no podría sobrevivir a la impresión.

La diversión es efímera, eso es algo que siempre tuve en claro. El semblante se me ensombrece, recordando de inmediato los rumores que asomaban por las noticias hace unos meses — Algo se dice, sí. Parece ser que el ministerio estuvo a explotar de quejas — digo solamente, porque no me atrevo a preguntar los detalles. ¿Ken participó de ello o…? — Dime que fue una reacción de espanto — casi ruego. Lo que más me sorprende, de todos modos, es lo que sigue después, al menos lo suficiente como para hacer que empuje el cojín a un lado y me siente un poco más derecha — ¿Ben se fue del distrito? — ignoro su última pregunta con un movimiento de la mano para desecharla, porque creo que no es un momento para bromas — ¿Qué es lo que pasó que fue tan grave? — sé que Franco jamás abandonaría a su familia y amigos así porque sí — Ava, si necesitan ayuda, sabes que puedo ir unos días. No creí que, cuando decías que las cosas están mal, estuviesen tan mal.
Arya E. Jackson
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Ava E. Ballard
Fugitivo
- ¿Pulga dices? Ya está más alto que yo el muy maldito. Que lo admitía, no era una hazaña muy difícil de lograr, pero si consideramos que llevaba los últimos quince años diciéndole “enano” de manera cariñosa… - Básicamente es todo un adolescente, ¡pero logré que admitiese que le gusta Delilah! - Todo el distrito lo sabía, pero el muchacho lo negaba con tanto ímpetu que uno a veces llegaba a creerle. El haberlo escuchado de sus labios, sin importar el tipo de situación que haya habido antes, lo consideraba casi una victoria en sí misma.

- ¡Oh, calla! - Ni siquiera sé por que me sonrojo, pero con su comentario solo logra que la sangre se termine de asentar en mis mejillas y las tiña por completo de rosado. Al menos me hace reír con su comparación acerca de la manzana y no puedo hacer nada, más que darle la razón. - Las uñas, los talones, y no te digo los dientes porque no he aprovechado esa oportunidad, pero entiendo de lo que hablas… - Y me río, porque me parece bizarro estar hablando lo más normal este tema con Arya, por más de que en los últimos días lo único que quería hacer con el culo de Ben era cagarlo a patadas por idiota. - Lo cual me recuerda que, por un malentendido que no viene al caso, mi hermanastro pensó que estaba embarazada y tuvimos una muy ridícula conversación al respecto. Tranquila, para que yo haga abuela a Arleth me falta como mínimo el hacer un esfuerzo para comportarme como alguien de mi edad.

Me muerdo el labio en un gesto nervioso y desvío la mirada antes de volverla hacia ella. No tenía buenos recuerdos de esa excursión, algunos incluso todavía visitaban mis pesadillas y se transformaban en algo más grande y más terrible de lo que en realidad había sido. - Tan espantado que se volvió paisajista… el nuevo cráter de las afueras es cosa de él. - Que no creo que haya ido para esos lados, pero no sé hasta que punto han informado del incidente en las noticias. Ni siquiera sabía si habían encontrado los cuerpos, pero si considero que ya la nieve para estas alturas era prácticamente inexistente, no me sorprendería.

- No sé si recuerdas a una vencedora de hace años, Arianne… no recuerdo el apellido. Era del Cuatro y por lo que tengo entendido ahora trabaja en leyes, en el ministerio. - Y no es que tenga nada contra ella, de verdad que no; pero no por eso podía evitar que su nombre lo dijese con una mueca casi de disgusto en el rostro. - Pues resumiendo: Ben la llevó al distrito sin decirle a nadie, y todos se pusieron como locos. Que lo entiendo, pero… mamá lo destituyó de su puesto, y Ken incluso lo atacó. Que en parte mejor, si no hubiese sido él, seguro terminaba siendo Seth y no se cómo hubiese terminado eso… - Dejo escapar un suspiro y termino por gruñir de la frustración antes de considerar su propuesta. - No hace falta… creo. Ya con el bolso es más que suficiente, pero bueno. Te imaginarás como están las cosas allí. Elioh sigue opinando que Ben va a volver, pero el no estuvo en ese momento.
Ava E. Ballard
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Arya E. Jackson
¿Más alto que Ava? ¿Y le gusta Delilah? Me encantaría ponerme a hablar de las cosas que me estoy perdiendo, pero las confesiones me tienen un poco más entretenida — Suena a que fue divertido — murmuro en tonito compinche y travieso — Solo intenta seguir por la línea de la no reproducción. No necesitamos a un pequeño Benedict Franco corriendo por ahí porque, seamos honestos: tu madre puede quejarse demasiado, pero ni ella ni Elioh podrían sostener las babas si tienen un nieto legítimo, regordete y tierno — y lo digo porque nadie sabe quien es el verdadero padre de Beverly. Pero, vamos: hasta yo sé que esos dos harían niños de más lindos. El carácter es tema aparte.

Lástima que la conversación divertida se muere ahí, porque la imagen mental que me plantea me deja un momento shockeada — ¿Ken es lo suficientemente poderoso como para… hacer un cráter? — intento comprender, pero solo encuentro cierto tono de horror. Siempre se ha evitado que los niños queden expuestos, así que puedo imaginarme lo terrible que ha sido para todos el encontrarse en una situación como esa. Me llevo una mano a la sien y la froto, suspirando ante los nervios tardíos de una situación que no he visto — Pero ustedes están todos bien, ¿verdad? ¿No hubo ninguna baja? — realmente espero que no, en especial porque no ha dicho nada sobre algún muerto y, siendo Ava, habría empezado por ahí. De todas formas, no está de más preguntar.

Intento seguir la historia, pero pronto se vuelve un poco confusa y me quedo callada intentando unir los hilos. No recuerdo a una vencedora llamada Arianne, pero no soy un punto de referencia en cuanto a los antiguos juegos porque vivía dentro de una pocilga — ¿Seth se puso en su contra? Debió ser grave — sí, eso es lo que más me alarma de todo lo que ha dicho — Elioh siempre ha sido optimista en cuanto se trata del “niño de sus ojos” — a veces era severo, pero porque esperaba que su hijo fuese un hombre hecho y derecho. No me atrevo a decir que posiblemente el señor Franco se equivoque, así que intento forzar una sonrisa que busca serle de consuelo — No sabes por qué lo hizo. ¿Sabes si tenía un romance clandestino fuera del distrito o algo así? Quizá se impulsó por eso, ya sabes que los vencedores eran muy unidos entre sí — supongo que compartir traumas debe unir a las personas — O tal vez son buenos amigos. Es Benedict: ¿Cuándo ha tenido malas intenciones? Si no fuera por él, yo jamás me habría ido del prostíbulo y nunca te habría conocido. Quiero decir… estamos hablando del chico que tuvo la oportunidad de estar con una mujer ya paga y decidió usar el turno en conversar — Ben podrá medir casi dos metros, ser un hombre lobo y dar miedo cuando tenía un hacha en la mano, pero cualquiera que lo conoce sabe que es un pan recién horneado.

Con un resoplido de resignación, me pongo de pie y bordeo la mesa para meterme en la cocina. Rebusco en una de las alacenas y saco una enorme caja de chocolates, la cual ya está abierta, pero conserva varios aún en su interior — De los mejores que encontrarás por aquí. Los guardo para situaciones de estrés y creo que esta es una. Un pequeño lujo que me di — confieso. Me acerco, me dejo caer en el colchón a su lado y se la entrego como si fuese una orden el que se la coma — No sirve de nada que me ponga en mi versión “amiga consuela penas”, pero siempre que todo se fue a la mierda, terminó mejorando. Volverán a ver a Ben, lo sé. No creo que los deje para siempre. Solo hay que esperar a que las aguas se calmen. Me imagino que la seguridad en el catorce deberá estar insoportable — nada que él no pueda solucionar con su capa. Solo porque supongo que debe ser útil, le doy unas palmadas en la espalda. ¿No podemos volver a las charlas divertidas, por favor?
Arya E. Jackson
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Mi única respuesta es encogerme de hombros y así evitar decir algo de lo que pueda arrepentirme. No que Arya fuera a decirme algo, pero no quería ir por un camino del que no había retorno. - Creo que eres la primera en decirme que no me quede embarazada a riesgo de tener un hijo demasiado tierno. Perdón, legítimo, regordete y tierno. - Que ciertamente era una visión que no había considerado y que, evitaba considerar. Prefería seguir vaticinando a mi hijo apocalíptico y sin cualidades que lo hicieran adorable de ninguna manera.

- ¿Además de los aurores? No, ninguna. No estaría hablando tan ligera de ser así. - Y lo de ligera era casi figurativo, porque de verdad podía entender la expresión que se había dibujado en el rostro de la castaña; hay recuerdos que todavía me aceleran el corazón. - Pero bueno, dejando de lado la experiencia aterradora y casi mortal, sí. Ken es así de capaz al parecer. Si con esta edad tiene ese potencial… - En unos pocos años dudaba que hubiese quien pudiera contenerlo. Ya vería cómo se las arreglaba Echo para mantenerlo dentro del distrito sin explicarle nada.

Se me escapa un bufido que es más una risa que una queja cuando menciona lo “grave” del asunto ya que, lo piense como lo piense, no dejo de creer que todo fue una gran exageración que terminó de la peor manera posible. - No se si grave sea la palabra que usaría… pero imagina que era yo la que trataba de imponer calma. - Y eso era una explicación en sí misma. Tampoco necesita aclarar lo de Elioh, luego de haber vivido más de doce años con él, hay cosas que terminas entendiendo. No su relación con Ben en sí, esa no la entendían ni ellos; pero ese “optimismo” como le decía Ary era fácil de ver.

Niego con la cabeza como respuesta a sus preguntas antes de hablar. - No sé si era un romance o no, técnicamente sigue estando con Alice, creo… Al parecer la llevó para mostrarle el distrito, que lo reconozco, no fue la decisión más inteligente que pudo haber tenido. Pero estuvo lejos de ser algo tan condenable como aparentaban. - O ese es mi parecer. Confiaba en Ben, tenía que hacerlo si trabajaba con él y, aunque ese no fuese el caso, nunca nos había dado razones para desconfiar de sus decisiones. Claro, podía cuestionar cada paso que daba por diversión, pero no al nivel que habían demostrado el otro día. No con esas consecuencias.

- Voy a empezar a pensar que todos tienen un manual sobre mí o algo así. - Tomo la caja que me entrega sin titubeos, y saco un chocolate sin pensarlo dos veces. - Saben cómo comprarme… o qué palabras decir. Gracias. - Quito el papel de metal que recubre el dulce y me lo llevo a la boca, devolviéndole la caja para no tentarme y comer más de la cuenta. Si lo guarda para situaciones de estrés, no tenía sentido que comiese toda su reserva en una noche por algo que, como dijo, va a mejorar. - No, probablemente me vaya mañana, o pasado como mucho. No quiero molestarte, o sumar más cosas a la histeria de Arleth. - Si llegaba a desaparecer por más tiempo que eso, la vería caminando hasta por las paredes cuando volviese. Y no quería aguantar eso pese a que no tendría derecho a reclamarme nada. - Tengo que admitir que te extrañaba. Vendría más seguido pero… bueno, tú sabes.- Tenía suerte de haber llegado sin que me descubrieran con una moto casi destartalada, pero no es un riesgo que podía tomar todos los días. - ¿No quieres venir de visita? Amber se está quedando por unos días. Tal vez se calmen un poco si ven más caras conocidas... - Lo dudaba, pero no estaba de más el tratar.
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Si con esa edad tiene ese potencial, el ministerio debería estar agradecido de que el catorce no participa en las revueltas ni la mitad de lo que ellos creen. Al menos, me alivia el saber que nadie ha muerto, al menos de quienes nos importan. Es bueno confirmar que son capaces de luchar contra un montón de aurores, para variar — ¿Ben y Alice? — me confundo brevemente, porque no recuerdo una mención sobre un supuesto romance, pero tampoco me siento tan sorprendida. Dentro del catorce, las opciones son mínimas y ellos comparten rango de edad. Escarbaría un poco más en el tema, considerando que se ha acostado con él, pero lo dejo de momento a un lado — Debe ser la paranoia. Todos actuaron asustados y las cosas se salieron de control — intento buscarle la lógica, aunque mi modo de hablar evidencia que las palabras se me van ocurriendo a la par que salen de mi boca — La gente hace idioteces por cuidar lo que quiere — lo que siempre me llevó a pensar que mi familia no me apreciaba ni un poco.

Por jodida que sea la situación, no puedo no reírme al menos un poco de su resignación a mi consuelo chocolatoso — ¿Qué puedo decir? Una aprende a calmar penas con el tiempo — jamás me he sentido una adulta responsable, pero sí admito que he mejorado con el correr de los años, incluso en la idea de tranquilizar a los demás; quizá porque lo intento demasiado seguido conmigo — Cómo si fueses una molestia… — pero sí, lo de Arleth tiene sentido. Hago un gesto con la mano de “no digas nada” porque sé bien las razones por las cuales no tengo visitas recurrentes, así que no hace falta que me dé explicaciones. Además, tampoco me las debe — No lo creo… no veo seguro el salir del país y volver a entrar. No tengo la mejor de las reputaciones — espero que lo entienda — Quizá, cuando se calmen las cosas…

¿Alguna vez se calmarían? La duda me apaga un poco y tomo uno de los chocolates para darle yo misma un mordisco, sabiendo que no deberíamos pasar nuestras noches en un estado de profunda depresión por un destino que no pudimos evitar. Nadie pudo. El mundo se organizó de esta manera y nosotros, meros títeres, debemos acomodarnos a su funcionamiento o morir en el intento. Resoplo con disgusto, tratando de sacudirme los malos pensamientos y buscando el modo de hacer lo mismo con ella — ¿Te cuento un chisme jugoso? — pregunto en un tono repentinamente renovado, lo cual delata mis esfuerzos. Me meto lo que queda del chocolate en la boca, así que tengo que hablar de costado mientras me vuelvo a poner de pie con un rápido impulso — Nuestro benefactor vino del gobierno. No es normal que los políticos vengan al norte, mucho menos que se acerquen a gente como yo, pero supongo que todos compran el silencio como hizo éste — trago con algo de fuerza y me pongo a rebuscar entre diarios y revistas viejas, hasta que doy con lo que estoy buscando. Prácticamente le lanzo el periódico con el ministro de justicia en la portada en plena jeta, volviendo a lanzarme sobre el colchón y dejándome caer panza arriba — Es bueno acostarse con alguien de buenos dientes, para variar. Pero fue curioso, pagó la noche entera apenas entró, sin saber lo que iba a recibir a cambio — me encojo de hombros — Hasta quiso hablar por momentos, así que dudo que sea un tipo de prostitutas. Al menos puedo confirmar que es alguien con la misma buena lengua que tiene en los discursos — sé que ella no va a espantarse, así que le sonrío con picardía.
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Fugitivo
Paranoia, miedo, idiotez; de un tiempo hacia acá me había familiarizado demasiado con esas palabras, asociándolas a un conjunto que sólo traía malos resultados. A este paso llegaría un punto en el que eso sería moneda de todos los días y, a decir verdad, no estaba ansiando que ese momento llegara. Menos cuando sabía que era perfectamente capaz de unirme al sentimiento colectivo si no estaba del humor correcto. Tal vez por eso mismo había venido al cinco con la cola entre las patas, no tenía intenciones de contagiarme del extraño ambiente que se respiraba dentro del catorce.

- ¿Con el tiempo? Incluso cuando era una mocosa insufrible siempre supiste que decirme. - La morocha sabía prestar el oído, y aunque no fuese la persona más charlatana, sus consejos solían ser cortos pero justos. - Estás vieja Ary, fuiste uno de mis ejemplos a seguir. - Y era cierto, podía no haber demasiada edad entre nosotras, pero hubo una época en la que esa diferencia se sentía un poco más grande, y cualquier cosa que ella hiciera tenía un cierto grado de sabiduría que esperaba obtener. - Ya, no digas más. Entiendo cómo están las cosas pro acá, pese a que mi impulsivo viaje pueda aparentar lo contrario. - Era un riesgo casi que medido, una extraña podía aparecer de la nada y encontrar como zafar la situación. Ella, con buena o mala reputación, no podía desaparecer de la nada sin que nadie la cuestionara al volver. Nos tendríamos que seguir limitando a estas visitas esporádicas y a pequeños comunicados aquí y allá.

Que cambie de tema me relaja, y siento como diferentes tensiones en mi espalda se aflojan, parte por el chocolate, y parte por su presencia calma y casi que despreocupada. - ¿Del gobierno? - Mi intriga, antes nula, ahora se enciende como un árbol de navidad en lo que sigo sus movimientos con la vista. - ¿Tan mal están las cosas por allá que tienen que buscar consuelo en el Norte? - Consulto con gracia. No voy a despreciar jamás a Arya, ni a cuestionar su profesión bajo ningún aspecto. Pero nadie puede decir que los funcionarios del gobierno sean conocidos por fraternizar con lo que ellos consideraban lo más bajo de su propia sociedad.

Recibo el periódico con torpeza, haciendo malabares para que no caiga al suelo, y examino la portada con una foto en movimiento de un hombre al que la palabra “apuesto” le queda corta. - ¿Al fin sacaron al vejestorio de Clarke?, ¿y me estás diciendo que este tipo tuvo que buscar compañía en el cinco? - Esa no me la creía, las mujeres en el capitolio no podían estar TAN ciegas, ¿verdad? - Hans Powell… ¿Así qué es un hombre generoso? - No solía inquirir mucho acerca del trabajo de Arya, pero si hay algo que me había quedado claro es que aquellos que buscaban su compañía esperaban recibir más que otra cosa. - ¿Y de qué quería hablar el nuevo y flamante ministro de justicia? Porque dudo que vaya queriendo hacer campaña política por los distritos del norte metiéndose en la cama de sus habitantes… Aunque si lo hace, por favor dime, tal vez y termine mudándome para acá de manera definitiva. - Bromeo picando su estómago a través de su ropa, aprovechando que está completamente despatarrada en el colchón.
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Es eso o su visita por acá era demasiado aburrida como para necesitar un entretenimiento por una noche — los políticos jamás se quedan aquí cuando se toman la decencia de hacer una aparición llena de falsedades para complacer a la prensa. Siempre regresan de inmediato a sus casas, en la seguridad del capitolio y la isla ministerial. No he preguntado por qué el ministro no había optado por esa opción, pero también he aprendido que una debe ser cautelosa con lo que pregunta y a quién lo hace. Una intención extra que puede ser malinterpretada puede costarte caro.

Ava solo me hace reír mientras me acomodo en el colchón para verla mejor — Al menos fue ese y no Clarke el que decidió venir — me consuelo en broma. La sonrisa se me apaga un poco y meto la mano debajo de mi cabeza, buscando elevarla un poco — Generoso con el dinero, pero no es alguien con quien quieras meterte en el ámbito legal. La única razón por la que cruzó esa puerta es porque no soy tan estúpida como para plantearle una negativa a la persona que disfruta de llenar las celdas del mercado y la prisión — una nunca sabe. Además, aprovechar la oferta económica fue un buen negocio. Las risas me salen solas e intento apartar los pellizcos de Ava con un manotazo, usando ese tiempo en hacer memoria — Preguntó por el distrito y su gente, todo muy casual — intento enumerar, relamiéndome todavía el sabor del chocolate — Y preguntó por una chica. Dijo que era una vieja conocida y que temía que hubiese quedado perdida en el norte porque, aparentemente, se había ido embarazada y jamás había podido dar con ella. Pero le dije que no conocí jamás a una rubia que se llame Coco, menos que menos con un bebé, así que… — alzo mis hombros sin darle mucha importancia — Pareció un poco decepcionado, pero le duró poco porque opté por usar la boca para otra cosa en lugar de seguir parloteando. Ah y se quejó de que la calle diez apesta y de que la gente debería dejar de robar los carteles que señalan los números — agrego con diversión ante el recuerdo.

Tanteo hasta dar con la caja de bombones y me meto uno en la boca — Es irónico que su dinero es el que alimente al distrito que tanto se esfuerzan por condenar — comento con una mejilla inflada — Pero te diré si vuelve a aparecer. Tal vez pueda ofrecerle una compañía más joven — bromeo.
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Fugitivo
- Al menos… Si hubiese sido Clarke iba a tener un nuevo respeto por tu estómago. - No solo lo decía porque físicamente fuese un ser muy poco agraciado, sino ya que toda su personalidad, carácter y acciones lo volvían una persona (si es que merecía una connotación así) completamente desagradable. - Y si vamos al caso no me quiero meter con nadie en un ámbito legal. Creo que no hago nada dentro de ese marco desde mis nueve años. - Lo cual era técnicamente cierto. Nuestra sola existencia en el distrito catorce era completamente ilegal, sin contar los constantes robos, y el no ser ciudadanos registrados.

Me acaricio la mano dedicándole un puchero lastimoso cuando me da un manotazo, pero tan terriblemente actuado que solo atino a reírme suavemente cuando noto que no la he convencido. Escucho con poca curiosidad sus palabras, suponiendo que las preguntas eran casuales hasta que el nombre “Coco” llega a mis oídos. ¿Coco? ¿Nuestra Coco? No… no podía ser. Era, era imposible… ¿Cómo? La sangre se desvanece por completo de mi rostro, y si no fuese porque me encuentro sentada, probablemente me hubiese desvanecido de la impresión. ¿Qué chances había de que el ministro de justicia estuviese hablando de otra Coco? De otra Coco rubia, embarazada, y que tuviese la suficiente importancia como para ser buscada por gente del gobierno. De otra Coco, que no hubiese llevado al mismísimo heredero Black dentro de su vientre.

Quiero hablar, pero siento que de hacerlo podría vomitar. ¡Habían pasado dieciséis años! ¿Qué derecho tenía el nuevo ministro de aparecerse de la nada y querer remover algo que había quedado enterrado? Eran metros de tierra los que cubrían los restos de Cordelia, y años de silencio los que sepultaban el secreto mejor guardado de todo el distrito.

Recuperar mi compostura se vuelve una tarea hercúlea en lo que trato de que calme el temblor de mi cuerpo nacido de la rabia, la impotencia y el rencor que me genera el solo hecho de pensar que el gobierno puede estar buscando a Ken. Mi boca sabe a óxido gracias a que me he mordido el labio interno sin darme cuenta, y tengo que relamerme para limpiar los restos de sangre antes de poder hablar. - ¿Dijo algo más? De Coco… ¿Dijo cuándo huyó, o qué es lo último que supo de ella? - ¿Dijo quién era y por qué mierda quería encontrarla? No podía disimular el miedo pintado en mi cara, y de golpe sentía la urgente necesidad de levantarme y salir corriendo de allí. Tenía que avisarle a mamá, tenía que decirle a Echo que… Me cago en Ben y todos sus muertos, ¿tenía que elegir este momento para ponerse en drama queen?
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Tengo intenciones de hacer alguna broma sobre hombres y marcos legales, pero cuando trago el chocolate me doy cuenta de que algo no anda bien. Digo, ya había dejado en claro que Ava parecía un poco desquiciada, pero la expresión de su rostro me hace preguntarme si he dicho algo malo o si alguno de los dulces le ha caído mal. Me apoyo en mis manos para volver a sentarme y la observo con el ceño fruncido — ¿Estás bien? — si quiere vomitar, puede hacerlo por la ventana, no sería la primera persona que hace algo así en este departamento. Incluso tengo la idea de levantarme y ayudarla a llegar allí, pero no llego a hacerlo porque ella sigue hablando y su pregunta me deja un poco confundida, por no decir fuera de eje.

Intento hacer memoria y tuerzo mis labios en ese gesto de costado que todos hacemos como si eso ayudase a ir el tiempo hacia atrás. No recuerdo tantos detalles precisos de esa noche porque no le doy mucha importancia a mis clientes, aunque el hecho de que haya sido alguien famoso ayuda a que las memorias sean un poco más nítidas. Intento no irme por las ramas hacia los detalles que no van a interesarle y niego lentamente con la cabeza, con la vista perdida en el suelo en mis intentos de concentración — Dijo que no sabía nada de ella desde el cambio de gobierno, eso es todo. Cuando vio que no sabía nada, no insistió en el tema. Supongo que los jueces tienen entrenado eso de saber cuando alguien miente — me encojo de hombros. No tenía nada que ocultarle a ese tipo, al menos no sobre los hechos específicos que él preguntó — No creí que fuese importante — él tampoco lo mostró de esa manera.

Ahora no puedo evitar pensar que algo se me está escapando y miro a mi amiga con sospecha, parpadeando un poco — ¿Por qué? ¿Es importante? — inquiero, en un intento de conectar hilos — Ava... ¿Tú sabes quien es Coco? — es eso o no entiendo su preocupación o la falta de sangre en su cara.
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Ava E. Ballard
Fugitivo
Ignoro su pregunta porque no quiero ni detenerme a pensar en cómo estoy yo. Mi preocupación, lo único que podía pensar en estos momentos era en Ken y el peligro en el que podía estar si alguien se enteraba de su existencia como tal. ¿Qué es lo que debía hacer ahora? Volver al distrito y hablarlo con mi madre era una cosa segura, pero nada cambiaría. Se limitarían a reforzar la seguridad y q tener al muchacho atado con una correa, siempre a la vista de todo el mundo para vigilar que no se escape. Nunca me había sentido culpable por alentarlo a salir e investigar, pero eso era cuando no creía que tenía un “se busca” pegado en la frente.

- Es… - Claro que era importante. Probablemente lo más importante que hayamos hablado en mucho tiempo. ¿Debía decirle? Confiaba en Arya al cien por ciento, pero llevaba tanto tiempo cuidando el secreto de la identidad de Kendrick que me parecía incorrecto hacerlo. Luego lo medito, y siendo que la castaña ya me ha visto preocupada, lo último que quisiera es que termine queriendo averiguar algo de Coco si me negaba a decirle la verdad. Ella comprendería la importancia de guardar la información. Había pasado años con nosotros, jamás traicionaría a Ken. - Sí, lo sé. Pero debes entender que nada de lo que hablemos debe abandonar este cuarto, jamás.

Tengo la garganta seca, y el interior de mi boca se siente pastoso, pero me convenzo de que es la mejor opción y tomo aire antes de volver a hablar. - Su nombre real era Cordelia Collingwood, pero todos la conocíamos como Coco. De chica me encantaba pasar tiempo con ella, y me dejaba tocarle el vientre. - En esa época la idea de los bebés me fascinaba, y la amabilidad de la rubia me hacía querer ayudarla en lo que pudiese pese a mi corta edad. - Falleció dando a luz hace más de quince años, ¿quieres adivinar que bebé es el que trajo al mundo? - No es tonta, no tardará nada en darse cuenta de las fechas, no es demasiado difícil el sumar dos más dos cuando se tenían los datos suficientes. - O mejor aún. ¿Recuerdas quién era la prometida de Orion Black?

Mamá me mataría si se enterase de que estoy abriendo la boca sobre este tema pero, aunque no me sienta mejor al hacerlo, que Arya comprenda toda la situación se me hace casi que primordial. Ya luego lidiaría con mis decisiones.
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Arya E. Jackson
Parece que es definitivo: se acabaron los chistes y las charlas poco serias. Me llevo una mano a los labios y la muevo de forma horizontal para fingir que estoy cerrando un candado, dándole mi promesa de que nada de lo que se hable en este cuarto, abandonará sus paredes. Nos conocemos hace años, creo que es sabido que puede confiar en mí. Me quedo quietecita y callada, dispuesta a escuchar cada uno de los secretos que quiera largar al aire, con toda la atención que soy capaz a pesar de la impaciencia que pone inquieto mi cerebro.

Así que sí conoció a Coco, al menos lo suficiente como para tocarle la panza de embarazada. No sé cómo sentirme al respecto de que la susodicha esté muerta, en especial en esas circunstancias; de todos modos, no puedo evitar pensar en que el ministro de justicia estará un poco decepcionado. Quince años. Intento recordar la breve lista de niños del distrito catorce, pero todo el asunto de las edades es un poco confuso en mi memoria — Delilah no tenía madre, pero vino con Sebastian y Vennet — recuerdo en voz alta, tratando de ubicarme en tiempo y espacio. Como puedo conectar a las niñas con sus madres, mis ojos se abren de par en par hasta parecer el doble de su tamaño — ¿Quieres decir que…?

No termino formular la pregunta, que ella me hace otra y el silencio que nos inunda deja en evidencia que mis neuronas se han puesto a trabajar. Creo que puede oírse el estruendo de mi caída mental cuando me levanto de un salto, llevándome las manos a la boca para ahogar el grito histérico — ¿Coco es el minón rubio que iba del brazo de Black? — exclamo, tratando de no gritar pero fallando estrepitosamente en el intento, así que mi voz es una seguidilla de altos y bajos — ¿Y dices que ellos…? Que Kendrick… — suelto mis manos para unir dos dedos en alusión a dos personas que han dejado estirpe por ahí y, contra todo pronóstico, se me escapa una risa histérica. Tengo que llevarme una mano al pecho en un intento de contenerme, tratando de recobrar la compostura — ¿Kendrick es hijo de Cordelia Collingwood y Orion Black? ¡Por todos los cielos! — ahora entiendo su pánico, ahora puedo comprender por qué Hans Powell lo busca. Intento calmarme y dejo caer los brazos a mis costados, aunque no dejo de mover mis dedos con nerviosismo — Pero… ¿Cómo es que el gobierno lo sabe? — hasta donde sé, Kendrick había sido adoptado por Echo hace años y jamás había conocido a sus padres. Si lo de Cordelia hubiera sido público, todos lo sabrían. Acá hay algo más grande.
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Fugitivo
Cuando Arya se refiere a Coco con la palabra “minón” la risa que se me escapa es más por la histeria que me genera toda la situación, que porque el comentario me dé gracia en sí. No recordaba a Coco de ninguna manera que no fuese con su enorme vientre de embarazada, así que no sabía cuanta razón tenía. - Agradecería que tus vecinos no se enteren de esto. - Es mi comentario algo irritante. No por nada era un secreto de años, y que se lo esté diciendo ahora ya era suficiente soltura de mi parte. - A menos que Coco hubiese mentido y tuviese algún otro amorío por ahí, sí. Kendrick es su hijo. ¿Sabes lo horrible que es mentirle a la cara? - Habían pasado semanas desde que el muchacho había encontrado el anillo de su madre, pero no había podido borrarme de la mente ese momento.

- ¡No tengo idea! Hasta que me lo dijiste ni siquiera sabía que el gobierno pudiese recordar a Coco. - Había pasado más de una década sin que nadie la nombrase, no en el exterior al menos. No imaginaba que un funcionario de alto cargo pudiera estar buscándola en los distritos bajos. Aunque… - ¿No escuchaste nada más de ella? Me refiero a si no la nombraron en los medios o algo. - Tal vez no estaban seguros de su existencia en sí. ¿Estarían arriesgándose? De ser algo certero lo habrían anunciado ¿no? Tal vez no… la posibilidad de un heredero Black…

Miro a Arya completamente perdida, sin tener la menor idea de lo que debo hacer. - ¿Debería alertarlos de esto? Me refiero a Echo y a mamá. ¿Debería decirles? - No quería que se volvieran paranoicos. Kendrick no necesitaba sentirse todavía más encerrado. - Me refiero a qué, no están cerca de encontrarnos. Y nadie más que tú sabe nada de esto fuera del distrito.
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