The Mighty Fall
¿Quieres reaccionar a este mensaje? Regístrate en el foro con unos pocos clics o inicia sesión para continuar.

The new boy in town ✘ Celestine

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por James G. Byrne el Mar Ene 15, 2019 10:43 pm

En mi nuevo intento de hogar, ya están empezando a darse cuenta de que no sirvo como esclavo. Hay una elfina que se toma la molestia de recordarme una y otra vez cómo se supone que debo encerar el suelo y un elfo con cara de grano anal no deja de gruñirme indicaciones cada vez que me ve, especialmente cuando termino cargado de ropa en los brazos. Una vez me provocó un susto tal que dejé caer toda una bandeja de copas y, gracias a que estaba solo, los elfos lo arreglaron con su magia y nadie se enteró de lo que sucedió… hasta que el mala onda ese abrió la boca y tuve que comerme un fugaz correctivo. No, la vida de esclavo no es para mí. No sé limpiar, ni hablar, ni cocinar, ni remendar, ni nada. Sé que es cuestión de tiempo hasta que me regresen al mercado, pero no estoy tan seguro de que tan conveniente sea eso para mí. ¿Un esclavo que resultó defectuoso dos veces? Ya puedo ir sintiendo la soga al cuello.

Para mi buena o mala suerte, depende cómo se quiera ver, mi ama decide que debo aprender de un esclavo con experiencia y, según me informa en la mañana, una de las cocineras de la isla vendrá a hacerme de tutora durante la tarde, con la orden de tener una excelente cena preparada para la noche que no acabe en una intoxicación estomacal. Así es como me quedo solo tras abrirle la puerta a la señora Leblanc, entre incómodo por la situación y fastidioso por sentir que me tratan como a un niño inútil. No necesito de una niñera, que va. Quizá podría robarme algunos maníes mientras espero…

Triste para mí, no llego ni a hacerme la idea que el timbre suena y resoplo antes de ir a abrir. Me detengo frente a la puerta y chequeo mi uniforme con un simple vistazo, abro de un tirón y, a pesar de que abro la boca para dar la bienvenida, me quedo enmudecido y con los labios abiertos en un gesto idiota. Cuando pensaba en una esclava con experiencia en el rubro de la cocina, me imaginaba una señora de culo inmenso y rodete canoso, no a la boca carnosa que tengo delante. No, no, momentito, Jim. No puedes ser tan obvio en tu primera semana. Alzo una mano en señal de gesto y sé que quiero presentarme de un modo casual, pero todo lo que consigo es un… — … Hola… — agudo y exprimido que me hace insultarme para mis adentros — Supongo que tú eres… — ¿Cómo me dijeron que se llamaba? No, no me lo dijeron — Yo soy… Nada, soy James — le hago un ademán para que pase y cierro la puerta detrás de ella, tratando de que no se me vaya la vista. No es que yo sea un baboso, pero considerando que he pasado encerrado los últimos años… los ojos tienden a irse. Ya lo hicieron en mi primer día cuando llegó el minón de la hija de la señora Leblanc.

Me quedo de pie como una parte más de la decoración, con los brazos colgando a ambos lados del cuerpo y dándome golpecitos en los costados con dedos rítmicos, hasta que recuerdo que se supone que soy algo así como el anfitrión ahora que no hay nadie en casa. Además, ella está aquí por mi culpa — Lamento que tengas que venir de niñera. No es como que yo necesite una — muevo un poco mis hombros para quitarle importancia a todo el asunto y me fuerzo a sonreírle — pero ya sabes como son los amos. Un mínimo error y ya consideran que tienes que aprender a la fuerza — revoleo los ojos con gracia, tal y como si no fuese porque el primer día confundí un pelador de papas con un destapador de corchos. Un error lo comete cualquiera.
James G. Byrne
James G. Byrne
Fugitivo

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por Celestine Keogh el Miér Ene 16, 2019 3:35 am

Llevaba el delantal blanco de cocina sobre la ropa perfectamente limpia, en ella podía apreciarse todavía el aroma a jazmines que impregnaba todas sus prendas, ese burdo gesto de aparente coquetería no era más que un bien dispuesto saquito gris con flores secas entre su ropa limpia, pero solo eso bastaba para regocijarla y llenarla de felicidad en las mañanas al vestirse de primavera antes de iniciar sus quehaceres. Su cabello, siempre recogido por el hábito de las cocinas, caía por su espalda en una trenza con la apariencia de una espiga de trigo perfectamente armada.

Su día había transcurrido de la manera habitual: desayuno y almuerzo se habían servido ya a la mesa, las limpiezas respectivas tras cada comida habían finalizado y para cuando ella dejó su lugar de trabajo y se dirigió a la casa de la ministra de educación, tal como se le había encomendado, todavía tenía un período de tiempo considerable antes de los preparativos para servir la merienda. No podía negarlo, en la realidad que le había tocado vivir su pequeño punto en el mundo no le disgustaba en absoluto; cocinar, limpiar, no eran nada de lo que pudiera quejarse tras considerar las perspectivas así que trabajaba con esmero y una sonrisa para nada fingida.

Hizo sonar el timbre una vez y contó los segundos que el esclavo demoró en abrir, le gustaba atender a ese tipo de detalles, solían decir mucho de las personas y uno de los pequeños placeres de su posición era descifrar rostros nuevos… al menos hasta que dejaban de serlo y pasaran a convertirse en parte de la habitualidad.

La puerta se abrió y el chico detrás de ella pareció congelarse durante un momento al verla, instante que ella misma aprovechó para dar cuenta del monumento humano que tenía delante: aunque un poco escuálido todavía (seguramente no hacía mucho de su estancia en el mercado), sus facciones invitaban a quedarse mirando pero ella procuró no perder la consciencia en el acto. La sonrisa de amabilidad que esgrimió al ver su gesto con la mano en forma de saludo se transformó en una risita suave tras escuchar aquella torpe presentación. Por no prolongar más la tortura, obedeció a la invitación a entrar sin demora.

Es un placer, James —comenzó a decir—. Yo soy Celestine.

Su mirada barrió la sala en la que se encontraba durante unos segundos pero no demoró demasiado en regresar hacia él. Admitía que era muy lindo pero parecía demasiado sencillo de leer, ¿cuánto podría durarle un libro sin misterios? Todos sus gestos le hablaban con tanta claridad que al mirarlo demasiado podría llegar a ultrajarlo sin querer.

Oh, ¿así que te has estado portando mal y yo soy el “método a la fuerza"? —Alzó las cejas, fingiendo sorpresa—. Cuéntame qué has hecho, necesito saber qué debemos corregir. ¿Has roto algo? ¿No sabes cómo limpiar correctamente? ¿No sabes cocinar?

¿A quién podría molestarle ser su niñera? A ella, por el momento y sin dudas, no.



Celestine Keogh
Celestine Keogh

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por James G. Byrne el Miér Ene 16, 2019 4:10 am

Celestine. Bien, no tengo que olvidarlo, aunque lo veo un poquito complicado — Puedes llamarme Jim, si quieres — lo digo desinteresadamente, pero creo que me delato cuando me llevo la mano a la nuca y sacudo un poco mi cabello en una postura que rápidamente califico como ridícula, así que dejo caer el brazo. ¿Y por qué estoy engrosando la voz? Que estupidez. Tampoco puedo culparme a mí mismo. En el mercado, la gente está sucia, mal cuidada y no se ve ni la mitad de bien que todos aquí en esta isla, donde no solo tienen comodidades básicas sino también lujos que les permiten verse como muñecos de torta todos los días. Y Celestine, esclava o no, tiene incluso hasta rico olor, pero no sé de dónde identificarlo. Creo que ahora me gusta un poquitito más el haber terminado en la isla ministerial.

Que crea que me he portado mal me hace sonreír con malicia y meto las manos en los bolsillos de mi pantalón, encogiéndome en mi sitio hasta que parece que mi cabeza se quiere hundir entre los hombros — Podemos decir que sí. ¿Tan buena reputación tienes que no han dudado en enviarte a ti? — no sé que reputación puede tener una esclava, pero si cocina como se ve eso explicaría muchas cosas — Apuesto a que se te da mejor eso de fregar. Ayer se me cayó la lavandina por las escaleras y toda la sala terminó apestando. No sabes cómo me quedaron los nudillos después de haber tenido que limpiar todo por mi cuenta para sacarle el olor — saco una de las manos de su escondite para mirarla y la volteo, enseñándole el dorso para que vea el color rojizo que todavía se luce con descaro.

Sus preguntas hacen que use el brazo para señalarle el camino e invitarla a seguirme. Aún no me muevo con confianza por la mansión, pero ya he aprendido a manejarme por los pasillos principales — Un poco de todo, pero la señora Leblanc — utilizo un tono tan pomposito para hablar de mi ama que queda bien en claro que es algo burlón y ruedo mis ojos con gracia — … quiere que la espere con una buena cena para esta noche y dice que tengo que aprender a diferenciar un salero de un pimentero. No he cocinado en años, verás, y mi anterior amo tenía un elfo que se dedicaba exclusivamente de las comidas. Ya entenderás por qué soy un desastre — mis manos empujan las puertas blancas y altas de la cocina, delatando el esplendor y pulcritud de dicha habitación. Todo es blanco, todo es luminoso y todo es demasiado ostentoso. Lejos de sentirme maravillado, chasqueo la lengua en señal de censura y rodeo la isla que tienden a usar como desayunador, donde me termino apoyando con mis dos codos para mirarla — Te pido disculpas desde ahora, pero debo darte la mala noticia de que soy tu aprendiz de cocina — la sonrisa que le regalo es tan pícara que deja bien en claro que no es una mala noticia para mí, aunque me percato de inmediato y carraspeo para disimular — ¿Por dónde quieres comenzar?
James G. Byrne
James G. Byrne
Fugitivo

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por Celestine Keogh el Miér Ene 16, 2019 5:44 am

Cada palabra, cada gesto que el joven James regalaba hacía alarde de una fresca juventud que ni el paso por el mercado ni haber sido vendido, comprado y usado como esclavo habían logrado apagar. Nada de la amargura o la decandencia del maltrato que pudieran menguar su espíritu casualmente picaresco y jovial.

Más de una vez debió contener la risa, manteniendo una sonrisa como velo a sus propios descuidados pensamientos ante los burdos pero divertidos intentos de galantería de su anfitrión. Su gracia por momentos le resultaba tan irreverente que ante la pregunta sobre su reputación solo pudo atinar a responder alzando las cejas y acentuando su sonrisa por miedo a que la risa escapara desde las profundidades de su estómago… y ofenderlo. Por si fuera poco a eso le siguió una anécdota de su torpeza absoluta y el estrago que ésta había hecho con sus manos. Uh, esas manos, sin dudas ella podía imaginar mejores usos que frotar el suelo.

Nada se te puede dar peor que fregar, entonces —apuntó mientras lo seguía por los pasillos de la mansión y recordaba sus iniciales errores, muchos de los cuales nadie se enteró jamás porque para Celestine esa era parte de la magia de ser un esclavo.

Su mirada daba cuenta de lo que veía sin detenerse y sin descuidar a su guía que iba entretenido en un discurso acerca de lo que su ama esperaba de él para esa noche. No pasó desapercibido el tono que empleó al nombrar a la ministra de educación, algo no del todo infrecuente entre esclavos pero sí un tanto peligroso.

La cocina la sorprende inmaculadamente blanca, el exceso de su color favorito en una sola habitación parece salida de uno de sus sueños y pese a eso no es hasta que gira su rostro hacia el joven y ve su sonrisa pícara aunado a todo el conjunto de pose y palabrería que se queda momentáneamente sin aliento… casi sin habla.

Carraspea.

Veamos el posible menú para la cena de tu ama… y si logras hacerlo todo correctamente tal vez te ganes una recompensa por mi parte —añade empleando un tono intencionalmente pícaro—. Sé que te vas a esmerar, no querrás arruinar mi reputación tan pronto, ¿o sí?
Celestine Keogh
Celestine Keogh

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por James G. Byrne el Miér Ene 16, 2019 6:09 am

No sé qué es lo que me pone más nervioso, si su modo de sonreír, gesticular o quizá solamente el hecho de que no estoy acostumbrado a estar en este tipo de situaciones. En el mercado, las interacciones eran más vagas y la intimidad era producto de tratos por productos y beneficios, nada más. ¿Cómo se le habla a una mujer que no está sucia ni busca nada a cambio? — Definitivamente, no. Aunque soy bueno con la jardinería — porque es demasiado fácil y no tengo que estar encerrado entre cuatro paredes. ¿Ven? Algo bueno tenía que tener.

Todo pensamiento de decoro se me va a la basura cuando veo como mi picardía parece reflejarse en ella y mis manos se aprietan un poco en el borde de la isla, pensando en el mejor uso que podría darle a este mueble si no temiese terminar muerto y sin enterrar — Yo… no… uhm… — tengo que sacudir la cabeza en un gesto apenas perceptible y cierro un momento los ojos al pasar saliva, volviendo a prestarle toda mi atención como si nada hubiese ocurrido. ¿Ha ocurrido? ¿O solamente estoy malinterpretando todo? — ¿De qué clase de recompensa estamos hablando? — me tomo la confianza para preguntar algo como esto, pero adopto un tono no muy interesado, tratando de ignorar la vibración de mis tripas gritándome sobre los repentinos nervios. Tengo que aprender a controlar mis hormonas si voy a vivir en la misma isla que esta mujer o mis pantalones van a sufrir más que mis rodillas cuando tenga que fregar toda la tarde — Claro que no quiero arruinar nada. Además, de seguro eres muy genial como para que yo la cague tan rápido — y si lo hago, puedo tratar de recompensarlo de otra manera. Eso sí lo aprendí en el mercado.

Para obligarme a dejar de mirarla, me volteo con algo de rapidez y abro la nevera, completamente llena — No sé qué me sugieres, siendo primerizo. Aunque a la señora Leblanc parece gustarle mucho la bebida, así que había pensado una de esas carnes que puedes hacerle una salsa con vino… algo así. A mi anterior amo le fascinaba — cierro la heladera y rebusco en el resto de la cocina, dando con un cajón con papas — ¿Te parece algunas de estas al horno como acompañamiento? — o con algo que las haga menos secas. ¿No? ¿Eso no es algo que le gusta a la gente? Me siento tonto y torpe, así que saco la bolsa de papas y la apoyo sobre la isla a ver si tienen toda su aprobación. Bien, llevo dos minutos sin cagarla ni decir algo estúpido. Quizá esto no sea tan difícil si me mantengo concentrado en la comida.

Me froto el mentón con la mano estirada una y otra vez, pasando de la barbilla a la nuez de Adán y repitiendo la acción — Si me perdonas la intromisión — murmuro al final y, para no verla a la cara, le doy la espalda y empiezo a quitarme los rastros de mugre en el enorme lavamanos. Eso de la higiene en la cocina sí lo tengo presente — ¿Qué edad tienes? No pareces ser mucho mayor que yo, así que asumo que fuiste esclava gran parte de tu vida — obvio que ya me estoy metiendo, no podía ser de otra forma viniendo de mí. Ni cinco minutos duré — Debes saber muy bien cómo es que funciona todo por aquí. Supongo que tendré que molestarte para que me enseñes. Mejor tú que el elfo cara de culo amargo — claro, porque ya encontré la excusa perfecta. Soy genial cuando me lo propongo, a qué sí.
James G. Byrne
James G. Byrne
Fugitivo

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por Celestine Keogh el Miér Ene 16, 2019 7:31 am

Sin dudarlo hubiera dado cada galeón que poseyera por aquella reacción que el joven James regaló con tanto descaro. Sin dudas la idea de recompensa parecía una buena motivación aunque no estaba del todo segura de haberlo motivado en la dirección correcta. Su nerviosismo, en cualquier caso, fue un regalo invaluable en esa tarde de primavera que prometía ser como cualquier otra.

No lo sabrás hasta que la obtengas —advierte, tratando de mantener el misterio sobre la recompensa pero fascinada con la verborrea nerviosa de su joven aprendiz.

Ve cómo él se dedica con prisa a buscar ingredientes y decide acercarse a su lado, siguiéndolo en el zigzagueo errático por la cocina que realiza el chico mientras parlotea incesantemente. Celestine tiene que admitir que podría no ser un libro tan aburrido después de todo.

Algo como lo que sugieres requerirá tiempo de reposo así que tendrías que terminar de prepararlo sin mi ayuda —advierte, sin descartar del todo la idea—, pero es una excelente opción. Es bueno que vayas conociendo los hábitos de tus amos, te será de ayuda así que debo alentarte a prestar atención a los detalles. Sean buenos o malos hábitos ellos son los amos, ¿no?

Hace una pausa para echar un vistazo a la heladera y tomar algunos ingredientes de allí para luego comenzar a inspeccionar la despensa tomándose las libertades necesarias pues dudaba que el otro supiera más que cualquier invitado sobre el orden de almacenamiento.

¡Momento de preguntas personales! —Exclama, esbozando una sonrisa—. Supongo que eso significa que entramos en confianza —tras guiñarle un ojo se detiene un momento, como si su pregunta requiriese cierta reflexión de su parte—; sirvo a la familia Niniadis desde hace diez años y actualmente tengo veintidós —entonces parece recordar que es un ser animado y adquirir movimiento para dejar los recipientes sobre la mesada—. Estaré encantada de ayudarte —admite, repentinamente cerca de él—. ¿Quieres empezar por el postre?
Celestine Keogh
Celestine Keogh

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por James G. Byrne el Miér Ene 16, 2019 7:59 am

¿Qué no voy a saber qué? Esto es más prometedor de lo que esperaba. Lástima que dice algo de que voy a pasarme horas dentro de la cocina (no dice exactamente eso, pero es lo que yo tomo), pero es totalmente reemplazado por la sensación de orgullo por recibir un elogio de su parte. Es bueno el saber que no todas mis actitudes pueden meterme en problemas, más no por desear ser un esclavo ejemplar, sino porque no me vendría mal el salvarme el culo para variar. Lo malo es que no puedo contenerme y ruedo los ojos con exasperación ante la sola idea de que siempre estaremos por debajo de ellos, nos guste o no — Supongo que tienes razón — gruño de mala gana, echándome un mechón de pelo hacia atrás porque me ha caído en la cara en cuanto bajé la mirada. No es momento de hablar de política o de malestares, así que lo empujo a un lado.

Celestine va y viene como si fuese su propia casa y me recargo en la isla para verla mejor. Es alta, no tanto como yo, pero sí lo suficiente como para verse esbelta. Sé que en algún momento mi cabeza se va para un costado cuando chequeo algunas partes de su cuerpo que me permite la vista que me da cuando está de espaldas, pero acabo sonriéndole con inocencia y rapidez en cuanto vuelve a voltearse. Lo malo es que me he salpicado algunas gotas de agua del lavamanos, pero creo que no lo ha notado así que me apresuro a limpiar los bordes de la mesada con la rejilla — Si quieres llamarlo así… — su guiño me hace reír entre dientes y desvío la mirada, decidido a secarme las manos con el trapo. Lo malo es que esa sonrisa flaquea cuando ella nombra a los Niniadis y hago un enorme esfuerzo para que no me vea de frente. ¿De todas las casas de la isla, tiene que trabajar justo en esa? — Suena a una vida un poco aburrida — digo simplemente y, para cortar con la tensión, le salpico las pocas gotas que me quedan en la cara — Solo eres dos años más grande que yo, pero aún así creo que me estoy ganando el derecho a tratarte de vieja cuando se me presente la oportunidad — cambiazo fugaz de tema.

Me estoy acercando a la mesada para ver lo que ha agarrado y, de un momento a otro, la tengo más cerca de lo que hubiese esperado; lo noto cuando me atrevo a volver a alzar los ojos hacia ella y encuentro los suyos a demasiada poca distancia — Sssí — arrastró un poco la palabra y tomo uno de los paquetes que ha agarrado, percatándome que se trata de chocolate — ¿Qué se supone que vamos a hacer con esto? — le pregunto. Sin contenerme, abro el paquete y el aroma dulzón hace que me ponga bizco del placer antes de cerrar los ojos, sonriendo más para mí mismo que para ella. No recuerdo la última vez que olí uno de estos — ¿Sabes? Sé que me gustaba el chocolate cuando era niño, pero no recuerdo cómo es su sabor — le confieso. Creo que es un dato un poquito más personal que el preguntarle cuántos años tiene.

Y, así como así, tengo la idea más estúpida y más maravillosa que tuve en mucho tiempo. Me muerdo los labios como si quisiera reprimir una sonrisa cómplice y uso la poca fuerza que tengo para quebrar el chocolate. Solo dos cuadraditos, nada más. Si vamos a hacer un postre, nadie tiene por qué saberlo — Ten. Ya tenemos un secreto que nos hace amigos — bromeo al entregarle uno de los trozos. No sé por qué, pero acerco el mío a mi nariz y vuelvo a olfatearlo antes de apoyarlo en mi lengua. El calor de mi boca pronto empieza a derretirlo, pero estoy más enfocado en su delicioso gustillo. Dulce, suave, esponjoso. Mis ojos se cierran mientras desgusto y doy un golpe en la mesada cuando dejo caer la mano — Por todos los cielos, es la puta gloria — solo cuando mis párpados vuelven a alzarse, noto que tengo algo de chocolate en mi pulgar y lo chupo sin miramientos. No es hasta que solo puedo saborear mi piel que me percato de que sigo con ella al lado, así que le sonrío a modo de disculpa mientras me limpio los labios con el dorso de la mano — Tengo otra pregunta: ¿Cuál es la comida que te mueres por comer, pero no puedes hacerlo? — los esclavos nos conformamos con las sobras o la comida barata. Nada de manjares o gustos para nosotros. Y esta creo que sí es más personal.
James G. Byrne
James G. Byrne
Fugitivo

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por Celestine Keogh el Miér Ene 16, 2019 9:13 am

La actitud enfadosa de James acerca de su situación de esclavo, o los dueños, por momentos la pone nerviosa e internamente a la defensiva. En su mente miles de argumentos atacan ideas como “aburrimiento” o “injusticia” con tal de preservar su propio bienestar actual y, finalmente, se dice a sí misma que ella ha sobrevivido allí por más de diez años con esa filosofía, en cambio a James no parece estarle funcionando la suya tan cómodamente. Un pensamiento horrible pero útil.

Entonces, una vez resuelto su conflicto interior vuelve a hacer gala de su desenvoltura para molestar y bromear con su nuevo aprendiz quien aparentemente había tomado su propio movimiento como una oportunidad de descanso.

Una sonrisa sincera curva sus labios al escuchar su confesión acerca del chocolate, conmovida por una anécdota que probablemente compartirían la mayoría de los esclavos.

Con un nerviosismo apremiante lo ve abrir el paquete y sensaciones mezcladas de júbilo, miedo y anhelo estallan en su interior con solo sentir el aroma. Si bien no hace tanto tiempo como él de haber probado el sabor del chocolate y aún conservar su sabor muy vivo en la memoria no deja de ser un lujo bastante imposible para la mayoría de los esclavos, incluso los que trabajan en las cocinas.

Es por esa razón que cuando él extiende el pequeño trozo hacia ella duda unos instantes en aceptar o no, finalmente, y echando miradas nada disimuladas a su alrededor se lleva el chocolate a los labios. Roza suavemente su lengua en el dulce, cerrando los ojos mientras siente cómo su boca se llena de saliva, expectante y excitada por el delicioso sabor. Procura no devorarlo y demorar lo más que puede ese pequeño trozo de cielo aunque sabe que durante unas semanas deberá resistir la tentación de repetir esa hazaña o podría volverse costumbre y la costumbre la volvería indiscreta…

Cuando por fin abre los ojos ya no queda más que el regusto intenso y la sensación exquisita de la satisfacción junto a una nueva pregunta del otro que la transporta en el tiempo y el espacio. No tiene que pensarlo demasiado porque conoce la respuesta sobradamente pero aún así relame sus labios para ganar algo de tiempo y recuperar su integridad tras el golpe bajo del chocolate robado.

Conejo —responde, en su natural tono pausado—, mi madre lo preparaba con mucho ajo, acompañado por papas bien condimentadas y… —”lo extraño”, terminó la frase en su mente antes de buscar la mirada del otro. ¿Qué estaba haciendo? Ese tipo de charlas no le hacían bien al corazón. No hay nada que haga más infeliz a un esclavo que recordar el pasado—. En fin, de niña no le daba mucha importancia, era algo demasiado habitual para ser especial.

Era la primera vez en mucho tiempo que admitía algo como eso. Aclara su garganta y repasa los ingredientes dispuestos sobre la mesa, tratando de regresar al punto de partida o recobrar algo de sí misma. Inhala con profundidad y tras soltar el aire ordena los materiales seleccionados.

El postre requiere enfriarse así que será lo primero que haremos, junto con la salsa, estoy segura que marinada en vino tinto sería más rico pero eso necesitaría un reposo de todo un día… y no disponemos de tanto tiempo, ¿verdad? Optamos por la salsa pero mantenemos tu idea del vino, ¿qué te parece?

Como pudo le ocultó la mirada, todavía nublada por la sombra del pasado, mientras daba cuenta sobre lo entretenidos pero peligrosos que resultaban los nuevos esclavos.
Celestine Keogh
Celestine Keogh

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por James G. Byrne el Miér Ene 16, 2019 9:37 am

Lo pienso un momento, metiendo la lengua en una de mis muelas para sacarme los rastros del dulce — Jamás he comido conejo, suena rico. Aunque sí comí rata — quizá ese no era el dato para decir en un momento como éste, lo voy a anotar para futuros comentarios inoportunos. Hay algo en el tono de su voz que me hace observarla con curiosidad y, para alguien no tan detallista como yo, es muy obvio como se aclara la garganta. ¿Debería decir algo? ¿Se supone que tengo que consolarla o es algo que solo va a pasar? Esto es lo malo de no conocer a las personas: no tienes ni idea de cómo se supone que debes actuar.

Al final se pone de nuevo en acción y el perfil que observo parece estar más concentrado en la comida que en lo que estábamos hablando hace dos minutos, así que asiento y me recargo en la mesada con los codos, inclinándome un poco cerca de ella para poder ver los ingredientes que va señalando. Quizá ya fueron demasiadas preguntas personales por un día — Tú eres la experta — le digo, alzando mis manos en señal de que lo dejaré a su criterio — Haré lo que me digas… de comer, ya sabes. Eso — por si las dudas, para no sonar peor de lo que ya venía sonando.

Solo bastan unos minutos para que nos encontremos en medio de la preparación del postre, el cual lleva una enorme cantidad de chocolate y manteca. No tengo idea de si a las mujeres de la casa va a gustarle, pero tengo que admitir que yo la paso bien haciéndolo. Picar el chocolate es fácil, pero derretirlo en baño María es una tortura. Pronto, la cocina apesta a cacao semi amargo y siento que mi saliva tiene que hacer el doble de esfuerzo para quedarse dentro de mi boca — Si logras hacer que pueda cocinar sin prender fuego la cocina, la que va a merecer una recompensa eres tú — acoto, con la nariz medio adentro del jarro de peltre donde estamos derritiendo el dulce. Levanto solo el rostro para sonreírle en tono travieso, recordándole ese pequeño detalle — Solo espero que, lo que sea que me des, huela al menos la mitad de bien que esto — me estoy tomando una libertad enorme, pero no me contengo en mojar la punta de mi dedo y chuparlo como si nada — ¿Quién te enseñó a cocinar? No me sorprende que los Niniadis tengan al mejor personal. De seguro su cocina está repleta de servidumbre — he visto la mansión de la Ministra de Magia y su familia a lo lejos y solo puedo compararla con un palacio. Mantenerla limpia y en funcionamiento debe ser una tortura.

El ruido de la puerta hace que me separe del chocolate con suma rapidez, pero lo único que veo es a la elfina de la casa, Cora o algo así, que entra sin siquiera mirarnos y se pone a barrer el suelo. Tratando de no reírme, me volteo hacia Celestine y acomodo mis manos sobre mi cabeza para unir mis dedos y simular que poseo una aureola. No es hasta que Cora se marcha que yo empiezo a reír con más fuerza — Aquí no se puede tener intimidad — acoto, aunque no tardo en explicarme con voz torpe — Aunque no es como si quisiera tenerla. Ya sabes — alzo un hombro con un fingido aire desinteresado y me pongo a revolver el chocolate con una sobriedad que no tengo idea de dónde es que sale.
James G. Byrne
James G. Byrne
Fugitivo

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por Celestine Keogh el Vie Ene 18, 2019 4:58 am

Su acotación sobre haber comido ratas no le pareció del todo inusual, ni mucho menos. Las condiciones de la población antes del nuevo gobierno tampoco parecían ser muy buenas como muchos querían idealizar. Celestine hubiera negado que su niñez tuvo algo de bonita si hubiera sido un mago quien se lo preguntara y, en cambio, solo esbozó una media sonrisa a su aprendiz antes de continuar con lo suyo.

El chico parece aliviado cuando la ve retomar el objetivo de su visita allí, ¿acaso sus propias preguntas lo habían incomodado? O, tal vez, fuera que su respuesta no era la esperada. En cualquier caso no creía que hubiera sido tan imprevisible como lo fue para ella, siempre atenta a ese tipo de detalles. Tal vez el otro se hubiera preguntado por qué ella no devolvía ninguna de las preguntas personales y, la verdad, es que fuera de no interesarle tampoco quería saber demasiado sobre los demás. Encariñarse era una prohibición autoimpuesta.

Volvió a curvar sus labios tras escuchar su aclaración y como respuesta pone en su mano los ingredientes para realizar el postre y una seguidilla de indicaciones sobre cómo prepararlo. Antes de dedicarse a preparar lo necesario para la salsa decide que hay algo en aspecto general del joven que debe atender, ¿o quizá es solo una excusa para tocarlo?

Algo importante en la cocina —comienza a decir mientras se acerca a él y lleva sus manos hasta la cabellera del otro—, si es que no quieres un merecido regaño —prosigue, apreciando lo suave que se siente su cabello y lo bien que se siente tocarlo—, es que no aparezcan rastros de cabellera en tus comidas —finaliza, para luego quitarse su propia gomita de la trenza y atar el cabello de James en un moño.

Seguidamente remueve en su delantal en busca del lápiz con que suele apuntar la lista de compras y se ayuda de eso para enroscar su cabello y ordenarlo en un recogido firme antes de lavar sus manos y dedicarse a la salsa.

¿Si logro que no incendies nada me vas a recompensar? —Inquiere con una sonrisa que, pese a estar de espaldas a él, es fácilmente apreciable en sus palabras—. Espero no decepcionarte con la recompensa prometida.

Le da un golpe en la mano al verlo comerse el chocolate, las malas costumbres pueden ser peligrosas en las cocinas y aquel esclavo parece ser un ejemplo a seguir en cuanto a vicios se refiere. ¿Por qué una familia como la de la ministra de educación compraría un esclavo tan mañoso como él? Tal vez era verdad eso de que ella era algo así como un último recurso antes de devolverlo y, sin saber bien por qué, decidió que realmente haría su mejor esfuerzo porque no se lo llevaran de la isla. Pero, ¿qué podía hacer?

Aprendí observando. Al inicio me compraron para que ayudara a la anterior cocinera, que ya estaba muy anciana para ciertas labores —comenzó a narrar, mientras mezclaba ingredientes—. Yo también era muy desastrosa —exageró, solo para tratar de animar al otro— y entonces descubrí que lo importante es que los amos no se enteren —alzó las cejas en un gesto significativo y luego sonrió.

Sus lecciones fueron interrumpidas por la llegada de un elfo doméstico y la insinuación de inocencia del esclavo le arranca una sonrisa franca y el pensamiento de que tal vez su función allí sea entretener a sus dueños. Al menos gracia no le faltaba, si es que no se convertía rápidamente en insolencia.

¿Ah, no? —Su voz sonó más suave de lo que había sonado antes, tal vez porque temía que el elfo siguiera por allí—. Creí que estabas cómodo a solas conmigo, que estábamos bien así… —Sabía a lo que él se refería pero le pareció divertido malinterpretar sus palabras—. Podemos pedirle que regrese, si te sientes incómodo.
Celestine Keogh
Celestine Keogh

Volver arriba Ir abajo

The new boy in town ✘ Celestine Empty Re: The new boy in town ✘ Celestine

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.