The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Maeve P. Davies
Miembro del Escuadrón Licántropo
Las clases de por sí son un aburrimiento, pero sin encima le añades un profesor que literalmente lee la lección del libro como si fuera, qué se yo, Shakespeare, pues se le añade el doble de aburrimiento. Yo solo intento amenizar la clase con un poco de música cuando uno de mis compañeros decide que es buena idea desenchufar los cascos que me aislan del discurso poético del maestro, de manera que la melodía de la canción que está sonando, retumba por toda la clase estallando las risas del resto. Al parecer al profesor no le hace mucha gracia la música rock a todo volumen, pues seguro que él prefiere algo más clásico tipo Mozart, lo que me cuesta un viaje al pasillo con aviso a mis padres, o padre en este caso.

Si no fuera porque acabo de conocerle, y estoy intentando con todas mis fuerzas darle una buena imagen de mí misma, ni siquiera me hubiera importado, es más, casi hubiera agradecido poder librarme de semejante muermo. Pero, como dije, ahora tengo a alguien a quien impresionar, por lo que ganarme un billete al despacho del director a mayores no me hace mucha gracia, y decido que la mejor idea para liberarme de ese castigo es discutiendo con el profesor. Porque claro, Maeve, qué mejor forma de pasar desapercibida que haciendo eso. Total, que el destierro me lo gano de todas maneras y tengo que arrastrar los pies aún con una mueca de enfado en el rostro a través de la clase hasta el pasillo.

Como no tengo cosa mejor que hacer, apoyo mi espalda sobre la pared y me pongo a silbar, tarareando una melodía que me invento con la intención de mantenerme entretenida. Los minutos se me hacen horas, y estoy segura de que el profesor está alargando la clase más de lo que debería aposta. Como me molesta el pelo metiéndose en mi cara, meto las manos en los bolsillos en busca de una goma de pelo, pero solo encuentro un lápiz que utilizo igualmente para hacerme un moño en lo alto de la cabeza. Soy famosa por encontrar todo tipo de cosas en los bolsillos de mi uniforme, por lo que no me extraño cuando encuentro una piruleta. Probablemente lleve ahí semanas, las suficientes como para que ni siquiera sea comestible, pero acabo por deshacerme del envoltorio y llevármela a la boca en lo que me acerco a la ventana del pasillo y contemplo el exterior.

Estoy saboreando el sabor a fresa cuando escucho unos pasos cercanos, lo que me hace estirar el cuello y girarlo hacia el lado donde proviene el sonido. Sonrío de lado de forma amigable cuando veo que se acerca una niña, metiendo las manos en los bolsillos. - ¿A ti también te han echado o es que vas al baño? - Me fijo en que parece menor que yo, y que sigue esa moda rara de llevar el pelo corto como mi amiga no tan amiga Hero. - No tienes pinta de dar problemas. - Murmuro honestamente cuando la observo más de cerca, analizándola por culpa del aburrimiento en el que me veo hundida.
Maeve P. Davies
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The smallest voices can make it major ✧ Emma IqWaPzg
Invitado
Invitado
Las clases se habían vuelto aburridas a medida que el día pasaba. No lograba concentrarme y las materias que más me gustaban no tocaban hoy. Suspiro mientras observo como el sol entra por la ventana del aula mientras que el profesor dicta la clase como si su materia fuera lo mejor que hay en el mundo. Nunca fui mala alumna, pero las clases como éstas me aburrían un montón. Quería darme el gust de hablar con mi compañera de banco, pero al parecer a ella sólo le interesaba tomar notas de todas las tonterías que el maestro soltaba.

Cansada de todo ésto, levanto mi mano mientras miro al profesor. -Necesito ir al baño- miento, pero no me arrepiento de eso. Deseaba salir de ahí porque si no terminaría durmiéndome. Así que aquella pequeña mentirita no parecía tan importante.

Cuando me lo permite, salgo del aula lo más rápido que puedo. Quiá pensaran que tenía muchas ganas de ir, pero no me importa. Una vez que cierro la puerta, camino más lento. Sonrío y voy dando pequeños brincos por los pasillos mientras tarareo una canción que uno de mis tíos me había enseñado.

Estoy inmersa en mi tarareo y mi felicidad cuando escucho que alguien habla. Me detengo y miro hacia mis lados, busco a alguien detrás mío, pero nada. ¿Me hablaba a mí? Es una chica más grande que yo y mucho más bonita, sonrío casi sin darme cuenta y respondo -Dije que voy al baño, pero escapo del profesor- admito sin preocupación alguna -¿A ti te castigaron?- me acerco a ella con mi alegre caminar de siempre, sosteniendo mis manos detrás de mi espalda. -No me gusta dar problema, no quiero que mi familia se preocupe. Suelen preocuparse mucho.

Separo mis manos y le tiendo una, dibujando una sonrisa en mi cara -Me llamo Emma Larsen Weynart, llámame Emma- me presento. Siempre me habían dicho que presentarse era lo primero que había que hacer cuando conocías a alguien nuevo.
Anonymous
Maeve P. Davies
Miembro del Escuadrón Licántropo
Muevo el palito de un lado a otro en mi boca con ayuda de mi mano mientras observo como la niña se acerca por el pasillo, sin poder evitar alzar las cejas ante la felicidad que irradia de su pequeño cuerpo. No es que yo sea mucho más alta que ella, de hecho, creo que tenemos una estatura parecida, pero sus rasgos faciales y gestos la hacen parecer mucho más enana que yo. Aunque lo que más me sorprende es que alguien pueda verse tan alegre en un sitio como este, como odio el colegio. Me separo de la ventana cuando la tengo a apenas unos centímetros de distancia y le devuelvo la sonrisa de forma muy rápida, sacándome la piruleta ya acabada de la boca para esconder el palo en uno de mis bolsillos.

Entrecierro los ojos un momento, observándola como quien analiza algo que no tiene sentido. – ¿No te gusta dar problemas pero dices que vas al baño para escaparte de la lección? – Pregunto divertida en un intento de hacerla sentir confusa, para después soltar una risa baja mientras sacudo brevemente la cabeza como si quisiera darle a entender que es la excusa más pobre que he escuchado en mi vida. – No, al profesor le parecía que me apetecía tomar un poco de aire fresco, aunque si le preguntas a él probablemente te diga otra cosa. – Bromeo. Estoy tan acostumbrada a que me eche de clase que ya no lo considero un castigo, sino una forma rápida de acabar con el sufrimiento que significa tener que aguantarle.

Bajo mi mirada hacia su mano cuando me la tiende, a lo que reacciono extendiendo la mía en su dirección y dándole un breve apretón. – Maeve… Davies, como sea, Maeve está bien. – No hace mucho que he pasado a vivir con mi padre biológico, tan poco que no sé si hago bien en utilizar su apellido como el mío, aún se me hace extraño poder referirme a él como tal, por estrecha que sea la relación que nos une. Posteriormente, meto las manos en mis bolsillos y empiezo a caminar por el largo pasillo, estirando el cuello hacia atrás un segundo para buscar a Emma. – ¿Vienes? Mejor que te pillen yendo al baño que charlando, aún falta clase por terminar y dudo mucho que el profesor me deje entrar hasta entonces. – Y entre nosotros, hay una máquina de comida un poco más adelante. – ¿Tan aburrida era la materia? – Le pregunto sobre su clase por tener algo de lo que hablar mientras camino a paso lento por el corredor.
Maeve P. Davies
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