The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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2 participantes
Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Hoy fue uno de los pocos días en los cuales me levanto de un salto de la cama, confiando en que tendré una buena jornada incluso viendo el lado medio vacío del vaso. Accedí a hacerle el desayuno a papá y pasé toda la mañana ordenando mi habitación, guardando en cajas las cosas de Melanie que son demasiado dolorosas para tener a la vista, hasta que el fondo del armario parece que va a explotar. También guardo los juguetes, los dibujos y todas aquellas cosas que me recuerdan que hasta hace pocos meses yo no era más que un niño pequeño, pero que ahora me resultan insignificantes. Barro, paso el trapo, cambio sábanas... me doy cuenta de que algunas cosas no me gustan y cambio los muebles de lugar por mi propia cuenta. Cuando termino, el dormitorio está irreconocible y me siento orgulloso de mí mismo.

Cerca del mediodía suena el timbre y grito por toda la casa que yo atiendo, sabiendo que de todas formas no hace falta porque nadie más va a mover un dedo, y cuando abro la puerta  de un tirón me encuentro cara a cara con Seth. Hemos logrando hablar por teléfono un par de veces, por lo que acordamos que, hasta mañana, él se queda con nosotros en el cuatro, lo que me llena de ilusión porque nunca he tenido un amigo con quien pasar tantas horas juntos. Es casi como volver a tener  a Shamel. Así es como pasamos horas comiendo porquerías, hablando de cosas sin sentido y evitando los temas más oscuros y tristes mientras arreglamos su nueva bicicleta, robándole las herramientas a papá y riéndonos de chistes que ni nosotros sabemos qué significan. Cuando falta poco para el atardecer, nos subimos a un bote y me paso un buen rato enseñándole a pescar, mostrándole las diferentes clases de carnadas y de anzuelos, hasta que es hora de volver y podemos decir que nos hicimos con un buen botín. Papá está de buen humor justo lo suficiente como para preparar pescado frito con papas, pero como sé que no querrá que lo molestemos, convenzo a Seth de armar una fogata en la playa. Y ahí es donde estamos cuando el sol ya se ha ocultado, intentando que el fuego no se apague.

Coloco la última piedra que va a ayudar a mantener la pequeña hoguera, para después sentarme en la arena y me abrazo las rodillas, observando el fuego. El cuerpo me duele y la idea de dormir es más que tentadora, pero no se me antoja el perder el tiempo. Miro sobre mi hombro para mirar a mi casa y luego, vuelvo a mirar a Seth - terminarás chupándote los dedos, ya verás - le digo, dejándome caer panza arriba para poder mirar las estrellas. Escucho el mar, el fuego crepitar... ojalá las cosas siempre fuesen así. Ojalá no tuviese que volver a la isla, dónde me da vergüenza estar hasta en mi propia casa por culpa de mi comportamiento en la ceremonia. No puedo ni mirar a Amelie a los ojos. Aquello me hace meditar un momento antes de abrir la boca - Seth... ¿alguna vez te enojaste con alguien sin motivo y no sabes cómo pedirle disculpas? - pregunto, arrugando ligeramente el ceño. Creo que es la primera vez que le pido consejo a alguien de mi edad y estoy seguro de que va a decir algo o muy genial o muy estúpido.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
La mejor manera de que Jared no se entere de que hay un vencedor en mi vida y que cada vez que me da la gana salgo del distrito 11 con una facilidad que ni siquiera él se cree, es peleándome con él horas antes de que pase. No soy un experto en el tema, pero sí en él. Sé que cosas le molestan con facilidad, sé con cuales se olvidará de mi el tiempo suficiente como para que me vaya. La última vez se pasó días sin hablarme, suficientes para ir y volver sin que lo notara. Pero hoy es diferente, desde que está más relajado por motivos que desconozco y que atañaré a Allen, se ha empeñado en intentar ser más amable conmigo. Ya no aparece de pronto por las esquinas atacándome para que sepa defenderme, ya no intenta ahogarme mientras duermo para recordarme que debo estar siempre alerta. Los días han ido pasando y han sido unos meses insufribles entre entrenamientos y golpes, aunque con cada vez que pasa, con cada sol que cae, yo me hago más hábil y él más viejo. Tal vez ese buen humor no se deba a Allen sino a que está orgulloso de mi.

Es eso en lo que voy pensando mientras estoy en el tren de camino al distrito cuatro con mi tío Andrew sentado en la ventana justo en frente mirándome de vez en cuando para asegurarse de que no estoy pasando de su culo y de sus instrucciones, de cuanto tiempo puedo estar con Ben, de cual es la hora a la que debo estar en la estación para que nos vayamos, de que hacer en caso de que alguien sospeche de mi. Llevamos horas y horas planeando cada detalle para que no salga mal, claro está que hemos elegido algunos códigos, no se puede ir por un sitio público diciendo: recuerda que si los agentes te atrapan tienes que correr; seguro que eso lo asocian de inmediato a un delincuente. Así que hemos cambiado las cosas, los agentes son cervezas, las mesas son los sitios a los que tengo que ir. Recuerda que debes ir a la mesa cinco si te piden cervezas. La mesa cinco es la playa. Hemos intentado no dejar nada al azar, pero también somos conscientes de que en el fondo es imposible controlar cada detalle de lo que va a pasar los próximos dos días.

Me levanto de un salto del asiento nada más veo la estación del cuatro y arrastro la maleta por los pasillos antes de que la gente se aglomere para intentar salir también. Mi tío Andrew me sigue de cerca gran parte del camino, hasta que nos separamos del todo. Pasará los días siguientes en un hotel. Cerca para ayudarme en caso de emergencias, pero suficientemente lejos como para darme el espacio que necesito. Una noche de solo chicos. Un día de aventuras que no tengan que ver con una guerra que con la que no estoy preparado para lidiar.

Aparezco (no literalmente) en la casa de Ben cerca del medio día ligeramente nervioso mientras espero a que me abran. ¿Habrá crecido? ¿Habré crecido yo? Un mes es mucho tiempo, a lo mejor hasta ya no somos amigos y yo todavía no lo sabía. Pero todas esas paranoias dejan de existir en cuanto abre la puerta. Una vez mi madre me dijo que las personas que tienen vínculos emocionales fuertes pueden pasarse años sin verse, pero cuando vuelven a encontrarse parece que el tiempo jamás haya pasado. Esos son los amigos de toda la vida, la familia, personas que jamás olvidarás, personas que debes recordar siempre. Quizá mi madre no diga solo tonterías siempre, quizá algunas veces tenga razón.

El día se pasa volando, o a mi me lo parece. Creo que tengo unas diez heridas nuevas de esas que no me importa tener, y de las que presumiré toda mi vida. He aprendido a pescar, y nos accidentamos más de una vez pero me dio lo mismo. Para cuando volvemos a su casa casi cae la noche y su padre parece de buen humor, pero yo estoy igual, suficiente como para unirme a la voz de Ben mientras contamos la historia y lo gracioso que fue que casi nos cayésemos al agua cuando un pez, que al final rompió la cuerda de la caña de pescar por ser demasiado grande y fuerte para ella, casi nos tira al agua de un zambombazo. - Fue terrible! Estábamos él y yo agarrando la caña y tirando y el pescado para el otro lado. Por poco nos caemos y va y se rompe el sedal! ¿era sedal no? pues eso, y de pronto me caigo para atrás y Ben cae también y hace la barca puaaa - Hago un gesto hiper exagerado con las manos para indicar que la barca casi se voltea. La historia no es tan divertida cuando la vives, bien que nos pegamos un susto de muerte cuando además aquel pescado rencoroso vino a golpearnos a ver si nos caíamos de nuevo (luego nos dejó en paz) pero ahora mismo, mientras la cuento, me doy cuenta de que las risas que antes en su momento eran nerviosas, eran carcajadas enteras que se escondían tras la incertidumbre de una aventura para la que no estábamos preparados.

Dejamos al señor papá de Ben preparando la comida mientras bajamos a la playa todavía rememorando la historia graciosa sobre como casi nos mata un pez enorme, dejándome caer sobre la arena en plena carcajada, primero sentado y luego soltando un suspiro largo, cansado, pero realmente feliz estirándome cuan largo soy para quedarme recostado. Río levemente, creyéndole de forma ciega, cuando dice que me chuparé los dedos cuando su padre acabe con lo que pescamos hoy y no intentó matarnos. Entonces se hace un silencio entre los dos, de esos que no son incómodos sino todo lo contrario, que es roto casi enseguida por la voz de Ben. - ¿Enfadarme? Si. Con mi tío Andrew todo el rato. - Me levanto para quedarme sentado con las piernas cruzadas de una manera bastante informal. - Pero luego no hace falta que yo le pida disculpas. Me porto bien un tiempo y él ya lo sobreentiende - Me encojo de hombros como si aquello no tuviese importancia, pero realmente lo paso muy mal cuando la culpabilidad me abruma. - ¿Por qué? ¿te peleaste con tu papá? - mi voz suena más confusa de lo normal, porque no me parece que su padre sea mucho de enfadarse. De todas maneras ningún padre trata mal a su hijo delante de sus amigos porque así parece el mejor padre del mundo. Seguro que todos se ponen de acuerdo al mismo tiempo para dejarte como mentiroso cuando le cuentas a los demás que tus padres no molan tanto como ellos creen.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Arrugo el ceño porque la última vez que me enojé con papá tuve mis motivos y mis labios se tuercen en una fina línea que deja bien en claro que estoy reprimiendo una molesta obvia; el único motivo por el cual le pedí disculpas es porque mamá no hubiese querido que quedásemos los dos solos sin siquiera hablarnos, y nada más que eso. Me revuelvo un poco en mi sitio y cruzo las manos sobre mi barriga, marcando un ritmo inexistente con mis pies en la arena - no, papá no es el problema... - no quiero decirle a Seth que me ha pegado y que nos gritamos las cosas más asquerosas, porque es la primera vez que él está aquí de visita formal y dar una mala impresión no es lo mío, al menos no con él. Así que dudo un momento antes de decidirme a hablar - es Amelie... ya sabes. La chica del Capitolio que ganó conmigo en los últimos juegos...


Mi voz se vuelve vacilante un momento y lo vuelvo a mirar, intentando verle mejor la cara poco iluminada por el fuego, por lo que tiene un color algo anaranjado que parece que se está prendiendo en llamas - en la coronación me puse ebrio, estoy seguro de que lo sabes - arrugo el ceño con molestia porque, aunque han censurado aquella parte desde que repiten una y otra vez la coronción en televisión, con solo verlo una vez a todo el mundo le quedó grabada mi pequeña actuación - es que estaba enojado con Amy porque estaba bailando con el "chico alto del Capitolio y con cara de aburrido mortal" - pongo una voz melosa que me sorprende a mí mismo y me río brevemente, rascándome la nariz. No entiendo ésta molestia y tampoco es que lo haya meditado demasiado con todas las cosas que me vienen pasando, pero ahora mismo, estando con Seth, puedo darme el gusto de dejarlas salir de una buena vez - y, simplemente, me fastidió y le grité que estaba cansado que todos me vean como un niño, lo que es verdad porque lo hacen todo el tiempo sin importar a cuantos haya tenido que matar para estar aquí.

Por pura inercia giro la cabeza y veo a lo lejos, la silueta del árbol recortada contra la luna, allí donde enterramos a todos nuestros familiares, entre ellos Melanie. No puedo dejar de pensar lo cerca que estuvo ella de seguir con vida, de ser mi compañera, y a veces me gustaría que haya salido ella en lugar de Amy para evitarme los enojos aunque luego me siento horrible de siquiera considerarlo - debe ser porque ella cree que es responsable de mí desde que vivimos juntos y ... no lo sé - me quedo sin palabras y vuelvo mi vista a Seth, esperando que me ilumine un poco antes de que comience a darme la cabeza contra la tierra.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Asiento cuando menciona a la chica e intenta hacerme recordar quien es como si hubiese una posibilidad de que yo lo hubiese olvidado. Es una de esas chicas que no se olvidan, grande, guapa, pero un poco histérica. Creo que se pasó neurótica la mayor parte de los juegos, aunque solo recuerdo el principio donde todos estaban despiertos todavía; antes del accidente. Hago una leve mueca mirando el fuego crepitar y sentándome de frente a éste en vez de para el lado, viendo a mi amigo a través de las llamas que se mueven a causa del viento, amenguan y crecen, pero no se apagan. - ¿Ebrio? ¿has bebido? - Yo trabajo en un bar desde que tengo uso de razón, primero simplemente tomando apuntes en una nota para decirle al tío Andrew lo que debía servir, pero conforme me fui haciendo mayor, incluso sirviendo copas. A pesar de eso, jamás probé una sola gota de lo que se vendía allí, aunque ahora no se si porque no quise, o porque no me atreví.

Cuando dice que estaba enojado siento una chispa en mi cabeza que poco a poco ilumina el resto. Es verdad, sí que le vi borracho, pero fue de una forma fugaz porque cambiaron el panorama a otro más escalofriante. La mujer muerta. Me río sin poder evitarlo cuando describe al "chico alto del capitolio con cara de aburrido mortal" entre parte porque recuerdo al acompañante de Amelie, y en parte porque lo describe genial, además de por la voz que pone. - Eso es estar celoso, no estar enojado - Ruedo los ojos sacudiendo la cabeza y adoptando, repentinamente, una postura de experto en temas del corazón, aunque jamás haya salido con una chica más de una tarde. - Pero eso pasa siempre, incluso con las de 13 años. Creen que son más grandes que tú porque supuestamente crecen más rápido. - Mi voz inicialmente era animada, pero la sola mención de la gente que tuvo que matar para seguir con vida hace que se me atraganten las palabras un poco en la garganta.

Nunca hablamos del tema, y si yo hubiese estado en su lugar tampoco querría, pero a veces, mientras recuerda la arena, Ben pasa de ser un chico completamente normal y alegre, a parecer necesitar un abrazo. Apoyo una de mis manos en la arena inclinando mi cuerpo hacia la izquierda ligeramente, mientras empiezo a pasar mi mano muy rápidamente por el fuego de la hoguera entre el me quemo pero no me quemo. - ¿Y por qué vivís juntos? ¿no había casa para todos? - Siempre he tenido en mente que los vencedores tienen casas para ellos solos, tal vez las cosas han cambiado desde la última vez que seguí los juegos al completo, desde lo que parece ser hace mucho tiempo. - Eso puede ser un... confuso. Se supone que los chicos y las chicas no viven juntos, a no ser que se vayan a casar. O que estén saliendo juntos. Por eso de que pueden hacer... bueno ya sabes - Choco mi dedo indice derecho con el izquierdo asumiendo que lo entenderá sin más explicaciones. - Todo el mundo se pone paranoico con eso, como si fuera lo uuuuniiiicooo que puedes hacer con alguien a solas en tu cuarto. - Acabo la frase como si fuera una estupidez, en ese mismo instante se me ocurren al menos diez formas de entretenerme que no sean el sexo. - ¿por eso estás celoso? ¿porque crees que el tipo ese soso y ella han... ya sabes. - Vuelvo a hacer lo de los dedos.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Le pongo una cara de "es obvio que he bebido", porque no se me ocurre otro modo de llegar a estar ebrio, aunque no digo nada. Su sugerencia me produce un incómodo cosquilleo y apenas me incorporo sobre mis codos para poder verlo mejor, notando el peso de la incomodidad - ¡yo no estoy...! - se me pierden las palabras porque me doy cuenta de que jamás he estado celoso de nadie y no sé cómo se siente, de modo que si lo niego quedaré como un tonto. Recuerdo entonces la sensación de molestia, de querer hacer desaparecer a esa chico y el simple pensar de que ella se veía bonita, y de golpe me encuentro sintiendo un calor molesto subiendo en mis mejillas como si me hubiesen atrapado haciendo algo completamente vergonzoso que no sé como explicar. Dejo salir un sonido que parece a rendición y vuelvo a dejarme caer en la arena, dándome por vencido. Si esto es lo que los adultos llaman "gustar de alguien", me encantaría no haberlo descubierto nunca.

Miro como la mano de Seth pasa por encima del fuego sin siquiera preocuparme porque yo hice eso mil veces y nunca me he quemado, cuando su pregunta me toma por sorpresa porque creí que era obvio - Al principio nos dieron una a cada uno, pero no queríamos estar solos - contesto, aunque en realidad fui yo el que no quería vivir a solas en una casa gigante donde sería fácil que me pierda en mí mismo. Amelie y yo nos ayudamos, en nuestra manera, a superar esto juntos y adoro saber que ella está ahí para mí cuando la necesito. La explicación de Seth me parece un poco fuera de línea hasta que veo el choque de sus dedos y no sé si reírme o sentirme incómodo, así que hago las dos cosas al soltar una risita nerviosa que parece mucho más aguda que las demás. De todas formas, la sola idea de Amy con ese tipo me hace poner cara de asco y niego muchas veces con la cabeza, dándome un envión para sentarme - no digas esas cosas. Ellos nunca estuvieron a solas, que yo sepa...

De repente, la imagen mental de ellos dos sentados en la cama que yo suelo compartir con ella se presenta en mi cabeza con violencia y me encuentro arrugando el ceño ante el simple pensamiento de que alguien más la haga reír, lo que es estúpido - estoy seguro de que yo me he metido más veces a su cama que cualquier otro, y solo por pesadillas - aclaro, antes de que piense mal de mí o algo así. Se volvió algo completamete normal el salir de mi cama en silencio por las noches y el entrar a sus sábanas, para acabar durmiendo en paz con mi nariz en su cabello y así despertar con un simple "buenos días". Me mastico los labios un par de veces, perdido en mis recuerdos, hasta que bajo la vista y me pongo a dibujar formas en la arena con uno de mis dedos para tener la excusa perfecta y no mirarlo a la cara - ¿alguna vez besaste a una chica, Seth? - pregunto en un murmullo, admitiendo de alguna forma u otra, que odio que tenga razón.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Alzo una ceja mientras espero la típica respuesta que todo el mundo da cuando le dicen que está celoso terminando por suspirar con una leve risa al ver que se interrumpe solo. Al menos ha pasado ese mal trago de mentirse bastante rápido, porque sino íbamos a estar discutiendo la misma gilipollez dos días. - Estar celoso no es malo - Murmuro como consuelo. - Significa que otra persona te importa - Y con ello no me refiero única y exclusivamente a los celos que un chico siente por una chica que le gusta, o viceversa, sino también por los amigos, los hermanos, los padres, cosas que yo jamás he experimentado por mi mismo pero que he visto de primera mano.

Suelto un leve murmullo afirmativo al escuchar su explicación sobre el cómo ha acabado viviendo con Amelie, y lo entiendo. Varias veces he pensado en lo difícil que sería estar completamente solo, claro que jamás se me ha ocurrido pensar en los vencedores, solo en mi, de modo algo egoísta, con ese miedo típico que tienen los niños abandonados de que la última persona que les queda en el mundo se vaya; como lo era mi tío Andrew para mi, cómo en realidad lo sigue siendo. ¿Que habría hecho si un día me despierto y estoy solo? Ni idea, recuerdo que pensar en ello me provocaba una ansiedad inaguantable. - Aaah. Que tú sepas - Dejo caer aquello como el que no quiere la cosa, porque igual cuando se trata de esas cosas la gente no suele querer público. Solo pasa y ya está, el resto no tiene porqué saberlo.

Me descoloco un tanto mirándolo con una mezcla entre el asombro y los celos cuando dice que él se ha metido en la cama de Amelie más veces que cualquier otro. Estoy entre preguntarle a que rayos se refiere acabando por sonreír ante lo de las pesadillas. - Eso ha sonado un poco mal al principio - Murmuro sin estar seguro de si me escucha o no me escucha, aunque tampoco importa. - Igual si solo quieres pedirle disculpas, a lo mejor si le haces el desayuno algún día ya te perdona. Mi tío Andrew decía que a las personas, generalmente, se las conquista por el estómago - Aunque no recuerdo si con eso se refería a él, a todos los hombres del mundo o a todos los seres humanos independientemente del sexo. Jamás se lo pregunté.

Le miro fijamente un rato tras escuchar sobre su pregunta. Me encojo de hombros más de una vez, cómo si cada vez que lo hiciera consiguiera ganar más tiempo para pensar. - Pues claro que si, ¿tu no? - Presumo cómo si hayan sido diez mil, aunque solo fueran dos; como si no hacerlo fuera cosa de gente rara; y cómo si una de esas dos chicas que besé, no hubiese sido en realidad un "ella me besó antes y yo no supe que hacer". - Las chicas se dejan besar por cualquier motivo. Porque están tristes, porque has sido amable, porque les gustas - La última razón se me enreda en la lengua, como si me diera vergüenza admitir que alguien puede llegar a gustar de otra persona. Y es porque la única vez que recuerdo que una chica me dijo que le gustaba, medio colegio se estuvo burlando de ella y de mi dos días enteros. Pero eso, no se lo cuento. Hincho una de mis mejillas con aire mirándolo a través del fuego todo dubitativo, intentando que sus ojos no conecten con los míos. - ¿Quieres besarla? - Pregunto como si fuera un secreto, bajo, a pesar de que la persona más cercana a nosotros en aquella playa está como a treinta metros de distancia. - A Amelie digo
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Creo que he demostrado que Amelie me importa más de una vez sin necesidad de comenzar con los celos, pero tampoco es que me voy a poner a enumerar cada uno de esos momentos; cuando la ayudé a salir de la arena, cuando no me separé de ella durante horas, cuando le doy una mano a la hora de mantener nuestra casa en orden, cuando le regalé esas flores que encontré en el parque hace unas pocas semanas... "que yo sepa" se vuelve de golpe frustrante y desearía saber más y a la vez menos, así que demuestro mi molestia haciendo chirriar mis dientes. Nunca lo había considerado de aquel modo y hasta golpearía a Seth sin hacerle daño por haberme metido esas ideas en la cabeza.

Tuerzo la boca en una mueca pensativa cuando me sugiere lo del desayuno, cosa que le he preparado muchas veces, pero acabo chasqueando los dedos ante la nueva perspectiva - a mi mamá le gustaban los desayunos en la cama - ella siempre se levantaba de buen humor cuando eso pasaba y era un ritual en el día de su cumpleaños, aunque acabábamos todos metidos entre ella y papá comiéndonos sus cosas. Creo que a ella no le importaba pero ahora me hace pensar que nos comíamos parte de su regalo y eso estaba mal. A Amelie le dejaré comer toda la bandeja - Amy suele ir en contra del mundo, o eso creo. Cuesta mucho enterarse de qué es lo que le gusta. Tal vez es por eso que... me llama la atención - utilizo las palabras con cuidado como si no quisiese pisarme a mí mismo, aunque ya da igual. Se supone que con Seth no debería tener secretos.

No puedo evitar sentir cierta envidia cuando dice que ha besado a alguien y no entiendo el motivo, porque no es como que alguna vez le haya dado verdadera importancia al asunto, excepto cuando la amiga de Mel me corrió para besarme la mejilla y salir disparada. Recuerdo habérselo contado a papá y que él se haya reído durante horas de eso como si la idea fuese divertida, pero creo que lo que más le dio gracia fue mi expresión de niño confundido al momento de confesarlo. Así que acabo negando con la cabeza casi con pena, escuchando los diferentes motivos por los cuales las chicas te besan y, la verdad, es que no encajo en ninguno de ellos - no soy la clase de chico que les gusta a las chicas - que yo recuerde, siempre se fijan en los chicos más creídos de la clase y no en el que se sienta al fondo. Siempre fui delgaducho, pequeño y demasiado pálido para la gente del cuatro que vive al sol, además de que la vida parece haberme dado los detalles suficientes como para ser considerado el extraño del curso.

¿Quiero besarla? El simple pensarlo me da la respuesta que necesito; el querer hacerlo no es el poder hacerlo - ¿qué importa si quiero? Yo solo soy un niño para ella, ¿recuerdas? - lo digo de un modo algo molesto, acomodando las piedras de la fogata como si de verdad fuese necesario - además, seguro salió con cientos de chicos y no se fijaría en mí hasta que sea un adulto y no pueda decirle algo más interesante que juguemos a la pelota o que es la primera que me gusta de verdad - no puedo evitar girar la cabeza para mirar la casa, rogando que mi voz no haya volado hasta allí, porque no podría soportar las burlas de papá. Tras un momento de silencio, decido que el peligro ha pasado y retomo la charla - la única niña con la que hablé sin problemas siempre fue Sophia. Es mi mejor amiga, vive en la casa de enfrente... - hago un movimiento con las manos como si así pudiese describir la casa para que sepa cual es, aunque seguro ni lo necesita - a los chicos les gusta porque tiene el cabello dorado y canta bonito y soporté cientos de burlas cuando nos veían de la mano, aunque no sé si podría pensar en ella como una chica porque nos conocemos hace años. Así que podemos decir que soy nuevo en el tema - me encorvo un poco en mi sitio, lanzando un suspiro agotado, centrándome en el movimiento de las llamas - es ridículo, ya lo sé.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Asiento cuando dice lo de su mamá porque yo hacía lo mismo con mi madre, mi tío Jared y mi tío Andrew cuando era pequeño y antes de que toda mi familia se fuese a la mierda. Entre Silván, Sinhué y yo preparábamos cualquier tontería, ni siquiera tenía que ser elaborado pero ellos quedaban encantados. - Además, no es lo mismo que si se lo llevaras a tu mamá. Eso de llevarle a Amelie el desayuno a la cama es como un gesto romántico que no puede ignorar - De repente me siento todo un experto en el tema y un maquinador innato. Seguro que si me lo propongo hasta puedo conseguir que ella deje de verlo como un niño pequeño y pase a ser tan especial para ella como ella lo es para él. Me emociono suficiente como para pasar de estar sentado de cualquier forma en el suelo, a sentado sobre mis piernas quedando ligeramente más alto que el fuego, en el que sigo jugando solo para no perder la costumbre.

Sonrío de forma pícara cuando dice que lo que más le gusta de aquella chica del capitolio es precisamente que es complicado adivinar lo que quiere. - Eso es porque es una chica. Todas las chicas son así. Cuando dicen que no quieren decir si, si quieren decir que si es que no. Excepto cuando dicen que no que es no y punto, o cuando dicen a veces que puede ser si o no - Una vez tuve una conversación de chicas con mi tío Andrew, aunque tengo la sensación de que a pesar de su edad, las entiende menos que yo. Y ese fue su consejo, hay que hacer lo contrario que una chica quiere que hagas, a no ser que esté pidiéndote algo que quiere que hagas tal cual te lo dice. Es como jugar al cara o cruz. Si aciertas, genial. Si fallas... mueres.

Tuerzo los labios mientras le escucho despreciarse a si mismo al decir que no es la clase de chicos que las chicas suelen perseguir. Apoyo mi mano en la arena inclinando mi cuerpo hacia un lado para mirarlo por la derecha del fuego. - Mentira. Todos los chicos somos el tipo de alguna chica. Lo que pasa es que no se ve a veces. Siempre hay una que se esconde y te mira en secreto sin que te enteres, o que está coladita por ti pero finge que sois amigos solo por miedo a decírtelo - De todas maneras ahora tiene el aliciente de ser rico y encima vencedor. Nada en el mundo podrá matarlo si hace las cosas bien, y eso es prácticamente un lujo que no todos tienen hasta que pasan los 18 años y su última cosecha. Y aún así, no todos tienen dinero después de eso.

Ruedo los ojos cuando se pone un poco melodramático y voy hasta donde está él para sentarme en frente cerca de su cabello y agarrar un mechón. - No lo entiendes. Esa imagen es relativa. Cámbiala. Si le demuestras que eres un hombre, no puede tratarte como un niño. - Pienso en que quizá si cambia de peinado... - Cuando tengas pesadillas quédate en tu cuarto, porque correr a buscarla sería comportarse como un niño. Pero en cambio cuando ella las tenga vas y la proteges. Eso hacen los hombres. - Digo lo de "hombres" como si yo fuera un experto. - Puedes invitarla a cenar fuera, y le sostienes el abrigo, y le mueves la silla y todas esas cosas que hacen los hombres con sus novias. Seguro que entiende la indirecta alguna vez - De pronto, de la noche a la mañana, me he vuelto un experto en las relaciones románticas cuando en mi vida solo he tenido dos. Una duró dos minutos porque en cuanto aquella chica me besó, de mis labios salieron automáticamente más insultos de los que la pobre pudo procesar y que fueron provocados por la sorpresa y la violencia emocional de ser medio violado en medio del patio. Y la otra tres semanas porque supuestamente, era un borde con ella incluso cuando estábamos a solas.

De todas maneras no entiendo a las chicas más allá de la teoría, que según tengo entendido y según mi experiencia, sirve para muy poco. - Puedes decirle a Sophia, tu amiga, que salga contigo de mentira. Seguro que también funciona para poner a Amelie celosa - Me río un poco cuando se llama a si mismo ridículo y suelto su mechón rodando los ojos. - Es lo mismo. Nadie nace sabiendo y además, nadie aprende todo de golpe. Yo he tenido dos novias y sé de las chicas muy poco. Como que no les gustan las paleas y que se enfadan si dices palabrotas. Eso es ridículo. - Enfatizo el "eso" porque es algo que me exaspera. Le doy un par de golpecitos de consuelo en el hombro como si fuera un pobre desdichado sin novia que se va a morir solo. - Ideas hay muchas.
Seth K. Niniadis
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Durante un momento puedo imaginar la situación y, no sé bien el motivo, pero creo que Amelie me arrojaría una tostada por la cabeza. No puedo contener la risa cuando lo que me dice parece recitado de lo que escuché tantas veces de la boca de papá, confirmando entonces que las niñas no son tan básicas como los niños. Bueno, lo he visto durante años en mi hermana, pero jamás le presté demasiada atención porque para mí Melanie estaba completamente loca independientemente de su sexo. Me deja pensativo un momento, recordando una vez más a la amiga de Mel y sonrío con cierta picardía mezclada con la timidez, juntando mis manos – Mel tenía una amiga, Cassie, que una vez me besó la mejilla y salió disparada. Mel siempre dijo que Cassie estaba loca por mí y que dibujaba mi nombre en la parte trasera de su cuaderno – nunca supe si creerle porque mi hermana hacía bromas de casi todo, pero fuera de eso, nunca más tuve un mayor contacto “romántico” con alguna otra chica. Lo más parecido era cuando Sophia me obligaba a jugar a el papá y la mamá paseando su carrito de muñecas y tomándonos de la mano. Por lo demás, las niñas me ignoraban o se burlaban de mí, de modo que es un poco penoso pensarlo.

Seth se acerca y toma un mechón de mi cabello, lo que me hace mirarlo extrañado, como si temiese que fuese capaz de cortarlo para darme un nuevo look o algo así, lo que tiene sentido con todo lo que me dice a continuación. Tengo que admitir que tiene razón y hago una muequita de disgusto al darme cuenta de que he actuado como el bebé que odio que vean en mí, por lo que mi berrinche en la coronación me parece repentinamente una completa estupidez - ¿yo? ¿invitándola a una cena? ¿una cita? – la palabra “cita” me enrosca la lengua porque sé muy bien que alguien como ella no ve las posibilidades de una cita entre alguien como yo y su persona - Amy tiene dieciocho, Seth. Ella mira a otra clase de chicos - al menos, los que ya tienen barba o no necesitan ponerse de puntitas para llegar a su altura.

La idea sobre Sophia consigue que eche la cabeza hacia atrás y lance una carcajada que retumba en la silenciosa playa, agradeciendo que me haya soltado el cabello porque sino me hubiese pegado un tremendo tirón. Me ahorro el decirle que no funcionará, que tampoco estoy hablando demasiado con ella como para atreverme a pedirle algo por el estilo, porque sé que Seth parece dispuesto a transformarme en todo un galán de la noche a la mañana. Sus palmadas de consuelo le valen una sonrisa y un golpe amistoso en el hombro, aunque no tardo en echarme hacia atrás porque unas chispas de la fogata han saltado y casi me dejan sin cejas - ideas hay muchas, posibilidades hay pocas. Como sea, gracias por los consejos - para él es fácil decirlo porque ya ha salido con chicas y tiene una idea de a lo que se enfrenta, pero para mí son un misterio. Me rasco la cabeza, hundiendo los dedos en el cabello y dándole la razón a la señora Figgins sobre que necesito un corte urgente, cuando dejo escapar otra idea - tal vez deba conocer a alguien nuevo. Si no viviese con Amy, estoy seguro de que ella no me gustaría. ¿Quién quiere desperdiciar tiempo queriendo a alguien que no te quiere? - mamá una vez le dijo a Shamel que no siempre el amor es recíproco y todavía recuerdo como él lloraba por la niña que lo rechazó el día de los enamorados cuando mi hermano tenía la edad de Seth ahora. Nunca quise pasar por eso y la idea de llorar por una chica me parece totalmente estúpida - después de todo, es un caso "casi" perdido. Tal vez dentro de unos años... - cuando sea mayor podré salir con quien quiera y no tendré que preocuparme por ser demasiado joven o demasiado inexperto.

Pongo las manos al fuego, sabiendo que las temperaturas bajan bastante durante la noche al estar justo en la playa, y me quedo un momento en silencio, asimilando todo lo que acabamos de hablar. Todavía me resuena en la cabeza el grito ofensivo de Amelie en la arena, la primera vez que se atrevió a dirigirme la palabra, y sigo sin comprender nada de ésto. Y es ahí cuando noto un detalle - la necesito - el murmullo apenas se escucha sobre el crepitar de las llamas, pero sé que me ha oído - después de los juegos, ella es todo lo que me queda. Estuvo ahí cuando salí de la arena, cuando Mel murió... - paso saliva, porque admitir aquello en voz alta sigue resultando insoportable - no puedo imaginarme sin ella. Y no me importa si no me quiere, al menos no tanto, mientras pueda estar a su lado - otro momento de silencio, aunque esta vez interrumpido por mi risa ligera - estoy sonando como los tipos de las novelas que veía mamá y quiero cortarme la lengua - y también creo que lo merezco porque nunca he necesitado a nadie más que a mi familia. Supongo que son cosas que ocurren cuando los pierdes a todos.
Benedict D. Franco
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Pienso en lo del beso en la mejilla que me explica de la amiga de su hermana y sacudo la cabeza. Eso también me lo han hecho ami las niñas estúpidas que eran hijas de los clientes del bar más de una vez, cuando sus padres se ponían a hacer bromas con mi tío Andrew sobre si podríamos casarnos y tener hijos y volvernos todos familia. Era un suplicio. - Con esas no te juntes. Están un poco locas todas. Además tienen padres más locos todavía. Un día de estos acabas casado con una. Te lo digo yo. - Le doy un golpe con mi mano en el pecho y luego me señalo a mi mismo para dar más fuerza a mis palabras porque él es menor que yo, aunque sea por poco y yo tengo experiencias que él no tiene. Así que debe escucharme y punto. - Seguro que hasta llevó un diario sobre cosas de ti. Que si la miraste, que si sonreíste, que si comiste - Me estremezco de solo recordarlo.

Asiento a lo de la cita como si fuera algo obvio luego rodando los ojos porque pone otra vez la excusa de la edad. - No tiene que saber que es una cita. Solo di que quieres ir a comer fuera o algo así, en plan "tengo hambre, vamos a un restaurante, ¿te apetece venir?" - Imito una voz casual que es tan exagerada que no es casual para nada. - Entonces ella repentinamente también tiene ganas de ir a un restaurante y listo. Ya tienes una cita sin que ella sepa que ES una cita - A veces creo que soy uno de esos privilegiados que lo ven todo simple cuando todo el mundo ve lo complicado. O quizá sea directamente que no tengo ni puta idea y por eso todas las teorías sobre como salir una chica parecen fáciles. Aunque si algo sé por experiencia, es que las chicas son de todo, menos fáciles de entender.

Retrocedo arrastrándome por la arena cuando las chispas saltan echando a reír porque ha sido uno de esos sustos estúpidos entre risas que ya no sabemos ni que nos causó gracia en realidad. Vuelvo a mirarlo mientras acepta su derrota rodando los ojos y pegándole un empujón. - ¿Piensas esperar 5 años? Eso suena casi a amor de verdad - De pronto pienso en que a lo mejor a ella no le apetece esperarle tanto y cuando pasen esos cinco años se va a llevar una decepción del copón, pero no lo digo, quiero animarle, no hundirle más. Junto mis pies por la planta, poniendo mis manos sobre los zapatos mientras le escucho hablar de Amelie. Nunca he estado suficientemente cerca de un chico enamorado de verdad, pero seguro que si lo hubiese estado, habría sonado como lo hace Ben ahora.

Después de quedarse completamente solo cuando su hermana falleció, se aferró a lo primero que encontró. Amelie es lo que tío Andrew ha sido siempre para mi. Al menos lo era, antes de que por culpa de mi madre acabase abandonándolo también. - No tan así. En parte te entiendo - Me cuesta admitirlo un poco, pero total, si él ha sido capaz de hacerlo, yo también. - Podemos empezar por lo más fácil. Que te perdone por lo de la coronación. Luego miramos por el camino el resto - Le doy un par de codazos de modo cómplice para que se sobreentienda a que me refiero con lo de "el resto" - Mi tío Andrew decía que las mujeres nunca son capaces de decirle que no al chocolate. Así que ya sabes que darle. - Utilizo mi dedo índice para hacer dibujos en el suelo, cosas que no tienen lógica para nadie más que para mi porque es uno de esos idiomas que en el pasado no me pertenecía solo a mi, sino a mis hermanos también, pero que tras su muerte, cayó en el olvido. - Y no vuelvas a cagarla - De pronto y sin previo aviso, agarro un puñado de arena y se lo lanzo soltando una carcajada aunque pretendía ser todo lo serio que me permitiera la situación. - Si hace falta te anotas en un cuaderno las cosas que no le gusta que hagas y por las que se enfada, y así ya no las hace más
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
La simple idea de alguien escribiendo lo que hice o dejé de hacer me espanta, convenciéndome de que nunca saldré con una niña de esas aunque quisiera, a pesar de que al vivir en la isla me limite las posibilidades de conocer a alguien nuevo. Seth lo hace parecer todo demasiado simple y yo lo miro de manera cansina, como si el que yo no entienda su punto no tenga nada que ver con que él no entienda el mío. Le sonrío de medio lado un instante, soltando un "psstt" porque es obvio que Amy nunca caerá en algo como eso, además de que creo que no tenemos ningún restaurante en la isla - ¿qué gracia tiene que ella no sepa que no es una cita? ¿No se supone que las citas tienen un propósito? Si ella no sabe que es una cita no tendrá sentido porque en realidad se convertirá en una salida de amigos y todo queda igual. Bah, no importa - sacudo una mano para descartar la idea con una expresión de obvia frustración, que se hace presente incluso aunque no quiera.

Su empujón me descoloca un momento y lo observo dudando en si debo golpearlo o no, y lo que dice a continuación me da pie para devolverle el empuje - ¡yo no estoy enamorado! - una vez escuché decir a los chicos mayores que no te enamoras de verdad hasta cuando eres grande y sabes lo que es depender de alguien o lo que sea, pero también debo admitir que se supone que tampoco matas a nadie a los doce o trece años ni haces todas las cosas que yo me vi obligado a hacer. De todas formas carraspeo y levanto ligeramente el mentón, como si intentase recuperar la compostura - soy muy joven para enamorarme de verdad - "creo".

Lo miro con curiosidad, preguntándole con la mirada a que se refiere con aquel "en parte te entiendo", aunque él continúa con sus consejos y yo opto por no preguntar, porque si nos estamos sincerando él va a hablar por su propia cuenta. Abro la boca para preguntarle algo sobre el chocolate, cuando la arena me entra y se choca con mi lengua, haciéndome parpadear a la vez porque ahora mis ojos se encuentran picando y  empiezo a escupir, frotándome los párpados con los nudillos - ¡entendí, entendí! ¡no voy a cagarla! - refuto mientras escupo hacia un lado, hasta que creo que ya nada me pica ni me cruje dentro de la boca, por lo que tomo venganza arrojándole otro puñado - Le pediré perdón y trabajaré en ello, Doctor Corazón. Aunque seguro te voy ganando en experiencia: ya he visto como lucen sus corpiños - puede que haya sido solo mientras ayudaba a recolectar la ropa limpia, pero él no tiene que saber los detalles y yo le sonrío con malicia justo cuando escucho el grito de papá para que entremos a poner la mesa. Me pongo de pie y tiro arena sobre la fogata, logrando que se acabe apagando, para después sacudirme la mugre de la ropa - más te vale que no abras la boca en la cena o... - sea como sea, mi broma se queda ahí porque me río y le propino un leve empujón antes de que retomemos el camino a la casa, donde nos espera una buena comida y camas calientes. Lo más parecido a la vida que deberían tener dos jovencitos de trece y catorce años.
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Seth K. Niniadis
Fugitivo
Su pregunta me desconcierta, no había pensado en todo lo que dice sobre las citas. Tiene parte de razón si lo pienso detenidamente, pero se está complicando la vida de forma estúpida. - Da igual. Las chicas siempre hacen eso todo el tiempo. Cuando salen con su chico siempre son citas, aunque el chico no sepa que es una cita. ¿por qué no podemos hacer nosotros lo mismo? - Me molesta. Eso es machismo, me quejaré en alguna parte algún día. Chisto dejando el tema de lado cuando dice que no está enamorado queriendo pegarle, ¿Después de todo lo que me ha dicho esta noche pretende que me crea esa patraña?. De todas maneras no le insisto, seguro que el golpe que le he metido por tonto ha bastado y sobrado para que entienda mi punto de vista. - Mi tío dice que el amor no tiene edad - Aunque es el tipo de cosas que dice mientras va solo por los pasillos después de haber ido a ver a Allen. Hace tiempo que no pasa, pero durante los primeros días recuerdo haberlo visto haciendo aquello en más de una ocasión.

Me cubro a partes la arena soltando un quejido al mismo tiempo que una risa porque parte de la arena me ha entrado en un ojo. Siento el impulso de vengarme pero cuando me llama doctor corazón me siento capaz de perdonarle cualquier cosa. - ¿Sus que? - La palabra me suena ligeramente y la asocio con ropa interior, pero esa es toda la relación que yo tengo con los corpiños. Empiezo a reírme como si hubiera vuelto a los cinco años y alguien hubiese dicho la palabras pene o algo por el estilo. - ¿Y como son? - Mi pregunta se queda un poco en el aire porque la voz del padre de Ben nos saca de la especie de burbuja en la que estábamos metidos. Me levanto del suelo sacudiendo mi ropa y siguiéndole escaleras arriba escuchando su amenaza y soltando una carcajada. - ¿Queee? ¿que va a hacerte? solo te gusta una chica, ni que eso fuera un delito. Eres un llorica. - Le meto un empujón y echo a correr muerto de la risa, lo que al final causa que él salga corriendo detrás de mi para seguirme e intentar atraparme.

Entre empujones y placajes volvemos dentro de su casa donde el padre está tan de buen humor que hasta tiene ánimos de preguntar de que hablabamos. Lanzo una mirada cómplice a Ben, y luego vuelvo a mirar a su padre. - De nada. Cosas de hombres - Aquello le hace soltar una carcajada, que al final hace pasar desapercibido mi intento de secretismo. Es la primera vez que tengo secretos que guardar que no son míos.

Y también es la primera vez que alguien me ha importado demasiado cómo para querer guardárselos.
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