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Mensaje por Kendrick O. Black el Jue Ene 07, 2021 12:50 pm

21 de febrero.




Hubiera deseado que su imagen siguiera siendo la de un fantasma. Que sus visitas jamás hubieran ocurrido, que decidiera que era mejor seguir jugando al hombre invisible mientras el resto de sus compañeros me preparaban para el día de mi muerte. Sé que fui ingenuo en muchas ocasiones, pero en este caso particular he decidido mentirme hasta que fue demasiado tarde. Hasta que las marcas empezaron a aparecer por mi piel, hasta que la sangre cicatrizaba para volver a brotar desde los mismos cortes y el mundo se detenía cuando los dementores se marchaban y él entraba a una celda que se transformó en mi infierno personal. Siempre llega el momento en el cual las lágrimas se acaban, la garganta se seca y no eres más que un costal de huesos en el suelo, esperando que todo se esfume para volver a empezar. Es como que tu mente y tu cuerpo se desconectan, porque han dejado de ser tuyos desde el momento en el cual alguien más decidió que eras descartable, que las ganas de vivir son algo que no mereces. Quizá así tenía que terminar. Tal vez, la muerte de Synnove y de todos los que he perdido me hacen merecedor de cada segundo en el cual alguien más me destruye por dentro. Creo que ese es el quid de la cuestión.

Ya estoy muerto.

Hay solo una cosa que me ha rondado por la cabeza en estos días y me hace creer que estoy demasiado desesperado para intentarlo. Sé muy bien lo que he hecho cuando vine aquí tratando de buscar una alternativa, pero el dolor no ha hecho otra cosa que convencerme de que no tenía sentido. Empecé a considerarlo una vez más cuando mi cuerpo empezó a flaquear, cuando los vómitos se hicieron presentes, cuando me hice pis sin poder contenerlo y supe que me están matando poco a poco antes de darle un final que sirva para los demás. No quiero morir siendo lo que ellos quieren que sea, me niego a tirar una última oportunidad por la borda cuando podría funcionar. No van a dejarme ganar, pero puedo intentarlo, puedo hacer que se vean mal, que las personas tengan otro tipo de espectáculo. Una última pelea antes de irme. Creo que es preferible eso a una hoguera o una falla natural de mi cuerpo por todo lo que ha pasado en estos días.

Tengo la mejilla pegada al suelo helado, haciendo contraste con el sudor de mi piel. Me encuentro recostado sobre un brazo cuya muñeca se tuerce en una postura anormal y me cuesta enfocar, pero oigo muy bien los pasos de Magnar Aminoff yendo hacia la puerta de la celda. Se marchará para volver mañana, no le importa dejar todo hecho un desastre porque hasta sospecho que le gusta el sonido del goteo escarlata que me ha acompañado estos días. Tengo los labios quebrados, pero me las arreglo para murmurar unas palabras:

Quiero hacer un trato.

Por supuesto que se ríe, hasta está claro que no se esperaba que yo pudiera hablar. Lo rechaza, pero yo insisto. Desde mi lugar en el suelo, solo me basta recordarle que ya ha ganado y que no tiene nada que temer, para que se vaya con una expresión muda que me deja con la duda de si va a reconsiderarlo o si va a hacer oídos sordos de lo que le he dicho. Muy bien, si hay algo que he aprendido estando en este lugar es que Magnar Aminoff es una persona curiosa y, para ser franco, no tiene reparos en tratar de satisfacer esa curiosidad. Otra cosa que he visto es que es sumamente orgulloso. Si le respondes, lo más probable es que te deje terminar tan solo para empeorar tu castigo. La manera que tienen mis manos rotas de temblar lo evidencian, me bastó con abrir la boca una vez en contra de su mierda para que se volvieran las peores horas de mi vida. Lo peor es que a veces ni necesita usar la varita para hacerlo. Solo espero que haber aprendido todo aquello valga la pena.

No sé cuánto ha pasado, pero sospecho que he estado en este suelo por casi un día. La puerta se abre y cierro los ojos con fuerza, seguro de que se vendrá una nueva tortura pero, en su lugar, una voz me dice que tengo que levantarme. Ladeo el rostro para ver a una mujer que carga consigo ropas limpias, lo cual me arrebata la primera risa en una eternidad; una risa maniática e incrédula, triste e irónica, porque sé muy bien lo que está pasando aquí. Va a escucharme, pero la imagen limpia no es para mí ni para él. ¿Para qué lo sería, si ya nos conocemos demasiado bien? Lo odio, claro. Lo odio durante cada segundo en los cuales un segundo auror entra para ayudar a ponerme de pie ya que mi cuerpo no se encuentra en condiciones y, como un bebé inútil, descartamos el uniforme de prisión sucio, apestoso y rasgado por uno limpio, incluso cálido. Me dan hasta un calzado sin manchas rojizas y me limpian un poco el rastro de porquería de la cara, aunque no hacen más. Dudo que quieran pretender que he tenido una estadía de lujo, de todos modos no es como que me la merezca. Hay cicatrices que no se pueden borrar.

El camino es silencioso. Me esposan, claro está, en lo que cruzamos el pasillo y subimos por un ascensor cuyas puertas metálicas me permiten ver el estado de mi apariencia. Estoy seguro de que no ha pasado un mes aunque no tenga consciencia del tiempo y, de todos modos, me veo absorbido. Los cortes decoran mi piel allí donde se lucieron por primera vez, hay quemaduras que se han vuelto rosadas y el temblor de mis manos es imposible de disimular, hasta me doy cuenta de que la mujer que me acompaña no deja de mirarlo. Debe ser grotesco, sé que mis dedos no tienen su forma habitual y la nariz no hace otra cosa que crisparse a causa del dolor al cual debería estar acostumbrado, pero cuyos latigazos me fastidian cada tanto. La verdad, lo único que me molesta es saber que no podré usar la varita con normalidad. Una oportunidad menos.

La luz natural de los pasillos superiores de la base de seguridad me hace daño a los ojos, me demoro un poco en salir del ascensor porque cuando las puertas se abren, la iluminación me quema un poco. Me empujan, obvio, doy un par de tropezones hasta que llegamos a unas puertas altas que reconozco de muy mala gana. Para cuando ingreso y cierran las puertas detrás de nosotros, me doy cuenta de que me siento demasiado pequeño. Los ministros se encuentran sentados en una larga mesa de juntas, con un presidente en el extremo opuesto acomodado de tal manera en su sitio que hasta parece aburrido. Es extraño ver a estas personas en este ámbito, cuando jamás los vi como políticos sino como amenazas.

No me espero que me empujen hasta el asiento del extremo opuesto a Aminoff, pero tampoco me sorprende. Me siento con las manos unidas delante de mí y, para calmarlas un poco, las apoyo sobre la mesa. Nunca se me dio bien iniciar una junta, pero esto es incluso peor. Necesito agua, pero está claro que nadie va a dármela — Supongo que ni hace falta que me presente — mascullo, la voz suena mucho más ronca y rasposa de lo normal. Pongo una mano sobre la otra para reducir el temblor, en vista de que la superficie no sirve por sí sola — Sé que todos ustedes piensan que esto no tiene sentido y hasta puedo apostar a que ya deben tener una fecha para ejecutarme, pero estoy aquí para hacer una contraoferta — puedo ver cómo Magnar arquea una ceja y Hans Powell me mira como si quisiera escupir algo tras escuchar una estupidez, de modo que me apresuro a hablar — Sé que voy a morir, pero hace algunos meses salió en cadena nacional que los Juegos Mágicos serían retirados si nos entregábamos. Bien, yo me he entregado. Y sé que no es lo mismo, que soy solo yo y mis compañeros siguen en casa, por lo que sugiero es otra cosa: Un duelo — por primera vez me atrevo a buscar la mirada del presidente, esa que se siente menos amenazante en un lugar repleto de personas — Los duelos mágicos solían ser costumbre hace años y rechazarlos te convertían en un cobarde. Sé que el honor no es algo que nos estemos jugando aquí… — ah, debí haberme guardado el comentario venenoso, esto me lo va a cobrar después — Pero la gente siempre merece saber la verdad, ¿no es así? Es lo que se repite una y otra vez en televisión, así que es simple — no sé cómo lo consigo, pero enderezo mi espalda, tomo aire y hasta elevo un poco el mentón — Propongo un duelo mágico, mi vida por la emisión de los juegos. Si yo gano, los cancelarán y me matarán luego. Si él gana... — señalo vagamente al presidente con un movimiento de la cabeza — Bueno, tendrán una ejecución entretenida para todo el país. ¿Qué dicen?
Kendrick O. Black
Kendrick O. BlackFugitivo

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Jue Ene 07, 2021 7:36 pm

Mis dedos golpean la madera de manera rítmica, sin que les preste mucha atención y fruto de lo lento que transcurren los segundos cuando uno está esperando a que algo ocurra. Tengo a mi hermana sentada a mi lado y cuando giro la cabeza ante el sonido de las puertas abrirse puedo ver su cabello rubio antes de enfocar directamente sobre la figura de Kendrick Black. La razón por la que estamos aquí reunidos viene de ese chico que toma asiento frente a Magnar como si nada más esto se tratara de una reunión como otra cualquiera, que tiene a los que están sentados en los extremos como protagonistas y a los demás como espectadores, porque si bien hemos sido convocados para que podamos escuchar lo que Black tiene para decir, todos los que estamos aquí sabemos quién tiene la última palabra y el poder de tomar una decisión que puede llegar a afectar a toda la población.

Me limito a acomodarme en el respaldo de mi asiento, apoyando mis codos sobre los reposabrazos así puedo unir mis manos y prestar mis oídos para lo siguiente. Me entran ganas de reír nada más termina, no sé si por lo absurdo de su propuesta o porque todavía se cree con la influencia suficiente como para poder exigir algo como lo que pide. Ni siquiera desarmo mi postura para cuando alzo la voz, simplemente me aclaro un poco la garganta —Siempre tan honorable— empiezo, cansado, en realidad, de recibir la misma actitud de personas que está claro tienden a confundir conceptos —Has hecho una reflexión muy acertada, Kendrick, tienes razón al decir que la gente merece saber la verdad, ¿entonces por qué les privas tú de ella?— ahora sí cambio mi posición, me inclino un poco hacia delante para poder observarle a la espera de que responda. Si no lo hace, lo haré yo —Tú no te entregaste por el pueblo al que dices defender, al que clamaste querer liberar, tus motivos de aparecerte en el ministerio fueron mucho más egoístas que eso, ¿no es así?— en esta mesa todos lo saben, no hacen falta explicaciones de ningún tipo —Te entregaste por una chica, ¿por qué quieres engañarlos pidiendo un duelo por ellos? ¿Porque eso asegura salvar tu pellejo de ganar tú? Ah, no, que ya sabes que te vamos a matar… ¿entonces te haremos un mártir?— suelto un bufido que pretende camuflar una risa, producida por la incredulidad de su acto en sí.

Engañas a la gente, la haces creer que tu acto de rendición fue por ellos, ¿y todavía quieres hablarnos de honor?— necesito un segundo solo para asimilar lo que estoy escuchando —La condición no era que te entregaras tu solo, la condición era que se entregaran todos, que levantaran las barreras del distrito nueve, no convertirte en un mártir para instigar la causa de los que te siguen— no sé si soy el único en esta mesa que lo ve de esa manera, cuando de una forma u otra, vivo, muerto, la revolución que comenzaron seguirá porque ya es demasiado tarde para frenarla, la guerra seguirá su curso. El rostro de Black no es más que la bandera que agitan para llamar la atención de la gente, él por su cuenta no es capaz de mover masas, y lo sabe tan bien como para ofrecer su vida. Ah, pero de eso a lo que está diciendo hay una gran diferencia. —Espero que no te hayas presentado aquí solo para burlarte de nuestro honor cuando está claro que tú mismo tienes problemas con el tuyo.— puedo soportar que un niño señale otras faltas, que venza un duelo si así lo quiere, pero que venga a mofarse de la veracidad de los hechos ahora que le salieron mal los planes de rescate, definitivamente no.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Jue Ene 07, 2021 8:41 pm

Retiro hacia atrás la silla que está vacía al lado de mi hermano, lo saludo con un suave apretón en el hombro antes de sentarme, y cuando la que está a mi izquierda veo que es ocupada a su vez por el ministro Jenkins le dirijo una sonrisa, al resto de los ministros hombres presentes le dedico el mismo saludo amable que nunca ha logrado quitarme la severidad que suelen demostrar mis rasgos. La mirada que poso sobre Kendrick Black al sentarse en la punta que le conceden de esta mesa de juntas sigue siendo severa, si bien celebro que tengamos la oportunidad de una plática con uno de los líderes rebeldes en reunión de ministros, en especial si se trata de alguien que recibe atenciones tan particulares del ministerio. Para querer que el apellido Black pase a la historia, temo que se le da mucha publicidad y se conseguirá el efecto contrario. Me retraigo al evaluar lo que propone, presentándose solo, planteando este duelo, será titular la muerte de Kendrick Black, no se hablará de un grupo de rebeldes que lucharon por una causa en el que su nombre se pierda como uno más, no, se le está concediendo todo el espacio en tapa a un apellido que entonces… bien lo dice Nicholas, la redención de los Black vendrá a través de su descendiente mártir.

Peor aún, será el chico que murió tratando de salvar a los niños de Neopanem. «Debe parecer compasivo, inocente y devoto. Pero su disposición debe ser tal que, si necesita ser lo opuesto, sabe cómo hacerlo», evoco. Debe parecer virtuoso, pero no serlo de ser necesario para sus propósitos. Este es el chico al que se referían como un niño cuando me atacó con un cruciatus en el departamento de misterio, estuvo al frente del asalto a una isla de residencias, asesinó a la vicepresidente Road. Ha perdido su categoría de niño hace mucho, creo que demostró suficiente pulso en la muñeca al sostener su varita como para que se le otorgue la misma conciencia que a cualquiera de nosotros sobre sus actos y los medios que utiliza para alcanzar su propio fin. Entonces que esto se resuelva entre nosotros, excluyendo a la masa de niños inocentes que se decidió que debían pagar con sus vidas los crímenes de sus familias, ¿qué clase de vejación es esa a la sociedad que estamos tratando de mostrar que es mejor que las anteriores? Al Coliseo iban quienes se demostraron que eran criminales y traidores, pagaban por sus propios actos. ¿Los juegos? Me lamento que es el más grave y triste síntoma de que el gobierno está fallando el que se recurra a medidas de gobiernos anteriores, criticados, aún más triste, de los mismos Black.

Cierro mis parpados por un momento al inclinarme sobre la mesa en la que hinco mis codos. —Un duelo, cualquiera sea el resultado, quien gane o quien pierde, que termine con la ejecución pública de Kendrick Black y los juegos sean retirados. Hagan del duelo una cuestión de honor si quieren…— digo, mis ojos van pasando con calma de un rostro a otro, todos masculinos, soy mujer, ¿qué me queda? ¿Qué se me diga que estoy pensando con el corazón y como madre al pedir a favor de los niños? Sí, supongo que es lo que me tocará, aunque sea la que esté a cargo del departamento de Defensa. —Pero que el espectáculo concluya con el anuncio de que no habrá juegos, no habrá nombres de niños rifándose en urnas. No se ha llevado a cabo ninguna edición de los juegos aún, si en este momento se anuncia que se retiran, puesto que uno de los responsables de instarlos en primer lugar es voluntario y se ofrece a morir, se puede decir incluso que este sea el más notable recordatorio para todos…— mi mirada queda puesta en Kendrick, —que los juegos impuestos por los Black se terminan también con la muerte del último de estos, que el peor flagelo a las familias que es perder a sus hijos más pequeños, concluye con el último hijo de quienes los iniciaron. Y puesto que somos una sociedad mágica que pretende avanzar, no retomaremos la barbarie de quienes nos antecedieron y castigaron—. A la espera de que el resto se oponga, me echo hacia atrás para ponerme cómoda. —Esa es mi postura.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Jue Ene 07, 2021 10:36 pm

Mis pies se mueven con paso más rápido de lo usual al avanzar por los pasillos del ministerio de Magia. Voy bastante temprano para la junta de la que, debo decir, me sorprendió recibir notificación. Sabía que en el momento en que Kendrick Black decidió entregarse en las puertas del ministerio habría mucho revuelo, pero no esperaba que le concedieran esta especie de audiencia con el presidente Aminoff y el resto de los ministros. De todas formas, no es un evento al que me interese llegar tarde, así que me aseguro de entrar con la mayor calma posible a donde se llevará a cabo todo, cruzando mi mirada con la de Nicholas Helmuth, ministro de salud, al sentarme con una silla de por medio. Frente a él ya se encuentra Hans Powell, y en el lado contrario a la mesa Magnar Aminoff, así que a todos les dedico un saludo escueto y un movimiento de mentón, antes de corregir mi postura a una bastante erguida. Ingrid Helmuth no tarda en hacer aparición, así que le respondo con una sonrisa de vuelta, hasta que el famoso chico Black hace acto de presencia con el par de aurores que se encargan de escoltarlo a su asiento en la punta de la mesa.

Me quedo en silencio, con los codos apoyados en mi lugar en la mesa, entrelazando ambas manos para ponerlas a la altura de mis labios, lo cuales están más que fruncidos. Es extraño pensar en el chico como un criminal. Sé muy bien todo lo que ha hecho y también sé que es el instigador de un movimiento que sacudió todo Neopanem, pero aún así parece... bizarro. Bien podría ser un alumno más del Royal, o del Prince, y es claro que su decisión de entregarse por su novia nos dice mucho de su carácter, aunque también lo hacen sus palabras, aquellas que me hacen alzar las cejas antes de mirar de reojo al presidente. Mi impresión es que vino al ministerio a seguir jugar con nosotros, de una forma suicida, pero que aún así parece estarle funcionando hasta el momento. — Creo de lo que menos debes hablarnos, Kendrick, es de honor, ¿No fuiste tú, junto con los rebeldes del nueve, el que lideró el ataque a la Isla ministerial? — Me ahorro echar en cara del muchacho la muerte de mi estudiante, Meerah Powell, por respeto a su padre.

Aprieto un poco más los labios antes de volver a hablar — Pero debo decir que estoy de acuerdo con la ministra Helmuth, al igual que a ella me interesa saber qué pasará con los juegos. — Elevo mis hombros ligeramente, para acomodar mis brazos de nuevo sobre la mesa — También sería bueno saber si habrá algún comunicado por parte del distrito rebelde con todo esto que dice Black — Sé que no, y llámenme loco por preguntar, pero la idea de las ejecuciones no es algo con lo que congenie. Sé que la ejecución de Black es inevitable, aunque con respecto al resto de las personas en el nueve me pregunto, ¿Si vengamos la sangre con sangre, estamos haciendo lo correcto? ¿En verdad frenará todo esto? ¿O crearemos a mártires, como dice Nicholas Helmuth? Me gusta la idea de que podamos llegar a un acuerdo previo, que se entreguen los rebeldes, que no creemos un mártir, que no continúe la cadena de sangre demarrada, aunque sé que es mucho pedir, sobre todo después de lo que han hecho.  — Aunque lo más importante para mí es que mis estudiantes, el resto de los chicos de los distritos también, no se vean afectados por los crímenes de su gente, ¿Va a poder resolverse eso? — No me inclino en el asiento como lo hizo Ingrid, me quedo muy quieto antes de cruzarme de brazos — Estoy con la ministra en eso, también tengo esa postura, aunque me quedo con reservas con la idea de un duelo — que más parece mero entretenimiento, o una cuestión de ego, que otra cosa.
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Kendrick O. Black el Jue Ene 07, 2021 11:34 pm

La primera voz que escucho es la de Nicholas Helmuth y, a decir verdad, no me sorprende en lo absoluto su postura. No vine aquí a discutir cuando sé muy bien que estoy en desventaja, que mi cuerpo no está en condiciones para soportar una conversación demasiado larga y lo único que hago, con toda la entereza que soy capaz de poseer, es clavar los ojos cansados en un hombre que es mucho mayor que yo y que, de todos modos, parece que se está olvidando de un pequeño detalle. No digo ni una sola palabra en lo que el Ministro de Salud emplea su discurso y, cuando me dispongo a contestar, abro la boca un momento antes de dejar salir la voz — No vine aquí a burlarme del honor de nadie. No creo poder decir lo mismo cuando afirmas que sabes mis motivos por los cuales vine a este lugar — ni siquiera sé de dónde saco el tono calmo, quizá es culpa del agotamiento — Sí, vine aquí porque me habían quitado algo que amaba y estaba buscando recuperarlo, pero eso no quiere decir que no he pensado en mi carta a jugar. Verán… ¿No estuvo en todos los portales de noticias que me he entregado en el Ministerio de Magia? — arqueo las cejas hacia arriba, que pude haber estado encerrado pero la cantidad de estudios que me dejaron en las salas de enfermería de la base de seguridad me han servido para echarle un vistazo a una televisión o dos — Y no solo eso, que también lo he hecho sin varita, sin pelear, delante de cientos de testigos… ¿O quieren decirle a sus ciudadanos que lo hice porque ustedes me estaban chantajeando? Sería una pésima publicidad para el gobierno. Ya saben, poner en los titulares que me entregué porque ustedes secuestraron a una persona inocente para usarla de carnada… Vaya, a los civiles que buscan convencer y que toman cualquier excusa para hacer levantamientos les caerá de maravillas — chasqueo la lengua con fuerza y hasta me atrevo a sonreírle con sorna, aunque sea una mueca pequeña — No soy todo mi equipo, por eso creo que un duelo con la posibilidad de que ustedes ganen sin repercusiones me parece justo. ¿O es que tienen miedo porque creen que puedo ganar? — ya, tengo que callarme un poco.

Lo que no me espero es la declaración de Ingrid Helmuth. Mis ojos van hacia ella con algo de sorpresa, porque el escuchar que alguien en esta mesa quiere quitar los juegos del medio sin importar el resultado es algo con lo cual no contaba; hasta tengo el impulso de agradecerle, pero lo único que nace de mí frente al cansancio es un asentimiento suave de la cabeza. Es la interrupción de Jenkins lo que me hace rodar un poco los ojos, tomando aire de forma pesada — ¿Quieres que empiece a enumerar la cantidad de ataques que han hecho tus personas o podemos saltarnos esa parte? — contesto con una serenidad que no siento, cierro los párpados un instante antes de girar el rostro hacia él — Algo que he aprendido durante estos años es que nadie aquí tiene las manos limpias. Mi gente ha sido perseguida y masacrada, he visto mi hogar ser quemado hasta las cenizas sin haber generado ninguna provocación previa y ustedes nos han señalado como terroristas, cuando solo queríamos vivir en paz. Si patean a un perro, no esperen otra cosa que una mordida. No, no somos santos, porque no peleamos contra ninguno. ¿Algo más que decir al respecto o ya se aburrieron del tema de la moralidad? — que ya me tiene tocadas las pelotas, si vamos al caso. Que ellos vivan diciendo que yo soy un falso moralista me parece lo más hipócrita del universo.

Sacudo un momento la cabeza, me gustaría poder mover mis dedos pero solo consigo frotar un poco mi muñeca contra la otra — Mi consejo no sabe nada de esto. Les he dejado indicaciones por medio de una grabación, para que no se metieran en el medio. Esta es mi decisión y no, no estoy tratando de morir como un mártir, sino que estoy haciendo lo que puedo con lo que tengo a mi alcance para frenar una locura. que voy a morir… —  decirlo de esta manera, tan serena, tan natural, me hace dar cuenta de que he abrazado la idea con tanta fuerza que no puedo ver otro final en este camino. Paso algo de saliva en una garganta que me raspa y me aclaro un poco la garganta —  Y sé que no hay manera de que esto sea un duelo a muerte en igualdad de condiciones, porque no van a dejar que lo consiga. Quisieron matarme por mucho tiempo y ponerle fin a mi familia, pues bien, se los estoy dando sin reproches, tan solo una condición. La gente hablará si solo me asesinan cuando vine aquí por voluntad propia y lo saben, así que… —  mis cejas se arquean en dirección al presidente, cuya mirada no me deja adivinar qué es lo que tiene dentro de su cabeza. Synnove me dijo una vez que debía hacer algo por ayudar a esos niños sin nombre y esto es todo lo que tengo —  Es solo una ejecución en forma de espectáculo y dices ser un hombre de palabra. Siempre llega el momento de demostrarlo, aunque sea solo para las cámaras.
Kendrick O. Black
Kendrick O. BlackFugitivo

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Mensaje por Isaac H. Williams el Vie Ene 08, 2021 2:47 am

El cielo raso por momentos me parece más interesante que escuchar lo que parece la última súplica de un condenado a muerte. Me corrijo, es la última súplica de un condenado, una tan lastimera y patética que todavía no entiendo el por qué nos han citado aquí. Voy a suponer que es por simple curiosidad, el niñato, por mucho que quiera hablar de honor y de imagen en verdad no tiene nada con lo que apostar. Su vida, lo único que le queda para reclamar como suyo, tiene una fecha de caducidad impuesta desde el momento en el que Magnar lo decida, ya no le pertenece en verdad y, pedir un duelo, es una última medida desesperada para tratar de salvar lo insalvable. Y no, no me refiero a su pellejo, sino que a su causa.

Mis compañeros, a su manera, presentan puntos válidos y en determinados casos hasta nobles, pero algunos están perdiendo el punto más importante aquí y parecen en cierta manera darle un valor a sus palabras para tratar de salvar vidas en favor de la moral. Es la nueva intervención de Black lo que hace que se me escape una risa y vuelva la vista en su dirección, ya cansado de escuchar estupideces saliendo de su boca, con justificaciones que parecen las de un adolescente que está siendo castigado por haberse saltado las reglas de la casa.

Déjame que repase un par de puntos. La muchacha no era ninguna inocente. A tus ojos podemos haber secuestrado a alguien, a los nuestros, se capturó a una fugitiva de la ley, a una criminal que figuraba en la lista de enemigos públicos. ¿En verdad quieres saber lo que pueden o no decir nuestros periódicos? — Pues al parecer tendría que revisar mejor los mecanismos de seguridad si el muy imbécil creía que podía manejar la prensa desde su celda. — Sin contar que los civiles no se muestran tan dispuestos a armar levantamientos al saber en dónde pueden terminar sus niños. Nadie sacrificará a sus hijos por salvar tu vida, o por creer inmoral la muerte de una supuesta inocente. — También, en cierta forma encontraba insultante que quisiera desperdiciar el trabajo que habíamos realizado en las últimas semanas, ¿es que acaso no pensaba que los juegos ya se encontraban en desarrollo?

Si tanto quieres que tu muerte se vuelva en espectáculo, no costaría mucho saltarnos la regla de la edad y hacer que participes tu mismo dentro de los juegos. Voy a suponer que con toda la moral y la justicia que manejas, jamás te alzarás en armas contra aquellos que terminaron dentro por tu culpa y la de tus amigos, ¿verdad? — Giro levemente hacia un costado y luego hacia el otro, tratando de no despegar mi vista de su figura. Esa que se nota tan maltrecha que casi hace que sienta pena por él. Énfasis en la palabra "casi". — Cuando uno quiere apostar, al menos tiene que tener buenas cartas en su mano o saber mentir muy bien. ¿Qué es lo que tienes para ofrecer? ¿Solo tu vida contra nuestra imagen? Dices que no eres todo tu equipo, pero estas queriendo hacer un trato como si lo fueras ¿no era el que se entregaran todos la condición para abolir el evento? Voy a suponer que con tu muerte, dentro de las instrucciones que dejaste también estaba el deshacer los encantamientos de seguridad, entregarse pacíficamente y liberar el distrito para que sus ciudadanos vuelvan a estar abarcados por nuestra constitución— Helmuth tenía un buen punto. Su muerte lo convertiría en un mártir y la gente que dejaba atrás en el nueve no tardaría en tratar de buscar revancha, aprovechando la imagen que dejaba su "sacrificio" para ganar más simpatizantes a su causa.
Isaac H. Williams
Isaac H. WilliamsMinistro de Investigación

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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Ene 08, 2021 3:16 am

Algo que he aprendido con el correr de los años es que no hay que subestimar a nuestros enemigos, en especial a la persona que tenemos delante y que durante mucho tiempo etiquetamos como un niño. Desde que ingresó a la base de seguridad, he tenido un sinfín de emociones encontradas que no termino de descifrar, que van desde querer ahorcarlo con mis propias manos a una completa indiferencia. Muchos aquí perdieron seres queridos por culpa de los movimientos rebeldes, yo mismo tengo una lista y, no obstante, estoy seguro de que soy el único que puede hablar como padre que ha perdido una hija en medio de un frente cruzado. Quizá es por eso que me quedo callado, reaccionando con expresiones solo cuando es necesario mientras a mi alrededor se cruzan opiniones, propuestas y burlas, de esas que me hacen suspirar porque no puedo creer que en verdad estemos haciendo esto cuando el chico apenas y se puede mantener sentado en la silla. Me preguntaría qué es lo que le han hecho en esa celda desde la última vez que lo vi y, por alguna razón, intento no fijarme en cómo le tiemblan sus manos deformadas. Me produce incomodidad.

Ni siquiera deberías cambiar la edad, él aún tiene dieciocho — le corrijo a Isaac con un tono aburrido. Lo tengo al lado, así que ni tengo que girarme a pesar de estar recargado contra mi respaldo, con el codo apoyado en la mesa y la cabeza siendo sostenida con mi mano. He analizado demasiado su caso como para saber la edad que ha cumplido en alguna fecha perdida, porque leí los estudios de embarazo que su madre se hizo hace casi veinte años y que alguien pasó por alto hasta que los Niniadis lo descubrieron — Tengo la fecha de ejecución pactada en mi oficina. Serás juzgado y ejecutado en tres días, si te interesa saberlo — lo comento como quien le dice a alguien que ha logrado sacar un turno con el médico y me enderezo un poco mejor en mi asiento. La mano que sostenía mi cabeza ahora se cierra y abre con cierto nerviosismo — El Wizengamot desarrollará un juicio abierto en el cual leeremos tu lista de crímenes, esa que dudo mucho que necesitemos repasar ahora mismo, y luego te quemaremos en una pira en medio de la Plaza Principal. Consideramos también una muerte rápida como un Avada Kedavra y la horca, pero el fuego nos pareció el adecuado. Ya saben, la lentitud de la muerte podría poner en balance la cantidad de crímenes cometidos. El cuerpo será lanzado a una de las tumbas sin nombre que poseemos en la Base de Seguridad, sin beneficio de ser entregado a sus seres queridos. Y los Black se habrán extinguido para siempre — parece un cuento perfecto y no obstante…

Pero… — clavo un codo en la mesa y levanto un dedo — No sabemos qué instrucciones ha dejado y dudo mucho que una rendición sea una de ellas. No podemos confiarnos en que su seguridad al venir aquí se deba a que sabe exactamente lo que está haciendo. Yo no me arriesgaría… — le explico directamente al presidente, girando un poco mi silla para verlo mejor — El chico está más muerto que vivo y en ambas opciones, no sobrevivirá. Siempre creímos que estábamos un paso por delante de ellos y miren lo que ha sucedido. No escuchamos y nuestros hijos pagan — me relamo con algo de ansiedad, paso mis ojos por mis compañeros y, seguro de que voy a arrepentirme de esto, hago un asentimiento con la cabeza — No se puede subestimar al poder de la prensa. ¿Han visto la cantidad de reproducciones que tienen los videos que recorren las redes? La gente murmura y en tiempos donde nos vemos amenazados, no podemos pisar nuestras palabras. Todo el mundo hablará de que Kendrick Black se entregó y sí, quizá lo hizo por una fugitiva. ¿Qué hay de la información que ellos pueden usar en nuestra contra? Mi hija estuvo con ellos mucho tiempo, sabemos que tenemos espías que estamos tratando de atrapar. ¿Y vamos a confiarnos en que no sucederá nada? — ya lo hemos creído, fuimos los primeros en sacudir la cabeza ante las cosas que pensamos que eran estupideces — Matemos al chico con las cuentas claras. No puede ganar. Nos quitamos una duda de encima y luego vamos por el resto. Sin un Black que pida el derecho a gobernar, los rebeldes se quedan sin oposición porque, hagan lo que hagan ahora, serán solo usurpadores. Y en cuanto a los juegos… — chasqueo la lengua en señal de censura — Quizá es un poco sádico de mi parte, pero yo quiero justicia. Si mi hija ha pagado, que los hijos de quienes la mataron lo hagan.
Hans M. Powell
Hans M. PowellMinistro de Justicia

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Sáb Ene 09, 2021 11:46 am

Espero a conocer la opinión de mis colegas, en especial del presidente que preside esta junta, es Kendrick Black quien encuentra en cada comentario una oportunidad para hacer un descargo de los hechos desde su perspectiva y, claro está, es la opuesta a la nuestra. Si eso no queda claro por estar enfrentados en guerra, lo es al tomar la pregunta del ministro Jenkins para hacer un resumen de los agravios sufridos, miro al resto de los rostros porque creo que todos tenemos edad para repetirle los que también sufrimos como magos cuando los tiempos era gobernados por su familia. Pero ese es un cuento conocido, ¿por qué volver sobre lo mismo? —Pasaré de largo lo que es tu propia opinión sobre la prensa y qué será mejor o peor publicidad para el gobierno, porque justamente no creo que tengamos que seguir los consejos de un rebelde para decidir que pondrá en alto el ministerio. Esa y otras cuestiones deberían debatirse entre los que somos parte del ministerio, que vengan indicaciones de afuera…— le echo una mirada, para nada enfadada, —pero te agradezco el que dejemos la moralidad fuera de esta mesa para pasar a asuntos de Estado, con todos y, tú mismo, reconociendo que nadie tiene las manos limpias— asiento educadamente con mi barbilla.

Trato de que no varíe mucho mi tono cuando dejo caer el comentario: —No consultaste con tu Consejo, le dejaste indicaciones y viniste aquí a dar indicaciones también— frunzo un poco mis labios, le doy suaves golpecitos con mi dedo índice. No hay más que pueda comentar a lo que dice Williams. ¿Lo correcto sería entonces agradecerle a Magnar que si nos haya convocado a junta? De pronto se vuelve una virtud que halagar el que se tenga en cuenta al cuerpo que acompaña a un gobernante. Pese a que haya opiniones contrapuestas, claro que las hay, somos individuos formados en base a nuestras historias y las convicciones que forjamos. Los juegos son un evidente punto que divide aguas en esta mesa de ministros. Meneo mi cabeza cuando se sugiere que Kendrick Black participe, no aceptaré los juegos porque se lo ponga a él de voluntario como escarmiento, si todavía quedan otras alternativas de resolver esto y que no incluya a más niños de los que podemos memorizar caras, que pasarán a ser números al lado de la palabra “fallecidos” como si fueran solo eso, números.

Mis ojos se suavizan al ser Hans Powell en quien los poso, mi voz es un susurro quedo de solidaridad hacia su dolor de padre. —Lamento mucho, como madre, la pérdida de su hija, ministro Powell— lo digo de verdad, —pero no puede hacer de un dolor personal, una política de Estado. En esta mesa estamos sentados como ministros y usted, especialmente, en representación al departamento de Justicia. ¿Dice que desea que paguen los hijos de los traidores como su hija pagó?— reprimo un suspiro al girarme hacia el ministro que tengo a mi izquierda. —Ministro Jenkins, ¿podría facilitarnos una lista de nombres, no números, de estudiantes del Royal y el Prince que entrarían en urnas?— le pido, entonces vuelvo hacia el ministro de Justicia. —Kendrick Black no tiene hijos, ministro Powell. Uno de los responsables de la muerte de su hija, sentado aquí, no tiene hijos que vayan a los juegos. El castigo que se aplique será sobre él, ¿y no debe ser así? Que paguen los culpables, no quienes hereden la condena de un crimen que no cometieron— sostengo mi postura. Porque si volvemos esto algo personal, si cada uno de nosotros debe dar un nombre de alguien cercano, mi propio sobrino Brian entraría en urnas por su padre, un hombre del que mi hermana se separó cuando era un bebé. —Ese castigo que queremos infringir en los traidores, puede entrar a nuestras propias escuelas, casas, familias…— murmuro, mirándolo, él tiene familia.

Presidente— apelo a este directamente cuando giro mi postura hacia donde se encuentra, —soy ministra de Defensa para combatir a los rebeldes, no seré ministra de una masacre de niños. Estaré a sus órdenes si decide un contraataque a los responsables del asalto a la isla ministerial, al grupo de humanos fugitivos de Hermann Richter, o si quiere hacer de esta entrega voluntaria de Kendrick Black una oportunidad para llamar a los otros que lo acompañaron, de manera también voluntaria para un duelo. No hace falta que sean todos, puesto que dudaría del buen juicio de un Consejo si se disponen todos a abandonar el distrito nueve. Pero con dos o tres más que se presenten, nos aseguramos que el apellido Black no se vuelva titular y sea, en verdad, un castigo sobre los responsables del crimen, los que efectivamente estuvieron esa noche en la isla ministerial— me detengo ahí. —Esa es mi sugerencia, que sea un duelo entre rebeldes que se entreguen voluntariamente y miembros de Seguridad, resolvamos esta cuestión entre los que aceptamos voluntariamente ser parte de esta guerra. Quien gane, quien pierda, que sea indiferente. Los juegos se retiran— me pongo de pie al decirlo y fijo mi mirada en el presidente. —A menos que así como Kendrick Black, también sea de los que dan indicaciones y no escucha a las personas que le acompañan a gobernar. Entonces tendré que presentarle mi dimisión, no creo que mis convicciones sean compatibles con la política de los juegos y otras de ese tinte que quieran aplicar, mejor dejarle mi puesto a quien sí pueda acompañarles en esas decisiones.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Sáb Ene 09, 2021 12:48 pm

Es evidente para todos que debemos tener definiciones distintas para hacer uso de la inocencia como lo hace Black, y como bien remarca Williams al señalar que la chica por la que hizo su entrega, también tiene las manos manchadas de sangre. No hace falta que abra la boca para agregar lo que estoy pensando porque son mis propios acompañantes de mesa, entre los que incluyo a mi hermana desde no tanto tiempo, los que hacen las aclaraciones necesarias y, también, conceder su propio punto de vista. —Sigo sin comprender cómo un duelo entre dos personas es equivalente a la masacre que cometieron en la Isla Ministerial, donde atentaron contra la vida de personas que sí tienen naturaleza inocente, y otros tantos ataques cometidos en contra de nuestros civiles. ¿Eso te parece un trato justo?— alzo una ceja hacia el chico cuando el mismo ha utilizado esas palabras, las siguientes me hacen verlo como una amenaza mucho menor de la que él se presenta y casi me hace rodar los ojos. —Este asunto tiene que ver con algo más importante que el miedo que podamos tener o no a los resultados de un duelo, se trata de hacer justicia y, discúlpame si no considero suficiente tu acto de rendición y disposición a morir en él, pero eso no es un trato por el que yo esté dispuesto a aceptar— postulo, también como postura que le valga al presidente en todo esto. ¿Qué importa que muera, si el resto de rebeldes siguen agazapados detrás de las barreras del nueve?

Me doy hacia atrás en mi asiento, coincido con la postura de mi hermana al remarcar que los juegos están fuera de la mesa, con o sin Black, es algo sobre lo que en su momento tampoco me puse a favor, que lo haga Powell, dadas las circunstancias, me obliga a girar el rostro hacia él. —Comparto el sentimiento de mi hermana, ministro, pero no está haciendo de los juegos un motivo para ejercer justicia, sino venganza— no vamos a endulzar las cosas cuando somos todos lo suficientemente mayores como para reconocer las cosas por lo que son. —¿Cómo es mandar niños a juegos que en su día nosotros, magos y brujas, criticamos, una respuesta justa cuando quienes deben pagar por sus crímenes están protegidos detrás de las barreras de un distrito?— ¿o no vamos a remarcar aquí que estos juegos solo van a sacar tributos de los distritos que siguen bajo el mandato de nuestra constitución? —Por no mencionar que, como bien ha dicho la ministra, el mismo castigo puede caer sobre nuestras familias. Tú tienes una hija, ministro, también un sobrino que bien podrían terminar dentro de las urnas dentro de unos cuantos años si seguimos en guerra— hubo guerras que duraron más de cien años, esta ya se está alargando más de lo necesario, pero tal y como están las cosas, nadie puede asegurar que vaya a terminar pronto. —Estoy seguro de que no le gustaría que su familia pagara por las atrocidades cometidas por su misma sangre, como tantas otras tampoco lo querrían— sentencio, haciendo clara mi opinión sobre los juegos.

Que se retiren los juegos y maten al chico es la solución más fácil que se le concede al presidente, teniendo en cuenta que el propio Black se ofrece como mártir, hacerlo mantendría a la gente tranquila de que sus hijos no serán enviados a arenas con el propósito de matarse entre ellos y, además, terminaría con el problema de que los rebeldes usen al chico como rostro de la revolución. No obstante, la solución que aporta mi hermana me hace girar el rostro hacia ella, ignorando al resto de presentes en lo que dejo que su renuncia los tome a todos desprevenidos. A mí, en cambio, me hubiera sorprendido más que se hubiera colocado a favor de todo esto, lo que me obliga a tomar aire por la nariz y expulsar en un suspiro que también me lleva a buscar los ojos del presidente. —Coincido con Helmuth, presidente— me refiero así hacia Ingrid, posicionándome a su lado como siempre hemos hecho en esta familia, e incluyo a la misma Sigrid que de poder tener voz en esto, también lo sostendría. —Que sean los culpables quienes tengan que pagar por sus crímenes y no derrochemos la sangre de niños inocentes cuando ninguno de estos merece que caigan sobre ellos sus delitos.— de un movimiento firme, paso a colocarme de lado de mi hermana al levantarme de mi asiento. No creo que se necesite aclaración de lo que eso significa, pero por si acaso lo hago —Yo tampoco formaré parte de las decisiones que puedan tomarse en solitario en nombre de una nación, así que también presentaré mi renuncia, presidente, en el caso de que decida actuar solo— porque mi razón de convertirme en ministro fue para mantener a mi familia entera en un país seguro, quedándome dentro de un gobierno que envía a inocentes como pueden serlo mi sobrino a matarse entre ellos, estaría faltando a mi propia palabra.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Ene 09, 2021 2:01 pm

Sé que separo los labios varias veces en un intento de meter bocado, pero tal parece que los hermanos Helmuth se han organizado para hablar de moralidad y lo único que me sale hacer es mirar la cara de confusión de Black, quien parece tan asombrado como yo. No voy a mirar a Magnar, porque si lo hago quizá me encuentre con algo que me irrite más y lo único que me sale es volver a acomodar el codo, sostengo mi rostro con mi mano y uso ésta para cubrirme la mueca de la boca. Son las amenazas de renuncia de mis colegas las que me hacen soltar una risa breve e incrédula, parpadeo sin poder creerme lo que estoy escuchando y dejo caer la mano — Si me permiten decirlo, eso no es dar un consejo. Es generar una amenaza sobre un departamento del ministerio en base al capricho de que su opinión sea escuchada o no — comento con una tranquilidad que no siento — Esto no es una mesa de adolescentes decidiendo la temática del baile de graduación. Me parece que hay algo claro de todo esto que ustedes no están entendiendo: los niños castigados son hijos de rebeldes. Él es hijo de una paria — les recuerdo, señalando al muchacho con la cabeza — Y si creen que los rebeldes van a dejar el nueve para batirse a duelo por petición de ustedes, se equivocan. ¿O creen que son tan estúpidos? Por favor — no puedo evitar la ironía, mirando a mi alrededor como si en verdad estuviera buscando a alguien que vea la misma estupidez que yo.

No sabemos cuáles son sus planes y retirar un anuncio público hecho para controlar a la población nos dejará como unos débiles. ¿Acaso vieron cómo disminuyeron las movidas y reclamos desde el anuncio? Y lo que diga la prensa quizá no nos define, pero sigue siendo imagen política. El fanatismo se mueve por ello— no soy un fanático de los juegos ni de su mensaje, pero jamás voy a negarme a algo que nos ayude a tomar un poco de ventaja — Creo que nos estamos olvidando lo más importante de todo esto y es cómo matar al chico, eso es todo. Ni mi hija ni mi sobrino acabarán en esas urnas — le aseguro a Nicholas — Porque me encargaré de que sus vidas se encuentren derechas y, sobre todas las cosas, espero que dentro de unos años esta guerra se haya terminado. Para que eso suceda, para que los juegos puedan levantarse y las personas dejen de morir, tenemos que seguir firmes. Esto no es venganza personal, es técnica militar y tú deberías saberlo mejor que nadie — se lo aclaro a Ingrid, sin intención de sonar venenoso, solo sincero — Algo que hemos aprendido de los rebeldes es que son listos. No aceptarán ninguna propuesta de nuestra parte, no cuando está claro que si lo hacemos estamos mostrando una señal de debilidad. Esta guerra no va a ganarse jugando a ser moralistas, por Merlín. Estamos haciendo de un debate de ejecución, una pelea por un papeleo ya sellado. Matemos al chico, no demos marcha atrás y, con suerte, tendremos solo una o dos ediciones de los juegos que enseñar antes de que todo termine. Para ganar hay que hacer sacrificios y pensar con la cabeza en frío, no dejarse llevar por sentimentalismos — que está claro que eso jamás nos lleva a buen puerto.
Hans M. Powell
Hans M. PowellMinistro de Justicia

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Sáb Ene 09, 2021 5:24 pm

Powell— le pido sin que el tono de mi voz se altere, sigue sonando baja en consideración a que su fundamento para establecer estos juegos es la muerte de su hija mayor y habla desde esa muerte para buscar otras, él mismo lo dijo… el dolor haciendo que una persona raye lo sádico. —No infantilices esta necesaria discusión entre ministros comparándole con un baile de adolescentes, porque tengamos opiniones distintas y buscas imponer la tuya de esa manera— sigo, la palma de mi mano apoyada sobre la mesa para mirarlo firmemente a los ojos. —Powell…— ¿qué más me queda que suspirar si lo otro sería señalar con la barbilla al muchacho que tenemos aquí en calidad de solicitar un duelo tan trascendental para el ministerio y sus políticas, por haberse entregado en respuesta al anuncio de Magnar? Miro al rostro del ministro de Justicia en tanto el busca colaboración de otros con sus ojos, y puesto que para que dos personas entiendan sus puntos de vistas, se necesita que se miran entre sí y no hacia el costado, comprendo que así como ha quedado definida mi postura, también está la de él.  

Sí, sé lo que es técnica militar y si quieres, podemos usar esta reunión, ahora mismo, para que podamos debatir sobre varias entre todos y que el ministerio vea cómo sigue su curso de ataque sobre los rebeldes— esta vez sí alzo mi voz lo suficiente como para que sepa que todo lo que busco es diálogo, proponer alternativas a lo que estamos haciendo en vez de seguir las indicaciones que Kendrick Black viene a darnos así como se maneja con su gente al parecer, —pero te dejo en claro que son técnicas que incluyen soldados de un lado y del otro, lo que yo llamo una técnica militar. Mandar a niños a un juego mientras te sientas a mirar desde una tribuna no me digas que es técnica militar, Powell— apunto, mi mentón se mueve de un lado al otro cuando me toca ser quien le tenga que dar una respuesta a lo que dice de que debemos actuar con la mente fría y dejar de lado los sentimentalismos. —Eres el primero que debería seguir ese consejo si tus palabras fueron que los hijos de los rebeldes deben pagar la muerte de tu hija. Revisa tu criterio de justicia, antes de decirme a mí sí sé lo que es una técnica militar— expongo, con la misma calma que usó él, porque no estoy enojado, no puedo enojarme con ninguno de ellos por tener una postura sobre esto y que sea distinta a la mía, pero trabajar en equipo se trata también de marcarnos nuestros puntos flacos entre nosotros, lo que me lleva a… saber si este equipo del que puedo ser parte o no. —Presidente Aminoff, necesito que me diga si me sigue requiriendo como su ministra de acuerdo a la manera en que deseo trabajar o si no, me gustaría saber si puedo retirarme y ceder mi lugar a quien cumpla mejor con la manera en que desea dirigir este ministerio. Todo lo que tiene que decir es que puedo retirarme si así les queda mejor para que puedan continuar ustedes—, y aunque agradezco que mi hermano me acompañe en esta decisión, sigo hablando por mí.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Sáb Ene 09, 2021 5:40 pm

La respuesta de Kendrick Black me hace volar los ojos más rápido de lo que espero, pero me abstengo de contestarle porque no planeo empezar una discusión, como si de adolescentes se tratara, que así es en su caso, donde nos echemos culpas por las cosas. Mucho menos cuando mi cargo en gobierno es como Ministro de Bienestar, y no de defensa, a mí lo que me interesa aquí es precisamente eso, el bienestar de mis estudiantes. Me quedo muy quieto sobre mi asiento, tanto que podría parecer que soy una estatua, mientras cedo la palabra al resto de mis compañeros ministros. Las posturas de Powell y de Williams no me sorprenden en lo más mínimo, así que las tomo con bastante serenidad, ya que están puestas todas las opiniones sobre la mesa podemos sopesarlas mejo. Lo que sí no me espero es lo que dicen los hermanos Helmuth, aunque me limito a asentir ante la petición de Ingrid — Puedo compartir las listas de estudiantes en las urnas, Ingrid, tal vez deberíamos dejarlo para otro momento, pero lo que sí puedo decirte, y que esto seguro que ya saben, es que hay demasiados nombres en ellas, incluyendo a su sobrino — Respondo con voz pausada, haciendo énfasis en lo último. Todos sabemos la situación, que lo diga no me parece inapropiado, solo una forma de llamar la atención.

Creo que los demás tampoco se esperan la respuesta de los Helmuth, Hans solo es el primero en reaccionar. Miro de soslayo al presidente, esperando que intervenga, pero de nuevo las palabras de mis compañeros ministros son las que me obligan a carraspear con más fuerza de la esperada — Tal vez, ministros, podríamos discutir esto cuando no esté el chico presente — Lo digo más que nada con la finalidad de calmar las aguas, aunque no puedo evitar ver expectante a la ministra de defensa, al contestarle al ministro de justicia. Tal vez es justo este momento el que se necesita para poner las cartas sobre la mesa, aunque me gustaría que no quedara todo pactado frente a un duelo — Mantendré mi postura como lo dije, pero en mi caso no presentaré mi dimisión, queda mucho trabajo que hacer, porque le recuerdo, ministro Powell, que aunque usted se encargue de mantener en el camino a sus hijos, no todos tienen el mismo privilegio — Porque justo es eso, un privilegio — Ahora que si regresamos a lo del duelo, ¿Qué si el chico gana? Hipotéticamente hablando, aunque sabemos que usted, presidente Aminoff, no perderá, claro — No lo digo con tono falso, lo digo con toda la sinceridad del mundo porque en verdad creo que no perderá — ¿Estamos seguros de que no tiene alguna otra jugarreta planeada? Alguna instrucción que le haya dejado a sus consejeros — Suelto un suspiro. — La medida de los juegos me parece muy importante para dejarla así — Es casi como si se decidiera arrojar una moneda al aire, solo que el problema aquí es que de esa moneda dependen las vidas de muchos inocentes.
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Sáb Ene 09, 2021 6:23 pm

No he apartado los ojos de Kendrick Black desde que se sentó en esa silla.

Puedo escuchar el espectáculo ridículo que se va desarrollando a mi alrededor, pero mi silencio se mantiene intacto en lo que parece que estoy tratando de tragarme el veneno, sin poder creer que lo que tengo delante son personas que se están dedicando a la política y no un montón de adultos que no parecen estar usando el cerebro ni siquiera como el menor de toda la habitación. El único momento en el cual mi mirada abandona al muchacho, es cuando Ingrid Helmuth decide hablarme con una propuesta que me arquea una ceja, más no consigue una respuesta inmediata de mi parte. Jenkins, por otro lado, recibe un asentimiento amable de mi cabeza y levanto dos dedos de mi mano para pedir que, por una vez en vaya a saber cuántos minutos, se callen la boca. He aceptado esta reunión para ver qué estupidez tenía Black para decir, pero esto ya es demasiado.

¿Ves lo que provocas? — le comentó a Black con tono sereno, me permito incluso el acomodarme contra el respaldo, con las manos sobre mi abdomen y una sonrisa perezosa — Un par de palabras y ya tengo a dos ministros diciendo que van a renunciar. Lamentable. Estoy seguro de que no podrían habértelo hecho más fácil — porque no solo le están dando lo que quiere, sino que están aumentando la apuesta — ¿También quieren servirle una última cena, arroparlo para que se duerma, ofrecerle que dividamos nuestras tropas? Black es quien tiene consejeros, yo tengo ministros. Actúen como tal. ¿Quieren renunciar porque no están de acuerdo con algo? Háganlo si quieren, pero sepan que lo único que demuestran es cobardía y falta de ética laboral. No voy a retirar los juegos por capricho — mis ojos pasan por cada uno de mis ministros, deteniéndome en ellos con tranquilidad — Porque no voy a echar atrás un programa que hemos creado para controlar a las masas sin siquiera darles una probada. ¿Saben lo humillante que sería para nosotros? Si quieren hablar de técnicas militares, hablemos de que necesitamos que los delincuentes necesitan saber contra qué están jugando. Mostrarnos simpáticos con sus hijos solo les estará dando un punto a su favor, no nuestro. La guerra no se acaba con los juegos y son esas batallas las que tienen que ser una prioridad, no la distracción — creo que a los cinco los habría callado con la varita en algún momento, hasta es tentador pedirles que se retiren de una vez y le dejen el espacio a personas con un poco más de amplitud visual en el terreno, pero ya qué. El mundo está repleto de llorones.

La lista de chicos que han caído en las urnas son nombres de personas que han decidido ponerse en contra del sistema. Tengo una copia que se actualiza todos los días, si les interesa, pero no estamos aquí para eso, ¿no? — al fin y al cabo, creo que a la persona que más le tendría que preocupar este debate es a Williams y lo veo bastante callado — No necesito que me adules, Jenkins. Míralo — le señalo a Black con el mentón, aunque mis ojos van a sus manos temblorosas — No puede ni agarrar una varita. Y si me desarma, lo mejor que pueden hacer es matarlo en el acto. No me importa cómo, solo quiero que en tres días esté muerto y todo este capítulo muera con él. Los rebeldes del nueve tendrán que cambiar toda su técnica, porque la base en la cual se apoyaban para reclamar territorio se les ha ido de las manos. No es tan sencillo, esas cosas llevan su tiempo — hay cientos de cosas que se están poniendo sobre la mesa, no es tan simple como decidir si poner o sacar juegos, si escuchar a un chico o dejarlo pasar. No voy a hacer un duelo por beneficencia, para eso me ahorro las molestias y sigo con el plan de Powell para matarlo en una ejecución limpia en el Wizengamot y ya.

El suspiro que dejo salir de mi boca denota cierto cansancio y me desarmo un poco — Pensaré si aceptar tu duelo o no y tendrás mi respuesta antes del juicio — contesto al final en dirección al chico, aunque pronto me fijo nuevamente en mis ministros — Quiero un informe de los portales más pesados de NeoPanem, necesito saber en qué ha influido que se haya entregado sin resistencia. También vigilen el distrito nueve, aumenten la cantidad de dementores a su alrededor. No quiero que nadie entre o salga de ese lugar hasta que Black esté muerto. Y Williams… — me detengo en él, arqueando una de mis cejas — ¿Puedes detener por tres días la construcción de la arena hasta que esto se solucione? No te preocupes, que no echaré tu trabajo a la basura. Si no meto mutos en una arena, lo haré en territorio rebelde para que tengan unos juegos más íntimos.

Sin mucho más que decir, vuelvo a apoyar la espalda contra el asiento y le hago un gesto a los aurores para que se encarguen de Black — Llévenlo de regreso a su celda y no le den su ración de comida de hoy. No me apetece que se alimente cuando ha gastado tanta saliva en romper las pelotas.
Magnar A. Aminoff
Magnar A. AminoffPresidente

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Mensaje por Kendrick O. Black el Sáb Ene 09, 2021 6:57 pm

Tengo toda la intención de ponerme a responder los ataques verbales y directos hacia mi persona, pero lo que se arma delante de mí consigue que me hunda en el asiento al punto en el cual creo que me estoy deslizando hacia abajo. He estado en reuniones de tinte político y sé muy bien que no siempre todos se encuentran de acuerdo, pero no me esperaba el tirar una pequeña bomba que consigue que los ministros de NeoPanem, esos que siempre se ven tan pulcros e inalcanzables, se pongan a discutir entre ellos mientras algunos incluso amenazan con renunciar. Creo que incluso pierden el punto principal de esta reunión en algún momento, porque empiezan a señalar incluso pequeñas fallas entre ellos que me obligan a levantar las cejas y hasta se me escapa un silbido muy mal disimulado. Sabía que eran un frente polémico y dudaba que fueran tan unidos como se ve en televisión, pero verlo en vivo y en directo es algo que me hace lamentar no tener el modo de contárselo a mis amigos. Para el consejo, esto podría ser un buen chisme.

Y así como así, sin que me diera cuenta, Magnar Aminoff decide abrir la boca y caigo en la realidad de que me había hasta olvidado de que está aquí. La mitad de las cosas que anda diciendo no me interesa, en especial porque si abro la boca para decirle que tenemos un plan estaré mintiendo y se darán cuenta cuando no pase nada y, si digo lo opuesto, nos dejaré como unos idiotas y les quitaré un poco de la discordia que están sembrando entre ellos. Me voy tensando en mi asiento, hasta que mi espalda se endereza con la expectativa de llegar al motivo por el cual estoy en este lugar y, cuando aparece en forma de llamada en espera, me desinflo como un globo. Aunque mi expresión es de hartazgo e incluso revoleo los ojos con un bufido, acabo dando un asentimiento — De acuerdo — al fin de cuentas, no es como que tenga mucho más con lo que meter presión. Mis cartas estaban limitadas y ellos lo saben.

Intento no torturarme con las órdenes en contra del distrito donde se encuentran los que quiero y me concentro en fruncir los labios para no dejar salir ni un quejido de dolor al sentir el tirón que me pone de pie. El auror me aferra del brazo para obligarme a salir, pero jalo un poco para mantenerme en mi sitio — Lamento mucho la muerte de Meerah — es algo que tenía que sacarme de adentro de todos modos — Aunque ella le brindaba a su apellido al menos un poco de dignidad — mis ojos buscan los de Powell por un momento, esos que he detestado desde que nos conocimos y que, ahora que lo miro de cerca y fuera de una celda blanca, ya no me da tanto miedo. Quizá un poco de pena y asco, pero creo que eso no es nada que otros en esta mesa no puedan causarme. Sin más, vuelven a tirar de mí y les doy la espalda para salir de la habitación.

Tres días. Espero que en el nueve, tengan algún plan, porque si esto no me sale como debe creo que ya no tengo otro para jugar.
Kendrick O. Black
Kendrick O. BlackFugitivo

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Mensaje por Nicholas E. Helmuth el Sáb Ene 09, 2021 7:56 pm

Podría decir que me encuentro sorprendido, pero si acaso la mueca que bien se asemeja a una sonrisa irónica es fruto de la incredulidad que me produce escuchar lo que Powell tiene para decir, no altero el tono de mi voz para cuando levanto la misma. —Disculpa, ministro, pero creo que nadie aquí está actuando en base al capricho, todos ocupamos un lugar en este gobierno, por mucho que tengan predilección por ciertos departamentos, no tengo que forzar a que mi opinión sea escuchada, porque para eso creo que se formó este gobierno, sino, seguiríamos viviendo en una tiranía— formulo, que lo que me falta es tener que escuchar de otros que mi opinión no vale en comparación con la de otros que están sentados en esta misma sala. Sería de lo más incongruente que el chico Black pida una junta para que todos los presentes le escuchen, pero se ignore lo que el resto tenemos para argumentar, por todas las ironías. Tampoco voy a admitir que se dirija como si no estuviera entendiendo nada, cuando la última vez que miré, quien tiene padre terrorista es él mismo, tiene tanto de hijo de una paria como la persona que tenemos en frente exigiendo batirse en duelo con el presidente. La diferencia es que yo no apelo contra esa parte de la realidad para ejercer una falsa idea de justicia. —Dudo que por petición nuestra vayan a retirar las protecciones, no creo que mi hermana estuviera refiriéndose a eso, ministro, sino a que el mismo Black pida un alto al fuego por parte de sus cabecillas.— si él fue tan inocente como para caer en la trampa, nada impide al resto hacer lo mismo.

Pero ya qué, es sabido que Powell tiene una opinión diferente, empezando porque su firma dio pase a que el ministro William empezara a elaborar los juegos. No tengo nada más para decir en lo que mi hermana se encarga de poner mis pensamientos en voz alta, si Powell considera que enviar a niños inocentes a la arena es la forma de ponernos en ventaja en esta guerra, yo mismo daré un paso atrás. No porque me crea cobarde, como critica el presidente cuando se digna a hacer su aportación a la conversación, tampoco porque me falte de ética laboral, lo que casi me saca una risa, porque si piensa que voy a discutir sobre quién está ausente de moral en esta sala, creo que no le va a gustar mi respuesta. He vivido bastantes más años de los que están aquí discutiendo, estoy sumamente cansado del comportamiento que tiene Aminoff alrededor de sus ministros, tratando nuestros motivos de capricho solo porque no le gusta lo que tenemos para decir, es herramienta común y ya estoy viejo como para tener que aguantarlo. Me limito a mantenerme en silencio en lo que hace oídos sordos a las propuestas ofrecidas en mesa, al parecer su juicio está por encima de todos los presentes y, como tal, será el presidente quien decida si aceptar un duelo que a mi parecer está dirigido para comprobar quién la tiene más grande, no con mayor fin político.

Ni siquiera miro hacia el chico cuando un auror de los que estaba vigilando las puertas se lo lleva, solo atinando a elevar la barbilla cuando regresamos a quedar los ministros en silencio como al inicio de la junta. —Bien, creo que ya ha quedada clara la postura de cada uno— por si fuera necesaria la aclaración... Llevo mi mirada hacia Aminoff una vez más, no estoy como para que me traten de estúpido —Sepa, presidente, que ninguna de las declaraciones hechas en esta junta por mi persona están secundadas por ningún sentimiento de cobardía, confío lo suficiente como para poder decir que mi trabajo en este ministerio fue eficiente el tiempo en que he ejercido como ministro en mi departamento, pero no tomaré parte en decisiones que apelen en contra de lo que creo. Así como mi hermana, pueden buscar a alguien que sea más adecuado para el puesto y se adapte a las exigencias que requiere tomarlo— digo, con toda la educación que me es posible elaborar. Porque a diferencia de lo que pueden pensar algunos en esta sala, yo sí creo que formemos un equipo, la imagen del gobierno no es exclusiva de Aminoff, como tampoco lo es de Black,  y no aceptaré propuestas que vayan en contra de la seguridad de mi familia  —Le presentaré mi renuncia oficial en unos días— formulo y acto seguido realizo un gesto de mi cabeza, dispuesto a salir de la sala seguido de la probable compañía de mi hermana.
Nicholas E. Helmuth
Nicholas E. HelmuthSanador Especializado

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Sáb Ene 09, 2021 8:16 pm

Esperaba unas pocas palabras, así que cuando son dichas entre tantas que no tienen mi interés, asiento con mi barbilla para reforzar el hecho de que las cosas han quedado claras y también la postura de cada uno como para que pueda correr mi silla, retirarme de la mesa. Los juegos continúan, podemos retirarnos. Lo que pueda decir sobre cobardía o ética laboral no es algo de lo que me apropio, porque conozco mi trabajo y mi persona como para saber que no me pertenecen, a menos que… ¿sean para mi hermano? Es irremediable que piense esto cuando todos bien sabemos lo mucho que le gusta marcar el buen paso a otras personas, a la mayoría no le agrada esto -por no decir que a nadie-, así que si Magnar también tuvo que escuchar alguna vez a mi hermano, lo tomaré como que va su nombre como destinatario. —Jenkins— murmuro hacia mi vecino de asiento, tengo el mismo gesto hacia él que le dedique a Nicholas al entrar, poso mi mano sobre su hombro para conseguir su atención, —necesitaré hablar contigo luego cuando esté juntando mis cosas— se lo pido.

También me dirijo hacia Williams con una despedida cordial y, pese a lo distintas de nuestros posturas, me detengo especialmente en Powell quien ya tuvo a Kendrick Black para decirle que lamentaba lo de su hija, como para hacerle eco aunque mi intención no sea venenosa como la del chico. —Powell, siento en verdad su pérdida— lo digo, por sentimental que esto también pueda sonar. —Y sí entiendo por qué actúa como lo hace a raíz de ella, así que espero que podamos tener una conversación distinta en otra oportunidad—. Todo lo que pelee hasta el día de hoy lo hice por mis hijos, hubiera seguido peleando si esto se trata de pelear, pero las décadas traen su madurez como para poder identificar límites y juegos desde los que simplemente mirar a los lejos son los míos. Así que acompaño a Nicholas que se tomó su tiempo en contestar a un hombre al que simplemente le dirijo una última mirada. —Con su permiso, caballeros— ya está todo dicho, nos queda retirarnos por la misma puerta que retiraron a Kendrick Black.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Sáb Ene 09, 2021 8:32 pm


No puedo hacer otra cosa que morderme la lengua mientras los Helmuth se retiran con la barbilla en alto, no haciendo otra cosa que hundir su apellido en la lista de ridículos que no tienen ni la más pálida idea de cómo se hacer este trabajo; al fin de cuentas, si esperaban hacer algo útil con lo que tenían a mano, acaban de tirarlo a la basura. Ni siquiera me molesto en despedirme, mis ojos los siguen hasta que salen de la habitación y el silencio se hace entre nosotros por un momento, hasta que suspiro —Quiero vigilancia sobre ellos. Tienen niños en su familia que bien podrían terminar en esas urnas si hacen algo que los condene — porque pueden patalear y creerse todo lo dignos que quieran, pero al final el que tiene la última palabra soy yo. Si no son capaces de trabajar como adultos responsables, esto solo me demuestra que estoy mejor sin ellos. ¿Cuánto tiempo ha trabajado Ingrid como ministra? ¿Un mes? Que patética.

El cansancio me delata cuando me pellizco el puente de la nariz y cierro los ojos. No sé qué es lo que me ha hecho doler más la cabeza, si las opiniones divididas o tener que encontrar un modo de continuar con esto limpiamente — Para ganar esta guerra hay que dejar a un lado las peleas de infantes y empezar a apuntar hacia un mismo lado, nos guste o no — mascullo —Que esta sea la última vez que vea un acto tan lamentable entre personas que deberían saber usar la materia gris. Tienen suerte que el chico va a morir y no podrá decir nada, porque esto no tiene que volver a pasar.

Sin decir más, que se supone que son hombres adultos que saben lo que hacen, me pongo de pie con la decisión de una persona que sabe que tiene mucho trabajo que hacer, en especial ahora que cuento con dos ministros. En verdad, odio a ese mocoso.
Magnar A. Aminoff
Magnar A. AminoffPresidente

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