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Stone cold — Lara IRh8ZNT
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Stone cold — Lara

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Mensaje por Hans M. Powell el Vie Dic 04, 2020 5:52 pm

Los días de febrero son tan fríos como mis ganas de estar en esta isla. No es un secreto que no tenía intenciones de regresar tan pronto, pero la insistencia por parte del Ministerio de tener absolutamente todo controlado no nos permitió pasar más tiempo en el distrito cuatro. ¿Fue sencillo? No, para nada. Las casas se ven casi como las recordaba, aunque no soy estúpido y sé muy bien que han puesto cámaras de seguridad en cada rincón externo de la isla, además de que el ingreso es un poco más complicado ahora que nos pinchan cada vez que regresamos, como si de esa manera pudiesen saber que no somos farsantes con pociones o trucos que buscan colarse en la isla. Dicho en otras palabras, ahora vivimos en un búnker de guerra disfrazado de un sitio lujoso y, para colmo, estoy obligado a caminar por el paisaje en el cual Meerah murió todos los días. Hermoso para mi duelo.

Ni hablemos de que tuvimos que pasar por dos allanamientos, claro. La señorita que lidera al escuadrón de licántropos y algunos más no se metieron en una, sino que en las tres propiedades que tengo y las dieron vuelta, se llevaron cada cosa que le perteneció a mi hija mayor que pudo haber servido para ocultar información y, claro está, fue tan humillante que siento que debería renunciar, aislarme y dedicarme a ser un ermitaño. Casi que me veo como uno, que nadie diga lo contrario; me he dejado crecer la barba, el pelo y hasta mis ojeras han ido empeorando. ¿Cómo es que dicen que son las caídas de los grandes y poderosos? Porque ya estoy perdiendo la reputación, falta el resto.

Como ahora, que debo lucir de lo más ridículo. Los flotadores de Tilly no se encuentran en uno en invierno, pero es muy fácil el utilizar mi varita para inflar el enorme unicornio y me dejo caer sobre su superficie ruidosa, tendido cuando inferi en hibernación. ¿El motivo? Necesitaba silencio, algo que parece que solo puedo conseguir si dejo que la cabeza caiga dentro del agua de la piscina y me mantengo allí un momento. Hace frío para meterse, pero juro que el refrescarse ayuda a ordenar los pensamientos. Lo haría mejor si no fuese porque, en una de las ocasiones en las cuales saco la cabeza y me echo el cabello hacia atrás, no me encontrase con Lara desde la orilla con una actitud que me hace creer que debe tener unas cuantas preguntas — Estaba pensando, no buscaba suicidarme — suena a una excusa barata, pero juro que es real.
Hans M. Powell
Hans M. PowellMinistro de Justicia

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Mensaje por Lara Scott el Vie Dic 04, 2020 11:30 pm

Si no fuera porque el trabajo me marca las horas que obligadamente debemos permanecer separadas con Tilly, creo que no hay momento en el resto del día que no la llevo conmigo a donde sea que me muevo. Su peso hace que cada vez sea más difícil cargarla, pero lo conseguimos pese a mi propio menudo cuerpo, suelo bromear con ella de que terminaré pareciendo de esos enanos de películas bélicas, con sus brazos de músculos marcados y mi corta estatura haciendo que destaquen aún más. Es poco lo que me contesta, palabras cortas que interpreto a mi conveniencia, a veces para echarme un halago o dos. Tilly es básicamente la única persona con la que hablo en la mansión, también de quien disfruto compañía, ya que así como Hans decidió que necesitaba aislarse aún dentro de nuestra propia casa, tanto en el distrito cuatro como en la isla ministerial, yo me abrazo a la mitad que todavía me queda de las hijas que una vez creí que tenía y lo fueron durante un tiempo demasiado breve.

Hay veces me quedo a dormir con ella, así ese abrazo no se interrumpe. De todos modos Hans llega demasiado tarde como para compartir con él la rutina de irnos a la cama, en algún momento de la madrugada muevo nuestras sábanas para ocupar mi lugar y hasta ahora lo encontré de su lado, señal de que todavía no llegó al punto de madrugar en su oficina revisando documentos. Son las cosas en las que me fijo, aunque sea poco y casi nada lo que hablemos al respecto. Si una persona decide tomarse un tiempo para asimilarlo todo y eso supone un silencio absoluto sobre cómo se siente, si levanta pilas de documentos como muros a su alrededor, supongo que me queda esperar desde mi lado a que salga de esos muros o al menos que las pilas no se derrumben sobre él. Por eso bajo a la piscina donde por un sospechoso unicornio inflable se desliza con impunidad transportando a un desecho de persona, luego de dejar a Tilly echándose una siesta a deshoras, ya que como todo Neopanem debe saber, la vida de los niños que van a maternales es muy laboriosa y agotadora.

Piso el borde de la piscina al ver la cabeza de Hans reaparecer. —Más te vale— contesto, sorprendentemente no hay restos de humor en mi tono que más bien se escucha brusco, creo que la simple insinuación de esa palabra bastó para alterarme algún nervio, que por enteros que nos mostremos, tenemos los nervios como para ahogar nosotros a unicornios flotantes si algo de pronto explota en la casa, más no sea un foco. —¿Qué culpa tiene el unicornio, eh?—, también cuentan Laras explotando sin ton ni son. —¿Por qué lo harías tu cómplice de algo así? ¿No piensas en cómo podría afectarlo?— patearía el inflable si lo tuviera a mi alcance, en cambio me cruzo de brazos y tomo aire por la nariz para poner fin el show. —Y si buscas alguien con quien pensar, ¿no podrías hacerlo conmigo?— pregunto con un cambio radical de mi voz para que sea un suspiro cansado. —Sé que no tengo un cuerno en la frente lleno de brillantina dorada, pero si eso es importante para ti podría ir a buscar una de las coronas de princesa unicornio de Tilly— ruedo los ojos para que vea lo dispuesta que estoy a ponerme en situación aunque eso me suponga el ridículo.
Lara Scott
Lara ScottJefe de Área Científica

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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Dic 05, 2020 2:16 am

No hay manera que me sorprenda el modo que tiene Scott de tomarse esta situación. Siempre ha encontrado la forma de hacer que algo ridículo suene sensato, incluso cuando el escenario es uno tan deprimente como el tenerme flotando en el unicornio inflable de la bebé. En alguna parte de mí sé que no le queda otra, ha pasado las últimas semanas viendo como me transformé en una persona imposible de alcanzar y, por momentos, acepto que me he olvidado de que ella también estaba sufriendo. Fui egoísta, pero sospecho que es algo que me puedo permitir el lujo de ser por una vez, cuando todavía estoy tratando de encontrarme en este mundo nuevo, tan poco familiar a pesar de que no es la primera vez que en NeoPanem hay unos juegos o una guerra. No, mi mundo es mucho más pequeño, se reduce a esta familia.

Aún estoy quitándome algunas gotas del rostro en lo que uso la mano que me queda libre para mover el agua, haciendo que el flotador se acerque a la orilla con una lentitud que en otros tiempos se me haría irritante — No es necesario que hagas nada de eso — le aseguro con una sonrisa minúscula que busca ser apaciguadora — Es solo la calma del agua. Ayuda a que se me acomoden un poco las ideas sin el ruido del entorno o el silencio completo. Da como... el equilibrio justo — perfecto, ahora suena a que estoy delirando y, honestamente, creo que puede ser cierto en gran parte. Clavo los dedos en el borde de la piscina, lo que me permite mantenerme justo debajo de ella y tengo que entornar la mirada al buscar verla, justo debajo del brillo del sol — He sido un terrible esposo estas semanas, ¿no? ¿Hace cuánto que no hablamos como corresponde o siquiera tenemos sexo? — hay una lista enorme de fallas, esas son solo las primeras que se me vienen a la mente — Y Matilda... Sé que debería hacer más que leerle un cuento cada tanto. Solo no encuentro el tiempo — uno que no me hago, no que no poseo. Me siento hasta culpable de disfrutar una hija si he enterrado a la otra, como si la estuviera beneficiando.

Me rasco la barba, allí donde me pican las gotas. Me obligo a bajar la mirada una vez más y me hundo en el flotador, permitiendo que el agua que se va colando entre sus pliegues me empape la camisa y el pantalón, esos que apenas y he arremangado. La manera en la cual suspiro al cerrar mis ojos delata mi cansancio — Lamento darte esta imagen deprimente, Scott. Prometo que lo recompensaré esta noche. Podemos sacar un vino, si quieres. O ir a la ópera; sé que lo odias, pero a Tilly le gusta. ¿O quieres que la dejemos con Mo o Phoebe y seamos solo nosotros? Una salida, sí. Eso necesitamos. Una salida. Cualquier cosa por dejar esta isla.
Hans M. Powell
Hans M. PowellMinistro de Justicia

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Mensaje por Lara Scott el Dom Dic 06, 2020 2:33 am

Entiendo— contesto con un asentimiento corto de mi barbilla, en verdad lo hago, no hubo día en el mes que estuvimos en el distrito cuatro que no saliera a caminar con Tilly pese al frío de la costa, para encontrar en el mar la distracción que necesitábamos y que el arrullo de su marea callara a los pensamientos, evitando coincidir con otras personas porque no era charla lo que necesitaba, mucho menos hablar de lo que pasó. Nunca me ha gustado sincerarme sobre algo privado con una persona que dirá no poder entenderlo. Si aprendí oclumancia fue porque mis pensamientos políticos no son leales al ministerio donde trabajo, lo mismo hago con mis sentimientos: solo los compartiría con las pocas personas en mi vida que podrían entenderlo porque estamos viviéndolos a la vez. Salvo que no lo hagamos porque cada uno tomo la decisión por su lado de reservárselo. Supongo que pese a habernos casado, ambos tuvimos una marcada personalidad individualista por muchos años cuando él no tenía una hermana y una hija que le dieran la idea de una familia, y yo hacía renegar a mi madre por mis modos de ir por mi cuenta, en los momentos de quiebre esas cosas vuelven a remarcarse en el carácter de las personas.

Estamos hablando como corresponde ahora, así que ese pendiente lo podemos tachar, lo otro creo que lo tengo apuntado como el verano de 2450— exagero como una broma que me lleva a esbozar una sonrisa que no es como la que mostraba antes, difícilmente ahora pueda sonreír como lo hacía antes. Es un gesto sereno, que curva mis labios para tranquilizarlo. Guardo las manos en los bolsillos traseros de mi vaquero cuando bajo la mirada para encontrarme con la suya, me requiere mucho esfuerzo conservar la sonrisa a lo siguiente que dice, que podría contestar de muchas maneras y elijo un punto intercambio entre decirle que no se preocupe por eso y que tiempo es lo que realmente nos falta cuando ya no tenemos a nuestras hijas con nosotros. —Si necesitas tiempo para ocuparte de ciertas cosas— digo, sin aludir a que puede necesitarlo para él, —tomate este, que ella no recordará en el futuro. Tendrás tiempo luego, te necesitará presente en los recuerdos que si vaya fijando, todavía falta…— susurro con mis pies al borde de la piscina, porque no es un reclamo, es una petición para cuando se sienta con la entereza de volver a sujetarla sin quebrarse, a ninguno de los dos le hará bien si eso sucede. Yo puedo abrazarla mientras tanto, que con mis brazos envolviendo su cuerpo pequeño no perciba los vacíos repentinos a su alrededor, puedo atraparla dentro de estos para que el mundo quede fuera de nosotras.      

Quizás sean mis ojos angustiados al mirarlo flotar a la deriva dentro de una piscina de límites definidos, los que le hacen de espejo para que me pida disculpas que rechazo con un suave meneo de mi cabeza. —No tienes que disculparte por cómo te sientes— murmuro, —ni tienes que compensarme nada—. Si yo hice la sugerencia de ir a buscar una vincha unicornio, su propuesta de ir a la ópera, hace de esta conversación algo delirante, así que sigo meneando mi cabeza para descartarlo. —Espera aquí— pido, cambio de idea de inmediato, —mejor no, sal de ahí, espérame aquí en el borde— señalo el suelo sobre el que están fijos mis pies para instarlo a salir del agua y me giro para volver al interior de la mansión, donde puedo caminar casi a ciegas por un recorrido hecho tantas veces que me lleva a su famoso minibar a buscar la botella de vino más añeja y desprendo una de las copas que cuelgan para regresar a la piscina. Retiro el corcho de la botella para verter el líquido hasta rebosar la copa y entonces se la paso. —Toma— digo, —no tiene caso huir de la isla si luego vamos a volver, hablemos y emborráchate. Otro día saldremos— le tiendo la botella entera para que reemplace a la copa.
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Dic 06, 2020 3:37 am

Me he acostumbrado a las sonrisas en un rostro que supo enfurecerse conmigo hace mucho tiempo, pero ahora mismo la manera que tenemos de sonreírnos se parece más bien a una obligación que a un gesto desinteresado. Siempre he creído que llegamos a un punto de entendimiento, pero en estas últimas semanas me he sentido como la persona que le cerró todas las puertas al punto en el que, tal vez, no éramos más que unos renovados extraños — No quiero ser la persona que se pierde de su hija por no saber verla cuando está cerca… — quizá es una explicación un poco lastimera, pero puedo apostar que ella sabe de dónde viene. Por muy irónico que sea el adjudicarme mi poca sensatez a la muerte de Meerah, siempre tuve en claro que fue mi ausencia en su niñez la que me ha transformado en el padre que busco ser para Mathilda. Quizá ella no recuerde estas épocas, pero yo tendré bien en claro que no estuve para ella cuando estaba creciendo y eso no me lo voy a perdonar.

Creo que mi expresión es de reproche cuando asegura que no le debo nada, hasta se me tuercen los labios en un suave puchero que funciona como una falsa discusión que sé que no tengo ganas de tener. Es su orden la que me obliga a separarme con los codos del flotador, sigo con la mirada su silueta hasta que se pierde dentro de la casa y, con algo de desgano, me aferro al borde para impulsarme hacia afuera. Claro que el plástico hace un sonido de escándalo, se me mojan los pies y no me queda otra que arremangar un poco más el pantalón para dejarlos en el agua, suspirando al verme en el borde de la pileta como un perro pasado por agua. Para cuando me percato de que ella ha vuelto, la copa se encuentra a la vista y hasta sonrío de forma lastimera cuando me doy cuenta de que ese es el modo que encuentra para consolarme y, triste para mí, parece ser el único funcional — ¿Crees que podrás soportarme ebrio en este estado, Scott? — consulto con un dejo divertido en la voz arrastrada, levanto la mano para hacerme con la botella — Me conoces, sabes que puedo decir muchas tonterías con algunos tragos encima y la libertad de usar las palabras.

No obstante, doy un trago abundante. Aún estoy relamiendo mis labios cuando mi mano libre tantea el aire hasta atrapar su muñeca, tiro de ella en un intento de hacer que se acomode a mi lado en lo que busco volver a toparme con sus ojos — Gracias — mascullo — Sé que nada de esto estaba en las cosas que prometiste tener que soportar cuando nos casamos, pero creo que estamos reescribiendo nuestros votos con una improvisación de lo que acabamos siendo — aprovecho el sostenerla para acariciar sus nudillos con mis labios, en un mimo casual y necesitado — ¿Me estoy perdiendo de algo? ¿Tilly ha sumado nuevas expresiones a su diccionario? El otro día se quejó tanto de mi barba con sus gestitos que me sorprendió que no haya aprendido a decir “afeitadora”.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Dic 08, 2020 1:49 am

Hombre, ¿qué pregunta es esa?— refunfuño un poco en broma, dejando que se apropie de la copa que he servido especialmente para él, la botella también le pertenece, no tengo intención de acoplarme esta vez. Uno de los dos sí debe estar lúcido, entendí que tenía que ser yo. —¿Y qué si esa es la intención? Con un poco de alcohol pierdes totalmente la noción de ti, quizás sea lo que estás necesitando, tenemos la confianza de haber pasado varias veces por esto como para que lo hagas. Por eso mismo no te llevaría a otro lugar, estamos aquí, puedes beber y contarme de tu tortuga de la infancia si quieres, sin temor a hacer el ridículo ante nadie— acepto sentarme a su lado en el borde, tengo que desprenderme de su agarre para que mis manos puedan doblar los bajos de mi pantalón vaquero, así se mojan solo en el ruedo. Pese a ser invierno, el agua de la piscina está templada como debería estarlo toda piscina de una mansión tan lujosa como la de esta isla, y juro que hay días en que me gustaría despertarme en una casa que no tenga más que cuatro puertas, donde no comamos lo que preparen los elfos, sino que mi hija deba arrugar su cara por las cosas horribles que le cocino yo, hay días que yo también quiero escapar de esta isla donde la casa me queda aún más grande de lo que siempre me ha quedado y Tilly sigue pidiendo por su hermana cada vez que pasamos delante de su puerta.

Estoy terminando de doblar mi vaquero cuando respondo a su pregunta, sin interrumpir en ningún momento mi labor, para contestarle con toda la naturalidad que requiere su inquietud. —Entre las cosas que prometí al casarme contigo están comprendidas muchas más de las que quizás lleguemos a pasar algún día, y no, hubiera deseado que no sea precisamente esta, pero…— dejo en paz el ruedo de mi pantalón para que mis piernas puedan hundirse en el agua, hasta casi las rodillas. —Sabía con quién me estaba casando y nunca me engañé creyendo que para nosotros habría un camino de luz y flores— ni siquiera lo digo con una sonrisa, por si es una broma, apenas es una observación como es la realidad que compartimos. —Sabía que habría momentos difíciles, muchos. Solo no sabía que serían de esta manera. Pero no, en ningún momento creí que solo teníamos reservados los buenos…— dejo que tome mi mano para acercarlo a sus labios, aún no hago ningún amago de ser quien se acerque, para que sea él quien decida que tanto quiere permitirme entrar en el hermetismo en el que se sintió seguro, aunque estuviera solo. —¿Tilly? ¿Te refieres a la niña que ya hace negocios en el maternal? Se trajo hace unos días un muñeco con el pelo verde que no es suyo, ¿sabes a qué me refiero cuando digo negocios, verdad?— entorno los ojos, que nuestra hija tiene las mejillas llenas y también las manitos pesadas como para imponerse a los otros niños.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Dic 08, 2020 6:46 pm

No sé hasta qué punto es un movimiento inteligente el dejarme beber todo lo que quiero, más allá de que estemos solos en casa o no. Tal y como ella ha dicho, ya me conoce lo suficiente como para saber que no soy la mejor compañía cuando me paso de copas y seguimos estando bajo el mismo techo que una bebé, quien no tengo ganas de que me vea de esta manera por poco recuerdos que vaya a tener de esta época. Aún así, no la contradigo, bebo en silencio y me doy cuenta de que cada trago es un poco más desesperado que el anterior, lo suficiente como para obligarme a un poco de autocontrol. Acabo por dejar la copa vacía a un lado y apoyo la botella entre mis rodillas, dándole suaves golpecitos con los dedos sobre el pico de vidrio.

Jamás pensé que la vida de un matrimonio fuese solamente el tener una casa estable, alimentar a los perros y tener hijos bonitos. No obstante, el panorama actual deja mucho que desear y el haberme vuelto una persona de difícil acceso para ella no fue mi mejor decisión, pero sí la única que pude tomar de forma involuntaria — Aún así... Sé que no tendría que haberme hecho a un lado. Tanto silencio puede volverse una tortura y tengo bien en claro que no fui el único adaptándose a nuestra nueva realidad. Se siente como que te solté la mano cuando debí aferrarla un poco más fuerte — no solo para mí, sino también para ella. Sé que lo sufre tanto como yo, pero Scott siempre ha sabido callarse sus emociones cuando quiere hacerlo.

Vuelvo a llevarme el pico a la boca, ahí donde se me escapa una risa vaga e involuntaria que hace eco dentro de la botella — ¿Y lo devolvió? — me parece la pregunta más importante de todas — Tiene todos los juguetes que podría desear, no tiene por qué andar robándole a otros niños. El aprender a respetar lo que es de otros es algo que debería ejercer desde ahora — que lo último que quiero, es que Mathilda se comporte como la gente de la cual me quejo. Bajo la botella y, sin preguntar, se la tiendo para que ella también beba un poco — El otro día se durmió entre los peluches de la alfombra y no me atreví a moverla — es una declaración que sale de la nada, la hago bajando de forma considerable el tono de mi voz — Se veía tan tranquila que no quería arruinarlo para ella. Me calma el poder verla dormir — lejos de todo, ignorante de lo mierda que puede ser el mundo exterior, uno que no puede tocarla mientras tengamos cuidado. Meneo la cabeza, porque sé que lo que voy a decir parecerá sacado de contexto y no, no lo es — Me preocupa lo que puedan encontrar en las cosas que se llevaron de Meerah — porque no sé qué tenía ahí dentro y tampoco quiero pensar en cómo podría afectar al futuro de su hermana.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Miér Dic 09, 2020 3:20 am

Silencio es lo que guardo yo cuando se refiere a este como una tortura para quien lo sufre, supongo que puede sentirse así cuando se alarga en el tiempo, tanto la distancia como el silencio pueden ser necesarios para una persona cuando los necesita, al alargarlo es que puede ser una tortura para quienes están alrededor y se encuentran con esos muros intraspasables. Ambos sabemos de los muros del otro como para estar al tanto de que coincidir se debió a saltar por encima de estos, de habernos quedado tras estos como toda una vida, hubiéramos seguido siendo extraños como lo fuimos todos los años que duró mi deuda con él, número de años que antes tenía tan fijo en mi mente y ahora no recuerdo. El tiempo cuando pasa también propicia esto, recuerdos que creímos tan fijos, inolvidables, también se olvidan. Nada es eterno, ni lo bueno, ni tampoco lo malo, todo pasará. Ese pensamiento es angustiante sobre ciertas cosas, sobre otras es un consuelo, ambas emociones sobre una misma. No todo queremos que pase,  al dolor que nos recuerda a una vida que se acabó, porque es una manera de seguir reteniéndola, solemos aferrarnos. Pero todo pasa. Lloré por mi padre durante quince años hasta que por la familia que estaba formando y por protegerla de las malas decisiones que él pudo haber tomado, dejé de llorarlo. Dejar que todo pase es también es una decisión, nadie está listo demasiado pronto para ello, así que lo observo servirse de la botella con la tranquilidad de que estoy cerca para impedir que se caiga de bruces al agua si el alcohol le sube de repente. —Si todavía estoy a tu lado, puedes tomarla, Hans— murmuro, hablo mucho más bajo de lo que acostumbro, con más calma de la que cualquiera en esta familia esté habituado, el abatimiento sobre el alma suele traer esos cambios y quedan al desnudo en el espacio más íntimo de nuestros hogares, no delante de las personas que ninguna relación tienen con lo que nos angustia, si es un dolor nacido desde dentro de esta misma casa, como para que sea este y ninguno otro lugar, donde podamos sentir intensamente ese dolor.

Tiene menos de dos años, lo único que descubre al robar el juguete de otro niño es que aun teniendo tantas cosas, por fuera sigue habiendo tantas otras cosas— digo, recorro con mi mirada el largo de la piscina, —que le demos todo no evitará que desee otras cosas— susurro, —pero los delitos de maternal no hacen a nadie un criminal, ¿quién sabe? Quizás termine casada con el niño al que se lo robó…— bromeo, agarrándome al borde de la piscina cuando muevo mis pies bajo el agua, muevo mi cabeza de un lado al otro cuando por el rabillo del ojo veo que me ofrece la botella. —Sé cómo te pones cuando bebes demasiado, esa es la intención, así que seré quien se encargue de cuidarte y dejarte en la cama indicada más tarde— le aseguro, en otro tiempo sí le hubiera aceptado, cuando nos reíamos a la par, cuando se le daba por preguntarme si sacaba papeles de matrimonio de un cajón o se le ocurría cantar odas, pero no parece que se pueda sufrir a la par, siguen siendo momentos en solitario, esta es la mejor manera que encuentro de poder acercarme un poco a su dolor con el mío, decirle que beba y que estaré mirando por él. No sé si habrá manera de recuperarnos en caso de llorar juntos por lo perdido, por primera vez esto me ha hecho plantearme si juntos, si llorar juntos, nos hace tan fuertes como creímos o va a rompernos peor. Porque no sé qué hubiera sido de mí, de él, de Mathilda, si ambos alcanzábamos el fondo con los dedos como parece haberlo hecho. —¿Qué crees que puedan encontrar?— pregunto también en un susurro, porque es una pregunta de cuidado, —¿qué te da miedo de que encuentren, Hans?— yo misma siento el nudo en la garganta, no diré palabras que él no pueda poner por sí mismo en su boca.
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Mensaje por Hans M. Powell el Miér Dic 09, 2020 2:33 pm

Creo que en parte tiene razón, pero eso no evita que mueva mi cabeza de un lado al otro en un gesto de obvia duda — Pero debería empezar a tener al menos un pequeño conocimiento de que no todo puede ser suyo. El niño debería tener de regreso su juguete por mera educación — se me hace algo gracioso que ella mencione justo la memoria que estaba empezando a asomarse por mi cabeza, no puedo contener la sonrisa en lo que arqueo una de mis cejas — Aún no termino de aceptar tu teoría de que acabará casándose con Rory, como para que me sumes nuevos candidatos a la lista — una imaginaria, de esas que no tienen que preocuparme hasta dentro de unos años. Sé que Aún falta tiempo para que Mathilda tenga la necesidad de alejarse de mí, pero creo que en estos días ese pensamiento se me hace incluso más tortuoso de lo normal. No puedo imaginarme un mundo donde ella no se emocione al verme llegar del trabajo, por cansado y destruido que pueda verme.

Me encojo de hombros ante su negativa a tomar la botella y vuelvo a beber. Es un poco de ir tragándome un poco lo que acabo diciendo, la pregunta que me hace no es una que tenga que meditar y, aún así, me tomo el tiempo a contestar como si en verdad lo estuviera haciendo. Inflo mi pecho de un modo algo exagerado antes de suspirar con fuerza — Algo que haga que todo lo que dijeron se torne realidad — quizá estoy sonando como un niño asustado que quiere negar lo que ha sucedido, pero es que me cuesta estar enojado o decepcionado con una persona que he perdido y que me importaba tanto — Pude aceptar que Meerah me escondía cosas, pero no quiero saber cuántas o por cuánto tiempo. Me hace sentir que estoy llorando una imagen distorsionada de alguien que creí conocer muy bien y, al mismo tiempo, pensar algo así me hace sentir que soy un padre terrible. ¿Tiene sentido? — es un choque de confusas realidades, de emociones que se encuentran y no parecen ser compatibles. Me atrevo a mirarla, como si en su rostro pudiese encontrar una respuesta sincera que solucione mis dudas cuando sé que nadie la tiene — O tal vez solo estoy pensando demasiado cuando debería dejar de hacerlo.
Hans M. Powell
Hans M. PowellMinistro de Justicia

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Mensaje por Lara Scott el Jue Dic 10, 2020 9:58 pm

Se lo devolverá, no es algo que debas preocuparte más de la cuenta, luego seguro algún juguete de Tilly también desaparecerá… y así…— procuro que esto no pase de ser un comentario sobre la entretenida vida de bebé de nuestra hija, algo de lo que podamos hablar sin que se traslade a preocupaciones más grandes, que al hablar de lo que debemos enseñarle sea una simple charla entre dos padres en el que uno cumple con su función de remarcar normas y la otra pide calma y que a la niña se le deje ser, como el contraste que siempre hemos sido los dos. Y que sea una charla que podamos tener sin culpa, sin la culpa de atravesar por una experiencia tan cotidiana de ser padres, ni siquiera pensar en ello, solo vivirlo. Sin que nos lleve a una comparación constante de todo lo que seguimos experimentando con Tilly, que se interrumpió con otra hija a la que no puedo evocar en nombre sin que eso me haga perder a mí misma toda entereza para continuar con esta charla.

Por eso son medidas mis palabras, no quiero que se vea cómo me afecta hablar de ella, tampoco quiero escuchar nada de lo que dice Hans, no porque lo diga él, no es eso, es mi propia negación a querer abrir mis pensamientos a todo lo que implicó el comportamiento de Meerah esa noche, comenzar a pensar que hubo detrás de cada cosa dicha, hecha, que había en ella que conocíamos en parte e ignoramos en su mayor parte. Tomaría un trago hondo de la botella que le ofrecí si eso nos impidiera pensar al respecto, pero no lo hago. Le dije que era solo para él. Trato de ser alguien que se mantenga entera, en realidad puedo serlo si yo misma cierro mi mente a ciertas cosas y rechazo hacerme ciertas preguntas. —Meerah fue un día al taller a visitarme, fuimos a almorzar luego— cuento, no es una respuesta a su pregunta, —me preguntó cuántas veces me había acostado contigo, no si lo había hecho. ¿Te acuerdas que te enojaste porque no le mentí? Estábamos en ese hospital del distrito cuatro, donde terminamos comprando una casa…— mis ojos son lo suficientemente grandes como para que se note cuando estoy conteniendo el llanto, suelen mostrarse también tan duros, reacios al llanto, como para que se aprecie cuando este se presenta, —esa fue nuestra primera cita aunque insistas que no, me invitaste  a cenar y eso cuenta como una cita— procuro hacer una broma para conseguir sacar mi voz de la garganta y que luego sea posible continuar con lo que vivo como un desgarro por dentro, —esa chica que a ti y a mí nos ponía en dilemas, más perspicaz que nosotros en saber lo que le ocultábamos, esa chica… es la hija que elijo recordar— murmuro al darme la vuelta hacia él.

No quiero saber nada de lo que puedan descubrir de ella que nosotros no supiéramos, porque esa parte de sí decidió ocultarnos. Saberlo no cambiaría mi sentimiento hacia ella, traté de nunca ser un juez sobre las acciones de nadie en la familia que formamos, y no quiero saberlo, porque simplemente no cambiará el hecho de que esté muerta. Así que como la persona que vio crecer a Meerah y que solo al final de su vida pudo ser su madre, esto es lo que elijo— sigo, es un derecho personal el cómo elegimos conservar la memoria de los que amamos para que sea posible cierta paz en la mente al continuar. —No contesta a tu pregunta, está lejos de ser un consejo que realmente vaya a servirte, pero las veces que acepté cómo era la realidad me enfureció tanto que fui a la confrontación, así que elijo mirar para otro lado, porque aún tengo algo que no pondría en riesgo por ir al choque— meneo la cabeza, desisto de hacer gala otra vez de tal estupidez de mi carácter. —Tengo una hija—, yo que nunca pensé ser madre. Una, ya no dos, solo una. —Desde hace mucho tiempo, Hans…— lo digo con mi vista puesta al frente, mi mandíbula tensa, —elegí vivir de una manera en la que me sea posible cuidar de esto que tenemos, no seré yo quien trate de descubrir y traer lo que pueda hacerle daño— me cerré al mundo, a todo lo que pasa, para poder estar aquí, porque de seguir siendo parte del caos del mundo de afuera… él sabe que eso irremediablemente nos colocaría en extremos tan remotos que de cruzarnos sería con odio hacia lo que representa el otro, y sin embargo, en formar una familia hallamos el sentimiento opuesto.
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Dic 10, 2020 11:01 pm

No sé cómo es que ha pasado tanto tiempo desde la anécdota que está contando y, a la vez, no se me hace tan lejano. Empezar a recordar a Meerah como una historia es algo que he estado haciendo de a poco, aún sin comprender cómo se supone que puedo hablar de ella en pasado cuando todavía la siento tan viva, en cada una de nuestras historias e incluso en las fotografías que no son de hace tanto tiempo. Se me escapa una media sonrisa en lo que ella intenta bromear, le doy este espacio para que hable de lo que lleva dentro cuando no lo he hecho en semanas, tampoco creo que sea el momento para ponerme en charlatán cuando ahora mismo no se me ocurre qué se supone que deba decirle. Me he vuelto un hombre silencioso, las respuestas no acuden a mí como solían hacerlo en el pasado y me pregunto si esto es lo que seré ahora, si alguna vez volveré a caminar por el ministerio como si el lugar me perteneciera y no con una extraña vergüenza, como si en verdad quisiera pasar como una sombra antes de que alguien me haga una pregunta incómoda.

En mi silencio, el líquido de la botella va bajando poco a poco. Scott y yo siempre encontramos un poco donde nos diferenciamos, me he obligado a ver un panorama un poco más completo al estar dentro del juego y, aunque ella conoce los riesgos, no estoy seguro de que pueda verlos en primera persona — Esa es mi mayor preocupación — confieso en un murmullo — He dedicado mi vida a luchar contra las personas que ella decidió seguir… ¿Y por qué motivo? ¿Hasta qué punto? Es decir… ¿No se detuvo a pensar en lo que podría sucederle a nuestra familia si la descubrían? — me molesta pensar en Meerah como alguien egoísta, me excusé con la idea de que era una adolescente que estaba buscando experimentar cuando sé muy bien que no es una tontería como que tuvo dos novios al mismo tiempo en la escuela. Estamos hablando de una traición a escala nacional, en medio de una guerra abierta — Intento quedarme con las cosas buenas de Meerah, con esas que ella decidió compartir conmigo, pero tengo miedo que las que optó por ocultar le traigan problemas a la hija que nos queda. Necesito saber que Tilly crecerá segura, en un lugar estable y que nuestras acciones siempre sean para protegerla, no todo lo contrario — tal vez fui demasiado estricto con su hermana, pero ni siquiera eso me permitió ver donde en verdad importaba. Tendré que cambiar el estilo de crianza.

El vino funciona como calmante, pero aún no siento el fuerte mareo que suele asaltarme; quizá, he estado bebiendo demasiado seguido como para acostumbrarme. Aún así, me acomodo para que mis labios rocen su hombro, en un gesto cariñoso que no recuerdo haber utilizado en las últimas semanas — Te extraño — mascullo. Me acomodo para presionar mi boca en la curvatura de su cuello, sintiendo sus cabellos cortos que me hacen picar la nariz — Lamento mucho el haber cerrado todas las puertas, cuando sé que te necesitaba más de lo que podría haber admitido. Pase lo que pase, sigo siendo el mismo sujeto que te ama con locura, Scott. Solo creo que a veces me olvido de recordártelo — hubo un tiempo en el cual no podía estar lejos de ella y me he transformado en un repelente de afecto. Quizá, poco a poco, podamos ir reconstruyendo lo que queda de nosotros.
Hans M. Powell
Hans M. PowellMinistro de Justicia

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Mensaje por Lara Scott el Sáb Dic 12, 2020 3:53 pm

Cierro mis párpados porque todo lo que dice es algo que sé, yo misma tuve que cambiar el rumbo de mi andar para que eso dejara de enfrentarnos, rechacé a la persona que por ironías sería la misma que asesinaría a Meerah porque tenía que poner distancia con todo lo que, así como él lo dice, pondría en peligro la familia que tenemos si descubrían que simpatizaba con humanos esclavos. Decisiones rotundas que tomamos en el momento, crueldades que nos permitimos hacia otros, porque al fijar prioridades entre las personas, a quienes están por encima de todo las protegeríamos con más de lo que tenemos, lastimaríamos a quien tengamos que lastimar para protegerlas. He sido egoísta a lo largo de mi vida y llegué a abarcar a esta familia dentro de mi egoísmo, pienso en nosotros cuando todo pierde su sentido para tratar de resguardarnos, la suerte de esta guerra no me puede resultar más indiferente porque ningún desenlace llegará a ser uno con el que me sienta conforme. Sea quien sea que gane, ninguna posibilidad es buena, quedó demostrado una única noche en la que todo fue un disparar a matar y mataron, de un lado al otro. Tilly estaba en esta isla.

Lo hará, Hans. Yo me aseguraré de que Tilly crezca segura, aunque tenga que esconderla dentro de mí— digo, no sé cómo irá a tomarse lo que digo a continuación: —Si la situación con los rebeldes vuelve a ponerse tensa, me la llevaré— es algo en lo que he pensado, —Ya no al distrito cuatro, buscaré otra casa, podemos vender esa— sinceramente, vendería también esta mansión, me desprendo de la casa de la playa porque recorrer los mismos lugares que visitamos con Meerah no me está ayudando, tampoco a su hermana que la busca, claramente no a su padre. El distrito cuatro se ha poblado de personas y él no necesita que le ofrezca nombres puntuales, el tránsito que hay ahí me quitó la idea de que siga funcionando como refugio. —Sé que una vez lo intentamos, no nos fue bien, tampoco te digo de hacerlo ahora que me parece más importante que permanezcamos juntos por… todo— para esto, para cuidar de él si quiere bajarse una botella de vino porque su tristeza lo necesita y asegurarme de que no termina aplastado debajo de todo el trabajo en la oficina, que encuentra las fuerzas para volver a casa, son mínimas esperanzas de que podrá recobrarse hasta que vuelva a sostenerse seguro sobre sus pies. —Pero pondré la seguridad de Tilly delante de todo, aunque tenga que procurársela yo, ya quedó demostrado que no hay sitio seguro en Neopanem.

Elevo mi mano hacia su mejilla cuando se acerca, sin cambiar mi postura por la que sigo encorvada sobre el borde de la piscina, dejo que mis dedos suban hasta sus cabellos y se queden ahí, con caricias cortas. Es más un gesto de consuelo que cualquier otro gesto que podríamos haber compartido en el pasado, lo sé. Todavía no sé bien que es lo que necesita o espera de las personas que nos mantenemos a su lado, a su silencio tuve que interpretarlo como que deseaba que siguiera a su lado aunque no hay mayor cosa que parezca que puedo hacer por él, es lo que en todo momento estuvo presente en las promesas que hicimos por anticipado. —Está bien que me extrañes— digo, al girarme hacia él cuando siento su beso en mi cuello y poder posar mi mano en su rostro así sostengo nuestras miradas. No sería Lara Scott si no lo dijera. —Porque podría irme si se te da por estar demasiado tiempo ausente, dentro de— los dedos de mi otra mano rozan su frente, —tu mente— paso las puntas de estos sobre los mechones al alcance, antes de que mi mano caiga sobre mi rodilla. —No me empujes, si no quieres que me aleje, ¿te acuerdas que una vez me lo dijiste?— porque quizás fueron palabras más significativas para mí que para él, casi tanto como las que pone en su boca y me hacen sonreír. —Mientras no lo olvides tú, no tendría por qué olvidarlo yo— musito, mucho más bajo en tono por ser una aclaración que antecede a mi respuesta. —Sé que me amas y sabes que te amo— abandono su rostro para que ambas manos busquen las suyas, atrapándolas, cubriendo sus dedos con mi agarre. —Pero el amor por sí solo no ha podido evitar que las personas se lastimen, se separen, aun cuando permanecen amándose toda la vida, cada uno en su lugar, estando con las personas que estén o echándose de menos toda la vida, amor no es algo que podamos sentir cada uno por nuestro lado, el amor no es algo que podamos hacer solos, necesitamos de la otra persona, ¿sí?— busco saber con esa pregunta tímida al final si entiende lo que quiero decir y lo solos que hemos estado este tiempo, estando juntos.
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Dic 12, 2020 5:14 pm

En otro momento creo que me escandalizaría más el uso de palabras que ha elegido, pero ahora mismo solo puedo mirarla como si estuviera tratando de entender a qué se refiere con llevarse lejos a Tilly. Lo tomo como lo poco que dice, me quedo con la idea de tan solo conseguir una casa nueva en la cual la bebé pueda crecer sin ser el foco de los chismes y los ataques que puedan golpearnos. Sé bien que no estaremos seguros en ningún lado, la gente del nueve ha demostrado que el gobierno es su objetivo pero personas como mi padre se pasean por las calles, se cuelan en nuestros hogares y lo suyo es un poquitito más personal — Podemos comprar una casa en el uno y colocarle un encantamiento Fidelio — susurro a modo de sugerencia, no muy seguro de que vaya a estar de acuerdo. Conozco ese distrito como la palma de mi mano y, al fin y al cabo, nos dejaría cerca de los restos de Meerah sin alejarnos de las zonas mejor colocadas por el Capitolio. No es una mala opción, si decide tomarla.

Las caricias se sienten demasiado bien, demasiado placenteras, demasiado… todo, tanto que se me escapa un suspiro frente a un contacto que he estado esquivando por primera vez desde que decidimos que nos necesitábamos para poder continuar, a nuestro modo. Hasta creo que la sonrisa que le muestro, por apagada que se encuentre, busca pedirle perdón por todas las veces que le di la espalda en la cama y las oportunidades en las cuales llegué a casa después de la cena, con la corbata mal acomodada y los pies cansados. Mis manos se encierran en las suyas, me sujeto a ella mientras habla y muevo mi cabeza en señal afirmativa de que comprendo lo que me dice, incluso cuando me cuesta un poco el encontrar las palabras para contestar. Mantengo los ojos puestos en nuestros dedos y me permito acariciar sus nudillos con sumo cuidado — He sido la persona que daba lo que podía y no lo que necesitaba — le aseguro, aún sin levantar la mirada — Intentaré ser yo mismo, Scott, de verdad. Jamás tuve la intención de empujarte, sino que no sabía cómo mantenerte cerca. Tampoco estoy seguro de todo lo que ha pasado en estas semanas, porque siento que no estuve aquí, no en realidad — mi cabeza se iba a cientos de lagunas, a panoramas desalentadores, a preguntas que me hacían dudar sobre cada una de las decisiones que tomé a lo largo de la vida para acabar pagando por ello. Supongo que las personas que me odian lo llamarían karma.

Levanto sus manos, beso sus nudillos y apoyo mi frente contra ellas. Cierro los ojos y tomo aire una, dos, tres veces. Tengo la botella sujeta entre mis rodillas, cuidadoso de no volcar el vino a la piscina, cuando me doy cuenta de que no tengo ánimos de continuar ebrio; no cuando he bebido bastante en el último mes y medio, tanto que he tenido que comprar otra reserva de whisky para la oficina. Levanto la mirada, encontrándome con la suya antes de besar cariñosamente la comisura de sus labios — Te dije una vez que eras el amor de mi vida y sigo manteniendo esa creencia. Quiero hacerte feliz, Scott, incluso cuando no estoy seguro de cómo hacerlo — suelto una de sus manos para acariciar su mentón, el mismo que pellizco con suavidad — Ya basta de puertas cerradas.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Lun Dic 14, 2020 2:40 am

Todo lo que hago es posar mi mano en su mejilla, la caricia más segura en estos días, no lleva más implicancias que la de brindar consuelo para calmar a una mente que bastante tormentos ha tenido en este tiempo. —Podemos hablar de ello luego— contesto a su sugerencia, lo que le dije de la seguridad de la única hija que nos queda era para aclarar ciertos puntos en los que llevo meditando desde que se volvió doloroso cruzar esta isla y no poder evitar que mis ojos se llenen de escenas de ese día, preguntarme si Tilly antes de desaparecerse con Poppy, también grabó en sus retinas imágenes incomprensibles que la asustan o la angustian de alguna manera, si ella aun siendo incapaz de recordar esa noche, al crecer en esta isla no verá fuera de la mansión, en los jardines, un escenario de guerra que se llevó la vida de una hermana que tampoco podrá recordar. Pero mudarnos no es algo que haremos en este momento, en el que las distancias entre nosotros son frágiles, por no saber cómo hablarle al otro sin que nuestras palabras alcancen los lugares que duelen y ese miedo se torna mayor al deseo de un abrazo que alivie la pena, así que no es el día para pensar en distritos y maneras de proteger una casa, cuando como prioridad está poder cuidarnos entre nosotros.

Lo escucho para que pueda explicarme cómo era la vida desde la esquina en la que se ocultó estas semanas para sobrellevar el dolor de la pérdida, el calor de nuestras manos es el agarre como ancla que necesito para que esta sea una charla de la podamos salir siendo capaz de entender la perspectiva del otro y tratar de que estas vuelvan a coincidir, alguna vez prometimos mirar juntos hacía todo lo que se podría venir sobre nosotros, fallamos en ese propósito, a la primera que algo nos sobrepasó demostrándonos que no tenemos nada de invencibles, cada uno miró hacia su lado. No estábamos exentos de fallar, de todos modos. Fue pura arrogancia, esa que dejo de lado para bajar mi mirada al anillo que sigo llevando en mi mano, prometí quedarme y seguir teniendo esta alianza a la vista, fallar también es parte del camino. —¿Ahora estás aquí?— consulto, como si estuviera indagando en su presencia, que es real bajo el peso de mi mano y sigo dudando si es él realmente o solo él tratando de alcanzar la superficie, todavía un espejismo vago de lo que fue alguna vez. —Porque si estás aquí, todavía podemos intentarlo— le aseguro, por si eso consigue que llegue al borde y mi mano alcance la suya para ayudarlo a salir de ahí, de ese pozo en el que está ahogándose.

Mi boca responde con una sonrisa queda al beso que deja, me muevo hacia él para apoyar mi mentón sobre su hombro, cerrar mis ojos al cruzar mis brazos tras su espalda, estrechándolo contra mí. —Ser feliz es algo que corre a cuenta mía, lo único que depende de ti es poder amarme de una manera en la que eso ayude a que pueda sentirme bien y no de un modo en que la incertidumbre termine por angustiarnos— murmuro, acaricio su espalda con una mano para reconfortarlo, lo mismo va para mí. —También eres el amor de mi vida, tengo una sola y elegí pasarla contigo, ¿no? No dejemos que la vida solo pase— le pido, me retiro un poco para que nuestros rostros puedan mirarse. —Tomate unos días, pídelos en el trabajo, vayamos con Tilly a una cabaña del distrito siete— pongo entusiasmo en mi voz para ver si así lo convenzo, si puedo tomar siquiera un poco de ese entusiasmo. —Necesitas unos días para descansar, descansar de verdad, deja que tu familia cuide de ti.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Dic 15, 2020 3:54 pm

No sé muy bien cómo tomar lo que me está diciendo, por un momento incluso temo ante unas palabras que parecen más bien un ultimátum cuando, espero en verdad, que no sea eso lo que esté queriendo decir. Mis ojos se entornan como si de esa manera pudiera ver en su rostro que sigue apoyándome y que no se irá solo porque estoy pasando una mala racha, cuando hace un momento parecía ser la persona más comprensiva de todas y ahora utiliza el “si aún…” como si hubiera algo que condiciona nuestro matrimonio. La elección de palabras siempre ha sido un asunto peliagudo, me deja un momento en silencio antes de asentir con la cabeza; debo ser yo, hundido en mi paranoia de perder todo lo que he llegado a construir con un simple soplo de viento — Estoy haciendo mi esfuerzo por estar aquí — que ya me he perdido semanas de nosotros, de nuestra hija, llorando por alguien que no volverá y que no querría que mi vida entera se viera como un barco sin velas a falta de ella. Aún no sé cómo explicarme, no cuando he estado años ausente en la vida de Meerah y, cuando ella ha pasado a ser una parte central de la mía, la he perdido. Es como si el tiempo efímero que tuvimos juntos fuese una burla a mis propios errores.

Me siento más tranquilo en cuanto ella me rodea en sus brazos, me permito el acariciar el contorno de los mismos con dedos calmos y hasta le sonrío, aunque sea un poco a cada una de sus palabras — No planeo que eso suceda — le aseguro, que quizá todavía tenemos muchos años por delante o tal vez la guerra vuelve a jugarnos una mala pasada, pero eso solo me impulsa a querer dejar mi capricho con perder el tiempo que tenemos juntos. Conozco ese tono de voz, hasta me hace reír por lo bajo y, de manera cariñosa, apoyo mi frente contra la suya — No tienes que convencerme para hacer algo así — le aseguro — Unos días en medio de la nada suena muy bien — lo que sea para no estar en esta casa, en el Ministerio, en cualquier sitio que me haga pensar en escenarios amargos — ¿Quieres que haga el llamado o planeas hacerte cargo tú sola? A Tilly le gustará tener un jardín diferente en donde correr y armar muñecos de nieve — de esos que son solo un montículo con piedritas y ramas, pero que ella insiste en ponerle nombres que no termino de comprender de dónde saca. De verdad, hay veces que no puedo entender cómo alguien tan puro e inocente puede haber nacido de mi genética.

Me giro al escuchar un sonido entre las flores más cercanas que bordean uno de los extremos de la piscina, encontrándome con Cocoa pasando a toda velocidad. Fue un alivio descubrir que se había metido bajo tierra cuando ocurrió el ataque, porque de alguna manera siento que tengo una responsabilidad con la mascota que supo ser de Meerah. Con un suspiro, paso la mano por la espalda de Scott en un intento de rodearla tanto como ella me ha consolado a mí — ¿Quieres que entremos? — le sugiero, uso la mano que tengo libre para agarrar la botella — Hay un sofá que no utilizamos hace mucho tiempo y, si Tilly está dormida, nos vendría bien fingir que miramos una película o dos. Creo que un poco de distracción normal nos vendría muy bien a los dos — quizá tengamos que ir paso a paso, lado a lado como solíamos hacer en un pasado no tan lejano, pero creo que algo tan simple como una tarde de películas no va a dañar a nadie. Si me quedo dormido a la mitad, al menos sé que estaré a su lado.
Hans M. Powell
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Mensaje por Lara Scott el Miér Dic 16, 2020 12:10 am

Con eso basta— le aseguro, si está haciendo un esfuerzo por seguir aquí con nosotras y no hundirse en una oscuridad que no le llevará hacia nadie, ni hacia quien perdimos, solo lo hundirá en sí mismo y una soledad que se ve en las líneas que estos días cruzan su rostro, dándole un semblante demacrado, no le pediré más de lo que pueda dar hasta que vaya encontrando sus fuerzas para encarar lo nuevo y también lo viejo que compartimos. Recorro su espalda con la palma de mi mano al abrazarlo, trato de que el calor que su cuerpo encuentra en el mío lo saquen de ese estado de apatía a todo en el que estaba sumido, que me redescubra a su lado, en el que me mantuve todo este tiempo, aunque a veces pareciera que lo que está y siempre estuvo frente a nuestros ojos, es lo invisible entre un montón de cosas ausentes y pérdidas que al ocurrir nos demuestran que no estábamos tan resignados a estas como creíamos, siempre encuentran una nueva manera de hacernos doler profundamente.

Dejaré que hagas el llamado— contesto luego de pensarlo por dos segundos, parece algo entusiasmado con la idea como para darle ese trabajo si le ayuda al ánimo, por bobo que sea buscar lugares y hacer reservas, si lo saca por unos minutos del circulo vicioso de sus pensamientos, me doy por satisfecha. —Y yo me encargaré de proveernos de vino— añado, es la parte divertida de planear un breve viaje que sirva para descansar de todo, y si funcionó esta vez, puedo tomarlo como un recurso a agotar todas las veces que hagan falta. No digo nada al comentario de lo pueda disfrutar nuestra hija menor por su parte, ningún mención a la ausencia de festejos que aludieran a la Navidad y en lo que ella afortunadamente no repara, las típicas actividades navideñas son las vive en la cocina de Mohini, así que encontrar en un paisaje nuevo la oportunidad de jugar con la nieve, servirá para que esta estación no pase del todo como si fueran simple hojas de un calendario. —Suena bien, en cuanto tengas la reserva, nos pedimos unos cinco días, no, siete— digo, ¿suena un poco a que estoy haciéndole presión a que se aparte de su oficina un tiempo en el que verdad pueda notar la diferencia? Puede ser, lo estoy haciendo por él.

Dejo un beso en su cuello al apartarme para que podamos ponernos de pie y así poder entrar, mi mano busca la suya para no romper del todo el contacto que me permite creer, al menos hoy, que vuelve a estar aquí. Paso mi otra mano por el corte de su mandíbula en una caricia que no llega a abarcar todo el consuelo que puede estar necesitando, pero yo también lo estoy intentando, estoy haciendo un gran esfuerzo para que pueda verme a su lado y que lo que pueda darle mitigue un poco su angustia, al menos un poco, para convencernos de que ninguna promesa fue en vano, que era cierto que sostenernos en el otro nos ayuda a continuar. —¿Podemos mirar el Diario de Riddle?— bromeo, me sé los diálogos como para poder recitárselos mientras la película avanza. —Para, si miramos esa, tenemos que mirarla. Nada de tratar de distraerme, si vas a hacerlo, mejor miramos alguna de terror…— mi tono sigue siendo uno de chiste al hablar, pese a que mi sonrisa no alcanza a ser enteramente una de diversión, conserva su rasgo triste de duda de qué tanto podemos retomar estas cosas, sin que la angustie nos golpe por lo bajo. Paso mi brazo por su cintura para caminar con él hacia el interior de la casa, abandonando la botella de vino al borde de la piscina. —¿Estás bien? ¿Puedes caminar? No irás a ver doble al protagonista, ¿verdad?— compruebo qué tan bebido está, porque me sorprende el que pueda conducir sus pies con aparente desenvoltura. No lo señalo, no quiero apuntar a nada nuevo que se ha dado en esta última media hora a lo que nos habíamos habituado en el último tiempo, a lo inédito que es compartir una película, dejar a un lado una botella de alcohol, así la normalidad que conocíamos puede asentarse entre nosotros otra vez, una nueva, una que de su espacio y respete a lo que ya no está, pero que nos permita avanzar, porque el mundo no nos espera para seguir girando y debemos volver a girar con él.
Lara Scott
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