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El Arquitecto I · Edward J.

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Mensaje por Lara Scott el Dom Nov 29, 2020 9:46 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Es la primera vez en semanas que abandono las sábanas con prisas cuando abro los ojos al escuchar que suena el despertador y me apropio del baño antes de que lo haga Hans, enredándome con estas al caminar sobre la cama, evitando pisar al hombre en cuestión, y saltando al suelo cuando llego al borde, para estampar la puerta del baño contra el marco. —¡Voy apugaga!— le grito con el cepillo de dientes dentro de mi boca, dos minutos después salgo con mis dedos peinando mi cabello corto y recupero mi varita de la mesa de luz para ir atrayendo todas las cosas que debo llevar conmigo, mi teléfono cayendo en mi mano así le puedo mandar un mensaje a Mohini para que sea quien lleve hoy a Tilly al maternal. Me tomo unos segundos al salir para apreciar el ir y venir del mar, un paisaje que dejaremos de ver dentro de unos días. Retrasamos todo lo que podíamos nuestro regreso a la isla ministerial y aunque dar un paso tras otro sigue sintiéndose a pisar vidrio, es lo que queda por hacer, echo a correr tratando de ignorar ese dolor que sigue punzando por lo bajo cuando me aparezco dentro del ministerio para ir a la planta que me corresponde.

Desde el momento en que me siento en la banqueta delante del escritorio de metal en el que puedo ir moviendo mis dedos sobre las teclas, las imágenes de las distintas pantallas suspendidas en el aire van cambiando a una rapidez impresionante, comprobando que cada detalle del sistema esté funcionando con precisión y todo aquello que emerge como un error, me ocupo de solucionar en las horas siguientes, saltándome el almuerzo. Consigo un sándwich a media tarde que alivia mi estómago, y para cuando aparece el ministro Jenkins, estoy terminando de checar los resultados de otro simulacro. Pese a que las jornadas laborales en el ministerio suelen ser agotadoras, en especial para los ministros, este es el mejor horario y que nos limita en tiempo para llevar a cabo el experimento. —¿Cómo estás, Edward?— pregunto al pararme y tenderle la mano a modo de saludo, uso su nombre de pila ya que… vamos a meternos en su mente, hagamos esto en confianza. —¿Nervioso?—, me echo hacia atrás para manotear algunos caramelos que tengo al lado del teclado y se los ofrezco sobre mi palma.

Como ya te expliqué, no tienes nada de que preocuparte. Hay un psicomago en el departamento por si hace falta llamarlo, también tenemos sanadores colaborando que vienen especialmente para esta hora, así que mientras estemos dentro del Arquitecto, habrá gente fuera asegurándose que todo funcione bien. El programa les avisará si sus signos se alteran tanto como para sea necesaria activar una expulsión— lo voy poniendo al tanto mientras lo acompaño a la habitación en la que tendrá que permanecer unos minutos sentado para que su cerebro sea escaneado, proceso que voy siguiendo desde el ordenador que ocupo y permite al Arquitecto tener un croquis de su mente, el cual podemos ver que se arma y se desarma en tanto esperamos que el programa nos indique que llego al definitivo. Una vez que lo tiene, llevo conmigo al ministro hacia la puerta de «la habitación blanca» por el color estridente de sus paredes, idóneo para el simulacro que se realizará. —Mientras hagas el recorrido, verás cosas y experimentarás situaciones que quizás te confundan…— explico, —estaré contigo todo el tiempo— señalo mi oído, —por aquí— aclaro, —te hablaré solo de ser necesario y si consideras que necesitas ayuda en algún momento, también, grítalo— lo instruyo. Coloco una mano en su espalda para darles unas palmadas de aliento. —¿Listo?

Indicaciones:
Hola, Edward.

Este primer post es introductorio, puedes explayarte lo que quieras, y deberás lanzar un primer dado al que no harás referencias in-rol. Terminarán de definir tu recorrido.

Pero no puedes cruzar aún la puerta.

En las pantallas que están en la sala de control se ven tu rostro y dos valores:

Resistencia Mental (RM): 50
Control de Situación (CTRL): 0


  • Cada situación que atravieses  te costará -5 puntos de RM y no poder superarla, -10 puntos.
    Por cada situación controlada ganas +10 puntos de CTRL.

  • Los puntos que ganes de CTRL te habilitarán a distintos niveles de tu mente: comienzas en el nivel consciente, requieres de +20 de CTRL para llegar al inconsciente y +40 de CTRL para llegar al limbo.
    Si llegas a +50 CTRL consigues el éxito y la recompensa de un descuento en una habilidad mental de la tienda.

  • Cuentas con 50 puntos iniciales de RM y al llegar a 0 tu mente entra en caos. Deberán sacarte y sufrirás de jaqueca varios días. Siempre que sigas teniendo puntos de RM puedes avanzar por situaciones para alcanzar el éxito. Si quieres, también puedes abandonar en cualquier momento.


Dado:
Las situaciones que atraviesas a lo largo del trayecto pueden ser de exploración, de desafío y de enfrentamiento. Hay un tipo de situación que la define el azar: distorsiones. Son engaños de tu mente en las que pueden llegar a mostrarse personas con un carácter contrario al real y se desarrollan momentos de placebo o de estres.


  • Debes tirar 2 veces el dado Distorsión y sus resultados serán sumados a tu recorrido.

  • Cuentas con una situación de placebo como COMODÍN para que puedas usarlo en cualquier momento.

  • Las distorsiones de placebo aportan +10 RM y de estres restan -5 RM.

Lara Scott
Lara ScottJefe de Área Científica

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Mensaje por PNJ el Miér Dic 16, 2020 9:57 pm


El resplandor del fuego incita a algunos licántropos a atacar con una violencia asesina, responden al miedo a la muerte buscándosela causar a quienes causan estas llamas, pero su mismo instinto es el que le advierte de no ir hacia quien parece tener el control de estas, sino a una víctima más vulnerable detrás de su espalda, resguardada por la protección que pueda brindarle el hombre. Al lobo que trata de abalanzarse sobre ella lo despide con un hechizo que le saca un aullido, antes de caer y quedar al alcance de las llamas, otros dos la rodean y cuando trata de deshacerse de los colmillos que pretenden agarrar su brazo, el tercero aprovecha esta distracción para aventarla al suelo. El forcejeo es inútil, el grito desgarrador de Anne al sentir cómo los colmillos se clavan en su garganta lo deja todo por un momento en silencio, se detienen incluso las respiraciones de las bestias, el de ella.

Los lobos comienzan a retirarse, se van desvaneciendo uno por uno en volutas de niebla negra, entre el humo que siguen desprendiendo las llamas, también desaparece el licántropo que la mordió, cuando garras se aferran a su garganta y le causan una muerte inmediata. Se pierden en el aire de la noche como los espectros dolientes que son, cumplida su tarea de recrear el asesinato de Anne para los ojos de Edward, con la diferencia de que esta recreación -a causa de las muchas recreaciones que el hombre hizo, en las que se recriminó qué pudo haber hecho para salvarla-, su dolor incansable por ella la vuelven un recuerdo aún más doloroso al convertirla en una bestia, que al nunca encontrar un descanso debido a sus arrepentimientos, se pone de pie siendo la misma mujer que lo recibió en la puerta de una casa que podrían haber compartido, sin esa sonrisa de bienvenida, sino con el odio descarnado en sus ojos que puede al fin revelarle. —Es… tu culpa…— susurra, su voz surge como un rugido de su garganta al gritar: —¡TU CULPA! ¡TÚ ME CONVERTISTE EN ESTO! ¡TÚ, EDWARD!—. Su cuerpo muta, pierde los rasgos de mujer para tomar los de un licántropo de ojos oscuros que lo miran y van hacia él como su única presa.  


QUINTA SITUACIÓN: DESAFÍO. Anne transformada en bestia.
Nivel: Inconsciente ( >20 CTRL )

Deberá lanzar 1 DADO AZAR. Un ACIERTO significa que logra controlarlo. Un FALLO que se ve superado por la situación.

Tiene tres oportunidades de post para lanzar el dado que puede intercalar mientras interactúa con el lugar o personas.

Superar esta situación se premia con +15 de CTRL. Al final de tu post no olvides agregar tus valores de RM y CTRl con las modificaciones que se vayan dando.
PNJ
PNJ

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Miér Dic 16, 2020 10:57 pm

Todo pasa demasiado rápido. Demasiado.

Un segundo estoy controlando el fuego y produciendo que los lobos se retiren, recibiendo apenas rasguños extra en los brazos, que me obligan a bajar la guardia un momento. Y al otro estoy en el suelo, cegado por mi propio fuego y de rodillas por el dolor que viene desde mi espalda. Ni siquiera me da tiempo a reaccionar, pues las bestias más arriesgadas optan por seguir atormentando a Anne, quien apenas puede moverse por el miedo que siente. No tardan mucho en abalanzarse hacia ella y yo en gritar. Logro evitar el ataque de uno, pero los otros son demasiado rápidos. No llego, solo me quedo ahí, arrodillado junto a ella, justo en el momento en el que los colmillos de la criatura se clavan en su cuello y hacen que la sangre estalle.

Estoy atónito. Temblando. Gritando. Pero ni siquiera escucho mis propios bramidos, solo siento un zumbido en el oído al toparme con tal escena. Las lágrimas salen sin que pueda controlarlas, el dolor que siento al abrirse la herida de mi espalda no es nada comparado al nudo que se me forma en el pecho, que me hace reír en histeria unos segundos antes de continuar temblando, acercándome al cuerpo de mi difunta esposa. Otra vez.

Mezo el cuerpo inerte de Anne en mis brazos, muevo los mechones de su cabello que ahora se encuentran llenos de sangre. No me importan ya los lobos, no me fijo en qué momento desaparecen, que por mí bien podrían seguir intentando atacarme y aún así no me movería de mi lugar. No reparo en nada hasta que Anne se mueve, se levanta, como si nada hubiera pasado. — ¿Anne? — Apenas puedo pronunciar su nombre, en un susurro que se pierde con sus nuevas palabras y la heladez de su mirada. — No... — Es lo único que alcanzo a decir. Comienzo a negar con la cabeza, aún derrotado sobre mis rodillas, sin creer lo que mis oídos escuchan. — No es real, no es real, no es real... — Murmuro para mí mismo. No es real que ella me esté diciendo eso, ella, a quien llegué a amar tanto en el pasado, a quien aún llevo conmigo al levantarme por las mañanas... Ella no puede culparme. No, yo hice todo lo que podía, hice todo... Y aún así acabó muerta.

Los ruidos que hace al transformarse me obligan a levantar la cabeza, dejándome aún más helado pero impulsándme a levantarme como puedo. — NO, NO, ASÍ NO FUE CÓMO PASÓ. NO — Grito, ante la imagen del licántropo frente a mí, que me muestra sus dientes. No, yo no lo hice, yo no... Yo no la protegí... Levanto mi varita de forma instintiva, sin apuntarle del todo por el temblor que tengo en todo el cuerpo. — No quiero hacerte daño... — Apenas tengo voz, y lo único que hago es suplicar.


CTRL: 30 + 15 por el acierto  = 45 High   Euforia
RM: 45 - 5 por la situación = 40
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por The Mighty Fall el Miér Dic 16, 2020 10:57 pm

El miembro 'Edward D. Jenkins' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Azar' :
El Arquitecto I · Edward J.  - Página 2 4kMSbyf
The Mighty Fall
The Mighty FallAmbientación

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Mensaje por PNJ el Miér Dic 16, 2020 11:44 pm


Pese a su súplica, el licántropo abusa de su fuerza para tumbarlo en el suelo y gruñe sobre su rostro, muestras sus colmillos, los acerca… los ojos de la bestia se encuentran con los suyos, ninguna de estas podría responder al ruego de una persona, pero ella lo hace. Sus garras posadas sobre el pecho del hombre recobran la forma de manos humanas, se agarran a la tela de su camisa y deja caer su frente sobre el cuello de este, mojando su piel con nuevas lágrimas. —Te amaba— susurra, —pero todo lo que me amabas tú lo convertiste en dolor—. Los sollozos que la hacen temblar busca calmarlos al aferrarse a él con más fuerza, un calor que vuelve a sentirse tan real como todo lo ha sido, también las lágrimas que queman al rozar su piel. —Ya no sientas dolor por mí, Ed— cierra sus ojos al decirlo, apoya su mejilla sobre su pecho. —Permítete volver a sentir amor…—. El viento que se desliza entre la arboleda sacude también las espigas a su alrededor que evidencian un cambio de paisaje, a plena luz del día, en medio de un campo que no acaba hacia ninguna dirección así como el cielo que parece un arco infinito sobre ellos. El cuerpo de Anne se aparta al sentarse a su lado y con sus dedos recorre su rostro a la par de sus ojos castaños. Como si tuviera más miedo ella, que él, de olvidar el rostro del otro. Sus dedos bajan hasta su pecho donde con su palma trata de abarcar los latidos que allí encuentra. —Descansa, no llores, mi amor— su voz va perdiéndose, —devuélvele la calma a tu corazón — y sus labios al buscar los suyos para una última caricia, se vuelven aire, como toda ella.


SEXTA SITUACIÓN: DISTORSIÓN - PLACEBO. Despedida.
Nivel: Limbo. ( >40 CTRL )

Las situaciones de placebo suman +10 de CTRL.

Felicidades, Edward.

Llegaste al final del recorrido.
PNJ
PNJ

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Jue Dic 17, 2020 1:04 am

No importan las súplicas que salen de mi boca, de mis ojos, nada importa frente a la criatura que me ve con odio, con ojos que dictan no conocerme de nada. No tengo fuerzas para pelear, para dañarla, no puedo. No sabiendo que Anne está detrás de ella, que no pude defenderla, que... No puedo, solo no puedo. Sus pasos me hacen retroceder, soltar la varita, incluso dejo que el peso de sus patas me tire al suelo. Mis ojos han dejado ya de gotear, y la miran apacible, con una mezcla de temor, dulzura y culpa. Mis labios no se mueven para pronunciar ni una palabra, solo me quedo estático viéndola, hasta que su mirada se suaviza.

Sus patas se transforman en manos y pies, su rostro recupera la imagen con la que la recordaba. Ya no hay sangre, ya no es de noche, incluso podría jurar que las heridas de mi cuerpo se han cerrado y el dolor se ha ido. Al menos el físico, porque lo que siento ante la mezcla de emociones que se aglomeran en mi pecho no puedo describirlo. Me siento aliviado, triste, impotente, contrariado, de muchas formas. Mi mano vuela enseguida a la suya, y dejo caer mi cabeza al césped, al sentir la suya en mi cuello. También hay lágrimas en mis ojos, que resbalan por mi sien hasta mis orejas, y logrando algunas tocar el suelo.

Lo que dice... tal vez sea cierto, y reconocerlo no me hace sentir más que culpa, me hace llevar una mano a su cabeza para acariciarla, y la otra a mis ojos, buscando contener las lágrimas que por algún motivo no se detienen. Estaba muy seguro de haber pasado página con lo de Anne, de haberlo aceptado. Es decir, hace quince años que murió, hace menos que volví a sonreír y que armé una vida en el Capitolio. Y aún así, revivir todo esto es como quitarle la curita a algo que no había sanado del todo, que aún me molestaba y en lo que no había reparado.

No era mi intención convertir tu recuerdo en esto... — Me lamento apretándola con más fuerza, llegando a negar con la cabeza. Me habla de no sentir dolor, de seguir adelante, de sentir amor otra vez... Es demasiado. — Nunca voy a olvidarte — Y sé que no hacerlo no implica quedarme estancado, y tal vez en algún momento me rendí y me quedé atrapado en la monotonía. No sé si me estaba protegiendo a mí mismo, o qué fue lo que busqué con eso, pero el tono de voz de Anne, la sensación de su mejilla en mi pecho, de sus lágrimas rozando mi piel, me hacen agravar el tono de voz cuando le digo: — Te lo prometo

Me incorporo cuando se retira de encima mío, y la veo con temor. Sé que es nuestro último adiós, uno quizá ni siquiera sea real pero por lo que siento no puedo verlo de otra forma. Me permito acariciar su mejilla al mismo tiempo que lo hace ella, consiguiendo sonreír de forma débil. — Jamás podré terminar de agradecerte por lo feliz que me hiciste cuando aún estabas conmigo — Otra lágrima se me escapa, cayendo directamente en su dedo, antes de que cambie su mano a mi pecho. Respiro con más calma, de forma profunda, apretando su mano con la mía y asintiendo a lo que dice. — Descansa por fin, amor mío — Susurro, acercando mi rostro al de ella, cerrando los ojos para robar un último beso de sus labios. Un beso que nunca llega.

En cambio, mi mano se da un golpecillo contra mi pecho, mi rostro es acariciado por el viento. No me sorprende no encontrarla al abrir los ojos, que aún están vidriosos. Así me quedo: con una mano en el corazón y la otra en el aire, buscando a alguien que hace mucho tiempo que se ha ido. El campo de pronto se convierte en una habitación blanca. No sé cuántos minutos me quedo en esa posición, expectante, pero cuando por fin he terminado de asimilar todo tengo que volver a rozar mis ojos con las yemas de mis dedos, y respirar profundamente para poder salir.
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Lara Scott el Jue Dic 17, 2020 1:47 am

Levanto mi rostro de las palmas que escondieron mis lágrimas, mis codos hincados sobre el borde de la mesa, cuando los valores en las pantallas vuelven a nivelarse en una línea estable luego de ciertos picos y aquella en la que el Arquitecto mostraba para mí como trazos imprecisos lo que ocurría dentro, en bosquejos rápidos de escenas y criaturas, como si fuera una proyección de filminas que no llegaban a mostrarme detalles, sino un panorama de lo que estaba ocurriendo dentro. Es la única que apago, dejando las otras encendidas, cuando el tablero de luz sobre la puerta de la habitación blanca indica que puede volver a abrirse y voy hacia esta, tiro de su manija luego de colocar la clave que permite el acceso a su interior. Me encuentro con el cuerpo recostado del ministro Jenkins sobre el piso destellante en su blanco que combina con las paredes y le tiendo la mano para se incorpore. —Puedes levantarte, Edward— le indico, muevo mis dedos para hacerle saber que estoy esperando a que los tome y gane impulso para ponerse de pie.

También tengo chocolate en una gaveta de mi escritorio, así como el número de Will para dárselo, ambas cosas para que lo alivien luego del viaje mental y emocional que atravesó tan rápido, que todo en su interior debe estar rebotando dentro hasta que encuentre un nuevo lugar en el que acomodarse, acaba de despedirse de cosas que ya no pueden seguir ocupando espacio en él. Coloco mi mano en su espalda cuando lo acompaño hacia la salida, por si necesita un contacto que le haga de soporte en su regreso a la realidad exterior después de explorar los rincones de su propia mente. Una cosa no está separada de la otra, vemos el exterior desde lo que guardamos en nuestro interior. Detengo mis pies por un momento, casi bajo el marco de la puerta, por encontrar una única cosa que rompe con el blanco del suelo, los pétalos amarillos y quebradizos de un ramillete de margaritas que caben en mi mano, se lo tiendo. Son las mismas que Anne recogió de los peldaños de la escalera de la casa que el Arquitecto diseñó para ellos. Uso mi mano libre para posarla sobre su rostro y con una sonrisa así como una palmada en su mejilla, lo insto a que lo conserve. —No todo lo que pudo haber pasado se desvanece en nuestra mente— murmuro, los recuerdos también son reales y el Arquitecto tiene bastante magia en su sistema como para darle uno que se lo puede llevar en el bolsillo y a casa. —Y nunca lo que amamos.
Lara Scott
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