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Hearing whispers in the night ○ David IRh8ZNT
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Hearing whispers in the night ○ David

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Dom Nov 29, 2020 5:31 pm

Inicios de Febrero

Digamos que no he sido del todo explícita en mis explicaciones sobre mis futuras andanzas por el norte. Sí, por supuesto que le dije a David que me iría un tiempo, no soy tan hipócrita como para mentirle en algo que afectará la manera que tenemos de vivir, porque también comenté que iría y vendría según fuera viendo el panorama de todo esto. Esto siendo lo que él considerará como una tarea ministerial en el norte, después de lo de la isla, no es extraño escuchar aurores que marchan en expediciones largas en busca de los rostros que encartelan la ciudad, y como yo tampoco fui específica en mis razones, es lo que primero habrá asumido. No lo siento como una mentira, porque no es una, se trata de evasión de información que considero nos pertenece a mi madre y a mí, no algo que largar por ahí hasta que no sea el momento para ello. Puesto que en los últimos meses ha sido más difícil de lo que esperaba organizar asuntos internos dentro del ministerio, como hablar con la propia Richards sobre lo que planeo hacer, se ha postergado mi marcha mucho más de lo que esperaba.

No importa demasiado, si tengo en cuenta que tampoco tenía pensado lanzarme a las calles norteñas sin tener el mínimo de conocimiento de como funciona el lugar, para lo que Rebecca ha sido de muy buena ayuda las veces que la he visitado en el distrito dos, casi que de incógnito. Es ahí de dónde vengo, a escasos minutos del toque de queda, sumida en la negrura de la noche en el distrito cuatro, cuando saco las llaves para meterlas en la ranura del apartamento que compartimos. Me saco el gorro de lana de la cabeza, ese que recibí como regalo de Navidad de parte de David y que me coloco encima por puro compromiso, a pesar de mis declaraciones sobre lo poco que me gusta la combinación de colores. Me niego a admitir que he empezado a tomarle cariño, de tantas veces que me acostumbré a salir con él de casa, así que a mi llegada me apresuro a colgarlo sobre el perchero de la entrada y hago lo mismo con la chaqueta decorada por algunos copos de nieve.

Hey, bola peluda— es mi saludo al perro que salta del sofá para venir hacia mí, contento unos segundos en los que se dedica a mover el rabo de un lado para otro antes de volver a subirse a la comodidad de los cojines, o más bien el torso de Dave. —Hey— repito, doble saludo al humano de la sala, y tras quitarme las botas me permito acercarme para dejarme caer a un lado. No hemos hablado tanto sobre la relación con mi madre luego de lo de la isla, no es sorpresa para él que sea reservada cuando se trata de esta, así que por David bien podría entender que murió sin que pudiéramos arreglar nuestros asuntos personales. Siento una punzada en el estómago al pensar que no he sido honesta con esto, cuando ni siquiera está en mi lugar el revelar ese secreto de mi madre y aun así... —He estado viendo a mi madre— lo suelto así, sin preguntar qué tal su día o si ya sacó al perro. Definitivamente quedo como una loca cuando caigo en cómo ha debido de sonar esto, con Rebecca muerta y esas cosas —No, para, no pienses que estoy loca, no me refiero en alucinaciones, ni nada por el estilo...— aclaro, con la duda interna de si no lo estaré empeorando —Está viva, mi madre, siempre lo estuvo— le miro para ver su reacción.
Alecto L. Lancaster
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Mensaje por David Meyer el Lun Nov 30, 2020 3:14 am

Limpio con mi varita entre los dedos del perro para que no quede ni un grano de arena que pueda ensuciar el interior del departamento, nunca sé bien a qué hora llegará Alecto y en lo posible trato de que no sea justo cuando los platos están haciendo equilibrio en el lavadero o el perro esté con el hocico lleno de espinas por andar comiéndose las plantas otra vez, le echo la culpa al cambio de departamento, mudarnos le dio algunos nuevos hábitos extraños como querer comer plantas en macetas. Hago otra cosa con la que tampoco estaría de acuerdo por el derroche de electricidad que supone, pero voy encendiendo todas las luces así el apartamento no se ve tan sombrío al estar solos con Moriarty. Fieles a nuestra costumbre, cuando ve que me acomodo cuan largo soy en el sillón para seguir revisando así algunos papeles de oficio que me traje del ministerio, con sus patas comprueba que estoy en condiciones de soportar su peso, al tenderse él también cuan largo es, con su cabeza en alto y la lengua fuera, por poco salivando arriba de los papeles.    

Tanto él como yo nos ponemos alertas con el ruido de la cerradura, tengo que quitarme las gafas de lectura cuando echo la cabeza hacia atrás sobre el brazo del sillón para ver que la puerta se abre y siento mi pecho libre del peso de Moriarty cuando me abandona para ir hacia su dueña, me quito algunos pelos de la lana del jersey, tarea imposible ya que el apodo que le da Alecto es muy adecuado, deja pelos a donde sea que va, una de las primeras razones por las que no fue aceptado como tercer miembro del grupo y hay que verlo ahora, recibiendo un saludo más efusivo del que recibo yo. Si he criado a mi propio enemigo. Uno que me mira feliz, con su jadeante lengua fuera de su hocico, porque su mundo vuelve a estar completo al tenernos a los dos bajo el mismo techo, ojalá se pudiera tener esa vida. Hay días en que me despierto teniendo una envidia insana por mi perro y su vida, creo que eso solo deja ver lo aburrido que se torna a veces despertar todos los días a horarios en los que todavía no hay luz del día. No voy a decirles estas cosas a Alecto, le parecerá ridículo que me esté comparando con el perro, si hasta me siento ridículo de que se siente cerca y yo pensando que Moriarty recibe mejor trato que yo porque al saludo le acompaña un «bola de pelos».

Estoy a punto de soltar la broma de «bonito gorro» cuando lo que me dice me deja simplemente desconcertado, con mi boca entreabierta por no saber qué contestar o que sea algo más que un «ooooooook», esto es algo para hablar. Supongo que tendría que haber indagado un poco más en cómo se sentía cuando salió la noticia de la muerte de la ministra Hasselbach, si luego de un mes me confiesa que la ve en todas partes, ¿vivo en la misma casa y no me di cuenta que había una cuarta presencia? Que, esta vez, no traje yo. —¡No lo estoy pensando!— aclaro antes de que termine la oración, coloco mis palmas en alto para declararme inocente de tal pensamiento. No, no creo que esté loca, debe ser el shock y… —Aguarda, ¿qué?— se me caen los papeles al suelo cuando me incorporo en el sillón, los recogeré más tarde, —¡¿no está muerta?!— espero que se me permitan mis dos segundos de asimilar esto, —¡¿y lo sabías?!— ¿y lo sabía? —¿Por qué…?— la miro al comenzar este interrogante, no me competen saber las razones de la mujer, pero si tienen que ver con Alecto sí me gustaría conocerlas, como para entender que luego de dada por muerta, la sigue viendo. —¿Ella está bien?— inquiero, me dijo que sigue viva, pero puedo imaginar muchas maneras de estarlo, de desaparecer del ojo público, y que no quieren decir, que se esté bien. —¿Tiene que ver con lo que pasó en la isla ministerial?— la pregunta me sale sin más, es a lo que atino a pensar por la cercanía de las fechas y ni hablar de que la noticia decía que Hermann Richter fue su asesino, así que espero que me lo aclare porque… —No me dirás que la tiene Hermann y estás yendo a verlos a los dos— y yo preocupándome de que el perro se comía las plantas.
David Meyer
David MeyerAbogado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Nov 30, 2020 7:33 pm

Claro que lo estaba pensando, no hay más que ver como alza las manos en señal de falsa inocencia, lo que me hace rodar los ojos con molestia, pero no es una que vaya dirigida a él, sino al mundo en general. He encontrado en estos últimos meses muchas más cosas que me desagradan de las que he hecho en toda mi vida, y considerando que siempre fui buena señalando las faltas ajenas, puede que esta nueva tendencia a irritarme sea un problema. No uno que vaya a tener en consideración ahora mismo, es evidente que no es lo importante en este momento y termino por asentir con la cabeza, tomando aire por mi nariz para calmar mi interior. —Lo sabía— le afirmo, sin mucha explicación de por medio pese a que su reacción lo exige. —No es un secreto que me perteneciera como para contártelo, pero teniendo en cuenta que terminaría diciéndotelo en algún momento, sí, Rebecca está viva— murmuro ese nombre porque es el que conoce, tampoco necesita saber cuál es el nuevo apodo por el que se mueve mi madre ahora, ese sigue siendo su secreto y uno que sí pretendo respetar.

Está bien— por alguna razón me sorprende que esta sea de las primeras preguntas que sale de sus labios, cuando en realidad tiene sentido que pregunte por su estado de salud siendo la última noticia que tuvo de ella hacía referencia a que estaba muerta. Lo que me deja con la segunda parte de la ecuación y que él mismo no tarda en mencionar. —No, nunca estuvo con Hermann— mis respuestas son escuetas, como siempre lo han sido, pero incluso aunque quiera adornar mis frases con palabras, soy incapaz de que me salga algo más que esto. Hago un segundo esfuerzo por tratar de que entienda todo esto, que sé que no debe de ser fácil comprender que una persona presuntamente muerta, sigue respirando. —Rebecca fingió su muerte luego de lo de la isla, aunque tampoco voy a exponer sus razones porque no.... fue decisión suya, todo lo que la llevó a tomar ese camino son asuntos personales que no me corresponden compartir— digo esto muy lento, seguro de que va a entenderlo. Si algo aprendió Dave conmigo es a respetar los espacios y límites de cada persona, no puedo decir que fui un ejemplo fácil —Pero sí tiene que ver con Hermann— apunto, alzando la mirada hacia él. Aquí es donde tengo que mostrarme un poco más predispuesta.

He estado viendo a Rebecca porque planeo darle caza— suelto, tras unos segundos largos en los que he acomodado mis piernas en posición de indio sobre el sofá, apoyado mis codos sobre mis rodillas, pero sin llegar a entrelazar mis manos delante de mi cuerpo. No sé si pretendo darle menos seriedad de la que es adoptando esta posición o si en realidad pretendo mostrarme más cercana al seguir hablando. —Necesitaba aprender cómo moverme en el norte y también la clase de persona que Hermann es— declaro, aunque esto último no sea algo tan difícil de adivinar —Estaré fuera un tiempo, no por decisión del ministerio ni nada por el estilo, es solo mía— yo he decidido qué revancha cobrar y planeo ganarla, no necesito que nadie lo haga o mande por mí.
Alecto L. Lancaster
Alecto L. LancasterAuror

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Mensaje por David Meyer el Jue Dic 03, 2020 4:45 am

Con Alecto sería la última persona con la que nos meteríamos en el juego de la hipocresía, así como se me ocurra hacerme el ofendido por no contarme algo, puede echar sobre mí todos los cojines y los secretos que también he sabido guardarme. Quitarme mi mitad de la custodia del perro si tengo el atrevimiento de hacer tal cosa. Hago lo que me parece lo más razonable en este momento, que es cruzar las manos sobre mi abdomen, conservando la calma en mi postura tendida sobre el sillón, como si estuviéramos hablando de las noticias que se difundieron esta mañana y no de aquella que valió un titular por lo repentina, para acompañarla con el nombramiento de los reemplazos a las bajas que hubo entre ministros. Saber que está bien, me da a su vez la tranquilidad de saber que las visitas de Alecto no la pusieron en un riesgo a ella, cómo debo sentirme respecto a que esa mujer esté bien, todavía no lo sé. —Bien…— balbuceo esa única palabra, cuando también me alivia saber que su madre, en consecuencia ella, no estuvieron dentro del perímetro de un hombre al que menciono como si fuera el vecino que saca a pasear a los perros y no uno de los líderes de los grupos que entraron a matar a la isla ministerial.

Sean quienes sean, no dejan de ser los padres biológicos de Alecto, cosa que me cuido de no decir en voz alta, así que terminan siendo Rebecca y Hermann por la familiaridad. Ni siquiera sé para donde van mis pensamientos, cuando a los padres adoptivos de Alecto los sigo pensando como señor y señora Lancaster, con caras hechas de cera del poco recuerdo que tengo de ellos cuando iban a las funciones escolares. A la larga, en las conversaciones que podamos tener entre nosotros, sobre temas que invitan fácilmente al caer en la desesperación de que las cosas sean así y no de otra manera, prima la calma que ambos sepamos sostener y la mía se la debo a ella que sabe mostrarse serena mientras me explica por qué su madre biológica fingió su muerte. ¿Si entiendo algo? No, para nada. Pero asiento con mi mentón con toda solemnidad, para cuando me dice que esos asuntos sí tenían que ver con Hermann llego a alzar mis cejas sin decir mayor cosa que un: —Ya veo…—. Lo que me ha quedado claro es que está compartiéndome lo que puede, gran parte sigue siendo un secreto de otra persona, así que no me corresponde indagar en ello.

Lo que consigue que abandone esa supuesta postura de que puedo escucharla sin que nada me altere, cuando todo lo que dice haría levantar a un muerto de su tumba, de la manera más literal posible, es lo que dice de cazar a Hermann Richter. Hinco mi codo en el sillón al incorporar mi torso, un segundo es lo que duro con mi mirada puesta en ella, asimilando lo que ha dicho. En el segundo siguiente estoy sacando mis piernas fuera del sillón y sentándome con la espalda erguida. —Espera, ¿planeas ir detrás de ese hombre? ¿Un terrorista?— lo digo para ponerle el nombre que le corresponde, más allá del que usa para presentarse. —De ninguna manera te diré qué hacer, pero…— noto que me estoy alterando, —tampoco te desearé suerte y te pediré que me avises si llegas para la hora de la cena— lo planteo así ridículo, para que sea aún más chocante, como lo es para mí.

»Sabrás lo que tienes que hacer, así que no estoy tratando de detenerte. Pero que ese hombre sea tu padre biológico no hace que sea algo que pueda arreglarse parejo, serías una auror trabajando sola y ese tipo tiene humanos armados que le obedecen— no quiero que mi voz suene tan alarmista como lo hace, soy quien se ha parado detrás de la línea de pelea todo este tiempo y ella es de las que está al frente, en momentos así es cuando parece que actúo como un cobarde y ella está medio camino hacia las balas. Giro mi rostro hacia ella al tomar aire por mi nariz, lo saco al dejar caer con pesadez las siguientes palabras. —¿Con fuera te refieres a más que ausentarte como lo vienes haciendo hasta ahora? ¿Tendrás que quedarte allá?— murmuro, cierro y abro mis manos para relajar mi tensión, se me cierra la garganta por lo que voy a decir porque sé que no es lo que quiere escuchar. —Podría ir contigo, pero supongo que es algo que necesitas hacer sola. Todo lo que digo no es para detenerte, es porque me preocupo por ti y lo que podría pasarte. Puedes ser una buena auror y saber defenderte, que Rebecca te muestre cómo, pero no será alguien fácil de atrapar, hasta ahora fue imposible— suelto, más que relajar la tensión, siento me embarga entero. —Me preocupo por ti, todo el tiempo. Esto se hace cada vez más difícil, por momentos siento que va a aplastarnos— susurro.
David Meyer
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Dom Dic 06, 2020 10:37 am

No sé qué pensar, generalmente que David se limite a contestar con monosílabos no es una muy buena señal, acostumbrada a tener que pararle en mitad de su conversa porque las palabras es algo que le salen con demasiada facilidad, charlatán ha sido siempre y me preocupa de manera soberana que esta sea su única forma de reaccionar. Por eso simplemente espero, que no me considero una persona excesivamente paciente, pero ya que nos hemos puesto a intercambiar roles, pues lo justo es que me atenga a la parte que me corresponde y esperar que la información llegue a su cerebro, bien masticada para que pueda procesarla. Asiento con mi cabeza cuando parece asimilarlo, en un movimiento sereno que no denota mucha más expresión que la seriedad con la que acompaño mi rostro. —Sí, eso es lo que planeo— afirmo, detrás de un terrorista, también mi padre. —Un hombre como Hermann no se merece andar libre, con todos los crímenes que ha cometido... ni siquiera estoy tratando de volverlo algo personal, pero lo es— lo negué durante demasiado tiempo como para que ahora le engañe a él con unas intenciones que son bastante claras.

Lo único que me sale hacer, mientras lo escucho, es extender mi mano para acariciar la cabeza del perro, él sigue moviendo su cola, feliz y completamente ajeno a los temas que trataremos esta noche, porque serán varios, no es solo mi intención de ir a buscar a Richter, también de que habrá días, semanas, en las que no esté. —Sé que no, tengo claro que la familia no es algo que a Hermann le interese, su sangre tampoco por mucho que lo clame, es más que obvio cuando lo tienes delante y abre la boca— explico, en un ruedo de ojos molesto. —Pero el gobierno no está poniendo de su parte para dar con él, ¿crees que basta con los aurores que envían a diario al norte a hacer un sondeo de la zona?— suelto un bufido, chascando mi lengua y meneando la cabeza en desaprobación a las medidas que se están tomando —No, no sirve, y el presidente a lo único que parece querer jugar es a las casitas— jamás pensé de mí que estaría diciendo estas palabras de Aminoff, pero no me parecen serias, ni justas, muchas de las decisiones que se ha marcado en este último tiempo, me basta con ver que mete rebeldes en uno de los distritos más acomodados del país. ¿Lo próximo qué es, dejar que en el nueve alcen la bandera de Neopanem? —Si nadie le hará pagar, lo haré yo.— sentencio de forma severa, yo sí me cansé de juegos, y si Hermann quiere jugar al escondite, alguien tendrá que demostrarle que uno no puede esconderse por siempre.

No te estoy diciendo esto porque espero que vengas conmigo...— empiezo, calmando el tono de mi voz al tiempo que niego de un lado a otro —Te lo digo porque sí voy a ausentarme más de lo que he estado haciendo estas semanas, volveré de tanto en tanto, habrá información que quiera compartir con mi madre, pero no conozco el norte, necesito aprender a moverme y no vale con lo que pueda escuchar de otros— no sé si lo entenderá, cuando yo tampoco lo hago. Las únicas personas que pueden jactarse de conocer los distritos norteños son quienes han vivido allí por años, generalmente aquellos que ahora viven en el nueve o todavía en el norte. Necesito moverme entre esas personas. —Lo sé— es la respuesta inmediata a sus dudas, no puedo hacerme de hierro para decirle que saldrá bien, cuando hasta yo misma dudo de mis capacidades. —, y aun así me entiendes, ¿verdad? Entiendes por qué debo hacerlo— levanto la mirada hacia sus ojos, esperando recibir su confirmación —No es una cuestión de tener que hacerlo, sino de deber, alguien debe hacerlo.
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Mensaje por David Meyer el Dom Dic 06, 2020 4:37 pm

Creo en ella cuando me dice que los crímenes de Hermann son lo que la motivan a ir detrás de él, sobrepasando el agravio personal que pueda sentir para abarcar todo el daño que ha causado y que podría seguir causando. Miro su perfil cuando lo dice, el peso de esas palabras en sus labios son tan honestas y se corresponden al carácter que ha sabido mantener discretamente dentro de un cuerpo que engaña a veces por su delgadez, un carácter que admiro demasiado como para pedirle algo que no está en ella poder cumplir, pedirle que desista de ir por este peligro que supera a todos los que ha conocido. No está en mí poder contener su fuerza capaz de ir contra todo, ni creo que deba, ni con la más patética excusa de que lo haría para cuidarla, hacerlo sería pedirle que se quite una parte de sí misma, para comodidad mía y pérdida suya, esa misma parte que es la que amo en ella y a ella la hace quien es.

También cuando se pone a despotricar contra el gobierno y todo lo que se hace mal, mi mano busca su cuello así como ella acaricia al perro, para sonreírle en esta pena compartida de tantas cosas que están mal. —Es solo otro hombre que está ocupando un lugar para saldar sus pendientes personales, no para conducir un país. Neopanem le vale mierda— susurro, —muchas de las personas en los puestos más visibles están ahí hablando desde sí mismos, lo que ellos quieren— como lo he dicho siempre, el juego de poder en el que juegan solo unos pocos, —luego estamos los demás, los que pareciera que no tenemos ningún control sobre todo esto…— digo, mi boca se curva con tristeza. Es lo que ella pretende cambiar con un arrojo que es diferente a otros que he visto, ella no va extendiendo ninguna bandera que espera adeptos, ni habla de cambiar el mundo que es el que gira contrario a su eje, ella es de esas personas que simplemente lo harán o si fracasan, también correrá por su propia cuenta, así que deslizo mi mano posada sobre su cuello hacia sus manos para tomar una de estas y entrelazar nuestros dedos.

Mis ojos recorren distintos puntos de la sala al tratar de que mi noción del tiempo incluya ese «de tanto en tanto», es la parte más complicada, verla marchar sabiendo a lo que va y tener que agradecer cada vez que la vea de vuelta, pero que el tiempo que dure su ausencia pueda llegar a abarcar tantas posibilidades y pocas sean buenas. No quiero volcar sobre ella un historial de perdidas, que me lleven a plantearle de la manera más infantil: «¿y si te pierdo?». Que ese sea mi mayor miedo no es culpa de ella, no es culpa de ella todas las personas que he perdido, como para hacerla rehén de ese miedo. Prefiero, antes de hacer víctima de todo lo que pueda estar mal conmigo por lo pasado, a la única persona que me dio un año de tener un lugar desde el que poder reordenar mi mundo, moverme a un lado. Tomo aire por mi boca al cargar mis pulmones para decir lo que se lleva tanto de mí y me deja vacío aunque no permito que mi postura lo revele. —Hazlo, el tiempo que tengas que quedarte allí, hazlo…— murmuro. Me encuentro con sus ojos a los que no tiene caso rehuir para que no vea la angustia que pueda verse en los míos, cuando con mis palabras trato de apoyarla.

Podría decirlo de muchas formas, cuando dice que es lo «debe hacer», porque alguien tiene que hacerlo, mi mano que sostiene la suya se me hace insuficiente al darme cuenta que no hay modo en que el que pueda llegar a abarcar el amor que se puede sentir por alguien que es todo lo que me gustaría que el mundo fuera y solo puede serlo ella, en su persona. Y que eso mismo requiera que libere su mano de la mía. —Lo hago, te entiendo— le aseguro con calma, —te conozco como para saber que eres esa persona, la que podría encontrar a Hermann Richter si se lo propone y hacerle frente, ese alguien que debe hacerlo no creo que pueda ser nadie más que tú…— remarco un poco más mi sonrisa para que sepa que cuenta con mi confianza de que podrá conseguirlo. —Pocas cosas se interponen entre una fuerte determinación de hacer algo y ese objetivo, muchas personas simplemente no la tienen, la pierden o se desgasta. Si eres de las pocas que aún quieren que los criminales paguen sus faltas y no que seamos una sociedad de hipócritas de obedece a un presidente que lo es, ¿cómo detenerte? No quiero de ti algo distinto a lo que eres, incluso estando en otro lugar— sin poder verla, sin tener la certeza de que está bien, porque estaría siendo ella y no hay manera que le pida que deje de ser la persona que amo, aunque no sea conmigo, aunque sea para adentrarse a lo impredecible de todo.
David Meyer
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Dic 07, 2020 5:54 pm

Neopanem le vale mierda, creo que no escuché unas palabras tan certeras en lo que lleva Aminoff de gobernatura, en la cual puedo señalar con menos dedos que los de una mano completa las cosas que ha hecho por mejorar el estado del país, todas reducidas a lo que viene diciendo Dave, saldar cuentas personales. Desgraciadamente es así, no sé desde cuando se volvió un hecho por el que sentirse resignado, pero me cansé de que sea de esta forma. De alguna manera, consigo que las quejas de Georgia sobre los cambios en la política del país tomen cierta realidad con el panorama actual —Es una guerra donde importan unos pocos, y los demás no somos más que peones en su tablero, si el presidente va a ocuparse de sus propias deudas, espero que no le moleste que yo haga lo mismo con las mías, y si traigo la cabeza de Hermann no será por deber a él, sino porque es lo que merece y lo que ha hecho mérito en conseguir— murmuro, ni siquiera su mano en mi cuello, caricia a la que en otro momento respondería de otra manera, es capaz de relajar la tensión acumulada en mis hombros.

Sé que tengo que quitarme esta expresión arrugada del rostro, en especial cuando él me corresponde con una comprensión que estoy lejos de merecer con mi actitud, esa que se ve agravada cada vez que pienso en lo que me ha llevado a querer ir en búsqueda de Hermann. Tristemente, es en lo único en lo que puedo pensar estos días, así que mi humor de perros llega a hacerle competencia a Moriarty sin ningún problema. —Podrías hacerlo más difícil— mascullo, permitiendo que aprese mis dedos entre los suyos, los cuales apenas rozo en una caricia con los míos —Digo... decirme algo como que no lo haga, que es estúpido, así podría molestarme contigo o algo así, eres demasiado comprensivo conmigo— mi cara seria se ve interrumpida unos segundos por una sonrisa tímida que dejo escapar, antes de que desaparezca al sacudir mi cabeza en un meneo suave. —Tienes derecho a decir que es una completa locura, que estaría arriesgando más de lo que puedo sostener y, aun así... decides apoyarme— sigo, como muestra de mi agradecimiento pese a no ponerlo en palabras, es mi cabeza la que busca expresarlo al ladear la misma y apoyarla en su hombro, acomodándome.

Siento que me tiene mucha más confianza de la que yo misma podría tener, culpa mía por haberme mostrado tan orgullosa y arrogante durante el tiempo de conocernos, solo para que esos mismos muros sobre los que forjé mi autoestima terminaran derrumbándose, dejándome desprotegida. Hace poco que puedo ir construyéndolos de nuevo, por eso mismo de que ahora mis pasos sean seguros como antes, pero con una mejor visión de todo lo que puede caerse en menos de un segundo, que luego cuesta tanto volver a levantar. Nada de esto lo digo, me haría ver como alguien que duda cuando no lo hago, son solo pensamientos de fondo que no me llevarán a echarme atrás, por lo tanto, tampoco deberían importunar como algo importante. En su lugar, suspiro, dejándome con la parte de la ecuación que no he tenido en cuenta, que llevo tanto sin tener en cuenta. —Hay otra cosa... mis padres, no saben nada de esto, no es que hayan sabido mucho de mi vida hasta ahora, pero... sabes como funciona, es fácil poner ojos y oídos en cualquier parte cuando tienes dinero— no, no digo que mis propios padres me estén espiando de alguna forma, ¿pero qué tontería? Seguro que lo están haciendo, es por eso que las únicas advertencias que he recibido han sido en formato de carta a través de mi madre. Unas que, cabe mencionar, han terminado todas en el fuego. —Temo que puedan intervenir de alguna forma, no es mi trabajo oficial, estaré partiendo al norte con lo que tengo, seré Eva Ruehl allí, no quiero a ningún monigote suyo siguiéndome la espalda y estropeándome el trabajo— resoplo, los veo capaces, a mi madre más que a mi padre.
Alecto L. Lancaster
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Mensaje por David Meyer el Miér Dic 09, 2020 2:29 am

Una guerra que alguna vez sí me importó a mí, con mis ojos puestos en ella puedo decir que ya no. No la guerra. Sigue interesándome que se puedan ir dando otros cambios, los cuáles nunca se dan si todos los esfuerzos están puestos en ataques y contraataques, en un constante fuego cruzado con víctimas en medio. Los cementerios son las únicas instituciones que se siguen fortaleciendo, cuando son otras las que necesitan una urgente reforma. Lo pienso con todo el humor negro a las circunstancias que he sabido acuñar en este letargo como abogado de oficina, lo que ayuda a quitarle ese peso que quiere doblarnos por cada circunstancia desafortunada que sigue sucediéndose. Sus propias palabras -que no me asustan a mí, aunque deberían asustar al hombre por cuya cabeza va- hace que me encuentre dentro de mi mente con otras que he venido callando hace tiempo, nada de lo que hagamos porque es lo que se debe hacer, deberíamos abstenernos de hacerlo por quien políticamente pueda llegar a beneficiarse, sino continuaremos en un estado de las cosas sin sentido, para nosotros mismos.  

Podría hacerlo— coincido con ella, me echo un poco hacía atrás y muevo mi barbilla hacia el centro de la sala, —podría pararme ahí a decirte que si te quieres ir, no me esperes al volver, que el perro y yo nos iremos a casa de mis padres, cosas incoherentes que ni tú quieres escuchar, ni yo quiero decir…— no, no son esas cosas las que quiero decir, por eso se me hace sencillo hacerlas un chiste. Espero a que su cabeza quede apoyada sobre mi hombro para que nada de lo que diga a continuación tenga que ser dicho mirándola a los ojos. —No quiero pedirte que te quedes porque me harías falta, ni tampoco retenerte aquí porque no sé qué haría si te perdiera— pese a que no quiere decirle ni una cosa, ni la otra, se la termino diciendo aunque vaya por un delante un «no». —Siento que estoy exagerando otra vez al pensar en eso de que estás poniendo tu vida en riesgo por algo así, me hace sentir mejor que me digas que puedo decir que es una locura. Porque trato de ser comprensible, pero a la vez siento que estoy a punto de sufrir un ataque de pánico…— el que seguramente me dará el día menos pensado, en pleno ministerio, para desconcierto de todos en la oficina.

Tristemente, nadie está diciendo nada de esto en broma. No hay humor tampoco cuando se menciona a los innombrables en esta casa, creo que hasta el perro se ha quedado con las orejas paradas cuando Alecto se refiere a sus padres adoptivos. Está claro que estamos en un momento tan decisivo como para traerlos a colación, cuando no ha querido saber nada de ellos en el tiempo que llevamos viviendo en el mismo distrito, donde dudo que a su padre al menos le haya pasado desapercibido que estamos debido a su trabajo, y a su madre, por lo que la misma Alecto ha contado, nada se le pasa. —Un momento— se lo pido para pensar, mientras me recuesto en el sillón con un brazo pasando alrededor de ella para llevarla conmigo sin que tenga que desacomodarse de mi hombro y, por supuesto, cuando estamos echados contra el respaldo, el perro encuentra la ocasión para dar un brinco que lo coloque entre nosotros para echarse finalmente sobre mis rodillas. —¿Quieres que te cubra la espalda?— me ofrezco. —Puedo estar con ellos, intervenir cuando pueda o avisarte si te siguen el rastro…— no, no tengo el mal gusto de presentarle mis antecedentes haciendo esto para que lo considere y acepte mi sugerencia, ella sabe que lo hice como para volver a hacerlo, si es para algo como simplemente ir pasando una ramita con hojas detrás de las huellas que ella deje para los Lancaster no la sigan. —Alec— la llamo así para apartar por un momento su atención de lo que estamos hablando, —en marzo cumpliré la edad que me acerca al Wizengamot y sé que quiero ser juez, pero…— marco esa vacilación con un énfasis, —no parece ser el momento para una locura así— la de un tipo diferente a la suya, diría que al menos no estaría arriesgando mi vida, cosa que no sé.
David Meyer
David MeyerAbogado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Sáb Dic 12, 2020 7:38 pm

Si algo me quedó claro después de haber coincidido con personas completamente distintas a mí, es que no puedo decirles cómo deben sentirse, mucho menos obligarlas a comportarse de cierta manera solo porque es lo que conozco. Todavía me cuesta, trato de aceptar aquello que más me afecta porque es con lo que vivo a diario, pero todavía estoy lejos de ser una persona comprensiva, por mucho que intente e intente, sigo teniendo mucho recorrido que hacer para poder pararme al lado de alguien y decirle que entiendo de donde viene su sentimiento. De esta forma solo termino asintiendo con la cabeza, apenas un gesto que no llega a mover mi mentón de su hombro, tampoco mi mirada del punto en la pared en que la he fijado. —No puedo asegurarte nada, porque así como pondré todo de mi parte para llevar esto a cabo, sigue siendo un terreno que desconozco. Es el lugar del que mi madre no quiso que formara parte, tuvo sus razones para que así fuera, y eso me ha llevado a tener la vida que tengo, a ser quien soy. Ir tras Hermann será... como despedir esa seguridad para adentrarme en un mundo hostil— así es como vemos los que nos hemos criado en distritos ricos el norte, un velo recorre esas zonas transformándolo en un lugar completamente ajeno a lo que ocurre en la sociedad civilizada del capitolio, del uno, del mismo cuatro donde crecí. —Por eso no prometeré nada que no pueda cumplir, pero sí diré que mi intención es regresar— le aseguro, no muy segura de la certeza que pueda llevarse de esto, cuando incluso diciéndolo así, se siente como algo sobre lo que no tengo ninguna potestad. Lo irónico de estar escogiendo ese camino cuando bien podría quedarme en la comodidad de esta casa y limitarme a mis patrullas como auror, pero espero que ya haya quedado claro que no es una opción para mí, no para la clase de persona que soy.

Levanto la cabeza de su hombro solo cuando parece haber tenido una idea, o al menos, es lo que expresa por la forma que tiene su tono de voz de dejarme con las ganas de preguntarle qué es lo que está pensando. No tengo una paciencia de oro, así que es una buena cosa que se decante por mantenerme al tanto de sus pensamientos segundos después de comenzar la frase, ni siquiera me inmuto del peso del perro cuando se deja caer sobre nosotros como si fuéramos la almohada más cómoda. —No...— frunzo mi ceño enseguida de escuchar su propuesta, que no responda con una frase coherente de entrada ya es un indicador de que todavía estoy tratando de formar la idea en mi cabeza y de aceptarla también. —No podría pedirte que hicieras algo como eso, ¿qué de tu vida laboral aparte?— es lo primero que se me ocurre decir, por mucho que me gustaría decirle que sí, que sea quien controle a mis padres me daría un poco más de libertad a la hora de manejarme en el norte, pero me haría más egoísta de lo que ya soy aprobar que lo haga. —Tú no recuerdas a mis padres, me sorprendería siquiera que te acordaras de sus rostros— cuando apenas y me acompañaron a alguna función escolar una vez en la vida, como mucho dos —, pero no son la clase de personas con las que te interesaría juntarte, en serio, yo pude haber tenido una idea de cómo manejarlos, porque no dejan de ser mis padres y quiénes me criaron, pero tú estarías exponiéndote a su carácter retorcido sin apenas tener noción de cómo son—  eso por sí solo, sin contar que estaría trabajando a sus espaldas, es todo un reto que no creo que ni los trabajadores que llevan años compartiendo espacio con ellos sepan lidiar. A su insinuación siguiente, no obstante, me queda el girar la barbilla hacia él, todavía con las arrugas dibujadas en mi frente —¿Qué estás queriéndome decir con eso?— murmuro, pese a creer conocer la respuesta, prefiero escucharla de él. Si está replanteándose su futuro como abogado, quizá para tomar un camino diferente al de un palco en el Wizengamot, quiero que sea él mismo quién lo proponga.
Alecto L. Lancaster
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Mensaje por David Meyer el Mar Dic 15, 2020 1:17 pm

Me basta con tu intención de volver— sí, en este momento me golpearía a mí mismo, me zarandearía para ordenarme a no dejarle ir tras un hombre que no le importará derramar su sangre pese a que la comparten, a un territorio que no solo es hostil, sino que le mostrará cosas que no poda sacarse nunca más de sus ojos y a partir de estas mirará el mundo, de por sí tiene una manera muy particular de verlo. Una persona con su carácter, viendo de cerca injusticias que le permitirán saber que su padre es solo un hombre más entre otros, que está regando su mierda por el norte y cada tanto aventándola al sur. Sí a mí me enervaba en el tiempo que colaboraba con Kenny y Paul en el distrito cinco acercarme a estas cosas, no alcanzo a pensar qué puede provocar en el temperamento de ella. —Si tienes la intención lo harás, vas detrás de tus intenciones— murmuro, como esta que la lleva a abandonar todo lo que conoce y una vida de rutina calma en este distrito, porque ha decidido que no puede permanecer indiferente. Su madre debe tener mucho que ver con esto, no hizo falta que tuviéramos charlas que ahondaran en su relación con ella, quien ignoraba incluso que siguiera viva, para que pueda estar seguro en este momento que el hecho de haberse cruzado, encontrado, no permite a Alecto volver a ser la chica que conocí en la escuela y menos la que buscaba un compañero de piso porque su mayor preocupación era tener con quien dividirse la renta.

Ninguno de los dos es la persona de ese entonces, y pese a que hicimos caminos opuestos, no creo que eso nos haya distanciado, sigue habiendo un punto en común que nos permite encontrarnos y siempre fue el tratar de entender al otro, motivaciones, complejos, defensas y escapes. Mi brazo se mantiene alrededor de sus hombros cuando la escucho negarse a que trate de acercarme a sus padres adoptivos, no pierdo mi postura relajada tras hacer esa sugerencia y recibir su respuesta por la cual creo que va a pedir ella una perimetral para que sus padres no se me acerquen si ella no está, debe ser estúpida confianza la que me hace suponer que he liado con peores personas de lo que podrían ser los Lancaster para que nada de lo que dice me haga echarme hacia atrás. —No todo mi tiempo tengo que dedicarlo a mi trabajo, debo encontrar algo más para hacer, sobre todo si no estarás así no me vuelvo un potus en el departamento…— podría darle fundamentos mejores, —y no habrá competencias caninas hasta que vuelva la primavera, ¿verdad, Mor?— busco el apoyo del perro al rascarle las orejas, claro que se pone de mi lado sacudiéndolas con alegría, sí, podría darle fundamentos mejores… —A lo que me refiero es que…— una cosa va unida a la otra, sugerirle estar cerca de sus padres va con la posibilidad de tomar un puesto en la alcaldía de este distrito, muy conscientemente huyendo de lo que significa estar cerca de la edad de poder ser parte de los tribunales del ministerio y no querer hacerlo. Ni siquiera es que tenga la duda de si debo o no, como le hago creer, no lo quiero. No en este momento. Pero sí era todo lo que quería. —Se acercan los juegos, por el Wizengamot pasarán muchos documentos referidos a estos, también otros cada vez que caiga un preso político y sus castigos seguirán siendo tan arbitrarios, no puestos a debate entre jueces, sino castigos para espectáculos públicos… y me gustaría que las cosas se hagan de una manera distinta, muy distinta. Pero en este momento solo pueden ser de esta manera… una en la que tú tienes que ir a cazar a un terrorista, porque todo está tan mal que no funcionamos como instituciones, sino como individuos…— suspiro por estar metiéndome en la discusión formal de instituciones y normas como si fuera a participar de algún ágora de cómo deberían ser las sociedades. —Todo, incluso las personas que decían que querían proponer algo diferente, terminaron haciendo lo mismo que todos…— susurro, busco su rostro con mi mirada al agregar: —Lamento mucho lo que pasó en la isla ministerial, lamento que personas a las que apoyé alguna vez, también terminaran por creer que esa era la manera y que pudieras resultar lastimada en el proceso.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Vie Dic 18, 2020 11:02 am

Prefería que adoptaras a otro perro al que enseñarle todo lo que aprendió Mor, a tener que dedicar tu tiempo libre a espiar a mis padres— apunto con una ceja alzada, sí, llega a ese punto en el que escogería regresar a una casa llena de animales con tal de mantenerlo alejado de la alcaldía del cuatro, cerca de la influencia que sé que no podrá tener mi padre sobre él, pero que aun así es suficiente para revolverle el estómago a cualquiera. Vuelvo a acomodarme debajo de su brazo, así como en los cojines a mi espalda, para no tener que mirarle a los ojos cuando digo lo siguiente: —¿Me harías ese favor? Sé que no estoy en posición de pedirte nada, no cuando acabo de decirte que me marcharé y no tienes ninguna obligación a concederme esto— pido despacio, casi en un murmullo —Pero... es el único reclamo que te haré, pedirte que no te acerques ni a Alexander ni a Dione, ¿sí? Que te mantengas todo lo alejado que puedas de ellos, por mí, así será como me ayudes mientras esté fuera— explico, conociendo a mis padres, tiene mucho más sentido que haga esto que el acercarse a ellos para obtener información, cuando son los Lancaster quienes la tienen más fácil para sacarla de él si así lo quieren.

Tras esa petición, me limito a escucharle, con mi cabeza apoyada en su hombro al haber adoptado esta posición una vez más. Jamás pensé que uno pudiera sentirse tan resguardado en los brazos de alguien, y si será poco más el tiempo que pueda disfrutar de ello, me encargaré egoístamente de que sea así por lo que queda. —Hace tiempo que funcionamos como individuos en lugar de como grupo, lejos de que el presidente busque venganza personal al asumir liderazgo, todas las personas nos volvemos corruptas, cada una sin excepción, si nuestra mente se corroe en el camino que tomamos para conseguir aquello que buscamos— opino, como creo que ha ocurrido con la mayoría de personas que ostentan cargos importantes en el día de hoy, también del lado de los rebeldes que hace tiempo se confundieron de dirección en cada una de las decisiones que han tomado "en beneficio del pueblo". —Si para obtener algo, terminas haciendo lo que en su día criticaste porque para tu lucha sí se justifican esos actos, esa lucha deja de ser justa, dejas de ser alguien objetivo y tus metas las vuelves algo personal, ya no miras por el bien del grupo, sino por el tuyo propio y lo disculpas como universal. Ahí es cuando te conviertes en alguien corrupto, y es mucho peor eso, Dave, que decir directamente que te interesas por lo tuyo y nada más que lo tuyo.— esa es a la conclusión que he podido llegar, sin ser abogada, sin ser juez, con la poca base jurídica que tenemos que estudiar los aurores para poder especializarnos. Y aun así nada de eso me enseñó lo que bien he puesto en palabras, a lo que me queda negar con la cabeza ante las suyas propias. —No es tu culpa...— levanto una mano hacia su mandíbula marcada y acaricio su mejilla —No tienes que disculparte por eso— murmuro. David es la clase de persona que lo haría, incluso por cosas en las que no ha tenido participación, pide las disculpas que deberían estar pidiendo otros, pero yo, que rara vez me disculpo por lo que sí tengo culpa, no es algo que vaya a permitirle hacer.
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Mensaje por David Meyer el Miér Dic 23, 2020 5:56 pm

No me parece bien que me haga reír con ese permiso de traer otro perro al departamento, cuando estamos teniendo una charla sobre las conveniencias e inconveniencias de espiar a sus padres adoptivos. —Traeré plantas si tengo la necesidad de dedicar a algo mi tiempo— prometo, que estando solo tampoco es que pueda asumir la responsabilidad de otra mascota, ni Moriarty por mucho que extrañe la compañía durante el día, está listo para cuidar de un cachorro que lo enloquezca mordiendo los cojines y despedazándolos sobre la alfombra. Ya puedo ver los ojos aterrorizados de Moriarty cuando venga de trabajar y me encuentre con una escena de esas: «¿qué clase de diablo has traído para que criemos?», que a veces él se olvida que es perro también, tan cómodo como está echándose una siesta sobre nuestras piernas. Rasco sus orejas suavemente, mis dedos apenas rozando su pelo. —Si no quieres que lo haga, no lo haré, no iré más allá de donde me marques cuando se trate de algo que es tuyo, personal— contesto, las puntas de mis dedos se detiene en el aire sin hacer contacto con el perro. —Lo estoy haciendo otra vez, ¿no? Tendría que decir que no, que iré y me presentaré en casa de tus padres, que iré a ofrecerme a lavarles la vajilla para meterme como infiltrado— es un chiste, claro está. Lo hubiera hecho antes, cuando tendía a meter mi nariz en todo lugar, hurgando por ahí, prefiriendo pedir disculpas a pedir permiso, esa fue la manera en la que también me fui haciendo un espacio en su sillón para acabar así sentados, con mi mano acariciando vagamente su hombro. —Pero lo prometo, prometo quedarme en casa y no acabar en los platos de sopa de tus padres— tiro de mi boca en una sonrisa forzada, de quien no sabe si de todas maneras no acabara siendo revuelto por las cucharas caras de Alexander o Dione.

Fuera de todo humor que podemos encontrarle a un tema de por sí tan escabroso como lo es hablar de sus padres, necesariamente debe ponerme serio al hacer una crítica a la situación política a la que nos encontramos, cada uno en su lugar y desde sus convicciones, logramos coincidir en lo que creo que es el resultado de haber hecho un seguimiento de causas y hechos hasta el punto de un cansancio y resignación hacía varias cosas. —Prefiero abstenerme a volverme corrupto— murmuro, si lo digo en voz alta es porque es a ella a quien se lo digo, —suena infantil, ¿no?— le pregunto. —Suena a no querer abandonar un estado de inocencia de las cosas, que ciertas cosas se mantengan incorruptibles…—. Presiono mis párpado con las puntas de mis dedos una vez más al aceptar el peso que tienen sus palabras, es la descripción más cruda de la política que vivimos, tanto en el pasado, como en el presente, como lo será también en el futuro, en el que las leyes mismas se las hace desde un criterio de intereses particulares del gobernador en turno, no para la sociedad. —Quizás es la manera…— digo, dejando caer mi mano sobre la rodilla con desgano y me inclino hacia la suya en la que puedo descansar mi mejilla para aceptar lo que ella, al decirme que se irá al norte a perseguir a Hermann Richter, me mostró como el golpe de realidad que necesito para salir de la indiferencia a todo en la que llevo sumido por meses. —¿Y si todo se trata de ser corruptos? ¿De bajar a su terreno a pelear?— busco sus ojos, creo que sus palabras iban en un sentido opuesto a este, pero es la conclusión a la que llego, —¿De aprender sus reglas? Quizás no hay una buena manera de hacer las cosas, quizás hagan falta malas maneras para que las cosas se hagan…— musito, y al pensarlo así, siento que soy el que más se demoró en entenderlo, pero lo hago al fin.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Sáb Dic 26, 2020 4:21 pm

No, esta vez lo estás haciendo bien— afirmo, con esa clase de sonrisa en los labios que no denota alegría como tal, sino que, por el contrario, se ve bastante lastimera analizada desde las circunstancias en las que estamos conversando. Me gustaría decirle que ya no es porque se trate de algo personal, porque no lo es, confío en mis padres para poner incómodo a cualquiera que se encuentre a su alrededor y no sea de su agrado, David por el simple hecho de ser la persona con quién preferí compartir lugar, ya pertenece a esta categoría. Pero es mejor así, siempre ha sido bueno respetando mis barreras personales y hacer a los Lancaster parte de una me asegura que se mantendrá fuera del círculo de su influencia, ese que sé que abarca mucho más de lo que me han permitido saber en todo mi crecimiento. A estas alturas prefiero no saber, lo que no sepa no me hará daño y, aunque en este caso se trate de un ejemplo perfecto de evasión de la realidad, ya tomé la decisión de no hacer a mis padres adoptivos parte de mi vida actual y, por ende, de él tampoco. —Gracias— opto por decir en su lugar, callando al acurrucarme entre su cuerpo y el del perro.

Alzo mis cejas sin que llegue a verlo, regresándolas a su lugar con un suspiro que le revuelve los pelos hasta a Moriarty. —La inocencia nunca fue buena, ¿no te parece? Incluso de niños...— interrumpo en mitad de su postura a favor de la misma —Muchos adultos la utilizan para excusar sus acciones o el no decir ciertas cosas, en su mayoría engaños, ¿solo porque un niño es inocente merece que lo traten como si fuera estúpido? Creen que la inocencia es justificación suficiente para mantenerlos al margen de lo que ni ellos saben como lidiar— escupo, quizá esto último con un poco de mala gana, hablando de manera general, desde la visión que he podido adquirir en base a las experiencias de otros, no a la mía y quizá, puede que por eso, solo esté proyectando. —Lo lamento, no te estaba llamando estúpido— busco sus ojos cuando me disculpo, su infancia fue distinta de la mía y no por eso debería haber dicho eso, fue insensible. Aprovecho que cambia de tema, no realmente, para no volverlo algo denso, por mucho que el inicio de esta charla tenía previsión de serlo. —No pensé jamás que alguien como tú llegara a esa conclusión— me sincero, bajando mi mano de su mejilla a pasear por la extensión de su cuello —¿Jugar sucio porque los demás juegan sucio?— ladeo un poco la cabeza, observándole —¿Estás bien?— nos centramos tanto en mí, que me olvidé de manera egoísta de preguntar como todo esto le ha afectado a él.
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Mensaje por David Meyer el Dom Dic 27, 2020 6:42 pm

Nunca— murmuro, abstraído en los recuerdos de mi infancia en la que mis padres cubrían los espacios dejados por los ausentes con anécdotas recortadas de una verdad que nunca la daban entera, porque ni ellos podían ponerlo en sus labios, lastimarían así lo que tanto esfuerzo le había llevado construir a mi alrededor y luego de mi hermana. Pero fue al querer poner nombre e historia a esos ausentes que renegué de lo que me daban desde niño, estaba renunciando a la ignorancia que va muy de la mano con la inocencia. Si bien es otra inocencia de la que le hablo, con la que se mira con esperanza al futuro sobre ciertas cosas que han demostrado su naturaleza inmutable más de una vez, la que me lleva a postular ideales que en la vida creo que alcance a ver. Una es la inocencia de la ignorancia con la que se dice proteger a los niños, de lo que se desconoce, la otra es la inocencia de quien sabe y conoce, sin que quiera asumirlo como lo real con lo que debe convivir, en la cual yo mismo me coloco y me siento estúpido sin que haga falta una aclaración que me absuelva de esa mofa. —No, tranquila, sé que no lo decías por mí. Tu voz solo fue un reflejo material de mis propios pensamientos— lo digo a punto de soltar una carcajada.

En este momento, mi mente está escarmentando, dedicándome calificativos de los que tendré que hacerme cargo tarde o temprano y mejor que sea hoy, que no solo se demoran las charlas importantes con otros, como ocurrió con Alecto para saber que tenía pensando alargar sus recorridos por el norte, también con uno mismo. —¿No crees que era solo cuestión de tiempo?— inquiero, el calor de su palma en mi cuello consiguiendo que ladeo mi rostro hacia ella. —Nadie puede mantenerse con las mismas ideas y maneras de ver y actuar toda la vida, somos personas, las personas cambian. Cambiamos porque es necesario, porque a veces la vida y el mundo pide, exige u ordena cosas de nosotros a lo que debemos responder…— contesto, es una reflexión muy vaga para la razón puntual que me pide que explique el haber llegado a esta decisión. —Dije conocer sus reglas, no jugarlas, o hacerles creer que las juegas, para hacerlo a tu manera…— sigo escuchándome ambiguo, — no hacerlo te convierte en alguien que vive al margen y cuando estás ahí, es muy fácil perder pie, caer a la nada—, tengo que agradecer el que ella haya sido de las que seguían sujetándome en ese borde, pero se irá. No estará aquí como una presencia que puedo dar por sentado, tomarla como el punto seguro al que sostenerme entre tantos vaivenes que me azotaron toda la vida. —Solo estoy pensando en la manera de asegurarme de seguir aquí cuando vuelvas— murmuro muy bajo al tomar un mechón de su cabello entre mis dedos al posar esa mano sobre su mejilla. —Solía pensar mucho en los demás, ¿sabes? Conocerlos, entenderlos, cómo reaccionarían a tal o cual cosa, qué podrían necesitar, qué de todo lo que pasaba impactaba en cada uno… pero pasó mucho tiempo desde entonces, no he podido comprobar que eso sea así en general, paso tanto tiempo que muchas de las personas en las que solía pensar ya no están, así que para variar, supongo que podría pensar en mí y en qué hacer con todo lo que tengo y me quedó…—, en verdad, el tiempo pone en perspectiva muchas cosas y a cada persona en el lugar que debe ser. —Mi familia, los rebeldes del norte, del distrito nueve, trabajar en el ministerio.... toca tomar una nueva dirección, ¿no?— le consulto, es lo que parece que está haciendo ella, rumbos por nuestra propia cuenta, sin bandos, sin responder a nadie.
David Meyer
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Dic 28, 2020 5:08 pm

Asiento con la cabeza, aprovechando la cercanía para así poder apoyar mi frente sobre la suya unos segundos en los cuales mis párpados descansan y mi mano sigue acariciando su cuello, por un momento temo estar aplastando al perro, pero ya tiene práctica en eso de acoplarse a lugares pequeños. —Sí, tienes razón— murmuro, aunque me abstengo de decir que muchos de estos cambios personales que sufrimos vienen de que las personas que somos en ese momento no poseen las cualidades o capacidades que son necesarias para atravesar ese bache que nos impide avanzar. Yo sé que lo sabe tan bien como yo, porque aunque no se pueda decir que somos individuos parecidos, la gracia de que hayamos terminado compaginando entre nosotros recae en eso mismo. Tenemos procesos distintos que experimentar, duelos con los que lidiar que son completamente dependientes de nosotros en exclusividad, pero está bien saber que se cuenta con compañía para hacer ese camino, pese a solitario, un recorrido que poder compartir.

Si necesitas estar en otra parte cuando vuelva, también estará bien— apunto al abrir mis ojos para mirarle. Que me marche un tiempo no significa que él tenga que mantenerse en este lugar hasta mi regreso, porque así como entiende que tengo una tarea que realizar, yo también soy consciente de que él, como persona que se encuentra en constante cambio, querrá buscar asimismo un camino que seguir. No, no estoy diciendo que a partir de ahora cada uno irá por su cuenta, sino que... entre la vía que yo decido tomar y aquella que puede escoger David cuando esté fuera, habrá un punto de unión en algún punto en el que podremos reencontrarnos de nuevo, y no tiene por qué ser aquí en concreto. —Sigues pensando en los demás— le saco de su recién adquirido pesimismo —, solo que de una manera diferente, quizá más realista que antes— no se lo digo, pero la gente que tiende a ver lo bueno en otros suelen ser las primeras en llevarse golpes, nada bueno viene de poner tus expectativas en alguien y enterarte luego que eran falsas ilusiones. Quizá es eso lo que le esté pasando a él, en menor medida. —Puede que sí, pero esta vez tómala por ti, no por nadie más, no hagas lo que otros esperarían que hicieras si no es algo con lo que te sientas bien, al primero a quién le debes ser honesto es a ti mismo, luego de eso puedes pensar en quién quieras— ese es el consejo que puedo darle, a pesar de que no me lo ha pedido. Aprovecho para regresar mi mano a su mandíbula y acercar mis labios a los suyos, acariciándolos en un beso que dura apenas unos segundos —Gracias por comprenderlo— farfullo al separarme, tanto los motivos de mi partida como la exigencia en que no visite a mis padres mientras esté fuera, sintiendo por un escaso minuto que le estoy pidiendo más de lo que podría recibir de mi parte en esta relación.
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Mensaje por David Meyer el Mar Dic 29, 2020 10:42 pm

Si, es posible que necesite estar en otro lugar— digo con la gravedad que el momento se merece, —si no estoy aquí cuando vuelvas, búscame en la panadería— es el impulso de bromear que sobrepasa mi voluntad de seguir sosteniendo el tono de la conversación. Tengo que hacerlo sino creo que mis brazos se cerrarán alrededor de ella y no podré dejar que se vaya, eso sería más estúpido de mi parte que cualquier comentario chistoso. No puedo tratar de aferrar a este sillón algo que supera el tamaño de esta sala, así es la determinación que puede mostrar hacia ciertas cosas y sé que la prefiero siendo avasallante, a verla resignada en una esquina de esta misma casa. —Si voy a otro lugar, todo el tiempo que esté sin verte, te seguiría llevando conmigo— murmuro con mis ojos buscándola al tener nuestras frentes unidas. No es algo que pretenda ser una promesa, sino la certeza de que su presencia en mi vida dio forma a una parte de mí que es la que ahora cargo a todos lados y que en el presente me hace estar cómodo con la persona que soy, ni tan bueno, ni tan malo, ni mejor, ni peor, de lo que fui alguna vez. Es una parte que me hace ver y entender el mundo de una manera que me hace mejor a mí, dando orden al lío que era cuando la conocí.

Es bueno, un halago agradecido, el que se me pueda acercar la palabra realista a mí, ¡a mí! Logra que mi boca esboce otra sonrisa, a que quede permanente en mis labios al escuchar su consejo, y la cual acompaño con un asentimiento para que tenga la tranquilidad de que es algo que llegué a entender muy bien, soy mi propio norte a partir de ahora, nadie más, ni nada más. Busco su rostro con mis manos al sentir el roce de sus labios, lo sostengo para que no se aparte más de lo que necesita para murmurar un agradecimiento que no creo necesario entre nosotros, así puedo cerrar mis ojos al hacer que mi frente vuelva a apoyarse en la suya, mi respiración entrelazándose a la suya con un exhalación profunda que saca todo el aire de mi pecho. No dejo que nada cambie en nuestras posturas por unos segundos, ni el perro hace amago de moverse, él también disfrutando de la calidez que encuentra entre nosotros. —Es lo menos que puedo hacer por ti, es lo que debo hacer— digo, me cuesta sacar esas palabras de la garganta, me cuesta mucho más las que siguen.

»Hay veces en las que pienso que irrumpí en tu vida entrometiéndome en todo, también que te impuse lo que sentía por ti, cuando… no me necesitas, podrías estar sin nada de esto y estarías bien. Te necesité más de lo que podrías llegar a necesitarme a mí—. Dejo que mis manos acomoden su cabeza en mi hombro, al posar una sobre su cabello, la otra en su espalda, para darle un abrazo que la envuelva, no que la aprisione. —Y te lo agradezco— susurro, —nunca te he dicho que te amo para que no estés obligada a responderlo, ni tampoco lo digo para que contestas algo en este momento— aclaro. Presiono mis labios en su cabello al retirar otro mechón que llevo detrás de su oreja. —Pero cuando estés lejos, recuerda que hay un chico que ama quién eres, también cuando estás buscándolo— apoyo la palma de mi mano en su nuca, —ahora sacaré al perro a pasear así dejamos que el momento pase. ¿Quieres que traiga algo para comer cuando vuelva? ¿Ceviche de camarón? Nos queda de camino con Moriarty— digo, en nada estoy fuera del sillón, el perro también como buen cómplice, más rápidos que soldados en retirada, buscando mi juego de llaves en el platillo que está sobre la mesa baja de la sala y con mis ojos las zapatillas que necesito para salir a la calle, que si no fuera por la falta de estas, ya estaría cerrando la puerta tras de mí.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Miér Dic 30, 2020 11:55 am

Agradezco que pueda bromear al respecto, aunque no se refleje por mi forma de hacer desaparecer rápidamente la sonrisa que el comentario ha reproducido en mis labios. En otro momento, cuando aún no existía ningún término de relación entre nosotros, más que el ser compañeros de piso, le hubiera exigido que se lo tomara en serio, sin conocer como lo hago ahora que el hecho de que bromee no es sinónimo de que no le importa. Porque lo hace, sé que lo hace, así como espero que él lo sepa también pese a no murmurar nada como respuesta. Hice del silencio mi cómplice durante mucho tiempo para que sea necesario que explique que en el mismo me encuentro cómoda, hace que sea más consciente de lo que hay a mi alrededor, de sus gestos, sus caricias, hacia las cuales puedo responder de la misma manera y que simplemente eso sirva para expresarlo. Asiento con la cabeza lentamente, en un movimiento que no llega a molestar al tener nuestras frentes unidas, es mi manera de decir que lo aprecio, a pesar de que me gustaría que no fuera un deber para él, que las obligaciones terminan siendo forzadas y no quiero que ese sea nuestro futuro.

Me consuelo con lo que dice después, sí logra sacarme una curva en el rostro mucho más duradera, quizá porque puedo aprovecharme del lugar en su pecho al reposar mi cabeza en su hombro. —Sí, sí irrumpiste en mi vida— lo reconozco, lo bueno es que él lo hace también —, pero tienes que tener en cuenta que no te hubiera dejado hacerlo si no hubiera querido— apunto a su favor, para que entienda que no es algo de lo que deba sentirse culpable, cosa que espero que no haga luego de ver a dónde nos ha llevado eso mismo —Tengo talento para apartar a las personas que no quiero cerca, lo hubiera hecho contigo también, no arrasaste con nada que no te hubiera permitido— sigo asegurando despacio, viéndome obligada a negar con la cabeza no mucho después. —Te equivocas, puede que antes no te hubiera necesitado, tal y como era, es cierto, podría vivir sin tener esto— hago referencia a como estamos ahora, lo que en otro tiempo, siendo una mujer distinta, no hubiera echado en falta —Pero no ahora— lo resumo en eso, sigue siendo mi debilidad el mostrar la vulnerabilidad que me han enseñado a rechazar durante prácticamente toda mi vida.

Él mismo parece entenderlo también, como para no exigir de mí una muestra que él no tiene problema en ofrecer, y quizá sea eso, que no lo espere, es lo que me hace decirlo. —Sí te amo— lo digo ignorando todo lo anterior, el hecho de que se haya puesto en pie, dejándome todo el espacio de un sofá que ahora se siente demasiado grande, porque el perro también se ha sacudido fuera de él como consecuencia de escuchar la palabra paseo. Me rodeo a mí misma con mis brazos, acariciándolos con mis manos opuestas. —Lo que quieras está bien— murmuro, así puede marcharse y volver cuando lo vea necesario, no creo ser la única que lo requiera para asimilar declaraciones así, puesto que nunca las he puesto en boca pese a sí demostrarlas.
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Mensaje por David Meyer el Sáb Ene 02, 2021 9:10 pm

Es bueno saberlo— digo, reprimiendo el suspiro que saque todo mi alivio afuera y también que mi cuerpo entero se relaje como para caer siendo un peso muerto en el sillón una vez más, por penoso que suene decirle a otra persona que quizás estar juntos no es algo que haya elegido, sino que las circunstancias llevaron a ello, tener la confirmación de que no es nada en lo que esté metida porque no sepa cómo salir de ello, por estúpido que sea necesitar de esa certeza, es bueno tenerla. Con eso me basta para sacar a Moriarty en mi retirada a prisa, quedándome tranquilo de que estamos habitando la misma página, que no soy yo otra vez con mi mente corriendo a prisa, también mis sentimientos dando saltos precipitados y suicidas hacia un suelo que no es firme, estos pueden permanecer calmos como hasta ahora, con una confesión escueta y que no vayan sobre ella con una intensidad abrumadora.

Se necesita poco, tres palabras, una de más para acompañar a las otras dos, y consigue que me olvide de seguir buscando las zapatillas, también del perro que no sabe si ir hacia la puerta o subirse al sillón otra vez, cuando me ve inclinarme hacia Alecto para que mis manos vuelvan a rodear su rostro, atrayendo su boca hacia la mía para un beso más. Uno que compense las mil maneras que hay de decirle a alguien que le amas, que le echarás de menos y que todo el tiempo que se deba esperar será nada en comparación al momento en que pueda repetir este gesto. —¿Por qué no vienes con nosotros?— pregunto al separarme, mis dedos peinan algunos de sus mechones sueltos hacia atrás. —Tienes un bonito gorro que presumir y no hay temperatura bajo cero que traspase su tejido supercálido— acoto. Me aparto luego de otro beso rápido para ir hacia el perchero del que yo mismo descuelgo la chaqueta por la que paso mis brazos así puedo resistir al frío de la playa en invierno y recojo el gorro tejido de muchos colores para tendérselo como parte de la invitación, efectivamente mis zapatillas no están lejos y con tirar de los cordones puedo colocármelas, casi tan rápido como Moriarty en dejar que le coloque su capa. —¡Nos vamos!— anuncio al abrir la puerta para hacerle saber que todavía está a tiempo de acompañarnos si quiere, todos sabemos que los ceviches de camarón se comen mejor en el momento y que por mucho frío que haga, nada se compara a la marea rompiendo contra la orilla en la noche, parece infinito al verse tan oscuro como el cielo y pasar ambos a ser uno solo, nos hace sentir infinitos.
David Meyer
David MeyerAbogado

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Hearing whispers in the night ○ David Empty Re: Hearing whispers in the night ○ David

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