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We tried to change the world too fast ✘ Edward IRh8ZNT
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We tried to change the world too fast ✘ Edward

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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Jue Oct 15, 2020 6:29 pm

Está claro que no va a hablarse de otra cosa. Mantengo los ojos fijos en la pantalla, cuyo sonido se encuentra enmudecido para no fastidiar en la música del ambiente pero, de todos modos, NeoPanem entero sabe de lo que están hablando. El anuncio de esta mañana ha abierto la puerta a uno de los debates más polémicos de los últimos años, esos en los cuales nos preguntamos qué nos diferencia de los terroristas si estamos dispuestos a cometer actos salvajes contra otro ser vivo. No me sorprende tampoco que muchas de las opiniones de los magos más puristas se encuentren a favor de la nueva ley, los murmullos a viva voz sobre que los esclavos no son más que un estorbo no se hacen desear y me es imposible pensar en Andy, el preguntarme qué debe opinar sobre su propia condición que lo condena a un sitio tan bajo. Suerte que tiene a Jessica y eso nos ahorra un problema.

No me ha sorprendido, eso está más que claro. He pasado las últimas semanas viendo cómo más de un empleado del Ministerio ha aparecido por el colegio y pasaban varias horas encerrados en el despacho del director. También se rumorea que Leblanc y Hasselbach hicieron sus propios recorridos por los pasillos, lo que tampoco es de extrañar si acabaron por salirse con la suya. ¿Un mundo en el cual los estudiantes deben volverse soldados para gusto del gobierno? Pues obvio que iban a asomar las narices.

No suelo quedarme por el Capitolio después del trabajo, pero en vista de la jornada estresante que tuvimos no me ha quedado otra opción que sentarme en uno de los clásicos after office que tanto presume la ciudad que nunca duerme y donde la gente, al fin y al cabo, no se muere de hambre. En cuanto la botella de fina cerveza toca mis dedos al atravesar la barra, me giro con intenciones de buscar una mesa que me aleje de la pantalla para no morirme de un mal trago y barro rápidamente con la mirada el espacio. No me sorprende en lo absoluto reconocer el perfil moreno de la esquina.

Los pasos que doy hasta mi jefe son decididos, ni siquiera se oyen a causa de los pesados borcegos que llevo colocados a pesar de un vestuario técnicamente decente para dar clases. Ya saben, las clásicas medias oscuras por debajo de la falda y el abrigo acorde al otoño. No es que llame la atención en un sitio como un bar de la capital, sino todo lo contrario y eso me agrada — ¿También crees que el café es algo demasiado liviano para un día como hoy? — pregunto con total confianza en cuanto me detengo frente a su mesa. Lo dudo un momento, pero opto por sentarme justo delante de él y levanto mi botella frente a él — Hay una gran diferencia entre el mundo que queremos y el mundo que tenemos. Brindemos por eso.
Jolene W. Yorkey
Jolene W. YorkeyProfesor del Royal

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Vie Oct 16, 2020 12:47 am

Es bastante complicado explicar el cansancio y la tensión que cargo sobre mis hombros desde hace días. Siento que estoy a punto de explotar, y sé que varios desean que así sea. Incluso yo quisiera eso por ratos. Siento que he envejecido y no ha pasado ni un mes desde que me enteré del trágico acontecimiento. Entro a la escuela muy temprano, antes que nadie, y salgo casi de último, mi oficina se la pasa llena de gente de todo tipo. Desde personas del ministerio que se encargan de afinar los últimos detalles, hasta la mismísima ministra de bienestar que se codea por los pasillos con Rebecca, orgullosas de lo que lograron. El anuncio se dio hoy por fin y no es de extrañar que los padres de las familias que no están de acuerdo también hayan hecho sus apariciones, tampoco me pareció peculiar llegar después de la comida para descubrir un grupo de alumnos indignados frente la puerta de mi despacho, esperando el momento indicado para atacarme con reclamos ¿Y cómo no iban a hacerlo? En teoría yo soy la cara del Royal, el primer filtro.

Me paso las manos por la cabeza repetidamente, tanto que temo quedarme calvo, hasta que siento que he tenido suficiente. El dolor de cabeza que tengo, mezclado con el asco que me da ver el nuevo uso de los esclavos producen que termine frente a las puertas de un bar. No hago ninguna parada en casa antes, ni siquiera he llevado a Trina al trabajo conmigo, tantas personas podrían estresarla. La verdad es que tal vez todo sería más llevadero con ella ahí, pero sólo sería un consuelo tonto para algo que no puedo corregir ya. Solo soy un fraude.

Entro rendido al bar y trato de agazaparme en un esquina, en la que sea más difícil reconocerme, si es que alguien llegara a hacerlo. La mesera no tarda en hacer su aparición, sonriendo con ganas por algún motivo pero no estoy de humor para ese tipo de cosas, así que casi le gruño que quiero una cerveza antes de que desaparezca despavorida. Tarda mucho menos en regresar con ella. No suelo beber esto, no, pero esta vez no importa, solo necesito algo con que pasarme la novedad de NeoPanem. Avanzo rápidamente del primer trago al segundo y así hasta que tengo ya una botella vacía en la mesa y otra en mis manos. La voz que me hace levantar el rostro es una a la que no estoy preparado para enfrentar, al menos no fuera del colegio. La miro con desgana. — Jolene. — Murmuro su nombre. — Eres la última persona con la que esperaba brindar después de todo lo que pasó hoy. — Y aún así levanto la botella en su dirección. — ¿Cómo llevas la noticia? ¿Debo esperar tu renuncia en el despacho? — Pregunto con desilusión recordando nuestra última conversación formal, solo para después sacudir las manos. — Mejor no me contestes eso todavía.
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Vie Oct 16, 2020 1:20 am

No me sorprende — es una respuesta sarcástica, la decoro con una media sonrisa — Yo tampoco pensaba estar brindando en lo absoluto pero he decidido que no puedo enfrentar lo que queda del día con sobriedad — lo cual es una pésima frase para decir frente a tu jefe, pero a estas alturas no tendría sentido el fingir que soy una persona pudorosa que no habla sobre alcohol y desmadres. Paseo mis ojos por sus cabellos en punta, esos que me dejan bien en claro que el estrés ha salido incluso de su despacho y, sin más, golpeo con suavidad mi botella contra la suya. Le tengo pena, al fin de cuentas. Puedo confiar en que ha sido honesto conmigo frente a lo que me ha dicho el otro día, en especial porque soy la clase de persona que sabe muy bien que es imposible decirle que no al gobierno cuando tienen una idea e insisten en llevarla a cabo.

Doy un trago corto al pico de mi botella, mi mirada se mantiene clavada en su semblante. Chasqueo la lengua — Nope — respondo con calma. Empujo el interior de mi mejilla con la lengua y al final la hago chasquear — No me malinterpretes, lo llevo para la mierda. Pero quiero controlar de cerca, al menos durante un tiempo, los entrenamientos para evitar que alguien termine lastimado. Solo quiero ver en estos días cuáles van a ser las reacciones de los padres, ya sabes… Ver cuántos pegan el grito en el cielo y cuántos corren a firmar permisos a los más jóvenes — solo hay dos tipos de personas en esta ciudad y siempre han quedado en evidencia con cada uno de los anuncios del ministerio.

Me acomodo en el asiento para apoyar los dos brazos sobre la mesa, lo que me permite ver mejor su aspecto cansado — Edward, sé que no me incumbe en lo absoluto pero tengo que decírtelo y espero que me lo perdones: te ves para la jodida mierda — si mi abuela pudiese oírme hablar de esta manera frente al director del Royal se agarraría un infarto — Tampoco creo que sea mi lugar pero… ¿Haces algo siquiera más allá de vivir para el trabajo? Me sorprende que aún tengas cabello en esa cabeza — en su lugar cualquier otro estaría arrugado y calvo. Doy un nuevo trago — Hoy no podrás solucionar nada. Mi humilde consejo es que uses las horas que te quedan para evitar tener un infarto y mañana enfrentes toda la mierda con energías renovadas.
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Jolene W. YorkeyProfesor del Royal

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Vie Oct 16, 2020 2:31 am

No podrías tener más razón en eso. — Respondo llevándome la punta de la botella a los labios. La bebida fría cae por mi garganta y la trago de forma mecánica. No me importa el sabor, ni siquiera la frescura que no se necesita en esta época del año, solo quiero pasarme este trago amargo con algo más que agua. Y es que me siento derrotado, ¿De perdido di batalla? ¿Qué va a pasar ahora? Vamos a tener alumnos traumatizados caminando por los pasillos del Royal, porque una cosa es aprender todo en teoría, incluso aplicarlo en arañitas, otra más es hacerlo en esclavos. Sé que muchos fueron educados para odiarlos, tratarlos como inferiores, pero nunca se sabe qué tanto daño se le hace a la menta hasta que es muy tarde y no hay marcha atrás.

Me regresa un poco de vida a la cara cuando escucho su negación. — ¿No? — Repito sorprendido. Lo único que faltaría sería buscar una maestra de duelos después de perder a la de adivinación. A continuación sacudo de forma leve mi cabeza para cambiar el gesto a uno más amigable, si es que es posible. — Oh, puedo asegurarte que los reclamos ya empezaron a llegar. — No tantos como esperaba, pero ahí están, haciendo bulla en varias solicitudes escritas y habladas en mi despacho. Dejo la botella un momento y me llevo las yemas de los dedos a la cien para frotarla. El solo recuerdo de todo lo que tuve que enfrentar hoy me produce jaqueca.

Cuando vuelve a hablarme bajo las manos y volteo a verla. Tengo varios mechones fuera de su lugar, tanto que ni siquiera parezco yo. El saco me lo quité al llegar, junto con la corbata que solo sentía que me asfixiaba, así que cuando hace alusión al aspecto del que estoy más que consciente no puedo evitar soltar una carcajada. — Hace rato espanté incluso a la mesera así que tal vez debería hacerte caso. — Comento en broma, aún divertido, llevándome la botella de nuevo a la boca. — Estar calvo es la nueva moda. Aunque me gusta creer que aún soy lo suficiente joven para no preocuparme de cosas como esas. — Muchos podrían diferir. — Oh hago... algunas cosas. — Ladeo la cabeza para pensar. — Tengo a Trina que me hace compañía y a veces me paso por la tienda de mi familia. Me gusta intentar hacer muebles pero es un hobby que hace mucho tiempo no practico. — Enumero las cosas que tengo en mi día a día, dejando de lado la casa vacía y la burbuja en la que me encerrado a posta. — Pero no creo que los patéticos pasatiempos del director sea un tema muy divertido de conversación. — La amargura sigue flotando. Lo mejor sería tomar el consejo de Jolene y dejar los problemas para después, así que sin más, elevo mi botella en su dirección una vez más. — ¿Qué hay de ti Jolene? De seguro tienes muchas cosas más interesantes en el 8. — Me encojo de hombros. — ¿Por qué no dar clases en el Prince, por ejemplo?
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Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Vie Oct 16, 2020 2:52 am

Se me escapa el arrugar la nariz como un conejo, prensando apenas los labios — Como siempre… Reclaman en la dirección equivocada — farfullo con clara molestia — Las decisiones son tomadas por personas que ahora mismo se encuentran muy cómodas en sus asientos intocables del Ministerio y somos los idiotas que están al alcance los que tienen que escuchar al ciudadano promedio descontento — aún nadie ha venido a mí pero les doy unos días. Está claro que, al ser prácticamente mi asignatura, tendré un padre o dos pavoneándose en los pasillos tratando de conseguir respuestas que yo no podré darles. La impotencia en su máximo exponente.

Se me ensanchan los labios con diversión a causa de su confesión sobre la mesera, una que no me esperaba oír de su parte y que, al mismo tiempo, no me sorprende — La juventud no es sinónimo de cabellera abundante. Puedo señalar a unas cuantas personas que me darían la razón — arqueo una ceja con gracia y doy otro trago, dejando que siga hablando. Nada de lo que me cuenta me sorprende, más aún así me hacen creer que su vida debe ser demasiado monótona y no soy nadie para juzgar; al fin y al cabo he decidido que lo mejor que puedo hacer es mantener un perfil bajo y dejar pasar la vida mientras nadie me rompe las pelotas — ¿Por qué no? Me gustan los muebles de madera. Solía conocer a alguien que se le daba muy bien el tallado… — es un murmullo cargado de amargura a pesar de la sonrisa tenue. Me obligo a desviar la mirada en lo que apoyo la cerveza sobre la mesa y acaricio el contorno de la etiqueta — … Pero fue hace mucho tiempo — tanto que a veces creo que he olvidado cómo lucía.

Las preguntas me distraen del pasado, me llevan a un presente que está muy lejos de esa persona. Parpadeo y, con un mohín, me encojo de hombros — Porque Eloise Leblanc quería a los mejores en el Royal y creyó que yo funcionaba mejor ahí — supongo, no tengo la menor idea — Pero mi vida tampoco es muy emocionante, Edward. Aún continúo dando clases en el instituto de artes dos veces por semana, pintura. Tengo un gato y una abuela que no deja de decirme que me voy a morir siendo una solterona porque no tengo interés en cambiar mis días… Y no creo que esté mal, no. No cuando pasaste tiempo en Europa y en el norte y no tuviste un solo día tranquilo hasta que acabaste en prisión y tienes que fingir que tu vida es como la de los demás, cuando la verdad es que… No, no lo soy. Solo soy un holograma. Repito acciones todos los días porque son mejores que nada y porque me dieron la única opción que tenía para vivir en paz — siento la garganta tranquila, me relamo y doy un traguito para enfriarla. Mis ojos se mantienen en algún punto del suelo — Pero como sea… Es mejor que nada.
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Jolene W. YorkeyProfesor del Royal

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Mensaje por Edward D. Jenkins el Sáb Oct 17, 2020 4:33 pm

Asiento la cabeza de forma más brusca a lo usual. Es fácil para personas como Leblanc dar las órdenes que se implementarán en el colegio y lavarse las manos. Al final del día soy la cara de la institución y los padres terminan reclamándome a mí, cuando solo estoy siguiendo instrucciones con las que ni siquiera estoy de acuerdo. Se necesitaría a un miembro de una familia prestigiosa para que voltee la cabeza, y para mi sorpresa, no he tenido a ninguno de ellos en mis despacho. Aunque siendo muy honesto, no sé si es algo que deba asombrarme, después de todo son esas familias las que apoyan a Aminoff sin hacer mucho ruido. Y yo igual lo apoyo, solo... no en todo. — No pudiste haberlo dicho mejor. — Es peculiar, hace días en mi oficina le dije que tuviera cuidado con lo que decía, pero hoy, incluso yo quisiera perder el porte que trato de mantener siempre. — Estoy planteándome tomarme una poción multijugos para que no me reconozcan mañana al llegar, que ya espero la segunda ola de padres enojados. — Y si era broma o no, no se nota, porque a una parte mí en verdad le gustaría hacer eso.

Suelto una risa seca. Es cierto que hay personas ancianas con más cabello que gente de mi edad. — Entonces estoy condenado. — Nada que un poco de magia no arregle. Sonrío de forma derrotada cuando menciona que no tiene nada de malo mi hobby de carpintería. Mi vista está clavada en la cerveza que sostengo hasta que noto que su voz se va desvaneciendo. Volteo a verla intrigado pero enseguida aparto la mirada cuando ella lo hace. He aprendido a no ahondar en temas que son claramente personales para las otras personas, después de todo a mí me resulta difícil hablar de mi pasado. — Es relajante, y algo que hago, como muchos dirían, como si fuera muggle. — Respondo en cambio, aún sin verla. Hechizos y magia para hacerlos funcionar como lo hace mi padre nunca me han salido, pero cortar, tallar y armar es algo que ayuda a quitarme el estrés. Tal vez no estaría mal retomar el hábito. — Puedo mostrarte algunos luego, si quieres, hay varios muebles diseñados por mi padre en la tienda del distrito 7. Aunque esos ya vienen bastante retocados. — Me encojo de hombros dándole un trago corto a mi cerveza.

Escucho curioso el cómo acabó en el Royal, es verdad que para el ministerio solo somos piezas en un tablero de ajedrez, meros peones a los que pueden mover y sacrificar cuando les plazca... Vaya, no sé de dónde he sacado tanta amargura hacia el gobierno que apoyo. A continuación me quedo callado, viéndola de soslayo mientras habla. Cuando termina solo puedo soltar un suspiro que expresa una mezcla entre sorpresa y cansancio. — Suena agotador, simplemente no puedo terminar de imaginármelo. — Aunque quién soy yo para hablar cuando tampoco llevo la gran vida, y ni siquiera tengo un círculo social cercano tan amplio. — Y tampoco creo que sea malo morir "solterona" — Le digo con el mismo tono que usó ella. Si algo sé es que el matrimonio tampoco dura para siempre. — ¿Puedo preguntar qué harías si no estuvieras atrapa en esa rutina? — La pregunta ya está hecha, es cosa de ella responder o dejarla pasar, cualquier está bien, aunque debo admitir que me causa curiosidad.
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Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Sáb Oct 17, 2020 6:56 pm

No tiene nada de malo actuar como un muggle. La mayoría de las cosas que utilizamos fueron creadas por ellos, sino nos habríamos estancado en el siglo dieciocho — no creo que sea necesario que le recuerde sobre la historia de los magos y su increíble lentitud para aceptar que, con el avance tecnológico, era momento de empezar a dejar ciertas costumbres mágicas de lado. Obvio que sé que estoy diciendo algo completamente polémico en el mundo en el cual nos movemos, por lo que mi tono se vuelve más suave y cauteloso. Lo que me toma más desprevenida, de todos modos, es la sugerencia que me mueve las cejas hasta ocultarlas debajo de mi flequillo — ¿Me estás invitando a una salida fuera del ámbito profesional? — inquiero sin poder contener el tono divertido — No me junto con nadie fuera del colegio desde que Phoebe Powell me dijo de ir a beber unos tragos, así que no veo por qué no. Necesito una nueva estantería para mis libros — en algo tengo que gastar el tiempo libre y la lectura jamás es una mala opción.

Agotador. Es una buena palabra para definirlo. Me encojo de hombros porque yo tampoco tengo la menor idea de cómo lo he soportado hasta que, sin poder contenerme, se me escapa una risa algo más sonora — Bueno, gracias, necesitaba el apoyo de un hombre para confirmar que no estoy tomando el camino equivocado — bromeo — Tampoco le veo lo malo, empezando porque aún me considero joven. Hay una extraña creencia popular de que la vida en soledad puede ser amarga cuando, en realidad, después de muchos años de ir y venir te da una calma que no consiguirías de otra forma. Para niños… Bueno, trabajo con ellos, me cubren la dosis necesaria que va con mi límite de paciencia — ver a Hayden Sawyer Powell me ha dejado bien en claro que yo no sirvo como madre.

Me quedo con el pico rozando mis labios frente a una pregunta que, sinceramente, no tengo la menor idea de cómo responder. Lejos de mostrarme incómoda, aprovecho la duda para beber un trago lento — No sé — acabo admitiendo — Cuando era una niña, quería ser escritora de libros ilustrados… Obvio que esa idea fue descartada con el tiempo y por algunos años ni siquiera consideré una vida más allá de los juegos. Quiero decir… No era como si pudiese decidir qué hacer con mis días hasta que fui libre… O lo más libre que puede ser alguien que se fugó de un país que se terminó yendo a la mierda — siempre tan delicada para hablar frente a los superiores. Alzo uno de mis hombros con un movimiento sutil — Hoy no me quejo de lo que tengo, si debo ser honesta. Tampoco puedo imaginarme de otra manera porque nunca siquiera creí poder estar donde estoy. ¿Profesora de una escuela prestigiosa, libre de hacer mi vida y bebiendo una cerveza con alguien con todo su cabello en la cabeza? — revoleo los ojos con exagerada gracia — Impensado.

Más allá de los muggles esclavizados, más allá de la guerra, de las cosas que no puedo cambiar y que no sé cómo se supone que debo mirar. Doy otro trago, mucho más natural y rápido — ¿Y qué hay de ti? ¿Qué cambiaría Edward Jenkis de su vida si ahora mismo tuviese la oportunidad? — no es como si pudiéramos hacer otra cosa que hacernos preguntas existenciales, visto cómo están las cosas.
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Mensaje por Edward D. Jenkins el Dom Oct 18, 2020 2:35 am

Trata de explicárselo al resto del mundo, solo los escandalizarías. Pero a mí me da igual, sigo haciendo muchas cosas como antes, viejas costumbres tal vez. — Le murmuro de vuelta. Los años me han vuelto más tolerante y más consciente. Puede que al inicio estuviera cegado con las oportunidades que el nuevo gobierno ofrecía, pero ahora no estoy tan seguro de qué rayos estamos haciendo. Quizá solo sigo sacudido con la nueva reforma y en unos días se me pase. No lo sé. Volteo a verla cuando formula su pregunta. — Claro, ¿Por qué no? Si no te aburre la idea de ir a ver muebles de madera a una tienda tan interesante como el director, entonces claro. — El pesimismo lo traigo a flor de piel hoy, tanto que ignoro el tono con el que habla Jolene, e incluso me permito hacer lo contrario a promover la tienda familiar. Me aclaro la garganta. — Quiero decir, la tienda es maravillosa, seguro encuentras un estante a tu gusto. A menos que te resulte extraño hacer eso con alguien del trabajo. — Porque tampoco quiero cruzar límites donde no debería y terminar por convertir esto en una situación incómoda.

Bebo el resto de la cerveza con calma, hasta que su comentario me hace atragantarme. — No... No me refería a eso. — Le respondo carraspeando un poco por la sensación que me dejó el alcohol al pasar de golpe por mi garganta. — No, lo siento... Es decir, yo también soy un solterón, ¿No? — Sigo buscando justificación a algo que probablemente no la necesite. Pero es que, crecí con otras cuatro mujeres que me enseñaron lo cabezahueca que puede ser alguien a veces en estos temas, sobre todo tratándose de una persona de mi sexo. No quisiera parecer el típico hombre que pretende saber todo todo el tiempo y que piensa que debe reafirmar las cosas para considerarlas válidas. Me tranquilizo un poco cuando vuelve a hablar y la escucho con más detenimiento que antes, dudando acerca de comentar algo o no, aunque sonrío con lo último que dice. — Creo que es amarga cuando no se sabe vivir con uno mismo. — Me limito a contestar encogiéndome de hombros.

Espero su siguiente respuesta mirando la botella vacía que ahora se encuentra sobre la mesa. Por un momento pienso en llamar a la mesera para conseguir otra pero al final desecho la idea, no quisiera perder lo último que queda de mi porte. Sonrío soltando una risa corta con la broma final. — Bueno creo que en eso estamos iguales. Yo tampoco me imaginaba siendo director de una escuela así, y bebiendo cerveza con una persona que también tiene todo el cabello en la cabeza. — Suspiro. — Pero ya en serio, no puedo imaginármelo del todo, no sé si yo podría haber aguantado tanto. — Y no, no siento lástima, pero creo que puedo ser empático. — Das clases de arte, ¿Por qué no hacer un libro ilustrado ahora?

Ladeo la cabeza mordiéndome el labio con su pregunta. ¿Qué cambiaría? Solo una cosa probablemente, pero es algo que ya no puede ser. — No tengo la menor idea. — Confieso. No es algo que me pregunte muy a menudo. — Cuando era más joven y la idea de ser libre se me subió a la cabeza, me entusiasmaba la idea de tener una familia. Pero no puedo decir que sea algo que persiga ahora. — Para mi sorpresa decirlo en voz alta no resulta tan doloroso como hace unos años. — Tal vez un trabajo lejos de la gente del ministerio, que tener la corbata puesta asfixia lo suficiente como para andarme con rodeos políticos todo el tiempo. — Porque incluso Edward Jenkins se cansa de esto. — Pero no sé en qué sería. Ayudar con la tienda no me me resulta suficiente. ¿Cuidador de criaturas mágicas tal vez? — Cosa que resulta irónica considerando mi pasado como cazador. — Mi vida es aburrida como seguramente ya dedujiste. Me la paso la mayor parte del tiempo en la escuela o en casa con mi perro. — Ni siquiera tengo elfo doméstico, mucho menos esclavo. Nunca me gustó la idea.
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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Dom Oct 18, 2020 3:39 am

No puedo contenerme, se me escapa una risa sin siquiera desearlo a pesar de que la mantengo por lo bajo — Una estantería nueva vale una salida con alguien del trabajo. He hecho cosas peores — puede que suene bromista, pero mejor no irnos por ese lado. Es más seguro hablar de otras cosas como sexismo y tengo que cubrirme la boca con el dorso de la mano para reprimir la risa — No era un ataque, señor Jenkis. Solo estaba bromeando — lo cual creo que le vendría bien el hacer de vez en cuando, pero creo que no tengo tanta confianza como para decirle algo así sin quedar como una desubicada. Una cerveza no elimina el hecho de que es mi jefe y que mañana tendré que verlo en el trabajo como todos los días, incluso cuando ahora estoy asintiendo con la cabeza ante sus comentarios existenciales — Nada más amargo que eso — coincido. Si sabré yo…

Levanto mi botella como si estuviera brindando ante el factor de también poseer cabello y me bebo lo que queda dentro de su interior. Para cuando la finalizo, hago un enorme esfuerzo por no eructar a pesar de que mi manera de limpiarme los labios con la mano no es demasiado delicada — Todos cargamos con historias, algunas más pesadas que otras. Nadie en NeoPanem tiene un historial limpio — es imposible el decir que el sistema no nos afectado, para bien o para mal. Ante lo siguiente, solo puedo mirarlo con cierta sorpresa — Porque carezco de la inspiración para hacerlo — admito — Tal vez más adelante, cuando tenga idea de lo que se supone que quiero hacer y tenga una buena historia que contar… Que no acabe en caos, muerte y destrucción… — mierda, soy un hito a la alegría.

No voy a decir que me sorprende — confieso con una vaga sonrisa, los tipos como Edward son la clase de sujetos que a personas como Georgia le fascinan para los cuadros familiares. Sí le permito hablar, me cruzo de brazos sobre la mesa para escucharlo con mayor atención mientras hago lo mismo con las piernas debajo del mueble — ¿Y por qué no? Si la docencia no funciona, cambiar de rubro nunca viene mal. ¿No es que los magos sanos viven sus buenos doscientos años o algo así? — lo que me hace pensar que no quiero ni imaginarme lo que sucederá dentro de un par de décadas — No veo lo malo. ¿No hacemos lo mismo salvo que con diferentes tipos de mascota? — quizá el Royal es el nido de los deprimidos con su vida, como toda buena escuela. Al final y será verdad que los que no hacen nada con su vida, enseñan.

El solo pensarlo hace que me gire con rapidez y le hago una seña a la mesera, la cual parece sorprendida por mi repentina sacudida de brazo — Vamos a alegrarnos un poco el día, señor Jenkins. Al menos, así tendrás algo que contarle a tu perro cuando regreses a casa — solo me basta un par de gestos para que la joven se ponga manos a la orden. Jalo de la coleta que tengo sujeta a la muñeca y, con mucho cuidado, armo un rodete algo desaliñado en la punta de mi cabeza — ¿Cuándo fue la última vez que no fue el sujeto de la corbata ajustada? Prometo no contarle a nadie que puedes ser más que nuestro jefe — para cuando termino de hablar, la hilera de chupitos ya se encuentra delante de nosotros y tengo que agradecer sin siquiera mirar a la pobre mesera. Estoy más ocupada en tomar el primero de mi fila de cinco — Brindo por la vida de los pobres que vuelven a sus casas con animales y no saben qué hacer con su tiempo libre — aclaro, antes de comenzar a beber con rapidez. Y mierda que quema.
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Mensaje por Edward D. Jenkins el Mar Oct 20, 2020 2:53 am

Cosas peores... Decido no preguntar al respecto y mejor seguir con el ritmo de la conversación. Me parece complicado distinguir si Jolene está jugando conmigo o no, pero no puedo evitar sentirme contagiado por su risa. Así que por segunda vez en la noche abandono el gesto arrugado y amargado que tengo para reír, aunque sea un poco y por lo bajo. — Mejor ser precavido, Jolene. — Le respondo. Soy de esas personas que nunca pretende ofender. Hace mucho tiempo que empecé a evitar el conflicto en el ámbito personal. — Crecí en una casa con puras mujeres, entiendo que a veces hay gente que puede ser... políticamente incorrecta en estos asuntos. — Concluyo. ¿Estoy siendo demasiado formal fuera del trabajo? Tal vez demasiado aburrido. Siendo honesto no tengo la menor idea de cómo relacionarme con los demás. Salvo por mi familia, un par de amigos viejos y la gente del trabajo, no hablo con muchas más personas.

No puedo hacer nada más que mirar a mi acompañante mientras se acaba su cerveza. A mí no me queda mas que una botella vacía en la mesa, y no tengo intención de pedir otra porque me prefiero sobrio. De modo me conformo con esperar a que la pelirroja acabe lo que tiene en las manos. Jolene no me parece la ciudadana promedio del Capitolio, aunque sé que es del 8, o del ministerio. No se preocupa por hablarme con formalidades o suavizar las cosas que dice, tampoco se molesta en actuar acorde a las reglas de etiqueta que la gente de aquí ha adoptado en sus vidas, y esto puedo notarlo en su forma de beber y limpiarse. Pero lejos de causarme desagrado, como sé que a muchos le haría, me hace esbozar una sonrisa divertido. — Lo curioso es que muchos piensan que lo tienen, un historial en blanco. Alardean sobre él. — Me encojo de hombros. Cuando los años permiten dejar las cosas atrás la gente usa esto a su favor. En el caso de los ciudadanos del Capitolio es todavía peor, porque han construido imperios de esta manera, sin voltear atrás, pero sí juzgando a su alrededor.

Caos, muerte y destrucción... No suena a una mala historia, si me preguntas a mí estarías contando lo que ha pasado y sigue pasando. — Hay que ser un ciego o un verdadero optimista para ver lo contrario. Aunque sí creo que en este momento entre ella y yo estamos siendo muy negativos. Niego con la cabeza lentamente. — La docencia funciona. — O lo habría dejado botado hace mucho tiempo ya. — Lo que resulta insoportable a veces es toda la burocracia. — Suelto un suspiro. — Incluso yo me canso de la mierda que viene con el trabajo. — Mi propio comentario me hace alzar las cejas sorprendido. Escucharme decir algo así es raro, pero supongo que hoy ha sido de los peores días en mucho tiempo y ha conseguido exprimir esto último de mí. — Me disculparía por mi comentario pero hoy haré una excepción. — Y sin más me dejo caer en el respaldo del asiento. — Supongo. Aunque no sé si a Trina le gustaría verme rodeado de más criaturas, — Le digo con tono monótono. Los perros pueden ser bastante celosos.

No sé quién está más sorprendida. Si yo o la mesera. Pero el rápido cambio en Jolene me hace despegar la espalda del respaldo. Estoy a punto de decirle que no lo haga pero es demasiado tarde y la orden ya está hecha, así que no me resta más que reír con su comentario acerca de mi mascota. Supongo que así de patético me veo. — Es la segunda vez que me dices "señor Jenkins", preferiría que lo dejáramos en "Edward". — Hago la observación, acomodándome los cabellos desalineados del flequillo. Sonrío apenas un poco. — Definitivamente quieres matarme. — Bromeo al ver el pedido de Jolene. No quiero pensar en qué estado llegaré hoy a casa. Río un poco más alzando el primer shot para brindar con ella, antes de despachármelo, junto con el que sigue. Tengo que aclarar mi garganta. — Si no te conociera un poco, diría que estás tratando de hacer que no llegue mañana al trabajo como venganza. — ¿Cuánta resistencia es la que le tenía al alcohol? No recuerdo la última vez que bebí así. — Yo brindo por los que aún tenemos suficiente cabello en la cabeza. — Le digo antes de llevarme el tercer shot a la boca. Un largo "ahhh" sale de mi boca al sentir como cala el alcohol. — No puedo imaginar lo que dirían en el colegio si nos vieran así. — Digo con tono divertido. ¿El director tomándose unos shots? Imposible.
Edward D. Jenkins
Edward D. JenkinsMinistro de Educación

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We tried to change the world too fast ✘ Edward Empty Re: We tried to change the world too fast ✘ Edward

Mensaje por Jolene W. Yorkey el Miér Oct 21, 2020 1:04 am

¿Lo es? — no he prestado atención a los medios que tengo para llamarlo, de modo que le doy el voto de confianza basándome en que quizá a él le parece más llamativo que a mí — Edward” a secas será, pero que luego no anden diciendo por ahí que me doy el lujo de ser confianzuda con mis superiores — lo cual está claro que es una broma, puesto que si vamos a hablar de confianzas quizá debería señalar el detallito de que estoy invitándolo a una ronda de chupitos cuando se supone que es la persona que controla que no termine en la calle y con quien, al fin de cuentas, siempre he tenido que dar mi perfil más profesional. ¡Bah! Después del día de hoy, creo que los dos nos merecemos ser un poco más nosotros mismos y no los adultos amargados que dan clases, no sea cosa que hay que darle la razón a los estudiantes que creen que no tenemos vida fuera de los salones.

Mi mirada en su dirección es una mezcla entre diversión e incredulidad — ¿Matarte? No creo. Eres el doble de ancho que yo y me debes llevar fácilmente veinte centímetros. Si yo lo tolero, tú lo toleras — siento que para embriagarlo debería tomarse dos rondas solo, pero no voy a juzgar si tiene el estómago débil — Pero quizá sea mejor para todos que mañana tengas resaca. Estoy haciendo un bien comunitario, Edward. Tienes que aprovechar que todavía eres joven como para tolerar estas cosas — no lo veo como la persona que vaya a terminar descontrolándose a los ochenta, mejor ahora que nunca.

Le permito brindar, yo me doy el gusto de beber los vasos como si fuesen agua. Agua ardiente, sí, pero agua en fin. Para cuando dejo caer el último shot sobre la mesa, la sonrisa que se me patina por el rostro es chispeante, mi risa explota en el aire como una burbuja — ¡Pfff! Los estudiantes creen que dormimos en el salón y no hacemos otra cosa que corregir sus tareas. ¿No recuerdas cómo eran las cosas cuando éramos niños? — mis recuerdos de infancia no son los mejores, pero tengo bien fresca la época escolar. Revoleo mis ojos con algo de exageración — Los maestros no tienen casa, ni familia, ni beben, ni comen, ni siquiera te atrevías a pensar que tenían pareja porque ser profesor te elimina automáticamente de ser alguien que tiene sexo. Solía pensar que era un empleo deprimente — confieso, apoyo los codos sobre la mesa y uso mis manos para entrelazarlas entre sí y sostener mi mentón. Esto me permite clavar mis ojos en su rostro, como si en verdad estuviera analizando cada una de sus expresiones — Tiene su encanto enseñar, pero crea todo un estigma alrededor de tu figura. Quizá deberíamos renunciar. Tú puedes irte con la mesera, que de seguro estaría encantada con la idea y yo puedo llamar a mi ex para arrepentirme diez veces antes del mediodía mañana. Y ya luego, siendo personas libres lejos de todo estigma, empezaremos una vida de muebles y cuentos ilustrados con sangre, caos y destrucción. ¿Y la nueva ley? — como si estuviera diciendo algo completamente sensato, arqueo las cejas y abro mis ojos de par en par — Se la pueden meter en el culo.
Jolene W. Yorkey
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Mensaje por Edward D. Jenkins el Sáb Oct 24, 2020 12:57 am

Lo es. — Le respondo elocuente. No es que me importe cómo me llamen, usualmente en el colegio todos me conocen como el profesor Jenkins. Pero a veces, cuando estoy fuera de la oficina, pienso que este formalismo me envejece unos cuantos años. Y justo ahora, bebiendo con Jolene, ser llamado así hace que me sienta de la edad de mi padre, cosa que me resulta de lo más extraña. — Oh, no podría imaginarme jamás eso. — Respondo a su broma. Desde el momento en que entró hecha una furia hace días a mi oficina creo que el asunto de la confianza quedó sellado.

Me remuevo en mi asiento, enderezándome, cuando compara nuestros tamaños. Todo el tiempo me sucede lo mismo, soy un grandulón para los demás, pero está bien, estoy tan acostumbrado que es un hecho que suelo ignorar. Hasta que lo hacen notorio, claro. Supongo que como dice ella eso me da ventaja frente al alcohol, haría falta más bebidas para embriagarme, aunque esa hilera de shots hace que lo dude fuertemente. No suelo beber así, no quita y me pongo incluso peor de lo que puede acabar ella. — Con resaca o no tendría que presentarme. Alguien debe estar para recibir las nuevas quejas. — Y esto último lo digo con menos pesadez que antes, buscando convertirlo en un chiste cruel hacia mí mismo. — Aunque siempre puedo llegar un poco más tarde de lo usual. — La sola idea me hace sentir más relajado. Tiene razón. Necesito soltarme un poco, aprovechar los años que me quedan de juventud, la vida es en exceso corta, aún siendo mago. — Creo que no te sorprenderá, pero tiene literalmente años que no hago esto.

Apenas llevo 3 shots cuando Jolene ya ha acabado con los suyos, cosa que me hace apresurarme a tomar el cuarto. Ni siquiera sé por qué le estoy siguiendo el ritmo cuando en otro momento no lo haría. Agh. Basta, debo dejar de pensar en eso. Necesito esto, necesito ser otra persona, si es que eso tiene sentido. Aunque no sé qué tanta diferencia haya entre el Edward de la corbata y el que está aquí sentado. Antes de que pueda terminar mis shots, la voz de Jolene me distrae. Resoplo divertido. — Demasiado cierto. Recuerdo cuando estaba joven haber recibido la noticia del embarazo de una de las maestras. Fue toda una revolución. — Estando del otro lado las cosas resultan chistosas, pero supongo que tiene sentido que los alumnos nos miren de esa forma. No es que se equivoquen mucho conmigo de todas formas, si hay algo que me falta es vivir la vida un poco más.

La actitud de Jolene me hace sonreír de lado, sosteniendo aún el último shot. No he sentido los efectos tan fuertes como se le presentan a ella, pero empiezo a sentir ganas de reírme sin razón aparente. Cosa que controlo, porque conciencia me queda bastante. Con un suspiro decido tomarme el líquido sobrante, aunque su siguiente comentario casi hace que escupa. Mi risa se escucha más clara de lo usual, e incluso se prolonga un poco, antes de que me cubra la boca con una mano. — ¿De qué estás hablando Jolene? — Dejo el vasito restante en su lugar en la mesa, y decido que esta vez la corbata que descansa en el respaldo del asiento es mi nueva servilleta. — Lo de la mesera puede esperar para otro día. — Que probablemente no llegará. — Con respecto a lo otro puedo ser el cuidador oficial de tu teléfono, al menos hasta que esté seguro de que no harás nada que te cause arrepentimiento mañana. — No sé qué tanto debería meterme con ello, pero en este momento en el que todo me parece chistoso, esta acción de buena fe parece ser adecuada. — Y acerca de lo último... Brindaría por eso si aún pudiera hacerlo.
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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Sáb Oct 24, 2020 1:38 am

Años o no que no hace esto, aún así no lo veo quejarse cuando se va llevando chupito tras chupito a la boca y bien que es pálido, porque puedo empezar a jurar que sus mejillas se encuentran algo más rosadas; quizá yo también me veo de la misma manera, algo me dice que estoy más despeinada de lo que estaba hace un rato y siendo un papel es normal que la ebriedad, aunque sea leve, se me pinte en los poros. Hasta la risa que se me escapa es tan ruidosa que acabo sonando como un chancho atragantado y tengo que llevarme el dorso de la mano contra la nariz en un intento de contener un sonido que no debería ser permitido en la ciudad más jodidamente lujosa del país. Hasta sospecho que hay una mujer con el pelo parecido a un chicle que me mira algo escandalizada a nuestra izquierda.

¡Estoy hablando de la más pura realidad, Edward! — intento no gritar pero todo el escándalo se me va a la manera que tengo de golpear la mesa con mi palma como si estuviera tratando de remarcar un punto obvio — ¿Por qué otro día? No vas a decirme que es fea y tampoco deberías echarte abajo — no soy la persona más egocéntrica que vas a encontrar por la calle, pero estoy segura de que he aprendido a que ciertas opiniones me importan una mierda desde hace años. Sonrío a medias, pasando mis nudillos por mi mentón — Todavía no estoy tan inconsciente como para llegar a ese punto de arrepentimiento. ¿Quieres pedir otra ronda así comprobamos que tan mal podemos terminar? — sí, siempre siendo tan coherente.

Suspiro con pesadez y meneo con la cabeza, paseando mis ojos por su rostro como si de esa manera pudiese evaluar su capacidad alcohólica — No eres una persona con mucha fe en sí mismo, ¿no? — aventuro — Ni con la bebida ni con las mujeres o tus muebles. Cada cosa que dices suena a que lo sueltas controlando cada palabra o reacción. En mi opinión, la mejor medicina en estos casos es cerrar los ojos y lanzarte hacia aquello que es diferente. Ya luego verás si te gusta o si prefieres volver a lo que conoces — me encojo de hombros como si fuese obvio y, con riesgo a ser despedida por ebria, me incorporo para estirarme sobre la mesa — Pido permiso, señor director — me mofo de nosotros, de esta situación irreal en el cual le desabotono dos botones de la camisa y paso las manos por su cabello en un intento de despeinarlo. Cuando me dejo caer una vez más en mi asiento, le lanzo una mirada apreciativa, chasqueo la lengua y levanto mis pulgares — Ahora pareces alguien que al menos se divierte. Si me das permiso, me iré de aquí y le diré a la señorita que quieres su número. Y ya luego podrás contarme cómo resultó. O siempre puedo seguir hablándote de sueños frustrados, tú eliges. Yo tengo bien en claro lo que yo eligiría — y para ser deprimente, tenemos todos los días.
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Mensaje por Edward D. Jenkins el Sáb Oct 24, 2020 2:17 am

La risa de Jolene lejos de espantarme hace que me ría más. Sé que estamos siendo escandalosos. Que la gente empieza a voltear hacia el lugar que ocupamos en la esquina del bar, pero no me importa, no puedo parar de reír. Como si todo el estrés que acumulé por días, contando hoy, explotara y se uniera en unísono a la pelirroja. Al menos hasta que me sobresalta la palmada en la mesa y hace que carraspee un poco para no volver a reír tan fuerte. El alcohol podrá ser la excusa perfecta, pero no creo que sea del todo su culpa que esté así. Simplemente lo necesitaba. — ¿Acaso eso fue un cumplido? — Pregunto con tono burlón. Porque sí, eso fue lo primero que captaron mis oídos. — No es fea... — Murmuro viendo de soslayo a la mujer que nos mira curiosa desde la barra. — Pero no es mi tipo. — Descarto la sugerencia con un ademán. ¿Tengo un tipo? No lo sé. No creo. Pero es una buena excusa. O una muy mala, depende de como se le vea. Mis primas ha intentado organizarme citas a ciegas, presentarme a sus amigas... Nunca ha resultado. Tal vez estoy defectuoso o simplemente soy demasiado estirado ya. Aunque no me gusta creer esto último de mi persona.

Arqueo las cejas. — Ja, eso suena a reto, pero temo que tendré que declinar la oferta. No estoy seguro de qué será de mí con otra ronda. — Me mofo de mí mismo, desviando la mirada un momento, solo para regresarla a ella cuando vuelve a hablar. Esta vez mi gesto divertido se ha esfumado y me encuentro rascando mi nuca y apretando los labios. — Me descubriste. — Respondo apesadumbrado. Es cierto. Trato de mantener el control siempre, tener respuestas listas, ser formal, político, estar listo. Tal vez sea una coraza que forjé con mis propias manos para protegerme, tal vez estar en el Capitolio por los pasados 12 años me cambió. Como quiera, es quien soy. ¿Puedo cambiarlo? Sí, ¿Cómo? Ni idea. Pero creo que esto es un comienzo.

Me inclino hacia delante con los codos recargados en mis rodillas y las manos entrelazadas. — ¿Entonces debería hacer eso? ¿Cerrar los ojos y ya? — Le pregunto curioso. Aunque mi gesto cambia en el momento en que se recarga sobre la mesa en mi dirección. Me sobresalto, recorriéndome un poco hacia mi asiento, pero no me muevo mucho más. — ¿Jolene? — Pregunto con clara sorpresa sintiendo las mejillas un poco más calientes que antes. Obviamente cosa del alcohol. Suelto un suspiro dejando caer la cabeza un momento solo para voltearla a ver con una ceja arqueada y una sonrisa que declara mi mediano sentimiento de vergüenza. — Ya sé a quién recurrir cuando quiera verme menos... yo. — Es lo único que se me ocurre responder. — ¿Ya te vas? — Pregunto enderezándome. — Si me preguntas a mí, elegiría la segunda. Así que no le des mi número a la señorita, por favor. — Arqueo los labios. — ¿Pero quién soy yo para pedir que hables de esas cosas? — Concluyo. — Aunque al menos déjame invitarte las bebidas, es lo menos que puedo hacer luego de fallar en lo que hablamos el otro día... — Comento lo último entre dientes. — ¿Puedes llegar sola a casa? — Mi cuerpo sigue pegado al asiento, reacio a moverse, pero termino por acercarme un poco hacia la mesa. — ¿Cómo planeas irte al 8? — Traslador es una opción, tren otra, pero es algo tarde ya y no me gusta la idea de que el alcohol juegue en su contra. Siempre puedo asegurarme de que llegue bien, aunque no creo que le guste esa idea, seguro me asegurará que siempre se ha encargado de ella misma o algo así. Así que me quedo estático en el asiento esperando su respuesta.
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Mensaje por Jolene W. Yorkey el Sáb Oct 24, 2020 2:44 am

Quizá… — me hago la interesante como si un cumplido de mi parte fuese algo por lo qué pelear, cuando en verdad solo estoy buscando el meterme con él como el fastidio que puedo llegar a ser — ¿Y cuál es tu tipo? — es una pregunta al pasar, que jamás me creo demasiado cuando la gente utiliza esa excusa, quizá porque me parece algo extraño el calificar a las personas por “tipos”. Excepto a los hijos de puta, pero creo que esos no entran en discusión cuando estamos hablando de posibles encuentros físicos y amorosos. ¿Qué me decline la oferta? Solo consigue que le haga un mohín, pero no voy a discutir. Mi expresión solo cambia cuando pasa a una sonrisita de suficiencia — Siempre descubro a las personas — tampoco estoy tan errada, por esa misma razón me he llevado terribles decepciones.

Está claro que cerrar los ojos y saltar es lo único que se me ocurre para no caer en medio de la desgracia cuando todo parece repetirse cada día. No soy una persona de demasiadas actividades sociales, incluso puedo decir que soy capaz de contar mis amistades con los dedos de una mano y, aún así, de vez en cuando una salida a un bar solitario rompe mi repetición constante para no sentirme tan miserable. Asiento como si ese fuese todo el consejo que puedo darle, que ya es un hombre adulto que sabe lo que quiere… Incluso cuando su manera de reaccionar es la de un adolescente inexperto al cual jamás una chica le ha puesto las manos encima aunque sea solo para tener un cambio de look improvisado.  Levanto las manos en el aire como si no tuviera que darme las gracias — Cuando quieras, solo te costará una cerveza — es mi mera oferta.

Lo que me toma por sorpresa es la reacción confusa que tiene a continuación y que me hace abrir tanto los ojos que creo que se me van a caer. ¿Quiere que me quede o desea acompañarme a casa? Se nota que no está en sus cabales, lo que hace que dude un instante lo que se supone que tengo que contestar cuando mi cerebro no está funcional — Aún hay trasladores y no me creo tan pasada de alcohol como para desaparecer… — sugiero, aunque la idea de tenerme mucha confianza y terminar con una pierna en el diez por accidente no suena tentadora — Aunque debo decirlo, que prefieras seguir bebiendo conmigo y mis filosofías de vida en lugar de irte con una chica es todo un halago. ¡Y luego soy yo la atrevida! — obvio que no estoy hablando en serio.

Lo mido con los ojos y decido que, al fin y al cabo, no puedo ser tan cruel con una persona que mañana tendría que recibir a los padres con una resaca insoportable. Como he pagado mi bebida en la barra, me levanto con total desenvoltura y acomodo la tira de la pequeña cartera que cuelga a mi lado — ¿Quieres una visita al distrito ocho? Ya que te ofreciste… — lo cual no es cierto, jamás utilizó esas palabras exactas y, aún así, lo reto con un arqueamiento de mi ceja — Nunca está mal volver a las raíces en tiempos de crisis, mi terapeuta me lo dice seguido — no es cierto, es algo que me dije a mí misma. Sin más, me doy la vuelta y empiezo a andar con paso decidido a la puerta — ¡Vamos, Eddie, que mañana hay que madrugar! — no sé si va a seguirme o no, pero en cuanto estamos fuera y el viento helado del otoño me golpea en la cara, creo que puedo pensar con mayor claridad. Desarmo el rodete improvisado, ese que se está cayendo de todas formas y rebusco en mi bolso hasta dar con el cigarrillo que enciendo entre mis labios. En cuanto lo veo de nuevo, le sonrío entre el humo para tenderle la mano — Confío en que no vamos a sufrir una patética despartición conjunta — aseguro. De ahí a que en su lugar quiera ir a su casa, es otra opción.
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Mensaje por Edward D. Jenkins el Lun Oct 26, 2020 10:19 pm

No tengo idea. — Le digo riéndome de mí mismo. Alardear de tener un tipo sin siquiera haber establecido esto, solo era una excusa más para ahorrarme complicaciones, ¿A quién le gustan las complicaciones después de todo lo que pasamos en la vida? — Tal vez alguien a quien le gusten los perros... — Y sí, me doy cuenta de lo ambiguo, y mal, que suena eso, pero lo hago desde el entendido de que no podría salir con alguien que no soportara la atención que le doy a mi cachorra. Sonrío cuando bromea, y asiento con la cabeza. De pesimista a sonreír, no es tan mala noche como creía.

Me tengo que aclarar la garganta para evitar bromas hacia mi persona por la reacción que tuve. No suelo tener ese tipo de gestos con... bueno, con nadie fuera de la familia, así que me ha sobresaltado. Aunque supongo que si lo ves desde afuera resulta patético que alguien de cuarenta años reaccione así. O chistoso, de cualquier forma no es algo que me enorgullezca. — Mientras Ted Trotter no se entere, ¿Verdad? — Bromeo, retomando nuestra última conversación. Que si ella puede molestarme, ¿Por qué yo no?

Me río cabizbajo y de manera serena con su broma. — Debes haberme contagiado. — Porque entiendo que lo que he dicho pueda malinterpretarse, pero aprecio que Jolene se lo tome por otro lado y mejor bromee al respecto. Tal vez no debería olvidarme de los límites laborales a mantener, pero en un día como estos cuando ambos compartimos la derrota, sienta bien poder hablar así con alguien.

Al final dejamos el tema de la mesera por la paz y me levanto al mismo tiempo que lo hace ella. — Claro, una visita al 8 suena como lo que necesito. Además, no estaría de más asegurarme que la profesora de duelos llegue sana y salva a su casa. Ya sabes, para no estar solo con esto mañana. — Bromeo al final. No es mentira lo que he dicho, en el 8 tengo familia, tal vez no a mis padres biológicos, pero sí a los que me criaron, mis tíos. Quien sabe, quizá su opinión con respecto al tema renueve mis energías y me haga llegar de mejor humor mañana. Me toma un poco más de tiempo que a Jolene prepararme, pero decido solo ponerme el saco otra vez y hacer bolita la corbata en uno de mis bolsillos. Cuando paso a pagar me encuentro con que ella ya ha cubierto el costo de lo suyo, así que pago el resto y la alcanzo afuera. Me reconforta saber que está esperando, así que sin más tomo su mano para desaparecer en el frío de la noche.
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