The Mighty Fall
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One brick at a time we watched it fall ▸ Rebecca

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Jun 29, 2020 12:11 am

Todo el mundo sabe como empiezan estas cosas, no muchos conocen como termina. Pasa con todo, en realidad, con absolutamente todo, empiezas diciendo que solo será una vez, hasta que a esa primera vez se le suma una segunda y la tercera ya se siente como algo que forma parte de la rutina. El problema está en normalizarlo, normalizar una cosa hace que una persona piense que está bien, no importa lo dañina que pueda llegar a ser, si se repite lo suficiente como para convertirse en un orden. Me gusta tener las cosas bajo control, las personas que me conocen, que no puedo jactarme de que sean muchas porque mi círculo social es más bien cerrado, lo saben, y es esa misma vida estructurada de la que me gusta fardar cuando todos los demás parecen haber perdido el rumbo de las suyas. Son simplemente cosas que a mí no me pasan. O no me pasaban, al menos.

No me enorgullezco de nada de esto, no espero que nadie en una posición parecida lo haga porque no tendría sentido, y soy consciente de lo que hago, en realidad. Eso es lo que me repito una y otra vez cuando enciendo un cigarro de vaya a saber qué contenido, tomo algunas pastillas antes de ir a dormir y otras acciones que ni siquiera voy a mencionar, porque sé lo que estoy haciendo, el problema llega cuando a pesar de repetir esas palabras, me cuesta darme cuenta de que no puedo parar. Se siente demasiado bien, en el momento por supuesto, luego la sensación de mierda que me recorre en el interior del cuerpo es tan desagradable que se convierte en un ciclo vicioso del que no puedo ni deseo salir. Hay días en los que pienso ¿para qué? Ni siquiera merece la pena ninguno de los sentimientos que se acumulan en mi cuerpo desde hace semanas, meses incluso, es preferible dejarlos a un lado por el tiempo que dura el efecto de la droga y esperar a que regresen para volver a repetirse.

Mi sueño ha mejorado, eso desde luego, mi descanso no tanto. Pero como a la mayoría le importa lo superficial que pueda verse un problema y no necesariamente lo que ocurra detrás de esa primera capa de apariencia, pues a vista de cualquiera, como podría ser Dave, que deje de murmurar el nombre de Lackberg en sueños es un paso en la buena dirección. Como tenemos horarios distintos los únicos momentos del día en que tenemos para conversar son las cenas o los desayunos cuando nos despertamos a la misma hora, pero siendo que he ocupado esas situaciones con otras tareas para las cuales me encierro en el baño, ni siquiera esos detalles son un problema. El problema llega cuando mi cuerpo empieza a apagarse, por decirlo de alguna manera, momentos en los que mi corazón va a mil por minuto y otros en los que hasta yo misma me preocupo porque no lo siento latir. La preocupación me dura dos segundos igual, creo que ese es el sentimiento que cuenta, el no querer parar.

Sé que Rebecca grita algo porque mi cabeza lo escucha con efecto de eco al tener que tomarse un poco más de la cuenta en procesar el mensaje. Para el inicio del entrenamiento mi cerebro ya estaba en otra parte, pero cuando han pasado unos escasos veinte minutos ya puedo sentir como mis músculos fallan a las indicaciones que mi cabeza trata de darles. Mi brazo estirado en dirección a la figura móvil a base de magia cae a un lado cuando la imagen se distorsiona a mi alrededor y todo lo que veo es un exterior borroso a pesar de mis parpadeos, esos que se sienten lentos y pesados. Puedo notar la sensación de estar a punto de desmayarme acumulándose en el fondo de mi cabeza, que por un momento pienso que la figura que se acerca soy yo misma viéndome en un espejo, uno bastante distorsionado. Necesito un golpe a la realidad que recibo de mí misma al gritarme mentalmente que me concentre, más no es hasta que reconozco a mi madre a escasos centímetros que logro enfocar algo en la sala por primera vez desde que llegué. — ¿Qué? — por si fuera para mejor, mi voz también la escucho a modo de efecto rebote cuando me dirijo hacia ella, que ni sé lo que me ha dicho.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Lun Jun 29, 2020 1:18 am

¡LANCASTER!— bramo a la enésima vez que la llamo. —¡CENTRATE DE UNA JODIDA VEZ!—. El último de los aurores que quedaba merodeando en la sala huye con ese grito. Desde hace un rato que el ambiente cambió por culpa de mi mal humor o, mejor dicho, por las estupideces que ella lleva cometiendo como si tuviera los reflejos de un espantapájaros. Un estudiante de primero de la escuela mostraría mejor puntería con ese muñeco, de lo que ella puede y me enfada que lo haga así porque soy quien está controlando su entrenamiento, ¿no puede dejar su maldita rabieta por fuera de la base? Es una auror, maldita sea. ¿Por qué tiene que comportarse como una cría? — ¡LANCASTER!—. Por poco no quiebro mi varita con el agarre furioso de mis dedos al ver que vuelve a errar, tengo todo el cuerpo tensionado y hace rato que recogí mi cabello en una coleta alta, así que para desahogar mi frustración resoplo contra los mechones que me caen sobre el rostro.

Entonces lo puedo ver, la vacilación en sus movimientos, la manera que tiene su cuerpo de inclinarse como si estuviera cediendo a la gravedad y el gesto ceñudo en su rostro cada vez que sus ojos se encuentran con los míos, es reemplazado por una expresión ida que me hace caminar hacia ella antes de pensar en lo que estoy haciendo. La había creído delgada, pero al tratar de sostener sus brazos percibo cómo debajo de su uniforme de auror no hay más que huesos inestables y de cerca se aprecia mejor lo afilado de sus rasgos, como son los de alguien que ha perdido peso de manera abrupta. Son imágenes con las que una se tropieza muy seguido en las calles del norte, entre mendigos y pedigüeños. —¿Lancaster? ¿Estás bien?— la retengo por los codos hasta que puedo lograr el contacto visual que me permite ver la confusión en su mirada. —¿Estás enferma?—. ¿Por qué demonios no dijo nada? Se está sobre exigiendo como una idiota en vez de decirme que no se sentía bien, procuro silenciar la punzada de culpa por estar gritándole.

Y esa vaga culpa se disipa cuando al sostener su barbilla puedo examinar mejor sus ojos. No, me digo a mi misma que no lo haré, no es algo que me guste hacer, mucho menos lo haré con ella. —No estás enferma, ¿verdad?— lo digo con un tono tan neutral como peligroso, como la víbora que puedo ser enrollándome en mí misma para morder mi propia cola. Cierro mis manos alrededor de sus brazos para encaminarla al banco que tenemos más cerca y la hago sentar con poca delicadeza, su cuerpo se siente como una bolsa de huesos que tengo que acomodar en un lugar. —¿Qué carajos te estás haciendo?— muerdo entre dientes, no espero a su respuesta porque no me la dará, así que la busco entre sus pensamientos al obligarla a mirarme y no tengo que llegar demasiado lejos, si no fuera porque renuncié a ser su madre la abofetearía en este momento. —¡¿QUÉ DEMONIOS CREES QUE HACES?!— rujo al soltarla con brusquedad. —¡¿POR QUÉ MIERDA TE HACES ESO?!—. Estoy tan fuera de mí que tengo que alejarme unos pasos y darle la espalda cuando entierro los dedos entre mi cabello para no marcárselos en la mejilla. —¡¿QUÉ CARAJOS ESTÁ MAL EN TI?!— grito al enfrentarla, apenas lo digo lo sé, todo está mal en ella, como no podía ser de otra manera con la sangre mezclada que tiene
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Jun 29, 2020 2:09 am

Joder, sí que puede gritar esta mujer, es capaz a darme un dolor de cabeza por sí solo con ese griterío con el que se entretiene, el mismo que recibo como si fueran cuchillos afilados dentro de mi cerebro. Enfocarla me cuesta unos segundos largos en los que tengo que preocuparme también por mantener los pies sobre la tierra, que ya empiezo a sentir como el mismo suelo da vueltas y si me paro quieta es porque parte de mi peso lo puedo descargar cuando toma mis brazos. — No, es solo que... no me encuentro bien — no voy a admitir que estoy enferma cuando no es el caso, que es sabido en toda la base que no he faltado a un solo entrenamiento en lo que llevo dentro del escuadrón, ni siquiera en el colegio pues tenía el máximo porcentaje de asistencia, pero tampoco voy a mentirle en la cara diciendo que me encuentro como las rosas cuando es evidente que bien podría irme al baño a vomitar ahora mismo. El qué eso ya sería parte de otra cuestión completamente diferente.

Aparto la barbilla de su mirada cuando la sostiene, casi como si me molestara mirarla y bueno, que no es que sea mentira en un día corriente, pero es evidente que esta vez lo hago por una razón bastante distinta. — Necesito un poco de agua, eso es todo — murmuro. Recién me paro a pensar que tengo la boca seca y no precisamente por lo que llevamos de entrenamiento, que viene siendo nada y menos, sino por otras cuestiones que no cuesta demasiado imaginar, al menos no a mí. Tomo asiento en el banco dejándome caer sobre él, para apoyar mis codos sobre mis rodillas y mis manos recorren mi rostro hasta el borde de mi cabello, recogido en una coleta. Tiro de la goma para dejar caer mi pelo sobre mis hombros, así me libero de la tirantez que está empezando a afectar a mi cabeza y me distraigo del momento que aprovecha mi madre para enloquecer, las razones las desconozco, pero no me sorprende que utilice cualquier oportunidad para hacerse la protagonista.

¿Se puede saber a qué vienen esos gritos? Levanto la mirada del suelo, observándola, de esa manera en que mis pensamientos son reflejados en las expresiones de mi rostro, si no fuera porque no estoy para estupideces quizá hubiera tomado una postura diferente. — ¿Eres tú la que está enferma o qué? — el tono de mi voz es mucho más relajado que el suyo a pesar de mi molestia, lo que no espero es que empiece a acusarme de esa manera que me hiere más que cualquier otra cosa. — ¿Mal en mí? ¿Acaso te has mirado en el espejo? — bien, creo que ya se percibe mi irritabilidad, es una característica ya de por sí mía, que ha ido en aumento con todo lo que me he estado metiendo en el cuerpo, pero qué va, si cree que voy a quedarme aquí a soportar sus rabietas está muy equivocada. — Soluciona los problemas que tengas antes de venir a recriminarme a mí lo que creas que sabes — ¿pero qué...? Bufo de forma exagerada, tomando la fuerza para ponerme de pie — Deduzco que hemos terminado.
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Mensaje por Rebecca Hasselbach el Miér Jul 01, 2020 2:53 am

Su mirada confusa por mi exabrupto me haría creer que es inocente de mi acusación, si no fuera porque las imágenes van a través de mi mente con la nitidez que necesito para saber que ha estado metiéndose mierda en el cuerpo, cuando le pedí que entrenara justamente para asegurarse de seguir viva y no que buscara la manera de mandar todo al carajo por otro lado. —¡¿Qué diablos te hizo creer que drogarte es una buena idea para venir a entrenar?!— grito, lastimando mi garganta al hacerlo, por la rabia, no por el tono. Si alguien más lo hiciera, podría dejarlo pasar, que se ha comentado que desde la academia más de un auror comparte con otros las pastillas o los filtros que creen que le darán más rendimiento en duelos, es algo sobre lo que puede hacer la vista gorda si les sirve y sobre lo que yo misma no tengo autoridad para reprobar, sino se tratara precisamente de Alecto.

Por eso es una bofetada de su parte que actúe en cada oportunidad que tiene como el espejo que me muestra lo peor de mí, que hay bastante para mirar, lo que molesta es su saña en ello, tal como si fuera un propósito personal el hacerme consciente de cada una de mis faltas. Mi propósito personal con estos entrenamientos es que dejaran de afectarme sus palabras, sus actos y su sola presencia, sigue encontrando maneras en las que no puedo ignorar lo que hace o deja de hacer. No la entregué a la supuesta familia de bien de la que me habló Georgia para ver justamente eso, como mis problemas se proyectan en ella y que pese a toda la basura cara que fue parte de su vida, encuentra las mismas formas para depender de lo que le hace daño. —¿Vas a decirme que no te drogas? ¿Tendrás la cara para negarlo?— la acuso, por poco mi dedo índice no choca con su nariz al ir hacia ella a toda prisa, con la intención de intimidarla. —No se trata de mí, ni te atrevas a hacerlo algo mío. ¿O eso es lo que quieres? ¿Cuánta mierda quieres probar para sentir que te pareces a tu madre? ¿Necesitas sentirlo?— escupo, para que con esa comparación baste en hacerle ver que está tomando decisiones estúpidas. —No, no terminamos nada. No te irás a ningún lado. Te quedarás y hablaremos de esto, no me obligues a llevarte a un hospital—. No tengo idea, por primera vez no tengo idea de que hacer, tengo el impulso de ir a buscar a los Lancaster para decirle que son unos inútiles.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Miér Jul 01, 2020 10:07 pm

Abro la boca para rechistar, cuando inmediatamente después la tengo que cerrar porque me doy cuenta de que ni siquiera tengo ganas de hacerlo. En su lugar me encojo vagamente de hombros, el mohín de mis labios indica que mi respuesta va a ser una que, aparentemente, no va a gustarle demasiado. — Suena como cualquier otra buena idea si a mí me lo preguntas — que, a juzgar por su tono interrogatorio, es precisamente lo que está haciendo. Bien, dije que no estaba orgullosa de lo que estaba haciendo, pero la verdad es que he comprobado ya varias veces que es mucho más fácil soportar a mi madre en este estado, razón por la que quizás esta mañana me pasé un pelo más de la cuenta. ¿Me importa? No. Esa otra de las ventajas, el efecto que puede tener esta mujer sobre mí por el simple hecho de ser mi madre y ser capaz a ponerme de cabeza con cada comentario, es una cosa que suprime el consumir, y siendo que no parece que me vaya a librar de ella en ningún tiempo cercano, uno tiene que sacrificar algunas cosas.

A diferencia de en otras ocasiones, su actitud no es algo que me altere y, en su lugar, casi sin ser consciente, un hilo de risa asoma por mis labios. — No tengo que negar nada, solo hace falta que eches un vistazo a tu alrededor, ¿crees que nadie aquí lo hace, que solo soy yo? No encontrarás a una sola persona en un rango de diez metros en esta base que no se haya metido algo en la última semana — y casi como si fuera a invitarla a comprobarlo, muevo mis manos en dicha invitación, antes de que caigan a ambos lados en un gesto cansado. Porque sí, lo estoy, pero no por los efectos en sí, sino por todo en general, ella, el mundo, como parece querer reírse de mí cada vez que tiene oportunidad. Ni siquiera me importa si desea despedirme por haberme presentado en estas condiciones a un entrenamiento, si quiere hacerlo, ¿sabe qué? Mejor, así no tengo que ser yo quien lo insinúe, que se conoce que soy una persona con orgullo, ese que sigo manteniendo a pesar de las circunstancias.

Ni toda la mierda del universo me haría sentir como tú — el pasotismo no le quita crueldad a mis palabras cuando las dirijo hacia ella, he notado que la adicción me convierte en una persona terrible, pero tampoco es como si fuera muy diferente a lo que solía ser sin ella. — Como quieras — me dejo cae de vuelta en el banco al sentir la necesidad de tomar esa posición que las dos sabemos no le corresponde, no lo hago por darle la razón, tampoco porque crea que tiene una mínima posibilidad de saber lo que siento, si no porque no me interesa en lo absoluto lo que tenga para decir y no hará una diferencia el que me quede o me vaya. — ¿De qué es lo que quieres hablar? Ten en cuenta que no eres mi madre, ni mi psicóloga, tampoco te considero una amiga, así que esta conversación podría reducirse a unos escasos segundos de cordialidad por mi parte, no tengo que compartir mis problemas contigo — sobra decir que tampoco pienso decirle como los soluciono, no cuando ella ya parece tener una idea fija, sin que yo se lo haya dicho, de lo que ocurre.
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