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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Dom Abr 26, 2020 9:28 pm

El apartamento se encuentra sumido en un silencio poco acogedor cuando abro la puerta de casa, la única figura que aparece en el recibidor en cuestión de segundos es la bola peluda que se ha convertido en mi solitaria compañía durante este último mes, quizá algo más de un mes, un par de semanas más han podido pasar sin que haya tomado cuenta de ellas porque la verdad es que el invierno se está pasando a una velocidad sorprendente. Eso no quita que no sea una época helada, por eso agradezco el calor de la sala en lo que me quito el abrigo y procedo a acariciar la cabeza de Moriarty, demorándome detrás de sus orejas mientras él mueve su rabo con la felicidad de ver un rostro conocido. El único que ha visto en mucho tiempo, vaya. Me pregunto si todavía se acordará de que existió un tal David Meyer que también lo sacaba a pasar, le lanzaba el juguete mugroso lleno de mordidas o le daba chucherías cuando obedecía una orden tan simple como lo puede ser sentarse. Probablemente no, soy yo la que tiene que lidiar con el recuerdo de una persona que ni siquiera se molestó en dejar un mensaje.

No tengo ganas de preparar una cena laboriosa, en realidad, no tengo ganas de cenar siquiera, por lo que deshacerme de mis zapatos para después tirarme sobre el sofá es una solución muy sencilla a todos mis problemas. Viene siendo mi rutina diaria después del trabajo, ese que poco a poco me aburre más de lo que me gustaría admitir y me pregunto muchas veces si tiene siquiera sentido el seguir en un lugar en el que puedo ver perfectamente el rostro de mi madre. No me hace ningún favor el hacerlo, porque mirarla también supone recordar nuestra última conversación e inevitablemente tengo que hacerle frente a esa parte clave que he estado tratando de ignorar durante días. Lo ignoro porque no tengo la menor idea de lo que hacer con ello, es motivo también de la disminución de mi interés en absolutamente todo lo que me rodea. Si antes mi vida social era mínima, ahora es apenas existente.

Morirty decide que soy un buen colchón sobre el que acomodarse y parte de su cuerpo se aposenta sobre mi abdomen, sigue emocionado de poder encontrar compañía y hasta creo que se ha acostumbrado a esto de que sea solo yo y exclusivamente yo quien esté. Es irónico como de todas las cosas que hablamos Dave nunca haría, fue la primera que cumplió. Si se me escucha suspirar es precisamente porque me doy cuenta de que no puedo pasarme el resto de la tarde sintiendo lástima por mí misma, de manera que me levanto, hablándole al perro como si fuera a responderme cuando le pregunto si él también quiere cenar. Lo que no espero es que al cruzarme con la puerta se escuche el sonido de las llaves en la cerradura e inmediatamente después, una melena castaña aparece por el marco. Mi mirada de estupefacción no creo que sea suficiente para expresar la cara de tonta que se me ha quedado cuando le veo, tanto que por un momento soy incapaz a decir palabra. Moriarty no tiene la misma reacción que yo, él está maravillado con su presencia y corre a invitarlo a entrar con un movimiento de rabo acelerado y hasta algún ladrido de felicidad. Después se da cuenta de lo que debe estar pasando y regresa conmigo para esconderse detrás de mis piernas, ahora sí igual de confuso que yo. — Mira quién se decidió por aparecer. — ¿qué pasaron? ¿dos meses? La dureza en mi voz debe ser un reflejo de mi pensamiento, porque no cambio la expresión de molestia en mi rostro.
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Mensaje por David Meyer el Lun Abr 27, 2020 9:11 am

Logro dar con las llaves en mi bolsillo, es bueno descubrir que sigue encajando en la cerradura y esta se abre para dejarme pasar. La luz que puedo percibir del interior me hace dudar en el umbral, no es como si hubiera otro sitio al que pudiera ir, ni al que quiera ir. La casa de mis padres dejó de ser una opción como parada obligatoria para darme el necesario baño que me quite la mala cara con la barba de varios días y la apariencia de desahuciado, me tomará más tiempo aparecerme en su puerta y dar la debida señal de que sigo vivo. No siento que pueda hacer frente aun a todo lo que fue dicho o lo que sucedió ese día, tampoco creo que sea más fácil dar la cara ante quien tuvo que lidiar con mi silencio -en verdad, tengo que agradecerle que no haya cambiado la cerradura-. Se lo diré después de que me diga todo lo que tenga que decirme y si quiere arrojarme la colada, supongo que está en su derecho de hacerlo.

Sí, me espero lo peor, como toda persona que sabe que estuvo en falta, espero recibir mi castigo por ello. Del único una bienvenida cariñosa que me vendría bien es de Moriarty, pero no puedo quejarme de que hasta el perro se contenga y elija volver con quien sí lo cuidó este tiempo, como sabía que lo haría pese lo irónico de quien lo trajo y quién lo rechazó en un principio, se cumplió lo que sabía que iba a terminar pasando y es que el perro sí podría mantener la promesa de ser el amigo que Alecto pudiera necesitar. —¿Si digo que estuve salvando ballenas vas a golpearme?— pregunto, porque hacer una broma, por muy erróneo que sea, es lo que logro sacar de mi garganta, en vez de cualquiera de las razones que me llevaron a simplemente desaparecerme ese día y que no me importara nadie más que yo mismo.

Sigo parado a pocos pasos de la entrada, el apartamento se ve tan limpio como lo recuerdo y me esperaba, así que miro mis zapatillas sucias con culpa. —¿Sigue siendo mi habitación?— consulto, por las dudas, al quitarme las zapatillas y entreabrir la puerta para arrojarlas dentro, así al menos al avanzar hacia la cocina lo hago descalzo y sin dejar una huella de tierra con cada paso, cada uno lo doy con la incertidumbre de no saber qué hará ella, una parte de mí me dice que siendo tan racional como es, va a preguntarme qué fue lo que pasó, hay otra parte de mí que es la está gritando que corra, me dice que va a arrojarme lo que tenga más a mano. —Quiero que sepas que pensaba volver— aclaro de entrada, no es como pensaba encarar esto, pero comenzar por el final me parece lo más idóneo. —Me llevó más tiempo del que pensé, pero pensaba hacerlo— o no, hubo momentos en los que dudé que tuviera algún sentido volver, la vida de todos sigue de alguna manera y lo que sea que yo hiciera también podría hacerlo alguien más así que… ¿qué sentido tenía si estaba bien dónde estaba? Enojado y dándole la espalda a todos, un gran lugar, no hay dudas. —Gracias por no cambiar la cerradura— eso definitivamente iba al final de todo, ¿y en serio el perro no va a saludarme? ¿Por qué sigue mirándome desde detrás de las piernas de Alecto como si fueran un frente unido y yo el extraño?
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Vie Mayo 01, 2020 7:00 pm

No es mueve un solo músculo de mi cara, tampoco del resto de mi cuerpo, cuando sigo manteniendo la vista fija sobre la figura de David, mis cejas ayudan a mis ojos a transmitir el enfado que siento acumulándose debajo de la piel. Hasta contengo el aliento y tengo que obligarme a respirar cuando en serio me entran ganas de golpearlo, más por ese comentario bromista que me saca todavía más de mis cabales, si es que me quedaba alguno para empezar. Pese a todo lo que siento, soy incapaz a moverme del sitio y mis labios apretados deben ser un reflejo de lo que se acumula en mi cabeza, porque de todos los pensamientos solo puedo escoger el que me grita que lo golpee o que le estampe la puerta en la cara y gritarle que regrese por donde ha venido.  Porque si pude tener un millón de sentimientos de preocupación durante los primeros días de su ausencia, esa poco a poco se fue transformando en el rencor que guardo por todo este último tiempo, por cada una de las personas que dicen formar parte de mi vida y que irónicamente solo pertenecen a una historia que alimentan con sus propias mentiras. Pero por mucho reproche que quiera escupir, me doy cuenta de que lo que estoy ahora mismo es enfadada.

No lo sé, compruébalo tú mismo. — lo hace, aunque solo sea para lanzar dentro sus zapatillas llenas de barro y mi mirada lo sigue como un radar esperando a que haga un movimiento en falso para poder chillar. No me muevo de mi lugar a pesar de que él se adentra en la cocina como si nada hubiera pasado, como si las semanas no hubieran transcurrido sin que él dejara rastro de vida, lo cual me hace enfadar más con su explicación divina. — Oh, qué considerado, ¿por qué no me dijiste cuando? Así quizás te hubiera podido hacer una tarta de bienvenida, colgar globos o algo, te hubiera recibido con una pancarta que diga “Gracias por avisar, pedazo de mierda” — bueno, creo que el odio que he masticado por mi madre en estos días y que me he conformado con tragar está empezando a salir a la luz, no necesariamente hacia la persona indicada, incluso cuando Meyer se lo tenga merecido, soy consciente de que no son las formas.

Me muerdo la mejilla interna, tengo que cruzarme de brazos para no sufrir la tentación de pegarle un puñetazo. — No pensé que volverías, cambiar la cerradura hubiera sido un gasto de dinero innecesario por alguien que ni siquiera tuvo la decencia de explicar por qué se fue. — cálmate, Alecto, por favor, que ya empieza a salir humo por tus orejas, explotarás si sigues así. En el mientras tanto, el perro no se ha movido de mi lugar, fiel a la única que ha permanecido a su lado todo este tiempo y que mira a Meyer como si fuera un completo extraño. Ojalá pudiera hacer lo mismo, así podría golpearlo sin sentir remordimiento después. — ¿No existen los teléfonos móviles allá donde te fuiste? Es para la próxima vez que te esfumes, saber si funcionan los mensajes de texto o si es mejor que utilice señales de humo. — porque eso es lo que hizo, se esfumó como el humo, sin dar una señal, ni escribir un mensaje, ¿de veras tanto costaba?
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Mensaje por David Meyer el Lun Mayo 04, 2020 6:19 am

Lo malo de que el golpe se demore en llegar, es que me lleva a pensar a mí que ella debe estar pensando en todas las maneras posibles de que el golpe duela aún más. Si me tirara algo por la cabeza esto acabaría pronto, la rabia fuera con un único movimiento, si en cambio conserva su enojo como algo que va mordiendo lento entre dientes y la rodea tal aura negra, cargada de una electricidad peligrosa si trato de acercarme para tenderle mi mano en señal de tregua de paz. Mis pies no se mueven ni un centímetro más de lo permitido cuando el reproche verbal llega, procuro sostenerle la mirada para no ser un cobarde que se esconde y excusa, llega un poco tarde esta actitud y no es más que para compensar mi falta. —Porque cuando estás en plan de mandar todo a la mierda, difícilmente encuentras el momento de mandar un mensaje a tu amiga para decirle que no se olvide de sacar al perro porque no vas a poder por una semana— lo digo con una calma que marca un contraste con el tono asesino de su voz, estoy pidiéndole tácitamente que no ceda a sus impulsos de matarme, y pare eso, yo mismo tengo que rebuscar algo de tranquilidad que me mantenga en mis maneras.

Es difícil conseguirlo porque su humor es casi tangible en el aire y logra traspasar la barrera frágil que puse para escudar mis propias emociones y poder volver, es el primer paso para poder vestirme con el jodido traje de todos los días, regresar a la persona que suelo ser, con su caos temperamental a resguardo bajo un carácter tranquilo que supe formar y mostrar a otros. Respiro hondo por la nariz al cerrar los ojos y me encuentro con el mismo nudo en la garganta de todas estas semanas cuando hace hincapié en el motivo no dicho de mi partida. —Me fui por una razón, pero irme era lo que necesitaba hacer. ¿Qué sentido tenía explicar las razones? Si una persona tiene el impulso de irse, simplemente se va. ¿Por qué demonios te iba a hacer pasar por toda esa charla de mierda de que necesitaba irme?— el tono conciliador que trato de dar a mi voz para explicarme suena forzado porque así es, sé que lo digo es insuficiente y un rodeo innecesario para la poca paciencia de Alecto.

Su sarcasmo es lo que me hace cruzar los brazos y acortar un par de pasos sin que me importe que eso le moleste o precisamente por eso. —Estabas preocupada, ¿es eso?— pregunto, la miro a la espera de que me responda, y por mucho que esto le enfade, tengo que decirlo y lo hago con la misma dureza que usa ella. —No tenías por qué, sé cuidar de mí y si algo llegara a pasarme sería responsabilidad mía. Luego podrías decir que me pasó por idiota y estaría bien, ¿ok?— no suena como una broma, ni intento que lo sea. Moriarty con su gruñido por lo bajo al notarme tan cerca no colabora con la situación, más bien parece que quiere hacer ver su propio descontento. —Si te preocupé, lo siento. Me hubiera gustado poder decir lo que sea antes de irme, quizás dentro unos años pueda manejarlo mejor. Pero era lo que necesitaba hacer en ese momento y no voy a disculparme por eso— soy claro en ello, puedo tener mis pies en el Capitolio, pero reconozco ante mí que me costó mucho traerlos hasta aquí, todavía me pesan las razones por las que me fui y estoy tratando de agarrarme a las que me mantienen en este lugar. —Y antes de que me digas que fui un amigo de mierda por irme y dejarte sola, quiero que puedas ver que estoy aquí— digo con mis dedos señalando el suelo de esta cocina, —no me tires encima tus complejos de no querer sentirte sola, porque sí tuve bien presente cuando me fui que te enojarías conmigo, pero que lo harías estupendamente estando sola porque es como mejor sabes estar— digo con un enfado que al sacarlo fuera, me doy cuenta que estaba ahí y también lo que digo después. —Porque en tu vida, me mueva a la izquierda o me mueva a la derecha, está mal. Si me voy, está mal. Pero si estoy, también está mal. Tengo una baldosa muy pequeña donde pararme en tu vida y ni siquiera se mantenerme ahí, me salgo todo el tiempo de las líneas— sueno exasperado. —Todo por estar dando vueltas a tu alrededor y al irme, ni siquiera sé si tiene caso volver, pero lo hago.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Mayo 04, 2020 10:49 pm

Sabes que no me refiero a eso, ¡te esfumaste, David! Te fuiste de un momento para otro sin dar siquiera una explicación, y no, no te la estaba ni estoy pidiendo, me hubiera bastado con un un “hey, me largo por unos días” si es que verdaderamente pensabas regresar después de un tiempo. — ignoro la parte que dice querer mandarlo todo a la mierda, esa es una pregunta que me reservo para cuando se me pasen los humos y las ganas de gritarle todo lo que no he podido hacer por teléfono, porque ni siquiera me dio la oportunidad. — No necesitaba más que eso. — continuo con mi postura, dedicándole una mirada que lo recorre de arriba a abajo en busca de alguna otra pista que me indique dónde ha podido pasar este tiempo, pues su aspecto deja mucho que desear, si voy a ser honesta.

El resoplido que lanzo me mueve los pelos que caen a ambos lados de mi rostro al haberse escapado de la trenza que me cuelga por la espalda, pero estoy lejos de darle un respiro cuando vuelve sobre sus excusas. — ¿Y crees que yo te hubiera forzado a quedarte? — pregunto, alzando una ceja, nuevamente tengo que repetirme. — No quería una explicación de tus motivos, David, quería un aviso, es lo mínimo que se hace cuando convives con alguien. — bufo, porque la gente se preocupa, que alguien desaparezca de un día para otro es razón para hacerlo, casi llamo a las autoridades por el amor de Morgana, ¡y yo soy la autoridad! Algo en lo que dice después me hace cambiar completamente de postura, hasta dejo caer mis brazos a ambos lados de mi cuerpo. — Porque… no lo sé, ¿somos amigos? Aunque está claro que he malinterpretado todo, supongo que no estamos en la misma página y lo que yo siento por ti no es recíproco. — bueno, eso no sonó exactamente como yo quería, vamos a reformular. — No iba a ser quién te forzara a hacer nada, menos a quedarte si lo que necesitabas era marcharte, pero quizás, si me hubieras dejado, quizá te hubiera podido ayudar, eso es todo. — dejémoslo así.

Ni me doy cuenta de que mi humor se ha relajado porque no tarda en caldearse de nuevo cuando lo que dice a continuación me hace querer tragarme todas las palabras que he soltado, lo delata la forma que tengo de arrugar los labios y que me expone incluso cuando yo no puedo verme el rostro. La incredulidad es lo primero que expresan mis facciones, mis cejas moviéndose a la misma sincronía con la que habla mientras mi boca se mueve de manera que voy a reprochar sin llegar a hacerlo hasta que termina. — ¿Ahora de repente esto se trata de mí? No, perdona, no te voy a permitir que lo lleves a mi terreno cuando ni siquiera estamos discutiéndome a mí, ¿complejos de no querer sentirme sola? Eso ha sido un punto bajo hasta para ti, Meyer. — me ofende, pues claro que lo hace, el que utilice algo sobre lo que hemos conversado en más de una ocasión como forma de corregir sus errores, como si nada de ello fuera realmente importante. Pues a la mierda, no he llegado a confiar en su persona para que a la primera oportunidad empiece a recriminarme sobre lo que ya le advertí más de una vez. — ¿Ósea que ahora soy yo el problema? — el tono escéptico de mi voz es el de alguien que no puede creer lo que está escuchando, hasta me señalo con un dedo posado sobre sobre mi pecho. — Mira, David, haz lo que quieras, vuelve si es lo que deseas, márchate si lo prefieres, si tan pequeña es la baldosa sobre la que te sostienes cuando estás aquí. Yo solo estaba preocupada por ti y quería saber si estabas bien, no creo que eso sea tan grave. — y aunque podría discutirlo más, el movimiento que hacen mis hombros acompañado de mi cabeza, al encogerse de una manera que me hace mostrar muy diferente a mi postura habitual, suspiro. Hago un amago de hablar, moviendo mis labios, pero se queda en el aire y termino por sacudir el mismo con una mano, alejándome por el pasillo. Me cansé, me cansé de discutir y no llegar a ningún lado, me cansé de fingir y de ser el problema al que todos quieren señalar.
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Mensaje por David Meyer el Mar Mayo 05, 2020 5:19 am

Cuesta escuchar lo racional que puede ser otra persona sobre esos pequeños gestos que hubieran bastado para que un arrebato no tomara la forma de un drama, de esos que puedo armar en unos pocos minutos así como otra gente puede hacer un pudín. Cuesta porque no tengo más respuesta que una rabieta para explicarme, así que aprieto con tal fuerza la mandíbula que no me creo capaz de volver a hablar, y sin embargo lo hago, porque puedo darle respuestas bien pensadas si nos metemos en esto de hablarlo dejando fuera que me cegué en ese momento, soy capaz de verlo todo más nítido ahora, hubo cosas que en ese entonces también lo vi claro. —No, jamás, nunca me hubieras forzado a quedarme— digo en voz alta lo que tengo en mi cabeza desde que me fui, —por eso mismo, no hubiera podido venir a decirte que me iba, no quería que pareciera que… no quería sumirte en todo el drama de irme, que seas parte de eso, son cosas que están mal en mí y tengo que arreglarlas yo, no meter a alguien más en esa especie de vórtice…— murmuro, froto mi nuca al no poder hilar decentemente una oración con otra, en la más penosa, pero sincera excusa que tengo para ella.

Sacudo algunos mechones con mi mano al rodear mi cabeza al tratar de relajar el enfado que surge tan fácil, pero no es eso, sino lo que dice, lo que anula por dos minutos cualquier emoción, porque necesito de toda mi concentración para hilar de un modo decente cada oración que ella ha dicho con otra. No tengo la menor idea de cómo será sufrir un colapso mental y estoy casi seguro que es lo que estoy padeciendo ahora, porque soy el que sigue tratando de entender lo que ella ha dicho, mientras insiste en exponerlo todo de la manera más sensata posible ¡y quiero gritar! — ¡Sé que me hubieras ayudado! ¡Sé que hubiera venido, te habría contado todo, me habría calmado y al día siguiente estaría de vuelta en el ministerio trabajando para el ministro Powell!— lo hago, grito. —¡Y seguiría siendo una maldita bomba a punto de explotar cada día!—. Cosa que detesto ser, es lo malo de que meta demasiadas emociones donde no debería y que eso me lleve a puntos dramáticos en los que todo lo que me merezco recibir es un puñetazo por parte de Alec, si no es de ella, será de otra persona.

Pero no lo hace, quiero preguntarle con el mismo grado de frustración por qué no me golpea en respuesta al golpe bajo que yo acabo de darle y me llena de culpa cuando lo dice, porque en un momento parece estar buscando que diga una palabra en falso para mandarme al demonio y no es lo que hace, es ella la que se va al demonio y me deja en la pequeña baldosa de la que ya me salí, que ha quedado a tres baldosas de distancia. Y como ya estoy fuera, la sigo. Mis pies chocan con Moriarty que no sabe a dónde ir así que se adelanta a nosotros para ir a tumbarse al sillón. —Necesitaba irme para explotar lejos y que nadie resultara lastimado, ¡es eso! ¡de eso se trata! Necesitaba sacar mi mierda fuera, hacer mi rabieta de niño de cinco años, enojarme con el mundo— lo digo como una explicación de lo anterior, que llega tarde porque no sirve para excusar lo último que dije, se escucha como una mentira que me cuento a mí mismo si lo primero que hago al volver es ir contra ella y la lastimo. —Eso que dije sobre que te sientas sola… lo dije porque no dejaba de pensar en eso y me sentí en falta, a veces necesito un tiempo para trabajar lo que está mal en mí, y por más que eso significara estar en falta contigo por dejarte sola, lo hice para volver. A veces irse es necesario para poder volver…— suspiro profundo al decir esto último que carece totalmente de sentido, cruzo en un par de zancadas la distancia entre nosotros para rodearla contra mis brazos y estrecharla de manera que no sea tan sencillo darme un golpe que me aparte. —Perdón— susurro contra su pelo, —por todo. No sé cómo dejar de sentirme equivocado en cada cosa que tiene que ver contigo, eso era lo que quería decirte. Porque todo esto se trata de que quise ser alguien que hiciera bien las cosas y sigo sin poder lograr que así sea con los demás, y entonces si no puedo ser esa persona, quizá debería alejarme. Porque no encajo en lo que esa persona necesita, y hago esto, vuelvo aunque no encajo, porque no estoy listo para irme del todo, no quiero hacerlo. No son tus complejos, son los míos hablando— aplasto su cabello con la palma de mi mano al dejarla caer hasta su nuca, aflojando lo estrecho del abrazo. —Claro que eres mi amiga, aunque sí creo que estamos en distintas páginas y el sentimiento no sea el mismo porque somos demasiados diferentes como para poder coincidir.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Mayo 11, 2020 7:45 pm

Me es difícil mantener la mirada sobre su figura cuando todo lo que sale por sus labios son explicaciones que no llevan a ninguna parte, eso me hace pensar que es exactamente lo que pretende conseguir con la seguidilla de excusas que suelta. No está entre mis planes discutir sobre lo que es evidente no tiene que ver conmigo, en otras circunstancias, no, en otra época, me la hubiera traído al fresco lo que hiciera con su vida, pero es irritante el modo en que estos últimos meses han hecho que aprecie la relación que tenemos como para simplemente dejarlo ir. — ¿Arreglar el qué? ¿De qué estás hablando? No hay nada que “esté mal” contigo, solo trabajas en una oficina… — pongo los datos sobre la mesa, no estoy equivocada al decirlo, que como mucho puede estresarse llevándole el café al ministro Powell al mismo tiempo que carga con un montón de papeles… ¿no? No quiero sonar impertinente, pero si tengo que ser honesta, y en todo lo que él lo ha sido conmigo, no me cuadran estos arrebatos suyos de personalidad distópica, que nada tienen que ver con quién es como persona, o como quién se ha mostrado ante mí, al menos.

Ósea, que no te gusta tu trabajo. — lo digo tal como suena, como si fuera una obviedad tan simple de solucionar como de entregar un papel con su firma de renuncia. — Porque sabes que si no te gusta siempre puedes hacer otra c… — no llego a terminar la frase porque sus gritos me recuerdan que no se trata de su empleo, si no de otros motivos más importantes si han conseguido que Dave, precisamente Dave, a quién tomo como referencia para explicar lo que significa la paciencia, pierda completamente los estribos. — ¡Pues cuéntamelo! ¡No sé qué te ocurre, Dave! ¡Desapareces de un día para otro y luego regresas… ¿diciendo que te sientes como una bomba a punto de explotar? — por si no fuera suficiente expresarlo con todo mi rostro, no entiendo nada. — No tienes que explicarme nada si no quieres, es tu vida, pero no puedes esperar que comprenda tus razones cuando lo único que tienes para decir es excusarte con que necesitabas irte. — que, por si no lo aclaré, está perfectamente bien, ni sé por qué me molesta que no me haya dicho cuando está bien claro que formamos parte de dos mundos completamente distintos.

Es a la conclusión a la que pretendo llegar cuando me alejo con la intención de encerrarme en mi dormitorio hasta que sea la mañana siguiente y podamos fingir que ambos tenemos cosas que hacer, cuando se acerca y mi primera reacción ante el tacto es querer golpearlo. No lo hago a pesar de que mantengo mis brazos sujetos bajo mi pecho, mi mandíbula sigue tensa incluso cuando su voz en comparación se siente más suave que hace unos minutos. Y estoy enfadada, pero una parte de mí no puede evitar soltar lo siguiente: — ¿Qué mierda tienes en la cabeza que te hace sentir así? — porque vamos, si a mí lo que me sobra es el orgullo, a Dave lo que al parecer le hace en falta es un poco de autoestima. — No sé con quién te andas juntando para creer que necesitas ser algo específico para alguien, pero te puedo asegurar que esos no son tus amigos. — debe de ser su novia, ¿siguen saliendo? Qué sé yo, jamás volvió a mencionarla desde que se mudó al departamento. Me separo de su cuerpo, aun con los brazos recogidos, para apoyarme sobre la pared del pasillo, pasando parte de mi peso sobre ella, en el mientras tanto mis ojos se pasean por su rostro. — Somos quienes somos por una razón, Dave, no tienes que cambiar por nadie, ni encajar con lo que pidan de ti, no vivimos para satisfacer las necesidades de los demás, por muy buena persona que seas, no es así. Acabarás consumiéndote si te guías por lo que la gente espera de ti, o de lo que seas para ellos, si dejas de guiarte por quién eres tú para convertirte en un muñeco de promesas falsas. — porque sé que David es esencialmente eso, una buena persona, que estaría dispuesto a hacer lo que fuera por alguien que probablemente ni se lo merezca. Con un suspiro que me remueve parte del cabello que cae por mi rostro, le observo. — ¿Vas a contarme qué mierda te ocurre o tengo que golpearte para que entres en razón? — él sabe de sobra que no bromeo cuando digo lo último, que soy bien capaz de hacerlo si se me cruza el cable, y esos no los tengo bien enchufados estos días.
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Mensaje por David Meyer el Mar Mayo 19, 2020 8:16 am

Pregunta equivocada… o no, tal vez es la pregunta indicada. Quizá todo está en mi cabeza, pese a que abrazarla sea lo que me reconforta como para poder tranquilizar mi mente y poder pensar una segunda vez lo que estoy a punto de decir, salvándome de decir otra tontería que da vueltas sobre lo mismo sin aclarar nada. Mi carcajada se pierde en el aire al oírle. —Por alguna extraña razón, que mandes a la mierda a mis amigos me conmueve un poco…— murmuro, no espero que lo escuche o si lo oye, que tenga una respuesta a ese comentario banal. Mis ojos siguen fijos en su postura cuando se recarga contra la pared y hago lo mismo, coloco las manos a mi espalda, escondiéndolas, es lo que puedo ocultar de su vista para concentrar allí mi frustración. Si no digo nada es porque no hay modo que pueda contradecir lo que me aconseja por mi propio bien y que me vendría bien recordar de ahora en más, sabiendo que fracasaré en algún otro momento, con otras personas… no tiene que ver con ellos, es mi drama mental. —No suelo tener claro quién soy, así que es difícil tomar eso como salvavidas— es lo que alcanzo a contestar, la única aclaración que me permito para demostrar mi imposibilidad de detener huracanes cuando presiento que estos van a arrasarme. —Trato de descubrirlo, de entenderlo con todo lo que he vivido y las personas que he encontrado, y sigue siendo confuso a veces…— me guardo para mí la infantil expresión de preguntarle si a veces no siente que hemos nacido en el mundo equivocado.

Suelto otro suspiro al hacer que mi espalda resbale por la pared, me siento sobre el suelo del pasillo con las piernas dobladas así puedo apoyar los brazos sobre las rodillas. Rasco mi mentón con la mirada puesta en el piso, mis cejas al curvarse muestran mi cautela al preguntarle: —¿Te acuerdas cuando te dije que había sido amigos de rebeldes alguna vez?—. Detesto hacer esto de acomodar el discurso de mi verdad de una manera en la que quiero evitar su rechazo a toda costa, cuando siendo justo con ella, es quien me lo podría demostrar con toda razón. —Sigo siéndolo, colaboro con ellos a veces, trabajar en la oficina ayuda…— y lo estoy haciendo, estoy omitiendo el nombre de Kendrick, estoy bordeando esto todo lo que puedo. Un atisbo de valentía debe quedar en mí como para que alce mi barbilla para mirarla a la cara. —Y seguiré haciéndolo. No por ellos, no por cumplir expectativas y tratar de ser la persona que otros esperan que sea, sino porque eso es lo que hago. Muchas cosas en el ministerio están mal y siempre que crea que algo está mal voy a colocarme en la vereda opuesta— es lo que le dije a Phoebe, mi propia voz queda resonando en mi oído, tengo que cerrar los ojos por un segundo. —O hasta que todo esto deje de importarme y me de lo mismo lo que cada persona haga con la mierda que le toca, cuando me supere la mía…— lo digo con abatimiento, el final predecible a las luchas que no llevan a ningún lado. —Pero me siento un hipócrita con todos mis amigos, la verdad es que me gusta demasiado estar de este lado, no he pensado irme al distrito nueve con ellos— confieso, mis ojos evitan encontrarse con los suyos hasta que lo hago. No podría decir que siento que este es el lugar al que pertenezco aunque me mueva entre lados, si bien en este momento lo siento así, tal vez mañana esté en cualquier otro sitio. —¿Qué tan irónico es que entre todas las cosas que creo que están mal de este lado, también está todo lo que me hace bien?— susurro, rodeo mis rodillas con las manos y tengo que pasar el nudo en mi garganta al preguntar lo que queda, con toda la calma posible para que no tenga que ser una despedida difícil y puesto que he le dicho lo que quería saber, también del golpe que merezco podemos prescindir. — ¿Quieres que me vaya?
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Miér Mayo 20, 2020 9:11 pm

No tienes por qué tenerlo claro hoy, tienes veinticuatro años, nadie espera que sepas quién eres a esta altura todavía, no deberías sentirte mal por eso. — aclaro, como si fuera un consejo que yo misma debería aplicar también a mi rutina diaria. Yo sí puedo decir que hubo un tiempo en el que estaba segura de quién era, de lo que quería en la vida incluso cuando no incluyera una visión extremadamente lejana. Con el presente me valía y eso es, definitivamente, algo que echo en falta sentir. Porque ahora todo ha cambiado. No tengo una jodida idea de quién soy, de donde provengo no son más que mentiras, las verdades me las soltaron como puños y no estoy en el punto en el que pueda aceptarlas todavía; quizá es por eso que me guardo las últimas revelaciones para mí, no tengo intención alguna de ponerme con novedades precisamente esta noche, que yo se suponía que estaba enfadada. — Y seguirá siendo confuso, es parte de ello, los humanos no venimos con manual de instrucciones. — muy a mi pesar, quién me conoce sabe que me hubiera estudiado esos si de verdad supiera que tienen una oportunidad de funcionar.

Lo observo deslizarse por la pared hasta quedar sentado en el suelo, mis ojos le siguen en intención de acompañarle, pero no lo hago hasta que comienza a hablar y tengo que asentir con la cabeza ante su pregunta, porque todavía la recuerdo, no ha pasado tanto tiempo como para que olvide nuestras conversaciones. Olvidar es una de esas cosas que me cuesta hacer, perdonar, al parecer, también es una de ellas. Con el tiempo lo hago. No me quedo indiferente con lo que me suelta, si acaso me hago más pequeña en mi lugar, incluso cuando puedo sentir el ardor bajo mi piel y mi corazón latir con más fuerza, puede que de estupefacción. Lo prefiero antes que la decepción. — ¿Por qué me dices esto, David? — no sé si es consciente del ahogo en mi voz cuando intento expresarla en el ambiente, la misma se disipa tan rápido como salió. — Eres consciente de que con esta confesión, mi deber es entregarte a las autoridades, ¿verdad? ¿Eres consciente de eso? — no puedo evitarlo, me pongo de pie a una velocidad vertiginosa, y mis brazos me acompañan al cruzarse sobre mi pecho, remarcando mi postura. Esa que, por si no queda claro, no es de enfado, es de pura incomprensión humana y, por qué no decirlo, decepción. Se me hace un sentimiento conocido estos días, meses. — ¿Qué tan importante era decirme esto? ¿Para qué necesitabas decirlo? — la misma persona que hace poco le recriminó a su madre no haber hecho o dicho ciertas cosas, es la misma que ahora le está recriminando a otra persona el haberlo hecho. Supongo que la diferencia está en que ya sabía que mi madre era un rata, pero David es mi amigo. O eso creía al menos.

Ahora no estoy tan segura de eso. Me quedo observándole con el entrecejo fruncido, un lienzo propio de los pensamientos que van y vienen de mi cabeza disparados de un lado a otro sin nadie que les ponga un freno. Abro la boca para hablar, pero no salen palabras de ellas, meneo la cabeza y me trago el suspiro que estoy por escupir, pero nada. — ¿Que si quiero que te vayas? — por querer me gustaría golpearlo, si voy a hablar con sinceridad. — No. Quiero que me digas qué se supone que tengo que hacer, qué es lo que quieres que haga, qué hago contigo. — se va, me miente a la cara, a diario, ¿todo por...? No lo entiendo, la verdad es que no lo entiendo. — Dímelo, necesito una respuesta, necesito saber qué hacer ahora. —  es todo lo que voy a darle, una oportunidad a que se explique, mejor de lo que ha hecho ahora, una razón por la que haberme abierto a él no se sienta como una pérdida absoluta de tiempo y sentimientos.
Alecto L. Lancaster
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Auror

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Mensaje por David Meyer el Vie Mayo 22, 2020 8:05 am

¿Qué me hizo creer alguna vez que terminar la escuela, trabajar en el ministerio o patear sin rumbo por el norte me iba a hacer saber lo que tenía que hacer con mi vida como si la respuesta fuera un paquete que se entrega en un momento puntual? Cuando más estable es todo, cuanto más firme es el suelo sobre el que piso, cuando cada quien parece estar en el lugar que le corresponde en mi vida, mis prioridades parecen estar claras o al menos está claro lo que sé que haré, renunciando al intento de convencerme de que podría actuar distinto. Cuando lo siento así, es que al segundo siguiente todo gira vertiginosamente, son mis propias palabras las que me hacen virar brusco, encontrándome en una incertidumbre que me regalo a mí mismo porque ese parece ser el estado natural al que necesito volver. —Pierdo todas las esperanzas cuando eres quien dice, de todas las personas, que esto es y seguirá siendo confuso— murmuro, no creo conocer a alguien que tenga su norte tan fijo como lo tiene Alecto, es una chica que sabe a dónde va y te romperá la nariz si te metes en su camino.

Quizá que rompa la mía es lo que pueda darme la nueva perspectiva que necesito y da la impresión de que es lo busco que haga cuando sigo hablando, diciendo todo lo que desde el minuto en que me permitió vivir en este departamento, sabía que no querría escuchar. Alguna vez pensé que si las cosas se ponían complicadas, podría decirle que me había conseguido otro lugar o que haría un retiro espiritual, lo complicado tiene muchas maneras de ser y a veces es lo que retiene en un lugar hasta que alguien diga las palabras que no puedes convertir en hechos por tu propia cuenta, como irte. —Pero no lo harás— digo, no hay arrogancia en mi tono. —Te lo he dicho porque sé que no me entregarás. Tengo un cupón que firmaste por el cual me debes un favor y también…— me rindo, mis hombros caen sin más, la miro inspirando hondo. —Porque eres mi amiga— suelto con el aire que venía guardando, y estoy esperando que con un único movimiento me demuestre lo contrario, por el cual vea aparecerse aurores de la nada para llevarme, porque es lo que debe hacer. Es lo correcto. —Los dos lo único que tratamos, con todas nuestras fuerzas, es hacer lo correcto. ¿Por qué es tan complicado?— susurro.

Y no, no soy quien tiene las respuestas, ¡ella es quien la tiene! Por cobarde que sea de mi parte cederle a ella los honores de decir que ya no somos amigos. Si solo me dice que me vaya ella estará haciendo lo que se supone que debe hacer y yo me iré, como debe ser. Seríamos pésimos actores de teatro, el guión está claro y permanezco sentado buscando, si no es la respuesta a todo, por lo menos que sea la verdad de cómo me siento en este instante. —No me entregues, dame la oportunidad de intentarlo, de tratar de mejorar lo que creo que está mal y ser parte de las personas que algún día harán una justicia distinta por haber podido ver más allá del Capitolio y luego de tantas muertes sin sentido…— caigo en la vehemencia al hablar. —Dejaré que seas la primera que me diga a la cara que soy un idiota cuando, de tantas veces que me frustre, termine por rendirme. Pero hoy todavía no quiero rendirme con esto— musito, mis ojos buscan los suyos para rogarle por esa oportunidad. —No hay bandos. No hay un ellos y nosotros, pensarlo así me hace sentir dividido y es entonces cuando pierdo de vista a dónde pretendo llegar. No quiero sentir que estoy caminando sobre ninguna línea al medio, quiero que sea un camino que me pertenezca a mí. Y si tengo que ser honesto, quiero que estés en él…— presiono mis labios hasta formar una línea, es mi modo de obligarme a callar y detenerme en los segundos que hacen falta para pensar lo que diré a continuación: —Mucha gente cercana a mí se mantiene en un terreno neutral y luego está otra gente que va hacia un extremo, al que quizá hubiera ido por culpa de mi temperamento de no conocerte. Te paraste en mi camino marcando una dirección opuesta a la que iba y creo que fue lo mejor que me pasó. Porque entonces dejó de tratarse de ser neutral o de extremos, sino poder ver existen muchos puntos desde los cuales ver la vida, muchos… ¿Algo de lo que digo tiene algún sentido para ti?— me interrumpo a mí mismo. —Decir simplemente que te necesito suena pésimo.
David Meyer
David Meyer
Abogado

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