The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Charles B. Sawyer
Personal de Defensa
He escuchado muchas cosas sobre los primeros días de paternidad, como que no vas a pegar un ojo o que no tendrás ni tiempo para darte una ducha o comer. La verdad es que o todos son unos tremendos exagerados o Hayden es el bebé más bueno de la faz de la Tierra; yo no estoy loco, parece que mi hijo ha agotado toda su energía en nacer dos semanas antes de lo pactado y ahora se dedica a estar aburrido con un mundo que no era tan emocionante como él esperaba. Duerme casi toda la noche, es demasiado cronometrado para comer y, por lo demás, tiene un rostro de viejo arrugado que mira todo a su alrededor sin mucho interés. Lo único que parece gustarle demasiado es la voz de su madre y el móvil que suele girar sobre su cabeza en la cuna, con un montón de planetitas y estrellas brillantes. Su personalidad quedó completamente marcada cuando conoció a la bebé más cercana que tiene, su prima, la cual por poco casi se le tira encima y lo aplasta con su gordura al conocerlo, mientras que él ni se inmutó. Hasta recibió los besos babosos y todo, hasta volver a quedarse dormido. Obviemos que después le vomitó el traje a su tío justo antes de tener que irse a una junta ministerial.

Ruego que hoy se porte tan bien como siempre cuando su otro tío aparece en escena para conocerlo, apenas ha sonado el timbre que yo ya he ido con la pelotita rosa envuelto en una manta verde, de esas que tienen la cabeza de un sapito en uno de los extremos; Phee dice que es adorable, yo lo veo un poco turbio — ¡Y aquí tenemos al que se encargará de llevarte a tomar cerveza cuando nosotros te digamos que no lo hagas! — es pura broma, que ni siquiera me imagino a Jacques haciendo algo como eso, pero me toca creer que será un mejor compinche que yo cuando se suponga que tenga que ponerle límites. Con una palmada en su brazo con la mano que tengo libre, intento dejar a Hayden a la vista. Está despierto y el gorro le ha caído tanto sobre la frente que hasta parece estar de mal humor — No le digas a Phoebe, pero yo digo que parece un duende de Navidad — bromeo en un murmullo que pretende ser compinche, a pesar de que pongo mi mejor cara de santo cuando mi mujer aparece en escena.
Charles B. Sawyer
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Phoebe M. Powell
Director del Servicio Social
No me escondo, soy una de esas madres histéricas que anda detrás de lo que hace su bebé incluso cuando lo único que puede hacer es quedarse observando lo que tiene a su alrededor, llorar, o tomar de mi pecho. Esa comprensión llegó días después de su nacimiento cuando nos dimos cuenta de que como bebé no hace mucho. Es más tranquilo de lo que hubiera esperado siendo hijo mío y si me despierto por la noche es porque tengo que alimentarlo cada poco y no necesariamente porque esté llorando. A veces me pregunto si es que se les olvidó darle al botón de encendido porque si fuera por él se pasaría el día durmiendo al punto de que se quedaría desnutrido y eso, siendo que es un bebé más pequeño que el resto, no interesa que ocurra. Cuando se me pasó la histeria de los primeros días, caí en la cuenta de que dio paso a algo peor y es que que soy un poco dramática. Considerando que nació dos semanas antes de lo previsto y debido a su tamaño, por poco no me lanzo yo contra mi sobrina cuando se abalanzó sobre mi hijo con un ímpetu que casi se me corta la respiración. Puede que se me escapara un ¡HANS, QUE SE LO COME, SE LO VA A COMER! en un gritito agudo que me lanzó de mi lugar hasta comprobar que no, no se lo estaba comiendo, solo le estaba dando besos babosos y a Hayden ni siquiera parecía molestarle.

Ahora estoy tranquila, intentando aprovecharme de esta etapa calmada, según lo que leí en un libro es normal que en las primeras semanas se comporte de esta manera, en la que parece que está en un estado de somnolencia continuo y ni siquiera parece ser consciente del mundo a su alrededor. Así que mi instinto maternal me dice que no puedo dejar que mi marido se la pase jugando a que es un avión o a hacer montoncitos de cereales en su cabeza como si fuera una especie de competición, pero soy tan convincente que termino tumbándome a un lado a modo de participación silenciosa mientras los observo con cara de boba. Puede que esté mal que yo lo diga porque soy su madre, pero es la cosa más bonita sobre la que alguna vez he puesto los ojos, con los suyos que son enormes y de un potente azul, mejillas rosadas y ese cabello que empieza a verse más rubio con el paso de los días. Pero nuevamente, si hay algo que se me permite siendo madre es alardear sobre mi bebé, que para algo me dio tantos dolores de cabeza. Y si solo fueran de cabeza…

He subido al dormitorio a por una chaqueta fina de lana pues me he quedado fría en estas últimas semanas de invierno para encontrarme con que Logan ya está en la puerta mientras me envuelvo el cuerpo con la tela y dejo mis brazos enroscados en lo que me acerco. — Sí, el gorrito de cascabel lo guardamos para ocasiones especiales, ¿no es así? — bromeo con una risa, aunque no sin rodar los ojos. — No se te puede dejar solo ni un segundo, que ya andas diciéndole a la gente que nuestro hijo tiene aspecto de elfo. — aparto con suavidad un poco del gorro que le cubre la cabeza para depositar un beso en su frente antes de pararme a recibir a su tío. — Y por eso yo no puedo esperar a que sea Pascua. — ¿qué es más mono que un bebé vestido de conejo? Mejor que duende, sería como un Peluso humano... Y después de esta fabulosa conversación de presentación: — ¿Qué te parece tu sobrino? Es una pregunta de única respuesta. — sonrío más ampliamente, porque yo sí sé presumir de bebé, la mirada que le dedico a mi marido pretende expresar precisamente eso.
Phoebe M. Powell
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Invitado
Invitado
Es más triste de lo que hubiera esperado, el darme cuenta que mi madre es a la primera y a la única que llamo para contarle que he sido tío cuando me entero, con una emoción que traspasa el teléfono porque eso quiere decir que «mi familia» creció, ya no somos solos tres, somos cuatro hombres ahora, y que esa madre no sea Eloise LeBlanc, quien está estrenando el título de abuela tanto como Eugene y yo el de tíos. Y más triste es escuchar a mi madre con una emoción similar a la mía, cuando doy por hecho que Eloise lo está viviendo con absoluta indiferencia. Por consejo de mi madre compro un peluche de camino a casa de Chuck y Phoebe, un oso tan blanco que parece hecho de nube, con una cinta celeste en el cuello como detalle. Creo que fue un error exagerar con el tamaño, porque mi sobrino no es más grande que la pata del oso. —Chuck tenía cara de perezoso cuando era bebé, así que no puede decir nada… no, espera— finjo que mis ojos recorren las facciones de mi hermano, —la sigue teniendo, le faltan las hojas entre los pelos— sonrío para mostrar que estoy bromeando, y dejo el peluche sobre mis zapatos, así puedo tener los brazos libres para tratar de tomar a mi sobrino haciéndole un hueco en el interior de mi codo para apoyar su cabecita –también el sapo- y con el otro brazo abrazar su cuerpo.

Es una cosa bonita, Phoebe. Es muy pequeño, ¿no le pasará nada si lo estoy sujetando fuerte?— pregunto, que conozco la teoría de los bebés y sé que así se los agarra, pero nunca los he tenido más de cinco minutos conmigo hasta que regresan a sus padres, como debe ser. Busco el parecido del niño con sus padres, ajá, ahí veo… esa arruga de Chuck. —¿Quién lo hubiera dicho? Mi hermano logró tener una cosita de estas, ¿loco, no? ¡Qué miedo!— la broma me sale con una carcajada mientras acuno al bebe meciéndome sobre mis pies, claro, como si necesitara que lo calmara, no hace más que respirar. —¿Sus pestañas no son muy claras?— tengo mi rostro casi sobre su nariz. Trato de recordar si Chuck o Eugene las tenían así, eran muy rubios cuando sus estaturas eran más bajas que las de un duendecillo, en contraste con mi tono que toda la vida fue más trigueño, no digamos por herencia de quien. No tiene caso siquiera pensar en ese hombre.

Pese a que busco en mi memoria, los recuerdos de ese entonces son los mismos de siempre y demasiado amargos como para traerlos al presente cuando el niño que tengo en brazos no tiene por qué heredar esa historia, su vida será muy diferente a la nuestra. Si algo puedo decir de Phoebe por lo que la conozco, es que nunca se apartaría de su hijo, y saberlo, por triste que sea tenerlo como una balsa de seguridad, me hace sentir agradecido hacia ella. —Hola, Hayden, soy tu tío Logan. A mí es a quien tendrás que llamar cuando tú y tu papá prendan fuego la casa tratando de hacer palomitas, para que no se entere tu mamá…— le hablo al bebé, no me animo a tomar su manito de dedos diminutos. —Se ve muy tranquilo, ¿seguro que hay genes de Chuck en este bebé o es puro Phoebe?— pregunto en chiste, mis ojos todavía puestos en sus parpados cerrados esperando un gesto de su parte.
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Charles B. Sawyer
Personal de Defensa
La cara de inocente panecillo no me sirve para nada cuando Phoebe aparece en escena, a quien le tengo que sonreír con toda la calma que soy capaz de transmitir — Pero es el elfo más guapo de todo NeoPanem — tomo como aclaración salvavidas, que tampoco tiene mucha competencia si hablamos de las caras de aquellos sirvientes enanos de orejas inmensas. Mi puño en el hombro de mi hermano no tiene nada de maldad, que hasta yo admito que mi aspecto de niño dejaba mucho que desear. Parecía una nutria dormida la mayor parte del tiempo — Gracias por el señor oso esponjoso — me hago con el peluche en lo que él se hace que con el bebé, me parece un cambio justo y hasta puedo decir que el niño es más liviano. Sacudo la cabeza, que sé que Hayden puede parecer de papel, pero confío en que podrá sostenerlo sin romperlo en el proceso — De lo único que tienes que preocuparte es de no sacudirlo después de comer y cambiarlo rápido cuando se tira sus bombas de olor — parece sencillo, casi hasta de manual.

No contengo la risa entre dientes porque, entre toda la locura, no puedo comprender cómo es que estamos aquí y nuestra familia se está extendiendo. Hay momentos en los cuales miro al bebé y me parece totalmente extraño e increíble que exista, en especial porque el embarazo se hizo eterno y demasiado corto a la vez — Es muy rubio. Lo más probable es que su cabello se oscurezca — como me ha sucedido a mí — o termine siendo un rubio albino como su tío Eugene — que debería de pasarse alguna vez a conocer al mocoso, si no estuviese tan ocupado con su nueva vida. Sea como sea, Hayden es totalmente ignorante a nuestra charla y estira sus manitos aún arrugadas, pendiente de la voz que se presenta y solo llama su atención e interrumpe su sueño, a pesar de jamás recordar sus palabras. Apoyo el oso sobre uno de los asientos de la sala y me recargo contra el sofá principal, soltando una risa cínica y burlona ante su chiste — ¿Vago y aburrido de la vida? Me suena conocido — me señalo con gracia, solo espero que no herede otras cosas de mi carácter cuando se haga mayor.

Con los brazos cruzados, paso la mirada de mi esposa a mi hermano, tratando de adivinar si es un buen momento o… a la mierda, odio mantener estas cosas adentro — Con Phee nos estábamos preguntando… — me acomodo un poco, no muy seguro de si esto se dice con sutileza o no — Ya sé que todo el tema de los bautismos en nuestra familia es confuso y posiblemente es algo más simbólico que religioso, pero queríamos saber… ¿Te gustaría ser el padrino de Denny? — que sí, ya tiene apodo y con su cara de culo, le va muy bien.
Charles B. Sawyer
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Phoebe M. Powell
Director del Servicio Social
Ya, ya. — intento decir con cara de ahora intenta arreglarlo, a pesar de que no estoy en realidad molesta, sino más bien divertida, porque si te paras a fijarte bien, lo cierto es que hasta tiene nariz de duende. Es pequeñita y termina en forma graciosa, se me hace más parecida a la mía y tengo que reconocer que es de los pocos aspectos que ha heredado de mí, porque en lo que apariencia general se refiere, se parece más a su padre. Me río porque no soy la única que toma consciencia de eso y el comentario de Logan me hace afirmar con la cabeza en un acuerdo compartido. — Por eso duerme tan bien la siesta, tiene a su padre para imitar, si vieras lo tierno que se hace cuando los dos están dormidos sobre la cama. — aunque suena a broma por el modo que tiene mi cabeza de ladearse, rozando el hombro de mi esposo en el proceso, no lo hago del todo cuando no digo más que la verdad, ni me hace falta una cámara para saber que esa imagen se capturará en mi cabeza para el resto de mi vida. — Uno solo comete ese error una vez. — añado a las palabras que Chuck me quita de la boca en un vuelo y me gustaría poder decir que son ciertas también, pero también creo que no será la única vez que nos vomite encima por mucho que queramos.

Acompaño el agradecimiento por el oso con una sonrisa antes de centrarme en la otra bola esponjosa que se acurruca en los brazos de su tío a pesar de que mi giro hacia mi esposo cuando hablo. — ¿Tú crees? A mi hermano también se le oscureció el pelo, pero jamás fue nunca tan rubio, quizá acabe como su prima mayor. — tengo que hacerme con fotografías de Chuck cuando era bebé para poder compararlo con Hayden a ver qué tanto se parecen con apenas unos días de vida, aunque dudo por un momento por la delicadeza con la que hay que tratar estos temas si pedirlo o no. — ¿Es posible que alguno tenga un álbum de fotos de cuando eran niños? Me encantaría ver cuánto te pareces a nuestro hijo en esa época. — murmuro en lo que me acomodo sobre el sofá a su lado, subiendo las piernas al sofá para colocarlas debajo de mí y colocar uno de mis brazos sobre el respaldo, apoyándome sobre mi mano al tener mi codo doblado. — Te aseguro que tiene más genética de tu hermano que mía, si vamos al caso. — bromeo, Hans puede corroborarlo que fue quién tuvo que aguantar a su hermana llorona hasta bien pasados los cinco años.

Paseo la mirada de Hayden a Logan cuando entiendo que Charles va a hacer la propuesta que llevamos días debatiendo porque no nos decidíamos por quién ir, pero creo que al final dimos con una buena solución. — Puedes pensártelo por todo el tiempo que quieras, hasta decir que no si lo deseas, sabemos que es una responsabilidad muy grande y no queremos… que lo sientas como una obligación solo porque sí. Nos pareció una buena idea siendo que eres familia, y… bueno, la familia debe permanecer unida. — además, parece que el niño está de acuerdo por el modo que tiene de mover sus brazos en sus sueños. Por el modo que tiene de bostezar inmediatamente después, me pregunto con lo que estará soñado para encontrarse tan cómodo.
Phoebe M. Powell
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Invitado
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No pensaba sacudirlo, me da miedo que se rompa— repito, por si no ha quedado claro que estoy sosteniéndolo con la preocupación de estar haciéndolo bien y que no reporte al niño ningún daño serio, aunque sus padres hablen de los daños que más bien podría causarme él a mí. Bajo mi vista hacia la camisa blanca que llevo puesta, mala idea, lo tendré en cuenta para cuando vuelva de visita. Todo esto de tener un bebé entre nosotros es tan nuevo que tendré que pedirle a Phoebe que me haga una lista de indicaciones a tener en cuenta, Eugene me lleva mucho en eso de que le tocará ser el tío genial, yo tengo que tratar de al menos no hacer llorar al bebé, por el momento es puro mérito suyo al estarse tan tranquilo en sueños mientras lo acuno. —Yo no— contesto a mi cuñada, nadie va a decirlo en voz alta, pero nuestra madre no nos dejó con fotografías, mucho menos álbumes cuando nos abandonó en ese orfanato. —Supongo que Eloise puede que haya guardado alguno por nostalgia— que según ella, en nuestra última y única comida familiar, su decisión de dejarnos tenía buenas razones así que cabe la esperanza de que los remordimientos le hayan llevado a conservar recuerdos. —Había dicho que le gustaría conocer a Hayden, ¿no?— pregunto, ¿o soy solo yo implantando recuerdos amables en mi mente de ese encuentro para sentirme mejor? —Si vas a verla… o ella te visita, tal vez pueda traerte algún álbum…— así es como quedamos, con un vínculo inestable con nuestra madre biológica similar a un puente colgante viejo sobre un abismo.

No digo nada cuando Chuck habla, tampoco cuando mi cuñada lo secunda, si hago algo es mirar con atención las manchitas rojas que todavía tiene mi sobrino en sus cachetes que se ven como una lámina fina y transparente, en serio es muy rubio. —Pensé que el padrino sería el hermano de Phoebe…— comento, lo precavida que es en su tono me da el indicio de que un posible rechazo de mi parte en serio estaba considerando y puesto que no estoy especialmente saltando de emoción, supongo que debo explicarme. —Nunca he sido bueno cuidando de otras personas, nosotros… aun siendo hermanos… cada uno tuvo que cuidarse de sí mismo. Cuando era niño creía que por ser el mayor tenía que cuidar de Chuck y Eugene, no fue algo que se cumpliera— de hecho, nada de lo malo que pudo haberme pasado alguna vez se acerca a un ápice a lo mal que Chuck lo tuvo en el norte o el mismo Eugene al quedar a su suerte y transitar el camino para convertirse en Jerek. —Supongo que lo pensaré, en verdad lamentaría no poder ser para Hayden la persona firme en su vida que ustedes esperan que sea. Tienes razón al decir que es una responsabilidad— asiento hacia mi cuñada, —pero no es por mí, es por él, así que lo pensaré bien— lo único que agradezco si llego a aceptar, es que estoy divorciado así que Abbey no sería candidata a madrina, ¡pobre criatura bendita! —Ya escogieron a la madrina, entonces. ¿Será Eugene con peluca rubia y vestido plateado? Porque puedo verlo cegando a todos con un vestido así de brillante, no perdería ocasión para lucir despampanante…
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Charles B. Sawyer
Personal de Defensa
Sé muy bien lo que va a contestar Logan y tengo que hacer un enorme esfuerzo para no cambiar la expresión de mi rostro. Yo no tengo demasiadas fotos de mi infancia, sólo unas pocas quedaron guardadas por lo que pude rescatar de la casa de aquellos que me criaron y de mi época como bebé, si existen las debe tener Eloise Leblanc. Me quedo callado en lo que mi hermano da la respuesta adecuada, recordándome que le he hecho la promesa a nuestra madre de que podría conocer a su nieto, ese que es completamente ignorante del desastre de familia en la que ha ido a caer — Aún no se lo he anunciado, pero supongo que no tardará en enterarse — ¿Qué puedo decirle yo, en caso de llamarla? ¿Cómo podría mantener una conversación? Sea como sea, sé que llegará el día en el cual deba enfrentarme a ella, por el bien de mi hijo. Planeo que su infancia sea lo más normal posible — Habrá que pedirle a ella — que no quiero decirle a Phoebe que lo haga al trabajar en el Royal, peeeero… es más capaz que yo.

Aunque aprieto el brazo de mi esposa de manera cariñosa, la respuesta de mi hermano no me sorprende en lo más mínimo. Asiento, que puedo comprender su duda y tampoco va a ofenderme, aunque necesito explicarme para que pueda verlo desde mi punto de vista — Aunque la idea de Eugene sea tentadora… — inicio con tono divertido — La madrina será Meerah. Pensamos que era la indicada y que la responsabilidad debía estar dividida entre ambas familias, los Powell tiene suficiente con haberme aceptado a mí — aunque busco bromear, está más que claro que no lo hago del todo. Hans aún no sabe que no lo escogimos, así que puede ahorrarse la mala cara por un rato más — Más que un cuidado, pensé en la clase de hombre que quiero que mi hijo sea en el futuro. Todos tenemos errores, Jacques… — que sí, él puede ponerse el nombre más bonito que se le ocurra, pero para mí siempre será aquel que luce el pomposo francés que va tan bien con el apellido de nuestra madre biológica — Y yo siempre te he visto como alguien a quien mirar en mis momentos de crisis. Como padrino o simple tío, espero que Hayden encuentre lo mismo y sé que lo harás bien, incluso en los momentos en los cuales yo no pueda hacerlo — que como padre, temo fallar tanto que, a veces, me pregunto qué hice para que Phoebe me diera esta oportunidad.
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Phoebe M. Powell
Director del Servicio Social
Una de las cosas que más me preocupa de ser madre es precisamente esto, no saber hasta qué punto llegar en cuanto a un pasado que no me pertenece, del mío propio también, y no son dudas que no haya expuesto en voz alta en algún momento durante los casi nueve meses que llevé conmigo a mi hijo. Sigo sin tener una respuesta, supongo que es algo que averiguaremos con el tiempo y ahora solo puedo plantearme si será entonces que nuestro hijo haga preguntas sobre una familia que no está necesariamente entera, o si por el contrario nosotros se lo contaremos antes de que la ignorancia lo lleve a cuestionarse de dónde proviene. — ¿Quieres que lo haga yo? — es una pregunta que corta el aire cuando ninguno de los dos parece encontrarse ciertamente cómodo con el tema, claro que lo entiendo, a pesar de no haber sido quien propuso a la abuela del niño que podía conocerlo. Aunque sé que el hecho de haber accedido a ello fue cuestión de orgullo más que otra cosa y de no querer caer en los mismos errores que ella, lo cierto es que no sé hasta qué punto quiere formar parte de ello. — Puedo hablar con ella, si es lo que deseas, tengo que hacerlo igualmente por motivos de la baja, pero también podemos esperar a que estés listo, no tiene por qué ser ahora. — propongo. Capaz no esté enterada porque el nacimiento de su nieto todavía es algo nuevo, pero tampoco la veo como alguien que vaya a presentarse en la puerta con un regalo de bienvenida.

Niego con la cabeza, Hans estuvo en mi cabeza como padrino, no voy a ocultarlo porque Charles y yo nos tomamos nuestro tiempo en decidirlo, pero como él no tarda en explicarse, quisimos que el reparto fuera equitativo y, aunque me interesa conocer cual será la reacción de mi hermano, tengo más interés en ver como lo hará al enterarse de que escogimos a Meerah para el puesto de madrinazgo. — Aun no se lo hemos dicho, pero sabemos que le hará ilusión, esperábamos que a ti también lo hiciera. — sonrío, aunque después me limito a mirar a mi esposo con cara de reprobación por ese comentario que no sé de dónde sale, ¿suficiente con qué? ¿acaso no ha visto nuestro historial? Me limito a mantenerme en silencio a un lado de la conversación, porque siento que en esta parte no está en mi lugar el formar parte de ella, sino que tiene que ser algo que pueda quedarse entre ellos dos. Después de todo, es comprensible que sienta cierta presión al aceptar el cuidado de alguien más en caso de no poder hacerlo nosotros. — También está la parte en que pensamos que serías el mejor para malcriar a nuestro hijo y consentirlo con boberías cuando nosotros le digamos que no. — suelto, a modo de broma con una sonrisa que intenta obligarlo a aceptar. Digo, más de lo que voy a consentirlo yo de por sí ya. — ¿Quién puede decirle que no a esa carita? — añado, ladeando la cabeza hacia Hayden, que justo parece abrir los ojos, aunque de forma costosa. En serio, a veces se me ocurre que lo han drogado.
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Invitado
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Paso mi mirada de Chuck a Phoebe y de Phoebe a Chuck, en esa indecisión de no saber quién irá a pedirle las fotografías a una mujer que se retiró del único almuerzo que tenía para justificarse siendo tan atacada por nuestros reclamos, que no creo que haya servido para nada, lo ha vuelto todo aún más incómodo. Se me hacía más llevadero estar trabajando como profesor en el Royal si fingía que no la conocía, después de todo lo que le dije, soy quien más se niega a verla otra vez por una cuestión de orgullo. —No… perdón, Phoebe… no tienes por qué quedar en medio de todo lo que pasó entre nuestra madre y nosotros. Fue un buen gesto de parte de Chuck dejar abierta la posibilidad de que conozca a Hayden si así lo quiere, pero de ninguna manera tienes por qué ser quien tenga que actuar como una peonza entre nosotros. Todos somos lo suficientemente adultos, así que yo iré a pedirle ese álbum— decido, con un suspiro saliendo de pecho y disimulándolo con mi atención puesta en el bebé. —Y trataré de hablar con ella para que todo lo que quede de ese almuerzo, no sean solo platos rotos…— porque así lo sentí, al menos yo. Por días no pude estar en el comedor de mi propia casa por sentir esa tensión en el aire.

Dejo la cuestión con Eloise de lado para centrarme en otra que tiene más que ver con mi incapacidad de ver a mismo a cargo de un niño que no sea un alumno, es sabido que ser profesor es algo que me gusta de veras. No estaría nunca en una oficina como nuestra madre, así que no es una cosa de proyecciones. Lo mío es estar en las aulas donde el aire que ahí respiro me llena, por eso mismo, los niños siempre han sido para mí algo que se limitaba a esas paredes. Por fuera, he sido siempre solo yo. Sonrío a mi cuñada por su amabilidad, la misma que me dedica mi propio hermano, sé que puede hasta sonar presuntuoso decirles incluso que me da miedo que mi vena irresponsable termine afectando a su hijo, cuando tienes el rótulo de profesor en la familia, se entiende un poco que todos te vean como… bueno, con cierta seriedad. —Puedo hacer eso de malcriarlo y conseguirle un puffkein cuando crezca un poco más. Si se lo consigo ahora, se lo adueñaría Chuck— acepto, la parte de hacer regalos no será un problema, si hasta puede ser divertido hacer parte de las cosas que me gustan a alguien que aceptará solo por la oportunidad de salir del radar de sus padres un rato. —Entonces seremos uno y uno, uno de cada lado de la familia — queda un poco más claro para mí, ahora puedo verlo como que hubiera sido un poco injusto hacia nosotros que hubiera dos Powell como padrinos, y puesto que no hay mujeres de este lado que cuenten… —Espera, tu sobrina, Meerah… ¿la que diseña? ¿Tendré que ponerme de acuerdo con ella en cada cumpleaños de Hayden para combinar, no?— me lo apunto mentalmente.
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Charles B. Sawyer
Personal de Defensa
Al menos Phoebe consigue que mi hermano se de por vencido y pueda verlo con nuestra lógica. Sé que los miedos son parte de todo esto, no solo para mí sino para las personas a las cuales nosotros les confiamos algo tan importante como la seguridad de nuestro bebé. Verán, cuando tienes la suerte que hemos tenido mis hermanos y yo, absolutamente todo lo relacionado a la familia se hace gran cosa. Tuvimos la suerte de mantener el contacto y el cariño, pero somos conscientes de que nuestra crianza no fue la clásica. ¿Cómo, entonces, daremos un buen ejemplo? Hayden tiene todo lo que a nosotros nos hizo falta: padres que lo adoran, tíos y primos que van a llenarlo de cariño y cachivaches y, bajo nuestra aprobación, padrinos que no lo dejarán solo. Tengo que ponerme de pie para volver a acercarme, esta vez con una sonrisa que representa toda la gratitud que me consume por dentro. Aprieto sus brazos cariñosamente, con cuidado de no perjudicar a mi hijo — Un poco de Powell y un poco de nosotros para mantenerlo seguro — en toda esta locura, es lo que vamos a necesitar.

Asiento, no puedo evitar estallar en risas al imaginarme a Logan tratando de ponerse de acuerdo con una adolescente; Meerah será todo lo madura que quieran, pero no deja de tener catorce años y mi hermano es un adulto hecho y derecho — Solo finge que no le dejas todo el trabajo y estarás bien — aseguro en tono divertido. Denny se remueve y bosteza, quizá ya lo estamos aburriendo con tantos sonidos que no le producen ningún entretenimiento — Hay algo que quería preguntarte... — ya que tocamos el tema del álbum de fotos, hay algo que me gustaría saber. Aún así, delato mi incomodidad rascando detrás de mi oreja — Cuando le dijiste a Eloise que no querías saber nada más de ella... ¿Lo decías en serio? Quiero decir... para saber cómo organizar las visitas — señalo a Hayden con el mentón, totalmente ajeno a lo que estamos queriendo decir — Aún no la he llamado, pero tendré que hacerlo pronto.
Charles B. Sawyer
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Phoebe M. Powell
Director del Servicio Social
Con un movimiento leve de mi cabeza indico que no tiene por qué disculparse, no cuando encima he sido yo quién ha sacado el tema cuando es evidente que la sensación amarga que quedó desde la última cena, y única en mucho tiempo, con su madre sigue presente. — No me importa hacerlo si todavía no se sienten preparados, quizá también es pronto, nadie dijo que tuviera que ser ahora y lo de las fotografías puede esperar. — intento asegurar, que solo fue una ocurrencia de última hora por la similitud que comparte nuestro hijo con su padre de cuando era niño, al menos por lo que he escuchado sobre su infancia. Corroborarlo no es algo que tenga la necesidad de apremiar, en especial si va a traer de vuelta sentimientos que se han esforzado en reprimir. Eloise LeBlanc puede esperar para conocer a su nieto, será la única que pueda llamarlo como tal porque no vamos a hacer declaraciones sobre la otra persona viva al que se le podría adjudicar el título de abuelo. Asiento con la cabeza ante las palabras finales de Logan, no muy segura de si su aceptación viene por voluntad propia o por impulso a cumplir con los deseos de su cuñada, si es que siempre encuentro el modo de meter la pata.

Tengo la tentación de excusarme con ir a buscar algo de beber para que podamos tragar este mal sabor de boca o decir que es hora de alimentar al niño, ahora que ya parece haberse despertado de la siesta continua en la que vive, antes de que se me ocurra soltar otra propuesta que traiga preguntas como la que le está haciendo mi marido a su hermano al momento de sacar a colación a la susodicha. Coincido con Hayden en ser ajeno a toda la conversación que está teniendo lugar, incluso cuando el hecho de estar teniéndola se debe precisamente a su existencia, eso me deja en la buena posición de poder culparlo de tener que hacerle visitas a su abuela. No, pobre, nos va a tocar esperar a que los hermanos se aclaren en sus decisiones de lo que desean hacer con su madre, no tiene voz, pero por la forma que tiene de agitar su cuerpo, sí parece tener opinión al respecto. Tomo eso como la señal que necesito para levantarme y acercarme hacia donde está. — Me parece que tiene hambre. — tomo al bebé de entre los brazos de su tío así puedo liberarlo un poco de la manta que lo tiene aprisionado como sardina en un bote enlatado y dejo que se estire. — Volveré en un rato. — murmuro hacia ambos, que no es nada que no pueda hacer aquí, pero de esa forma aseguro darles la privacidad que necesitan en una conversación de la que no siento que deba participar.
Phoebe M. Powell
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Invitado
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Meneo mi cabeza para hacerle saber a mi cuñada que no tiene caso seguir demorándolo, un nuevo encuentro con Eloise LeBlanc es inevitable, siendo ministra y a la vez, siendo ministra de Educación, tanto como Chuck puede encontrársela en el ministerio, como Phoebe o yo en la escuela. Ninguno puede cerrar los ojos a la cara de la mujer por el resto de la vida. Viene a bien recordar que ellos no dijeron que lo harían, sino alguien que se montó en sus rebelde dieciocho años para decirle semejante cosa a Eloise con todo el orgullo caprichoso que pudo encontrar, esos son los peligros de lo que hablo en mi carácter. ¿No hice lo mismo con Abbey? Pataleé tanto en la reunión para firmar nuestro divorcio, que fui quien se quedó sin un knut, juré sobre un montón de cosas que la odiaría por encima de todo y ¿qué hago? La llamo cada tanto para recordarle que a ella le toca cuidar a Jane ese fin de semana.

Claro que no lo decía en serio, estaba enojado, hice carne de todo el dramatismo de Eugene y escupí el primer pensamiento que se me pasó por la mente— contesto a mi hermano con los ojos puestos en la espalda de mi cuñada que se va, no sola, sino cargando al bebé que hasta hace nada era un peso ligero en mis brazos y no noto la diferencia al quedarme sosteniendo aire. — ¿Crees que algo de lo que dije la ofendió? ¿Se debe a que no acepté a ser el padrino de entrada? ¡¿Por qué no me lo dijiste por teléfono?! Entonces hubiera tenido tiempo para recobrarme de la sorpresa, meditarlo, practicar reacciones emocionadas…— me quejo, mi cuerpo se hunde en el sillón que tengo a la cercanía de un paso y tiro mi espalda hacia atrás. —Nada de lo que le dije a Eloise es algo que vaya a cumplir, es imposible de por sí. Tendría que dedicarme a ser panadero y mudarme al distrito diecisiete para no volver a verla. Así que supongo que en algún momento reuniré valor y me acercaré a ella, al parecer los tantos se han movido de esta manera, soy yo quien tiene que ir a pedir una disculpa…— suspiro, disimulo mi nerviosismo al tamborilear mis dedos en la rodilla. —¿No pensaste en todo lo que nos dijo? ¿Todas sus razones? Yo sí puedo entender por qué nos dejó.
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Charles B. Sawyer
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Le echo un vistazo a la espalda de la traidora de la mujer que se hace llamar mi esposa, la cual se retira llevándose al bebé como excusa de no ser parte de esta conversación posiblemente incómoda. No puedo juzgar a Jacques por dejarse llevar por la corriente bipolar y dramática de nuestro hermano menor, lo que contesto con un encogimiento de hombros — Phoebe no se va a ofender por algo así y no te dije antes solo porque pensé que era adecuado el decírtelo en persona. La reacción inicial siempre es la más sincera — intento burlarme de él al ir detrás para acomodarnos en los sillones, dejándole una palmada en el hombro a modo de consuelo — Sabes que siempre puedes decir que no y vamos a comprenderlo, no quiero que tu padrinazgo sea obligado — en nuestra familia, ciertos lazos son delicados.

Logan no es la clase de persona que me late a ser cruel, ni siquiera lo ha sido con su ex mujer y estoy seguro de que Abbigail se lo merece incluso más que nuestra madre… bueno, no, creo que tampoco para tanto. Me acomodo entre los almohadones como cuando éramos niños, pero en esta ocasión no puedo simplemente asentir a todo lo que está diciendo — Iremos juntos — le prometo — Siento que nos debemos una charla nosotros solos, sin todo el circo que se montó aquella noche. Tampoco quiero que Phoebe tenga que soportar las cosas que debemos solucionar nosotros como familia ni quiero a Helmuth metiendo su nariz — es algo que nos debemos nosotros como madre e hijos, un círculo y una historia que nos pertenece solamente a nosotros. ¿Eso me hace egoísta? No. Pero, por mucho que ame a mi familia, esto no incluye a nadie más. Son caminos que tenemos que cerrar, heridas que hay que coser por nuestra cuenta.

Lo he pensado — aseguro. Lo he hecho desde ese día, cada tanto me ataca de nuevo el pensamiento de que manejamos muy mal la situación y nos dejamos comportar como críos — Y, aunque admito que tal vez no fue la forma de decirlo, no cambio mi forma de pensar. Verás… entiendo que estuviera asustada y creo que, en parte, hasta la comprendo. Pero ahora que Hayden está aquí… — mis ojos se van por el mismo camino que mi esposa se ha marchado, como si pudiera ver a un bebé que está lejos de mi alcance — No lo sé, Jacques. Jamás podría dejarlo a su suerte, que lo críe otra familia. Quizá con el tiempo logre perdonarla, pero sigo pensando que no puedo compartir su modo de actuar. ¿O tú qué hubieras hecho? — sé que no es padre, yo recién he adoptado el título así que tampoco tengo mucha experiencia en el área — ¿Dejar que alguien viva una mentira, sin poder cuidar de su propia identidad durante toda una vida? Es una locura enferma.
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Sí, claro, fue una primera muy sincera y terrible impresión— apunto, avergonzado de que ese sea el comentario que quede en la familia. Esperaba ser el tío que los visitara de vez en cuando y le cayera simpático al niño, he fallado desde el principio, que no llega a ser un principio aun. —Le dirán a Hayden toda la vida que puse cara de sapo cuando me lo preguntaron— los acuso, si piensan hacerlo, es mejor que lleguemos a un acuerdo entre los tres de que mi primera patética reacción no será un comentario de cenas y todos diremos que acepté de buenas a primeras, que hasta tenía un oso esponjoso para el pequeño. —No es que me sienta obligado a nada, Chuck— bufo porque es lo último que quiero que piensen él o mi cuñada, me froto los párpados cerrados con los dedos al tratar de darle una explicación que pueda entender, que no será muy distinta a la que improvisé delante de Phoebe. —¿Qué pasará si no puedo estar, Chuck? ¿Qué pasará si no estoy? No soy la persona que pueda prometer a nadie que estaré, que me quedaré, mis alumnos te dirán que tienen la certeza de que siempre me encontrarán delante de un pizarrón, pero por fuera de eso… nunca estoy, vivo para mí, no… no le prometo a nadie que estaré y es una gran responsabilidad hacerlo con el bebé de uno de mis hermanos, claro que quiero, es solo que no quiero fallarle— digo.

Si eso tiene algo que ver con las secuelas que pudo haberme quedado de que mi madre nos abandonara, no es algo que quiera considerar, lo cierto es que trato de no hacer responsable a Eloise de ninguna de las decisiones o desaciertos de mi vida. Si hago una estupidez, como casarme con una mujer que a leguas se notaba que iba a tenerme como entretenimiento en su palma, no me pondré a divagar sobre complejos, aceptaré que fui un idiota. Si no tuvimos hijos fue también una decisión compartida con mi ex esposa, nada tenía que ver con las cicatrices de mi infancia, eso es lo que me digo, aunque estoy seguro que un niño revolvería mucho en mí que no quiero que aflore y tal vez tener a Hayden como ahijado sea lo mejor que me pueda pasar, podré disfrutarlo, sin traspasar ciertos límites que no quiero cruzar. — Coincido en que no quiero que Phoebe vuelva a pasar un momento incómodo— también que a Helmuth se le debería cortar la nariz, eso me lo callo, —también aprecio que como tu esposa nos acompañe en esto, en verdad, la aprecio como una hermana por poder pararse al lado nuestro al enfrentar a Eloise— como la cuarta presencia que nos hace un frente unido, ahora somos cinco presencias.

Reflexiono sobre todo lo que me dice, sus cavilaciones como padre que le permiten saber que abandonar a un hijo no es una decisión cualquiera, ¿dónde está el corazón de una persona cuando lo hace? Debe estar ausente o haciéndose pedazos. —No creo que algún día pueda contestar qué haría yo — cierro los ojos al decirlo, puedo entender a Eloise a esa edad siendo abandonada y sufriendo por su madre, con tres niños a los que estaría condenando a su vida si los retenía, casi que puedo palpar su desesperación, es mi enojo, es el orgullo infantil lo que me lleva a enfadarme con ella, pero en los minutos en que puedo verla parada fuera de ese orfanato, casi que la entiendo. —Creo que lo haría— contesto. —Creo que me parezco a Eloise más de lo que tú o Eugene puedan parecerse físicamente, ustedes son… distintos, se esfuerzan mucho, hacen el camino largo. Eugene podrá ser una celebridad, pero le costó serlo. Tú nunca lo tuviste fácil, pero tienes esta casa, esta esposa y este hijo. ¿Eloise y yo? Tendemos a las elecciones fáciles y de atajo. ¿Si le costó llegar a ministra? Claro. No me refiero a eso, solo digo que si hay algo que nos supere a cualquiera de los dos… nunca vamos a aguantar y esforzarnos, vamos a ir a la puerta de salida de emergencia… para salvarnos a nosotros mismos.
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Hey… — le llamo con toda la calma que soy capaz de transmitir, que lo último que quiero es que tome todo esto como una excusa para caer en la desesperación que yo he sufrido cuando caí en la cuenta de que existiría una vida que dependería de mí por, al menos, diecisiete años — Es solo un título, Jacq. Aquí lo que me importa es el saber que una persona estará dispuesta a darle una mano con cariño cuando lo necesite y, confío, eso lo harías siendo o no su padrino. Cuando él nació… — lo que le voy a contar es totalmente bochornoso y atenta contra mi orgullo, pero aún así me las arreglo para mantener la mirada en alto y una simple sonrisa que delata mi vergüenza — Estaba aterrado, pero solo podía pensar en que me hubiera gustado que estés ahí, porque tú sabrías calmarme. Tú tienes una visión de ti mismo, yo tengo otra y esa es la de mi hermano mayor, a quien siempre miré cuando lo necesitaba — quizá no tuvimos la relación más unida, pero es lo más parecido que tuve a un ejemplo a seguir. ¿A quien tendría sino?

Al menos los dos coincidimos en que tenemos que tratar nuestro problema sin terceros, sí me hace sonreír su aprobación hacia mi esposa — Sé que ella jamás nos dejaría solos — acepto — Y estoy muy agradecido por todo el apoyo que me ha dado, pero lo que nos falta pasar… Es ese último paso que nadie más va a dar por nosotros — es como enfrentar a un último y gigante dragón en uno de los videojuegos que jugábamos cuando éramos niños, aunque este me da mucho más miedo. No puedo seguir con esas moralejas cuando él es quien pone en palabras algunos conflictos que nosotros jamás nos vimos cometiendo, chasqueo la lengua porque dudo mucho que condene a un niño a lo mismo que nosotros sufrimos, incluso cuando es todo hipotético — Es egoísmo — refuto — Y creo que ser padre tiene, en gran parte, la enseñanza de dejar de ser egoísta. Si hubiera solo una botella en medio del desierto y tuviese que dársela a Denny, la tendría él. Creo que Eloise fue cobarde y llegar a cubrir esa herida… tomará tiempo — si es que alguna vez lo hace. Me rasco la barbilla en un gesto pensativo y estiro mis piernas, todo lo largas que son — Sé que jamás seremos una familia normal, esa parte ya quedó muy atrás y es imposible de recuperar. Pero quiero que seamos mejores que eso, tengo confianza en que no estaremos nunca en el nivel de nuestra madre. Si ella quiere mejorar con nosotros… No se lo pediré, pero es la única manera en la cual la puedo ver siendo parte de la vida de su nieto. Aún no sé cómo presentárselo — confieso, que le he dado vueltas al asunto más de lo que debería — ¿Solo la llamo y le digo que se pase por casa? ¿Le toco el timbre a su enorme mansión en la isla cuando vayamos de visita a la casa de mi cuñado? Todo se siente… muy poco yo — porque soy quien tuvo la vida más truncada, el que se las arregló con lo que pudo y que, repentinamente, lo tiene todo. Excepto a ella.
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Trataría de mirar por él aún sin que me lo pidieran, lo seguiría con los ojos puestos en su espalda si se aleja caminando, lo que me preocupa es que él me mire a mí y espere…— cosas que no sé cómo dar, claro que nada que asuste tanto como encontrarse siendo de pronto padre como le sucedió a Chuck –no tan pronto, que tuvo meses para hacerse a la idea-, sin embargo sigue siendo algo repentino a lo que tendré que acostumbrarme con el tiempo, porque no quiero que sea solo un título como dice mi hermano, si alguien espera que esté, deseo poder estar, sobre todo si se trata del más pequeño de nuestra prole. —Y no estuve— suspiro, porque ese parece ser el patrón conmigo,—eso solo confirma mi punto, aunque…— coloco mi mano en su hombro para darle una sacudida leve. —Siempre has podido por tu cuenta y esta vez no fue la excepción, me siento muy orgulloso de todo lo que son y todo lo que han logrado Eugente y tú.

Con tantas probabilidades en contra y el azar moviéndonos de un lado al otro, en posiciones tan extremas de la vida que a veces se hacía imposible pensar en un reencuentro, todo porque alguien decidió que podía tenerlos y luego que ya no, puedo llegar a comprender que podemos ser muy convincentes al contarnos mentiras a nosotros mismos que nos aseguran que estamos haciendo lo más acertado. Masajeo mis párpados cerrados con las puntas de los dedos, desganado como me siento generalmente cuando pienso en Eloise, y no es así por cansancio hacia sus actos, lo que pudo haber hecho alguna vez, sino fatiga de ir hacia contracorriente cuando se bien qué es lo que quiero hacer, por más que los momentos idóneos para renunciar a esta pelea, sea el orgullo dolido el que termine tomando la palabra. —Los padres no son criaturas perfectas— se lo digo lentamente, —no dudo que haya padres que lo darían todo por sus hijos, otras veces son solo humanos, que también hacen cosas por las que tendrán que lamentarse de por vida y si algo pude ver en ese almuerzo, así toda erguida y digna como trataba de mostrarse nuestra madre, es que llegó a dolerle lo que nos hizo.

Estoy demasiado lejos de conocer las circunstancias por las que ella pasó, demasiado lejos de tener un hijo como es tu caso, si la juzgo es por resentimiento, pero en ningún otro sentido creo… que tengo derecho a juzgarla, cuando se me pasa el enojo, me doy cuenta de eso. Eloise es una pobre mujer, así como la ves, es una mujer con su propia miseria personal y pierdo todas las fuerzas para seguir enfadado con ella— puedo decirlo luego de tener a Hayden en brazos por unos minutos, tal vez ese día en el almuerzo sí fui honesto al decirle que la perdonaba, porque desde ese día me siento así, cansado de arrastrar un resentimiento que me pesa. Siento que a quienes nacen en esta familia, podemos darle algo mejor que rencor añejado hacia nuestros progenitores. —Que sea ella la que venga, lo hará… no tienes que ir hacia todo lo que le era sentir incómodos a ambos. Así como se fue un día de nuestras vidas, yo creo que Eloise está esperando que le demos permiso para volver a entrar— quiero creerlo, espero que no me decepcione, he perdido viejas razones para odiarla, no quiero que me ofrezca nuevas.
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Jamás busqué que sea perfecta — insisto — Solo esperaba que sea mi madre — sé que suena a que me estoy encaprichando con algo que no puedo soltar, pero no voy a mentirme a mí mismo sobre cómo me siento frente al mayor trauma con el cual he cargado durante años. De seguro mi hijo será un niño en exceso protegido y eso me preocupa, pero creo que no se puede esperar lo contrario de dos padres que han sido víctimas de abandono. No sé si Eloise fue digna o qué es lo que intentaba mostrar, sólo… — Me gustaría poder perdonarla, pero es algo que tiene que venir por su cuenta. Si lo fuerzo, no tiene sentido — tal vez estoy siendo asqueroso, pero me gustaría que se lo gane, un simple arrepentimiento no me basta, no con la vida que he llevado mientras ella se sentaba en el ministerio.

Una pobre mujer. Sonrío con cierta sorna, no hacia él sino ante la imagen de una mujer que no le veo mucho de pobre, pero tampoco quiero decirlo en voz alta; creo que ni siquiera hace falta — ¿Crees que si la llamo, vendrá de visita? — puedo quedarme esperando a que asome su cabeza prolijamente cuidada por la puerta, pero algo me dice que no lo hará hasta que, como bien dijo mi hermano, nosotros la invitemos a entrar. La simple idea hace que me remueva en el sillón y junto las yemas de mis dedos entre sí, provocando suaves toques en un gesto nervioso — Siempre me he sentido el menos… indicado para ser su hijo. El que reprobaría si supiera absolutamente todo lo que he hecho durante estos años. Eloise Leblanc siempre se mostró como una mujer intocable y no puedo concebir la idea de que tenemos algo en común — como bien él dijo, Logan pertenece mucho más al mundo de nuestra madre que yo, incluso Eugene se vería como alguien mucho más aceptable — Supongo que tendré que ser honesto y ver si lo acepta, pero no la veo compatible conmigo. ¿Crees que diga algo si alguna vez se entera de todo lo más… sucio que he hecho? — que siendo ella misma una persona de importancia, tampoco le faltan amigos de altos cargos.
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Esa es la cuestión supongo, nadie puede ser racional sobre cómo debemos sentirnos respecto a nuestra madre, no basta con fijar el perdón en una fecha, tal como parece que tratamos de hacer en el almuerzo. No me animo a confesar que yo esperaba algo distinto de ese encuentro, quizá anhelaba que después de ese día, mi trato hacia Eloise fuera el de una madre, con todo el pasado dejado atrás. No esperaba que saliera de mi boca el juramento de no querer volver a verla, fuimos todos tan temperamentales, cada uno hablando desde su propia honda herida, porque solo cada uno sabe lo que fue su infierno personal y le echo una mirada significativa a mi hermano cuando se juzga a sí mismo por aquello no dependió de él. —Partamos del hecho de que Eloise no merece tener hijos por el simple acto de abandonarlos, ¿por qué te sentirías menos de nada? No puedo creer que tengas algún parámetro que te haga creer que…— meneo mi cabeza contradiciendo a todo eso que dice, la idea que tiene de que depende de algún tipo de aprobación por parte de ella, aun sabiendo que Chuck hizo cosas de las que nunca le hablaremos a su hijo, porque todo eso es pasado.

Ella no está más arriba que nadie, ¿me oyes? Mucho menos de ti. Te pasaron situaciones de mierda y les hiciste frente como pudiste, es mucho más de lo que ella puede decir— digo para quitarle esa preocupación de su mente que pueda hacerle sentir inseguro. —Estás aquí, hoy, haciendo las cosas mucho mejor de lo que ella pudo, así que si le queda instinto de madre— y yo sé que lo tiene, lo vi ese día, pese a todas sus equivocaciones, sigue viéndose como nuestra madre, —todo lo que tiene que hacer es sentirse orgullosa de ti— retiro mi vista de él para colocarla en la ventana, paso el nudo de mi garganta con saliva, muerdo para mí todas esas cosas que suelo decirle a mis alumnos para que practiquen la confianza en sí mismos, bastante fundamental en el manejo de la magia aunque algunos no lo crean. —Eloise Leblanc, así como la mayoría de las personas que vemos todos los días, se colocan un traje sobre toda su mierda personal. Sabemos un poco sobre la de ella, de muchas personas nunca llegaríamos a imaginar lo que guardan. Nunca te sientas menos que nadie, ni el menos indicado para nada, por todo lo que hiciste. Te toco estar de un lado de la línea en que tuviste que hacer esas cosas, pero del otro lado de la línea también las hacen— palmeo su espalda para darle ánimos. —No quiero verte nunca haciéndote pequeño ante nadie, ¿de acuerdo? La vida que tienes con Phoebe la consiguieron con esfuerzo, no lastimando a otros y eso es más de lo que puede decir mucha gente.
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Estoy negado a ponerme en una situación de víctima, pero a veces me parece que es un poco complicado de entender para las personas que no siguieron el mismo camino de uno el saber por qué nos sentimos cómo lo hacemos. Puedo tomar las intenciones de mi hermano como nobles y sensatas, pero la sonrisa que le regalo es más bien la que le daría a alguien al cual solo le daré la razón a medias y por obvios motivos de no querer discutir. No quiero llegar al momento infantil de preguntarle a Eloise si se siente orgullosa de quien soy, por mucho temor que me pueda causar la respuesta. Su consuelo tampoco me dice nada nuevo, no cuando trabajo en el ministerio y puedo ver de cerca cómo se mueven los grandes y poderosos, esos gigantes que la gente ve como intocables desde el sillón de sus casas en la televisión y las noticias. Como antaño, dejo que él hable y que sea su voz la que llene la habitación con palabras que suenan sensatas, apenas y siento el golpe en mi espalda.

Al final, solo se oye el silencio y me pregunto si Hayden ya tiene el estómago lleno o Phoebe ha optado por hacerlo dormir, una vez más, para ganar más tiempo. Por mí viene bien, porque no quiero que me escuche decir lo que estoy a punto de susurrar — Pero yo no conseguí nada de esto por mi cuenta, Jacq — hasta es una declaración tímida. Relamo mis labios y me remuevo, tratando de adoptar una postura más confidencial — Esta casa fue producto de Eugene y mi empleo lo tengo gracias a que Hans quiso hacerle un favor a su hermana y evitar que se case con un desempleado. Es un poco vergonzoso, el vivir a costa de los demás — que tal vez soy yo el que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar y pasar largas horas dentro de salas confusas, pero creo que entiende mi punto — Me consuela el saber que, al menos, no le he fallado a mi familia y estoy haciendo todo lo posible para mantenerme fiel a mí mismo. Es un poco difícil en vista de donde vivo y con quien me he casado, pero tampoco podía ser el sujeto de las peleas callejeras toda la vida… — tenía que acabarse, sentar cabeza con alguien que vale la pena parece un buen modo de hacerlo. Mi espíritu… eso es otra cosa.

Mi mirada sigue el camino que ha hecho la suya hace unos minutos y se mueve hacia la ventana, el frío puede sentirse incluso cuando el vidrio nos mantiene a salvo — ¿Estás satisfecho? — inquiero con genuina curiosidad — Del hombre que eres, de la vida que llevas hasta ahora, incluso con los altos y bajos. El haberte casado con Abbigail se incluye en la pregunta — añado, tratando de teñir la conversación con un aire algo más relajado.
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Mi mano queda apoyada en su espalda, un contacto que se vuelve ligero, no lleva la contención del toque anterior. Es un momento que me tomo para escucharlo y lo que me dice logra sumirme en el silencio, si fuera por mí levantaría paredes a nuestro alrededor para que esta charla no salga de lo privada que pueda ser entre nosotros, no creo que sea algo que quiera escuchar Phoebe, supongo que ella tendrá la misma postura que yo en que el orgullo que pueda inspirarnos ver a mi hermano donde está, pasa más por una maduración emocional que por logros tangibles que es lo que también suele usarse para medir la vida de los demás. No lo contradigo para no desestimar lo que apuesto que le cuesta decir en voz alta. Vuelvo a entrelazar los dedos de las manos sobre mis rodillas, mi cuerpo encorvado hacia adelante con los ojos puestos en la alfombra al no perderme palabra de lo que sigue diciendo. —¿Te gustaría trabajar de algo distinto?— pregunto, mis ojos buscando los suyos. —Y no, no lo estoy reduciendo todo a que el problema sea tu empleo, comprendo lo que me dices, es algo más grande que eso— aclaro para no frustrarlo. —Puedo entender que abandonaste todo lo que conocías para estar aquí con Phoebe y estás tratando de encontrar tu lugar en un sitio nuevo. Hay cosas como la casa que no te diría que la dejes, porque… es una casa. Pero sí hay otras que puedes ir cambiando a tu gusto, hasta encontrar donde te sientas más cómodo. Fue un buen gesto por parte de Hans, no es algo a lo que estés comprometido. Puedes, donde estás, empezar a cambiar las cosas para que… te sientas un poco más tú mismo— apunto.

Ladeo mi rostro para tratar de encontrarme con su mirada. —Creo que la cuestión central de mucho de nuestros dilemas de vida tienen que ver con creer que es posible un cambio y que ese cambio proviene de nosotros. El planeta puede girar cinco veces más rápido de lo normal, pero si no te mueves, sigues en el mismo lugar. El planeta puede detenerse, pero si tú caminas, habrás podido dar una vuelta entera. Nada de lo que nos sucede depende de las circunstancias— sigo, hablándole como lo haría con uno de los adolescentes que tengo como alumnos, para no caer en la desesperación de no saber qué decirle a mi hermano menor para ayudarlo, —tanto como depende, en realidad, de nosotros mismos— concluyo. Tengo que aclararme la garganta con un carraspeo fuerte para cambiar el tono de la conversación hacia mí mismo. —No, no me siento satisfecho— trato de ser honesto sin sonar pesimista, que no es a lo que voy, sería contradictorio si la intención es mantener en alto el ánimo de mi hermano. —En mi caso, mi empleo es lo me hace sentir bien, me gusta lo que hago, pero la vida abarca muchas facetas, tú lo entiendes, me lo has dicho. Te sientes bien y orgulloso de tener una familia con Phoebe, pero hay otras facetas de la vida que sientes vacías— lo miro para comprobar si lo entendí bien. —Y lo esencial de ir cubriendo todas las facetas, es que sean de cosas reales que tengan un peso en tu vida. Me la paso solo la mayor parte de mi tiempo, tengo padres, tengo hermanos, llegué a casarme… y me divorcié. Todas las noches ceno solo. No me siento satisfecho, porque no tengo algo real y porque cuando decidí estar con alguien, las razones fueron superficiales, así que reconozco que… no sé cómo hacerlo— sacudo mis hombros. Tengo que masajear mis párpados para quitarme de encima la pesadumbre, que a ninguno de los dos nos hará bien. —Pero sentirte insatisfecho, sentir que te falta algo, será siempre lo que nos empujará a ir buscando y la vida necesita de eso. Buscaremos en todos los sitios posibles para ver al final de todo que no estaba tan lejos y a veces en el lugar más obvio, o al principio de todo.
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