The Mighty Fall
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All of these clouds crying us back to life ▸ Hans

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Mensaje por Phoebe M. Powell el Jue Ene 30, 2020 11:59 pm

Cuando decía que no quería volver a la realidad, era por un buen motivo. Como si volver de una luna de miel a la monotonía — si es que se puede calificar así, de monótono nuestra vida tiene poco, la verdad — de la rutina diaria no fuera suficiente golpe, regresar y encontrarme con el anuncio de los participantes de los juegos que están por empezar, pues no ha sido una grata sorpresa. Primero porque no esperaba encontrarme con el rostro de Andrew decorando las pantallas de televisión, segundo porque no sé qué es lo que ha pasado para que termine formando parte de los absurdos acuerdos de mi hermano con el presidente, cuando la última vez que lo vi prometió que tendría cuidado. No sé qué es lo que me cabía esperar, siendo un muggle y estando en la posición en la que estamos, pero no puedo negar que hay un sentimiento de culpabilidad que se ha asentado en mi estómago desde que puse un pie en la casa.

Quizás debería haber hecho caso a Charles, esperar a al menos deshacer las maletas antes de sumergirme en la oleada de seguridad que supone entrar en la isla ministerial. Como hermana menor del ministro de justicia, no tengo problema a que me dejen pasar sin una invitación, tampoco sería la primera vez a pesar de que las visitas acostumbran a ser en el cuatro. Jamás me gustó este lugar, probablemente porque a pocas manzanas vive su mismo jefe y su persona me da más nauseas que el propio embarazo. Poco me importa cuando alcanzo la mansión de mi hermano, tan decidida que por un momento casi me como a Poppy al atravesar el umbral de la puerta, las pegas de que sea tan alta en comparación con su diminuto tamaño.

Creo que es la propia costumbre de infancia lo que me lleva a penetrar en su despacho sin siquiera llamar a la puerta, encontrándome con que la sala está vacía. Eso me lleva a pensar en el día que es, si por alguna casualidad es domingo, que desde que me casé no tengo consciencia del día que es y la vuelta de vacaciones ya va a ser dura de por sí como para ponerme a pensar en ello. En medio de mis cálculos mentales, escucho unos pasos en el pasillo contiguo, apenas necesito regresar a la puerta para saber que se trata de Hans, porque hay cosas que por mucho tiempo que transcurra, permanecen igual que hace años. Su forma de caminar es una de ellas. — Hans. — por haber estado un tanto tiempo sin vernos, tampoco tanto así que no voy a exagerar, eso es culpa de las hormonas, aun así me voy directa a sus brazos en un gesto que al parecer es de suma importancia antes de venir con otros asuntos. Para cuando me separo, mi rostro es una mezcla difusa de consternación y preocupación. — Tienes que parar esto, por favor. — como si con ello no necesitara de más explicación, le muestro el periódico que sostengo entre mis manos, abarcando las imágenes de algunos participantes. Aunque no lo hago evidente, no al menos al principio, la que más relevancia tiene en este momento es la de Andrew.
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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Feb 01, 2020 5:33 am

No me esperaba una visita tan pronta de mi hermana, especialmente porque todavía me la hacía disfrutando de la calma que debería venir después de estar de vacaciones gracias a una luna de miel; no quiero saber los detalles, pero no conozco a una sola persona que venga estresada luego de uno de esos viajes. El anuncio de Poppy hace que deje a Meerah sola con los diseños que me ha estado mostrando hace media hora y de los cuales, debo decir, no comprendo siquiera la mitad. Para cuando abro la puerta de mi despacho, confundido como me siento, los brazos de Phoebe me envuelven tan rápido que le doy algunas palmadas en la coronilla antes de abrazarla — ¿Me extrañaste demasiado o qué sucede? — intento tomarlo con humor, pero algo en el modo que tiene de saludarme me hace pensar en algo horrible. ¿Charles le hizo algo? ¿Papá volvió a aparecer? ¿Se arrepintió del matrimonio y desea que lo anule?

En primera instancia, no comprendo absolutamente nada de lo que me está diciendo, no al menos hasta que puedo fijarme en el periódico que me enseña. Me devuelve la mirada el esclavo capturado hace algunas semanas atrás en la casa de Eloise, por lo que paso mis ojos de él a mi hermana, sin comprender muy bien hacia dónde va esta petición — ¿Por qué? — es mi pregunta confusa, mis cejas se disparan hacia arriba en busca de una explicación lógica — No soy un fanático del formato de los juegos, pero son muggles y traidores, no están ahí solo porque alguien sacó sus nombres de unas papeletas injustas. Algo habrán hecho para merecerlo… — seguir a nuestro padre y a los terroristas, por ejemplo. Si mueren de manera violenta, no puedo decir que no se lo merezcan.

Le arrebato el periódico de todos modos, acercándome un poco las fotografías a la cara para poder verlos mejor. Algunos de ellos no me producen más que curiosidad por saber cómo es que terminaron ahí con su expresión de no romper ni un plato, pero Jefferson me hace creer que, al fin de cuentas, el karma funciona de formas curiosas — No vendrás aquí con un discurso moral, ¿no es así? Hay personas que no merecen un juicio justo después de las cosas que hacen contra nosotros. Este sujeto… — le enseño al rubio que ella ha apuntado primero, cuyo nombre parece ser Andrew Keogh — … se ha colado a la isla donde vive mi familia en un intento de conseguir seguidores para la causa de nuestro padre. ¿Por qué se merecería el perdón? — a mis ojos, no es más que un peligro que es mejor eliminar que seguir alimentando.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Feb 01, 2020 3:29 pm

En verdad, lo que quiero conseguir con ese abrazo es una comprobación de que mi hermano sigue siendo quién es, asegurarme de que no hay nada que pueda llegar a decir que vaya a romper con esto. O eso es lo que intento, al menos, no estoy tan segura de que no sea una simple fantasía ilusa de una Phoebe que acudía a su hermano mayor siempre que tenía algún problema. Porque él podía solucionarlo, no importaban si eran platos rotos o los cordones de los zapatos, sabía que estaría dispuesto a ayudarme. En esta ocasión, no obstante, creo que esa imagen ha sido bastante distorsionada con el paso de los años, o puede que yo esté pidiendo demasiado de alguien cuyas ideas son tan dispares a las mías, unas que estoy a punto de destrozar como no comprenda mi punto.

Es… una locura, ¿qué es exactamente lo que ganas con esto? Aparte de la aprobación de tu jefe. — aclaro, aunque no es algo que no le haya dicho con anterioridad. Que ocultara la información hasta el inminente anuncio solo demuestra que él tampoco está de acuerdo con esto, por mucho que ahora saque el pecho como si fuera la mejor idea de todas. — Nos odiarán, más de lo que ya hacen. La gente no lo olvidará. — todo lo que hablo lo hago de forma que mis frases parecen cortadas, me muevo por la habitación con gestos acelerados y nerviosos, como si no tuviera un argumento concreto que utilizar en contra de sus decisiones. Y es que no es algo que se aleje mucho de la realidad, solo estoy aquí por un motivo, uno que no puedo soltar a la ligera, así que la mejor manera que tengo de camuflar esa razón, es disfrazándola como una queja general, a pesar de que este tema es uno que enterramos cuando se dio la noticia de que mi hermano había firmado por poner esto en marcha.

Me muerdo el labio inferior, sacudiendo la cabeza. — No, yo no… — bueno, quizá sí que mi primera intención haya sido la de venir con un discurso moral, el problema es que no me ha dado tiempo a prepararlo, todo ha pasado demasiado deprisa. Es en ese momento en el que me da la información que estaba buscando y me giro sobre mí misma para acercarme a donde está, volviendo a tirar del periódico para certificarme de que en serio se está refiriendo a Andrew. — ¿Qué? ¿De dónde sacaste eso? ¡Eso es pura basur…! — suelto el papel en lo que me doy cuenta de que estoy actuando de forma irracional para ser alguien que en teoría no conozco, así que trato de relajar el tono de mi voz para cuando vuelvo a hablar. — ¿Quién te dijo eso? ¿Fue él? ¿Confesó sus intenciones por mano propia o es la primera excusa que consiguieron para hacerle parecer culpable? — como era de esperar, lo de calmarme no me sale bien. Paso a aclararme la garganta, rascándome con una mano el cuello en lo que me cruzo el pecho con el otro brazo. — Quiero decir… ¿cómo saben que no estaba simplemente cumpliendo un recado? Es un esclavo. — digo, como si fuera lo más obvio del mundo, a veces creo que soy idiota.
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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Feb 02, 2020 7:05 am

Lo hago porque es mi trabajo — es una respuesta tajante, esto no se trata solamente de las cosas que Magnar puede o no pedirme para mantenerlo contento, sino también porque sé muy bien cuál es mi lugar en todo este enorme tablero de ajedrez. Si pretendo mantenerme seguro en una línea que se está volviendo cada vez más difusa, debo aferrarme a las pocas opciones que se me presentan. ¿Me afecta en algo la muerte de personas que se lo merecen? En lo absoluto. ¿Permitir que eso suceda mantendrá a los Powell a salvo? Perfecto, me parece un precio razonable a pagar — Ese es el punto, que no lo olviden — afirmo con aparente calma — Hacer bien el trabajo desde la política significa hacer cosas que no todo el mundo va a aprobar. No pretendo que el mundo me ame, sino que esté seguro y que mis hijas tengan todo lo que yo no pude tener — no hablo del dinero, eso jamás fue un problema. Hablo de su libertad.

Espero que me contradiga, pero no comprendo de dónde viene tanta alteración. Mis manos quedan abiertas en lo que ella me quita el periódico y la sigo con la mirada, avanzando con cuidado hasta apoyarme vagamente en el escritorio. Como abro la boca en varias ocasiones y tengo que volver a cerrarla porque no se calla, guardo silencio sin parpadear hasta que chasqueo los labios. Tomo un respiro y vuelvo a hacer el intento — Él mismo declaró y tenemos el testimonio del esclavo que estaba tratando de reclutar, eso es todo. No es una historia que me sorprenda, es algo que se ve demasiado en estos días. Lo que me tomó por sorpresa es que lo haya intentado aquí, aparentemente eran viejos amigos — me encojo de hombros. Un esclavo no es un problema, al menos que se vuelva un parásito contaminador — ¿Por qué te preocupa? — sé que Phoebe y yo discrepamos de muchas cosas, pero creo que no llegamos tan lejos.

Me rasco el cuello, hasta pasar mi mano a mi propia nuca, masajeándola — He visto al amigo de Keogh hablar con Meerah en una ocasión. Es el esclavo de Eloise — le cuento, sé que parece salido de la galera pero tiene un punto — No quiero que mi hija ronde a esas personas, mucho menos si andan en contacto con las ideas de nuestro padre. Esta gente es peligrosa, Phoebs. Creo que todos nosotros tenemos que tener en claro nuestras prioridades en los tiempos que corren — por lo contrario, seremos arrastrados por la corriente y será mejor que aprendamos a nadar.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Dom Feb 02, 2020 9:57 pm

A veces me sorprende la calma y naturalidad con la que mi hermano puede llevar una conversación, cuando yo no podría dar un ejemplo mejor de cómo es perder los nervios y actuar en base a sentimientos impulsivos. Parece mentira que dos personas que se parecen tanto físicamente, excluyendo la anatomía obvia, pueden llegar a ser tan diferentes en cuanto a personalidad se refiere. Nuevamente, nuestras experiencias nos condenan, pero esto viene de mucho antes de siquiera habernos separado. Es curioso como puedo notar ciertos rasgos que compartimos y que hacemos igual involuntariamente, la forma de fruncir los labios o incluso los propios gestos de las manos, pero si se tiene que destacar una diferencia, la primera que se me viene a la cabeza es, por goleada, nuestro carácter.

Yo jamás podré llegar a imitar el comportamiento tranquilo de Hans ante situaciones críticas, como es evidente por el modo que tengo de suspirar, aguantarme las palabras a pesar de comenzarlas sin un verdadero sentido, también cambio rápido de lugar. Creo que es parte de mi cometido al tener que inventarme una razón válida por la que esté haciendo estas preguntas, cuando nada de lo que está diciendo cuadra con la información que yo poseo. — ¿Viejos amigos? ¿Qué razón tendría para reclutar a otros esclavos aquí? Eso no tiene ningún sentido, hasta tú tienes que reconocer que eso es absurdo, no hay otro lugar más seguro que este, si quisiera buscar seguidores para la causa de nuestro padre, no lo haría aquí. — ¿no es obvio? Para alguien que se dedica a ver a los muggles como enemigos, creo que no. Ignoro su siguiente pregunta, creo que de forma algo descarada, no lo arregla el bufido que se me escapa con un movimiento nervioso de mi mano. — Hans... no puedes evitar que se comuniquen. — no denoto tanta incredulidad como me gustaría por el comentario de haberlo visto charlar con Meerah, como si fuera un delito, y si no me detengo en el tema es porque lo siguiente también hace que menee la cabeza en negación, como si estuviera viéndolo todo de la forma que no es. Probablemente lo esté haciendo.

No son pel… Él no es peligroso. — digo, ya soy incapaz a callarme ciertas cosas, en especial porque si lo hago, no voy a conseguir nada de su parte y es precisamente por lo que he venido, porque él puede solucionarlo. Tiene el poder suficiente, al menos. — Lo conozco, yo conozco a Andrew Keogh. — es una revelación que se me hace bastante sonora en el ambiente cuando dejo de irme por las ramas y farfullar frases que nunca llegan a terminarse. Alzo un poco la mirada hacia sus ojos, que no lo barbilla, por eso sigo con los brazos cruzados para cuando continúo. — Por eso sé que si vino a la isla no fue con esas intenciones. Sea lo que sea, lo que haya pasado, ha tenido que ser una equivocación. — aseguro, tan seguro que asiento con la cabeza para enfatizar mi punto, aunque evito el mencionar que yo soy la razón por la que siquiera pudo pisar este lugar. Cuando doy unos pasos avanzando hacia el escritorio donde está, estiro los brazos en su dirección con intención de posar mis manos sobre las suyas, pero en el último momento me arrepiento y las dejo caer a ambos lados de mi cuerpo. — Tienes que ayudarme, por favor, de verdad que es inocente, necesito que lo ayudes. — llegados a este punto, no sirve de nada tratar de esconder la desesperación en mi voz, que a tal punto he llegado de tener que pedirle a mi hermano, ministro de justicia, que defienda a un muggle.
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Mensaje por Hans M. Powell el Lun Feb 03, 2020 4:21 am

Me encojo de hombros porque no está en mí el preguntarme por qué el sujeto fue un completo idiota, si su capricho se encontraba en comunicarse con un esclavo de la isla ministerial fue su error, no el mío. Es lo siguiente que suelta que me produce una mirada helada, puedo sentir un brillo cubriendo mis ojos por un momento al observarla con la mandíbula tensándose — Claro que puedo evitarlo. Meerah puede hablar con los esclavos solo para darle órdenes o pedirles un favor, nada más. Ella es una bruja y es mi hija, sabe dónde debe estar parada para encontrarse a salvo — no quiero su cabeza contaminada, incluso cuando todavía retengo la conversación que tuvimos hace un tiempo. Creo que es lo suficientemente lista como para entender cómo funciona el mundo y dónde se encuentra la gente cuyas relaciones jamás van a ser un problema para ella. Además, le dio con una pala al muchacho en la cara, dudo mucho que sea su amigo.

Y obvio que mi hermana tiene que decepcionarme. ¿Acaso soy la única persona cuerda en mi familia? Tomo algo de aire, me cruzo de brazos con firmeza y dejo salir el suspiro con mucha lentitud, sin apartar la vista de un rostro que conozco demasiado bien pero que ahora mismo se me hace el de una extraña — ¿Cómo lo conoces? — es una pregunta directa, sin demasiados rodeos. Sé que Phoebe tiene su pasado tanto como yo lo tengo, pero nunca quise saber demasiado sobre sus andanzas en el norte en cuanto pude recuperarla — No hay ningún error. ¿Quieres que vaya a buscar su testimonio a la base de seguridad para que tú misma puedas oírlo? — arqueo una ceja, retándola a desconfiar de mí por culpa de su terquedad — Las personas no siempre son lo que nosotros creemos que son. Los dos sabemos muy bien cómo funcionan las diferentes caras. Mira a nuestros padres… — uno se convirtió en un psicópata y la otra, en una víctima.

Odio esto. Odio que mi cuerpo reaccione con rechazo ante su cercanía, bajo las manos y me aferro al borde del escritorio con fuerza, hundiendo el abdomen como si de esa manera mi cuerpo lograse estar más lejos de ella. Y sobre todo, rechazo su petición, con cierta amargura — No puedo ayudarlo, ni siquiera aunque quisiera hacerlo — no espero que lo comprenda y sé, muy en el fondo, que estoy ganándome su odio con esto — Fue acusado de atentar contra la seguridad civil y no puede ser reubicado como esclavo luego de demostrar ser una amenaza en contacto con terroristas. Lo único que podría hacer es retrasar su sentencia, pero siempre acabaría en el mismo lugar. Keogh solo tiene la opción de lucirse en el Coliseo para seguir respirando, lo siento — en verdad no lo hago, al menos por él. Sé lo sensible que Phoebe puede ser, en especial cuando las cosas le importan. Intento relajar mi postura, dudando de su tomar su mano o no — ¿Por qué es tan importante? Es un muggle — se lo tengo que remarcar como si tuviese que señalar lo obvio, porque ella más que nadie debería saber que esas personas no son dignas de nuestra confianza.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Feb 03, 2020 3:08 pm

Levanto las manos en señal de tregua, a pesar de ser un movimiento vago que me lleva a dejar caer los brazos inmediatamente después con un suspiro. — No voy a meterme en cómo educas a tu hija, esa es tu tarea. — que nunca lo hice, él es quién sabe qué valores quiere colocar en su cabeza y, por lo que estoy viendo, los lleva teniendo claros desde hace bastante tiempo. No me sorprende, por eso es que ni siquiera dedico más tiempo a discutirlo. — Pero lo que sí te estoy pidiendo es que confíes en mí, ¿no crees que puedes hacerlo? Soy tu hermana, Hans. Nunca te pido nada, nunca. — no estoy diciendo nada que no sea verdad, que él se empeñe en querer darme cosas a diestro y siniestro como si el dinero tuviera el mismo valor que las memorias que podríamos haber compartido no quiere decir que yo me haya aprovechado de ello. Todo lo contrario, creo que esta es una de las pocas veces en las que exijo algo de su parte, y ni siquiera es para mi propio beneficio. — Soy yo la que te está pidiendo un favor ahora. — quizá esté pecando de ingenua si pienso que será tan fácil hacerle cambiar de opinión.

Lo conozco, Hans, simplemente, lo conozco como puedo conocer a la vendedora de la esquina. — muevo mis brazos en una explicación tan ambigua que por un momento hasta me habría quedado bien en una audición de teatro. La cosa es que no creo que muchos estén dispuestos a preocuparse tanto por un simple vendedor. Sacudo la mano en lo que se puede ver un gesto despectivo hacia sus palabras, porque sigue emperrado en su visión de la historia y ni siquiera puede hacer el esfuerzo de verlo desde mi punto. Pues bien, si así lo quiere, le explicaré mi punto. — ¿Quieres saber algo? — vuelvo a recoger el periódico que dejé posado cerca, solo para lanzarlo sobre la madera del escritorio con un movimiento de muñeca, de forma que queda plasmada la portada donde se iluminan los rostros de los participantes. — Dónde tú ves a un criminal, yo veo la persona que me salvó la vida. Hubo una vez en la que esta figura que tanto te estás esforzando por tachar de enemigo, me tendió la mano cuando nuestro padre se encargó de soltarla. Si no fuera por él, no estaría aquí, habría muerto hace mucho tiempo, y esa no es una deuda que hubiera creído que podría devolver, hasta ahora. — ¿no quiso una vez saber cómo es que una niña de apenas ocho años pudo sobrevivir por su cuenta? Ahí tiene la respuesta que siempre ha ansiado conocer. — Así que no me digas que lo han detenido por simpatizar con las ideas de Hermann, porque te equivocas. No vino aquí a aumentar sus seguidores, lo hizo porque su hermana fue esclava de los Niniadis, solo quería cerciorarse de que seguía allí, de que estaba bien después de haber perdido el contacto. — el cómo conozco de esa información es algo que prefiero guardarme, siendo que ya he dado los detalles suficientes. — Si lo descubrieron rondando por la isla, probablemente puso la excusa de la resistencia para no ponerla en peligro. — no es como si personas como mi hermano fueran a preocuparse por sus familiares.

Pero entonces se aparta, o al menos es lo que pretende hacer cuando me acerco, y esa reacción se lleva que me quede perpleja en el sitio. Es solo un momento, en seguida me doy cuenta de lo que significa sin la necesidad de que se explique con palabras, su lenguaje corporal habla por sí solo y es lo que me lleva a dar un paso hacia atrás. No necesito que diga nada más, en verdad no hace falta porque ya lo ha dicho todo. La expresión de dolor que se planta en mi rostro no es algo que pueda borrar tan fácilmente. Muevo mi otro pie para poder dar marcha atrás en mi intento de separarme, es lo que tanto quería él, ¿no? No es como que llegue a alejarme mucho, apenas son unos centímetros desde donde estaba antes porque no puedo apartar la mirada de mi hermano. — Yo lo ayudé. — para ser una confesión de ese calibre, puedo decir que mi voz no tiembla cuando la elevo después de este momento. Siento la necesidad de tragar saliva para hacer una pausa, pero tengo la garganta seca, así que me conformo con el silencio que dejo que nos invada antes de proseguir. — Yo permití que pusiera un pie en esta isla. — no me arrepiento de haberlo hecho, me arrepiento de que al final las cosas terminaran por salir mal. — Puedes acusarme de traidora, puedes arrestarme también si quieres, te lo pondré fácil. — tan sencillo como que no me muevo del sitio, solo hay una cosa que quiero añadir. — Pero no creas por un solo momento que yo atentaría contra la seguridad de mi propia familia. — puedo equivocarme, pero tengo claro donde están mis lealtades.
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Mensaje por Hans M. Powell el Mar Feb 04, 2020 4:38 am

No me está pidiendo un favor, me está pidiendo un suicidio social. No me he convertido en el ministro más joven de nuestro gobierno por andar sintiendo pena por aquellos que se ganaron una sentencia, sino porque fui lo suficientemente listo como para saber cuándo apelar. No encuentro un verdadero motivo por el cual creerle hasta que confiesa, pintándome a un muggle de héroe de una manera que, a decir verdad, me hace creer que puedo sentirme agradecido con él… pero me dura un suspiro — ¿Y no pensaste siquiera que estás tratando de ver la mejor cara de una persona, solo porque se lo debes? Escapó con el incendio del mercado, Phoebe… — hasta sueno agotado, cansado de su terquedad y su ingenuidad. No siempre podemos ver lo mejor de las personas, por mucho que nos duela aceptar que nuestros amigos o seres queridos no son siempre lo que hemos creído.

Es irónico tener esa línea de pensamiento cuando son sus palabras las que me dejan plantado como si me hubiera dado una bofetada en toda la cara. Puedo ver a Phoebe, pero no encuentro en ella a mi hermana, sino a una completa desconocida. Supongo que es la persona que sobrevivió todos estos años en el norte, la que se rodeó de individuos desagradables hasta que, sospecho, solo quedó de nosotros la genética. Me quedaría callado si no fuera porque lo que dice hace que se me escape una sonrisa sarcástica, que guarda cierto grado de histeria — ¿No lo harías? Porque lo hiciste — esta vez soy yo quien se separa del escritorio con un envión y me acerco a ella, dando los pasos necesarios como para que nuestra distancia sea efímera — Andrew Keogh huyó gracias a nuestro padre y, en lugar de entregarse, buscó el modo de meterse en este lugar para contaminar con sus ideas. A su amigo, a su hermana, eso no me importa. No voy a mover ni un solo dedo por alguien que promueve esas ideas. ¿Alguna vez siquiera lo pensaste? ¿Qué pasaría si nuestro padre gana? — arqueo mis cejas, retándola a que me lo diga a pesar de que yo hablo primero — Sería peor que con los Black. Volveríamos a los tiempos de antaño, donde esconderse de los muggles hasta ser solo una leyenda era el único modo de sobrevivir. Y tu familia sería quien sufra las consecuencias — si es que sobrevive para contarlo.

Se me crispa la nariz en lo que mis ojos se pasean por su rostro. No sé qué es lo que predomina en mí ahora mismo, pero ninguna de las emociones que me asfixian es agradable — Lo que hiciste es un delito penable por la ley — le recuerdo — Y el único motivo por el cual no estoy llamando a seguridad es porque, tristemente, te quiero. Pero mantener relaciones amistosas con muggles, no importa quiénes fueron en el pasado, es ilegal. Ayudarlos… — muevo la cabeza hacia un lado para tronarme el cuello, tengo que respirar lentamente para calmarme. Por el modo en el cual muevo mi mano, es obvio que estoy tratando de no buscar mi varita — Vete de mi casa, Phoebe. Te quiero lejos de mis hijas. En lo que a mí me respecta, yo no tengo una hermana — sé que el desprecio que tiñe mi voz es el enojo, la necesidad imperiosa de lastimarla tanto como ella me hiere a mí. Y ahora mismo tengo el vacío necesario como para que no me importe alejarme, darle la espalda hasta plantarme frente a la ventana, tratando de buscar cierta calma en la vista del jardín. Sé que algo se ha roto, lo he oído en el aire y en mi pecho. Y no hay hechizo que pueda arreglarlo.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Mar Feb 04, 2020 10:35 am

Es muy probable que esté en lo cierto cuando digo tener temor cuando se acerca, hay un nuevo brillo en su mirada, uno que no estoy muy segura de como interpretar. — Hans, para, por favor, ¡detente un segundo! — no me refiero a sus pasos hasta que queda frente a mí, sino a todo lo que está soltando por su boca. — Por favor, escúchame, no te estoy pidiendo que lo dejes en libertad, me da igual, tú... no lo entiendes, ¡me salvó la vida, Hans! Déjame devolverle el favor, ¿no puedes hacer siquiera una excepción? ¡Deja a un lado a nuestro padre! ¡Ni siquiera tienes razón! Él no... — llegados a este punto creo que solo estoy soltando cosas sin sentido con la mera intención de que me preste atención, viendo que la expresión de su rostro es completamente fría. Y no puedo evitarlo, soy un cúmulo de emociones que explotan con cada comentario que dice. — ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no sé lo que podría ocurrir? — soy yo la que se lo pregunto a él esta vez, dado que parece que me está tratando de estúpida. — Mi propio padre se deshizo de mí por ser bruja, no necesito que vengas a decirme lo que perdería, conozco muy bien las diferencias, y yo ya sufrí mis consecuencias. ¿O acaso te has olvidado de eso por este tiempo que me tuviste contigo? Un año no compensa los veinte que te mantuviste ausente, Hans. Te estás comportando como un completo cretino, cuando tú fuiste el primero en ser lo suficientemente cobarde como para no alzar la voz, no reconocer lo que eras, y lo que eres ahora. Es muy fácil hablar cuando lo has tenido todo. — hablo de lo material, no de carencias emocionales. No es el único que puede decir palabras hirientes, no cuando él mismo no se vio capacitado para reconocerse mago delante de nuestro padre, como para que ahora me venga dándose aires de orgullo.

Claro que no hay mucho más que pueda ser tan hiriente como lo que escucho salir de su boca. Y por un momento, en serio, creo que le he escuchado mal, o son mis propios oídos los que funcionan como una especie de tapón hacia sus palabras. No es la primera vez que veo esa expresión en el rostro de una persona, de pura decepción, casi podría decir que también noto cierto asco en su manera de clavar sus ojos sobre mí. Pero por alguna razón, me siento incapaz a apartar la mirada, siento que mi corazón se ha hundido en un agujero negro y por un minuto creo que también se me ha parado la respiración. Ansío coger aire, pero no soy capaz a hacerlo, lo cual es una buena cosa que se aparte, así puedo bajar la cabeza hacia el suelo, todavía con la sensación de profundo desmoronamiento en mi pecho. Cuando alzo la vista una vez, ni siquiera le miro a él, no creo que esté mirando a ningún punto en concreto, la verdad. — Nunca la tuviste, al parecer. — tengo que apartar una lágrima que corre por mi mejilla derecha a una velocidad impecable, es el único gesto que hago antes de darme la vuelta para marcharme. Creo que es el orgullo lo que me lleva a girarme hacia mi hermano una última vez al alcanzar la puerta, o quizás no tiene nada que ver y solo estoy tratando de ralentizar lo inevitable. — Desapareceré de tu vida, puedes darme por muerta, lo hiciste una vez, no creo que tengas problema en hacerlo una segunda. — esto es, entonces. No soy consciente de cómo mecanizo mi cabeza para dar un paso delante de otro, sabiendo que con cada uno estoy más cerca de alejarme. Y supongo que estábamos condenados a esto, a que la historia se repitiera una vez más, como no podía ser de otra manera. No es la primera vez que me echan de una casa, conozco el sentimiento mucho mejor de lo que podría caber recordar. La diferencia es que esta vez me voy por cuenta propia. En esta ocasión no tengo ocho años, el hecho de marcharme tiene un significado que soy capaz de entender, que no soy bienvenida, que no lo seré nunca.
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