The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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2 participantes
Simon Lackberg
Principios de Abril

No sé por qué siento la necesidad de llevar la mochila a todos lados, como si de su contenido dependiera mi supervivencia en el exterior. Durante unas semanas así fue, pero ahora tengo un sitio seguro en el qué quedarme y debería confiar en que puedo volver allí pero... No lo hago. Cada vez que salgo me tienta la idea de no volver pero ¿A dónde voy a ir? Ya tengo mis respuestas, pocas pero respuestas a fin de cuentas. No hay señales de mi padre biológico, mi madre ha sido capturada por el gobierno hace años y nadie sabe nada de ella, quizás es una esclava ¿Quién sabe? Pero para eso tendría que ir casa por casa buscándola y ni siquiera sé cómo luce porque no hay una sola foto de ella.

Y ahora lo que me queda es salir a buscar comida para colaborar en una casa en donde todos son desconocidos. Al principio creí que quedarme allí podría ser la respuesta pero lo cierto es que extraño mi casa. No por los lujos o el colchón cómodo, sino porque allí ya había podido comenzar a comportarme como mí mismo, había empezado a superar la pérdida de Robin y por fin estaba siento algo así como feliz. Ahora no lo soy, estoy lejos de serlo, y no tener idea de lo que pasará mañana no me gusta tampoco.

Sin embargo es lo que hay, mi tarea es reunir alimento así que es lo que hago con las pocas monedas que tengo en los bolsillos. Camino con la capucha cubriéndome la cabeza y justo cuando localizo al vendedor tengo que pararme en seco al ver como Ivar me mira con el rostro paralizado desde una esquina. Pareciera que acaba de ver un fantasma, está pálido y sus ojos llorosos ¿Debería correr? Sería lo más sensato, pero por mucho que lo intento mi cuerpo no reacciona.

Amalie está allí también y el único movimiento que logro es para desviar mis ojos de él hacia ella ¿Qué hace aquí? El norte es demasiado sucio y desordenado. Aquí nadie ordena la ropa por sus colores y no se molestan en limpiar la sangre que dejan por las paredes, de verdad lamento mucho que esté pasando ésto por mi culpa... Porque es mi culpa ¿No? ¿Por qué otra razón estarían aquí?
Simon Lackberg
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Invitado
Invitado
Entrelazo mis dedos a los de Ivar cuando nos desaparecemos, no lo suelto cuando echamos a andar por el distrito en que esperamos encontrar a Simon, después de las semanas que pasamos sin tener noticias de su paradero, ni que eligiera volver por su propia decisión, la misma por la que se marchó. Mi nariz se resiente nada más andar por uno de los callejones que está a rebosar de la basura que los mendigos amontonando, a un lado de los cartones que usan para dormir, y cerca de una de las gruesas puertas que sirven como salida de emergencia de ciertos edificios, vemos salir a un par de hombres que se pelean con los puños, nada de varitas, con sus caras llenas de moratones. ¿A estos lugares venía Ivar? ¿A estos sitios traía al perro consigo? Sigo de largo cuando toca hacerlo, con absoluta indiferencia a las rencillas y con muy poca paciencia y tiempo como para empezar a practicar la caridad con los pobres.

Estoy aquí por Simon, a quien espero poder llevar de regreso a la casa este mismo día. —¿Estás bien?— consulto en un momento en que mi hombro roza el suyo, en el que coloco una mano sobre su codo para atraer su atención, porque en estas semanas la angustia lo ha tenido distraído, de a ratos ausente, siendo nada más que un cuerpo pesado en la habitación, pero que no hablaba, ni escuchaba. Con el divorcio en trámite, la segunda boda la hemos postergado hasta tener a Simon de nuevo con nosotros y que nuestra familia más o menos se acomode. Froto su brazo en una caricia de consuelo, porque con las pocas energías que tiene, ha venido conmigo habiendo la posibilidad de una decepción y de que la ubicación marcada para encontrar a Simon sea la equivocada.

Todavía nos quedan un par de calles cuando la suerte se anticipa propiciando la coincidencia, y a pesar de la ropa que lleva puesta, podríamos reconocerlo. Él también nos ve, lo percibo. Aguardo a que sea quien se acerque con la mirada puesta en él, pero si tiene el atrevimiento de girarse para huir, no dudaré en usar mi varita para traerlo de vuelta, aunque me advirtieron que limitara mis demostraciones de magia en el norte. ¿Qué más da? Me desaparezco con Ivar para aparecernos inmediatamente en la entrada de un callejón a pocos pasos de donde se encuentra el chico. —Simon— lo llamo, sin necesidad de levantar la voz.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Mis esperanzas en Kavalier eran nulas, de verdad creía que la única forma en la que encontraríamos a mi hijo serían por las antiguas, golpeando de puerta en puerta hasta dar con su paradero. Porque así es como he encontrados a todos a lo largo de mi vida, caminando y caminando sin descanso hasta que el destino nos pudo de vuelta en el mismo camino. Pero no esta vez, Simon estaba lejos y no éramos capaces de encontrarlo, hasta que una luz en la pantalla se encendió y la sonrisa del científico me dijo que era hora de ponernos en marcha. Y así lo hacemos, aunque ya no tengo ánimos para expresar mi entusiasmo ¿Es que me queda algo de eso? No, todo se ha consumido por la tristeza que llevo hace unas semanas ya.

Aparecemos en el distrito 5 y de inmediato miro en todas direcciones buscando al muchacho. Ignoro todo lo demás que ocurre, la pelea de los hombres que salen del edificio, los nuevos carteles que adornan las paredes o el terrible olor que sale de las mismas. Son cosas con las que he convivido mucho en las últimas semanas así como lo hacía antes por gusto - Sí, estoy bien - me limito a responder y tomo su mano para que caminemos juntos. No lo digo en voz alta, pero agradezco tenerla aquí, me mantiene en pie y hace que el terrible panorama sea un poco menos malo.

Caminamos en silencio hasta que la figura de mi hijo aparece no demasiado lejos. Lo reconozco de inmediato y mis ojos se llenan de lágrimas al reconocer en su rostro uno que vi en el espejo hace muchos años atrás. La misma capucha, el mismo andar, un joven con ganas de hacer algo sin ser conciente de que se está poniendo en peligro de solo intentarlo - Está allí - murmuro pero ni siquiera yo logro escuchar mis palabras.

Nos aparecemos una vez más, esta vez a pocos metros de él y ni bien Amalie pronuncia su nombre, caigo de rodillas frente a él buscando al menos una esperanza de perdón en su rostro - Hijo...
Ivar Lackberg
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Simon Lackberg
Me mantengo firme cuando ambos aparecen a solo unos pasos de distancia y observo la escena en silencio pensando en qué decir. Al parecer solo necesitaba charlar con alguien al respecto y Lea ha sido el alma que me ha ayudado a entrar en razón. Bueno, no a entrar en razón porque sigo creyendo que tengo razón pero sí me ha ayudado a considerar darles una nueva oportunidad. Porque tengo suerte de tenerlos y debo darles gracias por haberme ofrecido una vida que otras personas con mi sangre solo sueñan con tener. Ivar ha trabajado desde el ministerio hace años ayudando a las personas del norte y estoy seguro de que ha cambiado más vidas de las que habría podido cambiar siendo un traidor, tal vez yo pueda hacer lo mismo.

El hombre se desmorona frente a mí así que solo voy hacia él y lo envuelvo en un abrazo. Queda pequeño dado a que está arrodillado pero me ayuda con mi idea de darle un beso en la coronilla para tranquilizarlo. Luego de eso me quito la capucha y voy hacia Amalie a quien tomo de la mano con cuidado pues tengo la suciedad de varios días y no quiero causarle mal estar con eso.

- Sé que mi nombre es Simon Clay, soy hijo de muggles y no tengo ningún derecho a ser ciudadano de Neopanem con las leyes que rigen - comienzo mirando a ambos, sin soltar a ninguno - Así que gracias a ambos... Lamento haberme ido así, estaba enfadado - sigo explicando, ésta vez sin apartar los ojos de la pelirroja - ¿Sabías ésto cuando me dejaste entrar a tu casa, Amalie? - pregunto con voz entrecortada - ¿Me dejarás volver a entrar?
Simon Lackberg
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Invitado
Invitado
Aguardo con miedo a que Simon rechace a su padre que se dobla delante de él, con todo ese dolor que le he visto cargar por días y finalmente puede volcarlo en un abrazo esperanzador a su hijo, que lo aparta como me temía. Tras unas primeras palabras que me pusieron en alerta, porque pensé que su intención sería permanecer en el norte como repudiado al saber esa verdad, me alivia saber que pretende todo lo contrario. Toda la tensión que no me di cuenta que estaba acumulando dentro de mi cuerpo, con mi espalda recta y mis hombros duros, la suelto en un suspiro y mi rostro también transmite la paz que siento de que elija nuestra protección y podamos dársela.

Simon, eres parte de nuestra familia— lo envuelvo así como su padre, con mis brazos rodeándolo y mi cabeza apoyada en su coronilla, estrechándolo contra nosotros, evitando cualquier posibilidad de que vuelva a poner una distancia. —No nos hagas esto otra vez, todo lo que queremos es que estés en casa con nosotros. Puedes ser un Lackberg con todos los derechos que te mereces y un Clay también si lo quieres tener presente, pero no nos quites la oportunidad de estar contigo y darte todo lo que podemos como familia— acaricio su rostro y me acerco para besar su mejilla, como si fuera un niño pequeño y no el adolescente que todos ven, un poco más sucio que hace unas semanas, y no es algo que me importe, de todas formas paso mi pulgar para su pómulo para quitarle una mancha.  

De dónde venimos no determina lo lejos que podemos llegar, eso lo decide cada uno y te mereces ver que tan lejos puedes llegar— le aseguro, porque también vengo de una familia de muggles que en una época, cuando ser bruja era un estigma y me lo hicieron sentir de la peor manera, decidí que me probaría a mí misma. He llegado lejos desde entonces, le deseo lo mismo. Y soy la persona a la que menos le importa que me digan que esto es ilegal, que no deberíamos estar albergando a un hijo de muggles como un chico más del Capitolio. Mi familia es, ante todo, lo que defenderé y no me tiembla la voluntad de hacer lo que haga falta. —Te llevaremos a casa— prometo.
Anonymous
Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Cuando escucho que tiene intenciones de volver siento como todo el peso de las semanas desaparece de repente. Dejo de sentir el enorme elefante aplastándome el pecho y logro respirar con tranquilidad, incluso sonrío y levanto la vista para poder ver su rostro. Amalie nos envuelve a ambos en una abrazo y aprovecho la cercanía para ayudarme a volver a ponerme de pie y poder envolverlos yo también. Quizás aún no logro tener a toda mi familia junta, pero éste es un gran avance que merece ser disfrutado, Simon está de vuelta y me niego a volver a perderlo de ésta forma.

- Y tienes que estar orgulloso de ser un Clay... Tu madre fue una mujer maravillosa que te mantuvo a salvo hasta que ya no pudo hacerlo - comento con una sonrisa melancólica. Cómo hablaba de su hijo no nato fue una de las razones por las cuales terminé acercándome a ella, por eso nos hicimos amigos y llegué a conocerla bien en el poco tiempo que frecuentamos - Aún cuando no habías nacido hizo todo por tí, así como nosotros lo haremos ahora - así como lo vengo haciendo desde hace 14 años.

Miro a Amalie esperando que no me odie por prolongar el momento pero creo que hay algo que tenemos que hacer aquí antes de volver a casa. El norte fue mi lugar de escape durante mucho tiempo, así como él lo ha elegido también... Es un niño con sangre de repudiado y que ha sido criado por mí así que ¿Podemos esperar que no volverá a escapar cuando tenga la oportunidad? - Si quieres volver aquí, no lo hagas solo ¿De acuerdo? Puedes pedírmelo y yo te acompañaré.
Ivar Lackberg
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Simon Lackberg
Las caricias de Amalie se sienten bien, como todo el cariño que no tuve durante éste mes que anduve vagando por el norte. Porque aunque mi vida no sea todo abrazos con ellos, porque simplemente yo no soy así, puedo sentir el cariño en cada merienda, en cada partida de videojuegos e incluso en cada "Pórtate bien" cuando voy a la escuela cada mañana con una sonrisa pues es una orden que no puedo prometer cumplir - Estando aquí me dí cuenta de cuan afortunado soy de haber tenido una oportunidad - en la fábrica de la red hay chicos que no la tuvieron, fueron catalogados como criminales y ahora están privados de cosas que para mí son cotidianas, incluso Ken tiene más suerte que ellos ahora mismo.

- No olvidaré que soy un Clay - respondo a ambos comentarios pasando mi vista de uno a otro. Y en cuánto a cuan lejos quiero llegar... Creo que hay una buena forma de hacerlo pues no necesariamente tengo que hacer el primer intento de cambiar el mundo yo solo ¿No? Hay personas ahí afuera que también creen que todo el sistema está mal, sé que Ivar lo piensa ya que de otra forma no me habría adoptado en primer lugar así que espero tener su apoyo - Y llegaré incluso más lejos de lo Simonmente posible - agrego con una sonrisa de oreja a oreja, una que hace semanas que no podía mostrar.

- No sé si voy a volver inmediatamente pero voy a hacerlo para ayudar a las personas que viven aquí también... No creo poder ser asistente social porque - porque mi cerebro da para más que eso, pero no quiero ofender a mi padre - porque me gusta la ciencia.- eso está mejor - Pero desde un punto fuera del trabajo me gustaría hacer algo... Sacando las cuentas, con mi verdadera fecha de nacimiento, resulta que tengo 14, así que ya soy lo suficientemente grande para comenzar ¿No?
Simon Lackberg
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Invitado
Invitado
No digo nada a la proposición que hace Ivar de acompañarlo las veces que quiera al norte, bajo mis ojos al suelo con pensamientos que me guardo para mí misma, porque la parte de aceptar que mi familia va a contracorriente y que los seguiría a donde fueran, me obliga a respetar que tanto ellos dos como la misma Synnove, están recorriendo caminos que los aleja a veces. Si no hago eco de las palabras de mi marido, es porque yo no volveré al norte a menos que sea para esto, para buscar a cualquiera de mis hijos perdidos. Mi sitios sigue estando en el Capitolio, donde fundamos esta familia y desde resguardaré sus derechos por haber nacidos magos y brujas.

Seré quien se asegure de que Simon llegue más allá de lo Simonmente posible, lo abrazo con un cariño que pocas veces expreso porque no tengo otra cosa para mi familia que no sea cariño, por mucho que me cueste manifestarlo. —También se pueden hacer muchas cosas desde la ciencia para cambiar el mundo— lo respaldo en su decisión, orgullosa de que quiera continuar una carrera que conozco, que da esa ilusión de que nos parecemos un poco y me permite sentirme cercana a él, aunque no sea su madre biológicamente ni por criarlo en sus primeros años que fueron los más necesarios, pero espero que algún día pueda reconocerme como una cuando todo, todo acabe.

Tengas 14 años o tengas 24 años, creo que a tu padre y a mí nos llevará un tiempo entender que tú también estás creciendo, que eres lo suficientemente grande para… lo que sea— soy sincera con él, por mi lado lo experimenté con Synnove a quien habría tenido en algodones toda la vida si no fuera porque todo esto que pasó el último mes me hizo ver que sufro de lo mismo que Ivar, para mí los niños nunca crecen, se siente esa obligación de estar para ellos, los vemos siempre vulnerables. Y tal vez lo que los hace vulnerables sea precisamente esa protección que raya en una sobreprotección. Los niños necesitan crecer. —Danos tiempo, será difícil, pero no imposible— murmuro, por lo raro que sea que se me escuche hacer una broma. —Te acompañaremos mientras te vas haciendo grande, cada vez más grande…— acaricio su cabello con una mano y miro a Ivar para que me prometa que esto también es algo con lo que podremos, si lo hacemos juntos.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Si hay algo de lo que no sé absolutamente nada es de ciencia, así que no sé que cosas podrían hacer para cambiar el mundo desde ese ámbito pero me alegro de que, por fin, tengan algo en común. Porque si hay algo en lo que jamás pude acompañar al chico fue en eso... Siempre fui un espectador  de sus ideas, compré los materiales y ayudé hasta que simplemente dejé de entender. Pero Amalie podrá acompañarlo en ello, porque si bien se especializa en plantas tiene una idea más cercana de lo que él aspira ¡Y contactos! Contactos que espero que lo mantengan lejos de los problemas demasiado graves.

Me da una punzada en el estómago cuando empiezan a hablar de edades pues Simon es mi último pequeño. Tuve a Viggo entre mis brazos por algunos meses pero ya es un adulto ahora, jamás tuve la oportunidad de ver crecer a Moira ni siquiera un poco, Synnove ya es más adulta que adolescente y Simon... Está dejando de ser un niño. De repente me siento viejo, como si mi trabajo en el mundo hubiese terminado, pero no es así, sé que debo seguir ofreciendo mi apoyo a al menos los tres que tengo en el radar.

- Bueno, yo estoy demasiado grande para ciertas cosas, eso es seguro - bromeo con ambos con una sonrisa. Viejo para andar vagando por el norte por un mes, por ejemplo, cosa que antes hacía sin problemas pero ahora... Siento que se me ha ido la vida en el intento, estoy cansado - Pero antes de que alguien más siga creciendo, creo que tenemos que ir a preparar una boda ¿No les parece? - pregunto a continuación despeinando el cabello de Simon y dando un beso rápido a Amalie antes de tomar a ambos de las manos y desaparecer rumbo a nuestro hogar.
Ivar Lackberg
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