The Mighty Fall
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OTOÑO de 247221 de Septiembre — 20 de Diciembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Invitado
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Tiro de la manija del cajón para sepultar debajo de las carpetas que tengo guardadas allí, el sobre que me han dado en el hospital con los resultados que esperaba. He mentido diciendo que seguí terapia, las últimas veces en que fui allí en vez de ir al consultorio de la psicomaga, fui a hablar con otro sanador. No me ha servido de nada tantas semanas sentándome a hablar con esa mujer que no hacía más que escucharme y recalcarme lo difícil que se me hace cambiar esos comportamientos que sabemos ambas que están mal, lo confirmo al abandonar sus sesiones para tomar sola decisiones que tal vez debería consultar con Ivar. Esperaba poder hacerlo después de los resultados, que tras la devolución del sanador son negativos, así que no tiene caso. Lo escondo debajo de todo para no tener que volver a verlo, porque se me da bien esto de seguir reprimiendo cosas y por eso es que no volveré a ver a la psicomaga. Supongo que hay muchas cosas mal en mi vida, que simplemente no van a cambiar.

Me echo agua a la cara para despejarme, pero mis ojos azules en el espejo se ven como un lago congelado en invierno a punto de resquebrajarse. Retiro los mechones rojizos que se quedan pegados a mi piel por lo húmedos que están, trato de limpiar mi mirada al pestañear varias veces y me tomo cinco minutos más sostenida al borde del lavado antes de volver a la habitación. Trato de encontrar en mis rasgos los que heredé de mi madre, ver un poco de ella en mí, porque la culpa todavía me hace pensar que me condené a la desgracia siendo una niña que no sabía lo que hacía y no son suficientes las veces que pueda pedirle perdón a su memoria. Synnove fue el único milagro que se me concedió después de tantos niños que no pudieron ser y otros que no serán, porque mi cuerpo se revela a tener hijos por el crimen que cometí hacia mi madre, la naturaleza a su manera se cobra justicia.

Las lágrimas caen una tras otra, tengo que cubrir mi boca con una mano para que los sollozos no salgan de mí, el ruido de la puerta del dormitorio al abrirse hace que trate de recomponerme, pero no lo consigo. Salgo del baño con la cara enrojecida, con los ojos cerrados para contener el llanto y los entreabro para poder caminar hasta Ivar, rodear su cintura con mis brazos para poder seguir llorando contra su camisa, tan incapaz como soy de decirle lo que me pasa. Trato de decirle que sólo será un momento, que necesito un minuto para que su presencia calme a los demonios de mi mente que vienen a repetirme culpas y afirmar que por mucho que lo intente, que puedo destruirme y reconstruirme todas las veces que quiera, pero que hay algo que se rompió mucho antes de que tomara consciencia de ello, que me hace quien soy y no podré arreglarlo. Podré armar todos los paraísos que quiera como un escenario montado, esta casa, esta familia, convencerme de que es real y la que está mal soy yo. —Se tiene que acabar algún día, Ivar— murmuro, mi voz amortiguada por nuestra cercanía. —Se me agotan las fuerzas y no quiero arrastrarlos conmigo, hay veces en las que pienso que lo mejor que puede pasar es que todo termine.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
El momento en el que le propuse casamiento a Amalie es un recuerdo que no se va a borrar nunca de mi mente, aunque sea por milésimas de segundos cruza frente a mis ojos cada vez que la veo y me hace sonreír con melancolía pues luego de eso ya no pude permitirme se así de teatral. Nos casamos, mi papel en el ministerio me consumió y ya no pude volver a ser ese hombre divertido que había pasado semanas organizando todo, que contrató gente para que la escena sea más realista y que le explotó el pecho de alegría al recibir una respuesta afirmativa. Pero quiero volver a ser ese hombre, lo estoy intentando así que no se me ocurre mejor manera que darle un reinicio oficial a la relación, algo que creo que ambos necesitamos para dejar todo el pasado atrás y concentrarnos en la hermosa familia que tenemos ahora, con perro incluido.

Llevo los papeles del divorcio ya firmados por mí y un anillo con un discreto diamante en su caja en el bolsillo interior de mi traje. Lo elegí con cuidado y si bien ésta vez no habrá oportunidad de montar un gran show porque la situación del país no lo permite, creo que le gustará el toque de todas formas. Pero al entrar a la habitación me encuentro con algo que no esperaba, su abrazo me sorprende y dejo caer los papeles al suelo para rodearla con cuidado, no quiero apretarla demasiado pues se ve frágil y sus palabras me confirman que está a punto de romperse.

No sé qué pensar, no sé qué decir pues con todas mis fuerzas quiero interpretarlo como un simple comentario sin sentido, como una exageración de la vida cotidiana pero no lo es, porque mi esposa ha estado sufriendo desde hace tiempo y algo habrá pasado para que se caiga de ésta manera - ¿Qué dices? - pregunto con la desesperación brotando en mi pecho, se refleja en mi voz que tan rota como la mujer entre mis brazos - ¿Qué ocurre? - vuelvo a intentarlo llevándonos a ambos hacia la cama para que tomemos asiento, me tiemblan las piernas por lo que temo no poder aguantar el peso de ambos - Estoy aquí para tí, para lo que necesites y sea lo que sea jamás podrías arrastrarnos, estamos juntos en esto - no importa la razón.
Ivar Lackberg
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Invitado
Invitado
Me abrazo al pecho de Ivar con las pocas fuerzas que me quedan, me sostendría a él hasta que se extingan por completo, porque toda mi vida me he pasado a la deriva y encontrarlo fue tener algo en lo que creer. Tendrá muchos defectos, cometió demasiados errores, algunas decisiones equivocadas fueron compartidas, perdí la fe en él y traté de no amarlo, pero al final de todos los días interminables en que soy presa de mis demonios, logra que me reencuentre con la sonrisa auténtica que sacó de mis labios el día que nos conocimos. Todos mis dramas internos chocaron con sus bromas, me devolvió esa chispa de risa que se había apagado para mí de tanto llorar siendo una niña, que seguí llorando siendo adolescente, cuando me decía lo mismo que ahora. Algún día tiene que acabar, esta angustia debe morir y tiene que haber un descanso para mi mente, mientras ese día llega, él sigue siendo el consuelo que apacigua las voces torturadas de mi mente y su voz llega a través de mis oídos, su preocupación real, barre con todas las tormentas en el horizonte.

Ivar, ¿cómo puedes amarme así?— pregunto, —¿por qué de todas las personas rotas que te gusta ayudar, te casaste conmigo?— susurro con mi rostro contra su pecho, mis dedos aferrándose a su ropa en un abrazo ferviente en el que quiero esconderme, porque es un lugar donde las heridas duelen menos y todo lo que escucho es a él. —Te mereces alguien que te ame mejor— digo, es una verdad que reconocí para mí misma hace muchísimo tiempo, cuando las mentiras que me contaba sobre que podía tener algo bueno después de haber perdido y destruido todo lo que tenía, se fueron cayendo en pedazos que nos lastimaron a todos. —Nunca— eso también lo digo, —nadie te amara más de lo que te amo, pero te mereces alguien mejor—. Mi mano se posa sobre su hombro al salir de sus brazos para poder mirarlo a la cara y que pueda ver la evidencia del llanto en mis ojos, como puedo esbozo una sonrisa quebrada. —Alguien que te haga reír todos los días, que te haga feliz. No una mujer incompleta, que trata de amarte con lo que tiene, pero que le falta tanto y nunca puedo darte todo lo que mereces— mi voz se ahoga en su cuello, donde oculto mi rostro al volver a llorar. —Quería darte una familia, Ivar. Quiero volver a empezar y hacerlo bien esta vez, pero no puedo… no puedo tener hijos, nunca pude, no estoy hecha para crear algo que sea bueno. Sólo para echarlo a perder…
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
La pregunta que me hace es tan simple y compleja de responder a la vez. Porque no hay dudas de que no preferiría estar con otra persona en el mundo, el universo nos unió y no puedo imaginar mi vida con alguien más. Era un hombre antes de estar con ella, uno perdido y sin futuro que no tenía intención alguna de pasar la eternidad con alguien, pero luego la vi y las cosas simplemente cobraron sentido... ¿Cómo podía dejarla pasar? ¿Cómo podía permitir que Amalie Shumer se vaya con alguien más? Pero no sé por qué, sería buscar la definición misma del amor y dudo que algún diccionario pueda describirla con total exactitud - Porque yo también estaba roto, Amy, y tu simple existencia, tenerte a mi lado era la cura perfecta... No sé por qué, solo sé que te amo y siempre lo haré no importa qué - respondo acariciando su rostro con cuidado, sincronizando mi respiración con la suya para así intentar tranquilizarla.

Veo las lágrimas en sus ojos y tengo que tragar saliva para que éstas no ataquen los míos. Ese es el asunto, que ella me ame es todo lo que necesito y no quiero a nadie más. No sé lo que merezco, no importa, lo que importa es lo que quiero. Siempre me creí indigno de ella y aquí estamos, juntos aún - Creo que soy yo el que ha fallado Amy... Porque tu pudiste unir mis piezas, pero yo no pude hacerlo con las tuyas, lo siento tanto - me disculpo estrechándola una vez más - Si hay alguien que merece alguien mejor, esa eres tú. - agrego antes de que lo siguiente me caiga como un balde de agua fría en la espalda, no por lo que significa, sino porque veo cómo eso la afecta y odio verla sufrir así.

-Amalie Lackberg, te habría elegido sin dudar aunque me hubieses dicho ésto mismo en nuestra primera cita - digo en voz baja luego de unos segundos y la suelto para arrodillarme frente a ella, al borde de la cama - Tenemos una hermosa familia, una poco convencional pero familia a fin de cuentas - continúo con una sonrisa tierna - Synnove es nuestro milagrito, no necesitamos más... - ojalá pueda verlo de esa forma - Y aunque no sean nuestros siempre podemos adoptar, o no, lo que tu decidas está bien - tengo el doble de hijos que ella ahora mismo y me gustaría poder sumarlos a la familia, pero eso es imposible de momento - ¿Crees que pueda hacerte feliz? Porque tú lo haces conmigo cada día, solo necesito que tú me digas que también lo serás.
Ivar Lackberg
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Invitado
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Hay palabras que podemos pasar buscando toda la vida, las necesitamos tanto que las aceptamos aun sabiendo que no es otra cosa que una hermosa mentira dicha por una persona que también espera escuchar lo mismo, porque lo necesita para calmar a su propio anhelo. Y que sean las palabras que Ivar pone en sus labios, que llegan a mí después de todos estos años, en que la niña herida que fui recibe recién el abrazo que la hubiera consolado cuando perdió a toda su familia con un solo golpe irremediable, son las palabras que por fin me encuentran, me envuelven con todo el calor que llena mis vacíos. No creo merecerlas, a la larga el enemigo interno que habita en nosotros nos vence, nos arrastramos derrotados por la vida y el amor más auténtico puede estar frente a nosotros que no lo reconocemos. Es un segundo milagro que pueda verlo en el rostro de Ivar, tan cerca del mío, que mis dedos van recorriendo las líneas que lo hacen alguien real, próximo. Puedo tocarlo para redescubrirlo real.

No sé si esas piezas puedan unirse algún día— admito, cargo con todas mis derrotas en el alma, con la imposibilidad de conseguir un triunfo sobre mi eterna nostalgia por todas las cosas que se han ido y que no podrán ser. Y entonces le pido lo único que me queda por pedirle. —Pero ámame, sólo ámame. Ámame aunque no lo merezca, aunque esté destrozada y amándote más de lo que se puede con todos esos pedazos…— susurro en lo que me queda de voz al irse desvaneciendo el desconsuelo de llorar. —Si me amas, eres todo lo que necesito aquí y ahora, y el resto de nuestras vidas— suspiro para soltar toda esa angustia que me corroe, desprenderme de ella, liberarme así. —Y toda la eternidad, quizás…— musito.

Si en su abrazo encuentro todas las fuerzas para seguir sosteniéndome en pie, sobre una vida resquebrajada en sus paredes, atrapada en una pesadilla cuyos demonios alimento cada día y él llega para echar luz, no podría pensar en una eternidad si no es con él. Juré una vez que así sería, porque creí que podría ser su compañera, y lo volvería a jurar porque necesito que me diga que hay para nosotros más allá de lo que ven nuestros ojos. —Quiero ser feliz— lo quiero mucho más que el deseo de niña herida de querer una familia, después de tantas expectativas rotas de maternidad, reconozco que lo que quiero es poder sonreírle cada día. —Quiero ser feliz contigo—. Como descubrí que podría serlo esa vez que al mirarlo en el museo de ciencias que fue nuestra primera cita, me encontré sonriéndole como reflejo de su sonrisa. —Quiero amarte, amarte me hace fuerte. Siento que puedo contra todo al amarte, también contra mí misma que soy mi peor enemiga.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Al igual que ella, no sé si podré unir las piezas, pero todos pueden apostar a que lo intentaré hasta el último día. La esperanza es lo último que se pierde así que si ella pudo conmigo ¿Quién dice que no podré lograrlo en el futuro? El problema es que ella lleva cargando con lo que siente desde hace mucho más tiempo, desde antes de conocerla y lamentablemente no he hecho más que aumentar esa carga desde que estamos casados. Es mi culpa, lo sé, debí haber sido un mejor esposo y lo seré de ahora en adelante. Por suerte la tarea que me deja es sencilla porque amarla es lo que siempre he hecho y no me cabe duda de que será así hasta el final. Así que solo sonrío y asiento con unas lágrima nublando mi vista, pero que aún me dejan ver el hermoso rostro que tengo frente a mí.

Me reconforta saber que ella me sigue amando también y que puede verse feliz conmigo ¿No es todo lo que siempre quise? Claro que sí, un plan menos ambicioso que el de antes pero sin duda mucho más maravilloso. Nos quedan pequeños asuntos que resolver, que para mí son insignificantes, como el hecho de que tenemos al más buscado de Neopanem como mascota y que mi hija también está en dicha lista pero si estamos juntos, como ella dice, somos más fuertes así que podremos con ésto. No hay forma de que ésto no sea nuestro y vivieron felices para siempre.

- Me alegra escuchar eso porque necesito que firmes los papeles del divorcio - respondo al final extendiendo mi mano para tomar las hojas que dejé caer al suelo ni bien entré a la habitación - Un nuevo comienzo para ambos, haré las cosas bien esta vez - aseguro con la voz calma y me arrodillo con una sola pierna mientras tomo la caja con el anillo que guardo en mi saco - Solo divorciados puedo casarme de nuevo contigo - explico y abro la caja que deja a la vista el anillo plateado con un pequeño diamante adornándolo, limpio y pulcro, sin adornos - Amalie Lackberg ¿Me harías el enorme honor de elegirme otra vez cómo tu esposo?
Ivar Lackberg
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Invitado
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Mi mirada busca la suya en la distancia que queda entre mi reacción muda en el borde de la cama y su rostro expectante a una contestación que no logro articular, porque en dos segundos ha cambiado todo el escenario como si hubiéramos desmontado un drama para armar otro acto en el que está de rodillas frente a mí, recreando una petición que una vez salió de sus labios y me hizo llevar las manos a la cara para cubrir mi llanto repentino. Esta vez las lágrimas vuelven a caer, van rodando por mis mejillas silenciosamente, tan gruesas y cargadas de emoción, que se estrellan en las palmas abiertas sobre mi regazo. Acerco mis dedos temblorosos a mis labios para reprimir un sollozo que se mezcla con una carcajada, no me sale la voz para responderle, así que me tomo de su hombro para arrodillarme frente a él y abrazarlo. —Te elegiría todas las veces— murmuro, —cien veces en esta vida, en cien vidas más. Te volvería a elegir porque nunca podría amar a alguien como te amo.

Mis manos suben por su garganta para sostener su rostro y poder mirarme en sus ojos como si se me fuera la vida en ello, que no hay otro lugar en el mundo donde quiera estar que mirándome en él, porque se ve distinto a todos los reflejos que encuentro en otros cristales, en sus ojos veo el mismo amor que estoy segura se ve en los míos. Beso sus mejillas, su cuello, con una alegría en frenesí. Mi risa todavía temblando de llanto se encuentra con sus labios en un beso que es mucho más largo, más profundo, y me abrazo a él para cumplir con mi promesa de que puedo ser feliz si está conmigo.

Haré las cosas bien, lo prometo. Te amaré de una mejor manera, te acompañaré y estaré para ti en lo que necesites que te apoye— susurro, puedo tomarlo a él para saber a dónde ir, sujetarme de su mano para salir de este pozo que siempre me arrastra y caminar hacia algo que se distingue sobre el horizonte como luces resplandecientes. —Ivar, ¿qué sería de mí sin ti? Te has traído el norte contigo, ese del que habla Synnove, eres mi norte—, para salir de estos sitios plagados de mis fantasmas y demonios, de todo ese dolor que nunca se pudo cerrar, que alivia con la única cosa que he llegado a entender que puede hacerlo. —Gracias por amar todos mis pedazos, te amo con cada uno de ellos. Te aman todos mis demonios internos también. Te ama lo mejor y lo peor de mí, te amo por completo… y eres el único que me hace sentir completa, de nuevo completa. Te amaré con todo lo que soy, el resto de nuestras vidas.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Con su risa siento alivio y una hermosa sensación en el pecho como hace ya más de 20 años atrás. Me uno a sus risas y la abrazo fuerte cuando se arrodilla conmigo, me desconecto del mundo y por un momento siento que todo está bien, que todo es correcto y aquí es donde tenemos que estar, que este es mi sitio. Yo también la elegiría incluso después de ésta vida y probablemente lo hice en anteriores, probablemente habremos tenido nuestros desastres pero nos habremos amado tal y como lo hicimos ahora - Sabes... Quizás un una vida pasada, hace cientos de años, nos conocimos en la universidad, yo estaba por graduarme pero luego de esa fiesta en la que me colé, por fin me atreví a besarte... La más bella de todo el campus - fantaseo sin apartar mis ojos de su rostro, sigo sonriendo y creo que será mi expresión para siempre porque ¿Cómo podría dejar de ser feliz después de ésto?

Sus palabras son simplemente hermosas, tanto que tengo que hacer fuerza para que las lágrimas no salgan. Hago una mueca intentando reprimirlas y al final termino refugiándome en un nuevo beso, uno con el que espero decir que haré lo posible por seguir siendo su norte y no que terminaré arrastrándola conmigo a ese sitio geográfico en Neopanem que tan mala reputación tiene. Pero debemos trazar un plan, uno con el que ella esté de acuerdo por si las cosas se descarrilan pues aunque intente hacer las cosas mejor de ahora en más, tengo un pasado y éste podría venir a cazarnos en cualquier momento.

- ¿Te gustaría conocer el verdadero norte? - pregunto acariciando su rostro mientras nos ayudo a ambos a ponernos de pie para poder tomar asiento en la cama. Ella sigue teniendo toda la juventud encima, pero a mí ya me están costando ciertas cosas - Podríamos ir... Cuando ésta realidad sea demasiado para nosotros, podríamos tomar a los niños e irnos allí, vivir felices, sin guerra... Solo la naturaleza y ruinas de lo que alguna vez fueron edificios hermosos, no importa, pero estaremos juntos y nadie nos molestaría.
Ivar Lackberg
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Abarco su mejilla con la palma de mi mano, procuro armar en mi mente esa escena que describe, la de alguna vida pasada en la que seguro coincidimos y que dejó tantos pendientes que nos reencontramos en esta. —Permití que me besaras, dejé que pensaras que era iniciativa tuya, pero había puesto mis ojos en ti apenas entraste a la fiesta y lo sabía…— murmuro, parece un juego y por algún motivo incomprensible me provoca una evocación extraña, una punzada de nostalgia por cosas que no conocemos y que no hemos vivido. —Sabía que estábamos hechos para estar juntos— lo digo, es mi voz en este presente y lo reafirmo. Pero algún crimen o varios habremos cometido en esa vida, para que así como fue posible reencontrarnos, también se nos cargó con los castigos que correspondían.

Es tiempo de expiar aquellos y también los de esta vida, los años transcurren para ambos, no hemos sabido qué más hacer por nosotros que amarnos y no fue suficiente, no bastó para hacer las cosas bien. Nunca le prometí realmente a Ivar que le apoyaría en todo lo que decidiera, y conociendo su inclinación a hacer cosas movido por una nobleza que no practico, más que repetirle un voto de que lo amaré a pesar de todo, creo que a este punto pesa más decirle que le apoyo. Se percibe en el ambiente que todo se volverá más determinante, nuestras elecciones nos definirán y, lamentablemente, Ivar camina sobre líneas finas. Poder ver más allá de los tiempos que se vienen, a un lugar que a veces juzgué de imaginario en la mente de mi hija, me conmueve. —Claro que me gustaría, podemos ir…— contesto, sosteniéndome a sus manos cuando nos sentamos en el borde de la cama. —Tal vez esté ahí el hogar que siempre quise, desde niña y cuando todo lo que conocía como una familia se fue destruyendo de a poco. Quizá tenías que venir, buscarme y regresar allí, con todos tus hijos—, y dejar todo, definitivamente todo lo que siempre me ha dolido, detrás. —Iremos, todos juntos. ¿El perro también?— pregunto con una sonrisa contenida.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Es curioso como esta vida imaginaria que no hemos vivido suena tan real a mis oídos. Puedo sentirlo, puedo recordar el aroma del césped cuando salimos de la fiesta, puedo escuchar la música y sentir las palmadas de mis amigos en la espalda cuando me despedí de ellos para ir a hablar con ésta versión de Amalie. Sé que es producto de mi imaginación, eso o la magia de las vidas pasadas se removió lo escrúpulos al dejarme recordar todo con tanta claridad - ¿Crees que en nuestra próxima vida recordaremos éste momento? - pregunto con tono suave - Quiero recordarlo... Sé que voy a hacerlo porque ahora como en esa fiesta, soy feliz. Fui el hombre más feliz de ese siglo y lo soy nuevamente de éste.

Nos sentamos y así como hace poco imaginaba el pasado, comienzo a imaginar el futuro. El cabello rojo de Amalie resaltando en la blanca nieve y Synnove camuflándose en ella pero de una forma hermosa. Moira probablemente nos odiaría por apartarla de la sociedad, pero con el tiempo encontraría un pueblito lejano en dónde rompería el corazón de todos y cada uno de los hijos de una pareja de ancianos - Serán tus hijos también - esos que ya no podemos tener - Y conociéndome probablemente terminaremos adoptando más allá - bromeo con una sonrisa y la tomo de la cintura para acostarnos en la cama con cuidado.

- Soy fiel defensor de que el perro debería venir con nosotros - respondo al final poniéndome de lado para abrazarla con comodidad, apoyo mi mejilla en su hombro y escondo mi rostro en su cabello - Pero es un perro obstinado, no creo que quiera venir... Aunque lo necesita, el cambio de aires le hará bien para que Simon deje de llamarlo perro y podamos darle un nombre más digno, uno que no sea tan evidente y general. - Podría preguntarle a Kendrick que opina al respecto pero ¿Cómo hacerlo? No puedo solo ir y decir "Hey, nos encariñamos contigo siendo perro... ¿Crees que querrías cruzar el océano con nosotros y empezar de cero?" No lo veo probable.
Ivar Lackberg
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No, no creo que la recordemos. No es posible si lo estamos planteando en serio, por real que sea esta sensación de que conozco a Ivar desde siempre, un siempre que no esta puesto en el futuro, sino que abarca más de un pasado. Tranquiliza un poco mi mente consolarme con el pensamiento de que todo castigo que recibimos a cuenta de una vida anterior, nos seguirá dando la excepción de enfrentarlo juntos, también de que las desgracias que nos suceden tienen poco que ver con nosotros, sino que es expiación. Si bien no es más que un consuelo engañoso, cuando cierro los párpados y los vuelvo a abrir esa evocación desaparece, no queda nada de quienes pudimos ser, ni en esa vida, ni tampoco en esta. Podemos ser algo mejor.

Recuesto mi cabeza en su hombro al acomodarnos sobre la cama hecha y cruzo un brazo por su cintura para sujetarme a él, vuelvo a cerrar mis párpados así contengo las lágrimas que vuelven a asomarse por la mención a nuevos hijos que podríamos adoptar, como lo consideramos antes de que naciera Synnove. No puedo contestarle por el nudo en la garganta, así que me limito a asentir con la barbilla. Lo del perro me saca una carcajada, pese a mi primera oposición a que se quedara, demostraron que sabe comportarse y también que es inteligente, acata a todas las órdenes que le doy como si las entendiera claramente. Se ha vuelto parte de la familia y es como un chico más entre Simon y Synnove. —Los chicos parecen apegados a él, lo convencerán de venir, y tendrá un patio muy grande para correr...— comento como al pasar, antes de volver a lo importante. —No te seguiré fuera de este país como si se tratara de un idilio, debes que tener todos los papeles en regla como marido y mujer— alzo mi rostro para encontrarme con su mirada, —Volveremos a pensar votos— sonrío, y puedo recordar con toda claridad la emoción de esa primera vez, fuimos honestos, aunque tal vez cambien un poco ahora. La promesa sigue siendo la misma, amarlo todo lo que me dure la vida y en una siguiente vida tal vez también.
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Ivar Lackberg
Director del Servicio Social
Río también al escuchar su carcajada, pero no porque me contagie sino porque no puedo creer lo que estoy escuchando con mis oídos. Durante tantos años nos sumergimos en una relación tan fría que algo tan hermoso como una risa era un sueño utópico y el poder vivirlo ahora es una clara señal de que las cosas serán diferentes de ahora en más. Quiero sacarle muchas risas más, contarle todos los chistes malos que tuve que contener a lo largo de los años y hacer el ridículo como cuando lo hacía cuando era más joven ¿Tendrá el mismo efecto? Eso espero, tenemos mucho tiempo qué recuperar.

Alzo las cejas fingiendo estar sorprendido y sonrío con sus palabras. Así que tengo que llevarla con los papeles, de acuerdo, siempre fue una mujer de orden así que creo que puedo hacer eso - No tengo que pensar nada, Amy - respondo acariciando distraído su espalda - Podría decir ahora mismo de una y mil formas diferentes cuán asombrosa eres y cuánto te amo, y aún así no sería suficiente - completo dejando un beso en su coronilla - Pero no te preocupes, haré una minuciosa elección para que los votos sean dignos a tus oídos.

Realmente la situación del país no está para una gran boda ni tampoco creo que tengamos una gran multitud de personas a quienes invitar pues aquellos que me gustaría que estén, no podrían hacerlo, y esos que seguro esperarán una invitación no harán más que amargar un día que se supone que debe ser perfecto para nosotros. Haré lo que ella quiera, merece una boda a su gusto, pero personalmente sería feliz con tener solo un juez y a nuestros hijos alrededor, todos bien vestidos y, por las dudas, listos para correr.
Ivar Lackberg
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