The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Hero N. Niniadis
Fugitivo
Lo único que me dijo que se trataba de época festiva fueron las luces que vi colgadas en muy pocas casas y todavía no sé cómo sentirme al respecto. La nieve no está ayudando a mis ánimos, pero con la ayuda de Kitty he estado realizando las acciones más importantes que me permitieron sobrevivir las últimas semanas: jamás me quedo en un solo lugar, en un mismo distrito y el abrigo no me ha hecho falta. Tener a mi elfina fiel en la mansión principal de la isla ha sido más importante que escuchar las noticias: Kitty me ha dicho que Magnar ha donado muchas de mis posesiones a los necesitados, se hizo con mi dormitorio al ser el más grande de la casa y la mitad de los empleados le temen. De Sage no hay noticias y aun no sé si eso es bueno o malo, pero Kitty tiene prohibido el dejar de buscarlo cuando no esté trabajando, para mantener las apariencias, claro.

Creo que jamás he estado tan delgada y la ropa no es mi favorita, en especial porque son tonos opacos y sucios que no llaman la atención. Suerte para mí, tanto el pantalón como el Jersey, ambos varias tallas más grandes que yo, son lo suficientemente abrigados como para no tenerme sufriendo en lo que uso la varita para abrir una puerta bloqueada al fondo de una calle cerrada, cuyo aroma apesta. Vamos, que en unos minutos iniciará el toque de queda y no tengo ganas de encontrarme con ningún dementor.

La puerta hace un estruendo cuando consigo empujarla y la humedad me recibe como una vieja amiga. Cierro con mucho cuidado y la luz de la varita me ayuda a chequear que la pequeña casa esté vacía. Bastará por esta noche, así que me desligo de la mochila y empiezo a sacar lo útil: la gruesa manta, el sándwich repleto que Kitty preparó para mí, el espejo comunicador por el cual jamás Meerah o Patrick aparecen, pero todavía no pierdo las esperanzas. Me froto la nariz, pero esta vez no voy a volver a llorar. Vamos, que nadie va a salvarme, así que tengo que hacerlo yo misma y si lloro, estaré haciendo las cosas mal.

Me acomodo en un sofá polvoriento y estoy por ponerme a comer, cuando la puerta se abre con un sonido que me pone el corazón en la garganta. ¿Dementores? No, ellos no tienen esas pisadas; creo que de por sí solo flotan. ¿La casa no estaba abandonada? Me quedo agazapada en mi lugar, abrazada al emparedado, cuando aparece en mi rango de visión una chica que, por el modo que tiene de mirar la habitación, está tampoco es su casa. Tarda en percatarse de mi presencia, pero cuando lo hace, acomodo la boina para que no se me vea bien la cara y me cubro más con la manta hasta la nariz — Lo siento, aquí está ocupado.
Hero N. Niniadis
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Just holding on for tonight ✘ Agatha IqWaPzg
Invitado
Invitado
Detesto las patrullas nocturnas de los dementores, tendré que buscar un nuevo pasatiempo en el cuál ocuparme durante las horas muertas del tiempo que antes usaba para vagar por el distrito, que como humana las sombras de los edificios siempre me vinieron bien para pasar desapercibida y se me hacía más sencillo evadir a los aurores. Con los dementores flotando sobre las terrazas, deambular por la calle sería un suicidio real, y no, gracias, todavía no quiero morir. No es que tenga mucho que hacer con mi vida salvo cuidar de mi hermana Chloe, que mi hermano por su parte se está entrenando como para cuidarse por su propia cuenta. Pero no quiero morir, aún. No de un modo estúpido, como haberme pasado el toque de queda. Tengo un nuevo reloj «prestado» para estar pendiente de esto, que un único susto no hace mucho me bastó para tomar precauciones.

Por eso estoy maldiciendo entre dientes, porque ante mis ojos las manijas que siguen avanzando y no me dan la ventaja que necesito para volver a casa, así que tendré que buscar un refugio provisional para pasar la noche. Siempre podría decirle a mamá luego que me alejé lo suficiente como para que me diera miedo chocarme un dementor, pero sería tan patético que seguro me invento una mentira que me haga recibir un castigo y como casi siempre tienen que ver con hacer algo por Chloe, nunca son castigos en toda regla. Me gusta tener una hermana, vagamente me recuerda al sentimiento de haber tenido una alguna vez, mayor que yo, de la que nunca he vuelto a saber nada, sólo silencio. Como aquel que llena muchos de los edificios del distrito, si hasta juraría que están abandonados, sino fuera porque veo rastros que me indican de personas escondiéndose en las habitaciones con menos fugas de aire, y es que si no son las criaturas, es el invierno mismo lo que nos hace evitar las calles.

Me envuelvo en las solapas de mi chaqueta raída, uso mi cabello como bufanda para el cuello y cuando busco el latido en mi garganta con una mano, percibo lo helada que está mi piel. Toso cuando llego al final de la calle, a la puerta que esperaba encontrar porque hasta hace poco estuvo viviendo allí un anciano, aunque es probable que las arrugas tuvieran mucho que ver con su salud deteriorada y poco con su edad real. Pero murió hace al menos dos semanas, algunos de sus muebles todavía quedan, eso quiere decir que nadie aún ha venido a ver qué puede llevarse. Cierro esa misma puerta a mi espalda cuando la atraviesa, segura en las horas siguientes del acecho de los dementores, y creo que grito cuando una voz de niña sale de un montón de tela que hay como un montículo en el sillón. No, estoy segura que grite. —Me asustaste— reconozco, ni siquiera hago el amago de disculparme e irme. —Pues lamento decirte que este no es un baño como para reservártelo en exclusiva diciendo que está ocupado. Hay espacio aquí como para compartirlo, y si no te nace hacerlo de pura solidaridad, te diré por si no lo sabes, que hay dementores fuera— se lo recuerdo, ¿no irá a echarme, verdad? ¿Dónde ha quedado lo de la cadena de favores en Navidad o el «hoy por ti, mañana por mi»? —¿Qué mal podría hacerte compartir refugio?
Anonymous
Hero N. Niniadis
Fugitivo
¿De verdad tiene que gritar? ¡Que no le eché ningún encantamiento silenciador a la puerta! Mis ojos delatan cierto escándalo en la leve oscuridad, esa que es interrumpida por las pocas luces que llegan desde la calle desierta. No le grito que se calle porque eso sería imprudente e hipócrita, me basta con chistar con demasiado énfasis al llevarme un dedo a la boca. Por favor, que no he sobrevivido todo este tiempo sola como para que alguien más me arruine — ¿Yo te asusté a ti? — mi tonito irritado deja bien en claro que ella casi me da un infarto al entrar en plena noche, no mejora cuando empieza con su charlita moral que me obliga a resoplar y mirar por encima del sofá en dirección a la ventana. No se ve mucho, pero sé que las figuras encapuchadas no tardarán en aparecer y el frío helado me consumirá hasta los huesos. Todavía no sé cómo es que no me han encontrado, pero a veces sospecho que mis pensamientos no son precisamente alegres y no hay nada en mí que los atraiga — No comparto refugio con nadie, no es personal.

Ni siquiera la miro cuando me pongo de pie, dejo el sándwich sobre el sillón y me acerco a la ventana para tironear de las cortinas raídas que apenas me dejan ver su silueta recortada. No sé si me ha reconocido, pero creo que ese sería el menor de los males si alguien nos encuentra — ¿Estás sola? He visto que encuentran más fácil a los que se mueven en grupos y no a quienes van en solitario — no es muy difícil de adivinar los motivos. Sin mirarla, saco la varita y empiezo a lanzar encantamientos de protección contra la entrada, en murmullos apenas audibles — Puedes quedarte si prometes marcharte en cuanto salga el sol y levanten la guardia. No te compartiré mis cosas, eso es una norma inamovible — ah sí, puede que no se me haya despegado el dar órdenes en todo este tiempo. Guardo la varita dentro de mi abrigo y regreso al sofá frotándome las manos en un intento de mantener el calor — No eres nadie que dé problemas, espero — ya suficiente tengo con los míos.
Hero N. Niniadis
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Just holding on for tonight ✘ Agatha IqWaPzg
Invitado
Invitado
Nunca antes te había visto aquí— señalo para justificar mi sobresalto. Si nos ponemos a debatir quien de las dos es la que está invadiendo el lugar, tenemos una charla para largo y pocas pruebas de propiedad. Y al final de cuentas este lugar no le pertenece a nadie, puede compartirme unos pocos metros en un acuerdo sencillo de que no traspasar ninguna línea imaginaria de su parte a la mía, sin necesidad de hacer tanto escándalo por ello y actuar como una chiquilla caprichosa. ¿Cara de qué tengo que no me deja quedarme? He visto gente con cicatrices cruzándole un ojo y mujeres con rasgos de harpía, que me siento un poco insultada de por apariencia me descarte.

En todo momento creo que se trata de algo conmigo, que al preguntarme si voy sola es que puedo llegar a entender que su recelo pase por el miedo a que llamemos la atención de los acechadores de afuera si somos una multitud ruidosa aquí dentro. —No ando con nadie. Se puede correr más rápido y ocultarse más fácil cuando se está sola, así llegué hasta aquí— coincido a medias con ella. Y es por el refilón de claridad que apenas entra por la ventana, que se desvanece casi como si no hubiera existido, que creo ver alguno en ella y me acerco con reparo, disimulando mi inspección de su rostro por debajo de la boina. —Supongo que gracias, prometo no tocar ni romper nada de valor en tu palacio— bromeo, que por su tonito se la escucha arrogante y me cuesta creer que una chica de la calle tenga algo que cueste más de un galeón como para que actúe tan mezquina.

Los problemas van por una calle y yo siempre por otra, si he vivido hasta mi edad es porque sé evitarlos— contesto a su duda con total fatal de fanfarronería, porque no es otra cosa que la verdad. Como una esclava fugitiva, sé lo que me espera si llegan a atraparme o puedo imaginarlo si pongo mucho empeño en pensar muertes dolorosas. —¿Y tú? ¿Eres problema?— mejor preguntar, tal vez sí lo es me conviene más ser quien tome la decisión por su cuenta de cruzar la puerta y desaparecer, claro que los dementores siguen dándome más miedo y podría hacer una excepción. — Tienes algo que se me hace familiar… ¿Por qué siendo bruja te ves como una muerta de hambre? Pensé que los de asuntos sociales se encargaban de ustedes, no puedes tener más de trece años…— puede que me esté entrometiendo demasiado. —Olvídalo, no tienes que contestar. Pero si en algún momento de la noche necesitas gritar, mi nombre es Agatha.
Anonymous
Hero N. Niniadis
Fugitivo
Al menos parece que no voy a tener que preocuparme más que de ella y parece ser lo suficientemente vieja como para no ponerse a chillar en medio de la noche, así que intento convencerme que si nos mantenemos cada una en nuestro rincón y apenas interactuamos, no será ningún problema con el cual no pueda lidiar. Me cuesta olvidar quién soy y de dónde vengo, intento hacerlo de manera constante cada vez que me entero que en las noticias me siguen tratando de fugitiva, pero mi lado más genuino sale con el ruedo de ojos que acompaña su burla sobre mi supuesto palacio. Es injusto haber terminado en esta situación, a decir verdad, en especial sola y sin ayuda de nadie salvo de una elfina que, pobrecita, podría ser ejecutada si alguien descubre nuestro riesgoso trato. ¡Que no he hecho nada para merecer esto! No recuerdo lo que ha pasado ese día, pero estoy segura de que yo no maté a mi madre, no hay posibilidad alguna. Y, sin embargo, la sangre que limpié de mis manos…

Solo puedes romper mi paciencia, pero bueno… — es un murmullo más para mí que para ella, me acomodo de manera que mis pies queden bien cubiertos en lo que me estiro sobre el increíblemente mullido sofá. La manera en la que habla de su experiencia con los problemas me hace mirarla con expresión cautelosa y cargada de sospecha, me pregunto si no será una de esas criminales contra las cuales siempre he reprochado. ¡Y aquí estamos, teniendo que ocultarnos en igualdad de condiciones! La vida es muy irónica, que lo digo yo — No… — no tiendo a hablar mucho con las personas y jamás me habían hecho esa pregunta, así que mi respuesta sale dudosa — No tengo intención de serlo — de ahí a que Aminoff diga que lo soy hay un gran trecho. Y quizá estoy mintiendo un poco, porque de poder conseguir ayuda me encantaría volver a casa y dudo que a mi hermano eso le agrade.

¿Me veo como una muerta de hambre? Mi dignidad hace que la mire un poco mal, me aferro a mi sándwich con algo de posesividad y trato de mantenerme lo más tranquila que puedo — Tengo catorce y casi todos aquí son magos, eso no les quita que se vean como muertos de hambre. Los muggles pertenecen al mercado — y si no están ahí, es porque han escapado y son peligrosos — ¿A ti te han roto la varita o jamás tuviste una? — hasta donde sé, aquí solo las poseen si las roban. Solo por si las dudas, toco ahí donde escondí la mía y me propongo el mantenerla cerca hasta que ella salga de mi vista. Le doy un mordisco generoso a mi cena y mastico con algo de rapidez en lo que la analizo con la vista. Me guardo su nombre, pero yo no le regalo el mío — Si no llamamos la atención y mantenemos la oscuridad y el silencio por algunas horas, no hay razones por las cuales los dementores vayan a molestarse en pasar por esa puerta. Tal vez mis hechizos son básicos, pero me han funcionado hasta ahora. Por donde vi, solo interrumpen en casas que les han sido señaladas — eso es medianamente bueno, significa que aún no perdieron el control — Imagino que nadie te ha visto entrar, porque creí que esta casa estaba abandonada. ¿O conoces al dueño? — lo que me falta, reclamos de propiedad.
Hero N. Niniadis
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Just holding on for tonight ✘ Agatha IqWaPzg
Invitado
Invitado
No es que su paciencia me importe mucho, no creo que tenga un valor del que podamos lamentarnos si llega a romperse, a veces pasa. Nadie va por la vida creyendo que todo es bonito y los dementores son mariposas, la tensión en los músculos de la gente es visible, el modo que tienen de contraer sus expresiones en un ceño furioso y una mirada que advierte a cualquiera de mantenerse fuera de camino. Lo que menos tiene la gente por aquí es paciencia, ¿por qué habría de importar la suya? Sin embargo, mi propósito no es poner a prueba que tanto resistirá a mis comentarios y preguntas curiosas, el problema es que me gusta hablar de más, tener charlas irrelevantes con la gente, no busco sacarles de quicio y con esta chica lo que pasa es que creo que es especialmente susceptible a que todo le moleste. No sé por lo que tuvo que pasar para hacer mendingando sola, así que me calmo.

No todos son magos, hay muchos squibs, hasta hace poco criaturas… — comento, no hace falta mirar por la ventana para ver que las más peligrosas decidieron seguir a un criminal al ministerio. —¿Qué los muggles pertenecen al mercado?— pregunto, repitiendo sus mismas palabras para que se fije en la manera que usó para expresarse. —Se sacude el polvo la rata de su traje para menospreciar a la cucaracha— apunto, regodeándome un poco en ella, que los repudiados tendrán al menos una libertad relativa de la que los muggles fuimos totalmente privados, pero eso no quiere decir que estén en un escalón superior a nada y me molesta escuchar comentarios sutiles, muy naturalizados, en los mismos marginados del ministerio, sobre la exclusión que se hizo de los muggles.

Jamás tuve una varita— le contesto, con toda honestidad, porque no hace falta que le mienta en esta ocasión, nada de lo que digo revela más de la cuenta. Encuentro una manta raída y olorosa tirada contra una de las paredes, la sacudo en el aire para desprenderle parte de la suciedad que carga, en serio, tiene mal olor. Lo que importa es que sirve, así que lo siguiente que hago es buscar una caja de cartón y con mis manos la abro por completo, para así poder usarla de alfombra. Escucho la perorata de la chica con un oído, tiene sentido mucho de lo que dice, pero no dejo de advertir algo en particular. —Eres la niña que en un grupo le dice a otros cómo van a organizarse y qué hacer, ¿no?—. Dicho en otras palabras, podría usar el término de mandona, si no lo hago es porque suena ofensivo, cuando ella en realidad no lo es. Es solo su tono. —Y el dueño de tu pocilga temporal falleció hace… ¿cuatro? ¿cinco semanas? Sé que estaba muy enfermo, las temperaturas de invierno son una mierda, pero te dejaba quedarte un rato si necesitabas escondite a cambio unas pocas hojas de mandrágora cada tanto— le cuento. —¿Piensas quedarte mucho tiempo? ¿Estás yendo a algún lugar en particular? — ignora su anterior petición de quedarnos en silencio por horas. —Si piensas quedarte aquí, recibirás todo el tiempo visitas indeseadas.
Anonymous
Hero N. Niniadis
Fugitivo
Quizá mi vida no ha sido muy larga, pero jamás en todos estos años me han calificado de rata y tengo que apretar los puños y los labios para no ponerme a llorar de puro enojo, lo cual es frustrante y eso aumenta mi necesidad de llanto — Si un muggle no está en el mercado, significa que ha sido comprado o es un traidor. Las cuentas se hacen solas, perdona si no veo muggles corriendo por las calles todos los días por lógica — que no es cosa mía, es cosa del sistema y nadie me lo puede refutar. No estoy familiarizada con los muggles salvajes fuera de aquellos que he visto en el atentado, así que no tengo una buena definición sobre ellos. Puede que el mundo esté cambiando para mí, pero hay ciertas cosas que siempre permanecerán igual. Quiero decir… es lo que conozco, ¿no?

Siento pena por ella por jamás haber tenido una varita, de verdad. No hay nada mejor que poder hacer magia por nuestra cuenta, aunque me convenzo en un segundo que motivos para no haberla conseguido jamás debe de tener. Abro la boca para decirle que lo lamento, pero se me van las buenas intenciones con un solo comentario — Soy la niña a la que se le da bien organizar, eso es todo — que me lo niegue, porque estoy segura de que no puede contradecirme si sabe qué es lo que se mueve en la calle. Su cama improvisada me habría escandalizado hace semanas, ahora ya sé lo que es dormir de esa manera y eso hace que me apegue un poco más al sofá cuando pellizco un poco de mi cena y me la meto en la boca — Pobre hombre — es mi único y sincero lamento al respecto, suena horrible, pero tampoco me da tiempo a compadecerme por un extraño.

La miro con el reproche de alguien cuyas órdenes no han sido respetadas y me demoro un momento en contestar — No voy a quedarme aquí, no sé a dónde iré mañana. Solo estoy… vagando — “huyendo” sería un término más apropiado, pero sé que no puedo decírselo a una desconocida. ¿Qué si me vende a cambio de algunas monedas? No me sorprendería, aquí las ratas no son precisamente los roedores — Está haciendo mucho frío para ir más al norte, pero el sur no parece una buena idea. Quizá busque un sitio dónde esperar a que se acabe la helada, pero… — demasiado arriesgado. Me termino el sándwich con menos ganas de las que empecé a comerlo y me limpio algunas migajas de la manta — ¿Tienes algún consejo sobre cómo sobrevivir inviernos difíciles en situación de calle? Pareces tener mucha más experiencia que yo. ¿O casi todos mueren enfermos? — he oído muchas cosas sobre el norte, pero no es lo mismo aquello que verlo con tus propios ojos.
Hero N. Niniadis
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Just holding on for tonight ✘ Agatha IqWaPzg
Invitado
Invitado
La mueca en mi rostro es tal que cuesta que se pueda reconocer como una sonrisa, solo lo haría si pudiera ver el brillo en mis ojos y la oscuridad no se lo permite, así que mi risa silenciosa por lo irónico de ser de esos muggles que corren por los calles, que dice nunca haber visto. Por las calles mugrosas de los distritos del norte. Si me mostrara en cualquier otro como una criatura libre, no contaría el cuento. — ¿Y cuántas calles has recorrido?— pregunto, como invitándola a que me haga un mapa de todos los distritos, para demostrarme que ha visto lo suficiente como para juzgar y no sorprenderse si le digo que soy una humana. Pero, ¿puedo confiárselo? Por tomar precauciones de más es que puedo seguir moviéndome por allí, soy reservada en contraste con mi comportamiento parlanchín, me interesa más saber de otros que hablar de mí y si lo hago, finjo que es una anécdota que me contaron.

Muevo mis cejas al oír cómo se describe, hago un repaso con mi vista de este lugar que llamé su palacio por si tiene intenciones de quedarse y tiene que organizar la basura que hay aquí, lástima que le faltan los lacayos a los que mandonear con esa actitud suya que se insinúa y me hace sonreír un poco, porque no me lo tomo en serio. No es algo que fuera a afectarme de alguna manera, puede que no vuelva a verla después de esta noche y si se queda, sólo tendré que tachar esta guarida de la lista de refugios seguros. —¿No?— pregunto, más sorprendida que otra cosa de que renuncie a este lugar cuando le acabo de decir que su dueño anterior ha muerto. Y lo que dice después me confunde aún más. —¿Entonces por qué te irías? Si de todas maneras el frío no te dejará avanzar, tendrás que acabar metiéndote en cualquier hueco y, ya sabes lo que dicen, mejor hueco conocido, que hueco por conocer—. No es que esté tratando de venderle este lugar, a mí que me importa.

Pero… es una chica, como lo fui yo y como lo es mi hermana, me sale el tono preocupado aunque no quiera. —Te vas a morir de frio si vas por los caminos, te robarán con tal de quitarte algo de abrigo. ¿Y eso que tienes ahí es comida? No sé de donde lo sacaste, pero hay gente con hambre allá afuera que come lo que sea para resistir la helada. El clima no es bueno para que te tomen desprevenida— digo, mordiéndome los labios porque el único consejo de supervivencia más importante que puedo darle es que se quede donde sea que haya paredes. —Si tienes una varita, hasta podrías tener fuego aquí. Nada que llame demasiado la atención, claro— sugiero, lo más básico de lo básico. —¿Necesitas más abrigo? Puedo decirte dónde conseguir algo más o… tal vez darte de lo que le haya quedado chico a mi hermana— ofrezco. Presiono fuerte mis labios en una línea, hasta que me decido a hablar. —Vivo con mi familia, con hermanos sólo un poco más grandes que tú. No es una casa con cercas blancas, pero… está bien—. Siento un poco de culpa porque en realidad tengo más de lo que tienen muchos otros repudiados, ni que decir de los esclavos. —Te invitaría a casa, pero no te conozco. Y podrías ser una psicópata.
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Hero N. Niniadis
Fugitivo
Las suficientes — puede que sea una respuesta escueta, pero también es cortante. No dejaré que nadie me tome por ignorante cuando no me conocen, no tienen idea de dónde vengo o hacia dónde voy. Me niego a ser simplemente lo que otros asumen de mí, sé que he visto más de lo que muchos creen y las experiencias no fueron amables conmigo en el último año. Aún así, sopeso sus palabras, me pregunto qué tan estúpido sería el seguir corriendo cuando algún día se me acabarán las opciones y paseo la mirada por la habitación en penumbras, segura de que no es el sitio dónde me conviene estar, pero también que hoy es de mucha ayuda. Mejor esto que las calles nevadas, eso es obvio — Nunca se es lo suficientemente precavido. No me gusta sentir que alguien podría encontrarme con facilidad y… enviarme al orfanato — no es la pura verdad, pero tampoco es una total mentira.

No está diciendo nada que ya no sospechase, pero que alguien lo ponga en palabras reales me provoca una mayor sensación de inseguridad y me abrazo a mí misma de manera que estoy segura de que debo lucir como una albóndiga de abrigo — No te preocupes, yo puedo conseguir más… — es apenas un hilo de voz, no estoy segura de que pueda escucharme y me siento un poco mal porque me ande haciendo ofrecimientos amables, cuando lo único que hice fue tratarla con recelo desde su llegada. Malditos pobres, siempre compartiendo el pan y haciendo que una se sienta mal consigo misma por querer ser cuidadosa — No te ofendas, pero no quiero ir a tu casa. No tengo intenciones de ser una molestia para nadie — intento aclararme rápido, porque no quiero sonar como una malagradecida maleducada — Creo que lo más sensato estos días es evitar complicar las cosas y una boca más podría significar menos para ustedes — bien, es una excusa que hasta suena válida. La verdad es que yo podría seguir usando a Kitty por comida y ayudar a esa familia, pero incluye el contar cosas que no puedo decir.

Me acomodo en el sofá de manera que me recuesto, pongo una mano bajo mi mejilla y todo esto me da una extraña sensación de pijamada que no sé de dónde sale. Solo por su ofrecimiento, le doy un empujoncito a mi mochila para acercarla a ella — Hay otra manta dentro, si te interesa — no tiene nada de malo, yo tengo la más gruesa y cargada de plumas que mantendrá mi calor toda la noche — ¿Quieres que encienda un fuego? He aprendido a hacer el azul transportable y con un frasquito, nos mantendrá calientes el resto de la noche… — pero me silencio, porque me salta una pequeña duda — ¿Por qué necesitas refugio si tienes una casa y una familia a dónde regresar? — es una de esas cosas que, por primera vez en la vida, me hace dar cuenta que alguien más tiene algo que yo no.
Hero N. Niniadis
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Just holding on for tonight ✘ Agatha IqWaPzg
Invitado
Invitado
Me guardo mi contestación a que diga que ha recorrido las calles suficientes, ¿segura? No niego que hasta los mismos niños cuando se crían en la miseria de estos distritos, ven cosas que antes de los diez le dan una idea bastante acertada de qué esperar del mundo, como para no confiar más que en sí mismos. —Si te enfermas y te quedas tirada a la vera de cualquier camino, te encontrarán más fácil que escondiéndote en una cueva donde al menos podrá esconderte detrás del sillón si alguien entra— señalo, mostrándome persistente en mi consejo de que se quede aquí y no sé por qué lo hago, no la conozco, no sé de donde viene y por estos lares cada quien hace de su destino lo que quiere. Pero no puedo sólo dejar pasar a una chica que me dice que apenas tiene catorce años, ¡catorce años! No quiero ponerme fatalista, pero que le roben es lo menos que podría sufrir entre tantas otras cosas. Ese miedo me ahorro de metérselo en su cabeza, puedo darle consejos sobre los riesgos de los que debería cuidarse, pero no quiero crear una paranoia en ella.  

La miro con sospecha cuando dice que puede encontrar más abrigo por su cuento. ¡Lo sabía! ¡Es una ladrona! Así es como consiguió comida y a esa manta que no huele a pis de gato. No es que el ladrón juzgue por su condición, me complace haber acertado por esos pequeños signos que identifico en ella. La boina que parcialmente le oculta el rostro por la sombra que le hace también se ve como estrategia de una ratera para que no la reconozcan. —No te lo estaba ofreciendo tampoco— me adelanto a su rechazo, que cuando lo escucho suena más amable de lo que me esperaba, así que me siento culpable por lo dije recién. —Eso mismo, nos cuesta mucho mantenernos, que no te invitaría a un lugar donde vas a tener que compartir lo poco que tienes porque te sientas en obligación de hacerlo—. Lo pienso a medida que lo digo, sueno convincente, tiene algo de verdad. Aunque la auténtica sea que no puedo llevar a una extraña a casa, no con Kyle ahí, no conmigo como esclava fugitiva. No.

Recuesto mi espalda contra la pared que tengo detrás, flexiono mis rodillas para alzarlas y cubrirlas con las mantas, así tengo donde doblar mis brazos y apoyar la cabeza. —¿En serio me la ofreces?— pregunto, sí, sueno tan sorprendida como me siento. —Ya me acomodé aquí, ¿podrías pasármela con un hechizo?—. Y sí, también puede ser que esté abusando de esto, estoy un poquitín acostumbrada como vivo con magos. —¿Puedes hacer fuego? Durante la madrugada baja en picada la temperatura así que nos vendría bien—  digo, dirigiéndole una mirada apreciativa desde mi rincón. —Eres una persona amable detrás de tus modales un poco altaneros— trato de que suene como el cumplido que es. Acomodo mis rizos de manera que me hagan de almohada, lo bueno de que sean tan abundantes, mi negación a cortármelos tiene su fundamento, aunque muchas veces me hablaron del peligro de tener algo tan distintivo o de lo que pueden sujetarme con un tirón si trato de escapar. Tonterías. Es de los pocos rasgos que me hacen sentir que pertenezco un poco Overstrand y me niego a perderlo. —Porque estoy un poco lejos de casa ahora mismo, no llego por muy rápido que corra. Son varias cuadras y…— mientras lo voy diciendo, me doy cuenta de algo que trato de solapar. —Nunca aprendí a desaparecerme—, porque no tengo magia para ello, detalle que no hace falta que sepa. —Tenía casi tu misma edad cuando vine con mi familia para el norte— le cuento, sin necesidad de hacerlo, tal vez porque intento compensar mis verdades a medias con otras.
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Hero N. Niniadis
Fugitivo
Vale, que no he sido la persona más dada en cuanto se apareció en mi refugio temporal, pero me ofende un poco que se sorprenda tanto de mi ofrecimiento, incluso pongo mis ojos en blanco — No, solo lo digo para decirte que te consigas una propia y quedarme con ambas — ironizo. Me vuelvo una bola de tela en mi tarea de sacar una vez más la varita entre la ropa y no hace falta mucha técnica mágica para que la frazada flote hasta caer pesadamente sobre ella, aunque dudo mucho de que la aplaste ni mucho menos; con la helada, puedo apostar a que debe estar agradecida del repentino calorcito. Como sé que mis pies pasarán frío en las siguientes horas ni reprocho el moverme, me estiro con la mano revoloteando hasta meterse en el bolso y saco mi frasquito provisorio, en el cual pronto crepita un fuego azulado que me ilumina las facciones. Lo alejo velozmente, no porque me fastidie sino porque no pretendo darle más de mi cara a pesar de sonreírle un poco — Los modales vienen de muchas formas y tamaños — digo simplemente. El frasco levita y se posa en medio de la habitación, en el centro de nuestra distancia, para calentarnos a ambas por igual. No será una mala noche, quizá hasta había olvidado cómo sonaba mi voz con la de otro ser humano.

Me gustaría sorprenderme por qué no sepa aparecerse, pero sé que hay varios magos y brujas que no pasan la prueba para el registro y asumo que esta chica no ha tenido la mejor educación mágica como para ser muy hábil con ese tipo de tareas — ¿Por qué vinieron? — al contrario de las preguntas hechas solo por mera educación, ésta sí viene con interés. Veamos, estas semanas me han servido para darme cuenta de que vivir en la isla es como estar en una burbuja demasiado grande, con un cristal muy brillante. No me quejo de la vida que he tenido, la echo de menos y estoy orgullosa de ello, pero tengo que aceptar de que existen cientos de historias paralelas que he estado ignorando por mucho tiempo. Me acomodo de lado y apoyo una mano bajo mi mejilla, sirviéndome de estufa propia — ¿Tienes una familia muy grande? ¿Todos tienen un cabello bonito como el tuyo? — que parece faltarle algo de limpieza, pero de todas formas podría probar hacerle una buena trenza cosida — Me sorprende ver la cantidad de magos que tenían una vida en la capital hasta hace poco y se fueron pateando al norte. No comprendo cómo es que no han cuidado lo que tenían — es un pensamiento en voz alta, así que tengo que apresurarme a hacer una aclaración para no dejar lagunas legales — Yo no tengo familia. Esta es la única opción que tengo.

Y no es mentira. Regresar sería condenarme, es obvio que Magnar no me querría por ahí ahora que tiene todo el poder y no tengo idea de dónde se ha metido Seth. ¿Quién sería fiel a mí si reclamo aunque sea un mínimo derecho? ¿Alguno de los ministros me defendería o están muy asustados? O peor… ¿Se han vuelto leales al nuevo presidente? — ¿Qué opinas del nuevo gobierno? — es una pregunta que casi suena desinteresada, pero no está mal saber lo que piensan los demás de los cambios que se están implementando, aparentemente a favor de los magos. Para mí, es un poquito más personal.
Hero N. Niniadis
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Es pecosa, es lo que logro ver por el resplandor del fuego capturado en el fuego antes de que lo aparte de su rostro y lo coloque en medio de ambas para abrigarnos, es más de lo que esperaba en esta noche en la que me metí en la primera puerta conocida que encontré. —Ya casi puedo imaginar que este lugar es en serio un palacio— le digo en chiste a la chica, apretujándome en la manta que hizo caer sobre mis hombros y me abrazo a la sensación de calor que me brinda, como si en años hubiera disfrutado de algo así. ¿Lo hice alguna vez? Tenemos tantos años de deambular en el norte con mi familia como para recordar que alguna vez las cosas fueron diferentes, cuando quiero echar luz sobre viejos recuerdos, voy demasiado atrás y hasta me veo siendo una niña de cuatro años que se mete a la cama de su hermana mayor para colocar sus piecitos fríos contra los suyos. Es a mi hermana menor a quien me abrazo ahora, en una casa distinta.

Pero la condición de miseria creo que ha sido siempre la misma, como una mala estrella que pende sobre mi cabeza desde que nací, no he conocido otra cosa y no creo que llegue a conocerla por cómo están las cosas. —Porque había un muggle en mi familia— le contesto con franqueza, porque creo que puedo hacerlo, y aun con la cautela de no decirle que soy yo. —Y a veces se trata de expulsar a una persona para salvar al resto o de permanecer juntos como familia. Tengo que decirte que no me lo esperaba, ¿lo lógico es dejar fuera a esa persona, no? ¿Qué habrías hecho tú?— pregunto para conocer su opinión, me intriga saber cómo actuarían otras personas en esas circunstancias.

Parpadeo al darme cuenta que las últimas palabras las dije con los ojos cerrados, acurrucada contra la pared casi a punto de adormilarme. Su cumplido sobre mis rizos me saca una sonrisa y me despierta lo suficiente como para hacer una descripción de quienes han sido una verdadera familia para mí. —Somos papá, mamá, mis hermanos que son mellizos, un chico y una chica, y yo. Mi hermano tiene rizos parecidos, parece un tornado…—. Ladeo mi rostro para mirarla de costado, aunque no logro distinguirla en la oscuridad más que como una figura. —Y mamá es bellísima, tiene un cabello que te gustaría más que el mío—. Es en serio, he visto muchas mujeres que la supervivencia en estos distritos las hizo envejecer demasiado pronto, mi madre en cambio tiene una mirada que es firme y a la vez dulce cuando se posa en nosotros. —¿Por qué dices que no lo cuidaron? Muchos tuvieron que irse, porque se los excluyó— señalo. —No habrían podido quedarse ni aunque quisieran—. Y no tengo más que decir que eso, que no pasa de ser un comentario. Me saco el sueño de encima y choco mi espalda contra los ladrillos de la pared al escuchar su duda. —¿Qué hace de mi vida una mierda? ¿Qué mientras todo siga así mi vida será una mierda? Esa es mi opinión del gobierno de Neopanem, desde que tengo memoria. Casi que desearía cruzar la frontera alguna veces, descubrir si hay algo que esté más allá. Porque aquí… no pertenezco, nunca pertenecí a Neopanem. Porque hubo gente que decidió que no pertenezco. Una pelirroja, una así como tu— identifico esa similitud a pesar de la escasez de luz.
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Me quedo quieta y callada, estoy segura de que se ha dado cuenta de que he contenido el aire por un segundo. Si la veo como una criminal estaré siendo hipócrita, mi cara es una de las que se lucen en la lista de fugitivos de este país y dicen que he hecho cosas peores que lo que su familia ha hecho. Pero aún así, sé que estoy frente a una de las traidoras a nuestra raza de las que siempre me han advertido, los que complicaban el trabajo de mis padres y me pregunto, una vez más, si todos se verán como ella. Así, tan simples como personas que buscan dónde pasar la noche — No lo sé — es una respuesta sincera, porque no tengo idea de qué haría en una situación como esa. Mis padres eran primos, mi sangre se encuentra pura y jamás me he preocupado demasiado por un muggle, al menos que Sage cuente. No digo más, será una duda que deberé consultar con la almohada.

Su familia, no obstante, no suena mal. Si ignoro que uno de ellos es un muggle escondido y el resto solo lo está encubriendo, suena completa y hasta diría que feliz — ¿Tienes una fotografía? — sé que no todos aquí cargan teléfonos con imágenes que presumir, pero preguntar nunca está de más; si tiene un cabello tan lindo como dice, yo le tomaría cientos de fotos. ¡Por todos los cielos, cómo extraño mi bella cámara! Casi tanto como mi cama y la ducha caliente. Y seguiría haciendo una lista de mis añoranzas, pero la conversación toma un giro serio y trato de hacer un punto — Se le ha dado espacio a los magos, muchos solo decidieron tomarlo o dejarlo — la oportunidad estaba, el resto es historia. Pero me siento pequeña, mucho más fría de lo que en verdad estoy, por el montón de palabras que salen de su boca y me producen la horrenda sensación de tristeza — Ella solo intentó darnos una oportunidad. Los magos estaban muy enfadados cuando llegaron al poder y mi… Jamie fue culpada de cómo las cosas se fueron acomodando. Nada es tan malo como todos lo dicen. Quiero decir… ¡Míranos! — no tengo mejor ejemplo que esto — Se quejaban de ella, pero ahora nos estamos escondiendo porque hay dementores en las calles.

Sé que no tiene caso discutirlo, tampoco mi voz busca una pelea, sino señalar un punto. Aún así, reconozco el temblor y me paso la mano por el rostro en busca de cualquier lágrima que pudo haberse escapado, pero descubro que las contuve a todas. No me doy una oportunidad de cagarla y me giro, dándole la espalda en un intento de no mostrar debilidad si se le ocurre verme mejor — Creo que para todo hay un balance y ese mismo balance ahora está desequilibrado. Todos encontraremos nuestro lugar en el mundo, aquí o en cualquier otro sitio, no importa de la raza que seas — mientras no me arruinen la vida, que los rebeldes se vayan lejos.
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No importa—. No sé siquiera por qué se lo pregunté, podría decir que a su edad no es algo que tenga que responder con una idea más o menos fundada, pero mis hermanos tenían menos años cuando salimos de la casa para lanzarnos a buscar el mítico Catorce, ese al que nunca llegamos y alguien lo quemó, llevándose la única oportunidad de estar en un lugar mejor que Neopanem. Puedo decir que al menos mi familia se ha reunido después de que Kyle estuviera desaparecido un buen tiempo, así que tenemos algo que agradecer en medio de las desgracias. Tengo una familia, ese pensamiento me vale para dormir por las noches, donde sea. Porque mañana me despertaré, iré corriendo a casa, le robaré una galleta del desayuno a Chloe y sacudiré los rizos de Kyle con mis dedos. —No tengo ninguna foto, pero…—, no mido lo que estoy a punto de decir: — podrías conocer luego a mis hermanos—. Por eso de que son cercanos en edad, ella está sola... tardo en caer en la cuenta que hay carteles de Kyle. Maldición. Le echo un vistazo desde la manta que me cubre hasta la nariz, tal vez a ella no le importe que sea un criminal de tal fama.

Escucho lo que me dice con un solo oído, predisponiéndome a dormir porque no sé de dónde una repudiada encuentra ánimos para defender al gobierno de Niniadis, si no es porque ha tenido que escapar hace poco. El tipo este, Magnar, que nunca esperé enterarme que se pasara para ese bando cuando había escuchado rumores de él en el mercado y se me hacia una figura interesante, para la que quizás me hubiera gustado trabajar. Eso no pasará porque ahora el sujeto se limpia los mocos con pañuelos bordados con sus iniciales y seguro tiene un sillón de cuero muy cómodo. Si algo podemos aprender de Magnar es que puedes estar en el pozo un día y en la cima al otro, qué quiere que le diga, si hasta parece un cuento esperanzador. Para ella es un desequilibrio, claro que lo es, el tipo que podría haber sido un mafioso si los chismes son ciertos y resulta que es el actual presidente proclamado. —Mientras sigamos diciendo que todo tiempo pasado fue mejor, por cruel que haya sido, aceptaremos lo injusto como algo natural. Nadie quiere admitir que tal vez se le fue la mano con ciertas cosas y detestan reconocer que han cometido errores. No sé, lo único que veo es gente que se pasa de la raya todo el tiempo y no saben dar un paso hacia atrás— medito, a mi parecer todos acaban locos y enfermos de poder, porque tiendo a pensar de una manera en la que… todos acaban locos y enfermos de lo que sea.

Puede que sea como dices, que tengamos que encontrar un lugar para cada uno. ¿Sabes qué es lo que pasa? Ese orden no es algo que se dé natural, sino que alguien lo determina. Siempre estaremos sometidos a alguien que diga cómo deben ser las cosas…— apenas se lo que estoy diciendo, el sueño me cae encima y las siguientes palabras se van con un bostezo. —Solo nos queda la esperanza de que ese alguien devuelva la suerte a nuestro favor. Al final del día, todos son tiranos…—. Entreabro mis ojos apenas, lucho contra la oscuridad que hace que mis párpados se sientan tan pesados. —Salvo que… se lo dije a mi hermano el otro día, salvo que tengas una idea de cómo te gustaría que fuera el mundo y luches por ello, que te pongas al frente de la batalla. Pero no sé… no todos tenemos ese destino…—. Entonces sí, me acurruco para dormir, con mis brazos sobre las rodillas y todos los rulos como almohada.
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¿Qué es lo natural para ella? ¿Esconder muggles, huir toda tu vida cuando tienes otras opciones? No puedo ponerle ejemplos porque de hacerlo me estaría exponiendo, pero la manera en la que aprieto los labios para tragarme las palabras queda bastante en evidencia Creo que ningún gobierno que he estudiado ha sido perfecto, pero lo importante es aprender de los errores del pasado y aceptar que todos somos humanos. Mi madre no ha sido perfecta, pero dio una oportunidad de empezar de nuevo a aquellos que jamás habían estado en una posición de ventaja y eso es algo que muchos deciden pasar por alto.

¿Cómo planeas vivir en un mundo sin leyes? Siempre han existido y alguien tiene que determinarlas, sino todo sería un enorme caos — jamás ha funcionado el anarquismo, las cosas siempre se acaban saliendo de control y se necesita de alguien para que ordene las cosas y ahí es cuando entra la gente que, se supone, es como yo. A mí me han entrenado toda la vida para un puesto que me fue arrebatado primero por un hermano y luego por otro — La tiranía está en el ojo de quien la ve — contesto con simpleza, su bostezo se me contagia y tengo que cubrirme la boca con una mano para que no se oiga demasiado fuerte. El calorcito hace que este lugar sea incluso más cómodo de lo que pensé que sería y me acurruco de manera tal que encuentro la posición perfecta para dar mis párpados como cerrados.

Y yo tengo una idea de cómo debería ser el mundo, pero está muy lejana a la realidad y me encuentro sola, demasiado apartada de una sociedad que me vio crecer y supo rendirme pleitesía. El miedo y la incertidumbre me tienen apartada, sé que soy débil y no tengo ninguna oportunidad; ni siquiera me atrevo a entregarme en busca de pruebas cuando sé que el ministro Weynart ha secundado las palabras de Magnar en público. ¿Quién me daría un juicio justo, cuando han quemado vivas a personas por menos que la muerte de Jamie Niniadis? — No. No soy una guerrera — aseguro, más en un murmullo personal, un pensamiento expuesto que no sé si puede escuchar — Pero algún día conseguiré gente que luche por mí — es una promesa a mí misma, a las personas que dejé atrás, a aquellos que sé que tienen tanto miedo como yo. Porque sí, el mundo es de los tiranos, pero yo sé que no soy una y, por muy dormida que esté, aún tengo la creencia de que las cosas pueden mejorar. Así es como mi padre lo hubiese querido.
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La carcajada que sale de mis labios se pierde en mi cabello, si ella cree que habrá quienes luchen en su nombre, le deseo suerte. Si algo aprendí es que nadie, jamás, luchará tus batallas. Ni familias, ni amigos. Nadie tiene la responsabilidad de hacerse cargo de tus causas para llevarlas a la guerra, y sólo unos pocos tienen la fortuna de estar en una posición en la que puedan ordenar a otros a hacerlo, que estos se sometan con toda voluntad a un capricho ajeno. Si verbalizo mi deseo no me entero, caigo en un sueño tan hondo, tan oscuro, que cuando despierto creo estar en la casa de mi familia, las paredes se ven casi tan sucias como la de mi habitación, el olor no es muy diferente, con la excepción de que estoy envuelta en una manta mucho más cálida de que tuve sobre mis hombros en años. ¡Si hasta huele bien! Si eso no fue un sueño, tampoco lo fue la chica pecosa que duerme a pocos pasos. Y lo hubiera preferido así, que su figura se desvaneciera al llegar el día y la luz atravesara la ventana a medio cubrir por cartones en remiendo de los cristales despedazados.  

¿Qué no tienes familia? ¿Eso es lo que dijiste?— pregunto cuando la veo parpadear, inclinada sobre su cuerpo abrigado por la manta. Cierro mi mano alrededor de su garganta al saberla despierta, lo suficientemente espabilada como para querer escapar. Mi boca se frunce en una mueca contraída para no ponerme a gritar como me gustaría, todo mi rostro está tenso mientras un estremecimiento molesto baja por mis brazos, casi instándome a sacudirla por los hombros y bofetear su cara de niña por las mentiras me contó. —Eres una maldita Niniadis— pronuncio su apellido como si me supiera asqueroso en la garganta, me repugna tanto que tengo que pasar saliva para quitarme el mal gusto. —Pensar que fueron poderosos y se van muriendo de a uno como las ratas que son— susurro entre dientes, mis yemas sintiendo su latido debajo de la presión que hago para ahogarla. —A ti te tocará extinguirte en medio de la basura del norte— la maldigo, aunque no seré yo quien lo haga y la suelto bruscamente para que pueda respirar.
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Me despierto por la luz que ha conseguido colarse hasta quemar mis ojos y la voz que me acusa de una mentira que no recuerdo haber dicho, al menos no de manera tan literal como ella se lo ha tomado. Todavía tengo el cerebro aturdido cuando abro los ojos y me encuentro con la figura de Agatha mucho más cerca de lo que la recuerdo, con sus rulos enmarcando un rostro que destila desagrado. No hace falta que me toque la cabeza, sé que la boina se ha corrido de su lugar durante mis horas de sueño y no alcanzo a correrla o decir algo porque pronto me encuentro apoyando mis brazos con urgencia en el sofá, tratando de alejarme de las manos que empiezan a ahorcarme de manera tal que mi boca se abre en busca de un aire que no llega — Espera… — apenas se me oye, sujeto su muñeca en un acto involuntario para tirar de ella, pero no tengo la fuerza suficiente como para sacármela de encima por mi propia cuenta. Oigo lo que dice, pero no puedo hacer más que responderle con ligeras negativas que me sacuden el cabello sobre los ojos hasta que, casi por milagro, me suelta.

El jadeo que suelto es mucho más fuerte que de costumbre y me llevo las manos al cuello en lo que intento librarme de la sensación de asfixia, respirando con fuerza en lo que mi mente me grita que debo salir corriendo de aquí. Esto me pasa por ser amable, por permitir que alguien invada mi espacio que estaba destinado a mi seguridad cuando sé muy bien que no debo confiar en nadie, que mi supervivencia viene en mano propia. Siento que se me aguaron los ojos y me giro hacia un costado, apoyándome en el borde del sofá en lo que mi respiración y mis latidos regresan a un ritmo normal — No es cómo tú crees… — apenas puedo balbucear las palabras. Busco alejarme de ella, me muevo entre la manta y me sostengo del respaldo para salir del sofá con piernas torpes que me tambalean — Nosotros no morimos, nos han asesinado traidores despreciables — porque yo no maté a mi madre, porque mi padre murió en manos de los rebeldes. Tanteo hasta dar con mi varita y la saco, pero no tengo intenciones de atacar; solo la levanto en su dirección con una muñeca tan temblorosa como mi labio inferior, a pesar de que mis ojos destilan firmeza — Te lo advierto… no quiero hacerte daño, pero si no te marchas, no me dejarás otra opción. ¡Permití que te quedaras! — casi suena a un reproche — Solo déjame en paz. Y si le dices a alguien que me viste, tengo mis medios para hacer que te calles la boca — lo cual no es muy amenazante considerando que solo tengo a una elfina doméstica de mi lado, pero su magia es lo suficientemente poderosa como para funcionar.
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Debe ser la rabia que me mantiene inmutable ante la amenaza de su varita, estamos lo suficientemente cerca como para que cualquiera que sea el hechizo que lance impacte de pleno en mí. Es el maldito enojo lo que nos hace enfrentar a los magos cuando sabemos que llevamos todas las de perder en estos duelos disparejos, unos pocos golpes que podamos lanzar al aire no hacen la diferencia. No lo intentaría tampoco por su rostro me dice que está todo lo asustada que debería estarlo yo, por quedar en el extremo peligroso de su varita. No es más que una niña tonta, que se ha quedada dormida con una extraña del norte y dejo su cuello expuesto a que lo corten. Menuda tonta. —No me intimidas— interrumpo sus intenciones de amedrentarme, —no eres una guerrera— me mofo de sus palabras con una carcajada seca. Parpadeo hacia su varita como esperando que la haga a un lado, con toda arrogancia uso el dorso de mi mano para moverla y que apunte hacia la pared. —No eres más que una niña asustada. ¡Mírate! ¡Estás temblando como una llorona!— exclamo, mis ojos recorriendo todo su rostro y los detalles visibles de su expresión gracias a la luz del día.

Pongo mi distancia con ella al darle la espalda para rodear el sillón, hacia mi rincón en esta pocilga y aliso mi camiseta con las palmas de mis manos, en un intento de quitarme la sensación de haber estado a punto de atragantarla. Tengo que parpadear un par de veces más para que se diluya el enfado intenso que puede llegar a verse en lo negro de mis ojos, no es una mirada con la que me gusta cargar, me recuerda demasiado a viejas miradas de mi infancia, mucho antes de conocer a los Overstrand. —Fuiste amable conmigo— reconozco, cuesta decir que el gesto de compartir una manta y brindar un poco fuego sea tan inusual como para hacerme reconsiderar que tan cruel puedo ser con esta chica que hasta hace poco era la princesa del Capitolio, —y también una tonta— se lo tengo que decir, con mi tono cargado de todo el enfado que se debe. —No vas a sobrevivir al norte— se lo digo, mirándola con altanería desde mi lugar. —Puedes tener abrigo, comida, un refugio… pero te reconocerán como una Niniadis. La gente de por aquí no es tan estúpida cómo crees, ni tiene mis escrúpulos—. Quizá, en otra situación, sí habría apretado más fuerte mis manos alrededor de su cuello. —¿Por qué no usas tu maldita varita para cambiar el color de tu cabello o tapar tus pecas al menos?— ¿Por qué le estoy dando consejos? Muerdo con violencia mi labio inferior hasta marcarlo, obligándome a callar.
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Hero N. Niniadis
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Puede que esté temblando, pero sé que no siento ganas de llorar, no ahora. Porque cada palabra que sale de su boca me pega en el medio del pecho, me recuerda lo injusta que es la gente al juzgar sin tener una mínima idea y tengo que contenerme para no patear el suelo como una niña malcriada a la cual no pretendo parecerme, no ahora que me está subestimando —  No, no soy una guerrera, pero soy más de lo que tú nunca vas a ser y con eso me basta — le escupo palabras venenosas que no sé muy bien de dónde salen, tal vez porque quiero herirla tanto como ella pretende hacerlo conmigo.

No hace falta que diga las cosas que ya sé, pero es mucho más fácil sobrevivir en una ciudad con las calles desiertas y no en los sitios más concurridos, donde la población se acumula. Solo le contesto rodando mis ojos y apretando el mango de la varita un poco más fuerte, la sangre empieza a regresar a su lugar y estoy segura de que me he sonrojado, más no por timidez — Porque eso es magia avanzada para el curso del Royal que estaba haciendo. La transformación física sin multijugos o metamorfomagia lleva trabajo y no siempre sale bien — le explico con toda la altura que soy capaz de obtener — No estoy aquí por gusto, ¿tú qué crees? Estoy aquí porque, como tú, no tengo otra opción. Todo el mundo se encarga de apuntar con el dedo cuando no tienen ni la más mínima idea de lo que está sucediendo. Y ni sé por qué te lo explico… — me reprendo a mí misma, parpadeando como si de esa manera pudiese verla mejor — Eres una traidora que esconde muggles. ¿Acaso no te da vergüenza cuando piensas en todos los nuestros que murieron por ellos? ¿O en lo que nuestros padres tuvieron que pasar? — mi madre habrá tenido sus errores, pero ella supo por lo que luchaba.

No lo pienso demasiado. Mis ojos se van hacia la puerta y con un movimiento de la varita y un simple encantamiento, las cosas empiezan a guardarse en la mochila — ¡Kitty! — llamo a la elfina, que no tarda en aparecerse y sus ojos cansados me dejan en evidencia que acaba de despertar. Parece asustada cuando se da cuenta que no estoy sola, pero antes de que pueda chasquear los dedos, levanto una mano para pedirle un momento — Lo único que voy a decirte que no creas en nada de lo que oyes o ves. Y si tienes muggles contigo, vete de NeoPanem — estiro la mano en dirección a mi elfina, que me pasa la mochila y enrosca sus deditos con los míos sin que deje de apuntar a mi contrincante con la varita — Han dicho que el gobierno de mi madre es quien inició la guerra, pero están muy equivocados — es lo último que le regalo, además de una mirada helada cuando Kitty nos arrastra lejos de ahí. Y sé que no podré pisar de nuevo ese distrito, no si sus rizos me persiguen y traicionan. Supongo que veré con el tiempo que tan buena persona es y que tanto me sirve el haber sido un poco amable.
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