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Your fate is in your hands · Phoebe

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Mensaje por Lara Scott el Vie Ago 23, 2019 6:44 pm

Días antes de Navidad...

Solapo la culpa propia que me remuerde, con una indignación tan furiosa que me tiene arrojando cosas en el fondo del garaje de la casa en la playa. Muchas de las cajas se están moviendo y apilando en orden contra las paredes por un par de hechizos de mi varita, pero necesito escuchar el sonido metálico de las herramientas golpeando superficies para calmar a los gritos que están resonando en mi mente. ¡Esa perra maldita! ¡Todo este tiempo esperando el momento! La sangre me palpita en las venas con un enfado que me haría tirarle las cosas a ella, pero no creo que pueda, porque está muy cómodamente sentada en un sillón de privilegios ahora. ¡Si es que será zorra! Me digo que tengo que calmarme, que cuando me descuido me asalta el pensamiento de que si no hubiera estado jugando a las casitas en otros distrito, podría haber estado más pendiente de lo que ocurrió en el mío, que quizás no tendría que haberme ido, vamos, que si no hubiera quedado embarazada seguiría allí, encerrada en ese taller, puede que hubiera dejado de ver a Hans después del verano, que teníamos demasiados puntos de desencuentro y eso hubiera terminado por distanciarnos, que arrancarse de la piel a una persona duele, pero se consigue. A menos que se haya metido por debajo de esa piel por culpa de un sentimiento que se volvió más intenso y es cuando lo pienso que deslizo mi mano por mi torso hasta detenerla sobre mi vientre, tomo un par de respiraciones para serenar la rabia que no me está haciendo bien. No nos está haciendo bien.

Me tomo tres minutos para pensar, los cuento mientras sigo con la mirada el cambio de números en el reloj digital que está sobre la mesa hecha de hierro en la que están todas las carpetas que logré rescatar, porque si esa perra cree que le voy a dejar algo, está equivocada. Desperdicié demasiado tiempo en muchas cosas, estuve girando con una rueda que no me llevaba a ningún lado, archivé proyectos de mi padre que quedaron inconclusos y nunca volví a los míos que eran de mi época de estudiante, cuando tenía la cabeza más llena de ideas. ¿Qué si perdí el taller del distrito seis? —Haré mi maldito puto taller con juegos de azar y hombrezuelos— mascullo, mordiendo cada una de esas palabras con mi enojo sentido, que me carcome entera y busco el apoyo de esté bebé bajo el contacto de mi mano. Más que tener mi propio lugar para trabajar a solas, que sé que puedo hacerlo, no tengo todo la infraestructura que se necesita para montar algo así. No quiero pedirle a Mo que colabore, porque prefiero que siga motivada con sus planes de retiro, para los que la veo en serio entusiasmada. Haré algo mucho mejor, algo que me abrirá muchas más posibilidades, lo que he barajado cuando se abrió la posibilidad en el ministerio y la tomaré ahora, por mí. Que si a mí se me acaba el camino, si me lo rompen, me bajo del jeep para subirme a una escoba y vuelo, malditos.

Creo que se escucha demasiado fuerte el golpe que doy con mi palma contra el metal de la mesa. Miro por encima de mi hombro al percibir la presencia de alguien más, que dejé la puerta del garaje levantada y seguro que se escuchaban los ruidos hasta la playa. Suavizo la expresión feroz de mi rostro al notar de quien se trata, como puedo improviso una sonrisa. —¡Phoebe! ¡Lo siento! No me di cuenta…— me disculpo, apartándome de todo el amontonamiento de cosas al fondo para bordear el jeep wrangler y acercarme a ella con el frío llegándonos desde el exterior. —Como verás, sigo con mudanza de cosas…— suspiro, creo que se percibe un poco por mi tono, que esta no la disfruto tanto como la otra. —¿Todo bien?—, que extraño que esta pregunta salga de mis labios, pero se me da natural con Phoebe que con su presencia ha bajado en tres niveles mi enfado y ya casi lo tengo bajo control.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Ago 23, 2019 11:40 pm

Esto de casarme me hace en realidad mucha más emoción de lo que aparento, pero creo que entonces estoy haciendo un buen trabajo, dado que ambos decidimos que lo mantendríamos en secreto hasta la cena de Navidad, donde espero mi hermano no monte un espectáculo como sé que lo hará si no hay alcohol de por medio. Creo que ya resolvimos como vamos a organizarnos en base a ese día y la opción más lógica ha sido la de celebrarla en nuestra casa, porque así Lara no tiene que estar moviéndose, su madre puede quedarse en dónde sea y lo mismo da para el resto de invitados, aunque apuesto a que Hans va a querer pasar la noche en una cama en específico. Eso si no le da un infarto antes, y aun estoy planteándome la mejor manera de contarle la noticia, dado que Charlie lo ha dejado todo para mí y ha optado por lavarse las manos como si el tema no fuera con él, cuando fue él en primer lugar quién me pidió matrimonio. ¡Hombres! De todas maneras, me quejo por gusto porque casi prefiero ser yo la que aborde el tema, que tengo un poco más de delicadeza para estas cosas y conozco a mi hermano lo suficiente como para saber qué es lo que mejor le va a sentar, empezando por las copas de vino.

Con el motivo de la celebración, me veo en la obligación de ir a cotillear a casa de Lara sobre las intenciones que tiene su madre a la hora de traer comida a casa. No es la primera vez que escucho que a la mujer le gusta cocinar, y capaz es de prepararlo todo ella y dejarme con la excusa de que ni siquiera hice el intento de cocinar algo por mi cuenta. Si Charles y yo vamos a ser los anfitriones, que por lo menos hagamos algo más que poner la casa estaría bien, la verdad, y me niego a volver a ir de compras por decoración navideña porque se pone nervioso y empieza a tachar cosas de la lista. Sé de sobra que muchas de las cosas que compramos son tonterías, y siendo dos personas que conocemos demasiado bien el valor del dinero, despilfarrarlo en cosas insignificantes no va mucho con nosotros, pero como se trata de una ocasión única por ser la primera vez que vamos a pasar las navidades en un entorno algo más familiar que la habitación del once, me permito ser un poco derrochadora en ese aspecto.

Bueno, para el caso, ya estoy de camino a casa de mi cuñada y futura madre de mi sobrino, envuelta en un abrigo propio del invierno que nos acecha y que le ha dado por soplar con fuerza cuando me decido por salir a la calle. No me es muy difícil distinguir a la morena porque ella misma se hace notar cuando golpea la mesa de metal de su garaje, provocando que dé un pequeño salto en el sitio por el susto de lo inesperado, que casi se me escapa su nombre en el brinco como consecuencia, pero consigo guardármelo para dejar que mi sorpresa se exprese en mi rostro de cejas alzadas. — ¿Anda todo…? ¿Estás bien? — Creo que es evidente por el tono que utilizo que estoy preguntando por su estado de alteración previo a mi llegada. — Oh. — Echo un vistazo a su alrededor para comprobar que, en efecto, sigue de mudanza. — ¿Quieres que te eche una mano? No entiendo mucho de mecánica, pero si me dices que cosa va con que puedo ayudar a organizar todo… esto. O lo que sea. — Muevo un poco mis manos en lo que me adentro en el garaje para apuntar a todas las cajas y montón de papeles que andan esparcidos por la mesa y alrededores. Es lo menos que puedo hacer por ella estando en su estado, que precisamente por eso no debería alterarse. — Estupendamente, gracias, solo vine para charlar sobre unas cosas con respecto a… nada importante, podemos dejarlo para más tarde. — Sonrío, como si de alguna forma quisiera transmitir mi temperamento calmo al suyo. — ¿En qué puedo ayudar? — Me froto un poco las manos sobre el abrigo para guardar el calor, aunque bien dispuesta a ponerlas a trabajar en cuanto me diga qué está mal.
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Mensaje por Lara Scott el Sáb Ago 24, 2019 1:27 am

Muevo mi barbilla en negación, no mentiré sobre lo que es evidente, que a pesar de mi sonrisa débil, todavía hay chispazos de rabia saliendo de mis ojos oscuros y tengo que pasarme una mano para limpiar toda mi semblante, relajar la tensión de mis músculos, si es que tengo la mandíbula apretada con fuerza. Tengo que ponerme a hacer algo si quiero poder dar una tregua a todas las emociones que esta vez sobrepasan a mis berrinches hormonales, lo que necesito es hacer algo que tenga mis manos ocupadas y haga trabajar mi mente, mientras busco darle un nuevo sentido a todo. Pienso mejor mientras estoy haciendo algo, se sabe bien que mis peores pensamientos vienen cuando me quedo quieta. Pero no tengo ánimos para mirar nada que tenga que ver lo que me ha quedado del taller mecánico, así que rechazo la ayuda de Phoebe con suavidad. —No tienes que preocuparte por eso, tendré tiempo para ir acomodando las cosas. Dejaremos que se siga ordenando por su cuenta un rato…—. Palpo los bolsillos del jardinero que me he puesto con un pesado sueter debajo de las correas, y cuando percibo las llaves a mi tacto, recojo la campera que dejé por ahí para pasármela por los brazos. —Lo que me vendría bien en este momento es salir, ¿vienes conmigo?— la invito, confiada en que aceptará, que no sé qué la ha traído a visitarme y me adelanto pensando que debe ser algo sobre la cena de Navidad, de la que no puedo opinar demasiado sin sentir que estoy dando pasos en falso. Mi madre se las apaña mejor que diseñó un menú para impresionar a los anfitriones, admiro a veces la manera tan llevadera en que se toma esto, como el único y más importante apoyo que necesito. Será nuestra primera navidad diferente a la que venimos celebrando hace quince años, y por primera vez creo que en mucho tiempo, realmente lo sentimos como una celebración de algo.

Ponte cómoda y no te olvides del cinturón— le indicó a Phoebe que estamos en el interior el jeep, porque sí, por mucho que cueste verlo, soy una persona que se toma precauciones al manejar. Es al final de cuentas una de las primeras cosas que aprendí a hacer, quizás demasiado pronto, por eso no es de extrañar que para distraerme y calmarme lo que necesite a veces sea manejar o volar en una escoba. Es sólo que estaba vez quiero la compañía de Phoebe y un automóvil se hace más cómodo para ambas, en especial para el tercer acompañante. —Será un paseo por tierra, así que no hace falta que te sujetes a nada para no acabar de cabeza— bromeo, retrocediendo para salir del garage y tomar el camino de grava que se cruza con la ruta que bordea parte de la costa detrás de las dunas, dejando ver un pedazo de arena y luego la marea fría. —La verdad es que… quería hablar contigo— digo, con mi mano moviendo los cambios y eligiendo en el tablero que la mayoría de las indicaciones sean manuales, así puedo tener la mitad de mi concentración en esto y la otra mitad en lo que quiero preguntarle a Phoebe, excluyendo todo lo que me tenía preocupada dentro de la casa. —Hace tiempo…— sigo, mi vista puesta al frente.

Sobre lo que viste en las cartas esa vez, de que tendría un bebé con tu hermano. Yo…— pienso en cómo explicarle mi punto, sin que esto parezca otra conversación sentimental de embarazada irracional. —No creo que eso estuviera en mi destino. No, en verdad no. Si es que hay un destino…— la miro de soslayo, apenas, tengo cuidado de seguir atenta a la carretera. —Yo vi mi futuro muchas veces, Phoebe. No había un hijo que naciera de mí. Pero cuando sucedió… se sintió como si fuera el momento, en ese momento sabía que estaba enamorada de tu hermano, me golpeó la certeza de que tal vez nunca volvería a sentir algo así por alguien, ni a concebir un bebé y tampoco a concebir un bebé de alguien que amaba así. ¿Me entiendes?—. Soy bastante confusa sin mucho esfuerzo, lo sé. —Fue en ese momento. Podría haber sido antes, podría haber sido después, todo hubiera sido diferente entonces. Pero algo… cuando viste mis cartas o tal vez un poco antes, empezó a hacer que todo cambiara para mí. Porque había algo para mí, un futuro posible, lo pusiste en jaque con tu predicción… y todas las piezas empezaron a reacomodarse, un futuro que sigue siendo impreciso…—. Desacelero al tomar una curva muy cerrada que deja al mar por debajo de nosotras. —¿Cómo… funcionan tus profecías, Phoebe?— pregunto finalmente, mi rostro se contrae en una expresión meditabunda y mis dedos se aferran al volante. —¿Cómo puedes tomar una certeza de lo que es desconocido?— ¿O son fugas entre cursos del tiempo? De un tiempo que está medido y encerrado en algún lugar o que es como un océano en el que todos nos disolvemos. —¿Sueles pensar en cómo los tiempos se alteran cada vez que haces una predicción?
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Ago 24, 2019 10:51 pm

Es evidente por el modo que tiene de contener la rabia en esa sonrisa floja que se escapa de sus labios nada más llego que no está de buen humor, pero estoy lejos de insistir cuando ella misma no le parece tema de conversación, al menos no en el momento. Sé que si quisiera hablar de ello, no tendría ningún motivo para no hacerlo, por lo que lo dejo estar para otra ocasión en la que sí sienta la necesidad de comentarlo con alguien. En su lugar, me fijo en el enorme monstruo que ocupa la mayor parte de su garaje, y a donde me invita a subir sin oportunidad a que pueda rechazar la oferta. Tampoco tengo cosa mejor que hacer puesto que vine a verla a ella en primer lugar, así que con un encogimiento abierto de hombros acepto su propuesta y me subo al jeep, aunque mi cara dice mucho de como me siento al respecto de estas cosas. — ¿Seguro que sabes manejar esta cosa? — Pregunto, un poco dubitativa mientras me pongo el cinturón para asegurarme de no salir volando. La última vez que monté en un coche, mágico o no mágico, fue con mi padre y no me trae muy buenos recuerdos. Desde entonces no es cómo si hubiera tenido la opción de aprender a utilizar uno y soy una profunda defensora de la aparición o polvos flú para cualquier desplazamiento necesario. Eso y el tren, si acaso, aunque la escoba tampoco me incomodaría demasiado en caso de necesidad.

Al menos se está más calentito que fuera y puedo sacar las manos de mi abrigo sin que se me congelen los dedos en el proceso. Giro la cabeza para mirarla mientras habla, aunque mentiría si dijera que no pongo un ojo en dirección a la carretera en caso de que ella se esté centrando demasiado en sus pensamientos y tenga que pegar un grito propio de la guerra para evitar que nos estampemos. — Técnicamente, yo nunca dije que fuera de mi hermano, de esa parte te encargaste tu sola. — Aclaro cuando lo menciona, y que de no ser por como continúa hubiera soltado una risa entre dientes. Mi frente se arruga un poco en lo que trato de comprender cada una de sus palabras como una conversación que se sale del margen al que solemos ir. — ¿A qué te refieres exactamente con que viste tu futuro muchas veces? — ¿A que ya ha estado en presencia de otros videntes antes de toparse conmigo? ¿A un presentimiento suyo cualquiera? Pienso en ello mientras continúo con la vista fija en su figura, aferrándome un poco al sitio por el relieve del camino. Creo entenderla cuando habla y menciona las cartas, lo demuestro con el asentimiento de cabeza que sigue a sus palabras, aunque no estoy muy segura de que ella pueda verlo, por lo que me decido por alzar la voz. — ¿Sientes que estás destinada a terminar con mi hermano? ¿Es eso? — Murmuro, como para resumir un poco lo que esta diciendo, aunque no estoy muy segura de haber dado en el punto correcto. Vale, puede que en realidad no la entienda del todo, ¿Hans no mencionó que Lara era una mujer algo complicada en cuanto a emociones?

Es curioso que pregunte, creo que nunca antes me habían picado la curiosidad queriendo saber cómo funcionan mis visiones, más interesados en lo que puedan dar que en su funcionamiento en sí. ¿Y cómo lo explico si ni yo misma lo entiendo? O mejor dicho, más que no entenderlo, como lo explico cuando a mí misma no me hace falta hacerlo. — Depende mucho, en realidad, la gente tiene por idea que ocurren en el instante, como una mini película en el interior del ojo en el momento en que sucede la visión, cuando en realidad, muchas veces ni soy consciente de que ha sido una predicción hasta que tiene lugar de verdad, ¿entiendes? — Es muy difícil de aclarar cuando la otra persona no conoce el sentimiento, y a menudo pienso que moriré siendo una incomprendida. — Es como un… no sabía que lo sabía hasta que pasó tipo de cosa, sé que es un poco confuso de comprender, pero en su mayoría funciona así. Algunas visiones son más claras y lúcidas que otras, supongo que recae en la importancia que tengan en el momento y en lo periódico de las mismas. — De verdad estoy tratando de explicarme lo mejor posible, pero no sé como hacerlo cuando se trata de algo que me hace vivir en una incógnita constante. — A veces en sueños, que es cuando nuestra cabeza es más vulnerable a las cosas que el cerebro humano no es capaz de entender por sí mismo, se intensifican esas sensaciones y presentimientos que en el día a día resultan banales, lo cual lo hace todavía más confuso de diferenciar si ha pasado o no, si estará por pasar o si es solo una manera que tiene el juicio de jugar con el tiempo. — Ahí lo enredé más, ¿verdad? Me aclaro un poco la garganta antes de continuar, que con tanta cháchara me estoy quedando sin saliva. — Y luego… de estas he tenido muy pocas, o quizás no y simplemente no lo sé, las profecías profecías — Hago énfasis en la última para darle a entender que me refiero a esas que nadie es capaz de explicar, ni siquiera teniendo el don de la clarividencia. — , en las que uno entra en trance durante el tiempo que la predicción es pronunciada, y no eres capaz de recordar absolutamente nada en cuanto vuelves en sí. Es una sensación extraña, si me lo preguntas. — Aunque no es como si pudiera describirla con certeza porque como dije, ni siquiera eres consciente de que está pasando nada, son segundos en blanco para el resto de tu vida.

Me rasco la nuca, haciendo una pausa en mi discurso que de por sí ya es enrevesado y me he dejado como la mitad de los puntos que me hubiera gustado tocar, pero que incluso en clase me toma más tiempo del que espero cuando me pongo a enunciar cosas. Puede que eso se vea agravado en mi manía por irme por las ramas. — No hay nada desconocido que sea certero, Lara, simplemente aprendemos a manejarnos en el azar de lo que está por suceder, y terminamos por creer que eso es lo correcto. — Nunca nadie dijo que la adivinación fuera un arte sencillo, motivo por el que pienso que la mayoría prefiere no creer en ello que confiar en que algunas cosas son mejores que permanezcan en misterio. A su pregunta respecto al tiempo, por otro lado, tengo que responder con profunda honestidad. — No, la verdad, una vez una profesora muy sabia me dijo que la clarividencia es como un viaje no físico en el tiempo, pero creo que no tiene mucho que ver con tu duda, ¿verdad? — Sinceramente, bastante tengo con lo mío como para ponerme a pensar en el efecto que tienen mis predicciones en el tiempo. Yo las suelto, que el resto se ocupe de solucionarlo debería ser su trabajo, ¿no?
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ago 25, 2019 2:00 am

Sólo porque lo pregunta Phoebe, no me ofenderé. Pensé que mi trabajo hablaba por mí en varias cuestiones, que alguien dudara de mi capacidad para manejar lo tomaría como algo menos que un desafío para demostrarle que tan rápido y que tan seguro puedo hacerlo. Pero a ella trato de darle una seguridad diferente cuando me tomo el tiempo para darle una contestación en forma y no esperar a que juzgue a partir de la experiencia. —Mi papá me enseñó a manejar a los trece, casi catorce. Fue de las últimas cosas que compartimos antes de que muriera. Y después de los diecisiete solía disfrutarlo mucho, de una manera en la que a Mo le dio muchos dolores de cabeza…— confieso, que a mi madre se le subía el corazón a la boca cada vez que llegaba con un corte en la frente o me veía salir de un automóvil abollado. Riley me lo dijo una vez, con justa razón, que no valoro lo suficiente a Mohini. Estuvo para mí cada vez que choque contra un muro y al final de todo, es la única de quien tengo la certeza que seguirá estando. —Soy de esas personas que necesitan equivocarse para aprender, así que puedes estar tranquila, que saqué muchos aprendizajes de esas vueltas y viajando conmigo estás más segura que con nadie— sonrío con mis manos curvándose en el volante y reduciendo la velocidad lo suficiente como para que ella pueda mirar el paisaje de la costa que va mutando por la ventanilla.

Si me muestro indignada cuando se aclara en lo que fue su predicción. —¡Sí lo dijiste!—. No, no lo dijo. Había preguntado si nos estábamos cuidando con su hermano, no más que eso. Me hace cerrar la boca y callarme cualquier posible réplica de esa manera. —¡Fue una trampa entonces!— me río con una carcajada que llena todo el interior del jeep, tengo que pestañear un par de veces para poder mirar lo mismo de una manera diferente. ¿Y si no era Hans? ¿Podría haber sido alguien más? Niego con mi cabeza, no, no hubiera pasado. Tengo una piel curtida de experiencias que han quedado atrás y eso me hizo insensible en cierta forma, pueden tocarme, pero no llegar a mí. —Tenía certezas sobre lo que podía esperar de la vida. ¿No crees que las personas nacemos hechas de una manera en particular? Yo sabía que estaba hecha para morir en mi misma…—. No digo más allá de eso, con mis ojos puestos al frente, creo que el silencio basta para poner un punto final. Mis facciones pierden su gravedad cuando escucho lo que me pregunta, rompo la línea tensa de mis labios al reírme y agito los mechones cortos de mi cabello al hacerlo, todo mi cuerpo se sacude en el asiento. —Todo lo contrario— respondo recuperando la seriedad, me aferro al volante. —Estar con él es una decisión de cada día. Todo esto, todo lo que soy y lo que hago, me hace sentir como nunca que mi destino está en mis manos—. Y es una responsabilidad que me abruma, se apaga un poco mi mirada al continuar en voz más baja. —Y tengo que confiar como nunca en lo que aprendí de mis errores, para no chocar contra un muro, para no derrapar en una curva.    

Muevo mi barbilla en un asentimiento cada vez que duda de si puedo entender todo lo que me explica sobre sus premoniciones y videncias, saciando mi curiosidad sobre ese tema como no lo haría ningún manual. Toda la intriga que me provoca lo desconocido de su don provoca nuevas dudas a partir de lo que me dice, podría armar un mapa de interpretaciones de lo que ella me dice y poder enlazarla con algunas teorías que alguna vez barajamos con Logan hace años, que rotulamos como delirios y archivamos. Manejar el azar. Un viaje no físico en el tiempo. Es entonces cuando me tiro hacia un costado de la ruta con el jeep para detenerlo al lado de un barandal, desde el cual comienza el descenso de una duna y se puede bajar a la playa. —Tiene todo que ver con mi duda— respondo, desprendiéndome el cinturón para bajar y que ella me acompañe. —Me interesa el tiempo, hubo una época en que estuve un poco obsesionada con relojes mecánicos…— le cuento, el viento sopla tan fuerte, tan helado, que se quiere llevar mi voz y tengo que guardar mis manos en el bolsillos de mi chaqueta para cerrarme en mi abrigo y recobrar el calor.

»No tengo tu don, pero también he tenido sueños a los que traté de darle significado…— explico, camino hasta quedar cerca de ella, así el viento no interrumpe nuestra conversación. Curvo hacia arriba una sonrisa divertida. —No me olvido de quien eres hermana, Phoebe, y espero no te tomes a mal lo que voy a decirte…— me muerdo el labio para contener la carcajada que por un momento quiebra la seriedad de mis confesiones. Vuelvo mi vista al mar al poner en voz alta lo que es parte de mi mente caótica. —Suelo soñar con un hombre— la sonrisa vuelve a ensancharse, —no en ese sentido—. Por muchas bromas que pueda hacerle al respecto a su hermano, este no es el caso. —Es un hombre mayor, a veces un muchacho de dieciocho años y las primeras veces fue un niño de once. Todos son el mismo, lo sé. El niño me regaló un reloj una vez, está dentro de una habitación llena de relojes en las paredes…— cuento, como si fuera uno más de mis muchos relatos imaginarios. —Y es rubio, tiene gafas, los ojos marrones…— me callo, froto mi vientre que va tomando forma con mi mano. —He llegado a pensar que es este bebé— acabo, ladeando mi mirada hacia ella y esperando a que me asimile todo. —Sólo te lo diré a ti, Phoebe. Sé que si se lo digo a alguien más pensará que estoy loca, o qué sé yo, que son las hormonas. Me estoy sincerando contigo, ¿sabes? Porque…— remojo mis labios que los siento secos por la brisa que corta nuestros rostros. —Sí siento que estaba destinada a encontrarme contigo.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Lun Ago 26, 2019 12:12 am

Asiento con la cabeza para mostrar la fe que le tengo a ella y a su chisme de ruedas, pero creo que la risa nerviosa que atraviesa mi garganta delata cierto grado de inseguridad cuando asegura haber aprendido de sus errores en la conducción y, espero, muy profundamente, que sea verdad eso de que se aprenda más de las equivocaciones, porque sino la próxima vez que suba a uno de estos no será con Lara. — Siento que tu madre no diría lo mismo al respecto. — Esta vez sí me río con un poco más de sonoridad, pero porque estamos hablando del trato de una madre y ellas siempre parecen exagerarlo todo. De seguro no fueron tantos dolores de cabeza los que le dio a la hora de aprender a manejar un coche, ¿verdad…? A su siguiente acusación, solo puedo mirarla con la boca abierta en protesta por una situación en la que se metió ella solita. — Amiga mía, nada de trampas, las cartas son las que hablan y tú fuiste lo suficientemente imprudente como para ignorar el sabio consejo de una clarividente. — Extiendo las palmas de mis manos hacia delante como para expresar que estoy limpia de pecado, que no me puede culpar a mí de haberse acostado con mi hermano en más de una ocasión y que en una de esas se le olvidara tomar la píldora del día después.

Al menos, me alegra saber que es ella misma quien cree que tiene el destino bajo su control y que no es una de esas personas que se atienden a no hacer nada con sus vidas porque ya tienen un camino que les lleve a un final esperado. — No lo harás, Lara, pocas personas tan determinadas como tú no han conseguido lo que se han propuesto y sí, mi hermano ya es de por sí algo complicado como para añadirle ese bonus a tu vida, pero si como dices, es una decisión que no recae solo en lo que pasará mañana, sino que también es algo bastante personal, no debes tener miedo a chocar contra el muro, porque a veces ese muro es invisible y nos metemos nosotros mismos en la cabeza que es de piedra. — Creo que en todo lo que nos conocemos ha quedado bastante claro que forman una pareja de lo más enrevesada, sino es por su personalidad chocante y enérgica, por lo que transmiten el uno al otro sin la necesidad de utilizar palabras. Que confíe en que no va a caer por un precipicio es lo más sensato que puede hacer por el momento ahora que mi hermano ha pasado a formar parte de su vida, y, creo no confundirme cuando lo pienso pero, Hans jamás dejaría que se golpeara contra el suelo, no por su cuenta, desde luego.

Me muestro realmente interesada en su relato sobre el tiempo, lo que no espero es el cambio de dirección que toma y me coge por sorpresa al punto de que me agarro un poco al asiento en lo que tarda en frenar el coche y dejarlo a escasos metros de la playa. Bueno, al menos puedo agradecer que tengo los pies en tierra firme de nuevo y no me he matado en el proceso, que quizás esté exagerando un poquito, pero de verdad que no me gusta nada la sensación de ir sobre estas ruedas. El frío golpea mi rostro nada más tiro de la puerta para cerrarla, me recojo el abrigo al tiempo que cierro mis brazos alrededor de mi cuerpo para resguardarme del viento, aunque no despego la mirada de mi acompañante y la sigo por el camino que se decide por recorrer. Mi boca se transforma en una mueca curiosa con esa insinuación de un sueño en el que mi hermano no es el protagonista como hombre, pero estoy lejos de comentar nada cuando prosigue con su relato. Del mismo modo que ella, miro hacia su vientre cuando afirma que el niño, adolescente u hombre del que habla es, sin ponerlo en duda, su bebé. — ¿Dices que este niño es rubio? — No quiero sonar como que no la creo, al menos no al principio, pero sí siento que debo poner en evidencia algunos detalles que quizás ella haya pasado por alto. — Porque no es por desanimarte, que ya sé que quieres un mini Hans como bebé, pero… la genética es un poco quisquillosa a veces con eso de las raíces. — Comento, y de paso añado esa broma con respecto a mi hermano para que no me tome tan en serio. Bah, que es un sueño, los sueños no conocen de leyes de Mendel ni ese tipo de cosas por las que se rige la ciencia.

De modo que… sueñas con un niño, o un hombre, o un chico, y tú crees que se trata del mismo, ¿cierto? — Apunto, que no quiero saltarme nada de lo que dice y verdaderamente quiero ayudarla con lo que sea. — ¿Y por qué crees que es tu bebé en primer lugar? ¿Sueñas con él desde que supiste lo del embarazo o viene de antes? — Porque si viniera de antes, podría cederle tranquilamente mi puesto como vidente a ella y nos dejamos de tonterías de cartas, que ella misma se auto predijo su propio bebé, vaya. — Ciertas personas… son más sensibles a algunas cosas que ocurren o que no ocurren a nuestro alrededor, dicen que la conexión de una madre con su bebé se sale de la comprensión humana. Quizás tú… como futura madre, percibes esa unión a niveles que ni el tiempo es capaz de comprender. — Dicen, como si no lo hubiera sentido yo, para el caso. Meto mis manos en el bolsillo de mi abrigo para refugiarlas del frío que las acecha, aunque me quedo un poco paralizada en el sitio cuando giro mi cabeza en su dirección ante lo último. — ¿Conmigo? ¿Por qué? — No frunzo el ceño, sino que en su lugar alzo las cejas para mostrar mi impresión.
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Mensaje por Lara Scott el Mar Ago 27, 2019 7:29 am

Como si estuviera manejando en medio del carril de ida y el de vuelta, me muevo entre lo ambiguo de las predicciones y las certezas a las que podamos aspirar a tomar decisiones. Hacemos un chiste sobre lo primero, nos ponemos un poco más serias sobre lo segundo. Sé que hay líneas que cruzan mis manos que algo quieren decir, podría mostrarle mis palmas a Phoebe para que ella las interprete ese mapa del destino. Pero toda mi vida he trabajado con estas mismas manos, he destruido para aprender a construir, he armado estructuras a partir de unas primeras piezas, tenía una vida que estaba construyendo para mí antes de que todo cambiara, y no, no era una vida perfecta. Era mi refugio seguro, yo misma. Su hermano fue un riesgo, fueron todos los carteles en amarillo advirtiéndome del peligro de avanzar sin frenos. ¿Complicado él? Todo el camino fue una maldita ruta imprecisa que podía romperse abruptamente para hacerme caer en un abismo que no tenía manera de saber que estaba ahí, y sí, esperando a estrellarme con ese muro de piedra que me daba miedo, que serviría para detenerme de una buena vez, porque si yo era incapaz de hacerlo, algo más debería. Y tal vez ese muro es sólo cosa mía. Para bien o para mal, he decidido hacerme cargo de esto, de que no sea una fuerza que está por delante de mi voluntad para tomar decisiones, sigue dando miedo. Hay una diferencia entre que algo sea un error que sucede y una elección equivocada. De la misma manera, tomar algo que pueda ser fácilmente llamado un accidente, como algo destinado a pasar, y en realidad, algo que elegimos que pase: como este bebé.

Tengo esta sensación de vaga reconocimiento incluso por paisajes, que esta playa me recuerda a algo que no puedo precisar, mientras siento el frío estrellándose contra mi rostro con el avance y retroceso de la marea oscura. —Lo sé, la genética haría que eso sea tan improbable…— le sonrío de soslayo, me conmueve un poco que hablemos de un mini Hans que si en serio es una mini versión de su padre me daría mucho con qué entretenerme el resto de mi vida. —Ese niño se parece bastante a Meerah, si lo pienso. Puede que mi confusión surja de ahí…— vacilo, meditando en lo que ella me dice, haciendo a un lado mis impresiones sobre esos sueños y yo dejo que lo haga. —Desde antes, pero no es un sueño recurrente. Han sido pocos, en todos estos años. Me dejan una fuerte impresión cuando me despierto. Supongo…— me retracto de la locura que acabo de confiarle a Phoebe, —el bebé no nos dejó ver si era niña o niño, eso nos tuvo muy ansiosos, puede que sólo esté tratando de ponerle un rostro—. Pienso en lo que ella nos contó no hace mucho, del bebé que no pudo tener, bajo mi tono a uno más delicado. —Lo siento, no quiero traerte recuerdos que te angustien…  

Paso saliva para calmar el nudo en mi garganta, lo que me dice sobre la unión que llega a haber entre madre e hijo me pone sensible, debe ser eso, estoy más perceptible a todo en mi entorno y vinculé al bebé un rostro al que traté de dar significado, cuando el significado tal vez estaba en algo más. —Por lo que sé… una de las cosas imposibles en los sueños es poder ver la hora, siempre que buscamos un reloj, se ve difuso. Hice diseños de los relojes que llegué a ver en esos sueños y es cierto, no siempre veía la hora, mostraban otras cosas. ¿Has pensado alguna vez en que el tiempo cuando estamos a salvo avanza lento, pero si estamos en peligro avanza rápido? Los segundos se consumen como un incendio voraz. Había uno así…— me callo. Este niño estaba dentro de una habitación llena de relojes, tenía un apodo para él que dejé de usarlo por infantil. Froto mi frente con la palma de mi mano, sabiendo que no volveré a mencionarlo, no es lo importante aquí. —Son sólo sueños, lo sé— así le quito trascendencia.

Como lo hago con casi todo, como puedo llegar a ser una confusión a cuenta propia, busco argumentos racionales que me convenzan, aunque sean demasiadas las cosas a las que no le puedo encontrar una explicación, mucho menos una definición. Hay certezas que sólo se sienten en la piel. —¿Tal vez porque debemos encontrarnos alguna vez con alguien que nos enseñe cartas del destino a quienes no teníamos uno?— pregunto, cuando la razón verdadera fue una suerte de reconocimiento, al que me opuse porque era hermana de Hans. —Pienso en todos nosotros como energía, Phoebe. Nos percibimos los unos a los otros. Hay algo en ti que reconocí, porque con anterioridad tal vez hubo signos que no supe interpretar y otras personas, todo me llevó a que pueda verte y sentir que tenía que encontrarte. ¿Es extraño, no? No me hagas caso…—. Me froto los brazos para aliviar el frío que traspasa de la tela del abrigo. —¿Sueles llevar un diario de tus visiones, Phoebe? Eso podría ayudar a… poner un reloj en ellas…— musito, me quedo en silencio por un momento. — Voy a estar trabajando en casa estos días, además del ministerio. No volveré al distrito seis, no quiero volver a ese taller, ya no siento que sea mío.


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Mensaje por Phoebe M. Powell el Vie Ago 30, 2019 12:25 am

Me muerdo el labio inferior, como si yo misma estuviese meditando cual es la probabilidad de que el niño del que habla sea simplemente una imagen creada por su cabeza por todas las sensaciones nuevas que están acudiendo a su cuerpo como fruto de esta nueva etapa en su vida. No sería de extrañar que de ser así, su cerebro quisiera vincular ese rostro a uno que ya exista de verdad, como Meerah. — No lo sé, Lara, no soy la persona más indicada para buscar consejo sobre sueños imprecisos o imposibles porque yo misma siento que estoy perdiendo un poco la cabeza estos días mientras duermo. — Le confieso, porque me encantaría serle de apoyo en este tema que parece tenerla en una incógnita consigo misma, pero lo consideraría un poco hipócrita por mi parte el decirle que son simplemente sueños cuando hace unas semanas yo estaba torturando a mi hermano con declaraciones sobre nuestro padre, a sabiendas de que sé que es inviable que ese hombre vuelva a aparecer en nuestras vidas. — Pero los sueños… pueden ser tantas cosas, como un recuerdo encerrado en la memoria por años que recién empieza a liberarse o algún miedo profundo del que nosotros mismos desconocemos, es muy difícil darles una forma concreta, y creo que por eso no llegamos a colocarlos en ningún tiempo específico, porque no sabemos cuando van a dejar de ser imaginarios y convertirse en real. —  Murmuro, terminando por encogerme de hombros al no ocurrírseme otra teoría mejor que explique la complejidad del tema que estamos tratando.

Sacudo la cabeza en lo que agacho un poco la barbilla hacia abajo para mirar a mis pies, para expresar que no necesita disculparse por algo que ya ha pasado y creo haber enterrado. — Los recuerdos no son lo que me angustian, son las imágenes de lo que podría haber sido, por eso prefiero no pensar en ello. Hay momentos que es mejor dejarlos como terminaron, creo que las cosas pasan por algo y si no pudo ser, debió de ser porque no era la ocasión apropiada. — Me volteo para sonreírle, gesto que queda un poco en desacuerdo con mis palabras, pero que me sirve para demostrarle que no sirve de nada angustiarse por cosas que no han pasado. Quién sabe lo que hubiera sido de haber tenido ese bebé. Ahora probablemente no estaríamos en la mejor situación, no cuando hay una guerra a punto de estallar en el norte. Por eso mismo pienso que si no fue, hubo un motivo más que justo por el que se dio de esa manera. No sirve de nada lamentarse por el pasado cuando hay un presente que vivir y un futuro que esperar. No creo que sean solo sueños, lo percibo en su tono de voz y es por esa misma razón por la que poso una mano sobre su hombro al buscar su mirada. — Los sueños son demasiado enigmáticos como para considerarlos solos en sí mismos. — Le digo, que no debería resignarse a creer en ello solo porque no ha encontrado una respuesta específica. — Siento que no haya podido ofrecerte una solución más precisa, pero a veces no se trata solo de buscarla, sino de entender lo indefinido como algo que también tiene un significado, aunque en el momento no lo comprendamos. — La miro, apartándome un mechón de pelo de la cara y escondiéndolo detrás de mi oreja para después pasar a abrigarme nuevamente con los brazos alrededor de mi cuerpo en lo que dirijo la vista nuevamente hacia el mar.

No obstante, no pasa mucho tiempo antes de que vuelva la mirada sobre ella, arqueando un poco las cejas en intento de comprenderla, pero se me escapa una sonrisa pequeña y traviesa por lo que dice. — Me siento algo halagada, Lara, pero no se lo digas a mi hermano, podría ponerse celoso de saber que mi energía te atrae. — Es una broma, ambas lo sabemos, y aun así me atrevo a reír entre dientes. — Pero sí, entiendo lo que dices. — No me parece extraño en lo absoluto, más bien lo considero una manera muy inteligente de entender como funcionan nuestras almas, energías y esas cosas demasiado complicadas como para ponerlas en palabras. Muevo un poco la nariz al pensar, que me lleva a fruncir el ceño pensativa ante lo último. — No. ¿Crees que debería? — Confieso sin tapujos. Hasta el momento no he encontrado la necesidad de llevar un registro de mis predicciones, aunque ahora que lo pienso mejor, creo que tengo miedo de encontrar algo en ellas que me lleve a ver cosas más allá de las mismas visiones. No le presto el tiempo suficiente a ese razonamiento porque me veo envuelta en la sorpresa cuando declara que no va a volver a trabajar en su taller. — ¿Por qué? Pensaba que todos tus proyectos importantes estaban ahí. — Eso de que no sienta que es suyo me lleva a creer que tiene algo que ver con lo que pasó antes de que llegara, pero me veo incapaz de preguntar respecto al tema de forma tan directa y por eso intento llevarlo hacia otra dirección.
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Mensaje por Lara Scott el Sáb Ago 31, 2019 3:02 pm

Ojalá todas las regañinas que recibí en la vida sobre que no me metiera donde no me llamaban, de que me mantuviera lejos de las vallas de seguridad, de que no traspasara el límite de lo permitido cuando me lanzaba el mar, que a veces hay fondos que nos arrastran y son tan oscuros que no se puede escapar de allí, y es que pese a todos estos buenos consejos, la pregunta que sale de mis labios es uno que no puedo evitar modular. —¿Con qué has estado soñado?—. Hundo mis manos un poco más en el calor los bolsillos de mi abrigo, puedo por encima de las capas de tela tratar de rodear mi vientre. —Ponerlo en voz alta podría ayudarte a darle precisión, ¿no crees? No hace falta que seas específica si quieres guardar la reserva— me adelanto a sus reparos, que supongo que los videntes también actúan siguiendo cierto código de confidencialidad hacia otros y también de lo que son sueños privados, su mente debe ser asombrosa para que haya tanta información sobre los tiempos posibles. —Dame los detalles que te están quitando el sueño y tratemos de darle un orden al caos—. Sé de eso, me muevo en ese rubro.

No sé si puedo tomar lo que me dice luego y conformarme con ello, si es que va ligado a lo anterior o es una explicación ambigua, algo en lo que me dice sobre memorias y miedos me saca una sonrisa tibia, esa que muestro de cara al mar en el que trato de precisar algo que no veo, sobre esa línea en que el cielo cae sobre el agua. —Hay un cuento que mi padre solía contarme de un grupo de personas libres que hicieron prisioneros para subirlos a un barco y en la tierra en la que desembarcaron, lo hicieron como esclavos. Pero ellos nunca olvidaron que una vez fueron libres, que generaciones después uno de ellos se rebeló y dijo algo que mi padre repetía palabra por palabra. « Yo soy mi padre, soy mi abuelo. Soy la justificación de mis antepasados»— relato, sacando la mano de mi bolsillo para colocar la palma abierta sobre una panza que apenas se va insinuando redonda. —Como si heredáramos memorias que no comprendemos a veces porque no son nuestras, pero que nos dan un miedo innato a ciertas cosas que hicieron daño a quienes estuvieron antes que nosotros y también nos dan causas por las que luchar, que tampoco son nuestras…— parpadeo al voltearme a ella. —Estoy especialmente divagadora hoy— curvo una sonrisa de disculpa.

Medito en eso que ella me dice, sobre las cosas que no pudieron ser y que no serán, a menos que todas las disparatadas teorías sobre el tiempo pudieran ser, que haya personas con la estupidez de ir contra corriente hacia el pasado. Y por razones que sé que lo están cambiando todo, he virado mi rumbo y mi mirada está puesta más allá de lo que sabe, en lo incierto del universo de las cosas que podrían ser. La nostalgia hacia lo que pasó es menor, todavía una punzada a veces, pero no me arrastra con la misma fuerza que antes. —Lo que importa es lo que podamos hacer que suceda, ¿verdad?— busco que esté de acuerdo, que me diga que eso es lo que importa, creo que necesito escucharlo. —Es curioso que al pensar que no tenía nada que perder y que el mundo bien podría colapsar mañana mismo, que al decirme carpe diem, ¡vive el día presente!— ensancho mi sonrisa con algo de nostalgia, —me trajeran hasta aquí—. Y no quiero que lo tome como que simplemente lo acepté, la verdad es que me resistí mucho. No quería volver a pasar por el sentimiento de creer que tenía algo que me importara tanto, que perderlo podría destrozarme otra vez, trabajé años en mi pose de chica fuerte como para desbaratarla por algo impreciso. Y aquí estoy, encontrándole un significado a lo indefinido. Sonrío a Phoebe por la manera que tiene de explicarme las cosas porque, curiosamente, siento que entiendo lo que me quiere decir. Me tiemblan los labios por la carcajada que rompe lo apacible de mi expresión, en un gesto más bien divertido. —La energía de tu hermano también me atrae mucho, sólo que en otro sentido…— aclaro, que si tengo que ir a repetirle las palabras de Phoebe lo veo diciendo «¿Ah, sí?» con absoluto desenfado, la mueca de espanto vendría por todas las otras cosas que pasan por mi mente que le dan contexto.    

Quería decir tiempo, no reloj— me corrijo, creo que mi sugerencia se entendió de todas maneras, el acto fallido es por la facilidad con que los uso como sinónimos. —Creo que escribirlos podría servirte para ir teniendo un control sobre esos mismos sueños, también sobre tus predicciones— barajo, —Si bien no tengo mucha idea de cómo trabajan en tu campo, supongo que lo caótico ayuda más a poder vislumbrar cosas, tal vez al tratar de lograr discernimiento, los sueños se empañen un poco o, lo que menos me gustaría, que estos te rehuyan…— voy pensando en voz alta, como siempre sopesando todo lo que podría salir mal, porque me han enseñado que si se encuentra las respuestas a todas las preguntas negativas, es que una idea puede prosperar, sino mejor descartarla de entrada. Y si de todas maneras se intentará, saber por anticipado qué podría salir mal, así se preparan planes de contingencia. Me froto la frente que se me va arrugando de tantos pensamientos, que tengo que suspirar para aliviar esa tensión que sola me impongo. —Siendo honesta, estuve demasiado tiempo aferrada a ese lugar, mis proyectos importantes no estaban ahí…— se alzan mis comisuras una vez en una sonrisa ancha. —Y no, no es el momento en que digo que mi proyecto importante ahora es mi hijo— bajo mi mirada hacia ese montículo que se va perfilando bajo la ropa. —No, mini-loqueseas, puedes ser colaborador si quieres, pero no eres proyectito…— le aclaro, no quiero verlo en ningún momento como una extensión de mis propias aspiraciones, como si tuviera que concretar algo a través de él o ella. Sé que una vez que nazca dejará de pertenecerme y entonces será quien tenga que ser. —Estuve años dedicándome a proyectos banales del taller, porque tenía demasiado miedo de arriesgarme por ideas que podrían fracasar— le confieso a Phoebe, —Claro que puse todo mi empeño, yo no sé involucrarme de otra manera en el trabajo que no sea comprometiéndome. Pero, tal vez… tiempo, empeño, lo dediqué en cosas que me aportaron mucho como mecánica, no lo niego, y que no era algo en que verdaderamente fuera para mí…—. Lo pienso bien, creo que a estas alturas de todo lo que le he dicho a Phoebe, puedo decir un poco más. —Quería quedarme en ese lugar, seguro que lo echaré muchísimo de menos de vez en cuando, porque es el sitio donde queda un tiempo que fue mejor, donde fui feliz. Aunque no sea más que un recuerdo de niña y los niños tienen una manera más feliz de ver siempre la vida, hasta que ya no lo son.
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Mensaje por Phoebe M. Powell el Sáb Ago 31, 2019 6:13 pm

La miro como si estuviera debatiendo entre hablar o mantener la boca cerrada, porque no quiero volver a desmantelar una conversación que no va a llegar a ninguna parte, que ya tuvo su punto muerto con las palabras de mi hermano y que lo más sensato sería dejarlo ahí. No obstante, la idea de que esta mujer pueda ofrecer una perspectiva diferente como alguien que desconoce, al menos hasta cierta altura, de los misterios del pasado que compartimos Hans y yo, puede que me ayude a obtener una interpretación desde un plano distinto. — Con mi padre. — Contesto, manteniendo la mirada sobre ella hasta que la suya choca con mis ojos y siento la necesidad de apartar la vista hacia el agua cristalina. — Hace algunas semanas que hablé con Hans del mismo tema, pero él piensa que son simplemente sueños, hasta Charles que me conoce mejor que nadie cree que debería ir a terapia en algún momento. — Sé que lo hace con buena intención, por eso no se lo tengo en cuenta, pero aun así bajo la barbilla al sacudir la cabeza y mover las cejas en un gesto que me obliga a mirar hacia el suelo. — Es curioso que estemos hablando sobre el tiempo porque en mis sueños todo está hecho un desastre, como si el espacio temporal no existiera allá dentro. Me veo a mí misma de niña, a mi padre, un poco más viejo que la imagen que tengo de entonces, y Hans también está, pero su figura es actual, como un colapso en el tiempo. — Explico, todo observando como las olas chocan contra la orilla desde la lejanía. No muy segura de a dónde pretendo llegar dentro de la intimidad de mi cabeza, continuo. — Nunca es el mismo sueño, pero siempre es la misma voz, una que se escucha claro mientras sigo inconsciente, hasta el momento de despertar que se siente como un eco retumbando dentro de mi cabeza. — Sé que hubo días en los que los dolores de cabeza estaban más que justificados. — No recuerdo nada una vez abro los ojos, y eso me perturba porque sé que es importante. — Lo suficiente como para que no piense en otra cosa por el resto del día. Suspiro, expulsando aire como quién se resigna a no obtener una respuesta porque es demasiado complicada de encontrar. — Probablemente tengan razón, que solo esté pensándolo demasiado o sean secuelas. — No dejo de ser alguien que busca, a toda costa, escapar de las miradas acusatorias del pasado.

Escucho su historia con interés, tal y como ella se muestra interesada en solventar mis problemas, aunque algo me hace tragar saliva con algo de fuerza y probablemente se deba al hecho de que resulta un cuento muy peculiar que podría asemejarse en más de una coincidencia a lo que está ocurriendo en el día de hoy en el país. Prefiero divulgar acerca de lo que dice al final, que tiene un poco menos de repercusión social y mucho más trasfondo para lo que nos interesa. Asiento con la cabeza ante su propia afirmación y esta vez sí sonrío con ganas. — Exacto, creo que es mucho más importante lo que hacemos con el tiempo que tenemos en el presente, dejar el pasado atrás, que ese no lo podemos cambiar, pero lo que viene a continuación puede ser que sí, y sé que suena algo dispar por mi parte después de haber hablado sobre mi padre, pero… — Me callo, no quiero decir lo que creo que estoy pensando porque no hay manera alguna de que este hombre vaya a poner un pie en mi vida en algún momento cercano o lejano, en cualquier caso, de modo que sacudo la cabeza y saco una mano del bolsillo para hacer el mismo gesto tajante. — Carpe diem era, ¿no? — Pues que sea eso, suena muchísimo más alentador que quedarse estancado en la miseria, a mi parecer. No pensaba hablar mucho más acerca de la energía que debe desprender mi hermano, lo cual creo que dejo claro por la forma que tengo de mirarla con la expresión de asquito plasmada en el rostro. — Ah, sí, eso mejor déjalo para cuando esté enfadado contigo y tengas que camelarlo de alguna manera. — Me río entre dientes, una risa que se queda en el aire cuando el mismo me sacude el cabello.

Me aparto un mechón para esconderlo detrás de mi oreja al tiempo que sopeso la idea de buscarme un cuaderno donde escribir mis visiones, frunciendo un poco el ceño al quedarme pensativa. — Supongo que no es una mala idea del todo, aunque siempre he encontrado cierta organización dentro del caos que hay aquí dentro. — Me golpeteo la sien con uno de mis dedos para especificar mi cabeza, dedicándole una sonrisa antes de pasar a observar la arena. — Nunca se me dio especialmente bien seguir un registro, de cualquier tipo, o escribir de lo que sea, para el caso. Me gusta trabajar en mi cabeza porque ahí no tengo que tratar de ponerle un nombre a algo que quizás no lo tenga, aunque a veces sí que es… demasiada información. — Creo que me acostumbré a eso de trabajar con mi mente y dentro de ella porque la época en que viví en la calle no había espacio para ocupar con libros cuando lo primordial en mi día a día era sobrevivir, problema que arrastré hasta bien empezada mi adolescencia cuando el cambio llegó y tuve que acostumbrarme de nuevo a un ritmo escolar que mi cerebro en ocasiones tachaba como desmesurado. Ni siquiera sé como conseguí pasar a graduarme, con mucha ayuda, probablemente, aunque más bien dando muchos palos ciegos al agua.

Escuchar que Lara va a dejar el taller me pone de algún modo entristecida por ella, como si con esa decisión fuera a quemar años de proyectos y trabajos en los que estoy segura no ha dejado más que sudor y sangre. No obstante, también sé que hay momentos en los que la vida nos depara cosas nuevas, oportunidades a las que tenemos que aferrarnos antes de que alguien venga y nos las quite porque nosotros fuimos lo suficientemente inseguros como para no arriesgarnos a cogerlas. Yo sé que mudándome aquí con Charles, tomé una decisión con la que no esperaba obtener una red de caer al vacío, pero también sé que de no haberlo hecho, me hubiera arrepentido por el resto de mi vida. — Siempre vemos las cosas de una manera diferente cuando somos niños, pero no creo que sea la más feliz. Sé que como adultos tratamos de engañarnos a nosotros mismos con las decisiones que tomamos, si vemos que no va a salir bien, nos convencemos de que hay un motivo válido por el que se nos perdone cada estupidez. Como niños… creo que simplemente lo vemos todo desde la más honesta realidad, pero siempre encontramos el modo de no hacer de ello lo peor. Al menos desde mi experiencia. — Respondo, tan simple como eso. Yo era consciente de lo que estaba pasando en mi casa, de lo que ocurría dentro de las paredes de nuestro hogar, pero siempre me las apañaba para ver la luz al final de cada día, y Hans, como hermano mayor, ayudaba bastante en eso. — No tengas miedo de arriesgar por algo en lo que crees, Lara, aunque sea un proyecto banal de mecánica. Al final son las cosas por las que merece la pena luchar. — Le sonrío. No sé que tanto le sirve mi consejo ahora que no va a estar tanto a los cacharros, pero creo que es algo que sirve para cualquier aspecto de la vida.
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