The Mighty Fall
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OTOÑO de 247221 de Septiembre — 20 de Diciembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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Viktor R. Carstairs
Miembro del Departamento de Justicia
Diciembre

-Kida, me estás haciendo perder la paciencia - interrumpo cuando la niña no es capaz de leer la palabra absolución. Llevamos más de tres horas sentados frente al libro más fino de no ficción que logré encontrar - porque si va a aprender a leer más vale que sea mientras aprende algo y no con un tonto libro de cuentos - y siento que el único éxito ha sido que lea los artículos y preposiciones - Al - ba- ce- az - go - intento que me siga sílaba por sílaba ¿Por qué no puedo contratar a un profesor que la ayude? Claro, porque hacer eso por un esclavo sería ilegal... Bonito dicho de un juez ¿No puedo hacer una excepción con esa ley? Lo sugeriré en la próxima sesión.

Me dejo caer sobre la mesa con la frente apoyada en el frío vidrio y luego de eso la dejo practicando sola por unos minutos. En cualquier momento llegará James a ver su pierna así que será mejor que me cambie el pijama que llevo puesto, con algo de suerte no me odiará por hacerlo trabajar un domingo... así como espero que Kida no me odie por hacerla estudiar todos los días ¡Ella no tiene derecho a quejarse! Y esa si que es una ley que no pienso cambiar.

Subo las escaleras de a dos escalones y bajo minutos después con unos pantalones negros pegados al cuerpo, zapatillas de lona y una camiseta mangas largas con cuello en V de color verde. También tiño mi cabello de ese color para que haga juego y luego de eso vuelvo junto a la pelirroja para ver sus avances - ¿Qué tal? ¿Ya lograste descubrir dónde está la palabra usucapión?- pregunto pues es la última tarea que le dí antes de retirarme.

Entonces escucho el timbre de la puerta y me levanto de un salto para ir a recibir al sanador. Si tuviese que esperar a que Kida lo hiciera bien podría entrar la noche y seguiríamos esperando - Buenos días, James, adelante - saludo con una educación que solo dura hasta que se me escapa la primera carcajada - KIDAAAAA LLEGÓ EL DOCTOR - informo a la niña que debe seguir en el comedor - Ya vendrá, espera sentado.
Viktor R. Carstairs
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Aburrido ¿Dónde estaba escrito princesa, príncipe y beso de amor verdadero? Kida intentó seguir con la mirada las letras que su amo le indicaba en voz alta y cuando finalizó, se estiró y apoyó su diminuto dedo para imitar el mismo movimiento sobre las silabas. —Al, be, az, go.— Y como le quedaron un par de letras sin recorrer con el indice, las últimas las hizo con mayor rapidez mientras aún murmuraba el "go" final.
Levantó la mirada y sonrió de oreja a oreja. —¿Esa es una palabra elegante para decir camello?— Preguntó sin recordar de dónde había sacado ese término, pero tampoco hizo mucho esfuerzo en continuar rebuscando en el interior de su memoria, porque cuando Viktor apoyó su frente contra la mesa, Kida inmediatamente empezó a frotar sus manos sobre los hombros de él, era una especie de masaje con caricias incluidas.

Le había entregado una tarea importante, sin embargo cuando desapareció en el piso de arriba y observó el estuche con colores sobre la mesa y no pudo resistirse. Se apoyó en el borde de vidrio y con la ayuda del mismo libro, acercó los marcadores hasta su lugar, para comenzar a dibujar y pintar diferentes figuras sobre toda la página. Una flor, un árbol, una pelota, el sol brillante, una niña pelirroja abrazada a un hombre de pelos oscuros, parecidos a los de un puerco espin.
El ruido de los pasos bajando le hizo soltar el color negro y con el dedo señaló la primer palabra que empezaba con "u". —Si, señor. Aquí está la palabra de usu...pion.

No tuvo tiempo para corregirla, porque esta vez el timbre salvó a Kida y mientras veía como su amo saltaba de la silla, apuntó hacia él con el color. —¡Bernard!— Adivinó otro nombre, era una especie de juego para ella el mencionar distintos nombres masculinos, hasta que Viktor recordara el de su amor por seis...¿Meses o semanas? No, no lo recordaba.

Escuchó el nuevo llamado y aplastó con cuidado la tela de su jardinera rosa, tenía que verse bien para no meter en problemas a su amo.
Se bajó de la silla con cuidado, cerró el libro marcando la página con un marcador y aferrándose al bastón, avanzó a través de la sala para alcanzar la entrada. Le llevó poco tiempo, pero para ella fue el trayecto más interesante del universo entero, ya que aún se sentía asombrada por la comodidad de sus zapatillas y por las luces que aparecían cada vez que pisaba.
Al observar al hombre que se llamaba doctor, frunció un poco el ceño y agitada se escondió detrás de su amo, sujetando con la mano libre parte de su camiseta verde. —¿Qué clase de nombre es Doctor? — Preguntó con curiosidad, aún no sabía comportarse muy bien como esclava y como era la segunda tercer persona que conocía fuera del mercado, un poco de miedo le daba.
Anonymous
Invitado
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Estoy nervioso porque si las cosas se descontrolan y salen mal, entonces tanto Viktor como ella como yo saldremos muy mal parados. Y quizá suene como un cobarde, pero yo no quiero morir y mucho menos quemado. Sin embargo, al mismo tiempo estoy emocionado y contento porque voy a ayudar a alguien que lo ha pasado mal toda su vida. La idea de que pueda mejorar su calidad de vida todo lo posible, sobre todo siendo tan pequeña, me anima muchísimo. Además, he descubierto que Viktor es más bueno de lo que creía.

Es un hombre extravagante que tiene aspecto de malo por la televisión porque es juez y es implacable como tal, pero cuando lo conoces en persona ves que al final es alguien muy bromista que parece muy despreocupado y bastante… digamos, noble. Aunque también parece que tiene poca paciencia con la gente, como cuando era un adolescente, pero conmigo siempre se porta bien.

En fin, que ya estoy recuperado de lo que me pasó —algo que espero que no vuelva a repetirse… de sólo pensarlo me entra el pánico—, así que he venido hasta aquí en transporte público con un bastón que aún necesito usar para ayudarme a andar. Y cuando estoy en la puerta de la casa de Viktor toco el timbre. No tarda mucho en recibirme él y saludarme muy cortésmente, lo cual me hace sonreír un poco más de lo que ya lo estaba haciendo.

Buenos días, Viktor —me da tiempo a decir antes de que se ría, lo cual me hace alzar una ceja, sin saber por qué lo ha hecho. Las cejas se bajan y no frunzo el ceño, pero muestro un ligero disgusto, que es menor al que de verdad siento, cuando escucho lo último que él dice. ¿De verdad que se ha compadecido de la niña?—. Eso es muy cruel, Viktor, espero que no lo digas delante de ella.

Por muy sincero que sea, por mucho que no tenga filtros, no me parece adecuado decir algo así de una jovencita estando ella presente. Decir cosas a espaldas de la gente no está bien, pero al menos no hieres sus sentimientos y ella es una niña que está formando su personalidad ahora, por lo que hay que protegerla de lo que pueda producirle una forma de ser que la lleve a hacer cosas malas o incorrectas en su futuro.

Y como para querer contrariar al hombre, la muchachita llega más rápido de lo que pensaba, cojeando con la ayuda de su bastón. No me imaginé que sería tan adorable. Es una niña preciosa y su actitud me parece de lo más bonita, es tan inocente… ¡se piensa que me llamo Doctor! Me echo a reír suavemente y después me inclino hacia ella, cosa que acabo lamentando porque una de las heridas me da un tirón, pero me contengo.

Esa es mi profesión, pequeña, yo me llamo James —digo con una sonrisa conciliadora—. Y tú eres Kida, ¿verdad? Mira, yo también uso bastón, pero el tuyo es más bonito —le hablo con cariño, no puedo evitarlo cuando se trata de un niño. Ella tiene trece años, pero para mí es una niña. Miro a mi alrededor y luego a Viktor—. ¿Puedo pasar? No creo que sea conveniente que nos quedemos aquí mucho tiempo, podrían vernos —digo un poco nervioso, consciente de que cualquiera que pase por aquí podría enterarse de que estamos siendo buenos con una esclava.
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Viktor R. Carstairs
Miembro del Departamento de Justicia
No quiero hacer de Kida una abogada de la noche a la mañana, solo quiero que aprenda a leer para meterse en un mercado un poco más competitivo ¿Qué ocurriría si por alguna razón ya no puedo seguir siendo su amo? Será solo una niña lisiada sin habilidades físicas que nadie compraría, como ha sido hasta ahora. Al menos de esta forma aprenderá a leer y así tendrá más cosas que ofrecer. Eso y de verdad que me da lástima. Leer es uno de los placeres más grandes del mundo y una niña de su edad no puede verse privada de eso, tiene que nutrir su mente, poder navegar por mundos fantásticos ya que su vida es una mierda - Se conoce como albacea a aquélla persona expresamente nombrada por el testador para dar cumplimiento a sus disposiciones testamentarias, siendo por tanto la encargada de dar ejecución a su última voluntad contenida en el testamento. Este señalamiento implica el otorgamiento a un tercero de las facultades necesarias para la realización de la ejecución de la voluntad del causante, lo que conlleva la transmisión de facultades del heredero a favor de un tercero ajeno a la sucesión ¿Entiendes? - explico aun con la cabeza pegada a la mesa así que mi voz suena algo apagada. Al menos sus masajes hacen que la perdone un poquito.

Al volver intento que no me de un paro al corazón que el libro esté lleno de dibujos, no es un libro que use ya pero ¡No tiene ningún respeto por una obra jurídica! Para colmo me saca otra sonrisa cuando intenta adivinar otro nombre - Jamás con un Bernard, es nombre de viejo - respondo en voz alta para que me escuche mientras me alejo de ella. De verdad me sorprende la naturalidad con la que lo toma, al menos no me juzga y eso es un gran alivio, quizás por eso me cae bien.

Luego de los saludos tengo que rodar los ojos cuando James me regaña. Lo digo en modo de broma y Kida ni siquiera puede escucharme así que no creo que haya que hacer tanto lío al respecto. Pero no digo nada. La pelirroja llega luego y me apoyo contra la pared mientras observo la escena que se forma con una comisura muy levemente inclinada hacia arriba. Me van a dar diabetes estos dos. Quizás debería haberla comprado James, la pasaría mejor con él y yo no tendría que estar enseñándole a leer, comprándole ropa y demás cosas que de repente de volvieron normales en mi vida en la última semana.

-Me siguen los bastones últimamente - caigo en la cuenta en voz alta pues Ivar ha estado muy pesado para que me haga cargo de la pelirroja - Claro, adelante que para eso has venido - respondo haciendo un ademán y cierro la puerta - Kida, enséñale dónde está el living así no molestan los libros del comedor mientras te atiende - indico a la pelirroja y luego de eso desaparezco rumbo a la cocina para conseguir algo para beber - ¿Por qué demonios estoy sirviendo? - interrumpo mis propias acciones pero termino haciéndolo de todas formas.

Vuelvo a unirme segundos después con tres vasos y una jarra de jugo - Muy bien, tendrá que ser rápido... Cuanto más lejos del toque de queda terminemos, mejor.
Viktor R. Carstairs
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La niña intentó prestar atención, sin embargo luego de la palabra "expresamente", dejó de escuchar la larga explicación de su amo para la elegante palabra que significaba camello. Se estiró sobre la silla tratando de no hacer fuerza con su pierna débil y empezó a masajear los hombros masculinos, presionando sus con intensidad los dedos pulgares. —Entiendo, si señor.— No quería romperle el corazón al decirle que no había comprendido ni siquiera la mitad, por lo tanto mintió y sus mejillas se tornaron rosas de inmediato. No le gustaba mentir, menos a la única persona que quería de verdad.

Los movimientos de Viktor fueron rápidos y aunque estuvo bastante entretenida pensando en un nombre mientras dibujaba un gato sobre las amarillentas hojas, las ganas de ser igual de veloz como él aparecieron. Quizás podía entrenar al terminar sus deberes, cuando su amo estuviera trabajando y así sorprenderlo. Si, eso haría.
Las risitas escaparon de su boca y negó con la cabeza. —No es un nombre de viejo, es uno bonito para un...señor.— Respondió bajando la mirada hasta la mesa de vidrio, allí podía observar su reflejo y comprobar si sus trenzas aún estaban presentables para el doctor.

Si bien se ocultó detrás de Viktor, al notar cómo el desconocido se agachaba para presentarse, sonrió y estiró la mano libre de bastón. —Un gusto conocerlo, señor James.— Saludó y riendo levantó el bastón que su amo le había conseguido, ya no era un palo de madera, si no uno bonito de color amarillo. —¿Le gusta? Yo misma le pegué los stickers y me sobraron, podríamos decorar el suyo también si quiere.
Sin pensarlo dos veces, asintió ante las indicaciones y comenzó a caminar de regreso, guiando al doctor hacia el living.

Al llegar a la sala, esperó a que James tomara asiento primero y luego si se acomodó sobre el sofá más alejado. Le parecía extraño lo que su amo decía y con toda la inocencia que tenía y el ceño fruncido, lo miró. —Pero si está la habitación para invitados, podría quedarse.— Las comisuras de sus labios se elevaron y pasó a observar las piernas del doctor. —¿Por qué usted lo usa? ¿También está enfermo?— Preguntó preocupada, porque ella mejor que nadie sabía lo doloroso que era y no le gustaba que alguien más estuviera pasando por lo mismo.
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Viktor ha puesto los ojos en blanco. Y, por alguna razón que no comprendo, no me siento mal por ello, sino que me ha gustado. Es como un gesto bastante común en él y me gusta. Qué cosas.

Ahora me doy cuenta de que ya me invitó a pasar antes, pero supongo que cuando se rio me desconcertó y no se me quedó guardado en el cerebro. No importa, ahora mi atención pasa casi por completo a la niña, pero interactúo con ella tras entrar y cerrar la puerta tras de mí. Ahora ya puedo estar más tranquilo. No puedo dejar de sonreír al mirarla y escucharla, no sólo es una niña adorable por fuera, también lo es por dentro.

Viktor me dijo que la niña tiene trece años, pero apenas acabo de empezar a interactuar con ella y ya tengo la sensación de que no ha alcanzado la madurez mental de alguien de su edad… y no me sorprende. Pobre niña… nadie merece ser esclavo de nadie y mucho menos una niña. Al menos lo duro de su vida no parece haberle robado la inocencia y eso es un buen paso.

Sí, me gusta mucho, está muy bien decorado —respondo con voz cálida a su pregunta después de haberle estrechado la mano, que es bastante pequeña en comparación con la mía. Ahora me dirijo al salón siguiéndola a ella. Es la primera vez que estoy en la casa de Viktor y también es la primera ocasión en la que piso la vivienda de un alto cargo. Es menos intimidante de lo que creí, aunque supongo que se debe a que Viktor es muy informal y cercano. Al menos conmigo. A veces me pregunto cómo puede ser tan implacable como juez… no se me olvida que mandó a la hoguera a unas personas, aunque lo que estas hicieron no tiene justificación alguna—. Claro, podemos ver qué le quedaría bien al mío. ¿Qué te parece si piensas en cómo decorarlo mientras yo le echo un vistazo a tu pierna? —Le ofrezco sin perder la sonrisa. No puedo evitarlo. Soy amable con todos mis pacientes, pero los niños me inspiran una ternura especial.

No obstante, de esa tarea me distrae por un momento lo que dice de la habitación de invitados, lo cual me hace inclinar la cabeza levemente hacia un lado. ¿Para qué voy a quedarme en la habitación de invitados?

Gracias —le digo a Viktor por el zumo y después miro de nuevo a la pequeña—. No puedo quedarme después del toque de queda, pero de todos modos no debes preocuparte, Viktor, aún queda para eso —comento y me llama la atención la pregunta de la niña. No me la esperaba, sinceramente, aunque debería haber estado preparado para ello porque sé de sobra que los niños son curiosos—. Algo así, tuve un accidente y debo usarlo por un tiempo, hasta que ya no me duelan las heridas —le explico y sólo por eso siento un ligero pinchazo en el lado derecho del abdomen. Trato de apartarlo de mi cabeza, pues es algo psicológico, y centrarme en lo que vine a hacer aquí—. Entonces, ¿me dejas ver tu pierna, Kida?
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Viktor R. Carstairs
Miembro del Departamento de Justicia
Hago una mueca quizás demasiado exagerada pues no me veo con un señor en un futuro próximo. Esos son difíciles de conquistar porque o están casados o se creen más heterosexuales de lo que en realidad son. No. Mi tipo son los jóvenes que buscan mi experiencia, de todas formas puedo usar la metamorfomagia para lucir más joven de lo que en realidad soy y así lograr el objetivo. En fin. Kida no necesita saber todos éstos detalles así que dejaré que siga adivinando aunque pierda tiempo con nombres de viejos. Quizás hasta ya mencionó el nombre del hombre en éstas semanas pero lo tengo tan poco presente que se me ha pasado de largo.

Estoy casi completamente seguro de que James saldrá de ésta casa con el bastón lleno de pegatinas, trencitas en sus rizos y la barba teñida de rosa. Y allí estaré yo para tomarle una foto y reírme con ella luego. Aunque una vez me dijo que era un arcoíris o algo así, tal vez ni siquiera le moleste convertirse en la nueva muñeca de Kida - A no ser que tengas alguna sobrina para justificar el decorado, recomiendo que no - intervengo pues estos dos se me van a ir de las manos ¡Estoy poniendo en riesgo mi cuello aquí!

Me atraganto con el jugo cuando Kida le ofrece quedarse pues la pelirroja ya se está tomando demasiadas libertades ¡Es una esclava! Debe limitarse a hacer lo que yo le digo y no a inviar personas a una casa ajena. Pero lo que en verdad me molesta es no poder pronunciar el primer comentario que llega a mi mente pues sería inapropiado en presencia de una menor. James en casa, ofreciéndole una habitación... ¡El chiste queda tan fácil! - El tiempo vuela cuando te diviertes y ustedes dos parecen estar haciéndolo - respondo entrecerrando los ojos - Yo no.

Me dejo caer en uno de los sofás libres y extiendo las piernas sobre la mesa ratona mientras observo lo que ocurre frente a mí - Deberías haberlo visto cuando estaba en el hospital, fue tremendo... La próxima cuidadito cuando vayas al norte, yo estuve allí una semana de encubierto y aún me pica el cuerpo cuando pienso en eso.
Viktor R. Carstairs
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Regresar hasta el living le llevó un poco más de tiempo y una vez sentada en la comodidad del sofá, se limitó a observar a los dos hombres, mientras intentaba recuperar el aliento mordiendo el interior de sus mejillas.
No quería demostrar con gestos de dolor lo mucho que su pierna le molestaba, en el mercado era más sencillo, nadie le prestaba atención y simplemente se cubría con una vieja manta, sin embargo, ahora tenía a dos brujos interactuando con ella y no sabía qué hacer.
Apoyó su bastón contra el apoya brazos del sofá, mantenerlo cerca le daba seguridad y se estiró para tomar el del doctor. Era mucho más grande, pesado y necesitaría varias estampitas para lograr un buen trabajo ¿Con magia su amo podía darle más calcomanias? —Creo que los stickers que me quedaron no serán suficientes, pero dejé varios con brillos bien bonitos y coloridos, entonces tal vez la cantidad no sea importante con ellos.— Sip, dejaría ese bastón como nuevo y si el doctor iba a curar a otros niños, ellos no temerían de un hombre con brillitos.

Todas sus dudas se acabaron cuando la pregunta de James le hizo levantar la mirada, sabía que venía por ella, para ayudarla, mas enseñar su pierna era algo que nadie le había pedido antes y de repente volvió a sentir un poco de miedo, también vergüenza.
Negó con la cabeza sin pensarlo dos veces y en silencio escuchó la conversación respecto a la pijamada. Sólo reaccionó cuando su amo se quejó por no estar divirtiéndose, era su trabajo, ella tenía que ayudarlo. —¿Quiere que le traiga el libro con tapa roja y bonitos dibujos? Eso siempre le hace reír.— Se ofreció. Cualquier cosa era más llevadero que mostrar su deformación.

La sugerencia quedó olvidada ante la historia de lo sucedido en el norte. —¿Qué hay allí que lo lastimó?— Preguntó pasando la mirada de uno al otro.
Algunas historias las había escuchado en el mercado, pero nunca había creído del todo en esos cuentos, porque casi siempre cambiaban o los relataban los esclavos viejos y locos que nadie quería comprar. Una verdadera pena.
La pregunta apareció de nuevo y devolviendo el bastón a su dueño, esta vez asintió con la cabeza. —Sólo si me sujeta la mano.— Pidió mirando a Viktor. —Por favor.
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Cuando escucho lo que dice Viktor me doy cuenta de que tiene razón. En realidad, en otras circunstancias lo habría hecho antes, sin que él me dijera nada, pero estaba tan enfrascado en hacer feliz a la niña y ganarme su confianza para que me dejase curarla que no me percaté de que si me ven con un bastón lleno de pegatinas por ahí la gente se va a extrañar. Que a lo mejor soy algo ingenuo, pero tengo cincuenta años y una experiencia acorde a ello a mis espaldas.

Y ya cuando dice que nosotros parecemos estarnos divirtiendo me siento muy culpable… de verdad que sólo intentaba agradar a la niña, al menos con lo del bastón, respecto a lo demás yo siempre soy así con los pequeños… Me sale solo ser amable y cariñoso con ellos, sobre todo si son los más desfavorecidos.

Lo siento, Viktor… no pretendía… bueno, sólo quería que la niña se sintiera cómoda, a muchos niños les incomoda que de repente un desconocido quiera examinarlos —me explico. Me da pena que la pobre niña estuviera tan ilusionada y ahora no pueda llevar a cabo la obra de arte que quería crear. Además, me habría encantado tener mi bastón decorado por la mano de un niño, son tan originales.

Cuando la escucho hablarle al juez, me pregunto qué libro es ese que le hace reír, pero no traspaso la pregunta la verbalización y me centro en otra cosa, en lo que él dice. Hago una mueca porque no quería que la niña supiese eso, ¿para qué? Es muy pequeña y ya lo ha pasado suficientemente mal como para que le metan más preocupaciones encima.

Viktor, no le cuentes eso —digo lamentándome porque ahora la niña quiere saber sobre ese tema—. Hay malas personas, Kida, pero no hablemos de eso, ¿sí? Vine para ayudarte —insisto, pues antes se negó. No obstante, ahora parece que sí va a aceptar, pero sólo si Viktor le da la mano, ¿lo hará? Sin pensarlo una décima de segundo, mi rostro se desvía hacia él, esperando una respuesta.
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Viktor R. Carstairs
Miembro del Departamento de Justicia
Hago una mueca y largo un gruñido cuando James cae en la cuenta de la realidad. No sé en qué momento me he convertido en el viejo amargado de la conversación pero alguien tiene que serlo si queremos que ésto salga bien. Mi trato con Ivar era darle un hogar a la niña para que no tuviera que vivir en el mercado, todo esto ya lo estoy haciendo de más, está fuera del plan y cuando uno se sale del carril de ésta forma es difícil mantener el control del coche - Ya, pero trata de hacerla sentir cómoda sin obligarme a autocondenarnos luego - porque puede que me lleve bien con mis colegas pero hasta Ernie me mandaría a la hoguera si lo merezco. O un beso de dementor... No, por favor.

De estar tomando jugo probablemente me habría vuelto a atragantar ¿Cómo demonios llegó hasta el kamasutra mágico? Si mal no recuerdo jamás se lo mostré como uno de los que podía tomar, otra prueba de que está haciendo cosas a su antojo a mis espaldas - Luego interpretaré esa obra de teatro con James, no le cuentes de qué va que le arruinarás la sorpresa - respondo totalmente serio y doy un nuevo sorbo más. Tendré que poner reglas más duras con esta pequeña, eso no empezar a comportarme como debería estar haciéndolo.

Pongo los ojos en blanco (Are you happy?) al escuchar al medimago y no digo nada más respecto a las consecuencias de su visita en el norte. Kida lo sabrá tarde o temprano, sobre todo porque ahora tiene televisión a mano y las tragedias en Neopanem ocurren todos lo días. Tendrá que volverse fuerte y para eso debe empezar a enfrentar cosas sola, no conmigo sosteniéndole la mano. Sin embargo la negativa no sale de inmediato, sobre todo porque tengo a ambos jugando a ver quién tiene la mirada más tierna.

- ¿Lo hacen a propósito o son adorables de forma innata? Es una pregunta seria porque estoy genuinamente preocupado por su capacidad de manipularme - comento alternando mi vista entre ambos con el ceño fruncido - No - respondo al final - Puedes hacerlo sola, Kida, sobreviviste 13 años en el pozo del baño de Neopanem, ésto no es nada - agrego cruzándome de brazos - Además necesitas volverte una niña fuerte para poder lidiar con el castigo que te voy a meter si no dejas de invitar a la gente, hurgar en mis cosas y dibujar los libros jurídicos.
Viktor R. Carstairs
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¿Eso significaba que ya no podría adornar el bastón para mantener a los demás niños felices? Un pequeño puchero se formó en sus labios y allí se mantuvo, hasta que su amo habló acerca de una obra de teatro actuada por ambos. Eso si que era interesante. —Pero...¿Cómo le puedo contar si no sé leer? Sólo lo dije porque siempre que mira esas paginas, ríe.— Explicó frunciendo el ceño un tanto confundida. —¿Yo puedo verlos? Prometo que no interrumpiré ¿Es un cuento de amor verdadero?— Las preguntas salieron sin control alguno, en parte porque Kida quería evitar el examen que James quería hacerle.

Bueno, al menos ya sabía que el norte no era un lugar al cual iría por propia voluntad, no si quería mejorar su caminar con un arduo entrenamiento que aún no comenzaba.
Kida se removió nerviosa sobre el almohadón del sofá e incluso escondió ambas manos debajo de sus muslos, sentándose encima de los dedos. —Yo...Lo siento, señor.— Se disculpó sin mirar al frente, manteniendo la cabeza agachada. Como se arrepentía de llevar trenzas, porque con el cabello suelto, podría estar ocultando su rostro mil veces mejor.

Tenía que ser fuerte y valiente, tal y como se lo había dicho su amo. No podía llorar, recibiría un nuevo castigo en silencio, como la dolorosa marca que llevaba ahora en su muñeca, culpa de su mala conducta.
Respiró profundo y con algo de dificultad, se estiró para deshacerse de las luminosa zapatilla. Posteriormente, comenzó a levantar la tela rosa de sus jardineras hasta la rodilla, enseñando su pierna mala. Una dolorosa deformación que le había quedado gracias a unas de las enfermedades del mercado.
En todo momento permaneció con doblada para no mirar el rostro de ambos brujos, se sentía demasiado expuesta, vulnerable y la visión borrosa por las lagrimas contenidas no ayudaban en nada.

Quería salir corriendo, ya mismo.
Anonymous
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Lo siento… —me disculpo otra vez. Sólo de pensar que otra persona podría meterse en un lío muy gordo por mi culpa me entra una angustia terrible, mayor a la que me daría por pensar que podría ser yo quien se meta en ese lío… Suspiro levemente, intentando dejar de sentirme tan culpable y casi pasando por alto lo que dice de interpretar una obra conmigo, aunque sí que lo he escuchado. ¿De qué está hablando? Pero da igual, porque luego la conversación empieza a tomar un camino que no me hace sentir nada bien. Es bonito que diga que somos adorables, pero todo empieza a descarrilarse, incluido mi propio estado de ánimo. Y mira que eso es complicado.

Si la niña ha pedido que le dé la mano es porque el hombre le ha dado tal confianza, de lo contrario, ella estaría tan asustada por él que ni se habría atrevido a hacerle semejante petición a su amo. Entonces no entiendo a qué vienen esos altibajos. El mundo es un asco y eso yo ya lo sé, pero no hace falta convertir a una niña que apenas respira aire normal en un animal con coraza. Y quizá no tengo derecho a decir nada porque yo no la compré y no tengo nada que ver con ella, pero no puedo quedarme callado con esta situación.

Sigue siendo una niña, tiene tiempo de sobra para concienciarse del mundo, pero precisamente porque lleva trece años viviendo en semejantes condiciones se merece un poco de cariño… aunque yo sea el único que piensa eso de una esclava —digo y ya me estoy poniendo nervioso. ¿Y si este hombre se enfada y acaba condenándome a algo? Sigue siendo un juez. Y me dijo que podía confiar en él, pero todavía no lo conozco lo suficiente como para estar seguro de que no se le cruzarán los cables. Ya ahora mismo estoy que no entiendo su actitud para con la pobre criatura…—. Me parecías más simpático cuando eras un malhumorado chiquillo de quince años, entonces eras mayor que ella y también necesitabas ayuda. Yo no te dije que crecieras y te volvieras fuerte, porque lo que necesitabas era que te apoyara, porque estabas sufriendo.

Me ha salido del alma decir eso, pero es que es la pura verdad. No es que le eche en cara lo que yo hice, solamente le refresco la memoria porque parece que se ha olvidado de que él también lo pasó mal durante su infancia y su adolescencia, y yo también, ambos por culpa de los malditos Juegos del Hambre —de los cuales no me quiero acordar porque a pesar de que no soy elegible para la cosecha desde hace años y de que ya no existen, me siguen asustando—, y él además porque escuchaba las voces de todo el mundo y no podía apagarlas. Y encima estaba enfadado con lo que escuchaba. Un cambo espantoso para alguien de su edad… por eso he decidido que debía recordárselo.

Por eso y porque me ha roto ver a la niña tan decaída de repente, con lo contenta que estaba… Recuerdo que se escondió detrás de él al verme, no creo que cualquier esclavo haga eso… Respiro hondo para intentar calmarme y recuperar la compostura, aún tengo que examinar a la niña y aunque él no quiera ser amable, yo sí deseo serlo. Así soy con todo el mundo, después de todo.

¿Cómo es lo que sientes en la pierna? Cuando la tienes quieta, cuando la mueves, explícame todo sobre ello, ¿sí? —Le pido examinando su extremidad, aún sin tocarla.

Spoiler:
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Viktor R. Carstairs
Miembro del Departamento de Justicia
La última sonrisa de la conversación se me escapa cuando Kida pide vernos en nuestra obra de teatro. Eso no va a pasar claramente y tal y como sospechaba James no ha pillado de qué libro se trata. Hago fuerza para no empezar a producir las escenas en mi mente pero al final se me terminan escapando algunos flashes de lo que podría ser. Apago el pensamiento lo más rápido que puedo y luego de escuchar cómo responder a mis palabras no me cuesta hacerlo.

- Llevas aquí diez minutos, James, no tienes ni idea de... - de lo que he hecho para que se sienta cómoda, de cómo estoy traicionando mis propias ideas porque con su sola presencia me hace notar que el sistema está mal, de cómo he sufrido al tener que marcarla el primer día porque así lo dice la ley ¡No tiene idea de nada! - Es mi maldita esclava y haré con ella lo que se me cante la gana, James, la mandaré a la mismísima arena si se lo merece - agrego enseñando los dientes. No lo haría ni de chiste, Kida no se merece eso por más metiche que pueda llegar a ser.

Frunzo el ceño cuando se toma la libertad de hablar sobre mi pasado en frente de la niña, me hace ver como alguien débil así que lo único que puedo hacer es acercarme a él desafiante - Y de haberte hecho caso habría terminado siendo un débil como tú, no un juez - respondo con voz grave y saco mi billetera del bolsillo para darle unos cuántos galeones, probablemente más de lo que cobra en una semana - Toma tus honorarios, termina de hacer su trabajo que para eso has venido.

Dicho eso comienzo a caminar hacia la escalera pues ya no quiero ser testigo de la escena - Kida, cierra todo cuando el señor se vaya - indico a la niña y subo los escalones de dos en dos, pero esta vez para no volver a bajar. Minutos más tarde tengo el pijama puesto otra vez, la televisión encendida y About porn and other things comienza a distraerme cuando Jerek Grimm hace su primera aparición sin camiseta.
Viktor R. Carstairs
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Si antes se sentía incómoda por toda la situación, el giro que tomó la conversación definitivamente fue peor.
Con la cabeza agachada y las palmas de sus manos cubriendo su rostro, escuchó cada palabra con el cuerpo temblando. Todo era su culpa, incluso sin haber tenido la intención de hacerlos pelear, fue lo único que consiguió y ahora se sentía terrible.
Limpió sus ojos con los dedos y con la ayuda de los puños de su camiseta blanca se quitó los mocos que escapaban de su nariz.
En el mercado, cuando otros esclavos discutían entre si o con los guardias, ella se acurrucaba en su viejo colchón, abrazaba a Isabelle y se cubría por completo con la mugrienta y fina manta. Al no poder hacer lo mismo frente a la escena que ocurría delante de ella, infló el pecho y levantó la cabeza, justo cuando su amo arrojaba monedas al doctor. Se estremeció en el lugar.

Kida se sintió peor y con cada palabra, recibió un nuevo golpe imaginario. El dolor en su pierna era nada comparado con oír que la única persona que ella quería, podía enviarla lejos si tan sólo tenía ganas. Ella no quería volver al mercado, menos a esa arena que mencionaba, quería quedarse con él, leyendo sus palabras raras y sirviendole el té.

Viktor subió las escaleras y desapareció.
La muggle estaba tan asustada por lo sucedido, que ni siquiera pudo seguir con la mirada a su amo, sólo escuchó los pasos que daba sobre los escalones. —Yo...Lo siento, no quise hacerlos enfadar.— Se disculpó entre sollozos y sin bajar la tela de la jardinera sobre su pierna, se removió con cuidado hasta quedar sentada en el suelo.
Evitó el contacto visual con James y sólo se dedicó a levantar las monedas con rapidez, una por una hasta que ya no tenía espacio en su mano. Entonces las fue acomodando con cuidado sobre le mesita y continuó la búsqueda. —Puede irse ahora...Mi pierna está bien. No es un problema.— Murmuró sorbiendo su nariz.
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No sé en qué momento la conversación se fue a pique de esta manera, pero de un momento a otro a Viktor se le va la cabeza y empieza a decir cosas que no entiendo si las comparo con su anterior actitud. Pensé que la trataba bien… ¿cómo ha podido decir que si le da la gana la mandará a la arena? No importa que sea una esclava, que diga eso de una niña me parece horroroso y seguro que mi rostro lo demuestra. Encima lo ha dicho delante de ella. ¿Por qué es tan cruel?

Toda la paciencia que me caracteriza cae en saco roto con él ahora mismo. Está demasiado alterado como para poder intervenir yo, así que guardo silencio, pero mi opinión sobre él está cambiando a una velocidad vertiginosa. Se ha ido a la porra en cuanto ha dicho eso sobre la niña. ¡¿Es que cómo puede decir algo así?! ¡Él estaba asustado temiendo que pudiese ir a los Juegos! Está claro que uno de los mayores problemas de esta sociedad es que la empatía ha acabado enterrada por la frivolidad.

El acabose llega cuando me suelta ese comentario tan humillante y lo acompaña de una acción igual de humillante. ¿Pero quién se ha creído que soy? ¿Un trasto de usar y tirar? ¿“Primero eres mi amigo y mi hombro sobre el que llorar y al momento en el que me dices algo que no me gusta te desecho como si fueses basura”? Me ha dolido mucho que haya echado por tierra mi ayuda, la que desinteresadamente le di hace veintiocho años. No es que piense que me deba nada, pero es de agradecer al menos un mínimo de respeto.

«No importa», me digo, «Acabaré y ya no volveré a verlo más». Aunque la idea de dejar a la niña a su suerte con este… este tipo me descorazona. No le digo nada, pongo la otra mejilla en silencio, mirándolo desde mucho más abajo de su altura porque me senté para examinar a la niña, y espero a que se vaya conteniendo las lágrimas. Sí, puede que sea demasiado sensible.

Tengo que recuperar la compostura y obligarme a sonreír cuando escucho a la niña sollozando y no me importa lo que ha dicho, pero no voy a irme de aquí sin más.

No voy a irme, Kida, he venido para ver qué te ocurre y tratar de sanarte. Y eso voy a hacer —digo sonriendo y conteniendo las ganas de abrazarla, porque el abrazo de un desconocido le va a hacer más mal que bien, así que simplemente le dedico ese gesto que es hasta contagioso—. Nada de esto ha sido culpa tuya, ¿entiendes? Es que los adultos somos complicados. Y no te creas lo que ha dicho, él no te enviaría a la arena. Es más bueno de lo que parece —odio mentir, pero lo hago cuando lo veo necesario y darle cierta seguridad y calma a la niña me parece lo más apropiado ahora, aunque me da miedo pensar que él finalmente sí lo haga y mis palabras queden sólo como eso, palabras. Tampoco quisiera que él la maltratara después de lo que he dicho, pero… lo cierto es que la niña parece bien cuidada para ser una esclava, ¡si tiene hasta zapatillas de luces! De verdad que no entiendo a este hombre—. A ver, cuéntame. ¿Desde cuándo tienes la pierna así? ¿Es de nacimiento o te ocurrió con los años? ¿Cómo sucedió? Necesito que me lo cuentes todo, ¿de acuerdo? Así podré ayudarte. Eso es lo que yo hago: ayudo a las personas que están mal de salud. No llores, ¿vale? Todo estará bien.

Por dentro soy un manojo de nervios que aún se contiene por no llorar, pero intento sonar tranquilo para transmitirle calma a la niña porque es lo que necesita ahora mismo.
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Al terminar de juntar las monedas sobre la mesa, la niña tomó asiento sobre la alfombra del suelo y con la cabeza agachada, mantuvo la mirada sobre sus manos. Todo lo que el brujo le decía, no tenía sentido alguno si lo comparaba con la situación anteriormente ocurrida. No entendía nada.
Saber que él no se iría hasta ayudarla con el dolor de su pierna, le sacó una pequeña sonrisa agradecida y al mismo tiempo en que se limpiaba las lagrimas del rostro, estiró la mano libre y acarició la mejilla del doctor.
Kida no tardó en soltar pequeñas risitas por las cosquillas que la barba de unos pocos días le producían en la piel y por esto mismo bajó los brazos hasta colocarlos sobre su regazo.

No quiso responder a las primeras preguntas, mas al creer que James si podía ayudarla, soltó un ligero suspiro y se quitó del rostro los mechones que se habían soltado de las trenzas.  —No lo sé, sólo me dijeron que de pequeña enfermé mucho como el resto de los esclavos durante el verano y que varios murieron pero yo no, que yo me salvé y no sabían cómo.— Intentó recordar la situación o los comentarios que le hacían los esclavos más viejos. —Yo...me dijeron algo de poli no sé qué.

Con los brazos cruzados sobre el pecho, Kida levantó la mirada hacia el brujo. —¿Ya puedo acomodarme el pantalón?— Preguntó con las mejillas ardiendo culpa de la vergüenza que estaba sintiendo.
Como el suelo estaba algo frío, estiró los brazos para recuperar su bastón y haciendo fuerza con la pierna buena, se intentó levantar para regresar su trasero al cómodo sillón.
Una vez que estuvo con la espalda apoyada en los almohadones, sonrió y entrelazó sus dedos sobre las piernas. —Gracias por ayudarme.
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Mi sonrisa forzada se vuelve una natural cuando la veo sonreír a ella. Me alegra al menos haberle sacado tal gesto… y cuando me acaricia una mejilla tengo que contenerme para no romperme en el sitio. Una niña tan buena pasando por algo como esto… siendo una esclava que ha vivido durante años en el mercado, en condiciones lamentables, teniendo que soportar el dolor de su pierna… y encima ahora comprada por alguien que no se sabe ni por dónde ni con qué va a salir. Tanto sufrimiento para una pobre criatura… es realmente descorazonador.

Y encima las cosas no hacen más que empeorar, después de que la Ministra fuese asesinada, subió al poder otro tipo que está mal de la cabeza o algo, porque no me parece lógico que despida a gente y baje sueldos de personas que sólo están ganándose el pan. Así, sin más, ¿por qué? Y eso por no hablar del toque de queda… de sólo imaginarme en frente de un dementor me bajan los sudores.

Pero volviendo a la realidad, la pequeña se ríe un poco y eso me anima aún más, permitiéndome olvidarme por un rato de lo que acaba de pasar con Viktor. Asiento con la cabeza cuando responde a mis preguntas y saco un pequeño cuaderno y una pluma para ir apuntando algunas cosas, para tenerlas bien claras y poder investigar al respecto. Aunque cuando dice “polio” me salta todo a la cabeza.

Fuiste muy afortunada —digo sin perder la sonrisa—. ¿Poliomielitis? —inquiero para asegurarme y cuando me pregunta por su pantalón asiento con la cabeza— Sí, cielo —respondo mientras voy guardando mi pequeño cuaderno. Observo cómo se mueve porque eso me puede ayudar a ver cómo proceder—. No las des, Kida. Como te dije, me dedico a esto —digo acariciando su pelo. Debería irme ya… pero me da tristeza pensar que se quede sola… con él.
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