The Mighty Fall
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Mensaje por Lara Scott el Miér Jul 31, 2019 9:54 pm

Principios de noviembre...

No la mires fijo a los ojos porque se sentirá que la estás desafiando y no le des la razón en todo, sino creerá que la estás tratando de idiota— digo, parados en la acera a pocos pasos de la casa de mi madre, alisando su ropa con mis manos como si estuviera llena de arrugas que solo ven mis ojos, y es que estoy tan nerviosa que necesito tenerlas ocupadas en algún quehacer. —Si pregunta cómo nos conocimos, le diremos la verdad, que fue hace unos años por un trámite en el juzgado. No hace falta decirle toda la verdad— aclaro, y lo tomo de las solapas de su traje para atraer su rostro a mi nariz, al tiempo que enarco una ceja. —No le vamos a decir la verdad nunca, ¿de acuerdo?

Recupero un tono más ligero en mi voz al devolverle su espacio libre de mis amenazas, otra vez metiéndome a la tarea de arreglar el cuello de su camisa y creo que todo lo que consigo es desarreglarla. —Tal vez nos conviene decirle que nos conocimos hace tres meses— me surge esta duda de último momento que no me deja dar el paso definitivo hacia la puerta y terminar con esta tortura, que las expectativas a lo que puede pasar son peores que el hecho en sí, una vez que estemos dentro que sea lo que tenga que ser. —Se lo va a creer, solíamos verte en la televisión y tal vez te diga algo sobre que siempre ponía los ojos en blanco y hacía ciertos comentarios sobre que me parecías un idiota con traje, ¡pero…! Recuerda que entonces creía que lo eras y que en realidad me gusta mucho como te quedan los trajes— parloteo a causa del nerviosismo, y le pongo fin con una profunda bocanada de aire.

¿Estás listo?— pregunto, porque yo no me siento lista, no importa que me haya puesto una falda y unos zapatos que me dan unos centímetros más que mi madre. He postergado esta cena toda la semana, que cuando llegó el jueves decidí que sería a matar o morir, porque si lo dejaba un viernes, no tendríamos escapatoria a un interrogatorio que podría alargarse hasta la madrugada. Pero siendo jueves podíamos usar la excusa de que todos trabajábamos al día siguiente, que teníamos que irnos temprano. Y si el trabajo no era suficiente excusa, los dementores patrullando son lo mejor para escapar de cenas por compromiso. Solo para mantener los modales, toco el timbre como corresponde y nos doy unos segundos más de paz. Sujeto su mano para darle un apretón de ánimo, y me acerco a besarlo al mismo tiempo que la puerta se abre. Todo queda en un amago de nada, que casi parece que lo empujo para entrar primera y abrazar a Mohini así puedo susurrar a su oído. —Recuerda que tu nieto tiene que crecer con un padre, por favor. No seas tan dura con él…—. Con una sonrisa que a largas se nota que es de pura educación y muy falsa, muevo mis manos para señalar al uno y al otro. —Mohini, te presento a Hans. Hans, ella es mi madre—. ¿Cuánto falta para irnos?
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Mensaje por Hans M. Powell el Jue Ago 01, 2019 4:59 am

Estoy demasiado quieto, con ambas manos sujetando la botella de vino en una postura similar a la cual recuerdo tener en mi primer día de escuela, cuando mi madre me daba consejos de cómo debería desempeñarme en un ámbito completamente nuevo; supongo que no difiere tanto con la realidad actual. No sé si me pone más nervioso la expectativa o el parloteo de Lara, al cual solo asiento con los labios vagamente fruncidos — ¿Es tu madre una banshee o algo así? Por poco parece que temes que me chupe el alma — busco quitarle algo de peso al escenario desconocido en el cual nos estamos sumiendo y me pregunto si debería haberme cambiado de ropa; quizá venir con traje de oficina no ha sido buena idea, Scott no parece poder dejar de arreglarlo como si cada detalle fuese una excusa. Me encuentro tratando de no bizquear cuando me pega a su nariz y doy un asentimiento firme, casi militar — Tranquila. No vine aquí a contarle a tu madre de tu pasado delictivo — tampoco es algo en lo que he estado pensando desde que quemamos sus papeles. La vida ahora es demasiado complicada como para preocuparme por ello.

Ahí por donde pasan sus manos se mueve una de las mías, busco acomodar la camisa de la manera más disimulada que soy capaz y hasta me atrevo a sonreírle con gracia. Sé las opiniones que tenía de mí, jamás se tomó mucho la molestia de ocultarlas — Creí que no te gustaban. Como siempre insistes en quitarlos... — me encojo de hombros con falsa resignación y acomodo un mechón de su cabello detrás de su oreja — Si cambiamos mucho la versión de los hechos será confuso y nos pasaremos. Solo digamos la verdad, omitiendo los detalles complicados — estoy seguro de que ocultarle una parte de la verdad en lugar de inventar una mentira es mucho más llevadero para todos. Puedo apostar a que ninguno aquí busca complicar las cosas más de lo que ya están.

He pasado el día teniendo que el tiempo pase rápido, pero estoy casi seguro de que cuando uno desea que los segundos se congelen, éstos pisan el acelerador. No estoy listo pero no se lo voy a decir, me convenzo de que esto tiene que pasar tarde o temprano y me resigno a que posiblemente no le agrade a la persona que vaya a abrirnos la puerta. No es que no tenga confianza en mí mismo porque sé que puedo ganarme a las personas si así lo deseo, pero esto es nuevo, desconocido y me estoy presentando como el sujeto salido de la nada que embarazó a su única hija. Me conformo con un apretón a su mano y tengo intenciones de besarla cuando ella se inclina, pero pronto me encuentro con sus labios lejos de mi alcance y me quedo rezagado en lo que ella se lanza a abrazar a su madre. Bien, este es el momento incómodo en el cual me quedo parado detrás con la botella entre las manos y sin saber dónde meterme, hasta que Lara decide proceder con las presentaciones y me obligo a sonreír — Es bueno conocer por fin a la persona que Lara siempre menciona — intento no sonar tan formal, pero creo que fallo cuando doy un paso hacia delante con la mano estirada para que la estreche. Una vez más en mi vida, acto cometido por pura costumbre. Muevo un poco mis dedos y paso a enseñarle la botella — Espero que le guste, es una buena cosecha, aunque no conozco sus preferencias — ya, creo que estoy hablando mucho.

Con una petición de su permiso a modo de gesto, doy un paso dentro de la casa y, en cuanto la puerta está cerrada a nuestras espaldas, me permito el mirar alrededor. No quiero ser tan obvio, pero una parte de mí tiene curiosidad por fotografías ridículas de infancia y un hogar en el cual puedo ver a Scott crecer. Quizá, eso mezclado con lo que sé de mí mismo, me ayude a darme una idea de cómo será el bebé en camino — ¿Quieren que ayude en algo con la cena o...? — no tengo idea de qué comida posiblemente hindú vayamos a comer hoy, pero cualquier excusa para evitar un interrogatorio detallado está bien. Al menos, espero que las instrucciones de su hija me sirvan de algo.
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Mensaje por Mohini R. Khan el Jue Ago 01, 2019 9:40 pm

No estoy nerviosa. En lo absoluto. He tenido que tratar con cosas bastante peores que la presentación de mi yerno. Que no estoy tan segura de que lo es porque según mi hija el título que recibe es el de padre de mi futuro nieto, así que tengo que ingeniármelas para averiguar lo que realmente es para ella, sin ser necesariamente demasiado evidente. Pero vamos, que soy yo, nadie se resiste a mis encantos. Por eso, le preguntaré directamente sin pelos y señales. Está bien, está bien, intentaré centrarme primero en otros temas, no voy a ser tan lanzada que luego Lara se me enfada, y no voy a decir que con razón. Por el momento, prefiero prestar mi atención a cosas que sí puedo controlar, como la comida que voy a servir, y ese es el motivo por el cual me paso el día entero funcionando de un lado a otro de la cocina sin apenas mover los ojos del libro de recetas y de las sartenes que se encuentran encendidas. No voy a lanzarme flores antes de que siquiera lo hayan probado, pero creo profundamente que hoy me he esmerado con creces para hacer de esta cena la mejor de mis elaboraciones. Quizás me haya pasado ligeramente, como no me decidí por ningún plato en específico, lo mejor que se me ocurrió fue hacer básicamente TODO. Así se pueden llevar las sobras.

Siempre me gustaron los detalles, de manera que al poner la mesa me centro en cada uno de ellos, desde las servilletas y el mantel hasta el orden de las velas, porque sí, las velas hacen que todo sea más acogedor, aunque estoy por quitarlas cuando se me ocurre que las vean como algo romántico. Ups. Bueno, como sea. Cuando estoy satisfecha con mi trabajo, lo suficiente para que no parezca esto una cena de Navidad, pero tampoco una noche de parranda con los amigos, me presto unos minutos largos a mí misma para arreglarme. Estoy retocándome el cabello cuando suena el timbre de la puerta, y me tomo un último suspiro en el espejo en lo que observo el aspecto que tengo. Si no fuera porque abro la puerta en ese preciso instante, creo que se hubieran morreado ahí mismo, lo cual dejo expresar con mi cara al alzar una ceja, siendo mi hija la que se encarga de que cambie de expresión al verme envuelta en sus brazos. Deposito un beso en su mejilla con una sonrisa, sin apartar la vista de Powell en cuanto lo tengo en mi radar otra vez. Las palabras de Lara, esas que ya escuché cuando me informó de que tendríamos una presentación digna por fin, me entran por un oído bien claras. Por esa misma razón, cuando tengo la mano de Hans entre la mía, me permito el sonreír amablemente. — Oh, ¿de veras? Curioso que Lara no haya hecho lo mismo contigo. — Primera bomba. Uuuuuuuuuups. — El placer es todo mío, Hans ¡pero pasad, pasad! — Indico con la sonrisa aun entre mis labios, dejándolos entrar sin quitarle los ojos de encima al susodicho.

Les hago pasar hacia el salón, donde ya las luces se encargan de iluminar la mesa en un ambiente cálido y familiar. Me encuentro negando con la cabeza con velocidad, acompañando el gesto un poco con mis manos mientras les indico que pueden sentarse donde quieran. Nadie entra en mi cocina. — Muy amable, pero de eso me encargo yo. Tengo entendido que te gusta mi comida… — Digo alzando ligeramente las cejas divertida. Alzo un dedo para señalar que vuelvo en un minuto, moviendo mi trasero en dirección a la cocina. Suelto el aire acumulado en mis pulmones, uniendo mis dedos al tiempo que vuelvo a inspirar a modo de ejercicio de relajación. Mo, cálmate. Esto no es nada que no puedas controlar. Con un chasquido de los mismos hago que los boles que he preparado con salsas cien por cien caseras se eleven y me sigan por el pasillo mientras en mis manos cargo con el plato principal. — Espero que te guste lo picante, Hans, aunque bueno, supongo que no hay plato más picante que mi hija, ¿no es cierto? — Boom. Voy a relajarme que la noche solo empieza. Poso el arroz basmati en el centro de la misma mientras ocurre por arte de magia lo mismo con el resto de platos con verduras, pollo, salsas de tomate, de curry, ajo y cebolla con pimientos… vamos, que he hecho comida para un regimiento. — Lara, cariño, he preparado algo más ligero para ti, con el bebé… — Que lo enciendo incluso antes de que lo hagan sus padres. Porque vaya dos bombas se fueron a juntar.

Me siento en el extremo de la mesa, presidiendo la misma, y junto mis dedos para analizarlos a los dos con una sonrisa entre mis labios. Giro la cabeza hacia el intruso. — Bueno, cuéntame, Hans. ¿Cómo van las cosas en el ministerio? — Venga, voy a darles un respiro antes de ponerme en modo inquisidora. Con un gesto de mis manos les indico que pueden empezar, porque vaya dos momias tengo en frente. — Vamos, vamos, que la comida no muerde. — Todavía. Veamos qué estómago tiene este hombre.
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Mensaje por Lara Scott el Vie Ago 02, 2019 9:13 pm

-Pobre, chico- es todo lo que murmuro, con una mirada que es una disculpa anticipada de todo lo que le espera. Mi madre no será una banshee, pero tiene su carácter, uno que va a poder conocer de cerca, si es que no acaba en el blanco mismo. Con la tranquilidad de que mi "pasado delictivo" no será mencionado, podemos cerrar esa cuestión y pasar a uno más interesante como sus trajes, que no le he dado tiempo a que se cambie para que pueda plantarse delante de Mohini con su seguridad habitual, la misma que le veo en su oficina. Y si, porque me gusta mucho cómo le quedan, aunque si tengo que ponerme a pensar que bien le queda una ropa y que tan bien queda sin esta, tengo que recordarme que estoy en el umbral de la casa de mi madre. -Solo lo complicado, bien... ¿eso deja algo que sí podamos contar?- vuelvo a preguntar, esta vez con una sonrisa que cruza por mi boca.

La misma que no llega a encontrarse con la suya, por la interrupción de mi madre y con la debida advertencia hecha, puedo hacerme a un lado para que se midan entre ellos como un duelo a matar muy formal, muy educado. ¿Sólo Hans? Lo he pensado así tanto tiempo que el resto de sus títulos de honor me los olvidé, en cambio Mohini carga con la autoridad reconocida como madre y la hace sentir en un primer golpe que me da por un costado, que es a él a quien mira, pero soy quien nunca lo mencionó... y no sé a cuál de los dos pedir disculpas primero o si tengo que hacerlo siquiera. -Hans era mi placer oculto, mamá. Y la gracia de los placeres ocultos es que sean secretos- le hago un guiño. Es que yo no sé de dónde saco el humor para decir esto, que incluso muevo mis cejas con una insinuación hacia ella. -Las madres no deben enterarse- y hasta estampo una sonrisa en mi cara.

Me interpongo entre los ojos incisivos de Mohini y la figura de Hans, al pararme al lado de este y me sujeto a su codo cuando mi madre rechaza su ofrecimiento para darnos unos segundos a solas al hacerse cargo de traer la cena. Tironeo de la tela de su saco para que se voltee hacia mí al quedarnos a solas y tomo su cara con mis manos. -Lo estás haciendo bien, bien. Respira, se te nota tenso. Quizás lo del vino se escuchó algo... forzado. Relaja un poco- froto sus hombros por encima de su traje, y lo beso lo que dura un pestañeo.  -Puedes ser espontáneo, todo saldrá bien...-. Y el chillido que surge de mi garganta cuando reconozco los pasos de mi madre desbarata mi intento de animarlo. -¡Ahí viene! ¡Rápido! ¡En posición!- grito, asentándome sobre mis pies en una postura erguida y con las manos entrelazadas en mi espalda, la imagen misma de que no estábamos haciendo nada. ¡¿Y que es eso?! A Mohini la siguen más platos de los que he visto en un tiempo, y por un momento tengo el ingenuo pensamiento de que como sabe que a Hans le gusta su comida, quiere que pruebe todos sus platos. Ay, dulce e inocente Lara.

Por encima de la mesa busco la mirada de Hans, que nos ha hecho sentar enfrentados y suerte que él tiene las piernas largas, así si hace falta le puede patear el pie. Solo tengo que tratar de no dárselas a Mohini. Sino siempre me queda hacer contacto visual y que adivine lo que pienso, lo que es tan arriesgado, porque hemos comprobado de buena mano que eso no nos funciona a nosotros. -No hacía falta que cocinaras algo distinto- replico. ¿Por qué me excluye así de la comida? ¡Qué tengo hambre! -Que este bebé nacerá prendiéndole fuego a todo, un poco de picante es nada- me río, aunque quizás no sea tan chistoso para los otros dos. Es cuando cuento la cantidad de platos que hay sobre la mesa que entiendo lo que está haciendo. Ay, Merlín. ¿Esto es una variación de cuánto alcohol puede beber que harían algunos padres? Y ahí entiendo el por qué dijo que yo era un picante. ¿Te gusta lo picante? ¡Tomá! -Mohini, creo que cocinaste un poco más de la cuenta. Voy a creer que estás tratando de impresionar a Hans. Es un poco descarado de tu parte que lo hagas conmigo presente.


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Mensaje por Hans M. Powell el Sáb Ago 03, 2019 4:39 am

Sus palabras no me hubieran molestado en lo absoluto si no fuese porque no comprendo qué intenciones hay detrás de ellas. Me veo sosteniendo en un apretón la mano de la famosa Mohini con una sonrisa tan apretada que mis pómulos se elevan hasta que mis ojos se vuelven dos rendijas. Mastico un poco las palabras antes de decir algo al respecto — No esperaba haber sido mencionado — secundo las frases de Scott y alzo mis hombros para no darle demasiada importancia. Creo que aprieto un poco más fuerte la botella y temo que se me parta entre los dedos cuando no tengo permiso de meterme en la cocina, lo que me quita la oportunidad de una breve huida — Bueno, alguien tenía que comerse los tuppers... — es un intento de broma que sale mucho más natural de lo que pensaba. Mejor para mí, Mo no tarda en desaparecer en la cocina y yo no alcanzo a siquiera quitarme el saco que ya estoy siendo tironeado por su hija.

¿Forzado, tenso? Que intente ella pasar por todo esto sin sentir que está siendo analizada bajo un montón de rayos X de última tecnología — No sabía que tenía que tener un guión preparado. ¿Cómo se supone que suene espontáneo cuando creo que quiere comerme vivo? — me quejo en un farfullo sobre su boca después de ese beso, uno que no sabía que necesitaba para sentir que todo esto es un poquito más normal. Y solo porque me he acostumbrado, porque hace meses habría dicho que esto está totalmente fuera de lógica. Obvio que todo se va por la borda rápido y Lara se aleja, dejándome de pie junto a la mesa sin poder responder a sus indicaciones, pero con la vista puesta en el desfile de platillos que, para qué negarlo, huelen demasiado bien y me despiertan el hambre que no sabía que tenía. Reacciono un poco lento, pero me las arreglo para estirarme y poso la botella en el centro de la mesa, me quito el saco y lo acomodo en el respaldar de la silla que voy a ocupar. Casi se me cae por lo que escucho y suelto una risa entre dientes bastante incómoda; eso no es algo que se me dé bien fingir — Creo que su hija puede responder sobre mis gustos mejor que yo. ¿No, Scott? — para variar le paso la bola con una sonrisa burlona y tomo asiento de una vez.

Ignoro un poco la charla sobre el bebé porque estoy acercándome un bol de lo que parece ser pollo para echarle un vistazo por encima, hasta que escucho mi nombre y levanto los ojos tan rápido que parece que estaba haciendo algo indebido — Estaré bien. Se necesita un poco más de curry para superarte — ironizo, aunque solo dos de nosotros sabemos bien el significado tras ese dicho. Me sirvo un poco de cada bol que tengo delante, si Mohini se ha esmerado tanto en cocinar no puedo hacer menos. Con respecto a la pregunta inicial, me demoro unos segundos más en contestar — Bueno, los tres trabajamos ahí. Sería muy obvio si miento y digo que las cosas van bien con el señor psicópata — siempre apoyaré a quien defienda las políticas de beneficio para los magos, pero los dementores se ha pasado un poco de la raya — Así que supongo que... agotador. Habrán demasiadas reformas constitucionales y eso consume gran parte de mi tiempo — sé lo poco interesante que es hablar de trabajo, así que decido silenciarme con la comida.

No tengo idea de qué es lo que me meto en la boca, así que mastico con lentitud en un intento de descifrar los sabores que se me pegan al paladar. Miro a Lara justo delante de mí y trato de ver en ella alguna señal de que la charla va bien, aunque creo que me delato cuando trago y estoy seguro de que mis mejillas han enrojecido. Sí, definitivamente picante — Y Mohini... Lara dice que estás feliz con esto de ser abuela. ¿Ya pudo hacerse la idea? — no sé si disimulo o no, pero me apresuro a usar la varita para llenar las copas de vino y vacío la mía casi de un tirón.
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Mensaje por Mohini R. Khan el Sáb Ago 03, 2019 11:02 pm

Bien. Desde donde estoy sentada puedo contemplarlos a los dos sin necesidad de mover mucho la cabeza, un ojo para cada uno. Solo espero no ponerme bizca cuando empiecen a hablar los dos a la vez, como estoy segura de que pasará en algún momento de la noche. No hay más que verlos juntos para entender que a los dos les gusta llevar la voz cantante. Al menos, sé que me hija no se doblega ante nada, Powell tampoco parece el tipo. — ¿Impresionar? Prfffff, no sé de que hablas, querida, solo quise asegurarme de que fuera de su agrado, si no ha sido nada… — Sonrío, pasando la mirada primero de ella hasta que poso los ojos sobre Hans. — ¿Lara también mencionó mi sueño por abrir un restaurante? — Giro la conversación hacia un tema más ameno, tampoco estoy aquí para asustar a mi invitado, y viendo que es el padre de mi futuro nieto, no siento incorrecto compartir algunos datos de confianza, esa misma que espero tener algún día con él. — Sí, sí, ya lo tengo todo planeado en mi cabeza para cuando me jubile, una a veces se cansa de trabajar con cacharros. — Bromeo, atajando con mis manos el bol de arroz para servirme unas cucharadas antes de añadir también un puñado de verduras. En verdad, no es que me aburra mi trabajo porque todos sabemos que me apasiona, pero para cuando sea vieja la cocina me llama más.

Alzo una ceja curiosa, no muy segura de a dónde ha querido ir a parar con ese comentario con respecto a mi hija y al curry, y estoy por preguntar cuándo se decide por responder a mi previa formulación y tengo que girar la cabeza hacia él. Chico sincero, me gusta. — Ah, sí, nuestro nuevo y espléndido presidente. — Dejo caer sin más, de la misma manera en que él le ha llamado psicópata, que me da a entender que no está del todo conforme con sus métodos. Suerte que somos nosotras y no otros los que están aquí sentados o acabaríamos en otro lugar mucho menos acogedor que un salón de escuchar nuestra sinceridad. El tema político me aburre, así que decido tirar por otra duda que asalta mi curiosidad. — Dime, Hans, ¿el trabajo será un problema a la hora de criar a mi nieto? — Poso el tenedor, tomándome algo de tiempo en observarle mientras mastico con calma. Nunca me gustaron los padres ausentes y si como dice está tan ocupado con las nuevas reformas… Quizá no sea la mejor conveniencia para él tener un bebé. Por su bien espero que eso no sea un problema o ya me encargaré yo de librarle de sus tareas como venga mi nieto o nieta a quejarse de que su padre pasa demasiado tiempo encerrado en el despacho.

Vuelvo a llevarme algo de comida a la boca, acompañando el sabor con un poco de vino al terminar de tragar, lo que me hace dirigirle una mirada indiscreta a mi hija como si quisiera advertirla de que no tome alcohol en su estado. — ¿Feliz? Reboso más que felicidad, aunque no voy a negar que los términos en los que vais a tener este bebé no son muy… tradicionales. — Me muerdo la lengua, echándole un vistazo a Lara, pero en seguida me arrepiento y elevo un poco las manos a modo de disculpa en su dirección. ¿Demasiado pronto para insinuar una correlación matrimonial? Parece que sí. Sacudo la mano, como para restarle importancia al comentario después de haberlo soltado ya, así que vuelvo a cambiar de tema. — ¿Y tú? ¿También te has hecho a la idea? — Alzo las cejas, no valen los actos de cobardía conmigo. — ¿Tengo entendido que tienes una hija? — Es una pregunta porque no lo he escuchado de su boca, pese a que Lara ya tuvo la amabilidad de rellenarme algunos detalles acerca de su vida. No obstante, prefiero que sea él quien lo diga antes de entrometerme demasiado en asuntos donde no me llaman. Pero que va, es el padre del bebé, es normal que me encuentre curiosa.
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Mensaje por Lara Scott el Dom Ago 04, 2019 3:10 am

¿Yo? ¿Está seguro de que quiere que me explaye sobre sus gustos? Se me curvan los labios en una sonrisa que mi madre también sabrá interpretar, que me ha visto tantas veces a punto de cometer una picardía que sabe anticiparse a las señales. —Le gusta lo picante, muy picante, y tiene muy buena resistencia— doy fe de ello, mientras cargo en mi plato un poco de la comida que me apartó Mohini y robo una cucharada de otro de las fuentes que tengo cerca. Me la llevo a la boca antes de que mi madre pueda prohibírmelo y siento el sabor ardiente de los condimentos al pasar de prisa el bocado por mi garganta, me queda un rastro de fuego que tengo que apagar con una copa de agua, que también estoy excluida del vino. No es nada a lo que no estemos acostumbrados, tomaré la reserva de tuppers durante el verano como el entrenamiento que no sabíamos que Hans llegaría a necesitar para hacer frente a Mohini. Tendrá su revancha con el curry y esperemos que esta vez le vaya mejor. —Querido, a mí nada me supera— digo con un regodeo tan pomposo y un movimiento al aire con mi mano en un ademán arrogante, para hacer de su batalla con los picantes algo cómico, que tarde me doy cuenta de lo que he dicho y le echo una mirada de refilón a mi madre.

Suerte que toca el tema de sus planes de jubilación. —Creo que nunca se lo dije— hago memoria de si le mencioné ese detalle, y es que más allá de compartirle lo que había en la heladera, lo que pude haber dicho de mi madre habrá girado sobre el dolor de cabeza que soy para ella, es lo que acostumbro a contarle a los demás. Creo que todos más o menos tenemos algo marcado de nuestros padres que es lo que relatamos una y otra vez. —Un restaurante con comida hindú, hombrezuelos y juegos de azar. Yo seré su socia, por supuesto— apunto, mi tenedor queda a medio camino y lo uso para señalar a Hans. —¡Oye! Si te interesa, seré quien esté a cargo de entrevistar a los postulantes. Puedo hacerte un lugar, después arreglamos el pago— cargo mis mejillas de comida y eso me sirve para contener la carcajada.  No tengo por qué preocuparme de que algo de lo que podamos decir sea adecuado o indebido, si a Hans se le ocurre llamar psicópata al tipo que está ocupando el sillón de poder en este país, eso nos da licencia para desbocarnos en esta cena. Me alegro de ello, me estaba costando mucho mantener los modales.

Trato de encontrarme con la mirada de mi madre para acordar qué tanto de nuestras opiniones políticas pondremos sobre la mesa, si bien parece ser que hay un punto en común entre nosotros, no sé si quiero profundizar en ello y que se mencionen otras aristas en las que no llegamos a congeniar con mi madre hace unos años y que me ha traído más de una discusión con Hans. Por eso, hago el comentario más superficial que se pueda hacer, tomando parte del sarcasmo de Mohini. —No es tan espléndido, Weynart y Hans siguen siendo los más espléndidos— muerdo mis labios que ya se están curvando hacia arriba y le echo un vistazo de «¿Ves cómo me pongo de tu lado?», aunque esté haciendo un chiste de algo tan serio como una política de despidos, acecho a los mestizos y dementores respirándote en la nuca. Se me tensa la sonrisa al tocar el tema de las reformas constituciones y mi tenedor choca con el plato con un ruido metálico, que pasa desapercibido porque Mohini saca una nueva pregunta que compite en ardiente con cualquiera de sus platos. Será una larga cena…

Los dos trabajamos, Mo— me interpongo, tomando la parte que corresponde de un ataque que ha caído con todo su peso sobre él. —Y en vistas de que yo seguiré haciéndolo, ya encontraremos la manera de criar a nuestro hijo de una manera en la que no le falte lo necesario, por algo decidimos hacer esto juntos, ¿no?— señalo, y es que no hacía falta que Hans estuviera esta noche aquí, bien podría haberme dicho que tampoco quería este bebé, quedarme absolutamente sola con la decisión y sorprenderme a mí misma con la idea de tenerlo a pesar de ello, pero estamos aquí. No, ciertamente no somos los mejores candidatos a padres del año y tendremos más errores que aciertos, y sin embargo, lo intentaremos. Creo poder leer entre líneas la insinuación sobre esos dichosos términos tradicionales que Mo menciona al pasar. —No necesito de ningún contrato… tradicional— aclaro, elevando un poco de mi voz en un tema que bien podría eludir y que prefiero responder de frente. —Siempre me han valido más los hechos, que las palabras—. Es algo que ambos saben bien, no quiero que alguien me diga que se quedará a mi lado, sino que lo haga. Y espero poder hacerlo también.

Me mantienen al margen de las preguntas que se devuelven entre sí, y como no puedo con mi genio, acabo por responder también. —Meerah es también su hija…— digo y hago dar vueltas a mi tenedor en el aire, porque es un enredo tener que explicarlo. —Meerah, la hija de Audrey. Audrey, mi… amiga— evito tener que mirar a Hans, confío en que no haga falta patearlo debajo de la mesa tampoco. —La chica rubia del distrito ocho que tenía una hija pequeña a la que solía visitar, ¿te acuerdas? Y que ahora no es tan pequeña. Te comenté de ella, te dije que el día que quieras readecuar las alfombras viejas que te quedaron de los abuelos, ella puede ayudarte con el diseño. Tiene un talento especial para eso…— parloteo sin parar, —Esa chica es la hija de Hans— así cierro el círculo, que se parece más bien a un par de cabos atados con desorden.


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Mensaje por Hans M. Powell el Dom Ago 04, 2019 5:01 am

Soy incapaz de hacer algún comentario al respecto en presencia ajena, así que me conformo con observar a Scott con una expresión significativa y una sonrisa ladina en el rostro que debería funcionar como simple respuesta. Mejor para mí, Mohini decide compartir sus planes de jubilación y, para qué negarlo, me sorprende bastante; bueno, estoy acostumbrado a que su hija cocine incluso menos que yo y eso ya es decir demasiado — Eso es genial. ¿Ya tiene un sitio pensado o será algo que se vea con el tiempo? — me relamo los labios, aún tengo el sabor de su comida en lo que me hago con un nuevo bocado — Cuando era mucho más joven tenía la idea de ponerme un bar en mis años de retiro, pero las cosas se torcieron demasiado... — ni hace falta aclararlo. El tenedor acusador de Lara hace que mastique más lento e ignore el picante, muevo mis cejas en su dirección — ¿Piensas utilizarme para tus beneficios? Muy cruel de tu parte, Scott...

Al menos, en lo superficial parece que nadie aquí va a discutir de política, pero también soy consciente de que estamos demasiado cerca de un terreno que es mejor no tocar. El comentario de Lara me sirve para aferrarme a eso y me acomodo en la silla, echándome hacia atrás para verla mejor mientras me limpio los dientes con la lengua — Sabes que Riorden está casado... ¿No? — suena a un ligero reclamo, pero acabo sonriendo. Es una expresión que se me apaga un poco y sé que titubeo al buscar una respuesta al reclamo de Mo, uno del que su hija se hace cargo. Excuso mi silencio con comida, observo el vino como si meditase que tanto puedo tomar sin quedar como un borracho — Como dice Lara, no será un problema. Siempre todo se puede moderar mientras no tenga una emergencia — o sea, siempre y cuando la guerra no me reclame. Los tres sabemos bien que estamos en una línea fina y complicada. No tanto como cuando salta con términos tradicionales, porque ahí sí que casi me atraganto, relleno la copa y me la bebo de un solo saque — Bueno, nadie se casa hoy en día. Aunque entre nos, estoy tramitando nuevas leyes para poder volver a aplicar el divorcio. ¡No estoy sugiriendo nada! — aclaro, alzando ambas manos con divertida inocencia y sosteniendo aún la copa vacía en una de ellas. Mejor prevenir que curar.

¿Me he hecho la idea? A veces me cuesta procesarlo, pero me doy cuenta de que he abrazado la idea, con todo lo que eso conlleva, la madre del bebé incluida. A veces, cuando veo mocosos en la calle, no puedo evitar preguntarme cómo diablos voy a hacerlo; sé muy bien que no soy el ideal de padre — Depende. Me sigue pareciendo extraño, pero me gusta. Quiero decir... ya saben... — no es algo que pensaba decir frente a Scott y mucho menos a su madre. Hago un ruido con la lengua y me acomodo un poco el cuello de la camisa para evitar sentir incomodidad — Me gusta lo que tengo ahora. Es más de lo que hubiera esperado — porque el mundo está descontrolado, pero dentro de casa hay una extraña estabilidad que no sabía que necesitaba. Eso sí me lo guardo.

Tener que hablar de Meerah sí es algo que hace que deje los cubiertos y medite un segundo cómo explicarle a la abuela de uno de mis hijos que he abandonado a la otra por doce años. Siento un extraño calor y todo, no estoy seguro de que sea por el picante. Lara es quien da las primeras explicaciones, pero levanto un dedo para llamar la atención — Audrey y yo salimos hace años. Meerah nació cuando yo tenía veintiuno y es una larga historia. Pero estoy bastante orgulloso de ella — de eso no tengo que avergonzarme. Tomo una servilleta y aprovecho el limpiarme para pensar un momento — No me considero un padre ejemplar, pero supongo que eso nos sucede a todos. Si puedo dar lo que pueda de mí con ella, estoy seguro de que voy a poder con dos. Además, está bastante emocionada con esto de tener un hermano o hermana y eso me parece de lo más importante. Quizá no somos una pareja tradicional, lo sé, pero... — y por todos los medios, evito el contacto visual. Ni siquiera sé qué es la comida que pincho con algo de fuerza — ... estoy decidido a hacer de esto una familia.
Hans M. Powell
Hans M. Powell
Ministro de Justicia

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Mensaje por Mohini R. Khan el Dom Ago 04, 2019 3:16 pm

Carraspeo un poco con mi garganta, no por culpa del picante al que llevo acostumbrada desde que nací, prácticamente, sino del comentario de Lara sobre la resistencia al mismo de su enamorado, que siento que la conversación no hace referencia a la cocina, precisamente. — ¿Huh? ¿Seguimos hablando de mi comida o…? — Me interrumpo llevándome la copa a los labios y observándolos a ambos desde mi posición en lo que doy un trago silencioso. Ya hablamos de que no estoy por hacerme imágenes mentales de nada, mucho menos de la resistencia de este muchacho a la picardía de mi hija. Lo que sea que signifique eso. Por suerte para mí, no nos demoramos mucho en cambiar de tema cuando Hans se muestra interesado en mis planes de futuro, que Lara misma se encarga de acompañar con detalles. — Correcto, yo me encargo de la comida y Lara de que no entre ningún incompetente a mi cocina, todo un negocio familiar. — Quién sabe, quizás cuando el bebé crezca, que por entonces ya llevaré unos cuantos años de retiro, pueda encargarse de atender las mesas. Sé que mi idea triunfará solo por la dedicación que le estoy poniendo. — Tengo el sitio perfecto, pero ese detalle me lo voy a guardar para mí, no voy a desvelar todos mis secretos, una madre también tiene de esos. — Respondo ante la interrogante, que parece que no me lo estoy tomando en serio cuando la verdad es que sí lo tengo todo pensado. Que soy una mujer organizada. — Mm.. Nunca es tarde para hacer esas cosas si pones la mente y el corazón a ello. En la vida hay que disfrutar de lo que a uno le gusta, lo verás con el tiempo, Hans, te lo dice alguien que ya ha pasado por muchos veranos. Hay cosas más importantes que el trabajo. — No lo conozco lo suficiente para saber si lo del bar es una confesión vaga de un sueño adolescente, pero mi comentario va más allá de ideas frustradas. Solo espero que entienda mi punto.

Mis ojos se mueven de uno a otro, buscando analizar sus respuestas incluso antes de que salgan a la luz, de mi hija puedo hacerlo, de Hans no tanto. Por fortuna, el tema de la política pronto pasa a ser enterrado y me encuentro ligeramente divertida en la conversación que está teniendo lugar cuando Lara menciona a otro ministro. — Hija mía, ¿desde cuándo tanto interés en los ministros? — Creo que la última vez que me enteré de que a mi angelito le gustaba alguien era ese tipo de la piscina con el pelo rizado, que a saber donde se quedaría. — Ya sé, ya sé que tú trabajas, Lara, como debe ser, pero comprende que tus obligaciones no son las mismas que las de un ministro. Solo estoy interesada en saber si va a poder compaginar ambas cosas, eso es todo. Un bebé no es algo que se pueda dejar a medias. — Espero que no haga falta que se lo recuerde, pero por si acaso les doy el aviso. Estiro un brazo para atrapar con mis dedos un trozo de pan naan y acompañar el arroz con el mismo, con el regusto del picante todavía en mi garganta. Lo siguiente en lo que coinciden ambos, no obstante, produce que suelte un suspiro dramático poniendo los ojos un segundo en blanco. — ¡Jóvenes de hoy en día! Tan poco sentido del compromiso… — Sé que las cosas son un poco más complicadas ahora que se le añade el juramento inquebrantable, pero, ¡por favor! Si se aman de verdad no entiendo a qué viene tanta cobardía, no tendrían este bebé juntos si no fuera el caso, ¿cierto? — Así que Lara está viviendo contigo, ahora Hans… — Comento de pasada, buscando con el tenedor algo de comida en el plato antes de elevar la mirada. — ¿Puedo preguntar hace cuánto os conocéis? — No es que pueda, es que no voy a apartar la vista hasta que obtenga una respuesta congruente. Aun así, sonrío para no delatar mis intenciones con una curva natural de mis labios. Lo cierto es que sí me interesa averiguar cómo se conocieron siendo que son personas tan dispares.

Frunzo los labios, pensativa al desmantelar los recuerdos de una conversación que mantuvimos hace tiempo acerca de quién es Meerah. Sí, ahora que lo dice la recuerdo, lo que me coge por sorpresa es la conexión que tiene con el único hombre que hay sentado en la mesa. Me tomo la libertad de apoyar el antebrazo en el borde de la mesa para acariciarme la barbilla al unir cabos. — Oh, sí, ya me acuerdo. — Es lo que dice de las alfombras de mis padres lo que me ha llevado a la asociación de esta niña con su persona, y ahora que tengo los pensamientos en orden puedo volver a coger los cubiertos con calma. Me siento intrigada por conocer la historia que lo llevó a tener un bebé con la mujer rubia, aunque me contengo de hacer más preguntas de las debidas. — ¡pero por supuesto, hombre! ¿o realmente crees que pude criar a semejante personaje sin cometer errores? — Me río de mí misma, señalando con la cabeza a mi propia hija, a quien lanzo un besito gracioso al aire con mis labios por la descripción utilizada. — Me alegra escuchar eso, de veras, hay que tener las prioridades en orden, y la familia es una muy importante, es la que siempre va a estar ahí, ocurra lo que ocurra. — Miro a mi hija primero, sonriendo con calidez, para después mostrar el mismo efecto con mi yerno. Qué más da que no estén casados, este hombre ya es familia mía y voy a ser igual de cariñosa con él que con mi hija. Bueno, eso si se mantiene a raya y no toma ninguna decisión estúpida de última hora. — ¿Tienes más familia, Hans? — Sé que el padre es tema prohibido que ni debo mencionar por la mirada que me gané por parte de Lara cuando pregunté, pero del resto… Soy curiosa por naturaleza. — Nosotras somos una muy pequeña, solo nos tenemos la una a la otra, entiendes que quiera proteger a mi bebé, ¿verdad? Como tú quieres cuidar al tuyo. — ¿Es el picante lo que está haciendo que quiera llorar? ¡Mo, contrólate!
Mohini R. Khan
Mohini R. Khan
Mecánico

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Mensaje por Lara Scott el Dom Ago 04, 2019 9:49 pm

¿Qué es esto? ¿Ahora mi madre y Hans comparten sueños de retiro? ¿Qué falta? ¿Qué monten sus negocios en la misma acera? Salto con mi mirada del uno al otro, creo percibir por donde va Hans tan sutilmente, aunque no dudo de que su plan de tener un bar sea cierto, que las primeras veces que quedamos siempre una botella de alcohol de por medio, como si nos faltara para el coraje y luego esas botellas quedaban olvidadas. —Entonces, ¿mi trabajo en tu restaurante sería no entrar en tu cocina?— me río de mi madre, que me ha desplazado a ese puesto. —Suena un poco aburrido, la verdad…— digo, y me inclino un poco por encima de mi plato cargado de arroz, cambiando mi postura al cruzar mis piernas debajo del mantel. — Tal vez deba esperar que abran cierto bar e ir a probar suerte ahí— revuelvo el arroz con mi tenedor y una sonrisa de soslayo se curva en dirección a Hans. —¿En tu bar también tendrán esas tediosas normas de que el jefe no puede tener una relación con alguien del personal?— bromeo, que sabemos que ese tipo de reglas en cualquier lugar donde se deben cumplir son las primeras que se rompen, y no hace falta ilustrar con ejemplos cercanos. Sólo espero que no sea justo delante de mi madre que hable de sus clichés, no le va a ayudar en su campaña. Y si Mohini ha llegado al punto de los consejos maternales sobre que hay cosas más importantes en la vida que el trabajo, es porque le está yendo bien en esta cena.

Tan bien que puedo notar eso que tiene perspectiva de ser futuras alianzas con Mo para meterse conmigo por un comentario tan inocente. Muestro mis palmas sobre la mesa, me encojo de hombros, como si no entendiera a qué viene ese recordatorio de que Weynart está casado o ahora se me acuse de poner mis preferencias en ministros. —Pues, si no lo saben, tengo un par de ojos que ven bien— contesto, y echándole un vistazo de lado a Hans, sigo: —Y a diferencia de nuestras manos que podemos elegir dónde ponerlas y dónde no, los ojos se van solos. ¿O me dirán que ustedes se cubren los ojos cuando salen a la calle?—. Dejo la pregunta sobre la mesa, y si mi madre vuelve a decir que desde mi padre no ha mirado a otro hombre, insistiré en que se queda prendada del televisor cuando aparece el nuevo ministro de salud y ¡no son imaginaciones mías! Tal vez sí, un poco. Pero es la carta que uso para molestarla, también la del tipo que le vende los condimentos, no me importa que tenga diez años menos.

Los hijos se crían de una manera u otra, si hace falta lo llevaré conmigo, ¿acaso papá no hacía eso conmigo? Y por supuesto, también tiene que dedicarse a la mecánica. ¿Qué mejor que crecer en el ambiente?— sugiero, ya que es algo que daba por sentado, tan natural como haber pasado toda mi vida en el distrito seis. Sé que habrá una multitud de problemas que enfrentar durante la crianza, que mis propuestas por sencillas que sean, tendrán que probarse a ver si funcionan, y se siente como retroceder un poco, porque con Hans nos saltamos un par de etapas en unos pocos meses, al tocar el tema de algo así como una relación más tradicional y es que me niego a pensar tan explícita en lo que mi madre está insinuando, hasta que alguien lo dice con todas las letras. Y es la resignación tan fácil de mi madre la que quiere dejar el tema atrás, pero me quedé con las últimas palabras de Hans y no puedo soltarlas. Me reacomodo en mi silla, hinco los codos en la mesa y con Mohini en medio, y conteniendo las ganas de reírme a carcajadas, pregunto: —¿Esa es una propuesta formal de divorcio, Hans Powell? ¿Una manera extraña de pedirme matrimonio con una alternativa por si no funciona?—. Espero que mi madre no me dé un sermón por bromear a costa de sus intenciones de hacer las cosas siguiendo las normas y tradiciones. —¿Puedes verlo, Mo? Ese es el romanticismo con el que conquistó a tu hija escapista.

Mi tenedor queda suspendido en el aire ante la pregunta temida, no soy tan disimulada como me gustaría cuando busco la complicidad de Hans por encima de la mesa, que el humor está dando paso al terror. ¿Quién contesta? Tengo miedo de que nos pisemos en respuestas y surja una contradicción, así que hablo sin pensarlo demasiado. —Hace unos años, nos vimos un par de veces y…— ¿Dijimos de dejar todo lo complicado fuera, no? Vamos por los detalles banales, entonces. —No hubiera dado ni dos galeones por ese niño rubio en traje de abogado, al que le gustaba mandonear. Tenías el cabello más claro— digo, usando otra vez el tenedor como puntero. —Y las mejillas más redondas. ¡Ay, Mo! ¡Si lo hubieras visto! ¡Era un muñeco!— exclamo entre risas, con mis ojos cargados de diversión por tratar de congeniar esa vieja imagen que no sabía que conservaba con la del hombre que se hizo cargo de un ministerio que le cambió totalmente el semblante. —De esos muñecos con los que chicas como yo no jugamos, para no manchar esas camisas impecables— le echo un vistazo desde mi lado de la mesa y dejo que cuente su propia versión, que tal vez difiera bastante de la mía.

El cómo llegamos a este punto tras una serie de cosas que escaparon de nuestro control, de ese enredo de personas en común que no sabíamos que teníamos, de los años que pasamos viéndonos a una distancia casi despectiva, a pesar de todas las veces que nos convencimos a nosotros mismos de que no era algo que pudiera durar en el tiempo porque estábamos demasiado acostumbrados a nuestros hábitos, que podamos decir que queremos esto como no sabíamos que era posible querer, no tiene una única explicación con la que estemos conformes. Y solo escucho a medias lo que dice mi madre, a quien le bastó una cena para caer por este tonto que tiene todas las palabras justas para emocionarla a ella y que a mí me hace esconder la mirada en mi plato de arroz. No quiero que se vea cómo mis pestañas tiemblan, y todos esos pensamientos supuestamente racionales que pondrían en entredicho si es sincero su deseo de que seamos una familia, son arrasados por esas emociones que están en revolución desde que me enteré que estaba embarazada y unos días antes. Me cubro la cara con las manos al caer las primeras lágrimas y al darme cuenta que no es algo que pueda detener, me pongo de pie de repente y la silla hace un ruido molesto al correrla con descuido. —Mis hormonas, idiota— digo con la voz atorada en mi garganta por culpa de un sollozo que no puedo contener, con la cara toda roja. Y mi madre tampoco ayuda, que somos una familia chiquita y rota, que se está volviendo más grande de a poco. Murmuro algo que suena a un «ya vuelvo» cuando los dejo solos para ir a encerrarme cinco minutos en el baño.
Lara Scott
Lara Scott
Inefable

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