The Mighty Fall
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VERANO de 247221 de Junio — 20 de Septiembre


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Tras años de represión y batallas libradas, hoy son los magos los que caminan en las calles más pulcras del Capitolio. Bajo un régimen que condena a los muggles y a los traidores a la persecución, una nueva era se agita a la vuelta de la esquina. La igualdad es un mito, los gritos de justicia se ven asfixiados. Existen aquellos que quieren dar vuelta el tablero, otros que buscan sembrar la paz entre razas y magos dispuestos a lo que sea para conservar el poder que por mucho tiempo se les ha negado. La guerra ha llegado a cada uno de los distritos. ¿Qué ficha moverás?
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3 participantes
Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
No sé qué me enfurece más: el que me hayan desobedecido o que tuvieran razones para hacerlo. Llegamos al refugio en la mañana del tercer día, confiado con que poseíamos tiempo de sobra para poner en orden nuestros siguientes pasos y encontrándome con el horror de una cabaña vacía y restos de un pequeño incendio apagado. No me tomó demasiado el entrar en pánico, pero el mensaje en la madera me dejó bien en claro que, por lo menos, siguen con vida y, si llego a agarrarlos, en enormes problemas. ¿Acaso no se les pasó por la cabeza que alguien más podría ver esa señal? ¿No consideraron la opción de que ser fantasmas para el gobierno es el mejor modo que tenemos de defendernos ahora mismo? Mis quejas no duran demasiado, no hasta que Alice me ayuda a poner los cabales en orden. El nuevo plan es tan simple como jodido: llegar a NeoPanem y encontrar a los niños. ¿Cómo? No tengo idea, será buscar a un grupo que está buscando no ser encontrado. ¿Y qué pasa si no lo logran? ¿Qué sucederá si vamos tras sombras que se acaban perdiendo y nos desencontramos para siempre? Tengo que tomar el riesgo, en especial cuando podemos rastrear algunas huellas hasta un pequeño arroyo, el cual asumo que han cruzado. Y sí, se han dirigido hacia el sur. Si siguen vivos, voy a matarlos por suicidas.

El viaje sin magia es una tortura, pero al menos la moto funciona y yo sólo puedo rogar que no se acabe la gasolina. Eso nos lleva a caminar por momentos, manteniendo el silencio, porque ninguno desea decir todo lo que pensamos. El desierto es la peor parte, en especial por la arena que se mete en los ojos y hace picar la piel. Si no hubiese una verdadera motivación, sé que me dejaría caer en más de una ocasión, pero consigo mantenerme de pie. El hambre crece, la sed también, nuestras pocas provisiones recolectadas en el bosque no son suficiente. Debemos ir con alguien conocido, que nos ayude, que nos repare antes de seguir nuestra búsqueda sin sentido, casi tan arriesgada como ir a respirar en la puerta del Capitolio. No tengo la capa, eso complica las cosas.

Cruzar la frontera es algo en lo que tengo experiencia, a pesar de que no tengo modo de volverme invisible. Rodeamos el norte del distrito hasta que la oscuridad de la noche nos cubre y el horario de cambio de turno baja las defensas. Colarnos es veloz y riesgoso, pero lo conseguimos. Avanzar, es otro tema, en especial porque arrastramos con nosotros una moto gigante que hace más ruido que un montón de caballos. Y, sin embargo, cuando estamos fuera de peligro nos subimos a ella y emprendemos el vuelo.

No recuerdo la última vez que vine al distrito cinco, pero sé que fue para conseguir algunos medicamentos de la mano de Arya Jackson. Es tarde en la noche cuando el caño de escape parece estallar y, de todos modos, piso el acelerador, cayendo con pesadez frente a uno de los clásicos edificios destruidos de la zona. Se oye un perro ladrar a lo lejos, vaya a saber dónde, posiblemente hambriento como casi toda la población de este lugar — Espero que Kenny siga por aquí o tendremos que ir a molestar a Arya … — sugiero. Considero la opción de dejar la moto fuera, pero pronto me recuerdo a mí mismo que es una terrible idea y la arrastro hasta que pasamos al vestíbulo sin necesidad de una llave, gracias al desastre que es la puerta. En cuanto acomodo la moto en el recoveco de una vieja escalera de servicio, le hago una seña a Alice para que venga conmigo. Subo de dos en dos, hasta que me detengo frente a la puerta que, a decir verdad, me cuesta reconocer. Llamo con un golpeteo, ansioso por una respuesta, hasta que los ojos de Kennedy asoman por una abertura. Me obligo a sonreír, a sabiendas de que es una mueca forzada y agotada — Fueron semanas de mierda, así que tenemos una perfecta excusa — y sino, que nuestras pintas hablen por sí solas.
Benedict D. Franco
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Alice D. Whiteley
Consejo 9 ¾
Siento que el motor que nos incitaba a seguir adelante se disipa en cuanto llegamos al refugio en el que se suponía debían esperarnos los niños, para encontrar nada más que un lugar vacío. Apenas un vistazo es suficiente para entender que bajo expectativas inexistentes, alguien había estado allí. Al principio la idea de que aurores les hayan perseguido hasta aquí es la única que acude a mi mente, hasta que Ben advierte un pequeño mensaje en la madera que indica que todavía pueden estar vivos. Solo ellos conocen las circunstancias por las que se han visto obligados a marcharse sin habernos esperado antes y aún así, puedo percibir en el ambiente que no debieron ser buenas. No tenemos la seguridad de que las huellas que procedemos a seguir sean las mismas que las del grupo, pero es la única pista que puede servirnos a la hora de encontrar su paradero.

Pensaba que el tiempo actuaría como calmante a todos los sentimientos que me he obligado a no sentir por el bien de nuestro propósito, cuando tras días de caminar sin rumbo fijo y sin la aseguración de encontrar algo más que sombras he descubierto que tiene el efecto contrario. Ni siquiera el cansancio que sé que se acumula en mis músculos con cada paso que doy contrarresta las palpitaciones de mi corazón a cada sonido nuevo, a cada movimiento. Después de todo es comprensible que no me fíe ni de mi propia sombra incluso cuando somos las únicas figuras que atraviesan el desierto que lleva al norte del país. Volver a pisar NeoPanem después de tanto tiempo, a excepción de aquella visita al doce, me revuelve el estómago solo de pensarlo, pese a que este está prácticamente vacío.

Dejar la frondosidad de los bosques no solo afecta a la seguridad que nos aporta su estratégica posición, sino que también nos ha dejado sin provisones días después de abandonar sus lindes. Subsistir sin comida es una cosa, pero cuando el agua se agota sé que tenemos que pensar en una solución o no duraremos ni una semana antes de que nuestros cuerpos caigan por deshidratación. Gracias a que decidimos no tentar a la suerte e ir turnando nuestras piernas con la motocicleta, de alguna manera la gasolina no se ha agotado, lo que nos da una oportunidad a la hora de cruzar la línea que da la bienvenida al distrito cinco.

No conozco el distrito, pero la oscuridad que nos rodea tampoco hubiera servido para reconocer sus calles de haberlo hecho, por lo que me limito a seguir los pasos de Benedict mientras arrastramos un trasto que podría delatarnos a kilómetros de distancia. Las ventanas cerradas y luces apagadas me da a entender que el toque de queda sigue vigente incluso en las noches de verano. - ¿Kenny? - Conocía a Arya, más por habladurías que por otra cosa, pero si alguna vez mencionaron a Kenny, yo no lo escuché. No puedo evitar no mirar hacia atrás para asegurarme de que nadie nos está siguiendo, lo cual no sería tan descabellado teniendo en cuenta las condiciones con las que nos hacemos pasar por el edificio. Escucho los golpes de Ben en la puerta mientras me muerdo el labio inferior y me resguardo el cuerpo con mis brazos en espera a una respuesta, volviendo a echar un vistazo hacia atrás con puro nerviosismo.
Alice D. Whiteley
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Kennedy Wang
Puedo contar con los dedos de una mano las horas que paso en el loft de la red éstos días. Luego de varias horas de shock tras escuchar el dial oficial del Capitolio, puse a todos a trabajar pues no hay forma de que dejemos que Neopanem crea que esa es la verdad. Pasé años en el distrito 14, últimamente se crearon algunas dudas en mi mente pero si hay algo de lo que estoy segura es de que no son ningunos terroristas... Recuerdo niños, bebés, tiernos y adorables con cachetes para apretujar ¿En serio me dirán que ahora son una banda de adolescentes incontrolables capaz de eliminar dos escuadrones de aurores entrenados y al esposo de la ministra de la magia? De ser así tienen una muy buena razón. Tenían... Mierda.

Intento no pensar en todos los rostros conocidos que deben estar bajo las cenizas ahora mismo, no puedo permitirme llorarlos pues hay trabajo que hacer y si queremos que su sacrificio no sea en vano, más vale dar todo en la investigación. El problema es que cada puerta es un callejón sin salida, no puedo encontrar a los contactos correctos y los que están presentes saben tanto o incluso menos que yo. Pero no me daré por vencida, ésto recién comienza.

Paso por la casa a darme un baño antes de volver a salir pues necesito algo que me despierte y lamentablemente no pudimos conseguir café ésta semana. Me tomo unos minutos más de los necesarios, el agua es renovadora y para cuando me pongo la bata me siento como una mujer nueva. Quizás no para salir a investigar otras 12 horas seguidas, pero al menos lo suficiente como para no sentirme culpable por quedarme sentada sin hacer nada.

No llego a vestirme que escucho golpeteos en la puerta. Si golpea es porque no vive aquí, lo que quiere decir que puede ser un o una informante. Me apresuro para llegar hasta allí y lo que encuentro del otro lado va más allá de mis expectativas. Está vivo, quizás esté más alto y con algunas arrugas asomándose alrededor de sus ojos pero definitivamente ese es el cabello del pequeño Benedict. No sé quién es la mujer pero tiene un aspecto terrible así que debe ser una nueva incorporación del 14 tras mi partida... ¿Qué demonios hacen aquí?

Los observo por unos segundos mientras pienso qué decir o hacer. Al parecer el comunicado del Capitolio está errado en más de una cosa pues no todos están muertos. No me cabe ninguna duda de que ellos son conscientes de ello y simplemente decidieron dar la noticia más conveniente para ellos. Pero eso quiere decir que probablemente están buscándolos y que las posibilidades de que los hayan seguido son grandes. Su presencia aquí podría poner en riesgo a mi familia así que cierro la puerta de un portazo y me aseguro de que la casa esté vacía con un encantamiento que aprendí éstos días... Estoy mejorando con la varita.

Una vez que me aseguro de que están todos fuera, vuelvo a abrir y ahora sí reacciono como un ser humano normal y abrazo a Benedict con todo lo que dan mis brazos - Dijeron que están todos muertos, por favor dime que ustedes no son los únicos... ¿Y los niños? - pregunto preocupada mientras hago un ademán para hacerlos pasar. Necesitan comida y creo que tenemos un último paquete de galletas por algún lado, eso servirá - Soy Kennedy Wang, solía vivir en el 14 - me presento amablemente con la desconocida. No la conozco lo suficiente pero aún así siento ganas de abrazarla, puedo ver en su rostro todo lo que ha sufrido... al igual que Ben.
Kennedy Wang
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Que la puerta se cierre nuevamente en mis narices hace que gire el rostro en dirección a Alice, sonriéndole como si quisiera darle una disculpa — Supongo que el shock del paso del tiempo… — murmuro en un intento que pretende sonar divertido, aunque no oculta del todo el temor de que no obtendremos la ayuda que he venido a buscar. Suerte para nosotros, el click de la entrada me indica que Kenny vuelve a abrirnos y, antes de que pueda siquiera reaccionar, estoy envuelto entre sus brazos. Los míos reaccionan por instinto y la estrujan en un abrazo que no había notado cuánto necesitaba, encontrándome en una renovada calma que sé que durará un suspiro — Los niños están bien o eso espero. Los saqué a tiempo, pero… — muevo la cabeza, separándome de ella en cuanto nos permite pasar. Estar dentro de una casa, por muy descuidada que se encuentre por culpa de las condiciones del distrito, es más relajante de lo que hubiera esperado. Con un rápido vistazo, me giro justo a tiempo para las presentaciones — Alice llegó hace unos cuantos años al catorce. No estoy seguro de que coincidieran — y si lo hicieron, la diferencia de edades y el tiempo no ayudó a que se relacionen. Tampoco me voy a poner en detallista ahora, en especial cuando me percato de las palabras que escogió al abrirnos la puerta.

Momento… ¿Quién dijo que estamos todos muertos? — mi voz delata la sospecha, lo mismo que mis ojos repentinamente entornados y recelosos — Salió en las noticias. ¿No es así? — esos hijos de puta se han colgado la bandera del triunfo, como siempre. No sé por qué me sorprende, pero aún así me froto la barbilla con frustración, notando el vello de varios días que se luce entre la mugre. Con un resoplido, me dejo caer en el primer asiento que encuentro, que me disculpe mi poca higiene — Nos atacaron con aurores y lo remataron con bombas de fiendfyre, Kenny. Sacamos a muchos de los niños antes, pero el resto… — reconozco el quiebre de mi voz, ese que me obliga a carraspear para recomponer la compostura y alzo unos ojos agotados en dirección a nuestra anfitriona — Están muertos, o eso creemos. Pudimos escapar de milagro, pero lo que vimos que dejamos atrás… — no puedo mirar a Alice mientras hablo. Sé que le daré motivos para volver a ganarme su desprecio y, de momento, no siento las fuerzas como para volver a tener un enfrentamiento — Todo el catorce se consumió. No quedó nada, estoy seguro de que tampoco quedó nadie — si sobrevivieron, habrán sido solo unos pocos y con demasiada suerte. Tantas vidas, tantos amigos…

Intento no pensar en ello y sacudo la cabeza, pasándome una mano por la frente y buscando quitarme algunos cabellos pegajosos del rostro — Los niños sobrevivieron, pero cuando llegamos al refugio de las montañas donde los envié, habían dejado un mensaje sobre que vendrían a NeoPanem. Si nos basamos en los aurores muertos que dejaron atrás, supongo que se sintieron inseguros. Aún así, son solo niños — y venir al país fue un acto suicida de su parte. Después de mi rápido informe, puedo dejar que mis hombros caigan con agotamiento — Necesitamos ayuda, Kenny. Lamento mucho el molestarte, pero no tenemos cómo seguir — me delata la desesperación de mi tono, casi en una súplica. Sé que tengo que hacer algo, pero comenzar se me está complicando más de lo que me gustaría.
Benedict D. Franco
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Alice D. Whiteley
Consejo 9 ¾
Volteo la cabeza veloz cuando escucho la puerta abrirse, aunque la esperanza que brilla en mis ojos pronto desaparece cuando esta vuelve a cerrarse con la misma rapidez sin apenas dar tiempo a ver la figura que se esconde tras ella. Instintivamente mi mirada se dirige hacia Ben, sin abrir la boca, pero sin que sea necesario decir nada para saber lo que acude a mi cabeza. Ni siquiera el humor en sus palabras sirve para que la tensión que impide que mueva mi cuerpo desaparezca. Estamos acabados, no va a abrirnos la puerta, hemos perdido no solo tiempo de buscar a los niños, sino que además hemos gastado las pocas energías que nos quedaban en venir hasta aquí cuando es evidente que no somos bienvenidos. No la culpo, después de todo cualquiera en su sano juicio no dejaría pasar a alguien que atrae la mala suerte solo con su presencia.

Estoy a punto de alzar la voz cuando el pestillo de la puerta vuelve a abrirse y tengo que inclinarme hacia un lado para que la madera no me golpee mientras una figura morena se abalanza sobre Ben. Por un instante la brusquedad del gesto pone todos mis sentidos en alerta y de no ser por que él no se aparta y parece corresponderla, hubiera dudado en si considerarla amiga o no. Me avergüenzo al momento por pensar que lo estaba atacando cuando se trata de un simple abrazo, probablemente consecuencia del tiempo que aparentemente llevan sin verse las caras. - Yo... Siento el modo en que tengamos que conocernos. - Murmuro a modo de disculpa cuando nos deja pasar a su casa y la luz me permite analizar su rostro con una mejor visión. Aporrear la puerta de su hogar esperando a que nos acepte no es la mejor manera de presentarse pero dadas las circunstancias ahorrarse los formalismos es algo inevitable.

Me mantengo en silencio ajena a la conversación que está teniendo lugar, rodando los ojos por la habitación hasta que doy con una ventana y no puedo evitar asomarme desde mi posición para comprobar que nadie rumba las calles, aunque se me hace imposible no atender a la voz de Benedict mientras narra lo ocurrido en el catorce. Me sorprende la facilidad con la que las palabras salen de su boca cuando a mí aún me duele si quiera recordarlas, pensar en lo que dejamos atrás y en quien perdimos es una herida que todavía está abierta, remover en ella incluso pese a tratarse de una cara conocida es aún desgarrador. Hacer oídos sordos también es un intento inútil de evadir la incertidumbre con la que nos enfrentamos al futuro.

Presto mi atención de nuevo al interior del edificio cuando escucho la declaración final en un intento de no perder la compostura tras las horas de viaje y todo el cansancio acumulado. - No sabemos si fuimos los únicos que sobrevivimos o no, puede que alguien más lo haya hecho, pero lo que sí conocemos es que los niños vagan perdidos en algún lugar remoto de NeoPanem, debemos encontrarlos antes de que caigan en las manos equivocadas. - Porque después de todo para eso hemos venido hasta aquí, por mucho que me gustaría buscar a los que todavía podrían seguir con vida, no sabemos a ciencia cierta si así es. En cambio, sabemos que los niños se guían por las instrucciones de Kendrick, y si consiguieron llegar hasta el refugio lo más seguro es que al país también. El problema es no saber a que parte de él.
Alice D. Whiteley
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Kennedy Wang
Saber que logró sacar a los niños es un gran alivio, son varios los sobrevivientes así que los aurores no salieron tan vencedores como nos quisieron hacer creer. Voy haciendo notas mentales pues no hay forma de que estos detalles no se den a conocer, aunque primero debo saber qué es lo que planean pues estar muertos para el mundo es una de las mejores ventajas que se pueden ofrecer. Solo los altos círculos del poder deben estar al tanto de la verdad así que puede que haya unos cuantos "Equipo Capitolio" que será mejor mantenerlos en la ignorancia. Pero este rayo de luz no quita la posibilidad de que haya habido bajas porque, así como Alice, debía haber unos cuantos rostros desconocidos para mí que merecen la misma preocupación. Las palabras de la mujer despejan cualquier duda y decido abrazarla pese a no conocerla, quizás no le sirve o quizás sí, pero al menos haré el intento de dar un poco de calidez tras el portazo de bienvenida.

Asiento a la pregunta de Ben y cuando comienza su relato mi corazón comienza a acelerarse hasta que las temidas palabras llegan a mis oídos. Mis manos sudan y cierro los ojos por un momento para volver a la calma, ya han tenido suficiente como para tener que tolerar mi ataque de ira y tristeza - Salvajes - digo por lo bajo pues eso son los que destruyen de esa manera el hogar de alguien al punto de que sea imposible de reconstruir - No, Ben, el 14 estará allá a donde vayan sus habitantes y, por lo que me dices de los niños, ahora se encuentra en todas partes - intento animarlo mientras voy por vasos de agua para él y Alice.

Me detengo a pensar por unos segundos. Todo Neopanem estará colmado de aurores buscándolos así que será mejor actuar rápido si no queremos que algo peor salga de ésto - Haré todo lo posible por ayudarlos, toda la Red... Aunque creo que es hora de poner un fidelio a éste lugar - más si vamos a recibir a los niños cuando los encontremos y a quien haya sobrevivido del 14 pues confío en que Benedict y Alice no son los únicos. Son un ejército de luchadores, ni bombas de fuego maldito pueden acabar con ellos.

Me quito la toalla de la cabeza y dejo que mi cabello húmedo caiga sobre la bata y tomo asiento en el sillón de Jeff para ordenar mis ideas - Tengo contactos por todos los distritos, cambiaremos la misión de buscar información a buscar sobrevivientes ¿Les parece bien eso? - pregunto pues ellos conocen a los demás mejor que yo y quizás son demasiado bueno ocultando sus huellas como para que un puñado de repudiados los encuentren - El lado positivo es que no han lanzado los rostros de nadie a las noticias así que ahora mismo son fantasmas... Conozco a alguien que ha escondido niños de repudiados en el pasado, es el jefe de servicios sociales, podemos confiar en él - sé que no suena muy de fiar pero ha demostrado serlo en el pasado, Ivar no es un santo de mi devoción pero está comprometido con la causa - Díganme lo que necesitan y haremos lo imposible por conseguirlo.
Kennedy Wang
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Salvajes es un término demasiado suave para calificar a la gente que ha hecho esto. He llevado sus terrores conmigo desde hace dieciséis años y estoy seguro de que han creado una enorme pila de mierda en mi vida, junto con el gobierno mediocre de los Black. Intento forzar una sonrisa a sus ánimos, pero solo queda en una mueca apenas visible entre la mugre de mi rostro y los labios partidos de la sed y el sol. Agradezco el agua, esa que me llevo a la boca con la urgencia de una garganta reseca y el agotamiento a flor de piel — Un fidelio es la mejor opción. No quiero que seamos una molestia o una amenaza, Kenny. Tú sabes lo que pasaría si nos encuentran aquí — Alice fue registrada en algún momento y estoy seguro de que ahora mismo debe figurar como desaparecida o fugitiva. Yo, por mi parte, no tengo la seguridad que antes me había regalado el paso del tiempo. De momento, solo podemos rogar el pasar desapercibidos para un gobierno que nos da por muertos mientras intentamos reconstruir lo que queda de nuestras vidas.

Mis ojos se expanden cuando nuestra anfitriona tiene un plan de inmediato y eso hace que, de una buena vez, mire a Alice con un gesto algo esperanzado — ¿Podemos confiar en él? ¿Tu red es infalible? — no podemos darnos el lujo de que los datos se cuelen en los oídos de personas poco deseables. Aprieto el vaso ya vacío entre los dedos y me mordisqueo el interior de la mejilla, pensativo — Si el gobierno no ha lanzado nuestros rostros, es porque creen que estamos muertos. Al menos, si hablamos por aquellos a quienes han reconocido — ¿Habrá alguien más que nosotros y los niños allá afuera? ¿Nos estamos llenando de esperanzas sin sentido, vagas para dos personas que deberían ser lógicas? — Que sea un pedido. Cualquier sobreviviente es bienvenido, pero los niños son nuestra prioridad — sé que se han perdido vidas. Sé que Murphy no lo ha conseguido. Por eso mismo, me produce un extraño ardor en la garganta el soltar la lista siguiente — Zenda Franco, Beverly Redford, Kendrick Duane, Jared Niniadis, Delilah Looper y Kyle Overstrand. Solo ellos... — ella recordará a algunos como pequeños niños, casi bebés. Debe entender entonces por qué el tono desesperado de mi voz — … son los únicos que pudimos tener a mano para sacarlos a tiempo.

¿Qué hay del resto? — ¿Qué dijeron con exactitud en las noticias? — no puedo evitar preguntar, no muy seguro de querer saber la respuesta — Jamie se llevó a Seth con ella, Kenny — sé que no le hará nada, después de todo es su madre y prendió fuego un distrito por él. Pero aún así… no puedo sentir que debo sacarlo de allí.
Benedict D. Franco
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Alice D. Whiteley
Consejo 9 ¾
No esperaba que me abrace, razón por la que me mantengo inmóvil durante unos segundos hasta que mi cuerpo decide reaccionar y aceptar el gesto tras darme cuenta de lo mucho que necesitaba esa clase de afecto. Puede que no sirva para solventar nada de lo que ha pasado, pero por los segundos que dura el contato, el pensamiento de que todo estará bien es más creíble de lo que ha resultado estos últimos días. No sé si tiene que ver el hecho de que nos encontremos bajo un techo seguro que incluso sus palabras reconfortan más de lo que lo harían si la situación fuese diferente.

Salvajes, eso es una palabra para describirlos, aunque no es la que yo utilizaría si tuviera las ganas de criticar al gobierno. - ¿Cómo funciona esta red exactamente? ¿Es posible confiar en todos sus miembros? - Probablemente no es lo que más le gustaría escuchar de una red que parece haber creado ella, pero dadas las circunstancias, desconfiar de algo que no conozco es ahora mismo la reacción más esperada. - No es por poner en duda la lealtad de tu gente, pero entenderás... lo hemos perdido todo. - Termino por decir resignada, siendo incapaz de mirar a Benedict. No es la primera vez que pagamos por los errores de otros, y no pienso volver a tropezarme con la misma piedra si puedo evitarlo.

Creo que se me había olvidado el sabor del agua mientras me llevo el vaso a los labios y me bebo el contenido de un solo trago, apenas agradeciéndoselo una vez el líquido atraviesa mi garganta y parece que por un momento puedo volver a pensar de nuevo. - No tendrían como de todas maneras, han pasado años desde que la mayoría dejamos NeoPanem. - Ni siquiera pueden utilizar los registros porque estarían dando a la luz imágenes de adolescentes que se han convertido en adultos; si el catorce alguna vez existió, sus integrantes ahora no son más que fantasmas, o cenizas. Es un pensamiento tanto como un hecho, pero ahora no es el momento para lamentarse, de manera que aparto la mirada para evitar que se perciba cualquier expresión de debilidad en mi rostro. - No existen para el gobierno, será casi más difícil encontrarlos por su nombre que por su físico. Les dijimos que no se separasen, si puedes poner a tu red al día, un grupo excéntrico de niños es lo que buscan. - Beverly, el pequeño Jared, Zenda... no son un grupo que pase desapercibido entre el tumulto.  

Me obligo a mirar un segundo a Benedict desde mi posición, para después voltear la cabeza hacia Kennedy en busca de la respuesta a esa misma pregunta. - ¿Han puesto imágenes del catorce? - Ahora es un lugar público, no me sorprendería que hubieran hecho un reportaje de como terminó todo para acabar con la chispa de rebelión que está comenzando a arder entre los distritos.
Alice D. Whiteley
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Kennedy Wang
Sé muy bien lo que nos pasaría a todos si nos encuentran aquí y jamás podría perdonármelo... No por mi misma, sino por los demás. Mimi es más joven que yo cuando me convertí en repudiada y tiene toda la vida por delante. Aun me debo encontrar al padre de Moira para que sepa de dónde viene pero con tantas cosas ocurriendo aun no he tenido el tiempo en todos estos años... Jeff puede que sea un idiota de medio siglo pero tiene el alma más joven de todos y sé que en el fondo aún no se ha rendido con ésta vida. Así con cada uno de los miembros, nadie perderá nada, solo los del 14 ganarán un nuevo hogar.

Sonrío con la preocupación de Alice pues es completamente válida. Ella no me conoce y no tiene por qué creer en las palabras de Benedict, pero me encargaré de que vea con sus propios ojos lo bien que funciona mi sistema - La red es una familia, cuidamos unos de otros - son más aquellos los que han sido dejado de lado por mostrar dudas de los que se han quedado - Pero no todos los informantes forman parte de la red, a esos los tengo sujetos con pinzas, como el hombre que les digo... Pero creo que podemos confiar en él para ésto, le gustan los niños - claro que para eso tenemos que encontrarlos primero.

Cuando comienza a decir los nombres tomo un anotador del escritorio y los voy anotando allí para armar el código alfanumérico de la red y enviar el mensaje por patronus. Dudo que sea interceptado pero hemos sobrevivido todos éstos años por ser así de cuidadosos. Mientras tanto sigo escuchando y freno mi escritura solo un momento cuando Ben dice que Jamie se ha llevado a Seth - Y el premio para la madre del año es para... - dejo salir antes de volver a la escritura.

- Han pasado un par de imágenes del distrito destruido, poco ha quedado en realidad - comento y me debato entre prender la pequeña televisión para poder verlo por ellos mismos o no. Al final decido que no pues es bastante fuerte y lo último que necesitamos es que su espíritu se quiebre una vez más - Pero lo importante es que están a salvo, no se puede capturar o matar a los que ya están muertos - vuelvo sobre el mismo concepto - ¿Hay algo que puedan decirles los miembros de la Red para que los niños confíen en ellos? Algo me dice que esa será la parte difícil de traerlos aquí.
Kennedy Wang
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Más que gustarle los niños, deberían gustarle los traidores — murmuro con sarcasmo. Supongo que queda bien en claro que, si ella confía en él, yo haré lo mismo; al menos creo que eso es lo que expresa mi rostro resignado. Y sí, Alice tiene razón, lo que en parte es un alivio — Excéntrico y ruidoso — aclaro — ¿Necesitas que te pase las descripciones? Porque varían de los diez a los diecisiete. Es fácil reconocerlos, empezando por que deben estar mugrosos y desorientados. Jamás estuvieron en NeoPanem antes — además, creo que la mitad de ellos es muy fácil de ubicar. Estoy por sugerir seguir los posibles cantos gritones de Beverly como farol, pero creo que no es momento para bromas. Carraspeo, desinflándome por el sabor amargo de la realidad — Bueno, sí. Jamie siempre ha sido el último de los ejemplos sobre maternidad — no puedo evitar pensar en cómo debe estar Seth hoy en día. Si su madre lo ha dejado en libertad, si pasará a volverse una marioneta, si quedará algo de él cuando podamos llegar…

Me muevo en el asiento y me coloco hacia delante ante la mención de aquello que ya sospechaba. La parte más morbosa de mí me dice que debo olvidarme, que sería masoquista el pedir ver lo que ha quedado de aquel sitio que llamamos hogar. Pero Alice está aquí y por ella no lo hago, porque creo que sería cruel obligarla a ver el sitio donde ha perdido lo último que le quedaba. La culpa me ataca tan rápido que me pongo de pie para sacudirla, acercándome un poco a Kenny para chusmear sobre su hombro lo que se encuentra haciendo — No hay mucha información sobre nosotros que el gobierno no sepa — admito — Pero diles que la enfermera y el hombre lobo buscan por ellos. Creo que no hay registros sobre mi condición o el trabajo que Alice realizaba, que yo sepa. Y si eso no funciona, Kendrick tiene mi capa de invisibilidad. Eso es algo que pude mantener a salvo de los Niniadis — ese detalle me obliga a meditar un momento — Quizá también ustedes deberían saberlo, por si buscan a un grupo de niños que se mantienen invisibles…

A decir verdad, de seguro podrían ver un montón de pies caminando en la nada porque dudo que la capa los cubra por completo, pero bueno. Me recargo en la mesa y me cruzo de brazos, echando un mejor vistazo al lugar, el cual no parece demasiado grande para abarcarnos a todos — Gracias, Kenny. De veras — suelto de todo corazón — Haré lo que necesites para mantener este sitio seguro y abastecido. Alice debe descansar, pero... ¿Por dónde debo comenzar?
Benedict D. Franco
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Alice D. Whiteley
Consejo 9 ¾
Mantengo los brazos cruzados bajo mi pecho una vez poso el vaso sobre la mesa, como forma de tener algo que hacer con ellos además de para ayudarme a sostenerme en una sola pieza. Reconozco que sus palabras cuando habla sobre la red son tranquilizadoras, pero hará falta algo más que eso para poder confiar en su sistema. Será suficiente una vez hayamos encontrado a los niños. - Por no hablar de que Zenda es metamorfomaga, algo que seguro utiliza a su favor. - Constituye un grupo peculiar de niños que si bien son invisibles para el gobierno, es complicado que pase desapercibido. - Te olvidas de Kyle, él sí conoce NeoPanem. No creo que se separen, pero puede que haya intentado persuadir al resto para ir en búsqueda de su tía. - No necesito decir el nombre porque sabe perfectamente de quien estoy hablando. No me dio la sensación de que la rubia estuviera en el lado bueno de Kendrick, pero si creyeron que estamos muertos, la idea de que buscaran otra fuente de seguridad no me parece tan desalocada.  

Por otro lado, su afirmación a mi pregunta hace que aumenta la presión de mis brazos sobre mi cuerpo, en un intento de retomar la respiración cuando creo que se me agota el aire. Afrontar que no queda nada del catorce acaba con la esperanza que ya de por sí era inexistente de que la situación no fuera tan desfavorable. Trago saliva, siendo consciente de que mi boca se ha vuelto a secar pese al agua que he bebido hace apenas unos minutos. Sé que las manos me tiemblan, razón por la que las mantengo bajo mis brazos, esperando a que alguien eleve la voz pues yo no tengo ganas de hacerlo. Escucho las palabras de Benedict, discrepando en ciertas de las cosas que dice, como que no hay registros de mi labor como médica. Puede que nunca fuera oficial, pero cuando aún vivía en el capitolio no era raro que estuviera en el hospital en compañía de Allen. Sin embargo, no creo que nadie lo recuerde después de tantos años y es por eso que mantengo la boca cerrada mientras me apoyo sobre la ventana.

Observo el exterior del edificio por el rabillo del ojo hasta que me veo obligada a mover mi cuerpo hacia Kennedy y Benedict y reincorporarme mientras le lanzo una mirada al último. - No necesito que tomes ninguna decisión por mí. No pienso ser una carga, si hay algo que debamos hacer no tienes más que decirlo Kennedy. - No es como si fuera a dormir de todas maneras. El sueño se ha convertido en una nueva forma de tortura de la que no voy a poder deshacerme hasta lo que parece ser nunca.
Alice D. Whiteley
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Kennedy Wang
Niños rebeldes con habilidades mágicas y artefactos para esconderse... Quizás sean niños pero no están del todo indefensos al parecer. Es difícil imaginarlo pues en mi mente siguen siendo bebés diciendo sus primeras palabras o aprendiendo a dar sus primeros pasos. Quizás mis propios hijos podrían estar en ese grupo de haberme quedado y no estoy segura de si me arrepiento o no de la decisión, aquí no vivimos una gran vida durante todo éste tiempo.

-La enfermera y el lobo, lo tengo - murmuro terminando con los detalles y me paro para lanzar el patronus con el mensaje. Cierro los ojos por unos segundos pues hace poco que aprendí a lanzar uno de ésta manera y aún me cuesta un poco manejar el asunto del recuerdo sumado al mensaje. Tras pronunciar las palabras el perezoso plateado sale a hacer su trabajo y suspiro esperando que llegue en condiciones a la red. Creo que necesitaremos un poco de suerte también.

Cuando Alice dice que puede tomar sus propias decisiones sonrío e inmediatamente se gana mi cariño. Creo que nos llevaremos bien en el futuro, lástima las condiciones en las que tuvimos que conocernos - Me pondré a acondicionar el lugar para recibir a los niños y que estén cómodos, pueden encargarse de la comida y ropa... Hay un depósito a unos kilómetros que nos ha salvado en el pasado, quizás puedan entrar allí.

Creo que esperaré a que regresen antes de lanzar el fidelio pues lo último que quiero es que se pierdan en el camino de regreso. Pero tenemos un plan ejecutándose así que será mejor poner manos a la obra aquí también, pero antes creo que debo preguntar algo que he estado esquivando antes.

-Sé que tienen mucho en qué pensar y han ocurrido muchas cosas pero... ¿Alguno ha visto a Phineas en el descontrol?
Kennedy Wang
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Benedict D. Franco
Consejo 9 ¾
Guardo silencio mientras Kennedy envía el mensaje y sigo con la mirada la desaparición del patronus, rezando internamente para que eso funcione. Tiene que funcionar, no queda de otra. Intento por todos los medios no rodar los ojos a las palabras de Alice, pero con eso solo consigue que la fulmine con una mirada que intenta ser lo más paciente y amable posible a pesar de ni siquiera pestañar — Creo firmemente que deberías descansar, pero como quieras — es un gruñido un poco caprichoso e infantil, pero allá ella. Si termina rendida, no diré que se lo advertí. Comprendo la necesidad de mantener la cabeza ocupada, pero en algún momento se dará cuenta de que es imposible que sea invencible.

Comida, ropa, depósito, entendido. Lo dejo en claro con un movimiento firme de la cabeza y adopto la postura de una persona que está dispuesta a ponerse en acción, cuando lo que dice me detiene con un movimiento en falso, ese que deja mi pie en el aire y me hace ir de adelante hacia atrás. Phineas, uno de nuestros habitantes… me muerdo la punta de la lengua sin ánimos de dar malas noticias, pero tampoco puedo mentir descaradamente — No. Habían demasiados aurores, demasiado fuego y, a decir verdad… — barro el piso con el pie con una actitud algo infantil, misteriosamente interesado en los cordones maltratados de mis zapatillas — Escapamos en la moto voladora. Lo único que vimos detrás fue explosión y fuego y… — intento no pensar en la imagen de mi padre corriendo al centro del distrito, justo donde cayó la primera bomba. Un obvio intento de salvar a un muchacho inocente que valió la vida de ambos. Me fuerzo a pasar saliva y chasqueo la lengua — No sé quienes hayan sobrevivido, pero creo que las posibilidades son escasas.

Por un instante, tengo el impulso de exigir ver lo que ha quedado del catorce, pero vuelvo a arrepentirme. Sin mucho más, doy un golpeteo con los dedos en la mesa y me alejo unos pasos — Empezaré con la comida, si no les molesta — anuncio, sintiendo que es momento de dar por finalizada la charla y de poner manos a la obra — Chequearé qué es lo que hace falta, buscaré algo más y, ya mañana y con el día a nuestro favor, traeré mayores provisiones y ropa limpia. Y Kenny… — me detengo antes de continuar, regalándole una vaga sonrisa — Te debemos la vida.

Que, como los tres sabemos, no es mucho. Todo será cuestión de tiempo.
Benedict D. Franco
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Kennedy Wang
Siento una punzada en el estómago que luego se irradia hasta el pecho en forma de vacío. Quizás no ha visto explícitamente lo ocurrido pero una parte de mí sabe a la perfección que el joven, ya no tan joven, que me ha enseñado como sostener una espada ya no está entre nosotros. Solo asiento y me voy vuelta por unos segundos para respirar profundo pues las lágrimas no deben aparecer. Probablemente hizo su vida en el catorce, fue feliz con alguien más y murió luchando por la causa en la que creía. Quizás el fuego maldito no es la muerte más agradable pero sé que él habría estado en paz sabiendo que hizo todo lo posible.

Levanto mi pulgar cuando Benedict dice que se pondrá con lo de la comida y pienso que yo debo hacer lo mismo con mis tareas para mantener la mente ocupada y evitar los terribles flashbacks que vienen a mi mente. Cuando llegué al catorce, los primeros entrenamientos, risas, comidas horribles bajo las estrella, la despedida - No, solo me debes la renta - respondo con media sonrisa para levantar un poco el ánimo y los dejo solos en lo que hacemos llamar sala común.

Salgo de la casa y voy hacia la parte trasera en dónde sé que tenemos algunas maderas que podrán funcionar como camas. Con algunos hechizos quizás podamos convertirlas en cómodos colchones y conseguir unos originales de algún basurero... Lo bueno de por fin tener varita es que ya puedo hacer la limpieza desagradable sin tener que estar dependiendo de Moira y Dave.

Llego a la parte trasera y tomo en mis brazos las cosas necesarias que se caen casi de inmediato de mis brazos. Me sostengo de la pared un segundo para recomponerme y respiro profundo... Las cosas están por cambiar por aquí y espero poder contar con el apoyo de la red, sé que somos familia pero quizás les estoy pidiendo demasiado con ésto. Me gustaría poder charlar, asegurarme de que están de acuerdo antes de que todo se vaya incluso más al demonio. Pero algo me dice que ni siquiera podremos tomarnos unos minutos para charlarlo mientras tomamos el té, los ateneos quedarán para otro día, es hora de la acción.
Kennedy Wang
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