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Red right hand · Sigrid

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Mensaje por Anne Ruehl el Mar Ene 05, 2021 12:51 am

Finales de febrero,

Paso por delante de la otra mujer al abrir la puerta del armario esvanescente y atravesarlo de pleno para que mis pies se posen sobre el suelo de concreto, sucio de polvo, del almacén en el distrito doce. Sostengo la puerta así Sigrid puede sacar su cuerpo del mueble y adentrarse a la habitación que debe estar volviéndose familiar para ella con estas idas y venidas que nos tienen de un distrito al otro, con la discreción que nos permite este medio, más seguro que una chimenea o una aparición en las afueras. No está en mí la intención de que a Sigrid Helmuth se le vea uno solo de sus cabellos rubios en este lado, con su hermana como la nueva ministra a cargo de los patrulleos que los aurores o los licántropos que se hacen por aquí. La idea de este negocio era que pudiera mantenerse en secreto, sobre todo en el norte, donde de por sí el mercado se disputa entre varios criminales y algunos gozan con protección del mismo ministerio, como para querer atraer atención de entrada que nos perjudicará, más de lo que nos ayudará a fortalecerlo. La colocación de las pociones en el mercado se hace a través de distribuidores, caras visibles entre estos puestos, sin necesidad de que se sospeche siquiera que la mía está detrás, limitándome a mi puesto de fabricante y proveedora.

El vaho de los calderos es tan espeso que se funde como niebla en el interior del salón principal, no hay ventanas en las paredes, es el techo el que está encantado para que se cuele la poca luz que es posible en invierno a través de las placas de vidrio y estas sean resistentes a las inclemencias del tiempo. Todo el lugar goza de la protección de hechizos que le dan la apariencia de una abandonada casa de una única habitación, en la que no hay más que una silla de madera rota. En realidad hay largas mesas, hierbas colgadas para que se sequen, pócimas que reposan bajo la influencia de la luna. La siento como una extensión de mi casa en el distrito dos, perteneciente a esta, aunque esté radicada en un distrito de construcciones más sombrías si las comparo con las residencias familiares que vemos en el distrito donde tanto ella como yo, crecimos. Tal como yo misma, el que abra las ventanas de aquella casa para que entre la luz, no quita y no tiene caso negar, que sigue habiendo un espacio en mí, para siempre asentado en el norte, que sigue siendo punto de reunión de todas mis sombras.

La poción para todas las víctimas del veneno de la mordida de los licántropos— se la presento a Sigrid, —un antiveneno para el cual tu hermano no tuvo la consideración de prestarme su ayuda y que sin tu apoyo no sería posible— hago los agradecimientos que corresponden, a quién corresponde, con el descaro de mencionar a Nicholas para tal comentario poco halagüeño, sabiendo que salvo que lo diga, Sigrid no tiene manera de saber ni de sospechar mis visitas a la vieja casa Helmuth en el mismo distrito dos. —Solo queda probarlo…— acoto, —pero antes de eso agradecería que puedas revisarlo una última vez, los antídotos nunca han sido lo mío…— reconozco, desplazándome hacia el siguiente caldero que desprende un olor más intenso y mucho más cautivante, —lo mío siempre han sido los venenos y, lamentablemete, hay nombres apuntados en mi lista una vez más.
Anne Ruehl
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Jue Ene 07, 2021 8:44 pm

Tengo unas cuantas ideas de lo que opinaría mi hermana con respecto a lo que me dedico a hacer en mi tiempo libre, no sé en qué momento sería una buena oportunidad para decirle que estoy teniendo reuniones periódicas con Anne Ruehl, probablemente nunca. Es la razón por la que sigo manteniendo esto en secreto, tengo la certeza de que la otra parte de la ecuación no está interesada en que se sepa lo que hacemos, así que cuento con la protección de mi silencio para lo mismo. Siempre fui buena escondiendo cosas de mis hermanos, tan distinta a ellos no hubiera quien me enseñara a escalar la parte trasera de las paredes de nuestra casa, para no matarme subiendo por la enredadera que iba directa a la ventana de mi habitación y esas cosas. No, eso lo tuve que aprender por mi cuenta, también a como disimular el olor a tabaco en la ropa y falsificar algunas calificaciones puntuales que, no por falta de inteligencia, sino por vaguería misma, terminaban llegando a casa. Menos mal que en el transcurso de mis años jóvenes maduré algo, algo, que no me lanzaré flores tampoco.

Por eso no me cuesta seguir a mi compañera por el armario que lleva al almacén del distrito doce. Mis hermanos pueden tener secretos entre ellos, yo también tengo los míos y espero que no me tengan en cuenta que haya decidido compartirlos con la vecina que odiaban. He puesto mi esfuerzo en los calderos que se cuecen adelante de nosotras, en los botecitos de cristal que yacen colocados en las estanterías, muchos todavía a probar, como para que no me sienta orgullosa de lo que hemos conseguido aquí solo por viejas disputas del pasado que hayan podido tener nuestras familias. —Te diría que no se lo tengas en cuenta— me apresuro a decir ante la mención de mi hermano mayor —, ¿pero qué hará eso de diferencia?— murmuro al aventurarme en el interior de la sala y tomo el frasco que me entrega entre mis dedos, lo examino extendiéndolo unos centímetros por encima de mi cabeza para que la luz natural que procede del techo lo atraviese. —Te lo traeré de vuelta en un par de días, no tengas problema, estará a buen recaudo y cuando haya terminado de revisarlo lo devolveré para que puedas proceder a probarlo— aseguro, con esto último me quedo con duda, la que no tardo en formular —¿Con quién lo harás?— pregunto, apartando el bote de la luz para guardarlo con sumo cuidado en una funda que traigo dentro de mi cartera.

Es una incógnita que no me planteé hasta ahora, porque en un principio ni siquiera supimos si seríamos capaces de conseguir un resultado, tampoco lo sabemos con certeza en este momento, falta la parte crucial del proceso que es mucho más arriesgada que la de mezclar ingredientes en un caldero. No creo que lo pruebe en ella misma, sería correr muchos riesgos si algo sale mal, pero lo que dice a continuación hace que me desvíe de mi línea de pensamiento y dirija una mirada fruncida hacia su figura. —¿A qué te refieres con eso?— indago directamente, antes que llegar a una conclusión precipitada en la que mi mente se imagine escenarios fuera del contexto real. —¿Planeas asesinar a alguien o qué?— es obvio por la risa burlona que sale de mi garganta que es un chiste, secundado por mi manera despreocupada de acomodar la funda en el interior del bolso que cargo a mi hombro.
Sigrid M. Helmuth
Sigrid M. HelmuthCiudadano

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Mensaje por Anne Ruehl el Mar Ene 12, 2021 10:53 pm

Disimulo mi sonrisa cuando me aconseja que haga a un lado el rechazo al que me expuso su hermano en una ocasión, negándome su ayuda con toda arrogancia. —¿Por qué debería hacer una excepción hacia él sabiéndose lo resentida que puedo ser?— pregunto, más que nada para tomarle el pelo a Sigrid. —No hará la diferencia, pero me gusta tener bien apuntados en mi memoria quienes han tenido desaires y mezquindades conmigo, a la par de aquellos pocos que me mostraron una generosidad que no pedí y trato de agradecer lo mejor que puedo— como es el caso de ella misma, por quien siento un afecto mayor al que le demuestro, después de todo es quien puso su confianza en mí antes de que yo misma fuera alguien en quien confiar. Tanto cuando era una niña, como cuando era una adulta hecha y derecha… quizás no tan derecha, sino no estaría visitando este almacén en un distrito de tan mala fama donde creo que «Helmuth» es la última palabra que se mencionaría jamás.

Todavía no hay un nombre seguro, ¿te gustaría que te avise cuando así sea?— pregunto, mi mirada volviendo hacia ella con la curiosidad honesta en mis ojos de sí desea participar de algo así. —Es más que seguro que se necesitará que alguien se lo suministre al sujeto que se elija. Estaré transformada con la matalobos, aun así no podré hacer demasiado…— pienso en voz alta, —son los detalles que ir puliendo cuando se sepa que es aplicable y en quién— lo dejo para después, ya que es posible que la pócima requiera de unos meses más, aparte de los que llevó. Es parte del proceso de experimentar con ciertos ingredientes, se necesita sobre todo paciencia, incluso cuando hay ciertas cosas que alientan a la impaciencia como el rencor que llega a ser hondo y el fastidio que hace que algo nimio se vuelva grande. —Si te lo digo te volverás mi cómplice, Sigrid. ¿Aun así quieres saberlo?— me volteo hacia ella al preguntárselo, con mi varita consigo que una banqueta se acerque para que pueda sentarme. Hinco mi codo sobre el borde de la mesada para así poder apoyar la barbilla en mi palma. —Hay algo que quiero contarte, tómalo como una prueba, eso me hará saber si puedo confiarte a quien planeo asesinar, y depende en realidad de ti, de si quieres ser cómplice de algo tan grave…— lo envuelvo de misterio al ir hablando, —se trata sobre tu hermano— lo admito, me gusta jugar con Sigrid, —¿tú crees que también esté dispuesto algún día a dejar a un lado el resentimiento hacia los Ruehl? Porque, quizás…
Anne Ruehl
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Vie Ene 15, 2021 9:12 pm

Yo sí que no disimulo la sonrisa que se aparece en mi rostro cuando habla de resentimiento, parándome a observarla con la curvatura sardónica como preámbulo a mi respuesta. —Entre tú y mi hermano, no sabría a quién escoger sobre quién es más resentido de los dos— bromeo. Supongo que terminaría escogiendo a Nick por ser la persona que conozco más, Anne no deja de ser mi vecina de antaño que desapareció por más años de los que me interesa decir que tengo. En cambio, de mi hermano conozco sus subidas y bajadas, sé hasta qué punto uno puede presionarle para conseguir algo y cuando es mejor dejarlo estar, así como también lo mucho que a él mismo le cuesta dejar algo pasar. En resumidas cuentas, los que lo conocemos sabemos que tiene un pequeño problema de orgullo más ligado al rencor que al creerse mejor que otro. Por eso mismo, chasqueo la lengua, desmontando mi postura y con ello mi sonrisa, mostrando una expresión más casual. —Nicholas no es tan mezquino…— murmuro, no como pueden parecerlo otros, al menos —Fíjate que pienso que muchas veces tiene que ver contigo. No lo sé, erais conocidos siendo niños— me encojo de hombros, que de mi hermana puedo esperarme el trato de indiferencia, más dirigido a la rabia, al haber visto regresar a Anne Ruehl a las calles, pero no de Nick. —Solía creer que no os llevabais tan mal como queríais hacer ver a quienes teníamos alrededor— confieso en un suspiro —Supongo que fueron imaginaciones mías— dejo caer, porque esto no debería saberlo y aun así… Ingrid es de lengua floja cuando bebe alcohol y se hace la mezcla con el remordimiento en lugar de bebidas azucaradas.

Realizo un gesto ascendente con mi cabeza, volviendo al tema que nos ha traído aquí y no los líos amorosos que pudo tener o no mi hermano en el pasado. —Claro— acepto enseguida —Si quieres, puedo estar en el momento en el que vayas a probarlo, no tengo un doctorado en medimagia, pero conozco lo suficiente como para saber apañármelas en caso de que algo salga mal— propongo, no me importa hacerlo, y no puede decirme que cuenta con personal equipado para llevar a cabo la tarea de probar los efectos en alguien. Puede que no sea mi hermano Nicholas, quien justamente sí tiene una carrera y especialización en antídotos para venenos, pero en cierto modo, soy lo mejor que tiene. Devuelvo la sonrisa suficiente a mis labios cuando me pregunta si quiero hacerme cómplice de sus asuntos personales, más personales que estos. —Permíteme que me centre en esto primero— digo tranquilamente, sin darle una negativa pero como respuesta en sí al suponer que la misma se de por entendida. Ya corro un riesgo reuniéndome aquí con ella, con mi hijo al otro lado del país con la posibilidad de que termine siendo escogido de esas malditas urnas.

Pero no me cierro a que me diga los nombres de su lista, mis oídos se encuentran bien abiertos cuando la condición para que me los preste sale de sus labios y en el proceso de escucharla terminar busco una pared sobre la que apoyarme de lado, cruzándome de brazos en lo que mi atención no se ha perdido un segundo de ella. Suspiro con gracia, ante Nicholas siendo tema concurrido una vez más, lo cual no quiere decir que no me tenga que pensar mi respuesta —No diría que el resentimiento de Nick estuviera dirigido exclusivamente hacia los Ruehl— confieso, como apreciación a la personalidad de mi hermano —, creo que tiene que ver mucho con como se siente él respecto a las cosas que ha hecho y las que no, lo que pudo hacer mejor o lo que capaz podría haber cambiado de actuar de una manera diferente— vuelvo a llevarme los hombros hacia mis orejas con este comentario. Es un sentimiento común en todos, pero quizá mi hermano le de excesivas vueltas. —¿Por qué lo preguntas?— insisto, luego de cumplir con mi parte del trato.
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Mensaje por Anne Ruehl el Jue Ene 21, 2021 12:28 am

Me atribuiré más resentimiento del que pueda sentir Nicholas, por el hecho de ser quien durante décadas hizo de este sentimiento un compañero al cual no pude abandonar. Él tuvo compañías diferentes que le permitieron conocer otras experiencias más amables a su espíritu, no fue algo que llegara a embargarlo entero, tiene conocimiento por haberlos vivido, de otros sentimientos. Esos que a mí se me hacía tan difícil de confiar que pudieran ser verdaderos cuando alguien se refería a ellos, en los que llegué a creer por insistencia del hombre que evocamos. Escucho con curiosidad lo que comenta a continuación. —¿Tú crees, Sigrid?— se lo cuestiono de manera espontánea al no poder recordar lo que ella menciona. Tal como me temo desde que leí el diario que completaba en ese entonces, carezco de ciertas memorias que me fueron robadas. —¿No todo era lo que parecía?— la interrogo, sabiendo de lo perspicaz que son todos los niños y ella sobre todo en esa época que compartíamos calle, a veces alguna caminata por la acera y a través del pasaje que cruzaba la mitad de la manzana, el mismo donde también sé, aunque no lo recuerde, que coincidía con su hermano.

Me ocupo de lo que nos atañe en este momento, la pócima que está reposando en los calderos, para la que cuento con ella como mi par de absoluta confianza. —Trataremos esa cuestión más adelante, me gusta ser previsora, nunca planear sobre el aire— murmuro, que adelantarse demasiado en el tiempo es el riesgo mayor, el mundo no es estático como para que pueda hacerse planes inamovibles. Así también, depende mucho de quién será el hombre o la mujer de prueba para convenir quiénes estarán a su cuidado o no, si vale exponer a Sigrid a que sea reconocida por norteños, son varias cuestiones que responder cuando el panorama esté más claro y ciertos puntos definidos. Hay otros pensamientos que rondan mi mente estos días, a los que si no doy una resolución, me preocupa que puedan desconcentrarme de proyectos como este, conozco la intensidad de mi rencor para saber que puede hacerme sufrir también insomnio y desde que visité los recuerdos de Alecto, este sentimiento volvió a encontrar su conocido camino por mi mente y espíritu.

Alzo mis cejas esperando a que se explique cuando dice que el resentimiento de su hermano poco tenía que ver con mi familia y lo que dice a continuación me confunde. —¿El resentimiento de tu hermano hacía mí crees que se debe a una falta de él?— pregunto, mi cuerpo por inercia se inclina hacia adelante. —¿No sería más lógico pensar que podría ser debido a una falta de mí hacia él?— esa es la razón por la que alcancé a entender que me mostró su peor cara cuando regresé. —Tu hermano no me perdonaba el haberlo despreciado, Sigrid. El haber elegido a alguien más por encima de él— la pongo al tanto de lo que su intuición siendo niña no estaba tan errada, —y quizás lo hice ese entonces, en el presente no aceptaría a nadie más que a él para compartir todo lo que conquisté sobre mí misma— digo, mis dedos prendiéndose del tallo de una hierba que quedó como resto de los ingredientes sobre la mesa de madera, en el que entretengo mis ojos. —Llevo un par de semanas visitándolo. Lamento que su matrimonio haya acabado de manera trágica, pero mi respeto hacia una esposa se mantiene mientras esta ocupa un lugar en la cama de su marido. Si el respeto pasa por cederle un lugar en la memoria se lo concedo y en el terreno de los vivos, yo me impongo.
Anne Ruehl
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Mensaje por Sigrid M. Helmuth el Sáb Ene 23, 2021 8:50 pm

A dónde pretende llegar con esa intervención lo desconozco, me limito a prensar mis labios en señal de desconocimiento pleno acerca de lo que pudiera o no parecer las relaciones que se mantenían en la calle familiar para ambas del distrito dos. Fueron varias, más de las que a mi madre le gustaría, las veces que se me vio rondando detrás de la sombra de la mujer que tengo enfrente, cuyo tamaño es similar al mío en esta ocasión en la que estamos una del lado de la otra. Pero en esas circunstancias, ahora dudo de que no fuera solo yo a la que estaba vigilando al echar su ojo por detrás de la cortina del salón, acompañada de Ingrid seguro. Suerte que me encuentro de brazos cruzados y mi actitud casual no denota ningún cambio a la hora de mover mi barbilla en un asentimiento cortante. Por mucho que mi familia pudiera aborrecer a los Ruehl, hasta ellos mismos tendrían que reconocer que en cuanto a planificación, no es tanta la diferencia que se puede encontrar entre las dos familias. Mis padres también apreciaban un buen pensamiento de las cosas, pisar sobre seguro y jamás arriesgar hasta que no estuviera la victoria asegurada, incluso para la más simple de las tareas. Supongo que, para bien o para mal, cada uno aprendió esa lección de distinta manera.

Procedo a encogerme de hombros, de vuelta a como si tuviera dieciséis años y mis compañeras de clase preguntando por mi hermano me causaran tomar esta postura. —Mi hermano no es un ángel, por mucho que pueda llegar a parecerlo, también tiene defectos, ¿por qué no?— sigo diciendo, a pesar de estar ganándome una mirada de mi madre desde el más allá por haberme siquiera atrevido a ensuciar un poco la reputación de su hijo predilecto. ¿Y no fue ella misma la que se encargó de limpiarla porque a sus ojos ya la había manchado? —Te lo dije, Nicholas puede llegar a ser muy resentido, no importa el tiempo que pase, si son cosas que se guarda adentro…— continuo, llegando a la conclusión de que ambas conocemos lo que fue de la trágica historia de amor imposible entre ellos dos. ¿Por qué ella decidió escoger al otro chico por sobre mi hermano? Lo desconozco por completo, tampoco creo que saberlo vaya a hacer una diferencia ahora, cuando cada uno ha vuelto a rehacer, de maneras completamente disparejas, su vida. Por eso no espero que me salga con esa confesión, no porque me creyera la única persona que sabía de la falsa muerte de Rebecca Hasselbach, sino porque no hubiera imaginado ni en un millón de años, que se estaría repitiendo la misma historia que hace lo que se siente como milenios atrás.

¿Que estás haciendo qué?— la pregunta brota de mis labios mucho antes de que pueda procesarlo siquiera, despegándome de la pared con una sonrisa tensa e incrédula en los labios. —Espera un momento, ¿me estás diciendo que todo este tiempo que nos hemos estado viendo, has estado visitando también a Nicholas en su casa?— ahora sí se me escapa la carcajada, me coloco con unos pasos frente a ella para que su atención pueda estar dirigida hacia mi rostro y no al tallo que la veo estrujar entre sus dedos —¿Siquiera puedes empezar a explicar cómo ha sucedido eso? Creía que… ¡Estaba claro que os odiabais!— o no tan claro, al parecer… Ya decía yo que esas miradas que se dirigían desde el otro lado de la mesa el día de la cena en la isla guardaban cierta tensión en el ambiente. —¡Oh, pero yo lo sabía! ¡Siempre lo he sabido! Malditos… ¡Nick! Mi hermana preocupada por su estado, y todo este tiempo…— vuelve a sonar de mi garganta una risa de incredulidad, palmeándome el muslo al dejar caer mis brazos cuando me doy la vuelta para hacerle frente a esta nueva información, pero lo único que sale de mí es la respuesta de que en alguna parte de mí, siempre lo supe.
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