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Under the snow — Stephanie IRh8ZNT
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Mensaje por Charles B. Sawyer el Lun Ene 04, 2021 4:15 pm

18 de febrero




Ha pasado casi un año.

Ser el idiota de turno que se ha movido por todo el país buscando un fantasma me ha pasado factura. Sé que he perdido peso, que mi barba ha crecido, que mi aspecto debe hacerme lucir como el hombre que era antes de abandonar el norte para vivir entre los ricos y acomodados de una nación que me importa una mierda. Me han golpeado, me he muerto de hambre y tuve que retener el impulso de mandar a la mierda al mismo presidente que me envía dinero y órdenes cada vez que se le canta el culo, como si yo fuera un androide y no un ser humano con capacidad propia para tomar decisiones. Me han robado los meses en los cuales mi hijo debe estar creciendo, gateando, empezando a caminar o murmurando sus primeras palabras. Detesto los instantes robados, los recuerdos que jamás van a ser míos porque he tenido la mala suerte de que un niñato ridículo explote una profecía a mis pies. Una profecía que carece de sentido, porque Stephanie Black no tiene poder en esta guerra y jamás se la ha mencionado directamente, este es solo Magnar siendo un paranoico y queriendo matar a toda mujer que pueda llegar a ser la figura femenina que decía esa pelotita llena de humo. Darle importancia a una profecía es peligroso, porque le da poder, pero me he cansado de explicarlo.

La nieve se ha colado en cualquier rincón de toda esta porquería de distrito que alguna vez llamé hogar. Las indicaciones y pistas que he recolectado por meses me han movido en dirección a las afueras, allí de donde provienen rumores de una bruja solitaria que vuelve locos a los hombres que se acercan demasiado. Muchos dicen que es una veela, pero no he conocido a un solo sujeto que pueda explicarme lo que ha pasado cuando se alejaron de la ciudad para buscar alimentos salvajes o refugios lejos de los dementores, como si la memoria se les hubiera evaporado. Irónicamente, yo conozco una persona que sabe jugar con la mente y esos detalles no me asustan, aunque no me queda otra opción que ver por mi propia cuenta de qué hablan los lunáticos de este lugar.

Tengo que decirlo, me estoy congelando hasta el culo. Las capas de abrigo no ayudan mientras te mueves por un campo eterno, tan lejos de las casas que ya ni me acuerdo cuándo fue la última vez que vi una. En la vieja época de los juegos mágicos, el distrito once era tan grande que las cosechas tenían que ser controladas por sectores antes de enviar a sus tributos, de modo que mi camino puede resumirse como un viaje eterno y desagradable, en el cual no me puedo desaparecer porque no sé exactamente hacia dónde estoy yendo. Tengo una bufanda cubriendo la mitad de mi rostro y la mochila ya empieza a resultarme pesada, incluso cuando queda muy poco en su interior.

Han pasado días desde que me he convencido de que esto es imposible cuando diviso una pequeña arboleda a unos cuantos metros delante de mí. Muy pocos troncos tienen hojas y la helada le da un aspecto algo siniestro, pero mi cuerpo se impulsa hacia delante con la esperanza de llegar allí con rapidez. El sol comienza a bajar, recortando su silueta delante de mí en lo que dejo salir el vapor de mi boca, caminando cada vez más torpe hasta llegar a los primeros arbustos. Bajo la bufanda un poco para no tener nada que me fastidie, mis zapatos quiebran algunas ramas y hojas y, cuando levanto la mirada, puedo notar una lechuza escapando de mi escándalo a todo vuelo. No, no es un lugar sereno, pero prefiero esto a la mierda controlada de la zona urbana.

Me adentro cada vez más entre los árboles hasta que un sonido hueco me deja estático en mi lugar. Me detengo en seco y hago presión con mi zapato, oyendo un crujido diferente debajo del montón de hojas que tengo a los pies. Noto la presión del corazón en mi garganta cuando saco la varita y apunto al suelo — Ventus — susurro. La ráfaga de viento que sacude cada porquería del suelo me deja a la vista una puerta trampa oscura, cuya madera parece llevar muchos años a la intemperie. Podría explotarla para entrar, pero soy un poco más sensato y uso la fuerza de mi brazo para abrirla. El chirrido me hace saber que debe estar un poco oxidada. La luz de una vela parece provenir desde abajo y, sin más, salto.

No caigo mucho puesto que no es un sitio muy profundo, pero mis pies levantan tierra por culpa de la pesadez de mi cuerpo. Antes de revisar el sitio que me rodea, levanto la varita delante de mí en señal de advertencia — Hola — saludo con total descaro — Me contaron muchos cuentos de esta zona, así que espero no verme decepcionado.
Charles B. Sawyer
Charles B. SawyerInefable

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