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Sink into the darkest sea — Priv.

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Mensaje por Kendrick O. Black el Mar Dic 29, 2020 12:03 am

Sospecho que han pasado cuatro o cinco días.

Las oportunidades en las cuales me han sacado de mi celda han sido pocas, pero se sienten como una especie de soplo de aire fresco. Cuando estoy encerrado, lo único que tengo dentro de mi cabeza es un sinfín de pensamientos amargos que me dejan tendido en el suelo, repitiendo una y otra vez los momentos que los dementores me obligan a revivir al consumir cada rastro de esperanza que pueda quedar en mí. Es un sitio blanco, sin ventanas. Hay un orinal en el rincón y una cama de hierro. Dos cámaras que me controlan las veinticuatro horas y, tengo que decirlo, no sé por cuánto tiempo más planean tenerme en este lugar. Ya me han dicho que no voy a sobrevivir y tampoco es algo que me sorprenda, lo que me molesta es no saber cuándo va a suceder. Esta mañana, por ejemplo, he recibido la visita de Hans Powell. Por extraño que parezca, no hablamos y hasta me resultó un poco frustrante que no me dijera nada de una ejecución. Solo se sentó ahí, delante de mí mientras me hurgaba el cerebro y, pulcro como es él, salió de la habitación sin dirigirme una segunda mirada. Es curioso, creo que nadie me ha mirado a los ojos en lo que parece una eternidad.

Tengo la frente apoyada contra el suelo helado cuando la puerta se abre y la figura del dementor es la que me indica que debo salir de la celda. Tengo la cabeza adormecida y repleta de gritos, pero me las arreglo para ponerme de pie, dejar que me coloquen las esposas y me dejo guiar. Lo bueno de estar en los pisos de las celdas de alta seguridad, es que no tengo que soportar gritos de otros prisioneros ya que no pueden verme; cuando me hacen subir por algunos estudios y ellos pueden asomarse entre los barrotes, siempre consigo algún insulto o burla. No me sorprende, pero prefiero que no lo hagan. Hoy no, solo camino junto a un dementor cuya respiración me aturde y, cuando nos metemos en el ascensor, me sorprende que éste baje aún más. No es un viaje muy largo, pero me muero de frío en cuanto las puertas metálicas se abren y me enseñan un largo pasillo blanco. Las luces hacen que mis ojos duelan, pero no tengo fuerzas para quejarme. Avanzamos, claro está, hasta el fondo del pasillo y damos una vuelta. Un auror se encuentra de pie frente a una puerta blindada y, al vernos aparecer, se apresura a ingresar un código; algo en los nervios de sus dedos me deja en claro que el dementor lo pone incómodo, cosa por la cual no puedo culparlo. Cuando me empujan dentro de esta nueva habitación, los pensamientos se vuelven más claros y sospecho que la criatura ya no tiene poder sobre mí. Debe ser un hechizo o se habrá alejado, vaya a saber.

Me froto las muñecas, allí de donde me sacaron las esposas y aprovecho a echarle un vistazo al lugar. Aquí no hay cama ni urinal, solo es una habitación blanca cuyas paredes me parecen demasiado gruesas. Ni siquiera hay cámaras, lo que me da una terrible mala espina. Aún así, lo que más me llama la atención es el espejo que cubre una de las paredes de punta a punta. Me acerco con paso cauteloso, viendo mi reflejo por primera vez en muchos días; no hay manera de que haya adelgazado tan pronto, pero las prendas blancas de la prisión me quedan holgadas. Sí me veo ojeroso, más pálido de lo normal y el cabello delata que me encuentro necesitado de una ducha. Me inclino hacia delante hasta que la punta de mi nariz casi toca la de mi reflejo y golpeo el cristal con uno de mis índices. Una luz se enciende del otro lado y me hace dar un salto hacia atrás; lo que veo es una habitación, aparentemente más equipada que esta, aunque no hay aurores o políticos del otro lado controlando la situación. Solo veo un rostro…

¡Ava! — exclamo con desesperación, poniendo mis manos contra el vidrio en un intento de llegar a ella, incluso cuando sé que no puedo hacerlo. Está sola, no hay rastro de Ben o algún otro testigo y la puerta detrás de ella se encuentra cerrada, así que dudo mucho que pueda salir y venir a buscarme — ¿Por qué…? ¿Qué estás haciendo aquí? — la respuesta llega por sí sola cuando el sonido a mi espalda indica que la puerta se abre y ni siquiera tengo que voltearme para saber de quién se trata. El reflejo delata la silueta de Magnar Aminoff, a quien no le he visto ni un solo pelo en este tiempo y sé, de inmediato, que ha decidido que es momento de dejar de evitarnos.
Kendrick O. Black
Kendrick O. BlackFugitivo

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Mensaje por Ava E. Ballard el Mar Ene 05, 2021 12:46 am

Los minutos, las horas y los días parecen difuminarse entre sí desde que me enteré de lo sucedido. Hay un solo pensamiento que se repite incesantemente dentro de mi cabeza y ni siquiera dormirme sirve para acallar esa voz.

«Es mi culpa»

No hace mucho Cale trató de disuadirme de ese hecho, pero ni mi hermano, ni Ben, ni nadie serían capaces de quitarme esa certeza que cargo en mi pecho. Es mi culpa y no hay nada que pueda hacer para cambiar eso.

Prácticamente no duermo y si lo hago en verdad no lo noto. No cuando tras mis párpados lo único que puedo imaginar es el cuerpo de Syv y el saber que he condenado a una de las personas a las que más amo en el mundo. No soy consciente del tiempo que transcurre, y aún así jamás apago la televisión a la espera de escuchar una fecha que no quiero que llegue jamás.

No escucho la fecha, pero no puedo evadir la citación que llega ante la puerta de la casa en forma de un auror que me hace de escolta. En un inicio no entiendo lo que sucede, pero cuando aparecemos dentro de la base de seguridad... A decir verdad no entiendo lo que pasa en los minutos que me toma llegar hasta una celda, pero en el momento en que reconozco el pasillo no puedo evitar gritar y dejar que mis piernas cedan bajo mi propio peso. El auror tiene que arrastrarme en algún momento, o tal vez me hace levitar; lo único que sé es que el último lugar en el que quiero estar es precisamente este.

Doy vueltas dentro de la habitación una vez que la puerta se cierra detrás mío, pero la iluminación es tenue y lo único que puedo ver en verdad es el reflejo de un vidrio en un costado de la pared. Mi celda no tenía ventanas ¿es acaso una pequeña concesión?

No. Es tortura. Lo entiendo cuando me acerco al cristal y descubro que se trata de una ventana que lleva a un cuarto tan blanco y prístino que me hace temblar. La puerta se abre, las luces se encienden y uno de mis peores temores se encuentra dándome la cara y llamándome por mi nombre. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas y siento que mi garganta se rompe cuando mi grito de "¡NO!" nace desde lo profundo de mi pecho. La figura de Magnar Aminoff jamás me había dado tanto miedo como en ese mismo instante.
Ava E. Ballard
Ava E. BallardCiudadano

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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Mar Ene 05, 2021 1:33 am

La puerta que se abre delante de mí deja a la vista la habitación blanca justo a tiempo para escuchar el grito de Ava Ballard colándose entre mis orejas. Cierro los ojos un instante, tomo aire y doy el paso que me deja plantado en el medio de este cuarto, con la puerta cerrándose detrás de mí y dejándome frente a la persona que me ha producido un sinfín de dolores de cabeza en los últimos años. Me he preguntado en más de una ocasión por qué he tardado tanto en venir, me he respondido que era porque necesitaba comprender ciertos puntos de nuestra historia para saber cómo es que llegamos aquí sin prácticamente conocernos. He leído los informes de sus exámenes, de cada análisis que le hicieron a su cuerpo y a su cabeza, para terminar comprendiendo algo tan simple como que no tendría motivos para fijarme en él si no fuera porque abrió la boca. Lo malo de los rebeldes es que no saben sellar sus labios, caen en un espiral de discursos e ideales hipócritas y luego, cuando el camino se achica y todo se desmorona, no pueden hacer otra cosa que morir. Quizá yo tengo un sinfín de pecados que confesar, tal vez he masacrado a mi propia familia con tal de llegar a donde estoy, pero tengo bien en claro que mis manos se han manchado de sangre y jamás he perdido de vista mi objetivo. Personas como Kendrick Black, que claman inocencia y heroísmo mientras asesinan civiles a su paso, cargan con tantos pecados como yo. NeoPanem es grande, pero no tanto como para tener una lista tan grande de pecadores en él. Prefiero elegir esos nombres.

Hoy voy a contarles un cuento — comienzo con toda la calma que soy capaz de destilar — Uno en el cual un hombre se creyó Dios y encerró a todas las otras deidades en jaulas durante siglos para ser el único venerado por los pobres mortales. Claro está, también buscaba respeto y todos los años, cada vez que cambiaba el sol, les exigía un sacrificio. Tomaba a sus niños y los arrojaba a las fauces de un dragón hambriento, prometiendo que de esa manera el resto de sus fieles podría vivir en paz, protegidos, sin una pizca de maldad tocando sus puertas — con mucho cuidado, me paseo por el centro de la habitación en lo que me voy arremangando la camisa con suma pulcritud —  Pero un día, un pequeño dios se deslizó entre el pestillo de su celda y se enfrentó al Dios Mayor. Ya viejo y gordo a causa de su avaricia, fue expulsado mientras que el resto de las deidades fueron liberadas, elevándose fuera del alcance de los humanos, tan simples y aburridos como para comprender lo que era poseer ese poder, esa magia, esa inmortalidad. Hasta que un día, se escuchó una vocecita que provenía de la Tierra. Esta vocecita le gritaba a los dioses que se mezclen entre los humanos que tanto los habían torturado, lanzaba cuerdas invisibles para que ese olimpo sea arrastrado a la miseria de los mortales. Los dioses, pobres ellos, trataron de luchar contra la corriente, pero los humanos querían más y más. Sus manos los tocaban y sus pieles se carcomían hasta pudrirse en polvo. Y la vocecita se quedó sola, viendo todo el desastre que había causado porque no supo cómo callarse la bendita boca.

El sonido de mi varita al salir de mi cinto corta el aire con una extraña delicadeza en lo que giro el rostro en dirección a las dos caras que tengo disponibles. La de Ballard refleja la desesperación que estaba esperando, pero Black aún parece ido, como si no entendiera qué hace en un lugar como este — ¿Cuántos niños murieron durante todos esos años? ¿Cuántos fueron sacrificados por culpa de la ignorancia en la cual basaron el sistema que hoy utilizan para clamar justicia? — la manera de resoplar delata cierto cansancio — Me señalan como el monstruo, pero yo estoy aquí para poner el orden que ustedes buscan quitarnos. No soy un villano, no, solo tenemos visiones muy diferentes de este mundo en el cual respiramos mutuamente por mera casualidad. Lo que importa aquí es que hay solo un asiento para gobernar NeoPanem y me pertenece. No está hecho para piernas tan cortas, esas deben aprender a inclinarse.

Levanto la varita y ni siquiera tengo que pronunciar el Imperio para que la rodilla de Kendrick Black se hinque en el suelo en lo que su espalda se inclina hacia delante, ocultando su rostro de mi vista. Me sonrío por un momento, porque estoy más ocupado en avanzar algunos pasos hasta quedar frente al vidrio que me separa de Ava Ballard, de pie junto a un muchacho que no puede levantarse — ¿Recuerdas lo que te dije? — le pregunto en un ronroneo — Te prometí que escucharías cómo destruyo a los que quieres de la misma manera que lo hice contigo, pero si consideramos la situación preferí añadir también un poco de espectáculo visual. Ya sabes, para que puedas repetirlo una y otra vez aquí sin censurar nada — me golpeo la sien con un dedo, hasta que chasqueo la lengua para girarme en dirección al muchacho. Una sacudida nueva y su cuerpo se pone de pie como el de una marioneta, avanzando con paso torpe y chueco hasta el centro de la habitación, allí donde una soga aparece y se cuelga de su garganta. Ladeo un poco la cabeza, chasqueo la lengua en señal de desaprobación y vuelvo a agitar la varita, esta vez para ajustar mejor la cuerda en su pálido cuello. La manera que tiene de agitarse en lo que la misma comienza a tomar altura me deja bien en claro que el aire empieza a faltar — ¿Quieres contarle por qué está aquí o vas a dejar que se ahogue? — le pregunto a Ava por encima de mi hombro — Sabes que soltarlo me cuesta nada, pero me parece que los dos nos merecemos algo a cambio.
Magnar A. Aminoff
Magnar A. AminoffPresidente

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Mensaje por Ava E. Ballard el Lun Ene 11, 2021 8:50 pm

Mis manos tiemblan y mis rodillas se encuentran a nada de ceder sobre mi propio peso, aún así, mis ojos no dejan de recorrerlo a medida que se mueve por la habitación continua. Me encuentro helada, paralizada por el miedo y comprendo en ese instante que Magnar no necesita de ningún dementor para hacer que una habitación baje de temperatura. No hay voces en mi cabeza, imágenes en mi cerebro que se reproduzcan torturándome. No cuando uno de mis miedos, uno de los peores se encuentra al otro lado de un vidrio. Tan cerca...

Aún así, la voz del presidente me llega tan clara y concisa que bien podría estar hablándome al oído. Al menos se siente como si lo estuviera haciendo, con esa presencia viperina mientras se pone a relatar un cuento, como si le estuviera hablando a un hijo al que va a arropar antes de que se vaya a dormir. Lo peor es que le cuenta una historia tan conocida como retorcida, no solo por la historia en sí, sino porque a quién se la cuenta.

Si no fuera porque la desesperación palpitaba contra mi garganta sin dejarme hablar, tal vez me hubiera reído de la impresión que Aminoff tenía sobre sí mismo. Esa que niega ser un monstruo, que niega su papel como villano en una historia en la que, incluso a sus estándares debería serlo. Nadie, ningún ser humano que hubiera conocido antes era capaz de cometer las atrocidades que a él le salían tan fácil como respirar. Nadie disfrutaba del sufrimiento ajeno con tanta satisfacción como él lo hacia.

La risa obviamente no sale, en su lugar dejo escapar un gemido ahogado, tan lastimero que me daría pena a mi misma si no fuera por notar como su varita se encarga de quitarle la voluntad a Ken. — ¡NO! — sus palabras se habían sentido como una puñalada tras otra contra mi pecho, pero al ver la soga que rodea el cuello de Kendrick mi desesperación me rompe y comienzo a aporrear el vidrio como si de esa forma pudiera pasar al otro lado para romper esa soga con mis propias manos. — ¡BASTARDO! Eres un malnacido hijo de puta. ¡SUÉLTALO! — más golpes contra el cristal, mismo resultado. Nada sucede más que el agudo dolor que comienzo a sentir en el costado de mi palma. — ¿Los dos? ¿Qué mierda quieres? ¿Qué le diga que está aquí por mi culpa? ¿Qué vendí a las personas a las que quería? — Sé que estoy llorando, y aunque creo que grito mi voz sale temblorosa, sabiendo que mis palabras no son otra cosa que la verdad. — ¿Acaso cambiará en algo? No lo soltarás porque eres un retorcido y eso sería demasiado sencillo. ¿Quieres que te suplique cambiar de lugar con él? ¿Qué me ponga de rodillas? ¿¡QUÉ MIERDA ES LO QUE QUIERES OBTENER!? — algo me dice, que le estoy dando exactamente lo que desea, o lo más cercano a ello.
Ava E. Ballard
Ava E. BallardCiudadano

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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Lun Ene 11, 2021 9:30 pm

No es como que Ava Ballard sea una persona muy importante en todo este juego que se ha levantado en los últimos años, pero tengo que decir que hay algo muy satisfactorio en hacerle comer su propia mierda. ¿Necesidad de superación, tal vez? ¿O acaso necesito desquitarme con alguien que ha pasado a ser de mi propiedad con tanta facilidad? No lo sé, tal vez debería hablarlo en terapia, pero es que se siente jodidamente bien el escuchar su desesperación en lo que mis ojos se entornan para chequear qué tan fuerte se sujeta la soga. La manera que tiene el cuerpo en el aire de moverse como una marioneta me dice que el muchacho morirá si no lo suelto rápido, pero yo tengo paciencia cuando lo deseo — ¿Obtener? — le pregunto — No planeo obtener nada, solo dejar las cosas en claro. ¿Qué tienes para opinar, Kendrick? — levanto un poco la voz, tal y como si estuviera tratando de llamar la atención de alguien en medio de una multitud — ¿Qué te parece que tu querida Ava me haya dado una lista de nombres solo para que no le corte el rabo a su perro favorito? Yo creo que es fascinante, ya saben. Es como que las prioridades quedan expuestas cuando aprietas un poco la cuerda, así que ya sabes a quien culpar cuando pienses en quién ocasionó todo esto. En quién te trajo aquí, en quién mató a Synnove Lackberg… Y después dicen que yo soy el cruel.

Creo que el chico se me está poniendo morado, así que lo suelto con un bufido de resignación. El cuerpo cae con la fuerza de un costal de papas y lo oigo toser, frotándose la zona roja donde antes estaba una cuerda que ahora ha desaparecido en el aire. Se retuerce como un renacuajo fuera del agua buscando aire, lo que me hace despegarme del espejo en lo que me acerco a él y coloco un pie sobre su espalda para que no se levante — Aunque ahora me das curiosidad. ¿Cambiarías de lugar? — le pregunto a Ava con la calma de quien está tomando el té. Mi pie presiona la espalda del chico contra el suelo, donde lo retengo en lo que clavo la rodilla entre sus omóplatos — Tenemos un historial hermoso, Ava. ¿Lo pasarías de nuevo con tal de que él no pase lo mismo? — tironeo de la muñeca del muchacho para dejarla al alcance de mi rostro y presiono mi varita sobre su piel pálida. El murmullo del hechizo casi pasa desapercibido ante el alarido de dolor que retumba repentinamente entre las paredes blancas. El cuerpo de Black trata de levantarse del suelo, se remueve en reacción al dolor en lo que clavo mi peso con más fuerza para no perder el hilo que voy grabando a fuego vivo en su piel. Para cuando termino, la M de muggle ha quedado hinchada y rosada sobre la blancura de su muñeca, por lo que le soplo encima. El gimoteo es fácil de oír, pero prefiero ignorarlo — ¿Te gusta? Podrían ir todos a juego.
Magnar A. Aminoff
Magnar A. AminoffPresidente

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Mensaje por Ava E. Ballard el Lun Ene 11, 2021 11:06 pm

¿Qué más en claro quería dejar las cosas? Lo único que en verdad parecía querer, era jugar con su comida. Porque no éramos más que eso, una forma de entretenimiento para él. Peones con los cuales podía demostrar toda su superioridad al tenernos en una situación en la que nada podíamos hacer.

Impotencia, rabia, desesperación, culpa...

Eres una basura — porque él sabe perfectamente que no tenía otra opción más que decirle. Ninguna otra opción más que cantar para él todo lo que quería escuchar antes de que me hiciera escupirlo y soltar más información de la que debía. Nombres como el de Lilah, Holly, incluso Jenna o el conocimiento de que había tenido contacto con los del nueve... No había tenido opción, pero también había sido solamente mi culpa por el hecho de estar viva. ¿Si hubiera huido antes, podría haberlo evitado?

No servía pensar en los hubiera, no cuando la realidad se sofocaba y se retorcía delante mío, inmune a mis gritos, a mis súplicas para que se detenga. — ¿Curiosidad? — ¿Es que acaso esto era un experimento? No me doy tiempo a pensar siquiera en sus palabras — Hazlo. Dime que él estará bien, vivo y entero, y ocuparé su lugar sin parpadear — Estoy convencida de lo que digo, pero eso no impide que el corazón se me suba a la garganta mientras todo mi cuerpo parece convulsionarse silenciosamente ante la sola idea de volver a estar dentro de una celda con Magnar Aminoff.

¡PARA YA! POR FAVOR, PARA — Mis propios alaridos no alcanzaban para acallar los de Kendrick y el solo hecho de ver su sangre me daban ganas de vomitar. Era mi culpa, era mi culpa... por mi culpa Kendrick estaba pasando por esto. — Déjame estar en su lugar, ¡DÉJALO! — Aporreo el vidrio una y otra vez, cada vez con más fuerza en lo que ruego porque se detenga.
Ava E. Ballard
Ava E. BallardCiudadano

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Mensaje por Magnar A. Aminoff el Lun Ene 11, 2021 11:35 pm

¿Vivo? — la pregunta sale de mí mismo con la incredulidad de alguien que no ha escuchado bien; incluso me doy un golpecito en la oreja como si estuviera buscando que ella repitiera las palabras que acaba de soltar — ¿De verdad crees que voy a dejarlo vivir después de todo lo que ha hecho, de todo lo que representa? Creí que ese pequeño detalle estaba bien en claro — me tomo la molestia de echarle un vistazo a sus ojos, esos que se esconden detrás de un vidrio donde no puede hacer otra cosa que gritar como el animal atrapado que es — Pase lo que pase, aunque me beses la suela de los zapatos, no hay manera de que este chico termine vivo. No eres tan valiosa como para dejarlo vivir por ti — una cosa es el juego, la miseria, el sufrimiento. Una muy diferente es el resultado final de este baile, la manera en la cual el telón cae. Ava Ballard vivirá su vida sabiendo que lo ha matado y eso es lo único que me importa de esta situación.

Puedo escucharla quejarse a pesar de los gritos del muchacho que tengo debajo de mí. Aún noto cómo se aferra a la muñeca que le brillará por el resto de su corta existencia cuando jalo su cabello, rozando mi nariz contra la parte trasera de una de sus orejas — ¿Qué opinas? — creo que puedo escucharlo tragar, mis ojos se deslizan hacia el vidrio para observar a la rubia desde nuestro lugar — ¿La traigo aquí y te dejo a ti del otro lado? Podríamos ir por turnos… — escucho el sonido de su garganta antes de poder reaccionar. El escupitajo me da de lleno en la nariz, lo que me hace parpadear con el asco que se camufla con la indignación — Qué incivilizado… — ¿No que eran un grupo de salvajes?

Me saco su saliva y moco de la cara con un manotazo, sacudo mi muñeca antes de cerrar el puño que lo devuelve al suelo. Vuelvo a incorporarme todo lo alto que soy, sacudo el cuello de mi camisa, consciente de la presión en mis sienes que van gritando mi falta de paciencia ¡Crucio! no es de mis maldiciones favoritas, quizá porque carece de inventiva, pero hay cierta satisfacción en ver un cuerpo que se retuerce y chirria los dientes en un intento de no gritar — Y luego piensas que voy a dejarlo vivo y entero… Y bien — me mofo de sus palabras, de lo iluso que puede ser alguien cuando se deja llevar por las emociones — ¡Imperio!

No es fácil ver cómo una persona pierde su voluntad, he aprendido que la mayoría prefiere evitar la mirada. En casos como estos, yo me puedo quedar de pie sin hacer nada, solo sintiendo el ardor de mis nudillos a causa del golpe que me los ha manchado de sangre mientras él solito hace el trabajo. También es curioso ver la cantidad de fuerza que tiene una persona cuando no se encuentra en sus cabales: la suficiente como para romperse a sí mismo la muñeca con la mano opuesta y un poco de ayuda del suelo, haciendo que el sonido desagradable retumbe en toda la celda en lo que sus sollozos se oyen como un arrullo. Le cuesta, claro; tarda unos minutos en dejar su propia mano en un ángulo antinatural. Lo dejo atrás, dando los pasos que me permiten ponerme frente a la mujer rubia que solo sirve como un pequeño espectador — Solo para que sepas, esto solo ha sido una probada. Vendré a verlo todos los días y, cada fecha que pase, las cosas van a ir empeorando hasta que no quede nada ahí dentro que siga vivo. Y cada vez que te acuerdes de sus gritos, cuando lo veas morir en la plaza principal, me encantaría que recuerdes que esto ha sido gracias a ti.

Rebusco en mi bolsillo para dar con el comunicador, al cual solo tengo que presionar un botón para que la puerta del lado de Ava Ballard se abra. Los aurores están listos para llevársela, mientras yo me giro para enfrentarme al muchacho que sigue llorando en el suelo — ¡Deberías despedirte! ¿No es emocionante que nos quedemos tú y yo solos? — que aún tiene la piel demasiado blanca, demasiado impoluta.

Y yo me aburro fácil.
Magnar A. Aminoff
Magnar A. AminoffPresidente

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Mensaje por Ava E. Ballard el Mar Ene 12, 2021 12:37 am

Tiene razón, no hay forma alguna en la que deje vivir a Kendrick, pero si pudiera, por un solo segundo ahorrarle una gota de sufrimiento lo haría. — Entonces, deja que cambie de lugar con él hasta que tenga que morir — Es un intento inútil de razonar, uno que ruego que funcione. Que se divierta conmigo hasta que Kendrick... Ni siquiera puedo terminar de pensarlo. Pero yo ya he pasado por su lugar, y odié cada mísero segundo de tiempo compartido con esa alimaña. Es por eso mismo que no se lo deseo a nadie, que no hago otra cosa más que golpear el vidrio y gritarle para que me use a mí y no a él. No soy valiosa, ya luego de esto ni siquiera le serviré probablemente, por eso mismo le suplico ser yo la que se encuentre del otro lado del vidrio.

Claro que Kendrick, el muy idiota, no deja de ser Kendrick, y por mucho que pueda estar orgullosa de cada pequeño gramo de valentía que lleva consigo, este no es el momento para serlo. Nunca lo iba a ser. Pelear, arañar y escupir... Llegaba un punto en el que te quedabas sin saliva, sin uñas y sin fuerzas tratando de pelear contra Aminoff, y él, siempre impoluto, se encargaba de hacerte sufrir el triple por cada pequeña agresión.

Al final no puedo más y como cobarde, como la peor de las cobardes, acabo cubriendo mis oídos cuando utiliza el maleficio torturador. Ni siquiera soy capaz de mantenerme firme ante él, no cuando delante de mis ojos la imagen del hombre en la que Ken se ha convertido se transforma en la del niño al que he visto crecer. No importa qué tan fuerte presione mis palmas contra mi cabeza, el sonido no se apaga, sus gritos no se ahogan y a mi ya no me queda voz para seguir gritando.

Magnar se acerca y me doy cuenta de que mis brazos han caído en algún momento, inútiles en su misión de acallar un sufrimiento que es imposible de borrar. Mis rodillas también han cedido, pero el ventanal es lo suficientemente grande como para que pueda observar como el muy canalla hace que Kendrick mismo, privado de su voluntad, sea quien se flagele a sí mismo. Apenas y giro mi vista hacia él cuando habla, y aunque sé que tiene razón y sé que me arrepentiré de esto toda mi vida, aunque sepa que esto es mi culpa y tendré que cargar con ello por siempre.... También me prometo a mi misma el mantenerme viva hasta que pueda hacerle pagar.

Pataleo y trato de gritar cuando vienen a llevarme, negada a dejar a Ken a solas con ese maniático, negada a abandonarlo sin saber si podré verlo por una próxima vez. Mi determinación se apaga a cada paso que dan para arrastrarme fuera de la celda y solo puedo pensar, una y otra vez que yo soy la culpable.
Ava E. Ballard
Ava E. BallardCiudadano

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Mensaje por Kendrick O. Black el Mar Ene 12, 2021 12:50 am

Hay algo que funciona dentro de mi cabeza atontada que me dice que mis ojos se han mostrado cristalinos en el momento en el cual la idea de que haya sido Ava quien me puso en este lugar, incluso cuando de mi boca no puede salir sonido alguno, presa del nudo que se ha formado en mi garganta. Duele, duele tanto que hasta me siento terrible por echarle una culpa que no se merece, pero que me es inevitable cuando recuerdo que Syv ha muerto y que estoy aquí pagando los platos sucios. No puedo culparla, pero la presión en el pecho es inmensa. Se apaga nomas porque puedo escuchar sus gritos, porque su desesperación es la mía, porque haría lo que sea por cruzar el vidrio y llegar a ella como cuando el mundo entero era mucho más sencillo. Ya no somos esas personas. El vidrio de la realidad se ha roto y los cristales se han desparramado a nuestro alrededor, dispuestos a cortarnos cada centímetro de piel y voluntad.

Todo lo que sucede en los siguientes minutos se entremezcla con la confusión de una mente dominada y un dolor creciente. De gritos que son míos, pero que envuelven el mundo como si vinieran de las paredes. De sollozos que no paran, incluso cuando estoy seguro de que mi cara ya no puede resistir esa cantidad de humedad. De un intento de demostrar que sus palabras me saben a mierda y que, en consecuencia, solo me dan más dolor. Todo parece una pesadilla, pero incluso hay una parte de mí que sabe lo que está pasando, lo que estoy haciendo porque una voz me lo dice en la oreja, porque el estallido de mis huesos me estremece tanto que el mundo se me pone oscuro y quiero vomitar…

Mi cerebro deja de tener niebla y los gritos que vienen de mi voz se vuelven mucho más sonoros. La frente se me cae contra el suelo en lo que me retuerzo, aprieto el brazo contra mi pecho y apenas puedo escuchar el griterío de Ava, a quien supongo que se están llevando si me pongo a juzgar por las palabras de Magnar Aminoff. No quiero estar a solas con él, no quiero que ella se vaya y tampoco puedo pensar en que se quede. Lo único que atino a hacer, como si fuera un niño asustado y desesperado, es gatear en un intento urgente por alejarme del hombre que tiene poder sobre mí, que me ha marcado como un muggle, que me tiene con la cabeza dando vueltas y la voluntad destruida.

La voz de Ava ya no está cuando algo tira de mí hacia atrás y el mundo se vuelve escarlata.
Kendrick O. Black
Kendrick O. BlackFugitivo

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