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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Mar Dic 15, 2020 4:31 pm

Inicios de enero,

Entre las primeras rondas a hacer con una placa nueva sobre la chaqueta de mi uniforme, está la que me lleva al distrito doce a una hora mucho más adecuada que la de mi antecesora para explorar la boca de entrada donde se dijo que el fuego ascendió, consumiendo todo lo que encontró a su paso en los túneles subterráneos, ella incluida. Elegí para que me acompañara a la que ha quedado designada como la nueva comandante de los licántropos, sus sentidos me serán de utilidad cuando al descender, quede fuera la luz del día y en lo oscuro de los corredores tengamos que desplazarnos. Mis pies al impactar contra el suelo al bajar pisan un montón de cenizas frías que el viento al pasar por encima de la entrada de este pozo, solo las mueve dentro de las paredes de concreto que nos rodean y siguen en el fondo. —Hassel— llamo a la muchacha como si fuera un cachorro que debe obedecerme, la he traído para que su capacidad de rastreo sea lo que nos guíe, así que tratarla como mi particular perro de caza es lo más apropiado para mí, dudo que para ella, sigue habiendo cierta susceptibilidad sobre el lugar que le damos como criaturas dentro del departamento de seguridad y un par de batallas nos demostraron la conveniencia de ser un frente unido, pero como en todos lados, es una actitud adecuada a la conveniencia, por dentro cada quien se reserva sus opiniones sobre el resto, tampoco por su desempeño, como por este rasgo de su naturaleza.

Pongo un pie tras del otro para ir adentrándome al túnel, sacudo mi varita para que se encienda el chispazo de luz en la punta, y por un par de metros, la luz del exterior nos acompaña, al avanzar, dependemos de lo que logre filtrarse entre rendijas que se ven en el techo, ventilaciones por las que entra el aire que ayuda a que se pueda respirar y que mi nariz no sufra la hediondez que animales y vagabundos dejan en este lugar, por tomarlo como un refugio temporal. Estuvimos hace poco en túneles similares, parte del empeño de Hasselbach por capturar al mismo hombre que puede preciarse en el presente de ser quien le dio un final. ¿Si lo lamento? No diré que me apene, trato de que me sea indiferente, esa mujer me molestaba con su presencia en vida por la manera que tenía de afectar a mi familia, muerta ya no puede hacerlo. —Solo es exploración, Hassel…— le explico a la muchacha, reconocimiento del territorio en el que se dio por muerta a la anterior ministra de Defensa, primer acto en mi lista de pendientes para poder decir que pisé donde se fueron sus últimos minutos y ver lo que ella vio en estos túneles antes de que sus ojos se cerraran, antes de que su cuerpo fuera calcinado. —Si ves algo que merezca atención me dices, los restos de Hasselbach podrían ser algo que lo merezca… o no— digo con desdén, me bastaría con verlos, no los sacaría de aquí. Entre una tumba bajo varios metros de tierra y estos agujeros en el suelo, creo que está donde se merece. Nada más pensarlo hace que el suelo sobre el que me paro se rompa bajo mi peso, grito para alertar a la licántropo y mi espalda choca contra tierra húmeda por los hilos de agua que corren, de pestilente olor. —¡Hassel!— vuelvo a llamarla. Mis palmas están sucias, no tiene caso que las limpie en el uniforme porque se encuentra en el mismo estado, pero no estoy en un pozo trampa, sino en un corredor distinto, que demuestra una estructura en niveles de estos túneles y no, gracias, no deseo explorarlos más de la cuenta. Me acerco a la puerta con una ventana circular que tengo delante y espío lo que hay, parece un almacén diminuto de vaya a saberse qué cosas, con su puerta trancada.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por Helle E. Hassel el Miér Dic 16, 2020 8:06 pm

Habían nombrado como nueva ministra a una auror. Apenas la conocía personalmente, pero las cosas que había oído entre la gente del escuadrón no me dejaban las mejores sensaciones. Además, ahora que no teníamos a una licántropo en ese puesto el poco respeto que habíamos obtenido volvería a ser pisoteado. Pero lo peor de todo no era eso, lo peor había sido recibir la noticia de la muerte de Becca. Era cierto, que desde que estábamos en el escuadrón igual nos habíamos distanciado, ella tenía otras cosas más importantes a las que prestar atención. Pero aún así, había confiado en mi para postularme como comandante y ahora simplemente se había esfumado entre las llamas. Mi parte de loba era la que más resentida se encontraba, después de todo,  el mayor tiempo que pasé con ella fueron las largas lunas llenas durante mi estancia en el norte.

Tal vez por eso no esperaba, ni estaba preparada para ser convocada por la misma nueva ministra para ir a una misión junto a ella al norte. Pero no simplemente al norte, sino, al lugar donde ella había muerto. Parecía una macabra broma de mal gusto, cosa que me hubiese planteado de no ser por que tendía a no prejuzgar a la gente sin conocerla. Quería creer que había sido simple casualidad. Y tenía la sensación que descubriría si estaba en lo cierto a lo largo de aquella misión.

Al escuchar mi nombre arrugo la nariz por unos segundos, pero al final decido sonreír y bajar hasta acercarme a uno de los laterales de la mujer. - Estoy lista. - Le informo, aunque realmente tengo la sensación de que le da un poco igual como esté. Pero quizás simplemente fuese poco habladora. ¿Podía ser no? Me encojo de hombros ante mi propia duda, en un intento de no darle importancia y comienzo a caminar tras la mujer mientras saco mi característica varita para imitar a la contraria y poder tener así dos focos de luz. La verdad es que aquella misión tenía pinta de que iba a ser algo intensa. Pero no por lo que pudiesen encontrar en los túneles, sino por tener que pasar tanto tiempo en silencio con aquella desconocida.

Además, lo que nos rodea tampoco es que sea lo más alegre del mundo. De hecho me hace sentir escalofríos y recordar alguna vez en la que me vi obligada a esconderme en los mismos,. Pero hace muchos años de eso y yo ya no era la misma chica asustada de antaño. Pero que no fuese la misma chica no quita que pegue un pequeño sobresalto al escuchar de pronto a la otra mujer. Asiento a sus palabras con tranquilidad  mientras me desvío un poco del lado de esta para acercarme a una de las paredes. Quizás deberíamos ir marcando el camino, no me apetecía quedarme encerrada allí.

Me agacho a tomar una piedra del suelo cuando escucho una frase que consigue que apriete los dientes y que por unos segundos, mi parte menos racional apriete de igual modo la piedra, estando apunto de lanzarla contra la mujer sin pensar, simplemente llevada por mi instinto lobuno. Podía ser estúpida, podía ser demasiado buena, pero no toleraba que se metiesen con aquello que me importaba o a lo que le debía respeto. Como Rebecca. Me tomo unos segundos para relajarme mientras respiro hondo para eliminar aquel acto suicida que mis músculos ansiaban por hacer. Claro, que parece que son los propios túneles los que deciden actuar por mi. Dado que mis finos oídos parecen captar un crujido y conforme me voy girando veo desaparecer a la ministra en una humareda de polvo mientras deja escapar un pequeño grito que a mi, logra sacarme una sonrisa. Se lo merecía.

Pero quiera o no es mi superior y ante su llamada me veo en la obligación de forzarme a retirar esa sonrisa de satisfacción de mi rostro y acercarme hasta el borde  para mirarla desde arriba. - ¿Está bien Helmuth? ¿Se ha hecho daño? - Mucho ir de sobrada pero luego no miraba por donde pisaba, estos estirados... Chasqueo la lengua y me dejo caer en el nuevo corredor, descubierto casualmente por nuestra maravillosa nueva ministra. Caigo en una zona libre de agua e ilumino la zona con la varita mientras veo a la mujer caminar hacia una puerta. De tanto llamarme me iba a borrar el nombre. Aunque para decir esas cosas de ella, prefería que solo siguiese diciendo Hassel.

Me acerco por la espalda a la ministra que sigue observando aquella puerta. Podría atacarla ahora y nadie se daría cuenta, así haría compañía a todos los pobres que huyendo del dolor habían acabado por dar con sus huesos aquí. Pero no, ese no era mi estilo y además estaba en una misión, debía ser lo más profesional posible. - ¿Quiere que entremos? - Pregunto casi de sopetón cerca de uno de sus laterales. Un pequeño susto si que no me importaría darle.

Miro la puerta unos segundos y pruebo a empujarla con cierta fuerza, pero la misma no cede más que unos milímetros. Miro de reojo a la ministra esperando una orden o alguna sugerencia. Podrían abrir la puerta con magia o ejerciendo algo más de fuerza. Pero no estaba exactamente segura si era lo que la contraria quería.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Sáb Dic 19, 2020 9:22 pm

Parpadeo por el destello de luz en la punta de la varita de la licántropo, ha sabido caer mejor que yo dentro de este túnel que es más estrecho al superior, me arriesgo a pensar que quizás este sea un laberinto de corredores cada vez más bajos y muy posiblemente, haya un cementerio por debajo, de todas las personas que deambularon y murieron por aquí. No soy una persona especialmente supersticiosa, así que tropezarme con huesos que puedan surgir del fango no es algo que vaya a perturbarme por la posible presencia de entidades que se puedan haber quedado rondando en esta oscuridad. Es el olor lo que más me repugna en este momento, tener que contestar a la licántropo me provoca una arcada porque este logró meterse por mi garganta. —Ningún daño— informo, apenas un dolor vago en el hombro sobre el que apoyé mi peso. Pero antes de ir a que me lo revisen, espero poder darme un largo baño. —Tanta mierda sirvió para amortiguar la caída— mascullo, parece un buen lugar para que fuera el fin de una persona que todo lo que hizo en su vida, fue moverse en esta.

Muerdo mi lengua antes de insultar abiertamente a la que hasta hace poco fue líder de los licántropos, quizás podría descubrir que tan respetada era dejando caer uno que otro comentario, nunca fue una mujer a la que siquiera los suyos pudieran apreciar. —¿Te incomoda de alguna manera estar aquí, Hassel?— pregunto a la chica, —¿crees en fantasmas por las dudas?— mejor descartar esto también. Si tengo que juzgar por una mirada rápida, no parece ser de las que se asustarían por algo así, por algo está comandando un escuadrón. Pero peores decepciones nos hemos llevado en los casi veinte años que tengo como auror, las personas no siempre están a la altura de los puestos que ocupan, hay flaquezas muy marcadas que han impedido que el ministerio sea una institución firme, rasgos incluso insanos de ciertas personalidades y basta con pensar en la madre del actual presidente, se decía que estuvo demente al final de su gobierno. Este no es el lugar, así estrecho como es, en el que me gustaría descubrir qué tipo de flaquezas tiene o si sufre de algún rasgo insano. —Ya que estamos aquí, ¿por qué no echar un vistazo? Pareciera ser que la puerta resistió al incendio… que ni siquiera bajó a este corredor— me corrijo, nada en este pasillo demuestra que hayan pasado las llamas que supuestamente se llevaron la vida de la anterior ministra. —Se cree que en túneles como este se esconden los humanos buscados por el ministerio— la pongo al tanto aunque ya debe saberlo, dejo a la vista mi varita cuando apunto a la puerta, —cuando vivías en el norte, ¿escuchaste alguna vez dónde se amontonaban?— consulto, aunque si los licántropos, antes paria, tuvieran información relevante sobre los antecedentes de Richter ya tendrían que haberlo reportado.

Tiraré un dado azar y si consigo acierto, se abrirá la puerta con un bombarda. Si fallo, puedes intentarlo.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por The Mighty Fall el Sáb Dic 19, 2020 9:22 pm

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Mensaje por Helle E. Hassel el Dom Dic 20, 2020 4:25 pm

Si no se había hecho daño podíamos continuar con aquella misión. Aunque empezaba a pensar que no íbamos a encontrar nada más allá de lo que teníamos ahora ante nosotras. A menos, que quisiésemos encontrar problemas, entonces era posible que los encontremos. Dudaba que estuviésemos sola en estos túneles. Por suerte para nosotras, por ahora al menos, no olía ningún olor preocupante, aparte del nuestro y la peste que inundaba este lugar y se metía por mi nariz sin piedad. Me hacía gracia pensar que a pesar de que mi olfato fuese bastante más fino que el de la ministra, lo estuviese llevando bastante mejor que ella. Supongo que pasar tantos años oliendo eso a diario había terminado por acostumbrarme, a pesar de haber pasado tiempo sin olerlo.

Me giro a observarla al escuchar sus preguntas. Vaya. Habíamos pasado de hablar monosílabamente solo con mi apellido a hacer frases completas y que creía algo innecesarias en este momento.- Bueno, no se ofenda, pero no es mi mayor ilusión pasar una tarde paseándome por estos túneles. - Y menos con usted, termino la frase en mi cabeza. No estaba tan loca como para soltarle eso a la ministra, al menos no por ahora.- Y si. Supongo que si creo. ¿Por que no iban a existir? - No era una respuesta que mostrase miedo, de hecho, no tenía miedo. No después de las cosas que había visto en el norte. De hecho, si de verdad Becca estaba muerta no me importaría encontrarme antes con su fantasma que son sus restos.

Por que parecía que no íbamos a detenernos hasta que encontrásemos algo más del incendio o a algún pobre que se encontrase en el momento y lugar equivocado. - Si, probablemente este túnel estuviese cerrado. Y usted abrió una nueva entrada. - No puedo evitar sonreír al recordar la caída y dirijo mi mirada rápidamente a la puerta.  Pero no era ninguna mentira. Aquellos túneles eran un laberinto. Estaban interconectados y algunos cegados. Quizás este tuviese alguna salida que te llevase muy lejos de allí. Todo era posible, como también lo era escuchar aquello. ¿Esto ahora se había convertido en un interrogatorio? ¿Por quien me tomaba? No era una ministra, pero si una jefa de sección y sentía aquello como una acusación. Si lo hubiese sabido se lo hubiese contado a Becca y esta misma ya se hubiese encargado de comunicar lo que considerase oportuno. - No, la verdad que no. Estaba bastante ocupada intentando sobrevivir a la vida del norte y después intentando hacerla lo más digna posible. - Bufo ligeramente siendo consciente que tal vez me he pasado con esa respuesta.  Esperaba que no  se la tomase a mal. Pero dudaba que aquella mujer entendiese lo que significaba vivir en el norte. Allí no había razas, ni clases, solo el más fuerte ganaba.

Decido tratar de seguir a otra cosa y me acerco a la puerta poniéndome por delante de su varita y observo la misma. Parecía que el propio oxido la había atascado. - Creo que puedo abrirla. - La cuestión es que antes había empujado y creo que tenía que tirar. Quito las piedras del suelo de varias patadas para dejar lo más liso posible el suelo. - Tenga cuidado. - Pido guardando mi varita en su sitio y agarrando con fuerza el metal que tenía la puerta para tirar de esta. Tomo aire y haciendo apoyo con mi pierna en la pared tiro lo más fuerte que puedo mostrando los colmillos. Al principio no cede, pero pronto esta empieza a moverse, al principio poco y finalmente consigo abrirla lo suficiente como para pasar cómodamente. - Uf. - Resoplo un poco recolocándome la chaqueta del uniforme, saco nuevamente la varita, la  enciendo y me echo a un lado para que la ministra pueda pasar primero. - Puerta abierta ministra.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por The Mighty Fall el Dom Dic 20, 2020 4:25 pm

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Dom Dic 27, 2020 12:42 am

¿Por qué la prisa en marcharte?— pregunto, irónicamente soy quien lo hace cuando se podría deducir que de las dos, soy a la que menos debería apetecerle vagar en sitios tan inmundos como este, sin embargo, fue idea venir a remover el polvo donde se supone que la anterior ministra fue asesinada y traerme a uno de sus perros olfateadores para que sea de alguna ayuda. —¿Y qué si pudiéramos encontrar algo por aquí?— insisto. —Te compartiré mi impresión sobre ciertas cosas…— más allá de mis opiniones sobre su condición de licántropo, no deja de ser la líder de uno de los grupo, así que puedo hablar con ella desde mi autoridad como ministra y esperando a que lo comprenda para que podamos trabajar a la par, —hay enemigos del ministerio que entran, salen, aparecen, desaparecen, dentro del ministerio, en la isla ministerial. Pareciera que a veces actuamos de manera indiferente a ese ir y venir, no me sorprendería que nuestra ministra anterior al ser del norte, tuviera cierto respeto a sus viejas colegas, pero yo no… a mí no me molesta venir a pisar el fango del norte para marcar presencia…— murmuro, por corrompido que estén estos distritos y la inmunidad que se entrega desde el ministerio sobre ciertos criminales, pocos, de la simpatía de nuestro principal mandamás. Pero lo que me ocupa como prioridad es atrapar a los terroristas recurrentes, los criminales de segunda son una plaga que atender luego y que no me supongo a mí el peligrar en mi cargo recién estrenado por meterme con los favoritos del presidente.

Tengo uno en casa, cuida de que mi hija no salte por las ventanas para escaparse…— comento en lo que se refiere a fantasmas, aunque no me refería a los que más bien actúan como compañías de las casas viejas, sino a los atormentados que estremecen paredes con sus alaridos en los lugares que se han convertido en cementerio. Este sitio se presta a ser uno, mi piel se eriza al ir avanzando por el corredor como si la temperatura hubiera caído varios grados, ni la respuesta cortante de Hassel logra enfadarme como para encontrar en esas palabras una rabia que sirva para calentar mi sangre. Me detengo, obligándola a ella a detenerse al pararme en medio de su andar. —¿No te quedarán amigos en el norte a los cuales puedas preguntar?— insisto. —Hassel, estoy tratando de hacer mi trabajo con lo que tengo y los recursos con los que contamos, cada uno aporta lo suyo. Está claro que desconozco cómo son las rutas del norte fuera de lo que es el recorrido marcado de los aurores y también que desconozco a las personas de estos distritos. Eres parte de mi departamento, conoces este territorio, es normal que vea qué puedo hacer a partir de lo que también puedas aportar…—  explico.

Nací, crecí y continuó viviendo en el distrito dos, estoy casada con el alcalde de ese distrito, tendría que nacer de nuevo para entender cómo se maneja la gente en esta región, lo que tengo es predisposición a hacer las cosas lo mejor que puedo y no me importa pisar donde nunca mis zapatos anduvieron. Mi madre al enterarse que quería ser auror me dijo que no era trabajo para una mujer, no lo decía por las mujeres en general, sino para la mujer que debía ser yo. ¿Sabría defenderme? ¿Tendría el pulso para atacar? ¿No apartaría la mirada cuando tuviera que disparar? Me prometí que no lo haría, como tampoco retiraré mis pies de este lodo si es lo que me permite acercarme a los criminales con los que estamos tratando de dar desde hace tiempo. —Gracias, Hassel— digo con toda educación, como si acabara de abrirme la puerta de entrada a un elegante salón, cuando al meterme dentro lo primero que hago es enredarme con una telaraña que cruza de un lado al otro. Sacudo mi varita para retirar el polvo que cubre las cajas, unas tablas, mantas sucias hechas una bola en un rincón, nada que merezca atención, ni siquiera una puerta o escalera que conduzca a otro lugar. Solo un estrecho espacio en el que apenas cabemos las dos. Pateo el suelo de madera para comprobar la dureza de las tablas, unas pocas chirrían como si estuvieran a punto de salirse.

Dado para exploración del lugar. En caso de acierto, una de las tablas se sueltan mostrando un pequeño escondite. En caso de fallar ambas, no encontramos nada.
Ingrid C. Helmuth
Ingrid C. HelmuthProfesor del Prince

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Mensaje por The Mighty Fall el Dom Dic 27, 2020 12:42 am

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Mensaje por Helle E. Hassel el Mar Dic 29, 2020 4:16 pm

La miro con sorpresa sin comprender exactamente la pregunta. Había muchas razones por la que prefería estar en otro lugar en vez de allí. Creo que nadie le apetecería estar en esos túneles húmedos, oscuros y llenos de peligros. Al menos a nadie con dos dedos de frente y cierto cariño por si mismo. - No me resulta un lugar muy cómodo de estar y es peligroso. - Las veces que me había visto obligada a resguardarme en aquel sitio sin duda habían sido días que prefería no recordar y precisamente estar allí me traía de vuelta aquellos recuerdos.  Me veo obligada a tomar aire mientras escucho sus palabras. Prefiero ignorar aquello que pueda hacer referencia a Becca y centrarme en el mensaje general que quiera decir.- Lo comprendo y estoy a sus ordenes, haré lo que me pida, no se preocupe.

Me abstengo de decir algún comentario sobre el hecho de que tenga un fantasma cuidando de que su hija no escape de casa. No era experta en ello, pero que tu hija quiera irse de tu casa no era buena señal. O le pasaba algo o tu estabas haciendo algo mal. Y eso por desgracia, era algo que yo misma había experimentado.

Al parecer, mis palabras no le sientan especialmente bien a la ministra y debo admitir que aquella parada me había tomado por sorpresa, por lo que cuando quiero darme cuenta noto como me choco con suavidad contra la misma. Me detengo entonces y me aparto un poco para mantener cierta distancia mientras escucho aquello que tiene que decirme y que hubiese preferido no lo hiciese. No, no tenía amigos en el norte a quien preguntar. Y los que tiene prefiere no ponerles en un aprieto como ese. - No. En el norte existen las alianzas por conveniencia, cuando los beneficios se acaban, las personas se separan. - Era algo que me había enseñado Niko al poco de llegar al norte y que sinceramente no olvidé en todos mis años allí. - Pero entiendo lo que quiere decir.  Y me gustaría ayudarla en todo lo que estuviese en mi mano y todo lo que pueda ofrecer. Pero, créame, que si supiese donde se encuentran los rebeldes, yo misma hubiese ido con mis licántropos a atraparlos. - Alcé la barbilla para que viese que mis palabras iban en serio. Podía tener un pensamiento distinto, podía ser amiga de muchos. Pero ella era mi superior, me gustaba hacer bien mi trabajo y nunca decepcionar a Rebecca, ni si quiera ahora que ya no estaba. Era una cadena de jerarquía y yo siempre obedecía a quien tenía mayor lealtad.

- Para servir Ministra. - Es mi respuesta una vez que observo como la mujer entra por aquella puerta. No es que espere encontrar oro, de hecho, agarro mi varita con fuerza temiendo que fuese a salirnos algo peligroso de alguna de las esquinas. Pero en lugar de eso mi fino oído de loba capta el sonido de una tabla que claramente está suelta y hueca por dentro. - Espere, vuelva a pisar la anterior. - Me giro en redondo y me agacho a los pies de la ministra mientras ilumino estos con mi varita. En esos momentos no me detengo a pensar, únicamente actúo llevada por el instinto.

Presiono uno de los laterales de la tabla lo justo para que se eleve el otro lado lo suficiente como para poder tirar hacia arriba. Con un poco de esfuerzo la levanto y la quito dejándola a un lado. Donde estaba esta, ahora en su lugar, hay un hueco oscuro que parece continuar algunas tablas más. Quito la siguiente, la cual también estaba suelta, y sonrío satisfecha con aquello. - Mire. - Ilumino con mi varita para ver que pequeño tesoro acabamos de encontrar.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por The Mighty Fall el Mar Dic 29, 2020 4:16 pm

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Jue Ene 07, 2021 10:23 pm

Las respuestas que me ofrece son escuetas, aun así las correctas para que podamos avanzar en nuestro recorrido sin que haya algún indicio de disconformidad hacia la otra, cuestión que debo reconocer que me preocupaba porque si bien es sabido y no hace falta decirlo, los sentimientos y las opiniones que pueda haber entre los cuerpos de seguridad están lejos de ser amistosos. El que hayamos tenido una ministra licántropo obligó a lo mismo que ahora debe respetar su escuadrón, el que se agache la cabeza ante quien está un escalafón más arriba o en la cúspide del departamento, así también yo misma debo hacerlo por quien está sobre mí en la jerarquía ministerial. Es más que natural que nuestras opiniones se desencuentren, sean opuestas o incluso haya rechazo, lo importante es que a la hora de hacer nuestro trabajo, que consiste en defender a una sociedad, sepamos actuar como un frente en común. —Si así es como se establecen las relaciones en el norte y conoce esa manera, puedo darme cuenta— más que con cualquiera de las otras respuestas de obediencia que me ofrece, —que sabrá trabajar dentro del ministerio también, en el departamento de Defensa sobre todo que hay divisiones de grupo… entender el concepto de alianzas es fundamental…— digo.

Por ese lado, puedo hacer a un lado todas las preocupaciones que pudiera tener sobre si la comandante de los licántropos me saltará a la yugular, en vez de obedecerme, si grito en medio de una batalla. Hacer esos pensamientos ayuda a que la mente se ocupe de otras cosas, también que las colaboraciones puedan darse, no tengo que recelar de estar con ella en un espacio tan estrecho como el almacén en el que nos encontramos y tras moverme como me pide, retiramos la tabla para revelar en el suelo… nada. El hueco está vacío, salvo… una nota. Es al rozar el papel que mis dedos se encuentran también con una textura suave de la que tiro para descubrir que se trata de pieles de demiguese. Frunzo mi ceño por la sospecha, rápidamente me incorporo para ir hacia las otras cajas que ocupan espacio en el almacén y con un sacudón de mi varita hago que también salten, su contenido golpeando las paredes de cartón, limpias del encanto que nos engaña a los ojos. Con abrir la primera lo confirmo, varios cuernos de erumpent, vaya a saberse de dónde sacan tantos… —Traficantes— murmuro para poner al tanto a Hassel, —vinimos queriendo hacer nuestro trabajo de buscar humanos y nos encontramos con traficantes— cierro la tapa de la caja que examino con una sonrisa tensa, molesta, —y nada de esto se puede tocar, porque nuestro trabajo es buscar el rastro de rebeldes, no meternos en las actividades del norte—. Pese a estar enfadada, trato de buscar la manera de que lo que diré a continuación no suene con afán ofensivo cuando simplemente me limito a pedir su ayuda. —Para que este paseo no sea más que una pérdida de tiempo, ¿podrías… usar tus sentidos para rastrear si hay algo más?— traté de que sonara de la mejor manera posible.

Toma, Helle, te ganaste una nota.

Ahora, ¡tira por rastrear! XD

El resultado del dado determina el camino que tomaremos y lo que encontraremos en él.

Si sacas ACIERTO, encontraremos algo que no representará peligro.
Si sacas FALLO...
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Mensaje por Helle E. Hassel el Vie Ene 08, 2021 4:13 pm

No puedo evitar alzar una ceja y poner una expresión de incredulidad.  ¿Sabré o se? - Bueno, creo que he sabido en los años que llevo aquí. Si no supiese, no creo que me hubiesen puesto como comandante ¿no cree Ministra? - Pero como me enseñaron, obedecer no significa dejar que te pisoteen y mucho menos alguien que te infravalora.

Pero no tengo intención de hacer aquello una batalla campal. De hecho, solo estoy aquí para cumplir la misión y volver con los míos y después a mi casa. Y es por eso que la ayudo tan complaciente a abrir la puerta, a encontrar la madera...bueno, la verdad es que lo hubiese hecho igual de todos modos. No puedo evitarlo. Claro que es un poquito una decepción ver el agujero aparentemente vacío. Digo aparente por que de no haber nada, termina por salir volando una nota y pieles de criaturas mágicas. Como parece que la ministra se olvidó del papel, lo tomo en mis manos viendo aquel extraño símbolo. Una L y una serpiente. ¿Qué significaría?

Bueno, lo que fuese lo  averiguaríamos luego. Guardo la nota en uno de los bolsillos de mi uniforme mientras veo como la Ministra se encamina a las cajas. Y que bonito todo. Traficantes. Habíamos pasado de perseguir fantasmas a perseguir traficantes. Que genial. Aquella misión estaba mejorando y... ¿Qué hace? ¿Por que cierra la caja? ¿ Hola? ¿Ministra? ¿Eoooo?  Pestañeo incrédula entre abriendo la boca sin encontrar las palabras exactas. De hecho es tanta mi frustración que ni si quiera le echo cuentas a que me haya tratado como un perro de caza. Que lo he oído. - ¿De verdad vamos a dejar todo esto aquí? Pero ministra...no podemos... -  ¿Pero de verdad pensaba pasar por alto a unos malnacidos que habían hecho tanto daño a criaturas inocentes?

Bufo sin poder evitarlo. Y por eso los Aurores solían caer tan mal. Por que ya lo dijo Niko hacía bastantes años. No les importa nada más que su propio ombligo y la gente de dinero. Consciente de que no  voy a hacerla cambiar de opinión, me giro sobre mis talones mientras hablo ya sin cuidar las palabras ni el poco respeto que le había mostrado antes. - Si. Ahora hago de tu sabueso particular. - Murmuro mientras me muevo y apunto con mi varita a distintas zonas y salgo de aquel cuartucho siguiendo lo que me parece un posible rastro, obvio no el nuestro. En las paredes parece haber algunos arañazos y en los laterales ¿pisadas quizás?.  Pero por el camino no puedo evitar soltar algo que tal vez podría haberme callado. Pero era yo. Era normal que esas cosas sucediesen. - No le llega ni a los talones. Rebecca era mil veces mejor Ministra y bruja que usted. - Y persona. Casi escupo esas palabras con desprecio, pero en un murmullo. Un murmullo que claramente escucharía. Lo había pensado antes nada más entrar en la cueva con su comentario, pero ahora no podía evitar soltarlo.

Claro, que al soltarlo, continúo siguiendo lo que parece el rastro sin importarme como iba a reaccionar aquella ministra. ¿La había cagado? Posiblemente. Pero había sido bastante más suave que las palabras que pensé la primera vez.

Pasé la tirada de rastreo.  Our mental maze · Helle H. 2690644802  Seguro fue crítico y todo.
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Mensaje por The Mighty Fall el Vie Ene 08, 2021 4:13 pm

El miembro 'Helle E. Hassel' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Miér Ene 13, 2021 11:15 pm

Solo me bastaría señalar el ejemplo de Rebecca Hasselbach para ilustrar que los puestos no siempre son designados por méritos o atributos, sino simple acomodo a criterio de quien gobierna, puesto que para nadie fue secreto cuando se anunció que el escuadrón licántropo sería liderado por ella y luego el departamento de defensa, esto se debía a que había trabajado para Magnar en el norte cuando ambos se ajustaban a la categoría de criminales. Puesto que la actual comandante viene de los mismos lares, podría hasta suponer que su designación también se da por esa vieja afinidad entre delincuentes. Lo pienso, no lo digo. —Según tú, ¿por qué te nombraron como tal?— indago, dándole la oportunidad a que me diga que sí fue por sus habilidades, cosa que dudo. Y el que tenga la cara para decirme que no podemos hacer la vista gorda de las cajas que son parte del depósito de traficantes. —¿Disculpa?— suelto. —Esto no es lo que venimos a buscar, de ninguna manera esto es lo que esperan que llevemos a la base de seguridad, y no es porque yo haya definido así las reglas, sino porque teniendo dentro del ministerio a quienes fueron delincuentes del norte— mi mirada la juzga aunque siga sin hacerlo una acusación directa, a ella, a todos los licántropos, a la anterior ministra y al mismo presidente. —No se puede esperar más que impunidad al crimen— espeto. —Pero al menos ellos no van a la isla ministerial a matar gente, así que continuaré y trataré de hacer el trabajo que nos permita llegar a esos rebeldes, que en eso sí me cansé que se haga la vista gorda…— y cansancio es la palabra, ellos pueden irrumpir en la isla que es el lugar más seguro de Neopanem por lo que siempre han dicho, mientras sus escondites parecen ser inaccesibles para nosotros.

Pierdo -para mi propia vergüenza- las prioridades de hacia quien ir cuando poco basta que salga de sus labios, para que sea ella el nuevo punto rojo delante de mis ojos al que apuntar con mi varita. En un segundo cambio la dirección para que sea uno de los muros quien reciba el impacto de una explosión que hace caer vario escombros. —Rebecca Hasselbach era una oportunista, usurpó el puesto de ministra cuando no tenía ni formación, ni carrera hecha. Era una asesina pagada por Magnar, a la que también pagaba como su prostituta— escupo fuera todo mi desprecio hacia esa mujer, —no combatía como una bruja, sino como un sucio animal que se cebaba con los golpes y la sangre—. Mi vista pasa de ella al tebo* despellejado que está juntando moscas contra uno de los muros, su carne descompuesta a la vista por la falta de piel, otra obra de los traficantes. —Tuvo el final que se merecía— lo digo mirando a la criatura muerta, —que se repugnante vida también se pudra en estos túneles—. No la atacaré porque no deja de ser la comandante de una de las divisiones de mi departamento, y eso mismo me da la certeza de que ella tampoco lo hará cuando le doy la espalda, sigo siendo su ministra. Pero no deja de ser una prueba, avanzo por el túnel buscando una salida mostrándole mi espalda. —Terminamos aquí, Hassel.

ACIERTO: el tebo está muerto. Si te salía FALLO, tocaba enfrentarlo.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Vie Ene 15, 2021 11:11 pm

Alzo ambas cejas por aquella pregunta. ¿No tendría trampa? - Supongo que por el trabajo que he desempeñado estos años en el escuadrón y las cualidades o habilidades que vieron en mi. - Me encojo de hombros. Después de todo, la primera sorprendida de tomar aquel puesto fui yo misma. - Pregúntale al presidente.- Por que a Rebecca por desgracia no le podría preguntar...

Y bueno, preferiría no haber escuchado aquella vaga y desagradable excusa que me da. De hecho hasta consigue que una pequeña risa por lo bajo escape de mis labios. Me estaba acusando a mi de criminal. Vale que alguna cosa no tan legal hice, pero fue para poder sobrevivir, era eso o morir. - ¿Yo soy una criminal?- La observo.- Deberías saber que en el norte he visto en innumerable veces a aurores golpear o denigrar a niños por el simple hecho de haber nacido allí o de ser pobres. Estas injusticias no las causamos los que venimos del norte. Son causadas por gente como tu. - No hay acusación en mi voz. Solo la realidad que intento plasmar en ellas. - Yo nunca permitiría que se saliese con la suya quien ha matado a tantos animales inocentes, no por que es lo que se espere, sino por que es lo correcto y se supone que debemos defender al débil y atrapar a "los malos". - La observó unos segundos más. - Tu eres la que estás mirando a otro lado.

Tras eso me había girado. Tras eso, tras la rabia, sus palabras, mis palabras, los recuerdos, tras todas esas cosas, había soltado aquella frase prácticamente sin pensarla, sin llegar a calcular cuanto podría afectar a la contraria.  En mi defensa diré que nunca pensé que aquella mujer tuviese tanto odio dentro. Y tampoco esperé que al girarme estuviese apuntándome con su varita. ¿en serio?- ¿Vas a atacarme? - Abrí mis brazos como invitándola a que lo hiciese, pero en su lugar lanzó un hechizo contra una de las paredes. Algo que era  pésima idea en un lugar que estaba bajo tierra. Pero no tenía tiempo de pensar en ello, pues sus palabras comenzaron a golpearme una tras otra como si de una consecución de bofetadas se tratasen.

¿Cómo se atrevía a hablar así de Becca? ¿Cómo se atreve a decir esas cosas de Becca? Noto mi cuerpo temblar de rabia, noto mi instinto de lobo hacerme mostrar mis colmillos. Me guardo la varita y miro con rabia la espalda de aquella mujer. Si Becca era un animal, entonces yo también lo era y se lo demostraría. Había traspasado una línea que no debería conmigo. Nadie puede decir esas cosas de Becca y marcharse tan tranquila. Me daba igual las consecuencias que me trajese- No hemos acabado Ingrid- Prácticamente lo grito, usando por primera vez su nombre y acompañado de un gruñido, mientras comienzo a caminar hacia ella con los ojos clavados en su nuca.

Mi intención era atacarla si, golpearla, me daba igual que fuese la ministra, me daba igual que fuese mi superior, por que aquello que había dicho era imperdonable, no de Becca. Pero en ese instante veo como una grieta causada por la explosión de antes ha seguido ampliándose hasta llegar al techo causando así un derrumbe que va a caer justo sobre la Ministra. Podría haberla dejado morir aplastada, podría haberme reído de ella mientras pasaba, podría incluso haber aprovechado para atacarla. Pero yo no era así. No me gustaba ver a la gente en peligro, no me gustaba ver a la gente mal. Me gustaba ayudar y echar una mano. Y aunque ahora mismo la odiase con toda mi alma, fue ver aquellas piedras comenzar a agrietarse y mis pies comenzaron a correr veloces hacia ella. Fue ver aquellas piedras comenzar a caer y mi cuerpo lanzarse sobre el torso de la ministra para empujarla y quitarla de donde caerían las piedras.

Las piedras cayeron finalmente y el polvo de las mismas llenó todo el túnel  y yo caí al suelo sobre la ministra. A ella la había apartado del trayecto, pero yo sentí un dolor bastante profundo en una de mis piernas. Ahogué un gemido en mis labios para no darle la satisfacción y tosí a causa del polvo que aún nos rodeaba. - Rebecca significó mucho para mí. Me ayudó cuando lo necesitaba y en los peores momentos estuvo apoyándome. - Como durante las lunas llenas, aquellas que temí tanto. - No fue perfecta. Pero siempre será una gran bruja, una gran loba y alguien muy importante para mí y mucha más gente. Por ello la defenderé las veces que haga falta, digas lo que digas. - No miré a la ministra en ningún momento. Aún sentía ganas de golpearla, pero el enfado del momento se había calmado un poco y me giré a ver como una de mis piernas había quedado atascada bajo un montón de aquellas piedras. Mierda. Esperaba que no estuviese rota. - ¿Estás bien ministra? - Yo la había salvado sin pensarlo, por que nunca la podría haber dejado morir y lo volvería a hacer. No podía actuar de otra forma. Y se que aún estoy sobre ella, pero soy incapaz de moverme y el simple hecho de tratar de sacar de ahí la pierna me hace ver las estrellas. Al menos la otra pierna parecía que solo había sufrido algún golpe leve.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Ingrid C. Helmuth el Miér Ene 20, 2021 3:12 am

¡Ja!— por infantil que sea, esa es mi respuesta cuando me manda a hablar con el presidente, ya que estamos en estamos hablando de cómo son las cosas, lo que está haciendo es mandarme a hablar con un hombre que se viste de traje luego de que sus zapatos se hayan ensuciado de toda la mierda del norte tras haber pisado sitios peores que este, aquel que da inmunidad a los criminales que ella me acusa de hacer la vista gorda como si no fuera orden del mismo. —Hassel, creía que entendías cómo funcionaba el departamento de defensa y en sí, todo el ministerio, como para que al decirme que te guías por las categorías de débiles y malos, tenga que desearte suerte en tu trabajo, porque solo demuestra que serás alguien cuya voluntad tendrán muy fácil para manipular— le espeto, con una brusca franqueza que si fuera otra persona, si me inspirara algo distinto, buscaría decírselo de una manera distinta para ponerla en sobreaviso que las etiquetas de buenos y malos, la llevará a cometer muchos errores de juicio.

Ni yo mido mis palabras, ni ellas las suyas, tampoco mi reacción al empuñar mi varita, sin llegar a causarle daño ya que no es eso lo que quiero, solo asustarla, obligarla a tenerme el respeto que merezco y que abandone esa absurda comparación grosera con una mujer que se merece el olvido de todos los que alguna vez tuvimos la mala fortuna de estar a sus órdenes. Percibo como mi nuca se estremece ante la pronunciación de mi nombre por sus labios y me giro hacia ella para enfrentarla, recordarle también cuál es el trato que merezco por el cargo que ocupo, cuando recibo el impacto de su cuerpo al mismo tiempo que escombros se desprenden del techo aplastar el suelo que hace unos segundos pisaba. Estoy recuperándome de la impresión, con una ligera punzada desde mi espalda baja, cuando trato de incorporarme sobre mis codos y buscar entre la breve nube de polvo que nos envuelve dónde está Hassel, culparé a ese mismo polvo del repentino enrojecimiento de mis ojos al escucharla hablar.

Nada de lo que dice sobre esa mujer mengua mi rencor hacia ella, más bien lo acrecienta. Porque se me pudo haber dado este cargo, pero en compensación a su ausencia y siendo tanto Hassel como Richards, agentes que si tuvieran la edad ya lo estarían ocupando. Nadie hablará de mí de la manera en que Hassel lo hace, porque haber querido hacer lo correcto nunca es algo de mérito, cuando todo se trata de quienes están dispuestos a ensuciarse las manos y esos son los héroes a los que idolatrar. Menuda mierda, tener que escuchar también de la boca de una de mis subalternos que nunca estaré a la altura de alguien tan bajo como Anne Ruehl y si tomo eso como referencia para todo los demás… Me pongo de pie sin contestarle a su pregunta, sacudo con mi ropa a fin de quitarle el polvo con manotazos bruscos, y antes de abandonar el maldito túnel, me giro hacia ella una vez más. —No eres distinta a mí— digo, —creemos con la misma intensidad en cosas totalmente opuestas, y por eso mismo, mejor que cada una tome un camino contrario—. Retomo mi andar hacia la salida, se acabó mi predisposición a entenderme con las parias del departamento.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Miér Ene 20, 2021 9:42 pm

La mirada que dirijo a la ministra en ese momento se suaviza por unos segundos. Tenía que darle la razón en un punto a esa mujer. El ministerio no funciona de la forma ideal que me gustaría. Pero no por ello voy a abandonar mis ideales ni mi forma de ser. No seré una amargada sin personalidad propia. Jamás. - Entiendo como funciona, pero... ¿Todos tenemos nuestros puntos débiles no cree ministra? - Los míos estaban claros y estaba segura que sufriría por ellos. Pero ¿y los de ella?

Tras aquello, todo se nos había ido de las manos. Ambas habíamos soltado la rabia que sentimos en aquel momento sin pararnos a pensar que hacíamos, ni que estaba ocurriendo y debo reconocer que no me arrepiento de mis palabras y que probablemente las volvería a decir. Pero ahora debía cargar con las consecuencias de las mismas.

Pero también debo decir que hubiese esperado otra reacción tras mis últimas palabras. No sabía que habían vivido Becca e Ingrid, pero lo que fuese era más grande de lo que podría imaginar. Me gustaría averiguarlo, pero la ministra dudo que me contase nada y es muy tarde para poder preguntarle a Becca. Aún a pesar de todo eso, no hubiese estado mal un, oh gracias! me salvaste! estás bien? No se, algo para la persona que acababa de salvarte de quedar hecha una tortilla. Y estoy apunto de decírselo, de verdad que estoy apunto de soltarte otra cosa tan brusca como la primera, pero es la mirada que veo cuando el polvo se va, es esa mirada la que hace que cierre la boca.

La veo ponerse en pie, sacudirse la ropa y girarse para marcharse. ¿De verdad me iba a dejar aquí? Suspiro y trato de sacar la pierna sin mucha suerte, lo vuelvo a intentar. De hecho, son sus palabras las que hacen que parece para girarme a mirarla. ¿No éramos distintas? Ella no se había molestado en hablar o ver que había debajo de la piel de lobo, no podía saber si éramos iguales. Y aún así... ¿Por que me sentía mal? Por que era tonta. Y allá vamos, Helle nunca aprendes. - Espere.- Trato de desaparecerme sin éxito por unos segundos. - Ingr...Ministra, espere.

Me desaparezco finalmente con éxito para aparecerme delante de la ministra, entre ella y la salida. Nada más mi pierna magullada apoya el suelo pongo una mueca y tenso el cuerpo para mantenerme recta. - Espere por favor. - Suspiro y me tomo unos segundos para ver a aquella mujer. Era cierto que siempre había sido una persona que me enfadaba pronto, pero también era alguien a quien no le gustaba dañar a la gente y menos si esa persona estaba por encima de mi en la escala. Y además. Quería entenderla. ¿Soy un jodido cumulo de confusiones? Si, lo soy, desde siempre. Y ahora tocaba, si, disculparse, yo no tengo problemas en hacerlo. - Lo siento. No debí faltarle así el respeto, no como ministra, sino como persona. - Vuelvo a decir que no conozco de ella más que lo que había oído y el ego que parecía desprender. Pero esa mirada... - Deberíamos dejar a Becca, a los lobos y al presidente fuera de esto. Al menos yo lo haré. - Me sacudo las manos aún llenas de polvo y se la tiendo. - Me gustaría comprenderla y conocerla Ministra y trabajar con usted codo con codo para mejorar todo lo que nos sea posible. Que esa intensidad que dice que tenemos igual sirva para algo. - ¿Estaba siendo sincera con mis palabras? Si. ¿Qué esto me ayudaba en varias formas? también. - Le prometo que estoy hablando en serio, que no soy tan mala persona, ni tengo pulgas. - Una broma al final para romper el ambiente. Aunque no pareciese que fuese a funcionar. Y podría preguntarse ¿ Y la rabia que tenia hacia unos minutos? Simplemente voló. Yo era así y siempre lo había sido y no podía evitar comportarme así. Igual ella podría rechazarme la mano y seguir marchándose, solo que entonces me habría terminado de decepcionar por completo y demostraría que yo tenía razón en mis palabras. Si se detiene sería distinto.
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Mensaje por Ingrid C. Helmuth Hoy a las 12:05 am

Mi mandíbula se tensa al escuchar su pregunta, de mi boca no saldrá que todos tenemos puntos débiles, algunos más que otros, tantos y tan marcados que por encima de estos debemos colocarnos una fachada que muchos creen que lo hacemos para engañar, cuando no es más que algo para protegernos. Tan solo los imbéciles dejan a la vista puntos débiles que podrían significarle un daño que los destruya, y desde que asumí como ministra, nunca como antes, deseo que todas mis debilidades, las cuales son bastante, queden a resguardo por debajo de mi uniforme. Porque desde la cúspide del ministerio hasta el novato que recién está saliendo de la academia, no pretendo que vean de mí más que una placa y lo que pueda compartirles desde lo profesional, esa fue toda la vida, la única faceta sin quiebres que enseñar. El problema es que hubo alguien que irrumpió también en este ámbito, tristemente su nombre aún es residuo que queda de ella en boca de algunos y tengo que escucharlo por parte de Hassel, dando en uno de mis puntos sensibles, que me obliga a apartarme de ella para mantener la compostura.

Me detengo cuando me llama, mi mirada la repasa al interponerse en mi camino, para hacer un recuento del daño que recibió al aventarnos al suelo. Su disculpa es algo que hubiera creído merecer, de no ser porque al intervenir cuando el techo se desmoronó, ese acto basta para que no le exija tal cosa, ya que ahora que lo ha dicho, yo también estoy obligada a mostrarle agradecimiento por el gesto. Por el modo en que mis labios se prensan, que lo haga puede llevar su tiempo. —Hassel— uso su apellido para poner un alto a sus palabras, —que me conozcas como ministra es todo lo que me interesa, que podamos trabajar juntas en el departamento— pese a lo duras que puedan ser mis palabras, contemplo un tono ameno para decirlas, —y te agradezco… que me hayas ayudado— lo hago, finalmente. —Háblame de ti a través de tu trabajo, yo también lo haré desde el mío. Las personas decimos más de nosotras en los hechos, que en los discursos que puedas ver televisados. Tenlo en cuenta— me paro a su lado al reemprender mis pasos, —está claro que a muchas personas hablar, incluso estando del mismo lado, trae más conflictos que entendimientos…— esas somos nosotras. Si le pido hechos, no palabras, es porque no quiero que el tiempo que tengo por delante como ministra, esas palabras vayan acompañadas del nombre de Rebecca Hasselbach y agradezco también, el que se excluya otros nombres. —Y es el tiempo el que dirá, Hassel…— agrego, —que tanto podemos llegar a entender a la otra— entonces sí retomo mi camino hacia la salida.
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