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All unfortunate families look alike · Priv.

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Mensaje por Dione Lancaster el Dom Dic 13, 2020 1:15 am

Febrero,

Está ensuciando sus pies en el norte— ponga a Alexander al tanto por lo que leo en el mensaje y deslizo mi dedo por la pantalla del teléfono para pasar al siguiente, mientras acerco la taza de café amargo a mi boca para darle otro breve sorbo. —La vieron en el mercado negro, vestida como una pordiosera— lo digo con desgano, si esto es la rebeldía adolescente tardía de Alecto, lo prefería en estos distritos del sur, no en los del norte donde sus recientes excursiones la acercan demasiado a terrenos que nunca quisimos que se adentre. —Los bañas, los peinas, todo para que terminen volviendo a su cuna pobre…— murmuro, más para mí que para hacerlo parte de una discusión con Alexander, al cual observo desde la punta de la extensa mesa en la cual compartimos el desayuno, única hora del día en la que coincidimos para ponernos al tanto de las novedades y ajustar planes en las agendas que solo nosotros manejamos, que no salen de esta casa. —Ahora que no está seguido en casa, podríamos aprovechar para llamar a ese chico que vive en ella para tener una charla con él y tal vez algo de dinero podría servir para que nos cuente las razones que tienen a Alecto vagando por ahí. Es abogado, ¿no? ¿Por qué no le ofrecemos ubicarlo en alguno de los bufetes?— sugiero.

Tengo un par de horas más que él que debe irse a la alcaldía, para incorporarme a mi guardia del hospital, así que todavía llevo la bata sobre mi camisón y con las piernas cruzadas, mezo la sandalia que cuelga de mi pie. —Pondré a alguien a seguirla en el norte, que se le presente como un guía, así nos aseguramos que sus pasos estén controlados y de ninguna manera se acerque a los lugares que no queremos que visite…— le informo, tengo un nombre en mente, alguien que ya nos sirvió en el pasado y que sin ser esclavo, responde como uno cuando la necesidad lo apremia. Los humanos escondidos en el norte siempre sufren de necesidad, sus posibilidades de supervivencia son casi nulas al tener al ministerio observándolo todo y a la primera que los atrapen, los arrojan al mercado. Fácil aceptan un trabajo por el que reciben poco y nada, como mucho una fantasmal protección de nuestra parte, mientras haya algo que puedan hacer por nosotros.

Hecho— anuncio de pronto, cuando llega otro mensaje, esa única palabra basta, podemos terminar nuestro desayuno con la tranquilidad de saber que las pieles de demiguise y tebo que debíamos interceptar entre el distrito doce al once, ya se encuentran en la cabaña de este último. Podremos ir esta medianoche a revisar que todo esté en orden y ninguno de nuestros cargueros haya decidido poner en riesgo sus dedos otra vez por querer guardarse algo para hacerse unas monedas aparte. Mi pie deja de balancearse cuando la tercera persona para la que he servido este desayuno se presenta en la casa como oportunamente nos avisa el elfo doméstica, antes de verla arrasar con el pasillo que trae al comedor, con toda esa furia que nos enseñó la última vez que fuimos agasajados con su visita y que provocamos adrede con una orden de la alcaldía de requisar todos los departamentos, puntualmente del piso en el que está el suyo, por una denuncia ficticia que sirvió para sacudir ese lugar en el que se está quedando de arriba abajo, sin sustraerle nada, solo para dejarle en claro el punto de que seguimos siendo sus padres como para que crea que puede mantenernos al margen de su vida. Si se limitara a hacer su trabajo como auror… pero no, se le ocurre ser niña exploradora a esta edad. —Llegas a la hora— estiro mis labios en una sonrisa, —siéntate en tu lugar y acompáñanos. ¿Un poco de tarta?— le ofrezco, esperando que sea el elfo quien se lo sirva.
Dione Lancaster
Dione LancasterSanador Especializado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Dom Dic 13, 2020 2:07 am

¿Por qué ni siquiera me sorprende? El aviso que recibo de David sobre el registro que hicieron aleatoriamente al departamento donde vivimos me huele a mierda pura, llevado a cabo ni más ni menos que por mis padres que se creen con el poder de hacer cosas así solo porque se sientan en sillones de oro. En otras circunstancias, yo misma me hubiera aprovechado de mi posición para hacer algo como eso, en otro tiempo no le hubiera puesto una sola pega a que personas como Dione o Alexander abusen de su autoridad para llevar a cabo este tipo de revueltas, pero en este punto de mi vida en el que estoy, solo hace que enfurecerme por dentro. Me reafirma una vez más lo bien que hice en poner distancia con esta gente, personas que consideré, si bien no pilares fundamentales en mi vida, sí aquellos a quien debía mostrar cierto respeto por ser quiénes me criaron. Y aun así, gestos como este me hacen perder toda consideración hacia ellos, como si ya hubiera pasado de haberme mentido por prácticamente toda mi existencia.

Regreso a la casa donde crecí, de altas paredes y amplios pasillos, luminosos como la luz que entra por los ventanales, de mala gana, muestra que recibe de primera mano el elfo doméstico que abre la puerta para dejarme pasar. Hace tanto que no recorro estos corredores, que se me hace extraño el pensar que alguna vez los crucé siendo niña, como si hubiera rechazado toda esa parte de mi infancia y que, en parte, he tratado de hacer al verlo más como un engaño que como algo real, algo que conservar con cariño. No fuimos extremadamente cariñosos en esta casa, sus propietarios lo saben tan bien como yo, así que el recibimiento al llegar al comedor me resulta conocido, de alguna manera también amargo, tirando para desagradable. Al contrario que Dione yo no fuerzo ninguna sonrisa, sino que dejo que mi mirada pase de ella a Alexander, de él al lugar al que ha señalado, el que tomé por años y que, a pesar de referirse como mío, desde la posición en la que estoy no podría sentirse más ajeno a mi persona.

No tengo hambre, gracias— respondo con toda la educación que me es posible utilizar en este momento, consciente de que suena más venenoso de lo que pretendía, o quizá no, quizá sí tenía intención de que saliera así, mientras tomo asiento en el lugar que me corresponde. Para cuando estoy acomodada, el elfo ya se ha encargado de poner un plato delante pese a mi negativa inicial, pero yo me limito a regresar la vista hacia ellos, ignorando el resto del desayuno sobre la mesa. Me quedo unos segundos en silencio, los cuales se sienten minutos si tengo que confesarlo, perdida ya la costumbre de estar en esta mesa sin decir palabra salvo que me dieran el permiso para ello, así que en su lugar me decanto por abrir la boca si ellos no van a hacerlo. —¿Vais a decirme a qué vino lo del registro o tendré que quedarme con la duda de por vida?— pregunto de mala gana, mis ojos, tan distintos a los suyos, clavados sobre sus figuras cuando lo digo, pasando la mirada de uno a otro.
Alecto L. Lancaster
Alecto L. LancasterAuror

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Mensaje por Alexander Lancaster el Dom Dic 13, 2020 4:06 am

Leer el periódico ya es más costumbre que otra cosa. Bien podría prender el televisor, usar el teléfono como hace Dione, o incluso, y si quisiera, podía poner a Mork a leerme las noticias en voz alta, si no fuera porque la voz de la criatura me resulta en exceso desagradable. Como decía, leer el periódico ya es rutina de todos los días, mientras me tomo mi expreso, acompañado de mi esposa en la mesa donde ponemos todo en orden por las mañanas. El asunto que tenemos que tratar hoy es de los menos agradables en esta casa, y es que en serio, no sé qué piensa esa... niña con todo lo que está haciendo. Mis ojos pasean de un lado a otro de la página en la que estoy, no hay nada sorprendente en el diario, unos cuantos asesinatos en el distrito 5, el anuncio de la apertura de otra sucursal Jenkins&Jenkins... Lo usual. Mi ceja se alza con las palabras de mi acompañante pero no despego los labios del papel. — ¿El mercado negro? — Pregunto con evidente desagrado, ¿Qué asuntos tendría que atender Alecto ahí? — Definitivamente se está volviendo loca

Aprieto los labios al cambiar de página, aparentemente hubo otra redada en el 12... — Debimos comprar a un perro, nos hubiera dado menos problemas — Todo por hacerle caso a Georgia. Suelto una risa sarcástica con lo que dice. — ¿Acomodarlo en uno de los bufetes? ¿Al vago ese? — Ni pensarlo. — Lo del dinero puede funcionar, que le enseñe una lección a Alecto — Sí, eso me gusta más. La miro de soslayo con su segunda solución. — ¿A quién tienes en mente para el trabajo? Necesitamos a alguien discreto, de quien Alecto no sospeche, pero lo suficiente comido por el dinero para que funcione — Hago la observación solo para estar en la misma página, pero como siempre, confío en el juicio de Dione para este tipo de cosas, se le podría incluso considerar una experta en el área.

Bajo el periódico cuando me indica que nuestros negocios van tan perfectos como siempre y le dedico una sonrisa de complacencia mientras pruebo mi café. — Mi informante del doce me dirá más tarde cómo están las condiciones por ahí para empezar con los experimentos, pero suena que todo va tal cual el plan — Me encargo yo de darle la segunda buena noticia del día. Ella sabe de lo que hablo, no hace falta decir nada más al respecto, nuestra sincronía en estas cosas es tan perfecta que muchos pensarían que es irreal. Estoy por tomar un segundo sorbo a mi café cuando el elfo hace su aparición para anunciar la entrada de Alecto. Mi boca se tuerce por inercia, mis labios están sellados, mi cara se mantiene quieta, mientras la observo de arriba a abajo, parece que nunca le enseñamos nada. Mis ojos se mueven con ella, la dejo sentarse en el lugar que solía ocupar, incluso me quedo callado mientras el elfo acomoda su plato en la mesa. No planeo hacer mucho más hasta que su pregunta me hace chasquear la lengua. — ¿Ya lo viste querida? Resulta que la niña no se quedó muda — Me mofo, que no me causó ninguna gracia la escenita y la "ley del hielo" que se ha esforzado por mantener todo este tiempo. Dirijo mi mirada a ella alzando el dedo índice.  — Agradece la amabilidad de tu madre, Alecto, antes de hablarnos con ese tono — Lanzo la advertencia ates de acomodarme la corbata. — No tengo que darte ninguna explicación, si llega una denuncia tienen que ponerle atención, ¿No es así? Tal vez deberías preguntarle al vago con el que vives si tiene algún motivo para que revisen tu apartamento
Alexander Lancaster
Alexander LancasterAlcalde Distrito 4

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Mensaje por Dione Lancaster el Dom Dic 13, 2020 12:55 pm

Se hubiera muerto a los diez años— murmuro como si nada, sopesando las conveniencias y los daños que trajo adoptar a una niña que sabemos fue concebida por dos vagabundos del norte, la sangre mala tiende a demostrarse con el tiempo, es algo de lo que conozco, —y Alecto tuvo un comportamiento disciplinado por casi veinticinco años, no hubiéramos conseguido otra mascota tan bien adiestrada— apunto, reconocer que la chica fue un error, es quitar el mérito a la crianza que le dimos y, a mi parecer, fue de las mejores que puede desear cualquier niño que sí haya nacido de este lado del país. —Si le damos dinero, pedirá más cada vez que tenga algo de Alecto para decirnos. Pero si le conseguimos un trabajo, pasará a trabajar para nosotros, estará obligado a mantenernos al tanto. Será la manera en la que podremos tenerla controlada en el sur, en cuanto al norte…— miro por encima de los platos servidos sobre la mesa para encontrarme con su mirada, coloco mis manos entrelazadas sobre mi abdomen al echarme hacia atrás en la silla. —Estaba pensando en Derek, ¿no te molesta que volvamos a contratarlo, verdad?— inquiero con un susurro provocador, si bien la razón por la que dejó de trabajar para nosotros no fue por las insinuaciones que hice de que podría estar encontrándole una utilidad diferente a la de simplemente cuidar nuestras espaldas al andar por esos distritos, sino porque él mismo se desapareció cuando el distrito nueve se abrió como un paraíso para todos los marginados. Un humano no puede ser puesto a seguir criaturas mágicas, pero sí a una muchacha cuya ruta por el norte se mantenga dentro del mapa que nosotros tracemos, servirá.

Me limito a asentir con la barbilla cuando me pone al tanto de cómo siguen las cosas en el distrito doce, si no hay mucho para discutir, podemos dejar la charla ahí y esperar que se aparezca bajo el marco de la puerta, la persona cuyos pasos ya creo escuchar. —Y aún dice «gracias»— señalo, al secundar a Alexander en el silencio que la muchacha nos impuso como castigo al enterarse su procedencia por culpa de la boca suelta de Georgia, ¿no podía morirse sin revelar el secreto? No se le puede pedir tal cosa a una periodista que vive de chismes, claro que iba a querer tener la premisa. Y esa mujer todavía tiene el descaro de ser quien sigue en contacto con Alecto como para alojarla en su casa, cuando esta es la primera vez que se digna a poner un pie en este comedor. —Me complace ver que la educación que te dimos todavía se aprecia en ti— digo, repasándola de arriba abajo para comprobar si no se ha traído mañas del norte. —Y de todas maneras, no parece que estés pasando mucho tiempo en casa, ¿verdad, Alecto? ¿Le dirás a tus padres por donde andas en estos días?— no espero que lo reconozca abiertamente, esa información ya la obtendremos de Derek, pero lo que pueda decir nos servirá para ir tanteando en un comportamiento que escapa de nuestra comprensión y no nos gusta cuando algo lo hace. —Te esperábamos para Navidad, teníamos una cena con tu padre y nos preguntaron por ti— con este comentario le recuerdo qué fue lo que siempre esperamos de ella como nuestra hija, —tienes un lugar en esta familia y nos tienes abandonados— un lugar en la fotografía de familia que siempre mostramos a los demás.
Dione Lancaster
Dione LancasterSanador Especializado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Dom Dic 13, 2020 1:41 pm

No es algo nuevo que se dediquen a dialogar como si no estuviera delante, tuve que soportarlo muchas veces comiendo en esta misma mesa, como para mostrarme ofendida por el intercambio de palabras que tiene lugar entre ellos. Aun así, mantengo una actitud serena, por mucho que me esté corrompiendo por dentro las ganas de levantarme y largarme, termino por tomar una de las tazas que tengo delante en imitación a la que sostiene la mujer frente a mí. —Tengo veinticuatro años, creo que podemos prescindir de que sigan llamándome «niña» como si todavía no supiera atarme los zapatos— contesto de manera mordaz, apenas sintiéndome intimidada por el dedo en alto de mi padre, ese que ignoro para llevarme la cerámica a los labios y tomar un sorbo, mi mirada fija en él por detrás de la taza hasta que vuelvo a depositarla sobre la mesa. —Dudo mucho que tengan razones para requisar un apartamento que apenas y está acomodado, pero como quieran, lo dejaremos como una casualidad del destino— apunto, siendo que no llevamos tanto con Dave de vivir en ese piso y está lejos de mostrarse como una vivienda asentada. Aun así, lo dejo estar, no necesito de las respuestas ambiguas de Alexander para saber que fueron ellos los que requisaron la casa a propósito, todavía me queda descubrir la razón detrás de ello, pero no pienso mostrarme incitada por sus actos como esperan que haga.

Poco importa la educación en esta mesa, cuando los tres aquí sabemos que podemos ser víboras si lo queremos, mantener las formas es algo que me inculcaron desde pequeña, pero que no se olviden que también puedo perderlas si me lo propongo. —No tengo que daros ninguna explicación sobre lo que hago o dejo de hacer— repito las mismas palabras de mi padre, como una burla descarada hacia su respuesta cuando yo misma le pregunté por sus motivos y se limitó a responderme con evasivas. —, mis asuntos personales son algo que prefiero mantener para mí misma, así que espero que sepáis disculpar que no lo comparta tan abiertamente— sigo, esta vez me atrevo a mostrar una sonrisa en dirección a mi madre que fue quien preguntó, aunque está lejos de ser cálida, más con carácter mordaz que otra cosa. Apenas se mueve una facción de mi rostro cuando tiro de mis labios para formar una mueca indiferente, como si pretendiera mover mis hombros en el proceso sin llegar a hacerlo. —Qué lástima— me ciño a contestar sobre mi ausencia en sus cenas de compromiso en Navidad, por la manera en la que lo digo hasta parece que me produce pesar en el cuerpo el no haber estado, cuando no podría ser más contrario el sentimiento. —No me agrada la Navidad— termino soltando como explicación —, hace tiempo que no lo considero una época para celebrar el acompañamiento familiar, ¿entienden, verdad?— se lo pregunto inocente, consciente de que mi mirada es venenosa cuando la clavo en sus respectivos rostros.
Alecto L. Lancaster
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Mensaje por Alexander Lancaster el Dom Dic 13, 2020 8:25 pm

Bueno, eso es cierto, la chica no dio problemas hasta ahora — Reconozco, que el trabajo que hicimos Dione y yo en casa fue de lo mejor, cualquier otra persona habría envidiado todo lo que tuvo Alecto, sin duda una educación de calidad. Asiento con desgano a lo siguiente que dice. — Yo puedo arreglar que la sigan aquí en el sur por alguien más, lo del muchacho ese con el que sale lo hablaremos después, tal vez no sea tan mala idea darle un puesto en el bufete, o en la alcaldía, me serviría para tenerlo vigilado — Y por ende a Alecto. — Así que Derek, uh — Le doy un sorbo a mi café, clavando la mirada en ella. — Los humanos sirven para muchas cosas, ¿No era así? — Lo digo con mi tono normal, que ella sabe que podemos vernos a la cara con estos comentarios honestos. — No me gustaría meter a la familia en problemas por tratos con un enemigo público — Declaro inicialmente. — Aunque si las cosas salen mal siempre podemos echarle la culpa de todo, incluidas las cosas que haga Alecto, un buen chivo expiatorio que permita llevarnos el crédito de atrapar a un fugitivo — Le hago un gesto con la mano para darle a entender que estoy de acuerdo con la elección. Es bueno poder acabar de tratar todo lo que apremiaba antes de que Alecto haga su aparición.

Le dedico una sonrisa torcida a Dione cuando añade su comentario, siempre en su punto. — Cuando nos des motivos para considerarte adulto, entonces dejaremos de decirte «niña», mientras tanto eso es lo que te corresponde — Le respondo con firmeza para que sepa que no me ando con juegos hoy. No hay nada como tener este tipo de conversaciones para arruinar el sabor del café, incluso lo siento más amargo de lo debido. Le hago señas al elfo para que se lo lleve, no lo volteo a ver mientras lo hace, ni le digo nada más, porque ya sabe que tiene que reponerlo por algo más, como un vaso de agua. Mi dedo ya no la apunta, pero mi ceja elevada y mi mirada fija en la suya incluso cuando bebe de la taza declaran todo. — Déjale esas casualidades y denuncias al departamento correspondiente, ¿Si? — Es claro que los aurores encargados de hacer el requise de su casa y la parte jurídica para que procediera la denuncia fue cosa mía, ¿Lo sabe? Por supuesto lo noto con su tono mordaz, ¿Tengo que admitirlo? Desde luego que no.

Me quedo callado mientras Dione habla, la dejo echarle las cosas a Alecto a la cara, y asiento con la cabeza a manera de respaldar lo que dice. Siempre me preguntan por ella en la alcaldía y en los eventos pertinentes. No hay nada que me cause más ardor en el estómago que poner la cara de idiota mientras respondo que todo va bien, cuando es evidente que la chica se tomó su tiempo para hacer berrinche. — Trata de no dejar nuestro nombre por el piso mientras llevas a cabo esos asuntos personales, ¿Entendido? — Es algo que ya sabe, pero que le ha importado muy poco desde que Georgia abrió su bocota. — Debemos entender entonces que es una época que prefieres pasar con... ¿Cómo se llamaba, Dione? ¿David? — Pregunto con sorna. — No tienes idea la grata sorpresa que me llevé al enterarme que tu... novio, es abogado, como tu padre — Un vago, pero al menos con profesión decente. — Deberías traerlo pronto a cenar, ¿O es que no quieres presentarle a la familia? Tal vez él sea más hablador con respecto a lo que han estado haciendo
Alexander Lancaster
Alexander LancasterAlcalde Distrito 4

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Mensaje por Dione Lancaster el Lun Dic 14, 2020 12:20 am

Puesto que todo queda resuelto en cuanto a los asuntos de la casa, la familia y los negocios que compartimos, podemos retomar el desayuno con Alecto como si esa charla nunca se hubiera dado, haciéndola parte de otra que indaga en sus ausencias sin revelar que conocemos del destino de sus andanzas. Tomo un poco del pastel que tengo servido en un platillo con la cucharilla que cabe entre mis dedos y me lo llevo a los labios en tanto Alexander se encarga de poner a nuestra «niña» en el lugar que se ha ganado como tal debido a un comportamiento que muestra un retroceso lamentable en ella, antes que nos preciábamos de tener una hija que sabía responder a los adultos con el tono de estos. Decir que nos «preciábamos» sería exagerar, cuando lo que hacía era impedir que se manifestara cualquier rasgo infantil en ella, ya que no era algo con lo que aceptáramos lidiar al traerla con nosotros a esta casa. Se ocuparon los elfos domésticos de sus llantos y primeros alimentos, solo cuando supo hablar así como mantenerse despierta en las reuniones, se le hizo parte de estas.

Unas de las que decide ausentarse en el presente como si nada, cuando su ausencia es notada y motivo de indagación de algunos amigos. ¿Y qué podemos decirle de nuestra hija y sus ausencias si nada nos comparte? Y lo poco que sabemos, que parece una mendiga en el norte, es algo que jamás pondría en mi boca. ¿Echarle la culpa a esta pareja con la que vive? —Hay otro abogado con su mismo apellido, poco mencionado en Neopanem, tal parece que es su tío— agrego, para que a Alecto le quede claro que no hace falta que ella nos cuente ciertas cosas, de todas maneras encontramos la manera de conocerlas. —Por lo menos no eligió la profesión de sus padres, mecánicos ambos del distrito seis, que…— poso mi mirada en su postura, una que nos enseñó tantas veces al sentarse en esta mesa, es casi como si nada hubiera cambiado, ni estos meses de su silencio, como si se hubiera largado de esta casa de la peor manera luego de acusarnos de haberle mentido. —¿Siempre tienes que hacer esto de decepcionarnos?— muevo mi cabeza y lo acompaño de un suspiro cansado, tantas fueron las veces que tuvimos este tipo de conversación, —Lo has hecho tu hábito: encontrar maneras de seguir demostrándonos que es inútil todo el esfuerzo que hemos puesto en ti, tus expectativas hacia ti misma no pueden ser más bajas cada día…— exagero mi cansancio hacia ella al frotarme los párpados con los dedos que se abren para mirarla con una fría rabia. —Te equivocas al decir que no tienes que darnos ninguna explicación sobre nada— le aclaro, —somos tus padres. Te alimentamos, te vestimos, te educamos. No puedes negarnos una vez que te beneficiaste de eso toda tu vida y es lo que al día de hoy te permite ser auror. Si vas a renunciar a esto, entonces tu padre deberá hacer una llamada para que también te priven de ese trabajo que ahora tienes porque nosotros pagamos tu educación— le recuerdo. —No lo haremos si te acomodas de vuelta a la vida que siempre hemos llevado, ¿tanto te cuesta?
Dione Lancaster
Dione LancasterSanador Especializado

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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Lun Dic 14, 2020 1:29 am

Aprieto la mandíbula cuando siento la necesidad de morderme la lengua para no responder con un comentario impertinente luego de que me avergüence de esa manera al tratarme de niña una vez más. Lo que más irónico me resulta de todo esto es que siempre me consideraron muy por encima del nivel de madurez de otras personas, como para que ahora se estén burlando en mi cara al rebajarme al trato que se le da a un niño que está siendo regañado. —No uso vuestro nombre cuando me encargo de mis asuntos personales, son personales por algo, así que no tienes que preocuparte por eso padre, que no toco el preciado apellido familiar— respondo con el veneno que he tenido que contener antes, casi que escupiéndoselo de mala gana y que si se camufla en parte es porque regreso la taza a mis labios. Es lo único que pretendo decir de lo que hago en el norte, de modo que pueden sentirse satisfechos con esa liberación de información, es la única que van a recibir de ahora en adelante. Les dedico una mirada penetrante, primero uno y luego al otro, cuando David aparece en la conversación y claro que tienen que volverlo un foco de su ojo crítico. Dejo a un lado el sarcasmo de que tanto Alexander como Hermann, también Dave, se hayan dedicado en algún momento a la práctica de la abogacía, quedándome con lo último que propone. —No voy a traerlo a cenar, ni van a conocerlo, empezando porque no habrá ninguna cena— dejo claro a la primera oportunidad, por si acaso han malinterpretado mi visita como algo que vaya a cambiar entre nosotros.

Pese a mi aclaración de que no quiero volver a escuchar la mención de David, mi madre hace un enorme esfuerzo por querer sacarme de quicio al continuar con una demostración de como lo que quieren saber, lo consiguen por el poder que les da la posición que ostentan ambos, si ya no es laboral, social. Tomo el tenedor frente a mí para clavarlo en el centro del trozo de pastel, sin siquiera bajar la mirada a ver si he acertado en mi gesto lleno de rabia, que no es muy difícil de adivinar por mis labios apretados y ojos fijos sobre Dione. Siempre hace esto, se aprovecha de comentarios que aluden a su decepción como recurso para herir mi orgullo además de autoestima, y lo peor no es que lo consiga, lo peor es que le doy el poder para hacerlo porque es así como me han criado. —Sí, bueno, es que ese es el concepto de tener hijos, ¿saben? Incluso cuando los compras, uno tiene que hacerse a la idea de que tendrá que alimentarlos y educarlos, no solo sirven para ponerlos en un cuadro bonito para que todos los vean— devuelvo, hundiendo todavía más el utensilio en el bizcocho, aunque apenas aparto la vista de mi madre. Sí lo hago cuando menciona el título que me costó su trabajo conseguir como auror, para posarla sobre Alexander. —No pueden desvalidar una carrera profesional cuando ya ha sido cursada, ni siquiera los contactos que puedan tener les ayudarán con eso, es ilegal— ellos que siempre se jactaron de ser correctos, ¿pasarán por la vergüenza de quitarle el título a su hija? No lo creo, no por lo que puedan decir luego de ellos, así que por ese mismo motivo sonrío de vuelta hacia ella. —Sí, lo cierto es que sí me cuesta, luego de ser un florero durante toda mi vida, me cansé de servirles de trofeo— sentencio, y en lugar de llevarme el pastel a la boca, lo que hago es soltar el tenedor sin preocuparme por el estruendo que pueda hacer contra el plato al caer.
Alecto L. Lancaster
Alecto L. LancasterAuror

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Mensaje por Alexander Lancaster el Mar Dic 15, 2020 4:38 am

Asiento con la cabeza frunciendo los labios. — Es lo menos que puedes hacer, Alecto — Le contesto con calma, mirando de soslayo al elfo que se acerca para traerme un vaso con agua. Espero a que se vaya para darle un trago a la misma, que aclara mi garganta para que pueda volver a hablar. — Todos esos años de enseñanzas, de una buena conducta por tu parte, todos esos años... — Hablo con tono decepcionado. — Dejas que se ensucien en poco tiempo para seguir con esta rabieta — Me seco con la servilleta de tela la comisura del labio, ahí donde quedó una gota de agua. Nunca dejó mal el apellido de esta familia, eso se lo concedo. Dione y yo nos encargamos de proveerle de todo lo que necesitaba, y más. Logramos relucir por años en las fiestas y eventos más importantes, ¿Y qué pasó después? Después de cuidarla por más de 20 años, de darle nuestro apellido, decide que no quiere volver a hablarnos, así como así. Eso definitivamente no es una cosa sencilla de encubrir cada vez que preguntan por ella o comentan haberla visto caminando por ahí.

Ahogo el resoplido que busca salir por mis labios ante su negativa. — Entenderé entonces que no quieres incluirlo en la familia, que no es nada serio. Que decepción Alecto, que decepción. Creo que te enseñamos muchas cosas y ninguna de ellas fue esa actitud que tienes — Dejo que Dione siga con el regaño, vuelvo a respaldarla con asentimientos cortos con la cabeza. — No sé dónde aprendió a hacer esas cosas, tal vez le dimos demasiadas cosas y se volvió caprichosa — Me dirijo a mi esposa cuando se frota los párpados con cansancio. De saber que Alecto iba a terminar haciéndonos esto hubiera sido más estricto, le hubiera dado menos libertades, empezando por ponerla a trabajar en el bufete, en lugar de dejarla ser auror.

Suelto una risa seca, sarcástica, con lo siguiente que dice — No nos saldrás ahora con que te hicieron falta cosas, Alecto, tuviste de todo a costa de nuestro dinero. Estás con los aurores por lo mismo, así que déjate de escenitas — No puedo creer que aún insista con el tema de la adopción, compra, lo que sea. — Ilegal... — Murmuro, sonriéndole a Dione. — Una llamada — Vuelvo a alzar el índice. — Es todo lo que basta. Una llamada — Es una advertencia, no necesita más palabras. Mi gesto se amarga cuando vuelve a hablar. Bajo la mano muy lentamente. — Siempre he tenido mucha paciencia, no abuses de ella — Mi voz se torna más grave. — Te lo dije querida, te dije que la chica está mal — La veo consternado. — Insistes con el tema de tu infancia. Compra, adopción, trofeo, no trofeo... ¿No te das cuenta de que cualquiera hubiera deseado la vida que te dimos? — Me cruzo de brazos. — A ti lo que falta es una lección de humildad, te has vuelto muy altanera, muy arrogante
Alexander Lancaster
Alexander LancasterAlcalde Distrito 4

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Mensaje por Dione Lancaster el Vie Dic 18, 2020 1:11 am

Todos estos años de crianza para que ese temperamento suyo que habrá tenido por nacimiento, arrastre la disciplina que le dimos a su conducta y la niña que sabía ocupar su lugar a nuestro lado, se le dé por vagar entre marginados. —Hemos hecho mucho con tu padre por este apellido como para que tú, hagas o no uso de este al resolver tus asuntos personales, desbarates lo que nos ha llevado tanto tiempo. No te quitas tu apellido como quien se quita un saco, das un paso equivocado y al primero que señalarán es a la alcaldía de tu padre — remarco, me abstengo de mencionar las consecuencias que ella bien conoce cuando los rumores comienzan a circular. Una única cosa esperamos de una hija nuestra, que esté a la altura de esta familia, no que la hunda en el fango que elige pisar en estos días. Tengo toda la intención y una persona que me mantiene al tanto de sus movimientos para saber qué provocó este cambio, todo lo que hizo en estos meses fue abocarse al cuerpo de defensa así que no lo entiendo.

Descartaría al muchacho con el que vive como la mala influencia que está recibiendo, si es cierto que no tiene deseo de volverlo una relación seria, tal como deja en claro al negar que habrá una cena para que podamos conocerlo. El comentario de Alexander es acertado en cada cosa que le señala, desde la decepción que nos supone que este sea el estilo de vida que elige llevar y su carácter que se ha vuelto caprichoso. —Si lo ibas a mantener como una relación casual, podrías haber prescindido de convivir con él— opino, —¿es mucho pedirte que seas discreta al menos?— pongo los ojos en blanco al suspirar, queda demostrado que olvidó todas las lecciones sobre dar una imagen correcta y en caso de cometer faltas, que la certeza de que el castigo será severo la insten a tratar de encubrirlas para no recibirlo.

Molesta tanto que haga de los beneficios que recibió por llevar el apellido Lancaster, una razón para sus reclamos. ¿Se puede ser más hipócrita? Me intriga tanto conocer lo que provoca en ella el repentino desprecio a esta vida envidiable por toda criatura nacida como un bastardo en el norte. —Un sumario te dejará en casa por tiempo indefinido— apoyo a Alexander en esto, alzando mi voz y mi dedo índice hacia la muchacha. —No nos desafíes para saber hasta dónde podríamos llegar y que tanto peso tenemos para hacerte bajar la cabeza— la amenazo, con su padre podemos llegar a ser de temer de maneras distintas, eso sí que nunca lo ocultamos al educarla. —O algo siempre estuvo mal en ella— tomo las palabras de mi marido, —debe ser cosa de su procedencia al saber que nació en el norte, ¿enterarte que una prostituta del norte fue tu madre será la excusa que uses para un comportamiento reprobable? Intentamos, con mucho esfuerzo, de enderezar tu carácter para que tu sangre corroída por quienes pudieron haberte engendrado no te hicieran alguien inestable. Es triste ver que cedes a esa parte de ti, heredada, te buscas la misma vida de miseria que ellos habrán tenido…
Dione Lancaster
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Vie Dic 18, 2020 2:19 pm

Lo que ellos asumen como una rabieta por mi parte está lejos de ser al realidad que yo vivo, siendo mis padres los primeros que reclamaban la más mínima mentira por mi parte y que eso mismo me hizo volverme una persona de carácter honesto, pero ahora tienen el descaro de señalarme a mí como la hipócrita en esta mesa. —No voy a dar ningún paso equivocado— aclaro de entrada dirigiéndole una mirada a mi madre al ignorar los comentarios despectivos de mi padre, a sabiendas de que eso es algo que no puedo prometer, que ni siquiera hice con David quien sería el primero en merecerlo —, y a quién menos señalarán será a vosotros en caso de hacerlo, no tengo intención alguna de que me relacionen con vuestro apellido allá donde voy— digo esto también, si quieren tomárselo como una ofensa bienvenido sea el sentimiento, por mi parte solo hago que hundir el tenedor en el pastel y llevarme un trozo a la boca solo por el placer de hacerlo al no dar espacio para decir nada más.

Que digan que me he vuelto una caprichosa es la mínima de mis preocupaciones, cuando la distancia tomada con ellos este último tiempo me ha vuelto mucho más permisiva en cuanto al impacto que tienen sus críticas hacia mí. Antes era una historia completamente distinta, me había hecho a que su opinión fuera lo más importante en mi vida, lo que pudo afectar en la forma que he tenido siempre de hacer las cosas de manera correcta, buscando el perfeccionismo extremo con tal de agradarlos. Tampoco puedo decir que volver a estar en este ambiente no esté afectando en cierta forma a ese avance personal que había hecho. —No es una relación casual, solo no quiero traerlo aquí, ya está. No tengo intención de presentaros a David cuando bien podríais hacerlo foco de vuestras críticas como habéis hecho conmigo toda mi vida, y dudo que él mismo quiera exponerse a eso— les hago saber sus faltas también, no van a señalar las mismas en exclusividad, aunque he decir que es la primera vez que me tomo la libertad de hacer esto con mis padres.

Dirijo la mirada hacia este cuando regresa a alzar su dedo, yo bajo los míos para devolver el tenedor al plato y a sus insultos solo puedo que responder con la misma moneda. —Será cosa de quién aprendí a tomar esas actitudes...— devuelvo su intento de ofensa hacia mi persona, haciéndolo una cosa suya y no mía, como si yo solo me hubiera limitado a imitar su comportamiento, lo que no está muy lejos de la realidad si nos ponemos a comparar. Clavo mis codos en la mesa, pasándome por alto la etiqueta, para entrelazar mis manos y mirarlos a ambos detenidamente —¿Quieren amenazarme sacándome de mi trabajo? Adelante, inténtelo, no lo necesito en estos momentos, soy ocurrente, no me costará enorme esfuerzo conseguir otro sin su supuesta ayuda. Tengo veinticuatro años, soy mayor de edad, puedo decidir lo que hacer con mi vida al margen de lo que queráis vosotros— puede que me muestre arrogante cuando lo digo, pero lo cierto es que estoy conteniendo las ganas de levantarme y marcharme, armándome de una paciencia que, al contrario que la que mi padre dice tener, yo no poseo. Y la poca que tengo se va por el caño cuando nuevamente hablan como si no estuviera presente, lo que me hace apretar los labios en contención a mi propio temperamento hasta que no puedo aguantarlo más y golpeo la mesa con la palma de mi mano, mirando a Dione con la rabia remarcada en mis ojos además de en mis facciones. —¡Cállate! ¡Por Morgana, cierra la boca!— exijo con la tentación de repetir el gesto cuando continua con sus desprecios —¡No tienes idea de nada! ¿Quieres hacer el favor de callarte? ¡Cállate!— en el impulso de levantarme para apoyar mis manos en la mesa e inclinar mi cuerpo hacia delante así estoy más cerca de sus rostros, una taza vuelca al suelo rompiéndose en mil pedazos.
Alecto L. Lancaster
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Mensaje por Alexander Lancaster el Lun Dic 21, 2020 2:23 am

El hecho de que Alecto coma con tanta euforia lo que hay en su plato nada más terminar un comentario tan filoso como el tenedor que usa, me hace sonreír de una forma torcida. No me siento feliz ni nada por el estilo, pero la indignación mezclada con la gracia que me dan sus respuestas producen este gesto en mí. No sé en qué momento Alecto empezó a ser así, ni cómo las mejores clases de modales y la mejor educación del mundo no fueron suficiente para frenar esta rabieta explosiva. Por mi parte no hago más que beber tranquilamente el agua, asintiendo levemente con lo que dice del apellido. Una amenaza, una advertencia, debería ser suficiente para darme entender, porque no es ninguna tonta ni mucho menos. En este caso ha recibido dos, una mía y una de Dione, así que considero que bien podríamos dejar el tema hasta aquí.

Lo que no puedo dejar pasar es lo que dice de su ¿pareja? actual. Lo menos que debería hacer es presentarlo ante nosotros, como se hacen las cosas. — ¿Críticas? — Pregunto con sarcasmo. — Te enseñamos, querrás decir, te hacemos una persona de bien como nosotros mismos — Estoy seguro de que Dione estará de acuerdo con esto. — En todo caso, si este David del que hablas no pudiera pararse frente a nosotros y escucharnos sin hacer todas las caras que tú nos dedicas, entonces no sé qué puedes esperar de él — Me abstengo la amenaza acerca del trabajo del muchacho, al que tengo más a mi alcance por moverse dentro del área jurídica, una llamada basta para obtener toda su información, otra más para ponerlo a trabajar para mí, y después de eso veamos cómo se siente al respecto Alecto con el tema de no involucrarlo con la familia. Más aún, sería muy interesante ver cómo reacciona él.

Volteo a ver a Dione estirando mi mano en su dirección en la mesa, sin alcanzarla por la distribución de los asientos en la misma. Asiento de nuevo encogiéndome de hombros y meneando la cabeza. Lo que una vez más suelta Alecto no me hace más que rechinar los dientes, ya solo busca culparnos de todas sus malas decisiones. — ¿Ah si? — Le pregunto divertido — ¿Qué tan segura estás de eso? — No alcanzo a oír su respuesta, porque de nuevo mi esposa me complementa. Todo lo que dice es acertado, y por supuesto que esperaba que después de más de veinte años con la chica lo que pudiera traer con su sangre se hubiera disipado, pero es claro que no es el caso. — Así es, Dione, así es. Además qu... — Me corta a media oración. Tengo que admitirlo, no lo vi venir. Me paro en el momento en el que la taza se cae haciendo un desastre en el piso. Ni siquiera hace falta que llame al elfo porque en un abrir y cerrar de ojos ya está ahí, recogiendo las cosas. Devuelvo el golpe a la mesa, siendo éste más fuerte que el suyo. — NUNCA. Nunca, ¿Me oyes? Nunca te atrevas a levantarle la voz a tu madre de ese modo — Ahora sí le dedico un rostro severo. — No te tuve en un mal concepto mientras crecías Alecto, pero, ¡Mírate! Mira en lo que te has convertido en este tiempo — La miro de arriba a abajo con una ira renovada. — Por fin nos das personalidad, vamos querida, hay que premiar a la chica — Me mofo. — Habiendo tantas cosas en las cuales emplear tu energía, tu renovada personalidad... Lo haces gritándole a la mujer que fue parte de tu crianza... Es... inaceptable
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Mensaje por Dione Lancaster el Lun Dic 21, 2020 4:12 am

Ya los estás dando— suelto con rabia estas palabras, cada paso que da es equivocado, cada paso que la adentra a esos distritos de los que nuestra fortuna la rescató, son los errados. Siento como la rabia se enrosca en mi estómago pese a la calma que pretendo demostrar, en su empeño caprichoso de desentenderse de su apellido y nuestra familia, como si fuera tan sencillo y limpio mutilarse la parte de uno mismo que es parte de su identidad. —Si tanto te preocupa que sea víctima de nuestras críticas, debe ser que es un débil de carácter— secundo a Alexander en esto, —¿te entretienes manejándolo a tu antojo? ¿Es eso? O sino, evitas traerlo porque tú misma ya viste lo malo en él y sabes que hay razones para criticarlo…— lo predecible, fracasados se juntan con fracasos, los niños que todavía se sienten afectados por las palabras de sus padres, se buscan entre sí para compadecerse. Será que al final de todo, Alecto terminó encontrando un pobre desgraciado también en el sur, así es como debe ser cuando es el destino.

Mi única carcajada debe decirle lo que pienso de esa estúpida determinación que tiene de que buscará algo por su cuenta, ¿qué está tan mal en ella que le hizo perder el sentido de la realidad? ¿Sabe en qué mundo vive? Uno en el que una mano con un anillo caro abrirá más puertas de las que consigue un muerto de hambre golpeando con desesperación. ¿Y esta es la chica que los profesores nos decían que era más inteligente de lo que creíamos? Qué tonterías, todo lo que escucho de su boca son tonterías, que no le perdono el que tenga cara para pedirme que me calle y a punto estoy de contestarle, mi cuerpo incorporándose violentamente de la silla, mis brazos tensos al sujetarme del borde de la mesa, cuando un segundo golpe a la mesa devuelve cada cosa a su lugar, a quien al puesto que le corresponde. Si está niña estúpida cree que… —No le premiaré nada— escupo molesta, —¡DISCÚLPATE! ¡AHORA!— le exijo, siento el calor que sube por mi garganta. —Eres una ingrata maleducada, te olvidas de todo lo que hicimos por ti y lo que te dimos, lo que te enseñamos. Fuiste una Lancaster durante más de veinte años como para que decidas un día tirarlo todo. Esos años nos pertenecen, tú nos perteneces, desde el momento en que tu madre te vendió y nosotros te compramos, aunque ahora quieras dejarlo todo, esos años los pasaste aquí, con nosotros. No sé a quién quieres jugar ahora que eres, pero te mientes a ti misma. Perteneces a esta casa, a nosotros. Discúlpate si no quieres… que esta casa se vuelva un infierno— lo dejo en un tono amenazante que Alexander conoce mejor que ella, me lo escuchó usar por el norte y conoce lo que ocurre a continuación.
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Mensaje por Alecto L. Lancaster el Miér Dic 23, 2020 12:21 am

Tomo una bocanada de aire, expulsándolo apenas segundos después en un claro ejemplo de que me estoy tratando de armar de una paciencia que no tengo —¿No lo ven? Ni siquiera lo conocen, y ya están haciendo suposiciones de como debe ser y poniéndole etiquetas, que ustedes se diviertan manejando a otros no significa que el resto hagamos lo mismo— bufo de mala gana, sin ninguna intención de discutir en esto más allá de la conclusión a la que llegué con la primera mención de David, que no pondrá un pie en esta casa. Poco me importan las provocaciones que puedan hacer con respecto a su carácter, siendo que la única opinión que me importa en esta mesa es la mía, no pretendo alterarme por sus críticas mucho más de lo que hacía con quince años, que se venía resumiendo en apretar los labios y aguantar las ganas de replicar. En este caso no lo hago, por muy tentada que esté a ponerme a ladrar.

Es el segundo golpe sobre la mesa, mucho más fuerte que el que he podido ocasionar con la palma de mi mano, lo que hace que me tiemblen los hombros un segundo, por la sorpresa de estar recibiendo el mismo escarmiento que iba dirigido hacia ellos. Sin embargo, no me siento, no cambio mi postura, sino que la refuerzo estirando mi espalda y alzando la barbilla por encima de sus palabras. —Si no quiere que le levante la voz, primero que aprenda a tenerme el respeto que parece haberse perdido en esta casa— devuelvo, dirigiendo la mirada hacia mi padre — Inaceptable es que todavía pretendan que forme parte de su escenario cada vez que les entre en gana— digo, fingiendo una seguridad en mí misma que estoy lejos de poseer a su alrededor, pero dicen que para conseguir algo uno primero tiene que fingirlo hasta creérselo.

Se me escapa una curva entre los labios, incrédula por la elección de palabras de Dione, y casi que tengo que boquear unos segundos en los que yo no encuentro las mías. — ¿Que os pertenezco?— no puedo evitar repetirlo, empezando por negar con la cabeza en un meneo suave — ¿Ahora van a tratarme de esclava tal y como si me hubieran comprado en el mismo mercado? Qué patético — escupo, algunos de los mechones que me caen por la frente se remueven con esto, dedicándoles una mirada juzgadora. — Te equivocas si crees que voy a seguir con el cuento de que pertenezco a esta casa, cuando para lo único que me quieren aquí es para realzar su imagen en la sociedad que crearon — no despego la mirada de sus ojos cuando lo digo, solo para cuando me separo de la mesa de un empujón de mis manos y puedo mirarlos a ambos desde la distancia — No voy a disculparme por algo que tuve que haberles dicho hace años, esta casa puede volverse un infierno, que no estaré aquí para comprobarlo. Que disfruten del resto del desayuno — añado como despedida al darles la espalda para retirarme de la sala. Podría desaparecerme, pero perdería la intención de saberme superior a ellos.
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Mensaje por Alexander Lancaster el Jue Dic 24, 2020 6:19 am

No me interesa en lo absoluto seguir platicando o no del tal chico David, si puedo encargarme de él más tarde en el departamento de justicia, o en la alcaldía, que así sea. Por ahora, prioridades, ¿Y qué mejor prioridad que encargarme de los malos modales que nos muestra Alecto en el momento que decide alzarle la voz a su madre? — ¿Respeto? El respeto se gana, Alecto — Mi tono no es calmado como antes, tampoco estoy gritando, pero es severo, es grave, es fuerte. Suelto otra carcajada sarcástica, dando pasos para bordear la mesa y llegar hasta donde se encuentra Dione. — ¿Te atreves a decirme a lo que es o no inaceptable? — La cuestiono, claramente sacado de quicio. ¿Cómo se atreve a sentarse en mi mesa así? ¿A arrojar la vajilla todo por... por un berrinche sin sentido? En serio que nunca voy a entender a las personas así, personas que no están satisfechas con nada de lo que haces por ellas. Porque por Alecto, por Alecto hicimos demasiadas cosas, empezando por haberla traído a la casa. — ¿Cuándo te vas a dar cuenta, Alecto? Estás ligada a esta familia de por vida, te guste o no, eres una Lancaster y nada de lo que haga va a cambiarlo nunca. Así que aprende a vivir con ello, aprende a vivir como te enseñamos, como ya lo hacías... O atente a las consecuencias

Mi mano se cierra entorno al hombro de Dione mientras habla. Más que calmarla por el bien de Alecto, lo hago porque conozco a la perfección lo que puede pasar a continuación, y no trabajamos en todo el asunto de la maldición de la sangre por años, para que en media hora la chica la haga explotar así como así. — Querida... — Murmuro. Pero ella continúa. Concuerdo con cada una de sus palabras, creo que no podría haberlo dicho mejor aunque hubiera querido, y aún así a Alecto no le importa. No le importa lo que pensamos, no le importa dejarnos en el foco del ojo público, tratándonos como si no estuviéramos relacionados, ni siquiera le importa que Dione esté tan alterada. No le importa nada.  Continúo en silencio, entornando los ojos de forma fiera, dejando que intercambien palabras y viendo como Alecto nos da la espalda, preparada para irse. — Esta conversación no se ha acabado señorita — Dicho esto saco mi varita. — ¡Alecto Lancaster no me hagas lanzarte un hechizo! — Es una advertencia, para que se de la vuelta y termine esto, para que se disculpe con Dione.
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Mensaje por Dione Lancaster el Dom Dic 27, 2020 11:26 pm

Suena mucho más grave que sea Alexander quien lo diga y no yo, que la intención de Alecto sea la de decirnos qué es inaceptable, siendo de pronto quien sostiene la vara para medir acciones, a un criterio suyo que está claro no congenia con el nuestro. ¿Quién se cree si tuvo una manta limpia siendo bebé únicamente porque la acogimos nosotros? Estaría juntando limosnas en calle o en alguna esquina del norte, perdiendo su vida como seguramente lo hace su madre biológica, de no ser porque nos hicimos responsables de su cuidado. Ella fue moldeada por nosotros, como para que quiera venir a imponerse, es lo que nosotros decidimos que fuera, ¡bastarda ingrata! La presión de la mano de mi marido sobre mi hombro es lo que impide que ceda a la transformación que se manifiesta con plumas salientes en mi piel por debajo de las mangas de mi bata y encima del dorso de mis manos, se retraen cuando con mi respiración regulo la agitación que por dentro me insta a tomar la forma de un animal.

Mis dedos buscan la muñeca de Alexander para que baje su varita, se quedan ahí en una caricia lenta. —Déjala— digo, no porque se me haya pasado el enfado, sino porque este mismo se está comiendo mis entrañas. —Si cree que puede irse le vamos a cerrar todas las salidas hasta que se sienta como la ratita que es, atrapada dentro una caja, entonces recordará lo diminuta y débil que es ante nosotros. ¿Se cree con altura como para irse dándonos la espalda? Haremos que descubra lo equivocada que está, vendrá arrastrándose, el único camino que le quedará por tomar el que le traerá a nuestros pies— decido, el desayuno dado por acabado en este punto. —Haremos que la sigan, descubriré que la tiene dando vueltas por el norte, y en cuanto a ese muchacho…— me giro hacia la mesa para tomar una la cereza que está sobre uno de los pasteles sin tocar en la mesa sobrecargada de platos. —Será un bocado— digo, mi mano sostiene la suya para que gire y la palma quede hacia arriba, así puedo dejar allí la cereza. —Tenemos asuntos más importantes de los que encargarnos hoy— nos recuerdo, los berrinches de una hija mal criada será algo que podremos ir resolviendo sobre la marcha sin dar demasiadas vueltas, estamos muy por delante de su recién descubierta rebeldía.
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