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I'm somebody else only it ain't on the surface · Alice

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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Vie Dic 11, 2020 9:02 pm

Tal como aquella moraleja del cuento del mentiroso, dudo que mis nietas acudan a mí si repito líneas de la carta con la cual las convoqué la última vez, siendo que esta vez serían honestas. La misma Alecto me ha repetido luego de un mes de hospedarse de quedarse por necesidad conmigo, que estaba deseosa de recuperar su propio espacio, en palabras de ella para estar con ese muchacho y que por la información que me ha dado Rami, no era tan así, ya que lo que menos hace mi nieta en estos días es estar en el departamento que comparten. El amor joven, dura tan poco. ¿Y qué esperar de Jolene? Con su nombre en la lista de mentores para nuevos juegos me queda suspirar, la última de sus preocupaciones será velar por una abuela que no le he dado muchos motivos para tomarse el trabajo. Lo único que confirmo es lo que ya supe al escribir las cartas anteriores, no vendrán a menos que las llame, no verán por mí si es que necesito algo y por orgullo, esta vez me guardo el deseo de llamarles, porque si una va a empezar a perder la dignidad por una maldita enfermedad, que no la pierda también rogando por atención.

Es Rami, una vez más, quien me recoge del suelo cuando caigo sobre este al perder la fuerza para sostenerme al lavado del baño o cuando me muevo entre habitaciones, el bastón como el sostén más inútil en estos días, así que dependo de su brazo, que camine detrás de mí y que sea quien me acerque una lista de medimagos que, uno tras otro, me ponen al tanto de que un tratamiento puramente mágico puede resultar ineficaz para una enfermedad que al parecer tiene precedente en mis antepasados muggles. No son más de tres los que se retiran de la mansión con dinero que los compromete también a la confidencialidad, la pregunta que hago en la penumbra del comedor con Rami parado detrás de mi silla, recibe una respuesta queda y tan certera de su parte. Por eso ha sido mi mejor compañero en estos años. El lugar donde podré conseguir un médico muggle es el distrito nueve, rastrear alguno por el norte me llevará más bien a sitios insalubres.

Rami es quien consigue entrar al distrito, convenciendo a la seguridad con un cuento convincente, de los que aprende de memoria cuando yo le enseño, y así es como consigue traer a una médica al distrito cinco donde su “abuela” los espera, en otra habitación de muebles viejos que da una fuerte impresión de pobreza, reafirmada por mi ropa, así como la de mi esclavo. Mis cejas se elevan al reconocer el rostro por haberlo visto tantas veces, yo misma en el canal y en ciertas páginas de las tiradas de The Guardian. Mi mirada sanciona a Rami con discreción, pero ¿qué más da? Con mi edad y mi estado salud, pelearé con mis abogados para que me den arresto domiciliario en mi mansión si llega a haber problemas por este encuentro. —Alice Whiteley, si no me equivoco— le saludo con solemnidad, puedo estar vestida como pobre, pero hace mucho que me comporto como una señora de fortuna. —Gracias por venir a verme, espero sepa entender que en estos momentos visitar el distrito nueve compromete bastante— hablo con pausas, cada vez hablo más lento estos días, me aterra cada vez que descubro que es otra palabra la que salió de mi boca o ser incapaz de concluir una oración, yo, que toda la vida me dediqué a esto. Estoy asustada, lo admito. —Pero agradeceré la ayuda que pueda darme y será bien pagada por las molestias— a la mierda el cuento de la abuela pobre.
Georgia Ehrenreich
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Mensaje por Alice D. Whiteley el Dom Dic 13, 2020 11:07 am

No todos los días recibo visita de alguien que pide que salga de las barreras que mantienen protegidas a este distrito, límite que no debemos cruzar las personas como yo, que un paseo por cualquiera de las calles de los distritos adyacentes es suficiente para vernos empapeladas en aviso de que no pertenecemos a la libertad. Podría ser una trampa, simplemente una farsa del hombre que quiere llevarse la recompensa de entregar el rostro de uno de los más buscados. En estos tiempos de desesperación, donde el invierno azota por debajo de las puertas de lo más desafortunados, descubrir que esa es su motivación real para visitarme no es algo que considere tan disparatado. Por eso paso días rumiando el tema por las noches, al salir del trabajo, hasta que se va acercando el día en que pidieron que acudiera al cinco para una visita a la anciana cuya salud se está deteriorando por momentos. Consciente de lo inocente que suena, la vulnerabilidad de los más mayores siempre ha sido algo que a todos nos conmueve, termino por aceptar la cita, cosa que no sabrán hasta que me presente en el mismo lugar, encapuchada de arriba a abajo.

Conozco el cinco por ser el distrito en el que nos mantuvimos tanto tiempo escondidos, así que no me cuesta volver a transformarme en una sombra por sus calles, atravesando la misma donde se encuentra el viejo apartamento de Arya. Me es inevitable preguntar quién lo ocupará ahora que no estamos ni Benedict, ni Ava, ni Amber agazapados en un mismo colchón en la habitación principal. No es algo a lo que le dedique más de unos cuantos segundos de pensamientos, en primer lugar porque nunca me hizo bien el pensar en el pasado sabiendo que hay rostros que ya no están con nosotros, y en un segundo lugar porque ya llego al edificio que me señalaron como el lugar de encuentro. Mi primera reacción al aparecerme por debajo de mi capucha es dar un paso hacia atrás pese a que la puerta se cerró en mi entrada, por la sorpresa de encontrarme con una cara conocida y no precisamente de las amistosas.

Conozco a esta mujer porque es la misma que aparece como propietaria de la propaganda mejor vendida de Neopanem, y lo sé porque los rebeldes tenemos tendencia a aparecer en sus páginas. Mi reacción, como parte de una respuesta natural de mi organismo, es una consumida por el recelo al pasar mis ojos por los suyos. No parece que vaya a llamar a nadie, tampoco tiene el aspecto que hubiera esperado de una persona con su estatus social, a lo que lo mismo lo acompañan sus palabras. Mi cuerpo, poco a poco, pasa a liberar la tensión de mis músculos. —Georgia Ehrenreich— digo para finalizar con las presentaciones —Sí, bueno, visitar el distrito cinco a mí también me compromete bastante— apunto, como primer ejemplo de que no debería estar aquí y, aun así, lo estoy. —¿En qué puedo ayudarla?— el tema del dinero dejado a un lado, no entiendo qué puede hacer una persona como yo, buscada por todo este país, por ella.
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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Vie Dic 18, 2020 6:26 pm

Ramik— llamo al esclavo cuando las presentaciones quedan hechas, —tráenos algo para tomar a la señorita Whiteley y a mí— le pido por la costumbre de que estas sean las maneras cuando recibimos visitas en la mansión del distrito dos. Su cara de desconcierto dura lo que un pestañeo, entonces se retira de la sala dándonos cierta privacidad para una conversación que nadie mejor que él, conoce en todos los detalles, por ser quien los ha visto, atendido y soportado en este tiempo. —¿Sabe que es peor que ser un enemigo público, Whiteley?— pregunto, reacomodándome en el sillón que ocupo para que mi cuerpo encuentre una postura por la que no tenga que estar sufriendo de tener un resorte bajo la nalga, debido a lo desvencijado de este mueble. —Ser viejo— me contesto a mí misma, con ese tono arisco de quien se rebela a lo inevitable, como la edad misma. —Todos los días te despiertas con un dolor nuevo, en lugares de tu cuerpo que ni sabías que podían doler, ¡me duelen hasta las uñas y las puntas del pelo! No puedo comer como antes porque me da acidez, no puedo beber alcohol como antes porque corta los efectos de mi medicación, no puedo fumar un maldito cigarrillo que termino en urgencias…— refunfuño.

El bueno de Ramik reaparece en la sala con lo que parece una bandeja, dos vasos haciendo equilibrio sobre esta, quiero creer que su contenido transparente se debe a que se trata un buen vodka, y claro que no, lo acerco a mi nariz para tener la confirmación de que es agua, seguramente sacada de la canilla. —Si no me mata la vejez, lo hará el agua de las cañerías del norte donde seguro las ratas riegan su propio orín— rechazo el ofrecimiento de Ramik, demasiado acostumbrado a mis desplantes como para tomárselo a personal, él cumplió con traernos algo para compartir. —Decir que la vejez es el peor de los estados puede parecer una comparación injusta, pero cuando llegue a mi edad podrá entenderlo y darme la razón— asevero. Podría pasar inmediatamente al motivo que me hizo buscarla, elijo hacer un último rodeo para que todo quede dicho. —Agradezco de todos modos que usted también haya elegido correr este riesgo de salir del distrito nueve y acercarse al norte donde sabe que están esperando cruzárselos como perros hambrientos que son los del ministerio— no negaremos que los rebeldes han hecho esfuerzo también para alentar ese hambre voraz. —¿A tanto llega su vocación por atender enfermos, Whiteley? ¿Qué va por delante? ¿Una guerra que la necesita para pelear o usted misma con lo puede hacer por otros?— indago con un tono sereno así no se lo toma como que tengo un afán de andar poniendo dilemas a la gente. —Si se lo pregunto es porque sabrá que quienes ponen la guerra por delante de lo que son, lo ven todo y a todos en categorías de raza, ideas, opiniones, distritos. Y si ese es también su criterio, no sé si le confiaría mi salud.
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Mensaje por Alice D. Whiteley el Dom Dic 20, 2020 7:03 pm

No hace falta que...— empiezo a murmurar, más no creo que mi indicación pueda contrarrestar la de la mujer cuando envía al hombre fuera de la habitación en búsqueda de algo para beber. No será mucho lo que consiga, dado el aspecto de la vivienda misma de reunión, así que espero a que vuelva apenas unos minutos después de su retirada. Por lo demás, una vez que nos deja solas, vuelvo la mirada hacia la mujer que tengo delante, expectante ante lo que pueda decirme o, más bien, para lo que una persona como ella tiene que hacer aquí. No respondo a su pregunta, no me parece que tenga esa intención, lo mismo le permito que se explique en lo que yo me acomodo sobre mi silla, pasando una de mis piernas por encima y uniendo mis manos sobre ellas. —Lo lamento— es lo único que se me ocurre decir ante sus dolencias, esas de las que se queja sin pudor pese a no ser más que una extraña para ella —, la medicina todavía no ha encontrado una cura para el tiempo— trato de que suene comprensivo con respecto a su problema, pero está claro que termina resultando un comentario más bien amargo.

Veo regresar al que asumo tiene etiqueta de esclavo por el trato que recibe de su dueña, quien rechaza el vaso de agua lanzando una de las notas que consigue sacarme una sonrisa idiota, lo que me lleva a tomar la bebida y llevármela a los labios para evitar que se note que su actitud ciertamente me produjo una risa. Deduzco que esto es un tema serio para ella, si ha venido hasta el distrito cinco de mano de las ratas que ella misma menciona, arrastrándose hasta tenerme a mí delante por compañía. —Tenía curiosidad por saber qué querría de mí alguien como usted, ¿puedo llamarla Georgia? No la mentiré, varias veces me planteé que no fuera más que una trampa, tiene buena propaganda circulando por todo el país— se lo reconozco, terminando de posar el cristal en una mesa no muy lejana y que tampoco parece muy estable ahora que le presto atención. No obstante, la misma se la relevo de nuevo a la anciana cuando de sus labios salen cuestiones que no hubiera esperado tener que responderle a alguien como ella. —No pongo la guerra por delante de quién soy— aclaro de entrada, manteniendo mi vista fija sobre su rostro de piel arrugada —, pero de entre todas las cosas que podría ser, superviviente es la que más se acerca a la persona en quién me he convertido hoy, puede que por la guerra misma o simples circunstancias de la vida— digo, no sé si esa es la respuesta que deseaba obtener —Lo que puedo hacer por otros va incluido en eso, señora, siempre he priorizado, o intentado al menos, la salud de los más débiles— eso sí es algo que puedo decir con confianza, sosteniendo mi postura y espalda erguida en el proceso antes de murmurar: —Si decide confiar o no en mí, eso es cosa suya, pero dado que ha hecho un viaje muy largo hasta aquí, me atrevo a decir que arriesgando parte de su imagen, deduzco que ya ha tomado la decisión de confiar. Así que lo repetiré una segunda vez, ¿en qué puedo ayudarla?— luego veré yo qué tanto está en mi poder el hacerlo.
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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Sáb Dic 26, 2020 9:18 pm

Lo que la medicina ha hecho es perder el tiempo— resoplo, usando sus palabras para hacerla mi queja hacia estos años que pasan inclementes sobre mi salud y entereza de espíritu, poniendo a prueba a este último, algunas mañanas consiguen doblegarlo cuando me abandonan las fuerzas para dejar la cama y Ramik debe llevarme cada una de las comidas mientras repito episodios de series bizarras que no hacen más que aburrirme del hartazgo. Mi humor no hace más que empeorar, la irritabilidad se acentúa en mi carácter, es la manera más inmediata que respondo a todo, se lo demuestro también a ella pese a que trato de mantener las formas que me costó tanto interiorizar para comportarme como una dama que encajara entre otras. Pero los tiempos de tomar el té en tazas de porcelana también quedaron atrás, con recuerdos que cada vez se hacen más confusos, de nombres que se quedan en el borde de mis labios sin ser dichos, porque los olvidé de un momento a otro.

Razón que me llevó a estar mujer, a la que debo convencer que este no es el cuento de la abuela para llevarla hacia una trama. —Whiteley, déjeme aclararle algo— digo, enderezando mi espalda como lo hago cuando me siento en la cabecera de la sala de juntas de The Guardian. —Tengo fortuna como para no necesitar de la mísera recompensa que me puedan ofrecer por usted, y si bien tengo mi propia opinión política, muy contraria a la que sostienen los rebeldes, ¿por qué debería yo hacer el trabajo de los aurores y entregarla al ministerio? Tristemente, hablar con usted se puede considerar traición. Pero llevarla al ministerio, ¿en qué me beneficia? ¿Qué me dará Magnar Aminoff como recompensa real? Nada. No gano nada, absolutamente nada—  muestro las palmas de mis manos para que las vea tan vacías como lo sería también un agradecimiento por parte de la cúpula de esa institución. —Las lealtades, querida mía… no se definen por la sanción que se pueda recibir de una persona, sino por lo que esa persona pueda ofrecernos. Siguen siendo otros los que reciben beneficios extraordinarios del ministerio, dudo que a mí se me de algo más que la paz de una vejez en mi mansión y dejándome llevar un periódico que no osa contradecirlos—, que después de todo el que creía en un periodismo libertario era mi querido Gilbert, en mi caso no me arriesgaría estúpidamente a sacar titulares que arruinen el negocio que heredé como viuda.

Me complace saber que tiene una postura imparcial en cuanto a la salud se trata, la guerra tiene demasiadas aristas ideológicas que nunca llegaremos a cubrir y si tenemos que dividirnos en grupos en base a estas, seremos un puzzle de mil piezas. No tengo tiempo, ni paciencia, para esperar a que cada quien encaje en un sitio, ella es quien puede ayudarme así que estoy aquí para pedirle que lo haga. —Tengo problemas con mi memoria, muchacha— confieso, —no es la senilidad de la vejez como supuse, ni tampoco parece ser un cuadro tan alarmante como el de ciertas enfermedades muggles— explico, que repasé antecedentes de mis padres y abuelos para explicar mis aflicciones, el deterioro de mi padre fue mucho más grave, no era algo posible de disimular y de a ratos también, para sus hijos, de sobrellevarlo. El hombre que había sido una figura de autoridad para nosotros, se reducía a menos que un bebé para recibir nuestros cuidados. —Esto último no lo sé a ciencia cierta, ya que hasta el momento no tuve ocasión de hablar con un médico muggle— muevo mi mano para señalarla, aclarándole el por qué acudimos a ella. —Muchacha, lo que quiero decirte es que tengo la mente frágil, se parece a una telaraña hecha con mucho esmero. Por años soportó, resistente, pero en nada se rompe también al roce. Tengo olvidos frecuentes de cosas, personas, sucesos. Y hay días en los que olvido todo lo que ocurrió en las últimas dos semanas, cuando soy capaz de decirle detalles de alguna anécdota de hace veinte años.
Georgia Ehrenreich
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Mensaje por Alice D. Whiteley el Dom Dic 27, 2020 7:24 pm

Carácter es lo que desborda esta mujer, que a su queja bien justificada lo que hago es apretar mis labios, alzando mis cejas en un movimiento rápido. No es como que tenga mucho para decir al respecto, de todas formas, que si vamos al caso, ni siquiera estoy ejerciendo como médico titulada, sino que es una profesión que se me adjudicó por lo que aprendí de manera autodidacta luego de lo que me enseñó Allen y este muriera. No sé si eso es algo que ella sabe, deduzco que no, pero tampoco es algo que yo le vaya a decir, bien porque haría de su camino hasta aquí una pérdida de tiempo, o porque título o no, si ha corrido tantos riesgos es precisamente debido a que no ha encontrado auxilio en ningún otro lugar. Miro sus manos cuando me las muestra, vacías como dice, pero arrugadas, símbolo de su vejez que carga a todos lados de mano de ese bastón y, también, del pobre esclavo que ha vuelto a desaparecer tras la entrega del agua. —Doy por entendido entonces que no es una mujer política, Georgia, pese a tener opinión pública, no va a entregarme— saco como conclusión a su discurso, el cual adorna con palabrerías que no me interesan más allá de a lo que llego como resolución del encuentro. —Bien— mi raciocinio me indica que no suelte la soga tan deprisa, pero igualmente lo hago, aceptando sus condiciones y dejándolo claro por la manera que tengo de recostar mi espalda recta en la silla.

No estoy acostumbrada a que nadie me diga «muchacha», si lo dejo estar es porque no quiero llegar a la discusión de que por ser una persona que ha vivido muchos más veranos que yo, tiene el derecho a tratarme como tal. Supongo que a sus ojos lo soy, de todas formas, si hago una estimación de la edad que aparenta. —La demencia es un cuadro común en las personas ancianas, a medida que se van cumpliendo años... la mente es la primera que lo sufre en muchos casos— soy honesta al hablar porque ella misma no endulza sus palabras, como tampoco creo que aprecie que yo lo haga —Pero lo que usted está describiendo puede ser otra clase de problema. Asumo que se ha hecho pruebas para descartar que no se trata de ninguna enfermedad mágica que afecte a las células del cerebro—vuelvo a hacer hincapié en lo que la ha llevado hasta el distrito cinco, en búsqueda de una solución que un mago no ha podido darle —Y si ha sido así, y está segura de que es algo como usted dice... muggle, la enfermedad más agresiva que se ha conocido hasta ahora es el Alzheimer. No existe una cura para ello, no humana, ni mágica, la pérdida de memoria es inevitable— expongo lo más grave que podría significar su deterioro, pero no doy certeza aun de que lo sea —Puede no serlo, son muchas las causas que producen deterioro y falta de memoria, es más común de lo que cree— aclaro —Para detectarlo se le tendrían que hacer exámenes, análisis sanguíneos y pruebas que lleven a su diagnóstico. Lamentablemente mi labor aquí es limitada, más allá de las fronteras del nueve no soy bienvenida, como bien sabe, tendría que usted misma penetrar el distrito y dudo que eso sea lo que quiera— lo triste es que no puedo hacer más por ella, más que aconsejarla y darle mis recomendaciones personales, si no desea ser vista en el nueve.
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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Mar Dic 29, 2020 11:47 pm

No soy una mujer política en el sentido de que no hay una banca de primera ministra que se me vaya a otorgar, como para creer que mis decisiones puedan tener una influencia sobre el manejo político de este país, y en vistas de que así es, mis decisiones personales y en lo que a usted respecta, serán mantenidas en secreto—  le aseguro, para que podamos llevar esta conversación con ese miedo estúpido de que pueda entregarla dejándolo fuera. Teniendo otras prioridades que apremian mi tiempo, ¿por qué lo derrocharía tomando la lista de enemigos del gobierno en mis manos? ¡Bah! Pasaron un par de gobiernos delante de estos ojos, como para que este último me importe más que para revisar que los titulares del diario estén bien escritos, mientras son otros los que se alzan en el poder, yo veo cómo el que me costó tener sobre mi propia vida y destino se va deslizando entre mis dedos. Y después de todo, siempre fui una mujer que pensó en sí misma por delante de los demás, de no hacerlo, seguiría viviendo en la casa que una vez habité con mi primer marido, luego de toda una vida dedicándome a hijos y nietos, recibiría la misma indiferencia que en el presente, pero como la mujer patética que nunca hizo nada para cambiar la suerte de pobre y relegada.

Escucho lo que ella pueda decirme del relato que le hago, sin estudios a la vista, sin otra cosa que mi palabra para hacerse una idea de lo que me aqueja. —¿Tengo que ir al distrito nueve, entonces?— pregunto con impertinencia, ese tono es el que impregna mi voz porque no sé hablar de otra manera. —Podría ir con una poción multijugos, si me garantiza que los estudios me hará en absoluta reserva, sin que nadie más me vea, la acompañaré tras conseguir esas pócimas y Ramik puede esperarme aquí a que regrese. ¡Ramik!— bramo el nombre del esclavo una vez más, cuando está a unos pocos pasos, enterándose de cada cosa dicha en la conversación, y de todas maneras, agachando su cabeza sumisamente cuando se acerca para que le de las indicaciones, como si no las hubiera oído. —Debe de haber alguien en este distrito que venda pociones multijugos traídas del mercado negro del doce, apurate en buscarlas, así no hacemos perder su tiempo a esta pobre mujer— lo aliento a marcharse, otro voto de confianza en la rebelde con la que estoy compartiendo habitación. —Esos estudios supongo que ayudarán a un diagnóstico más cercano, por el momento, la razón por la que creo que sufro esta enfermedad no tiene fundamento médico…— le cuento, entrecruzo mis dedos sobre mi vientre al soltar un suspiro. —Me entrometí en las memorias de otras personas más de una vez, quizás los más jóvenes puedan abusar de estas habilidades mágicas sin percatarse de lo que puede afectarles a sus propias mentes, supongo que el abuso que yo pude hacer en la última década terminó teniendo sus repercusiones dentro de mí misma memoria… — le explico. —No hay nadie que me haya dicho esto es posible, pero la magia es magia. Dudo que nuestras mentes puedan permanecer indemnes de nuestras intrusiones a mentes ajenas.
Georgia Ehrenreich
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Mensaje por Alice D. Whiteley el Miér Dic 30, 2020 4:38 pm

Alzo ligeramente las manos de mi regazo en señal de inocencia, bastando con ese gesto para que sobre entienda que no está entre mis pendientes el delatarla a nadie, mucho menos a las autoridades. En lo que a este encuentro se refiere, yo tengo muchas más que perder que ella, que con su estatus social y cuenta bancaria, tendría suficiente como para barrer este lugar y liberarlo de pruebas, de que siquiera haya tenido lugar. Lo que sí hago es asentir con mi cabeza, mucho más dócil que el tono que recibo de ella y al que supongo se acostumbró luego de forjar un nombre como el suyo. —Debería, allí podremos hacerle los exámenes pertinentes y, aunque la tecnología que tenemos no se acerca a la que utilizan en el capitolio, creo que podríamos hacerlo funcionar.— explico sin reservarme detalles, para que con su visita no venga el chasco de encontrarse con un hospital dispuesto para un distrito, pero ni de lejos para tomar los pacientes con las patologías más complicadas del país. —Y si lo que quiere es discreción, me encargaré de que sea solo yo quien lleve su caso, ¿de acuerdo?— le doy mi palabra, así ella puede dar la suya al esclavo que se acerca a su dueña para asentir a todo lo que dice. Desconozco si es capaz de almacenar toda la información que recibe de ella y ejecutarla en el acto, pero se tiene que admirar la postura del hombre con respecto a una mujer que no parece fácil de lidiar.

Pero— añado para llamar su atención y que regrese la vista hacia mí. Siempre hay un pero —, necesito una certeza más allá de su palabra para asegurar que no hará nada... peligroso— por así decirlo —Verá, Georgia, así como usted pide que colabore con mi silencio ante su problema, comprenderá que no puedo meterla en el distrito, con o sin poción multijugos, con el panorama actual que tenemos encima. No es porque no confíe en ella, créame en esto, estoy tan interesada como usted en ayudarla, pero no todos podrían pensar lo mismo dentro del distrito— murmuro. La gran mayoría conoce el nombre de la mujer por ser dueña del periódico más comprado en Neopanem, también ha sido el encargado de escribir numerosos artículos en los cuales algunos han tenido por protagonistas a más de uno. —No querría correr ningún riesgo, tanto por mi seguridad como por la suya— aclaro, de eso se trata, de poder ayudarla, pero para eso ambas tenemos que colaborar, su palabra puede servir en los diarios, pero necesito de un pacto más fiable para aceptar a meterla en el distrito.

Aclaraciones hechas, me permito escucharla, acostumbro en el centro de salud a que los ancianos me cuenten como les ha ido el día sin venir a cuento, para mí es corriente prestar los oídos a lo que tienen para decir estos. No lo considero una pérdida de tiempo, es de quienes más se aprende si uno es capaz de atender a las partes esenciales de un relato que puede no tener importancia. —¿Se refiere al karma?— pregunto, sin que me preocupe porque suene más inocente de lo que realmente es. No lo habría pensado nunca de no escucharlo de ella, que exista alguna clase de karma mágico capaz de darle la vuelta a una situación sacada de provecho. —La memoria es complicada de por sí, sin necesidad de que una varita intervenga o la propia mente de un mago sobre esta, creo que... jugar con ella termina dañando la mente de manera irreparable— suspiro de manera cansada, no siendo la primera mujer de quien escucho que ha tenido pérdidas de memoria, con el ejemplo más cercano que poseo dentro de mi propia cabeza.
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Mensaje por Georgia Ehrenreich el Dom Ene 10, 2021 9:02 am

Hay cosas que un espíritu tan cansado como el mío por la vejez aprecia de ver en las personas, como para que indiferentemente del bando que representen, consigan mi agrado. El que hagan su trabajo, el que sean reservados y que procuren ver la manera de que las cosas sucedan, para excusas de por qué no se puede tengo todos los días llamadas de la editorial y fundamentos de por qué no se debe mirar hacia alguien de distritos contrarios al ministerio, tengo los reportes del boletín oficial que quedan en pilar, ordenados, por debajo de mis intereses personales. La vida al estrecharse sobre su final, reduciendo el tiempo que tenemos para las cosas, nos da la razón de que siempre se trató de ver por uno mismo. —Solo usted— repito, esa también es mi condición, no quiero tener a otro sanador o médico cerca, los secretos nunca deben superar el número de dos personas, salvo que la tercera sea un Ramik, cuyo silencio está asegurado como siempre lo ha estado también su presencia y obediencia a mis indicaciones, así que espero a que se retire para inclinarme hacia la mujer.

Aprecio a mi esclavo, Whiteley— le confieso, en un susurro como debe ser, mi mano puesta sobre la rodilla para que me sirva de apoyo. —No puedo mostrárselo abiertamente porque sigue siendo un esclavo y yo una bruja, ambos viviendo en el distrito dos. Pero nunca lo he maltratado, ni le ha faltado nada. Si se enferma me encargo de que reciba una buena atención con el argumento de que lo necesito para que siga siendo mi compañía de vieja y los sanadores lo entienden así— explico, lo hago para que dejarle en claro algo. —Aprecio a las personas que me ayudan, que prestan una ayuda real, incluso si es por obligación. Pero Ramik, siendo esclavo, hizo por mí más que nadie en la vida. Me casé con un buen hombre— le cuento, en referencia a aquel de quien llevo el apellido hoy en día, —y él tampoco, dándome todo lo que me dio, realmente me ayudó. Eso solo lo hizo Ramik, fue el único que miró por mí en el momento más cruel y banal de la vida de necesitar de alguien para que controle que la fiebre baje o se acuclille a recogernos del suelo en el que nos tropezamos…—. Ella también es humana, quiero que sepa que eso no hace que la mire con una jerarquía que es social, pero no es mía. —Si usted me ayuda en esto, que es importante para mí, ya que se trata de mi salud… también podré responderle con mi aprecio, Whiteley— se lo aseguro.

Sopeso lo que me pide sin poder encontrar una respuesta de mi parte. —¿Qué necesita como certeza para que pueda permitirme el ingreso?— pregunto, que mi esclavo ya debe estar rebuscando en el mercado la bendita poción que le pedí y será un derroche de tiempo si al final se me negará la entrada al distrito. —Whiteley, le aconsejo no cometa el mismo error que muchos en estos días, no vea enemigos en todos. Las prevenciones de peligro son necesarias, pero quienes predisponen sus ojos a ver enemigos en cada rostro, se quedan solos o se rodean de fanáticos. Pierden la oportunidad de formar alianzas, quizás no trascendentales para la historia de Neopanem... pero que a futuro podría permitirle tener con quien contar de necesitar una ayuda para alcanzar lo que se desea— le doy mi punto de vista, que llevo administrando la empresa que me heredó Gilbert a su muerte y mucho de lo que aprendí gestionándola, también lo puedo aplicar a la vida.
Georgia Ehrenreich
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Mensaje por Alice D. Whiteley el Mar Ene 12, 2021 7:58 pm

Realizo un gesto suave de cabeza para dar mi palabra, formalizando con ello el secreto profesional que obliga a mantener discreción con respecto a sus problemas de salud. De todas maneras, no ganaría nada extendiendo esta información a otras personas y tampoco es mi intención colocarme en la postura de ser quien cargue con ese dilema moral. Lo dejo así, com un pacto entre ella y yo al que no creo sea necesario agregar nada más, a no ser que ella misma desee compartir algo en el último momento. Y claro que lo hace, si algo tengo entendido es que nuestras motivaciones internas, por mucho que sean íntimas, pueden darse otros vínculos que requieran de nosotros expresar libremente estos pensamientos individuales. En el caso de la medicina, al tratarse la salud de un tema tan delicado, la relación de confianza que puede forjarse entre un médico y su paciente no se da con otras personas, muchas veces ni siquiera dentro del entorno familiar.

Por eso mismo no me sorprende escuchar de su boca el aprecio que reconoce tener hacia su esclavo, también se crean vínculos especiales con el cuidador de una persona, cuando es este quién está en los buenos momentos, pero mucho más en los peores que es cuando todos requerimos de una mano que nos ayude a levantarnos, nos hace ver quien está verdaderamente dispuesto a amarnos y quién solo desea estar cuando las cosas van bien. —Dije que la ayudaría, planeo cumplir con mi palabra— aseguro, el problema que me condiciona a otorgar esa ayuda es que por mi cuenta no cuento con el material para hacerla posible. Me encuentro con el debate que ella misma plantea al decirme que, de querer hacer cada rostro un enemigo, solo haré que chocarme contra el peligro real que puedan suponer los que sí atentan personalmente contra mí y los que me importan.

Me recuesto sobre el asiento, recuperando la naturalidad de mis labios en un rostro neutro, en lugar de pensativo por los segundos a los que le dedico su consejo. —Bien— comienzo, paso a mirarla a los ojos —, dado que esto no se trata de ningún acuerdo político, ni ninguna queremos hacer declaraciones de la misma índole, yo también le pediré algo personal a cambio, un favor por otro favor— ella también parece de las personas que cumplen con su palabra, puede que los años la acompañen a que tome esta postura hacia ella y me fíe de que también ponga de su parte en este pacto de silencio —Tuve una hija, Georgia, murió durante el bombardeo que lanzaron sobre el catorce— le cuento, no como acusación a los actos que cometieron parte de su gente, simplemente como breve explicación para que pueda ponerse en contexto —Pero la olvidé, hubo una persona que se encargó de borrar mis recuerdos porque en su momento el dolor por haberla perdido no era compatible con mi propia vida. Fue en contra de mi voluntad, hubiera preferido morir antes que continuar en un mundo donde ella no estuviera, así que otros decidieron por mí— continuo, aunque no hay rastro de rencor en mis palabras, ya no lo siento. —Mencionó anteriormente haberse entrometido en mentes ajenas para hacer abuso de sus recuerdos. Bien, lo que yo le pido es sencillo, porque ni siquiera encontrará oposición a que se meta dentro de mi cabeza— asumo que ella también es madre, puede entender lo que le estoy pidiendo —Devuélvamela, devuélvame a mi hija, y la ayudaré.— en algún momento, mi petición se volvió un ruego en lugar de un intercambio de favores.
Alice D. Whiteley
Alice D. WhiteleyConsejo 9 ¾

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