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Use my best colors for your portrait — Lyra ⁺¹⁸

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Mensaje por James G. Byrne el Vie Dic 11, 2020 6:28 pm

El regreso al once ha sido silencioso. Dentro de mi cabeza, procesar los últimos días me genera un cierto grado de incomodidad, de esos que te obligan a buscar nuevos hilos de pensamiento con tal de sentirte un poco mejor contigo mismo. Conocido por sus terrenos extensos y plantaciones marchitas, conseguir una granja para nosotros  en este territorio no ha sido difícil, aunque lo malo es el haber tenido que movernos por kilómetros hasta el norte del distrito hasta dar con una casa pequeña, vieja y arruinada, cuya apariencia delata que ha sido revisada en otras ocasiones y que nadie vive aquí desde hace mucho tiempo. ¿El lado positivo? Los dementores ni se molestan en venir seguido a este lugar y la puerta trampa en el piso del salón nos dejaría escondernos en caso de que vengan. ¿Lo malo? Estamos lejos de absolutamente todo, de modo que buscar algo de comer puede llevar horas y la nieve no es que nos permita tener alguna huerta.

Es por eso mismo que me encuentro solo.  Sage y George han salido en busca de alimento, posiblemente para generar una reserva que dure días ahora que regresamos y, estoy seguro, mi hermano se ha llevado a mi amigo solo para que le ayude a encontrar productos que no nos acaben intoxicando. Es positivo, en cierto punto; no es como que tenga ánimos de andar por las calles, cuando todavía estoy tratando de procesar la conversación que he tenido con ese hombre. Ni siquiera me siento capaz de ponerle nombre en mi cabeza, no cuando sé con quién se relaciona y cómo puede llegar a afectarme. En algún punto sé que no debería ser tan duro conmigo mismo, pero creo que tampoco puedo evitarlo. Convencerme de que ha sido lo mejor es la parte más dura.

Estoy con la cabeza metida en la vieja chimenea, chequeando si las maderas aún son utilizables o si debo buscar más, cuando el golpe en la puerta me obliga a asomarme entre estornudos a causa del polvo. Con la mano contra la nariz, percibo el acelere de los latidos de mi corazón. ¿Quién se ha tomado la molestia de venir hasta aquí? Mis ojos van de inmediato al sofá antiguo y mugroso del rincón, ese que no pudimos limpiar del todo y detrás del cual se esconde mi arma. Otro golpe, por las dudas me muevo en puntitas y asomo un ojo por una de las cortinas, esas que me permiten espiar al exterior. La imagen de la cabellera rubia hace que mi boca se transforme en una mueca de incredulidad.

La puerta se abre de un tirón, pero lo primero que sale por ella es mi brazo, rápido como una garra que se aferra alrededor de la muñeca de Lyra Pearson y jala de ella para ponerla a salvo dentro de las paredes de esta sala que, mal que mal, se supone que es mi nueva casa — ¡¿Qué demonios haces aquí?! — a pesar de que estemos solos, trato de bajar la voz. Nuestras conversaciones vía celular fueron escuetas, confío en el manejo de Mimi para evitar hackeos pero aún así jamás me he explayado demasiado. Meneo la cabeza, sin saber si sonreír o frustrarme en lo que doy un paso hacia atrás para verla mejor — Estás loca. Lo sabes, ¿no? — por si las dudas, yo se lo recuerdo.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Vie Dic 11, 2020 7:24 pm

A principios de febrero hace mucho más frío de lo que una habría pensado. Es decir, cuando pienso en el invierno pienso más en... No sé, diciembre o enero. Pero febrero ha venido fuerte. Y me cuesta horrores llegar al maldito sitio. Está en medio de la nada. No quiero arriesgarme a aparecerme, por miedo a que puedan rastrearme y pillar a Jim con ello, así que simplemente me paso un rato inhumano caminando por el campo helado hasta que, al avistar la casa en cuestión, siento que no está todo perdido. O que no voy a morir congelada en este sitio dejado de la mano de todo el mundo. Soplo aire caliente en las palmas de mis manos, helada, mientras arrastro los pies, también helados, por el suelo que oh, sorpresa, está helado. Por lo menos la mochila que cargo en la espalda me da algo de calor, y el hecho de que pese y me exija un esfuerzo ayuda a que mi cuerpo esté activo todo el rato.

La verdad es que no tengo claro si Jim me dijo dónde estaba para que fuera a verle o para que supiera que estaba bien, simplemente. Pero la falta de especificación me lleva a pensar que estaba abierto a interpretación, así que no creo que le moleste verme. Y menos con lo que llevo en la espalda. Es decir, busqué este lugar en los mapas antes de venir. Sabía que estaba en medio de la nada, y que en pleno invierno esto iba a ser difícil para la gente sin magia. Así que me va a agradecer las latas que cargo seguro. Y el chocolate. Pensándolo bien, tal vez tendría que haber cargado mantas también, pero la comida la va a agradecer seguro. Pero tendrá que conformarse con esto. Hasta que vuelva, al menos, si es que me deja repetir esta visita improvisada.

Cuando llego a su casa -si es que se le puede llamar casa a este lugar- golpeo la puerta con suavidad, y espero. Pero no me queda mucha paciencia, estoy helada y quiero verle ya así que, a los pocos segundos, vuelvo a llamar con algo más de insistencia. Entonces, antes de que pueda procesarlo, él abre la puerta y tira de mí con fuerza hacia dentro. Le miro, sorprendida, cuando me habla —¿Loca? No soy yo la que está viviendo en una granja abandonada en medio de un páramo helado— susurro, en broma, mirándole —Además, te he traído comida, deberías estar contento de que haya venido— le digo, alzando las cejas. Dejo caer la mochila que llevaba en la espalda al suelo, descargándome de todo el peso, y me cruzo de brazos, queriendo entrar en calor. Realmente me gustaría que estuviera contento por mí, no por la comida, pero llegados a este punto me conformo con poco. Me quedo quieta unos segundos y le observo, frunciendo el ceño —¿Por qué estamos hablando bajito?— pregunto, todavía en un susurro, sin saber si nos estamos escondiendo de algo o alguien ahora mismo. Y preguntándome, también, si aparte de dislocarme un brazo haciéndome entrar en este sitio piensa darme un abrazo. Porque creo que me lo merezco un poco, después de la caminata por el frío y de la despedida dramática que tuvimos, en la que no se paró a pensar que tal vez tendría un maldito teléfono para no tener que actuar como si no fuéramos a vernos nunca más.
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Mensaje por James G. Byrne el Vie Dic 11, 2020 7:43 pm

La manera en la cual separo mis labios con claras intenciones de un reproche me hace ver como un idiota, puesto que no suelto palabra y levanto la mirada en un repaso de lo que acaba de decirme y… supongo que tiene razón — En mi defensa, si viviera en el centro del distrito no estaría vivo. No tienes idea de la cantidad de seguridad que se mueve durante las noches — la neblina ha empeorado mucho en las últimas semanas, lo cual significa que los dementores se encuentran un poco descontrolados y ni hablar de los rumores de peleas callejeras y hurtos poco amables en los pasadizos. Quizá los aurores tienen permiso para recorrer cada rincón en busca de rebeldes, pero eso no quiere decir que muchos delincuentes no tengan cierto pase para cometer sus actos sin que nadie les ponga un freno, como si el gobierno estuviera más preocupado por los peces gordos. He oído que, aún así, encontraron a un sujeto en un callejón tras haber sido besado por un dementor, bastante desagradable.

Lo de la comida me hace sentir un pelín culpable, lo suficiente como para hacer que me encoja un poco en mi lugar en lo que murmuro un agradecimiento que no estoy seguro de que ella pueda escuchar.  Es lo siguiente lo que me arrebata una risa suave, pero un poco más calma — No tengo idea. Ni George ni Sage están aquí y dudo que lleguen pronto — mis ojos se van de inmediato a la ventana más cercana, por la cual aún ingresa luz del día. Se fueron temprano, pero en verdad espero que regresen antes de que se ponga el sol — ¿Por qué viniste, Ly? Es arriesgado. Hay controles en todos lados y con tu historial… — quizá ella no ha hecho mucho, pero basta con ser prima de quien es y haber dejado el Capitolio para irse con los rebeldes como para que el Ministerio no la deje en paz si le ponen las manos encima. Han ejecutado a personas por menos que eso. Suspiro con pesadez, regresando los ojos a ella — No es que no me alegre verte, pero no deberías haber venido. No vale la pena el riesgo — si acaba en prisión por venir a visitarme, no podré sacármelo de la cabeza.

Mis manos frotan mi pecho con algo de nerviosismo, tal y como si tuviera que arreglarme cuando está claro que he vuelto a bajar de peso (no, ya sé, no es un milagro si siempre he sido un escarbadientes) y mis ropas no están en el mejor estado. Tengo el pelo hecho una maraña, pero puedo decir que me he lavado esta mañana y la mugre no será tanta como en otros días. Aún así, el paso que doy en su dirección sigue siendo dudoso a pesar de que mis brazos se muestran firmes al rodearla, apoyando mi mentón sobre su cabeza — Es bueno verte — murmuro. Una vez más, mi voz baja, aunque esta vez es culpa de mi propia pesadez — No te irás esta noche, ¿de acuerdo? Si viniste hasta aquí, no voy a dejar que camines por la calle en cuanto comiencen las guardias. Sería una locura, incluso peor que hayas viajado hasta aquí — lo que, de todos modos, me pinta una sonrisa furtiva que espero que ella no pueda notar.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Vie Dic 11, 2020 8:11 pm

Un escalofrío desagradable me recorre entera cuando dice que si viviera en el centro ya estaría muerto y niego, rápidamente, porque no quiero que eso ocurra. No necesitamos todavía más drama en nuestras vidas, y perder a Jim sería un golpe demasiado duro. No puedo perder a más amigos. No puedo perder a más gente a la que quiero. La herida de Lea apenas está cicatrizando, si perdiera a Jim ahora... Bufo, incapaz de imaginar el dolor desgarrador que supondría eso. Así que me centro en responderle con una mueca burlona cuando me cuestiona que esté aquí, preguntándome por qué he venido —Oye, tú no decides lo que vale la pena y lo que no, ¿de acuerdo? Ya sé que es peligroso y que hay controles, pero me atrevería a decir que ahora mismo absolutamente todo lo que hago tiene cierto peligro... Así que me reservo el derecho de elegir a qué peligros me expongo conscientemente— digo, firme, no admitiendo discusión a ese argumento —. Y he elegido venir aquí, así que no intentes disuadirme porque es algo que pienso repetir... Si me dejas, claro— aclaro, porque tampoco es cuestión de que se me vaya la olla.

Por fin viene hacia mí y me abraza, y yo me fundo en ese abrazo con gusto. Echaba demasiado de menos sus gestos, y me quedo agarrada a su cuerpo flacucho como si me fuera la vida en ello —Andando hacia aquí pensaba que tal vez era una mejor idea traerte mantas... Pero necesitas toda la comida que hay en mi mochila y más, claramente— le digo, con una sonrisa amistosa que no puede ver, sin soltar el abrazo. No es nada nuevo que está delgado, pero siempre está en una fina línea muy peligrosa entre lo delgado y lo esquelético, y no me gustaría que llegara a lo segundo. Sonrío cuando dice que pasaré la noche aquí y me separo un poco de él, sin soltarle, lo justo para buscar su mirada con una sonrisa burlona —¿Es la forma más sutil que tienes de pedirme que pase la noche contigo, Byrne?— bromeo, riéndome levemente mientras me separo de él.

Me agacho para agarrar mi mochila y le miro —Por cierto, estoy un poco enfadada. ¿Te mudas a un sitio tan absolutamente precioso y ni te dignas a mandarme una postal?— bromeo, colgándome la mochila del hombro —Anda, enséñame la cocina. O lo que uséis como cocina. Te voy a enseñar el gran manjar que alberga mi mochila— levanto las cejas repetidamente, divertida. En realidad son, en su mayoría, latas de conserva, ideales para una situación como la suya. Pero traigo algo de fruta fresca, pasta y chocolate, y estoy segura de que esto va a alegrarle, ni que sea mínimamente.
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Mensaje por James G. Byrne el Vie Dic 11, 2020 8:34 pm

Se me escapa un ruedo de ojos ciertamente divertido y acabo por mostrarme rendido, que está claro que no tiene sentido el discutir, al menos no si consideramos que ya está aquí y que nadie le ha cortado la cabeza — Te dejaré siempre y cuando me prometas tener cuidado. Eres bruja, mientras más te aparezcas y menos te vean la cara por la calle, mejor será para nosotros — no tengo idea de si pueden rastrearla de esa manera o no, pero me gustaría que no ande caminando con la cara descubierta por ahí. No cuando abrazarla se siente un poco más como en casa, cosa que no notaba desde que nos marchamos y, debo admitirlo, siento una enorme nostalgia por el paisaje del distrito nueve. Incluso puedo decir que extraño a cada una de las personas que viven allí, tanto que intento por todos los medios no sacar las fotografías de mi mochila para no sentirlo como un golpe masoquista. Se me escapa una vaga risa — Jamás le diré que no a algo de comida decente — que no voy a criticar a Sage y su talento, pero todos sabemos que la calidad no es la mejor en estos lugares.

Ya querrías tú que te lo pida — es un pique amistoso, estirando el suéter que el abrazo ha arrugado un poco más de lo que ya estaba. Un resoplido me hace vibrar los labios, meneo un poco la cabeza y acabo por encogerme de hombros — No tiene nada que envidiarle al nueve — los paisajes son amplios, el verde y el blanco parecen predominar y, aunque el centro aquí esté cargado de pobreza, las mismas calles de barro y las cabañas de madera son un punto en común. Sí, quizá aquí estamos más cerca de las montañas, pero la hambruna es mucho peor — No hay mucho que mostrar, si te soy sincero, pero ponte cómoda… — mis manos amagan a tomar su mochila para quitarle el peso, pero las escondo detrás de mi espalda al no querer ser invasivo. Sin más, le hago un gesto para que me siga.

Supongo que esta granja habrá sido un sitio rústico y bonito cuando alguien legal vivía en ella. El papel de las paredes se encuentra asqueroso, la madera de los pisos suele hacer ruido y los muebles tienen más años que la corrupción, pero funciona para nosotros. La sala de estar no es muy grande, pero el arco de madera da a la cocina de ventanas amplias que, hoy en día se encuentran tapiadas. El pasillo que separa la sala del comedor no es muy largo, pero conecta también con el baño y la escalera que da al piso superior. Al llegar al primer escalón, me apoyo contra la baranda y me giro hacia ella — Las habitaciones superiores son tres y un baño, así que podemos decir que estamos cómodos — subo los escalones de espaldas, de manera que puedo seguir con los ojos puestos en ella mientras le dedico una sonrisa divertida — Puedo dormir en el sofá esta noche, si quieres. No voy a dejar que pierdas la privacidad, así que mi cama es toda tuya — no es el colchón más cómodo del mundo, pero es algo.

Me detengo en cuanto pongo un pie sobre el piso superior. La ventana delgada del pasillo se encuentra cubierta por una madera que no ha sobrevivido bien al tiempo, porque posee un trozo partido. Mi atención se fija en ello en cuanto meto las manos en los bolsillos de mi pantalón, lanzando un suspiro — Si no piensas en quienes estuvieron aquí antes que nosotros, no está tan mal. Si hacen redadas tan lejos de la zona urbana, hay una trampilla en la sala que puede escondernos. De seguro será temporal, como todo en el norte — antes de volver a las calles y a la mierda pura. Sacudo la cabeza, regresando los ojos a ella — No tiene mucho que ver con la gran ciudad, ¿no? — que de los lujos del Capitolio, aquí ni hablamos.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Vie Dic 11, 2020 10:17 pm

La verdad es que que me de luz verde para repetir alguna que otra visita esporádica como esta me llena de cierta tranquilidad. Porque no solamente no me está echando, sino que además me está animando -bueno, tal vez no tanto como animar, pero sí permitiendo- volver —Soy bruja, podría aparecerme pero eso aumentan las posibilidades de que puedan rastrearme. Si me visto con ropa vieja y me paseo por los distritos del norte con una mochila en los hombros puedo pasar desapercibida, creo— digo, simplemente, como dejando claro que esta no va a ser la última vez que llene una mochila de comida para él y sus compañeros. La forma en la que responde a mi burla me hace levantar las cejas, divertida —Ya sabes que sí— sonrío, siguiendo la broma. ¿O no tan broma? El maldito montó todo el drama antes de irse y yo lloré y él lloró y me dio esa especie de beso raro en el cuarto donde estaba preparando mis fotografías. En fin. Ese es otro tema que no sé si debo tocar hoy. Tal vez no es el momento adecuado. Sea como sea, ahora simplemente estoy contenta de volver a verle. Y de verle bien, por encima de todo, porque me tenía preocupadísima hasta que no empecé a recibir sus mensajes.

Le sigo por la casa, mirando a mi alrededor, como estudiando cada rincón de este nuevo escondite que comparte con su hermano y el otro chaval. Que tengan una habitación para cada uno me parece una buena noticia, porque eso significa que pese a la situación de mierda que supone estar huyendo, todavía le queda algo de privacidad, un espacio propio -aunque sea en un sitio como éste- y algo de calma. Cuando dice que puede dormir en el sofá esta noche meneo la cabeza, decidida —No, no, ni de broma. No vas a dormir en el sofá— frunzo el ceño —Puedo dormir yo ahí. O en tu cuarto en el suelo. Ya lo decidiremos. Pero nada de sofá— le digo. Estoy segura de que tiene algún muelle salido que podría perforarle la espalda, o a mí. Me parece un lugar más idóneo para dormir el suelo que el sofá.

Sonrío un poco ante la comparación con la gran ciudad y sacudo la cabeza —Nada de nada— reconozco. Tampoco es que yo sea la experta en grandes ciudades. Nací en el tres y crecí allí, y pisé el Capitolio para estudiar y para mis prácticas en el Ministerio, pero tampoco era mi lugar favorito del mundo —Aunque, sin ánimo de romantizar la pobreza, tengo que decir que las grandes ciudades agobian. Mucho. ¿El Capitolio? Es horrible, jamás viviría ahí. Antes preferiría mudarme al campo en una casa como esta. Bueno, no, en mejores condiciones. Pero entiendes el concepto— me río levemente —Una casa en el campo, con toda la calma del mundo, pero con los recursos suficientes como para vivir una buena vida, ¿sabes?— aclaro —Y hablando de eso... Estoy hambrienta. He andado demasiado. Ven— sonrío.

Le tomo del brazo, entonces, llevándole conmigo hacia el salón. Dejo la mochila en el suelo de nuevo y la abro, decidida, antes de empezar a dejar encima de la mesa todo lo que cargaba —La mochila está embrujada. Es un hechizo que permite que sea más grande por dentro que por fuera. Así que traigo cosas como para alimentaros durante una semana a los tres. O dos semanas. Depende del hambre que tengáis— dudo al decir eso, porque con el frío hay que comer mucho. Voy apilando en el suelo latas de conservas, legumbres, pasta, botes de salsa de tomate, algunas verduras y frutas frescas, aunque pocas. Todo lo que se puede encontrar en el nueve a precios asequibles y amigables con mi cartera. No son manjares, pero les permitirán subsistir —A parte de toda la comida... Esto puedes considerarlo un regalo para ti— termino, ya con toda la comida fuera, sacando de la mochila tres tabletas de chocolate con una sonrisa traviesa.
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Mensaje por James G. Byrne el Vie Dic 11, 2020 10:39 pm

Sé que discutir sobre el asunto del sofá no nos llevará a absolutamente nada, así que lo dejo ahí con el conocimiento de que volveremos sobre el tema dentro de unas horas, cuando tenga que explicarle a mi hermano y a Sage que tenemos una visita a la cual agasajar con lo poco que poseemos. Con respecto a lo de las grandes ciudades, por extraño que parezca, no puedo estar más de acuerdo. Lo demuestro con un movimiento afirmativo de la cabeza — Hice muchos recados en el Capitolio cuando trabajaba para Eloise Leblanc y es una ciudad sin alma — concuerdo, la mueca que suelto deja bien en claro que las memorias no son agradables — La isla tampoco me gustaba. Las mansiones eran increíbles, sí, pero no le veo sentido a poseer tanto mientras otros no tienen nada — en ese último grupo siempre entré yo, como un miserable. Puedo coincidir en la idea de solo desear una vida decente y estable, pero sé muy bien que estoy lejos de ello.

Por ejemplo, jamás voy a rechazar comida cuando está claro que hemos estado siendo cuidadosos con las raciones. Me dejo guiar hasta que mis pasos van por sí solos tras ella, solo puedo quedarme de pie tras una silla y me recargo contra el respaldo de la misma con las manos para poder ver todo lo que va sacando. Se me escapa una sonrisa, consciente de lo que siento en este momento es pura conmoción — No entiendo por qué te tomas tantas molestias por mí. Te dejé sin nada y sin intenciones de regresar y tú… — Aquí está, como si fuese un capricho el continuar presente en una vida que aún estoy tratando de ordenar. La aparición del chocolate solo hace que se me escape una risa incrédula, me separo de la silla y me acerco a ella para poder tomar los paquetitos — Con esto en verdad estás buscando que me acueste contigo, eh — retomo el chiste sin siquiera pensarlo, porque creo que el dulce fue un sabor desconocido en mi vida hasta que empecé a pasar tiempo con el pobre de Sage, cuyos postres siempre fueron la gloria.

Apoyo las tabletas sobre la mesa pero me quedo con una. Sin pensarlo mucho, la abro con un estruendo plástico que retumba en la sala. Corto dos trozos y, aunque le tiendo uno, el otro lo llevo de inmediato a mis dientes. La manera en la cual me pongo bizco delata que es lo mejor que he comido desde que abandoné el nueve — Eres increíble, Lyra, de verdad — aseguro con la boca llena, lo que me obliga a masticar con fuerza y relamerme — Extrañaba el comer contigo, sabes. Se siente casi como una dosis de normalidad — con un nuevo mordisco, me permito el volver a mirarla. Se me hace irreal el tenerla aquí, como si fuese un espejismo — Lo lamento mucho. Por marcharme y apenas hablarte en este tiempo. No pensé que te vería hasta… Bueno, vaya a saber cuándo o si alguna vez volvería a verte. Tú sabes cómo funciona el norte.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 9:28 am

Le miro a los ojos, asintiendo levemente con la cabeza cuando expresa su disconformidad con las desigualdades que existen entre lugares como el Capitolio, con sus innecesarias riquezas y su pomposidad absoluta, y sitios... Bueno, como el que estamos pisando ahora mismo —Es que no tiene ningún sentido— digo, apretando la mandíbula. Termino de sacar las latas de comida y dejo la mochila a un lado, cruzándome de brazos ante la aparente abundancia que tenemos delante ahora. A esto nos referimos, supongo. Lo que ahora mismo para él es abundancia de comida y una posibilidad más de supervivencia, en el Capitolio sería la comida mala que dan a los esclavos y a la gente de los distritos más pobres, y no lo tocarían ni con un palo.

Su sonrisa me emociona un poco, porque veo en sus ojos que realmente agradece lo que estoy haciendo. Y me gusta la sensación. Y me gusta también que no me haya echado nada más verme, la verdad —... Y yo no estaba de acuerdo con tus intenciones de no regresar— bromeo, terminando su frase por él —. Así que he ido a por ti. Aunque... Si no querías que viniera, ¿por qué me mandaste la ubicación de este sitio?— le pregunto, enarcando las cejas mientras hablo, como en broma. Seguramente la respuesta es que me la mandó para que supiera dónde está y qué anda haciendo, pero bueno. Estaba abierta a interpretación y yo lo interpreté como una invitación en toda regla. Y bueno, parece contento de verme, así que lo vamos a entender como que mi interpretación, aunque tal vez alejada de su intención inicial, es buena para ambos. Sonrío con lo que dice cuando toma el chocolate y cojo la porción, mirándole —Oh, no, has descubierto mis intenciones. ¿Pero está funcionando, por lo menos?— bromeo. Cojo el chocolate que me da y lo muerdo, sin borrar la sonrisa de mi rostro. Más por ver sus reacciones a todo lo que está pasando que por el chocolate en sí. Cuando me dice que soy increíble meneo la cabeza, riendo por su exageración, pero mi expresión se suaviza con lo siguiente que sale de sus labios —Yo también lo echaba de menos, la verdad— le digo, mirándole a los ojos.

Y entonces se disculpa. Por cómo se fue, por cómo desapareció. Me termino el chocolate mientras habla y le miro a los ojos, con una sonrisa amable que demuestra comprensión de la situación pero también cierta pesadez y resignación por toda la situación —No tienes que disculparte, Jim— le aseguro —, era un momento difícil, una situación difícil... Y sí, ya sé cómo funciona el norte— agacho la mirada durante unos segundos, pensativa. Supongo que yo no estaba dispuesta a soportar la incógnita de si volveríamos a vernos alguna vez o no. Necesitaba un sí rotundo, así que lo conseguí —Realmente te fuiste como si se tratara de una despedida para siempre. O como si no fuéramos a volver a vernos hasta que tuviéramos cincuenta años— digo, en un intento de broma, levantando la mirada hacia él de nuevo —, así que me alegro de haber venido— termino, encogiéndome de hombros, sonriéndole.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 10:59 am

Porque en caso de suceder algo, es mejor que alguien sepa donde estamos a que no quede ningún registro de nosotros — me pareció un pensamiento lógico, aunque ahora mismo sale de mí con cierto grado de timidez, casi que hasta como si le estuviera pidiendo disculpas — Pero me alegra que le dieras otro uso, la verdad — que ya le he dicho bastante que ha cometido una locura, sus buenas intenciones hacen que me trague el seguir discutiendo. A su broma, por otro lado, le contesto con un vago encogimiento de hombros, acompañado de una sonrisa ladina — Tal vez — es mi mera respuesta, uso un retintín en mi voz que espera tomarle el pelo.

Echar de menos a alguien es algo que he hecho todos los días desde que me fui, pero no me puse a pensar en la posibilidad de que los demás me extrañen a mí; no porque no creyera que no fuese a suceder, sino porque estuve demasiado enfocado en mis propios sentimientos como para pensar en los ajenos. Mastico el chocolate con lentitud, mi postura entera delata lo culpable que me siento en lo que me recargo contra uno de los bordes de la mesa, bajando la mirada al suelo. Al menos, su comentario final hace que ría por lo bajo, atreviéndome a una mirada de soslayo — Era mi idea — confieso — Siempre estaba la sensación de no encontrar un buen refugio y acabar en prisión. Conozco los riesgos de salir como para querer que tú lo hagas. No volver a verlos era la opción más lógica, al menos durante un tiempo — supongo que ella es impaciente y ha hecho que un par de semanas fuese su límite antes de cometer una ridiculez. Nadie vale la pena para arriesgar el pescuezo, mucho menos alguien como yo. Si alguien ha decidido pasar los días y las noches en un lugar como este, las consecuencias están escritas.

Froto mis dedos en cuanto el chocolate se acaba y me relamo, levanto la vista para pasearla por la habitación antes de volver a ella. Tomo aire, inflo todo lo que puedo de mi pecho aunque no sea mucho y lo acabo soltando con algo de fuerza, la suficiente como para que mis hombros vuelvan a caer — No sé cómo se supone que voy a agradecerte por todo esto — murmuro, señalando toda la comida que dejó sobre la mesa con un movimiento de mi cabeza — ¿Tu espalda siquiera sobrevivió al viaje? Si estás muy incómoda encontraremos el modo de volver el colchón un poco más cómodo... — quizá son urgencias a causa de un viaje largo, pero no puedo evitar preocuparme. Me fijo en el estado de su rostro, seguro de que en algún punto debe sentirse agotada — Puedo prepararte un baño, si quieres quitarte la sensación del camino. No es mucho, pero hay algo de agua caliente durante el día y si llenas algunas cubetas... — me doy cuenta de inmediato lo que estoy ofreciendo, de la diferencia con un distrito medianamente estable a esta casucha precaria. Meneo la cabeza con una sonrisa irónica ante el pensamiento y apoyo mi frente en su hombro, dándole un suave empujoncito — Lo siento, es todo lo que puedo ofrecer — que sé que no va a reprocharlo, pero nunca está de más pedir disculpas.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 3:42 pm

Que pudiera pasarle algo que precisara que alguien conociera su ubicación no era la respuesta que esperaba, y me deja algo fría. Supongo que porque ni siquiera podría plantearme la idea de que les pasara algo por haber tenido que huir del 9.  Decido apartar la idea de mi mente, por lo menos por ahora, y centrarme en que tanto él como yo preferimos el uso que le he dado a la información —Un uso mil veces mejor, ¿verdad?— le digo, simplemente. Sonrío un poco ante su respuesta a mi broma, también en tono de broma, y le guiño un ojo —Me alegro— y aparto la mirada, examinando de nuevo todo lo que hay a nuestro alrededor, en parte por curiosidad y en parte porque no sé si nos conviene alargar mucho más esta broma, ante el riesgo de que empiece a ser más que una broma. ¿Podría serlo?

Lo aparto de mi mente, centrándome en la otra conversación que estamos manteniendo, más firme, más seria. Aunque tiene razón diciendo que no ver a nadie durante un tiempo era la opción más lógica, no puedo evitar sentir que viniendo aquí he hecho lo correcto —Bueno... He ido con cuidado, lo juro. No me ha visto nadie, no he hecho nada que pueda ser rastreable... Estamos a salvo— le aseguro, queriendo que mi aparición aquí no suponga una preocupación más para él. Mi mirada se desvía esta vez hacia la comida y con un gesto de mano le resto importancia —No tienes que agradecerme nada, Jim. Todo lo que pueda hacer para que estés un poco mejor... Bueno, estéis, pues querré hacerlo. Y si quieres que esto se repita, puedo volver con mantas o lo que os haga falta en otro momento— le digo, tanteando también qué opinaría él de que estas visitas no fueran algo extremadamente puntual. La posibilidad de ir viéndole de vez en cuando... Bueno. La aprecio, por decirlo de algún modo.

Se preocupa por mi espalda y sonrío con su gesto. Llevo mi mano a su pelo y le desordeno los rizos, jugando —Mi espalda está bien. Y yo también. Y puedo dormir en el suelo y seguiré bien. No te preocupes, de verdad— le digo, sincera. Sonrío y dejo una caricia fugaz en su brazo —Y... Lo de la bañera no te preocupes, tampoco. A no ser que sea una forma sutil de decirme que apesto, en cuyo caso no tendría más remedio que aceptar— bromeo —. Pero de verdad, estoy bien. No necesito nada. Antes, fuera, tenía algo de frío, pero ya estoy entrando en calor. Y hemos comido chocolate, y te he visto, y estás bien, así que yo también estoy bien— termino, encogiéndome de hombros. Me separo un poco de él, entonces, dudando, y con el índice señalo las latas —Venga... ¿Te ayudo a guardarlas en algún sitio?— pregunto, porque supongo que no tendrán por costumbre guardar la comida sobre la mesa del salón.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 4:06 pm

Tal vez estoy siendo paranoico, pero la manera en la cual la analizo con los ojos deja bien en claro que estoy buscando cualquier indicio de que el viaje ha sido seguro, de que no ha tenido problemas, de que no me mienta solo para hacerme sentir mejor y menos culpable. Decir que estamos a salvo es un eufemismo, pero no puedo ponerme a pelear con ella cuando ha hecho todo esto por mí. Tampoco me veo capaz de pedirle que jamás vuelva, no cuando ya se atrevió a cruzar la distancia y no quiero volver al punto en el cual la aparto de mi vida, cuando sé que necesito un poco de normalidad para no caer en la locura. He crecido en sitios solitarios, en puntos de quiebre y nunca me he sentido tan cuerdo como lo he hecho desde que hui de la isla y conocí a todas las personas que me aceptaron cómo soy, con lo que soy. Ella, entre muchos otros, me dieron un calor que nunca había sentido y renunciar a eso es algo que aún me duele, incluso cuando trato de mantenerme completo — Te enviaré un mensaje si necesitamos de mantas — es lo único que me sale decir. Mi voz denota la verdad de mis palabras. “No vengas sola, no te arriesgues si no hay un motivo”.

El jugueteo en mis cabellos se siente como un cosquilleo que me arrebata una risa de labios cerrados y vibración en la garganta. Levanto la mirada, agradecido de la caricia que pasa por mi brazo y me recuerda que no todo el mundo es el sujeto tosco que veo en las calles del norte, tratando de sacar ventaja del primero que se encuentre — No apestas, pero sé que afuera hace frío y tal vez querías un poco de calor — me encojo de hombros, que uno de mis caprichos de persona que obtuvo una vida normal era darme baños calientes cada vez que llegaba de un día de lluvia o nieve. Su lista de cosas positivas me parece suficiente, así que hago un asentimiento sin intenciones de insistir y me separo de la mesa, dándole un golpecito suave al borde de una de las sillas con la palma de mi mano — Sí, las alacenas… Ven — indico en lo que empiezo a tomar algunas latas; al menos, mis brazos son largos — Hemos chequeado que no haya ratas en este lugar, pero no puedo prometer nada. Si ves algo que se mueve, solo grita. O mejor no, hacer ruido no es aconsejable.

La manera en la cual apilo los paquetes y las latas es un poco ridículo, al punto en el cual estoy cargado y tengo que sostener la fila con el mentón en lo que pasamos los alimentos de la mesa a las encimeras de la penosa y oscura cocina. Las alacenas chirrían cuando las abrimos, así que las mantengo abiertas en lo que acomodamos la comida — ¿Sabes? — consulto en lo que acomodo un paquete de pasta en uno de los rincones — No todo es malo. Antes de irme, Beverly me dio un frasquito… — en lo que uso una mano para cerrar la puertita que da por finalizada mi tarea, la contraria rebusca en uno de mis bolsillos. La cigarrera metálica que saco se abre con un sonido similar a una sopapa, enseñándole los finos cigarros que poseo que, obviamente, no están hechos de tabaco — En recompensa de nuestro último encuentro, te propongo un poco de hierba. No tenemos televisión, pero podemos encontrar nuestro propio entretenimiento — si ella quiere o no, no evita que yo sí. Lo mismo me lleva a colocar con cuidado el pitillo entre mis labios, cierro la cigarrera con un movimiento rápido de mis dedos y rebusco hasta sacar el encendedor. Pronto, el olor se hace presente y, tras una larga calada, se lo tiendo — Una ofrenda de paz con toda esta situación de mierda.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 4:23 pm

Que me enviará un mensaje, dice. O eso dicen sus labios, porque en sus ojos todavía puedo leer la reticencia a mi presencia aquí. Asiento, solamente, porque sé que no es el momento de discutir esto —De acuerdo— digo, simplemente. Y una parte de mí desea que el invierno sea frío y que necesiten mantas y poder repetir mi visita. No quiero volver a cometer los mismos errores que cometí en el pasado, con gente que huía y a la que perdí demasiado rápido. Pero me obligo a mí misma a repetirme que no es la misma situación. Que ella no tenía una forma rápida ni segura de contactar conmigo. Que era hija de alguien importante. Que yo no tenía ningún tipo de poder a la hora de influir en su futuro, ni en sus decisiones. Y aunque sé que Jim quiere que todo el mundo esté a salvo y nadie se arriesgue... Bueno. Yo escapé de mi casa. También estoy en otro punto. Vivo en el nueve, y eso en sí es un riesgo que asumo cada día. Estoy dispuesta a tomar unos cuantos más.

Agarro unas cuantas latas entre mis brazos y le sigo a la cocina. No puedo evitar pensar que con algo de magia este sitio sería mucho más habitable en muy poco tiempo, pero tampoco lo menciono. Dudo que ellos se estén tomando este lugar como algo a largo plazo, y tampoco quiero dar el mensaje de que la magia puede hacerlo todo mejor, porque no es así —Tranquilo, si veo una rata podré lidiar con ella, prometo no gritar— le aseguro, recordando cómo una vez, de pequeña, en el barrio hubo una plaga. Duró poco tiempo, porque era el Distrito 3 y los exterminadores aparecieron rápido, pero perdí el miedo a esas criaturas en ese momento —No puedo decir lo mismo si veo una cucaracha. Ahí ya es más probable que grite. Pero con este calor, y en medio de la nada, dudo que haya alguna— añado, pasándole latas para que las vaya colocando en la alacena.

Le observo con curiosidad mientras rebusca en sus bolsillos y abro los ojos, algo sorprendida, cuando me enseña los cigarros. Vaya con Beverly, parecía inocente y todo. Bueno, menos cuando intentó matarme, pero en ese momento no era ella, así que no lo contaremos —Nuestro propio entretenimiento, ¿eh?— me río un poco, en lo que tomo el cigarro entre mis pulgar y mi índice y lo observo —¿Sabes? Nunca he hecho esto— reconozco, mirándole —. Pero me apetece probarlo. Y más contigo, seguro que es divertido— sonrío, acercando el cigarro a mis labios. Doy una calada, y el olor dulzón que empezaba a impregnar la cocina se traslada también a mi boca y mi garganta. Toso levemente, cubriéndome la boca con la mano libre, y le miro, algo avergonzada —Esto pasa siempre la primera vez, ¿verdad?— me río, devolviéndole el cigarro —Tal vez deberíamos volver al sofá. O ir a algún sitio donde podamos tumbarnos...— propongo, con duda, más guiada por todo lo que he escuchado que se hace en estos casos que por la realidad en sí, pues la desconozco todavía.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 4:53 pm

Se me abren los ojos de par en par, sintiéndome un poco culpable a pesar de que no muestro señales de querer retroceder — Vas a hacerme sentir como una mala influencia — comento en tono divertido — No a todos les afecta de la misma manera, así que quizá solo te relajas o no sientes nada. Al menos, aquí no hay problema si resulta que no te puedes levantar — hay situaciones que son mucho más comprometedoras para probar las drogas que dos personas a solas en una casa en medio de la nada, si ponemos el dato de que esas personas somos nosotros y poseemos la confianza suficiente. Su tos, por otro lado, no me sorprende en lo absoluto y se me escapa una vaga risa, dándole golpecitos suaves con los nudillos a la encimera que tengo a un lado — Es bastante común, sí — admito, sin poder dejar de sonreír — Intenta no quemarte y ten cuidado por cómo pasas el humo — es el único consejo que puedo darle en lo que vuelvo a recuperar el cigarro.

La sugerencia me hace chequear que todo se encuentre en orden en esta habitación antes de asentir con la cabeza. Chasqueo la lengua en señal de resolución y no hacen falta demasiados pasos hasta volver a la sala, allí donde nos espera el sofá; al menos, es lo que tenemos más cerca sin necesidad de subir escaleras. Me dejo caer sobre el mismo, delatando que hemos limpiado aunque no parezca porque no sale una nube de polvo a causa de mi peso — ¿Sabes, Lyra? — me dejo hundir un poco contra los almohadones, coloco la mano libre sobre mi abdomen en lo que le dedico una sonrisita de lado — Aún tengo tu fotografía. La guardé en uno de los bolsillos de mi mochila — con un movimiento de mi mentón, le señalo el espacio vacío a mi lado para que se acomode — Tengo unos cuantos recuerdos guardados en ese lugar. No podía dejar todo en el nueve — mi colección de fotografías es un poco dolorosa, pero hubiera sido peor perderla.

La manera en la cual me dedico a consumir el cigarrillo me deja en silencio. Rasco mi mentón con uno de mis pulgares en lo que mis ojos siguen, con aspecto algo distraído, las figuras sin sentido que el humo va formando delante de mi nariz. Lo soplo, haciendo que se revuelva en el aire y, tras calar un poco más, se lo regreso. Cruzo ambas manos sobre mi barriga plana — Gracias por hacer mi día más amable — acabo susurrando, seguro de que va a poder escucharme.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 6:47 pm

Le dedico una sonrisa socarrona cuando habla de los posibles efectos que puede tener la hierba y me encojo de hombros —Vaya, si no me pudiera levantar te costaría más echarme. Lo tendré en cuenta como estrategia— bromeo. Trato de quedarme con la información que me da. No quemarme, vigilar con como paso el humo. ¿Se supone que hay que tragarlo, o sacarlo? Esto es bastante confuso, pero bueno. Supongo que será cuestión de práctica. Asiento, diligente, mientras él recupera el cigarro. Y sonrío levemente, porque estar otra vez en compañía de Jim me llena el pecho de un calor agradable. O tal vez es el humo. Esto es bastante raro.

Le sigo hasta el sofá y le miro, mientras se deja caer en él. Yo me apoyo en la pared, escuchándole con algo de emoción cuando dice que todavía tiene mi fotografía guardada. Con otros recuerdos del nueve. A mi mente vienen imágenes del día que se despidió de mí. Cómo le di las fotos en un intento desesperado e improvisado de que no se fuera con las manos vacías, de que se llevara algo que le recordara al nueve. Al sitio que había sido su hogar. Un hogar difícil, pero más agradable que nada que hubiese conocido hasta el momento, en parte. Debo reconocer que una parte de mí sospechaba que las habría dejado atrás para no cargar con una nostalgia que le podría ser innecesaria, pero saber que no fue así me alegra —Jim...— siguiendo su gesto me dejo caer a su lado en el sofá, mirándole —¿Sabes que pensé que no te las llevarías? Que te sería más fácil dejarlas atrás...— reconozco, mirándole —Así que no sabes cuánto me alegro de ver que estaba equivocada. Me gusta que te hayas llevado una pequeña parte del nueve contigo. Y... Y que te hayas llevado las fotos— le digo, apoyando mi cabeza en su hombro en un gesto algo torpe de cariño.

Observo su rostro mientras sus ojos están clavados en el humo, y no puedo evitar pensar que ojalá haberme traído la cámara para sacarle alguna foto. La luz invernal, el humo, él... Es algo bonito. Digno de recordar. O tal vez es que las pocas caladas que he dado están empezando a hacer efecto. Tomo el cigarro de nuevo y aspiro, dando una calada más. Suelto el humo poco a poco y le sonrío cuando me da las gracias —Gracias a ti por no echarme nada más verme llegar— bromeo. Tomo otra calada y le soplo el humo a la cara, jugando un poco, para luego hundirme más en el sofá y apoyarme en su hombro de nuevo, mientras doy otra calada —Y por haberte llevado las fotos. Es decir... Tal vez te fuiste pensando que no nos volveríamos a ver en mucho tiempo, pero no te fuiste con la intención de olvidar mi existencia. Y eso está bastante bien— le digo, con una sonrisa leve, acercando el cigarro a sus labios para que lo recupere.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 7:08 pm

La mención de mi nombre hace que mis ojos la busquen, sigo su voz hasta encontrarla justo a mi lado, en un sofá que vaya a saber quiénes lo usaron antes que nosotros. La sonrisa que se va asomando poco a poco en mis labios cerrados es perezosa pero honesta, no puedo creer que en verdad hubiera pensado que rechazaría un regalo cuando durante toda mi vida me he privado de tener muestras desinteresadas de afecto. No recuerdo la vida que tenía antes de la caída de los Black y todo lo que le siguió es un sinfín de memorias oscuras, con muy pocas caras amables y manos dispuestas a darme obsequios en lugar de golpes — No podría haberlas dejado atrás — confieso en tono calmo — Prefiero aceptar que he tenido cosas y las he perdido en lugar de fingir que nunca ocurrieron — sé que fue mi decisión el marcharme, pero creo firmemente en que las circunstancias me obligaron a hacerlo. No sé lo que está sucediendo en el nueve estos días, pero yo no podría ser parte de ello después de arruinarlo como lo hice.

El humo que sale de su boca vuela delante de mí y lo respiro, es un aroma dulce pero fuerte, de modo que se me cuela en la nariz con facilidad. No sé si me río por la idea de echarla o por la manera que tiene de soplar en mi cara, pero me encuentro haciéndolo entre dientes mientras arrugo el rostro, entorno los ojos y sacudo la cara como si pudiera apartarla, cuando en realidad nunca despego la cabeza de los almohadones. Levanto una mano para rascarme el costado de la nariz y, para cuando la miro una vez más, está demasiado cerca al haberse acomodado en mi hombro — Incluso sin fotografías no tengo tan mala memoria — le declaro. Atrapo el cigarro con los labios, ese que ella acerca antes de que mis dedos lo sujeten para evitar que caiga. Suelto el humo sobre su rostro, permitiéndome el rozar su mentón con los nudillos de los dedos que tengo libre. No, no necesito de fotografías para esto.

Me relamo los labios, esos que siento ciertamente partidos después de tantos días con frío — Lamento mucho lo que hice en tu cuarto de fotos — es un susurro, incluso cuando sé que no hay nadie más en la casa siento que no podría decirlo en voz alta — Quise dejarte algo de mí y no tenía otra cosa para darte. Cuando yo era chico, en el mercado… Muchas cosas las pagas contigo mismo — claro que no estamos hablando de una situación similar, pero creo que puede entender mi punto — No quería hacerte sentir incómoda ni dañarte. Me hubiera gustado tener algo mejor que ofrecerte, pero eso es todo. Al menos ahora tengo esto — le enseño el cigarro que coloco entre nosotros, tal como si fuese la separación que necesitamos en esta poca distancia. Detrás de éste, le sonrío — No es tan duradero como una fotografía, pero al menos los sentidos se vuelven mucho más reales que en una. Estoy seguro de que tampoco voy a olvidarlo.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 7:24 pm

Sus palabras, como muchas otras veces, me hacen pensar. Porque tiene una forma de ver las cosas que me hace replantearme cómo hago o trato ciertos temas yo. Y mientras habla de que prefiere aceptar las pérdidas antes de fingir que nada ha existido, yo no puedo evitar pensar en cómo dejé casi todo lo que me recordaba a Lea en mi casa del tres. Las fotos, los regalos, los libros, todo quedó atrás porque, para mí, el viaje en sí ya era una forma de rendirle respeto a su memoria, de decirle que quería hacer lo correcto, por ella y por todo el mundo. Pero la convertí más en un símbolo que en una persona que se fue y dejó un hueco enorme en mí.

Bufo, como enfadada con mi propio cerebro ahora mismo, sintiendo que esto que estamos fumando está magnificando todas mis sensaciones y todos mis sentimientos y me está dificultando la tarea de pensar con normalidad. Pero mi expresión se suaviza cuando él suelta el humo en mi rostro, devolviéndome el gesto de antes. Arrugo la nariz, riendo un poco, y la sonrisa se queda en mi rostro cuando dice que no tiene tan mala memoria. Le miro, contenta con la idea. Hasta que saca otra vez el tema del día que se fue, y noto como mi estómago se revuelve un poco, aunque no termino de entender por qué.

Oye...— le miro, algo confusa, queriendo frenar ese sinfín de disculpas innecesarias por su parte. Porque saca el tema de lo que hizo en la habitación de fotos y se me hace un poco raro pensar que quiso agradecerme algo del mismo modo que lo hacía antaño en el mercado de esclavos. Yo no le estaba haciendo ningún favor que tuviera que pagar. Yo le estaba dando un regalo de despedida, porque había decidido marcharse —Sabes que no tienes que pedirme perdón por eso, ¿verdad? Es decir...— aprieto los labios y tomo el cigarro de entre sus dedos. Aparto la mirada y le doy una calada larga, clavando los ojos en algún punto de la pared —Fue una buena despedida. No me hiciste sentir incómoda ni nada por el estilo. Estuvo... Bien— digo, soltando el humo entre frase y frase, todavía medio apoyada en su hombro.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 7:45 pm

Quizá para ella no es gran cosa, pero personalmente me hace sentir un poco culpable el cómo se dieron las cosas. Siempre he apreciado su compañía y su amistad como para arruinarlo, incluso cuando con personas como Meerah jamás me he replanteado lo que sucede cuando cruzas ciertos límites. ¿No he besado a la mitad de mis anteriores compañeros en juegos ridículos entre botellas de alcohol? Jamás siquiera he sacado a colación las cosas que sucedieron en esas fiestas, quizá porque al suceder delante de todo el mundo tenían mucho menos peso que algo que ocurrió en un cuarto oscuro, en un momento sensible, en un instante de urgente despedida. Me encogería de hombros si no fuese porque ella está contra uno de ellos y no quiero molestarla, así que me conformo con colocar el dorso de una de mis manos bajo mi mentón y me froto de esa manera, pensativo, torciendo la boca — Supongo que sí, estuvo bien — le doy la razón porque no sé qué otra cosa se dice en un momento como este.

Aprovecho que no me mira para poder analizar mejor lo que hace, la forma que tiene de calar el cigarrillo y como sus ojos se notan cada vez más cansados con cada inhalación. No reclamo la hierba, más ocupado en guardarme dentro de la cabeza una imagen que no sé cuándo volveré a tener, porque espero en verdad que no sufra de la locura de querer venir seguido a este lugar. Es extraño, parece que siempre termino teniendo charlas filosóficas con rubias que le dieron la espalda a su vida para terminar donde lo hicieron y, al mismo tiempo, son muy distintas entre ellas. La sensación es diferente y no, no lo digo porque estoy fumado y necesito encontrarle una razón de ser absolutamente todo, pero sé que no es lo mismo. Han pasado semanas, mi vida es diferente, incluso yo me siento alguien nuevo que arrastra los arrepentimientos y culpas de alguien que empieza a quedar atrás. El mundo cambia, nosotros lo hacemos y, cosa loca del destino, terminamos en un sofá viejo entre el humo, con el resto de quienes llamamos amigos bien lejos y un momento que me gustaría congelar, porque por un instante todo parece funcionar bien. Puedo no preocuparme, puedo no tener miedo.

Le arrebato el cigarrillo, le doy una calada y me acomodo en mi lugar, separándome de los almohadones como si los mismos me estuvieran provocando una reacción alérgica. Me acomodo de manera que puedo ver su rostro, acercándome lo suficiente como para que el humo caiga cerca de sus labios, mientras mis dedos trepan por su cuello hasta enroscarse entre los mechones de su cabello. No sé si es culpa de la hierba, pero estoy seguro de que nunca había sido consciente de cómo la punta de dos narices pueden rozarse — Prometo que esto no es a causa de una despedida — mascullo, una sonrisa apenas perceptible se prende de mi boca antes de que la desaparezca al buscar sus labios. No es un roce, no es una caricia. Es un impacto sincero, como si los nervios de las últimas semanas estuvieran puestos en la corriente eléctrica que nos une y pueda, sin siquiera pensarlo, dejarles salir.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 8:14 pm

Él coincide con que estuvo bien, lo cual me relaja un poco. Porque no soportaría pensar que lo que para mí estuvo bien para él fue solamente un gesto frívolo de agradecimiento imitando viejas costumbres en lugares privados de cualquier tipo de dignidad humana. Todavía no le miro, termino de soltar el humo lentamente, juntando los labios como si pronunciara la "u", provocando un chorro fino y fugaz de humo saliendo de mi interior. Él se hace con el cigarrillo y yo aprovecho para frotarme los brazos mientras él se recoloca, en lo que en un principio interpreto como un intento sutil de separarse de mí.

Pero no se trata de eso, porque cuando giro mi cabeza hacia él le tengo más cerca que nunca. Le miro a los ojos mientras noto como su mano se desliza por mi cuello, entre mi pelo. Nariz con nariz, humo a nuestro alrededor. Promete que esto no es a causa de una despedida y no termino de entender a qué se refiere. Culparé a la hierba de ello. Mis sentidos conectan mucho y muy poco al mismo tiempo, y apenas proceso lo que está pasando hasta que sus labios chocan contra los míos con una urgencia en la que no le reconozco. Nada que ver con aquel roce sutil del cuarto de fotografías, esto alberga una necesidad más grande. Por su parte, pero también por la mía. Cuando reacciono le devuelvo el gesto, llevando una mano a su mejilla y apoyando la otra en su hombro, buscando sus labios para continuar con este beso que me ha tomado por sorpresa pero que, en parte, inconscientemente, estaba esperando desde que he cruzado la puerta al entrar —Más te vale— le susurro, contra sus labios, en respuesta a lo que ha dicho.

Porque no me gustaría nada que así fuera. Por lo menos ya tengo claro que hasta mañana no podré irme, así que una despedida a corto plazo no es. Apoyo mi frente contra la suya y me quedo en silencio durante unos instantes, saboreando el momento, el humo, el sabor de sus labios en los míos —¿Culparemos a la hierba de esto?— le pregunto, sonriendo, en tono de broma. Sería sencillo. Al fin y al cabo, aunque este momento esté siendo de lo mejor que me ha pasado en los últimos meses, la realidad es la que es. Yo vivo en el nueve y él es un fugitivo, y aunque vaya con cuidado no es seguro que yo esté aquí. Y, aún así, quiero pensar que esto podría haber pasado sin un cigarro de por medio que ayudar a desatascar nuestros instintos. Sin pensarlo mucho, porque racionalizar las cosas siempre mata el ambiente, vuelvo a juntar mis labios con los suyos. Respondiéndome, con eso, a mi propia pregunta. Me da igual si culpamos a la hierba o no. Pero quiero aprovecharlo.
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Mensaje por James G. Byrne el Sáb Dic 12, 2020 8:33 pm

Su urgencia es algo que necesitaba sentir para no creer que yo era el único que estaba percibiendo el aire denso de los últimos minutos. Hace un tiempo que no siento a alguien tan cerca y ni siquiera quiero pensar en ello, sino que empujo cualquier recuerdo para centrarme en cómo mis dedos se enroscan en su pelo, como la mano que tiene el cigarro hace un esfuerzo en no quemarla al sujetarlo entre los dedos, así puedo apoyarla en su muslo. Sus palabras me hacen reír contra su boca, me hago cargo de esa amenaza y estoy seguro de que esta vez, más allá de que me sienta dudoso con respecto a que se arriesgue, este gesto sale de un lado muy diferente. Quizá del hambre o de la necesidad, vaya a saber. Solo tengo en claro que se siente jodidamente bien y no tengo intenciones de que se termine.

Aprovecho que se recarga contra mí para entornar los ojos, respiro con densidad y trato de calmar los latidos de un corazón desbocado. Apenas y me río, demasiado lento como para encontrar culpables aunque sea en medio de una broma que quedará entre nosotros — No lo sé, pero no me arrepiento — no creo que existan culpables más allá de nosotros mismos, pero siento que explicarlo haría que me ponga a hablar y el ardor de mi boca me indica que las palabras no son algo a lo que quiera recurrir ahora mismo. Es un alivio que ella vuelva a besarme, quizá porque la impaciencia que siento es una que se fue acumulando en los últimos minutos, al punto en el cual me siento jadear en su boca. Mis labios se sienten pesados, mi lengua hasta se percibe lenta, pero no puedo dejar de notar como cada poro de mi piel se eriza con un contacto que se ve incrementado por la hierba que despierta nuestros sentidos.

Mi mano tantea el aire, apago el cigarro contra la pared y el humo restante se levanta entre nosotros en lo que dejo caer la colilla sin importarme donde vaya a parar. Estoy más ocupado en descubrir cómo colocar mis manos alrededor de su cintura, de cómo una de ellas recorre el contorno de su cuerpo con una precisión que no recuerdo haber utilizado en alguna otra ocasión. No tengo límites con ella, incluso cuando hay una constitución que grita que esto es erróneo, que ella podría morir por hacer algo como esto. Nada de eso tiene relevancia cuando mi cuerpo la presiona contra los almohadones, abandonando sus labios para tomar una bocanada de aire en lo que respiro con agitación, recorriendo el contorno de su cuello con mi boca hasta llegar al lóbulo de su oreja — Esto es, sin duda, lo más suicida que hiciste en todo el día — bromeo en un susurro, besando justo detrás de su oído.
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Mensaje por Lyra E. Pearson el Sáb Dic 12, 2020 8:57 pm

Que diga que no se arrepiente me hace sentir un poco más segura con lo que estamos haciendo. Lo último que quiero es que después haya momentos incómodos en los que yo me sienta como una idiota por cómo estoy disfrutando de esto y que las cosas queden raras entre nosotros. Pero, por suerte para ambos, parece que, por lo menos por ahora, estamos en la misma página. Y ya no parece tan enfadado o preocupado por lo que mi presencia aquí puede significar, así que todo bien —Yo tampoco me arrepiento— aclaro, para que no quede la duda en el aire, aunque la forma que están tomando nuestros besos ya podría considerarse una respuesta en sí.

Sus manos surcando mi cuerpo mientras nuestros labios chocan y se buscan me sorprenden, a decir verdad. Porque se mueven con una soltura con la que no asociaba a Jim, y me gusta. Me gusta mucho esta faceta, dinamitada por la hierba o por el contacto físico. Sea como sea, él apaga el cigarro para dedicarme sus dos manos, y yo rodeo su cuello con algo de ansia, como asegurándome de que no nos tenemos que separar. Su cuerpo se acopla al mío mientras exploro su boca con la mía, en un instante que se siente demasiado bien. Creo que no disfrutaba tanto de algo así desde hace muchos años, y la sensación de compartir esto con alguien que me genera tanta comodidad como Jim... Se agradece. Se agradece mucho.

¿Lo más suicida?— me río, separándome un poco solamente para poder mirarle a los ojos —Bueno, tú mismo lo has dicho antes... Estoy loca, ¿no?— alzo ambas cejas, sin borrar la sonrisa de mi rostro. Mis dedos se deslizan por la piel de su cuello hasta sus mejillas de nuevo, que acaricio con cariño. Cuidando cada instante que pasa, cada segundo de esta paz artificial que hemos creado para los dos. De nuevo, acerco mis labios a los suyos y, esta vez, le doy un beso suave, corto, para luego seguir hablando, dejando que mi aliento choque contra el suyo mientras lo haga —Espero por tu bien que después de esto no vuelvas a discutir cómo dormimos esta noche, creo que podemos compartir colchón sin que sea incómodo— comento, con una sonrisa ladina, mientras mis dedos dibujan formas imaginarias entre pecas que decoran sus mejillas.
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