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I'll fight my corner · Helle

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Lun Dic 07, 2020 3:28 pm

Viene de The game of kings and queens,
Regrets collect like old friends,
Dangerous, this jack of hearts...


Algo se va quebrando con el pasar de los días, cada día un poco. Todas las cosas que no se pueden decir, que no se pueden hacer, por estar dentro de una cárcel impuesta por alguien que me ve como un objeto de utilería y no como una persona que entre estas paredes libera sus gritos desesperados, iracundos, alaridos que rasgan mi garganta para destruir lo que queda de mi voz, paredes que permanecen imperturbables a los golpes que descargo una y otra vez con mi cuerpo, todo lo que hice mal fue querer en un principio salir de un lugar similar a este, que me tenía presa, que sujetaba mi comportamiento y hacía que mi mundo se limitara a un apartamento en lo alto de uno de los edificios del Capitolio, perfecta caja de vidrio en la que me criaron ajena a todo. Es la peor ironía de todas -supongo que así son los finales de todas las historias-, que siendo Ken quien me abrió la puerta de esa caja para que pudiera salir y crecer, crecer con él, por él también vuelvo a estar dentro de una cárcel y que sea así para que a su vez venga.

Siendo Ken, lo haría por cualquier otro, se siente responsable de algunos y culpable por muchos, es Ken siendo Ken y la voz de mi madre diciéndome «este chico te traerá problemas» al pedirme que desee para mí misma una vida distinta a la que tuvo ella, ¿acaso no vi con el ejemplo de mi padre lo que pasa cuando amas a alguien que vive por una causa que siempre será superior a todo? Se pierde la noción de lo seguro, peligro no es algo que detenga, es el único camino. Todas las historias que conocimos con Ken a través de películas, nos mostraron que el amor exige sacrificios, desearía que no fuera así, que algo lo detenga a él, más no sea Mimi dejándolo inconsciente de un golpe, para impedir que haga una locura como la de venir y que entonces el Consejo alcance a intervenir a tiempo para determinar que una vida, en números, no vale el sacrificio de otras, nunca lo vale. Todos tenemos un destino, le dimos forma con las decisiones que tomamos. Pero es Ken, así que es solo esperar que los días pasen, despreciándome porque siendo la persona que lo quería, me han hecho también la razón para que venga aquí a que lo asesinen y aún si hubiera esperanzas de salir de este encierro, no volvería al distrito nueve. Desaparecía en algún lugar de Neopanem, ojalá fuera del país. No podría volver a mirar a ninguno de los rebeldes que nos acompañaron en cada pelea, no participaría más de ninguna lucha, si soy la razón por la que Ken ya no estará peleando.

No hay esperanzas de todas formas, la única que tengo es la que me impide volcar el veneno que está en el pendiente con forma de gota del colgante que me entregó Rebecca Hasselbach cuando me capturó. Ken vendrá, así que es encontrar el momento justo, contar cada uno de los minutos y los segundos, para dar con precisión con aquel que se coloque en medio de las alternativas de que llegue y ya no me encuentre o demore tanto beber el veneno, que Magnar pueda hacer de mí un espectáculo para tortura de Ken. Solo estoy pidiendo por unos segundos de poder despedirme de él, creo que nos lo merecemos, creo que hemos pasado por tanto como para yo misma me permita -sin pensar si eso le hará aún más daño del que ya nos causaron- decirle adiós. Se me llenan los ojos de lágrimas otra vez al escuchar que la puerta se abre y mi cuerpo descompuesto sobre las baldosas, no hace siquiera el amago de levantarse, aun menos escapar, porque es una puerta que siempre se abre para volver a cerrarse y otro soldado trayendo una bandeja de comida que terminará por darme más nauseas de las que ya vengo sufriendo por culpa de este encierro.

Pero la persona que entra a la celda llama mi atención lo suficiente como para que incorpore medio cuerpo, tengo los labios secos al modular lo primero que se me pasa por la mente. —Yo te conozco— imposible, parpadeo un par de veces para sacarme esa impresión errónea, recuerdo que una vez tuve una colección de retratos de mujeres que dibujaba a carboncillo, ¿por qué dejé de hacerlo? ¿Qué decía entonces? Que me buscaba en todas ellas, quizás solo estoy haciendo eso en esta mujer. —Bonito color de pelo— sonrío con dificultad, a mí siempre me han dicho que es un tono raro. Esta persona, así como todas las que rondan en esta base, deberían matarme si reciben la orden. Pero si algo puedo permitirme también, si este o mañana es el último día, es ser Synnove Lackberg y odio solo se encontrará en mis ojos hacia quienes lo merecen, no hacia el mundo.
Synnove A. Lackberg
Synnove A. LackbergFugitivo

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Mensaje por Helle E. Hassel el Lun Dic 07, 2020 6:53 pm

Seguía ciertamente algo molesta por el hecho de que Becca me hubiese ocultado que estaba viva, por que me hubiese dejado pensar que estaba muerta, para luego como si no quisiese aparecerse ante mi vivita y coleando. Pero claro, como había demostrado en aquel encuentro, era imposible ocultar que también me sentía aliviada por que estuviese viva y bien. Y tal vez, ahí, en ese punto, debería haber acabado todo.

Haber tomado su oferta de ayuda en caso de ser necesaria y continuar con mi vida. Continuar con mi trabajo en el ministerio y continuar disfrutando del distrito 4 y mis investigaciones personales. Pero no, yo era algo estúpida en ese sentido. Por que si, lo era, era estúpida y no había problema en decírmelo. Y me era imposible no cumplir con una petición de aquella mujer. Mi parte de loba concretamente, era la que me incitaba a ello, como si al no cumplir estuviese rompiendo con el lazo y la lealtad que se supone debes tener con un lobo de tu manada superior a ti. Y era por esto mismo que continué con mi vida esperando paciente a que la chica llegase.

Y llegó, por supuesto que llegó. Me atreví en algunas ocasiones a asomarme para ir reuniendo algún tipo de información. No se, tipo si era una asesina en serie, si tendría oportunidad de acercarme a ella. Si debía esperar algo de tiempo. Y esto último lo hice. Obviamente no me presenté al principio. Primero por que entonces igual me mordía ella a mi, y eso que la licántropo era yo, y segundo por que probablemente Magnar quisiese hacerla hablar y en ese caso iba a ser más de ayuda después de ello.

A si que nada, eso hice hasta que creí que era el momento adecuado para poder bajar. También es que tuve que informarme, pedir permiso etc etc. Por que si, era una jefa de sección, pero ella era una prisionera importante. De hecho, estaba segura de que esa chica era el juguete favorito del niño Black al que se había referido Magnar en la reunión que tuvimos. Estaba segura de ello.  Y eso la hacía mucho más valiosa. Pero bueno, una tiene sus recursos y sus formas de hacer las cosas y conseguí que me diesen un tiempo para hablar con la chica. No sabía si me diría algo importante, algo comprometido, si me insultaría, si me atacaría, la verdad es que no tenía ni idea. Pero me daba igual, yo solo iba a cumplir con la petición de Becca.

Me presenté en el lugar poco antes de la hora a la que había quedado. Allí me registraron, me tantearon e incluso observaron mi varita para ver que no fuese a hacer nada que pudiese perjudicar. A ver, no era tan estúpida como para ponerme yo sola la soga bajo el cuello. Registraron hasta la botella de agua y la bolsa de papel que llevaba conmigo. Una vez me dieron el visto bueno, por que obviamente me lo iban a dar, me abrieron la puerta de la celda.

El panorama que encuentro allí no es nada alentador. De hecho hasta arrugo la nariz con cierto desconcierto y desagrado. Me limito a dar unos pasos sin acercarme demasiado de la puerta mientras observo como la chica se incorpora. A pesar de la tenue luz de la celda puedo adivinar el pelo casi blanco como el mío propio. Era esa chica sin dudas. - ¿Me conoces? Pues yo a ti creo que no. - Me detengo en seco ladeando la cabeza ligeramente igual que haría un pequeño cachorro. Yo no la conocía de nada, seguro me confundía con otra. O estaba delirando por que sus siguientes palabras también me desconcertaron bastante. - Gracias, el tuyo también lo es. -  No puedo evitar sonreír amigablemente tras aquello respondiendo así a su sonrisa.

Me quedó mirándola unos segundos más mientras la analizo, tanto su apariencia, como sus expresiones, como su olor. No estaba muy segura que pretendía Becca que consiguiese con aquella visita, pero bueno, yo había decidido ser yo misma simplemente, sin exponerme al peligro. - Toma. - Me acerco a ella con cuidado, para evitar que se asuste o algo así, abro la botella de agua quitándole el tapón y se la tiendo. - Te vendrá bien beber un poco. Es agua. - Aclaro sonriendo un poco más. No iba a envenenarla ni nada, pero pensé que igual aquí tendría algo de sed.  Espero a ver si coge la botella o no y señalo con mi mano libre a uno de sus lados. - ¿Puedo sentarme? - Estarían mejor hablando al mismo nivel y llevaba el uniforme y las botas negras por lo que no tenía impedimento en sentarme donde fuese.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Mar Dic 08, 2020 6:45 pm

¿Qué tan pronto es para ponerme a divagar con una absoluta extraña? Nunca demasiado pronto para mí, menos si me encuentro en este estado deplorable en el que no tengo otra cosa que hacer más que hablarle. No se ha presentado tampoco dando la impresión de que viene a imponerse, ni su tono, ni su postura me hacen pensar algo semejante, si sus manos traen una botella de agua y lo que parece una bolsa de comida incluso. ¿Es posible que el olor llegue hasta donde me encuentro para que mi estómago vuelva a revolverse? Lo cubro con mis manos para pedirle que se calme, deseo poder armar una oración en una conversación antes de doblarme en dos otra vez. —Todas las personas estamos vinculadas por hilos invisibles, que a veces no llegamos a ver nunca en la vida, a veces se tira de esos hilos para que puedan encontrarse y entonces decir algo como «te conozco», no se refiere a que te acabo de conocer, te conozco desde del día en que nací, a ti y muchas otras personas a las que conozco, pero todavía no he podido coincidir con ellas— murmuro, con una sonrisa que al extenderse por mis labios, también va cubriéndose de tristeza, —quizás estar aquí, encerrada, consciente de que me van a matar hoy,  mañana, me hace más sensible a todos esos hilos…— sigo, sostengo la entereza de mi voz pese a que todo lo que digo me duele.

¿No te parece algo increíble?— sigo, yo misma reconozco que esta es la verborragia de tanto encierro, —¿qué haya un nuevo rostro para ver cuando crees que todo se acabó y no volverás nada por fuera de un par de paredes? ¿Qué llegue alguien que no has visto nunca como prueba, quizás, de que aun a punto de acabarse todavía hay cosas para ver?— pregunto, alzo mis rodillas hasta poder apoyar mi barbilla sobre estas, abrazarlas al mirar las cosas que me ofrece. —Sólo el agua, no creo poder comer nada…— estiro mi mano para tomar la botella y sí, la inspecciono, ¿me darían veneno antes de que llegue Ken? No lo creo, Magnar me puso al tanto de que soy parte de su espectáculo. —Tu jefe es un cretino, te diría que te ves mejor persona que él, pero hasta una rata de pozo y sin dientes se ve mejor persona que él… y bien podrías ser una sádica a la que le gusta torturar gente luego de ofrecerle agua y comida— lo digo con el tono totalmente desprovisto de una acusación, es un comentario al paso, una mofa hacia nada. Porque podría serlo, claro. Pero de todos modos asiento con mi mentón cuando pide sentarse. —Sí, por supuesto, tengo que advertirte que mis amigos dicen que soy muy charlatana…— siento el temblor que baja por mis brazos por este esfuerzo de llevar una conversación en calma, lo raro que se me hace escuchar mi propia voz, lo frágil que me siento para que de pronto surja otro alarido de mi garganta y el llanto que quiere encontrar paso por mi garganta con las palabras que voy soltando, trato de echarlo hacia atrás con un sorbo de agua. —¿Cómo te llamas?— inquiero, me parece lo justo, ella debe saber mi nombre.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Miér Dic 09, 2020 2:00 pm

Me quedo con la botella en el aire, escuchando a la chica desvariar sobre cosas que no había escuchado en mi vida. A ver, no digo que sean mentiras, y la verdad, la escucho y parece interesante. Pero no se... también bastante extraño. Que a ver si lo piensas, existe la magia y esas cosas, a si que, por que no hilos invisibles que nos unen pero que no podemos ver ni tocar. Pestañeo un par de veces mientras le doy vueltas a eso  y mi miro a mi misma y a ella como si pudiese llegar a encontrar algún hilo. Y no, no hay ningún hilo.

Abro la boca para responder cuando la chica vuelve a hablar y no me queda otra que cerrar la boca de nuevo. Vaya, parecía que estaba deseosa de hablar con alguien. O igual era el miedo. Esperaba que no fuese eso, no venía con malas intenciones. - Es un razonamiento curioso. Pero no sabes si te van a matar. Estás viva ahora. - Esbozo una pequeña sonrisa algo triste pues hasta yo soy consciente de que su suerte está algo jodida. Quizás, tenga suerte y la "perdonen" como  a Ben. Quizás.. Que tampoco sabía bien el historial de la chica, e igual era una asesina. Todo podía ser. - Y siento que tengas que ver mi rostro, se que no es el mejor. - Murmuro en broma arrugando la nariz mientras veo como finalmente termina por coger la botella que le tendía.

Observo como la mira sin enfadarme con ello. Estás en una celda y entra una mujer rara vestida con un uniforme del ministerio y te da una botella, si, yo también desconfiaría. Pero no puedo evitar alzar una ceja cuando escucho sus siguientes palabras. Tenía narices la chica para decir aquellas cosas de Magnar. Muchas narices. Me quedo en silencio hasta que me da el visto bueno a sentarme y me dejo caer a su lado. No es que sea el lugar más cómodo del mundo pero así podrían hablar mejor. - Es Magnar. - Suelto como toda explicación. Lo peor que podías hacer era tener a ese hombre de enemigo. Solo tenías que ver lo que ocurría. Pero también era verdad que parte de haber sobrevivido se lo debía a él, fuese o no interesado.- Y bueno, siento desilusionarte,- Arrugo las cejas como si estuviese enfadada por su comentario, aunque no lo estaba. - es verdad que a veces soy muy peluda y doy miedo, pero en realidad soy un peluche muy achuchable. Lo siento si esperabas una tortura.- Le sonrío acompañando a aquellas extrañas palabras. Si es verdad que tenía un pronto rápido, pero normalmente era una persona bastante amigable.

Escucho un pequeño ruidito en su garganta y arrugo la nariz al notar que casi se ponía a llorar. No deseaba que aquello acabase así, se iban a pensar que le había hecho algo. Suspiro y dejo la bolsita a un lado para acercar con lentitud una de mis manos a la espalda de la chica y tras unos segundos palmearla un par de veces para después dejar algunas caricias que buscaban tranquilizarla un poco. La hubiese abrazado, pero no sabía si eso sería contraproducente y no quería molestarla más.  - Soy Helle Hassel. Siento que nos conozcamos en estas condiciones, aunque tus hilos ya supiesen que íbamos a hacerlo.- Vuelvo a sonreír a ver si así al menos le transmito algo de ánimos. - ¿Segura que no quieres un trozo de esto? - Señalo la bolsa y saco para mi uno de los pequeños dulces de hojaldre y chocolate que había traído. Chocolate, manjar de dioses. Pellizo un trozo y me lo llevo a la boca para demostrar que está muy bueno. - Te sentará bien comer aunque sea un poco.
Helle E. Hassel
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Jue Dic 10, 2020 7:37 pm

Sucederá— murmuro quedamente, mis ojos fijos en ella, ausente está la rabia o siquiera la angustia en esa única palabra, todo lo que hay es resignación a que ciertas historias llegaron a su fin. Este es el final de la gran aventura de Synnove Lackberg que un día salió de su casa siguiendo a un amigo que le hablo de que el mundo podía ser distinto a cómo lo veía desde su ventana y un día regresó, no a su casa, sino a la celda reservada a todos los que creen en tal utopía, la verán cumplida otros. No soy la primera persona que encarcelan, otra desaparición de las muchas que se han dado, tantas muertes, ¿para qué contarlas? —Me han traído aquí para que venga Kendrick, ¿lo sabes, no?— creo que puedo tener una charla franca con ella, ¿para qué callar o evadir las verdades por las que ambas sabemos que estoy aquí? —No hay nada en mí que les sirva más allá de usarme para atraerlo, dejaré de ser útil y podrán descartarme. ¿Perdonarme la vida?

»No escuché nunca que a los prisioneros se les diera algún tipo de absolución. Y a los únicos que le han ofrecido tratos raros son a personas como Ben porque… les sirve como soldado, supongo
— yo misma lo planteo con cierto desconocimiento, ya que una vez que lo vi desaparecer del distrito nueve, nunca he sabido nada que me diga qué tipo de vida le ofrecieron aquí, no puedo pensar por mucha imaginación que tenga, de que sea una vida bonita. Sigue siendo alguien que se mostró abiertamente como rebelde al ministerio más de una vez, vaya a saberse que humillaciones le hace pasar Magnar como soldado del ministerio, está claro que es un tipo retorcido. —Yo no soy soldado, no les sirvo, en palabras de Magnar solo soy la puta de Kendrick Black. Bonito, ¿no?— lo digo con indiferencia, es así cuando son insultos que no nos afectan porque los únicos que hieren son los que coinciden con los defectos que nos vemos y este, más que ser un título honorario que me otorga, no es nada. Estoy de acuerdo con ella cuando lo resume en un «es Magnar», no le pediré más siendo alguien que lleva un uniforme como parte de seguridad nacional, así como ella debe saber que no será precisamente halagos los que eche cuando estoy presa por ser rebelde. —Magnar tenía razón en algo— no será un halago lo que salga de mis labios, eso no, —simplemente esto es lo que me busqué. Morir. Ser un traidor al ministerio, te condena a muerte— lo supe en el momento en que puse un pie fuera de mi casa y pise el norte.  

Agradezco que se presente a sí misma como alguien tan agradable, por poco las lágrimas no traspasan la contención que yo impongo a este deseo de llorar hasta agotarme, hasta dormir, hasta que llegue el día en que si esto se tiene que cumplir como destino, se cumpla. Estoy, en verdad, atrapada en algo más claustrofóbico que esta celda, en un lugar dentro de mí misma en que me estoy muriendo porque no puedo conmigo, con lo que soy, con lo que han decidido que sea para causar daño a Ken, al que no puede llegar nadie porque me metieron dentro de esta maldita caja y me dejan aquí. No se está viva dentro de esta caja, solo estoy esperando que los días pasen. Dependo de una extraña para un poco de compañía, podría llorar por eso, porque todo lo que necesito en este momento es alguien que pueda acercarse a mí, ser un cuerpo real cerca de mí, que comparta el aire que yo respiro y al hablarle pueda escuchar mi voz, que mi voz me diga que sigo viva. —¿Lo eres en serio?— pregunto con auténtico deseo de que sea alguien que no ha venido a lastimarme por goce, es en todo lo que parece que ciertas personas encuentran goce, en lastimar a otros.

Mis ojos se fijan en el chocolate que deja a la vista y entonces sí sonrío. —A eso no puedo decir que no...— acepto, para todas las penas, un poco de chocolate. Corto un trozo con mis dedos y sigo hablando. —Me han dicho una vez que no se puede ser así en este mundo— le comparto, —me lo dijo el mismo Ken, otras personas me lo han dejado claro también. No puedes ser alguien ¿blando? Definitivamente no alguien que da chocolate a una persona que deberías ver como una enemiga— mi sonrisa hacia ella se remarca y siento la quemazón de la lágrima que cae por mi mejilla. —Gracias— me cuesta hablar, —mis hilos han hecho algo bueno al traerte hasta aquí, al menos puedo ver que sí es algo que pueda pasar— quizás sea el milagro reservado para los que creímos en cosas imposibles desde que nacimos y se cumple antes de que nuestros ojos se cierren a toda oportunidad futura de ver algo extraordinario, solo soy yo otra vez, haciendo que incluso una celda se convierta en escenario de algo increíble.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Vie Dic 11, 2020 10:49 am

No puedo evitar arrugar mi nariz algo molesta por sus palabras. Por que probablemente tenga razón con ellas, pero también es posible que no. Solo tienes que saber jugar tus cartas y estar dispuesto a usar las que pueden dañar a otros. Yo solía preferir no hacerlo, pero cuando has vivido en el norte, cuando has vivido marginada por ser algo que no elegiste, sabes que en ocasiones usar esa carta oculta es la única posibilidad que tienes de salir bien parado. Asiento a su pregunta. Se que era el juguete del chico Black, lo supe desde el momento en que la vi. Esto solo es una confirmación. Una confirmación a que Magnar y Becca siguen trabajando juntos o al menos así ha sido para este trabajo. Los secretos y las mentiras como siempre a la orden del día.

La escucho en silencio, sin querer interrumpirla. Escucho el nombre de Ben y no puedo evitar tomar aire. Pero me contengo, me contengo de hablar hasta que ha soltado todo aquello que había acumulado. - Ben no está aquí solo para servir como soldado. -Alzo una de las cejas mirándola y sabiendo que igual me jugaba su confianza con mis siguientes palabras. - Tengo suficientes licántropos en mi escuadrón como para depender solo de uno. - Uno en quien en teoría no se podía confiar, pero en el que quería poder confiar, siempre había sido confiada y no parecía que eso fuese a cambiar.

- Se que es duro de oír. Pero está en tu mano conseguir una oportunidad. Demuestra que eres útil, demuestra que les sirves para algo más que eso.  - Me duele decir esas cosas, por que no son precisamente alegres, pero ahora mismo es la verdad. En este gobierno debes ser leal, pero especialmente debes ser útil. Y si esta chica podía dar información valiosa estaba segura que su destino cambiaria. La pregunta entonces sería si esa chica estaría dispuesta a vender la seguridad de sus amigos por su vida propia. - Demuéstrales que eres algo más que el juguete del niño Black. - No puedo evitarle llamarle así, por que es como me acostumbré.  Me encojo de hombros. - Esa es la teoría y se que no es fácil. Pero quizás deberías pensarlo.

Suspiro y tras mi extraña pero sincera descripción llega su asustada pregunta. No me extraña, por que hoy en día lo difícil es encontrar gente que no quiera hacerte daño, venga del bando que vengas. - ¿Si digo enserio que soy peluda o si digo en serio que soy un peluche? - Le sonrío intentando cortar un poco con el mal momento anterior. - Ambas cosas. O eso dicen. ¿Tu que crees? - La miro sonriendo y poniendo cara de buena.

Sonrisa que amplío al ver que coge el chocolate. Satisfecha le dejo la bolsita a su lado. - Quédatela, por si más tarde tienes más ganas. - Pero son sus siguientes palabras las que consiguen que arrugue la nariz. Si fuese otra persona casi podría haber sonado a una amenaza, pero en mi caso me limito a encogerme de hombros. - ¿Eso te han dicho en el 9? - Alzo ambas cejas sorprendida cuando se supone que allí son todos paz y amor, se supone. - Pues yo he sobrevivido a la vida en el norte y a la vida aquí, siendo así. - Me acerco a ella y le limpio la lagrima traviesa que trataba de escapar por su rostro. Que a veces era jodido ser así? Puede, ya se lo dije en su momento a Becca, eran mis debilidades, pero no podía evitar ser así. - ¿Además, por que te debería ver como una enemiga?- Me hago la sorprendida alzando ambas cejas, al menos a mi directamente no me ha hecho nada y tampoco me han ordenado que el haga nada. Y es gracioso que nombre a sus hilos, por que estos tenían nombre y cara, la cara de una licántropo. - Anda, ¿quieres probar si soy un peluche? - Entre abro los brazos por si me deja darle un abrazo. Seguro que le viene bien. Aunque por unos segundos creo que me estoy volviendo desconfiada pues antes de entrar me aseguré de tener bien guardada la varita.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Vie Dic 11, 2020 4:21 pm

Clavo mi mirada en ella, tan transparente que a veces no parece que estuviera viendo nada, que soy ciega a todo lo que me rodea y que en cambio me invento cosas porque eso es lo que me permite vivir, meneo mi cabeza de un lado al otro respondiendo de antemano lo que no quiero interpretar de la manera que puedo alcanzar a pensar. —Ser de utilidad para Magnar— recalco, porque si se trata de ser útil, podría buscar la manera de matarlo a él, si me hubiera formado como soldado, quizás sabría cómo hacerlo en esta circunstancia en la que me veo nula de recursos a mi alrededor, y no, al menos yo no la veo a ella como un recurso por tener el gesto de traerme agua y comida. No creo que llegue el día en que deje de ver a las personas como personas, ayuda a dar cierta aceptación a la muerte inminente, resistir en el encierro y el silencio hasta lo último tratando de conservar lo que soy. —No podría hacerlo— contesto. Pueden torturarme, forzarme a hablar con pócimas de la verdad, chantajearme, son muchas las maneras que yo ignoro, porque nunca las he usado, y hay personas que están donde están porque sí lo hicieron, las usaron. —No podría vivir con eso— insisto, con un poco más de énfasis, —me mataría la culpa de saber que por una oportunidad para mí, entregué a gente que quiero y que me quiere, no podría, aunque me dejaran vivir… yo…— es lo que está pasando en este momento, no soporto ser la persona que está trayendo a Ken hasta aquí, atolondrado e imprudente como él sabe ser, sin pensar que la respuesta más clara a todo esto y para mí misma es que me deje aquí. Peleamos, lo hacemos sabiendo que podríamos morir peleando, esto no es muy diferente, es solo otra consecuencia de la guerra. No podría seguir, quiero conservar partes de mí estando aquí, pero hay otras que se están rompiendo, que si mañana despierto sin estas paredes a mi alrededor, seguirían rotas.

Pareces una buena persona— lo digo con una sonrisa que cuesta esbozar a alguien que lleva un uniforme como el suyo, a quien tiene el acceso a esta celda y no me dejará salir, que si se librara ahora mismo una batalla entre rebeldes y el cuerpo de seguridad del ministerio, ella debería dispararme a mí y a los míos, en el constante duelo de quien gana sobre quién. Entonces recibo de ella un poco charla que me saca de un silencio que estaba enfermándome, me da chocolate que es lo único que mi estómago agradece en este momento y su oferta de darme un abrazo termina por barrer esta falsa entereza que llevo sosteniendo, porque en este preciso instante no hay nada que necesite más que un abrazo, de quien sea, de una persona de la que nunca he sabido nada y está aquí, viendo por mí, viéndome. Hizo un camino para llegar hasta mí, para acercarse, cuando podría dar vuelta la cara como la hacen tantos y lo seguirán haciendo. Porque incluso hay quienes que al hacerlo, su cercanía, su tacto, solo consigue o busca lastimar. Pienso en mi madre que quería crear para mí una perfecta burbuja que me absolviera de los daños, lloré tanto porque también dentro de las burbujas podemos sentir dolor, y las burbujas nunca protegen, es maldito cristal frío, lo único que se siente como protección son los brazos de otra persona y por eso vuelvo a llorar como lo hice durante toda mi infancia, aferrando la tela de los brazos de su abrigo y con mi frente sobre su hombro. De la última persona que quizás reciba un abrazo sea alguien con quien debería pelear si fuera otra la circunstancia y me hace ver lo injusto de todo esto… o lo justo, lo que sigue siendo justo, el ser capaz de sentir compasión hacia una persona y eso que siempre sostuve, alguien me lo demuestra en mí. —Estoy tan asustada— se lo confieso, —desde el primer momento, estoy asustada de lo que puede pasar, de lo siguiente que harán conmigo, perdí todo control sobre mi vida y me tienen aquí, mientras aguardan… vuelvo a tener mucho miedo— ese fue el sentimiento sobre el cual llegué a ser quien soy, alguien que tenía demasiado miedo a abrir los ojos, a explorar el mundo, a mirar a los ojos a otras personas, el que traté de superar peleando y el único al que vuelvo cuando todo se termina.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Sáb Dic 12, 2020 8:57 am

Le aguanto la mirada con total tranquilidad, sin enfados, sin malas caras, solo con una pequeña sonrisa en mis labios. Sabía que aquella opción no le iba a gustar. Era joven, había vivido poco y creía que el mundo podría arreglarse con solo pensarlo. Eso era lo triste de muchos del 9, que creían hacer las cosas bien cuando no lo hacían. Por todo eso era obvio que no le iba a gustar esa solución, pero con Magnar no tenía otra.  - Te entiendo. Pero ahora Magnar es quien tiene en su poder tu vida. Yo no puedo hacer nada. - Yo podía ser muchas cosas, podía ser un trozo de pan a veces y podía ser una estúpida cuando se trataba de personas que tenían mi lealtad ganada o incluso personas débiles a las que veía en peligro. Pero en este caso, jugarme la vida por una desconocida para hacer algo que probablemente nos condenase a ambas? No gracias, prefiero seguir viva y protegiendo a quienes si me importan. - Piénsatelo de todos modos. Si fueses alguien importante para mi, alguien a quien quiero y que se que me quiere... entendería que usase todas las cartas en su poder para salir de ahí con vida. Por que es lo único que me importaría, poder volver a abrazar a esa persona. - Y lo digo como alguien que esperó más de diez años para poder volver a abrazar a sus padres con fuerza. Pero claro, no todos somos iguales y quizás, de estar en su lugar, yo también sería tan estúpida de negar lo que ocurre y mantener mi lealtad hacia quienes me importan, costase lo que costase.

El que le parezca una buena persona, logra sacar de mis labios una sonrisa más amplia. Es bonito escuchar esas cosas. Sobre todo, por que yo simplemente muchas veces actuaba como sentía, sin pensar si aquello podría ser bien o mal visto. Y eso me había traído problemas, obviamente, pero también cosas buenas.

Asiento en un corto movimiento al ver que la chica acepta mi abrazo. La envuelvo entre estos y la estrujo con algo de fuerza dejando que sea ella la que se recoloque como esté más cómoda. La escucho llorar, la siento llorar, pero me limito a quedarme en silencio dejando que sea ella la que se desahogue y marque el momento en que podemos volver a hablar. No tengo prisa en aquel momento, no tengo que ir a ningún sitio. Lo único malo podría ser que alguien me viese abrazándola, pero ni hay nadie, ni en aquel momento es algo que me plantee o preocupe.

Escucho sus palabras y suspiro acariciando su espalda sin retirar mi brazos de su alrededor. Era normal estar asustada, era normal tener miedo. Era mejor esto que hacerse la valiente gritando cosas que solo hacen hundirte más en tu final. - Es normal tener miedo. No puedo prometerte que no te pasará nada, pero si quieres puedo pasarme todos los días un rato para hablar y traerte chocolate. - A sí estaba segura habría cumplido con la petición de Becca y a parte le dolía por dentro dejar a aquella chica destrozada allí sola. Por mucho que fuese una prisionera. - Si no quieres decir nada... al menos trata de no llamar la atención, de no soltar tu frustración sobre quien trate de sacarte información, por que eso solo te ganará más problemas. - Lo había visto muchas veces. La gente creía hacerse la valiente, hacerse la dura, pero solo estaba cavando su tumba. Ser buena gente no era malo, en absoluto. Suspiro y la abrazo un poco más fuerte entre mis brazos. - Mejor ahora?
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Dic 12, 2020 10:42 am

No lo sé— murmuro, sin descartar del todo lo que me sugiere, porque ella lo hace de una manera en la que puedo detenerme a pensar por un momento de que no se trataría de un acto egoísta por el que vería para mi propia supervivencia a costa del daño a otros, sino porque tendría toda la intención de poder volver con quienes quiero. Debe ser lo mal que me encuentro, lo insalvable que considero esta situación, lo enferma que me siento no solo en cuerpo sino también con todos los pensamientos que me han rondado estas horas, para que surja la duda de que tanto se me podría entender si llego a hacer algo así y vuelvo al sentimiento de culpa que me atormentaría si se causara un daño mayor, a simplemente dejarme aquí. —Soy demasiado tonta, supongo…— murmuro, —creí que podía ser parte, pero nunca entendí como se debía actuar…— sigo, mi mirada baja puesta en mis manos, callo el decir lo que todos sabían desde un principio y es que no estaba hecha para participar de esta pelea, que fui una chica educada en el Royal para algún día ser abogada y que toda mi vida se desarrollara en las calles del Capitolio, sumida en asuntos de mi propia agenda, enterándome de los altercados por las noticias y reaccionando al nombre de Kendrick Black con la indiferencia que se dedica rostros que significan algo para la sociedad, pero no de manera personal. Callo para no decir lo que me juré que nunca diría, pero tal vez nunca tendría que haber dejado mi casa e irme al norte, si estoy en esta celda es porque no supe entender cómo moverme en esta guerra.

Lloro por todas esas frustraciones que me pide que no vuelva gritos, por todas las angustias que me impiden evocar en este momentos recuerdos buenos que me sostengan, todo lo que hago es hundirme en el miedo que me provoca esto que me ha superado por completo, que me vuelve minúscula dentro de este juego de poderes y revanchas. Si se me permite tener miedo, espero que se me permita también tener arrepentimientos y lamento tanto, tanto, no haber cumplido yo con ser la persona que se necesitaba entre los rebeldes, que Ken necesitaba, porque en este momento me veo por lo que soy y no sé pelear, nunca aprendí a pelear, todo lo que sé hacer es tener miedo, golpear paredes de las que no puedo, ni sé cómo salir. Nunca haría algo como lo que me sugiere ella y es lo que debería hacer para que estas paredes se esfumen. Sorbo por mi nariz parte de mi llanto para recobrar la compostura cuando asiento por la cabeza y algunas lágrimas siguen cayendo con demora, trato de limpiarlas con el dorso de la mano a toda prisa. —Mejor— miento, no estoy mejor, apenas aliviada por su compañía que actúa sobre mi desesperación como un bálsamo. —¿Cómo debería hacerlo?— le pregunto de pronto, —¿de qué manera debería pelear?— y no, no quedan muchas oportunidades de poner en práctica lo que pueda decirme. —Necesito que alguien me explique cómo se hace esto y que no sea… ninguno de mis amigos, sino alguien…— me fijo en su uniforme sin que sea una reprobación, —que pelea.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Sáb Dic 12, 2020 5:49 pm

Suspiré al escuchar aquellas palabras.  Es el problema que teníamos cuando éramos jóvenes. Nos lanzábamos a la aventura, siguiendo unas ideas idealizadas sin detenernos a pensar que iba a pasar realmente con nosotros. - Nunca se sabe como actuar. Simplemente se actúa. - Suspiro encogiéndome de hombros. - Muchas veces nuestros instintos nos hace actuar de formas que luego nos arrepentimos. Y eso solo nos deja pensar que quizás lo mejor es pararnos a pensar primero y luego actuar. - Algo que por desgracia yo no solía poner mucho en practica. Y en el pasado aún menos.

Tras dejarla llorar un rato y cuando la chica se separa de mi y responde a mi pregunta no puedo evitar arrugar la nariz con cierta molestia. Solo había que verla para saber que no estaba apenas mejor, y a ver lo  entendía, pero no  se podía engañar a una loba con cosas así. Aguardé a decir nada mientras sacaba de uno de mis bolsillos un pañuelo de papel y se lo daba sin dejar de escucharla. - ¿Me estás pidiendo ayuda? - Elevé una de mis cejas escrutándola con mi mirada atenta sin comprender bien a que quería llegar. Enseñarle a pelear como? A puñetazos? Con Magia?  No sabía hasta que punto verían bien que hiciese eso. Es decir, una cosa era hablar, pero enseñar a alguien como poder matarme...

- Bueno, antes de nada me gustaría sinceridad por ambas partes. En "teoría" - remarco la palabra- somos de bandos contrarios bla bla, pero si vamos a hablar más o quieres que te enseñe algo me gustaría sinceridad por ambos lados. Me parece lo justo no crees? - Ladeo un poco la cabeza mirándola como si fuese lo más justo del mundo entero. Que en cierto modo me parece así.

Suspiré y volví a sonreír amigablemente, en ningún momento estaba tratando de asustarla o sonar mal, solo que me gustaba ir con la verdad por delante. - Lo  de pelear... bueno, depende de en que sentido te refieras. Pelear como en una pelea. - pongo los puños en alto. - Pelear con magia, pelear verbalmente, no se, hay muchas formas. - Me rasco la nariz pensando. - Si son las primeras no creo que este sea el mejor lugar. Pero si puedo decirte que en ocasiones una defensa es la mejor forma y el silencio es nuestro mejor arma. - Vuelvo a encogerme de brazos. - A veces actuar sin pensar nos trae consecuencias que nos llevan... - me quedo unos segundos en silencio tocando el hombro que atraviesa la enorme cicatriz que me dejó aquel licántropo. - a lugares como este...- Miro a mi alrededor. - Te ayudaré. Pero quiero preguntarte algo - La observo seria mirándola a los ojos. Necesitaba aclarar una pequeña cosa. - ¿Quién te capturó? ¿Cómo era?
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Sáb Dic 12, 2020 7:35 pm

Hay momentos en que se necesita que solo se actúe, pensarlo demasiado no lleva a ningún lugar, nos deja estancados en un sitio que puede ser cómodo por ser conocido, pero no es mejor a lo impredecible que puede ser bueno. Yo también actúe, me impulsé a actuar, pero no me mentiré diciendo que fue algo sin pensar y así quitarme cierta responsabilidad sobre las que fueron elecciones bien pensadas, cada paso que di siguiendo a Ken y a Mimi lo hice con mi cabeza puesta, sabiendo a donde iba, en lo que nos estábamos involucrando, todos fueron honestos en esa primera reunión y ahora que la evoco, me doy cuenta cómo la mayoría de esos rostros se desvanecieron. Simplemente se desvanecieron. Mi andar quizás fue, al final de cuentas, a algo que no estaba hecho para ser real, en el que todo fue bruma, también nosotros.

Y en su momento sí lo fue, se sintió real, nos dio fuerzas para pelear, la que ahora busco en sus palabras como consejo, por ser la que está aquí, ella, diciéndome que sobreviva. ¿Por qué? Si es de las personas que están obligadas a matarme de recibir la orden. —Te estoy pidiendo que me ayudes a entender esto— asiento con mi barbilla a su pregunta, no lo llamaría ayuda, aunque con sus siguientes dudas entiendo que mi pedido pudo haberse malinterpretado, y a pesar de que todavía tengo los ojos rojos de llorar, así como la cara mojada por las lágrimas que ya no están, me río por dentro, se nota por la manera que tengo de prensar los labios, impidiendo que la carcajada salga. —No, no me refería a que me enseñes a pegar a alguien…— aclaro, señalo mi sien con un dedo.  —Sino que me enseñes como se pelea desde aquí— supongo que debo explayarme un poco más, —¿qué se espera de nosotros en una guerra? ¿qué debemos hacer? ¿qué nunca debemos hacer?— pregunto, como al decirme que para sobrevivir busque ser de utilidad. ¿Así es como piensan todos? Porque yo no y al parecer es un error. Participé de batallas, pero nunca las metí dentro de mi mente.

Debo pensar cada cosa que hago— concluyo a su consejo, —¿pero de qué manera lo pienso?— complejo, ¿no? —Porque lo que siento es que si llegue hasta aquí es porque nunca metí la guerra en mi cabeza, nunca pensé en términos de guerra en todos los sentidos de mi vida. ¿Quieres saber qué hacía en el norte cuando me atraparon? Practicaba control emocional, visitaba gente, frecuentaba repudiados… creí que podía hacer algo más que simplemente pelear o quedarme cómodamente en el distrito nueve— de hacer esto último, ¿en qué se diferenciaba a mi tiempo en el Capitolio? ¿Reemplazar una vida cómoda por otra e ignorar que afuera hay gente que sigue necesitando ayuda? Su pregunta me sorprende, lo hago ver por el modo en que arqueo mis cejas. —Rebecca Hasselbach, fue ella, habían dicho que murió… pero no, fue ella. Estoy segura, me habló…—  y callo para no contar lo que también me dio. —¿Por qué?
Synnove A. Lackberg
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Mensaje por Helle E. Hassel el Dom Dic 13, 2020 7:08 am

Vuelvo a ladear la cabeza algo confusa por sus palabras. ¿Quería que la ayudase a entender esto a pelear desde aquí? Ya lo había hecho, pero había rechazado mis consejos. Y no hay más necio que el que no quiere ver la verdad delante de sus ojos. Pero bueno, supongo que no hacía ningún mal por responderle aquellas preguntas y si me ganaba su confianza antes de que terminase de una forma u otra...igual hasta lograba sacar algo más de aquel favor a Becca. Alcé una de mis manos y mostré un dedo como si estuviese enumerando sus preguntas y mis respuestas. - Se espera que muramos por la causa. - Era verdad, todos éramos peones y como peones era nuestro deber servir hasta que ya no tuviésemos fuerza para ello. O al menos eso es lo que se esperaba de nosotros. Alzo otro dedo e inmediatamente el tercero. - Depende de lo que queramos conseguir. ¿Queremos ser sus peones hasta el final? Por que, aunque creas que allí todos sois amigos, no deja de haber un rey que manda y el resto son míseros peones.  La guerra es igual en cualquier lado. - Es decir,  mantenía mi idea de que en el 9 solo había que tirar de algunos hilos y todo explotaría. - ¿Queremos sobrevivir? Entonces debemos limitarnos a dar aquello que quieren de nosotros. Ni una, sola, palabra más. - Arrugué la nariz. - Dar la información que nos piden, no ir contra ellos, no resistirse pues eso solo te hará mal. Como te dije, ser útil.

Suspiro mordiéndome el labio por dentro. Realmente estaba hablando mucho, pero luego no sabía hasta que punto yo misma hacia caso a mis palabras. - Si se pelea para sobrevivir, todo vale para conseguirlo. No puedes pelear si estás muerta. - Como Becca me dijo, debía dejar que me pusiesen la correa de mascota mientras saliese beneficiada, sin olvidar las garras y colmillos que tenía. Era un pensamiento cruel y me costaba entenderlo, pero creía en las palabras de Becca, como siempre.

Y debo admitir que algo en sus palabras logró que una suave sonrisa, algo menos cariñosa y más perspicaz que las anteriores, se asomase por unos segundos en mis labios. Magnar lo había creído una perdida de tiempo. Pero, en las palabras de esta chica, estaba que tenía razón. En el norte puedes encontrar rebeldes, importantes, solo debes saber buscarlos. Si ella había estado paseándose por el norte, ¿por que no iban  a hacerlo otros? - Que valiente es eso por tu parte, creí que todos os mantendríais en el 9 a salvo. - Dejo caer como una frase casual que busca valorar las palabras ajenas y tal vez conseguir algún pequeño detalle más. - El norte es cruel, lleno de gente necesitada, fuiste valiente ahí.- Eso era verdad, yo misma había sufrido y vivido en el norte en una época peor.

Tenía intención de decir algo más, de preguntar sobre eso, pero la respuesta que me dio a mi pregunta hizo que un suave gruñido surgiese de mi garganta. Ahí estaba la confirmación que necesitaba. Becca. Ella lo había hecho. ¿Por que mentirme de nuevo? ¿Por que ocultarme que seguía trabajando para Magnar y después enviarme a ver a esta chica? No entendía nada. Maldita sea. Me llevo una mano al rostro y suspiro tratando de no perder la compostura ante aquello. - Solo quería confirmar mi sospecha. Becca no es fácil de matar. - Me encojo de hombros, es la verdad. - ¿Qué te dijo? Bueno no, no me lo digas, no quiero saberlo. - No quería verme salpicada más por aquello, y quería confiar en que si Becca no me había contado nada, era por alguna razón de peso. Aunque no la comprendiese. - Gracias.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Dom Dic 13, 2020 9:26 am

Escucho lo que tiene para decirme, en verdad la escucho. Necesito tener una idea más clara de todo esto cuando llegue el día en que esta puerta vuelva a abrirse y no sea para que vuelva a cruzar por ella al cabo de un rato, poder ver la vida antes de perderla sin el velo con el que yo misma me protegí todos estos años porque necesitaba creer que había algo distinto a lo que ella describe. No lo hay, incluso trato de convencerme férreamente de sus palabras porque algo necesito a lo que sujetarme en este momento para sentir algo más que miedo y angustia, necesito sentir un poco de rabia, indignación, que las injusticias hagan que vuelva a sentir la sangre corriendo por mis venas y no ser solo un cuerpo que se echa en un rincón a esperar la hora. Es poco, pero es suficiente, por hoy, lo que encuentro en sus palabras. Lo suficiente para pasar el día, ojalá también el de mañana. —Si tuviera la oportunidad…— alcanzo a poner estas palabras en mi boca aunque tienen una posibilidad remoto de cumplirse, —de seguir tu consejo en algún otro momento, lo haría. Porque…— la busco con mis ojos, esos que se derramaron en llanto sobre su ropa, su uniforme como parte del escuadrón licántropo, —en verdad agradezco que estés aquí haciéndome compañía— simple compañía.

«No puedes pelear si estás muerta», esas palabras me pesan, mis dedos alcanzan el colgante que tengo pendiendo sobre mi pecho y lo medito, lo medito bien. Pido perdón en silencio por lo que haré, porque hasta que el día llegue podré valerme de sus palabras para mantener mi entereza, pero ya decidí morir. Porque no quiero pelear, no de esta manera, en la que no es pelea, es encierro, es dejarme desprovista de mi varita y nadie está dándome un mínimo espacio para que, aun sabiendo que voy a perder, se me permita pelear, se me permita morir así en todo caso. Nos dejan las salidas cobardes o el espectáculo de ser mártires, tomo la primera. Sé más de actuar por miedo, que aceptar un dolor que pretende hacer doler a otros y que haga de mi nombre algo en labios de otros para que esta guerra continúe, no. No quiero ser, en verdad no quiero ser, otro nombre para justificar esta guerra. —Gracias— murmuro, con ganas de volver a llorar porque me dice que fui valiente al ir al norte, a tratar de buscar manos invisibles que sostener y que me sostengan a mí, así que tiendo mi mano hacia ella también: —¿Quieres intentarlo?— le propongo, —¿Qué te gustaría sentir…?— pregunto.

Podría, con su agarre, también saber cómo se siente respecto a la información que le doy y no tengo manera de saber de qué manera impacta en ella, por qué es tan importante. ¿Hay algo que pueda decir sobre aquella mujer? No, en estos últimos minutos Helle me ha dado mejores razones que muchos, para que incluso vuelva a pensármelo dos veces cuando me refiera a alguien del escuadrón de seguridad. Maeve no cuenta, nunca pienso en ella como alguien de seguridad, sino como una amiga que demostró ser única guardando secretos. Lamento y agradezco no haberla visto en estos días de estar presa, siendo amigas eso la comprometería aún más de venir a verme. En cambio alguien como Helle puede, mañana mismo, si quiere, ignorar que vino a visitarme incluso. Pero hoy se lo agradezco, profundamente, se lo hago saber con un nuevo abrazo que la estruja fuerte contra mí, el abrazo que no podré volver a dar a mis amigos, ni a mi hermano, ni a mis padres, a ninguna de las personas que me gustaría ver una última vez y que las abrazo a través de ella. «Papá, mamá, los echo de menos, todos los días, Simon, lo siento, Jakobe…», daría todo, todo, si al cerrar mis ojos puedo evocar ese mundo blanco y helado del que me hablaba mi padre para explicarme el lugar del que vinimos, su eterno cuento de vikingo, de una abuela veela que tenía el don de sanar, y al que ellos volvieron, quedándome sola aquí en Neopanem, por elección cuando me dijeron que fuera con ellos, quizás porque… tenía la esperanza de esto. De encontrar también en el final de todo, en los últimos días, una persona que fuera razón para que me quedara y me dijera que sigo viva.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Dom Dic 13, 2020 4:42 pm

Su respuesta es un poco, lo entiendo, pero no lo haré. Y la verdad, no pensaba hacerla cambiar de opinión. Ella era la única que debía decidir como jugar sus cartas, igual que yo lo hice años atrás en el norte. Solo que en su caso, no le veo un futuro demasiado claro. - Ah, no tienes que agradecer nada, ni hacerme caso por ello. - muevo la mano para quitarle importancia a todo ello. No tenía intención de contarle por que estaba allí, ni por quien estaba allí. No tendría ningún sentido hacerlo y nos pondría en un peligro estúpido. Simplemente dejémoslo como una buena acción. - Solo sigue mi consejo si realmente lo  crees bueno.

Niego de nuevo encogiéndome de hombros. - Se lo que es vivir en el norte sin tener nada y se lo que es encontrar alguna persona que no quiera aprovecharse de ti o hacerte daño. - Me encojo de hombros como toda explicación. - A si que te doy yo las gracias en nombre de los que ayudaste. - Le sonrío esta vez de la forma más sincera que puedo. Mis primeros años en el norte habían sido muy duros y dudaba de haber podido sobrevivir sin la ayuda de algunas personas.

Aún estoy pensando en Becca cuando observo la mano que me tiende. ¿Intentarlo? Arrugo la nariz dudando. Realmente no se si quiero probar aquello. Como buena loba solía tener mis sentimientos bastante ocultos de la gente y no sabía hasta que punto era buena idea que alguien accediese a ello. Entre abro la boca para responder, pero es un nuevo abrazo el que me queda con la palabra en la boca. Vaya, normalmente era yo la de los abrazos, no se como reaccionar a que me den un abrazo. Curioso verdad.

Extiendo mis brazos y la rodeo con ellos correspondiendo al abrazo. Palmeo su espalda un par de veces dejándola que disfrute del abrazo. Era bonito tener a alguien a quien querer y alguien a quien poder abrazar. Alguien a quien abrazar con sinceridad. Y bueno, en aquel caso me alegraba de ser esa persona. Aunque fuese una desconocida, una prisionera y en teoría una traidora.

Me quedó así hasta que vea que ella ha tenido suficiente y entonces me aparto de ella extendiéndole mi mano casi de inmediato. - Está bien. Quiero probar. - Ladeo un poco la cabeza con curiosidad  mordiéndome el labio ante la duda de como salga aquello. - Quiero sentir...- ¿Qué quería sentir? La verdad no lo sabía. Bueno, si quizás. - Paz y tranquilidad. ¿Puede ser? - Soy una licántropo después de todo y las emociones afloran con fuerza dentro de mi. El saber lo de Becca había despertado esa "rabia" y podría aprovechar aquel extraño experimento para ver si podía acallarla entera.
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Mensaje por Synnove A. Lackberg el Mar Dic 15, 2020 5:10 pm

Siempre he creído que cosas extraordinarias ocurren a quienes tienen los ojos abiertos y dispuestos a verlas suceder, cosas como el amor, la compasión y el perdón. Este poco tiempo de estar en una celda gritando por alguien, quien sea, de pedir por alguien y sentir que nadie escuchó, quizás porque silencio era todo lo que salía de estas paredes y mis gritos también quedaron capturados dentro, el que haya acudido una persona con la cual debería imponerse otro tipo de sentimiento más violento, me sorprende escuchar que en sus labios también es capaz de poner palabras de agradecimiento hacia algo que hice por el simple afán de hacerlas. —Qué extraño mundo en el que vivimos, que tratar de entender y aliviar las emociones de otros merece un agradecimiento…— murmuro, ¿qué tanto nos ha lastimado pelear y perder más de lo que ganamos como para que ir por encima de cómo se sienten otros sea moneda corriente? Para que el gesto de un abrazo sea lo más extraordinario que se pueda ver en el día, ¿cuándo eso se volvió más valioso que poseer una ciudad entera o la misma libertad?

Tal vez esto es lo que me hace tener que abandonar la pelea, no puedo seguir haciéndolo si mi mano busca la mano de quien con su varita podría hacerme daño a mí y de quienes me paro a su lado. «Synnove Lackberg, estás a punto de controlar las emociones de un enemigo», me digo, con toda la solemnidad que requiere abrir su palma y recorrer sus dedos, para atrapar su mano entre ambas mías. Había tenido miedo de que esta magia me hiciera a mí misma alguien manipulador sobre las emociones de otros, bien podría en este momento instar en ella cólera o una agónica tristeza si fuera capaz yo misma de controlar esas emociones, transmitírselas a partir de mí, pero saber que el enemigo también lo único que desea es paz y tranquilidad, es el último velo por retirar que me sirve para ver el mundo cómo es y asumir que nunca será el mundo que pueda ver la mayoría.

Bajo mis párpados para que mi cuerpo se relaje con la evocación de un vaivén suave entre las olas calmas de la playa del distrito cuatro, que conocí cuando aprendí a nadar gracias a Maeve, entonces pude lograr que mi cuerpo no se hundiera y quedara suspendido en la superficie, el agua rozando mis oídos, con un vistazo a un cielo de inabarcable azul por lo que se desplazaban nubes entre las cuales destellaba el sol, el murmullo que a los lejos llega de la gente también acompaña a esa sensación de descanso, nos hace saber que no estamos solos, pero estamos tranquilos, siendo obsequiados por unos momentos en que nada perturba el mar, ni el mundo. Espero que sea la sensación que logre traspasar su piel y le brinde algo de la paz que me pidió, que a mí me hace llorar con lágrimas más discretas. —Todas las personas están pasado por una pelea de la que muchas veces no sabemos nada— comparto con ella, —mi madre pasó años medicándose para tratar una depresión que a veces la tenía destruida en la cama. No era una guerra como la que vivimos todos los días en Neopanem, que merezca un lugar en las noticias o tenga al ministerio pendiente. Pero su pelea no era menos importante, son las que en verdad determinan el destino de cada persona…— con mi mano cierro sus dedos en un puño, como si quisiera que dentro de su palma guardara lo que pude haberle transmito. —Espero que cualquiera sea la tuya, ahora o mañana, logres algún día encontrar paz.
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Mensaje por Helle E. Hassel el Dom Dic 20, 2020 6:46 am

No creo que sea malo entender y aliviar las emociones de otras personas. Al contrario, creo que es un esfuerzo bastante altruista y valioso como para tenerlo en cuenta. En el mundo en el que vivimos donde la mayoría de las personas sufren, encontrar a alguien que trata de aliviar ese dolor, es sin duda algo que debe tenerse en cuenta - No se por que no merecería un agradecimiento. - Le sonrío con sinceridad. - Creo que es un esfuerzo honrado por parte de quien sea y algo que causa más bien que mal. Ayudar siempre es agradecido. Al menos es lo que pienso. - Amplío mi sonrisa y le guiño un ojo cómplice.

Observo entonces con curiosidad como la contraria toma mi mano. Me dejo hacer con tranquilidad. Observo como abre mi mano, como pasa sus dedos por ello y sostiene mi mano entre ambas suyas. Pestañeo un par de veces sin comprender cual es el procedimiento. Pero realmente expectante a lo que pueda pasar. No se si esto sea buena idea, al menos mi parte más lógica no cree que lo sea. Pero el resto de mi, desea probar aquello tan extraño, es decir, no todos los días te encuentras con una bruja así.

Continúo un poco perdida en como debería actuar, pero al observar que ella cierra los ojos decido que tal vez imitarla sea lo mejor. Aunque nuevamente tal vez sea un error bajar la guardia en medio de una celda con una prisionera, pero ya que estamos en ello creo que no afecta continuar hasta el final. Cierro los ojos con tranquilidad y bajo mi cabeza dejándola gacha. Al principio no sucede nada, ¿tal vez sea todo un engaño? Pero no, no lo es, pues pronto empiezo a sentir una extraña calma que se extiende por mi cuerpo. Una débil sonrisa surge en mis labios mientras ello sucede.

No entiendo muy bien el motivo, pero en mi mente aparecen algunos recuerdos pasados. Recuerdos de esas veces que me subía a una tabla de surf y me quedaba en medio del mar en calma en completo silencio. Siendo el vaivén de las corrientes, el agua acariciar mis pies y el sonido de las gaviotas y el propio viento que acaricia con suavidad el mar y a mi misma. Ese recuerdo amplía más en mi misma aquella sensación. Ser licántropo tenía sus cosas malas y buenas. Como sentir todo con mayor intensidad que un humano normal. Como ahora mismo.

Permanezco en ese estado de calma, ausente del mundo y de lo que me rodea. De hecho, por unos segundos olvido donde estoy, con quien estoy y que estaba haciendo. Son las palabras de la chica las que vuelven a traerme a aquella celda junto a ella. Respiro hondo y mantengo unos segundos más los ojos cerraros sin cesar de escucharla. Sus palabras eran ciertas, todos cargábamos distintas cosas que eran ajenas a simple vista, cosas no menos importantes que las que a otro pueda ocurrirle.

Abro los ojos con lentitud y alzo la mirada para tomarme con la de la chica que en ese momento cierra mi mano con suavidad. Observo por unos segundos mi mano cerrada y sonrío con suavidad. Decididamente había sido algo extraño, pero agradable. - Espero que todos podamos hacerlo. - Palabras sinceras y peligrosas que en muchas ocasiones debían ser calladas. Alzo nuevamente la mirada y me acerco a la chica dejando un beso como agradecimiento en su mejilla. - Muchas gracias.

Me aparto de ella manteniendo aún mi mano cerrada en un puño. - Me encantaría poder transmitirte lo mismo. Pero espero que encuentres la paz que creo también deseas. - No sabía si era cierto que lo deseaba, pero estaba segura que esa chica no deseaba seguir sufriendo en aquella guerra en la que se había metido sin ser consciente de todo lo que abarcaba. Y en otras condiciones me habría encantado poder ayudarla. Pero ahora, solo conseguiría que ambas  encontrasemos todo menos la paz.
Helle E. Hassel
Helle E. HasselEscuadrón Licántropo

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